CUENTOS – RELATOS Y REFLEXIONES SOBRE LOS LIBROS – MAYO
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«Las historias que nacen de los libros no solo se leen, se sienten, se viven y se transforman en nuevos relatos que perduran más allá de las páginas» E. Gormley

EL VIEJO LIBRO
Magi Balsells / España
Que sorpresa, al efectuar unas obras en mi vivienda, me he encontrado con algo que pensé estaría perdido, y si lo ha estado durante muchos años, el hallarlo me ha devuelto a mi juventud, cuantos recuerdos han aparecido en breves momentos en mi pensamiento, cuanta añoranza hay en su contenido, cuanto deseo y cariño hay en este viejo libro.
Casi con temor abro su portada, y allí en la primera hoja, una dulce dedicación a mi persona, con cuidado paso las primeras paginas, recreándome en la lectura de su contenido y leyendo unas anotaciones en los márgenes que hice en su momento, me parecen escritas por otra persona ya que hoy las encuentro aun siendo mías de un gran contenido y sentimiento.
Cada página, es un dulce recuerdo, no me hace falta leerlo ya que las palabras escritas van reviviendo en mi mente, pese a los años transcurridos Al llegar a la mitad de este libro, hacen su aparición , la cosa mas deseada y añorada en su día, unos pétalos de una rosa que en su momento llenos de fragancia aromatizaban el libro, hoy caducas y secas, siguen para mi siendo frescas y lozanas como el primer día, con mucho tiento cojo uno de los pétalos esta seco y posiblemente crujiente, pero esto no me importa, solo pienso en que no se rompa, lo acerco a mis labios para depositar en la rigidez de su tersura el mas puro beso , tan cerca esta de mi que aun pasados los años mantiene un fondo de suave aroma, cierro los ojos y se presenta en mi el recuerdo de día que me fue regalado y por la persona que tuvo este bello detalle,
Éramos muy jóvenes, pero teníamos un amor puro y sincero, ella un año mas joven que yo solo tenia 15 años, con sus pobres ahorros me compro este gran regalo, que juntos pasábamos las horas deleitándonos con su contenido, mientras nuestras manos enlazadas soportaban el cariño que nos profesábamos.
Muchas horas pasamos leyendo y releyendo esta magnifica obra poética, basándonos en el intentamos nuestros incipientes ensayos poéticos, no se si eran bellos ni rimados, pero eran una glosa al cariño que de nuestras letras emanaban.
Pero nuestra felicidad se trunco, era época de escasez, poco trabajo , mucha miseria, sus padres decidieron marchar a buscar fortuna a otro país, y así de golpe sin esperarlo nuestras vidas se separaron, quedamos en escribirnos, pero algo mas aumento nuestra desdicha, mis padres también emigraron y yo con ello, nuestro amor quedo en el olvido.
Cuanto llore, cuantas noches despierto estuve pensando, como estaría, que haría, mil y un pensamiento se alojaba en mi mente. Con los días se fue perdiendo este deseo, aunque no quedo en el olvido , así pasaron
muchos años, yo nunca pude mirar a otra mujer ya que su grácil figura permanentemente estaba en mi mente, ninguna me parecía lo suficiente hermosa para desbancar a mi flor querida.
Voy a cerrar el libro y guardarlo, ya que me estoy entristeciendo, de lo que puedo ser y no fue, al pasar la ultima pagina, encuentro un papel pegado, que nunca lo había visto en las muchas horas de lectura Con curiosidad lo abro y allí con su fina letra hay una nota de mi amada que dice:
Mi querido amor
Debería haberte dicho esto de palabra, pero he preferido hacerlo de esta manera, se que nos separan, e ingenie una manera de poder volvernos a encontrar en el<futuro, no se si recordaras que antes de marcharme con mis padres, te pedí este libro, allí puse en el ultimo instante y antes de devolvértelo esta nota ,hoy tengo 15años, pero dentro de los mismos que ahora tengo o sea 30, estaré en el pinar que había junto a la ermita de san Jacobo, en el día de tu cumpleaños, si no estas lo
sentiré mucho significara que no has leído mi nota, por lo cual cada día de tu cumpleaños allí te esperare, esto será mi prueba de amor hacia ti, iré cada año, esperándote.
Te quiero.
Que alegría, dentro de dos días es mi cumpleaños, no puedo perder mas tiempo, pediré permiso en el trabajo a cuenta de vacaciones, no creo que haya ningún problema. Estoy tan nervioso que hasta el libro se me ha caído de las manos, no se
que hacer si gritar reír o llorar, no lo se, pues las sensaciones que tengo no puedo enumerarlas
Hoy es el día que debemos encontrarnos, ya llevo mas de dos horas sentado en el pórtico de la ermita, estoy anhelante. No se si vendrá o a que hora, es igual, esperare hasta la noche si hace falta, pero no será necesario, por el camino, viene
una figura femenina, no se si será ella, veo que es toda una mujer, nada que ver con aquella chiquilla de pelo rubio y trenzas, pero algo tiene que me es familiar, no puedo esperarla aquí, le levanto y salgo corriendo a su encuentro, si es ella, no me equivoque, aquí está.
Nos juntamos con un fuerte abrazo, mi corazón golpea mi tórax con la fuerza de un ciclón, no se que decir, pero creo que no son necesarias la palabras, las miradas son suficientes.
Una vez pasado estos naturales arrebatos, empezamos a contarnos nuestras vidas, ella aun soltera y yo también, ella esperándome siempre y yo deseándola mas que a mi vida Me pregunta, me esperaste todo este tiempo.
Solo tenía un pensamiento y era volver a estar contigo, para hoy ya con cierta edad decirte lo mucho que te quiero y que de tu lado nada ni nadie me separara.
Y así fue como volví a recuperar el amor de mi vida

GÉNESIS
María Elena Camba / Argentina
Se aproxima a los anaqueles del stand de la editorial. Busca ansiosamente ese pequeño libro de tapas blancas y grises. Ve el título y el nombre del autor en su lomo. Lo toma delicadamente entre las manos, recorre sus hojas. Cada párrafo le recuerda las horas de trabajo, primero en pequeñas notas, luego en archivos que fueron ampliándose en su computadora. Historias de vida plasmadas hasta convertirse en relatos; cuentos con personajes bosquejados primero en su mente, como una película que va tomando forma de a poco, como un titiritero que mueve los hilos para que los muñecos recorran el escenario articulando pasos, gestos, acciones. Y esos personajes que se sueltan y van construyendo su propia historia, un recorrido que se desvincula del autor y empieza a formar parte de cada lector que se atreva a transitar esas páginas.
El escultor plasma en piedra, el ceramista en arcilla, el escritor en palabras, seleccionando verbos, sustantivos, adjetivos. Y cada párrafo va configurando una sinfonía con su propia música y cada historia imaginada vuela lejos hacia alguien desconocido que la leerá con su propia impronta, la relacionará con momentos vividos, con experiencias personales,
Se detiene en la tapa, observa con detalle su diseño, personajes perdidos en la gran urbe, en un Buenos Aires que a veces congrega y otras expulsa. Gente del interior que llega a la gran ciudad con proyectos, con esperanzas de un futuro mejor, otros que deciden probar suerte en un entorno más natural y no tan exigido, Todos marcados por la ciudad, atrapados en su fragor, en sus calles, en su tránsito, en su vida cultural. El que llega, el que permanece, el que se aleja. Fauna Urbana su título, que aglutina soledades, amores, felicidad, desengaños.
Recorre con su vista el índice. Y como un abanico se abren de vuelta las imágenes, vuelven los argumentos como flashes en su mente. ¿Hasta dónde la ficción, hasta dónde se asemeja a la realidad?
Desde que era chica fue una lectora voraz y anhelaba escribir historias, el diario íntimo era su compañía, allí retrataba lo que vivía y sentía día a día. De completando su vida, fue su confesora y amiga, su madriguera. Mucho más tarde pudo cumplir ese sueño postergado: editar su primer libro de cuentos.
Escribió, corrigió, planificó. El camino se allanó y el sueño se convirtió en realidad. Todos los pasos, las etapas y desafíos se concretaron. Y llegó la primera Feria del Libro donde firmó ejemplares. Luego llegaron otros proyectos plasmados en antologías, en libros de poemas, pero su primer hijo literario salió a la luz y por eso siempre estará agradecida.

¿ QUÉ SERIA DE NOSOTROS SIN LOS LIBROS ?
Elspeth Gormley / España
Los libros han sido, desde tiempos remotos, faros de conocimiento, refugios de emociones y ventanas hacia mundos imposibles. Si no existieran, ¿qué perderíamos realmente?
Sin ellos, el pensamiento humano no tendría el mismo alcance, la imaginación se reduciría a lo cotidiano, y la memoria colectiva se desvanecería con el tiempo. Seríamos huérfanos de historias, de sueños escritos, de la sabiduría que nos conecta con quienes vivieron antes que nosotros.
Los libros nos enseñan, nos conmueven, nos transforman. Son un espejo donde reflejamos nuestras propias incertidumbres, donde encontramos respuestas que no sabíamos que buscábamos. Sin ellos, la humanidad sería más frágil, más limitada, menos consciente de sí misma.
Cada página nos permite viajar sin movernos, sentir sin haber vivido, aprender sin haber experimentado. Nos dan el poder de entender mundos lejanos, de explorar la mente de los grandes pensadores, de reconstruir el pasado y reinventar el futuro.
Si los libros no existieran, los silencios serían más largos, la historia quedaría en sombras y la imaginación perdería su libertad. Pero afortunadamente, los libros están aquí. Y mientras haya palabras impresas o digitales, mientras existan quienes los escriban y quienes los lean, seguiremos creando mundos, emociones y conocimiento que nos acompañarán por siempre.
Porque sin los libros, simplemente, no seríamos los mismos.
Imagínalo por un momento. Un mundo sin libros. Sin historias, sin pensamientos escritos, sin huellas de quienes nos precedieron.
Sin ellos, el conocimiento no podría trascender de generación en generación. Cada descubrimiento quedaría atrapado en la mente de unos pocos, sin posibilidad de ser compartido. La humanidad no aprendería del pasado, repetiría los mismos errores y avanzaría a ciegas.
Sin los libros, la historia perdería su voz. No sabríamos quiénes fuimos, ni cómo llegamos hasta aquí. Las grandes civilizaciones quedarían relegadas al olvido y el tiempo borraría los logros, las batallas, las victorias y los fracasos.
Sin los libros, la imaginación se vería limitada. No existirían mundos fantásticos, ni personajes que nos acompañan en cada etapa de nuestra vida. La creatividad quedaría reducida a lo inmediato, sin la riqueza de los relatos que inspiran, que transforman, que nos hacen sentir y pensar.
Sin ellos, no podríamos viajar sin movernos, ni vivir experiencias ajenas como si fueran propias. La literatura nos permite ver con otros ojos, sentir lo que otros han sentido, conectar con culturas, pensamientos y emociones que de otra forma jamás conoceríamos.
Un mundo sin libros sería un mundo más vacío. Más frío. Más incompleto.
Porque los libros no solo nos enseñan, nos hacen humanos.
Por suerte, existen. Y mientras haya quienes escriban y quienes lean, la humanidad seguirá creciendo, soñando y recordando.
«Los libros nos recuerdan que cada página es una oportunidad para reinventarnos, que cada historia nos transforma y que, mientras haya palabras por escribir y sueños por leer, siempre habrá esperanza.» E. Gormley

LIBRO Y LA VIDA
Andrea Kiperman / Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras.
Hoy me invade una alegría al poder hablar sobre un tema tan importante: el libro. Y, siendo fiel a mi estilo, podría escribir varias líneas sobre lo maravilloso, único y esencial que ha sido en la vida de todos desde tiempos remotos hasta la actualidad. Su importancia en la humanidad es innegable, pero he decidido hacer una comparación que estás a punto de leer.
Así como cada libro es único e irrepetible, nosotros también lo somos. En ellos encontramos el desarrollo de una idea, un concepto, letras que cuentan historias con personajes principales y secundarios. Esos personajes sienten, aman, viven y tienen aventuras, tal como ocurre en nuestra propia vida.
Cada hoja representa una nueva aventura, porque no sabemos el final hasta haber recorrido todas sus páginas, avanzando hacia nuevas letras. Lo mismo sucede en nuestra existencia: una sola página no determina un capítulo, así como un capítulo no condiciona el curso de nuestra vida.
Solo recordar, que nosotros mismos somos los protagonistas de nuestra vida, y por más que hayamos tenido capítulos complejos eso no determina los próximos. Gracias, a todos, los que escribimos y los que leemos, por estar siempre ahí. Quedo con ustedes..

EL LIBRO MISTERIOSO
Juan Oriol Masset/ Andorra
Nadie sabía de dónde había salido el libro… Apareció sin más, apoyado en el rincón más oscuro de la pequeña librería. Su cubierta de cuero estaba desgastada por los años, las letras habían desaparecido de la portada, dejando solo la huella borrosa de lo que alguna vez fue un título.
Cuando el desconocido lo tomó entre sus manos, sintió algo extraño. Primero un ligero temblor en los dedos, luego un escalofrío en la nuca, como si el papel y la tinta contuvieran algo más que palabras. Como si el libro tuviera un latido propio.
No sabía por qué, pero sintió la necesidad de abrirlo.
Las primeras páginas estaban en blanco. Nada. Solo el crujido del papel antiguo y el aroma a tinta seca. Pero cuando pasó la página número siete, algo cambió.
Allí estaba. Un relato. Un nombre que no había visto en años. Un recuerdo enterrado.
Sus ojos recorrieron las líneas con una mezcla de incredulidad y vértigo. Era su historia. Su secreto. Algo que nadie más conocía, algo que jamás había dicho en voz alta.
«El niño dejó la bicicleta tirada en el suelo. Sabía que debía correr, pero sus piernas se negaban a moverse. La puerta estaba abierta, y el olor a madera quemada flotaba en el aire. No quería entrar. No quería mirar. Pero lo hizo. Y nunca pudo olvidar lo que vio.»
Su respiración se volvió pesada. Ese recuerdo. Esa escena.
¿Cómo podía estar en el libro?
Las palabras no eran exactas, pero la esencia, la sensación, era suya. Ese día que había tratado de borrar. El momento que lo había marcado. Nadie más lo sabía. Nunca lo había contado.
Sus dedos temblaban cuando pasó la página siguiente. Había algo más.
Entre las hojas, una carta doblada con precisión quirúrgica. El papel era antiguo, pero la tinta aún vibraba, como si alguien la hubiera escrito hace solo unas horas.
Tomó aire. Desplegó el papel.
«Si estás leyendo esto, significa que el libro te ha encontrado. Y si el libro te ha encontrado, es porque te conoce.»
El aire se volvió denso, cargado de un significado que aún no lograba descifrar. Su pulgar resbaló sobre la esquina del papel y allí lo vio: una marca apenas visible, un sello diminuto, un símbolo que reconocía sin haberlo visto antes.
Giró la carta, buscando respuestas. Y entonces, bajo la luz tenue de la lámpara, apareció lo que no había notado antes: una línea escrita con una tinta diferente, más pálida, como si el mensaje estuviera destinado solo a quien supiera buscarlo.
«No temas lo que recuerdas. No todo lo que olvidas se pierde.»
Las palabras vibraron en su mente como un eco de algo que aún no lograba comprender.
Se levantó de la silla y sostuvo el libro con ambas manos. La textura del papel era más áspera de lo que recordaba. Giró el libro, inspeccionando cada detalle. Entonces lo vio.
En el lomo, entre las filigranas doradas, una inscripción grabada en el cuero envejecido: «Abre donde la tinta aún respira.»
Con manos temblorosas, hojeó el libro. Buscaba algo distinto. Algo vivo.
Y allí, justo en el centro, encontró una hoja que parecía diferente a las demás. La tinta era más intensa, más fresca, como si alguien la hubiera escrito hacía apenas instantes.
Las palabras lo esperaban:
«Si el libro te ha encontrado, es porque nunca te perdió.»
El mundo pareció romperse en un murmullo de sombras y ecos.
No era un mensaje cualquiera.
Era una llamada desde el pasado.
Era la historia que había tratado de olvidar.
Era su verdad.
Y ahora, el libro se la devolvía.

DEFENSA DEL LIBRO
Gustavo Páez Escobar / Colombia
Recuerdo alguna página de Azorín que habla deleitosa, filosóficamente, de los libros que se buscan, se manosean, se conquistan y terminan confundidos con la propia personalidad del lector. En ese ir y venir por los caminos librescos nos vemos contagiados de afán exploratorio, de ansia cultural, de inquisición sobre autores y títulos, para llegar, cuando hay penetración, a la calle angosta del libro decantado. El libro es el mayor medio de cultura que ha inventado la humanidad y resistirá los embates de todas las tecnologías, aun las más audaces, comprendida la sofisticada que pretende transmitirnos el saber por medios audiovisuales o comprimidos televisados, como si fuera posible adquirir erudición de prisa o ingiriendo grageas instantáneas. La cultura es cosa seria. No viene en píldoras Los computadores pueden vomitar cifras precisas con solo oprimir botones, y hacer planes desconcertantes, y remplazar al hombre en múltiples actividades, y hasta hablar y de pronto mandar, pero no lograrán desplazarlo.
¡Tranquilo, señor Cervantes!
Si de un vistazo se llegara a «leer» el Quijote visualizándolo en una pantalla por donde desfilaran los pasajes que se desean, podemos compadecernos del pobre don Miguel que tanto magín consumió escribiendo su obra cumbre, sin calcular que sucesivas generaciones la abreviarían cada vez más hasta convertirla en una cinta milimétrica. ¡Pero tranquilo, señor Cervantes, que esto es más especulativo que eficaz! La máquina, sempiterno señor, trata de enseñarnos a leerlo de afán, con premuras de estudiante desaprovechado en vísperas de exámenes, pero ni su Quijote, ni su Sancho, ni su Rocinante, ni su Galatea ni su Sigismunda se dejarán eliminar disminuir por una humanidad ávida de velocidades y falta de raciocinios. Siga, por consiguiente, durmiendo su justo sueño y olvídese de los cerebros electrónicos y de las mentes humanas deshumanizadas, que entre todos no serán capaces de rasgar la pluma y producir un pensamiento profundo, porque solo se mueven por impulsos y carecen de cerebro pensante Juventudes alborozadas esperan cargar a los clásicos entre cartuchos de microfilm. La lectura no cabe en estas mentes volátiles. El libro no morirá. Si día a día las bibliotecas hogareñas son más decorativas que informadoras, los lectores verdaderos caminan despacio, devoran páginas nutritivas y protegen al mundo contra el comején iconoclasta.
El auge de la cibernética
El computador, que se ha perfeccionado con tantas minucias para meterlo en la cabeza del hombre, no logrará «pensar» más allá de su programación. Al acabársele la cuerda, enmudecerá. Estamos en el auge de la cibernética, ese monstruo deformador de la humanidad que quiere manejarlo todo con palancasy soplos mecánicos, desalojando a su inventor; pero no conseguirá sustituirlo,porque el hombre es único e irremplazable.Suponer la muerte del libro es idea errónea. El mundo actual está manejado electrónicamente y por lo tanto no se necesitan mayores conocimientos. Todo llega «enlatado», otro término de la traviesa tecnología. A la vista, la Inteligencia Artificial. La televisión trata de impresionar y hasta de montar cátedras eruditas, las que, con todo y sus artificios, se desvanecen con la fragilidad de lo fugaz y lo inconsistente. La televisión tiene más de diversión momentánea que de sistema educador, contagiada como se halla de frivolidades, sutilezas y violencia. Pero siendo un imán poderoso para la molicie y la pereza de masas, está atrapando el interés colectivo y cada vez penetra más en el ámbito del hogar y en la atención del estudiante, el cual tira el aburrido texto de enseñanza ante el magnetismo de una pantalla divertida. Uno de los mayores enemigos de la formación es el televisor, ante el cual el hombre moderno renuncia a ser culto y aprende a ser superficial, con tal de estar cómodo.
El gran maestro de la vida
El destierro del libro significa vacío espiritual. Si una persona dedicara dos horas diarias a la lectura, llegaría a ser sabia. Puede que esto no resulte tan fácil en un mundo como el actual movido por densos fenómenos culturales, nuevos conflictos y dispersas doctrinas, pero debe admitirse que una disciplinade lecturas constantes y bien orientadas dará sólida estructura intelectual.La inteligencia se cultiva educándola. Y la cultura, hay que insistir, no se vende en las farmacias ni se conquista en corto tiempo. Los más preparados son los que siempre han gobernado al mundo. Los incapaces caen tarde o temprano por su propio peso.Incluso en estos tiempos de frivolidad y disolución en que el estudiante y el profesional se desentienden de pulir la inteligencia, el libro sigue haciendo sabios; y la ignorancia, produciendo necios. Si el humanismo tiende a agotarse, el libro, y no la máquina, ni el televisor, ni el transistor ni los «enlatados», nos salvará del desastre. Un planeta sin humanismo no vale la pena y destruiría al propio hombre.

LIBRO- LIBER-LIBRI
Carlos Pérez de Villarreal / Argentina
En primer lugar la palabra. El hombre comenzó a distanciarse de las demás especies, tenía uso de razón y hablaba, recordaba y lo más importante: contaba. Esa palabra oral que fue transmitida de generación en generación, indicando, enseñando, ayudando, haciéndonos humanos.
Y luego… la palabra escrita. La que comenzó a escribirse en esa Mesopotamia antigua, 3500 años a C. Sumeria irrumpía con la escritura cuneiforme en tablillas de arcilla. Egipto empleaba papiros. En la antigua Grecia y luego en Roma, esos mismos rollos de papiro se concebían comunes. Y llegó el pergamino, confeccionado con pieles de animales tratadas, la alternativa más duradera que luego dio lugar al códice: cuadernos plegados, cosidos a mano y encuadernados, escritos de ambas caras; precursor de la verdadera obra.
Y luego, a mediados de 1440 aparece la imprenta, Gutenberg se instala en la historia con el libro. Ese testigo fiel de nuestra evolución como seres humanos, como sociedad.
Somera y brevísima escena de la palabra.
Pero… ¿qué significa el libro, ¿qué significa leer?
Asumo que es una puerta de entrada hacia una percepción distinta, que genera una conexión entre el escritor y el lector, el cual se ve sumergido en un universo sorprendente.
La imaginación llevada al límite.
Misterio, persistencia y expresión.
Recordar y olvidar.
Conquistar y prescindir.
Nostalgia, meditación, encanto y ardor.
Intriga, miedo, alegría, tristeza.
Pensamientos, conceptos, imágenes tal vez aún no reveladas.
Mensajes que parecen verdaderos y pueden ser mentiras consideradas verdades.
Llamas, furia, ensueño y fascinación.
Sobreviviente de un presente tecnológico, de formatos, soportes y presentaciones, el libro físico aún sigue teniendo relevancia.
Ha volado, ha caminado, se ha sumergido y ha surcado las aguas contra viento y marea a pesar de los convencionalismos, inquisiciones y censura. Y aquí está, entre nosotros, para llevarnos a la imaginación y al conocimiento humano.
Ninguna duda que somos lo que hemos vivido, pero también lo que hemos leído.
Ustedes, yo, todos.
Alguien dijo alguna vez que un libro es innegablemente una intimidad.
Concuerdo.


