MICRORRELATOS- JULIO

AVISO EDITORIAL: Las opiniones vertidas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la postura editorial de la revista.

Nota: Todo el contenido de esta revista se encuentra amparado por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna, artículo 2 y concordantes.

Microrrelatos

Historias mínimas, emociones completas.

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COLABORADORES

  • Maren Alberdi – España
  • Luz Fontana- Italia
  • Carlos González Saavedra – Argentina
  • Elspeth Gormley – España
  • Oswaldo Lusardi – Italia
  • Sebastián Ochoa – México
  • Sarah Petrone – Argentina

RECUERDOS

Maren Alberdi – España

Hay recuerdos que no envejecen. Mi padre nunca fue de grandes discursos, pero tenía una forma de mirar que decía más que cualquier palabra. A veces pienso que su silencio era un mapa: uno que yo aprendí a leer tarde, cuando ya sabía que el amor también se escribe sin voz.

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EL RELOJ SIN TIEMPO

Luz Fontana – Italia

Luz descubrió que la vida cambiaba en detalles mínimos: una puerta abierta, una frase dicha a destiempo, una mirada que duraba un segundo más.

Aquella tarde, al entrar en la pequeña tienda de la esquina, encontró un objeto que no buscaba y una certeza que no esperaba: a veces, lo que transforma un día no es un milagro, sino un gesto tan pequeño que casi pasa desapercibido.

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LA CHICA DEL TREN

Carlos González Saavedra – Argentina

Nuestras miradas se cruzaron en la estación de trenes. Una leve sonrisa movió tus labios.

Trate de acercarme .Pero el vagón pero está completo y frustraba mi intención.

Otra vez tu sonrisa, más prenunciada, más evidente.

Al llegar se abrieron las puertas y unos brazos con ramos de flores te recibieron.

Nunca más volví, a verte.

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INFANCIA

Elspeth Gormley – España

La infancia es un lugar al que no se vuelve, pero que nunca se va. Los años pasan, las ciudades cambian, la vida se acelera… y aun así, basta un olor, una canción o una luz de tarde para que todo regrese: la risa, la casa, la inocencia. Como si el tiempo, por un instante, se olvidara de avanzar.

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LOS PADRES

Oswaldo Lusardi – Italia

Los padres guardan silencios que pesan más que las palabras. A veces no saben decir lo que sienten, pero lo sostienen igual: con manos torpes, con miedo escondido, con amor que no siempre acierta. Uno crece y entiende tarde que también ellos estaban aprendiendo.

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LOS POLÍTICOS

Sebastián Ochoa – México

Sebastián siempre sospechó que los políticos tenían un talento especial: podían prometer el cielo mientras vendían la sombra. Un día asistió a un mitin y descubrió el truco. No era magia, era práctica. Habían aprendido a hablar de futuro sin mencionar el presente. Y mientras la gente aplaudía, él entendió que algunos discursos no buscan convencer, sino distraer. Por eso, cuando terminó la reunión, Sebastián no aplaudió: prefirió guardar silencio, que a veces es la única forma de no caer en el espectáculo.

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EL PESCADOR

Sarah Petrone – Argentina

Acampó junto al río, preparó la caña de pescar, ensartó la carnada en el anzuelo y lo arrojó al agua. La espera estéril lo adormeció al calor de la siesta de la tarde.

La tormenta se desató sin permiso atravesando su cuerpo cansado. Creyó sangrar por cada poro de su piel.

El pez tensó la línea al engullir el bocado. La crecida lo despertó con el agua al cuello.

Las grandes manos de Dios disiparon las nubes del verano. Oyó su carcajada.

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CARTAS – JULIO

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Cartas-junio

“Cada carta es un puente entre dos almas que aún se buscan.”

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COLABORADORES

Maren Alberdi – España

José Ernesto Druán – Costa Rica

Carlos González Saavedra – Argentina

Elspeth Gormley – España

Sarah Petrone – Argentina

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CARTA A LA INJUSTICIA DE LA JUSTICIA

Maren Alberdi – España

Hoy te escribo, Justicia, aunque sé que no te gusta que te nombren cuando fallas. Te escribo desde este rincón del Mediterráneo donde la vida respira despacio, y donde la gente aprende a sostenerse sola porque tú, Justicia, a veces no llegas… y cuando llegas, llegas tarde.

Te escribo porque estoy cansada de verte caminar con los ojos vendados solo cuando te conviene. Porque te he visto mirar hacia otro lado mientras alguien se desmoronaba en silencio, esperando una respuesta que nunca llegó.

Te escribo porque ya no sé si eres balanza o si eres viento. Porque pesas cuando no debes y soplas cuando no toca. Porque a veces pareces un dios caprichoso y otras, una sombra que no protege a nadie.

Te escribo porque he visto vidas romperse por un sello mal puesto, por un expediente olvidado, por una firma que nunca llegó, por un error que nadie quiso reconocer. He visto lágrimas que no deberían existir, y silencios que duelen más que cualquier sentencia.

Te escribo porque me duele tu frialdad. Tu manera de convertir el dolor en trámite, la verdad en papel, la dignidad en espera. Me duele que no escuches el temblor de las manos que sostienen documentos como si fueran esperanza. Me duele que no veas los ojos que se apagan mientras tú decides.

Te escribo porque te has olvidado de la gente. De la madre que suplica, del hijo que lucha, del anciano que reclama, del inocente que confía, del culpable que también merece humanidad. Te has olvidado de que detrás de cada caso hay un corazón que late y una vida que se sostiene como puede.

Te escribo porque aún creo en ti, aunque me falles, aunque me canses, aunque me duelas. Creo en lo que deberías ser, no en lo que eres ahora.

Te escribo para recordarte que la justicia sin alma es solo un edificio lleno de ecos. Un lugar donde se oyen palabras pero no se escucha el dolor. Un lugar donde la verdad se sienta en una silla y espera… y espera… y espera.

Te escribo para pedirte que despiertes. Que mires. Que escuches. Que recuerdes que tu nombre es una promesa, y que las promesas, Justicia, no se firman: se cumplen.

Hoy te escribo porque la gente sigue esperando. Porque la verdad sigue esperando. Porque la dignidad sigue esperando. Y porque tú, Justicia, no puedes seguir llegando tarde.

Porque cuando tú llegas tarde, la vida se rompe. Y cuando la vida se rompe, no hay sentencia que la repare.

Por eso te escribo. Por eso te nombro. Por eso te reclamo. Porque aún creo que puedes ser lo que un día prometiste ser.

Justicia… haz justicia.

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LEALTAD

José Ernesto Druán – Costa Rica

Querida Lealtad:

No sé en qué momento dejaste de ser una palabra y te volviste un refugio. Tal vez fue el día en que descubrí que no todos permanecen, que algunos solo están mientras el viento sopla a favor. Tú, en cambio, no te mueves con las corrientes: te quedas donde el corazón decide.

He visto cómo te confunden con obediencia, como si ser leal significara callar o aceptar. Pero tú no eres eso. Tú eres firmeza, claridad, la mano que no suelta incluso cuando el camino se vuelve áspero. Eres la voz que dice “aquí estoy” sin necesidad de promesas.

Por eso te escribo hoy. Para agradecerte por las veces que me sostuviste cuando otros se fueron, por recordarme que la lealtad no se exige: se demuestra. Y porque, aunque el mundo cambie de piel cada día, tú sigues siendo la misma.

Con respeto y gratitud,
José Ernesto Druán

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ES NUESTRO SUEÑO

Carlos González Saavedra – Argentina

No despiertes de éste sueño, que es nuestro. Que tanto queremos. Por suerte podemos atravesar distancias a través de las letras.

Mi corazón late fuerte. Estoy seguro que estaremos juntos en unos meses. Las ansias de tenerte entre mis brazos es muy grande.

Esta carta, solo sirve para acercarme. Que me tengas presente.

Te mando un beso enorme, otro día te sigo escribiendo  ,mi amor, ahora tengo “compañía”

Beso

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MUJERES DE LA NOCHE ANTIGUA

Elspeth Gormley – España

A vosotras, mujeres de la noche antigua, a vosotras que caminasteis por los bosques de Zugarramurdi, a vosotras que fuisteis llamadas brujas cuando solo erais libres,os escribo desde un tiempo que no os pudo salvar, pero sí recordar.

Sé que vuestra historia no es un mito. Sé que no sois leyenda. Sé que fuisteis víctimas de la Inquisición española, esa que en el siglo XVII envió a la hoguera a decenas de mujeres y hombres, más de setenta almas acusadas de brujería, cuando en realidad solo eran diferentes, solo eran sabias, solo eran libres.

No sé si llevo vuestra sangre, pero sí llevo vuestra sombra. Una sombra que no asusta, una sombra que acompaña, una sombra que me habla cuando el mundo se vuelve demasiado ruidoso.

A veces pienso en vosotras, en cómo os miraron, en cómo os juzgaron, en cómo os temieron por saber cosas que otros no entendían, por hablar con la tierra, por escuchar el viento, por curar con hierbas, por vivir sin pedir permiso.

No quiero imaginar vuestro dolor, pero sí vuestra fuerza. La fuerza de seguir siendo vosotras incluso cuando el fuego quiso borrar vuestro nombre.

Yo no soy vosotras, pero os llevo dentro. En cada intuición que me guía, en cada silencio que me protege, en cada decisión que nace de un lugar que no sé nombrar. En cada vez que la vida me empuja y yo respondo con una calma que no es mía, sino vuestra.

Dicen que el destino está escrito. Vosotras sabéis que no. Que el destino se rompe, se cambia, se desafía, se reconstruye. Vosotras lo hicisteis, aunque el mundo no lo viera.

Hoy os escribo para deciros que no estáis olvidadas. Que vuestra historia sigue viva en quienes no aceptamos las sombras que otros imponen. Que vuestra voz sigue en quienes escuchamos la intuición, la tierra, la memoria, la raíz.

Si alguna vez el destino vuelve a temblar bajo mis pies, os prometo que caminaré con vuestra fuerza. No para repetir vuestra historia, sino para honrarla.

Con respeto, con luz, con silencio, con memoria, os escribo desde este tiempo que por fin os nombra sin miedo.

Elspeth.

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CARTA SIN DESTINO

Sarah Petrone – Argentina

Aquí estoy otra vez, buscando en la incongruencia de las palabras, una razón que justifique las diferentes interpretaciones sobre la finitud de la vida…Y su destino.

Se dice que en el libro de la historia de cada uno, todo lo que nos sucederá ya está escrito de antemano en sus páginas. Claro, siempre que el mítico trío de las hilanderas griegas no jueguen con las hebras invisibles que Clota tejió para nosotros, y terminen midiendo y cortando el largo de los hilos de la vida que nos toca por derecho.

Entonces, el destino deja de estar predeterminado por el Plan Divino para ser juguete de ese otro destino. Mito o realidad, nos dejamos influenciar según nos convenga, por diferentes creencias y a veces creemos tomar al destino con nuestras propias manos.

Los hados que intervienen como consejeros en nuestras vidas en forma de amigos, colaboradores, de oraciones de los que se preocupan y nos quieren, a veces miran hacia otro lado y nos dejan a nuestro libre albedrío, es cuando el destino se desorienta y esas encrucijadas son las que enferman el alma y casi siempre dan un vuelco inesperado y fundamental en nuestro camino. Y eso está bien. Es cuando el destino nos pone a prueba para ver si podemos manejar solos, nuestra propia historia de vida, torciendo la directiva del destino.

Nadie sabe qué sucederá mañana. El destino es una incógnita indescifrable que ningún horóscopo puede aseverar.

Bueno, al principio hablé de la incongruencia de mis palabras, creo haber sido fiel  a lo dicho. No sé si los he confundido o simplemente conseguí alguna sonrisa escéptica.  De cualquier manera quiero pensar que la culpa es por haber nacido bajo un destino loco y contradictorio, al que me enfrento cara a cara, día tras día, porque es el ordenador de lo que me sucede y no lo puedo modificar.

No me escondo detrás de mis palabras, mis palabras siempre son un grito.  Y el destino es una quimera sin respuesta.

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ANÉCDOTAS DE VIDA – JULIO

AVISO EDITORIAL: Las opiniones vertidas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la postura editorial de la revista.

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Anecdotas-de-vida

Pequeños momentos que, sin buscarlo, se convierten en historias. Instantes que revelan la belleza de lo cotidiano y la fuerza de lo vivido

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COLABORAN

  • Miriam Alberganti – Argentina
  • Maren Alberdi – España
  • Carlos González Saavedra – Argentina
  • Elspeth Gormley – España
  • Andrea Kiperman – Argentina
  • Marga Mangione – Argentina
  • Yanni Tugores – Uruguay

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EL DIENTE EN EL MONEDERO

Miriam Alberganti – Argentina

Mairim tenía cinco años y medio, y un diente que se le movía desde el domingo. Ese diente flojo que te ocupa toda la boca.

La abuela había vuelto de la mercería de Gaona con un monedero de hule a lunares rojos, de los que hacían ¡CLAC! bien fuerte. Lo había puesto arriba de la heladera, donde ponía todo lo que no quería que Mairim tocara.

— Ni se te ocurra, Mairim. Ahí guardo para el almacén de Don José.

Mairim no quería plata. Mairim quería el ¡CLAC!

A la hora de la siesta, cuando la abuela roncaba bajito con la radio en AM, Mairim arrastró la banqueta de la cocina, se subió en puntas de pie y bajó el monedero.

¡CLAC! Lo abrió.

Adentro había dos billetes de un peso y olor a perfume barato.

Ella tenía en el bolsillo del delantal tres tesoros: un botón grande de nácar, un caramelo Mielcitas a medio comer que guardaba «para después» y el diente, que de tanto tocarlo con la lengua, se le cayó ahí mismo, adentro del monedero.

Plop.

Mairim se tapó la boca. Se miró en el espejo de la cocina. Tenía un agujero negro, negro. Y el diente estaba ahora entre los billetes de la abuela.

Justo en ese momento, la abuela se despertó.

— ¿Qué hacés ahí arriba, Mairim?

Mairim, con la boca cerrada para que no se le escapara el aire por el agujero, le mostró el monedero orgullosa.

— Te lo cuidé, abu.

La abuela abrió el monedero para ir a lo de Don José y se encontró con todo: el botón, el Mielcitas pegoteado a un billete de un peso y el dientito manchado de caramelo.

La miró.

— ¡Mairim! ¡¿Qué es esto?!

— Lo importante — dijo Mairim, y por el agujerito se le escapó un silbido —. El Ratón Pérez ya vino.

La abuela intentó despegar el Mielcitas del billete. Imposible. Estaba soldado.

Tuvo que ir hasta lo de Don José con el billete pegoteado y con un botón de nácar y un diente de regalo.

Don José lo miró, lo olió y le dijo:

— Rosa, decile a Mairim que el Ratón Pérez me debe el vuelto. Le cobré dos pesos el caramelo.

Nota del autor: De muy chiquita me llamaban por el apodo de MAIRIM o sea mi nombre al revés (MIRIAM) Será tal vez, que siempre fui al revés de todo sistema?)

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LA CALAVERA DE MI MARIDO

Maren Alberdi – España

Poco después de casarme tuve un capricho peculiar: quería una calavera humana como lámpara para mi mesa de trabajo. Mi esposo, al principio, no estaba muy convencido… pero al final aceptó. Habló con un amigo suyo, forense, y este con otro contacto. Y sí: un día apareció en casa una calavera, limpita, perfecta, lista para ocupar su lugar en mi escritorio.

Al principio impresionaba, pero luego se volvió parte del paisaje. Mi marido, con su humor, me dijo:

—Estarás contenta, ya tienes tu calavera… pero recuerda que esa calavera es mía, dijo mi esposo

Pocos años después mi esposo falleció. La calavera siguió en mi mesa, como una presencia silenciosa que nunca me molestó.

Un día vino un electricista porque tenía un problema con un conmutador. El hombre iba revisando la casa y, de repente, se detuvo en seco al ver la calavera.

—Uy, señora… ¿tiene usted una calavera? —Sí —le dije yo, muy tranquila—. Es de mi marido.

El hombre no dijo nada más. Terminó su trabajo, le pagué, y cada uno siguió con su vida.

Por la tarde, al salir con mis hijos, el conserje de la finca de enfrente se acercó:

—Doña Maren… ¿qué le ha dicho usted al electricista? —¿Yo? Nada. ¿Por qué? —Pues verá… cuando ha terminado en su casa me ha dicho: “Pepe, la señora Maren es muy amable… pero un poco rarita, ¿verdad?” Y claro, yo le he dicho que no veía nada raro en usted. —¿No? —respondió el electricista—. Pues te diré: ¡tiene la calavera de su esposo en el escritorio!

Y yo, qué quieres que te diga… Me reí…Porque sí, quizá soy un poco rarita..Pero feliz.

  Hace muchos años que la calavera ya no está… aunque algunos aún creen que la guardo en un cajón.  

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INDIO, MI OVEJERO

Carlos González Saavedra – Argentina

¡No supe cuidarte!

 Hoy decidiste un camino distinto, pensé .Sin embargo, busque en vano por barrios cercanos.

Puse carteles con tu foto. Nadie te había visto.

Así pasaron cuatro horas de desesperanza y angustia. Al borde de las lágrimas, le cuento a mi hija. ¡No sabía que hacer!

-¡Sílbale Papa!

-Es una locura, hace cuatro horas que se fue.

-¡Sílbale, haceme caso.

Así fue, en la esquina de mi casa comencé a  llamarlo como siempre.

Esperanzado, que alguien lea mi número  de teléfono, en el huesito metálico del cuello.

Pero acercarse, no sería tarea fácil. Un ejemplar hermoso ovejero, manto negro.

Solo pasaron cinco minutos y sonó el teléfono.

-¡Señor, acá en la puerta de casa hay un perro!

-¡Si sí es mi perro!¿ Donde esta? Que lo voy a buscar!

A más de cuarenta cuadras de casa. Indio me esperaba con un tachito de agua al lado.

Temblaba de miedo. Llorando, nos subimos al auto.

Agradeciendo a la señora, por su llamado.

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LA VEZ QUE ME PERDI EN LONDRES

Elspeth Gormley – España

Tenía diecisiete años y aquel verano estudiaba inglés en Londres. Mi inglés era malísimo, y viajar en metro era casi ciencia ficción para una chica de la España de los años setenta. En mi ciudad no había metro, así que cada línea, cada cruce, cada túnel era un laberinto.

Una mañana me perdí. Plano en mano, preguntaba a la gente cómo llegar a Charing Cross Road, pero no entendía nada de lo que me respondían. El acento, la rapidez, el ruido… todo me sonaba igual: incomprensible.

De pronto vi a un matrimonio mayor. Pensé: “Estos seguro que tienen más paciencia.” Me acerqué con mi mejor sonrisa y un inglés perfecto —o eso creía yo— y les pregunté si podían orientarme.

Ellos me miraban sin decir nada. Yo pensé: “Madre mía, qué mal hablo.” Así que repetí la pregunta, más despacio, más clara, más desesperada.

Entonces la señora se giró hacia su marido y dijo: “Ay, José… que no sabemos qué le pasa a esta zagala y me parece que tiene algún problema «

Me quedé petrificada. ¿Españoles? ¿Allí, en medio del metro de Londres?

“Pues claro, hija”, me dijo ella. “¿Qué te sucede?”

No sabían exactamente dónde estaba la calle que buscaba, pero sus hijos vivían a pocos metros de donde nos encontrábamos. Me llevaron hasta su casa, me dieron agua, me tranquilizaron y me ayudaron a regresar.

Aquel día aprendí dos cosas: que perderse también es una forma de encontrarse, y que los españoles, incluso lejos de casa, siempre acaban reconociéndose.

Aún mantengo amistad con los hijos de aquel matrimonio. El metro me perdió, pero ellos me encontraron.

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LA DUDA EN LA MIRADA
Andrea Kiperman – Argentina

¿Alguna vez sintieron algo tan fuerte al mirar por primera vez a una persona que el mundo alrededor pareciera detenerse? A mí me pasó con unos ojos negros. Un instante breve, pero tan intenso que quedó grabado para siempre.

La vida nos separó. Entre idas y venidas, silencios y desencuentros, pasaron años sin saber nada el uno del otro. A veces la vida es caprichosa: aleja a ciertas personas y acerca a otras sin explicación.

Recuerdo un viaje a Santiago de Chile. Volvíamos a Buenos Aires, muy temprano, el aeropuerto lleno de gente que iba y venía. En medio de ese movimiento, sentí una mirada fija en mí. Levanté la vista… y lo vi. O creí verlo.

Caminamos en direcciones opuestas apenas unos segundos, lo que dura una brisa de verano. Seguí andando, pero la duda se quedó conmigo: ¿Habrá sido él?

El mundo es demasiado grande para un encuentro así, después de tantos años de silencio. Por momentos creo que sí. Por momentos creo que no.

Esa duda, como a vos, me acompañará un tiempo más.

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MI ORGULLO DE MUJER

Marga Mangione – Argentina

Trabajé muchos años administrando propiedades en la inmobiliaria de mi esposo, desde que la fundó en 1978. Era la década del 80, y un joven policía que había concluido su contrato de locación vino a traerme las llaves y todos los recibos de servicios, luego de que el propietario revisara la propiedad a satisfacción.

Ese día me dijo con mucha amabilidad que él había pagado todo, pero que si llegaba alguna nueva boleta con consumo, lo llamara a su trabajo, que de inmediato vendría a buscarla para abonarla. Y sí, llegó una boleta con consumo. No era una gran suma, pero había deuda. Como siempre se había portado bien, pensé que no tendría problemas, así que lo llamé.

Cuando atendió el teléfono y le comenté el motivo de mi llamada, me respondió furioso: “Mire Margarita, esa boleta descuéntesela al dueño o páguela usted, porque bastante he pagado en estos dos años de contrato para beneficio de ustedes, que son unos chupa sangre. Y ni se le ocurra volver a molestarme al trabajo, si no quiere que la encuentren algún día tirada en una zanja”. Y cortó. Quedé impactada por esa respuesta. Diría que helada. No era la forma en que habíamos llevado la relación durante los dos años de locación. Siempre se portó de manera educada y cumplió con sus obligaciones sin demoras, pero todo había cambiado de repente.

Sabiendo que se desempeñaba en la Oficina Regional de la Policía de la Provincia de Buenos Aires, en Quilmes, le dije a mi esposo que me llevase hasta allí. Serían cerca de las cinco de la tarde cuando llegamos, y al querer ingresar por la puerta principal me detuvo un oficial de apellido griego, que no voy a mencionar, pero que nunca olvidé. “¿Señora? ¿En qué puedo ayudarla?”, dijo secamente. Cuando le manifesté que iba a denunciar a un compañero suyo, cambiaron los colores de su rostro y nos hizo pasar muy presuroso, llevándonos hasta la oficina del comisario, quien nos hizo sentar y me pidió que relatara lo ocurrido. Una vez que le expliqué, llamó a un subalterno y le dijo: “Che, fulano, traeme el legajo del chofer del sub”. Cuando el agente se lo entregó, lo abrió, me mostró la foto y me preguntó: “¿Es éste?”. “Sí, señor comisario”, respondí. Entonces se puso de pie, me hizo pasar a una oficina para que me tomaran la denuncia (que tecleó con dos dedos un agente en una vieja Remington), y se acercó a darme la mano. Noté entonces que tenía una pronunciada renguera.

Él notó mi mirada y me dijo: “Un balazo hace años… gajes del oficio”. Después de que me tomaron la denuncia, me pidió mi número de teléfono porque me llamaría para devolverme el dinero. A los pocos días cumplió con su palabra. Por consejo de mi abogado, le dije que no quería el dinero, que no lo necesitaba, y que lo dejaba para comprar yerba y azúcar para el mate cocido de la tropa. Mi interés había sido dejar en claro que, por ser mujer, no me iba a dejar amedrentar por nadie.

El comisario dijo que de ninguna manera, que el dinero era mío y que pasara a buscarlo cuando quisiera. Así lo hice a los pocos días. El joven policía no cumplió con su promesa de dejarme tirada en una zanja, porque aún estoy aquí, después de más de 40 años. Gracias a Dios, nunca más lo volví a ver. Y mi orgullo de mujer quedó satisfecho.

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EL ADIÓS A LA TÍA IRIS

Yanni Tugores – Uruguay

Mi tía Iris había sido muy estricta en todo. Más aún a la hora en que le tocara partir. Se aseguró de dejar, escrito ante escribanos, que, para su velorio no quería que hubiera discursos, ni lágrimas, ni flores ni música fúnebre.
Lo que sí quería era que se contratara al “Negro Rada”, ¡ojo que esto no es discriminación! A Rada un prestigioso cantante
afrodescendiente de mi país, le gusta que le digan negro.
Tal como mi tía había dejado estipulado, Rada llegó a la sala velatoria con su banda. El ambiente, que de por sí prometía ser inusual, cambió por completo cuando el músico empezó a entonar su clásico tema titulado «Muriendo de plena». Con su voz y percusión tan particulares, resonaron los versos exactos que mi tía Iris solía tararear y que, a su manera, resumían su filosofía de vida:
…Cuando yo me muera no quiero llantos ni penas prefiero que se me vele bailando una rica plena…
Al principio, los vecinos se quedaron helados. A muchos les pareció una broma de humor negro o una escena sacada de una película surrealista, dada la situación. Sin embargo, los más allegados a la tía conocíamos bien su espíritu alegre. La mayoría de mi familia, entendiendo a la perfección el mensaje, dejó los prejuicios de lado y bailamos alrededor del ataúd.
Así, en lugar de tristeza, lo que reinó fue la alegría tal cual como ella lo deseaba.
Estoy segura de que mi tía Iris, estuvo allí con nosotros, bailando al ritmo de la plena y disfrutando de la fiesta inolvidable que ella misma se encargó de organizar.

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CARTAS – JUNIO

Nota: Todo el contenido de esta revista se encuentra amparado por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna, artículo 2 y concordantes.

Cartas-junio

Cada carta es un latido: lo que el alma escribe cuando nadie la mira.

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✦ COLABORADORES

(

  • Maren Alberdi – España
  • Carlos González Saavedra – Argentina
  • Elspeth Gormley – España
  • Sarah Petrone – Argentina

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CARTA A LA CONCIENCIA HUMANA

Maren Alberdi – España
(desde la voz de una mujer que aún cree en la dignidad)

Hoy escribo no para señalar a nadie, sino para despertar a todos. Porque algo grave está pasando en el mundo y lo más inquietante no es el horror en sí, sino la costumbre. La indiferencia. Ese silencio que se instala como polvo sobre los muebles y que, sin darnos cuenta, termina cubriéndolo todo.

¿Cómo hemos llegado a este punto? ¿Cómo es posible que la injusticia se haya vuelto paisaje? ¿Cómo podemos mirar pantallas llenas de dolor y seguir comiendo, trabajando, durmiendo, como si nada nos rozara?

No hablo de colores políticos. No hablo de banderas. No hablo de ideologías. Hablo de algo más básico, más antiguo, más humano: la responsabilidad moral de no mirar hacia otro lado.

Porque mientras discutimos por nimiedades, mientras nos distraen con ruido, mientras nos dividen con relatos prefabricados, hay quienes sufren, quienes huyen, quienes mueren, y quienes —desde despachos pagados por el pueblo— se enriquecen, se blindan, se reparten el poder como si fuera un botín y no un servicio.

Y nosotros… ¿qué hacemos? ¿Esperar? ¿Confiar en que “alguien” lo arregle? ¿Creer que no va con nosotros?

La conciencia humana no se pierde de golpe. Se desgasta. Se erosiona. Se adormece. Y un día, sin darnos cuenta, aceptamos lo inaceptable y normalizamos lo intolerable.

Pero aún estamos a tiempo. A tiempo de recuperar la voz. A tiempo de recordar que la dignidad no es negociable. A tiempo de exigir transparencia, ética, responsabilidad. A tiempo de decir: basta.

No hace falta quemar calles. Hace falta encender conciencias. Hace falta educar, pensar, cuestionar, participar, no desde el odio, sino desde la lucidez. No desde la rabia ciega, sino desde la memoria. No desde la comodidad, sino desde la humanidad.

Porque si algo nos define como especie no es la fuerza, ni la tecnología, ni el progreso. Es la capacidad de sentir el dolor ajeno como si fuera propio.

Y si perdemos eso, lo perdemos todo.

Esta carta no es un reproche. Es un recordatorio. Un espejo. Una llamada suave pero firme: despierta. Mira. No te acostumbres. No te rindas.

El mundo no cambia solo. Cambia cuando alguien, aunque sea uno, decide que ya no puede seguir callando.

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PARA AMALIA

Carlos González Saavedra – Argentina

Que lindos recuerdos se dispararon .Hacia tiempo que no caminaba por tu barrio, tus veredas y la casa de tus padres. Hermosos recuerdos.

Te  acordas de los carnavales, los asaltos que hacíamos en la galería de tu casa que daba a los fondos de la mía. ¡Cómo nos divertíamos!

Y cuando hablábamos en los fondos, con alambrado de por medio. Mi boca, no alcanzaba la tuya.

Después la vida nos fue llevando por otros caminos. Te casaste y con hijos ya no vivías ahí.

La vida nos separó 30 años. Hoy vuelvo divorciado y con un hijo. Sé que sos viuda, con tres.

Uno de ellos vive en el exterior. España.

Cuantos recuerdos y cuantas miradas, al suelo cuando nos cruzábamos.

Me gustaría invitarte a caminar, por estas calles arboladas y que por una vez, hablemos, que nos pasa.

Siento muchas cosas, pero siendo sincero, no estoy del todo seguro. Té pasara lo mismo?

Escribo estas líneas con la esperanza que sí ,te pase. Al menos, es lo que creo cuando cruce miradas con vos.

Amalia, estamos tan cerca, qué bien vale encontrarnos y tener una charla. Una oportunidad.

Te mando un beso

Carlos

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CARTA A LA AMISTAD QUE CRUZA MARES

Elspeth Gormley – España

A veces me pregunto cómo es posible que la vida, tan caprichosa y tan breve, nos regale encuentros que no estaban en ningún mapa. Personas que no vimos nacer, que no crecieron a nuestro lado, que no compartieron nuestras calles ni nuestros inviernos, pero que un día aparecieron en una ventanita azul, en un mensaje tímido, en un saludo inesperado… y se quedaron.

A esa amistad le escribo hoy. A la que nació sin ruido, sin promesas, sin expectativas. A la que cruzó mares, husos horarios, estaciones, y aun así resistió como resisten las cosas verdaderas.

Hace más de veinte años que algunos de vosotros estáis conmigo. Hemos llorado juntos sin vernos los ojos, hemos reído sin escuchar nuestras voces, hemos compartido pérdidas, duelos, celebraciones, como si la distancia fuera apenas un gesto del mundo y no un muro entre países.

Y lo más hermoso es esto: que sin habernos tocado, nos hemos sostenido. Que sin habernos visto, nos hemos reconocido. Que sin habernos abrazado, nos hemos curado.

Algunos, a quienes jamás pensé conocer en persona, un día aparecisteis frente a mí, de carne y hueso, con vuestra risa real, con vuestros ojos que ya me eran familiares. Y ese instante —ese milagro pequeño— fue una alegría que aún hoy me late en el pecho.

Porque la amistad verdadera no entiende de geografía. No necesita pasaportes. No pide explicaciones. Solo pide verdad.

Y vosotros la habéis tenido siempre: en cada palabra, en cada madrugada compartida, en cada mensaje que llegó justo cuando la vida apretaba, en cada silencio que no pesaba, en cada gesto que decía: “aquí estoy, aunque esté lejos”.

Por eso escribo esta carta. Para agradeceros lo que quizá nunca os dije: que sois hogar sin paredes, familia sin sangre, luz sin lámpara, y compañía sin ruido.

Que la vida me dio muchas cosas, pero pocas tan valiosas como vosotros.

A la amistad que cruza mares, a la que nació en una ventanita, a la que sobrevivió a los años, a la que me acompaña sin pedir nada… gracias.

Gracias por existir. Gracias por quedaros. Gracias por ser verdad en un mundo lleno de ruido.

Con afecto profundo, Elspeth

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CARTA A MI VIDA

Sarah Petrone – Argentina

No.Claro que no. Yo no voy a decirte lo mismo que te dijo Amado Nervo en su célebre poema: «VIDA, NADA ME DEBES, VIDA, ESTAMOS EN PAZ».

¡Claro que no!  Yo te sigo cuerpeando los embates que me presentas todos los días. Soportando las luchas, esperando los sueños que aún no me regalas.

Sobrellevo desde hace montones de años las amarguras, las alegrías que me das, intensas, a veces abrumadoras… feliz. Y aún voy por más.

Quiero arrancarte hasta los girones que me queden. Necesito beber de tu fuente y encontrarme con esa niña que alguna vez fui, con la adolescente conflictiva, tímida, introvertida que me convirtieron en la mujer madura que ahora soy.

Me has sarandeado de tal manera. Me has roto y reparado tantas veces…Y no me has vencido. Te sigo enfrentando con la fuerza de siempre. 

De cara a la verdad, el sol que pusiste enfrente de mí, no me quemó. Me besó, acarició mi corazón y me calentó el alma y el cuerpo. 

Aún quiero más de esos rayos milagrosos.

Las tormentas que desataste en mi camino se debilitaron quedando bajo mis pies, pisoteados por ésta mujer a la que hiciste fuerte.

El milagro del amor que me regalaste, junto con la ternura de la maternidad se quedarán conmigo hasta que te entregue el último aliento.

Los nietos, los amigos, las mañanas sin nubes, las noches sin sombras, los sinsabores de las pérdidas, siguen en mi interior escondidos en mi corazón para recordarme quién soy y me alienten a seguir adelante en la convicción de que este es el primer paso hacia otra vida, diferente a la tuya y a la mía. Diferente del mito y la incertidumbre que se mezclan en la esperanza del reencuentro cuando el tiempo de partir llame a la puerta.

Vida, aún me debes mucho. Debes reconstruirme y yo, aprender de mis errores.

Cierro los ojos y te espero  presentándote nuevos desafíos. Con mi mejor sonrisa te sigo diciendo: Vida, aún no estamos en paz.

Bebo de tu aliento en el don de la vida que día a día me das.

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CARTAS – MAYO

Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.

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COLABORAN

Maren Alberdi – España

Carlos González Saavedra – Argentina

Elspeth Gormley – España

Sarah Petrone -Argentina

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CARTA A MI ABUELA

Maren Alberdi – España

Amama, han pasado tantos años y aún te veo delante de mí, con esa manera tuya de estar: firme, callada, sin necesidad de levantar la voz para que todos entendieran quién mandaba en el caserío. No necesitabas estudios para saberlo todo. Bastaban tus ojos oliva, esos que hablaban antes que tú.

Tú eras la matriarca. No por título, sino por esencia. El caserío respiraba a tu ritmo: las vacas, las gallinas, la huerta, los hombres que venían a trabajar… todos seguían tu criterio, tu intuición antigua, tu sabiduría de mujer que aprendió la vida sin libros.

A veces pienso en lo que me decías cuando era niña: “Sé honrada. Sé fuerte. Sé tú.” Y yo, que era la única nieta, te escuchaba como quien recibe un legado.

Aún recuerdo tu olor: manzana guardada en el aparador y Heno de Pravia en la piel. Ese olor era casa. Era refugio. Era raíz.

Cuando me fui a Irlanda con dieciocho años, te brillaron los ojos. “Vívelo por mí”, me dijiste. Y lo viví, amama, porque sabía que tú, que apenas habías aprendido las cuatro reglas, habías sido capaz de sostener un mundo entero con tus manos.

Te imagino en mi graduación, con tu pañuelo y tu saya de los domingos, mirando todo con esa mezcla de orgullo y pudor. Algunas me miraban raro, pero yo solo pensaba: “Es mi abuela. Es mi origen. Y no hay nada más digno que eso.”

Ojalá hubieras visto lo que vino después. Ojalá hubieras conocido a la mujer en la que me convertí. Pero quizá lo sabes, desde donde estés, con esa mirada tuya que siempre veía más de lo que decía.

Gracias, amama, por enseñarme a ser fuerte sin volverme dura. Por enseñarme que la ternura también es una forma de poder. Por ser raíz. Por ser casa.

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CARTA A MI HIJO

Carlos H González Saavedra – Argentina

Hijo:

Hace tiempo que te noto distante, me imagino tu vida y comprendo. También estuve en ese lugar.

Lo que no entiendo es tus cuestionamientos, en forma permanentes, en todo.

A principio no le daba importancia. Ahora me doy cuenta, que no has cambiado. Por el contrario.

Necesito saber que he hecho mal, a través de los años. Cuanto te he lastimado sin darme cuenta.

Fuimos padres que criamos a todos ustedes, con respeto y severidad.

No hay una escuela para padres, a veces el corazón no alcanza para amarlos a todos igual, otras, faltan caricias y actitudes comprensibles.

Los padres imbuidos en las luchas cotidianas .Progresos, y mejoras en procurando una mejor calidad de vida familiar mejor, han sido nuestro norte, siempre.

Los hemos educado, lo mejor que pudimos.

Por eso comprendo, tu lucha. Sostener la familia hermosa que formaste junto con tu esposa,

Es una tarea titánica.

Extraños tus ¡Te quiero mucho! Cualquier encuentro o llamado telefónico, me lo decías. Era un bálsamo para mi alma.

No tengo otra cosa, que mi corazón para escucharte y comprenderte. Es lo único que puedo ofrecerte.

Debes saber, que tu distanciamiento, me duele y también tu ingratitud.

Cuanto antes lo resolvamos mejor.

Te amo hijo.

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CARTA A MI PROFESORA DE MÚSICA

Elspeth Gormley – España

Querida Srta. Isabel:

A veces me pregunto qué habrá sido de usted.
Si seguirá enseñando, si aún llevará ese cuaderno azul donde anotaba pequeñas observaciones sobre cada uno de nosotros, o si la vida la habrá llevado por otros caminos.
Sea como sea, quiero decirle algo que nunca dije en voz alta: usted cambió mi manera de mirar el mundo.

Recuerdo mis años en el colegio como una etapa luminosa, y en esa luz sus clases ocupan un lugar especial.
Usted no enseñaba música: la revelaba.
Nos hablaba del “baile de las notas”, de cómo una melodía podía respirar, de cómo un silencio podía ser más elocuente que un sonido.
Yo, que era una niña tímida, encontraba en sus clases un refugio.
Allí todo tenía sentido: la emoción, la belleza, la disciplina, la libertad.

Aún puedo verla moviendo las manos en el aire, como si dirigiera una orquesta invisible.
Aún escucho su voz diciendo:
“La música no se aprende, se siente.”
Y yo la sentía.
La sigo sintiendo.

No sé si usted imaginó alguna vez que una de sus alumnas llevaría esa sensibilidad a la escritura, que transformaría las notas en palabras, los compases en ritmo, los silencios en significado.
Pero así fue.
Y en cada texto que escribo hay un eco suyo, una huella que no se borra.

Gracias por enseñarme que la belleza no es un lujo, sino una forma de estar en el mundo.
Gracias por abrir una puerta que aún hoy sigo cruzando.

Con afecto y gratitud,

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CARTA  A  MI ÁNGEL DE LA GUARDA

Sarah Petrone – Argentina

     Mi querido Ángel de la Guarda, sé que podría hablar contigo sin necesidad de recurrir a éste método, pero no quiero olvidarme de todo lo que tengo para decirte. Empecé a tomar apuntes y de  repente me encontré con un montón de palabras que formaron esta carta.

     No sé dónde estás, aunque te presiento cerca. Te busco en cada nube de este cielo que me mira en silencio, también en las personas que caminan a mi lado todos los días, porque desde chica comprendí que puedes tener muchos rostros.  Cada vez que flota una pluma por el aire, sé que estás por ahí y me alegra el alma.  

     Hoy no te busco para pedirte nada para mí, solamente quisiera con tu permiso, prestarte, compartirte con  otras personas que no tienen sus Ángeles de la Guarda, y están solas. El otoño empieza a mostrar su clima frío, tan frío como la indiferencia y la ingratitud de esos a los que nada les falta y por egoísmo no se detienen a mirar las miserias ajenas. Y tengo que confesarte que hay muchas necesidades. Las calles son hervideros de dolor y desidia. Y me duele.

     Quiero que cuides a ese jóven que hace varios días está acurrucado en un umbral, mojado en sus propios orines. Duerme envuelto en una bolsa de polietileno negra, y te juro que creí que estaba muerto hasta que ví que se movía dificultosamente. No quise despertarlo, pero le dejé un café caliente a su costado. Esta mañana seguía en la calle, nadie lo arropó, nadie le tendió una mano ni le dió cobijo. Tampoco yo, y me avergüenza. No supe como hacerlo. Me pregunto si alguna vez tuvo familia, un hogar, alguien que lo extrañe. La vida tiene discapacidades afectivas y los seres humanos somos demasiado imperfectos.

     Por eso, por eso quería ceder en su beneficio tu cuidado,hasta que pudiera rescatarse de sus demonios internos y así, encontrar el camino para sanar.

     Querido Ángel, gracias por escucharme. Hoy, en los ojos de ese jóven ví una luz nueva. Una sonrisa iluminó su cara sucia… Y te ví. Estabas a su lado, lamían sus heridas y se daban amor. Tu disfraz de perro callejero le calentó el alma. Te reconocí en los ojos de ese animal juguetón que logró que varias personas se acercaran sin temor para ayudarlo.

     Cómo no voy a creer en los milagros, si toda la vida es un milagro y montones de plumas blancas revoloteaban sobre sus cabezas mientras le escuché recitar la misma oración que aprendí de niña: «Ángel de la Guarda, dulce compañía…»

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CARTAS – ABRIL

Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.

Cartas

“Cada carta es un puente entre dos almas que aún se buscan.”

COLABORAN

Alberdi Maren – España

González Saavedra Carlos H. – Argentina

Gormley Elspeth – España

Petrone Sarah – Argentina

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CARTA A UN AMOR QUE NO PUDO SER

Alberdi Maren — España

A ti, que fuiste casi, pero no llegaste a ser:

Te escribo desde este lugar donde ya no duele, pero todavía late. Hay historias que no terminan: simplemente se desvanecen. Y la nuestra fue una de esas. No hubo tormenta, ni ruptura, ni palabras afiladas. Solo un silencio que fue creciendo entre los dos, como una puerta que se cierra sin hacer ruido.

A veces pienso que lo nuestro fue un puente que nunca cruzamos. Un gesto detenido. Una posibilidad suspendida en el aire.

Y sin embargo, te recuerdo con una ternura que no esperaba. No por lo que fuimos, sino por lo que pudimos ser. Por ese brillo breve que encendiste en mí, por esa versión mía que despertó cuando te miré y que, aunque no se quedó, aprendió algo importante.

No te escribo para reclamar nada. Ni para volver atrás. Te escribo porque hay afectos que merecen ser nombrados, aunque hayan durado poco, aunque no hayan encontrado su forma, aunque no hayan tenido tiempo de convertirse en historia.

Te escribo porque, de algún modo, fuiste un espejo. Me mostraste lo que buscaba, lo que temía, lo que aún no sabía decir. Y eso también es amor, aunque no haya sido el nuestro.

Hoy te dejo ir de verdad. Sin tristeza, sin reproches, sin preguntas. Solo con gratitud por lo que despertaste y por lo que no llegó a suceder.

Hay amores que se viven. Y hay amores que se escriben. El nuestro pertenece a los segundos.

Con calma,

Maren

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CARTA…

González Saavedra Carlos H. — Argentina

Es así, lo he decidido, en silencio. Sin tratar mal a nadie. Sin gritos, ni desaires.

No me hallo en un lugar, donde me falten el respeto. No hay enojo. Solo yo sé, qué siente mi corazón.

De no sentirse querido. Lastimado, deambulando Hasta encontrar el camino.

Sigo sin prisa, pero sin pausa.

Lo que han comentado a mis espaldas, aquellos que creía amigos. esas pruebas me las guardo. Es una decisión, tomada con sabiduría.

Sin romper nada.

Cuando tomo las riendas de mi vida, para atrás ,no miro. Hablará por mí, el silencio.

Me he ocupado, rápidamente, de mi corazón herido Lo vivido, queda aprendido, jamás olvidado. Parto, sin hacer ruido, así como he entrado.

Dios te guarde

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CARTA A MI MADRE

Gormley Elspeth — España

Mamá:

Te escribo desde este tiempo que ya no compartimos, pero que sigue lleno de ti. A veces pienso que la vida te graduó antes que a nadie: sin títulos, sin ceremonias, sin aplausos. Te graduó en la escuela más dura y más noble: la vida misma. Y allí, sin libros ni cátedras, aprendiste lo que muchos nunca llegan a comprender.

Tenías una inteligencia natural que no necesitaba explicarse. Una intuición fina, casi infalible. Una manera de mirar el mundo que convertía lo sencillo en importante.

Fuiste una madre buena, de esas que no hacen ruido pero sostienen el mundo entero. Fuiste una esposa leal, una mujer fuerte, una trabajadora incansable. Tu taller de costura era tu reino: allí transformabas telas en vestidos, hilos en belleza, cansancio en dignidad. Y sin darte cuenta, mientras cosías para otros, me ibas cosiendo a mí por dentro.

Me enseñaste más de lo que supiste. Me enseñaste a no rendirme. A hacer las cosas bien, aunque nadie lo viera. A tener las manos firmes y el corazón blando. A entender que la vida no siempre es fácil, pero siempre merece ser vivida.

Hoy te escribo porque te echo de menos. Porque hay días en los que daría lo que fuera por escucharte decir una frase sencilla, una de esas que parecían nada y lo eran todo. Porque hay decisiones que aún tomo pensando en lo que tú habrías hecho. Porque hay heridas que solo tu voz habría sabido curar.

Te escribo para darte las gracias. Por tu amor sin adornos. Por tu sabiduría sin libros. Por tu fuerza sin alardes. Por tu vida, que fue tu mayor lección.

Te fuiste, sí. Pero sigues aquí, en cada gesto que repito sin darme cuenta, en cada valor que me dejaste, en cada hilo invisible que aún me sostiene.

Madre, esta carta es para ti. Para que el mundo sepa quién fuiste. Para que tu nombre siga vivo en mis palabras. Para que, de algún modo, sigamos hablándonos.

Con todo lo que soy, tu hija.

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CARTA  A UN ESCRITOR DESCONOCIDO

Petrone Sarah — Argentina

Querido escritor, acabo de leer tu último libro y debo confesarte que una vez más me has sorprendido gratamente. Intento  sin lograrlo, descubrir a través de alguno de tus escritos la similitud con otros textos de tu autoría , y de otros, y así tratar de descubrir tu identidad, esa que escondes bajo el seudónimo de : «Anónimo». 

Tú y yo sabemos muy bien que tienes un nombre y un apellido, un rostro que quizás me sea familiar y aún no lo descubro.

Te escondes de mí y lo estás haciendo desde hace muchísimo tiempo. Ya no tengo memoria de cuántos años, décadas, siglos. Desde la antigüedad vienes negándote, como si te avergonzaras  de tu talento. De generación en generación tu paso por los libros se ha vuelto una incógnita difícil de develar.

Has abarcado tanta diversidad de estilos y temas dentro de la literatura, que a tu pesar te has hecho famoso. El juego irreverente de jugar a las escondidas te sienta bien.

Astuto y audaz, me intrigas. Me agradan tus acertijos, tus poemas, tus frases que delatan un alma sensible, intuitiva y pletórica de sueños, pero que no dejan entrever ni siquiera, el sexo que te identifica como ser humano. ¿Eres humano?

¿Hombre? ¿Mujer? ¿Qué eres? Una dualidad de género en un montón de palabras que me invitan a pensar, a decidir seguirte en esta noble profesión, sin sentir la necesidad de copiar o plagiar tus obras. Son tuyas. Siempre lo serán.

Pienso en todos los que escriben y se ufanan de ello poniendo en letras luminosas sus nombres para ser reconocidos por sus trabajos. ¡Y está bien! Quiero conocer los rostros de los que me emocionan, o no. Los que me subyugan con sus historias robadas de la vida misma.

Comprendo también, que todo lo que una vez que se publica, ya pertenece al mundo para ser leído y juzgado. Y es por eso que quizá te pierdes en el anonimato, temeroso de las críticas.

«LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS» debería haber sido una frase escrita por ti. Pero no lo es.

Aplaudo tu modesta virtud. Valoro tu talento y respeto tu decisión de permanecer en el anonimato.

Espero con ansiedad tu próximo libro y sé que te reconoceré a través de la firma con que rotulas tu trabajo.

Simplemente: ANÓNIMO.

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CARTAS – MARZO

Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.

Cartas-1

“Lo que se escribe con el alma, llega sin distancia.”

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COLABORADORES – CARTAS

  • Maren Alberdi – España
  • Luz Fontana – Italia
  • Carlos González Saavedra -Argentina
  • Elspeth Gormley – España
  • Sarah Petrone – Argentina

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CARTA AL INVIERNO

Maren Alberdi – España

Querido invierno:

Te has marchado sin hacer ruido, como haces siempre. Un día estabas ahí, con tu aire frío y tus silencios largos, y al siguiente ya no. No te reprocho nada. Tú eres así: discreto, serio, un poco brusco a veces, pero honesto en tu manera de estar.

Este año te he sentido más hondo que otros. Quizá porque venía cansada, quizá porque necesitaba tu pausa, tu recogimiento, tu forma de obligarme a mirar hacia dentro. No eres fácil, lo sé. Pero también sé que, sin ti, muchas cosas no se ordenan.

Me dejaste días de calma y otros de sombra. Me enseñaste a escuchar mis propios silencios, a distinguir entre lo que pesa y lo que simplemente duele, a aceptar que hay inviernos que no son estaciones, sino etapas.

Y aun así, te fuiste sin despedirte.Como hacen las cosas que cumplen su función.

Ahora la luz empieza a cambiar. La primavera empuja desde abajo, con esa suavidad que tú nunca tuviste. Y yo, que te he sobrevivido una vez más, te escribo para darte las gracias.

Gracias por lo que me quitaste, porque ya no lo necesitaba.Gracias por lo que me dejaste, porque me sostiene.Gracias por obligarme a parar, a respirar, a recomponerme.

No te guardo rencor.Tampoco nostalgia.Solo reconocimiento.

Sé que volverás, como vuelven todas las cosas que forman parte del ciclo. Y cuando regreses, te recibiré con la misma mezcla de respeto y paciencia. Porque ya aprendí que cada invierno trae una verdad distinta, y que ninguna llega en vano.

Hasta entonces, sigue tu camino.Yo sigo el mío, un poco más ligera.

Con afecto, Maren.

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COMPAÑERA LEAL

Balsells Magi – España

Cuando nací, al abrir los ojos, fue lo primero que vi. No sé si eras tú u otra. Con los años te fui conociendo cada vez más a fondo, ya que tú estuviste siempre conmigo. Unas veces a mi lado, no importa si es el derecho o el izquierdo, permaneces allí. Otras, estás delante mío como guiando mis pasos. También alguna vez detrás de mí te aposentas, como vigilante permanente; nunca pierdes el contacto conmigo, fiel como la mejor amiga. He intentado abrazarme a ti, no me lo permites, sólo permites tener unos contactos muy tenues, el resto de tu cuerpo queda libre…

Solo descansa al anochecer, pero casi siempre queda algún vestigio de tu presencia muy diluido, aunque sigues estando del todo presente, aunque escondida. Sólo en la oscuridad de mi dormitorio, que no es de tu agrado, es cuando no estás, pero no me importa: ya te he tenido durante todo el día y sé que mañana volverás a aparecer para acompañarme en mi rutina diaria. No importa si hace mucho sol o está lluvioso. En el primer caso, tu contacto conmigo es más fuerte, pero en los días tristes o lluviosos parece como si tú también estuvieras con este síndrome de tristeza. Tanto en uno como en otro caso, no me abandonas; permanece tu presencia agarrada a mi cuerpo.

En algunos casos eres grande, muy grande, pero en otros tu tamaño se empequeñece hasta quedar en la mínima expresión. Entiendo que son momentos de tu existencia a los cuales no debo ni puedo criticar; sólo son unos espacios de tiempo que yo comprendo. Algunos te critican por sus desgracias diciendo que eres mala, es un eufemismo sin ninguna importancia. Para mí eres buena, mejor dicho: sensacional y necesaria, ya que el día que, por la vida misma, te pierda, lo habré perdido todo. Gracias por estar siempre conmigo, acompañándome en la fortuna y la desgracia. Mi querida… SOMBRA.

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SEMANA SANTA

Luz Fontana – Italia

(para creyentes y no creyentes)

Queridos lectores:

Llega la Semana Santa y, con ella, un tipo de silencio que todos reconocemos, creamos o no creamos. Es un silencio antiguo, cargado de memoria, que nos invita a bajar un poco el ritmo y a mirar hacia dentro, aunque sea solo un instante.

Estos días tienen algo especial. Para unos es fe. Para otros, tradición. Para otros, simple descanso. Pero todos, de un modo u otro, sentimos que el tiempo cambia de textura. Se vuelve más lento, más hondo, más consciente.

La Semana Santa no exige credos. No pide explicaciones. No pregunta quién eres ni qué piensas.

Solo ofrece un espacio. Un puente entre lo que fuimos y lo que queremos ser.

Quizá por eso, cada año, cuando llegan estas fechas, siento una claridad suave. No es revelación ni milagro. Es algo más sencillo: la oportunidad de reconciliarme con lo vivido, de agradecer lo que permanece y de soltar lo que ya no me acompaña.

Ojalá estos días nos regalen un poco de paz, cada uno a su manera. Ojalá encontremos un rincón donde descansar por dentro. Ojalá aprendamos a mirarnos con más compasión, sin juicios, sin prisas.

Creyentes o no, todos necesitamos un momento para respirar.

Con afecto, Luz Fontana

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CARTA A NORMA

Caros González Saavedra – Argentina

Normita:

Al fin me animé a escribirte estas líneas. Te sentía tan lejana que no estaba seguro de que quisieras saber de mí. Era lógico: a pesar de mi inocencia, seguro te molestó que yo estuviera del lado de quien terminó jorobándote. Mi amigo —o al menos así lo consideraba en ese momento— terminó portándose como un canalla. Me hizo meterme en un negocio de exportación que solo me trajo conflictos y desprolijidades.

La culpa fue mía, por confiado.

Hoy ya pasaron los años y todo quedó atrás. Una enseñanza más, una lección aprendida.

Te dejo estas letras con la sana intención de que, quizás, algún día podamos reencontrarnos y tomar un café. Mis hijos ya están grandes; sé que los tuyos también, y que todos están bien de salud. Salieron muy trabajadores, los tuyos y los míos. Y los nietos… más hermosos que nunca.

Según estoy informado, estás sola. Por mi parte, me divorcié; no me fue bien. Así es la vida. Vivís en Belgrano. Yo sigo en la misma casa, que recuperé con los años.

Te mando un beso enorme, con la convicción de que recuperaremos aquella amistad tan linda que teníamos.

Carlos

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CARTA AL TIEMPO

Elspeth Gormley – España

Tiempo: Te escribo ahora que ya no corro detrás de ti ni intento retenerte. Has pasado por mi vida con tus maneras bruscas, a veces empujando, a veces arrastrando, y otras dejándome quieta en un silencio que no sabía si era descanso o castigo. Pero aquí sigo. Y eso, a estas alturas, ya es suficiente.

He visto cómo algunas personas intentaban hacerme daño, como si la sombra de otros pudiera tapar mi luz. No lo lograron. No porque yo fuera más fuerte, sino porque tú —con tu paciencia de siglos— me enseñaste a callar cuando el ruido ajeno no merece respuesta. Me enseñaste que el silencio, bien usado, es una frontera.

Hoy no te escribo para reprocharte nada.Te escribo para reconocer lo que hiciste sin que yo lo entendiera entonces.

Me enseñaste a soltar lo que pesaba.A no quedarme donde ya no había nada para mí.A distinguir entre lo que duele y lo que daña.A no confundir compañía con presencia.A no confundir ruido con verdad.

También me diste mañanas frente al mar, ese mar que me entiende sin hablar. Él y tú hacéis buen equipo: uno me ordena por dentro, el otro me empuja hacia adelante. Entre los dos me habéis enseñado que todo vuelve, incluso yo.

No te pido que vayas más lento ni más rápido.No quiero que me devuelvas nada ni que me prometas nada.Solo quiero seguir caminando contigo sin miedo, con la certeza de que lo que tenga que quedarse, se quedará. Y lo que tenga que irse, se irá sin hacer ruido.

Gracias por lo vivido.Gracias incluso por lo que dolió.Gracias por dejarme aquí, entera, con mis silencios limpios y mi nombre intacto.

Sigo.Y tú conmigo.

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CARTA DE UNA CRÓNICA DE VIDA Y RESILIENCIA

Sarah Petrone – Argentina

En estos tiempos de guerras que el mundo afronta nuevamente, quiero relatar una síntesis de una crónica periodística que escribí en 2015 sobre héroes anónimos, en guerras pasadas. Sobrevivientes que no escriben de historia, pero que fueron los protagonistas, mudos testigos  y víctimas de la estupidez de los que tienen el poder de crear y dirigir los conflictos, a voluntad, sentados en sus burocráticos sillones, detrás de sus escritorios.

Soy descendiente de una de las tantas familias italianas de un pueblo  del sur del país, que años tras años fue empobrecido por las guerras que nunca solucionaron ni solucionan nada. El negocio de la guerra es rentable. Va más allá de los intereses ideológicos o religiosos.

Mi abuelo paterno se enroló en la Primera Guerra Mundial de 1914, como voluntario a pesar de ser padre de cinco hijos menores que lo necesitaban. Su patriotismo y su amor por la Patria lo hirieron en un pulmón, y murió por mala praxis, tiempo después.

Su hijo mayor, mi padre, fue enrolado en el Servicio Militar y reclutado para la Segunda Guerra Mundial  de 1940, pasando cinco largos años lejos de su tierra natal  y de los suyos.

Diezmado su regimiento, mi padre fue capturado por los alemanes, el 12 de septiembre de 1943 y conducido a Prusia Oriental, a un campo de concentración hasta que cesó su cautiverio, al finalizar la guerra, al cabo de dos años . Retenido por las FFAA aliadas, el 8 de mayo de 1945, veinte días después, regresó a Italia.

A su regreso, ni mi padre ni el pueblo de la posguerra fueron los mismos. El hambre, la desocupación, los saqueos, las familias destruidas, diezmaron la voluntad de seguir viviendo en Europa, y comenzó el éxodo que nos trajo a Argentina, la tierra prometida, de Paz. América. La que nos acogió.

Amada y añorada, la Patria que no pudo contener los sueños perdidos bajo los escombros, y la miseria golpeando con dolor el corazón y la memoria

 que se vuelven a reactivar con las imágenes actuales que parecen sacadas de una vieja película de guerra. Pero ES LA REALIDAD. 

Nada ha cambiado ni nada se aprendió. El flagelo de las guerras  nunca cesaron, recrudecen como volcanes en plena erupción, por todo el mundo. Y quiero vivir en PAZ, y que la Paz no sea una utopía.

No quiero  llorar más las pérdidas humanas. Necesito soñar con un futuro que me permita sanar mi Yo interior y no seguir gritando: AY, PATRIA MÍA, CÓMO ME DUELES.

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CARTAS – ENERO

Cartas-1

“Palabras que buscan a quien las lea.”

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CARTA A LOS ESCRITORES DEL MUNDO

Susana Curbela Ayala – Argentina

      Creo que mi profundo respeto por los escritores nació conmigo. Esos seres fantásticos, capaces de expresar, con justas palabras, aquellas que alivian tu pena, acompañan tu soledad o te brindan la esperanza necesaria para seguir respirando, son verdaderos DEMIURGOS en sus tres acepciones: originalmente significaba  «artesano»; luego pasó a ser «productor» y por último «creador».

        Recordando aquellos grandes que estudié en mis años escolares, un sentimiento dual me inmoviliza: la alegría de que alguien lea algo que escribí y le guste… y la vergüenza de  llamarme escritora y no estar a la altura de su significado. Pero si no escribo me ahogo… ¡tengo tanto que decir!  En mi caso, las palabras siempre salvaron mi vida. No puedo imaginar un mundo sin libros. Y eso significa que no  puedo imaginar un mundo sin escritores. Seguiré apostando a las palabras, a los escritores y a mis humildes poemas. Al fin de cuentas… ¡es más barato que el psicólogo!

GRACIAS Escritores.

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CARTA SIN DIRECCIÓN

Luz Fontana – Italia

No sé a quién escribo. Tal vez a ti, que lees sin saber si esta carta te pertenece. O quizás a nadie, y eso también está bien.

Hoy no quiero contar nada urgente. Solo dejar constancia de algo que me ronda: el mundo se mueve demasiado rápido, y sin embargo, hay gestos que siguen teniendo el mismo tiempo de siempre. El tiempo de mirar a alguien sin prisa. El tiempo de preparar un café con cuidado. El tiempo de escribir una carta sin saber si será leída.

A veces me pregunto si seguimos siendo capaces de esperar. Esperar una respuesta. Esperar que algo florezca. Esperar que el silencio nos diga algo que no sabíamos.

No sé si esta carta llegará a alguien. Pero si lo hace, que sepas que fue escrita con calma, con palabras que no buscan convencer, sino acompañar. Con la esperanza de que, en medio de tanto ruido, aún haya espacio para lo que no se grita.

Si estás ahí, gracias por leer. Y si no estás, también.

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CARTA DE UN INMIGRANTE

El país que ha olvidado sus orígenes

Elspeth Gormley – España

Querido Estados Unidos:

Te escribo desde un lugar que, curiosamente, parece que ya no reconoces: el lugar del que tú mismo naciste. El del inmigrante. El del que llega con miedo, con esperanza, con una historia a medio construir. El mismo lugar desde el que llegaron tus abuelos, tus bisabuelos y todos esos antepasados que hoy adornan tus libros de historia como pioneros, valientes y visionarios.

A veces pienso que padeces una especie de alergia a tu propio origen. Una alergia fuerte, de esas que borran de golpe que fuiste levantado por manos extranjeras, por acentos torpes, por sueños que venían en barcos abarrotados. Y sin embargo, aquí estoy, viendo cómo los descendientes de inmigrantes miran a los inmigrantes como si fuéramos una amenaza recién inventada.

Qué ironía tan grande: los nietos de los que llegaron en barco ahora quieren cerrar los puertos.

Los bisnietos de los que escaparon del hambre ahora señalan al que llega con una mochila. Los tataranietos de los que no tenían papeles ahora exigen documentos, certificados, pruebas, ADN y, si pudieran, una carta firmada por la historia misma.

Mientras tanto, los únicos que estaban aquí desde el principio —los pueblos originarios— siguen confinados en reservas. Pero claro, eso no encaja en tu relato heroico. Debe ser un detalle incómodo, una nota al pie que nadie quiere leer.

Y en medio de este olvido tan conveniente, aparecen deportaciones, detenciones masivas, interrogatorios absurdos… incluso ciudadanos con nacionalidad obligados a demostrar que son lo que ya son. Yo los veo. Los escucho. Los acompaño. Y me pregunto si realmente sabes quién eres.

Porque la ironía es tan grande que casi duele: un país que nació del movimiento castigando ahora el movimiento.

Quizá sea miedo. Quizá sea ignorancia. O quizá sea que la memoria, cuando incomoda, se guarda en un cajón y se tapa con una bandera.

Pero desde donde yo estoy -desde la piel del inmigrante-, la conclusión es otra: cuando un país olvida que también llegó en barco, empieza a hundirse sin darse cuenta.

Con respeto, Un inmigrante que recuerda lo que tú has decidido olvidar

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CARTA DE UNA MAMÁ A SU HIJA

Sarah Petrone – Argentina

     Querida hija, Te pido que por un rato, no más, dejes de lado tu rol de madre y de abuela y me dejes abrazarte y mimarte, simplemente como a mi hija. La hija que fue mi niña y que ya creció, pero a la que sigo sintiendo como  la pequeña que amé más que a nada en este mundo.

     Te veo ir y venir afanosa mientras te desvelas como yo lo hacía y me agoto con tu trajín. Son los mismos desvelos de todas las madres, a las que yo  restaba importancia, porque en la vorágine de la vida, todo trabajo era poco, enfocado en la crianza de esa hija, que dependía exclusivamente de mí. El rol más arduo y hermoso a llevar a cabo. No sentía cansancio en esos años, como tampoco te veo agotada pese a la rutina.

     Tus brazos como los míos, se llenaron de sueños de futuros venturosos y abrazan ramilletes de sonrisas .

     Sentada, mientras sigo tu ir y venir por la casa, me emociona ver el crecimiento personal, enorme que has logrado. Nada puedo hacer para ayudarte. Mi tiempo de crianza ha pasado y el tuyo, por ventura, tiene el tiempo justo que se repite en la historia y en las vidas de las mujeres que continuamos  con la milagrosa misión que la maternidad para las generaciones venideras.

     Ahora sabes que todo el amor del mundo no basta para lograr que a veces, la vida también puede mostrarnos su cara más oscura..

     Mis canas, mis arrugas, mis pasos vacilantes  no son signo de senilidad. No me observes como queriendo protegerme todo el tiempo. Por dentro, siento que soy esa mujer jóven y fuerte que todo lo podía, aunque mi cuerpo no quiere comprenderlo.

     Te hice fuerte porque fui fuerte. Nos hemos preparado para resistir en este mundo difícil y hermoso. Gracias por haberme regalado el título de Mamá.

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CARTAS DICIEMBRE

Nota Editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.

Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.

Cartas-navidad

“Cada carta es un faro: ilumina la memoria y exige al mundo su verdad.”

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✦ Colaboradores – Cartas de Navidad ✦

  • Luz Fontana – Italia
  • Carlos González Saavedra – Argentina
  • Elspeth Gormley – España
  • Sarah Petrone – Argentina

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CARTA A LOS LECTORES

Luz Fontana – Italia

Queridos lectores, La proximidad de la Navidad nos invita a reflexionar no solo sobre la tradición, sino sobre el lugar que ocupa la palabra en tiempos de incertidumbre. La historia nos enseña que las fiestas han sido siempre un espejo de la sociedad: en ellas se revelan tanto la abundancia como la carencia, tanto la memoria como el olvido.

Hoy, cuando la humanidad se enfrenta a crisis de agua, migraciones forzadas y desigualdades que atraviesan continentes, la literatura se convierte en un espacio de resistencia cultural. Como señaló Octavio Paz, “la literatura es la otra voz”: aquella que se alza cuando el ruido del poder pretende silenciar la conciencia. Escribir, entonces, no es un gesto ornamental, sino un acto de responsabilidad.

La Navidad, con sus símbolos luminosos, nos recuerda que la esperanza no puede desligarse de la justicia. No basta con encender luces si no iluminamos también las zonas de sombra: los niños que buscan agua, las familias que esperan paz, los pueblos que reclaman dignidad. La palabra escrita es un faro que atraviesa esas oscuridades, un testimonio que se niega a desaparecer.

Que esta revista sea, pues, un lugar donde la erudición se encuentre con la sensibilidad, donde cada carta y cada artículo se conviertan en memoria viva. Porque escribir es afirmar que tenemos alma, y que esa alma se proyecta hacia el futuro como legado y como promesa.

Con respeto y gratitud

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CARTA A MARCELA

Carlos González Saavedra – Argentina

Siempre tengo ganas de escribirte, pero lo dejo para después. Así van pasando los días, las semanas. Hoy me dije: sí o sí escribo lo que pienso. Aunque estamos cerca, no me he animado a dar un paso más. Ganas no me han faltado.

La familia, los chicos, nuestras parejas… todos forman parte del paisaje cotidiano. Y aun así, puedo adivinar en tu mirada la necesidad de conectarte de otra manera, especialmente conmigo. No nos hemos acercado, por prudencia. Así lo siento.

Desconocía que mamá te había invitado. No supe cómo disimular la alegría de tenerte cerca, de poder conversar mirándonos a los ojos. Uno dice tantas cosas con ellos… leerlos me haría sentir privilegiado.

Esa noche nos envolvió una sana intención: vivir en paz y armonía. Son momentos que la vida nos regala. Los brindis, las charlas amenas y los abrazos hacen que uno viva mágicamente, auténticamente en el amor. Al menos, eso me sucede a mí.

Siento que en ti mora el mismo sentimiento: el amor al prójimo. Agradezco este instante que la vida nos con

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CARTA A PAPÁ NOEL

Elspeth Gormley – España

Este año no quiero pedir imposibles, porque aprendí desde niña que la vida se conquista con esfuerzo, y que los regalos más grandes no caben en un papel de colores. Pero también aprendí que hay cosas que deberían ser básicas y siguen siendo un privilegio: salud, justicia, paz, dignidad.

Por eso te escribo a ti, Papá Noel, que llegas primero y llenas de ilusión tantas casas. No traigas solo juguetes y adornos: trae lo esencial, lo que debería estar garantizado. Salud para quienes luchan cada día, amor para quienes se sienten solos, y tiempo para quienes apenas sobreviven entre jornadas interminables.

Enséñanos a pensar con libertad, porque vivimos rodeados de voces que manipulan, de noticias que confunden, de líderes que prefieren el poder a la verdad. Que tu saco no lleve solo regalos, sino también conciencia.

Un saquito de solidaridad, sí, pero no como gesto simbólico: que se convierta en política, en acción, en compromiso real. Porque mientras unos acumulan riquezas obscenas, otros siguen contando monedas para llegar a fin de mes.

Intercede en los conflictos bélicos, aunque sé que la cordura rara vez visita a los poderosos. El poder los abduce, los cambia, los vuelve sordos. Protege a los más vulnerables: niños, ancianos, enfermos, refugiados. Que nadie quede fuera de la mesa, que nadie pierda la dignidad de sentirse amado.

Si no puedes traer todo esto, trae al menos una chispa de esperanza, una lágrima que lave la injusticia, una luz que nos recuerde que no estamos solos.

En lo personal, te pido conservar lo que ya tengo: mi familia de sangre y mi familia elegida, esas amistades que resisten la distancia, encuentros que llenan de ilusión mi vida, y la certeza de que el amor, en todas sus formas, es el único regalo que no se agota.

Querido Papá Noel, deja en cada casa una lámpara encendida, no como adorno, sino como recordatorio: que la verdadera magia no está en los renos ni en los trineos, sino en la capacidad de los pueblos de resistir, de compartir, de exigir un mundo más justo.

Con agradecimiento, pero también con firmeza, te deseo una feliz Navidad y un año nuevo donde la luz no sea promesa, sino realidad compartida.

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CARTA A SANTA CLAUS

Sarah Petrone – Argentina

Querido Santa, hoy sentí la necesidad de escribirte. Tuve nostalgia de las tantas cartitas que con mis hijos te enviamos a ese lugar del Polo Norte, donde supuestamente vivías, y que año tras año, los pedidos de regalos que querían para las Navidades, llegaban de tu mano, casi siempre. 

Era tierno y conmovedor ser parte de esa ilusión que llenaba el alma de los niños, bendita ingenuidad con la que soñaban con tu viaje en trineo tirado por un montón de renos que te paseaban por los cielos de una punta a la otra del mundo, vestido con tu traje rojo, tu barba blanca y riendo con esa risa bonachona de abuelo bueno con la que aún te representan en los afiches de venta de juguetes. Tocando tu campanita y cantando tu Ho, Ho, Ho.

Hoy, mis niños han crecido, sin embargo soy yo la que quiere recuperar ese tiempo que se perdió en el tiempo. Quiero creer que los años no han pasado, que vuelvo a recuperar la magia de la Navidad, que ya no es la misma.

Casi sin darme cuenta, se fue diluyendo la época más feliz, la de lograr que los niños vivieran una infancia con ilusiones, con sueños, sin temores, cuando todavía podíamos protegerlos y enseñarles todo lo que aprendimos y que ahora ellos enseñan a sus hijos, mis nietos.

De generación en generación, tu figura o tu mito,(o no) no se ha perdido. Los padres no hemos dejado que tu historia se perdiera, pese a las dificultades de la vida, a los años, a las perdidas de seres queridos, al tiempo, a la realidad que no siempre es la que esperamos.

Hoy, te escribo desde el alma, como la mujer adulta que soy, la que quisiera volver el tiempo atrás para rescatar eso bueno que año tras  año llenaba de ilusiones a los niños y a los grandes que hacíamos de esa magia el cuento de amor más genuino y real. Gracias por esa infancia que nunca olvidaremos.

PD. Me olvidaba. Sí, quiero pedirte algo. Necesito que recojas un puñado de PAZ para este mundo convulsionado y egoísta que perdió la inocencia y olvidó reír y soñar, y cuando te descuelgues por las chimeneas de las casas, con tus regalos, derrámala en cada una de ellas, para que no se pierda su esencia en el entorno familiar. Como cada año, en  este, también te espero. GRACIAS.

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CARTAS – NOVIEMBRE

Nota Editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.

Cartas
Pen-

Colaboran en este espacio:

Magi Balsells – España

Carlos González Saavedra – Argentina

Elspeth Gormley – España

Sarah Petrone – Argentina

Pen-

ME PIDES RESPETO

Magi Balsells – España

¿Tu me pides que te tenga respeto?¿Es que acaso tu lo has tenido conmigo?
¿Qué hombre alardea de sus conquistas? Y no solo esto sino que las engrandece, siendo pura mentira
Se lo que comentaste al esposo de una amiga, detalle por tu parte de lo mas desagradable y fuera de lugar
Esta al comentárselo su esposo, se molesto en gran manera y sin perder un instante se puso en contacto conmigo comunicando tus alardes de conquistador en los cuales dabas explicaciones de lo que en mi persona
habías conseguido y aun tuviste la desfachatez de decir que yo, si yo, había dicho que disfrute y pedía mas sexo, pobre infeliz ¿seguro lo soñaste?
Te he escrito esta carta de la cual voy a mandar copia a los conocidos o amigos de ambos para que sepan la clase de persona que eres , aclarando algunos puntos que por fantasioso por tu parte son merecedores de la mas sonora carcajada
Dando detalles de esta hombría que presumes Dejando las cosas en su lugar sin mentiras, que no vi. por ningún lado, quizás estaba de vacaciones
Reconozco que mantuve unas relaciones sexuales, por decirlo de alguna manera, contigo, el intento estuvo y mi predisposición también Pero también incluyo en la misma el desenlace Fue penoso por tu parte no conseguir llegar al principio ni al final, pese a tomarte unas pastillas, que no se de que serian ni me importa. Diste mil y una excusas, pero las horas pasaban y todo estaba en punto muerto.
Nada te funciono, ni tampoco vi este miembro viril, del que según tu siempre había sido el asombro de las damas, creo que seria por su insignificancia, y con esta triste flojedad permanente
Al final cansado de tus palabras y sin poder realizar lo que según tú seria ver el paraíso y las estrellas, me vestí y me marche,
Y en la despedida aun tuviste la poca delicadeza de acusarme de ser frígida, cuando existe una frase famosa que dice, “que no hay mujer frígida sino hombre inexperto” anótala quizás te sirva algún día
¿Y tu crees que te mereces mi respeto?, creo que no, solo mi desprecio como hombre, caballero y amante Olvídame…

Pen-
QUERIDA AMIGA
Carlos González Saavedra – Argentina

De pronto, llegaste a mi vida sin explicación. Solo con un “buen día” y un elogio. Y desde entonces, tejimos una amistad que perdura hasta hoy.

Para mí, que siempre quise tener una razón para todo, aquello fue un misterio. Me decías: “Me brota ayudarte y hacerte bien.” Y así fue.

Empezamos a conocernos primero por teléfono, luego en persona. Pasó el tiempo, y atravesaste momentos delicados de salud que nos mantuvieron distanciados. Yo rezaba por vos, mientras vos esperabas con resignación. Yo, atento a tu bienestar desde lejos, sin poder acercarme. Confieso que me sentí inútil. No contaba con los medios para estar a tu lado en esos instantes.

Hoy, con viento en popa, navegas por los mares de las letras, descollando como siempre, fiel a tu estilo. Siempre estuviste pendiente de mí, incluso en medio de tus propias batallas. Y yo, de ti.

Con el paso del tiempo y los días de reflexión que hemos compartido, solo puedo agradecerte la lealtad que me has brindado. A pesar de tus circunstancias y las mías, ha quedado marcado a fuego en nuestros corazones: tu lealtad y nuestra amistad.

Sé que siempre estarás. ¡Gracias! Dios te bendiga.

Pen-

CARTA A LOS JÓVENES DE LA GENERACIÓN Z

Elspeth Gormley – España

Queridos jóvenes,

Os escribo desde una generación que vivió sin Wi-Fi, sin redes sociales, sin emojis. Una generación que aprendió a esperar, a mirar a los ojos, a escribir cartas que tardaban días en llegar. Nacimos entre 1950 y 1960, cuando el mundo aún se reconstruía, y crecimos entre radios de madera, juegos en la calle y sueños que no cabían en pantallas.

Vimos llegar la televisión, el hombre a la luna, la democracia, el euro, el móvil, internet. Vimos caer muros, cambiar mapas, y también cambiar las formas de amar, de trabajar, de pensar.

Hoy os vemos a vosotros: veloces, digitales, creativos, inquietos. Y aunque a veces no entendemos vuestros códigos, os admiramos. Porque sois valientes. Porque os atrevéis a cuestionar. Porque queréis un mundo más justo.

Pero también queremos deciros algo, con cariño: No todo lo nuevo es mejor. No todo lo rápido es profundo. No todo lo visible es verdadero.

Nosotros aprendimos que la libertad no es solo elegir, sino también respetar. Que la tecnología es maravillosa, pero el silencio también lo es. Que la inmediatez puede ser útil, pero la paciencia es sabia.

No os pedimos que seáis como nosotros. Solo que no olvidéis de dónde venís. Que escuchéis a los mayores, no por nostalgia, sino por memoria. Que no confundáis ruido con voz, ni fama con valor.

Porque al final, todos —vosotros, nosotros, los que vendrán— vivimos en el mismo mundo. Y si queremos que ese mundo sea más humano, más justo, más digno, necesitamos unir generaciones, no enfrentarlas.

Con respeto.

Con ternura.

Con diálogo.

Como quien tiende un puente.

Como quien escribe una carta. Con todo mi cariño, Elspeth

Pen-

CARTA A UNA MAESTRA

Sarah Petrone – Argentina

Querida maestra, espero que me recuerde. Ha pasado mucho tiempo desde que fui esa  alumna rebelde y poco aplicada a los estudios que usted conoció. Sè  que fui un tanto difícil para ese tiempo  en que las formas eran más estrictas y yo, bastante revoltosa.

Hoy, quiero pedirle disculpas por esas bromas a veces, de mal gusto que le jugábamos con los compañeros de clase. Nunca debí dejarme llevar por la complicidad de tirar papelitos en el aula, o colgarle cartelitos inocentes en la espalda.

Los niños éramos bastante traviesos, todavía lo siguen siendo, creo que más que antes. Debe reconocer que no nos quejábamos cuando nos ponía en penitencia, de cara a la pared o cuando nos mandaba amonestados  a la dirección. Tampoco cuando nos hacía escribir 100 veces, en el pizarrón: «No debo portarme mal, en clase, o, debo estudiar más, la lección.» Entonces sentíamos vergüenza y nos esforzábamos por corregirnos.  Pero, claro, en esos tiempos tuvimos una infancia ingenua, casi siempre feliz.

Quiero confesarle que fue el tiempo más genuino de mi vida, porque después, nos transformamos en personas diferentes, calculadoras, competitivas. Los bullyings de esta generación, son demasiado crueles. Se perdió el compañerismo y el respeto por los maestros y los mayores. Ha corrido mucha agua bajo el puente, (como decíamos) . Hoy, también soy maestra. Los niños no son los mismos de entonces,han perdido la frescura y la candidez. Tal vez hemos fracasado en su educación por miedo a perderlos o por haber sido demasiado estrictos. Nos relajamos pensando sin saber lo que era mejor, y se nos escapan de las manos. Contenerlos y corregirlos es cada día más difícil. Tampoco los padres colaboran, o no saben cómo hacerlo.  Perdimos la autoridad y el respeto de esta generación que pretende tomar en sus manos, las riendas de sus vidas, cada vez a más temprana edad.

Le confieso que muchas veces extraño el chancletazo oportuno ante alguna insolencia, o el tirón de oreja.

De maestra a maestra, deseo que disfrute de su jubilación. A mi me falta mucho, todavía, y amo esta profesión que elegí gracias a usted. Con cariño.

                                     

Pen-