Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
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En un mundo que cambia sin pedir permiso, la palabra sigue siendo un refugio. Elspeth Gormley
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Mayo llega con una noticia que ha recorrido el planeta entero: la Tierra acaba de vivir el abril más cálido jamás registrado. No es un dato aislado, ni un titular más. Es un aviso. Un recordatorio de que el mundo cambia incluso cuando nosotros no tenemos tiempo para mirarlo.
En distintos países, las olas de calor han adelantado el verano; en otros, las lluvias han sido tan intensas que han borrado caminos, casas, rutinas. Y mientras tanto, seguimos intentando vivir como si todo fuera igual, como si el planeta no estuviera hablándonos con una voz cada vez más urgente.
Pero no es solo el clima. Vivimos un tiempo en el que la tecnología avanza más rápido que nuestras preguntas, en el que la información nos desborda, en el que las fronteras se vuelven frágiles y las certezas también.
Y aun así, en medio de este ruido global, la palabra sigue siendo un refugio. La literatura, la poesía, la crónica, la voz humana… siguen recordándonos que no estamos solos, que seguimos necesitando comprender, sentir, pensar, detenernos.
Por eso esta edición de mayo nace desde esa conciencia: la de un mundo que cambia, sí, pero también la de una humanidad que busca sentido, que busca belleza, que busca un lugar donde respirar.
Porque aunque la Tierra arda, aunque la tecnología nos empuje, aunque el tiempo corra… la palabra sigue siendo un hogar donde volver.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:30:312026-05-26 16:26:15EDITORIAL – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
“Cada artículo es una invitación a mirar el mundo con más calma.”E.Gormley
COLABORAN
Miriam Alberganti – Argentina
Maren Alberdi – España
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Iñigo Domínguez – Italia
Luz Fontana – Italia / España
Naiara Galarraga – Brasil / España
Elspeth Gormley – España
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ARQUITECTOS DE MI IMAGINACIÓN
Miriam Alberganti – Argentina
A veces, cuando me siento frente a la pantalla en blanco —o ante el papel, en esos días de trinchera analógica—, me doy cuenta de que nunca escribo realmente a solas. Detrás de cada parpadeo del cursor, de cada palabra que decido borrar o salvar, hay un eco. Un murmullo constante que no me pertenece del todo, pero que habita en mí.
Hoy quiero hacer una pausa en el ruido para dar las gracias. Gracias a ustedes, los grandes escritores del ayer y del hoy, por ser el alimento inagotable de mi imaginación y los verdaderos arquitectos de la musa que hoy me inspira.
A los clásicos, a los inmortales que escribieron a la luz de las velas, entre el humo de revoluciones o en la quietud de siglos pasados: gracias. Ustedes construyeron los cimientos de este rascacielos. Me enseñaron que el alma humana, con sus abismos y sus cumbres, no muta tanto a través del tiempo. Sus textos sobrevivieron a la historia para recordarme que las palabras tienen peso, textura y el poder absoluto de desafiar la mortalidad.
Y a los contemporáneos, a mis referentes del presente que navegan este mundo hiperconectado, fugaz y a menudo caótico: gracias también. Ustedes me demuestran que la literatura está viva, latiendo y reinventándose en tiempo real. Me inspiran a encontrar la poesía en el asfalto, a diseccionar la ansiedad moderna y a entender la complejidad de existir aquí y ahora. Ustedes son la prueba de que todavía hay historias que merecen ser contadas.
Siempre se habla de “la musa” como si fuera un ente místico, un chispazo de genialidad que cae del cielo. Pero yo conozco mi propia verdad: mi musa es un algoritmo analógico, un mosaico inmenso formado por todas sus obras. Está hecha de la tensión de sus tramas, de la melancolía de sus versos, de la arquitectura imposible de sus universos fantásticos. Cada libro, cada ensayo, cada artículo que he devorado ha sido el combustible puro para mi propio motor creativo.
Gracias por atreverse a mirar el vacío, a pelear con sus propios bloqueos y volver a nosotros con historias. Gracias por prestarme sus ojos cuando no sabía cómo mirar el mundo. Al compartir sus voces, me dieron el valor, la rebeldía y las herramientas necesarias para salir a buscar la mía.
Hoy, cada letra que tecleo es, en el fondo, un humilde y eterno tributo a todos ustedes. ¡Sigamos escribiendo!
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JUNIO: el mes en que miles de jóvenes se juegan un sueño
Maren Alberdi – España
Cada junio, mientras el calor empieza a insinuarse en las calles, miles de jóvenes se sientan ante un pupitre para enfrentarse a la PAU. Y, aunque no lo digan, aunque intenten parecer tranquilos, llevan dentro un torbellino que nosotros conocemos bien. Porque todos fuimos ellos alguna vez.
Este año las notas de corte rozan el 14. Un 14 que no es solo un número: es una presión silenciosa que pesa sobre sus hombros. El 60% depende de lo que han hecho en Bachillerato. El 40% se decide en unos días que parecen interminables. Y alrededor, un país entero conteniendo la respiración.
Los adultos miramos desde fuera, pero no desde lejos. Recordamos perfectamente el temblor de las manos, el estómago encogido, la sensación de que todo se jugaba en un examen. Recordamos el olor de las aulas, el silencio tenso, el reloj avanzando demasiado rápido. Recordamos la mezcla de miedo y esperanza.
Hoy son ellos quienes viven ese vértigo. Miles de jóvenes con miles de sueños: Medicina, Ingeniería, Arte, Derecho, Enfermería, Psicología… Sueños grandes, sueños pequeños, sueños que aún no saben cómo nombrar.
Y sí, algunos no llegarán a la nota de corte. Tendrán que elegir otra carrera, otro camino, otra puerta. Pero los adultos —que ya hemos vivido unas cuantas vueltas de la vida— sabemos algo que ellos aún no ven: los caminos que parecen secundarios a veces llevan justo al lugar donde uno debía llegar.
Porque la vida no se decide en junio. Ni en un examen. Ni en una nota. La vida se decide en el tiempo, en la constancia, en la capacidad de adaptarse, en la valentía de seguir adelante incluso cuando el plan A se tambalea.
Por eso, este artículo no es para ellos. Es para nosotros. Para que acompañemos sin presionar. Para que escuchemos sin juzgar. Para que recordemos que a los dieciocho años nadie tiene por qué saberlo todo. Para que no olvidemos que detrás de cada joven hay una historia, un esfuerzo, un sueño que merece respeto.
Junio pasará. La PAU pasará. Y ellos seguirán construyendo su vida, con más fuerza de la que imaginan.
Y nosotros, los adultos, seguiremos ahí: recordando nuestros propios nervios, y sosteniendo los suyos con la serenidad que da haber sobrevivido a todos los exámenes que no venían en ningún libro.
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LA GUATEMALA DEL ETERNO ABUSO A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Guatemala, país de desigualdades eternas y racismo enraizado hasta en el azúcar del café. País de clasistas muertos de hambre. En esa Guatemala que se desborda de poesía y memoria en los huipiles de las mujeres indígenas y; de sacrificio y trabajo milenario en sus manos y espaldas, la exclusión la ponen los mestizos que desde siempre se han creído superiores por etnia y clase social.
En esa Guatemala de indígenas masacrados y desaparecidos en masa, en la Guatemala de la desmemoria colectiva, del abuso gubernamental, de la deforestación, de los ecocidios, de la migración forzada, de las parvadas de clicas criminales saqueando el Estado. Esa Guatemala de mestizos jactándose de tener niñas indígenas de empleadas domésticas en sus casas. De indígenas rajándose el lomo cargando los bultos de los mestizos en el mercado La Terminal. De mestizos muertos de hambre.
Guatemala, donde se vivió uno de los genocidios más atroces de la historia latinoamericana que buscaba exterminar a los pueblos originarios. Poco ha cambiado desde entonces, los indígenas siguen siendo humillados, excluidos y explotados. Sus tierras siguen siendo robadas por oligarquías a las que el Estado solapa, las aguas de los ríos contaminadas dejando a comunidades enteras sin sustento. Porque en la Guatemala de las eternas desigualdades y el racismo los pueblos originarios son los más maltratados, pero también los más dignos. Lloran solos a sus muertos, como si la muerte de un indígena no valiera lo mismo que la de un mestizo, como si masacrar indígenas fuera como atacar plagas.
Se cuidan entre ellos, se abrigan entre ellos porque solo se tienen a ellos mismos, los indígenas en Guatemala como parte de la sociedad y la población solo existen para ser explotados. Guatemala está parada sobre sus lomos, resuella el país gracias a las remesas que envían miles de migrantes indocumentados, esos migrantes son en su mayoría indígenas que han tenido que abandonar sus pueblos para irse a buscar la vida a otro país. Entonces también, a pesar de ser discriminados por sus propios connacionales ellos los mantienen a flote con sus remesas. Guatemala no subsiste gracias los mestizos, logra medio respirar gracias a las remesas de miles de indígenas. Los mismos indígenas que probado está que en tiempo de crisis dan a manos llenas, se quitan el bocado de la boca para darlo a quien tenga necesidad sin detenerse a pensar en etnias.
Y esto se ve también en las luchas por la defensa del medio ambiente, son los indígenas los que ponen el pecho, los que defienden el agua de los ríos, los que defienden los bosques, los derechos humanos de sus pueblos. Y cuando atacan, violentan o asesinan a uno de ellos, son ellos los únicos que salen a denunciar. Está patente el caso de las mujeres ixiles que denunciaron haber sido violadas por miembros del ejército en tiempos de dictadura, en el juicio por genocidio en el 2013. La sociedad las dejó solas, no solo las acusó de mentirosas también las discriminó por su etnia.
Está el ejemplo de la Masacre de Alaska, el 4 de octubre de 2012 en donde 7 personas indígenas fueron masacradas por soldados del ejército en el kilómetro 169, en la Cumbre de Alaska cuando se manifestaban pacíficamente junto a otros cientos, en defensa de la educación y por el alza a la energía eléctrica. Hasta la fecha los familiares de esas víctimas siguen luchando por justicia en la Guatemala de la eterna impunidad. La sociedad también los dejó solos, eran indígenas que los mestizos no reconocen como personas. Las poblaciones que en Petén, frontera con México son sacadas de sus casas por docenas de policías y soldados, para entregarles las tierras a finqueros. ¿Qué sociedad por ellas?
Cuando detienen y violentan a periodistas indígenas comunitarios solo los pueblos originarios con ellos. Y como un ejemplo también reciente, la detención de la periodista comunitaria Anastasia Mejía Tiriquiz, directora de la estación de radio Xol Abaj Radio y Xol Abaj Tv, en el municipio de Joyabaj, Quiché. A la que se le acusa de sedición, atentado agravado, incendio provocado y robo agravado, porque documentó e informó sobre irregularidades de gestión y manejo del alcalde de Joyabaj, Francisco Carrascosa y las manifestaciones de la población en su contra. Es decir, a las autoridades de turno no les gustó que la periodista documentara con video y audio las imágenes de la población manifestando su rechazo a su gestión en la alcaldía y de ahí su detención no solo para amedrentarla pero también para callar la expresión y denuncia.
Estas detenciones a periodistas comunitarios se dan con regularidad en un país donde la impunidad socaba toda lucha por la justicia, periodistas que son discriminados por parte del gremio, donde abundan los mestizos, clasistas y racistas que los denigran por sus etnias, pero también porque estos comunicadores no cuentan con el título universitario que los acredite. En el caso de la periodista Anastasia Mejía Tiriquiz se ha visto muy claro el racismo y el clasismo del gremio periodístico del país que cuando tocan a uno de los suyos brincan con uñas y dientes, pero no vaya a ser un indígena porque entonces que se defienda solo. Lo que no sorprende, porque en un país donde el racismo y el clasismo está hasta en las moscas del plato de comida, raro sería que el gremio actuara con solidaridad y por consecuencia humana; que ninguna de las dos la dan los cartones universitarios y vaya que si de eso sabrán los pueblos originarios más que nadie.
Con qué gran sacrificio los periodistas comunitarios escriben sus artículos de opinión, realizan sus videos, sus notas de audio, toman sus fotografías, denunciando lo que sucede en sus comunidades, pues no cuentan con los recursos materiales ni con el financiamiento de nada, es de su propia bolsa, no trabajan para ningún medio donde les paguen un salario, lo hacen por la necesidad de informar a sus comunidades. Para que encima de todo el abuso gubernamental, el racismo y el clasismo propios del país el gremio no se solidarice con ellos y los ignore con esto colocándolos en posiciones más vulnerables todavía contra el abuso. Pero ni falta que hacen, los pueblos originarios se han defendido solos desde siempre y lo seguirán haciendo.
Los pueblos originarios de Guatemala exigen la libertad inmediata de la periodista comunitaria Anastasia Mejía Tiriquiz. Y junto a ellos quienes creemos en el derecho a la libertad de expresión y en que un título universitario, una etnia o clase social no le da las agallas ni la dignidad a nadie, ni se las quita.
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LA PRIMERA ENCICLICA DEL PAPA
Iñigo Domínguez – Italia
El papa León XIV lanza con su primera encíclica una llamada de alarma contra el tecnofascismo: “Quien controla la IA impondrá su visión moral” ‘Magnifica humanitas’ alerta de los peligros de las nuevas tecnologías y del control de una élite que “corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades”. Rechaza la idea de “guerra justa” y pide perdón por la esclavitud
Un mensaje central: defender lo humano frente a la IA
El Papa León XIV publica su primera encíclica, Magnífica humanidad, donde lanza una advertencia contundente: quien controle la inteligencia artificial controlará la moral, la información y la democracia. Denuncia el riesgo de un “tecnofascismo” impulsado por ideologías poshumanas y transhumanistas, especialmente las que nacen en Silicon Valley. Afirma que pequeños grupos con gran poder tecnológico pueden manipular consumos, elecciones y economías, y pide a los Estados regular la IA y la propiedad de los datos.
Crítica al poder tecnológico y defensa del multilateralismo León XIV reclama que la ONU y los organismos internacionales recuperen fuerza para frenar la concentración de poder digital. Advierte que la IA afecta al medio ambiente, al trabajo, a la educación y a la guerra. Rechaza la teoría de la “guerra justa”, usada para justificar conflictos.
. Una llamada a frenar la deshumanización El Papa denuncia una sociedad dominada por: · la idolatría del lucro · la uniformidad que aplasta diferencias · la reducción de la persona a datos · la polarización mediática alimentada por algoritmos También alerta sobre la pérdida de memoria histórica y el riesgo de repetir atrocidades del siglo XX. . Contra extremismos, fanatismos y manipulaciones políticas Señala una alianza peligrosa entre extremismos religiosos, fanatismos identitarios y un economicismo irracional. La política —dice— usa la desinformación y el miedo para dividir.
“Desarmar la IA”: la propuesta más fuerte del documento León XIV afirma que la IA no es neutral, sino un arma. Propone “desarmarla”: · sacarla de la lógica militar y económica · impedir que domine lo humano · romper monopolios · hacerla discutible y accesible La compara incluso con la bomba atómica.
Crítica al poshumanismo y a la idea de humanos de “segunda clase” Refuta las teorías de Musk, Thiel y otros gurús del transhumanismo. Advierte que estas ideas pueden justificar que algunos seres humanos sean considerados menos valiosos.
. Nuevas formas de esclavitud y explotación digital Denuncia que la economía digital se sostiene en millones de trabajadores invisibles: etiquetadores de datos, moderadores de contenido, entrenadores de modelos… muchos de ellos jóvenes y mujeres, mal pagados. Habla de un nuevo colonialismo que no domina cuerpos, sino datos. Incluye un mea culpa histórico por la tardanza de la Iglesia en condenar la esclavitud.
. Migración: la prueba moral de una sociedad El Papa afirma que la forma en que un país trata a migrantes y refugiados revela si está guiado por el miedo o por la fraternidad. Defiende dos derechos: · el derecho a partir · el derecho a quedarse en la propia tierra . Crítica al capitalismo salvaje y a la desigualdad Reclama: · empleo digno · un Estado fuerte · políticas fiscales redistributivas · límites a la libertad económica cuando daña a los vulnerables
. La información como campo de batalla Denuncia la manipulación mediática y pide una “ecología de la información”. Agradece a la prensa por destapar casos de pederastia en la Iglesia.
Cultura, memoria y referencias simbólicas Cita a Hannah Arendt, Tolkien, Beethoven, el Guernica y La lista de Schindler para subrayar la importancia de la verdad, la memoria y el arte como resistencia al mal.
. Advertencia sobre los móviles en menores Pide regular el acceso temprano a teléfonos móviles y proteger a los niños de modelos de negocio que monetizan su atención.
. Educación pública y desigualdad Defiende la educación pública y denuncia las desigualdades en el acceso a estudios superiores.
Un cierre esperanzador Propone cinco caminos: · desarmar las palabras · construir paz con justicia · mirar desde las víctimas · cultivar realismo · relanzar el diálogo y el multilateralismo
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IA EN LOS COLEGIOS ( (siempre con la supervisión del profesorado
Luz Fontana – Italia/España
La educación está viviendo una transformación silenciosa pero imparable. En las aulas de hoy conviven cuadernos, pizarras digitales, libros, tabletas… y, cada vez más, herramientas de Inteligencia Artificial. Lejos de sustituir al profesorado —algo imposible e indeseable—, la IA se está convirtiendo en un apoyo pedagógico que, bien utilizado, puede mejorar el aprendizaje y aliviar la carga de quienes enseñan.
La clave es simple: la tecnología no educa sola; educa cuando un docente la guía.
Aprendizajes personalizados para cada alumno
No todos los niños aprenden igual ni al mismo ritmo. La IA permite:
adaptar ejercicios según el nivel real del alumno
reforzar áreas donde necesita más práctica
ofrecer actividades más avanzadas a quienes van por delante
detectar dificultades antes de que se conviertan en un problema
Es como tener un pequeño asistente que observa, analiza y propone, mientras el profesor decide qué es útil y qué no.
Más tiempo para enseñar, menos tiempo para tareas repetitivas
Los docentes dedican horas a corregir, preparar materiales, organizar actividades… La IA puede:
generar fichas y ejercicios
corregir tareas simples
resumir textos
crear explicaciones alternativas
Esto no sustituye al profesor: le libera tiempo para lo que realmente importa: acompañar, motivar, escuchar, enseñar.
Fomenta la creatividad y el pensamiento crítico
Lejos de “hacerlo todo por el alumno”, la IA puede ser una herramienta para:
crear historias
diseñar proyectos
explorar ideas
plantear preguntas
investigar temas nuevos
El profesor guía, el alumno imagina, y la IA se convierte en un puente entre ambos.
Inclusión y accesibilidad
Para estudiantes con dificultades de aprendizaje, la IA es una aliada poderosa:
convierte texto en voz
adapta contenidos
ofrece explicaciones más sencillas
permite aprender a su propio ritmo
La tecnología abre puertas que antes estaban cerradas.
Preparación para el futuro
Los niños de hoy vivirán en un mundo donde la IA será tan común como lo es hoy internet. Aprender a usarla con responsabilidad, criterio y ética es tan importante como aprender matemáticas o lengua.
Y eso solo puede hacerse con la guía de un profesor.
La supervisión docente: el corazón de todo
La IA no tiene valores, ni sensibilidad, ni intuición. No sabe cuándo un niño está triste, cuándo necesita apoyo, cuándo se frustra o cuándo necesita un reto mayor
Eso solo lo sabe un maestro.
Por eso, la IA en los colegios no es un sustituto, sino una herramienta que amplifica la labor docente. Un lápiz más. Una pizarra más. Un recurso más.
Conclusión
La Inteligencia Artificial puede mejorar la educación, hacerla más justa, más personalizada y más eficiente. Pero solo si se utiliza con criterio, con ética y con la mirada atenta del profesorado.
Porque la tecnología puede enseñar contenidos, pero solo un maestro enseña a pensar.
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Lula: radioterapia en un año decisivo
Naiara Galarraga – Brasil/España
Artículo literario-periodístico para revistaLetras Hispanas por el Mundo
A veces, la política se detiene un instante y deja ver al ser humano que late detrás del cargo. Eso ocurrió esta semana en Brasil, cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a sus ochenta años, inició un tratamiento preventivo de radioterapia tras la extirpación de una lesión de cáncer de piel. No hubo dramatismo, ni discursos solemnes, ni cámaras esperando a las puertas del hospital. Solo un hombre entrando a primera hora de la mañana en una sala blanca, silenciosa, para recibir una sesión de apenas dos minutos.
Quince sesiones en total. Tres semanas. Un gesto médico que, según su equipo, no alterará su agenda. Pero que inevitablemente abre una grieta de humanidad en medio del ruido político.
Lula salió del hospital como quien vuelve de un trámite inevitable, se colocó su ya habitual sombrero Panamá —ese que desde hace un mes oculta la cicatriz reciente— y siguió con su día. Más tarde, presidió un encuentro con rectores brasileños y africanos, hablando de educación, cooperación y futuro, como si la mañana no hubiera tenido un peso distinto.
La salud del presidente siempre ha sido un tema sensible en Brasil. No solo por su edad, sino por la historia que arrastra: un cáncer de laringe en 2011, una hemorragia cerebral en 2024 que obligó a una operación urgente, una prótesis de cadera, una intervención por cataratas, una tendinitis rebelde. Cada episodio ha sido narrado por su entorno con una mezcla de prudencia y voluntad de mostrar fortaleza. Lula, que ha sobrevivido a la cárcel, a la enfermedad y a la política más feroz, insiste en presentarse como un hombre en marcha, no como un anciano fatigado.
Y, sin embargo, esta nueva etapa médica llega en un momento especialmente delicado. Brasil votará en octubre. Lula ha dejado claro que quiere un nuevo mandato, el cuarto de su vida. Las encuestas lo sitúan ligeramente por delante del candidato de la derecha, Flávio Bolsonaro, en un país que sigue profundamente dividido. Si gana, terminará su mandato con 85 años.
La radioterapia preventiva no cambia el tablero político, pero sí añade una capa de realidad: detrás del líder, del símbolo, del candidato, hay un cuerpo que envejece, que se cansa, que necesita cuidados. Y eso, lejos de debilitar su figura, la humaniza.
En Brasilia, mientras el sol cae sobre los edificios modernistas, Lula continúa su agenda como si nada hubiera ocurrido. Pero el país mira de reojo, consciente de que cada gesto, cada aparición pública, cada palabra, tiene ahora un eco distinto. La política sigue su curso, pero la vida —esa que no entiende de campañas ni de encuestas— también.
Y quizá ahí reside la fuerza de esta historia: en recordar que incluso los gigantes de la política pasan por la misma fragilidad que cualquier ciudadano. Que el poder no inmuniza contra la enfermedad. Que la edad no se negocia. Que la salud, al final, es el territorio donde todos somos iguales.
Lula lo sabe. Brasil lo sabe. Y el calendario electoral avanza, implacable, hacia octubre.
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ESCRIBIR SIN DIPLOMA
Elspeth Gormley– España
Últimamente parece que para escribir hay que tener un diploma. Cursos, talleres, másteres, retiros, certificaciones…Y me parece bien, quien quiera hacerlos, que los haga.
Pero que no vengan a mirarte raro cuando dices: “Nunca he hecho un curso literario.” Porque hay gente que te observa y te mira , como si acabaras de caer del cielo en una nave oxidada. Como si escribir sin pasar por un aula fuese una excentricidad. Como si la creatividad necesitase permiso.
Pues no. La creatividad no se enseña. Se trae de fábrica. Se afina con la vida. Se despierta con los golpes, con las pérdidas, con los amores, con las calles, con los silencios.
Nuestros maestros —Alberti, Cortázar, Lorca, Hernández y tantos otros—no hicieron cursos literarios. No tenían diplomas. Tenían idioma, sensibilidad y una voz que ardía.
Yo tampoco he hecho ninguno. A unos gustará, a otros no. Pero escribo. Escribo porque lo necesito, porque me sostiene, porque me ordena. Eso no me lo enseñó ningún profesor: me lo enseñó la vida.
Y aquí quiero decir algo con claridad: me gustaría que nadie mirara a nadie por encima del hombro por no haber asistido a talleres literarios. Esa actitud es tan absurda como si quienes hemos pasado por la universidad miráramos al resto con prepotencia, como si el conocimiento solo valiera cuando viene con sello oficial. La literatura no funciona así. La sensibilidad tampoco.
Lo curioso es que muchos de los que presumen de cursos, de sentirse superiores por acumular talleres, no escriben mejor. Ni más claro. Ni más hondo. Ni más verdadero.
La técnica ayuda, sí. Pero la técnica sin alma es un mueble bien barnizado: bonito, correcto, vacío.
La literatura nace de otra parte. De un temblor. De una imagen que no te suelta. De una frase que te despierta. De una herida que pide voz. Eso no se aprende. Eso se vive.
Así que sí: que cada cual haga los cursos que quiera. Pero que nadie olvide lo esencial: la escritura no empieza en un aula.Empieza en el pecho.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:29:482026-05-26 16:27:13ARTÍCULOS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
“Las crónicas son la memoria que se niega a desaparecer.” Maren Alberdi
COLABORAN
Maren Alberdi – España
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Enrique F. Díaz Castro – México
Elspeth Gormley – España
Leila Guerriero – Argentina
Gustavo Páez Escobar – Colombia
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EL TIEMPO QUE PASA SIN PEDIR PERMISO
Maren Alberdi – España
Hay meses que llegan sin hacer ruido, pero traen consigo un temblor que lo mueve todo. Junio es uno de ellos. No pregunta, no avisa, no se disculpa. Simplemente aparece, como aparece el tiempo cuando decide recordarnos que sigue avanzando aunque nosotros estemos distraídos.
Cada año, cuando el calor empieza a insinuarse en las calles, miles de jóvenes se sientan ante un pupitre para enfrentarse a un examen que parece más grande que ellos. Y mientras los vemos entrar en las aulas con mochilas llenas de apuntes y manos que tiemblan un poco, entendemos que el tiempo también les ha llegado sin pedir permiso.
Nosotros, los adultos, miramos desde fuera, pero no desde lejos. Porque también fuimos ellos. También tuvimos dieciocho años y la sensación de que todo dependía de un número escrito en una hoja. También creímos que la vida se decidía en un examen, en una nota, en un instante.
Pero la vida —esa maestra silenciosa— se encargó de demostrarnos que no. Que los caminos se abren y se cierran sin seguir un calendario. Que lo que hoy parece definitivo mañana se vuelve pequeño. Que el tiempo, cuando pasa, también cura, acomoda, recoloca.
Y sin embargo, cada junio nos devuelve a ese vértigo. A esa mezcla de miedo y esperanza. A esa certeza de que crecer duele, pero también empuja.
Los jóvenes se juegan un sueño, sí. Pero nosotros nos jugamos otra cosa: la memoria. La memoria de quienes fuimos, de lo que temimos, de lo que deseamos con una intensidad que ya no recordábamos.
Porque el tiempo pasa sin pedir permiso, pero deja huellas. En los hijos que crecen. En los nietos que vuelan. En los amigos que ya no están. En los planes que cambiaron de forma sin consultarnos. En los días que se nos escaparon entre obligaciones y prisas.
Y aun así, hay algo hermoso en esa fugacidad: el tiempo no se detiene, pero nos enseña a detenernos nosotros.
A mirar a los jóvenes con ternura. A acompañarlos sin presionar. A recordar que nadie tiene por qué saberlo todo a los dieciocho. A aceptar que la vida no se decide en junio, ni en un examen, ni en una nota.
La vida se decide en el camino. En la constancia. En la capacidad de levantarse cuando algo no sale como esperábamos. En la valentía de seguir adelante incluso cuando el plan A se tambalea.
Junio pasará. Los exámenes pasarán. Los nervios pasarán.
Pero ellos —los jóvenes— seguirán construyendo su historia. Y nosotros seguiremos ahí, sosteniéndolos con la serenidad de quienes ya han sobrevivido a todos los exámenes que no venían en ningún libro.
Porque el tiempo pasa sin pedir permiso, sí. Pero también nos regala la oportunidad de mirar hacia atrás y decir: “Aquí sigo. Y sigo aprendiendo.”
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UNA TAZA DE CAFÉ RECIÉN MOLIDO
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Lena abre la bolsa y toma el que piensa que es el último pedazo de champurrada pero, para su sorpresa un puñado de pedazos más pequeños se revuelve con el pozolero. Asombrada cierra los ojos y vuelve a mirar dentro de la bolsa, aquello parece un gran guindo. Con urgencia otra vez cierra los ojos deseando que al abrirlos no encuentre de nuevo la gran hondonada, pero ahí está, inamovible, para entonces Lena ha entrado en un estado de estupor como la primera vez que vio la tierra roja de Salamá.
Algo la sacude, su respiración cambia de ritmo y siente como ahogarse con su propia saliva, desesperada hace el esfuerzo de tragar, pero hay un nudo de sal atrancado que se desmorona cuando siente el leñazo en la nuca y de sopetón comienza a rodar en los barrancos de la memoria. Cae a culumbrón[ en el sabor de las mañanas de su infancia. Ahí está de nuevo la imperdible, tan puntual e insobornable nostalgia que la lleva a lugares que están refundidos en saber qué recovecos de los años juidos
Para qué púchicas, se pronuncia, poniendo el enojo de pretexto, de nuevo con sus once ovejas para no declararse culpable de extrañar. Envalentonada solita se pone al brinco exigiendo que la esculquen y todo para no decir en voz alta que, como muchas otras almas la suya también añora de cuando en cuando. Se agarra el pelo en una cola, lista para la pelea y mete el pedazo de champurrada en la taza de café y como ya ha agarrado aviada también el pozolero de la bolsa, a gusto comienza a sopear con la cuchara.
Un pensamiento inmoral se le cruza por la cabeza, si la vieran sus amistades de ahora sopeando champurradas en una taza de café, la negarían como unas Judas. Más aterrada aún se pregunta qué dirían si supieran que su verdadero nombre es Magdalena.
¿Magdalena?, exclamarían en coro. Sí, como el pan, les contestaría.
No, pero es que más Judas que ella misma no hay, es toda una doble cara de las dobles caras de la clica de las Iscariotas, le replica de nuevo ese pensamiento inmoral que aparece siempre en el momento menos esperado, como la menstruación cuando se lleva ropa de color claro. Porque dicho está que a veces los pensamientos esos metiches la ponen en aprietos, con sus cosas inservibles como las fumadas esas de la dignidad, el respeto y otras hierbas. Cosas que solo le estorban, como las esquinas de las uñas del dedo meñique de los pies, que se ponen ahí de grandes mártires, pidiendo que no les pongan tacones apretados porque las lastiman. Já, lastimada estoy yo, exclama Magdalena en voz alta, pero al instante cierra el pico y vuelve a pensar para sus adentros, porque es mejor que nadie escuche lo que la memoria y su conciencia tienen qué decirle acerca de sus mañas de loca desquiciada.
Por ejemplo, si ya olvidó cuando de niña, descalza, acostada en la hamaca escuchaba a las chicharras cantar mientras sopeaba su tortilla tostada con banano en su taza de café recién molido, en casa de sus abuelos mientras su mirada se perdía en la majestuosa Sierra de las Minas.
Lena entonces vuelve en sí después del trance tan deplorable en el que la dejó el leñazo en la nuca, tira el café con la champurrada en el inodoro, agarra un yogurt del refrigerador y se va al gimnasio, donde quedó de juntarse con sus amigas para la clase de yoga e ir después a tomar jugos verdes al bar de jugos de Titi, que su nombre real es Margarita María del Carmen.
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EL BORDO GRANDE Y LA TRAGEDIA PAULATINA DEL AGUA
Enrique F Díaz Castro – México
La vieja y polvorienta brecha que lleva al Bordo grande o Plan, cruza a la orilla de vastas parcelas cuyo lucido verdor tiene el precio de estar dejando al pueblo sin agua.
Treinta años atrás podíamos presumir del vital líquido que incluso noche y día se tiraba al pie del auditorio municipal, en La Colonia, en La Nica y en rn los viejos lavaderos de La Peñita.
Hace una década inversionistas extranjeros llegaron con gordas chequeras, ofreciendo buen dinero por la renta de todas las hectáreas posibles para sembradíos, instalar túneles de plástico y hacer parir la tierra con tres o cuatro cosechas anuales, para eso, llegaron con certificados autorizados por parte de La Conagua para construir pozos profundos con un anchor no mayor a cuatro pulgadas y con un máximo de cien metros de profundidad para la pertinente extracción.
Está de más decir que no cumplieron y actualmente hay cientos de pozos profundos en El Plan, absorbiendo millones de litros del vital líquido a más de doscientos metros de profundidad y con tubos extractores de hasta ocho pulgadas de ancho.
Tangamandapio, Michoacán (Mex.) aquel pueblo antes pródigo en agua, hoy se consume en la sequía que paulatinamente crece, mientras los acaparadores, han construido gigantescas y profundas ollas almacenadoras con capacidad para cientos de miles de litros que a diario bañan los extensos invernaderos de ese permanente verdor cuyo alto precio radica en la cada vez mayor carencia del vital líquido en esta parte del occidente del enorme bajío mexicano.
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EL TEMBLOR QUE SE CONVIRTIÓ EN REVISTA
Elspeth Gormley – España
Nadie imagina que una revista pueda nacer desde una cama, desde un cuerpo cansado, desde una enfermedad que obligó a parar el mundo. Pero así empezóLetras Hispanas por el Mundo: no como un proyecto ambicioso, sino como un susurro. Como un temblor.
Al principio no había certezas. Solo una pregunta: ¿Seré capaz de volver a reunir a quienes escribían conmigo antes?
La revista nació tímida, casi pidiendo permiso. Nació con miedo, con dudas, con esa fragilidad que tienen las cosas que todavía no saben si podrán sostenerse. Era un reto personal, una forma de volver a la vida, de volver a la palabra, de volver a uno mismo después de haber estado ausente demasiado tiempo.
Pero hay algo que nunca se cuenta y que hoy merece ser dicho: yo no estaba sola.
Siempre hubo personas apoyándome. Amigos de los de verdad, de esos que se quedan cuando todos se van. Amigos que ya habían caminado conmigo en otro proyecto, que conocían mis silencios, mis pausas, mis miedos… y aun así me tendieron la mano. Fueron ellos quienes me dieron el empuje suficiente para comenzar de nuevo. Quienes me recordaron que la literatura no se apaga, solo espera.
Y entonces algo empezó a moverse. Una persona envió un texto. Luego otra. Y otra más. Y así, poco a poco, como quien enciende velas en una habitación oscura, la revista fue recuperando luz.
No hubo grandes planes. No hubo presupuesto. No hubo promesas. Solo hubo empeño, trabajo y una fe silenciosa en que la literatura todavía podía unir a personas que estaban lejos, muy lejos unas de otras.
Y funcionó. Hoy, aquella revista que nació con temblor se lee en Miami, en Centroeuropa, en rincones inesperados del mundo. Hoy, aquella idea frágil llama a la puerta del Ministerio de Cultura y de la Conselleria Valenciana. Hoy, gracias al esfuerzo silencioso de todos, estamos a un paso de algo que jamás imaginé cuando esta revista nació desde una cama: que el Ministerio de Cultura de España nos incluya en la lista oficial de publicaciones de contenido hispano, un reconocimiento que llega a través de los Institutos Cervantes repartidos por el mundo.
No es un logro mío: es el fruto de cada texto enviado, de cada lectura, de cada mano que empujó cuando la revista apenas podía sostenerse. Es la prueba de que lo que empezó como un susurro puede convertirse, con el tiempo, en una voz que viaja lejos.
Porque la verdad es esta: una revista no la hace quien la dirige, sino quienes creen en ella. Quienes escriben, quienes leen, quienes comparten, quienes empujan. Quienes se quedan.
Y la moraleja, si es que la hay, es sencilla:
A veces las cosas más fuertes nacen de los momentos más débiles. A veces lo que empieza como un temblor termina convirtiéndose en un camino. Y a veces, sin darnos cuenta, lo que creamos para salvarnos… acaba salvando a otros.
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DOLOR DE AUSENCIA
Leila Guerriero – Argentina
Entonces la levanté. Con la mano derecha la levanté de la camilla y me puse su cuerpo de tres kilos sobre el hombro, la acuné, le dije palabras de amor. La levanté igual que cuando estaba viva y maullaba por la casa y se movía como una diva hierática y yo corría jocosamente detrás de ella hasta que la levantaba, la ponía sobre mi hombro derecho, y ella disfrutaba y ronroneaba durante unos minutos hasta que se hartaba y quería bajar. La levanté y la acuné, el cuerpo todavía tibio y flojo, le dije amor, mi amor, aunque ya estaba fuera de este mundo, yacente, yerta, y le besé la cabeza, un fruto liviano y suave, y después de unos minutos volví a dejarla donde la habían puesto y me fui. Y no al otro día, pero sí al siguiente, el brazo derecho empezó a dolerme. Qué extraño, dije entonces, porque no había hecho esfuerzos raros, más bien había estado ocupándome de las tareas de la agonía y del alivio, de la internación y el acompañamiento, del abandono de la vida. Entonces fui al traumatólogo y me dijo que no era grave, que el músculo estaba presionando un nervio, que podía solucionarse fácilmente con unas aplicaciones de equis cosa, y fui en peregrinación hasta su consultorio en viajes tristes dos, tres veces por semana, y recibí un tratamiento efectivo que disminuía el dolor, y mientras el traumatólogo me decía cosas que eran ciertas ―el músculo presiona, el nervio se queja, el cuerpo sabe, inflama para desinflamar― yo empecé a pensar que mi brazo había absorbido el peso de la muerte, que el amor muerto se me había encarnado. Y me pareció bien que me doliera, me pareció bien que su muerte se prolongara en mi vida, en mi brazo ardiente, en el rayo del dolor, y mientras el dolor disminuía pensaba: “Doleme ahora, amor, porque es todo lo que va a quedar, este resto, el dolor de tu falta”. Pensaba, digo, lo que dice ese poema de Donald Justice: “Prolonga ahora el dolor si eso es todo lo que hay que prolongar”.
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DE LA GLORIA A LA DESDICHA
Gustavo Páez Escobar – Colombia
Con motivo del estreno de la película “Michael”, convertida hoy en éxito arrollador, recupero este artículo publicado en junio de 2009, a raíz de la muerte de Michael Jackson, el “rey del pop”.
Si al final de su vida estrepitosa y traumática a Michael Jackson le hubiera sido dado escoger entre la fama y la tranquilidad, supongo que no lo habría dudado: hubiera preferido ser un hombre del montón, alejado del vértigo de los aplausos y las lisonjas de la ponderación, con tal de ser feliz. La fama tiene un precio alto, a veces demasiado alto, y Jackson lo pagó desde muy joven. Nunca fue feliz. Alguien que lo conoció de cerca afirma que desde los 20 años estaba deprimido. Y agrega: “Pasé mucho tiempo con él en la habitación del hotel Mountcalm y vi cómo lo explotaban sus productores”. Como un sonámbulo cargado de dinero, y al mismo tiempo idolatrado y vitoreado por sus incansables multitudes de fanáticos, transcurrió toda su vida. Esos fanáticos, ignorantes de lo que el ídolo tenía que soportar y padecer, nunca lo dejaron vivir en paz. Lo elevaban como un cohete a las altas esferas del elogio y a las atronadoras atmósferas del aplauso, sin permitirle que viviera su propia vida. Pero su propia vida ya no era suya, sino de su público delirante. No se pertenecía a él mismo, sino al capricho de las multitudes. Le gustaba, por supuesto, sentirse idolatrado. Desde su más tierna edad fue un niño desprotegido. Su padre lo maltrataba por su bajo rendimiento en las clases de canto y coreografía. Esa niñez desamparada del afecto paterno le dejó un trauma insuperable. Y se apegó al calor de la madre. A su lado se sentía un niño mimado, así no lo fuera. Y se quedó niño para toda la vida. Este niño grande que fue Michael Jackson le creó una morbosa atracción por la niñez. En su palacio de Neverland, sostenido a costos exorbitantes, instauró la figura de Peter Pan como una desviación de su mente protectora de los niños con quienes convivía, en los cuales volcó todos sus afectos. De tal modo acrecentó y falseó ese sentimiento, que no establecía límites entre la ternura y el abuso sexual. Una vez pagó entre quince y cuarenta millones de dólares (nunca pudo conocerse la cifra exacta) para solucionar un pleito por el atropello de un menor de edad. Hace menos de cinco años el mundo lo vio con las manos esposadas frente a una comisaría de Las Vegas, acusado por otro abuso sexual. Una hora después abandonó victorioso el despacho judicial, luego de pagar una fianza de tres millones de dólares. Con el poder de su bolsa millonaria tapaba todos los escándalos que producía. Su fortuna, calculada entonces en 750 millones de dólares, se mostraba inagotable. Pero la realidad era desastrosa: cada vez se debilitaba más el imperio económico a merced de los pleitos, del declive de sus negocios como cantante y del costo ruinoso de las extravagancias que cometía. En las Vegas pagó perfumes por diez millones de dólares para su gran amiga Elizabeth Taylor, y para él compró un reloj de dos millones de dólares. Al final de la vida, estaba quebrado. El derroche era uno de sus signos vitales. De esto no tenía plena conciencia, porque nunca aprendió a manejar el dinero: otros lo hacían por él y –lo que es más triste– saqueaban sus arcas sin control. Cuenta Grace Rwaramba, empleada suya durante 17 años, que Jackson no conocía con exactitud los negocios que firmaba. Sobre los 50 conciertos que iba a realizar en Londres, y que le dejarían una ganancia enorme, el cantante creía que había firmado el contrato por diez actuaciones. La misma Grace revela que su patrono era un drogadicto crónico. No ahora, sino desde mucho tiempo atrás. Murió de un infarto final, a los 50 años de edad, enflaquecido y presa de infinita soledad. Todo hace suponer que la ingestión permanente de medicamentos contra el dolor le produjo la muerte. Vida desventurada la suya, que alcanzó una fama arrolladora y nunca conoció la dicha. Buscándola, llegó a la negación de sí mismo, de su raza negra, mediante la pigmentación de la piel. Dicen los siquiatras que la falta de identidad lo conducía a sentirse a veces hombre y a veces mujer. En virtud de ese conflicto patológico, desconocía la realidad. De ahí que se comportara como un niño, pero como un niño traumatizado. Más allá de sus frustraciones y extravagancias queda el genio de la música. Un ser superdotado para el arte musical, que le aporta a la humanidad una leyenda que pocos mortales logran conquistar. Tal vez sin tantas limitaciones en su niñez y sin tantas excentricidades en su edad mayor, no hubiera conseguido coronar la altura del mito. Del mito indefinible. Todo a costa del tesoro más grande: la felicidad.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:28:512026-05-26 16:05:32CRÓNICAS Y ENSAYOS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
Cada poema es una luz que alguien deja encendida.
COLABORAN
Maren Alberdi – España
Magi Balsells – España
Inés Blanco (Luna de abril) – Colombia
Jorge Emilio Bosa – Argentina
María Elena Camba – Argentina
Libia B. Carciofetti – Argentina
Enrique Fredy Díaz Castro – México
María Cristina Fervier – Argentina
Carlos H. González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Lamberto Ibárez Solís – México
Carlos Jaramillo – México
Liliana Lorán – Argentina
Margarita Mangione – Argentina
Marwan – España / Palestina
Elena Medel – España
Nuri Montenegro – Ecuador
Antonio Morelos – México
Héctor Navia Garzón – Colombia
Raquel Olay de Leanza – Argentina
Sarah Petrone- Argentina
Ricardo Quattri – Argentina
Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez – Venezuela
Sandra B. Romeo – Argentina
Adriana Terán (Poetisa Cálida) – México / Argentina
Yanni Tugores – Uruguay
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LA VIDA
Maren Alberdi – España
He caminado al ritmo de la vida,
bebí su luz, su sombra y su ternura.
Guardé en mi piel la herida compartida
y en mi memoria, el don de la aventura.
Amé sin prisa, amé sin miedo a nada,
fui voz que nace, fui silencio abierto.
Y en cada paso, la verdad hallada
me devolvió mi nombre más despierto.
Hoy cierro el libro, pero no el camino:
la vida sigue, fértil, generosa.
Dejo mi canto, limpio y cristalino,
como semilla que en tu alma reposa.
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ESPEJO CRUEL
Magi Balsells – España
Delante del espejo, veo una cara ajada
Llena de arrugas que inserto el tiempo
En sus semi cerrados ojos, una triste mirada
En sus labios sin sonrisa una mueca quedo-
Cada arruga una lejana vivencia pasada
sus ojos claros sirvieron para ver la belleza
de sus labios salieron bellas palabras de amor
ahora quedan en su mente y en la oscuridad-
Oscuridad que con los años se ha incrementado
con las perdidas naturales que trae la vejez
su pensamiento no es tan brillante ni certero
intentándolo suplir con los escasos pensamientos-
Pensamientos que a veces hacen brillas sus ojos
y de su boca salen quedamente palabras olvidadas
mientras sus labios embozan una triste sonrisa
que perdió su belleza, quedando solo en la tristeza-
Dejo de mirar este espejo, guardián del tiempo
se que tiene razón, aunque cueste admitirla
no hay milagro, solo la gran realidad de la vida
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LOS RINCONES DE MI CASA
Inés Blanco (Luna de abril) – Colombia
Convivo con las piedras, con ellas comparto mis espacios. Las recogí, -porque ellas lo quisieron- de los sitios por donde anduve; desde la Patagonia, hasta México y más allá; por el viejo continente y por cada rincón de la patria; las tomé de sus ríos y montañas, de pueblos y caminos. Ellas, me brindan su energía, me hablan de milenios, de las formas del agua, de árboles y pájaros, de pisadas sin retorno, del dolor y la alegría. En sus entrañas llevan huellas y cantos de mar y de glaciares, silencios y palabras, son de fuego endurecido; sobre su piel se grabaron los colores, del arcoíris y de auroras boreales.
Su energía me cobija recorre junto a mí sombras y lugares. Son murmullos, también algarabías. Las hay finas y ásperas, de caprichosas formas que habitan como la luz y el aire los rincones de mi casa.
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AMAZONA NOCTÁMBULA
Jorge Emilio Bosa – Argentina
Detente, amazona de la noche,
amante de la luna y las estrellas,
que has hecho de la lujuria derroche
montada a cada una de ellas.
Detén esa ritual coreografía
de tus dedos que, sobre mi camisa,
danzando liberan con maestría
sus botones. No vayas tan de prisa.
Si otra noche tu cuerpo has rentado,
hoy quiero yo trocarlo por tu alma;
para que permanezcas a mi lado
con la serenidad de un mar en calma.
No consumamos de un sorbo las horas,
pues son un trago largo para mí;
ese duro camino hacia la aurora
desde que aquella ingrata no está aquí.
Bebamos unas copas. Conversemos.
Dime si en tus parodias de amor
te sientes sola como yo, eso temo,
vistiendo de Pierrot a tu dolor.
Sosiega tu carrera desbocada.
Ya no lastimes a tu corazón,
dejando en él las espuelas marcadas
para intimarlo a fingir pasión.
Tal vez así, sin sentirnos forzados,
cabalgaremos por la alborada,
noctámbula amazona; aferrados
a sus crines candentes y doradas.
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SOMOS
María Elena Camba – Argentina
Tu cuerpo
se hace selva
se hace río
soy balsa que navega
sin amarras por tu cauce
Sos ese norte que llega
en oleadas de esperanza
la redención de los pecados
la tierra prometida
de mis días tan ateos
La eternidad anida
en la comisura de tu boca
y en esos hombros
se recuesta redoblada
esa fe en nuestras horas
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LLAMADA
María Elena Camba – Argentina
El invierno arrasa,
deshoja mi follaje.
Mis hojas caducan,
caen sin fuerzas.
Quizás mi tronco añoso
no resista este vendabal.
Cada vez cuesta más
reverdecer en primavera.
Mi nido despoblado
llama por trinos nuevos.
Tal vez sea hora
de forjar mi propio canto.
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SI QUIERES BAILAR
Libia B Carciofetti – Argentina
Si quieres bailar, hazlo a mi ritmo.
No quisiera por un segundo perder el compás.
Nací sin brazos, pero con alas
Y en la magia de los sueños prefiero volar.
Si tú no me oprimes podré contonearme,
y en la armonía de tu abrazo me harás danzar.
Si regresas pronto, prometo esperarte.
pero si demoras, no me encontrarás.
Nací para ser libre como son las aves,
perderá todo derecho el que me quiera enjaular.
Atravesé tormentas y salí ilesa
aunque «desplumada» intenté sobrevolar.
Se que volverás amor porque me amas
buscando el refugio que no hallarás;
en brazos de nadie, porque no tienen alas
como tengo yo para poderte transportar.
La brisa me besa y trae tu perfume
de años enteros de felicidad.
Te pienso y recreo el baile de la vida,
que supimos un día muy juntos danzar.
Cuando pienso en ti me siento sola
pero se que en una clara mañana volverás.
Si quieres bailar, hazlo a mi ritmo
tiene cadencia y nos llenará de paz.
Mi vestido ondea al compás del viento me despeinan los días ¿Regresarás?
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ESPERANZAS
Enrique Fredy Díaz Castro – México
La primera lluvia aislada
refresca ya la región,
a modo de bendición
luego de largas jornadas,
con tardes adormiladas.
Luce el cielo encapotado,
el escenario ha cambiado:
rayos desgajan las nubes,
aroma a petricor sube
y el humor ha mejorado.
¡San Isidro no nos falles;
poco falta pa’ tu fiesta!
dejo de lado la siesta,
mejor es andar la calle.
¡Que llueva en cerros y valles!
El verdor en la campiña
nos motiva y desaliña
agua ya ocupa el riachuelo
como decían los abuelos:
«Mucha sed tiene la niña…»
Que el temporal puntualmente
arribe pues las cosechas,
necesitan amplias brechas
pa’ moverlas nuestra gente,
cuando el sol pinta en oriente
tapizado de esperanzas,
y en los ojos la confianza,
el noble y leal campesino
directriza su destino
entre aperos de labranza.
Algo espiritual nos mueve
cuando cantan las chicharras,
cómo acordes de guitarra,
el corazón nos conmueve
anunciando «pronto llueve».
Ojalá en todo el país
fuera ese mismo matiz:
el acompasado encanto,
al reforestarse el campo
desde profunda raíz.
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TENGO UN POEMA EN BRAZOS AJENOS
Libia B. Carciofetti – Argentina
Tengo un poema en brazos ajenos.
¿Alguien me lo podría ir a rescatar?
Lleva mi nombre y también mi estilo.
¿Alguien hasta mis manos me lo podrá alcanzar?
Lleva mi perfume, «Mariposas de mi alma»
No es una fragancia por así decirlo «alternativa»
¡NO! Para ¡Nada! ¡Es la original!
Lo eché a volar en una madrugada
luego que mi musa me vino a visitar.
Cuando oí que bebía agua de fuente
y una ronda de pájaros se pusieron a cantar.
Traía en sus cabellos sujetas unas flores
descendió del unicornio y comenzó a danzar.
Se trepó por mis laderas y en el lago de mis sueños
se buscó reflejar.
Hacía tiempo que yo no escribía
el estrés, el cansancio, el esfuerzo de mi mente
se llamaron un día a descansar.
Pero ella vino envuelta en sus tules
de ilusiones vestida; que me logró despertar.
Abandoné mi letargo, estiré mis brazos.
inhalé profundo para luego exhalar.
Se llenaron mis pulmones de sahumerio sagrado
y de rodillas me incliné frente al altar,
sintiéndome Minerva, la diosa romana
de la sabiduría, las artes, pero también diosa de la paz.
¡Que misterio insondable éste de las letras!
Que se trepan por el alma y nos hacen gozar.
Que inundan la tierra, con su lluvia copiosa.
y agitan los vientos encrespando el mar.
Por eso no quiero yo que mis poemas
duerman en brazos que no son los míos.
Porque tienen registro de mi propiedad
no es egoísmo, los escribo con mi sangre
llevan mis huellas en cada palabra.
y robarme un poema inspiración divina
yo hasta lo llamaría pecado mortal.
Porque es escribir con palabras que yo siento
y de lo que es MÍO, nadie se debe adueñar.
Tengo un poema en brazos ajenos
Y nadie como yo lo sabrá acunar.
¡Devuélvanme el poema! Porque al abrir sus ojos
NO ME VERÁ… Y SE PONDRÁ A LLORAR.
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TIEMPO DE BALANCE
María Cristina Fervier – Argentina
En las coordenadas de sombra y silencio
recorro un camino sin retorno.
Con dualidad de signos
y levedad de latidos,
me columpio en el péndulo
del humo de los tiempos.
Es época de balance,
en el registro de la memoria
descuento momentos y horas
que atraviesan la zona
vulnerable de la nostalgia:
amores desahuciados,
encuentros desencontrados,
alegrías que fueron
ilusiones transitorias.
En bosquejo de ruinas
recuerdos de un mítico pasado.
El dolor dejó cicatrices
y pulverizó el alma.
Fue el tiempo de la enseñanza.
Hoy, extravagante y loca,
con mi ganancia a cuestas,
pugno por adueñarme
de la luz de las estrellas
— • — • — • —
YA NO TENGO GANAS DE CANTAR
Carlos H González Saavedra – Argentina
En una esquina
Ni salir de juerga con amigos
Ya no me divierte, lo que antes me divertía
Es que me han arrebatado
Las ganas de bailar, de saltar
O de jugar con alegría.
Ya no tengo mi cabello negro
Tampoco los bigotes seductores, que tenía
No uso los trajes, que lucía.
Ando más sencillo por la vida
Me he dado cuenta
Que me he despojado de cosas
Que antes con orgullo vestía.
Aún camina por mis venas
La música y la poesía
Me he dado cuenta que ya nadie me espera
por las noches, para darme un beso en mis mejillas.
Me gusta observar por las mañanas
Como pasa la vida, tomando un café,
en cualquier esquina.
No me escondo, de los ojos querendones
Tampoco traigo besos escondidos
De alguna visita furtiva.
Me han arrebatado la juventud,
Pero no, la picardía.
Ni la dulzura de los romances
Ni mis manos cálidas
Ni miradas encendidas
Ahora voy a los codazos
con la vejez, todos los días
Mi pecho se abrió de par en par
Es por ahí, donde se han ido mis días
Y con ellos hijos, nietos y familia.
Un día lleno de bronca
le he cantado las cuarenta a la vida
He dicho
¡Todo, me has arrebatado!
Pero nunca…,
¡Podrás arrebatarme, la poesía!
— • — • — • —
LA LUZ DE MIS LETRAS
Elspeth Gormley – España
No nací del silencio,
sino del temblor que deja el viento
cuando acaricia lo que ama.
Mi voz no grita,
pero deja cicatrices dulces
en quien se atreve a escucharla.
Soy la brisa que no pide permiso,
pero entra por las rendijas del alma.
He amado sin ruido,
como el mar que besa la costa
……. sin romperla,
pero la transforma.
He llorado sin romperme,
como quien sabe
que la sal también es medicina
y que hay lágrimas que limpian
sin que nadie las vea.
Mi memoria es un jardín sin rejas,
donde crecen las voces
que el mundo quiso callar.
Soy raíz y vuelo,
puerto y tormenta,
abrazo y despedida.
Escribo porque el mundo
me eligió para decir lo que calla.
Y en cada verso,
hay un latido azul
que aún no sabe callarse.
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ABRIL PASÓ
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Abril pasó… Abrimos la ventana.
¿Es Dios tanta hermosura o es el día?
Si no es Dios, es su exacta alegoría
lo que se ve a la luz de la mañana.
Sonora como un golpe de campana,
naturaleza expresa su alegría
cantando en polifónica armonía
al Creador y su obra soberana.
Son un prodigio el sol, la lluvia, el rayo,
la nube, el trueno, el corazón y el trino.
Y este prodigio tiene un nombre: mayo.
Mayo es la rosa abierta y encarnada.
Mayo el amor y la mujer y el vino,
y mayo… el beso rojo de la amada.
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ESA MUJER
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Esa mujer era una fruta abierta
desgajada del árbol de la vida.
Excitante, jugosa, suculenta,
rica en aromas, pulpa apetecida.
Sus manos conocieron los misterios
que el placer de tocar trueca en delicia;
y la magia de arpegios inmortales
sus dedos le robaron al pianista.
Formaba con sus brazos levantados
una crátera inmensa de lujuria
como para escanciarla lentamente
sobre una piel desnuda.
Era mujer, pero podía ser diosa.
Quizás era una diosa desterrada
por negarle su amor a un dios bifronte
o por envidia de la virgen Diana.
Su boca era el panal de la ambrosía.
Arco triunfal para pasar a un cielo
de soles, lunas y luceros lleno,
jardín de una cascada de alegrías.
Y los hombres luchaban
por obtener tan solo
una brizna de amor, una sonrisa,
una palabra de sabiduría
de sus labios sapientes
que hablaban en parábolas de rosa
y en cantos de melódica armonía.
— • — • — • —
MAESTRO
Lamberto Ibárez Solís – México
A ti maestra, maestro yo te canto;
constructor de estrellas refulgentes
que nos dieron vida en el alma y en la mente
y con amor enjugaron nuestro llanto.
Su alfabeto enseñado con paciencia
y a veces con rudeza muy marcada;
aprendimos viniendo de la nada,
la grandeza del mundo y de la Ciencia.
Del verbo y el poder de la elocuencia
que de niños enseñaste con vehemencia;
siendo capaz de dejarnos como herencia
que tomáramos el gis con gran paciencia.
Por ello Maestra, Maestro yo te canto
y te agradezco en nombre de los miles
que empuñamos el gis y la pizarra sin fusiles
para formar seres de luz, llenos de encanto.
Gracias te doy por aprender las letras libertarias
que marcaron el derrotero de mi vida;
estas letras que amo tanto; consentidas
que usamos a diario y necesarias.
Maestras y Maestros que partieron a lo ignoto,
a lo lejano, al misterio, al Eterno Oriente
al panteón de los bienhechores; a lo silente…
sostenemos tu estafeta y tu decoro.
Consignamos tu plegaria redentora;
tu grito que clama justicia para todos
porque eres pueblo que caminas codo a codo
porque eres verbo que brillas cual aurora.
Hoy es Quince de mayo Maestro y es tu día;
Maestra y Maestro, faro de luz, idolatrado;
te agradezco por siempre lo enseñado
porque soy lo que soy; por ti… mi guía.
Sigue iluminando redivivo; cual sol radiante,
construye con tu alma la escuela libertaria,
sigue alimentando nuestra mente con tu savia
y llenes el mundo de buenos estudiantes.
Sigue humilde con tu obra bienhechora;
pues restas importancia a tus logros y virtudes;
tu obra está con Dios… en esas latitudes
y los niños son tu regalo que tú adoras…
— • — • — • —
HOY
Carlos Jaramillo – México
¿Cuándo es hora de partir
acaso alguien lo intuye
o siquiera tu conoces el orden
de cuando tienes que ascender?
De veras que la vida da risa,
por eso hay que vivirla sin prisa,
disfrutarla hoy como el único día,
intensamente que vivir es grandioso.
Por ello hoy vive y deja vivir,
Si hoy descubres un nuevo día
se feliz, y sirve a tu prójimo
que quizá mañana no haya tiempo.
Pues dentro de la magia de vivir
el futuro es totalmente incierto,
no sabes cuando vas a dormir
y es una incógnita la hora de partir.
Por eso hoy valora este día,
vívelo como si fuese el último,
disfrútalo que es tu regalo,
puesto que ser feliz o infeliz
será el mismo esfuerzo
y respirarás el mismo aire.
Por ello, mejor vive el presente,
porque quizá ya no haya mañana,
ya que la alborada es un misterio
y no se conoce la hora del vuelo.
Así que convive y deja vivir
actúa hoy con sabiduría
valorando tu estancia
como un regalo de Dios.
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BAILES VIEJOS Liliana Lorán – Argentina
Hay unas notas sonando por las calles de mi pueblo, por las sendas de mi tierra, en los suspiros del viento.
Son bellos sones de antaño, los que oyeron mis abuelos y al conjuro de sus notas su buen amor construyeron.
Como ellos mi gente buena en los bailes bien puebleros, buscan la otra mitad de sus amores en vuelo.
Yo evoco el hondo sentir de sus anhelos y sueños, cuando me embriago en acordes y a nuestras danzas me entrego.
Quien puede bailar y baila las danzas de nuestro suelo, honra identidad y raíces que afloran de bailes viejos…
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LA CAJA DE PANDORA Margarita Mangione – Argentina
Siempre somos responsables de lo que no tratamos de impedir. Sartre, Jean Paul – Filósofo y Escritor Francés – (1905-1980)
La caja de Pandora ya está abierta y salen de su boca desdentada, engaños que ocultaba su cubierta corrupción y mentira silenciada.
Debajo están ocultas las verdades que pugnan por salir hacia la luz, miserias que arrasaron sociedades y cargaron en hombros tanta cruz.
De a poco van surgiendo de la sombra hambre, pobreza, enfermedad y llanto, la basura debajo de la alfombra ocultando la amargura y el espanto.
Huyen de adentro criminales hordas aplastando esperanzas florecientes, criaturas que gritan y están sordas y abaten a los pobres inocentes.
La caja de Pandora se ha volcado y emergen de sus pútridas entrañas, aquellos que jamás habías pensado que fueran ponzoñosos como arañas.
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AÑORANZA DE MI MAR
Margarita Mangione – Argentina
Cuántos años que te extraño
mi San Bernardo querido,
nunca te eché en el olvido,
y la ausencia me hace daño.
¡Cómo quisiera volver
a estar sentada en tu orilla,
y apreciar la maravilla,
de tus olas al romper!
Ver por la noche la luna
dejar su estela brillante,
sobre el agua fulgurante,
hermosa como ninguna.
Luego en el amanecer
mientras un mate tomaba,
mirar al sol que asomaba,
y en el horizonte arder.
Pero estoy agradecida
de los años que he pasado,
en ese lugar amado,
y me siento bendecida.
Hoy que mi vida está lenta
y mi cuerpo anquilosado,
no he de volver a tu lado,
con tiempo bueno o tormenta.
Quisiera antes de morir
si Dios me lo permitiera,
acercarme a tu rivera,
y al mirarte sonreír.
Más si no fuera posible;
que llegue a ti mi ceniza,
y la disperse la brisa,
en tu lomo inmarcesible.
Y allí por siempre estará
anclado a tu fondo umbroso,
un trocito silencioso,
de quien siempre te amará.
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ME GUSTA PENSAR QUE ES ASÍ
Marwan – España/Palestina
En cualquier habitación aleatoria de tu ciudad o en una playa o en un parque, en el metro o en el autobús, estás tú leyendo este poema y el resto de emociones que conforman este libro.
Si al hacerlo alguna premonición merodeara por tu pecho o si en algún momento las frases que acabas de leer o que leerás dentro de un instante te recuerdan algo de ti, de tu pasado, o te explican cosas que nunca entendiste —y comprendes ahora a la luz de estos versos—, si eso sucede tú y yo dejaremos de ser para siempre dos desconocidos y pasaremos a ser corazones cercanos, cabos de una misma emoción, náufragos de un mismo mar que estando frente a frente se dan cuenta de que pase lo que pase otro corazón sintió lo mismo, y aunque solo dure un instante, cada vez que tengas este libro entre las manos tú y yo ya nunca más volveremos a estar solos.
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ESCRIBIRÉ QUINIENTAS VECES EL NOMBRE DE MI MADRE
Elena Medel – España
Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre. Con un vestido blanco trazaré cada una de sus letras por las paredes de mi dormitorio, por el suelo del patio del colegio, por el pasillo de la casa más antigua. Para recordar mi origen cada vez que yo viva. En todos los lugares podré besar sus mejillas limpias de cristal, aunque ella duerma lejos: sus mejillas cercanas que me dolerán allá donde acaricie su nombre escrito. Tantos días, tantas noches habrá de alimentarme amorosamente con su parábola descalza; vendrá mi madre a arroparme, mujer de humo, con los ojos tiritando de suerte, y en cada sueño mis apellidos dolerán como un cartel de bienvenida a un hogar diferente. Sobre mi cabello, rubio como el de mi madre, la corona que me ciño como hija primogénita de Dinamarca. Me llamaré Vacía, en honor a mis muertos; miraré cómo retozan de acrílico las palmas de mis manos, sangrará mi lengua a disposici6n de mis muertos. Gritaré quinientas veces el nombre de mi madre para quien quiera escucharlo, y escribiré que bendigo este medio corazón en huelga mío, pues no olvido: nací para llorar la muerte de otros.
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LA NEGACIÓN
Nuri Montenegro – Ecuador
Cuando alguien se va de nuestra vida, llega el dolor de la negación, tan fría, tan sombría. Es como imaginar un viaje que no termina; solo te refugias en la oración que te consuela, y te permite pedir por la persona que amas. Quieres que Dios le dé el último regalo: que esté en un lugar bonito, aunque no estés a su lado. Desearle paz es aceptar un final, porque la vida se ha terminado. Aunque el amor siga por dentro recordando, el dolor va sanando. Pero es imposible borrar el recuerdo de quien te marcó, quien te regaló momentos que no volverán… Solo queda aceptar el final de su camino.
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ASÍ LO QUISISTE
Antonio Morelos – México
Callé por callar tú sabes,
porque sabía que decir,
se que tú eres responsable
de lo que te hace sufrir,
porque querías ver culpable
aquel que vivió por ti.
No reniegues de tu suerte
sabes muy bien que no existe,
sufrirás si, hasta tu muerte
porque tú así hoy lo quisiste
llorar no te hace más fuerte
más lloras lo que perdiste.
El tiempo te ama o castiga
según tu comportamiento,
no te obliga a que dicidas,
ni te da arrepentimientos,
puedes triunfar en la vida
o fracasar como haz hecho.
Tu forma de actuar sabías
que era por más negativa,
de quien te amó te reías
sabiendo que a él le dolía,
juzgaste muy mal la vida
y hoy tienes lo que querías.
Querías ser vista por muchos
y lograste tu objetivo,
de amor no te habla ninguno,
el tuyo, ya no es oído,
rodando hoy vas por el mundo,
es tu pago merecido
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ANIMAL BIZARRO Héctor Navia Garzón – Colombia
Te someto a la palabra de mis ojos en el relámpago de esta noche secreta.
Me abandono en la humedad de tus delirios, en el campo de tu virtud ardiente.
Los utensilios en el territorio de batalla se rinden en la lucha de sándalos y orquesta de magnolias.
La piel fluye como un río de pirañas, como fantasmas temerosos de gula, pátina que se desborda en tus pechos de bronce.
Ofrenda de llantos y gemidos que se incrusta en los alerones de las cejas y en el rictus de los labios. Rigor de manos salidas de casillas en la alambrada de tu pelo desbocado.
¡Qué temblores en tu vientre caprichoso! Fluye en mi pelaje de animal bizarro.
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CARDUMEN
Héctor Navia Arzón – Colombia
Soy el cardumen de una especie humana, abstracta, etérea. Diría tal vez que imaginaria, un gregario caminando por ahí.
Reventando todas las cuerdas para saltar los abismos de mis cuatro paredes.
Entregarme a ese mundo que navega en las calles sin ser visto por nadie, sin ser oído por los vecinos de mi andén.
Solo, con la espada del silencio, y el único grito de la palabra amor.
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PADRE ITALO
Raquel Olay de Leanza -Argentina
Hay personas que en un momento en gesto heroico dan la vida, otras como el Pdre. Italo, la entregan de a poco como una vela encendida, para dar luz a otros y restañar sus heridas. Queremos darte gracias Pdre. Italo, por cada enfermo que fue confortado con tu visita, los sacramentos y oraciones a favor de su salud espiritual y física. Por cada niño que rescataste de la calle, del mal trato, expuesto a tantos males, te hiciste padre de ellos y le mostraste a Jesucristo como Camino, Verdad y Vida. Por cada mujer que por tu asistencia, contención y consejo pudo salir del error y vivir con amor y esperanza su maternidad tan temida, salvando de la muerte al ser más inocente e indefenso, en su vientre concebida. Por cada vez que en el altar hiciste presente a Jesús Eucaristía. Por tantas veces que en nombre de Dios, perdonaste los pecados de tus fieles, recuperando la gracia perdida. Por ser incansable en predicar al Dios del Amor, de la Paz y de la Vida.
También te pedimos perdón por aquellos que respondieron con ingratitud a tus desvelos, haciendo realidad el pensamiento de Juan Pablo II que dijo: “El mal que se evita, es el bien que menos se agradece” Hoy queremos agradecerte Padre. Ítalo: Por el tiempo dedicado a los más necesitados. Por tu donación sin descanso. Por el amor entregado sin medida. Por tu fe que hiciste vida. Por tantas pruebas sufridas. Te damos gracias Padre. Ítalo, y que el Señor y la Virgen de Lourdes te bendigan. (Falleció el 19 de Mayo del 2012
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BIENVENIDA
Sarah Petrone- Argentina
Recojo ternuras de un tiempo pasado
de ignotas regiones que no he visto nunca
me llegan rumores de risas y nanas
que fueron la esencia que soñé y no tuve.
Respiro en el aire la voz que añoraba,
el eco que un día se perdió y retuve
solo en el silencio de mi propia calma,
lo siento en el alma más fuerte que nunca.
Me pierdo en las calles lejanas y mías
con esa nostalgia de volver a casa
sin melancolía. Ya estoy en los brazos
de ésta, que siempre fue la patria mía.
Me besan las piedras cuando voy andando,
las flores me aroman en la bienvenida,
el aire suspira porque estoy llorando
dejando en mis ojos gotas de rocío.
Descubro promesas, rescato verdades,
mentiras y mitos de entre los escombros,
las fábulas dejan de ser solo fábulas
y así me hago cargo de toda mi vida.
Esta bienvenida que me llena el alma
hace que sienta que nunca me he ido,
abrazo ciudades, familias que estaban
mezcladas en medio de cientos de amigos.
El tiempo y la vida se van reciclando,
canciones, legados, como letanía
retumban acordes que se van pasando
de generaciones hasta nuestros días.
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CARTAS EN POESÍA
Ricardo Quattri – Argentina
Corazón encendido.
Alma enamorada.
Tu voz llega en las cartas,
Que dejaste en mi grabadas.
Tu amor de inmenso cielo,
De calma, me abrazabas,
Deslizaban tus deseos,
Me besabas el alma.
Tibia dicha perfumada
De tu encanto dulce.
En ti amada, soñabas.
Me abrazaste el corazón
Y la esperanza,
De este amor hermoso,
Mi ángel, mi sueño todo.
No hay modo de olvidarte.
Me dejaste envuelto
En los recuerdos
Vibrantes, nuestros.
Tu amor, mi amor,
Siempre al encuentro
Cerca
Dulce tu voz late en mí…
Acercándome tu paz,
Letra en poemas tus cartas,
Amante.
Instante de dicha de mi alma,
Transita.
Y el corazón palpita tú luz.
Ángel que me regalas
Tú calma en cada visita
Que te quedas cerca
Amor, dulce amor.
Locura de sueños primeros
Que se durmieron
Abrazados en dos almas
Bañadas de dulzura,
Por besos decididos
De premura y tibieza.
Albas de gestos del deseo
Desafiando el encuentro
De los cuerpos…
Duelo de caricias
A la certera entrega.
Sueños constantes
En vibrante escala
En proceso. Sed.
De nuevos besos creados
En profundidades y bellos
Deambulando en los rincones
De piel dispuestos,
Iluminados al fuego
Inextinguible, eterno.
Presos de amor, infinitos, sin tiempo.
Tú amor, mi amor, eterno.
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CONMIGO
Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez – Venezuela
Desde que tú estás conmigo,
ha cambiado el firmamento
y más dichoso me siento
porque estoy bajo tu abrigo;
en secreto te lo digo
que voy de la dicha en pos
para que escuches mi voz
susurrándote el oído
que yo nunca había tenido
una bella como vos.
Viajo con mis alegrías
como el viento en el planeta
y esa dicha se respeta
en las noches y en los días,
escuchando melodías
y extasiado en lo solaz
por la dicha que me das
con tu actuación cariñosa
tan atenta y tan preciosa,
porque eres buena y capaz.
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CONQUISTA
Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez – Venezuela
Bien te posesionaste de mi ser,
pronunciaré tu nombre hasta morir;
la dicha que me brinda compartir
entre tus brazos, siento renacer
Feliz estoy al ver amanecer
y despertarme en tu precioso lecho
porque lo imaginado ya es un hecho
divino que me hace estremecer.
Es tu amor el sublime acontecer
y el único habitante de mi pecho
que a nuestras vidas, hizo florecer.
Al tenerte conmigo y poseer
tu cariño me tiene satisfecho
y juntos, disfrutamos del placer.
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SEDUCCIÓN
Sandra B. Romeo – Argentin
Escucho a la muerte piropear a mi vida. La sigue, la acosa la espera en las esquinas luminosas y en las otras.
Mi vida se engalana cada día más. Le cree a la muerte cuando le promete congelarla en las certezas de hoy.
Tiemblo.
Mi vida siempre ha buscado certezas.
Y colgada del brazo de su muerte ingrata y ciega, me abandona.
En dónde han quedado esos tiempos, esos años en dónde mi piel era lozana y fogosa. Esos tiempos… Se escabulleron ante tu falta de ganas, ante la opresión que me propinas gozando cuando me ves quemando sola.
Muriendo en vida haciéndome creer que mi cuerpo ha fenecido. Que por haber vivido merezco quedar aislada, en el olvido y la distancia, contemplando en el espejo cómo mi piel se vuelve amorfa, cómo me seco cual si fuera ciruela pasa.
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COMO DUELE TENERLO
Adriana Terán (Poetisa Cálida) – México/Argentina
Cómo duele quererlo tanto… tener que dejarlo, seguir caminando sin incluirlo en mi destino.
La sangre me arde, nada me consuela, el cielo de acuarela con lágrimas me despinto.
Me volví adicta al veneno de sus labios, duele excesivamente el cuerpo cuando tengo que cargarlo.
Ruedo como piedra, sin saber en dónde detenerme desde que no estás aquí, desde que te perdí.
Me duermo en el viento junto a los recuerdos. El amor no se olvida, es tormenta sin rumbo fijo.
Te extraño, no te olvido, veo cómo buscar un equilibrio para el corazón.
Te pido que a ella, no la beses, no la toques cómo a mí, porque nunca beso a otros cómo te besé a ti.
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HISTORIAS DE UN PASADO
Yanni Tugores – Uruguay
Piso estas praderas fértiles y me abraza la añoranza, me envuelve este tibio céfiro de espinillos y retamas. Fue suelo de los indígenas aniquilados con saña, parte de una historia trágica de mi país y su casta. Hoy quedan solo unos símbolos en los parques y las plazas. Cuando los miro nostálgica se me comprime hasta el alma. Miro hacia el cielo ¡tan límpido! El que otrora ellos miraban, veo claras sus imágenes de mi pueblo, de mi raza.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:28:042026-05-28 13:10:03POESÍA – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
La ingratitud deja grietas que solo la palabra sabe nombrar.
COLABORAN
Maren Alberdi – España
Magi Balsells – España
Carlos H. González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Lamberto Ibarez – México
Antonio Morelos – México
Sarah Petrone – Argentina
María Rosa Rzepka – Argentina
Yanni Tugores – Uruguay
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INGRATITUD Maren Alberdi – España
La ingratitud no muerde. Apenas roza. Pero deja un frío antiguo en la parte del pecho que creía a salvo.
No llega como un golpe, sino como un olvido. Un “ya no me acuerdo”, un “no era para tanto”, un silencio que se instala sin pedir permiso.
La ingratitud es torpe: no sabe despedirse, no sabe agradecer, no sabe mirar de frente. Solo sabe irse cuando ya lo diste todo.
Y aun así —qué ironía— no consigue ensuciarte. Porque lo que diste sigue siendo tuyo: tu gesto, tu entrega, tu forma limpia de querer.
La ingratitud revela al otro, no a ti..
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ME VOY
Magi Balsells – España
Con los sentimientos no se puede jugar
Ni con el pensamiento se debe lastimar
Te digo esto para que aprendas a caminar
De tu vida solo la has sabido derrochar
Engañaste a quien te mas te amaba
Mentiste sin perdón como mala mujer
A un hombre que siempre te adoraba
No supiste ni quisiste nada de este querer
Me costo darme cuenta de esta situación
Con tus encantos y remilgos me fascinabas
Pero al final tome una dolorosa decisión
Al verte así, ahora a mis pies implorabas
Me marcho, me voy, de ti no quiero nada
Quédate sola con tus falsas promesas
Ya no hacen mella en mí tu voz amada
Son como un murmullo de cuando rezas
Desperté de este mi amor no correspondido
Llore solitario en la oscuridad de la noche
Mi corazón mucho tiempo ha estado afligido
Me voy yo, aunque mereces que yo te eche
Ahora que en tu mirada aparece el odio
Más tendría que tener yo por lo que he pasado
Te molesta quedarte sin mi, yo con mi calvario
Pero se que con el tiempo todo será olvidado
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MUNDO INGRATO
Carlos H. González Saavedra – Argentina
Ingrato-desagradecido
Poco empático. Palabras del diccionario.
Humano superficial y de malos tratos
Pretende reemplazarnos
Donde la inteligencia artificial
Pretende arrebatar
A escritores y poetas
Arrebatarnos…,
La magia, la vida, el canto.
Luchemos para no ser devorados.
Vivamos en poesía, ante tanto desencanto.
Trabajemos la palabra como artesanos
Silenciosamente, con emoción y relato.
Ante cualquier arrebato
Siempre con emoción, hilamos frases,
como quien cose una herida, en medio del espanto.
Dejamos en cada texto, un pedacito de vida.
Vivir el poesía…,
Es una seria rebeldía, para el que vive
En la superficialidad, de un mundo ingrato.
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INGRATITUD
Elspeth Gormley – España
La ingratitud no avisa. Te sonríe mientras te vacía. Te abraza mientras calcula. Te llama “amiga” mientras afila la puñalada.
Hay personas que entran en tu vida como si fueran un regalo, y tú, confiada, les abres la puerta, les das tu tiempo, tu escucha, tu casa, hasta un pedazo de tu historia.
Y un día —porque siempre llega ese día— te das cuenta de que no eran amigos, eran huéspedes del interés. Eran sombras disfrazadas de luz. Eran Judas con perfume.
La traición no duele por lo que hacen, duele por lo que tú diste. Por lo que creíste. Por lo que apostaste sin imaginar que jugabas sola.
Entonces miras atrás y todo encaja: las medias verdades, los silencios raros, las risas que no eran limpias, las ausencias disfrazadas de excusa.
La ingratitud te abre los ojos de un golpe seco. Te deja sin aire, pero te deja despierta.
Y aprendes. Aprendes que no se pierde un amigo, se pierde un impostor. Aprendes que dos lealtades valen más que cien falsedades. Aprendes que la vida se limpia sola cuando la gente falsa se cae del camino.
Porque al final, la ingratitud no te rompe: te revela. Te deja con menos gente, sí, pero con más verdad.
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LA INGRATITUD
Jaime Hoyos Forero – Colombia
MOISÉS EN EL DESIERTO
(Éxodo 17, 1-7)
Un helado rocío
sobre la hoja aún verde de su frente
delataba su angustia bajo el sol del poniente.
Su brazo estaba firme. Pero el alma temblaba
como llama en el punto en que el viento la apaga.
Señor, si me apedrean –decía- no me importa,
pero la fe del hombre ¿qué base la soporta?
De sed muere tu pueblo en este mar de arena
-Moisés dice al señor- después de tanta pena
soportada en Egipto, después de tantas millas
caminando un desierto sin encontrar orillas,
la fe es llave en la arena que se quedó perdida;
murió ya la esperanza y agoniza la vida.
Y pese a su infinita grandeza, conmovido,
Dios se dijo al oírlo: “mi siervo me ha vencido”.
-Si dices que mi pueblo, Moisés, de sed padece,
agua yo le daré … aunque no la merece.-
Y Jehová, señalando las lejanas colinas
agregó solamente: “levántate y camina”.
Y Moisés pasa en medio de la turba que espera
desesperadamente con actitud de fiera.
Y en Horeb, con su báculo toca la roca dura
y al punto brota el agua con sin igual frescura.
Los hombres se aglomeran como figuras locas,
como un monstruo sediento que tuviese mil bocas.
De Dios ya no se acuerdan, no oran, no dan gracias
como si se olvidaran de todas sus desgracias.
Gratitud es palabra malsonante en la historia
y Jehová ya no tiene cabida en la memoria.
Moisés, viendo a su gente, cae entonces de hinojos
y de agua otra fuente humedece la arena:
las lágrimas dolientes que brotan de sus ojos.
Y triste y silencioso, Moisés a Dios invoca
y comprende el profeta que el corazón del hombre
es desgraciadamente … más duro que la roca.
Pasan siglos y siglos, y a pesar del desprecio,
Dios, clavado en la cruz, alzado sobre Roma,
el agua nos ofrece que brota de su pecho,
más viva, pura y fresca que el agua de la roca.
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ODA A LA INGRATITUD
Lamberto Ibarez – México
Cuando broté a la luz divina de la luz terrenal;
el hambre y la miseria fueron mis aliadas permanentes;
aprendí a vivir con ellas con el ansia de vivir y crecer;
con denuedo luché con dientes y garras paliadas.
Me revolqué en los cienos de la infamia;
vi la hipocresía disfrazada de verdad y no era;
la leí desnuda de los griegos y la mentira vestida
de los oropeles más lujosos de las falsedades.
Me tropecé con la falsedad y la desilusión
y fui oveja que cercenó el lobo en mi ingenuidad;
a pesar de conocer las palabras; endulzaron con miel
y con su enloquecedor canto las sirenas me envolvieron.
Ahora que he aprendido a esquivar el arsenal
bélico que contrae consigo la dura miseria y la infamia;
he aprendido a interpretar las sonrisas de la hipocresía
y cómo se visten; cómo deambulan las vidas humanas.
He mirado a los ojos a la ingratitud y he visto cómo se
desdobla el alma cuando está instalada en el corazón del traidor;
el hacha implacable de la historia los hará ver su propia miseria;
la miseria humana que es la que causa más vergüenza.
Solo me regocija el armónico silencio que me brindan
los niños y jóvenes por los que trabajé de sol a sol;
me alegra el saludo matinal de los labriegos de mi pueblo
con sus aperos al hombro y los hombres de atarraya.
Porque provengo de sus surcos de mis renovales;
a ellos les dediqué mi infancia y mi adolescencia
y me alegra el hecho; de haber contribuido al alimento;
me enorgullece el hecho de haber labrado mi vida.
La ignorancia y la mentira a veces triunfan sobre la verdad;
pero tarde que temprano; la verdad se erguirá altiva
y desenmascara a los fementidos; a los falsos redentores;
a los que creen que lo han logrado todo y son farsantes.
Algún día el polvo del arenal engullido les hará recordar
y caerán arrodillados sobre sus propias excretas;
mis lágrimas son bendecidas por el Gran Arquitecto del Universo;
el cual me hace caminar siempre a escuadra y sin perfección.
Las arenas de mi mar azul, inquieto y proveedor del humilde;
acaricia con suavidad mis mullidas pisadas y es mi aliado,
en horas de tristeza me acaricia, me consuela y me complace;
sumergido a nado abierto besa mi cuerpo desnudo y lo amo.
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LA INGRATITUD DE LOS HIJOS
Antonio Morelos – México
Es la ingratitud de algunos hijos
Pero así es
Fueron nueve meses estuvo cargando
dentro de su cuerpo a un hijo querido,
carga que ella amaba y vivía esperando
que cuando naciera sería él bienvenido.
Llegó el día esperado y el niño nació
la madre feliz y el padre orgulloso,
estaban contentos con mucha ilusión
querían a su hijo para darle todo.
El tiempo pasaba y el niño crecía
los dos procuraban que nada faltara,
el niño contento a su madre seguía
que por sus caricias o lo alimentara.
Después del primero llegó otra criatura,
crecían al parejo los dos hermanitos,
la mamá juraba y el padre es sin duda
que no cambiarían los dos angelitos.
Se hicieron pubertos y empezó el martirio,
ya no comían juntos como antes lo hacían,
si eran cuestionados se hacían ofendidos
sobre esa conducta que antes no tenían.
El tiempo pasaba y todo empeoraba
ya la convivencia se estaba acabando,
muchas noches solos, solitos estaban,
porque sus niñitos vivían trasnochando.
Cuando eran chiquillos juntos merendaban
y en el desayuno y comían así,
ahora ya crecieron de eso ya no hay nada,
y para los viejos, solo es el sufrir.
La mamá contenta y todas las noches
preparaba cena y servía la mesa,
su esposo miraba no tenía reproches
la besa en silencio y le da entereza.
Pasaban las horas y ellos no llegaban
los viejos decían diez minutos más,
dos platillos listos, listos se quedaban
dos platillos que hacen llorar a mamá.
Las horas, los días, semanas y meses,
tristezas y angustias traían a los dos,
solos en la casa como tantas veces,
miraban llorando el vacío portón.
Todas las mañanas con incertidumbre
buscan con anhelo hallar su alegría,
llegaban al cuarto como de costumbre,
más este está solo y la cama vacía.
Sus rostros demuestran tristeza infinita,
dos lágrimas ruedan quemando su piel,
se ve él muy nervioso y ella cansadita,
pero esperan juntos que cambien de ser.
De regreso juntos van a la cocina,
la mesa con gusto ponen otra vez,
se miran nerviosos pero su fe viva
de que ellos regresen para su vejez.
A veces llegaban con gesto de enfado
ella muy contenta sonriente ofrecía,
los ricos platillos que había preparado
y ello qué insolentes ni caso le hacían.
Contentos los viejos porque los tenían
en casa aunque fuera solo aquella noche,
porque ya como antes no se convivía,
eso que importaba no hacían un reproche.
Seguros que juntos todos estarían
tomando los cuatro delicioso almuerzo,
que ella cocinara con gran alegría,
pero se marcharon sin darles ni un beso..
Llorando en silencio solo se miraban
tocando las tazas puestas en la mesa,
entendieron todo que solos quedaban,
solo acompañados de su gran tristeza.
Eso pasa siempre al crecer los hijos,
si viven los viejos, son abandonados,
si ya se murieron se rompe aquel hilo
ese que de niño los guió con cuidado.
Ya aquel desayuno solitos tomaron
lo habían preparado con gran ilusión,
los panes benditos allí se quedaron
en aquella mesa tan llena de amor.
Esto no es ahora lo que está pasando,
ha pasado siempre y así pasará,
tus hijos pequeños te vives cuidando
pero ya crecidos te abandonarán.
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INGRATITUD
Sarah Petrone – Argentina
Supo que era amor, pero esquivó el abrazo,
sintió su corazón temblando de alegría,
desoyó la voz que se quedó llorando
abriéndose al dolor del que se hizo amigo.
Sabía que era amor, pero no hizo caso,
no supo discernir lo bueno que perdía
por permitir ganar los egos que lo ahogaban
cayó en la depresión más cruenta de su vida.
De nuevo en la pendiente secreta del letargo
solo la ingratitud rondó en la inmerecida
simpleza del calor de nuevas madrugadas,
entonces añoró lo que ya no tenía.
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TREINTA MONEDAS
Sarah Petrone – Argentina
Treinta monedas de plata
bastaron para tentar
la infamia que fue incitar
un sentimiento impiadoso
igual que animal rabioso
herido en muerte brutal.
Ya nada pudo cambiar
el destino del destino,
los tiempos fueron testigos
de tamaña indignidad,
un justo supo pagar
con su vida ese desprecio
que fue de muy caro precio,
tanto más que la maldad.
La noche se cierne y gime
bajo un cielo que solloza,
la voz que ahora se oye,
la que no quiso escuchar
carga en su soledad
en la angustia que castiga
con treinta monedas viles
matando al Dios de la Paz.
La espera larga termina
al alba que se demora,
no quedan sombras, ahora,
cuando brilla la Verdad
que con tanta liviandad
se ha ocultado. Redimida,
la voz de Cristo ha surgido,
la ingratitud va por detrás.
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SER UNO MÁS, NO SOLAMENTE UNO María Rosa Rzepka – Argentina
La ingratitud es fruto amargo y sucio. Es sembrado a conciencia, no al descuido. El alma es como cuenco en que se vuelcan aguas servidas, deshechos y residuos. Cuesta tanto deshacerse de esa carga como dejar atrás los daños recibidos. Que se transforme en gratitud implica tanto vaciar de toda envidia nuestra mente, extirpando rencores que amenazan convertirnos en autosuficientes. La ingratitud no suma, resta siempre. Indigna, hiere, sigue el sendero de la muerte. El amor transita hacia la paz generando proyectos que aparecen, otorgándonos la gracia de crear, de creer que, siendo vulnerables, el coraje nos permite crecer. Sentirnos fuertes; que somos parte del racimo, que una gota es sequía, más la lluvia reconforta y sostiene a través de muchas gotas. Comunión al compartir. Dejar brillar la luna. Ser uno más. No solamente uno.
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FALSEDAD
Yanni Tugores – Uruguay
Te di mis besos, mi risa, mi tiempo, noches llenas de amor, mi paz y mi silencio. Puse el pan en tu mesa al oír tu tormento. Cobijé en el nido de mi pecho tu dolor y tu miedo, no pedí que cambiaras, solo albergué el anhelo, que quizás, algún día, tú me amaras. Fui refugio de seda de tus lágrimas
vi luz en tu mirada, no vi tu vida fátua. Te di mi corazón el tuyo no latía, sentí que eran las penas tan tuyas como mías. Coseché tus promesas en el viento palabras todas huecas, y llenas de secretos. ¡Me advertían! Más yo no hice caso. Bebí el cáliz muy falso de un lamento
y mi fe se truncó, como se trunca el eco, de la voz que le falla a las promesas
con sonidos ajenos. El jardín que regué de juramentos y donde antes cantaba la alegría,
ahora yace seco ya no tiene vida.
Estoy sola, ¿por qué tu ingratitud? Navego en mar amargo pesada es esta cruz. Construí con confianza todo resultó falso, todo se desmorona hasta el más simple abrazo.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:26:582026-05-26 16:15:04LA INGRATITUD – POEMAS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
Hay raíces que sostienen incluso cuando nadie las honra. Maren Alberdi
COLABORAN
Maren Alberdi – España
Enrique Fredy Díaz Castro – México
Carlos González Saavedra- Argentina
Elspeth Gormley – España
Juan José Izaguirre – España
Nuri Montenegro – Ecuador
Ana Unhold – Argentina
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LA INGRATITUD: ESE VIEJO ANIMAL DOMÉSTICO
Maren Alberdi – España
Hay palabras que una aprende tarde, casi por obligación. La ingratitud, por ejemplo.
No porque no exista —existe desde que el mundo es mundo— sino porque una, durante años, insiste en creer que los gestos tienen memoria, que el cariño deja huella, que la gente recuerda quién le sostuvo la mano cuando el suelo temblaba. Qué ingenuidad tan hermosa y tan inútil.
La ingratitud no llega como un golpe. Llega como un silencio. Como una silla vacía que antes estaba ocupada. Como un mensaje que no se responde. Como una mirada que te atraviesa, como si fueras un mueble que ya no combina.
No hace ruido, pero desordena. No hiere, pero desgasta. No mata, pero afloja algo por dentro.
Y sin embargo —y aquí está el misterio— la ingratitud no dice nada sobre quien la recibe. Dice todo sobre quien la ejerce. Es un espejo que devuelve la pobreza emocional del otro, su incapacidad para sostener vínculos, su torpeza para reconocer lo que le fue dado sin factura.
Una aprende, con los años, a no pedir agradecimientos. A no esperar aplausos. A no reclamar lo que no llega.
Pero también aprende a cerrar puertas con suavidad, sin ruido, sin explicaciones. Porque la ingratitud no merece escándalo: merece distancia.
Y en esa distancia, curiosamente, una recupera algo que había perdido sin darse cuenta: la dignidad de seguir dando, pero ya no a cualquiera. La serenidad de elegir mejor. La libertad de no repetir la misma lección. La lucidez de no quedarse donde no hay retorno.
La ingratitud es un animal doméstico: vive en todas las casas. Pero no todas las casas la alimentan. Yo, al menos, ya no.
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FUEGOS FATUOS — Relato inspirado en el poema de mi autoría
Enrique Fredy Díaz Castro – México
La modernidad había levantado sus muros altos y brillantes, tan llenos de novedades como vacíos de raíces. En medio de ese mundo acelerado, muchos viejos —y no tan viejos— empezaron a notar algo inquietante: los valores que antes sostenían la vida cotidiana parecían desvanecerse como humo.
En otros tiempos, un niño aprendía en casa, casi sin darse cuenta, la ternura, el respeto, la disciplina. Eran enseñanzas sencillas, transmitidas en la mesa, en la calle, en la escuela. Hoy, sin embargo, esas mismas enseñanzas parecían reliquias de un pasado ingenuo, casi una subcultura que algunos miraban con desdén.
La ingratitud se había vuelto un ejemplo doloroso. Hijos que hablaban a sus padres como si fueran estorbos; jóvenes que olvidaban quién los sostuvo cuando no podían sostenerse solos. Y ese olvido dolía, taladraba, dejaba cicatrices invisibles.
Tampoco entre amigos o compañeros asomaba ya el gesto sencillo del agradecimiento. Para muchos, lo material era primero; el afecto, un lujo prescindible. Un “buenos días”, un apretón de manos, una sonrisa franca… parecían imposibles en medio de la prisa y la apatía.
Los mayores se miraban entre sí, desconcertados.
—¿Qué les pasa a estos chamacos? —preguntaban—. ¿En qué fallamos como sociedad?
Mientras tanto, la vida seguía su curso: familias sin modales, hogares sin tiempo, costumbres vacías que se repetían sin alma. La apatía se había convertido en refugio, en excusa, en hábito.
Y, sin embargo, no todo era nuevo. La violencia, por ejemplo, siempre había estado ahí, desde que el ser humano es ser humano. Pero ahora parecía distinta: más inmediata, más gratuita, más normalizada. Se agredía a animales por diversión, se contaminaban ríos sin remordimiento, se encendían conflictos por cualquier cosa.
Para colmo, muchos sentían que las leyes protegían más al agresor que al agredido. —Derechos Humanos —decían algunos—. Pero ¿y los derechos del que solo se defendió?
En medio de ese panorama, una idea volvía una y otra vez, como un eco: quizá habría que retomar los viejos manuales, aquellos que enseñaban respeto, responsabilidad, límites, humanidad. No para volver al pasado, sino para no perder el futuro.
Porque, al final, muchos de estos comportamientos —esta ingratitud, esta apatía, esta violencia sin freno— parecían eso: fuegos fatuos, destellos pasajeros que confundían, que deslumbraban, pero que no podían sostener una vida digna ni una sociedad justa.
Y el relato se cerraba con una certeza sencilla: si queremos un mundo con sustento, habrá que volver a sembrar lo que nunca debimos dejar de cuidar.
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ENFURECIDA
Carlos González Saavedra – Argentina
Después de caminar tranquilamente por la vereda, vi su silueta a lo lejos y su andar cansino, inconfundible.Una furia me invadió, tome un caño de un negocio y corrí a su encuentro, enfurecida.Iba dispuesta a partirle la cabeza. Algo me detuvo, no se que.
Han pasado muchos años esperando este momento, pensé y me dispuse a seguirlo al menos para saber donde iba y ahí esperar la oportunidad.
Se dio cuenta o percibió que lo seguía.
Siempre fue muy sagaz, habia estado un paso delante de todos, y esta vez no era la excepción.
Este sujeto habia tenido a toda mi familia en vilo durante años.
Papa al quedarse sin trabajo, acudió en su ayuda. Con el fin de contar con un préstamo para poder solventar los gastos de la casa hasta que consiguiera un nuevo trabajo.
Hipotecamos la casa familiar con la promesa devolver el dinero en dos años.
José Inverso, no tenía escrúpulos y abusaba de la buena fe y de la ignorancia de la gente de trabajo.
Recién llegado de Italia, papa habia ayudado a su padre a construir una piecita donde viviría en su juventud, mientras terminaba sus estudios.
Ayudo a toda su familia y lo sostuvo en momentos difíciles.
Siempre había un plato de comida para Inverso y familia.
Sin embargo, no tuvo valor alguno, ni consideración, a la hora de rematarnos la casa.
Poco le importo mis hermanos más chicos y mama con dificultades en la columna para desplazarse. Termino en sillas de ruedas.
Jamás entendí tanta ingratitud.
Pensé algún día te encontrare.
Como hija mayor habia tenido que salir a estudiar y limpiar casas.
Por suerte después de tres años, me recibí de enfermera y trabajada en el dispensario y en hospital.
Salía de uno y entraba en otro. Trabajaba quince horas por día. Sin sábados, ni domingos los primeros dos años.
A poco de andar perdí de vista al prestamista y cansada me senté en un macetero.Pense en volver a casa.
Lo vi salir de la farmacia y sigilosamente lo comencé a seguir.Entro en el hospital, no se lo veía bien, pero caminaba derecho.
Poniéndome el delantal, pregunto en la guardia por el.
-Le están tomando la presion, parece que no se siente bien me informan.
Preparo nerviosamente, en el baño, una jeringa, un frasco de potasio, y quedo aguardando que lo acuesten en la camilla de sala de guardia, prácticamente, al lado del baño.
Miraba por el pasillo, si alguien me habia visto. Justo ese día estaba de franco, estaba completamente, fuera de día y horario.
Finalmente viene el medico, toma la presión le da una pastilla y aconseja que descanse, en lo posible que dormite, en media hora volvía y le tomaría nuevamente, haber si habia bajado. Acusaba 24-9.
Espiaba de vez en cuando si el pasillo estaba vacío y alguien lo acompañaba.
Me apoyo sobre la puerta pido al cielo que me ayude con esto y cargo el potasio en la jeringa. Totalmente conmocionada, me tiemblan las manos, pero mi paso firme marca mi rumbo. A no aflojar, ahora que estoy tan cerca. Pienso.
En ese momento miles de fragmentos de recuerdos, perdidos vuelven a mi mente. Recuerdo a papa, vencido con sus ojos escarchados tratando de consolar a mama en su silla de ruedas.
Horas sin sueño, desazón, llantos, angustias, mama y papa entregados a la buena de Dios. Desconsolados al enterarse que habíamos perdido la casa Mis hermanos miraban asombrados con lágrimas en los ojos como el oficial de justicia ordenaba el desalojo, tirando todo en un camión de la municipalidad.
Finalmente el club de barrio nos presto un galpón, allí fuimos.
Yo sin saber que, ni cómo hacer, para sostener a mi familia, la que me habia dado todo.
Salimos adelante con la ayuda de los vecinos que contuvieron a mis hermanos y mis padres, que seguían desvastados.
Recuerdo que Inverso estaba presente.
Conmovida pedí-¡Piedad José!
-¿Para que piden dinero, si no pueden pagar? Me contesto con voz metálica.
Mientras apretaba los dientes de bronca, silenciosamente.
Dije: ¿Porque eres tan ingrato? Mirándolo a los ojos.
Nada, contesto.
Entré decidida a la habitación, dormitaba, tenía la bolsita con suero, inyecto en el suero todo el frasco de potasio.
Salgo raudamente, cuelgo mi delantal en un perchero cualquiera y gano la calle.
Un aire fresco inunda mi rostro, respiro profundamente y exhalo como abandonando tantos años de angustia. Ese día habia cambiado mi vida.
Pude demostrarme a mi misma todo lo que era capaz de hacer por mi familia.
Llego a casa, agotada y contenta mis hijos preguntan
-Estas bien bien mama?
-Siii, nunca estuve mejor
Pasaron dos días y en el diario local, informan del desafortunado desenlace que ha tenido el Sr. José Inverso al internarse en el hospital por un problema de presión.
La autopsia indico que murió por muerte natural.Nada hacia pensar en su deceso.
Sin embargo el fiscal abrió la investigación nuevamente por muerte dudosa.
Motivado por encontrarse un frasco vació de potasio y un par de guantes quirúrgicos
Un testigo afirma haber visto un señor salir raudamente de la habitación en situación sospechosa. El mismo es buscado intensamente de acuerdo a la descripción del testigo.
Al mes, una placa recordatoria en la plaza principal, homenajeando a José Inverso, una persona desinteresada y benefactora del hospital.
Por mi parte seguí con mi tarea de enfermera .Al mes fui nombrada, jefa de enfermería por mi abnegación y asistencia al los enfermos.
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LA INGRATITUD
Elspeth Gormley – España
La ingratitud no llega como un portazo. Llega como un murmullo. Como un “oye, ¿y lo mío para cuándo?” dicho con la boca llena de exigencia y las manos vacías de gratitud.
Yo lo he visto tantas veces que ya podría reconocerla por el olor: esa mezcla de prisa ajena, ego inflado y memoria selectiva.
Publicas a alguien con cariño —con tiempo robado a tu propio descanso, con cuidado, con mimo— y durante un instante crees que ese gesto va a resonar en algún lugar. Pero no. A veces lo único que resuena es la queja.
Que porque no sale mi foto.. Que si el texto debería ser más largo. Que si por qué no salen antes que otros. Que si faltaba esto, que si sobraba aquello. Y, por supuesto, ni rastro de un “gracias”. Ni uno. Ni medio.
La ingratitud es así: no muerde, pero desgasta. No grita, pero invade. No hiere, pero te deja una sombra en la piel.
Y lo peor no es lo que hacen. Es lo que te hacen pensar: que quizá fuiste tú quien dio demasiado, quien abrió demasiado, quien creyó demasiado.
Pero no. La ingratitud no habla de mí. Habla de ellos. De su pobreza emocional, de su incapacidad para sostener un gesto sin convertirlo en deuda, de esa torpeza tan suya para reconocer lo que reciben sin exigir más.
Yo ya no discuto. Ya no explico. Ya no justifico.
He aprendido a cerrar puertas con la misma suavidad con la que antes las abría. A dejar que cada cual se quede con su ruido. A no alimentar animales que no saben convivir.
Porque al final, la ingratitud es eso: gente que recibe más de lo que da, y aun así se permite exigir. Personas que convierten un gesto generoso en una obligación, y un regalo en un derecho adquirido. Y cuando ya no pueden sacar nada más, simplemente te dejan con el eco de su silencio, como si nunca hubieras estado ahí.
Sigo dando —sí—, pero no a cualquiera. Sigo publicando —sí—, pero no para quien confunde generosidad con obligación. Sigo abriendo espacio —sí—, pero solo a quienes saben que un “gracias” no cuesta nada y, sin embargo, lo cambia todo.
La ingratitud se queda fuera. Yo, dentro. Y la puerta, por fin, en paz.
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EL PERRO QUE ESPERABA
Juan José Izaguirre – España
Durante años, él fue su sombra. La seguía por la casa con ese trotecito alegre que solo tienen los perros que aman sin medida. La esperaba junto a la puerta cada tarde, como si el mundo entero cupiera en ese instante en que ella metía la llave en la cerradura. Dormía a sus pies cuando estaba triste, y ladraba a cualquiera que se acercara demasiado cuando ella tenía miedo.
Él no sabía de horarios, ni de cansancio, ni de decepciones humanas. Solo sabía querer.
Ella, en cambio, fue cambiando. Primero llegó el trabajo nuevo, luego la pareja, después la mudanza. Y con cada cambio, el perro fue ocupando menos espacio en su vida. No en la casa —en la vida. Que es donde realmente importa.
El día que hicieron las cajas, él las olió todas, moviendo la cola, creyendo que era un juego. Ella lo miró de reojo, como si le pesara algo que no quería pensar. —No puedo llevarte —murmuró, sin mirarlo a los ojos. Él ladeó la cabeza, como hacen los perros cuando intentan entender lo que no entienden.
Lo dejó en un refugio pequeño, diciendo que “no tenía sitio”. El perro, sin comprender, se quedó sentado frente a la puerta por la que ella había salido. No lloró, no ladró, no hizo escándalo. Solo esperó. Porque los perros esperan incluso cuando ya no hay nadie que vuelva.
Los voluntarios del refugio decían que era un perro bueno, noble, de esos que parecen pedir perdón por existir. Comía poco, dormía mucho, y cada vez que alguien abría la puerta, levantaba la cabeza con un brillo que se apagaba en cuanto veía que no era ella.
Pasaron semanas. Pasaron meses. El perro seguía esperando.
Un día, una niña se acercó a él con una galleta en la mano. Él la olió despacio, como si temiera romper algo. La niña lo abrazó sin miedo, y él apoyó la cabeza en su hombro, cansado, rendido, pero todavía capaz de amar.
La adoptaron esa misma tarde.
Y aunque nunca volvió a mirar hacia la puerta del refugio, aunque aprendió a dormir tranquilo y a correr por el jardín como si la vida empezara de nuevo, algo en sus ojos quedó marcado para siempre: esa herida silenciosa que deja la ingratitud de quien fue todo… y decidió no ser nada.
Porque los perros no saben odiar. Pero sí saben recordar.
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RELATO DE LA GRATITUD.
Nuri Montenegro – Ecuador
Ella miró por la ventana: eran las 17:57. Observó la luna clara y resplandeciente y susurró: “Es luna llena”. Entonces recordó a su amor, aquellas noches en que ambos la contemplaban y el ambiente se llenaba de ternura. Sonrió con nostalgia y sintió gratitud; agradeció a Dios por haber puesto la luna en cada uno de sus encuentros, como un puente silencioso entre sus corazones. Comprendió que, en la distancia, la luna seguía siendo su puerta de unión, el testigo fiel de un amor que no se apaga, que resiste el tiempo y siempre encuentra la forma de sentirse cerca.
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INGRATITUD
Ana Unhold– Argentina
La ingratitud no es olvido: es una elección. Se expresa en gestos concretos, en el desdén o la indiferencia frente a los esfuerzos ‒ a veces sacrificios ‒ de otros. A lo largo de la vida todos recibimos actos de generosidad. Algunos responden con agradecimiento puntual; otros adoptan la ingratitud como una forma de estar en el mundo. Y eso es más grave. Soy escritora y artista plástica. He tenido maestros notables, generosos, de esos que dejan huella. Durante años, en Bogotá, me formé con ellos. Tiempo después ,ya en Argentina, una pareja se irritaba cada vez que yo los mencionaba en una presentación o en una inauguración.
No entendía por qué debía agradecer: según él el talento era únicamente mío. Esa escena, repetida, me reveló algo más profundo: la ingratitud puede disfrazarse de afirmación personal. Pero en el fondo es una forma de negación del otro, una traición silenciosa. Creo que los talentos, son, en parte, préstamos. Los desarrollamos, sí, pero no nacen en el vacío. No es un problema menor: atraviesa la vida privada y también la pública. La historia está llena de figuras que ampliaron derechos o mejoraron la vida de otros y, sin embargo, recibieron a cambio olvido o desprecio. Ningún atleta llega solo. Sin embargo, no todos eligen recordar: algunos agradecen y nombran; otros se atribuyen el logro como propio. En ese gesto mínimo ‒nombrar o borrar‒ hay una ética.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:25:512026-05-26 16:15:56LA INGRATITUD – RELATOS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
“Historias que se escriben solas cuando alguien se atreve a recordarlas.” E. Gormley
COLABORAN
Maren Alberdi – España
Magi Balsells – España
María Elena Camba – Argentina
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Inés Dagand- Argentina
Elspeth Gormley – España
Andrea Morini – Argentina
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Graciela Reveco – Argentina
Sandra B. Romeo – Argentina
BASERRI: DONDE EMPEZÓ MI MUNDO
Maren Alberdi – España
Había un lugar donde la vida tenía otro pulso. Un latido más lento, más hondo, más antiguo. Ese lugar era el baserri.No era solo una casa: era un modo de estar en el mundo. Una forma de mirar. Una memoria que no se borra.
Dicen que el baserri es símbolo de nuestra historia, de nuestra cultura, de la manera en que entendimos la vida durante siglos. Y es verdad. Pero para mí, además, fue mi primera patria.Mi infancia transcurrió entre el mar y aquel caserío que quedaba a unos kilómetros de donde vivíamos. Entre semana, ciudad y colegio.
Los fines de semana, tierra, barro, animales, humo de leña y la voz de mi amona llamándonos a la mesa
.Ella administraba todo: la casa, la economía, el huerto, los animales, los remedios, el tiempo y hasta el silencio. Era una mujer de esas que ya no se fabrican: firme, digna, trabajadora, callada, con un amor que no hacía ruido pero lo sostenía todo.Mi amona no hablaba mucho.
Miraba, observaba y callaba. Y en ese silencio suyo había más sabiduría que en cien libros. Cuando preparaba la mesa, era como si encendiera el hogar. Colocaba los platos con una delicadeza que parecía un rito. Su voz era abrigo. Su gesto, la entrada. Y nosotros, alrededor, éramos un pequeño país que solo existía allí.
Yo, pequeñita, corría por el prado creyendo que el mundo cabía a su lado. Ponía nombres de reinas a las gallinas y les inventaba vidas pequeñas.
Las vacas me miraban con esa calma de siglos que tienen los animales que han visto pasar generaciones.
Y el campo… el campo era un libro lleno de sigilos.Las manos del caserío —las de mi amona, las de mi madre, las de mis tías— siempre estaban encendidas. Amasaban el pan. Sostenían las vidas. Preparaban ventas. Cuidaban la tierra.
Y yo aprendía, sin saberlo, el pulso que al alma se aferra. Aquel baserri fue escuela y refugio. Mi mapa y mi influjo. Mi raíz más honda.
Hoy cierro los ojos y vuelve el sonido: el crujido de la madera, el golpe del cubo contra la piedra, la risa de mis primos al correr en bicicleta, el olor a sopa recién hecha y ese aroma inconfundible de la leche recién ordeñada, mezclado con el aliento dulce de los manzanos del prado
.Y entonces aparece ella: mi amona, con su pañuelo en la cabeza, su saya y su delantal siempre limpios, y esos ojos verde oliva que no necesitaban hablar para decirlo todo.
Vuelve mi amona. Vuelve su mesa. Vuelve el caserío entero.Y entonces lo entiendo: no importa cuántos años pasen ni cuántos lugares visite.
Mi origen está allí, en ese caserío que me enseñó que la vida se sostiene con manos firmes, silencios sabios y un amor que no presume, pero nunca falla
Baserri = caserío vasco
Amoma= Abuela en euskera
UNO DE TANTOS
Magi Balsells – España
Mientras la fina y pertinaz lluvia sigue cayendo sobre mi encorvada espalda, la cual tengo protegida con un plástico , debajo del cual mis pobre pertenecías de ropa, se estan empapando poco a poco , y la vez penetran suavemente hacia mi cuerpo deprimido y ajado por las circunstancias de mi triste existencia de la cual no doy culpa a nadie sino a mi solo, ya que no fueron quizás circunstancias sino malos momento que cualquiera puede pasar y por falta de experiencia ocurre lo que a mi en estos momento me esta pasando,
No tengo casa, vivo en los portales , o debajo los arcos de algún lugar escondido, como en este momento en que estoy en el pórtico de un templo, a resguardo de esta fastidiosa humedad, esperando que amaine este aguacero para poder ir en busca de mi sustento en una casa de caridad en la cual con muy buena fe , por lo menos un plato de sopa caliente me dan y si hay suerte puedo conseguir alguna vianda mas, buenas personas estas monjitas, entiendo que hacen lo que pueden, pero claro mis necesidades como las de muchos como yo, son superiores a las atenciones que recibimos , después tendré que buscar cobijo , en algún lugar en el cual quede un poco resguardado de la frialdad de la noche, llevo mis pertenencia encima mío igual que mi casa , es de cartón, hoy tuve suerte encontré una gran caja que me permite ponerme por entero en su interior, taparme con esta vieja manta que me dieron no recuerdo quien, ya que muchos días fue cuando ocurrió, esta sucia , pringosa, no se si huele mal, es igual , nadie vendrá a taparse con ella, solo yo y por que no tengo otra cosa ni puedo comprarla, no tengo dinero si algo recojo de alguna alma bondadosa, solo me sirve para comprar algo de pan
Y si no esperar que cierren la panadería y me den lo que les sobro del día, poca cosa, pero algo es para alimentar mi maltrecho cuerpo, también voy por los mercados , no ha pedir , aunque alguna vez tiendo la mano y pocos depositan algo en ella, pero si en las paradas de fruta, en ellas siempre hay piezas defectuosas o en no muy buen estado, , me hacen un pequeño paquete, con diferentes tipos de fruta, , no soy muy recatado en comerla toda , y agradecerles con mis mejores palabras la atención, a veces no hay fruta en estas condiciones, pero siempre hay alguna cosa, me conocen y saben que con cualquier detalle me conformo por misero que sea para mi siempre es un tesoro
Tengo que dejaros sino llegare tarde a buscar mi sopa y parece que el tiempo amaino,
Recojo mis bártulos y parto lo más rápido que puedo, no sea cuestión que me quede sin mi ración, aunque es poca y pobre siempre es de agradecer
UN MENSAJE
María Elena Camba – Argentina
Patricia estaba en la oficina y decidió mirar su facebook para distenderse. Era la segunda vez que esa mujer se contactaba.. Quería comunicarse con José. El no le contestaba y al verla en todas las fotos etiquetada a su lado, decidió escribirle. Cuando legó a su casa le comentó a José. La miró sorprendido y desvió la vista. -Es una mujer loca, olvidate de ella, le dijo. Patricia se preguntó cuánto sabía de su pareja. Lo había conocido en un curso de náutica hacía diez años. Era mucho mayor, siempre le gustaron los hombres más grandes. Había cursado la universidad en España y regresó al país ya recibido. A pesar de su advertencia , decidió contestar el mensaje. Le preguntó a Mercedes, así se llamaba la madrileña, por qué necesitaba comunicarse con José. Miró su perfil, una linda mujer, más grande. Cerró el face y se dedicó a trabajar. Llegó tarde a casa. Su marido la estaba esperando con la cena y el malbec que tanto le gustaba. No hicieron el amor, estaba agotada. Apagó la luz. Sonó su celular, entraba un mensaje. Tapó la pantalla del teléfono con la sábana. José dormía profundamente. Era un mensaje de Mercedes, lo leyó. José es el padre de mis cuatro hijos. Los chicos no quieren saber nada con él pero creo que lo justo es que les deje algo a ellos. Todos estos años los mantuve como pude. Por eso quiero hablar con él
UNA TAZA DE CAFÉ RECIÉN MOLIDO
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Lena abre la bolsa y toma el que piensa que es el último pedazo de champurrada pero, para su sorpresa un puñado de pedazos más pequeños se revuelve con el pozolero. Asombrada cierra los ojos y vuelve a mirar dentro de la bolsa, aquello parece un gran guindo. Con urgencia otra vez cierra los ojos deseando que al abrirlos no encuentre de nuevo la gran hondonada, pero ahí está, inamovible, para entonces Lena ha entrado en un estado de estupor como la primera vez que vio la tierra roja de Salamá.
Algo la sacude, su respiración cambia de ritmo y siente como ahogarse con su propia saliva, desesperada hace el esfuerzo de tragar, pero hay un nudo de sal atrancado que se desmorona cuando siente el leñazo en la nuca y de sopetón comienza a rodar en los barrancos de la memoria. Cae a culumbrón] en el sabor de las mañanas de su infancia. Ahí está de nuevo la imperdible, tan puntual e insobornable nostalgia que la lleva a lugares que están refundidos en saber qué recovecos de los años juidos
Para qué púchicas se pronuncia, poniendo el enojo de pretexto, de nuevo con sus once ovejas para no declararse culpable de extrañar. Envalentonada solita se pone al brinco exigiendo que la esculquen y todo para no decir en voz alta que, como muchas otras almas la suya también añora de cuando en cuando. Se agarra el pelo en una cola, lista para la pelea y mete el pedazo de champurrada en la taza de café y como ya ha agarrado aviada también el pozolero de la bolsa, a gusto comienza a sopear con la cuchara.
Un pensamiento inmoral se le cruza por la cabeza, si la vieran sus amistades de ahora sopeando champurradas en una taza de café, la negarían como unas Judas. Más aterrada aún se pregunta qué dirían si supieran que su verdadero nombre es Magdalena.
¿Magdalena?, exclamarían en coro. Sí, como el pan, les contestaría.
No, pero es que más Judas que ella misma no hay, es toda una doble cara de las dobles caras de la clica de las Iscariotas, le replica de nuevo ese pensamiento inmoral que aparece siempre en el momento menos esperado, como la menstruación cuando se lleva ropa de color claro. Porque dicho está que a veces los pensamientos esos metiches la ponen en aprietos, con sus cosas inservibles como las fumadas esas de la dignidad, el respeto y otras hierbas. Cosas que solo le estorban, como las esquinas de las uñas del dedo meñique de los pies, que se ponen ahí de grandes mártires, pidiendo que no les pongan tacones apretados porque las lastiman. Já, lastimada estoy yo, exclama Magdalena en voz alta, pero al instante cierra el pico y vuelve a pensar para sus adentros, porque es mejor que nadie escuche lo que la memoria y su conciencia tienen qué decirle acerca de sus mañas de loca desquiciada.
Por ejemplo, si ya olvidó cuando de niña, descalza, acostada en la hamaca escuchaba a las chicharras cantar mientras sopeaba su tortilla tostada con banano en su taza de café recién molido, en casa de sus abuelos mientras su mirada se perdía en la majestuosa Sierra de las Minas.
Lena entonces vuelve en sí después del trance tan deplorable en el que la dejó el leñazo en la nuca, tira el café con la champurrada en el inodoro, agarra un yogurt del refrigerador y se va al gimnasio, donde quedó de juntarse con sus amigas para la clase de yoga e ir después a tomar jugos verdes al bar de jugos de Titi, que su nombre real es Margarita María del Carmen.
VIENTO QUE RECUERDAA, VIENTO QUE SOSTIENE
Inés Dagand – Argentina
Relato-testimonio
Hoy el viernes amaneció con un viento terco, de esos que parecen querer llevarse nuestros pensamientos lejos, como si supieran que a veces pesan demasiado. Y la lluvia, fuerte, insistente, cae con esa manera suya de limpiar lo feo, lo malo, lo que se nos pega sin pedir permiso.
Mientras la escucho golpear contra las ventanas, me acuerdo de cuando era joven. Mi padre salía con aquel tanque con canilla, juntaba el agua de lluvia como si fuera un tesoro. Con esa agua nos lavábamos la cabeza, y yo juraba que nunca había nada más puro. También teníamos un molino bombeador, porque él tenía quinta. Qué tiempos felices fueron aquellos. La niñez siempre vuelve cuando llueve fuerte: vuelve en olor, en imágenes, en un latido.
Y hoy, poeta, el viento no deja de soplar. Sopla tanto que parece música, una música rara, fría, que anuncia un invierno adelantado. Nos enferma con gripes que llegan antes de tiempo, sin avisar. Pero no queda otra que enfrentarlo, como se enfrenta todo lo que llega sin pedir permiso.
A veces pienso que si pudiera ser golondrina, volaría hacia donde está el calor y no conocería el invierno. Pero no, yo soy más bien calandria: la que se queda en su nido aunque azote el temporal, la que resiste, la que canta igual aunque el cielo esté gris.
Por eso te pido, Inés, mándanos un rayo de sol. Uno pequeño, uno tibio, uno que ilumine nuestras mentes con poesía. Con mar. Con campo. Con olor a hierbas recién mojadas.
Un abrazo lleno de nostalgias y sueños. De esos que no se pierden con el viento.
EL FANTASMA QUE TEMIA A LOS RATONES
Elspeth Gormley – España
Cuando heredé una pequeña casuca en una aldea de Galicia, supe que aquel lugar sería mi refugio. La casa, rodeada de bosque y con un arroyo que cantaba entre piedras, necesitaba apenas unos arreglos. La preparé con lo justo: una cocina de gas, una nevera de hielo, un colchón nuevo, velas para la noche y un pequeño huerto. Me hice de gallinas, una cabra y un perro fiel. Vivía como una asceta feliz, escribiendo en silencio mientras el bosque respiraba a mi alrededor.
Pero algunas madrugadas escuchaba ruidos en la buhardilla: carreras, golpes, y al amanecer, un ratón muerto bajo el ventanuco. Pensé en buscar un gato, hasta que una noche vi una luz azulada moviéndose arriba. Subí sin miedo.
—¿Quién eres? —pregunté.
Una voz temblorosa respondió:
—Soy Gregorio, el carpintero de la aldea. Marché con la Santa Compaña, pero me perdí. Habito aquí hasta que otra alma venga a buscarme.
Me contó que los ruidos eran culpa de los ratones.
—Siempre me dieron miedo —confesó—. Con la fuerza de la mente levanto una escoba y los aplasto.
Le prometí traer un gato. Y así empezó nuestra amistad.
Gregorio bajó a la planta baja. Su luz solo se veía de noche; de día el sol la apagaba. Me ayudaba en todo: movía sillas para arreglarlas, regaba el huerto haciendo volar un cubo lleno de agua, ordeñaba la cabra dejando caer chorros blancos en el cubo. El perro, al principio asustado, terminó moviendo la cola cuando veía descender la luz por la escalera.
Hablábamos mucho. Le pedí que me contara sobre su tierra. Su luz brilló más fuerte mientras hablaba de castros, dólmenes, meigas y la Santa Compaña. Galicia —decía— era un territorio mágico, lleno de almas antiguas.
Llegó la Noche de San Juan y fui invitada a una queimada. La ceremonia, entre brumas, orujo ardiendo y conjuros de meigas, me dejó fascinada. A la vuelta, ya de madrugada, me detuve en una casuca para pedir agua. Una anciana vestida de negro me abrió la puerta.
—Te esperaba, rapaciña —me dijo—. Nos conocemos desde hace quinientos años. A las dos nos quemaron en la hoguera. Tú tenías un lunar en la espalda.
Me marché temblando. No creía en supersticiones, pero ¿cómo sabía lo del lunar? Al llegar a casa, Gregorio me esperaba. Le conté lo ocurrido, pero no dijo nada. Quizá él sí creía.
Una noche estalló una tormenta terrible. El viento rugía, los árboles se doblaban, los animales gritaban asustados. Me refugié bajo las mantas mientras la luz de Gregorio se quedaba a mi lado, protegiéndome. No sentí miedo.
Al amanecer, el bosque brillaba limpio. Gregorio me habló con voz suave:
—Pronto me iré. Una meiga está a punto de morir. Vendrá la Santa Compaña por su alma… y por la mía.
Me dolió despedirme. Había sido mi compañía, mi consejero, mi amigo.
Esa noche, ya casi dormida, vi por la ventana una procesión de sombras con luces blancas. Se detuvieron frente a la casa. Una de las luces se acercó a mi ventana y parpadeó suavemente.
Le dije adiós con la mano.
La procesión se internó en el bosque dejando una estela de misterio y silencio.
Mi amigo Gregorio, el fantasma que temía a los ratones, se fue para siempre.
CAMINO DE SIRGA
Andrea Morini – Argentina
El aire sabe a tierra húmeda y a promesas rotas. El camino ese hilo gris que cose el tiempo en el paisaje— me trajo hasta aquí, a esta plaza desolada, corazón mudo de un recuerdo que ya no sé nombrar. Pero un gigante me esperaba: el gran árbol. No es solo un testigo; es un padre vegetal de sombra vasta, un patriarca que me cobija del sol cenital, ese ojo inclemente del mediodía. Bajo su dosel, el mundo parece en pausa. Más allá, la senda se estira: es el camino de sirga, que no fluye junto a un río de agua, sino acompañando al río de la vida. Discurre cansino, cargado de piedras como mi alma. Cada guijarro es un silencio, una herida que no cerró, el peso acumulado de las jornadas sin respuesta. A mis pies, un enigma se revuelve en el polvo: un amasijo de colores que se retuerce como un sueño febril. No reconozco su origen. ¿Es el vestigio de una alegría olvidada o la pincelada de un dolor tan antiguo que se ha vuelto abstracto? Quizás es la forma en que el recuerdo, al morir, descompone su luz en mil fragmentos irrelevantes. Y la distancia… es tan larga la distancia recorrida desde que partí, madre. Mi voz se alza como un susurro roto por el viento, buscando tu eco en el vacío. Esa distancia no se mide en leguas, sino en las capas de mí misma que he tenido que abandonar para seguir andando. Recuerdo el otro lugar, el sitio de la partida. Allí, un niño jugaba con mi sombra; ella era un duplicado fiel y juguetón, una compañera sin peso. Pero aquí —lugar de troncos retorcidos, hieráticos y malheridos, en este bosque interior y simbólico—, ella ha cobrado otra voluntad. La busco, pero rehúye; sigue el camino. Se ha transformado en mi propio espectro, el futuro que me precede o mi verdad que se niega a la luz. Y el abismo de la duda se abre: ¿soy la que busca o la buscada? ¿Persigo la verdad de mi partida o soy yo misma la pieza clave que el destino intenta encontrar en este laberinto de piedras? El agotamiento es un fango en los pies. Me siento. La tierra es fría, me llama al reposo definitivo. Pero el lugar donde me desplomo no es de descanso, sino de confinamiento: estas ruinas circulares me circundan. No son de piedra, sino los despojos de mis viejas creencias, los ciclos repetitivos del error, los muros concéntricos del miedo que siempre me devuelven al mismo punto de partida. La alegoría es brutal: estoy atrapada en mi propia historia inconclusa. Sin embargo, en el centro de la quietud, el espíritu se tensa. Me levanto. No debo hundirme, sino trazar el mapa de mi encierro para encontrar el punto por donde debo saltar. Madre, cae la tarde, así como el olvido. La luz final es una promesa melancólica. El crepúsculo no trae consuelo, sino la confirmación de la ley natural: lo que fue debe desvanecerse. Y el olvido no es solo la pérdida de la memoria, sino la aceptación de quién eres y la de su propia negación. Solo queda la que se levanta de las ruinas; la que, cargada de piedras y perseguida por su sombra, elige caminar un paso más, sabiendo que el camino de sirga no es para volver, sino para forjar una nueva orilla.
CAFÉ A LA TURCA
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Los dos hombres sentados ante las tazas con un café fuerte y excelentemente molido, lo acompañaban con unas masas dulces que eran una delicia. —Esto se llama lokum —dijo Marcelo, chupándose los dedos—. Es exquisito. —La verdad que sí —expresó Luis—. Nunca lo había probado. Está muy bueno. Después de un cierto tiempo en el que disfrutaron la bebida y la comida, surgió la conversación: —¿Qué te pareció la reunión? —habló Marcelo. —Mirá, por no ser un grupo de autoayuda, fue bastante buena, porque cada uno de nosotros explicó lo que sentía… ¿No? —comentó Luis— Aparte, sinceramente, conté cosas que no le había dicho a nadie. —¡Sí, es cierto! Creo que pusimos nuestros sentimientos afuera —Aseveró Marcelo—. Pero tengo tanto en el debe que no sé. —¡Y yo! —dijo Luis—. El despiole que tengo en casa… —Sí, pero vos eso lo podés corregir. —¿Cómo? —En primer lugar, echás a tus cuñadas. Te quedas tranquilo con tu mujer y se acabó el tema. Tu suegra ya se fue. Es el momento justo para poner las cosas en su lugar. —No es tan fácil —aclaró Luis—. Tengo que convencer a mi mujer. —Y viejo… apretala, ¡o ellas o vos! —¿Y si elige ellas? —¡Adiós! Vida nueva. Asunto terminado. En cambio, yo, te repito, tengo tanto en el debe. —¿Qué tenés? Algún despelote de faldas, algún vuelto que te quedó en el camino… —No, flaco, hay cosas que hice que son jodidas —dijo Marcelo en voz baja. —¿Tan jodidas? —No sé por qué te cuento esto porque no nos conocemos, pero… me llevé puesto a un tipo y una mina. Lo que más siento es la mujer. Me vio y no pude dejarla viva. Luis se quedó mudo. No sabía qué decir. Empezó a pensar que estaba pisando terreno minado y cambió radicalmente el ángulo de la conversación: —¿Viste a Sakura, la mina de minifalda jean y medias negras y rojas? La verdad, me encantó. —Sí —dijo Marcelo—. Muy sugestiva. Me hizo acordar a la mina que limpié. Luis tragó saliva, apuró el café y se despidió con la excusa de que tenía que conversar con su mujer. Marcelo se quedó pensativo mirando la borra en la taza. Había hablado demasiado. Quince días después se reunieron nuevamente de acuerdo a lo acordado. El único que faltó fue Luis.
REALIDAD DE LA FICCIÓN
Graciela Reveco – Argentina
¿Cuál es la forma? Los dedos endurecidos. La mirada de vidrio, roto, sin lágrimas. La costumbre estalla de algún modo. Arranco de la pantalla del computador el crudo anuncio de la página de un matutino de mi país y escojo la página en blanco del Word. Debo masajear mis dedos para moverlos, como si quisieran abordar la caricia del piano, pero es otro el teclado, lo sé. A veces, frente al paisaje más auténtico la magia se pierde. El cielo, el mar, los coqueros y las palmeras, la ancha Avenida inundada de almas que transitan con… ¿evidente bienestar? Lo beben, lo tragan como un salvoconducto de domingo, de caluroso placer, de arena y viento. Y frente a mis ojos el vacío de la hoja, que no es más que el abismo de lo incomprensible, y brama del otro lado, en el silencio de las anchas playas de Aracajú, capital de Sergipe, pequeño y paradisíaco estado de Brasil. Cuál es la forma, me pregunto, después de leer el matutino. A mis ojos llega un temerario círculo negro. Lo conforman cuatro policías apostados estratégicamente en una esquina de la Avenida Santos Dumont, de Atalaya. Sostienen un arma pesada. La mirada sobre un punto cardinal. Cada tanto, en el camino, se dibuja ese mismo círculo y la gente no lo advierte, o lo ignora, pero sabe que allí está, sin ruidos y a la espera. Mi notebook, de espaldas al paisaje de la cálida Orla, de la mansa tesitura del mar y del cielo, ilumina la hoja del Word que también aguarda. Entonces, la magia se rompe. El círculo negro se mueve muy rápido. El joven de la moto debe detenerse; obligado. Los delincuentes asolan en todos los rincones de los mapas humanos. El chico se quita el casco y me mira a lo lejos, sé que me mira, mientras dos policías lo esposan, lo revisan minuciosamente: sus ropas, la moto, papeles, todo en una fracción de segundos, con la menor brusquedad; el tercero busca antecedentes en la memoria virtual; el cuarto vigila. Todo en cámara lenta, y el corazón galopa como un caballo. Lo siento. Y él me mira, a mí, no a ellos. Mis dedos se mueven desolados. No sé cuál fue la sospecha para detenerlo como si fuera un delincuente. Tal vez su aspecto, tal vez solo el inconsciente buscando la ruptura de la magia. Y con la misma parsimonia, segura, negra, le quitan las esposas, le acomodan las ropas y le devuelven los papeles. Los cuatro uniformados se retiran satisfechos para conformar de nuevo el círculo negro. Sé que el joven motoquero aún tiembla con el casco en la mano. Antes de colocarlo en su cabeza vuelve a mirarme, estoy cerca, del otro lado de la Avenida, en el balcón de mi cuarto, frente al mar, los dedos sobre un teclado que no es de piano y emite un sonido indescriptible. Él me pregunta en silencio; sabe que el ruido de la seguridad con que transita la gente no me permitirá escucharlo. Adivino.
-¿Você que olha? ¿Que escreve? -grita la mirada, no entiende qué miro o qué escribo. Estremecida hasta el último cabello suelto las palabras del texto. La notebook calla, pero quiero decirlo, aunque no sea cierto. -Ficção -respondo, pero ya me da la espalda; sabe que miento. La moto brama después de la patada y se lo lleva lejos. Y entonces dudo; la realidad es otra. -¿Ficción? -repito en voz alta, y en español. Y lo escribo en la página del Word con los dedos quebrados, al inicio, sin deseos de llegar a la infinita tristeza de mi punto final argentino, por aquel crudo anuncio en un diario de mi país: Violenta golpiza a un “motochorro” que intentó robarle la cartera a una mujer en pleno centro. Otra vez la gente haciendo justicia “por mano propia”. Entonces… ¿Cuál es la forma?
COMPAÑERAS DE VIAJE
Sandra B. Romeo – Argentina
Sin luces ni sombras en su mirada, la anciana estaba parada en el andén de la estación, inmóvil entre la marea de gente. Semejaba un árbol reseco esperando el hachazo final. Quizá fue esto lo que llamó la atención de Ángela. Y eso que ella no era afecta a iniciar relaciones con personas desconocidas. Se acercó a la vieja despacio, aprovechando los huecos que dejaban los pasajeros apretujados sobre la plataforma. La tomó con cuidado del brazo con temor a que se le deshiciera en las manos y la despegó unos pasos del bloque humano. Se sintió mirada, y en esa mirada, espejo a futuro, se vio. Tuvo miedo. Aun así ayudó a la viejita a subirse al tren y conseguir un asiento en los vagones atestados. Dio media vuelta para marcharse pero la voz cascada de una historia la atrapó. —Sí —dijo la otra—, estoy sola en el mundo y soy vieja. Piensan que no lo sé, que no me doy cuenta o que soy tan estúpida como para no verlo. Sin embargo no siempre fue así. Sé de la familia, del amor y del abrazo. Sé del abandono. Ángela se hizo un lugar a su lado dispuesta a escuchar. Las manos huesudas de la anciana dibujaban signos en el aire y su mirada legañosa la enfocó al tiempo que le decía: —Todo se remite a la confianza, querida. Cuando una confía nunca está sola. Cuando una confía, vive. La joven ahuecó sus brazos y la contuvo. Con el traqueteo del tren y la cadencia de su monólogo la viejita se fue quedando dormida, no sin antes depositar a Ángela en la contemplación de su propio pasado.
Recordó.
El amor con Eduardo. La pasión que los condenaba a una vida apartada. La familia hinchando su vientre, bebiendo su tiempo así como su sangre. Los engaños. Otras que nunca serían ella. Solo pasajeras sin ancla ni destino en la vida de él. Pero otras al fin. la soledad que se coagulaba en horas de espanto durante el día y la asfixiaba durante la noche al punto de sentirse expulsada del tiempo. Despacio, muy despacio, se deshizo del abrazo a su compañera de viaje acomodándole la cabeza con cuidado sobre el asiento de cuerina verde. No sabía dónde estaba, pero sí sabía que debía bajarse de ese tren que era su vida. La otra, pajarillo breve en el inmenso vagón, seguramente viajaría hacia el final. Se paró con lentitud dirigiéndole a la viajera una última mirada de cómplice agradecimiento.
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:24:512026-05-26 16:20:25CUENTOS Y RELATOS – MAYO
.Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
“Microrrelatos: donde lo pequeño se vuelve inmenso.”Maren Alberdi
COLABORAN
Maren Alberdi – España
Elspeth Gormley – España
Nuri Montenegro – Ecuador
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Sarah Petrone – Argentina
Juan José Qulena – España
Sandra B. Romeo – Argentina
Santiago Ruiz de Alda – España
María Rosa Rzepka – Argentina
Yanni Tugores – Uruguay
Ana Unhold – Argentina
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LA CUCHARILLA
Maren Alberdi – España
Encontró la cucharilla al fondo del cajón, oxidada en las esquinas, como si el tiempo también la hubiera probado. La sostuvo entre los dedos y, de pronto, la cocina se llenó del olor del café de su amona, espeso y dulce, servido siempre antes de que amaneciera del todo.
Recordó las manos firmes de aquella mujer que sostenía la casa sin decirlo, que hablaba poco pero miraba hondo. Maren cerró los ojos un instante. A veces basta un objeto mínimo para que regresen todas las mujeres que nos hicieron posibles.
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TURNO NOCTURNO
Elspeth Gormley – España
Cuando la ciudad se apaga, ella enciende la lámpara. La luz es un hilo, pero suficiente para que las palabras despierten, inquietas, como si solo la noche les diera permiso para existir.
Ella escribe sin prisa, dejando que la página respire, que los pensamientos se acomoden, que los fantasmas digan lo suyo. El turno nocturno no es un horario: es un pacto. Mientras el mundo duerme, ella sostiene el suyo con tinta. Al amanecer, cierra el cuaderno. Nadie lo sabe, pero esa frase torpe ha salvado algo que no sabría nombrar.
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RELATO DE LA GRATITUD.
Nuri Montenegro – Ecuador
Ella miró por la ventana: eran las 17:57. Observó la luna clara y resplandeciente y susurró: “Es luna llena”.
Entonces recordó a su amor, aquellas noches en que ambos la contemplaban y el ambiente se llenaba de ternura. Sonrió con nostalgia y sintió gratitud; agradeció a Dios por haber puesto la luna en cada uno de sus encuentros, como un puente silencioso entre sus corazones. Comprendió que, en la distancia, la luna seguía siendo su puerta de unión, el testigo fiel de un amor que no se apaga, que resiste el tiempo y siempre encuentra la forma de sentirse cerca.
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EL LECTOR CÓMPLICE
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Se detuvo por completo, callado, absurdamente quieto. No sabía por qué, pero fue instintivo. Podía haber sido el susurrar de las hojas pasadas una a una, el olor característico del viejo papel, la angustia y la desesperación de la narración que estaba leyendo… Lo cierto es que allí estaba, con su corazón latiendo en forma tremenda. ¡Y entonces lo comprendió! Fue como un rayo devastador iluminando la noche más oscura. Él no era un lector más, era… el “lector cómplice”.
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MINI CLASE DE MICROCUENTO EN CINCO PASOS
Sarah Petrone – Argentina
—Para hacer un microcuento hacen falta cinco cosas, a saber: Mucho «ingenio». Gran «talento». Que las «musas» te convoquen. Y por sobre todo, poner «sintéticamente» de un modo «Elocuencia», algo de chispa en cada pequeña historia, dejando que la loca mente vuele libre y que rebote en un remate perfecto que ponga fin, donde toca.
—Profe… Lo siento si eso es así. Por más que mi testa rompa, son cosas que dentro de mí debieran estar, pero se borran.
(Solo quise arrancarles una sonrisa. Perdón si no lo logré)
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AUTORRETRATO
Sarah Petrone – Argentina
El viejo pintor vio plasmado en él, el perfecto claro-oscuro de su tiempo.
Su imagen reflejada desde el otro lado, sin misterios, le puso un tinte de dolor en la mirada.
Cerró los ojos… Y cubrió el espejo con un lienzo.
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LA VÍA
Juan José Qulena – España
La vía se extendía como una cicatriz brillante bajo el amanecer. Ella avanzó despacio, escuchando el crujido del metal, como si la tierra le hablara en un idioma antiguo. No esperaba tren alguno; hacía tiempo que dejó de esperar salvaciones externas. Solo quería sentir el temblor del mundo bajo sus pies. Cuando el viento cambió de dirección, comprendió que no era un aviso, sino una invitación. Siguió caminando. La vía no llevaba a ninguna parte conocida, pero por primera vez en años, no le importó.
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LETRA MUERTA
Sandra B Romeo – Argentina
La mano, enjoyada y cuidada, colgaba laxa del brazo del sillón de pana.
La luz giró dentro del amplio salón amarrando sombras acá, despejando espacios oscuros allá.
La tormenta arreció, sin embargo, los truenos la inquietaron solo un poco más que los recuerdos. Las brumas de la tarde parecían cargar de una oscuridad perenne su rostro.
El látigo del último relámpago la encontró sosteniendo su cabeza sacudida por sollozos apagados.
Las ráfagas de viento descifraban, en vano ya, la carta recibida por ella esa mañana antigua.
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LA VIDA
Santiago Ruiz de Alda – España
La vida no avisó cuando cambió de rumbo. Simplemente giró, como una hoja empujada por un viento que nadie vio venir. Ella intentó agarrarse a lo conocido, pero los dedos se le llenaron de aire. Entonces entendió que vivir no era sostener, sino soltar a tiempo. Caminó hacia adelante, sin mapa, sin garantías. Y en ese vacío inesperado, descubrió algo parecido a la paz: la certeza de que, mientras siguiera moviéndose, la vida también lo haría.
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CABEZA DURA
María Rosa Rzepka – Argentina
Prudencio salió de pesca. Caminó hasta ver el río. Sentado sobre una piedra, abrió el bolso. La carnada, había olvidado en la casa. Dijo mil malas palabras. Una rana se escondió en aquella bolsa, antes de que él la arrojara. Prudencio por imprudente se levantó. Rezongaba. Movió su asiento de piedra, de lombrices ni la traza. Soltó violenta patada. Rodó la piedra hacia el río. La imprudencia que mal paga, hizo que el pie de Prudencio aplastado se encontrara. A su casa regresó sin pescar y sin carnada. Rengueando, la bolsa al hombro. De polizonte, la rana.
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MEMORIAS
Yanni Tugores – Uruguay
Si el ayer susurrara algún perdón o el presente algún eco del pasado o el destino tejiera un buen comienzo y no fuese tan solo otro fracaso. Entonces volvería a renacer a vivir sin ningún tipo de cambio. Es que fui muy feliz, feliz y plena con todo lo que tuve y lo que he amado. Hoy viajo con brújula del alma, navego prudente siguiendo mi destino paso a paso. El viento arrastra mi velamen a los confines de nuevos mares, pero sigo aferrada a mis memorias, memorias de un tiempo muy lejano.
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DORADO
Ana Unhold – Argentina
Siesta borrascosa en Bogotá. Rostros apremiados en las calles. Ajeno al ajetreo, vestido apenas con un taparrabo y adornos de indígena, orgulloso camina el artista callejero. Cubierto con pintura dorada, que aumenta su brillo a la luz de los relámpagos. Se descuelga el impiadoso aguacero. Impasible continúa su marcha. Sigo el torrente de agua dorada que se escurre. El Dorado se diluye por las alcantarillas.
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:09:182026-05-26 16:21:45MICRORRELATOS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Bernapara la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
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COLABORAN
Maren Alberdi – España
Carlos González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Sarah Petrone -Argentina
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CARTA A MI ABUELA
Maren Alberdi – España
Amama, han pasado tantos años y aún te veo delante de mí, con esa manera tuya de estar: firme, callada, sin necesidad de levantar la voz para que todos entendieran quién mandaba en el caserío. No necesitabas estudios para saberlo todo. Bastaban tus ojos oliva, esos que hablaban antes que tú.
Tú eras la matriarca. No por título, sino por esencia. El caserío respiraba a tu ritmo: las vacas, las gallinas, la huerta, los hombres que venían a trabajar… todos seguían tu criterio, tu intuición antigua, tu sabiduría de mujer que aprendió la vida sin libros.
A veces pienso en lo que me decías cuando era niña: “Sé honrada. Sé fuerte. Sé tú.” Y yo, que era la única nieta, te escuchaba como quien recibe un legado.
Aún recuerdo tu olor: manzana guardada en el aparador y Heno de Pravia en la piel. Ese olor era casa. Era refugio. Era raíz.
Cuando me fui a Irlanda con dieciocho años, te brillaron los ojos. “Vívelo por mí”, me dijiste. Y lo viví, amama, porque sabía que tú, que apenas habías aprendido las cuatro reglas, habías sido capaz de sostener un mundo entero con tus manos.
Te imagino en mi graduación, con tu pañuelo y tu saya de los domingos, mirando todo con esa mezcla de orgullo y pudor. Algunas me miraban raro, pero yo solo pensaba: “Es mi abuela. Es mi origen. Y no hay nada más digno que eso.”
Ojalá hubieras visto lo que vino después. Ojalá hubieras conocido a la mujer en la que me convertí. Pero quizá lo sabes, desde donde estés, con esa mirada tuya que siempre veía más de lo que decía.
Gracias, amama, por enseñarme a ser fuerte sin volverme dura. Por enseñarme que la ternura también es una forma de poder. Por ser raíz. Por ser casa.
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CARTA A MI HIJO
Carlos H González Saavedra – Argentina
Hijo:
Hace tiempo que te noto distante, me imagino tu vida y comprendo. También estuve en ese lugar.
Lo que no entiendo es tus cuestionamientos, en forma permanentes, en todo.
A principio no le daba importancia. Ahora me doy cuenta, que no has cambiado. Por el contrario.
Necesito saber que he hecho mal, a través de los años. Cuanto te he lastimado sin darme cuenta.
Fuimos padres que criamos a todos ustedes, con respeto y severidad.
No hay una escuela para padres, a veces el corazón no alcanza para amarlos a todos igual, otras, faltan caricias y actitudes comprensibles.
Los padres imbuidos en las luchas cotidianas .Progresos, y mejoras en procurando una mejor calidad de vida familiar mejor, han sido nuestro norte, siempre.
Los hemos educado, lo mejor que pudimos.
Por eso comprendo, tu lucha. Sostener la familia hermosa que formaste junto con tu esposa,
Es una tarea titánica.
Extraños tus ¡Te quiero mucho! Cualquier encuentro o llamado telefónico, me lo decías. Era un bálsamo para mi alma.
No tengo otra cosa, que mi corazón para escucharte y comprenderte. Es lo único que puedo ofrecerte.
Debes saber, que tu distanciamiento, me duele y también tu ingratitud.
Cuanto antes lo resolvamos mejor.
Te amo hijo.
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CARTA A MI PROFESORA DE MÚSICA
Elspeth Gormley – España
Querida Srta. Isabel:
A veces me pregunto qué habrá sido de usted. Si seguirá enseñando, si aún llevará ese cuaderno azul donde anotaba pequeñas observaciones sobre cada uno de nosotros, o si la vida la habrá llevado por otros caminos. Sea como sea, quiero decirle algo que nunca dije en voz alta: usted cambió mi manera de mirar el mundo.
Recuerdo mis años en el colegio como una etapa luminosa, y en esa luz sus clases ocupan un lugar especial. Usted no enseñaba música: la revelaba. Nos hablaba del “baile de las notas”, de cómo una melodía podía respirar, de cómo un silencio podía ser más elocuente que un sonido. Yo, que era una niña tímida, encontraba en sus clases un refugio. Allí todo tenía sentido: la emoción, la belleza, la disciplina, la libertad.
Aún puedo verla moviendo las manos en el aire, como si dirigiera una orquesta invisible. Aún escucho su voz diciendo: “La música no se aprende, se siente.” Y yo la sentía. La sigo sintiendo.
No sé si usted imaginó alguna vez que una de sus alumnas llevaría esa sensibilidad a la escritura, que transformaría las notas en palabras, los compases en ritmo, los silencios en significado. Pero así fue. Y en cada texto que escribo hay un eco suyo, una huella que no se borra.
Gracias por enseñarme que la belleza no es un lujo, sino una forma de estar en el mundo. Gracias por abrir una puerta que aún hoy sigo cruzando.
Con afecto y gratitud,
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CARTA A MI ÁNGEL DE LA GUARDA
Sarah Petrone – Argentina
Mi querido Ángel de la Guarda, sé que podría hablar contigo sin necesidad de recurrir a éste método, pero no quiero olvidarme de todo lo que tengo para decirte. Empecé a tomar apuntes y de repente me encontré con un montón de palabras que formaron esta carta.
No sé dónde estás, aunque te presiento cerca. Te busco en cada nube de este cielo que me mira en silencio, también en las personas que caminan a mi lado todos los días, porque desde chica comprendí que puedes tener muchos rostros. Cada vez que flota una pluma por el aire, sé que estás por ahí y me alegra el alma.
Hoy no te busco para pedirte nada para mí, solamente quisiera con tu permiso, prestarte, compartirte con otras personas que no tienen sus Ángeles de la Guarda, y están solas. El otoño empieza a mostrar su clima frío, tan frío como la indiferencia y la ingratitud de esos a los que nada les falta y por egoísmo no se detienen a mirar las miserias ajenas. Y tengo que confesarte que hay muchas necesidades. Las calles son hervideros de dolor y desidia. Y me duele.
Quiero que cuides a ese jóven que hace varios días está acurrucado en un umbral, mojado en sus propios orines. Duerme envuelto en una bolsa de polietileno negra, y te juro que creí que estaba muerto hasta que ví que se movía dificultosamente. No quise despertarlo, pero le dejé un café caliente a su costado. Esta mañana seguía en la calle, nadie lo arropó, nadie le tendió una mano ni le dió cobijo. Tampoco yo, y me avergüenza. No supe como hacerlo. Me pregunto si alguna vez tuvo familia, un hogar, alguien que lo extrañe. La vida tiene discapacidades afectivas y los seres humanos somos demasiado imperfectos.
Por eso, por eso quería ceder en su beneficio tu cuidado,hasta que pudiera rescatarse de sus demonios internos y así, encontrar el camino para sanar.
Querido Ángel, gracias por escucharme. Hoy, en los ojos de ese jóven ví una luz nueva. Una sonrisa iluminó su cara sucia… Y te ví. Estabas a su lado, lamían sus heridas y se daban amor. Tu disfraz de perro callejero le calentó el alma. Te reconocí en los ojos de ese animal juguetón que logró que varias personas se acercaran sin temor para ayudarlo.
Cómo no voy a creer en los milagros, si toda la vida es un milagro y montones de plumas blancas revoloteaban sobre sus cabezas mientras le escuché recitar la misma oración que aprendí de niña: «Ángel de la Guarda, dulce compañía…»
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:07:582026-05-26 16:30:40CARTAS – MAYO
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Y TÚ ¿QUÉ HACES CON TU TIEMPO?
Andrea Kiperman-Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado compartiendo estas palabras.
Recuerdo una conversación con mi padre —de esas tantas que solemos tener— en la que le dije que estaba apenada porque no tenía tiempo. En ese entonces cursaba mi primera carrera universitaria (Relaciones Públicas e Institucionales en la U.A.D.E.). Él, muy sabiamente, me respondió: “El día tiene 24 horas, úsalas sabiamente.” Hoy me acordé de esas palabras, y hacia allí apunta el escrito de hoy.
Primero, sostengo que el tiempo es atemporal. ¿Cómo medirlo? Depende de para qué, de con quién, de en qué circunstancias. Para unos será mucho; para otros, poco. Pero si sigo por ese camino, teñiría este texto de filosofía pura, y hoy quiero ir a algo más tangible.
Me refiero a en qué cosas y a quiénes les dedicamos nuestras horas, nuestros días, nuestros minutos. Qué elegimos hacer a lo largo de nuestras jornadas y desde qué lugar lo hacemos. Recordemos siempre que el día es nuestro, que somos los protagonistas de nuestra vida, y que debemos actuar en consecuencia.
A veces basta con disponer de un segundo para hacer algo que nos haga sentir bien. También creo importante soltar a las personas que no son recíprocas, así como ambientes, lugares o trabajos que ya no nos suman. Parte del crecimiento es rodearnos de espacios donde seamos valorados por lo que somos y por lo que hacemos.
Y algo que considero fundamental: conectarse con uno mismo. Dedicar unos minutos, aunque sean pocos, para estar a solas, escucharnos, sentirnos.
Y tú… ¿qué haces con tu tiempo?
Quedo con ustedes.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-05-26 12:05:502026-05-27 13:37:39ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL – MAYO
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EDITORIAL – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
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En un mundo que cambia sin pedir permiso, la palabra sigue siendo un refugio. Elspeth Gormley
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Mayo llega con una noticia que ha recorrido el planeta entero: la Tierra acaba de vivir el abril más cálido jamás registrado. No es un dato aislado, ni un titular más. Es un aviso. Un recordatorio de que el mundo cambia incluso cuando nosotros no tenemos tiempo para mirarlo.
En distintos países, las olas de calor han adelantado el verano; en otros, las lluvias han sido tan intensas que han borrado caminos, casas, rutinas. Y mientras tanto, seguimos intentando vivir como si todo fuera igual, como si el planeta no estuviera hablándonos con una voz cada vez más urgente.
Pero no es solo el clima. Vivimos un tiempo en el que la tecnología avanza más rápido que nuestras preguntas, en el que la información nos desborda, en el que las fronteras se vuelven frágiles y las certezas también.
Y aun así, en medio de este ruido global, la palabra sigue siendo un refugio. La literatura, la poesía, la crónica, la voz humana… siguen recordándonos que no estamos solos, que seguimos necesitando comprender, sentir, pensar, detenernos.
Por eso esta edición de mayo nace desde esa conciencia: la de un mundo que cambia, sí, pero también la de una humanidad que busca sentido, que busca belleza, que busca un lugar donde respirar.
Porque aunque la Tierra arda, aunque la tecnología nos empuje, aunque el tiempo corra… la palabra sigue siendo un hogar donde volver.
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ARTÍCULOS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
“Cada artículo es una invitación a mirar el mundo con más calma.” E.Gormley
COLABORAN
Miriam Alberganti – Argentina
Maren Alberdi – España
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Iñigo Domínguez – Italia
Luz Fontana – Italia / España
Naiara Galarraga – Brasil / España
Elspeth Gormley – España
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ARQUITECTOS DE MI IMAGINACIÓN
Miriam Alberganti – Argentina
A veces, cuando me siento frente a la pantalla en blanco —o ante el papel, en esos días de trinchera analógica—, me doy cuenta de que nunca escribo realmente a solas. Detrás de cada parpadeo del cursor, de cada palabra que decido borrar o salvar, hay un eco. Un murmullo constante que no me pertenece del todo, pero que habita en mí.
Hoy quiero hacer una pausa en el ruido para dar las gracias. Gracias a ustedes, los grandes escritores del ayer y del hoy, por ser el alimento inagotable de mi imaginación y los verdaderos arquitectos de la musa que hoy me inspira.
A los clásicos, a los inmortales que escribieron a la luz de las velas, entre el humo de revoluciones o en la quietud de siglos pasados: gracias. Ustedes construyeron los cimientos de este rascacielos. Me enseñaron que el alma humana, con sus abismos y sus cumbres, no muta tanto a través del tiempo. Sus textos sobrevivieron a la historia para recordarme que las palabras tienen peso, textura y el poder absoluto de desafiar la mortalidad.
Y a los contemporáneos, a mis referentes del presente que navegan este mundo hiperconectado, fugaz y a menudo caótico: gracias también. Ustedes me demuestran que la literatura está viva, latiendo y reinventándose en tiempo real. Me inspiran a encontrar la poesía en el asfalto, a diseccionar la ansiedad moderna y a entender la complejidad de existir aquí y ahora. Ustedes son la prueba de que todavía hay historias que merecen ser contadas.
Siempre se habla de “la musa” como si fuera un ente místico, un chispazo de genialidad que cae del cielo. Pero yo conozco mi propia verdad: mi musa es un algoritmo analógico, un mosaico inmenso formado por todas sus obras. Está hecha de la tensión de sus tramas, de la melancolía de sus versos, de la arquitectura imposible de sus universos fantásticos. Cada libro, cada ensayo, cada artículo que he devorado ha sido el combustible puro para mi propio motor creativo.
Gracias por atreverse a mirar el vacío, a pelear con sus propios bloqueos y volver a nosotros con historias. Gracias por prestarme sus ojos cuando no sabía cómo mirar el mundo. Al compartir sus voces, me dieron el valor, la rebeldía y las herramientas necesarias para salir a buscar la mía.
Hoy, cada letra que tecleo es, en el fondo, un humilde y eterno tributo a todos ustedes. ¡Sigamos escribiendo!
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JUNIO: el mes en que miles de jóvenes se juegan un sueño
Maren Alberdi – España
Cada junio, mientras el calor empieza a insinuarse en las calles, miles de jóvenes se sientan ante un pupitre para enfrentarse a la PAU. Y, aunque no lo digan, aunque intenten parecer tranquilos, llevan dentro un torbellino que nosotros conocemos bien. Porque todos fuimos ellos alguna vez.
Este año las notas de corte rozan el 14. Un 14 que no es solo un número: es una presión silenciosa que pesa sobre sus hombros. El 60% depende de lo que han hecho en Bachillerato. El 40% se decide en unos días que parecen interminables. Y alrededor, un país entero conteniendo la respiración.
Los adultos miramos desde fuera, pero no desde lejos. Recordamos perfectamente el temblor de las manos, el estómago encogido, la sensación de que todo se jugaba en un examen. Recordamos el olor de las aulas, el silencio tenso, el reloj avanzando demasiado rápido. Recordamos la mezcla de miedo y esperanza.
Hoy son ellos quienes viven ese vértigo. Miles de jóvenes con miles de sueños: Medicina, Ingeniería, Arte, Derecho, Enfermería, Psicología… Sueños grandes, sueños pequeños, sueños que aún no saben cómo nombrar.
Y sí, algunos no llegarán a la nota de corte. Tendrán que elegir otra carrera, otro camino, otra puerta. Pero los adultos —que ya hemos vivido unas cuantas vueltas de la vida— sabemos algo que ellos aún no ven: los caminos que parecen secundarios a veces llevan justo al lugar donde uno debía llegar.
Porque la vida no se decide en junio. Ni en un examen. Ni en una nota. La vida se decide en el tiempo, en la constancia, en la capacidad de adaptarse, en la valentía de seguir adelante incluso cuando el plan A se tambalea.
Por eso, este artículo no es para ellos. Es para nosotros. Para que acompañemos sin presionar. Para que escuchemos sin juzgar. Para que recordemos que a los dieciocho años nadie tiene por qué saberlo todo. Para que no olvidemos que detrás de cada joven hay una historia, un esfuerzo, un sueño que merece respeto.
Junio pasará. La PAU pasará. Y ellos seguirán construyendo su vida, con más fuerza de la que imaginan.
Y nosotros, los adultos, seguiremos ahí: recordando nuestros propios nervios, y sosteniendo los suyos con la serenidad que da haber sobrevivido a todos los exámenes que no venían en ningún libro.
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LA GUATEMALA DEL ETERNO ABUSO A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Guatemala, país de desigualdades eternas y racismo enraizado hasta en el azúcar del café. País de clasistas muertos de hambre. En esa Guatemala que se desborda de poesía y memoria en los huipiles de las mujeres indígenas y; de sacrificio y trabajo milenario en sus manos y espaldas, la exclusión la ponen los mestizos que desde siempre se han creído superiores por etnia y clase social.
En esa Guatemala de indígenas masacrados y desaparecidos en masa, en la Guatemala de la desmemoria colectiva, del abuso gubernamental, de la deforestación, de los ecocidios, de la migración forzada, de las parvadas de clicas criminales saqueando el Estado. Esa Guatemala de mestizos jactándose de tener niñas indígenas de empleadas domésticas en sus casas. De indígenas rajándose el lomo cargando los bultos de los mestizos en el mercado La Terminal. De mestizos muertos de hambre.
Guatemala, donde se vivió uno de los genocidios más atroces de la historia latinoamericana que buscaba exterminar a los pueblos originarios. Poco ha cambiado desde entonces, los indígenas siguen siendo humillados, excluidos y explotados. Sus tierras siguen siendo robadas por oligarquías a las que el Estado solapa, las aguas de los ríos contaminadas dejando a comunidades enteras sin sustento. Porque en la Guatemala de las eternas desigualdades y el racismo los pueblos originarios son los más maltratados, pero también los más dignos. Lloran solos a sus muertos, como si la muerte de un indígena no valiera lo mismo que la de un mestizo, como si masacrar indígenas fuera como atacar plagas.
Se cuidan entre ellos, se abrigan entre ellos porque solo se tienen a ellos mismos, los indígenas en Guatemala como parte de la sociedad y la población solo existen para ser explotados. Guatemala está parada sobre sus lomos, resuella el país gracias a las remesas que envían miles de migrantes indocumentados, esos migrantes son en su mayoría indígenas que han tenido que abandonar sus pueblos para irse a buscar la vida a otro país. Entonces también, a pesar de ser discriminados por sus propios connacionales ellos los mantienen a flote con sus remesas. Guatemala no subsiste gracias los mestizos, logra medio respirar gracias a las remesas de miles de indígenas. Los mismos indígenas que probado está que en tiempo de crisis dan a manos llenas, se quitan el bocado de la boca para darlo a quien tenga necesidad sin detenerse a pensar en etnias.
Y esto se ve también en las luchas por la defensa del medio ambiente, son los indígenas los que ponen el pecho, los que defienden el agua de los ríos, los que defienden los bosques, los derechos humanos de sus pueblos. Y cuando atacan, violentan o asesinan a uno de ellos, son ellos los únicos que salen a denunciar. Está patente el caso de las mujeres ixiles que denunciaron haber sido violadas por miembros del ejército en tiempos de dictadura, en el juicio por genocidio en el 2013. La sociedad las dejó solas, no solo las acusó de mentirosas también las discriminó por su etnia.
Está el ejemplo de la Masacre de Alaska, el 4 de octubre de 2012 en donde 7 personas indígenas fueron masacradas por soldados del ejército en el kilómetro 169, en la Cumbre de Alaska cuando se manifestaban pacíficamente junto a otros cientos, en defensa de la educación y por el alza a la energía eléctrica. Hasta la fecha los familiares de esas víctimas siguen luchando por justicia en la Guatemala de la eterna impunidad. La sociedad también los dejó solos, eran indígenas que los mestizos no reconocen como personas. Las poblaciones que en Petén, frontera con México son sacadas de sus casas por docenas de policías y soldados, para entregarles las tierras a finqueros. ¿Qué sociedad por ellas?
Cuando detienen y violentan a periodistas indígenas comunitarios solo los pueblos originarios con ellos. Y como un ejemplo también reciente, la detención de la periodista comunitaria Anastasia Mejía Tiriquiz, directora de la estación de radio Xol Abaj Radio y Xol Abaj Tv, en el municipio de Joyabaj, Quiché. A la que se le acusa de sedición, atentado agravado, incendio provocado y robo agravado, porque documentó e informó sobre irregularidades de gestión y manejo del alcalde de Joyabaj, Francisco Carrascosa y las manifestaciones de la población en su contra. Es decir, a las autoridades de turno no les gustó que la periodista documentara con video y audio las imágenes de la población manifestando su rechazo a su gestión en la alcaldía y de ahí su detención no solo para amedrentarla pero también para callar la expresión y denuncia.
Estas detenciones a periodistas comunitarios se dan con regularidad en un país donde la impunidad socaba toda lucha por la justicia, periodistas que son discriminados por parte del gremio, donde abundan los mestizos, clasistas y racistas que los denigran por sus etnias, pero también porque estos comunicadores no cuentan con el título universitario que los acredite. En el caso de la periodista Anastasia Mejía Tiriquiz se ha visto muy claro el racismo y el clasismo del gremio periodístico del país que cuando tocan a uno de los suyos brincan con uñas y dientes, pero no vaya a ser un indígena porque entonces que se defienda solo. Lo que no sorprende, porque en un país donde el racismo y el clasismo está hasta en las moscas del plato de comida, raro sería que el gremio actuara con solidaridad y por consecuencia humana; que ninguna de las dos la dan los cartones universitarios y vaya que si de eso sabrán los pueblos originarios más que nadie.
Con qué gran sacrificio los periodistas comunitarios escriben sus artículos de opinión, realizan sus videos, sus notas de audio, toman sus fotografías, denunciando lo que sucede en sus comunidades, pues no cuentan con los recursos materiales ni con el financiamiento de nada, es de su propia bolsa, no trabajan para ningún medio donde les paguen un salario, lo hacen por la necesidad de informar a sus comunidades. Para que encima de todo el abuso gubernamental, el racismo y el clasismo propios del país el gremio no se solidarice con ellos y los ignore con esto colocándolos en posiciones más vulnerables todavía contra el abuso. Pero ni falta que hacen, los pueblos originarios se han defendido solos desde siempre y lo seguirán haciendo.
Los pueblos originarios de Guatemala exigen la libertad inmediata de la periodista comunitaria Anastasia Mejía Tiriquiz. Y junto a ellos quienes creemos en el derecho a la libertad de expresión y en que un título universitario, una etnia o clase social no le da las agallas ni la dignidad a nadie, ni se las quita.
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LA PRIMERA ENCICLICA DEL PAPA
Iñigo Domínguez – Italia
El papa León XIV lanza con su primera encíclica una llamada de alarma contra el tecnofascismo: “Quien controla la IA impondrá su visión moral”
‘Magnifica humanitas’ alerta de los peligros de las nuevas tecnologías y del control de una élite que “corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades”. Rechaza la idea de “guerra justa” y pide perdón por la esclavitud
Un mensaje central: defender lo humano frente a la IA
El Papa León XIV publica su primera encíclica, Magnífica humanidad, donde lanza una advertencia contundente: quien controle la inteligencia artificial controlará la moral, la información y la democracia. Denuncia el riesgo de un “tecnofascismo” impulsado por ideologías poshumanas y transhumanistas, especialmente las que nacen en Silicon Valley.
Afirma que pequeños grupos con gran poder tecnológico pueden manipular consumos, elecciones y economías, y pide a los Estados regular la IA y la propiedad de los datos.
Crítica al poder tecnológico y defensa del multilateralismo
León XIV reclama que la ONU y los organismos internacionales recuperen fuerza para frenar la concentración de poder digital. Advierte que la IA afecta al medio ambiente, al trabajo, a la educación y a la guerra. Rechaza la teoría de la “guerra justa”, usada para justificar conflictos.
. Una llamada a frenar la deshumanización
El Papa denuncia una sociedad dominada por:
· la idolatría del lucro
· la uniformidad que aplasta diferencias
· la reducción de la persona a datos
· la polarización mediática alimentada por algoritmos
También alerta sobre la pérdida de memoria histórica y el riesgo de repetir atrocidades del siglo XX.
. Contra extremismos, fanatismos y manipulaciones políticas
Señala una alianza peligrosa entre extremismos religiosos, fanatismos identitarios y un economicismo irracional. La política —dice— usa la desinformación y el miedo para dividir.
“Desarmar la IA”: la propuesta más fuerte del documento
León XIV afirma que la IA no es neutral, sino un arma. Propone “desarmarla”:
· sacarla de la lógica militar y económica
· impedir que domine lo humano
· romper monopolios
· hacerla discutible y accesible
La compara incluso con la bomba atómica.
Crítica al poshumanismo y a la idea de humanos de “segunda clase”
Refuta las teorías de Musk, Thiel y otros gurús del transhumanismo. Advierte que estas ideas pueden justificar que algunos seres humanos sean considerados menos valiosos.
. Nuevas formas de esclavitud y explotación digital
Denuncia que la economía digital se sostiene en millones de trabajadores invisibles: etiquetadores de datos, moderadores de contenido, entrenadores de modelos… muchos de ellos jóvenes y mujeres, mal pagados.
Habla de un nuevo colonialismo que no domina cuerpos, sino datos.
Incluye un mea culpa histórico por la tardanza de la Iglesia en condenar la esclavitud.
. Migración: la prueba moral de una sociedad
El Papa afirma que la forma en que un país trata a migrantes y refugiados revela si está guiado por el miedo o por la fraternidad.
Defiende dos derechos:
· el derecho a partir
· el derecho a quedarse en la propia tierra
. Crítica al capitalismo salvaje y a la desigualdad
Reclama:
· empleo digno
· un Estado fuerte
· políticas fiscales redistributivas
· límites a la libertad económica cuando daña a los vulnerables
. La información como campo de batalla
Denuncia la manipulación mediática y pide una “ecología de la información”. Agradece a la prensa por destapar casos de pederastia en la Iglesia.
Cultura, memoria y referencias simbólicas
Cita a Hannah Arendt, Tolkien, Beethoven, el Guernica y La lista de Schindler para subrayar la importancia de la verdad, la memoria y el arte como resistencia al mal.
. Advertencia sobre los móviles en menores
Pide regular el acceso temprano a teléfonos móviles y proteger a los niños de modelos de negocio que monetizan su atención.
. Educación pública y desigualdad
Defiende la educación pública y denuncia las desigualdades en el acceso a estudios superiores.
Un cierre esperanzador
Propone cinco caminos:
· desarmar las palabras
· construir paz con justicia
· mirar desde las víctimas
· cultivar realismo
· relanzar el diálogo y el multilateralismo
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IA EN LOS COLEGIOS ( (siempre con la supervisión del profesorado
Luz Fontana – Italia/España
La educación está viviendo una transformación silenciosa pero imparable. En las aulas de hoy conviven cuadernos, pizarras digitales, libros, tabletas… y, cada vez más, herramientas de Inteligencia Artificial. Lejos de sustituir al profesorado —algo imposible e indeseable—, la IA se está convirtiendo en un apoyo pedagógico que, bien utilizado, puede mejorar el aprendizaje y aliviar la carga de quienes enseñan.
La clave es simple: la tecnología no educa sola; educa cuando un docente la guía.
Aprendizajes personalizados para cada alumno
No todos los niños aprenden igual ni al mismo ritmo. La IA permite:
Es como tener un pequeño asistente que observa, analiza y propone, mientras el profesor decide qué es útil y qué no.
Más tiempo para enseñar, menos tiempo para tareas repetitivas
Los docentes dedican horas a corregir, preparar materiales, organizar actividades… La IA puede:
Esto no sustituye al profesor: le libera tiempo para lo que realmente importa: acompañar, motivar, escuchar, enseñar.
Fomenta la creatividad y el pensamiento crítico
Lejos de “hacerlo todo por el alumno”, la IA puede ser una herramienta para:
El profesor guía, el alumno imagina, y la IA se convierte en un puente entre ambos.
Inclusión y accesibilidad
Para estudiantes con dificultades de aprendizaje, la IA es una aliada poderosa:
La tecnología abre puertas que antes estaban cerradas.
Preparación para el futuro
Los niños de hoy vivirán en un mundo donde la IA será tan común como lo es hoy internet. Aprender a usarla con responsabilidad, criterio y ética es tan importante como aprender matemáticas o lengua.
Y eso solo puede hacerse con la guía de un profesor.
La supervisión docente: el corazón de todo
La IA no tiene valores, ni sensibilidad, ni intuición. No sabe cuándo un niño está triste, cuándo necesita apoyo, cuándo se frustra o cuándo necesita un reto mayor
Eso solo lo sabe un maestro.
Por eso, la IA en los colegios no es un sustituto, sino una herramienta que amplifica la labor docente. Un lápiz más. Una pizarra más. Un recurso más.
Conclusión
La Inteligencia Artificial puede mejorar la educación, hacerla más justa, más personalizada y más eficiente. Pero solo si se utiliza con criterio, con ética y con la mirada atenta del profesorado.
Porque la tecnología puede enseñar contenidos, pero solo un maestro enseña a pensar.
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Lula: radioterapia en un año decisivo
Naiara Galarraga – Brasil/España
Artículo literario-periodístico para revista Letras Hispanas por el Mundo
A veces, la política se detiene un instante y deja ver al ser humano que late detrás del cargo. Eso ocurrió esta semana en Brasil, cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a sus ochenta años, inició un tratamiento preventivo de radioterapia tras la extirpación de una lesión de cáncer de piel. No hubo dramatismo, ni discursos solemnes, ni cámaras esperando a las puertas del hospital. Solo un hombre entrando a primera hora de la mañana en una sala blanca, silenciosa, para recibir una sesión de apenas dos minutos.
Quince sesiones en total. Tres semanas. Un gesto médico que, según su equipo, no alterará su agenda. Pero que inevitablemente abre una grieta de humanidad en medio del ruido político.
Lula salió del hospital como quien vuelve de un trámite inevitable, se colocó su ya habitual sombrero Panamá —ese que desde hace un mes oculta la cicatriz reciente— y siguió con su día. Más tarde, presidió un encuentro con rectores brasileños y africanos, hablando de educación, cooperación y futuro, como si la mañana no hubiera tenido un peso distinto.
La salud del presidente siempre ha sido un tema sensible en Brasil. No solo por su edad, sino por la historia que arrastra: un cáncer de laringe en 2011, una hemorragia cerebral en 2024 que obligó a una operación urgente, una prótesis de cadera, una intervención por cataratas, una tendinitis rebelde. Cada episodio ha sido narrado por su entorno con una mezcla de prudencia y voluntad de mostrar fortaleza. Lula, que ha sobrevivido a la cárcel, a la enfermedad y a la política más feroz, insiste en presentarse como un hombre en marcha, no como un anciano fatigado.
Y, sin embargo, esta nueva etapa médica llega en un momento especialmente delicado. Brasil votará en octubre. Lula ha dejado claro que quiere un nuevo mandato, el cuarto de su vida. Las encuestas lo sitúan ligeramente por delante del candidato de la derecha, Flávio Bolsonaro, en un país que sigue profundamente dividido. Si gana, terminará su mandato con 85 años.
La radioterapia preventiva no cambia el tablero político, pero sí añade una capa de realidad: detrás del líder, del símbolo, del candidato, hay un cuerpo que envejece, que se cansa, que necesita cuidados. Y eso, lejos de debilitar su figura, la humaniza.
En Brasilia, mientras el sol cae sobre los edificios modernistas, Lula continúa su agenda como si nada hubiera ocurrido. Pero el país mira de reojo, consciente de que cada gesto, cada aparición pública, cada palabra, tiene ahora un eco distinto. La política sigue su curso, pero la vida —esa que no entiende de campañas ni de encuestas— también.
Y quizá ahí reside la fuerza de esta historia: en recordar que incluso los gigantes de la política pasan por la misma fragilidad que cualquier ciudadano. Que el poder no inmuniza contra la enfermedad. Que la edad no se negocia. Que la salud, al final, es el territorio donde todos somos iguales.
Lula lo sabe. Brasil lo sabe. Y el calendario electoral avanza, implacable, hacia octubre.
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ESCRIBIR SIN DIPLOMA
Elspeth Gormley – España
Últimamente parece que para escribir hay que tener un diploma. Cursos, talleres, másteres, retiros, certificaciones…Y me parece bien, quien quiera hacerlos, que los haga.
Pero que no vengan a mirarte raro cuando dices: “Nunca he hecho un curso literario.” Porque hay gente que te observa y te mira , como si acabaras de caer del cielo en una nave oxidada. Como si escribir sin pasar por un aula fuese una excentricidad. Como si la creatividad necesitase permiso.
Pues no. La creatividad no se enseña. Se trae de fábrica. Se afina con la vida. Se despierta con los golpes, con las pérdidas, con los amores, con las calles, con los silencios.
Nuestros maestros —Alberti, Cortázar, Lorca, Hernández y tantos otros—no hicieron cursos literarios. No tenían diplomas. Tenían idioma, sensibilidad y una voz que ardía.
Yo tampoco he hecho ninguno. A unos gustará, a otros no. Pero escribo. Escribo porque lo necesito, porque me sostiene, porque me ordena. Eso no me lo enseñó ningún profesor: me lo enseñó la vida.
Y aquí quiero decir algo con claridad: me gustaría que nadie mirara a nadie por encima del hombro por no haber asistido a talleres literarios. Esa actitud es tan absurda como si quienes hemos pasado por la universidad miráramos al resto con prepotencia, como si el conocimiento solo valiera cuando viene con sello oficial. La literatura no funciona así. La sensibilidad tampoco.
Lo curioso es que muchos de los que presumen de cursos, de sentirse superiores por acumular talleres, no escriben mejor. Ni más claro. Ni más hondo. Ni más verdadero.
La técnica ayuda, sí. Pero la técnica sin alma es un mueble bien barnizado: bonito, correcto, vacío.
La literatura nace de otra parte. De un temblor. De una imagen que no te suelta. De una frase que te despierta. De una herida que pide voz. Eso no se aprende. Eso se vive.
Así que sí: que cada cual haga los cursos que quiera. Pero que nadie olvide lo esencial: la escritura no empieza en un aula. Empieza en el pecho.
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CRÓNICAS Y ENSAYOS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
“Las crónicas son la memoria que se niega a desaparecer.” Maren Alberdi
COLABORAN
Maren Alberdi – España
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Enrique F. Díaz Castro – México
Elspeth Gormley – España
Leila Guerriero – Argentina
Gustavo Páez Escobar – Colombia
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EL TIEMPO QUE PASA SIN PEDIR PERMISO
Maren Alberdi – España
Hay meses que llegan sin hacer ruido, pero traen consigo un temblor que lo mueve todo. Junio es uno de ellos. No pregunta, no avisa, no se disculpa. Simplemente aparece, como aparece el tiempo cuando decide recordarnos que sigue avanzando aunque nosotros estemos distraídos.
Cada año, cuando el calor empieza a insinuarse en las calles, miles de jóvenes se sientan ante un pupitre para enfrentarse a un examen que parece más grande que ellos. Y mientras los vemos entrar en las aulas con mochilas llenas de apuntes y manos que tiemblan un poco, entendemos que el tiempo también les ha llegado sin pedir permiso.
Nosotros, los adultos, miramos desde fuera, pero no desde lejos. Porque también fuimos ellos. También tuvimos dieciocho años y la sensación de que todo dependía de un número escrito en una hoja. También creímos que la vida se decidía en un examen, en una nota, en un instante.
Pero la vida —esa maestra silenciosa— se encargó de demostrarnos que no. Que los caminos se abren y se cierran sin seguir un calendario. Que lo que hoy parece definitivo mañana se vuelve pequeño. Que el tiempo, cuando pasa, también cura, acomoda, recoloca.
Y sin embargo, cada junio nos devuelve a ese vértigo. A esa mezcla de miedo y esperanza. A esa certeza de que crecer duele, pero también empuja.
Los jóvenes se juegan un sueño, sí. Pero nosotros nos jugamos otra cosa: la memoria. La memoria de quienes fuimos, de lo que temimos, de lo que deseamos con una intensidad que ya no recordábamos.
Porque el tiempo pasa sin pedir permiso, pero deja huellas. En los hijos que crecen. En los nietos que vuelan. En los amigos que ya no están. En los planes que cambiaron de forma sin consultarnos. En los días que se nos escaparon entre obligaciones y prisas.
Y aun así, hay algo hermoso en esa fugacidad: el tiempo no se detiene, pero nos enseña a detenernos nosotros.
A mirar a los jóvenes con ternura. A acompañarlos sin presionar. A recordar que nadie tiene por qué saberlo todo a los dieciocho. A aceptar que la vida no se decide en junio, ni en un examen, ni en una nota.
La vida se decide en el camino. En la constancia. En la capacidad de levantarse cuando algo no sale como esperábamos. En la valentía de seguir adelante incluso cuando el plan A se tambalea.
Junio pasará. Los exámenes pasarán. Los nervios pasarán.
Pero ellos —los jóvenes— seguirán construyendo su historia. Y nosotros seguiremos ahí, sosteniéndolos con la serenidad de quienes ya han sobrevivido a todos los exámenes que no venían en ningún libro.
Porque el tiempo pasa sin pedir permiso, sí. Pero también nos regala la oportunidad de mirar hacia atrás y decir: “Aquí sigo. Y sigo aprendiendo.”
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UNA TAZA DE CAFÉ RECIÉN MOLIDO
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Lena abre la bolsa y toma el que piensa que es el último pedazo de champurrada pero, para su sorpresa un puñado de pedazos más pequeños se revuelve con el pozolero. Asombrada cierra los ojos y vuelve a mirar dentro de la bolsa, aquello parece un gran guindo. Con urgencia otra vez cierra los ojos deseando que al abrirlos no encuentre de nuevo la gran hondonada, pero ahí está, inamovible, para entonces Lena ha entrado en un estado de estupor como la primera vez que vio la tierra roja de Salamá.
Algo la sacude, su respiración cambia de ritmo y siente como ahogarse con su propia saliva, desesperada hace el esfuerzo de tragar, pero hay un nudo de sal atrancado que se desmorona cuando siente el leñazo en la nuca y de sopetón comienza a rodar en los barrancos de la memoria. Cae a culumbrón[ en el sabor de las mañanas de su infancia. Ahí está de nuevo la imperdible, tan puntual e insobornable nostalgia que la lleva a lugares que están refundidos en saber qué recovecos de los años juidos
Para qué púchicas, se pronuncia, poniendo el enojo de pretexto, de nuevo con sus once ovejas para no declararse culpable de extrañar. Envalentonada solita se pone al brinco exigiendo que la esculquen y todo para no decir en voz alta que, como muchas otras almas la suya también añora de cuando en cuando. Se agarra el pelo en una cola, lista para la pelea y mete el pedazo de champurrada en la taza de café y como ya ha agarrado aviada también el pozolero de la bolsa, a gusto comienza a sopear con la cuchara.
Un pensamiento inmoral se le cruza por la cabeza, si la vieran sus amistades de ahora sopeando champurradas en una taza de café, la negarían como unas Judas. Más aterrada aún se pregunta qué dirían si supieran que su verdadero nombre es Magdalena.
¿Magdalena?, exclamarían en coro. Sí, como el pan, les contestaría.
No, pero es que más Judas que ella misma no hay, es toda una doble cara de las dobles caras de la clica de las Iscariotas, le replica de nuevo ese pensamiento inmoral que aparece siempre en el momento menos esperado, como la menstruación cuando se lleva ropa de color claro. Porque dicho está que a veces los pensamientos esos metiches la ponen en aprietos, con sus cosas inservibles como las fumadas esas de la dignidad, el respeto y otras hierbas. Cosas que solo le estorban, como las esquinas de las uñas del dedo meñique de los pies, que se ponen ahí de grandes mártires, pidiendo que no les pongan tacones apretados porque las lastiman. Já, lastimada estoy yo, exclama Magdalena en voz alta, pero al instante cierra el pico y vuelve a pensar para sus adentros, porque es mejor que nadie escuche lo que la memoria y su conciencia tienen qué decirle acerca de sus mañas de loca desquiciada.
Por ejemplo, si ya olvidó cuando de niña, descalza, acostada en la hamaca escuchaba a las chicharras cantar mientras sopeaba su tortilla tostada con banano en su taza de café recién molido, en casa de sus abuelos mientras su mirada se perdía en la majestuosa Sierra de las Minas.
Lena entonces vuelve en sí después del trance tan deplorable en el que la dejó el leñazo en la nuca, tira el café con la champurrada en el inodoro, agarra un yogurt del refrigerador y se va al gimnasio, donde quedó de juntarse con sus amigas para la clase de yoga e ir después a tomar jugos verdes al bar de jugos de Titi, que su nombre real es Margarita María del Carmen.
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EL BORDO GRANDE Y LA TRAGEDIA PAULATINA DEL AGUA
Enrique F Díaz Castro – México
La vieja y polvorienta brecha que lleva al Bordo grande o Plan, cruza a la orilla de vastas parcelas cuyo lucido verdor tiene el precio de estar dejando al pueblo sin agua.
Treinta años atrás podíamos presumir del vital líquido que incluso noche y día se tiraba al pie del auditorio municipal, en La Colonia, en La Nica y en rn los viejos lavaderos de La Peñita.
Hace una década inversionistas extranjeros llegaron con gordas chequeras, ofreciendo buen dinero por la renta de todas las hectáreas posibles para sembradíos, instalar túneles de plástico y hacer parir la tierra con tres o cuatro cosechas anuales, para eso, llegaron con certificados autorizados por parte de La Conagua para construir pozos profundos con un anchor no mayor a cuatro pulgadas y con un máximo de cien metros de profundidad para la pertinente extracción.
Está de más decir que no cumplieron y actualmente hay cientos de pozos profundos en El Plan, absorbiendo millones de litros del vital líquido a más de doscientos metros de profundidad y con tubos extractores de hasta ocho pulgadas de ancho.
Tangamandapio, Michoacán (Mex.) aquel pueblo antes pródigo en agua, hoy se consume en la sequía que paulatinamente crece, mientras los acaparadores, han construido gigantescas y profundas ollas almacenadoras con capacidad para cientos de miles de litros que a diario bañan los extensos invernaderos de ese permanente verdor cuyo alto precio radica en la cada vez mayor carencia del vital líquido en esta parte del occidente del enorme bajío mexicano.
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EL TEMBLOR QUE SE CONVIRTIÓ EN REVISTA
Elspeth Gormley – España
Nadie imagina que una revista pueda nacer desde una cama, desde un cuerpo cansado, desde una enfermedad que obligó a parar el mundo. Pero así empezó Letras Hispanas por el Mundo: no como un proyecto ambicioso, sino como un susurro. Como un temblor.
Al principio no había certezas. Solo una pregunta: ¿Seré capaz de volver a reunir a quienes escribían conmigo antes?
La revista nació tímida, casi pidiendo permiso. Nació con miedo, con dudas, con esa fragilidad que tienen las cosas que todavía no saben si podrán sostenerse. Era un reto personal, una forma de volver a la vida, de volver a la palabra, de volver a uno mismo después de haber estado ausente demasiado tiempo.
Pero hay algo que nunca se cuenta y que hoy merece ser dicho: yo no estaba sola.
Siempre hubo personas apoyándome. Amigos de los de verdad, de esos que se quedan cuando todos se van. Amigos que ya habían caminado conmigo en otro proyecto, que conocían mis silencios, mis pausas, mis miedos… y aun así me tendieron la mano. Fueron ellos quienes me dieron el empuje suficiente para comenzar de nuevo. Quienes me recordaron que la literatura no se apaga, solo espera.
Y entonces algo empezó a moverse. Una persona envió un texto. Luego otra. Y otra más. Y así, poco a poco, como quien enciende velas en una habitación oscura, la revista fue recuperando luz.
No hubo grandes planes. No hubo presupuesto. No hubo promesas. Solo hubo empeño, trabajo y una fe silenciosa en que la literatura todavía podía unir a personas que estaban lejos, muy lejos unas de otras.
Y funcionó. Hoy, aquella revista que nació con temblor se lee en Miami, en Centroeuropa, en rincones inesperados del mundo. Hoy, aquella idea frágil llama a la puerta del Ministerio de Cultura y de la Conselleria Valenciana. Hoy, gracias al esfuerzo silencioso de todos, estamos a un paso de algo que jamás imaginé cuando esta revista nació desde una cama: que el Ministerio de Cultura de España nos incluya en la lista oficial de publicaciones de contenido hispano, un reconocimiento que llega a través de los Institutos Cervantes repartidos por el mundo.
No es un logro mío: es el fruto de cada texto enviado, de cada lectura, de cada mano que empujó cuando la revista apenas podía sostenerse. Es la prueba de que lo que empezó como un susurro puede convertirse, con el tiempo, en una voz que viaja lejos.
Porque la verdad es esta: una revista no la hace quien la dirige, sino quienes creen en ella. Quienes escriben, quienes leen, quienes comparten, quienes empujan. Quienes se quedan.
Y la moraleja, si es que la hay, es sencilla:
A veces las cosas más fuertes nacen de los momentos más débiles. A veces lo que empieza como un temblor termina convirtiéndose en un camino. Y a veces, sin darnos cuenta, lo que creamos para salvarnos… acaba salvando a otros.
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DOLOR DE AUSENCIA
Leila Guerriero – Argentina
Entonces la levanté. Con la mano derecha la levanté de la camilla y me puse su cuerpo de tres kilos sobre el hombro, la acuné, le dije palabras de amor. La levanté igual que cuando estaba viva y maullaba por la casa y se movía como una diva hierática y yo corría jocosamente detrás de ella hasta que la levantaba, la ponía sobre mi hombro derecho, y ella disfrutaba y ronroneaba durante unos minutos hasta que se hartaba y quería bajar. La levanté y la acuné, el cuerpo todavía tibio y flojo, le dije amor, mi amor, aunque ya estaba fuera de este mundo, yacente, yerta, y le besé la cabeza, un fruto liviano y suave, y después de unos minutos volví a dejarla donde la habían puesto y me fui. Y no al otro día, pero sí al siguiente, el brazo derecho empezó a dolerme. Qué extraño, dije entonces, porque no había hecho esfuerzos raros, más bien había estado ocupándome de las tareas de la agonía y del alivio, de la internación y el acompañamiento, del abandono de la vida. Entonces fui al traumatólogo y me dijo que no era grave, que el músculo estaba presionando un nervio, que podía solucionarse fácilmente con unas aplicaciones de equis cosa, y fui en peregrinación hasta su consultorio en viajes tristes dos, tres veces por semana, y recibí un tratamiento efectivo que disminuía el dolor, y mientras el traumatólogo me decía cosas que eran ciertas ―el músculo presiona, el nervio se queja, el cuerpo sabe, inflama para desinflamar― yo empecé a pensar que mi brazo había absorbido el peso de la muerte, que el amor muerto se me había encarnado. Y me pareció bien que me doliera, me pareció bien que su muerte se prolongara en mi vida, en mi brazo ardiente, en el rayo del dolor, y mientras el dolor disminuía pensaba: “Doleme ahora, amor, porque es todo lo que va a quedar, este resto, el dolor de tu falta”. Pensaba, digo, lo que dice ese poema de Donald Justice: “Prolonga ahora el dolor si eso es todo lo que hay que prolongar”.
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DE LA GLORIA A LA DESDICHA
Gustavo Páez Escobar – Colombia
Con motivo del estreno de la película “Michael”, convertida hoy en éxito arrollador, recupero este artículo publicado en junio de 2009, a raíz de la muerte de Michael Jackson, el “rey del pop”.
Si al final de su vida estrepitosa y traumática a Michael Jackson le hubiera sido dado escoger entre la fama y la tranquilidad, supongo que no lo habría dudado: hubiera preferido ser un hombre del montón, alejado del vértigo de los aplausos y las lisonjas de la ponderación, con tal de ser feliz.
La fama tiene un precio alto, a veces demasiado alto, y Jackson lo pagó desde muy joven. Nunca fue feliz. Alguien que lo conoció de cerca afirma que desde los 20 años estaba deprimido. Y agrega: “Pasé mucho tiempo con él en la habitación
del hotel Mountcalm y vi cómo lo explotaban sus productores”. Como un sonámbulo cargado de dinero, y al mismo tiempo idolatrado y vitoreado por sus incansables multitudes de fanáticos, transcurrió toda su vida.
Esos fanáticos, ignorantes de lo que el ídolo tenía que soportar y padecer, nunca lo dejaron vivir en paz. Lo elevaban como un cohete a las altas esferas del elogio y a las atronadoras atmósferas del aplauso, sin permitirle que viviera su propia vida.
Pero su propia vida ya no era suya, sino de su público delirante. No se pertenecía a él mismo, sino al capricho de las multitudes. Le gustaba, por supuesto, sentirse idolatrado.
Desde su más tierna edad fue un niño desprotegido. Su padre lo maltrataba por su bajo rendimiento en las clases de canto y coreografía. Esa niñez desamparada del afecto paterno le dejó un trauma insuperable. Y se apegó al calor de la madre. A
su lado se sentía un niño mimado, así no lo fuera. Y se quedó niño para toda la vida.
Este niño grande que fue Michael Jackson le creó una morbosa atracción por la niñez. En su palacio de Neverland, sostenido a costos exorbitantes, instauró la figura de Peter Pan como una desviación de su mente protectora de los niños con quienes convivía, en los cuales volcó todos sus afectos. De tal modo acrecentó y falseó ese sentimiento, que no establecía límites entre la ternura y el abuso sexual.
Una vez pagó entre quince y cuarenta millones de dólares (nunca pudo conocerse la cifra exacta) para solucionar un pleito por el atropello de un menor de edad.
Hace menos de cinco años el mundo lo vio con las manos esposadas frente a una comisaría de Las Vegas, acusado por otro abuso sexual. Una hora después abandonó victorioso el despacho judicial, luego de pagar una fianza de tres
millones de dólares. Con el poder de su bolsa millonaria tapaba todos los
escándalos que producía.
Su fortuna, calculada entonces en 750 millones de dólares, se mostraba inagotable. Pero la realidad era desastrosa: cada vez se debilitaba más el imperio económico a merced de los pleitos, del declive de sus negocios como cantante y del costo ruinoso de las extravagancias que cometía. En las Vegas pagó perfumes por diez millones de dólares para su gran amiga Elizabeth Taylor, y para él compró un reloj de dos millones de dólares. Al final de la vida, estaba quebrado.
El derroche era uno de sus signos vitales. De esto no tenía plena conciencia, porque nunca aprendió a manejar el dinero: otros lo hacían por él y –lo que es más triste– saqueaban sus arcas sin control. Cuenta Grace Rwaramba, empleada
suya durante 17 años, que Jackson no conocía con exactitud los negocios que firmaba. Sobre los 50 conciertos que iba a realizar en Londres, y que le dejarían una ganancia enorme, el cantante creía que había firmado el contrato por diez
actuaciones.
La misma Grace revela que su patrono era un drogadicto crónico. No ahora, sino desde mucho tiempo atrás. Murió de un infarto final, a los 50 años de edad, enflaquecido y presa de infinita soledad. Todo hace suponer que la ingestión
permanente de medicamentos contra el dolor le produjo la muerte.
Vida desventurada la suya, que alcanzó una fama arrolladora y nunca conoció la dicha. Buscándola, llegó a la negación de sí mismo, de su raza negra, mediante la pigmentación de la piel. Dicen los siquiatras que la falta de identidad lo conducía a sentirse a veces hombre y a veces mujer. En virtud de ese conflicto patológico, desconocía la realidad. De ahí que se comportara como un niño, pero como un niño traumatizado.
Más allá de sus frustraciones y extravagancias queda el genio de la música. Un ser superdotado para el arte musical, que le aporta a la humanidad una leyenda que pocos mortales logran conquistar. Tal vez sin tantas limitaciones en su niñez y
sin tantas excentricidades en su edad mayor, no hubiera conseguido coronar la altura del mito. Del mito indefinible. Todo a costa del tesoro más grande: la felicidad.
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POESÍA – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
Cada poema es una luz que alguien deja encendida.
COLABORAN
Maren Alberdi – España
Magi Balsells – España
Inés Blanco (Luna de abril) – Colombia
Jorge Emilio Bosa – Argentina
María Elena Camba – Argentina
Libia B. Carciofetti – Argentina
Enrique Fredy Díaz Castro – México
María Cristina Fervier – Argentina
Carlos H. González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Lamberto Ibárez Solís – México
Carlos Jaramillo – México
Liliana Lorán – Argentina
Margarita Mangione – Argentina
Marwan – España / Palestina
Elena Medel – España
Nuri Montenegro – Ecuador
Antonio Morelos – México
Héctor Navia Garzón – Colombia
Raquel Olay de Leanza – Argentina
Sarah Petrone- Argentina
Ricardo Quattri – Argentina
Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez – Venezuela
Sandra B. Romeo – Argentina
Adriana Terán (Poetisa Cálida) – México / Argentina
Yanni Tugores – Uruguay
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LA VIDA
Maren Alberdi – España
He caminado al ritmo de la vida,
bebí su luz, su sombra y su ternura.
Guardé en mi piel la herida compartida
y en mi memoria, el don de la aventura.
Amé sin prisa, amé sin miedo a nada,
fui voz que nace, fui silencio abierto.
Y en cada paso, la verdad hallada
me devolvió mi nombre más despierto.
Hoy cierro el libro, pero no el camino:
la vida sigue, fértil, generosa.
Dejo mi canto, limpio y cristalino,
como semilla que en tu alma reposa.
— • — • — • —
ESPEJO CRUEL
Magi Balsells – España
Delante del espejo, veo una cara ajada
Llena de arrugas que inserto el tiempo
En sus semi cerrados ojos, una triste mirada
En sus labios sin sonrisa una mueca quedo-
Cada arruga una lejana vivencia pasada
sus ojos claros sirvieron para ver la belleza
de sus labios salieron bellas palabras de amor
ahora quedan en su mente y en la oscuridad-
Oscuridad que con los años se ha incrementado
con las perdidas naturales que trae la vejez
su pensamiento no es tan brillante ni certero
intentándolo suplir con los escasos pensamientos-
Pensamientos que a veces hacen brillas sus ojos
y de su boca salen quedamente palabras olvidadas
mientras sus labios embozan una triste sonrisa
que perdió su belleza, quedando solo en la tristeza-
Dejo de mirar este espejo, guardián del tiempo
se que tiene razón, aunque cueste admitirla
no hay milagro, solo la gran realidad de la vida
— • — • — • —
LOS RINCONES DE MI CASA
Inés Blanco (Luna de abril) – Colombia
Convivo con las piedras,
con ellas comparto
mis espacios.
Las recogí,
-porque ellas lo quisieron-
de los sitios
por donde anduve;
desde la Patagonia,
hasta México y más allá;
por el viejo continente
y por cada rincón
de la patria; las tomé
de sus ríos y montañas,
de pueblos y caminos.
Ellas, me brindan
su energía,
me hablan de milenios,
de las formas del agua,
de árboles y pájaros,
de pisadas sin retorno,
del dolor y la alegría.
En sus entrañas llevan
huellas y cantos
de mar y de glaciares,
silencios y palabras,
son de fuego endurecido;
sobre su piel
se grabaron los colores,
del arcoíris y de
auroras boreales.
Su energía me cobija
recorre junto a mí
sombras y lugares.
Son murmullos,
también algarabías.
Las hay finas y ásperas,
de caprichosas formas
que habitan
como la luz y el aire
los rincones de mi casa.
— • — • — • —
AMAZONA NOCTÁMBULA
Jorge Emilio Bosa – Argentina
Detente, amazona de la noche,
amante de la luna y las estrellas,
que has hecho de la lujuria derroche
montada a cada una de ellas.
Detén esa ritual coreografía
de tus dedos que, sobre mi camisa,
danzando liberan con maestría
sus botones. No vayas tan de prisa.
Si otra noche tu cuerpo has rentado,
hoy quiero yo trocarlo por tu alma;
para que permanezcas a mi lado
con la serenidad de un mar en calma.
No consumamos de un sorbo las horas,
pues son un trago largo para mí;
ese duro camino hacia la aurora
desde que aquella ingrata no está aquí.
Bebamos unas copas. Conversemos.
Dime si en tus parodias de amor
te sientes sola como yo, eso temo,
vistiendo de Pierrot a tu dolor.
Sosiega tu carrera desbocada.
Ya no lastimes a tu corazón,
dejando en él las espuelas marcadas
para intimarlo a fingir pasión.
Tal vez así, sin sentirnos forzados,
cabalgaremos por la alborada,
noctámbula amazona; aferrados
a sus crines candentes y doradas.
— • — • — • —
SOMOS
María Elena Camba – Argentina
Tu cuerpo
se hace selva
se hace río
soy balsa que navega
sin amarras por tu cauce
Sos ese norte que llega
en oleadas de esperanza
la redención de los pecados
la tierra prometida
de mis días tan ateos
La eternidad anida
en la comisura de tu boca
y en esos hombros
se recuesta redoblada
esa fe en nuestras horas
— • — • — • —
LLAMADA
María Elena Camba – Argentina
El invierno arrasa,
deshoja mi follaje.
Mis hojas caducan,
caen sin fuerzas.
Quizás mi tronco añoso
no resista este vendabal.
Cada vez cuesta más
reverdecer en primavera.
Mi nido despoblado
llama por trinos nuevos.
Tal vez sea hora
de forjar mi propio canto.
— • — • — • —
SI QUIERES BAILAR
Libia B Carciofetti – Argentina
Si quieres bailar, hazlo a mi ritmo.
No quisiera por un segundo perder el compás.
Nací sin brazos, pero con alas
Y en la magia de los sueños prefiero volar.
Si tú no me oprimes podré contonearme,
y en la armonía de tu abrazo me harás danzar.
Si regresas pronto, prometo esperarte.
pero si demoras, no me encontrarás.
Nací para ser libre como son las aves,
perderá todo derecho el que me quiera enjaular.
Atravesé tormentas y salí ilesa
aunque «desplumada» intenté sobrevolar.
Se que volverás amor porque me amas
buscando el refugio que no hallarás;
en brazos de nadie, porque no tienen alas
como tengo yo para poderte transportar.
La brisa me besa y trae tu perfume
de años enteros de felicidad.
Te pienso y recreo el baile de la vida,
que supimos un día muy juntos danzar.
Cuando pienso en ti me siento sola
pero se que en una clara mañana volverás.
Si quieres bailar, hazlo a mi ritmo
tiene cadencia y nos llenará de paz.
Mi vestido ondea al compás del viento
me despeinan los días ¿Regresarás?
— • — • — • —
ESPERANZAS
Enrique Fredy Díaz Castro – México
La primera lluvia aislada
refresca ya la región,
a modo de bendición
luego de largas jornadas,
con tardes adormiladas.
Luce el cielo encapotado,
el escenario ha cambiado:
rayos desgajan las nubes,
aroma a petricor sube
y el humor ha mejorado.
¡San Isidro no nos falles;
poco falta pa’ tu fiesta!
dejo de lado la siesta,
mejor es andar la calle.
¡Que llueva en cerros y valles!
El verdor en la campiña
nos motiva y desaliña
agua ya ocupa el riachuelo
como decían los abuelos:
«Mucha sed tiene la niña…»
Que el temporal puntualmente
arribe pues las cosechas,
necesitan amplias brechas
pa’ moverlas nuestra gente,
cuando el sol pinta en oriente
tapizado de esperanzas,
y en los ojos la confianza,
el noble y leal campesino
directriza su destino
entre aperos de labranza.
Algo espiritual nos mueve
cuando cantan las chicharras,
cómo acordes de guitarra,
el corazón nos conmueve
anunciando «pronto llueve».
Ojalá en todo el país
fuera ese mismo matiz:
el acompasado encanto,
al reforestarse el campo
desde profunda raíz.
— • — • — • —
TENGO UN POEMA EN BRAZOS AJENOS
Libia B. Carciofetti – Argentina
Tengo un poema en brazos ajenos.
¿Alguien me lo podría ir a rescatar?
Lleva mi nombre y también mi estilo.
¿Alguien hasta mis manos me lo podrá alcanzar?
Lleva mi perfume, «Mariposas de mi alma»
No es una fragancia por así decirlo «alternativa»
¡NO! Para ¡Nada! ¡Es la original!
Lo eché a volar en una madrugada
luego que mi musa me vino a visitar.
Cuando oí que bebía agua de fuente
y una ronda de pájaros se pusieron a cantar.
Traía en sus cabellos sujetas unas flores
descendió del unicornio y comenzó a danzar.
Se trepó por mis laderas y en el lago de mis sueños
se buscó reflejar.
Hacía tiempo que yo no escribía
el estrés, el cansancio, el esfuerzo de mi mente
se llamaron un día a descansar.
Pero ella vino envuelta en sus tules
de ilusiones vestida; que me logró despertar.
Abandoné mi letargo, estiré mis brazos.
inhalé profundo para luego exhalar.
Se llenaron mis pulmones de sahumerio sagrado
y de rodillas me incliné frente al altar,
sintiéndome Minerva, la diosa romana
de la sabiduría, las artes, pero también diosa de la paz.
¡Que misterio insondable éste de las letras!
Que se trepan por el alma y nos hacen gozar.
Que inundan la tierra, con su lluvia copiosa.
y agitan los vientos encrespando el mar.
Por eso no quiero yo que mis poemas
duerman en brazos que no son los míos.
Porque tienen registro de mi propiedad
no es egoísmo, los escribo con mi sangre
llevan mis huellas en cada palabra.
y robarme un poema inspiración divina
yo hasta lo llamaría pecado mortal.
Porque es escribir con palabras que yo siento
y de lo que es MÍO, nadie se debe adueñar.
Tengo un poema en brazos ajenos
Y nadie como yo lo sabrá acunar.
¡Devuélvanme el poema! Porque al abrir sus ojos
NO ME VERÁ… Y SE PONDRÁ A LLORAR.
— • — • — • —
TIEMPO DE BALANCE
María Cristina Fervier – Argentina
En las coordenadas de sombra y silencio
recorro un camino sin retorno.
Con dualidad de signos
y levedad de latidos,
me columpio en el péndulo
del humo de los tiempos.
Es época de balance,
en el registro de la memoria
descuento momentos y horas
que atraviesan la zona
vulnerable de la nostalgia:
amores desahuciados,
encuentros desencontrados,
alegrías que fueron
ilusiones transitorias.
En bosquejo de ruinas
recuerdos de un mítico pasado.
El dolor dejó cicatrices
y pulverizó el alma.
Fue el tiempo de la enseñanza.
Hoy, extravagante y loca,
con mi ganancia a cuestas,
pugno por adueñarme
de la luz de las estrellas
— • — • — • —
YA NO TENGO GANAS DE CANTAR
Carlos H González Saavedra – Argentina
En una esquina
Ni salir de juerga con amigos
Ya no me divierte, lo que antes me divertía
Es que me han arrebatado
Las ganas de bailar, de saltar
O de jugar con alegría.
Ya no tengo mi cabello negro
Tampoco los bigotes seductores, que tenía
No uso los trajes, que lucía.
Ando más sencillo por la vida
Me he dado cuenta
Que me he despojado de cosas
Que antes con orgullo vestía.
Aún camina por mis venas
La música y la poesía
Me he dado cuenta que ya nadie me espera
por las noches, para darme un beso en mis mejillas.
Me gusta observar por las mañanas
Como pasa la vida, tomando un café,
en cualquier esquina.
No me escondo, de los ojos querendones
Tampoco traigo besos escondidos
De alguna visita furtiva.
Me han arrebatado la juventud,
Pero no, la picardía.
Ni la dulzura de los romances
Ni mis manos cálidas
Ni miradas encendidas
Ahora voy a los codazos
con la vejez, todos los días
Mi pecho se abrió de par en par
Es por ahí, donde se han ido mis días
Y con ellos hijos, nietos y familia.
Un día lleno de bronca
le he cantado las cuarenta a la vida
He dicho
¡Todo, me has arrebatado!
Pero nunca…,
¡Podrás arrebatarme, la poesía!
— • — • — • —
LA LUZ DE MIS LETRAS
Elspeth Gormley – España
No nací del silencio,
sino del temblor que deja el viento
cuando acaricia lo que ama.
Mi voz no grita,
pero deja cicatrices dulces
en quien se atreve a escucharla.
Soy la brisa que no pide permiso,
pero entra por las rendijas del alma.
He amado sin ruido,
como el mar que besa la costa
……. sin romperla,
pero la transforma.
He llorado sin romperme,
como quien sabe
que la sal también es medicina
y que hay lágrimas que limpian
sin que nadie las vea.
Mi memoria es un jardín sin rejas,
donde crecen las voces
que el mundo quiso callar.
Soy raíz y vuelo,
puerto y tormenta,
abrazo y despedida.
Escribo porque el mundo
me eligió para decir lo que calla.
Y en cada verso,
hay un latido azul
que aún no sabe callarse.
— • — • — • —
ABRIL PASÓ
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Abril pasó… Abrimos la ventana.
¿Es Dios tanta hermosura o es el día?
Si no es Dios, es su exacta alegoría
lo que se ve a la luz de la mañana.
Sonora como un golpe de campana,
naturaleza expresa su alegría
cantando en polifónica armonía
al Creador y su obra soberana.
Son un prodigio el sol, la lluvia, el rayo,
la nube, el trueno, el corazón y el trino.
Y este prodigio tiene un nombre: mayo.
Mayo es la rosa abierta y encarnada.
Mayo el amor y la mujer y el vino,
y mayo… el beso rojo de la amada.
— • — • — • —
ESA MUJER
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Esa mujer era una fruta abierta
desgajada del árbol de la vida.
Excitante, jugosa, suculenta,
rica en aromas, pulpa apetecida.
Sus manos conocieron los misterios
que el placer de tocar trueca en delicia;
y la magia de arpegios inmortales
sus dedos le robaron al pianista.
Formaba con sus brazos levantados
una crátera inmensa de lujuria
como para escanciarla lentamente
sobre una piel desnuda.
Era mujer, pero podía ser diosa.
Quizás era una diosa desterrada
por negarle su amor a un dios bifronte
o por envidia de la virgen Diana.
Su boca era el panal de la ambrosía.
Arco triunfal para pasar a un cielo
de soles, lunas y luceros lleno,
jardín de una cascada de alegrías.
Y los hombres luchaban
por obtener tan solo
una brizna de amor, una sonrisa,
una palabra de sabiduría
de sus labios sapientes
que hablaban en parábolas de rosa
y en cantos de melódica armonía.
— • — • — • —
MAESTRO
Lamberto Ibárez Solís – México
A ti maestra, maestro yo te canto;
constructor de estrellas refulgentes
que nos dieron vida en el alma y en la mente
y con amor enjugaron nuestro llanto.
Su alfabeto enseñado con paciencia
y a veces con rudeza muy marcada;
aprendimos viniendo de la nada,
la grandeza del mundo y de la Ciencia.
Del verbo y el poder de la elocuencia
que de niños enseñaste con vehemencia;
siendo capaz de dejarnos como herencia
que tomáramos el gis con gran paciencia.
Por ello Maestra, Maestro yo te canto
y te agradezco en nombre de los miles
que empuñamos el gis y la pizarra sin fusiles
para formar seres de luz, llenos de encanto.
Gracias te doy por aprender las letras libertarias
que marcaron el derrotero de mi vida;
estas letras que amo tanto; consentidas
que usamos a diario y necesarias.
Maestras y Maestros que partieron a lo ignoto,
a lo lejano, al misterio, al Eterno Oriente
al panteón de los bienhechores; a lo silente…
sostenemos tu estafeta y tu decoro.
Consignamos tu plegaria redentora;
tu grito que clama justicia para todos
porque eres pueblo que caminas codo a codo
porque eres verbo que brillas cual aurora.
Hoy es Quince de mayo Maestro y es tu día;
Maestra y Maestro, faro de luz, idolatrado;
te agradezco por siempre lo enseñado
porque soy lo que soy; por ti… mi guía.
Sigue iluminando redivivo; cual sol radiante,
construye con tu alma la escuela libertaria,
sigue alimentando nuestra mente con tu savia
y llenes el mundo de buenos estudiantes.
Sigue humilde con tu obra bienhechora;
pues restas importancia a tus logros y virtudes;
tu obra está con Dios… en esas latitudes
y los niños son tu regalo que tú adoras…
— • — • — • —
HOY
Carlos Jaramillo – México
¿Cuándo es hora de partir
acaso alguien lo intuye
o siquiera tu conoces el orden
de cuando tienes que ascender?
De veras que la vida da risa,
por eso hay que vivirla sin prisa,
disfrutarla hoy como el único día,
intensamente que vivir es grandioso.
Por ello hoy vive y deja vivir,
Si hoy descubres un nuevo día
se feliz, y sirve a tu prójimo
que quizá mañana no haya tiempo.
Pues dentro de la magia de vivir
el futuro es totalmente incierto,
no sabes cuando vas a dormir
y es una incógnita la hora de partir.
Por eso hoy valora este día,
vívelo como si fuese el último,
disfrútalo que es tu regalo,
puesto que ser feliz o infeliz
será el mismo esfuerzo
y respirarás el mismo aire.
Por ello, mejor vive el presente,
porque quizá ya no haya mañana,
ya que la alborada es un misterio
y no se conoce la hora del vuelo.
Así que convive y deja vivir
actúa hoy con sabiduría
valorando tu estancia
como un regalo de Dios.
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BAILES VIEJOS
Liliana Lorán – Argentina
Hay unas notas sonando
por las calles de mi pueblo,
por las sendas de mi tierra,
en los suspiros del viento.
Son bellos sones de antaño,
los que oyeron mis abuelos
y al conjuro de sus notas
su buen amor construyeron.
Como ellos mi gente buena
en los bailes bien puebleros,
buscan la otra mitad
de sus amores en vuelo.
Yo evoco el hondo sentir
de sus anhelos y sueños,
cuando me embriago en acordes
y a nuestras danzas me entrego.
Quien puede bailar y baila
las danzas de nuestro suelo,
honra identidad y raíces
que afloran de bailes viejos…
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LA CAJA DE PANDORA
Margarita Mangione – Argentina
Siempre somos responsables de lo que no tratamos de impedir.
Sartre, Jean Paul – Filósofo y Escritor Francés – (1905-1980)
La caja de Pandora ya está abierta
y salen de su boca desdentada,
engaños que ocultaba su cubierta
corrupción y mentira silenciada.
Debajo están ocultas las verdades
que pugnan por salir hacia la luz,
miserias que arrasaron sociedades
y cargaron en hombros tanta cruz.
De a poco van surgiendo de la sombra
hambre, pobreza, enfermedad y llanto,
la basura debajo de la alfombra
ocultando la amargura y el espanto.
Huyen de adentro criminales hordas
aplastando esperanzas florecientes,
criaturas que gritan y están sordas
y abaten a los pobres inocentes.
La caja de Pandora se ha volcado
y emergen de sus pútridas entrañas,
aquellos que jamás habías pensado
que fueran ponzoñosos como arañas.
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AÑORANZA DE MI MAR
Margarita Mangione – Argentina
Cuántos años que te extraño
mi San Bernardo querido,
nunca te eché en el olvido,
y la ausencia me hace daño.
¡Cómo quisiera volver
a estar sentada en tu orilla,
y apreciar la maravilla,
de tus olas al romper!
Ver por la noche la luna
dejar su estela brillante,
sobre el agua fulgurante,
hermosa como ninguna.
Luego en el amanecer
mientras un mate tomaba,
mirar al sol que asomaba,
y en el horizonte arder.
Pero estoy agradecida
de los años que he pasado,
en ese lugar amado,
y me siento bendecida.
Hoy que mi vida está lenta
y mi cuerpo anquilosado,
no he de volver a tu lado,
con tiempo bueno o tormenta.
Quisiera antes de morir
si Dios me lo permitiera,
acercarme a tu rivera,
y al mirarte sonreír.
Más si no fuera posible;
que llegue a ti mi ceniza,
y la disperse la brisa,
en tu lomo inmarcesible.
Y allí por siempre estará
anclado a tu fondo umbroso,
un trocito silencioso,
de quien siempre te amará.
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ME GUSTA PENSAR QUE ES ASÍ
Marwan – España/Palestina
En cualquier habitación aleatoria de tu ciudad
o en una playa o en un parque,
en el metro o en el autobús,
estás tú
leyendo este poema
y el resto de emociones que conforman este libro.
Si al hacerlo
alguna premonición merodeara por tu pecho
o si en algún momento
las frases que acabas de leer
o que leerás dentro de un instante
te recuerdan algo de ti,
de tu pasado,
o te explican cosas que nunca entendiste
—y comprendes ahora a la luz de estos versos—,
si eso sucede
tú y yo dejaremos de ser para siempre dos desconocidos
y pasaremos a ser corazones cercanos,
cabos de una misma emoción,
náufragos de un mismo mar
que estando frente a frente
se dan cuenta de que pase lo que pase
otro corazón sintió lo mismo,
y aunque solo dure un instante,
cada vez que tengas este libro entre las manos
tú y yo
ya nunca más
volveremos a estar solos.
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ESCRIBIRÉ QUINIENTAS VECES EL NOMBRE DE MI MADRE
Elena Medel – España
Escribiré quinientas veces el nombre de mi madre.
Con un vestido blanco trazaré cada una de sus letras por las
paredes de mi dormitorio, por el suelo del patio del
colegio, por el pasillo de la casa más antigua. Para
recordar mi origen cada vez que yo viva.
En todos los lugares podré besar sus mejillas limpias de
cristal, aunque ella duerma lejos:
sus mejillas cercanas que me dolerán allá donde acaricie
su nombre escrito.
Tantos días, tantas noches habrá de alimentarme
amorosamente con su parábola descalza;
vendrá mi madre a arroparme, mujer de humo, con los ojos
tiritando de suerte,
y en cada sueño mis apellidos dolerán como un cartel de
bienvenida a un hogar diferente.
Sobre mi cabello, rubio como el de mi madre, la corona que
me ciño como hija primogénita de Dinamarca.
Me llamaré Vacía, en honor a mis muertos; miraré cómo
retozan de acrílico las palmas de mis manos, sangrará
mi lengua a disposici6n de mis muertos.
Gritaré quinientas veces el nombre de mi madre para quien
quiera escucharlo, y escribiré que bendigo este medio
corazón en huelga mío, pues no olvido:
nací para llorar la muerte de otros.
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LA NEGACIÓN
Nuri Montenegro – Ecuador
Cuando alguien se va
de nuestra vida,
llega el dolor de la negación,
tan fría, tan sombría.
Es como imaginar un viaje
que no termina;
solo te refugias en la oración
que te consuela,
y te permite pedir
por la persona que amas.
Quieres que Dios le dé el último regalo:
que esté en un lugar bonito,
aunque no estés a su lado.
Desearle paz es aceptar un final,
porque la vida se ha terminado.
Aunque el amor siga por dentro recordando,
el dolor va sanando.
Pero es imposible borrar el recuerdo
de quien te marcó,
quien te regaló momentos
que no volverán…
Solo queda aceptar
el final de su camino.
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ASÍ LO QUISISTE
Antonio Morelos – México
Callé por callar tú sabes,
porque sabía que decir,
se que tú eres responsable
de lo que te hace sufrir,
porque querías ver culpable
aquel que vivió por ti.
No reniegues de tu suerte
sabes muy bien que no existe,
sufrirás si, hasta tu muerte
porque tú así hoy lo quisiste
llorar no te hace más fuerte
más lloras lo que perdiste.
El tiempo te ama o castiga
según tu comportamiento,
no te obliga a que dicidas,
ni te da arrepentimientos,
puedes triunfar en la vida
o fracasar como haz hecho.
Tu forma de actuar sabías
que era por más negativa,
de quien te amó te reías
sabiendo que a él le dolía,
juzgaste muy mal la vida
y hoy tienes lo que querías.
Querías ser vista por muchos
y lograste tu objetivo,
de amor no te habla ninguno,
el tuyo, ya no es oído,
rodando hoy vas por el mundo,
es tu pago merecido
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ANIMAL BIZARRO
Héctor Navia Garzón – Colombia
Te someto a la palabra de mis ojos
en el relámpago de esta noche secreta.
Me abandono en la humedad
de tus delirios,
en el campo de tu virtud ardiente.
Los utensilios en el territorio
de batalla se rinden
en la lucha de sándalos
y orquesta de magnolias.
La piel fluye como un río de pirañas,
como fantasmas temerosos de gula,
pátina que se desborda en tus pechos
de bronce.
Ofrenda de llantos y gemidos
que se incrusta en los alerones
de las cejas y en el rictus de los labios.
Rigor de manos salidas de casillas
en la alambrada de tu pelo desbocado.
¡Qué temblores en tu vientre
caprichoso!
Fluye en mi pelaje de animal
bizarro.
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CARDUMEN
Héctor Navia Arzón – Colombia
Soy el cardumen de una especie humana,
abstracta, etérea.
Diría tal vez que imaginaria,
un gregario caminando por ahí.
Reventando todas las cuerdas
para saltar los abismos
de mis cuatro paredes.
Entregarme a ese mundo
que navega en las calles
sin ser visto por nadie,
sin ser oído por los vecinos de mi andén.
Solo, con la espada del silencio,
y el único grito de la palabra amor.
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PADRE ITALO
Raquel Olay de Leanza -Argentina
Hay personas que en un momento en gesto heroico dan
la vida, otras como el Pdre. Italo, la entregan de a poco
como una vela encendida, para dar luz a otros y restañar sus
heridas.
Queremos darte gracias Pdre. Italo, por cada enfermo
que fue confortado con tu visita, los sacramentos y
oraciones a favor de su salud espiritual y física.
Por cada niño que rescataste de la calle, del mal trato,
expuesto a tantos males, te hiciste padre de ellos y le
mostraste a Jesucristo como Camino, Verdad y Vida.
Por cada mujer que por tu asistencia, contención y
consejo pudo salir del error y vivir con amor y esperanza su
maternidad tan temida, salvando de la muerte al ser más
inocente e indefenso, en su vientre concebida.
Por cada vez que en el altar hiciste presente a Jesús
Eucaristía.
Por tantas veces que en nombre de Dios, perdonaste los
pecados de tus fieles, recuperando la gracia perdida.
Por ser incansable en predicar al Dios del Amor, de la Paz
y de la Vida.
También te pedimos perdón por aquellos que
respondieron con ingratitud a tus desvelos, haciendo
realidad el pensamiento de Juan Pablo II que dijo:
“El mal que se evita, es el bien que menos se agradece”
Hoy queremos agradecerte Padre. Ítalo:
Por el tiempo dedicado a los más necesitados.
Por tu donación sin descanso.
Por el amor entregado sin medida.
Por tu fe que hiciste vida.
Por tantas pruebas sufridas.
Te damos gracias Padre. Ítalo, y que el Señor y la
Virgen de Lourdes te bendigan.
(Falleció el 19 de Mayo del 2012
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BIENVENIDA
Sarah Petrone- Argentina
Recojo ternuras de un tiempo pasado
de ignotas regiones que no he visto nunca
me llegan rumores de risas y nanas
que fueron la esencia que soñé y no tuve.
Respiro en el aire la voz que añoraba,
el eco que un día se perdió y retuve
solo en el silencio de mi propia calma,
lo siento en el alma más fuerte que nunca.
Me pierdo en las calles lejanas y mías
con esa nostalgia de volver a casa
sin melancolía. Ya estoy en los brazos
de ésta, que siempre fue la patria mía.
Me besan las piedras cuando voy andando,
las flores me aroman en la bienvenida,
el aire suspira porque estoy llorando
dejando en mis ojos gotas de rocío.
Descubro promesas, rescato verdades,
mentiras y mitos de entre los escombros,
las fábulas dejan de ser solo fábulas
y así me hago cargo de toda mi vida.
Esta bienvenida que me llena el alma
hace que sienta que nunca me he ido,
abrazo ciudades, familias que estaban
mezcladas en medio de cientos de amigos.
El tiempo y la vida se van reciclando,
canciones, legados, como letanía
retumban acordes que se van pasando
de generaciones hasta nuestros días.
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CARTAS EN POESÍA
Ricardo Quattri – Argentina
Corazón encendido.
Alma enamorada.
Tu voz llega en las cartas,
Que dejaste en mi grabadas.
Tu amor de inmenso cielo,
De calma, me abrazabas,
Deslizaban tus deseos,
Me besabas el alma.
Tibia dicha perfumada
De tu encanto dulce.
En ti amada, soñabas.
Me abrazaste el corazón
Y la esperanza,
De este amor hermoso,
Mi ángel, mi sueño todo.
No hay modo de olvidarte.
Me dejaste envuelto
En los recuerdos
Vibrantes, nuestros.
Tu amor, mi amor,
Siempre al encuentro
Cerca
Dulce tu voz late en mí…
Acercándome tu paz,
Letra en poemas tus cartas,
Amante.
Instante de dicha de mi alma,
Transita.
Y el corazón palpita tú luz.
Ángel que me regalas
Tú calma en cada visita
Que te quedas cerca
Amor, dulce amor.
Locura de sueños primeros
Que se durmieron
Abrazados en dos almas
Bañadas de dulzura,
Por besos decididos
De premura y tibieza.
Albas de gestos del deseo
Desafiando el encuentro
De los cuerpos…
Duelo de caricias
A la certera entrega.
Sueños constantes
En vibrante escala
En proceso. Sed.
De nuevos besos creados
En profundidades y bellos
Deambulando en los rincones
De piel dispuestos,
Iluminados al fuego
Inextinguible, eterno.
Presos de amor, infinitos, sin tiempo.
Tú amor, mi amor, eterno.
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CONMIGO
Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez – Venezuela
Desde que tú estás conmigo,
ha cambiado el firmamento
y más dichoso me siento
porque estoy bajo tu abrigo;
en secreto te lo digo
que voy de la dicha en pos
para que escuches mi voz
susurrándote el oído
que yo nunca había tenido
una bella como vos.
Viajo con mis alegrías
como el viento en el planeta
y esa dicha se respeta
en las noches y en los días,
escuchando melodías
y extasiado en lo solaz
por la dicha que me das
con tu actuación cariñosa
tan atenta y tan preciosa,
porque eres buena y capaz.
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CONQUISTA
Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez – Venezuela
Bien te posesionaste de mi ser,
pronunciaré tu nombre hasta morir;
la dicha que me brinda compartir
entre tus brazos, siento renacer
Feliz estoy al ver amanecer
y despertarme en tu precioso lecho
porque lo imaginado ya es un hecho
divino que me hace estremecer.
Es tu amor el sublime acontecer
y el único habitante de mi pecho
que a nuestras vidas, hizo florecer.
Al tenerte conmigo y poseer
tu cariño me tiene satisfecho
y juntos, disfrutamos del placer.
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SEDUCCIÓN
Sandra B. Romeo – Argentin
Escucho a la muerte
piropear a mi vida.
La sigue, la acosa
la espera en las esquinas luminosas
y en las otras.
Mi vida
se engalana cada día más.
Le cree a la muerte
cuando le promete
congelarla
en las certezas de hoy.
Tiemblo.
Mi vida
siempre ha buscado certezas.
Y colgada del brazo de su muerte
ingrata y ciega,
me abandona.
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ALEGORÍA
Adriana Terán (Poetisa Cálida) – México/Argentina
En dónde han quedado
esos tiempos, esos años
en dónde mi piel era lozana y fogosa.
Esos tiempos…
Se escabulleron
ante tu falta de ganas,
ante la opresión
que me propinas
gozando cuando me ves
quemando sola.
Muriendo en vida
haciéndome creer
que mi cuerpo ha fenecido.
Que por haber vivido
merezco quedar aislada,
en el olvido y la distancia,
contemplando en el espejo
cómo mi piel se vuelve amorfa,
cómo me seco cual si fuera ciruela pasa.
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COMO DUELE TENERLO
Adriana Terán (Poetisa Cálida) – México/Argentina
Cómo duele quererlo tanto…
tener que dejarlo,
seguir caminando
sin incluirlo en mi destino.
La sangre me arde,
nada me consuela,
el cielo de acuarela
con lágrimas me despinto.
Me volví adicta
al veneno de sus labios,
duele excesivamente el cuerpo
cuando tengo que cargarlo.
Ruedo como piedra,
sin saber en dónde detenerme
desde que no estás aquí,
desde que te perdí.
Me duermo en el viento
junto a los recuerdos.
El amor no se olvida,
es tormenta sin rumbo fijo.
Te extraño, no te olvido,
veo cómo buscar
un equilibrio
para el corazón.
Te pido que a ella, no la beses,
no la toques cómo a mí,
porque nunca beso a otros
cómo te besé a ti.
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HISTORIAS DE UN PASADO
Yanni Tugores – Uruguay
Piso estas praderas fértiles
y me abraza la añoranza,
me envuelve este tibio céfiro
de espinillos y retamas.
Fue suelo de los indígenas
aniquilados con saña,
parte de una historia trágica
de mi país y su casta.
Hoy quedan solo unos símbolos
en los parques y las plazas.
Cuando los miro nostálgica
se me comprime hasta el alma.
Miro hacia el cielo ¡tan límpido!
El que otrora ellos miraban,
veo claras sus imágenes
de mi pueblo, de mi raza.
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LA INGRATITUD – POEMAS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
La ingratitud deja grietas que solo la palabra sabe nombrar.
COLABORAN
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INGRATITUD
Maren Alberdi – España
La ingratitud no muerde.
Apenas roza.
Pero deja un frío antiguo
en la parte del pecho
que creía a salvo.
No llega como un golpe,
sino como un olvido.
Un “ya no me acuerdo”,
un “no era para tanto”,
un silencio que se instala
sin pedir permiso.
La ingratitud es torpe:
no sabe despedirse,
no sabe agradecer,
no sabe mirar de frente.
Solo sabe irse
cuando ya lo diste todo.
Y aun así —qué ironía—
no consigue ensuciarte.
Porque lo que diste
sigue siendo tuyo:
tu gesto, tu entrega,
tu forma limpia de querer.
La ingratitud revela al otro,
no a ti..
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ME VOY
Magi Balsells – España
Con los sentimientos no se puede jugar
Ni con el pensamiento se debe lastimar
Te digo esto para que aprendas a caminar
De tu vida solo la has sabido derrochar
Engañaste a quien te mas te amaba
Mentiste sin perdón como mala mujer
A un hombre que siempre te adoraba
No supiste ni quisiste nada de este querer
Me costo darme cuenta de esta situación
Con tus encantos y remilgos me fascinabas
Pero al final tome una dolorosa decisión
Al verte así, ahora a mis pies implorabas
Me marcho, me voy, de ti no quiero nada
Quédate sola con tus falsas promesas
Ya no hacen mella en mí tu voz amada
Son como un murmullo de cuando rezas
Desperté de este mi amor no correspondido
Llore solitario en la oscuridad de la noche
Mi corazón mucho tiempo ha estado afligido
Me voy yo, aunque mereces que yo te eche
Ahora que en tu mirada aparece el odio
Más tendría que tener yo por lo que he pasado
Te molesta quedarte sin mi, yo con mi calvario
Pero se que con el tiempo todo será olvidado
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MUNDO INGRATO
Carlos H. González Saavedra – Argentina
Ingrato-desagradecido
Poco empático. Palabras del diccionario.
Humano superficial y de malos tratos
Pretende reemplazarnos
Donde la inteligencia artificial
Pretende arrebatar
A escritores y poetas
Arrebatarnos…,
La magia, la vida, el canto.
Luchemos para no ser devorados.
Vivamos en poesía, ante tanto desencanto.
Trabajemos la palabra como artesanos
Silenciosamente, con emoción y relato.
Ante cualquier arrebato
Siempre con emoción, hilamos frases,
como quien cose una herida, en medio del espanto.
Dejamos en cada texto, un pedacito de vida.
Vivir el poesía…,
Es una seria rebeldía, para el que vive
En la superficialidad, de un mundo ingrato.
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INGRATITUD
Elspeth Gormley – España
La ingratitud no avisa.
Te sonríe mientras te vacía.
Te abraza mientras calcula.
Te llama “amiga”
mientras afila la puñalada.
Hay personas que entran en tu vida
como si fueran un regalo,
y tú, confiada, les abres la puerta,
les das tu tiempo, tu escucha, tu casa,
hasta un pedazo de tu historia.
Y un día —porque siempre llega ese día—
te das cuenta de que no eran amigos,
eran huéspedes del interés.
Eran sombras disfrazadas de luz.
Eran Judas con perfume.
La traición no duele por lo que hacen,
duele por lo que tú diste.
Por lo que creíste.
Por lo que apostaste
sin imaginar que jugabas sola.
Entonces miras atrás
y todo encaja:
las medias verdades,
los silencios raros,
las risas que no eran limpias,
las ausencias disfrazadas de excusa.
La ingratitud te abre los ojos
de un golpe seco.
Te deja sin aire,
pero te deja despierta.
Y aprendes.
Aprendes que no se pierde un amigo,
se pierde un impostor.
Aprendes que dos lealtades valen más
que cien falsedades.
Aprendes que la vida se limpia sola
cuando la gente falsa se cae del camino.
Porque al final,
la ingratitud no te rompe:
te revela.
Te deja con menos gente, sí,
pero con más verdad.
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LA INGRATITUD
Jaime Hoyos Forero – Colombia
MOISÉS EN EL DESIERTO
(Éxodo 17, 1-7)
Un helado rocío
sobre la hoja aún verde de su frente
delataba su angustia bajo el sol del poniente.
Su brazo estaba firme. Pero el alma temblaba
como llama en el punto en que el viento la apaga.
Señor, si me apedrean –decía- no me importa,
pero la fe del hombre ¿qué base la soporta?
De sed muere tu pueblo en este mar de arena
-Moisés dice al señor- después de tanta pena
soportada en Egipto, después de tantas millas
caminando un desierto sin encontrar orillas,
la fe es llave en la arena que se quedó perdida;
murió ya la esperanza y agoniza la vida.
Y pese a su infinita grandeza, conmovido,
Dios se dijo al oírlo: “mi siervo me ha vencido”.
-Si dices que mi pueblo, Moisés, de sed padece,
agua yo le daré … aunque no la merece.-
Y Jehová, señalando las lejanas colinas
agregó solamente: “levántate y camina”.
Y Moisés pasa en medio de la turba que espera
desesperadamente con actitud de fiera.
Y en Horeb, con su báculo toca la roca dura
y al punto brota el agua con sin igual frescura.
Los hombres se aglomeran como figuras locas,
como un monstruo sediento que tuviese mil bocas.
De Dios ya no se acuerdan, no oran, no dan gracias
como si se olvidaran de todas sus desgracias.
Gratitud es palabra malsonante en la historia
y Jehová ya no tiene cabida en la memoria.
Moisés, viendo a su gente, cae entonces de hinojos
y de agua otra fuente humedece la arena:
las lágrimas dolientes que brotan de sus ojos.
Y triste y silencioso, Moisés a Dios invoca
y comprende el profeta que el corazón del hombre
es desgraciadamente … más duro que la roca.
Pasan siglos y siglos, y a pesar del desprecio,
Dios, clavado en la cruz, alzado sobre Roma,
el agua nos ofrece que brota de su pecho,
más viva, pura y fresca que el agua de la roca.
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ODA A LA INGRATITUD
Lamberto Ibarez – México
Cuando broté a la luz divina de la luz terrenal;
el hambre y la miseria fueron mis aliadas permanentes;
aprendí a vivir con ellas con el ansia de vivir y crecer;
con denuedo luché con dientes y garras paliadas.
Me revolqué en los cienos de la infamia;
vi la hipocresía disfrazada de verdad y no era;
la leí desnuda de los griegos y la mentira vestida
de los oropeles más lujosos de las falsedades.
Me tropecé con la falsedad y la desilusión
y fui oveja que cercenó el lobo en mi ingenuidad;
a pesar de conocer las palabras; endulzaron con miel
y con su enloquecedor canto las sirenas me envolvieron.
Ahora que he aprendido a esquivar el arsenal
bélico que contrae consigo la dura miseria y la infamia;
he aprendido a interpretar las sonrisas de la hipocresía
y cómo se visten; cómo deambulan las vidas humanas.
He mirado a los ojos a la ingratitud y he visto cómo se
desdobla el alma cuando está instalada en el corazón del traidor;
el hacha implacable de la historia los hará ver su propia miseria;
la miseria humana que es la que causa más vergüenza.
Solo me regocija el armónico silencio que me brindan
los niños y jóvenes por los que trabajé de sol a sol;
me alegra el saludo matinal de los labriegos de mi pueblo
con sus aperos al hombro y los hombres de atarraya.
Porque provengo de sus surcos de mis renovales;
a ellos les dediqué mi infancia y mi adolescencia
y me alegra el hecho; de haber contribuido al alimento;
me enorgullece el hecho de haber labrado mi vida.
La ignorancia y la mentira a veces triunfan sobre la verdad;
pero tarde que temprano; la verdad se erguirá altiva
y desenmascara a los fementidos; a los falsos redentores;
a los que creen que lo han logrado todo y son farsantes.
Algún día el polvo del arenal engullido les hará recordar
y caerán arrodillados sobre sus propias excretas;
mis lágrimas son bendecidas por el Gran Arquitecto del Universo;
el cual me hace caminar siempre a escuadra y sin perfección.
Las arenas de mi mar azul, inquieto y proveedor del humilde;
acaricia con suavidad mis mullidas pisadas y es mi aliado,
en horas de tristeza me acaricia, me consuela y me complace;
sumergido a nado abierto besa mi cuerpo desnudo y lo amo.
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LA INGRATITUD DE LOS HIJOS
Antonio Morelos – México
Es la ingratitud de algunos hijos
Pero así es
Fueron nueve meses estuvo cargando
dentro de su cuerpo a un hijo querido,
carga que ella amaba y vivía esperando
que cuando naciera sería él bienvenido.
Llegó el día esperado y el niño nació
la madre feliz y el padre orgulloso,
estaban contentos con mucha ilusión
querían a su hijo para darle todo.
El tiempo pasaba y el niño crecía
los dos procuraban que nada faltara,
el niño contento a su madre seguía
que por sus caricias o lo alimentara.
Después del primero llegó otra criatura,
crecían al parejo los dos hermanitos,
la mamá juraba y el padre es sin duda
que no cambiarían los dos angelitos.
Se hicieron pubertos y empezó el martirio,
ya no comían juntos como antes lo hacían,
si eran cuestionados se hacían ofendidos
sobre esa conducta que antes no tenían.
El tiempo pasaba y todo empeoraba
ya la convivencia se estaba acabando,
muchas noches solos, solitos estaban,
porque sus niñitos vivían trasnochando.
Cuando eran chiquillos juntos merendaban
y en el desayuno y comían así,
ahora ya crecieron de eso ya no hay nada,
y para los viejos, solo es el sufrir.
La mamá contenta y todas las noches
preparaba cena y servía la mesa,
su esposo miraba no tenía reproches
la besa en silencio y le da entereza.
Pasaban las horas y ellos no llegaban
los viejos decían diez minutos más,
dos platillos listos, listos se quedaban
dos platillos que hacen llorar a mamá.
Las horas, los días, semanas y meses,
tristezas y angustias traían a los dos,
solos en la casa como tantas veces,
miraban llorando el vacío portón.
Todas las mañanas con incertidumbre
buscan con anhelo hallar su alegría,
llegaban al cuarto como de costumbre,
más este está solo y la cama vacía.
Sus rostros demuestran tristeza infinita,
dos lágrimas ruedan quemando su piel,
se ve él muy nervioso y ella cansadita,
pero esperan juntos que cambien de ser.
De regreso juntos van a la cocina,
la mesa con gusto ponen otra vez,
se miran nerviosos pero su fe viva
de que ellos regresen para su vejez.
A veces llegaban con gesto de enfado
ella muy contenta sonriente ofrecía,
los ricos platillos que había preparado
y ello qué insolentes ni caso le hacían.
Contentos los viejos porque los tenían
en casa aunque fuera solo aquella noche,
porque ya como antes no se convivía,
eso que importaba no hacían un reproche.
Seguros que juntos todos estarían
tomando los cuatro delicioso almuerzo,
que ella cocinara con gran alegría,
pero se marcharon sin darles ni un beso..
Llorando en silencio solo se miraban
tocando las tazas puestas en la mesa,
entendieron todo que solos quedaban,
solo acompañados de su gran tristeza.
Eso pasa siempre al crecer los hijos,
si viven los viejos, son abandonados,
si ya se murieron se rompe aquel hilo
ese que de niño los guió con cuidado.
Ya aquel desayuno solitos tomaron
lo habían preparado con gran ilusión,
los panes benditos allí se quedaron
en aquella mesa tan llena de amor.
Esto no es ahora lo que está pasando,
ha pasado siempre y así pasará,
tus hijos pequeños te vives cuidando
pero ya crecidos te abandonarán.
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INGRATITUD
Sarah Petrone – Argentina
Supo que era amor, pero esquivó el abrazo,
sintió su corazón temblando de alegría,
desoyó la voz que se quedó llorando
abriéndose al dolor del que se hizo amigo.
Sabía que era amor, pero no hizo caso,
no supo discernir lo bueno que perdía
por permitir ganar los egos que lo ahogaban
cayó en la depresión más cruenta de su vida.
De nuevo en la pendiente secreta del letargo
solo la ingratitud rondó en la inmerecida
simpleza del calor de nuevas madrugadas,
entonces añoró lo que ya no tenía.
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TREINTA MONEDAS
Sarah Petrone – Argentina
Treinta monedas de plata
bastaron para tentar
la infamia que fue incitar
un sentimiento impiadoso
igual que animal rabioso
herido en muerte brutal.
Ya nada pudo cambiar
el destino del destino,
los tiempos fueron testigos
de tamaña indignidad,
un justo supo pagar
con su vida ese desprecio
que fue de muy caro precio,
tanto más que la maldad.
La noche se cierne y gime
bajo un cielo que solloza,
la voz que ahora se oye,
la que no quiso escuchar
carga en su soledad
en la angustia que castiga
con treinta monedas viles
matando al Dios de la Paz.
La espera larga termina
al alba que se demora,
no quedan sombras, ahora,
cuando brilla la Verdad
que con tanta liviandad
se ha ocultado. Redimida,
la voz de Cristo ha surgido,
la ingratitud va por detrás.
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SER UNO MÁS, NO SOLAMENTE UNO
María Rosa Rzepka – Argentina
La ingratitud es fruto amargo y sucio.
Es sembrado a conciencia, no al descuido.
El alma es como cuenco en que se vuelcan
aguas servidas, deshechos y residuos.
Cuesta tanto deshacerse de esa carga
como dejar atrás los daños recibidos.
Que se transforme en gratitud implica tanto
vaciar de toda envidia nuestra mente,
extirpando rencores que amenazan
convertirnos en autosuficientes.
La ingratitud no suma, resta siempre.
Indigna, hiere, sigue el sendero de la muerte.
El amor transita hacia la paz
generando proyectos que aparecen,
otorgándonos la gracia de crear, de creer
que, siendo vulnerables, el coraje nos permite crecer.
Sentirnos fuertes; que somos parte del racimo,
que una gota es sequía, más la lluvia
reconforta y sostiene a través de muchas gotas.
Comunión
al compartir. Dejar brillar la luna.
Ser uno más. No solamente uno.
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FALSEDAD
Yanni Tugores – Uruguay
Te di mis besos, mi risa, mi tiempo,
noches llenas de amor,
mi paz y mi silencio.
Puse el pan en tu mesa
al oír tu tormento.
Cobijé en el nido de mi pecho
tu dolor y tu miedo,
no pedí que cambiaras,
solo albergué el anhelo,
que quizás, algún día, tú me amaras.
Fui refugio de seda de tus lágrimas
vi luz en tu mirada,
no vi tu vida fátua.
Te di mi corazón
el tuyo no latía,
sentí que eran las penas
tan tuyas como mías.
Coseché tus promesas en el viento
palabras todas huecas,
y llenas de secretos.
¡Me advertían! Más yo no hice caso.
Bebí el cáliz muy falso de un lamento
y mi fe se truncó,
como se trunca el eco,
de la voz que le falla a las promesas
con sonidos ajenos.
El jardín que regué de juramentos
y donde antes cantaba la alegría,
ahora yace seco
ya no tiene vida.
Estoy sola, ¿por qué tu ingratitud?
Navego en mar amargo
pesada es esta cruz.
Construí con confianza
todo resultó falso,
todo se desmorona
hasta el más simple abrazo.
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LA INGRATITUD – RELATOS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
Hay raíces que sostienen incluso cuando nadie las honra. Maren Alberdi
COLABORAN
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LA INGRATITUD: ESE VIEJO ANIMAL DOMÉSTICO
Maren Alberdi – España
Hay palabras que una aprende tarde, casi por obligación. La ingratitud, por ejemplo.
No porque no exista —existe desde que el mundo es mundo— sino porque una, durante años, insiste en creer que los gestos tienen memoria, que el cariño deja huella, que la gente recuerda quién le sostuvo la mano cuando el suelo temblaba. Qué ingenuidad tan hermosa y tan inútil.
La ingratitud no llega como un golpe. Llega como un silencio. Como una silla vacía que antes estaba ocupada. Como un mensaje que no se responde. Como una mirada que te atraviesa, como si fueras un mueble que ya no combina.
No hace ruido, pero desordena. No hiere, pero desgasta. No mata, pero afloja algo por dentro.
Y sin embargo —y aquí está el misterio— la ingratitud no dice nada sobre quien la recibe. Dice todo sobre quien la ejerce. Es un espejo que devuelve la pobreza emocional del otro, su incapacidad para sostener vínculos, su torpeza para reconocer lo que le fue dado sin factura.
Una aprende, con los años, a no pedir agradecimientos. A no esperar aplausos. A no reclamar lo que no llega.
Pero también aprende a cerrar puertas con suavidad, sin ruido, sin explicaciones. Porque la ingratitud no merece escándalo: merece distancia.
Y en esa distancia, curiosamente, una recupera algo que había perdido sin darse cuenta: la dignidad de seguir dando, pero ya no a cualquiera. La serenidad de elegir mejor. La libertad de no repetir la misma lección. La lucidez de no quedarse donde no hay retorno.
La ingratitud es un animal doméstico: vive en todas las casas. Pero no todas las casas la alimentan. Yo, al menos, ya no.
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FUEGOS FATUOS — Relato inspirado en el poema de mi autoría
Enrique Fredy Díaz Castro – México
La modernidad había levantado sus muros altos y brillantes, tan llenos de novedades como vacíos de raíces. En medio de ese mundo acelerado, muchos viejos —y no tan viejos— empezaron a notar algo inquietante: los valores que antes sostenían la vida cotidiana parecían desvanecerse como humo.
En otros tiempos, un niño aprendía en casa, casi sin darse cuenta, la ternura, el respeto, la disciplina. Eran enseñanzas sencillas, transmitidas en la mesa, en la calle, en la escuela. Hoy, sin embargo, esas mismas enseñanzas parecían reliquias de un pasado ingenuo, casi una subcultura que algunos miraban con desdén.
La ingratitud se había vuelto un ejemplo doloroso. Hijos que hablaban a sus padres como si fueran estorbos; jóvenes que olvidaban quién los sostuvo cuando no podían sostenerse solos. Y ese olvido dolía, taladraba, dejaba cicatrices invisibles.
Tampoco entre amigos o compañeros asomaba ya el gesto sencillo del agradecimiento. Para muchos, lo material era primero; el afecto, un lujo prescindible. Un “buenos días”, un apretón de manos, una sonrisa franca… parecían imposibles en medio de la prisa y la apatía.
Los mayores se miraban entre sí, desconcertados.
—¿Qué les pasa a estos chamacos? —preguntaban—. ¿En qué fallamos como sociedad?
Mientras tanto, la vida seguía su curso: familias sin modales, hogares sin tiempo, costumbres vacías que se repetían sin alma. La apatía se había convertido en refugio, en excusa, en hábito.
Y, sin embargo, no todo era nuevo. La violencia, por ejemplo, siempre había estado ahí, desde que el ser humano es ser humano. Pero ahora parecía distinta: más inmediata, más gratuita, más normalizada. Se agredía a animales por diversión, se contaminaban ríos sin remordimiento, se encendían conflictos por cualquier cosa.
Para colmo, muchos sentían que las leyes protegían más al agresor que al agredido. —Derechos Humanos —decían algunos—. Pero ¿y los derechos del que solo se defendió?
En medio de ese panorama, una idea volvía una y otra vez, como un eco: quizá habría que retomar los viejos manuales, aquellos que enseñaban respeto, responsabilidad, límites, humanidad. No para volver al pasado, sino para no perder el futuro.
Porque, al final, muchos de estos comportamientos —esta ingratitud, esta apatía, esta violencia sin freno— parecían eso: fuegos fatuos, destellos pasajeros que confundían, que deslumbraban, pero que no podían sostener una vida digna ni una sociedad justa.
Y el relato se cerraba con una certeza sencilla: si queremos un mundo con sustento, habrá que volver a sembrar lo que nunca debimos dejar de cuidar.
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ENFURECIDA
Carlos González Saavedra – Argentina
Después de caminar tranquilamente por la vereda, vi su silueta a lo lejos y su andar cansino, inconfundible.Una furia me invadió, tome un caño de un negocio y corrí a su encuentro, enfurecida.Iba dispuesta a partirle la cabeza. Algo me detuvo, no se que.
Han pasado muchos años esperando este momento, pensé y me dispuse a seguirlo al menos para saber donde iba y ahí esperar la oportunidad.
Se dio cuenta o percibió que lo seguía.
Siempre fue muy sagaz, habia estado un paso delante de todos, y esta vez no era la excepción.
Este sujeto habia tenido a toda mi familia en vilo durante años.
Papa al quedarse sin trabajo, acudió en su ayuda. Con el fin de contar con un préstamo para poder solventar los gastos de la casa hasta que consiguiera un nuevo trabajo.
Hipotecamos la casa familiar con la promesa devolver el dinero en dos años.
José Inverso, no tenía escrúpulos y abusaba de la buena fe y de la ignorancia de la gente de trabajo.
Recién llegado de Italia, papa habia ayudado a su padre a construir una piecita donde viviría en su juventud, mientras terminaba sus estudios.
Ayudo a toda su familia y lo sostuvo en momentos difíciles.
Siempre había un plato de comida para Inverso y familia.
Sin embargo, no tuvo valor alguno, ni consideración, a la hora de rematarnos la casa.
Poco le importo mis hermanos más chicos y mama con dificultades en la columna para desplazarse. Termino en sillas de ruedas.
Jamás entendí tanta ingratitud.
Pensé algún día te encontrare.
Como hija mayor habia tenido que salir a estudiar y limpiar casas.
Por suerte después de tres años, me recibí de enfermera y trabajada en el dispensario y en hospital.
Salía de uno y entraba en otro. Trabajaba quince horas por día. Sin sábados, ni domingos los primeros dos años.
A poco de andar perdí de vista al prestamista y cansada me senté en un macetero.Pense en volver a casa.
Lo vi salir de la farmacia y sigilosamente lo comencé a seguir.Entro en el hospital, no se lo veía bien, pero caminaba derecho.
Poniéndome el delantal, pregunto en la guardia por el.
-Le están tomando la presion, parece que no se siente bien me informan.
Preparo nerviosamente, en el baño, una jeringa, un frasco de potasio, y quedo aguardando que lo acuesten en la camilla de sala de guardia, prácticamente, al lado del baño.
Miraba por el pasillo, si alguien me habia visto. Justo ese día estaba de franco, estaba completamente, fuera de día y horario.
Finalmente viene el medico, toma la presión le da una pastilla y aconseja que descanse, en lo posible que dormite, en media hora volvía y le tomaría nuevamente, haber si habia bajado. Acusaba 24-9.
Espiaba de vez en cuando si el pasillo estaba vacío y alguien lo acompañaba.
Me apoyo sobre la puerta pido al cielo que me ayude con esto y cargo el potasio en la jeringa. Totalmente conmocionada, me tiemblan las manos, pero mi paso firme marca mi rumbo. A no aflojar, ahora que estoy tan cerca. Pienso.
En ese momento miles de fragmentos de recuerdos, perdidos vuelven a mi mente. Recuerdo a papa, vencido con sus ojos escarchados tratando de consolar a mama en su silla de ruedas.
Horas sin sueño, desazón, llantos, angustias, mama y papa entregados a la buena de Dios. Desconsolados al enterarse que habíamos perdido la casa Mis hermanos miraban asombrados con lágrimas en los ojos como el oficial de justicia ordenaba el desalojo, tirando todo en un camión de la municipalidad.
Finalmente el club de barrio nos presto un galpón, allí fuimos.
Yo sin saber que, ni cómo hacer, para sostener a mi familia, la que me habia dado todo.
Salimos adelante con la ayuda de los vecinos que contuvieron a mis hermanos y mis padres, que seguían desvastados.
Recuerdo que Inverso estaba presente.
Conmovida pedí-¡Piedad José!
-¿Para que piden dinero, si no pueden pagar? Me contesto con voz metálica.
Mientras apretaba los dientes de bronca, silenciosamente.
Dije: ¿Porque eres tan ingrato? Mirándolo a los ojos.
Nada, contesto.
Entré decidida a la habitación, dormitaba, tenía la bolsita con suero, inyecto en el suero todo el frasco de potasio.
Salgo raudamente, cuelgo mi delantal en un perchero cualquiera y gano la calle.
Un aire fresco inunda mi rostro, respiro profundamente y exhalo como abandonando tantos años de angustia. Ese día habia cambiado mi vida.
Pude demostrarme a mi misma todo lo que era capaz de hacer por mi familia.
Llego a casa, agotada y contenta mis hijos preguntan
-Estas bien bien mama?
-Siii, nunca estuve mejor
Pasaron dos días y en el diario local, informan del desafortunado desenlace que ha tenido el Sr. José Inverso al internarse en el hospital por un problema de presión.
La autopsia indico que murió por muerte natural.Nada hacia pensar en su deceso.
Sin embargo el fiscal abrió la investigación nuevamente por muerte dudosa.
Motivado por encontrarse un frasco vació de potasio y un par de guantes quirúrgicos
Un testigo afirma haber visto un señor salir raudamente de la habitación en situación sospechosa. El mismo es buscado intensamente de acuerdo a la descripción del testigo.
Al mes, una placa recordatoria en la plaza principal, homenajeando a José Inverso, una persona desinteresada y benefactora del hospital.
Por mi parte seguí con mi tarea de enfermera .Al mes fui nombrada, jefa de enfermería por mi abnegación y asistencia al los enfermos.
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LA INGRATITUD
Elspeth Gormley – España
La ingratitud no llega como un portazo. Llega como un murmullo. Como un “oye, ¿y lo mío para cuándo?” dicho con la boca llena de exigencia y las manos vacías de gratitud.
Yo lo he visto tantas veces que ya podría reconocerla por el olor: esa mezcla de prisa ajena, ego inflado y memoria selectiva.
Publicas a alguien con cariño —con tiempo robado a tu propio descanso, con cuidado, con mimo— y durante un instante crees que ese gesto va a resonar en algún lugar. Pero no. A veces lo único que resuena es la queja.
Que porque no sale mi foto.. Que si el texto debería ser más largo. Que si por qué no salen antes que otros. Que si faltaba esto, que si sobraba aquello. Y, por supuesto, ni rastro de un “gracias”. Ni uno. Ni medio.
La ingratitud es así: no muerde, pero desgasta. No grita, pero invade. No hiere, pero te deja una sombra en la piel.
Y lo peor no es lo que hacen. Es lo que te hacen pensar: que quizá fuiste tú quien dio demasiado, quien abrió demasiado, quien creyó demasiado.
Pero no. La ingratitud no habla de mí. Habla de ellos. De su pobreza emocional, de su incapacidad para sostener un gesto sin convertirlo en deuda, de esa torpeza tan suya para reconocer lo que reciben sin exigir más.
Yo ya no discuto. Ya no explico. Ya no justifico.
He aprendido a cerrar puertas con la misma suavidad con la que antes las abría. A dejar que cada cual se quede con su ruido. A no alimentar animales que no saben convivir.
Porque al final, la ingratitud es eso: gente que recibe más de lo que da, y aun así se permite exigir. Personas que convierten un gesto generoso en una obligación, y un regalo en un derecho adquirido. Y cuando ya no pueden sacar nada más, simplemente te dejan con el eco de su silencio, como si nunca hubieras estado ahí.
Sigo dando —sí—, pero no a cualquiera. Sigo publicando —sí—, pero no para quien confunde generosidad con obligación. Sigo abriendo espacio —sí—, pero solo a quienes saben que un “gracias” no cuesta nada y, sin embargo, lo cambia todo.
La ingratitud se queda fuera. Yo, dentro. Y la puerta, por fin, en paz.
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EL PERRO QUE ESPERABA
Juan José Izaguirre – España
Durante años, él fue su sombra. La seguía por la casa con ese trotecito alegre que solo tienen los perros que aman sin medida. La esperaba junto a la puerta cada tarde, como si el mundo entero cupiera en ese instante en que ella metía la llave en la cerradura. Dormía a sus pies cuando estaba triste, y ladraba a cualquiera que se acercara demasiado cuando ella tenía miedo.
Él no sabía de horarios, ni de cansancio, ni de decepciones humanas. Solo sabía querer.
Ella, en cambio, fue cambiando. Primero llegó el trabajo nuevo, luego la pareja, después la mudanza. Y con cada cambio, el perro fue ocupando menos espacio en su vida. No en la casa —en la vida. Que es donde realmente importa.
El día que hicieron las cajas, él las olió todas, moviendo la cola, creyendo que era un juego. Ella lo miró de reojo, como si le pesara algo que no quería pensar. —No puedo llevarte —murmuró, sin mirarlo a los ojos. Él ladeó la cabeza, como hacen los perros cuando intentan entender lo que no entienden.
Lo dejó en un refugio pequeño, diciendo que “no tenía sitio”. El perro, sin comprender, se quedó sentado frente a la puerta por la que ella había salido. No lloró, no ladró, no hizo escándalo. Solo esperó. Porque los perros esperan incluso cuando ya no hay nadie que vuelva.
Los voluntarios del refugio decían que era un perro bueno, noble, de esos que parecen pedir perdón por existir. Comía poco, dormía mucho, y cada vez que alguien abría la puerta, levantaba la cabeza con un brillo que se apagaba en cuanto veía que no era ella.
Pasaron semanas. Pasaron meses. El perro seguía esperando.
Un día, una niña se acercó a él con una galleta en la mano. Él la olió despacio, como si temiera romper algo. La niña lo abrazó sin miedo, y él apoyó la cabeza en su hombro, cansado, rendido, pero todavía capaz de amar.
La adoptaron esa misma tarde.
Y aunque nunca volvió a mirar hacia la puerta del refugio, aunque aprendió a dormir tranquilo y a correr por el jardín como si la vida empezara de nuevo, algo en sus ojos quedó marcado para siempre: esa herida silenciosa que deja la ingratitud de quien fue todo… y decidió no ser nada.
Porque los perros no saben odiar. Pero sí saben recordar.
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RELATO DE LA GRATITUD.
Nuri Montenegro – Ecuador
Ella miró por la ventana: eran las 17:57.
Observó la luna clara y resplandeciente y susurró: “Es luna llena”. Entonces recordó a su amor, aquellas noches en que ambos la contemplaban y el ambiente se llenaba de ternura. Sonrió con nostalgia y sintió gratitud; agradeció
a Dios por haber puesto la luna en cada uno de sus encuentros, como un
puente silencioso entre sus corazones. Comprendió que, en la distancia, la luna
seguía siendo su puerta de unión, el testigo fiel de un amor que no se apaga,
que resiste el tiempo y siempre encuentra la forma de sentirse cerca.
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INGRATITUD
Ana Unhold – Argentina
La ingratitud no es olvido: es una elección.
Se expresa en gestos concretos, en el desdén o la indiferencia frente a los esfuerzos ‒ a veces sacrificios ‒ de otros.
A lo largo de la vida todos recibimos actos de generosidad. Algunos responden con
agradecimiento puntual; otros adoptan la ingratitud como una forma de estar en el mundo. Y eso es
más grave.
Soy escritora y artista plástica. He tenido maestros notables, generosos, de esos que dejan huella. Durante años, en Bogotá, me formé con ellos. Tiempo después ,ya en Argentina, una pareja se irritaba cada vez que yo los mencionaba en una presentación o en una inauguración.
No entendía por qué debía agradecer: según él el talento era únicamente mío. Esa escena, repetida, me reveló algo más profundo: la ingratitud puede disfrazarse de afirmación personal. Pero en el fondo es una forma de negación del otro, una traición silenciosa.
Creo que los talentos, son, en parte, préstamos. Los desarrollamos, sí, pero no nacen en el vacío.
No es un problema menor: atraviesa la vida privada y también la pública. La historia está llena de figuras que ampliaron derechos o mejoraron la vida de otros y, sin embargo, recibieron a cambio olvido o desprecio.
Ningún atleta llega solo. Sin embargo, no todos eligen recordar: algunos agradecen y nombran; otros se atribuyen el logro como propio.
En ese gesto mínimo ‒nombrar o borrar‒ hay una ética.
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CUENTOS Y RELATOS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
“Historias que se escriben solas cuando alguien se atreve a recordarlas.” E. Gormley
COLABORAN
BASERRI: DONDE EMPEZÓ MI MUNDO
Maren Alberdi – España
Había un lugar donde la vida tenía otro pulso. Un latido más lento, más hondo, más antiguo. Ese lugar era el baserri.No era solo una casa: era un modo de estar en el mundo. Una forma de mirar. Una memoria que no se borra.
Dicen que el baserri es símbolo de nuestra historia, de nuestra cultura, de la manera en que entendimos la vida durante siglos. Y es verdad. Pero para mí, además, fue mi primera patria.Mi infancia transcurrió entre el mar y aquel caserío que quedaba a unos kilómetros de donde vivíamos. Entre semana, ciudad y colegio.
Los fines de semana, tierra, barro, animales, humo de leña y la voz de mi amona llamándonos a la mesa
.Ella administraba todo: la casa, la economía, el huerto, los animales, los remedios, el tiempo y hasta el silencio. Era una mujer de esas que ya no se fabrican: firme, digna, trabajadora, callada, con un amor que no hacía ruido pero lo sostenía todo.Mi amona no hablaba mucho.
Miraba, observaba y callaba. Y en ese silencio suyo había más sabiduría que en cien libros. Cuando preparaba la mesa, era como si encendiera el hogar. Colocaba los platos con una delicadeza que parecía un rito. Su voz era abrigo. Su gesto, la entrada. Y nosotros, alrededor, éramos un pequeño país que solo existía allí.
Yo, pequeñita, corría por el prado creyendo que el mundo cabía a su lado. Ponía nombres de reinas a las gallinas y les inventaba vidas pequeñas.
Las vacas me miraban con esa calma de siglos que tienen los animales que han visto pasar generaciones.
Y el campo… el campo era un libro lleno de sigilos.Las manos del caserío —las de mi amona, las de mi madre, las de mis tías— siempre estaban encendidas. Amasaban el pan. Sostenían las vidas. Preparaban ventas. Cuidaban la tierra.
Y yo aprendía, sin saberlo, el pulso que al alma se aferra. Aquel baserri fue escuela y refugio. Mi mapa y mi influjo. Mi raíz más honda.
Hoy cierro los ojos y vuelve el sonido: el crujido de la madera, el golpe del cubo contra la piedra, la risa de mis primos al correr en bicicleta, el olor a sopa recién hecha y ese aroma inconfundible de la leche recién ordeñada, mezclado con el aliento dulce de los manzanos del prado
.Y entonces aparece ella: mi amona, con su pañuelo en la cabeza, su saya y su delantal siempre limpios, y esos ojos verde oliva que no necesitaban hablar para decirlo todo.
Vuelve mi amona. Vuelve su mesa. Vuelve el caserío entero.Y entonces lo entiendo: no importa cuántos años pasen ni cuántos lugares visite.
Mi origen está allí, en ese caserío que me enseñó que la vida se sostiene con manos firmes, silencios sabios y un amor que no presume, pero nunca falla
Baserri = caserío vasco
Amoma= Abuela en euskera
UNO DE TANTOS
Magi Balsells – España
Mientras la fina y pertinaz lluvia sigue cayendo sobre mi encorvada espalda, la cual tengo protegida con un plástico , debajo del cual mis pobre pertenecías de ropa, se estan empapando poco a poco , y la vez penetran suavemente hacia mi cuerpo deprimido y ajado por las circunstancias de mi triste existencia de la cual no doy culpa a nadie sino a mi solo, ya que no fueron quizás circunstancias sino malos momento que cualquiera puede pasar y por falta de experiencia ocurre lo que a mi en estos momento me esta pasando,
No tengo casa, vivo en los portales , o debajo los arcos de algún lugar escondido, como en este momento en que estoy en el pórtico de un templo, a resguardo de esta fastidiosa humedad, esperando que amaine este aguacero para poder ir en busca de mi sustento en una casa de caridad en la cual con muy buena fe , por lo menos un plato de sopa caliente me dan y si hay suerte puedo conseguir alguna vianda mas, buenas personas estas monjitas, entiendo que hacen lo que pueden, pero claro mis necesidades como las de muchos como yo, son superiores a las atenciones que recibimos , después tendré que buscar cobijo , en algún lugar en el cual quede un poco resguardado de la frialdad de la noche, llevo mis pertenencia encima mío igual que mi casa , es de cartón, hoy tuve suerte encontré una gran caja que me permite ponerme por entero en su interior, taparme con esta vieja manta que me dieron no recuerdo quien, ya que muchos días fue cuando ocurrió, esta sucia , pringosa, no se si huele mal, es igual , nadie vendrá a taparse con ella, solo yo y por que no tengo otra cosa ni puedo comprarla, no tengo dinero si algo recojo de alguna alma bondadosa, solo me sirve para comprar algo de pan
Y si no esperar que cierren la panadería y me den lo que les sobro del día, poca cosa, pero algo es para alimentar mi maltrecho cuerpo, también voy por los mercados , no ha pedir , aunque alguna vez tiendo la mano y pocos depositan algo en ella, pero si en las paradas de fruta, en ellas siempre hay piezas defectuosas o en no muy buen estado, , me hacen un pequeño paquete, con diferentes tipos de fruta, , no soy muy recatado en comerla toda , y agradecerles con mis mejores palabras la atención, a veces no hay fruta en estas condiciones, pero siempre hay alguna cosa, me conocen y saben que con cualquier detalle me conformo por misero que sea para mi siempre es un tesoro
Tengo que dejaros sino llegare tarde a buscar mi sopa y parece que el tiempo amaino,
Recojo mis bártulos y parto lo más rápido que puedo, no sea cuestión que me quede sin mi ración, aunque es poca y pobre siempre es de agradecer
UN MENSAJE
María Elena Camba – Argentina
Patricia estaba en la oficina y decidió mirar su facebook para distenderse. Era la segunda vez que esa mujer se contactaba.. Quería comunicarse con José. El no le contestaba y al verla en todas las fotos etiquetada a su lado, decidió escribirle. Cuando legó a su casa le comentó a José. La miró sorprendido y desvió la vista. -Es una mujer loca, olvidate de ella, le dijo.
Patricia se preguntó cuánto sabía de su pareja. Lo había conocido en un curso de náutica hacía diez años. Era mucho mayor, siempre le gustaron los hombres más grandes. Había cursado la universidad en España y regresó al país ya recibido.
A pesar de su advertencia , decidió contestar el mensaje. Le preguntó a Mercedes, así se llamaba la madrileña, por qué necesitaba comunicarse con José. Miró su perfil, una linda mujer, más grande. Cerró el face y se dedicó a trabajar. Llegó tarde a casa. Su marido la estaba esperando con la cena y el malbec que tanto le gustaba. No hicieron el amor, estaba agotada.
Apagó la luz. Sonó su celular, entraba un mensaje. Tapó la pantalla del teléfono con la sábana. José dormía profundamente. Era un mensaje de Mercedes, lo leyó. José es el padre de mis cuatro hijos.
Los chicos no quieren saber nada con él pero creo que lo justo es que les deje algo a ellos. Todos estos años los mantuve como pude. Por eso quiero hablar con él
UNA TAZA DE CAFÉ RECIÉN MOLIDO
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Lena abre la bolsa y toma el que piensa que es el último pedazo de champurrada pero, para su sorpresa un puñado de pedazos más pequeños se revuelve con el pozolero. Asombrada cierra los ojos y vuelve a mirar dentro de la bolsa, aquello parece un gran guindo. Con urgencia otra vez cierra los ojos deseando que al abrirlos no encuentre de nuevo la gran hondonada, pero ahí está, inamovible, para entonces Lena ha entrado en un estado de estupor como la primera vez que vio la tierra roja de Salamá.
Algo la sacude, su respiración cambia de ritmo y siente como ahogarse con su propia saliva, desesperada hace el esfuerzo de tragar, pero hay un nudo de sal atrancado que se desmorona cuando siente el leñazo en la nuca y de sopetón comienza a rodar en los barrancos de la memoria. Cae a culumbrón] en el sabor de las mañanas de su infancia. Ahí está de nuevo la imperdible, tan puntual e insobornable nostalgia que la lleva a lugares que están refundidos en saber qué recovecos de los años juidos
Para qué púchicas se pronuncia, poniendo el enojo de pretexto, de nuevo con sus once ovejas para no declararse culpable de extrañar. Envalentonada solita se pone al brinco exigiendo que la esculquen y todo para no decir en voz alta que, como muchas otras almas la suya también añora de cuando en cuando. Se agarra el pelo en una cola, lista para la pelea y mete el pedazo de champurrada en la taza de café y como ya ha agarrado aviada también el pozolero de la bolsa, a gusto comienza a sopear con la cuchara.
Un pensamiento inmoral se le cruza por la cabeza, si la vieran sus amistades de ahora sopeando champurradas en una taza de café, la negarían como unas Judas. Más aterrada aún se pregunta qué dirían si supieran que su verdadero nombre es Magdalena.
¿Magdalena?, exclamarían en coro. Sí, como el pan, les contestaría.
No, pero es que más Judas que ella misma no hay, es toda una doble cara de las dobles caras de la clica de las Iscariotas, le replica de nuevo ese pensamiento inmoral que aparece siempre en el momento menos esperado, como la menstruación cuando se lleva ropa de color claro. Porque dicho está que a veces los pensamientos esos metiches la ponen en aprietos, con sus cosas inservibles como las fumadas esas de la dignidad, el respeto y otras hierbas. Cosas que solo le estorban, como las esquinas de las uñas del dedo meñique de los pies, que se ponen ahí de grandes mártires, pidiendo que no les pongan tacones apretados porque las lastiman. Já, lastimada estoy yo, exclama Magdalena en voz alta, pero al instante cierra el pico y vuelve a pensar para sus adentros, porque es mejor que nadie escuche lo que la memoria y su conciencia tienen qué decirle acerca de sus mañas de loca desquiciada.
Por ejemplo, si ya olvidó cuando de niña, descalza, acostada en la hamaca escuchaba a las chicharras cantar mientras sopeaba su tortilla tostada con banano en su taza de café recién molido, en casa de sus abuelos mientras su mirada se perdía en la majestuosa Sierra de las Minas.
Lena entonces vuelve en sí después del trance tan deplorable en el que la dejó el leñazo en la nuca, tira el café con la champurrada en el inodoro, agarra un yogurt del refrigerador y se va al gimnasio, donde quedó de juntarse con sus amigas para la clase de yoga e ir después a tomar jugos verdes al bar de jugos de Titi, que su nombre real es Margarita María del Carmen.
VIENTO QUE RECUERDAA, VIENTO QUE SOSTIENE
Inés Dagand – Argentina
Relato-testimonio
Hoy el viernes amaneció con un viento terco, de esos que parecen querer llevarse nuestros pensamientos lejos, como si supieran que a veces pesan demasiado. Y la lluvia, fuerte, insistente, cae con esa manera suya de limpiar lo feo, lo malo, lo que se nos pega sin pedir permiso.
Mientras la escucho golpear contra las ventanas, me acuerdo de cuando era joven. Mi padre salía con aquel tanque con canilla, juntaba el agua de lluvia como si fuera un tesoro. Con esa agua nos lavábamos la cabeza, y yo juraba que nunca había nada más puro. También teníamos un molino bombeador, porque él tenía quinta. Qué tiempos felices fueron aquellos. La niñez siempre vuelve cuando llueve fuerte: vuelve en olor, en imágenes, en un latido.
Y hoy, poeta, el viento no deja de soplar. Sopla tanto que parece música, una música rara, fría, que anuncia un invierno adelantado. Nos enferma con gripes que llegan antes de tiempo, sin avisar. Pero no queda otra que enfrentarlo, como se enfrenta todo lo que llega sin pedir permiso.
A veces pienso que si pudiera ser golondrina, volaría hacia donde está el calor y no conocería el invierno. Pero no, yo soy más bien calandria: la que se queda en su nido aunque azote el temporal, la que resiste, la que canta igual aunque el cielo esté gris.
Por eso te pido, Inés, mándanos un rayo de sol. Uno pequeño, uno tibio, uno que ilumine nuestras mentes con poesía. Con mar. Con campo. Con olor a hierbas recién mojadas.
Un abrazo lleno de nostalgias y sueños. De esos que no se pierden con el viento.
EL FANTASMA QUE TEMIA A LOS RATONES
Elspeth Gormley – España
Cuando heredé una pequeña casuca en una aldea de Galicia, supe que aquel lugar sería mi refugio. La casa, rodeada de bosque y con un arroyo que cantaba entre piedras, necesitaba apenas unos arreglos. La preparé con lo justo: una cocina de gas, una nevera de hielo, un colchón nuevo, velas para la noche y un pequeño huerto. Me hice de gallinas, una cabra y un perro fiel. Vivía como una asceta feliz, escribiendo en silencio mientras el bosque respiraba a mi alrededor.
Pero algunas madrugadas escuchaba ruidos en la buhardilla: carreras, golpes, y al amanecer, un ratón muerto bajo el ventanuco. Pensé en buscar un gato, hasta que una noche vi una luz azulada moviéndose arriba. Subí sin miedo.
—¿Quién eres? —pregunté.
Una voz temblorosa respondió:
—Soy Gregorio, el carpintero de la aldea. Marché con la Santa Compaña, pero me perdí. Habito aquí hasta que otra alma venga a buscarme.
Me contó que los ruidos eran culpa de los ratones.
—Siempre me dieron miedo —confesó—. Con la fuerza de la mente levanto una escoba y los aplasto.
Le prometí traer un gato. Y así empezó nuestra amistad.
Gregorio bajó a la planta baja. Su luz solo se veía de noche; de día el sol la apagaba. Me ayudaba en todo: movía sillas para arreglarlas, regaba el huerto haciendo volar un cubo lleno de agua, ordeñaba la cabra dejando caer chorros blancos en el cubo. El perro, al principio asustado, terminó moviendo la cola cuando veía descender la luz por la escalera.
Hablábamos mucho. Le pedí que me contara sobre su tierra. Su luz brilló más fuerte mientras hablaba de castros, dólmenes, meigas y la Santa Compaña. Galicia —decía— era un territorio mágico, lleno de almas antiguas.
Llegó la Noche de San Juan y fui invitada a una queimada. La ceremonia, entre brumas, orujo ardiendo y conjuros de meigas, me dejó fascinada. A la vuelta, ya de madrugada, me detuve en una casuca para pedir agua. Una anciana vestida de negro me abrió la puerta.
—Te esperaba, rapaciña —me dijo—. Nos conocemos desde hace quinientos años. A las dos nos quemaron en la hoguera. Tú tenías un lunar en la espalda.
Me marché temblando. No creía en supersticiones, pero ¿cómo sabía lo del lunar? Al llegar a casa, Gregorio me esperaba. Le conté lo ocurrido, pero no dijo nada. Quizá él sí creía.
Una noche estalló una tormenta terrible. El viento rugía, los árboles se doblaban, los animales gritaban asustados. Me refugié bajo las mantas mientras la luz de Gregorio se quedaba a mi lado, protegiéndome. No sentí miedo.
Al amanecer, el bosque brillaba limpio. Gregorio me habló con voz suave:
—Pronto me iré. Una meiga está a punto de morir. Vendrá la Santa Compaña por su alma… y por la mía.
Me dolió despedirme. Había sido mi compañía, mi consejero, mi amigo.
Esa noche, ya casi dormida, vi por la ventana una procesión de sombras con luces blancas. Se detuvieron frente a la casa. Una de las luces se acercó a mi ventana y parpadeó suavemente.
Le dije adiós con la mano.
La procesión se internó en el bosque dejando una estela de misterio y silencio.
Mi amigo Gregorio, el fantasma que temía a los ratones, se fue para siempre.
CAMINO DE SIRGA
Andrea Morini – Argentina
El aire sabe a tierra húmeda y a promesas rotas. El camino ese hilo gris que cose el tiempo en el paisaje— me trajo hasta aquí, a esta plaza desolada, corazón mudo de un recuerdo que ya no sé nombrar.
Pero un gigante me esperaba: el gran árbol. No es solo un testigo; es un padre vegetal de sombra vasta, un patriarca que me cobija del sol cenital, ese ojo inclemente del mediodía. Bajo su dosel, el mundo parece en pausa.
Más allá, la senda se estira: es el camino de sirga, que no fluye junto a un río de agua, sino acompañando al río de la vida. Discurre cansino, cargado de piedras como mi alma. Cada guijarro es un silencio, una herida que no cerró, el peso acumulado de las jornadas sin respuesta. A mis pies, un enigma se revuelve en el polvo: un amasijo de colores que se retuerce como un sueño febril. No reconozco su origen. ¿Es el vestigio de una alegría olvidada o la pincelada de un dolor tan antiguo que se ha vuelto abstracto? Quizás es la forma en que el recuerdo, al morir, descompone su luz en mil
fragmentos irrelevantes.
Y la distancia… es tan larga la distancia recorrida desde que partí, madre. Mi voz se alza como un susurro roto por el viento, buscando tu eco en el vacío. Esa distancia no se mide en leguas, sino en las capas de mí misma que he tenido que abandonar para seguir andando.
Recuerdo el otro lugar, el sitio de la partida. Allí, un niño jugaba con mi sombra; ella era un duplicado fiel y juguetón, una compañera sin peso. Pero aquí —lugar de troncos retorcidos, hieráticos y malheridos, en este bosque interior y simbólico—, ella ha cobrado otra voluntad. La busco, pero rehúye; sigue el camino. Se ha transformado en mi propio espectro, el futuro que me precede o mi verdad que se niega a la luz. Y el abismo de la duda se abre: ¿soy la que busca o la buscada? ¿Persigo la verdad de mi partida o soy yo misma la pieza clave que el destino intenta encontrar en este laberinto de piedras?
El agotamiento es un fango en los pies. Me siento. La tierra es fría, me llama al reposo definitivo. Pero el lugar donde me desplomo no es de descanso, sino de confinamiento: estas ruinas circulares me circundan. No son de piedra, sino los despojos de mis viejas creencias, los ciclos repetitivos del error, los muros concéntricos del miedo que siempre me devuelven al mismo punto de partida. La alegoría es brutal: estoy atrapada en mi propia historia inconclusa.
Sin embargo, en el centro de la quietud, el espíritu se tensa. Me levanto. No debo hundirme, sino trazar el mapa de mi encierro para encontrar el punto por donde debo saltar.
Madre, cae la tarde, así como el olvido. La luz final es una promesa melancólica. El crepúsculo no trae consuelo, sino la confirmación de la ley natural: lo que fue debe desvanecerse. Y el olvido no es solo la pérdida de la memoria, sino la aceptación de quién eres y la de su propia negación. Solo queda la que se levanta de las ruinas; la que, cargada de piedras y perseguida por su sombra, elige caminar un paso más, sabiendo que el camino de sirga no es para volver, sino para forjar una nueva orilla.
CAFÉ A LA TURCA
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Los dos hombres sentados ante las tazas con un café fuerte y excelentemente molido, lo acompañaban con unas masas dulces que eran una delicia.
—Esto se llama lokum —dijo Marcelo, chupándose los dedos—. Es exquisito.
—La verdad que sí —expresó Luis—. Nunca lo había probado. Está muy bueno.
Después de un cierto tiempo en el que disfrutaron la bebida y la comida, surgió la conversación:
—¿Qué te pareció la reunión? —habló Marcelo.
—Mirá, por no ser un grupo de autoayuda, fue bastante buena, porque cada uno de nosotros explicó lo que sentía… ¿No? —comentó Luis— Aparte, sinceramente, conté cosas que no le había dicho a nadie.
—¡Sí, es cierto! Creo que pusimos nuestros sentimientos afuera —Aseveró Marcelo—. Pero tengo tanto en el debe que no sé.
—¡Y yo! —dijo Luis—. El despiole que tengo en casa…
—Sí, pero vos eso lo podés corregir.
—¿Cómo?
—En primer lugar, echás a tus cuñadas. Te quedas tranquilo con tu mujer y se acabó el tema. Tu suegra ya se fue. Es el momento justo para poner las cosas en su lugar.
—No es tan fácil —aclaró Luis—. Tengo que convencer a mi mujer.
—Y viejo… apretala, ¡o ellas o vos!
—¿Y si elige ellas?
—¡Adiós! Vida nueva. Asunto terminado. En cambio, yo, te repito, tengo tanto en el debe.
—¿Qué tenés? Algún despelote de faldas, algún vuelto que te quedó en el camino…
—No, flaco, hay cosas que hice que son jodidas —dijo Marcelo en voz baja.
—¿Tan jodidas?
—No sé por qué te cuento esto porque no nos conocemos, pero… me llevé puesto a un tipo y una mina. Lo que más siento es la mujer. Me vio y no pude dejarla viva.
Luis se quedó mudo. No sabía qué decir.
Empezó a pensar que estaba pisando terreno minado y cambió radicalmente el ángulo de la conversación:
—¿Viste a Sakura, la mina de minifalda jean y medias negras y rojas? La verdad, me encantó.
—Sí —dijo Marcelo—. Muy sugestiva. Me hizo acordar a la mina que limpié.
Luis tragó saliva, apuró el café y se despidió con la excusa de que tenía que conversar con su mujer.
Marcelo se quedó pensativo mirando la borra en la taza. Había hablado demasiado.
Quince días después se reunieron nuevamente de acuerdo a lo acordado.
El único que faltó fue Luis.
REALIDAD DE LA FICCIÓN
Graciela Reveco – Argentina
¿Cuál es la forma?
Los dedos endurecidos. La mirada de vidrio, roto, sin lágrimas. La costumbre estalla de algún modo. Arranco de la pantalla del computador el crudo anuncio de la página de un matutino de mi país y escojo la página en blanco del Word.
Debo masajear mis dedos para moverlos, como si quisieran abordar la caricia del piano, pero es otro el teclado, lo sé. A veces, frente al paisaje más auténtico la magia se pierde. El cielo, el mar, los coqueros y las palmeras, la ancha Avenida inundada de almas que transitan con… ¿evidente bienestar? Lo beben, lo tragan como un salvoconducto de domingo, de caluroso placer, de arena y viento. Y frente a mis ojos el vacío de la hoja, que no es más que el abismo de lo incomprensible, y brama del otro lado, en el silencio de las anchas playas de Aracajú, capital de Sergipe, pequeño y paradisíaco estado de Brasil. Cuál es la forma, me pregunto, después de leer el matutino.
A mis ojos llega un temerario círculo negro. Lo conforman cuatro policías apostados estratégicamente en una esquina de la Avenida Santos Dumont, de Atalaya. Sostienen un arma pesada. La mirada sobre un punto cardinal. Cada tanto, en el camino, se dibuja ese mismo círculo y la gente no lo advierte, o lo ignora, pero sabe que allí está, sin ruidos y a la espera.
Mi notebook, de espaldas al paisaje de la cálida Orla, de la mansa tesitura del mar y del cielo, ilumina la hoja del Word que también aguarda. Entonces, la magia se rompe.
El círculo negro se mueve muy rápido. El joven de la moto debe detenerse; obligado. Los delincuentes asolan en todos los rincones de los mapas humanos.
El chico se quita el casco y me mira a lo lejos, sé que me mira, mientras dos policías lo esposan, lo revisan minuciosamente: sus ropas, la moto, papeles, todo en una fracción de segundos, con la menor brusquedad; el tercero busca
antecedentes en la memoria virtual; el cuarto vigila. Todo en cámara lenta, y el corazón galopa como un caballo. Lo siento. Y él me mira, a mí, no a ellos. Mis dedos se mueven desolados. No sé cuál fue la sospecha para detenerlo como si
fuera un delincuente. Tal vez su aspecto, tal vez solo el inconsciente buscando la ruptura de la magia. Y con la misma parsimonia, segura, negra, le quitan las esposas, le acomodan las ropas y le devuelven los papeles. Los cuatro
uniformados se retiran satisfechos para conformar de nuevo el círculo negro. Sé que el joven motoquero aún tiembla con el casco en la mano. Antes de colocarlo en su cabeza vuelve a mirarme, estoy cerca, del otro lado de la Avenida, en el
balcón de mi cuarto, frente al mar, los dedos sobre un teclado que no es de piano y emite un sonido indescriptible. Él me pregunta en silencio; sabe que el ruido de la seguridad con que transita la gente no me permitirá escucharlo.
Adivino.
-¿Você que olha? ¿Que escreve? -grita la mirada, no entiende qué miro o qué escribo.
Estremecida hasta el último cabello suelto las palabras del texto. La notebook calla, pero quiero decirlo, aunque no sea cierto. -Ficção -respondo, pero ya me da la espalda; sabe que miento.
La moto brama después de la patada y se lo lleva lejos. Y entonces dudo; la realidad es otra.
-¿Ficción? -repito en voz alta, y en español. Y lo escribo en la página del Word con los dedos quebrados, al inicio, sin deseos de llegar a la infinita tristeza de mi punto final argentino, por aquel crudo anuncio en un diario de mi país: Violenta golpiza a un “motochorro” que intentó robarle la cartera a una mujer en pleno centro. Otra vez la gente haciendo justicia “por mano propia”. Entonces… ¿Cuál es la forma?
COMPAÑERAS DE VIAJE
Sandra B. Romeo – Argentina
Sin luces ni sombras en su mirada, la anciana estaba parada en el andén de la estación, inmóvil entre la marea de gente.
Semejaba un árbol reseco esperando el hachazo final.
Quizá fue esto lo que llamó la atención de Ángela. Y eso que ella no era afecta a iniciar relaciones con personas desconocidas.
Se acercó a la vieja despacio, aprovechando los huecos que dejaban los pasajeros apretujados sobre la plataforma.
La tomó con cuidado del brazo con temor a que se le deshiciera en las manos y la despegó unos pasos del bloque humano.
Se sintió mirada, y en esa mirada, espejo a futuro, se vio.
Tuvo miedo.
Aun así ayudó a la viejita a subirse al tren y conseguir un asiento en los vagones atestados. Dio media vuelta para marcharse pero la voz cascada de una historia la atrapó.
—Sí —dijo la otra—, estoy sola en el mundo y soy vieja. Piensan que no lo sé, que no me doy cuenta o que soy tan estúpida como para no verlo. Sin embargo no siempre fue así. Sé de la familia, del amor y del abrazo. Sé del abandono.
Ángela se hizo un lugar a su lado dispuesta a escuchar.
Las manos huesudas de la anciana dibujaban signos en el aire y su mirada legañosa la enfocó al tiempo que le decía:
—Todo se remite a la confianza, querida. Cuando una confía nunca está sola. Cuando una confía, vive.
La joven ahuecó sus brazos y la contuvo. Con el traqueteo del tren y la cadencia de su monólogo la viejita se fue quedando dormida, no sin antes depositar a Ángela en la contemplación de su propio pasado.
Recordó.
El amor con Eduardo. La pasión que los condenaba a una vida apartada. La familia hinchando su vientre, bebiendo su tiempo así como su sangre.
Los engaños. Otras que nunca serían ella. Solo pasajeras sin ancla ni destino en la vida de él.
Pero otras al fin. la soledad que se coagulaba en horas de espanto durante el día y la asfixiaba durante la noche al punto de sentirse expulsada del tiempo.
Despacio, muy despacio, se deshizo del abrazo a su compañera de viaje acomodándole la cabeza con cuidado sobre el asiento de cuerina verde.
No sabía dónde estaba, pero sí sabía que debía bajarse de ese tren que era su vida. La otra, pajarillo breve en el inmenso vagón, seguramente viajaría hacia el final.
Se paró con lentitud dirigiéndole a la viajera una última mirada de cómplice agradecimiento.
MICRORRELATOS – MAYO
.Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
“Microrrelatos: donde lo pequeño se vuelve inmenso.” Maren Alberdi
COLABORAN
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LA CUCHARILLA
Maren Alberdi – España
Encontró la cucharilla al fondo del cajón, oxidada en las esquinas, como si el tiempo también la hubiera probado. La sostuvo entre los dedos y, de pronto, la cocina se llenó del olor del café de su amona, espeso y dulce, servido siempre antes de que amaneciera del todo.
Recordó las manos firmes de aquella mujer que sostenía la casa sin decirlo, que hablaba poco pero miraba hondo. Maren cerró los ojos un instante. A veces basta un objeto mínimo para que regresen todas las mujeres que nos hicieron posibles.
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TURNO NOCTURNO
Elspeth Gormley – España
Cuando la ciudad se apaga, ella enciende la lámpara. La luz es un hilo, pero suficiente para que las palabras despierten, inquietas, como si solo la noche les diera permiso para existir.
Ella escribe sin prisa, dejando que la página respire, que los pensamientos se acomoden, que los fantasmas digan lo suyo. El turno nocturno no es un horario: es un pacto. Mientras el mundo duerme, ella sostiene el suyo con tinta. Al amanecer, cierra el cuaderno. Nadie lo sabe, pero esa frase torpe ha salvado algo que no sabría nombrar.
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RELATO DE LA GRATITUD.
Nuri Montenegro – Ecuador
Ella miró por la ventana: eran las 17:57. Observó la luna clara y resplandeciente y susurró: “Es luna llena”.
Entonces recordó a su amor, aquellas noches en que ambos la contemplaban y el ambiente se llenaba de ternura. Sonrió con nostalgia y sintió gratitud; agradeció a Dios por haber puesto la luna en cada uno de sus encuentros, como un
puente silencioso entre sus corazones. Comprendió que, en la distancia, la luna seguía siendo su puerta de unión, el testigo fiel de un amor que no se apaga, que resiste el tiempo y siempre encuentra la forma de sentirse cerca.
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EL LECTOR CÓMPLICE
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Se detuvo por completo, callado, absurdamente quieto.
No sabía por qué, pero fue instintivo. Podía haber sido el susurrar de las hojas pasadas una a una, el olor característico del viejo papel, la angustia y la desesperación de la narración que estaba leyendo…
Lo cierto es que allí estaba, con su corazón latiendo en forma tremenda.
¡Y entonces lo comprendió! Fue como un rayo devastador iluminando la noche más oscura. Él no era un lector más, era… el “lector cómplice”.
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MINI CLASE DE MICROCUENTO EN CINCO PASOS
Sarah Petrone – Argentina
—Para hacer un microcuento hacen falta cinco cosas, a saber: Mucho «ingenio». Gran «talento». Que las «musas» te convoquen. Y por sobre todo, poner «sintéticamente» de un modo «Elocuencia», algo de chispa en cada pequeña historia, dejando que la loca mente vuele libre y que rebote en un remate perfecto que ponga fin, donde toca.
—Profe… Lo siento si eso es así. Por más que mi testa rompa, son cosas que dentro de mí debieran estar, pero se borran.
(Solo quise arrancarles una sonrisa. Perdón si no lo logré)
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AUTORRETRATO
Sarah Petrone – Argentina
El viejo pintor vio plasmado en él, el perfecto claro-oscuro de su tiempo.
Su imagen reflejada desde el otro lado, sin misterios, le puso un tinte de dolor en la mirada.
Cerró los ojos… Y cubrió el espejo con un lienzo.
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LA VÍA
Juan José Qulena – España
La vía se extendía como una cicatriz brillante bajo el amanecer. Ella avanzó despacio, escuchando el crujido del metal, como si la tierra le hablara en un idioma antiguo. No esperaba tren alguno; hacía tiempo que dejó de esperar salvaciones externas. Solo quería sentir el temblor del mundo bajo sus pies. Cuando el viento cambió de dirección, comprendió que no era un aviso, sino una invitación. Siguió caminando. La vía no llevaba a ninguna parte conocida, pero por primera vez en años, no le importó.
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LETRA MUERTA
Sandra B Romeo – Argentina
La mano, enjoyada y cuidada, colgaba laxa del brazo del sillón de pana.
La luz giró dentro del amplio salón amarrando sombras acá, despejando espacios oscuros
allá.
La tormenta arreció, sin embargo, los truenos la inquietaron solo un poco más que los
recuerdos. Las brumas de la tarde parecían cargar de una oscuridad perenne su rostro.
El látigo del último relámpago la encontró sosteniendo su cabeza sacudida por sollozos
apagados.
Las ráfagas de viento descifraban, en vano ya, la carta recibida por ella esa mañana
antigua.
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LA VIDA
Santiago Ruiz de Alda – España
La vida no avisó cuando cambió de rumbo. Simplemente giró, como una hoja empujada por un viento que nadie vio venir. Ella intentó agarrarse a lo conocido, pero los dedos se le llenaron de aire. Entonces entendió que vivir no era sostener, sino soltar a tiempo. Caminó hacia adelante, sin mapa, sin garantías. Y en ese vacío inesperado, descubrió algo parecido a la paz: la certeza de que, mientras siguiera moviéndose, la vida también lo haría.
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CABEZA DURA
María Rosa Rzepka – Argentina
Prudencio salió de pesca.
Caminó hasta ver el río. Sentado sobre una piedra, abrió el bolso. La carnada,
había olvidado en la casa.
Dijo mil malas palabras.
Una rana se escondió en aquella bolsa, antes de que él la arrojara.
Prudencio por imprudente se levantó. Rezongaba. Movió su asiento de piedra,
de lombrices ni la traza.
Soltó violenta patada. Rodó la piedra hacia el río. La imprudencia que mal
paga, hizo que el pie de Prudencio aplastado se encontrara.
A su casa regresó sin pescar y sin carnada. Rengueando, la bolsa al hombro.
De polizonte, la rana.
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MEMORIAS
Yanni Tugores – Uruguay
Si el ayer susurrara algún perdón o el presente algún eco del pasado o el
destino tejiera un buen comienzo y no fuese tan solo otro fracaso. Entonces
volvería a renacer a vivir sin ningún tipo de cambio. Es que fui muy feliz, feliz y
plena con todo lo que tuve y lo que he amado. Hoy viajo con brújula del alma,
navego prudente siguiendo mi destino paso a paso. El viento arrastra mi
velamen a los confines de nuevos mares, pero sigo aferrada a mis memorias,
memorias de un tiempo muy lejano.
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DORADO
Ana Unhold – Argentina
Siesta borrascosa en Bogotá. Rostros apremiados en las calles.
Ajeno al ajetreo, vestido apenas con un taparrabo y adornos de indígena, orgulloso camina
el artista callejero. Cubierto con pintura dorada, que aumenta su brillo a la luz de los relámpagos.
Se descuelga el impiadoso aguacero. Impasible continúa su marcha.
Sigo el torrente de agua dorada que se escurre. El Dorado se diluye por las alcantarillas.
CARTAS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
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COLABORAN
Maren Alberdi – España
Carlos González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Sarah Petrone -Argentina
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CARTA A MI ABUELA
Maren Alberdi – España
Amama, han pasado tantos años y aún te veo delante de mí, con esa manera tuya de estar: firme, callada, sin necesidad de levantar la voz para que todos entendieran quién mandaba en el caserío. No necesitabas estudios para saberlo todo. Bastaban tus ojos oliva, esos que hablaban antes que tú.
Tú eras la matriarca. No por título, sino por esencia. El caserío respiraba a tu ritmo: las vacas, las gallinas, la huerta, los hombres que venían a trabajar… todos seguían tu criterio, tu intuición antigua, tu sabiduría de mujer que aprendió la vida sin libros.
A veces pienso en lo que me decías cuando era niña: “Sé honrada. Sé fuerte. Sé tú.” Y yo, que era la única nieta, te escuchaba como quien recibe un legado.
Aún recuerdo tu olor: manzana guardada en el aparador y Heno de Pravia en la piel. Ese olor era casa. Era refugio. Era raíz.
Cuando me fui a Irlanda con dieciocho años, te brillaron los ojos. “Vívelo por mí”, me dijiste. Y lo viví, amama, porque sabía que tú, que apenas habías aprendido las cuatro reglas, habías sido capaz de sostener un mundo entero con tus manos.
Te imagino en mi graduación, con tu pañuelo y tu saya de los domingos, mirando todo con esa mezcla de orgullo y pudor. Algunas me miraban raro, pero yo solo pensaba: “Es mi abuela. Es mi origen. Y no hay nada más digno que eso.”
Ojalá hubieras visto lo que vino después. Ojalá hubieras conocido a la mujer en la que me convertí. Pero quizá lo sabes, desde donde estés, con esa mirada tuya que siempre veía más de lo que decía.
Gracias, amama, por enseñarme a ser fuerte sin volverme dura. Por enseñarme que la ternura también es una forma de poder. Por ser raíz. Por ser casa.
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CARTA A MI HIJO
Carlos H González Saavedra – Argentina
Hijo:
Hace tiempo que te noto distante, me imagino tu vida y comprendo. También estuve en ese lugar.
Lo que no entiendo es tus cuestionamientos, en forma permanentes, en todo.
A principio no le daba importancia. Ahora me doy cuenta, que no has cambiado. Por el contrario.
Necesito saber que he hecho mal, a través de los años. Cuanto te he lastimado sin darme cuenta.
Fuimos padres que criamos a todos ustedes, con respeto y severidad.
No hay una escuela para padres, a veces el corazón no alcanza para amarlos a todos igual, otras, faltan caricias y actitudes comprensibles.
Los padres imbuidos en las luchas cotidianas .Progresos, y mejoras en procurando una mejor calidad de vida familiar mejor, han sido nuestro norte, siempre.
Los hemos educado, lo mejor que pudimos.
Por eso comprendo, tu lucha. Sostener la familia hermosa que formaste junto con tu esposa,
Es una tarea titánica.
Extraños tus ¡Te quiero mucho! Cualquier encuentro o llamado telefónico, me lo decías. Era un bálsamo para mi alma.
No tengo otra cosa, que mi corazón para escucharte y comprenderte. Es lo único que puedo ofrecerte.
Debes saber, que tu distanciamiento, me duele y también tu ingratitud.
Cuanto antes lo resolvamos mejor.
Te amo hijo.
— ✉ —— ✉ —
CARTA A MI PROFESORA DE MÚSICA
Elspeth Gormley – España
Querida Srta. Isabel:
A veces me pregunto qué habrá sido de usted.
Si seguirá enseñando, si aún llevará ese cuaderno azul donde anotaba pequeñas observaciones sobre cada uno de nosotros, o si la vida la habrá llevado por otros caminos.
Sea como sea, quiero decirle algo que nunca dije en voz alta: usted cambió mi manera de mirar el mundo.
Recuerdo mis años en el colegio como una etapa luminosa, y en esa luz sus clases ocupan un lugar especial.
Usted no enseñaba música: la revelaba.
Nos hablaba del “baile de las notas”, de cómo una melodía podía respirar, de cómo un silencio podía ser más elocuente que un sonido.
Yo, que era una niña tímida, encontraba en sus clases un refugio.
Allí todo tenía sentido: la emoción, la belleza, la disciplina, la libertad.
Aún puedo verla moviendo las manos en el aire, como si dirigiera una orquesta invisible.
Aún escucho su voz diciendo:
“La música no se aprende, se siente.”
Y yo la sentía.
La sigo sintiendo.
No sé si usted imaginó alguna vez que una de sus alumnas llevaría esa sensibilidad a la escritura, que transformaría las notas en palabras, los compases en ritmo, los silencios en significado.
Pero así fue.
Y en cada texto que escribo hay un eco suyo, una huella que no se borra.
Gracias por enseñarme que la belleza no es un lujo, sino una forma de estar en el mundo.
Gracias por abrir una puerta que aún hoy sigo cruzando.
Con afecto y gratitud,
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CARTA A MI ÁNGEL DE LA GUARDA
Sarah Petrone – Argentina
Mi querido Ángel de la Guarda, sé que podría hablar contigo sin necesidad de recurrir a éste método, pero no quiero olvidarme de todo lo que tengo para decirte. Empecé a tomar apuntes y de repente me encontré con un montón de palabras que formaron esta carta.
No sé dónde estás, aunque te presiento cerca. Te busco en cada nube de este cielo que me mira en silencio, también en las personas que caminan a mi lado todos los días, porque desde chica comprendí que puedes tener muchos rostros. Cada vez que flota una pluma por el aire, sé que estás por ahí y me alegra el alma.
Hoy no te busco para pedirte nada para mí, solamente quisiera con tu permiso, prestarte, compartirte con otras personas que no tienen sus Ángeles de la Guarda, y están solas. El otoño empieza a mostrar su clima frío, tan frío como la indiferencia y la ingratitud de esos a los que nada les falta y por egoísmo no se detienen a mirar las miserias ajenas. Y tengo que confesarte que hay muchas necesidades. Las calles son hervideros de dolor y desidia. Y me duele.
Quiero que cuides a ese jóven que hace varios días está acurrucado en un umbral, mojado en sus propios orines. Duerme envuelto en una bolsa de polietileno negra, y te juro que creí que estaba muerto hasta que ví que se movía dificultosamente. No quise despertarlo, pero le dejé un café caliente a su costado. Esta mañana seguía en la calle, nadie lo arropó, nadie le tendió una mano ni le dió cobijo. Tampoco yo, y me avergüenza. No supe como hacerlo. Me pregunto si alguna vez tuvo familia, un hogar, alguien que lo extrañe. La vida tiene discapacidades afectivas y los seres humanos somos demasiado imperfectos.
Por eso, por eso quería ceder en su beneficio tu cuidado,hasta que pudiera rescatarse de sus demonios internos y así, encontrar el camino para sanar.
Querido Ángel, gracias por escucharme. Hoy, en los ojos de ese jóven ví una luz nueva. Una sonrisa iluminó su cara sucia… Y te ví. Estabas a su lado, lamían sus heridas y se daban amor. Tu disfraz de perro callejero le calentó el alma. Te reconocí en los ojos de ese animal juguetón que logró que varias personas se acercaran sin temor para ayudarlo.
Cómo no voy a creer en los milagros, si toda la vida es un milagro y montones de plumas blancas revoloteaban sobre sus cabezas mientras le escuché recitar la misma oración que aprendí de niña: «Ángel de la Guarda, dulce compañía…»
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ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.
Y TÚ ¿QUÉ HACES CON TU TIEMPO?
Andrea Kiperman-Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado compartiendo estas palabras.
Recuerdo una conversación con mi padre —de esas tantas que solemos tener— en la que le dije que estaba apenada porque no tenía tiempo. En ese entonces cursaba mi primera carrera universitaria (Relaciones Públicas e Institucionales en la U.A.D.E.). Él, muy sabiamente, me respondió: “El día tiene 24 horas, úsalas sabiamente.” Hoy me acordé de esas palabras, y hacia allí apunta el escrito de hoy.
Primero, sostengo que el tiempo es atemporal. ¿Cómo medirlo? Depende de para qué, de con quién, de en qué circunstancias. Para unos será mucho; para otros, poco. Pero si sigo por ese camino, teñiría este texto de filosofía pura, y hoy quiero ir a algo más tangible.
Me refiero a en qué cosas y a quiénes les dedicamos nuestras horas, nuestros días, nuestros minutos. Qué elegimos hacer a lo largo de nuestras jornadas y desde qué lugar lo hacemos. Recordemos siempre que el día es nuestro, que somos los protagonistas de nuestra vida, y que debemos actuar en consecuencia.
A veces basta con disponer de un segundo para hacer algo que nos haga sentir bien. También creo importante soltar a las personas que no son recíprocas, así como ambientes, lugares o trabajos que ya no nos suman. Parte del crecimiento es rodearnos de espacios donde seamos valorados por lo que somos y por lo que hacemos.
Y algo que considero fundamental: conectarse con uno mismo. Dedicar unos minutos, aunque sean pocos, para estar a solas, escucharnos, sentirnos.
Y tú… ¿qué haces con tu tiempo?
Quedo con ustedes.
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