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“Cada artículo es una mirada que busca entender lo que late bajo la superficie.”
COLABORADORES
Malen Alberdi – España Ilka Oliva-Corado – Estados Unidos Sergio C. Fangul – México/España Elspeth Gormley – España Ángel Medina Martos – España Monika Zgustova – España
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Demasiado ruido, muy poca vida
Malen Alberdi — España
Vivimos rodeados de pantallas, notificaciones, mensajes, alertas, sonidos que no pedimos y conversaciones que no empezamos. La tecnología, que prometía hacernos la vida más fácil, ha terminado por ocuparla entera. Y lo más preocupante no es el tiempo que pasamos conectados, sino lo poco que nos queda para nosotros mismos.
La saturación digital no es un concepto abstracto. Es real. Es diaria. Es silenciosa. Y está agotando a una sociedad que ya venía cansada de otras cosas.
Nos levantamos con el móvil. Desayunamos con titulares. Trabajamos con correos que no paran. Vivimos pendientes de mensajes que llegan a cualquier hora. Y cuando por fin termina el día, en lugar de descansar, seguimos deslizando pantallas como si buscáramos algo que nunca aparece.
La hiperconexión nos ha robado algo esencial: la presencia.
Ya no miramos de verdad. No escuchamos de verdad. No conversamos de verdad. Estamos, pero no estamos.
Y lo más triste es que lo hemos normalizado. Hemos aceptado que la vida ocurra detrás de un cristal. Que la atención sea un bien escaso. Que el silencio incomode. Que la pausa parezca un fallo.
Pero no lo es. La pausa es necesaria. El silencio es necesario. La desconexión es necesaria.
No para ser más productivos. No para rendir mejor. No para “resetearnos”. Sino para volver a sentir.
Porque cuando desconectamos del ruido, conectamos con lo que importa: con la gente que queremos, con los lugares que nos calman, con los pensamientos que nunca escuchamos, con la vida que pasa sin pedir permiso.
No se trata de demonizar la tecnología. Se trata de ponerla en su sitio. De recuperar el control. De recordar que somos humanos, no dispositivos.
Quizá la pregunta no sea “¿cuánto tiempo pasamos conectados?”, sino “¿cuánto tiempo hace que no estamos realmente presentes?”.
Y tal vez la respuesta duela un poco. Pero también puede ser el principio de algo mejor.
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AYOTE EN RAPADURA
Ilka Oliva-Corado — Estados Unidos
A Milvia la entregaron a los doce años a un hombre de treinta seis que ya se había separado tres veces y tenía en total siete hijos. Era bien sabido que golpeaba a las mujeres con las que convivió y que cuando se cansaba de ellas solamente se iba y no volvía más, dejando a las madres y a sus hijos en el olvido total. Cliente habitual del bar Rojo, el único en el municipio. Sus borracheras no tenían ni día ni horario, pero eso al padre de Milvia no le importó porque el futuro yerno lo invitaba a los cutos[1] cuando se lo encontraba en el bar.
El futuro conviviente, entonces arregló con su papá sin que su mamá ni ella supieran y este aceptó la dote de tres vacas y dos yeguas, diez quintales de máiz y dos de maicillo. En su casa su madre nunca ha tenido ni voz ni voto, todo lo decide su papá entonces para cuando se enteró se puso a llorar porque así mismo le pasó a ella. La tomó de un brazo y la sentó en una silla y le explicó que llegaría un hombre que sería su esposo y que se tenía que ir a vivir con él, le dijo que esa primera noche iba a sufrir pero que tenía que sacar eso de su memoria porque no le iba a servir de nada tenerlo ahí, porque así era la vida de las mujeres.
Milvia no entendió a qué se refería su mamá con eso. Dos semanas después llegó un hombre mayor que ella nunca había visto y se la llevó, ella lloraba porque no se quería ir, después intentó escapar, pero cada vez que llegaba a su casa su padre la iba a dejar de regreso, muy apenado y pidiendo disculpas. A Milvia recién le había bajado la primera sangre, no entendía porque un hombre se le subía encima y la lastimaba tanto, como si la odiara. Los padres que viven en el caserío El Tempisque, se sintieron orgullosos de que su hija viviera en una aldea. Mardo es de la aldea Escuinapa y sus padres le heredaron un pedazo de terreno cundido2 de piedras del tamaño de un estanque, allí construyó su casa de adobe de un solo cuarto y la cocina la hizo afuera con pedazos de lámina y tablas de lepa. 3
Milvia el primer hijo lo tuvo a los nueve meses y fue uno seguido de otro, a los dieciocho ya tenía cinco. Ella no fue la excepción, siguió el mismo patrón de crianza en el sistema patriarcal, como sus ancestras, amigas, vecinas… Hasta los dieciocho su mundo es su caserío, no conoce más allá de Comapa, jamás ha salido a la cabecera departamental, a lo más que ha llegado es a la aldea Guachipilín que es la última antes de llegar al cruce de El Amatón camino a la capital. Un día su conviviente no llegó a dormir, ni la siguiente noche, ni la otra, ni las demás. Supo al mes, que este se juntó con una muchacha de quince años en una aldea de Chiquimula. La familia de Mardo la sacó de la casa y la fueron a entregar junto a sus hijos de nuevo a su padre.
Su padre desde entonces la ha culpado del abandono de Mardo, porque ningún hombre deja a una mujer que sirva, le repite todos los días, despreciándola y restringiéndole la comida mientras que a su mamá la golpea por haber parido a una hija inservible. Milvia no le ha dicho a nadie porque cree que es normal que Mardo al igual que su papá también le pegaba y mucho más cuando llegaba borracho. Milvia siendo la mayor y la única mujer de once hermanos, desde temprana edad comenzó a trabajar el barro, ayudando a su mamá en la elaboración de comales, ollas y jarros que venden los jueves y los domingos al pie del palo de mango que le da sombra a La Pilona, en el parque central de Comapa. Nunca fue a la escuela porque las tareas en la casa siempre han sido infinitas, en cambio a sus hermanos sí los pusieron a estudiar, su papá dijo que los varones son los inteligentes y que las mujeres solo sirven para parir y para el oficio doméstico. Pero la venta no alcanza para la alimentación de trece en casa de sus padres más sus cinco hijos, su padre que trabaja de mozo en una finca lechera tampoco gana lo suficiente.
Su madre que fue al Centro de Salud regresa con la noticia de que le tiene trabajo en la capital, una enfermera le consiguió de empleada doméstica en una casa en la Zona 15. Así es como Milvia deja a sus cinco hijos al cuidado de su mamá y viaja a la capital con tres mudas de ropa en una bolsa de nailon, un par de zapatos y un monedero donde lleva solamente lo del pasaje junto con un rosario bendecido con agua de la Iglesia del Señor de Esquipulas que compró un día de mercado. El trabajo es de viernes a sábado, tiene el domingo libre. No sabe nada de encerar pisos, cubrecamas, estufas con horno, cocinas con gabinetes, aspiradoras, de extractor para jugos. Cafeteras eléctricas, tostadoras de pan, lavadora y secadora de ropa. Son tres trabajos en uno, cuidar a un recién nacido, limpiar la casa y cocinar. Y así se le van pasando los años, ya van quince yendo un domingo al mes a ver a sus hijos, los otros tres trabaja de mesera en una taquería en el mercado La Terminal.
Pero este domingo es especial, porque por primera vez tiene vacaciones, le dieron una semana, aunque no es la de Semana Santa, pero son siete días para pasar con sus hijos. Pero hará que esa semana sea la Semana Santa para ellos, los llevará a conocer la cueva de Andá Mirá, a que conozcan la cabecera departamental y también irán a comer pollo frito y a conocer la iglesia del Señor de Esquipulas, para que bendigan los rosarios que comprarán. Se llevará a su mamá con ellos, porque se merece todo, aunque es muy poco lo que ella le puede dar, el tiempo es lo que han tenido en contra siempre y la economía que los obliga a vivir con tantas limitaciones.
El Tempisque queda más allá del pueblo, tiene que caminar varios kilómetros en calle de terracería donde va encontrándose con los cercos de alambre de púas incrustados en los árboles de jiote. Es época de calor, la quebrada está seca, también los ojos de agua, abundan los remolinos en las polvaredas, tragando polvo y tosiendo va disfrutando la vista de los palos de jocote rojo, de la flor de izote, de los matasanos y la manzana rosa. Es el tiempo de los mangos tiernos y de los jocotes de febrero. Pero hay algo que Milvia extraña más que los pishtones 4 que echa 5 su abuela y la mantequilla de costal 6 que hace su mamá, es el ayote en rapadura7 que hacen juntas con su abuela, sus tías y su mamá, cuando también hacen los tamales de viaje y preparan las pacayas y el pescado seco para hacerlo envuelto en huevo, cuando la familia se une y la vida les sonríe.
Llena de polvo Milvia va asomando, pasa por debajo de la enredadera de buganvilias que se entrelazan con las del güisquilar que siguen su camino hacia las ramas del aguacate y el matasano que su mamá sembró cuando recién se casó. Un olor dulzoso que sale desde la cocina la abraza, la acaricia, la arrulla y le da refugio en su regazo, es el aroma de la rapadura hirviendo en una de las ollonas de barro de su mamá, es el ayote impregnándose de la miel de la caña, de la leche materna que la amamantó, de la tierra que la añora y la recibe emocionada cada vez que llega, son sus hijos saliendo encarrerados a encontrarla con un ramo de flores silvestres y fresco de masa. Son sus tías preparando la masa para los tamales de viaje, es su abuela saliendo de la cocina con las manos palmeando un pishtón y gritándole emocionada: “ingrata, el fuego me avisó que venías”.
Es todo, es todo lo que no tiene la capital.
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GONZALO CELORIO -PREMIO CERVANTES
Sergio C.Fangul — México/España
“La lengua española no fue la lengua de la conquista, sino la de la independencia”
El escritor mexicano de raíces asturianas comparece en Madrid, y reflexiona sobre la mezcla de géneros y la literatura del yo
“Es desde Cervantes y gracias a él que los géneros se han mezclado hasta la promiscuidad. Han dejado de ser compartimentos estancos y eso a mí me encanta”, dijo Gonzalo Celorio, último premio Cervates, escritor de múltiples géneros, pero también editor, profesor, crítico, bibliófilo, factótum del libro: su palabra favorita es “palabra”.
Entró Celorio (Ciudad de México, 78 años) con bastón y cara de buena persona, bigote blanco y ojos claros, con la voz “un tanto disminuida”, dijo. Le acompañaban el director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade (“Esto es una invitación al diálogo entre la palabra y la imagen”, explicó al presentar), y María José Gálvez, directora general del Libro, el Cómic y la Lectura, que recordó a la recientemente fallecida Beatriz de Moura, editora de Tusquets. Fue esta la editorial del premiado desde su primera novela, Amor propio, publicada en 1992. “De Moura abrió las letras españolas al mundo y abrió el mundo a las letras españolas”, explicó el mexicano.
Tuvo el autor una profunda reflexión sobre los géneros y la literatura del yo, la que más ha practicado. “Se piensa que la literatura del yo es una literatura de la expresión lírica, pero yo creo que ha ampliado sus fronteras”, dijo. Recordó la figura de, Michel de Montaigne considerado creador del género del ensayo, que ensayaba sobre sí mismo, que era al mismo tiempo sujeto y objeto de la escritura. Y Celorio rememoró la definición del ensayo del polígrafo mexicano de Alfonso Reyes, como un “centauro” entre géneros: “Tiene una parte de dominio intelectual, pero también tiene una parte imaginativa y pasional, donde el yo se expresa”. También hay yo, por supuesto, en el género de la memoria; como también en la crónica: “Sin yo, la crónica es historia”, dijo el premiado.
La literatura de Celorio es una centrada precisamente en la memoria, sobre todo melancólica. Ha descrito sus libros como “novelas memoriosas”, donde, reconociendo lo engañoso del recuerdo Ese montón de espejos rotos,se titulan, como un verso de Borges, sus memorias publicadas por Tusquets), se adentra en el borroso territorio del pasado familiar y literario para generar nuevos relatos. “Se me cuela el yo por todos los intersticios de la escritura para hablar de mi familia”, aduce el autor y es el propio Celorio —su memoria— lo que hace de hilo conductor entre todas sus novelas, al tiempo que traza una imagen del México moderno.
“Lo que es excepcional es la presencia del yo en el ejercicio novelístico: siempre ha sido considerada la novela, desde el precedente género épico, como la conquista de la tercera persona”, subrayó. Y recordó esos fragmentos de la obra de Homero en los que el poeta griego se cuela en la narración para exhortar a Aquiles o a Héctor a hacer tal o cual cosa o embarcarse en tal o cual batalla. Sin embargo, la mezcla de géneros y la proliferación del yo sucede sobre todo cuando llega Cervantes y comienza la hibridación y la citada “promiscuidad”.
El premio también parece muestra de cierta reconciliación político-cultural entre España y México después de un enfriamiento de las relaciones cuando el entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador reclamó en 2019 una disculpa oficial por los excesos de la conquista española. Los últimos premios Princesa de Asturias, además, reportaron dos galardones para México: el de la Concordia, para el Museo Nacional de Antropología, y el de las Artes, a la fotógrafa Graciela Iturbide. La exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, que se distribuyó por varias sedes madrileñas, tuvo gran acogida institucional.
Celorio opina que la petición de un perdón por parte de España fue un “despropósito”. Fue “anacrónica”, por juzgar que no se puede solicitar un perdón por lo que sucedió hace tantos siglos, cuando ni siquiera existían los estados como existen ahora, y cuando ya había violencia en las propias sociedades indígenas; y también “retro tópica”, por juzgar aquellas sociedades indígenas como una especie de utópico paraíso perdido, sin atender a su realidad. Según señaló, la lengua española no se utilizó para conquistar, porque los evangelizadores aprendieron para ello las lenguas indígenas: “En realidad, la lengua española no fue la lengua de la conquista, sino la de la independencia”.
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EL CANSANCIO EMOCIONAL: EL PESO INVISIBLE DE NUESTRO TIEMPO
Elspeth Gormley — España
Hay un cansancio que no se ve, pero se nota. Un cansancio que no se cura durmiendo, ni con vacaciones, ni con un fin de semana sin planes. Un cansancio que no tiene nombre oficial, pero que todos reconocemos cuando aparece: el cansancio emocional.
No es tristeza. No es depresión. No es apatía. Es otra cosa.
Es ese agotamiento silencioso que sentimos cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo más de lo que podemos. Cuando la vida nos pide una energía que ya no tenemos. Cuando la mente va por un lado, el cuerpo por otro, y el alma intenta no quedarse atrás.
Vivimos en una sociedad que exige presencia constante, respuestas inmediatas, productividad sin pausa. Una sociedad que confunde disponibilidad con compromiso, rapidez con eficacia, ruido con vida. Y en medio de todo eso, la gente se cansa. Se cansa por dentro.
El cansancio emocional aparece cuando:escuchamos más de lo que podemos sostener, damos más de lo que recibimos, nos exigimos más de lo que sentimos, fingimos estar bien para no preocupar a nadie, vivimos acelerados sin saber por qué no encontramos un espacio real donde respirar
Y lo más duro es que este cansancio no se nota desde fuera. La gente sigue trabajando, sigue cuidando, sigue respondiendo mensajes, sigue cumpliendo. Pero por dentro… por dentro hay un peso que no se aligera.
La buena noticia es que este cansancio tiene cura. Y no es una cura rápida, ni mágica, ni espectacular. Es una cura humana.
Se cura con: silencio ,límites, pausas, verdad, espacios propios, conversaciones sinceras, momentos sin exigencia y un poco de ternura hacia uno mismo
No necesitamos ser fuertes todo el tiempo. No necesitamos poder con todo. No necesitamos estar disponibles siempre.
A veces, lo más valiente es decir: “Estoy cansada. Necesito parar.”
Porque el cansancio emocional no es un fallo. Es un aviso. Un recordatorio de que somos humanos, no máquinas. De que sentir también cansa. De que vivir también pesa. Y de que cuidarnos no es un lujo: es una forma de seguir
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EL HOMBRE ENCHUFADO
Ángel Medina Martos — España
El hombre es un ser complejo, pues conviven en él diversas personalidades. Está la que él muestra y cree tener y que le acompaña a diario. La de su propia máscara. La del actor que interpreta un papel. En boca de Balzac, fingimiento, comedia, rutina. También, la del que desearía ser- de forma más o menos consciente-, sueño, proyección, según Calderón. Y la que de él percibe los otros. Así, pues ¿cuál es la real? ¿Vivimos o somos vividos, como decía Freud?
Hay hombres que agonizan en su propio desierto. El oasis está próximo, tan cerca que ni siquiera lo perciben, pues está dentro de ellos. Bastaría con que prestasen atención a la voz interior para que la máscara fuese derritiéndose.
Y sin embargo, prefieren convivir con el anonimato. No el anonimato de lo escondido y lo humilde, sino en el del oscurantismo autoimpuesto, quizá por aquello de que es mejor ignorar que comprometerse. Por eso, la sociedad corre el riesgo de caminar hacia una nueva versión del hombre. El hombre anónimo. El hombre desesperanzado. El hombre aturdido que no razona por él sino que lo hace movido por un impulso ciego que proviene de la información almacenada desde el exterior, bien sea la que acumula de lecturas que no asimila, o el bombardeo constante de los medios de comunicación. Y siéndole más cómodo no complicarse, vacía su pensamiento, teniendo como todo juicio la ausencia del mismo. Todo lo cual le lleva a desvincular la realidad con su yo auténtico, entreteniéndose con sustitutos externos para evadirse, obteniendo el ruido como silencio.
¿Quién es este hombre?
El retrato robot puede servir de carta de presentación.
Busca la compañía solitaria o la incomunicación acompañada por una multitud invisible, con la diferencia que puede oírles e incluso verles, pero no tocarlos. Es lo que el aliento a la voz: palabras ahuecadas que se llevan las ondas y aterrizan en múltiples partes. De lo personal a lo colectivo y de la masa a la soledad. En el fondo es lo que busca: el descompromiso. La desconexión de sí mismo, anclado en un multiplicador, rehuyendo cualquier nudo gordiano que le ate a su yo, sujeto a infinidad de hilos, con la facilidad de poder deshacerlos apretando un simple botón; mejor aún: dejando de oprimirlo.
Es el modernismo del momento.
Este hombre no gusta de enfrentarse consigo. Se asemeja a una suerte de huésped cuya alma es presa de su envoltorio, sin alcanzar a obtener consciencia de ella misma.
Entre la percepción de lo que debe ser y lo que han elegido los otros, no permite que desde el exterior penetre en su interior aquello que le pueda empujar a la reflexión. A querer entendérselas con su propia identidad, y todo lo que le pueda hacer discernir acerca de quién es realmente es relegado de inmediato y ocupa su lugar lo banal, lo efímero, lo que teje el entretenimiento sin más moraleja, abonándose a lo ramplón y a lo insulso, viniendo a ocupar su mente el cosmos universal que proviene de sus proveedores de ideas. Y a base de no cavilar, uno de los hemisferios de su cerebro se va atontando, obnubilando, a la usanza de las maquinitas aritméticas, que con tanto uso, el que la soba acaba por perder cualquier facultad de cálculo personal y termina contando con los dedos. Todo lo cual abona aquel slogan de un anuncio de detergentes, tan desafortunado en su expresión como afortunado por la realidad: “usted no piense, nosotros lo hacemos por usted.”
Así, con el tiempo acaba convirtiéndose en parte de la robótica social. Y por mucha precisión que pueda tener un engendro, es bien sabido que carece de sensibilidad al adolecer de alma. ¿Dónde situar lo anímico si ni siquiera tiene constancia de ello? ¿Dónde la racionalidad, cuando no gasta neuronas?
Él, animal como el resto de las criaturas, progresivamente va haciendo algo revolucionario: alterar su naturaleza. Pues, en tanto que una fiera es incapaz de abandonar su estado primitivo, sin embargo él puede modificarla sustancialmente, y alejándose de su ser persona, deteriorar su sensibilidad progresivamente por el vaciamiento de los sentidos, convirtiéndose en un hombre no-pensante, sin religamiento a lo superior, terminando en unser tele-dirigido.
Por eso, se enchufa a una cosa llamada sistema operativo, convirtiéndose al final en una especie de parte del cableado al más puro estilo “Matrix” y como último invento al “Whatsapp” (= ¿qué es esta aplicación?). A cualquier hora del día y de la noche es necesario estar conectado para ser.
Desconectar para conectarse. That is the question. No prestar tal grado de atención, que se convierte en adición a los modernos medios de interrelación social; tener espacios para poder regar la mente con agua que obre el milagro de producir semillas de pensamientos de mayor calado; desechar tanta información desinformadora que terminan por embotar el conocimiento.
Y más allá de ello, después de ponerlo en práctica, preguntarse. Sí, preguntarse. Doblemente. Primero, interpelándose con aquélla frase de los Beatles” ¿Qué hace un chico como yo en un lugar como éste? O lo que vendría a ser lo mismo: ¿Puedo ser yo mismo, dejándome sustituir por los demás? Y luego, vaciado de lo de fuera y acongojado por lo que vislumbra dentro, decirse: “¿Hacia dónde dirigir mi razón y mi voluntad para recuperar el rumbo? De lo limitado a lo infinito. El cielo como montera.
Por ello, se impone recuperar el “yo” perdido y abandonar tantas clavijas. De no hacerlo es muy fácil caer en la definición de hombre masa. Y lo peor de todo, sentirse. ¿Eres? ¿Somos? La medida está en la dependencia a las conexiones.
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CUANDO LA SOCIEDAD TOLERA EL MAL Monika Zgustova — España
Crecí en la Praga comunista, donde a mi padre lo detuvieron y torturaron varias veces por su actividad disidente. Mi madre, en cambio, intentaba protegernos haciendo pequeños gestos de conformidad, como poner banderas en las fiestas oficiales. En ellos veía las dos actitudes que surgen cuando un país cae en el autoritarismo: unos pocos se rebelan; la mayoría se acomoda o colabora.
Años después, ya como estudiante en Estados Unidos, pasé un tiempo en la Argentina de la dictadura militar. Allí reconocí el mismo clima: miedo, resignación, cafés vacíos y una sociedad que había aceptado a los militares esperando orden y seguridad. Yo misma fui expulsada del país por cuestionar a un militar, lo que confirmó mi impresión de una comunidad que prefería no mirar el horror.
Más tarde entrevisté en Moscú a mujeres que habían sobrevivido al gulag. También allí se repetían las dos posturas: algunas se rebelaban aun a riesgo de morir; la mayoría obedecía para evitar castigos. Curiosamente, sobrevivieron más las valientes que las sumisas. Lo mismo ocurría en los campos nazis, donde mujeres como Milena Jesenská mantenían una libertad interior que las guardias no podían quebrar.
En la Rusia actual he visto cómo personas que antes defendían la memoria histórica han terminado minimizando los crímenes del pasado. “Se cansaron de pertenecer a la minoría”, me dijeron.
En Estados Unidos, donde viajé durante décadas, observo una pasividad parecida: muchos no reaccionan ante el deterioro democrático porque se sienten paralizados por los cambios bruscos. Confían en que “esto no puede durar”, mientras lo impensable se vuelve cotidiano.
Recuerdo que Václav Havel, tras la caída del comunismo, elogió a quienes resistieron y reprochó a la sociedad su complacencia, que permitió cuarenta años de tiranía. Esa misma inacción amenaza hoy a otros países.
Los autoritarios se alimentan de la apatía y del entretenimiento que adormece a la población. Por eso, en lugar de cerrar los ojos, deberíamos imaginar cómo sería nuestra vida dentro de unos años si permitimos avanzar al autoritarismo. Ese ejercicio debería impulsarnos a actuar antes de que sea demasiado tarde.
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:48:482026-04-23 19:48:49ARTÍCULOS – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Un instante antes de que empiece la historia.”
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Abril siempre me cambia el ritmo. Es un mes que no se vive en línea recta: trae silencios, trae luz, trae memoria.
Ayer celebramos el Día de la Tierra, ese recordatorio de que todo lo que somos nace de un mismo lugar: la raíz que nos sostiene, el suelo que pisamos, la vida que compartimos. Y hoy, 23 de abril, nos encuentra en plena fiesta de la palabra: Sant Jordi, día de libros, de rosas y de encuentros que no necesitan ruido.
Entre ambos días —la tierra que nos sostiene y la palabra que nos eleva— nace esta edición de abril. Un mes que también nos regaló la Semana Santa, con su pausa, su recogimiento y ese modo tan nuestro de detener el tiempo para escucharnos.
Esta revista llega desde ahí: desde la calma, desde la creación, desde ese espacio donde la palabra nos cuida y nos acompaña. Aquí reunimos voces que florecen, poemas que respiran y miradas que buscan luz.
Abril nos recuerda que cada palabra es una semilla. Que cada lector es una orilla. Y que la poesía, como la tierra, siempre vuelve a renacer.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:47:192026-04-23 19:48:19EDITORIAL – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Cada crónica es una mirada que intenta comprender el mundo.”
COLABORADORES
Maren Alberdi – España
Luz Fontana – Italia/España
Elspeth Gormley – España
Gustavo Páez Escobar – Colombia
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CRÓNICA DE LA SOCIEDAD ACTUAL
Maren Alberdi — España
Hay días en los que salgo a la calle y tengo la sensación de que el mundo camina demasiado deprisa para sí mismo. La gente pasa a mi lado con el gesto apretado, los ojos clavados en pantallas que iluminan más sus rostros que sus vidas. Cada uno va en su propio carril, como si la ciudad fuese un tablero de líneas invisibles que nadie se atreve a cruzar.
En la parada del autobús, una mujer habla sola. O eso parece. Luego descubro que lleva auriculares diminutos, casi invisibles, que la conectan con alguien que no está aquí. A su lado, un hombre mira el móvil como si dentro hubiera una respuesta urgente que nunca llega. Dos adolescentes ríen, pero no se miran entre ellos: ríen hacia la cámara. Todo es público, todo es compartido, todo es inmediato… y sin embargo, todo parece un poco más solo.
La sociedad actual tiene esta paradoja: estamos más conectados que nunca, pero nos tocamos menos. Nos contamos la vida en fragmentos, en mensajes rápidos, en fotos que duran un instante. Y aun así, cuando cae la tarde, muchos sienten un hueco que no saben nombrar.
Camino por el paseo marítimo y veo a un anciano sentado frente al mar. No tiene prisa. No tiene pantalla. No tiene ruido. Solo mira. Y pienso que quizá ahí está la resistencia silenciosa: en quienes todavía saben detenerse, en quienes escuchan el rumor del mundo sin filtros, sin algoritmos, sin prisa.
La sociedad actual corre, produce, publica, opina. Pero también cansa, agota, desorienta. Y en medio de todo eso, seguimos buscando algo que nos devuelva al centro: una conversación verdadera, un abrazo sin prisa, un silencio que no asuste, una mirada que no pase de largo.
Quizá no estemos tan perdidos como creemos. Quizá solo necesitamos recordar que, detrás de cada pantalla, sigue habiendo un corazón que late. Y que, aunque el mundo vaya rápido, nosotros aún podemos elegir el ritmo.
A veces basta con levantar la vista. A veces basta con mirar al otro. A veces basta con recordar que seguimos aquí, juntos, intentando entendernos en medio del ruido.
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ENTRE LA SEMANA SANTA Y LAS “ FIESTAS DE PRIMAVERA”
Luz Fontana — Italia/España
Hay lugares donde la Semana Santa no es un evento: es un latido. Andalucia es uno de ellos.
Aquí, cuando llega marzo, el aire cambia. No es solo el olor a incienso o a flores recién cortadas. Es una forma de estar, una manera de caminar, un respeto antiguo que se transmite sin necesidad de explicarlo.
Para muchos, la Semana Santa es fe. Para otros, es tradición. Para otros, es memoria familiar. Y para algunos, simplemente es parte del paisaje emocional del pueblo.
Pero en los últimos años, algo ha empezado a cambiar. En algunos lugares —no aquí, pero sí en otros rincones del mapa— se ha empezado a hablar de “fiestas de primavera” para no herir susceptibilidades de quienes llegan de fuera.
Y yo lo entiendo… pero no lo comparto.
Porque hay una verdad sencilla, antigua, casi de sentido común: A donde fueres, haz lo que vieres.
Quien llega a un país, a un pueblo, a una cultura, no tiene por qué adoptar sus creencias, pero sí respetar sus costumbres.
La Semana Santa no es una imposición. Es una expresión cultural. Es parte de la identidad de un lugar. Y borrar el nombre para no incomodar es, en el fondo, borrar una parte de su historia.
En Andalucía por suerte, eso no ocurre, aunque lo han intentado. Aquí la Semana Santa sigue siendo Semana Santa. Con sus procesiones, sus silencios, sus pasos, sus luces temblorosas en la noche. Con esa mezcla de solemnidad y comunidad que solo se entiende cuando se vive desde dentro.
Y aun así, también están los otros: los que llegan de fuera, los que miran con curiosidad, los que observan sin comprender del todo. Y está bien. Porque la convivencia no exige uniformidad. Exige respeto.
Quizá por eso Andalucía es un buen ejemplo: un lugar donde la tradición no se esconde, pero tampoco se impone. Un lugar donde la Semana Santa convive con quienes la sienten y con quienes simplemente la contemplan.
Y yo, que vengo de raíces mezcladas, que he vivido dentro y fuera, lo miro todo con una doble mirada: la de quien pertenece y la de quien recuerda lo que es llegar a un sitio nuevo.
Por eso lo digo sin miedo: las costumbres no se diluyen para no molestar. Se comparten. Se explican. Se celebran. Y quien llega, observa, aprende, respeta… y encuentra su lugar.
Porque al final, la identidad de un pueblo no se negocia: se vive.
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CRÓNICA DE UN VIAJE A ZUGARRAMURDI
Elspeth Gormley — España
Donde la memoria respira bajo tierra
Hay lugares que no se visitan: se acuden a ellos. Zugarramurdi es uno de esos sitios que te llaman por dentro, como si una parte antigua de ti reconociera el camino antes que tus pasos.
Llegué temprano, con esa luz del norte que no invade: se posa. El pueblo parecía tranquilo, casi inocente, como si quisiera disimular lo que guarda bajo la piel. Pero basta caminar unos metros para sentirlo: una vibración antigua, un rumor que no pertenece al presente.
No importa cuántos kilómetros haya entre mi vida actual y estas montañas: una parte de mis raíces sigue aquí, escondida entre la humedad de las cuevas y el verde profundo del norte.
El sendero hacia las cuevas es amable, casi doméstico. Pero a medida que avanzas, el silencio cambia. Ya no es silencio de bosque: es silencio de memoria. De lo que no se dijo. De lo que se gritó demasiado tarde.
Las cuevas se abren como una boca inmensa. No hay luz suficiente para abarcarlo todo. Y quizá sea mejor así.
Aquí no hace falta imaginación: la historia está viva.
Pensé en aquellas mujeres —y también hombres— acusados de brujería. No por magia, sino por miedo. Por ignorancia. Por la necesidad humana de culpar a alguien cuando la vida se desordena.
No eran brujas. Eran diferentes. Y eso, en ciertos siglos, era suficiente para morir.
El aire dentro de la cueva es frío, pero no es un frío natural. Es un frío que viene de la injusticia. De la fragilidad humana. De la crueldad que se disfraza de fe.
Y aun así, hay algo más: una fuerza. Una dignidad que no se apagó ni con hogueras ni con inquisidores.
Al salir, el cielo había abierto un claro. Un rayo de luz cayó justo sobre la entrada, como si el paisaje quisiera recordarme que incluso los lugares marcados por el dolor pueden tener belleza.
Zugarramurdi no es un sitio para aprender. Es un sitio para recordar.
Recordar que el miedo puede destruir. Recordar que la diferencia puede salvar. Recordar que la historia, cuando se olvida, vuelve disfrazada.
Seguí caminando por el sendero con la sensación de haber escuchado algo que no se oye con los oídos. Algo que solo se percibe cuando una parte de ti —la más antigua— despierta.
Y pensé que quizá, solo quizá, las brujas no eran ellas. Quizá las brujas somos todas las que seguimos caminando con la verdad en los bolsillos, aunque el mundo prefiera la mentira.
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HASTA SIEMPRE ALICIA CARO
Gustavo Páez Escobar — Colombia
Las primeras letras las aprendió Beatriz Segura Peñuela (Alicia Caro, en el cine mexicano) en el Colegio de la Presentación de Duitama, Colombia. Radicada en México, solo volvió a su patria por breves temporadas. Matriculada en una academia de arte dramático, el productor Miguel Zacarías solicitó la presencia de las mejores alumnas para someterlas a un examen ante las cámaras. bella y delicada, asistió a las pruebas en compañía de Laura Victoria, su madre, la famosa pionera de la poesía erótica en Colombia.
Antes de que la hija se sometiera a concurso, la poetisa tuvo una larga conversación con Zacarías. Por los rasgos suministrados, este dedujo que la estudiante podía representar el papel estelar que buscaba para La vorágine.
Cuando la conoció en persona, supo que no estaba equivocado, y la invitó a dejarse dirigir en las disciplinas del cine. Él fue su maestro. Vino luego un duro año de ejercicios de dicción, fotografía y actuación, al cabo del cual comenzó el rodaje de la película.
El director deseaba un nombre corto para la nueva estrella. Madre e hija escogieron varias opciones y se inclinaron por el de Alicia Caro, nombre que se hizo famoso en el cine, hasta el punto de sustituir el suyo propio en la vida corriente.
En 1956, en una de sus venidas a Colombia, Alicia se casó con Fernando Arbeláez, destacado intelectual de Manizales que ejercía el cargo de primer secretario de la embajada de Colombia en Suiza. Fernando Arbeláez estudió leyes, pero desde muy joven se dedicó a las letras. Todo hacía pensar que la pareja sería feliz, pero la unión duró apenas un año. Alicia se había equivocado de camino.
Estrella de cine
Irrumpió en el cine en plena juventud y belleza. Su figura atractiva conquistó numerosos admiradores. El cine azteca, con honda penetración en el continente, irradiaba a los cuatro vientos una graciosa imagen juvenil que difundía encanto y frescura. Su serena belleza seducía a los exigentes cineastas que no se dejan seducir por la primera cara bonita.
En sus actuaciones iniciales, Alicia representó a la muchacha sencilla y pudorosa de algún pueblo oculto, envuelta en el aura de la ingenuidad y la inocencia. Se mostraba deliciosa, astuta y picante. Su fina estampa, resaltada por unos ojos vivaces y un perfil seductor, incitaba el deseo. Esta mezcla de arte, juventud y hechizo eran los ingredientes mágicos que hacían rutilar en la pantalla un nuevo símbolo erótico. Actuó en 36 películas al lado de figuras consagradas. Su comienzo triunfal en La vorágine fue seguido de otros desempeños brillantes.
El cine, arte derivado de las letras, es un amplio escenario donde la vida se mueve bajo los artificios de la ficción, calcando la realidad. Los actores se despojan de su propia naturaleza para retratar la comedia humana. Es lo mismo que sucede en el teatro, la novela y el cuento. Es, por tanto, un eco de la sociedad. En el caso de las actrices, ellas pasan, con asombroso poder de ubicuidad, a ser reinas o plebeyas, vírgenes o pecadoras.
Esta versatilidad permite que el público las idolatre o las odie, según cada papel.
Es un público movedizo y lleno de sentimientos contrarios, que oscila de acuerdo con las actuaciones cambiantes de sus heroínas. Al decir de Charles Chaplin, “la tragedia del cine estriba en su fugacidad inexorable”.
El amor verdadero
Un productor avivato, al saber que Alicia Caro buscaba para su trabajo un automóvil usado, le envió uno nuevo como regalo de Navidad. La joven lo rechazó, y fue su propia madre quien se encargó de devolver el obsequio con estas palabras tajantes: “Dígale a su patrono que se equivocó de puerta”.
Otra vez la invitaron a una fiesta privada, y a la hora del compromiso llegó un vehículo a recogerla. Pero no fue Alicia Caro quien lo abordó, sino Laura Victoria, que había decidido intervenir como mujer experimentada en estos lances. Al verla llegar, los asistentes quedaron estupefactos. Ella les explicó que venía en remplazo de su hija, por encontrarse indispuesta. Como su presencia en el alegre jolgorio no era nada grata, al poco rato se retiró. Moraleja: en el ambiente oscuro del cine aúllan los lobos.
Años después apareció el amor ideal: Jorge Martínez de Hoyos, de amplio prestigio en el cine, la televisión y el teatro. En 1965, año en que se casaron, era él la figura más acreditada de la cinematografía nacional. Esta unión restituyó a Alicia la ilusión perdida y le trajo años de completa felicidad.
Pocas parejas del cine han podido exhibir un matrimonio tan sólido. Caso insólito, pues el amor que los actores representan en la pantalla no es, por lo general, el mismo que viven en sus hogares. En este medio son comunes los deslices amorosos y los escándalos, que a veces parecen salidos de sus propios papeles.
Estos dos personajes de la vida real se encontraron en el camino del cine –que suele ser una ficción– y unieron sus vidas con los lazos del amor verdadero. Su caso contradice los amores equívocos de la farándula. Duraron 32 años unidos, hasta que la muerte los separó.
Heroína del amor
La última película donde actuó Martínez de Hoyos fue Edipo alcalde, guion de García Márquez filmado en el municipio colombiano de Salamina. La versión, basada en el Edipo rey de Sófocles, muestra la cruda violencia colombiana desatada desde hace varias décadas, y agrega a la obra griega la presencia de un cura de pueblo (personaje muy nuestro) representado por Martínez de Hoyos.
El cura muere sacrificado por la barbarie que azota al país. Cruel ironía: el actor mexicano fue el único muerto de la obra y el único muerto de la vida real. De vuelta en México, Alicia Caro me informó que a Jorge le habían descubierto un cáncer terminal. Y comenzó el calvario: visitas angustiosas a los médicos, desesperantes transfusiones de sangre, atroces tratamientos de quimioterapia.
“Las cosas estuvieron muy duras para Jorge y para mí –me dijo Alicia–. Mi sueño, antes tan tranquilo, se acabó. Hubo necesidad de hacerle cuatro transfusiones en los últimos meses, pues esos medicamentos son tan agresivos que barren con los glóbulos rojos, blancos y plaquetas. ¡Ay, Gustavo, cuánto dolor y cuánto sufrimiento tuvo que soportar Jorge, y yo con él, ¡pues su dolor fue el mío!
“No puedo comprender por qué y en qué momento nuestro destino se torció en forma tan grotesca. Su enfermedad nos envolvió, nos atrapó como un remolino del que ya no había salida, y a él lo mató. Muero un poco cada día –se dolía–, porque no puedo concebir mi vida sin la suya. Todo esto pasa como una lápida sobre mi corazón”. Sin embargo, Alicia Caro no fue una mujer derrotada. Pasó, eso sí, por una etapa crítica, que trató de superar.
Mientras escribo estas letras, repaso un legajo de su época dorada y veo a la actriz radiante y lozana y llena de ilusiones. Eran los días en que su estampa de princesa le hacía conquistar admiración y aplausos. Pasado el tiempo, era la mujer herida por el infortunio que no acertaba a explicarse por qué se había roto su felicidad en forma tan abrupta. La heroína del dolor, alentada por su fe religiosa, confiaba en que Dios le deparara caminos para seguir adelante.
Y ahora es ella quien se ha ido del mundo, a los 95 años, mientras muchos ignoran que fue una de las brillantes intérpretes de la Época de Oro del cine mexicano. Desde mi lejanía bogotana evoco los días en que me brindó toda su colaboración, con el aporte de datos y documentos, que me permitieron escribir la biografía publicada en el año 2003 sobre Laura Victoria. En su tumba deposito una flor de conmovido afecto.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:46:472026-04-23 20:11:20CRÓNICAS Y ENSAYOS – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
No envejece No se cansa. No aprende. Tiene la piel dura y la mirada simple, pero un entusiasmo que desarma.
Habla alto, opina de todo, se acomoda en los sillones, se cuela en las noticias, se disfraza de certeza.
La estupidez no es mala, solo es terca. Y lo peor es que se multiplica sin esfuerzo.
Contra ella no hay espada, ni ley, ni ciencia. Solo queda la lucidez cansada de quienes aún piensan, de quienes aún sienten, de quienes aún suspiran frente al televisor mientras la vida sigue y el mundo insiste.
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CUANDO LLEGUE EL DESPUÉS
Alberganti Miriam — Argentina
Quiero estar bien viva, cuando la muerte visite mi huerto,
con el alma en movimiento, sin miedos, sin olvido.
Muchos respiran, pero no viven, es cierto,
caminan dormidos, con el piloto automático despierto.
Posponen lo que aman, se esconden del dolor,
llaman a eso vida, pero es solo un gran temor.
La muerte no avisa, llega sin decir,
no la vemos venir y no pregunta si cumpliste tu sueño,
,o si te quedó algo por decir..
El desafío no es evitarla, es vivir cada instante,
recibirla con paz, sin deudas, sin un «quizás después».
Estar vivo es decir lo que sientes, sin temor,
abrazar sin miedo, amar aunque duela, pero con valor.
Que me encuentre con los ojos brillando,
con el corazón en calma, sin nada que callar.
Lo peor no es morir, es llegar al final,
y darme cuenta que nunca viví,
que me quedé solo en el umbral.
No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy,
no te escondas del riesgo, no le temás al dolor.
La vida es un regalo, un instante fugaz,
vivila con intensidad, sin miedo, se que eres capaz.!.
Que cada paso sea un propósito, cada día un don,
que cada abrazo sea un recuerdo, cada risa un tesoro.
No te detengas a mirar atrás,
viví el presente, sin miedo a soñar.
Crea recuerdos que a alguien le han de quedar !
=== ✦ === === ✦ ===
INTENTARLO
Alberganti Miriam-Argentina
Soy la luz que ilumina el camino,
la voz que rompe el silencio,
con manos abiertas,
A lo que la vida depare
pero con el corazón
lleno de esperanza.
Llena de convicción,
de amor y de vida,
Con verdades incómodas
a veces,
pero siempre con la frente erguida.
Preguntas que inspiran reflexión,
eso es lo que hago,
no me dejo limitar por el miedo,
ni me quedo con solo alagos.
Celebro cada momento,
cada latido del corazón,
solo ante lo sublime me inclino,
con humildad y pasión.
No sé si tengo virtudes,
o si son pocas o muchas,
pero de una cosa estoy segura,
siempre lo vivo intentando.
El fracaso
no es mi destino,
soy la que se levanta,
la que sigue adelante
firme y constante
cómo un gran navegante.
=== ✦ === === ✦ ===
UN SOLITARIO CORAZON
Balsells Magi —España
En mi soledad por amar
Falto de un cariño y amor
Con fe, persigo sin cesar
Quien calme este dolor
A muchas personas ame
Ninguna a mi lo hizo
Pese que a veces implore
Siempre fallo el hechizo
Triste y arrastrando mi pena
Por ser amado quisiera
No lo consigo, es mi condena
Estar solo en esta tierra
Rogare para un día poder tener
Un amor en el alma compartido
Así finalizar este padecer
Y formar con amor un nido
Quiéreme, ámame, tu mujer
No importa raza ni religión
Poco tengo para ofrecer
Solo mi solitario corazón
=== ✦ === === ✦ ===
MI MA R
Balsells Magi — España
Que sensación tengo más placentera
Estos murmullos suavemente callados
Envuelve mi persona igual que una esfera
Descanso de los muchos días pasados
Contemplar la luna brillado en el mar
Con la música que acompaña a las olas
Con su vaivén eterno que sigue sin parar
Con su perfume igual como las amapolas
Recreándome en la belleza tan singular
Aquí el tiempo pasa sin principio ni final
Lo único que importa es poderlo disfrutar
Pues desaparecerá con la luces del matinal
Mediterráneo, bañas más de un continente
Nacimiento de muchas antiguas civilizaciones
Salida a un océano grande inmensamente
Dominarlo siempre han sido buenas razones
Sustento de humildes trabajadores del mar
Pleno de leyendas y de múltiples narraciones
Que en su arena de la playa da gusto escuchar
Mientras se mantienen en vilo los corazones
Volverá siempre cada noche sin faltar
Me siento enamorado de este lugar hermoso
Cuanta belleza te adorna mi querido mar
Por ello me otorga la paz y así tengo mi reposo
=== ✦ === === ✦ ===
DOS SÍLABAS
Blanco Inés (Luna de abril) — Colombia
En vano he navegado sobre mi hoja vacía; como si fuese una barca sin rumbo en la tormenta. Sobre ella se derrama la luz que no la hiere; la noche la torna oscura, húmeda y blanca. Cando en ella escribo, a su lado saltan peces; las olas que todo lo borran nos convierten en naufragio. Seremos dos sílabas en busca de la orilla; agujero en la playa, que oculte para siempre la nostalgia.
=== ✦ === === ✦ ===
SOLO A TI
Blanco Inés (Luna de abril) — Colombia A una hoja confío los secretos. A una lágrima le entrego la ternura. A mi piel le doy el perfume del recuerdo. A las manos el color de la tinta. A los sueños les dejo mis nostalgias. A mis alas los vuelos no alcanzados. A ti, solo a ti… la risa y las palabras.
=== ✦ === === ✦ ===
MALVINAS
Carciofetti Libia B. — Argentina
Llorando
por una herida que aún sangra.
Pero reprime su dolor
porque no conoce la venganza.
¡Sufrimos tantas afrentas!
Que enmudeció nuestra garganta.
Estafaron a tantas madres
argumentando ¡Defender la Patria!
Hoy esa patria agoniza
y de sala común, la llevaron a terapia
Ya casi no tiene fuerzas,
está deprimida y cabizbaja.
Sigue habiendo sillas vacías;
Faltan hijos en la casa.
Se derrumbó la familia
Y el horror es una daga.
Fue la guerra de Malvinas,
Argumentos para cineastas.
Se lucró con el dolor
para que en la mente perdurara;
que a muchos de nuestros hijos
sobre sus tumbas se los llorara.
Y el verdadero cementerio
Es la memoria del alma.
Como corderitos al matadero
en fila se los llevaban.
Mientras los gobernantes de turno detrás de ellos se escudaban.
El himno a “Las Malvinas”
A voz en cuello se entonaba.
mientras los padres de los soldados por dentro agonizaban.
En las islas hoy el sol
Ilumina las cruces blancas.
Argentina memoriosa, no tiene paz, ni descansa
porque Dios que no se olvida, ¡HABLA!
con conflictos y desgracias.
La vida hoy tiene un precio
y somos animales de “caza”.
O nos sometemos por las buenas.
O somos “boleta” por las malas.
Los cortes de ruta, el “patoterismo”
El gobernar la vida humana
les da derecho a muchos
con solo proponer “una marcha”.
Y a los que no quieran plegarse
¡Lo lamentamos!
Cuestionamientos no faltan.
¿Quién tiene de esto la culpa?
¡Yo no lo se!
Pues si no lo sabe ¡Se calla!
Este es el precio por vivir
¡Dándole a Dios las espaldas!
Hagamos hoy una ronda
con ángeles de la guarda.
Que protejan a nuestros niños
de esta teoría malsana.
Que no se invoque el nombre de Dios
para negociar con las almas.
Necesitamos respirar aire puro que se filtre por las ventanas cerradas.
Ya que no podemos hacerlo libremente, por los parques y las plazas.
¿Quién tiene la culpa? ¡No lo se!
Pero esto suele suceder
cuando a Dios se le da las espaldas.
Los “héroes de Malvinas” ¿Qué hacen?
Tragan la saliva amarga
de un rencor que se hizo carne pues su voz no es escuchada.
=== ✦ === === ✦ ===
UN CÁNDIDO ABISMO
Copioli Rosita — Italia
En las más pequeñas plumas del más pequeño pájaro, en lo sagrado del corazón y en su nido de fuego, en el viaje intranquilo y allí donde continúan floreciendo los Celestiales, allí donde el deseo marchito evoca el pasado, fuera de los ojos de la sombra, en el sol de la hora diurna, más allá del paso de las estrellas, más allá del azul de los dioses, vive un soplo de cándido abismo.
=== ✦ === === ✦ ===
LEJOS VIVEN
Copioli Rosit — Italia
Lejos de las huellas del destino, lejos del giro oscuro de los años, en la gloria de cantos a nosotros desconocidos un aliento feliz, exigido por la voluptuosidad, os genera sueños en una única sonrisa. ¿Cuál, la parte que disteis al pueblo purpúreo de los hombres, a su necesidad? En la luz y en el aire perdidas palabras, retazos de sueños, restos de comidas, miserables y escasas, huesos calcinados, rodar de dientes y vergüenza, no últimos, la espuma en la cual todo se resuelve, la lenta niebla de la pérdida, el dolor de los años de olvido.
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IMAGINEMOS
Díaz Castro Enrique Fredy — México
Imaginemos al mundo, más y más deforestado; con sus lagos disecados como desiertos profundos…
Imaginemos ahora a las potencias en guerra por el tesoro que encierra el agua; ama y señora…
Imaginemos que nada nos importó la pandemia, y que ahora la blasfemia es más punzante que espada.
Golpes de pecho nos damos cuando de Dios requerimos, pero después omitimos lo que tanto profesamos.
Dañamos al medio ambiente, bosques y selvas quemando, al agua contaminando, como locos e inclementes.
Con la “modernización” arrobando el pensamiento, tapizamos con cemento del suelo enorme extensión.
Del exterminio masivo de especies por todos lados ya nos hemos olvidado, omitiendo los motivos.
Nos hemos vuelto insensibles si es del prójimo el dolor; del afecto su esplendor se ha tornado imperceptible.
Urge que desde el hogar muchas conductas mejoren, fomentando los valores para poder escalar
a ese lugar que aspiramos con la espiritualidad, por la misma dignidad del alma, cuando rezamos.
A la juventud salvemos de las garras del malvado; el buen ejemplo es aliado cuando firmes lo ejercemos.
Gran compromiso tenemos, incansables día con día, con voluntad y empatía; también con fe… IMAGINO
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CAMINOS
Fabre G. Sylvie — Francia
A lo largo de los caminos de la noche avanza la cohorte
de aquellos que tienen países y como último recurso
los abandonan dejando atrás sus rostros.
Una fiebre por lo imposible muda las pesadumbres pero
la desgracia conserva su lecho, y su pena clama.
Nunca fue suficiente salir para llegar.
Un lugar donde vivir, la barbarie se fragmenta
en mil espejos incrustados en los rincones del cielo y
sus añicos siguen cortando las manos
tendidas en la espera de otra vía láctea.
Cada día los hombres desfilan sobre la borda colmados
de realidad, y el ángel anunciante de desastres.
se arrincona ansioso el fondo de las calas
mientras que los migrantes, involuntarios voluntarios,
conversan con la espuma y la variación de las fronteras.
El mar lleva hasta las costas la hemorragia moral
de la humanidad. Implacable resucitador del mal, el lucro
en su carrera hace desplomar las exiguas vallas.
y los depredadores siguen despedazando la carne
de los vencidos como en los viejos tiempos de las galeras.
=== ✦ === === ✦ ===
CANSADO DE ESPERARTE
González Saavedra Carlos — Argentina
Con mi alma atormentada
Me aleje en silencio
Para decirte adiós.
Tal vez, no puedas,
liberarte todos tus tormentos
inseguridad y escarmiento.
Has preferido el perfume
Y el maquillado.
Cuidando siempre…,
tus labios pintados
Sabiduría y esfuerzo.
Ay niña…,
Como te han pesado esos maltratos
No has podido ni alcanzado
Ni en tus prosas, ni cuentos
para transformar en amor
Tu sufrimiento
Ay niña
Sigo mi derrotero
Nuevos soles, nuevos cielos
con el empuje de la gente joven
con el ternura que trato a mis nietos
Por eso…,
Te digo adiós en silencio
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CUANDO LA PALABRA DESPIERTA
Gormley Elspeth — España
Cuando la poesía me llama en silencio, cuando roza mi alma con dedos de luz, cuando abre caminos que yo no comprendo y enciende en mi pecho su íntima virtud
Entonces despierta la voz que me habita, la que nunca miente, la que sabe ver, la que, en cada herida, profunda o bendita, me dicta un latido que quiere nacer.
La palabra llega sin prisa ni ruido, como un suave eco que busca mi ser; y aunque a veces duele lo que ha traído, siempre me devuelve la fuerza de creer.
Escribir es puente, refugio y destino, esa senda que sigo sin saber por qué; más cuando la palabra despierta en mi camino, sé que todo tiene sentido otra vez.
=== ✦ === === ✦ ===
PERDIDO Guzzetti Mangione Gustavo Oscar -Argentina
(20/08/1969-21/09/2002)
M
Te echaste a correr
sin siquiera mirar atrás.
Perdiste tu rumbo en el camino,
como un barco al que guían las estrellas,
en la noche mas cerrada que existió.
Te viste lejos de todo lo querido,
hiciste de todo por regresar.
Pero la hora de partida estaba lejos
y el reloj no se animaba a volver atrás.
Estuviste preso en tu tiempo y en tu mundo.
Rogaste a los cielos el perdón de tus pecados.
Pudiste entender la verdad y la mentira,
y mágicamente el camino se abrió a tus pies
Ahora vuelas por los cielos de este mundo
y bajo tus alas sigue en pie la humanidad
buscando respuestas que lleven a un camino
el mismo camino que hoy…
Hoy te puso a andar.
=== ✦ === === ✦ ===
ALCOHOLISMO
Jaramillo Diego Carlos — México
No ser nadie en la vida,
ignorado en la sociedad,
sin un sentido común,
vagar y volver al reciclaje.
Sentir el alma vacía,
la conciencia sucia
sin tener una familia,
ni saborear un despertar.
Esos seres sin bases,
ni costumbre, ni moral,
sin un nombre y,
una personalidad.
Viven paralelo a la vida,
sin luz en su paraje, y
en un callejón sin salida,
terminan por no ser nadie.
Cuando sólo el suicidio queda,
y la muerte no te quiere aceptar,
nos acordamos de Dios,
y reflexionando en la vida
nos vuelve a la realidad.
¿Quién soy?, ¿Qué es lo que quiero,
y a donde voy en este peregrinar?
La divina providencia
me ha concedido el milagro,
de llegar casi salvaje,
y en estado de inconciencia
a ese grupo de amistad.
Este milagro del siglo
que la sociedad no entiende,
levanta muertos en vida,
y los convierte en gentes.
Hombres que han aceptado
ser víctimas de un estigma,
y de la mano de Dios
luchan con estoicismo,
por erradicar de su alma
esa gran enfermedad
que llamamos alcoholismo.
La sociedad se pregunta,
en donde nace el milagro
ya que la bestia de ayer
hoy hombre vuelve a nacer,
íntegro, tenaz, puro,
y esta lucha se logra
con la buena voluntad.
Te comentaré la magia:
se muere en el ayer
renaciendo esta mañana,
y ese trance del amor
que es el milagro del siglo,
sólo lo logra el señor
en los grupos de amistad.
=== ✦ === === ✦ ===
SOBERBIA
Jaramillo Diego Carlos — México
Actúas cual hiedra venenosa mermando lentamente los cimientos, succionando las virtudes y te gozas viendo ennegrecer los pensamientos.
Llegas y te anidas como el hongo eres de ruin belleza y dimensiones te alimentas de los dones con asombro provocando en ser otras pasiones.
Disfrutas engullendo los perfiles del humano que sueña con grandezas, transformando la humildad en otros roles cambiando lo grande por vileza.
Hay quienes te veneran como amiga más no a todos confundes con tu estilo, te conozco, tu nombre es: soberbia pues transformas al hombre con sigilo.
Te apareces y aprovechas el momento de los ciegos que añoran vanidades, eres alma del problema y descontento, eres Diosa de cizaña y falsedades.
Te soportas en el aire, con la inercia del daño del caudal de tu corriente, eres pilar de la controversia
y tu alma, el veneno de serpiente. Siembras sin ser trigo mil pasiones, reinas sin tener una corona, descoyuntas en el ser las emociones, contradices el amor que Dios pregona.
=== ✦ === === ✦ ===
PENSÉ QUE NO VENDRÍAS Kiperman Andrea — Argentina
Pensé que no vendrías ya era muy tarde y estaba pasando muy bien. Me encontraba en una punta del salón y de pronto un escalofrío me recorrió el cuerpo. No sabía por qué? miré hacia la puerta y del otro lado estabas tú. Habías llegado, frío, helado como el invierno nevado. Desvié rápidamente la mirada, es que no quería verte me inquieté, no sabía si irme, o quedarme; me escabullí entre la gente, para no verte para que no me vieras. Fue inútil. Viniste a mi, me miraste me abrazaste tan fuerte que se me cortó la respiración. Me mirabas, te miraba, nadie hacía nada. Se me fue la paciencia y me acerqué, así, sin más. Te pedí un baile, te negaste. Pensé que había tenido suerte, de no bailar contigo. Me agarraste la mano y acercaste todo tu cuerpo al mio no se que sucedió, apenas recuerdo. Cuando me estaba yendo me agarraste fuerte la mano y me dijiste que si, que esta canción seguro bailamos. Entré en un sueño te acercaste tan fuerte y tan rápido, que perdí la noción del tiempo. tu cuerpo pegado al mio en el centro de la pista sentía tu respiración tu corazón latía fuerte ¿Me preguntaste que pensaba? nada respondí. simplemente no pensaba en nada.
=== ✦ === === ✦ ===
ESPERA QUE AÚN NO ES EL ALBA
Kiperman Andrea — Argentina
Espera, que no se ha hecho de día. Espera, que todavía la noche está en su máximo esplendor. ¿Y si no te vas aún? Todavía la noche es joven, no hay rastro del amanecer.
Oh, amor, si pudiera permanecer aquí hasta el infinito… Sé que no se puede; tú lo sabes también. Qué caprichosa es la claridad de la mañana.
Espera, que no vinieron a levantarme este domingo. Espera, que aún queda un tiempo para escapar. ¿Y entonces, cuándo te veré de nuevo? Manda un mensajero; ven, escápate. Cuán largos serán los segundos sin ti…
Me marcharé antes de la boda, no te demores, que si no, será demasiado tarde. Dejaré a un hombre en el altar, vestida de novia.
Amor, no te demores; te estaré esperando. Cuidado al trepar, que no te vean los guardias. Apúrate, que los días sin ti serán eternos.
Espera, que aún no se ha hecho de día…
=== ✦ === === ✦ ===
ALAS
La Mónica Antonella — Italia
Perfuma el silencio el aire esta mañana.
Un halcón peregrino le roba al sol su luz. Alas desplegadas doran espacios.
=== ✦ === === ✦ ===
EL ALBA
La Mónica Antonella — Italia
Manos azules de cielo apartan suspendidos velos de noches.
La luz cosquillea nubes embriagadas del alba naciente.
=== ✦ === === ✦ ===
Mangione Margarita — Argentina
¿Sabes tu extraño mar al que amo tanto,
cual es la pena que mi alma invade?
¿Conoces el motivo de mi llanto,
en el silencio de la tibia tarde?
¿Sabes por qué te miro largas horas,
como si tu misterio me hechizara?
¿Acaso también tú mi pena lloras,
con lágrimas de espuma,
en la orilla apagadas?
¿Eres tan mío, como yo soy tuya,
o acaso eres del cielo, que no alcanzas?
Y el mar me contestó:
¡No te conozco!
Ni creo que tu sepas,
porque me hablas…
=
=== ✦ === === ✦ ===
NO SOY UN PECADOR
Morelos Antonio — México
Nací en cuna pecadora
y en el pecado he crecido,
culpa, que no es culpa de obra,
pero la usan de martirio,
que fue acuñada en la sombra
por cerebros mal nacidos.
Los pueblos originarios
nunca estaban en pecado,
si cometían un agravio
no eran por Dios castigados,
el pueblo que era tan sabio
resolvía el desaguisado.
El pecado no era nuestro
lo trajo aquí el invasor,
en nuestro pueblo el respeto
era la guía y el timón,
no había castigos inciertos,
ni tampoco por su Dios.
El pecado, no es pecado,
solo es un concepto más,
no es obra por Dios mandada,
ni hay pecado original,
la iglesia lo ha conjugado
para que sea culpa real.
El pecado lo han usado
como un castigo de Dios,
todo tan falso y malvado
porque Dios solo da amor
y al pueblo le han manejado,
es una ofensa hacia Dios.
No hay pecado original,
porque el amor no es pecdo,
culpan a Eva con Adán
de quebrantar lo mandado
y a una serpiente del mal
de llevarlos al pecado.
El pecado es la figura
que representa al castigo,
y la iglesia sin censura
usando el libre escrutinio,
castiga usando la hoguera
por pecados no existidos.
Yo no soy un pecador,
tampoco digo ser santo,
porque nunca esos dos
conceptos mal manejados,
existen bajo este sol,
la santidad y el pecado.
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CÓMO SABER SI UN CACTUS HA MUERTO
Muriel Andrea — México
Primero habría que fijarse en la rigidez de sus espinas,
luego en la consistencia de su cuerpo
que debe ser firme y robusto,
más tarde habría que pensar en el clima
o en cada cuánto se le puso agua.
Un cactus muere tres meses antes de que nos demos cuenta
y es imposible saber si las pequeñas señales:
los bordes amarillos, el encogimiento,
son indicios de la muerte o tan sólo parásitos.
Los expertos dicen que sólo existe un signo
inequívoco de la putrefacción:
hay que pinchar su carne
para ver si brota algo y confirmar
que el hedor ha comenzado a formarse
desde dentro.
Dicen que el amor es de todos los días
pero yo no sabía que los cactus pueden llegar a ahogarse.
Pensé que cuidarlo era ponerle más agua.
Siempre me ha costado entender cuánto es suficiente.
=== ✦ === === ✦ ===
Quattri Ricardo E. — Argentina
Barco,
a la deriva de vientos
y oleajes crispados.
Vendavales.
Sin ancla, sin timón.
A solas, y crujientes
estructuras al punto
de quiebre,
colapso de sueños
perdidos en profundos
abismos.
A oscuras, desnuda
el alma, sin tiempos.
Abatido en alientos
suicidas.
Sin rastros.
Sin legado.
Apenas colgado de la nada.
Muriendo. Desolado
=== ✦ === === ✦ ===
DETALLE
Quattri Ricardo E. — Argentina
Detalle.
Lluvia interior,
mares de vientos y espuma.
Locura que habita
los rincones del alma
que quedaron a oscuras.
Soledades de sal y arena.
Penas qué no ceden.
Tristeza amarrada
al musculo corazón
a tiempo de estallar.
Doloroso.
Abarco el soplo de la noche.
Me disuelvo. Vuelvo.
Me mece el duelo. No regreso.
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TU NOMBRE Terán Adriana (Poetisa Cálida) — Argentina/México
Corroe el remordimiento. Los quebrantos de llanto esparcidos no por mi madre, no por mis hijos, sino los que sollocé por ti. Escalofríos, insomnios, miedos, angustias, me asedian.
Infierno de la ira y la impaciencia calcinan. Consuelo y posibilidades perdidas, para ser cobijada por otra cosa que no fuera toparme con un mal karma.
Mascaradas, la desolación acrecientan. Corteza mudada en escafandra para evitar rasgarla, vestida de hielo resistencia.
Vulnerabilidad disfrazada, ilusiones rotas que grises se esfumaron como humo de cigarro. ¿Poner interrogaciones en preguntas sin respuesta atormentándome a diario?
¡Para qué!
Escribo esta condena de mal querencia y acíbares dejados por el mal entendido amor.
Recuerdo tu nombre, resucito dolencias…
Me siguen habitando aunque las niegue al mundo. Acompañarán dentro de la tumba, el nombre tuyo, tuyo y tuyo… los oculto en mis poesías para nombrarlos en la eternidad
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:46:042026-04-25 17:55:34POEMAS – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Cada historia es un latido que encuentra su lugar.”
COLABORAN…
Alberdi, Maren – España Balsells, Magi – España Carciofetti, Libia Beatriz – Argentina Fontana, Luz – Italia/España González Saavedra – Argentina Gormley, Elspeth – España Hoyos Forero, Jaime – Colombia Morini, Andrea – Argentina Pérez de Villarreal, Carlos – Argentina Rotela, Walter H. – Uruguay Yuste, Emiliano F. – España
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LA PANTALLA QUE RESPIRABA
Alberdi Maren — España
A Aurelia siempre le había parecido que las pantallas respiraban. No sabía explicarlo bien, pero cada vez que su nieta encendía el móvil, aquello se iluminaba como un pecho que toma aire. A Aurelia, que apenas había ido a la escuela y que aprendió a escribir su nombre a los cuarenta, aquello le parecía casi magia.
Vivía sola desde hacía años, en un piso pequeño donde el reloj de pared marcaba el ritmo de los días. La televisión era su compañía, pero últimamente también le hablaban de cosas que no entendía: códigos QR, aplicaciones, videollamadas, contraseñas que había que cambiar cada dos por tres. “El mundo va muy deprisa”, murmuraba mientras calentaba el café.
Un martes, su vecina del quinto —una chica colombiana con una risa que llenaba la escalera— le tocó la puerta.
—Doña Aurelia, ¿quiere que le enseñe a hacer videollamadas? Así habla con su hijo cuando quiera.
Aurelia dudó. Le daba vergüenza no saber. Le daba miedo tocar algo y romperlo. Pero la risa de la muchacha era tan luminosa que dijo que sí.
Se sentaron juntas en la mesa de la cocina. La chica le explicó despacio, sin prisa, como si estuviera enseñándole a tejer un punto nuevo. Aurelia miraba la pantalla como quien mira un animal desconocido: con respeto, con cautela, con un poco de cariño.
—Mire, aquí aprieta… y aquí aparece su hijo.
Y apareció. Su hijo, desde Alemania, con la barba más larga y los ojos más cansados. Aurelia sintió que el corazón se le subía a la garganta.
—Mamá… —dijo él, sorprendido—. ¿Tú… tú hiciste esto?
Ella no sabía qué contestar. Solo sonrió, tímida, orgullosa, como una niña que muestra su primer dibujo.
Después de colgar, Aurelia se quedó mirando el móvil apagado. Ya no le parecía un animal extraño. Ni una máquina que respiraba. Le parecía una puerta. Una puerta que, por primera vez, podía abrir sola.
Esa noche, mientras la luna se colaba por la ventana, Aurelia pensó que aprender no era cosa de jóvenes. Era cosa de valientes. Y que, aunque el mundo corriera demasiado, ella aún podía caminarlo a su ritmo, con pasos pequeños pero firmes.
Porque la tecnología no la hacía menos. La hacía más acompañada.
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VIEJO ROBLE
Balsells Magi — España
Por una suave brisa en este día caluroso, ha llegado hasta mí una bella estampa de estos humildes y simpáticos seres como son las mariposas
Soy un árbol ya con muchos años, lo que me ha permitido disfrutar durante décadas de la hermosura de estos frágiles y hermosos insectos
Hoy recuerdo con cariño mi brote de la madre tierra y solo al aparecer ya vinieron a saludarme, posándose en mis incipientes ramas que se doblegaban aun por su escaso peso
Siempre han anidado entre mis ramas, y las hojas han sido sus hermanas que las han alimentado y protegido de los enemigos naturales y de las inclemencias del tiempo
Algunas en mi resquebrajada corteza por los fenómenos de la naturaleza también se han anidado, dando una sensación de colorido muy especial
Cuando elevan el vuelo, es como si el arco iris se aposentara en todos los lugares, es una hermosa visión, que muchos poetas han querido pintar pero nunca han conseguido la belleza que ellas impregnan en el espacio
No puedo soñar como tu querida mariposa, ya que no es una de mis condiciones, tampoco puedo volar ya que alas no tengo, pero si puedo disfrutar de la alegría de tu presencia
Cuando ellas se elevan al cielo, se realiza una explosión de colores y vuelven es para darme a conocer bellezas que sus ojos ven
Cuando aparecen los primeros fríos, se van marchando, ha finalizado su vida, dejan a sus queridas hermanas las hojas que también mustias van perdiendo su color, ellas también abandonan las ramas como si quisieran acompañarlas en su último viaje
Pero para mi deleite, se que siempre volveré a disfrutar de su hermosa compañía en primavera
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PASEO SON SOBRINOS Y NIETOS
Carciofetti Libia — Argentina
Decidimos ese sábado —no hace ni un mes— con Ariel llevar a sus nietos, mis sobrinos, a Villa Carlos Paz. Nos tocó un día espectacular. Fuimos por el camino más apasionante, bordeando montañas y ríos.
Los sobrinos y nietos ni se enteraron por dónde iban: celulares, jueguitos y auriculares con una música que ni Ariel ni yo entendíamos.
A los pocos minutos de subir al auto comenzó el show del “¡Tengo hambre!”. No habían querido almorzar porque la comida preparada con tanto esmero por su abuela “no les había gustado”.
Así que, al apearse para la excursión aventura, quedó bien en claro: —¿No les gustó la comida? —Bueno, vayan sabiendo que hasta la hora de merendar no van a comer nada. Al que no le guste la idea… ¡se baja!
Mutis por el foro y partimos. Un paisaje de novela. Hicimos varias paradas para tomar fotos.
—Mirá, tía, ahí venden queso y salame… allá pan casero… y más allá… ¡más allá nadaaaa! —les dijo el abuelo.
—Son las tres de la tarde, no es hora de merendar —agregué—. Además vamos a subir a la aerosilla, y a la tía la van a embromar con que quieren vomitar, porque se tira de la aerosilla. A ella le da impresión.
—Ehhhh, ¡no es para tanto! —dice Catalina. —Sí lo es —le contesto—. Me impresiona.
Catalina iba conmigo y no había forma de sujetarla. —No me agarres a mí, porque yo sé patinar y nadie me agarra. —Pero patinar no tiene nada que ver con la altura, Cata. —También voy en avión sola yo… —Bueno, mija, que Dios la ampare… y a mí también.
Subimos y bajamos de la aerosilla, que le costó al abuelo 500$ los mayores y 300$ los menores. —¡Un robo! —¡No es para tanto! —otra vez la Cata. Pero bueno… las aventuras cuestan. Ver desde esa altura es como haberse convertido en pájaro y sobrevolar la Villa tan hermosa.
—¿A dónde quieren ir ahora? En coro: “¡A la Casa de Casper!”, el fantasmita que desafía la ley de la gravedad.
Ariel me dice: —Yo no voy a entrar. Voy a comprar la merienda y nos vamos al lado del río. —Ehhh, ¡queremos comer! —dice Santino. —A eso voy… a comprar la merienda. —¿No vamos a merendar al restaurante? —¿Qué restaurante? Vamos al lado del río. Aquí es una fortuna sentarse en un restaurante. —¿Todo es caro? —Para ustedes, sí. —Mi papi siempre me lleva a restaurantes y nos deja pedir lo que queremos… Le hago seña de que cierre la boca porque el abuelo ya estaba levantando presión.
La entrada a la Casa del Fantasmita: 300$ per cápita.
Esperamos que se formara el grupo. Cuando ya éramos unas quince personas, la chica que nos guiaba advirtió: —Sugiero que quien tenga claustrofobia no entre. Ustedes mismos tienen que encontrar la salida al laberinto. Los pasillos son resbaladizos y no se ve nada.
Ni me acordaba de que en mi viaje de bodas había entrado con mi amor, por eso no sentía la misma seguridad que mis sobrinos.
Avril, Santino y Catalina, entre todos los grandes, perdidos en el laberinto de puertas, encontraron la entrada a la casa tétrica de Casper. Yo estaba más perdida que turco en la neblina, pero me consolé enseguida porque un muchacho que estaba al lado mío, cuando le dije “pasá adelante así te sigo”, me respondió: —Noooo, yo te sigo a vos, no veo nada.
Mis sobrinos, encolumnados, nos guiaban. Una señora resbaló y cayó, otra estaba mareada, y yo no veía la hora de que terminara esta odisea. Pero quedé fascinada con la historia (búsquenla en Google, vale la pena). Nunca imaginé cómo se puede desafiar la ley de la gravedad.
En un tramo antes de la salida me pegué una patinada que casi llego a Córdoba de regreso. Cuando me vio Santino, en vez de darme la mano, me dijo delante de todos: —¡Sos una maricona, tía! ¿Cómo te vas a resbalar así? No te traemos más.
Así que ellos me llevaban a mí… y yo sin saberlo. Me causó tanta gracia que casi podría decir que con altura casi me voy en aguas.
AL FIN se hizo la luz y pudimos salir airosos, aunque mi compañero boquense y yo quedamos “contracturados”.
Afuera nos esperaba el abuelo con una suculenta bandeja de sándwiches de miga, una bolsa de facturas rellenas espectaculares y aguas saborizadas. Abarajaron todo como si fuera la última vez que iban a comer.
—¡Qué río ni río! —dijo Santi—. ¡Yo no doy más de hambre! Así que ahí nomás, en plena calle, dentro de la camioneta, comimos todo.
Luego esperamos al Cucú a las 19 hs y regresamos chochos de la vida, por haber disfrutado de un paseo que ni ellos ni nosotros olvidaremos.
—Sí, pero nos faltó ir a la pileta debajo de la aerosilla —dice Santi. —Como te hubiera dicho el tío Miguel: “Mañana a la tarde… pero por la noche”.
Y al baño todos, porque yo no paro más, ¿eh? Como una tromba bajaron antes de salir a la ruta, en la estación de servicio.
—¿No vamos a tomar un helado? (Por lo bajo me dice Ariel: “Son una máquina de pedir… insaciables”). —¿En la ruta no hay heladerías, abuelo? —Ayyyy, Santi, ¿cómo va a haber en la ruta? —¿Y si nos volvemos? —Bueno, el año que viene volvemos, ¿querés?
Así que les recomiendo el paseo con sobrinos y nietos, munidos de bolsillos con plata y toda la paciencia del mundo. Porque los chicos son como las criaturas, diría mi hermana: lo mejor de nuestra vida… pero no se cansan de pedir.
—Las pulseras de colores se las debo, chicos, porque no se puede estacionar en el centro. —Ehhhh, tíaaaa, daleeee.
—¿Cómo me porté? —pregunta Catalina. —¡Pésimo! —le digo. —Ehhhh, ¡no es para tanto! Y al ratito se durmió. Los tres, unos santos. LOS AMOOOO. Y con el abuelo disfrutamos del paseo y la estadía.
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EL RUMOR DE LAS TÚNICAS
Fontana Luz — Italia/España
La Semana Santa siempre llegaba a su calle como un murmullo antiguo. No era cuestión de fe —al menos no para ella— sino de memoria. De una memoria que no había vivido, pero que la rozaba cada año como un pañuelo húmedo.
Esa tarde, Luz salió al balcón cuando escuchó el primer redoble. El aire olía a cera tibia y a azahar, una mezcla que solo existía en esos días, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo. Desde arriba, veía a la gente reunirse en silencio, cada uno con su historia, su duelo, su esperanza.
Lo que más le impresionaba no eran los pasos, ni las imágenes, ni siquiera la solemnidad. Era el ritmo de las túnicas. Ese vaivén lento, casi hipnótico, que parecía mover el mundo un milímetro hacia dentro. Como si cada penitente cargara no un símbolo, sino una vida entera.
Luz observaba y pensaba que la Semana Santa tenía algo de espejo. No mostraba lo que uno era, sino lo que uno evitaba mirar. El cansancio, la fragilidad, la necesidad de sostenerse en algo —aunque fuera en un tambor que marcaba el compás de los pasos.
Un niño pequeño, sentado en los hombros de su padre, señalaba las velas con los ojos muy abiertos. Luz sonrió. Para él, aquello era un desfile misterioso. Para los mayores, quizá un consuelo. Para ella, un recordatorio de que incluso en la oscuridad hay un orden secreto, una luz que no se apaga del todo.
Cuando la procesión dobló la esquina y el sonido se fue apagando, Luz se quedó un momento más en el balcón. El aire seguía oliendo a cera. Y en ese olor encontró algo parecido a la calma.
No era creyente. No necesitaba serlo. Bastaba con sentir que, por un instante, todo el pueblo respiraba al mismo ritmo.
Y eso, pensó, también era una forma de milagro.
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DE POSTRE, DURAZNOS
González Saavedra Carlos — Argentina
Corría el año 1960 y a papa lo ascendieron.Significaba una sustancial mejora económica. Casi de pincha papeles a la teneduría de libros; su jefe contador, había sido promovido, a la gerencia El frigorífico “LA NEGRA” estaba en Avellaneda y era unos de los primeros y más modernos de la época.No era fácil progresar en esas empresas, ya que sus dueños, ingleses, eran sumamente exigentes con sus empleados. Debía estar todo en absoluto orden, para enviar los reportes a Inglaterra.
Papa para eso era un genio, aparte mis tíos trabajaban en el correo en despacho al exterior, de manera que las cartas salían y llegaban con una rapidez inusual, lo cual había merecido, tanto el jefe como papa felicitaciones varias. Mamá estaba contenta, mi hermana y yo sabíamos que algo bueno y nuevo estaba pasando. En un almuerzo familiar, mis padres anuncian que han invitado al promovido gerente, a almorzar en casa, a modo de festejo por los ascensos.
Debíamos portarnos bien en la mesa. No apoyar los codos, esperar que mama sirva, cruzar las manos y mantenerse a una cuarta de la mesa, cosa que papa se ocupaba una semana antes del evento, de medir con su mano si estábamos bien. Por supuesto la casa debía estar impecable para ese domingo y debíamos colaborar. Enceramos los pisos, lavamos el patio esa mañana.Estaba todo reluciente. Mi hermana con un vestidito muy lindo y yo con pantalón corto y camisa al tono. Impecables los cuatro.
El contador Enrique Talent había dicho que tomaba el tren en Constitución de las 11.10hs y estaría llegando a las 11.50hs.a Rafael Calzada. Papa lo iría a buscar a la estación. La mesa con mantel y flores, daban un toque muy calido, a la visita. Cuando faltaban unos minutos para ir a buscar al contador, un grito de desesperanza de mama anuncia…. Carlos me olvide el postre!!!Porque no compras en el anden de la estación, una lata de duraznos al natural, en esa frutería que abrieron nueva, de paredes de chapa amarillas.
Papa sin mucho que solucionar, asintió con la cabeza y allá fue.Domingo al mediodía no había muchas alternativas, estaba todo cerrado, tampoco había tiempo para salir a buscar nada. Llego 11.50hs. Justo cuando bajaban todos, entre ellos Talent, que entre sus manos traía unos ramos de flores para mama y una lata de duraznos en almíbar comprados en Constitución. Ante el recibimiento, papa no dijo palabras, se sintió agraciado por los presentes ya que de algún bolsillo termino sacando caramelos para mi hermana y para mí.
Enrique Talent era una persona muy humana, de mirada y apariencia triste.Iluminaba su expresión con una sonrisa y encendidos ojos celestes., algo mayor, soltero y con ganas de mucho afecto, papa lo estimaba mucho. Todo se desarrollo en absoluta normalidad, almorzamos muy rico.A los postres, mama había preparado en una fuente de
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LA CASA DE LOS ACENTOS
Gormley Elspeth — España
La primera vez que Elena escuchó a su vecina rusa cantar mientras tendía la ropa, pensó que aquello no era una canción, sino un rezo antiguo. No entendía una sola palabra, pero la melodía le abrió una grieta dulce en el pecho, como si alguien hubiese empujado una ventana que llevaba años atascada.
En su edificio convivían acentos como quien convive con plantas: cada uno con su forma de crecer, de ocupar el aire, de pedir luz. Los niños marroquíes jugaban en el portal mezclando árabe y español sin darse cuenta, como si ambos idiomas fueran dos colores que siempre habían pertenecido a la misma paleta. La señora alemana del tercero bajaba cada mañana con su pan de centeno envuelto en un paño bordado, y al cruzarse con Elena le regalaba un “Guten Morgen” que sonaba a madera limpia.
A Elena le gustaba pensar que el edificio era una especie de orquesta desordenada. A veces desafinada, sí, pero siempre viva. Había aprendido que convivir con otras culturas no era un acto de tolerancia, sino de descubrimiento: descubrir que el té puede ser un ritual, que el silencio también es una forma de cariño, que una receta compartida puede curar un mal día.
Una tarde, mientras preparaba café, escuchó golpes en la puerta. Era Ahmed, el chico del cuarto, con una bandeja de dulces recién hechos. “Ramadán”, dijo sonriendo. Elena no sabía qué responder, así que simplemente abrió la puerta de par en par. Él entró, dejó los dulces en la mesa y, sin pedir permiso, empezó a contarle cómo su abuela los hacía en Casablanca.
Y entonces Elena lo entendió: convivir con otras culturas no te cambia de golpe, te cambia por dentro, como una luz que se enciende sin hacer ruido. Te ensancha. Te vuelve más humana.
Aquella noche, mientras probaba los dulces, pensó que su edificio era, en realidad, una casa de acentos. Y que cada acento, cada gesto, cada historia, era una forma distinta de decir “aquí estoy”, “aquí vivimos”, “aquí nos hacemos compañía”.
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SOBRE DON QUIJOTE
Hoyos Forero Jaime — Colombia
Él me ha dicho:
-Las mujeres, Jaime amigo, son ángeles, y por eso hay que amarlas y ese amor es ante todo un ejercicio del alma.-
Como veis, las palabras anteriores no están en el Quijote. Me las ha dicho él, al oído, porque don Quijote -para quienes lo amamos- vive en este y en todos los siglos y nos acompaña siempre -igual que el ángel de la guarda- y nos habla en el bus, en el coche, en la calle, en el silencio de la noche o en el tumulto de la urbe. No os extrañéis, pues, cuando me veáis a solas moviendo los labios…Es que estoy, seguramente, dialogando con don Quijote; y si veis que levanto la vista es, simplemente, porque mi invisible amigo va cabalgando a Rocinante.
Os invito, queridos amigos, y esto no lo hago por mí, sino cumpliendo una orden secreta de don Quijote, que a partir de hoy os contagiéis de su locura: Veréis cómo os sentiréis, y espero que para siempre, acompañados de mi señor don Quijote y seréis felices enmendando entuertos y exigiendo justicia sin que os importe tropezar y caer entre las aspas de los molinos. Entonces sentiréis que don Quijote acudirá en vuestro auxilio y sabréis que él no ha muerto, que no es un libro solamente, una novela, sino un hombre vivo, un padre, un loco y un amigo.
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EL ESCRIBIENTE
Morini Andrea — Argentina
Germán lleva días sepultado en su desván. Ese cubículo asfixiante, saturado de lomos de cuero y papel, ha dejado de ser su refugio para convertirse en su celda. Le agrada —o quizá ya solo soporta— el olor rancio de los volúmenes que trepan por las paredes, del suelo al techo, como una hiedra de celulosa que amenaza con devorar el único ventanuco que da a la calle. Desde niño imaginaba que de esas páginas brotaban historias; ahora, sospecha que son esas mismas historias las que lo están entretejiendo a él.
Sabe que el tiempo se le escapa entre los dedos, como arena que huye desesperada de vuelta al mar. El fin avanza, lento e inexorable; no es momento de flaquear. Se ha propuesto parir la historia más maravillosa jamás contada. Ha conjurado a las musas en su beneficio y, al parecer, estas le han concedido el don, aunque el precio sea su propia carne.
Los pensamientos brotan con una violencia febril, llenando folios y folios. Esta vez, la s ideas no son volátiles; son garras que arrastran sus dedos hacia el papel. Su figura, envarada y macilenta, emerge entre el cúmulo de folios apilados como el cadáver de un náufrago en un mar de tinta.
No come. No bebe. Su hambre es de letras, una bulimia creativa que ha devorado cualquier otro instinto. Ha prometido terminar y el pacto es sagrado. El mensajero debe entregar la revelación; ese fue el trato con Calíope, una deidad que ahora se le antoja hambrienta, esperando el pregón del numen con una ansiedad que roza lo perverso.
Siente que avanza por una ciénaga espesa que se enrosca en sus vísceras y atrapa sus extremidades. El aire en el desván es denso, casi sólido. Crear es su pasión, pero ahora el llamado exige su ser entero, átomo por átomo. El final se aproxima; lo presiente en el crujir de sus propios huesos, en la arritmia de un corazón que ya no le pertenece.
Un vértigo agónico lo embarga al desgranar los últimos párrafos. Mientras los misterios se develan en el papel, su mente parece astillarse. Finalmente, cuando las últimas letras caen con el susurro siniestro de hojas secas, sabe que la tarea ha terminado. La musa estará satisfecha; el escribiente ha cumplido.
Entonces, en el preciso instante de estampar el punto final, Germán siente que el papel comienza a succionarlo. No hay alivio, solo una disolución aterradora. Su cuerpo se desvanece, diluyéndose en el objeto de su deseo, arrastrado por un goce oscuro hacia el abismo de lo ignoto.
Ya no queda hombre, solo tinta.
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EL RELOJ DE ARENA
Pérez de Villarreal Carlos — Argentina
Las uñas pintadas de rojo fuego eran perfectas. Modelaban los dedos finos, delicados, de las manos de la mujer. En la mesa reposaban solo tres objetos: una Beretta 9 mm, un celular y un reloj de arena. La mano de mujer tomaba el reloj exactamente cada dos minutos y lo daba vuelta. Lo había contado ya tres veces: 1001, 1002, 1003… El seco golpe sobre la mesa me turbaba. Sentado en una silla rústica, con mis manos atadas en la espalda, sentía mi cuerpo retorcerse de dolor. El energúmeno golpeaba tres veces: arriba, al medio y abajo. Cabeza, pecho y estómago. No con mucha fuerza, para no lastimarme demasiado. Lo importante era que hablara. Dos minutos de descanso… dos minutos de paliza, tranquila, concienzuda; pero que penetraba hasta el alma. No podía durar mucho más, si no, ya no tendría fuerzas. Observé el viejo garaje Un olor rancio a pintura y aceite viejo impregnaba el ambiente. Dos o tres coches arrumbados dejaban ver el desuso del lugar. La cortina metálica estaba totalmente baja. Un Peugeot nuevo, azul, reluciente, estaba apuntando hacia la puerta. Estaba allí desde que la camioneta nos trajo. La mujer me miró inquisitivamente. Se adelantó sobre la mesa. Intenté sonreír con los labios agrietados. La sangre me inundó la boca. Escupí hacia adelante y bajé la cabeza. El energúmeno se aflojó, se corrió hacia atrás un paso. ¡Fue mi momento! Con el taco derecho del borceguí golpeé la pata de la silla. La hoja de 5 centímetros salió por la punta de la gruesa suela y con un “click” metálico quedó encajada. La hundí con fuerza en los testículos del grandote. Oí perfectamente el ruido suave del acero sobre la carne y empujé con todas las fuerzas, bien arriba. No miré la cara de sorpresa del musculoso. Con todas mis fuerzas me levanté y me tiré por encima de la mesa sobre la mujer.
Mi cuerpo voló atado a la silla y caímos enredados contra el suelo. El golpe me aturdió, crujió la madera que saltó en pedazos y crujió mi cuerpo también. La mujer llevó la peor parte. Yacía tirada con la cabeza en una extraña posición. Las uñas pintadas de rojo fuego seguían siendo perfectas. Los ojos desorbitados. Inmóvil Me destrabé, levanté un brazo, después el otro. Me liberé y busqué la 9. La encontré en el suelo casi al lado de la mujer muerta. Estaba sin seguro, la cerrrojé con suavidad; tenía un proyectil en la recámara. Acercándome al hombre, vi que temblaba en el suelo con las manos en los genitales, llenas de sangre. Le apunté a la cabeza y disparé. Dejó de temblar. Me arrimé a una vieja pileta, donde pude lavarme un poco. El cuerpo dolía… pero estaba vivo. Sabía que volverían a buscarme, pero esperaba estar bastante lejos para entonces. Había engañado, sí. Un gran vuelto había ido a parar a mis manos. Hoy, en una cuenta bien segura en un banco offshore. Pero en mi negocio las cosas se daban así. Vives en el filo de una navaja, traicionando y traicionado. Lo tomas o lo dejas. Y si lo tomas, te arriesgas. Y si te arriesgas, te puede costar hasta la vida. Y sin vida, no hay negocio. Me preocupaba que me hubieran atrapado. Era un descuido que no debería volver a pasar. Dejé de ser amenazador. Al convertirme en un ser civilizado, había cometido el peor de los errores. Levanté la persiana. Fui hasta el Peugeot y, cuando estaba por subir, un brillo en el suelo me llamó la atención. El reloj de arena, totalmente intacto en su cuadrante metálico, me miraba de costado. En su interior, las partículas ocupaban los dos lados. Buena señal, pensé. Lo tomé, lo puse en el asiento del acompañante, subí al auto y arranqué. Fue lo último que hice en mi vida. Una gran explosión, como un hongo gigantesco, demolió todo el lugar.
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VICTORIA
Rotela Walter H. — Uruguay
Victoria mira el puerto desde la ventana de su cocina. El sol sube rápido por el éste cada mañana. Y ella disfruta ese instante. Después de ver la salida del sol toma el mate de la mañana. Se apronta y sale a buscar algún libro en las tiendas de libros usados. Canjea los que ya leyó, aunque suele guardar algunos, cual reliquia. Es su pasatiempo predilecto. Un mañana de mayo, después de la salida del sol, se quedó con la mirada perdida. En la radio sintonizada en AM pasaban una noticia del día anterior. Una niña había muerto a manos del adulto a cuyo cargo estaba. Inmediatamente recordó, a sus setenta años, situaciones vividas en su niñez. Palizas, corridas. Recuerdos que consideraba enterrados en lo profundo de la rojiza tierra. Victoria vive sola. Nunca quiso casarse o tener hijos. Se había jurado eso ̶ y lo cumplió ̶ de no traer niños al mundo. Era la séptima hija de un total de catorce hermanos. Su niñez la había pasado como criada en una y otra casa, como la mayoría de sus hermanas. Desde muy chica tuvo un carácter fuerte. Era muy rebelde y no se quedaba callada ante nadie. Para bien o para mal. La mañana en cuestión, tras la rutina de ver salir el sol se dio un baño y salió como de costumbre, pero no visitó ninguna tienda de libros, no recorrió el micro-centro, no subió a ningún colectivo, sólo caminó. Y sus pasos la llevaron a la entrada de un templo, una pequeña capilla a donde concurría a oír misa, los primeros años tras su llegada a la ciudad capital. Pero hacía muchos años que no pisaba el interior del lugar. Esa mañana encontró abierto el templo e ingresó. Se persignó y vio que un sacerdote estaba cerca del confesionario. Se acercó y le dijo: «Necesito contarle». ̶ Bien, bien… Lo que quieras decir. Pero sentémonos en un banco. ̶ Sí, sí. Estoy cansada. Gracias. Lo que Victoria tenía para decir le llevó una hora, que le pareció corta al sacerdote. Ella parecía muy cansada al principio, sin embargo, el hombre de canas intuyó que ella necesitaba decir más, pero quizás en otra ocasión. Era mucho para un solo día. La mañana estaba hermosa, el sol se colaba por entre las hojas, el bullicio de la ciudad iba creciendo; pero dentro de la capilla reinaba la calma. Sólo un murmullo era audible, donde ellos se encontraban. A un costado, hacia el frente, una mujeres rezaban el rosario, tenían un ritmo, un punto de inicio y otro de cierre, siempre el mismo, casi como el lub dub del corazón. El sacerdote la miró y casi susurrando le mencionó que la recordaba, pero que hacía años no venía, como solía hacerlo los domingos. ̶ Sí, dejé de venir… dejé de venir pero sigo creyendo… Sabe el sol…. El sol me da esperanzas ̶ se animó a comentar. ̶ Cada día es un regalo del señor… Y tú eres una mujer fuerte, luchadora ̶ Expresó él mirando hacia ella y hacia una entrada de luz que provenía de lo alto de una pared. ̶ Creo padre, que al contarle esto que tenía aquí guardado… Al contarle me saqué… Me saqué un gran peso.
̶ Haz cargado demasiados años con este lastre y ya es hora… Es hora de dejarlo atrás. Tu nombre hace honor a esto que es tu vida: una victoria. Vive, vive y sé feliz. El sufrimiento no te doblegó, pero cargaste por demás con ese equipaje. No dejes de visitar nuestra capilla, otras personas podrían aprender mucho de tus caminos en esta tierra color sangre. ̶ Lo haré. Seguramente mis pasos volverán a traerme, como lo hicieron hoy, después de tantos años.
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LA RUEDA DE LA INFORTUNA
Yuste Felipe. E. — España
El gallo no cantaba para despertarle. Cantaba porque Antonio ya llevaba una hora despierto, con las manos abiertas en grietas blancas de frío, sacando a las mulas del corral como quien arranca el día a tirones.
En el pueblo le llamaron Antoñín hasta los diez. Después, ni diminutivos ni infancia. El tiempo allí no se estiraba: se gastaba.
A los seis ya seguía a su abuelo por los cerros, aprendiendo a leer el cielo como otros leen cuentos. A los ocho iba solo, con las manos rajadas por la escarcha de enero y las ampollas de julio reventadas antes de curarse. La casa era de adobe y de hambre antigua. Se comía lo que respiraba: huevos si había suerte, leche si la cabra no estaba seca, matanza si el año no era tacaño. La fiebre se curaba trabajando. La escuela era un lujo reservado a los días de lluvia fuerte, y esos días casi nunca llegaban.
Su único juguete fue un palo. Su única amiga, una mula gris llamada Ceniza. La cepillaba cada tarde, no por cariño, sino por supervivencia: si Ceniza caía, la tierra se quedaba muda. Y si la tierra no hablaba, no había pan. Así aprendió Antonio: antes a leer nubes que a leer libros. Las nubes nunca mentían.
Capítulo 2 — Fuego y levadura
A los trece, su padre habló con el tahonero. —El chico es fuerte y no se queja. No hizo falta más.
Cambió el establo por el horno. El frío por las brasas. Las estrellas por el humo. Entraba a las tres de la mañana, cuando el pueblo aún soñaba, y salía cuando ya olía a guiso en las cocinas. El calor le secaba el sudor antes de que pudiera caerle. Los nudillos sangraban de tanto heñir, pero él seguía. Aprendió a medir la levadura a ojo, a sacar hornazos que olían a fiesta aunque su vida no tuviera ninguna.
Guardaba las monedas en una lata de membrillo bajo el jergón. No para comprarse nada. Para soñar con una tahona propia donde las deudas fueran de otros, no suyas.
Capítulo 3 — Madrid y espejismos
Cuando terminó la mili, Madrid le prometió trabajo. Y cumplió. Pero también cobró. Y cobró caro.
Fue peón, repartidor, socio engañado, churrero cansado. Montó un obrador que duró lo que dura un suspiro mal contado. El socio se llevó la furgoneta, los clientes y la mitad de su fe. Luego vino la churrería. Y después, el cuerpo roto.
La palabra diálisis le cayó encima como un ladrillo mojado. El trasplante llegó de un chaval de 22 años. Antonio nunca quiso saber su nombre. Le bastaba con sentir la cicatriz tirándole como un alambre cada vez que tosía.
Mientras él aprendía a mear otra vez, Luis y Marisol —sus empleados, su confianza— vaciaban el bar de madrugada. Se llevaron hasta los taburetes. Cuando salió del hospital, solo quedaban las marcas claras en las paredes donde antes colgaban los cuadros.
La policía tomó nota. Nada más. El banco tomó el crédito. La Seguridad Social tomó las cuotas. Y un año después, Luis y Marisol lo denunciaron. El juez les creyó a ellos. A él, no.
Pagó sus sueldos, sus intereses, su silencio. Pagó con el piso en el divorcio. Pagó con la dignidad de quien ya no tiene fuerzas ni para enfadarse.
A los cincuenta, Antonio ya no tenía ni teléfono a su nombre. Las oportunidades eran nubes de abril: ruido, promesa, y luego granizo.
Capítulo 4 — La vuelta sin gloria
Volvió al pueblo con 58 años, una maleta coja y una cicatriz que dolía cuando cambiaba el tiempo. El pueblo ya no era su pueblo. La tahona era un bazar. Su casa, un esqueleto con el tejado hundido. Los viejos lo miraban como se mira a un perro que vuelve derrotado.
Trabajó lo que pudo: aceituna, obra, pintura del cementerio. Todo en negro. Todo por días. El cuerpo pedía tregua. La nevera no.
Por las tardes se sentaba en el poyo de su casa caída. Veía pasar tractores donde antes pasaban mulas. Ceniza llevaba cuarenta años muerta. Él se sentía igual.
Pensó que la jubilación sería un descanso. Un respiro. Un cigarro sin culpa. Se equivocó.
Capítulo 5 — El juzgado no olvida
La carta llegó un martes de febrero. Un Dacia Logan. Un crédito viejo. Una deuda que nunca murió.
La pensión: 840 euros. El embargo: total. La ley decía que le correspondían 700 para no morirse. El banco decía otra cosa.
Pidió fiado en el súper: pan de molde barato y una pastilla de caldo. El tendero apuntó en la libreta con esa mezcla de pena y vergüenza que duele más que el hambre.
En el poyo, desmigó el pan. Las gallinas del vecino vinieron corriendo. Eran siete. Como los que eran en su casa cuando él era niño.
Les tiró las migas. Ellas picoteaban deprisa, como si también tuvieran prisa por sobrevivir. Antonio escupió al suelo. No por rabia. Por cansancio.
Setecientos euros para no morirse. Él, ni eso.
Y allí, en ese poyo, entendió que la rueda de la infortuna no gira: aplasta.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:45:212026-04-23 20:16:54CUENTOS Y RELATOS – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
COLABORAN
Alberdi Maren – España
Gormley Elspeth – España
Kiperman Andrea – Argentina
Pérez de Villarreal Carlos – Argentina
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ESCRIBIR…
Alberdi Maren — España
Hay días en los que algo dentro de mí empuja, arde, insiste. Una corriente interna que no sé detener y que me pide salida. No es inspiración ni disciplina: es urgencia. Una urgencia que me atraviesa y me obliga a abrir un cuaderno como quien abre una ventana en mitad de un incendio.
Cuando algo duele, la tinta lo reconoce antes que yo. Cuando algo ilumina, la página lo celebra sin pedir explicaciones. La palabra se convierte en refugio, en brújula, en respiración.
No sé vivir sin nombrar lo que me pasa. Hay emociones que solo entiendo cuando las dejo caer sobre el papel. Hay silencios que solo se abren cuando los escribo. Hay verdades que solo se revelan cuando las miro desde la distancia de una frase.
Cada palabra es un regreso: a lo que fui, a lo que soy, a lo que todavía no sé que seré.
Las historias me buscan. Las voces me rozan. Las memorias insisten. Si no las escribo, me persiguen; si las escribo, me acompañan.
La vida, sin metáforas, sería demasiado literal. Yo necesito belleza para sobrevivir, incluso cuando duele. Necesito verdad, incluso cuando tiembla.
Algo en mí se ordena cuando escribo. Algo en mí se salva cuando termino. Y mientras haya una palabra ardiendo en mi boca, sabré que sigo viva.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Gormley Elspeth — España
Hay quienes escriben por oficio, por costumbre o por disciplina. Yo no. Yo escribo porque lo necesito. Porque hay días en los que la vida pesa más de lo que admito, y entonces la palabra se convierte en el único territorio donde puedo respirar sin pedir permiso.
Escribo porque, cuando algo me atraviesa, no encuentro otra forma de comprenderlo que no sea entregarlo al papel. La tinta ordena lo que el corazón desordena. Me calma. Me explica. Me sostiene. A veces, incluso, me rescata de mí misma.
Escribo porque hay silencios que no sé pronunciar, pero que sí sé escribir. Porque lo que callo busca salida, y la encuentra en un verso, en una frase, en un párrafo que llega sin anunciarse, como si emergiera de un lugar más hondo que mi propia voz.
Escribo porque la memoria es frágil y la emoción fugaz. Y al escribir, lo que siento permanece un instante más, lo suficiente para mirarlo de frente y comprenderlo desde otra luz.
Escribo porque hay personas que ya no están, pero regresan cuando las nombro. Porque hay heridas que se suavizan cuando las cuento. Porque hay alegrías que se multiplican cuando las comparto.
Escribo porque, cuando no lo hago, algo en mí se apaga. Como si la vida perdiera un matiz, un color, un latido.
Escribo porque es mi manera de estar en el mundo. De acompañar y acompañarme. De mirar hacia dentro sin miedo. De transformar lo que me ocurre en algo que pueda ofrecer.
Escribo porque, al final, la palabra es mi casa. Y cada vez que regreso a ella, me reconozco.
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¿ POR QUÉ ESCRIBO?
Kiperman Andrea — Argentina
Antes que nada, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. Hoy me invade una profunda gratitud al escribir estas líneas y, siguiendo el tema del mes, esa sensación se agranda aún más. ¿Por qué escribo? Es una pregunta que me he hecho innumerables veces, y cada una de ellas tuvo una respuesta distinta.
Escribir nació en uno de los momentos más desafiantes de mi vida, impulsada por grandes escritores y padrinos literarios a quienes estaré siempre agradecida. Entre letra y letra, entre poema y poema, descubrí que todo el terremoto que llevaba dentro podía expresarse y convertirse en un puente hacia un “otro”.
Ese otro sois vosotros. Los que estáis allí, del otro lado. Quizá habéis vivido experiencias parecidas a las mías, quizá no. Pero creo que compartir reflexiones, pensamientos, sentimientos y aspectos de la vida que a veces pesan permite que las palabras crucen mares, vientos y ríos, y lleguen —susurrantes— a los rincones más recónditos del mundo. Basta con que una sola persona las lea para que algo se alivie, se ilumine o acaricie su corazón.
En un mundo donde el tiempo parece no existir, sentarse a leer es un acto de rebeldía. Y escribir para compartirlo es, también, una caricia al alma.
Escribo porque, a través del arte, de las palabras, de las prosas y de los recuerdos, uno puede mantener viva una llama que nunca se apaga. Escribo para llegar a ojos y corazones, para acompañar, aclarar, compartir y reflexionar juntos, creciendo día a día como personas y como seres humanos.
Escribo porque una parte de mí está aquí, en estos escritos que compartimos mes a mes, día a día.
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¿POR QUÉ ESCRIBIR?
Pérez de Villarreal Carlos — Argentina
En octubre de 2024, en la primera revista que inició su presencia en las redes, escribía un texto similar a este. Sigo pensando igual.
Más de una vez nos hemos preguntado: ¿por qué escribir? Aún no he hallado la respuesta definitiva. Sí sé que mi intención al redactar es narrar, contar, relatar, en definitiva, transmitir lo que costó esfuerzo, energía y tal vez atrevimiento; y por sobre todas las cosas, la necesidad imperiosa de decir con palabras escritas aquello que he sentido, soñado o que he imaginado. Todo concuerda con uno mismo, no hay dudas. Todo lleva, en una circunferencia perfecta, a realizar aquello que se desea fervientemente. Lo que sí puedo afirmar es que permite abrir las alas de la imaginación y llevarnos lejos. Volar por lugares y situaciones que jamás pensábamos encontrar. Expresamos inquietudes, deseos, aspiraciones, fantasías, obsesiones y hasta parte de nuestros recuerdos. Todo se amalgama, todo se ensambla, para dar a luz un conjunto de emociones que nos hace sentir que realmente vale la pena. ¡Sí, escribir vale la pena! Vale la pena porque es un modo de vivir, es una relación que nos permite percibir y experimentar lo que nos rodea. Abre la puerta a un mundo impensado, desconocido, donde somos el nexo de unión en este sorprendente viaje hacia la ficción.
Escribir encierra conmociones, sutilezas, ironía y, por sobre todas las cosas… pasión. Muchas veces tratamos de explicar lo inexplicable. Nunca tenemos certezas. El tiempo no es nada, no es medible. No nos desvivimos por el ayer. No pretendemos ser el mañana. Nos hacemos a nosotros mismos, sin límites, porque un segundo es la vida entera. En un segundo se nace y en un segundo se muere. Los que escribimos tenemos una peculiaridad: llevamos a los lectores a nuestro universo literario, los internamos en él. Por eso pienso que escribir un poema, un relato, un cuento o una novela es atrapar al lector, despertar en él sus recuerdos, sus alegrías, sus añoranzas. Identificado con la escritura, debemos facilitarle el camino de la comprensión de algo que él ni siquiera pensaba y creo que hasta nosotros tampoco. Muchas veces tratamos de explicar lo inexplicable. Lo único válido es enfrentarse a uno mismo, tener una visión propia e ir tras ella, con arrojo, obstinación, honestidad y trabajo. ¡Es el coraje y el entusiasmo lo que hacen la diferencia!
Debemos crear, crear y crear para que la magia no se detenga nunca, porque además, disfrutamos la necesidad que nos brinda la escritura: comunicación. La narrativa vocifera, revela, manifiesta, acusa, hace reír, pensar y recapacitar. Esta tarea requiere esfuerzo, dedicación e intelecto y una habilidad especial: una destreza fantástica donde entran en juego la técnica, la perseverancia y el talento. No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, ni por la forma de escribir, sino por los sentimientos que producimos en el lector cuando nos lee: un recuerdo, una interpretación, una visión. Tal vez, hasta se haga partícipe necesario de nuestra narrativa; porque cuando cerramos un libro, jamás somos los mismos. Pero también se debe tener en cuenta que nosotros, al crear, también manifestamos un cambio: dejamos de ser lo que éramos para ser otros. Me gusta pensar que somos creadores de mundos imaginarios, hacedores de cuentos, maceradores de palabras.
¿Y qué significa escribir? Asumo que es una puerta de entrada hacia una percepción distinta, que genera una conexión entre el escritor y el lector, el cual se ve sumergido en un universo sorprendente. La imaginación llevada al límite. Misterio, persistencia y expresión. Recordar y olvidar. Conquistar y prescindir. Nostalgia, meditación, encanto y ardor. Intriga, miedo, alegría, tristeza. Pensamientos, conceptos, imágenes tal vez aún no reveladas. Mensajes que parecen verdaderos y pueden ser mentiras consideradas verdades. Llamas, furia, ensueño y fascinación. La magia de la escritura es abrir las puertas a un mundo impensado, que tal vez nos haga sentir mejor y tal vez, ser mejores. Creo en lo más profundo de mí mismo que la escritura es libertad; eso es todo.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:44:342026-04-23 20:17:47¿ POR QUÉ ESCRIBO? – RELATOS
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
Escribo porque hay silencios que sólo encuentran forma cuando los dejo caer sobre el papel, como quien suelta una piedra para medir la hondura del agua.
Escribo porque la vida, con su modo brusco de girar, a veces me descoloca, y en la palabra recupero el eje que me sostiene.
Escribo para recordar lo que el tiempo intenta borrar, para honrar lo que amé y para despedir lo que duele sin que se rompa del todo.
Escribo porque he aprendido que la verdad no siempre grita; a veces apenas susurra, y si no la escucho a solas, se me pierde entre la gente.
Escribo porque en cada verso hay un latido que vuelve a casa, una luz que se abre paso entre la sombra que insiste.
Escribo porque soy, y porque siendo, la palabra me acompaña como un faro discreto que nunca me abandona.
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DE VOCES & GRAFÍAS
Bonora-Matías — Argentina
Me derramo en palabras que respiran por los poros del alma. Y me vierto en un grito de tinta con los versos que alumbran, cada instante de mis días. Y voy rimando la existencia con el corazón hendido, que navega por los pliegues del arcano acontecer. Y en el umbral del grávido tiempo me arrullan las voces que acarician un soplo de verdades, en la morosidad del encuentro; sembrado entre hercios y renglones de lágrimas, de glebas y ardores.
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¿PORQUÉ ESCRIBO?
Carciofetti Libia B — Argentina
Escribo porque tengo el alma
saturada de palabras,
que pugnan por salir
y ahogan mi garganta.
El lápiz y el papel
amigos de mis letras
compañeros inseparables
de mis días grises
y noches sin sueño.
Escribo porque mi voz trasciende
más allá de la montaña
en notas coordenadas
que solo el silencio reproduce
en las aves que cantan,
en la brisa que hamaca
la copa de los pinos
cerca de la playa.
Escribo porque los que ya no están
aplauden sin ruido
desde la verde grana.
Escribo porque un vals
hace agitar mi falda
y en ese imaginario baile
mi amor se acerca y me abraza.
Soy tan feliz escribiendo
que no lo cambiaría por nada.
Porque aun estando sola
las letras me acompañan.
y cuando me doy cuenta
ya llegó la madrugada…
Escribo porque hablo con Dios
que le susurra a mi alma.
Florecen las flores
vistiendo de fiesta la casa.
Y mi ser se renueva
porque Él me insufla la savia.
Simplemente por eso escribo…
Estoy saturada de palabras.
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QUE ME MOTIVA ESCRIBIR
Díaz Castro Enrique Fredy — México
Muy pocas veces hablo de lo que me motiva; tan sólo se dibuja en todo lo que escribo, delineando paisajes en franca introspectiva, confiándome a las letras como pie en el estribo.
Fórmula que se ha vuelto del alma medicina, brebaje que apacienta el pulso que se agita, aire fresco, caricia que baja de la cima, desahogo en los poros, baño de agua bendita.
Sendero que deambulo cargando noble herencia, vertiente insospechada que al cielo le agradezco; escribir es un reto convertido en vehemencia que, cuando miro el fruto, satisfecho lo ofrezco.
Vago caleidoscopio que interpreto a mi modo, poemas o canciones que guardo en el cuaderno, saturando sus hojas como agua en un recodo, como nieve inclemente en las noches de invierno.
Aliviante recurso, amable compañero, que has ido modulando el paso de mis años; nunca dejes de ser el juez férreo y sincero mientras marcas la pauta al guiarme de la mano.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
González Saavedra Carlos — Argentina
Escribo para que los acordes de mi corazón,
suenen como trinos.
Dejando mensajes de lo que observo,
Sin que lo gane el olvido.
Escribo…
A la ancianidad
A los hermanos mayores
A los niños
A los desamparados y desprotegidos
A la hipocresía de los políticos
A los relatos vacíos
A los mensajes engañosos que quedan
en vía muerta, sin destino
A las plantas, a las flores
A los ríos ,a los mares
A los cielos distintos
A los sueños realizados
A todo lo que guarda mi alma
A todos los que he amado
A todos los que amare en mi camino
Escribo al amor en todas sus formas
A todos los que viajan conmigo
A todos mis amigos.
Porque soy un peregrino de las letras
Ésa es mi misión, éste mi camino.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Gormley Elspeth — España
Escribo porque a veces la vida pesa más de lo que digo, y en la palabra encuentro el hueco exacto donde respiro.
Escribo porque el mundo no siempre escucha lo que siento, y entonces dejo que la tinta sea mi forma de silencio.
Escribo lo que duele y lo que salva, lo que se rompe y lo que vuelve a levantarse cuando nadie mira.
Escribo porque hay voces que ya no están conmigo y, al nombrarlas, regresan un instante a sentarse a mi lado.
Escribo para no perderme, para entenderme, para sostener lo que amo y despedir lo que ya no vuelve.
Escribo porque la vida me enseñó que la luz también se escribe, y que a veces basta un verso para que el alma respire.
Escribo porque soy, y porque siendo
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ESCRIBIR UN SONETO
Hoyos Forero Jaime — Colombia
Escribir un soneto no es locura. No da trastorno, fiebre ni agonía; solo se necesita mente fría, corazón palpitante y alma pura.
Lo puede hacer usted en noche oscura; o a plena luz del sol y a mediodía; con un tráfico horrible en plena vía, o en el lecho admirando una hermosura.
Puede escribirlo en un avión, si quiere; o entre el coche, lloviendo, y al volante; o desnudo en la ducha, si prefiere,
o, en fin, con tinta o lápiz retenerlo. Para hacer un soneto es importante una cosa no más: saber hacerlo.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Ibarez Solís Lamberto — México.
¿Y por qué escribo poemas?
Porque me nace en la mente,
contarles las penas mías;
las palabras son un puente.
Que cruzan mares, fronteras;
se anidan como pigmentos
y entrelazan sentimientos
que brotan como lamentos.
Poetas que en forma libre;
blanden su pluma certera
y lo hacen de tal manera
que traspasan las fronteras.
Directos al corazón
que con su mente y razón
sostienen su pensamiento.
¿Virtud, defecto? Es don.
Don, que el Creador regaló
que con metáforas cantan;
el ritmo de la emoción
cuando las coplas levantan.
Levantan la inspiración
los vientos de la canción
brotados de inspiración
que dominan la pasión.
Así el poeta connota
la fluidez del pensamiento
que lanzado por los vientos
la palabra viva; brota.
Por eso escribe el poeta;
cuyos versos cual saetas;
disparadas por su arpón,
las arroja el corazón.
❖──────❖
LA PALABRA
Raquel Olay — Argentina
Muchas veces escuché decir
frente a distintos problemas,
que una determinada actividad
para ellos es un cable a tierra.
Supongo que quisieron expresar
con esta metáfora brillante,
que fue la cuerda que ayudó a su alma
a descargar un peso agobiante.
Yo suelo decir, que para mí la escritura
es un cable al cielo, que me conecta con Dios,
con María y los santos, la naturaleza toda,
la vida y los seres que quiero tanto.
Me ayuda a expresar mis pensamientos,
poner en palabras mis temas preferidos,
que envuelvan en fraternal abrazo
a mis queridos amigos y otros desconocidos.
Quizás parezca ingenuo decir
que la escritura es sedante, es más,
pienso que tiene un poder curativo,
cuando la palabra irradia fe, amor y
esperanza, brinda paz, y trae alivio
al corazón herido.
Este es para mi el espacio preferido
donde anuncio mi fe en Jesucristo,
pregonando su Palabra que libera,
redime, ilumina y reconforta al afligido.
❖──────❖
ELLA ESCRIBE
Petrone Sarah — Argentina
Ella escribe. Sentada en un rincón, en sus cuadernos
anota cada frase en la que piensa
motivada en la soledad donde se esconde.
Ella escribe. Un afán imperioso la domina,
un sueño, una razón, como un destino
imperioso por cumplir antes que muera.
Ella escribe. Se ufana de saber que está en la cuenta
regresiva de su vida, en una espera,
que luego, simplemente ha de partir.
Ella escribe. Los retazos que se agolpan en su mente
develan sus más íntimos secretos
y los deja sin razón, solo fluir.
Vuelan y se vuelven marionetas
de ese lápiz que aprieta con destreza,
que vuelcan en las páginas, las veces
que quiso y no pudo ser feliz.
Escribe y borra sus poemas.
Igual que Penélope, blasfema
escondiendo su dolor y su tristeza,
deseado que su Ulises vuelva, al fin.
❖──────❖
PÁGINAS GASTADAS
Petrone Sarah — Argentina
Desempolvando viejas poesías
que fueron escritas en tiempos lejanos,
de las rimas de los versos que se han descrito
han quedado, sin dudar, restos del alma.
Se fueron descolgando entre suspiros
ensueños de un ayer, y su nostalgia
atrapada en romances se ha perdido
en la piel de los que el lápiz ha plasmado.
Han corrido con la magia y el hechizo
los perfectos retazos que han dejado
huellas de algún amor… Y el paraíso
los ha tomado entre sus manos, sin dudarlo.
Algunos sinsabores presentidos,
y noches de confusos desengaños,
se han fortalecido en el lirismo
de seguir soñando tal a como fue soñado.
Amarga pequeñez en almas rotas
que por ignotas razones van llenando
el cántaro de la ilusión que fue escondido
al suponer que a nadie le importaban.
Se aquieta en la verdad de la ironía
viejas letanías que han pasado
detrás de las páginas gastadas
que dieron paso a la melancolía.
Ninguna razón bastó, si en esos días
sólo el corazón a la pluma dominaba,
ahora, disfrutando lo leído
como un grito retumban en mi alma.
❖──────❖ ¿POR QUÉ ESCRIBO?
Reveco Graciela — Argentina
No es una pregunta es la realidad sibilante del ingenio a más palabras esculpe el silencio en letras de regocijo y recrea alegorías en imágenes hiladas con la voz interior de los latidos imágenes sensoriales de color y movimiento purpúreas, azules, ondulantes en su capa de oro y sepia para estallar en los rizos nevosos de las páginas imágenes gustativas de sabor interno y externo para desvirtuar el resabio amargo de la fruta envejecida entre mis manos níveas y elevar el mielismo del alma pura pensamiento de luz mentado sobre los labios como dulce fresa solitaria imágenes visuales que ven por dentro y por fuera y enciendan la visión sombría en la vertebral anchura del hartazgo cuando zozobra la barca de los sueños en su horizonte agitado por el espejo inalterable de los mares terrenos imágenes auditivas que escuchan por fuera y por dentro y despiertan el ritmo trepidante de todos los silencios lejos y sonoro donde el volcán histriónico de todas las arterias derrama en voceríos lávicos la rumorosa pasión de la piel enmudecida imágenes táctiles que rozan y se sienten por dentro y por fuera que inventan la tibia caricia de los dedos fríos cansados del crudo invierno del poema y con la húmeda brevedad de un beso sobre la hoja nace dúctil la clamorosa palabra imágenes metafóricas
trasladan el sentido concreto de su esencia a otro figurado por su semejanza ¿es una rosa la metáfora que hiende su espina en la espina dorsal de cada verso parido con sangre? llovizna sobre la hoja la misma pena visceral que se repite a diario imágenes personificando elementos con rasgos inanimados animando cuando sangran las estrellas de los ojos impíos ciegos de luna mudos carbones encendidos por soltar al viento las deidades del oficio imágenes comparando y anexando su ‘como’ sin interrogantes que lastiman cuando el sol derrama sus luces como lluvia invocando las musas que tropiezan en su aljófar como duendes desdentados de miedos sobre mi hombro herido de preguntas imágenes con anáforas repetición de palabras al sustento vocablos impasibles donde se dilata el anatema de los gnomos cuando claro no los veo cuando abierto no los busco cuando crecen a la sombra de mis huesos bruñidos imágenes con hipérbaton alteración del orden sintáctico de los genes vocales sintaxis conmovida por aleaciones imprevistas crece en las voces que atraviesan continentes donde el crepúsculo con su suavidad de plumas cayendo está y como naufrago sin bote en la marea mansa flotando va sobre la vía imaginaria de trenes sin destino que van, solo van sin regreso imágenes con aliteraciones repetición de sonidos en la sordera unívoca ecos desinflamados del viento
aliteración que rueda en su ronda de arroyo nocturno que arrolla mis norias girando en el giro perfecto del aire su llanto sereno imágenes en la paráfrasis discurso amplificado de las bocas amargas para admitir en su seno de glosa esgrimida allí, donde los duendes compilan su destreza para soltar las amarras de viejo peregrino impeler con la fuerza del suspiro renovado tras verter la amargura en dulce filosofía el oxímoron convierte en ilusión lo verdadero las brasas congelan las contradicciones del cuerpo estático como el iceberg que resiste a las llamas… un chispazo de hielo una gota de fuego en la mirada y tanto más oculto en anaqueles intrínsecos hasta que las técnicas impelan en la sangre para crear el vinario que sustentará el poema son tantos los recursos en el poderío del género que semientan en mi vientre y sin respiro la razón por la que escribo. ❖──────❖
Tomo mi estilográfica, oigo música suave, pienso en ti, me transporto a otro mundo. Mi alma se rasga saca todo cuanto abrigo, te vislumbro a mi lado, dándome vehemencia y auxilio.
Observo tus ojos profundos y brillantes, son tan recónditos que no vislumbro su desleal fondo. Siento conmociones y alteraciones contradictorias, alegría de verte, tristeza de no tenerte cerca.
Te ostentas como fruto prohibido, la tentación y el deseo hacen una muralla que nos aleja. Un sobresalto me reincorpora, te veo como un imposible, te trato de olvidar.
La angustia y el sufrimiento se me encaraman, me asfixia saberte ausente.
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DESAHOGO
Tugores Yany — Uruguay
Escribo… Porque no quiero que las voces me arrastren al silencio, o a los abismos insondables de mi alma. Porque los verbos se ahogan en un río sin cauce y el horizonte no esgrime respuestas.
Escribo… Porque duele no hacerlo. Para que las palabras encuentren refugio. Detengan el tiempo que se escapa en hilos finitos, y así mi pecho no se transforme en nido vacío
Escribo… Sin buscar nada a cambio. Para ver cómo el papel en un instante se vuelve refugio. Como las líneas se suceden una tras otras sin parar y se tornan perennes
Escribo… Pues en mi memoria hay miles de flores que se deshojan, y se borran de recuerdos. Quiero volcar en mis letras lo que no quiero olvidar, lo que fui y lo que soy.
Escribo… Porque dentro de mí hay ecos del pasado que no quiero perder. Allí están; el café con leche de mamá, la rayuela de mi infancia, el aroma a retamas en casa de la abuela, los amores de ayer, los niños perdidos.
Escribo… Porque cada grafía es mi refugio. Habito en ellas. Porque el caos de mi interior se ordena con cada una.
Escribo… Sin pensar en triunfos. No quiero reconocimientos. No quiero alabanzas. Solamente quiero comprender, lo que me convierte en humana.
Escribo… Buscando una grieta de paz una luz de calma. Es refugio natural.
Desahogo cuando la vida golpea, cuando la alegría te invade, cuando la tristeza te abate.
¿Por qué escribo? Se levanta ante mí la inspiración yo no puedo evitar este sendero. Aunque sea agria o dulce no es condena, es un don que me ha dado el Ser Supremo.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:43:442026-04-23 19:43:45POEMAS ¿ POR QUÉ ESCRIBIR? – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Cada carta es un puente entre dos almas que aún se buscan.”
COLABORAN
Alberdi Maren – España
González Saavedra Carlos H. – Argentina
Gormley Elspeth – España
Petrone Sarah – Argentina
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CARTA A UN AMOR QUE NO PUDO SER
Alberdi Maren — España
A ti, que fuiste casi, pero no llegaste a ser:
Te escribo desde este lugar donde ya no duele, pero todavía late. Hay historias que no terminan: simplemente se desvanecen. Y la nuestra fue una de esas. No hubo tormenta, ni ruptura, ni palabras afiladas. Solo un silencio que fue creciendo entre los dos, como una puerta que se cierra sin hacer ruido.
A veces pienso que lo nuestro fue un puente que nunca cruzamos. Un gesto detenido. Una posibilidad suspendida en el aire.
Y sin embargo, te recuerdo con una ternura que no esperaba. No por lo que fuimos, sino por lo que pudimos ser. Por ese brillo breve que encendiste en mí, por esa versión mía que despertó cuando te miré y que, aunque no se quedó, aprendió algo importante.
No te escribo para reclamar nada. Ni para volver atrás. Te escribo porque hay afectos que merecen ser nombrados, aunque hayan durado poco, aunque no hayan encontrado su forma, aunque no hayan tenido tiempo de convertirse en historia.
Te escribo porque, de algún modo, fuiste un espejo. Me mostraste lo que buscaba, lo que temía, lo que aún no sabía decir. Y eso también es amor, aunque no haya sido el nuestro.
Hoy te dejo ir de verdad. Sin tristeza, sin reproches, sin preguntas. Solo con gratitud por lo que despertaste y por lo que no llegó a suceder.
Hay amores que se viven. Y hay amores que se escriben. El nuestro pertenece a los segundos.
Con calma,
Maren
✦────────✦
CARTA…
González Saavedra Carlos H. — Argentina
Es así, lo he decidido, en silencio. Sin tratar mal a nadie. Sin gritos, ni desaires.
No me hallo en un lugar, donde me falten el respeto. No hay enojo. Solo yo sé, qué siente mi corazón.
De no sentirse querido. Lastimado, deambulando Hasta encontrar el camino.
Sigo sin prisa, pero sin pausa.
Lo que han comentado a mis espaldas, aquellos que creía amigos. esas pruebas me las guardo. Es una decisión, tomada con sabiduría.
Sin romper nada.
Cuando tomo las riendas de mi vida, para atrás ,no miro. Hablará por mí, el silencio.
Me he ocupado, rápidamente, de mi corazón herido Lo vivido, queda aprendido, jamás olvidado. Parto, sin hacer ruido, así como he entrado.
Dios te guarde
✦────────✦
CARTA A MI MADRE
Gormley Elspeth — España
Mamá:
Te escribo desde este tiempo que ya no compartimos, pero que sigue lleno de ti. A veces pienso que la vida te graduó antes que a nadie: sin títulos, sin ceremonias, sin aplausos. Te graduó en la escuela más dura y más noble: la vida misma. Y allí, sin libros ni cátedras, aprendiste lo que muchos nunca llegan a comprender.
Tenías una inteligencia natural que no necesitaba explicarse. Una intuición fina, casi infalible. Una manera de mirar el mundo que convertía lo sencillo en importante.
Fuiste una madre buena, de esas que no hacen ruido pero sostienen el mundo entero. Fuiste una esposa leal, una mujer fuerte, una trabajadora incansable. Tu taller de costura era tu reino: allí transformabas telas en vestidos, hilos en belleza, cansancio en dignidad. Y sin darte cuenta, mientras cosías para otros, me ibas cosiendo a mí por dentro.
Me enseñaste más de lo que supiste. Me enseñaste a no rendirme. A hacer las cosas bien, aunque nadie lo viera. A tener las manos firmes y el corazón blando. A entender que la vida no siempre es fácil, pero siempre merece ser vivida.
Hoy te escribo porque te echo de menos. Porque hay días en los que daría lo que fuera por escucharte decir una frase sencilla, una de esas que parecían nada y lo eran todo. Porque hay decisiones que aún tomo pensando en lo que tú habrías hecho. Porque hay heridas que solo tu voz habría sabido curar.
Te escribo para darte las gracias. Por tu amor sin adornos. Por tu sabiduría sin libros. Por tu fuerza sin alardes. Por tu vida, que fue tu mayor lección.
Te fuiste, sí. Pero sigues aquí, en cada gesto que repito sin darme cuenta, en cada valor que me dejaste, en cada hilo invisible que aún me sostiene.
Madre, esta carta es para ti. Para que el mundo sepa quién fuiste. Para que tu nombre siga vivo en mis palabras. Para que, de algún modo, sigamos hablándonos.
Con todo lo que soy, tu hija.
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CARTA A UN ESCRITOR DESCONOCIDO
Petrone Sarah — Argentina
Querido escritor, acabo de leer tu último libro y debo confesarte que una vez más me has sorprendido gratamente. Intento sin lograrlo, descubrir a través de alguno de tus escritos la similitud con otros textos de tu autoría , y de otros, y así tratar de descubrir tu identidad, esa que escondes bajo el seudónimo de : «Anónimo».
Tú y yo sabemos muy bien que tienes un nombre y un apellido, un rostro que quizás me sea familiar y aún no lo descubro.
Te escondes de mí y lo estás haciendo desde hace muchísimo tiempo. Ya no tengo memoria de cuántos años, décadas, siglos. Desde la antigüedad vienes negándote, como si te avergonzaras de tu talento. De generación en generación tu paso por los libros se ha vuelto una incógnita difícil de develar.
Has abarcado tanta diversidad de estilos y temas dentro de la literatura, que a tu pesar te has hecho famoso. El juego irreverente de jugar a las escondidas te sienta bien.
Astuto y audaz, me intrigas. Me agradan tus acertijos, tus poemas, tus frases que delatan un alma sensible, intuitiva y pletórica de sueños, pero que no dejan entrever ni siquiera, el sexo que te identifica como ser humano. ¿Eres humano?
¿Hombre? ¿Mujer? ¿Qué eres? Una dualidad de género en un montón de palabras que me invitan a pensar, a decidir seguirte en esta noble profesión, sin sentir la necesidad de copiar o plagiar tus obras. Son tuyas. Siempre lo serán.
Pienso en todos los que escriben y se ufanan de ello poniendo en letras luminosas sus nombres para ser reconocidos por sus trabajos. ¡Y está bien! Quiero conocer los rostros de los que me emocionan, o no. Los que me subyugan con sus historias robadas de la vida misma.
Comprendo también, que todo lo que una vez que se publica, ya pertenece al mundo para ser leído y juzgado. Y es por eso que quizá te pierdes en el anonimato, temeroso de las críticas.
«LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS» debería haber sido una frase escrita por ti. Pero no lo es.
Aplaudo tu modesta virtud. Valoro tu talento y respeto tu decisión de permanecer en el anonimato.
Espero con ansiedad tu próximo libro y sé que te reconoceré a través de la firma con que rotulas tu trabajo.
Simplemente: ANÓNIMO.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:42:202026-04-23 19:42:21CARTAS – ABRIL
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PAUTAS PARA CUANDO TE SIENTAS MAL
Andrea Kiperman — Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. Querido lector: cuando sientas que no puedes más, recuerda volver a lo simple. Al descanso, al ocio, a charlar con una persona que quieras o estimes. Cuando la vida empiece a volverse compleja o difícil, vuelve a estas cosas que nos llevan al eje, al centro.
Son ideas que se me ocurren y que creo pueden iluminar un poco el camino, o al menos hacer más fácil el andar por aquí. Leer siempre nos conecta con nosotros mismos, o al menos nos saca del caos. Leer un libro que nos guste, que nos haga reír o reflexionar; a veces uno de carácter espiritual, porque también los momentos tristes son buenos para evolucionar, avanzar y crecer interiormente. Nunca lo olvides.
Ve a caminar: una vuelta a la manzana, una plaza, un lugar verde, el río o el mar. Conectarse con la naturaleza siempre ayuda a despejar la mente y el corazón. Escucha música, la que te guste, la que te conecte, y muévete: sacude el cuerpo, grita, respira, canta, salta. A veces el cuerpo necesita liberarse como si nadie estuviera mirando, un momento privado con uno mismo.
Toma un café con alguien que sientas cerca; una charla por video, por teléfono o en persona. Date un baño largo, baja las revoluciones. Mira una película o una serie, descansa el cuerpo y la mente. Sal a hacer deporte, toma mucha agua y prepárate algo rico. Cocina una receta nueva o una heredada de alguien que quieras.
Juega, pinta, dibuja, sal un poco de la mente. Escribe en una hoja lo que sientes: a veces ayuda a sacar hacia afuera emociones estancadas, como un acto catártico. Haz rompecabezas, sudoku, sopa de letras o juegos de lógica. Enciende una vela, un sahumerio.
Y vos, ¿Qué cosa más agregarías? Quedo con ustedes…
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:38:292026-04-23 21:45:27ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL
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“Porque a veces basta un mes para recordarnos que seguimos vivos.”
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Marzo: El mes que cambia la piel
Marzo siempre llega con un gesto extraño. No entra de golpe, pero tampoco pide permiso. En un hemisferio empieza a apagarse el verano y el aire huele a despedida; en el otro, la luz se estira y las primeras flores se atreven a asomar. Dos estaciones opuestas conviven en el mismo mes, como si el mundo nos recordara que nunca avanzamos todos al mismo ritmo.
En el sur, marzo invita a recogerse: a ordenar lo que quedó pendiente, a cerrar lo que pesa, a guardar lo que ya cumplió su ciclo. En el norte, en cambio, marzo abre ventanas, sacude el polvo y empuja hacia afuera. Y entre esos dos movimientos —uno que se repliega y otro que se expande— aparece una verdad sencilla: cada cambio de estación es también un cambio interior.
Marzo nos recuerda que nada permanece quieto. Que incluso cuando creemos que todo sigue igual, la luz se inclina, el aire se afina, la tierra respira distinto. Y nosotros, aunque no siempre lo notemos, cambiamos con ella.
Hay quien recibe marzo con entusiasmo, como una promesa que se renueva. Hay quien lo recibe con cansancio, como un aviso de que algo debe ajustarse. Pero todos, de un modo u otro, sentimos que este mes marca un giro silencioso: un antes y un después que no necesita grandes gestos para hacerse notar.
Quizá por eso marzo es un buen momento para detenerse un instante y mirar alrededor. Para preguntarnos qué dejamos atrás y qué queremos que empiece. Para aceptar que cada transición —sea hacia el otoño o hacia la primavera— trae consigo una oportunidad: la de ajustar el paso, afinar la mirada y permitir que algo nuevo encuentre su lugar.
Porque al final, marzo no es solo un cambio de estación. Es un recordatorio suave, casi íntimo, de que la vida también cambia de piel. A veces sin ruido. A veces sin permiso. Pero siempre a tiempo.
“Porque a veces basta un mes para recordarnos que seguimos vivos.”
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 10:03:052026-03-22 12:14:19EDITORIAL – MARZO
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ARTÍCULOS – ABRIL
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“Cada artículo es una mirada que busca entender lo que late bajo la superficie.”
COLABORADORES
Malen Alberdi – España
Ilka Oliva-Corado – Estados Unidos
Sergio C. Fangul – México/España
Elspeth Gormley – España
Ángel Medina Martos – España
Monika Zgustova – España
✺ — ✺ — ✺
Demasiado ruido, muy poca vida
Malen Alberdi — España
Vivimos rodeados de pantallas, notificaciones, mensajes, alertas, sonidos que no pedimos y conversaciones que no empezamos. La tecnología, que prometía hacernos la vida más fácil, ha terminado por ocuparla entera. Y lo más preocupante no es el tiempo que pasamos conectados, sino lo poco que nos queda para nosotros mismos.
La saturación digital no es un concepto abstracto. Es real. Es diaria. Es silenciosa. Y está agotando a una sociedad que ya venía cansada de otras cosas.
Nos levantamos con el móvil. Desayunamos con titulares. Trabajamos con correos que no paran. Vivimos pendientes de mensajes que llegan a cualquier hora. Y cuando por fin termina el día, en lugar de descansar, seguimos deslizando pantallas como si buscáramos algo que nunca aparece.
La hiperconexión nos ha robado algo esencial: la presencia.
Ya no miramos de verdad. No escuchamos de verdad. No conversamos de verdad. Estamos, pero no estamos.
Y lo más triste es que lo hemos normalizado. Hemos aceptado que la vida ocurra detrás de un cristal. Que la atención sea un bien escaso. Que el silencio incomode. Que la pausa parezca un fallo.
Pero no lo es. La pausa es necesaria. El silencio es necesario. La desconexión es necesaria.
No para ser más productivos. No para rendir mejor. No para “resetearnos”. Sino para volver a sentir.
Porque cuando desconectamos del ruido, conectamos con lo que importa: con la gente que queremos, con los lugares que nos calman, con los pensamientos que nunca escuchamos, con la vida que pasa sin pedir permiso.
No se trata de demonizar la tecnología. Se trata de ponerla en su sitio. De recuperar el control. De recordar que somos humanos, no dispositivos.
Quizá la pregunta no sea “¿cuánto tiempo pasamos conectados?”, sino “¿cuánto tiempo hace que no estamos realmente presentes?”.
Y tal vez la respuesta duela un poco. Pero también puede ser el principio de algo mejor.
✺ — ✺ — ✺
AYOTE EN RAPADURA
Ilka Oliva-Corado — Estados Unidos
A Milvia la entregaron a los doce años a un hombre de treinta seis que ya se había separado tres veces y tenía en total siete hijos. Era bien sabido que golpeaba a las mujeres con las que convivió y que cuando se cansaba de ellas solamente se iba y no volvía más, dejando a las madres y a sus hijos en el olvido total. Cliente habitual del bar Rojo, el único en el municipio. Sus borracheras no tenían ni día ni horario, pero eso al padre de Milvia no le importó porque el futuro yerno lo invitaba a los cutos[1] cuando se lo encontraba en el bar.
El futuro conviviente, entonces arregló con su papá sin que su mamá ni ella supieran y este aceptó la dote de tres vacas y dos yeguas, diez quintales de máiz y dos de maicillo. En su casa su madre nunca ha tenido ni voz ni voto, todo lo decide su papá entonces para cuando se enteró se puso a llorar porque así mismo le pasó a ella. La tomó de un brazo y la sentó en una silla y le explicó que llegaría un hombre que sería su esposo y que se tenía que ir a vivir con él, le dijo que esa primera noche iba a sufrir pero que tenía que sacar eso de su memoria porque no le iba a servir de nada tenerlo ahí, porque así era la vida de las mujeres.
Milvia no entendió a qué se refería su mamá con eso. Dos semanas después llegó un hombre mayor que ella nunca había visto y se la llevó, ella lloraba porque no se quería ir, después intentó escapar, pero cada vez que llegaba a su casa su padre la iba a dejar de regreso, muy apenado y pidiendo disculpas. A Milvia recién le había bajado la primera sangre, no entendía porque un hombre se le subía encima y la lastimaba tanto, como si la odiara. Los padres que viven en el caserío El Tempisque, se sintieron orgullosos de que su hija viviera en una aldea. Mardo es de la aldea Escuinapa y sus padres le heredaron un pedazo de terreno cundido2 de piedras del tamaño de un estanque, allí construyó su casa de adobe de un solo cuarto y la cocina la hizo afuera con pedazos de lámina y tablas de lepa. 3
Milvia el primer hijo lo tuvo a los nueve meses y fue uno seguido de otro, a los dieciocho ya tenía cinco. Ella no fue la excepción, siguió el mismo patrón de crianza en el sistema patriarcal, como sus ancestras, amigas, vecinas… Hasta los dieciocho su mundo es su caserío, no conoce más allá de Comapa, jamás ha salido a la cabecera departamental, a lo más que ha llegado es a la aldea Guachipilín que es la última antes de llegar al cruce de El Amatón camino a la capital. Un día su conviviente no llegó a dormir, ni la siguiente noche, ni la otra, ni las demás. Supo al mes, que este se juntó con una muchacha de quince años en una aldea de Chiquimula. La familia de Mardo la sacó de la casa y la fueron a entregar junto a sus hijos de nuevo a su padre.
Su padre desde entonces la ha culpado del abandono de Mardo, porque ningún hombre deja a una mujer que sirva, le repite todos los días, despreciándola y restringiéndole la comida mientras que a su mamá la golpea por haber parido a una hija inservible. Milvia no le ha dicho a nadie porque cree que es normal que Mardo al igual que su papá también le pegaba y mucho más cuando llegaba borracho. Milvia siendo la mayor y la única mujer de once hermanos, desde temprana edad comenzó a trabajar el barro, ayudando a su mamá en la elaboración de comales, ollas y jarros que venden los jueves y los domingos al pie del palo de mango que le da sombra a La Pilona, en el parque central de Comapa. Nunca fue a la escuela porque las tareas en la casa siempre han sido infinitas, en cambio a sus hermanos sí los pusieron a estudiar, su papá dijo que los varones son los inteligentes y que las mujeres solo sirven para parir y para el oficio doméstico. Pero la venta no alcanza para la alimentación de trece en casa de sus padres más sus cinco hijos, su padre que trabaja de mozo en una finca lechera tampoco gana lo suficiente.
Su madre que fue al Centro de Salud regresa con la noticia de que le tiene trabajo en la capital, una enfermera le consiguió de empleada doméstica en una casa en la Zona 15. Así es como Milvia deja a sus cinco hijos al cuidado de su mamá y viaja a la capital con tres mudas de ropa en una bolsa de nailon, un par de zapatos y un monedero donde lleva solamente lo del pasaje junto con un rosario bendecido con agua de la Iglesia del Señor de Esquipulas que compró un día de mercado. El trabajo es de viernes a sábado, tiene el domingo libre. No sabe nada de encerar pisos, cubrecamas, estufas con horno, cocinas con gabinetes, aspiradoras, de extractor para jugos. Cafeteras eléctricas, tostadoras de pan, lavadora y secadora de ropa. Son tres trabajos en uno, cuidar a un recién nacido, limpiar la casa y cocinar. Y así se le van pasando los años, ya van quince yendo un domingo al mes a ver a sus hijos, los otros tres trabaja de mesera en una taquería en el mercado La Terminal.
Pero este domingo es especial, porque por primera vez tiene vacaciones, le dieron una semana, aunque no es la de Semana Santa, pero son siete días para pasar con sus hijos. Pero hará que esa semana sea la Semana Santa para ellos, los llevará a conocer la cueva de Andá Mirá, a que conozcan la cabecera departamental y también irán a comer pollo frito y a conocer la iglesia del Señor de Esquipulas, para que bendigan los rosarios que comprarán. Se llevará a su mamá con ellos, porque se merece todo, aunque es muy poco lo que ella le puede dar, el tiempo es lo que han tenido en contra siempre y la economía que los obliga a vivir con tantas limitaciones.
El Tempisque queda más allá del pueblo, tiene que caminar varios kilómetros en calle de terracería donde va encontrándose con los cercos de alambre de púas incrustados en los árboles de jiote. Es época de calor, la quebrada está seca, también los ojos de agua, abundan los remolinos en las polvaredas, tragando polvo y tosiendo va disfrutando la vista de los palos de jocote rojo, de la flor de izote, de los matasanos y la manzana rosa. Es el tiempo de los mangos tiernos y de los jocotes de febrero. Pero hay algo que Milvia extraña más que los pishtones 4 que echa 5 su abuela y la mantequilla de costal 6 que hace su mamá, es el ayote en rapadura7 que hacen juntas con su abuela, sus tías y su mamá, cuando también hacen los tamales de viaje y preparan las pacayas y el pescado seco para hacerlo envuelto en huevo, cuando la familia se une y la vida les sonríe.
Llena de polvo Milvia va asomando, pasa por debajo de la enredadera de buganvilias que se entrelazan con las del güisquilar que siguen su camino hacia las ramas del aguacate y el matasano que su mamá sembró cuando recién se casó. Un olor dulzoso que sale desde la cocina la abraza, la acaricia, la arrulla y le da refugio en su regazo, es el aroma de la rapadura hirviendo en una de las ollonas de barro de su mamá, es el ayote impregnándose de la miel de la caña, de la leche materna que la amamantó, de la tierra que la añora y la recibe emocionada cada vez que llega, son sus hijos saliendo encarrerados a encontrarla con un ramo de flores silvestres y fresco de masa. Son sus tías preparando la masa para los tamales de viaje, es su abuela saliendo de la cocina con las manos palmeando un pishtón y gritándole emocionada: “ingrata, el fuego me avisó que venías”.
Es todo, es todo lo que no tiene la capital.
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GONZALO CELORIO -PREMIO CERVANTES
Sergio C. Fangul — México/España
“La lengua española no fue la lengua de la conquista, sino la de la independencia”
El escritor mexicano de raíces asturianas comparece en Madrid, y reflexiona sobre la mezcla de géneros y la literatura del yo
“Es desde Cervantes y gracias a él que los géneros se han mezclado hasta la promiscuidad. Han dejado de ser compartimentos estancos y eso a mí me encanta”, dijo Gonzalo Celorio, último premio Cervates, escritor de múltiples géneros, pero también editor, profesor, crítico, bibliófilo, factótum del libro: su palabra favorita es “palabra”.
Entró Celorio (Ciudad de México, 78 años) con bastón y cara de buena persona, bigote blanco y ojos claros, con la voz “un tanto disminuida”, dijo. Le acompañaban el director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade (“Esto es una invitación al diálogo entre la palabra y la imagen”, explicó al presentar), y María José Gálvez, directora general del Libro, el Cómic y la Lectura, que recordó a la recientemente fallecida Beatriz de Moura, editora de Tusquets. Fue esta la editorial del premiado desde su primera novela, Amor propio, publicada en 1992. “De Moura abrió las letras españolas al mundo y abrió el mundo a las letras españolas”, explicó el mexicano.
Tuvo el autor una profunda reflexión sobre los géneros y la literatura del yo, la que más ha practicado. “Se piensa que la literatura del yo es una literatura de la expresión lírica, pero yo creo que ha ampliado sus fronteras”, dijo. Recordó la figura de, Michel de Montaigne considerado creador del género del ensayo, que ensayaba sobre sí mismo, que era al mismo tiempo sujeto y objeto de la escritura. Y Celorio rememoró la definición del ensayo del polígrafo mexicano de Alfonso Reyes, como un “centauro” entre géneros: “Tiene una parte de dominio intelectual, pero también tiene una parte imaginativa y pasional, donde el yo se expresa”. También hay yo, por supuesto, en el género de la memoria; como también en la crónica: “Sin yo, la crónica es historia”, dijo el premiado.
La literatura de Celorio es una centrada precisamente en la memoria, sobre todo melancólica. Ha descrito sus libros como “novelas memoriosas”, donde, reconociendo lo engañoso del recuerdo Ese montón de espejos rotos,se titulan, como un verso de Borges, sus memorias publicadas por Tusquets), se adentra en el borroso territorio del pasado familiar y literario para generar nuevos relatos. “Se me cuela el yo por todos los intersticios de la escritura para hablar de mi familia”, aduce el autor y es el propio Celorio —su memoria— lo que hace de hilo conductor entre todas sus novelas, al tiempo que traza una imagen del México moderno.
“Lo que es excepcional es la presencia del yo en el ejercicio novelístico: siempre ha sido considerada la novela, desde el precedente género épico, como la conquista de la tercera persona”, subrayó. Y recordó esos fragmentos de la obra de Homero en los que el poeta griego se cuela en la narración para exhortar a Aquiles o a Héctor a hacer tal o cual cosa o embarcarse en tal o cual batalla. Sin embargo, la mezcla de géneros y la proliferación del yo sucede sobre todo cuando llega Cervantes y comienza la hibridación y la citada “promiscuidad”.
El premio también parece muestra de cierta reconciliación político-cultural entre España y México después de un enfriamiento de las relaciones cuando el entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador reclamó en 2019 una disculpa oficial por los excesos de la conquista española. Los últimos premios Princesa de Asturias, además, reportaron dos galardones para México: el de la Concordia, para el Museo Nacional de Antropología, y el de las Artes, a la fotógrafa Graciela Iturbide. La exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, que se distribuyó por varias sedes madrileñas, tuvo gran acogida institucional.
Celorio opina que la petición de un perdón por parte de España fue un “despropósito”. Fue “anacrónica”, por juzgar que no se puede solicitar un perdón por lo que sucedió hace tantos siglos, cuando ni siquiera existían los estados como existen ahora, y cuando ya había violencia en las propias sociedades indígenas; y también “retro tópica”, por juzgar aquellas sociedades indígenas como una especie de utópico paraíso perdido, sin atender a su realidad. Según señaló, la lengua española no se utilizó para conquistar, porque los evangelizadores aprendieron para ello las lenguas indígenas: “En realidad, la lengua española no fue la lengua de la conquista, sino la de la independencia”.
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EL CANSANCIO EMOCIONAL: EL PESO INVISIBLE DE NUESTRO TIEMPO
Elspeth Gormley — España
Hay un cansancio que no se ve, pero se nota. Un cansancio que no se cura durmiendo, ni con vacaciones, ni con un fin de semana sin planes. Un cansancio que no tiene nombre oficial, pero que todos reconocemos cuando aparece: el cansancio emocional.
No es tristeza. No es depresión. No es apatía. Es otra cosa.
Es ese agotamiento silencioso que sentimos cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo más de lo que podemos. Cuando la vida nos pide una energía que ya no tenemos. Cuando la mente va por un lado, el cuerpo por otro, y el alma intenta no quedarse atrás.
Vivimos en una sociedad que exige presencia constante, respuestas inmediatas, productividad sin pausa. Una sociedad que confunde disponibilidad con compromiso, rapidez con eficacia, ruido con vida. Y en medio de todo eso, la gente se cansa. Se cansa por dentro.
El cansancio emocional aparece cuando:escuchamos más de lo que podemos sostener, damos más de lo que recibimos, nos exigimos más de lo que sentimos, fingimos estar bien para no preocupar a nadie, vivimos acelerados sin saber por qué no encontramos un espacio real donde respirar
Y lo más duro es que este cansancio no se nota desde fuera. La gente sigue trabajando, sigue cuidando, sigue respondiendo mensajes, sigue cumpliendo. Pero por dentro… por dentro hay un peso que no se aligera.
La buena noticia es que este cansancio tiene cura. Y no es una cura rápida, ni mágica, ni espectacular. Es una cura humana.
Se cura con: silencio ,límites, pausas, verdad, espacios propios, conversaciones sinceras, momentos sin exigencia y un poco de ternura hacia uno mismo
No necesitamos ser fuertes todo el tiempo. No necesitamos poder con todo. No necesitamos estar disponibles siempre.
A veces, lo más valiente es decir: “Estoy cansada. Necesito parar.”
Porque el cansancio emocional no es un fallo. Es un aviso. Un recordatorio de que somos humanos, no máquinas. De que sentir también cansa. De que vivir también pesa. Y de que cuidarnos no es un lujo: es una forma de seguir
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EL HOMBRE ENCHUFADO
Ángel Medina Martos — España
El hombre es un ser complejo, pues conviven en él diversas personalidades. Está la que él muestra y cree tener y que le acompaña a diario. La de su propia máscara. La del actor que interpreta un papel. En boca de Balzac, fingimiento, comedia, rutina. También, la del que desearía ser- de forma más o menos consciente-, sueño, proyección, según Calderón. Y la que de él percibe los otros. Así, pues ¿cuál es la real? ¿Vivimos o somos vividos, como decía Freud?
Hay hombres que agonizan en su propio desierto. El oasis está próximo, tan cerca que ni siquiera lo perciben, pues está dentro de ellos. Bastaría con que prestasen atención a la voz interior para que la máscara fuese derritiéndose.
Y sin embargo, prefieren convivir con el anonimato. No el anonimato de lo escondido y lo humilde, sino en el del oscurantismo autoimpuesto, quizá por aquello de que es mejor ignorar que comprometerse. Por eso, la sociedad corre el riesgo de caminar hacia una nueva versión del hombre. El hombre anónimo. El hombre desesperanzado. El hombre aturdido que no razona por él sino que lo hace movido por un impulso ciego que proviene de la información almacenada desde el exterior, bien sea la que acumula de lecturas que no asimila, o el bombardeo constante de los medios de comunicación. Y siéndole más cómodo no complicarse, vacía su pensamiento, teniendo como todo juicio la ausencia del mismo. Todo lo cual le lleva a desvincular la realidad con su yo auténtico, entreteniéndose con sustitutos externos para evadirse, obteniendo el ruido como silencio.
¿Quién es este hombre?
El retrato robot puede servir de carta de presentación.
Busca la compañía solitaria o la incomunicación acompañada por una multitud invisible, con la diferencia que puede oírles e incluso verles, pero no tocarlos. Es lo que el aliento a la voz: palabras ahuecadas que se llevan las ondas y aterrizan en múltiples partes. De lo personal a lo colectivo y de la masa a la soledad. En el fondo es lo que busca: el descompromiso. La desconexión de sí mismo, anclado en un multiplicador, rehuyendo cualquier nudo gordiano que le ate a su yo, sujeto a infinidad de hilos, con la facilidad de poder deshacerlos apretando un simple botón; mejor aún: dejando de oprimirlo.
Es el modernismo del momento.
Este hombre no gusta de enfrentarse consigo. Se asemeja a una suerte de huésped cuya alma es presa de su envoltorio, sin alcanzar a obtener consciencia de ella misma.
Entre la percepción de lo que debe ser y lo que han elegido los otros, no permite que desde el exterior penetre en su interior aquello que le pueda empujar a la reflexión. A querer entendérselas con su propia identidad, y todo lo que le pueda hacer discernir acerca de quién es realmente es relegado de inmediato y ocupa su lugar lo banal, lo efímero, lo que teje el entretenimiento sin más moraleja, abonándose a lo ramplón y a lo insulso, viniendo a ocupar su mente el cosmos universal que proviene de sus proveedores de ideas. Y a base de no cavilar, uno de los hemisferios de su cerebro se va atontando, obnubilando, a la usanza de las maquinitas aritméticas, que con tanto uso, el que la soba acaba por perder cualquier facultad de cálculo personal y termina contando con los dedos. Todo lo cual abona aquel slogan de un anuncio de detergentes, tan desafortunado en su expresión como afortunado por la realidad: “usted no piense, nosotros lo hacemos por usted.”
Así, con el tiempo acaba convirtiéndose en parte de la robótica social. Y por mucha precisión que pueda tener un engendro, es bien sabido que carece de sensibilidad al adolecer de alma. ¿Dónde situar lo anímico si ni siquiera tiene constancia de ello? ¿Dónde la racionalidad, cuando no gasta neuronas?
Él, animal como el resto de las criaturas, progresivamente va haciendo algo revolucionario: alterar su naturaleza. Pues, en tanto que una fiera es incapaz de abandonar su estado primitivo, sin embargo él puede modificarla sustancialmente, y alejándose de su ser persona, deteriorar su sensibilidad progresivamente por el vaciamiento de los sentidos, convirtiéndose en un hombre no-pensante, sin religamiento a lo superior, terminando en unser tele-dirigido.
Por eso, se enchufa a una cosa llamada sistema operativo, convirtiéndose al final en una especie de parte del cableado al más puro estilo “Matrix” y como último invento al “Whatsapp” (= ¿qué es esta aplicación?). A cualquier hora del día y de la noche es necesario estar conectado para ser.
Desconectar para conectarse. That is the question. No prestar tal grado de atención, que se convierte en adición a los modernos medios de interrelación social; tener espacios para poder regar la mente con agua que obre el milagro de producir semillas de pensamientos de mayor calado; desechar tanta información desinformadora que terminan por embotar el conocimiento.
Y más allá de ello, después de ponerlo en práctica, preguntarse. Sí, preguntarse. Doblemente. Primero, interpelándose con aquélla frase de los Beatles” ¿Qué hace un chico como yo en un lugar como éste? O lo que vendría a ser lo mismo: ¿Puedo ser yo mismo, dejándome sustituir por los demás? Y luego, vaciado de lo de fuera y acongojado por lo que vislumbra dentro, decirse: “¿Hacia dónde dirigir mi razón y mi voluntad para recuperar el rumbo? De lo limitado a lo infinito. El cielo como montera.
Por ello, se impone recuperar el “yo” perdido y abandonar tantas clavijas. De no hacerlo es muy fácil caer en la definición de hombre masa. Y lo peor de todo, sentirse. ¿Eres? ¿Somos? La medida está en la dependencia a las conexiones.
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CUANDO LA SOCIEDAD TOLERA EL MAL
Monika Zgustova — España
Crecí en la Praga comunista, donde a mi padre lo detuvieron y torturaron varias veces por su actividad disidente. Mi madre, en cambio, intentaba protegernos haciendo pequeños gestos de conformidad, como poner banderas en las fiestas oficiales. En ellos veía las dos actitudes que surgen cuando un país cae en el autoritarismo: unos pocos se rebelan; la mayoría se acomoda o colabora.
Años después, ya como estudiante en Estados Unidos, pasé un tiempo en la Argentina de la dictadura militar. Allí reconocí el mismo clima: miedo, resignación, cafés vacíos y una sociedad que había aceptado a los militares esperando orden y seguridad. Yo misma fui expulsada del país por cuestionar a un militar, lo que confirmó mi impresión de una comunidad que prefería no mirar el horror.
Más tarde entrevisté en Moscú a mujeres que habían sobrevivido al gulag. También allí se repetían las dos posturas: algunas se rebelaban aun a riesgo de morir; la mayoría obedecía para evitar castigos. Curiosamente, sobrevivieron más las valientes que las sumisas. Lo mismo ocurría en los campos nazis, donde mujeres como Milena Jesenská mantenían una libertad interior que las guardias no podían quebrar.
En la Rusia actual he visto cómo personas que antes defendían la memoria histórica han terminado minimizando los crímenes del pasado. “Se cansaron de pertenecer a la minoría”, me dijeron.
En Estados Unidos, donde viajé durante décadas, observo una pasividad parecida: muchos no reaccionan ante el deterioro democrático porque se sienten paralizados por los cambios bruscos. Confían en que “esto no puede durar”, mientras lo impensable se vuelve cotidiano.
Recuerdo que Václav Havel, tras la caída del comunismo, elogió a quienes resistieron y reprochó a la sociedad su complacencia, que permitió cuarenta años de tiranía. Esa misma inacción amenaza hoy a otros países.
Los autoritarios se alimentan de la apatía y del entretenimiento que adormece a la población. Por eso, en lugar de cerrar los ojos, deberíamos imaginar cómo sería nuestra vida dentro de unos años si permitimos avanzar al autoritarismo. Ese ejercicio debería impulsarnos a actuar antes de que sea demasiado tarde.
EDITORIAL – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Un instante antes de que empiece la historia.”
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Abril siempre me cambia el ritmo. Es un mes que no se vive en línea recta: trae silencios, trae luz, trae memoria.
Ayer celebramos el Día de la Tierra, ese recordatorio de que todo lo que somos nace de un mismo lugar: la raíz que nos sostiene, el suelo que pisamos, la vida que compartimos. Y hoy, 23 de abril, nos encuentra en plena fiesta de la palabra: Sant Jordi, día de libros, de rosas y de encuentros que no necesitan ruido.
Entre ambos días —la tierra que nos sostiene y la palabra que nos eleva— nace esta edición de abril. Un mes que también nos regaló la Semana Santa, con su pausa, su recogimiento y ese modo tan nuestro de detener el tiempo para escucharnos.
Esta revista llega desde ahí: desde la calma, desde la creación, desde ese espacio donde la palabra nos cuida y nos acompaña. Aquí reunimos voces que florecen, poemas que respiran y miradas que buscan luz.
Abril nos recuerda que cada palabra es una semilla. Que cada lector es una orilla. Y que la poesía, como la tierra, siempre vuelve a renacer.
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CRÓNICAS Y ENSAYOS – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Cada crónica es una mirada que intenta comprender el mundo.”
COLABORADORES
Maren Alberdi – España
Luz Fontana – Italia/España
Elspeth Gormley – España
Gustavo Páez Escobar – Colombia
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CRÓNICA DE LA SOCIEDAD ACTUAL
Maren Alberdi — España
Hay días en los que salgo a la calle y tengo la sensación de que el mundo camina demasiado deprisa para sí mismo. La gente pasa a mi lado con el gesto apretado, los ojos clavados en pantallas que iluminan más sus rostros que sus vidas. Cada uno va en su propio carril, como si la ciudad fuese un tablero de líneas invisibles que nadie se atreve a cruzar.
En la parada del autobús, una mujer habla sola. O eso parece. Luego descubro que lleva auriculares diminutos, casi invisibles, que la conectan con alguien que no está aquí. A su lado, un hombre mira el móvil como si dentro hubiera una respuesta urgente que nunca llega. Dos adolescentes ríen, pero no se miran entre ellos: ríen hacia la cámara. Todo es público, todo es compartido, todo es inmediato… y sin embargo, todo parece un poco más solo.
La sociedad actual tiene esta paradoja: estamos más conectados que nunca, pero nos tocamos menos. Nos contamos la vida en fragmentos, en mensajes rápidos, en fotos que duran un instante. Y aun así, cuando cae la tarde, muchos sienten un hueco que no saben nombrar.
Camino por el paseo marítimo y veo a un anciano sentado frente al mar. No tiene prisa. No tiene pantalla. No tiene ruido. Solo mira. Y pienso que quizá ahí está la resistencia silenciosa: en quienes todavía saben detenerse, en quienes escuchan el rumor del mundo sin filtros, sin algoritmos, sin prisa.
La sociedad actual corre, produce, publica, opina. Pero también cansa, agota, desorienta. Y en medio de todo eso, seguimos buscando algo que nos devuelva al centro: una conversación verdadera, un abrazo sin prisa, un silencio que no asuste, una mirada que no pase de largo.
Quizá no estemos tan perdidos como creemos. Quizá solo necesitamos recordar que, detrás de cada pantalla, sigue habiendo un corazón que late. Y que, aunque el mundo vaya rápido, nosotros aún podemos elegir el ritmo.
A veces basta con levantar la vista. A veces basta con mirar al otro. A veces basta con recordar que seguimos aquí, juntos, intentando entendernos en medio del ruido.
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ENTRE LA SEMANA SANTA Y LAS “ FIESTAS DE PRIMAVERA”
Luz Fontana — Italia/España
Hay lugares donde la Semana Santa no es un evento: es un latido. Andalucia es uno de ellos.
Aquí, cuando llega marzo, el aire cambia. No es solo el olor a incienso o a flores recién cortadas. Es una forma de estar, una manera de caminar, un respeto antiguo que se transmite sin necesidad de explicarlo.
Para muchos, la Semana Santa es fe. Para otros, es tradición. Para otros, es memoria familiar. Y para algunos, simplemente es parte del paisaje emocional del pueblo.
Pero en los últimos años, algo ha empezado a cambiar. En algunos lugares —no aquí, pero sí en otros rincones del mapa— se ha empezado a hablar de “fiestas de primavera” para no herir susceptibilidades de quienes llegan de fuera.
Y yo lo entiendo… pero no lo comparto.
Porque hay una verdad sencilla, antigua, casi de sentido común: A donde fueres, haz lo que vieres.
Quien llega a un país, a un pueblo, a una cultura, no tiene por qué adoptar sus creencias, pero sí respetar sus costumbres.
La Semana Santa no es una imposición. Es una expresión cultural. Es parte de la identidad de un lugar. Y borrar el nombre para no incomodar es, en el fondo, borrar una parte de su historia.
En Andalucía por suerte, eso no ocurre, aunque lo han intentado. Aquí la Semana Santa sigue siendo Semana Santa. Con sus procesiones, sus silencios, sus pasos, sus luces temblorosas en la noche. Con esa mezcla de solemnidad y comunidad que solo se entiende cuando se vive desde dentro.
Y aun así, también están los otros: los que llegan de fuera, los que miran con curiosidad, los que observan sin comprender del todo. Y está bien. Porque la convivencia no exige uniformidad. Exige respeto.
Quizá por eso Andalucía es un buen ejemplo: un lugar donde la tradición no se esconde, pero tampoco se impone. Un lugar donde la Semana Santa convive con quienes la sienten y con quienes simplemente la contemplan.
Y yo, que vengo de raíces mezcladas, que he vivido dentro y fuera, lo miro todo con una doble mirada: la de quien pertenece y la de quien recuerda lo que es llegar a un sitio nuevo.
Por eso lo digo sin miedo: las costumbres no se diluyen para no molestar. Se comparten. Se explican. Se celebran. Y quien llega, observa, aprende, respeta… y encuentra su lugar.
Porque al final, la identidad de un pueblo no se negocia: se vive.
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CRÓNICA DE UN VIAJE A ZUGARRAMURDI
Elspeth Gormley — España
Donde la memoria respira bajo tierra
Hay lugares que no se visitan: se acuden a ellos. Zugarramurdi es uno de esos sitios que te llaman por dentro, como si una parte antigua de ti reconociera el camino antes que tus pasos.
Llegué temprano, con esa luz del norte que no invade: se posa. El pueblo parecía tranquilo, casi inocente, como si quisiera disimular lo que guarda bajo la piel. Pero basta caminar unos metros para sentirlo: una vibración antigua, un rumor que no pertenece al presente.
No importa cuántos kilómetros haya entre mi vida actual y estas montañas: una parte de mis raíces sigue aquí, escondida entre la humedad de las cuevas y el verde profundo del norte.
El sendero hacia las cuevas es amable, casi doméstico. Pero a medida que avanzas, el silencio cambia. Ya no es silencio de bosque: es silencio de memoria. De lo que no se dijo. De lo que se gritó demasiado tarde.
Las cuevas se abren como una boca inmensa. No hay luz suficiente para abarcarlo todo. Y quizá sea mejor así.
Aquí no hace falta imaginación: la historia está viva.
Pensé en aquellas mujeres —y también hombres— acusados de brujería. No por magia, sino por miedo. Por ignorancia. Por la necesidad humana de culpar a alguien cuando la vida se desordena.
No eran brujas. Eran diferentes. Y eso, en ciertos siglos, era suficiente para morir.
El aire dentro de la cueva es frío, pero no es un frío natural. Es un frío que viene de la injusticia. De la fragilidad humana. De la crueldad que se disfraza de fe.
Y aun así, hay algo más: una fuerza. Una dignidad que no se apagó ni con hogueras ni con inquisidores.
Al salir, el cielo había abierto un claro. Un rayo de luz cayó justo sobre la entrada, como si el paisaje quisiera recordarme que incluso los lugares marcados por el dolor pueden tener belleza.
Zugarramurdi no es un sitio para aprender. Es un sitio para recordar.
Recordar que el miedo puede destruir. Recordar que la diferencia puede salvar. Recordar que la historia, cuando se olvida, vuelve disfrazada.
Seguí caminando por el sendero con la sensación de haber escuchado algo que no se oye con los oídos. Algo que solo se percibe cuando una parte de ti —la más antigua— despierta.
Y pensé que quizá, solo quizá, las brujas no eran ellas. Quizá las brujas somos todas las que seguimos caminando con la verdad en los bolsillos, aunque el mundo prefiera la mentira.
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HASTA SIEMPRE ALICIA CARO
Gustavo Páez Escobar — Colombia
Las primeras letras las aprendió Beatriz Segura Peñuela (Alicia Caro, en el cine mexicano) en el Colegio de la Presentación de Duitama, Colombia. Radicada en México, solo volvió a su patria por breves temporadas. Matriculada en una academia de arte dramático, el productor Miguel Zacarías solicitó la presencia de las mejores alumnas para someterlas a un examen ante las cámaras. bella y delicada, asistió a las pruebas en compañía de Laura Victoria, su madre, la famosa pionera de la poesía erótica en Colombia.
Antes de que la hija se sometiera a concurso, la poetisa tuvo una larga conversación con Zacarías. Por los rasgos suministrados, este dedujo que la estudiante podía representar el papel estelar que buscaba para La vorágine.
Cuando la conoció en persona, supo que no estaba equivocado, y la invitó a dejarse dirigir en las disciplinas del cine. Él fue su maestro. Vino luego un duro año de ejercicios de dicción, fotografía y actuación, al cabo del cual comenzó el rodaje de la película.
El director deseaba un nombre corto para la nueva estrella. Madre e hija escogieron varias opciones y se inclinaron por el de Alicia Caro, nombre que se hizo famoso en el cine, hasta el punto de sustituir el suyo propio en la vida corriente.
En 1956, en una de sus venidas a Colombia, Alicia se casó con Fernando Arbeláez, destacado intelectual de Manizales que ejercía el cargo de primer secretario de la embajada de Colombia en Suiza. Fernando Arbeláez estudió leyes, pero desde muy joven se dedicó a las letras. Todo hacía pensar que la pareja sería feliz, pero la unión duró apenas un año. Alicia se había equivocado de camino.
Estrella de cine
Irrumpió en el cine en plena juventud y belleza. Su figura atractiva conquistó numerosos admiradores. El cine azteca, con honda penetración en el continente, irradiaba a los cuatro vientos una graciosa imagen juvenil que difundía encanto y frescura. Su serena belleza seducía a los exigentes cineastas que no se dejan seducir por la primera cara bonita.
En sus actuaciones iniciales, Alicia representó a la muchacha sencilla y pudorosa de algún pueblo oculto, envuelta en el aura de la ingenuidad y la inocencia. Se mostraba deliciosa, astuta y picante. Su fina estampa, resaltada por unos ojos vivaces y un perfil seductor, incitaba el deseo. Esta mezcla de arte, juventud y hechizo eran los ingredientes mágicos que hacían rutilar en la pantalla un nuevo símbolo erótico. Actuó en 36 películas al lado de figuras consagradas. Su comienzo triunfal en La vorágine fue seguido de otros desempeños brillantes.
El cine, arte derivado de las letras, es un amplio escenario donde la vida se mueve bajo los artificios de la ficción, calcando la realidad. Los actores se despojan de su propia naturaleza para retratar la comedia humana. Es lo mismo que sucede en el teatro, la novela y el cuento. Es, por tanto, un eco de la sociedad. En el caso de las actrices, ellas pasan, con asombroso poder de ubicuidad, a ser reinas o plebeyas, vírgenes o pecadoras.
Esta versatilidad permite que el público las idolatre o las odie, según cada papel.
Es un público movedizo y lleno de sentimientos contrarios, que oscila de acuerdo con las actuaciones cambiantes de sus heroínas. Al decir de Charles Chaplin, “la tragedia del cine estriba en su fugacidad inexorable”.
El amor verdadero
Un productor avivato, al saber que Alicia Caro buscaba para su trabajo un automóvil usado, le envió uno nuevo como regalo de Navidad. La joven lo rechazó, y fue su propia madre quien se encargó de devolver el obsequio con estas palabras tajantes: “Dígale a su patrono que se equivocó de puerta”.
Otra vez la invitaron a una fiesta privada, y a la hora del compromiso llegó un vehículo a recogerla. Pero no fue Alicia Caro quien lo abordó, sino Laura Victoria, que había decidido intervenir como mujer experimentada en estos lances. Al verla llegar, los asistentes quedaron estupefactos. Ella les explicó que venía en remplazo de su hija, por encontrarse indispuesta. Como su presencia en el alegre jolgorio no era nada grata, al poco rato se retiró. Moraleja: en el ambiente oscuro del cine aúllan los lobos.
Años después apareció el amor ideal: Jorge Martínez de Hoyos, de amplio prestigio en el cine, la televisión y el teatro. En 1965, año en que se casaron, era él la figura más acreditada de la cinematografía nacional. Esta unión restituyó a Alicia la ilusión perdida y le trajo años de completa felicidad.
Pocas parejas del cine han podido exhibir un matrimonio tan sólido. Caso insólito, pues el amor que los actores representan en la pantalla no es, por lo general, el mismo que viven en sus hogares. En este medio son comunes los deslices amorosos y los escándalos, que a veces parecen salidos de sus propios papeles.
Estos dos personajes de la vida real se encontraron en el camino del cine –que suele ser una ficción– y unieron sus vidas con los lazos del amor verdadero. Su caso contradice los amores equívocos de la farándula. Duraron 32 años unidos, hasta que la muerte los separó.
Heroína del amor
La última película donde actuó Martínez de Hoyos fue Edipo alcalde, guion de García Márquez filmado en el municipio colombiano de Salamina. La versión, basada en el Edipo rey de Sófocles, muestra la cruda violencia colombiana desatada desde hace varias décadas, y agrega a la obra griega la presencia de un cura de pueblo (personaje muy nuestro) representado por Martínez de Hoyos.
El cura muere sacrificado por la barbarie que azota al país. Cruel ironía: el actor mexicano fue el único muerto de la obra y el único muerto de la vida real. De vuelta en México, Alicia Caro me informó que a Jorge le habían descubierto un cáncer terminal. Y comenzó el calvario: visitas angustiosas a los médicos, desesperantes transfusiones de sangre, atroces tratamientos de quimioterapia.
“Las cosas estuvieron muy duras para Jorge y para mí –me dijo Alicia–. Mi sueño, antes tan tranquilo, se acabó. Hubo necesidad de hacerle cuatro transfusiones en los últimos meses, pues esos medicamentos son tan agresivos que barren con los glóbulos rojos, blancos y plaquetas. ¡Ay, Gustavo, cuánto dolor y cuánto sufrimiento tuvo que soportar Jorge, y yo con él, ¡pues su dolor fue el mío!
“No puedo comprender por qué y en qué momento nuestro destino se torció en forma tan grotesca. Su enfermedad nos envolvió, nos atrapó como un remolino del que ya no había salida, y a él lo mató. Muero un poco cada día –se dolía–, porque no puedo concebir mi vida sin la suya. Todo esto pasa como una lápida sobre mi corazón”. Sin embargo, Alicia Caro no fue una mujer derrotada. Pasó, eso sí, por una etapa crítica, que trató de superar.
Mientras escribo estas letras, repaso un legajo de su época dorada y veo a la actriz radiante y lozana y llena de ilusiones. Eran los días en que su estampa de princesa le hacía conquistar admiración y aplausos. Pasado el tiempo, era la mujer herida por el infortunio que no acertaba a explicarse por qué se había roto su felicidad en forma tan abrupta. La heroína del dolor, alentada por su fe religiosa, confiaba en que Dios le deparara caminos para seguir adelante.
Y ahora es ella quien se ha ido del mundo, a los 95 años, mientras muchos ignoran que fue una de las brillantes intérpretes de la Época de Oro del cine mexicano. Desde mi lejanía bogotana evoco los días en que me brindó toda su colaboración, con el aporte de datos y documentos, que me permitieron escribir la biografía publicada en el año 2003 sobre Laura Victoria. En su tumba deposito una flor de conmovido afecto.
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POEMAS – ABRIL
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“Cada verso es una forma de respirar el mundo
COLABORADORES MES DE ABRIL
Alberdi, Maren – España
Alberganti, Miriam – Argentina
Balsells, Magi – España
Blanco, Inés (Luna de abril) – Colombia
Carciofetti, Libia B. – Argentina
Copioli, Rosita – Italia
Díaz Castro, Enrique Fredy – México
Fabre, Sylvie G. – Francia
González Saavedra, Carlos – Argentina
Gormley, Elspeth – España
Guzzetti Mangione Gustavo Oscar -Argentina
Jaramillo Diego, Carlos – México
Kiperman, Andrea – Argentina
La Mónica, Antonella – Italia
Mangione, Margarita – Argentina
Morelos, Antonio – México
Muriel, Andrea – México
Quattri, Ricardo E. – Argentina
Terán, Adriana (Poetisa Cálida) – Argentina/México
=== ✦ === === ✦ ===
LA ESTUPIDEZ
Alberdi Maren — España
No envejece
No se cansa.
No aprende.
Tiene la piel dura
y la mirada simple,
pero un entusiasmo
que desarma.
Habla alto,
opina de todo,
se acomoda en los sillones,
se cuela en las noticias,
se disfraza de certeza.
La estupidez no es mala,
solo es terca.
Y lo peor
es que se multiplica
sin esfuerzo.
Contra ella
no hay espada,
ni ley,
ni ciencia.
Solo queda
la lucidez cansada
de quienes aún piensan,
de quienes aún sienten,
de quienes aún suspiran
frente al televisor
mientras la vida sigue
y el mundo insiste.
=== ✦ === === ✦ ===
CUANDO LLEGUE EL DESPUÉS
Alberganti Miriam — Argentina
Quiero estar bien viva, cuando la muerte visite mi huerto,
con el alma en movimiento, sin miedos, sin olvido.
Muchos respiran, pero no viven, es cierto,
caminan dormidos, con el piloto automático despierto.
Posponen lo que aman, se esconden del dolor,
llaman a eso vida, pero es solo un gran temor.
La muerte no avisa, llega sin decir,
no la vemos venir y no pregunta si cumpliste tu sueño,
,o si te quedó algo por decir..
El desafío no es evitarla, es vivir cada instante,
recibirla con paz, sin deudas, sin un «quizás después».
Estar vivo es decir lo que sientes, sin temor,
abrazar sin miedo, amar aunque duela, pero con valor.
Que me encuentre con los ojos brillando,
con el corazón en calma, sin nada que callar.
Lo peor no es morir, es llegar al final,
y darme cuenta que nunca viví,
que me quedé solo en el umbral.
No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy,
no te escondas del riesgo, no le temás al dolor.
La vida es un regalo, un instante fugaz,
vivila con intensidad, sin miedo, se que eres capaz.!.
Que cada paso sea un propósito, cada día un don,
que cada abrazo sea un recuerdo, cada risa un tesoro.
No te detengas a mirar atrás,
viví el presente, sin miedo a soñar.
Crea recuerdos que a alguien le han de quedar !
=== ✦ === === ✦ ===
INTENTARLO
Alberganti Miriam-Argentina
Soy la luz que ilumina el camino,
la voz que rompe el silencio,
con manos abiertas,
A lo que la vida depare
pero con el corazón
lleno de esperanza.
Llena de convicción,
de amor y de vida,
Con verdades incómodas
a veces,
pero siempre con la frente erguida.
Preguntas que inspiran reflexión,
eso es lo que hago,
no me dejo limitar por el miedo,
ni me quedo con solo alagos.
Celebro cada momento,
cada latido del corazón,
solo ante lo sublime me inclino,
con humildad y pasión.
No sé si tengo virtudes,
o si son pocas o muchas,
pero de una cosa estoy segura,
siempre lo vivo intentando.
El fracaso
no es mi destino,
soy la que se levanta,
la que sigue adelante
firme y constante
cómo un gran navegante.
=== ✦ === === ✦ ===
UN SOLITARIO CORAZON
Balsells Magi —España
En mi soledad por amar
Falto de un cariño y amor
Con fe, persigo sin cesar
Quien calme este dolor
A muchas personas ame
Ninguna a mi lo hizo
Pese que a veces implore
Siempre fallo el hechizo
Triste y arrastrando mi pena
Por ser amado quisiera
No lo consigo, es mi condena
Estar solo en esta tierra
Rogare para un día poder tener
Un amor en el alma compartido
Así finalizar este padecer
Y formar con amor un nido
Quiéreme, ámame, tu mujer
No importa raza ni religión
Poco tengo para ofrecer
Solo mi solitario corazón
=== ✦ === === ✦ ===
MI MA R
Balsells Magi — España
Que sensación tengo más placentera
Estos murmullos suavemente callados
Envuelve mi persona igual que una esfera
Descanso de los muchos días pasados
Contemplar la luna brillado en el mar
Con la música que acompaña a las olas
Con su vaivén eterno que sigue sin parar
Con su perfume igual como las amapolas
Recreándome en la belleza tan singular
Aquí el tiempo pasa sin principio ni final
Lo único que importa es poderlo disfrutar
Pues desaparecerá con la luces del matinal
Mediterráneo, bañas más de un continente
Nacimiento de muchas antiguas civilizaciones
Salida a un océano grande inmensamente
Dominarlo siempre han sido buenas razones
Sustento de humildes trabajadores del mar
Pleno de leyendas y de múltiples narraciones
Que en su arena de la playa da gusto escuchar
Mientras se mantienen en vilo los corazones
Volverá siempre cada noche sin faltar
Me siento enamorado de este lugar hermoso
Cuanta belleza te adorna mi querido mar
Por ello me otorga la paz y así tengo mi reposo
=== ✦ === === ✦ ===
DOS SÍLABAS
Blanco Inés (Luna de abril) — Colombia
En vano he navegado
sobre mi hoja vacía;
como si fuese una barca
sin rumbo en la tormenta.
Sobre ella se derrama
la luz que no la hiere;
la noche la torna oscura,
húmeda y blanca.
Cando en ella escribo,
a su lado saltan peces;
las olas que todo lo borran
nos convierten en naufragio.
Seremos dos sílabas
en busca de la orilla;
agujero en la playa, que oculte
para siempre la nostalgia.
=== ✦ === === ✦ ===
SOLO A TI
Blanco Inés (Luna de abril) — Colombia
A una hoja
confío los secretos.
A una lágrima
le entrego la ternura.
A mi piel le doy
el perfume del recuerdo.
A las manos
el color de la tinta.
A los sueños
les dejo mis nostalgias.
A mis alas
los vuelos no alcanzados.
A ti, solo a ti…
la risa y las palabras.
=== ✦ === === ✦ ===
MALVINAS
Carciofetti Libia B. — Argentina
Llorando
por una herida que aún sangra.
Pero reprime su dolor
porque no conoce la venganza.
¡Sufrimos tantas afrentas!
Que enmudeció nuestra garganta.
Estafaron a tantas madres
argumentando ¡Defender la Patria!
Hoy esa patria agoniza
y de sala común, la llevaron a terapia
Ya casi no tiene fuerzas,
está deprimida y cabizbaja.
Sigue habiendo sillas vacías;
Faltan hijos en la casa.
Se derrumbó la familia
Y el horror es una daga.
Fue la guerra de Malvinas,
Argumentos para cineastas.
Se lucró con el dolor
para que en la mente perdurara;
que a muchos de nuestros hijos
sobre sus tumbas se los llorara.
Y el verdadero cementerio
Es la memoria del alma.
Como corderitos al matadero
en fila se los llevaban.
Mientras los gobernantes de turno detrás de ellos se escudaban.
El himno a “Las Malvinas”
A voz en cuello se entonaba.
mientras los padres de los soldados por dentro agonizaban.
En las islas hoy el sol
Ilumina las cruces blancas.
Argentina memoriosa, no tiene paz, ni descansa
porque Dios que no se olvida, ¡HABLA!
con conflictos y desgracias.
La vida hoy tiene un precio
y somos animales de “caza”.
O nos sometemos por las buenas.
O somos “boleta” por las malas.
Los cortes de ruta, el “patoterismo”
El gobernar la vida humana
les da derecho a muchos
con solo proponer “una marcha”.
Y a los que no quieran plegarse
¡Lo lamentamos!
Cuestionamientos no faltan.
¿Quién tiene de esto la culpa?
¡Yo no lo se!
Pues si no lo sabe ¡Se calla!
Este es el precio por vivir
¡Dándole a Dios las espaldas!
Hagamos hoy una ronda
con ángeles de la guarda.
Que protejan a nuestros niños
de esta teoría malsana.
Que no se invoque el nombre de Dios
para negociar con las almas.
Necesitamos respirar aire puro que se filtre por las ventanas cerradas.
Ya que no podemos hacerlo libremente, por los parques y las plazas.
¿Quién tiene la culpa? ¡No lo se!
Pero esto suele suceder
cuando a Dios se le da las espaldas.
Los “héroes de Malvinas” ¿Qué hacen?
Tragan la saliva amarga
de un rencor que se hizo carne pues su voz no es escuchada.
=== ✦ === === ✦ ===
UN CÁNDIDO ABISMO
Copioli Rosita — Italia
En las más pequeñas plumas del más pequeño
pájaro, en lo sagrado del corazón y en su nido de
fuego, en el viaje intranquilo y allí donde
continúan floreciendo los Celestiales, allí donde el
deseo marchito evoca el pasado, fuera
de los ojos de la sombra, en el sol de la hora
diurna, más allá del paso de las estrellas,
más allá del azul de los dioses,
vive un soplo de
cándido abismo.
=== ✦ === === ✦ ===
LEJOS VIVEN
Copioli Rosit — Italia
Lejos de las huellas del destino, lejos
del giro oscuro de los años, en la gloria
de cantos a nosotros desconocidos un aliento
feliz, exigido por la voluptuosidad, os
genera sueños en una única sonrisa. ¿Cuál,
la parte que disteis al pueblo purpúreo
de los hombres, a su necesidad?
En la luz y en el aire perdidas
palabras, retazos de sueños, restos de
comidas, miserables y escasas, huesos
calcinados, rodar de dientes y vergüenza,
no últimos, la espuma en la cual
todo se resuelve, la lenta niebla
de la pérdida, el dolor de los años
de olvido.
=== ✦ === === ✦ ===
IMAGINEMOS
Díaz Castro Enrique Fredy — México
Imaginemos al mundo,
más y más deforestado;
con sus lagos disecados
como desiertos profundos…
Imaginemos ahora
a las potencias en guerra
por el tesoro que encierra
el agua; ama y señora…
Imaginemos que nada
nos importó la pandemia,
y que ahora la blasfemia
es más punzante que espada.
Golpes de pecho nos damos
cuando de Dios requerimos,
pero después omitimos
lo que tanto profesamos.
Dañamos al medio ambiente,
bosques y selvas quemando,
al agua contaminando,
como locos e inclementes.
Con la “modernización”
arrobando el pensamiento,
tapizamos con cemento
del suelo enorme extensión.
Del exterminio masivo
de especies por todos lados
ya nos hemos olvidado,
omitiendo los motivos.
Nos hemos vuelto insensibles
si es del prójimo el dolor;
del afecto su esplendor
se ha tornado imperceptible.
Urge que desde el hogar
muchas conductas mejoren,
fomentando los valores
para poder escalar
a ese lugar que aspiramos
con la espiritualidad,
por la misma dignidad
del alma, cuando rezamos.
A la juventud salvemos
de las garras del malvado;
el buen ejemplo es aliado
cuando firmes lo ejercemos.
Gran compromiso tenemos,
incansables día con día,
con voluntad y empatía;
también con fe… IMAGINO
=== ✦ === === ✦ ===
CAMINOS
Fabre G. Sylvie — Francia
A lo largo de los caminos de la noche avanza la cohorte
de aquellos que tienen países y como último recurso
los abandonan dejando atrás sus rostros.
Una fiebre por lo imposible muda las pesadumbres pero
la desgracia conserva su lecho, y su pena clama.
Nunca fue suficiente salir para llegar.
Un lugar donde vivir, la barbarie se fragmenta
en mil espejos incrustados en los rincones del cielo y
sus añicos siguen cortando las manos
tendidas en la espera de otra vía láctea.
Cada día los hombres desfilan sobre la borda colmados
de realidad, y el ángel anunciante de desastres.
se arrincona ansioso el fondo de las calas
mientras que los migrantes, involuntarios voluntarios,
conversan con la espuma y la variación de las fronteras.
El mar lleva hasta las costas la hemorragia moral
de la humanidad. Implacable resucitador del mal, el lucro
en su carrera hace desplomar las exiguas vallas.
y los depredadores siguen despedazando la carne
de los vencidos como en los viejos tiempos de las galeras.
=== ✦ === === ✦ ===
CANSADO DE ESPERARTE
González Saavedra Carlos — Argentina
Con mi alma atormentada
Me aleje en silencio
Para decirte adiós.
Tal vez, no puedas,
liberarte todos tus tormentos
inseguridad y escarmiento.
Has preferido el perfume
Y el maquillado.
Cuidando siempre…,
tus labios pintados
Sabiduría y esfuerzo.
Ay niña…,
Como te han pesado esos maltratos
No has podido ni alcanzado
Ni en tus prosas, ni cuentos
para transformar en amor
Tu sufrimiento
Ay niña
Sigo mi derrotero
Nuevos soles, nuevos cielos
con el empuje de la gente joven
con el ternura que trato a mis nietos
Por eso…,
Te digo adiós en silencio
=== ✦ === === ✦ ===
CUANDO LA PALABRA DESPIERTA
Gormley Elspeth — España
Cuando la poesía me llama en silencio,
cuando roza mi alma con dedos de luz,
cuando abre caminos que yo no comprendo
y enciende en mi pecho su íntima virtud
Entonces despierta la voz que me habita,
la que nunca miente, la que sabe ver,
la que, en cada herida, profunda o bendita,
me dicta un latido que quiere nacer.
La palabra llega sin prisa ni ruido,
como un suave eco que busca mi ser;
y aunque a veces duele lo que ha traído,
siempre me devuelve la fuerza de creer.
Escribir es puente, refugio y destino,
esa senda que sigo sin saber por qué;
más cuando la palabra despierta en mi camino,
sé que todo tiene sentido otra vez.
=== ✦ === === ✦ ===
PERDIDO
Guzzetti Mangione Gustavo Oscar -Argentina
(20/08/1969-21/09/2002)
M
Te echaste a correr
sin siquiera mirar atrás.
Perdiste tu rumbo en el camino,
como un barco al que guían las estrellas,
en la noche mas cerrada que existió.
Te viste lejos de todo lo querido,
hiciste de todo por regresar.
Pero la hora de partida estaba lejos
y el reloj no se animaba a volver atrás.
Estuviste preso en tu tiempo y en tu mundo.
Rogaste a los cielos el perdón de tus pecados.
Pudiste entender la verdad y la mentira,
y mágicamente el camino se abrió a tus pies
Ahora vuelas por los cielos de este mundo
y bajo tus alas sigue en pie la humanidad
buscando respuestas que lleven a un camino
el mismo camino que hoy…
Hoy te puso a andar.
=== ✦ === === ✦ ===
ALCOHOLISMO
Jaramillo Diego Carlos — México
No ser nadie en la vida,
ignorado en la sociedad,
sin un sentido común,
vagar y volver al reciclaje.
Sentir el alma vacía,
la conciencia sucia
sin tener una familia,
ni saborear un despertar.
Esos seres sin bases,
ni costumbre, ni moral,
sin un nombre y,
una personalidad.
Viven paralelo a la vida,
sin luz en su paraje, y
en un callejón sin salida,
terminan por no ser nadie.
Cuando sólo el suicidio queda,
y la muerte no te quiere aceptar,
nos acordamos de Dios,
y reflexionando en la vida
nos vuelve a la realidad.
¿Quién soy?, ¿Qué es lo que quiero,
y a donde voy en este peregrinar?
La divina providencia
me ha concedido el milagro,
de llegar casi salvaje,
y en estado de inconciencia
a ese grupo de amistad.
Este milagro del siglo
que la sociedad no entiende,
levanta muertos en vida,
y los convierte en gentes.
Hombres que han aceptado
ser víctimas de un estigma,
y de la mano de Dios
luchan con estoicismo,
por erradicar de su alma
esa gran enfermedad
que llamamos alcoholismo.
La sociedad se pregunta,
en donde nace el milagro
ya que la bestia de ayer
hoy hombre vuelve a nacer,
íntegro, tenaz, puro,
y esta lucha se logra
con la buena voluntad.
Te comentaré la magia:
se muere en el ayer
renaciendo esta mañana,
y ese trance del amor
que es el milagro del siglo,
sólo lo logra el señor
en los grupos de amistad.
=== ✦ === === ✦ ===
SOBERBIA
Jaramillo Diego Carlos — México
Actúas cual hiedra venenosa
mermando lentamente los cimientos,
succionando las virtudes y te gozas
viendo ennegrecer los pensamientos.
Llegas y te anidas como el hongo
eres de ruin belleza y dimensiones
te alimentas de los dones con asombro
provocando en ser otras pasiones.
Disfrutas engullendo los perfiles
del humano que sueña con grandezas,
transformando la humildad en otros roles
cambiando lo grande por vileza.
Hay quienes te veneran como amiga
más no a todos confundes con tu estilo,
te conozco, tu nombre es: soberbia
pues transformas al hombre con sigilo.
Te apareces y aprovechas el momento
de los ciegos que añoran vanidades,
eres alma del problema y descontento,
eres Diosa de cizaña y falsedades.
Te soportas en el aire, con la inercia
del daño del caudal de tu corriente,
eres pilar de la controversia
y tu alma, el veneno de serpiente.
Siembras sin ser trigo mil pasiones,
reinas sin tener una corona,
descoyuntas en el ser las emociones,
contradices el amor que Dios pregona.
=== ✦ === === ✦ ===
PENSÉ QUE NO VENDRÍAS
Kiperman Andrea — Argentina
Pensé que no vendrías
ya era muy tarde
y estaba pasando muy bien.
Me encontraba en una punta del salón
y de pronto un escalofrío me recorrió el cuerpo.
No sabía por qué?
miré hacia la puerta y del otro lado estabas tú.
Habías llegado,
frío, helado como el invierno nevado.
Desvié rápidamente la mirada,
es que no quería verte
me inquieté, no sabía si irme, o quedarme;
me escabullí entre la gente,
para no verte
para que no me vieras.
Fue inútil.
Viniste a mi, me miraste
me abrazaste tan fuerte que se me cortó la respiración.
Me mirabas, te miraba, nadie hacía nada.
Se me fue la paciencia y me acerqué,
así, sin más.
Te pedí un baile,
te negaste.
Pensé que había tenido suerte, de no bailar contigo.
Me agarraste la mano y acercaste todo tu cuerpo al mio
no se que sucedió,
apenas recuerdo.
Cuando me estaba yendo me agarraste fuerte la mano
y me dijiste que si, que esta canción seguro bailamos.
Entré en un sueño
te acercaste tan fuerte y tan rápido,
que perdí la noción del tiempo.
tu cuerpo pegado al mio
en el centro de la pista
sentía tu respiración
tu corazón latía fuerte
¿Me preguntaste que pensaba?
nada respondí.
simplemente no pensaba en nada.
=== ✦ === === ✦ ===
ESPERA QUE AÚN NO ES EL ALBA
Kiperman Andrea — Argentina
Espera, que no se ha hecho de día.
Espera, que todavía la noche
está en su máximo esplendor.
¿Y si no te vas aún?
Todavía la noche es joven,
no hay rastro del amanecer.
Oh, amor,
si pudiera permanecer aquí hasta el infinito…
Sé que no se puede; tú lo sabes también.
Qué caprichosa es la claridad de la mañana.
Espera, que no vinieron a levantarme este domingo.
Espera, que aún queda un tiempo para escapar.
¿Y entonces, cuándo te veré de nuevo?
Manda un mensajero; ven, escápate.
Cuán largos serán los segundos sin ti…
Me marcharé antes de la boda,
no te demores, que si no, será demasiado tarde.
Dejaré a un hombre en el altar, vestida de novia.
Amor, no te demores; te estaré esperando.
Cuidado al trepar, que no te vean los guardias.
Apúrate, que los días sin ti serán eternos.
Espera, que aún no se ha hecho de día…
=== ✦ === === ✦ ===
ALAS
La Mónica Antonella — Italia
Perfuma el silencio
el aire esta mañana.
Un halcón peregrino
le roba al sol
su luz.
Alas desplegadas
doran
espacios.
=== ✦ === === ✦ ===
EL ALBA
La Mónica Antonella — Italia
Manos
azules
de cielo
apartan
suspendidos
velos
de noches.
La luz
cosquillea
nubes
embriagadas
del alba
naciente.
=== ✦ === === ✦ ===
Mangione Margarita — Argentina
¿Sabes tu extraño mar al que amo tanto,
cual es la pena que mi alma invade?
¿Conoces el motivo de mi llanto,
en el silencio de la tibia tarde?
¿Sabes por qué te miro largas horas,
como si tu misterio me hechizara?
¿Acaso también tú mi pena lloras,
con lágrimas de espuma,
en la orilla apagadas?
¿Eres tan mío, como yo soy tuya,
o acaso eres del cielo, que no alcanzas?
Y el mar me contestó:
¡No te conozco!
Ni creo que tu sepas,
porque me hablas…
=
=== ✦ === === ✦ ===
NO SOY UN PECADOR
Morelos Antonio — México
Nací en cuna pecadora
y en el pecado he crecido,
culpa, que no es culpa de obra,
pero la usan de martirio,
que fue acuñada en la sombra
por cerebros mal nacidos.
Los pueblos originarios
nunca estaban en pecado,
si cometían un agravio
no eran por Dios castigados,
el pueblo que era tan sabio
resolvía el desaguisado.
El pecado no era nuestro
lo trajo aquí el invasor,
en nuestro pueblo el respeto
era la guía y el timón,
no había castigos inciertos,
ni tampoco por su Dios.
El pecado, no es pecado,
solo es un concepto más,
no es obra por Dios mandada,
ni hay pecado original,
la iglesia lo ha conjugado
para que sea culpa real.
El pecado lo han usado
como un castigo de Dios,
todo tan falso y malvado
porque Dios solo da amor
y al pueblo le han manejado,
es una ofensa hacia Dios.
No hay pecado original,
porque el amor no es pecdo,
culpan a Eva con Adán
de quebrantar lo mandado
y a una serpiente del mal
de llevarlos al pecado.
El pecado es la figura
que representa al castigo,
y la iglesia sin censura
usando el libre escrutinio,
castiga usando la hoguera
por pecados no existidos.
Yo no soy un pecador,
tampoco digo ser santo,
porque nunca esos dos
conceptos mal manejados,
existen bajo este sol,
la santidad y el pecado.
=== ✦ === === ✦ ===
CÓMO SABER SI UN CACTUS HA MUERTO
Muriel Andrea — México
Primero habría que fijarse en la rigidez de sus espinas,
luego en la consistencia de su cuerpo
que debe ser firme y robusto,
más tarde habría que pensar en el clima
o en cada cuánto se le puso agua.
Un cactus muere tres meses antes de que nos demos cuenta
y es imposible saber si las pequeñas señales:
los bordes amarillos, el encogimiento,
son indicios de la muerte o tan sólo parásitos.
Los expertos dicen que sólo existe un signo
inequívoco de la putrefacción:
hay que pinchar su carne
para ver si brota algo y confirmar
que el hedor ha comenzado a formarse
desde dentro.
Dicen que el amor es de todos los días
pero yo no sabía que los cactus pueden llegar a ahogarse.
Pensé que cuidarlo era ponerle más agua.
Siempre me ha costado entender cuánto es suficiente.
=== ✦ === === ✦ ===
Quattri Ricardo E. — Argentina
Barco,
a la deriva de vientos
y oleajes crispados.
Vendavales.
Sin ancla, sin timón.
A solas, y crujientes
estructuras al punto
de quiebre,
colapso de sueños
perdidos en profundos
abismos.
A oscuras, desnuda
el alma, sin tiempos.
Abatido en alientos
suicidas.
Sin rastros.
Sin legado.
Apenas colgado de la nada.
Muriendo. Desolado
=== ✦ === === ✦ ===
DETALLE
Quattri Ricardo E. — Argentina
Detalle.
Lluvia interior,
mares de vientos y espuma.
Locura que habita
los rincones del alma
que quedaron a oscuras.
Soledades de sal y arena.
Penas qué no ceden.
Tristeza amarrada
al musculo corazón
a tiempo de estallar.
Doloroso.
Abarco el soplo de la noche.
Me disuelvo. Vuelvo.
Me mece el duelo. No regreso.
=== ✦ === === ✦ ===
TU NOMBRE
Terán Adriana (Poetisa Cálida) — Argentina/México
Corroe el remordimiento.
Los quebrantos de llanto esparcidos
no por mi madre, no por mis hijos,
sino los que sollocé por ti.
Escalofríos, insomnios,
miedos, angustias, me asedian.
Infierno de la ira
y la impaciencia calcinan.
Consuelo y posibilidades perdidas,
para ser cobijada
por otra cosa que no fuera
toparme con un mal karma.
Mascaradas,
la desolación acrecientan.
Corteza mudada en escafandra
para evitar rasgarla,
vestida de hielo resistencia.
Vulnerabilidad disfrazada,
ilusiones rotas
que grises se esfumaron
como humo de cigarro.
¿Poner interrogaciones
en preguntas sin respuesta
atormentándome a diario?
¡Para qué!
Escribo esta condena
de mal querencia y acíbares
dejados por el mal entendido amor.
Recuerdo tu nombre,
resucito dolencias…
Me siguen habitando
aunque las niegue al mundo.
Acompañarán dentro de la tumba,
el nombre tuyo, tuyo y tuyo…
los oculto en mis poesías
para nombrarlos en la eternidad
CUENTOS Y RELATOS – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Cada historia es un latido que encuentra su lugar.”
COLABORAN…
Alberdi, Maren – España
Balsells, Magi – España
Carciofetti, Libia Beatriz – Argentina
Fontana, Luz – Italia/España
González Saavedra – Argentina
Gormley, Elspeth – España
Hoyos Forero, Jaime – Colombia
Morini, Andrea – Argentina
Pérez de Villarreal, Carlos – Argentina
Rotela, Walter H. – Uruguay
Yuste, Emiliano F. – España
════ ✦ ════
LA PANTALLA QUE RESPIRABA
Alberdi Maren — España
A Aurelia siempre le había parecido que las pantallas respiraban. No sabía explicarlo bien, pero cada vez que su nieta encendía el móvil, aquello se iluminaba como un pecho que toma aire. A Aurelia, que apenas había ido a la escuela y que aprendió a escribir su nombre a los cuarenta, aquello le parecía casi magia.
Vivía sola desde hacía años, en un piso pequeño donde el reloj de pared marcaba el ritmo de los días. La televisión era su compañía, pero últimamente también le hablaban de cosas que no entendía: códigos QR, aplicaciones, videollamadas, contraseñas que había que cambiar cada dos por tres. “El mundo va muy deprisa”, murmuraba mientras calentaba el café.
Un martes, su vecina del quinto —una chica colombiana con una risa que llenaba la escalera— le tocó la puerta.
—Doña Aurelia, ¿quiere que le enseñe a hacer videollamadas? Así habla con su hijo cuando quiera.
Aurelia dudó. Le daba vergüenza no saber. Le daba miedo tocar algo y romperlo. Pero la risa de la muchacha era tan luminosa que dijo que sí.
Se sentaron juntas en la mesa de la cocina. La chica le explicó despacio, sin prisa, como si estuviera enseñándole a tejer un punto nuevo. Aurelia miraba la pantalla como quien mira un animal desconocido: con respeto, con cautela, con un poco de cariño.
—Mire, aquí aprieta… y aquí aparece su hijo.
Y apareció. Su hijo, desde Alemania, con la barba más larga y los ojos más cansados. Aurelia sintió que el corazón se le subía a la garganta.
—Mamá… —dijo él, sorprendido—. ¿Tú… tú hiciste esto?
Ella no sabía qué contestar. Solo sonrió, tímida, orgullosa, como una niña que muestra su primer dibujo.
Después de colgar, Aurelia se quedó mirando el móvil apagado. Ya no le parecía un animal extraño. Ni una máquina que respiraba. Le parecía una puerta. Una puerta que, por primera vez, podía abrir sola.
Esa noche, mientras la luna se colaba por la ventana, Aurelia pensó que aprender no era cosa de jóvenes. Era cosa de valientes. Y que, aunque el mundo corriera demasiado, ella aún podía caminarlo a su ritmo, con pasos pequeños pero firmes.
Porque la tecnología no la hacía menos. La hacía más acompañada.
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VIEJO ROBLE
Balsells Magi — España
Por una suave brisa en este día caluroso, ha llegado hasta mí una bella estampa de estos humildes y simpáticos seres como son las mariposas
Soy un árbol ya con muchos años, lo que me ha permitido disfrutar durante décadas de la hermosura de estos frágiles y hermosos insectos
Hoy recuerdo con cariño mi brote de la madre tierra y solo al aparecer ya vinieron a saludarme, posándose en mis incipientes ramas que se doblegaban aun por su escaso peso
Siempre han anidado entre mis ramas, y las hojas han sido sus hermanas que las han alimentado y protegido de los enemigos naturales y de las inclemencias del tiempo
Algunas en mi resquebrajada corteza por los fenómenos de la naturaleza también se han anidado, dando una sensación de colorido muy especial
Cuando elevan el vuelo, es como si el arco iris se aposentara en todos los lugares, es una hermosa visión, que muchos poetas han querido pintar pero nunca han conseguido la belleza que ellas impregnan en el espacio
No puedo soñar como tu querida mariposa, ya que no es una de mis condiciones, tampoco puedo volar ya que alas no tengo, pero si puedo disfrutar de la alegría de tu presencia
Cuando ellas se elevan al cielo, se realiza una explosión de colores y vuelven es para darme a conocer bellezas que sus ojos ven
Cuando aparecen los primeros fríos, se van marchando, ha finalizado su vida, dejan a sus queridas hermanas las hojas que también mustias van perdiendo su color, ellas también abandonan las ramas como si quisieran acompañarlas en su último viaje
Pero para mi deleite, se que siempre volveré a disfrutar de su hermosa compañía en primavera
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PASEO SON SOBRINOS Y NIETOS
Carciofetti Libia — Argentina
Decidimos ese sábado —no hace ni un mes— con Ariel llevar a sus nietos, mis sobrinos, a Villa Carlos Paz. Nos tocó un día espectacular. Fuimos por el camino más apasionante, bordeando montañas y ríos.
Los sobrinos y nietos ni se enteraron por dónde iban: celulares, jueguitos y auriculares con una música que ni Ariel ni yo entendíamos.
A los pocos minutos de subir al auto comenzó el show del “¡Tengo hambre!”. No habían querido almorzar porque la comida preparada con tanto esmero por su abuela “no les había gustado”.
Así que, al apearse para la excursión aventura, quedó bien en claro: —¿No les gustó la comida? —Bueno, vayan sabiendo que hasta la hora de merendar no van a comer nada. Al que no le guste la idea… ¡se baja!
Mutis por el foro y partimos. Un paisaje de novela. Hicimos varias paradas para tomar fotos.
—Mirá, tía, ahí venden queso y salame… allá pan casero… y más allá… ¡más allá nadaaaa! —les dijo el abuelo.
—Son las tres de la tarde, no es hora de merendar —agregué—. Además vamos a subir a la aerosilla, y a la tía la van a embromar con que quieren vomitar, porque se tira de la aerosilla. A ella le da impresión.
—Ehhhh, ¡no es para tanto! —dice Catalina. —Sí lo es —le contesto—. Me impresiona.
Catalina iba conmigo y no había forma de sujetarla. —No me agarres a mí, porque yo sé patinar y nadie me agarra. —Pero patinar no tiene nada que ver con la altura, Cata. —También voy en avión sola yo… —Bueno, mija, que Dios la ampare… y a mí también.
Subimos y bajamos de la aerosilla, que le costó al abuelo 500$ los mayores y 300$ los menores. —¡Un robo! —¡No es para tanto! —otra vez la Cata. Pero bueno… las aventuras cuestan. Ver desde esa altura es como haberse convertido en pájaro y sobrevolar la Villa tan hermosa.
—¿A dónde quieren ir ahora? En coro: “¡A la Casa de Casper!”, el fantasmita que desafía la ley de la gravedad.
Ariel me dice: —Yo no voy a entrar. Voy a comprar la merienda y nos vamos al lado del río. —Ehhh, ¡queremos comer! —dice Santino. —A eso voy… a comprar la merienda. —¿No vamos a merendar al restaurante? —¿Qué restaurante? Vamos al lado del río. Aquí es una fortuna sentarse en un restaurante. —¿Todo es caro? —Para ustedes, sí. —Mi papi siempre me lleva a restaurantes y nos deja pedir lo que queremos… Le hago seña de que cierre la boca porque el abuelo ya estaba levantando presión.
La entrada a la Casa del Fantasmita: 300$ per cápita.
Esperamos que se formara el grupo. Cuando ya éramos unas quince personas, la chica que nos guiaba advirtió: —Sugiero que quien tenga claustrofobia no entre. Ustedes mismos tienen que encontrar la salida al laberinto. Los pasillos son resbaladizos y no se ve nada.
Ni me acordaba de que en mi viaje de bodas había entrado con mi amor, por eso no sentía la misma seguridad que mis sobrinos.
Avril, Santino y Catalina, entre todos los grandes, perdidos en el laberinto de puertas, encontraron la entrada a la casa tétrica de Casper. Yo estaba más perdida que turco en la neblina, pero me consolé enseguida porque un muchacho que estaba al lado mío, cuando le dije “pasá adelante así te sigo”, me respondió: —Noooo, yo te sigo a vos, no veo nada.
Mis sobrinos, encolumnados, nos guiaban. Una señora resbaló y cayó, otra estaba mareada, y yo no veía la hora de que terminara esta odisea. Pero quedé fascinada con la historia (búsquenla en Google, vale la pena). Nunca imaginé cómo se puede desafiar la ley de la gravedad.
En un tramo antes de la salida me pegué una patinada que casi llego a Córdoba de regreso. Cuando me vio Santino, en vez de darme la mano, me dijo delante de todos: —¡Sos una maricona, tía! ¿Cómo te vas a resbalar así? No te traemos más.
Así que ellos me llevaban a mí… y yo sin saberlo. Me causó tanta gracia que casi podría decir que con altura casi me voy en aguas.
AL FIN se hizo la luz y pudimos salir airosos, aunque mi compañero boquense y yo quedamos “contracturados”.
Afuera nos esperaba el abuelo con una suculenta bandeja de sándwiches de miga, una bolsa de facturas rellenas espectaculares y aguas saborizadas. Abarajaron todo como si fuera la última vez que iban a comer.
—¡Qué río ni río! —dijo Santi—. ¡Yo no doy más de hambre! Así que ahí nomás, en plena calle, dentro de la camioneta, comimos todo.
Luego esperamos al Cucú a las 19 hs y regresamos chochos de la vida, por haber disfrutado de un paseo que ni ellos ni nosotros olvidaremos.
—Sí, pero nos faltó ir a la pileta debajo de la aerosilla —dice Santi. —Como te hubiera dicho el tío Miguel: “Mañana a la tarde… pero por la noche”.
Y al baño todos, porque yo no paro más, ¿eh? Como una tromba bajaron antes de salir a la ruta, en la estación de servicio.
—¿No vamos a tomar un helado? (Por lo bajo me dice Ariel: “Son una máquina de pedir… insaciables”). —¿En la ruta no hay heladerías, abuelo? —Ayyyy, Santi, ¿cómo va a haber en la ruta? —¿Y si nos volvemos? —Bueno, el año que viene volvemos, ¿querés?
Así que les recomiendo el paseo con sobrinos y nietos, munidos de bolsillos con plata y toda la paciencia del mundo. Porque los chicos son como las criaturas, diría mi hermana: lo mejor de nuestra vida… pero no se cansan de pedir.
—Las pulseras de colores se las debo, chicos, porque no se puede estacionar en el centro. —Ehhhh, tíaaaa, daleeee.
—¿Cómo me porté? —pregunta Catalina. —¡Pésimo! —le digo. —Ehhhh, ¡no es para tanto! Y al ratito se durmió. Los tres, unos santos. LOS AMOOOO. Y con el abuelo disfrutamos del paseo y la estadía.
════ ✦ ════
EL RUMOR DE LAS TÚNICAS
Fontana Luz — Italia/España
La Semana Santa siempre llegaba a su calle como un murmullo antiguo. No era cuestión de fe —al menos no para ella— sino de memoria. De una memoria que no había vivido, pero que la rozaba cada año como un pañuelo húmedo.
Esa tarde, Luz salió al balcón cuando escuchó el primer redoble. El aire olía a cera tibia y a azahar, una mezcla que solo existía en esos días, como si el tiempo se plegara sobre sí mismo. Desde arriba, veía a la gente reunirse en silencio, cada uno con su historia, su duelo, su esperanza.
Lo que más le impresionaba no eran los pasos, ni las imágenes, ni siquiera la solemnidad. Era el ritmo de las túnicas. Ese vaivén lento, casi hipnótico, que parecía mover el mundo un milímetro hacia dentro. Como si cada penitente cargara no un símbolo, sino una vida entera.
Luz observaba y pensaba que la Semana Santa tenía algo de espejo. No mostraba lo que uno era, sino lo que uno evitaba mirar. El cansancio, la fragilidad, la necesidad de sostenerse en algo —aunque fuera en un tambor que marcaba el compás de los pasos.
Un niño pequeño, sentado en los hombros de su padre, señalaba las velas con los ojos muy abiertos. Luz sonrió. Para él, aquello era un desfile misterioso. Para los mayores, quizá un consuelo. Para ella, un recordatorio de que incluso en la oscuridad hay un orden secreto, una luz que no se apaga del todo.
Cuando la procesión dobló la esquina y el sonido se fue apagando, Luz se quedó un momento más en el balcón. El aire seguía oliendo a cera. Y en ese olor encontró algo parecido a la calma.
No era creyente. No necesitaba serlo. Bastaba con sentir que, por un instante, todo el pueblo respiraba al mismo ritmo.
Y eso, pensó, también era una forma de milagro.
════ ✦ ════
DE POSTRE, DURAZNOS
González Saavedra Carlos — Argentina
Corría el año 1960 y a papa lo ascendieron.Significaba una sustancial mejora económica.
Casi de pincha papeles a la teneduría de libros; su jefe contador, había sido promovido, a la gerencia
El frigorífico “LA NEGRA” estaba en Avellaneda y era unos de los primeros y más modernos de la época.No era fácil progresar en esas empresas, ya que sus dueños, ingleses, eran sumamente exigentes con sus empleados.
Debía estar todo en absoluto orden, para enviar los reportes a Inglaterra.
Papa para eso era un genio, aparte mis tíos trabajaban en el correo en despacho al exterior, de manera que las cartas salían y llegaban con una rapidez inusual, lo cual había merecido, tanto el jefe como papa felicitaciones varias.
Mamá estaba contenta, mi hermana y yo sabíamos que algo bueno y nuevo estaba pasando.
En un almuerzo familiar, mis padres anuncian que han invitado al promovido gerente, a almorzar en casa, a modo de festejo por los ascensos.
Debíamos portarnos bien en la mesa.
No apoyar los codos, esperar que mama sirva, cruzar las manos y mantenerse a una cuarta de la mesa, cosa que papa se ocupaba una semana antes del evento, de medir con su mano si estábamos bien.
Por supuesto la casa debía estar impecable para ese domingo y debíamos colaborar.
Enceramos los pisos, lavamos el patio esa mañana.Estaba todo reluciente.
Mi hermana con un vestidito muy lindo y yo con pantalón corto y camisa al tono.
Impecables los cuatro.
El contador Enrique Talent había dicho que tomaba el tren en Constitución de las 11.10hs y estaría llegando a las 11.50hs.a Rafael Calzada. Papa lo iría a buscar a la estación.
La mesa con mantel y flores, daban un toque muy calido, a la visita.
Cuando faltaban unos minutos para ir a buscar al contador, un grito de desesperanza de mama anuncia….
Carlos me olvide el postre!!!Porque no compras en el anden de la estación, una lata de duraznos al natural, en esa frutería que abrieron nueva, de paredes de chapa amarillas.
Papa sin mucho que solucionar, asintió con la cabeza y allá fue.Domingo al mediodía no había muchas alternativas, estaba todo cerrado, tampoco había tiempo para salir a buscar nada.
Llego 11.50hs. Justo cuando bajaban todos, entre ellos Talent, que entre sus manos traía unos ramos de flores para mama y una lata de duraznos en almíbar comprados en Constitución.
Ante el recibimiento, papa no dijo palabras, se sintió agraciado por los presentes ya que de algún bolsillo termino sacando caramelos para mi hermana y para mí.
Enrique Talent era una persona muy humana, de mirada y apariencia triste.Iluminaba su expresión con una sonrisa y encendidos ojos celestes., algo mayor, soltero y con ganas de mucho afecto, papa lo estimaba mucho.
Todo se desarrollo en absoluta normalidad, almorzamos muy rico.A los postres, mama había preparado en una fuente de
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LA CASA DE LOS ACENTOS
Gormley Elspeth — España
La primera vez que Elena escuchó a su vecina rusa cantar mientras tendía la ropa, pensó que aquello no era una canción, sino un rezo antiguo. No entendía una sola palabra, pero la melodía le abrió una grieta dulce en el pecho, como si alguien hubiese empujado una ventana que llevaba años atascada.
En su edificio convivían acentos como quien convive con plantas: cada uno con su forma de crecer, de ocupar el aire, de pedir luz. Los niños marroquíes jugaban en el portal mezclando árabe y español sin darse cuenta, como si ambos idiomas fueran dos colores que siempre habían pertenecido a la misma paleta. La señora alemana del tercero bajaba cada mañana con su pan de centeno envuelto en un paño bordado, y al cruzarse con Elena le regalaba un “Guten Morgen” que sonaba a madera limpia.
A Elena le gustaba pensar que el edificio era una especie de orquesta desordenada. A veces desafinada, sí, pero siempre viva. Había aprendido que convivir con otras culturas no era un acto de tolerancia, sino de descubrimiento: descubrir que el té puede ser un ritual, que el silencio también es una forma de cariño, que una receta compartida puede curar un mal día.
Una tarde, mientras preparaba café, escuchó golpes en la puerta. Era Ahmed, el chico del cuarto, con una bandeja de dulces recién hechos. “Ramadán”, dijo sonriendo. Elena no sabía qué responder, así que simplemente abrió la puerta de par en par. Él entró, dejó los dulces en la mesa y, sin pedir permiso, empezó a contarle cómo su abuela los hacía en Casablanca.
Y entonces Elena lo entendió: convivir con otras culturas no te cambia de golpe, te cambia por dentro, como una luz que se enciende sin hacer ruido. Te ensancha. Te vuelve más humana.
Aquella noche, mientras probaba los dulces, pensó que su edificio era, en realidad, una casa de acentos. Y que cada acento, cada gesto, cada historia, era una forma distinta de decir “aquí estoy”, “aquí vivimos”, “aquí nos hacemos compañía”.
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SOBRE DON QUIJOTE
Hoyos Forero Jaime — Colombia
Él me ha dicho:
-Las mujeres, Jaime amigo, son ángeles, y por eso hay que amarlas y ese amor es ante todo un ejercicio del alma.-
Como veis, las palabras anteriores no están en el Quijote. Me las ha dicho él, al oído, porque don Quijote -para quienes lo amamos- vive en este y en todos los siglos y nos acompaña siempre -igual que el ángel de la guarda- y nos habla en el bus, en el coche, en la calle, en el silencio de la noche o en el tumulto de la urbe. No os extrañéis, pues, cuando me veáis a solas moviendo los labios…Es que estoy, seguramente, dialogando con don Quijote; y si veis que levanto la vista es, simplemente, porque mi invisible amigo va cabalgando a Rocinante.
Os invito, queridos amigos, y esto no lo hago por mí, sino cumpliendo una orden secreta de don Quijote, que a partir de hoy os contagiéis de su locura: Veréis cómo os sentiréis, y espero que para siempre, acompañados de mi señor don Quijote y seréis felices enmendando entuertos y exigiendo justicia sin que os importe tropezar y caer entre las aspas de los molinos. Entonces sentiréis que don Quijote acudirá en vuestro auxilio y sabréis que él no ha muerto, que no es un libro solamente, una novela, sino un hombre vivo, un padre, un loco y un amigo.
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EL ESCRIBIENTE
Morini Andrea — Argentina
Germán lleva días sepultado en su desván. Ese cubículo asfixiante, saturado de lomos de cuero y papel, ha dejado de ser su refugio para convertirse en su celda. Le agrada —o quizá ya solo soporta— el olor rancio de los volúmenes que trepan por las paredes, del suelo al techo, como una hiedra de celulosa que amenaza con devorar el único ventanuco que da a la calle. Desde niño imaginaba que de esas páginas brotaban historias; ahora, sospecha que son esas mismas historias las que lo están entretejiendo a él.
Sabe que el tiempo se le escapa entre los dedos, como arena que huye desesperada de vuelta al mar. El fin avanza, lento e inexorable; no es momento de flaquear. Se ha propuesto parir la historia más maravillosa jamás contada. Ha conjurado a las musas en su beneficio y, al parecer, estas le han concedido el don, aunque el precio sea su propia carne.
Los pensamientos brotan con una violencia febril, llenando folios y folios. Esta vez, la s ideas no son volátiles; son garras que arrastran sus dedos hacia el papel. Su figura, envarada y macilenta, emerge entre el cúmulo de folios apilados como el cadáver de un náufrago en un mar de tinta.
No come. No bebe. Su hambre es de letras, una bulimia creativa que ha devorado cualquier otro instinto. Ha prometido terminar y el pacto es sagrado. El mensajero debe entregar la revelación; ese fue el trato con Calíope, una deidad que ahora se le antoja hambrienta, esperando el pregón del numen con una ansiedad que roza lo perverso.
Siente que avanza por una ciénaga espesa que se enrosca en sus vísceras y atrapa sus extremidades. El aire en el desván es denso, casi sólido. Crear es su pasión, pero ahora el llamado exige su ser entero, átomo por átomo. El final se aproxima; lo presiente en el crujir de sus propios huesos, en la arritmia de un corazón que ya no le pertenece.
Un vértigo agónico lo embarga al desgranar los últimos párrafos. Mientras los misterios se develan en el papel, su mente parece astillarse. Finalmente, cuando las últimas letras caen con el susurro siniestro de hojas secas, sabe que la tarea ha terminado. La musa estará satisfecha; el escribiente ha cumplido.
Entonces, en el preciso instante de estampar el punto final, Germán siente que el papel comienza a succionarlo. No hay alivio, solo una disolución aterradora. Su cuerpo se desvanece, diluyéndose en el objeto de su deseo, arrastrado por un goce oscuro hacia el abismo de lo ignoto.
Ya no queda hombre, solo tinta.
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EL RELOJ DE ARENA
Pérez de Villarreal Carlos — Argentina
Las uñas pintadas de rojo fuego eran perfectas. Modelaban los dedos finos, delicados, de las manos de la mujer.
En la mesa reposaban solo tres objetos: una Beretta 9 mm, un celular y un reloj de arena.
La mano de mujer tomaba el reloj exactamente cada dos minutos y lo daba vuelta.
Lo había contado ya tres veces: 1001, 1002, 1003… El seco golpe sobre la mesa me turbaba.
Sentado en una silla rústica, con mis manos atadas en la espalda, sentía mi cuerpo retorcerse de dolor. El energúmeno golpeaba tres veces: arriba, al medio y abajo.
Cabeza, pecho y estómago.
No con mucha fuerza, para no lastimarme demasiado. Lo importante era que hablara.
Dos minutos de descanso… dos minutos de paliza, tranquila, concienzuda; pero que penetraba hasta el alma.
No podía durar mucho más, si no, ya no tendría fuerzas.
Observé el viejo garaje Un olor rancio a pintura y aceite viejo impregnaba el ambiente.
Dos o tres coches arrumbados dejaban ver el desuso del lugar.
La cortina metálica estaba totalmente baja. Un Peugeot nuevo, azul, reluciente, estaba apuntando hacia la puerta. Estaba allí desde que la camioneta nos trajo.
La mujer me miró inquisitivamente. Se adelantó sobre la mesa. Intenté sonreír con los labios agrietados. La sangre me inundó la boca. Escupí hacia adelante y bajé la cabeza.
El energúmeno se aflojó, se corrió hacia atrás un paso.
¡Fue mi momento!
Con el taco derecho del borceguí golpeé la pata de la silla. La hoja de 5 centímetros salió por la punta de la gruesa suela y con un “click” metálico quedó encajada. La hundí con fuerza en los testículos del grandote. Oí perfectamente el ruido suave del acero sobre la carne y empujé con todas las fuerzas, bien arriba.
No miré la cara de sorpresa del musculoso.
Con todas mis fuerzas me levanté y me tiré por encima de la mesa sobre la mujer.
Mi cuerpo voló atado a la silla y caímos enredados contra el suelo. El golpe me aturdió, crujió la madera que saltó en pedazos y crujió mi cuerpo también.
La mujer llevó la peor parte. Yacía tirada con la cabeza en una extraña posición.
Las uñas pintadas de rojo fuego seguían siendo perfectas.
Los ojos desorbitados. Inmóvil
Me destrabé, levanté un brazo, después el otro. Me liberé y busqué la 9. La encontré en el suelo casi al lado de la mujer muerta.
Estaba sin seguro, la cerrrojé con suavidad; tenía un proyectil en la recámara. Acercándome al hombre, vi que temblaba en el suelo con las manos en los genitales, llenas de sangre. Le apunté a la cabeza y disparé. Dejó de temblar.
Me arrimé a una vieja pileta, donde pude lavarme un poco. El cuerpo dolía… pero estaba vivo.
Sabía que volverían a buscarme, pero esperaba estar bastante lejos para entonces.
Había engañado, sí. Un gran vuelto había ido a parar a mis manos.
Hoy, en una cuenta bien segura en un banco offshore. Pero en mi negocio las cosas se daban así.
Vives en el filo de una navaja, traicionando y traicionado. Lo tomas o lo dejas. Y si lo tomas, te arriesgas.
Y si te arriesgas, te puede costar hasta la vida. Y sin vida, no hay negocio.
Me preocupaba que me hubieran atrapado. Era un descuido que no debería volver a pasar.
Dejé de ser amenazador. Al convertirme en un ser civilizado, había cometido el peor de los errores.
Levanté la persiana.
Fui hasta el Peugeot y, cuando estaba por subir, un brillo en el suelo me llamó la atención.
El reloj de arena, totalmente intacto en su cuadrante metálico, me miraba de costado.
En su interior, las partículas ocupaban los dos lados. Buena señal, pensé.
Lo tomé, lo puse en el asiento del acompañante, subí al auto y arranqué.
Fue lo último que hice en mi vida.
Una gran explosión, como un hongo gigantesco, demolió todo el lugar.
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VICTORIA
Rotela Walter H. — Uruguay
Victoria mira el puerto desde la ventana de su cocina. El sol sube rápido por el éste cada mañana. Y ella disfruta ese instante. Después de ver la salida del sol toma el mate de la mañana. Se apronta y sale a buscar algún libro en las tiendas de libros usados. Canjea los que ya leyó, aunque suele guardar algunos, cual reliquia. Es su pasatiempo
predilecto.
Un mañana de mayo, después de la salida del sol, se quedó con la mirada perdida. En la radio sintonizada en AM pasaban una noticia del día anterior. Una niña había muerto a manos del adulto a cuyo cargo estaba. Inmediatamente recordó, a sus setenta años, situaciones vividas en su niñez. Palizas, corridas. Recuerdos que consideraba enterrados en lo profundo de la rojiza tierra.
Victoria vive sola. Nunca quiso casarse o tener hijos. Se había jurado eso ̶ y lo cumplió ̶ de no traer niños al mundo. Era la séptima hija de un total de catorce hermanos. Su niñez la había pasado como criada en una y otra casa, como la mayoría de sus hermanas. Desde muy chica tuvo un carácter fuerte. Era muy rebelde y no se quedaba callada ante nadie. Para bien o para mal.
La mañana en cuestión, tras la rutina de ver salir el sol se dio un baño y salió como de costumbre, pero no visitó ninguna tienda de libros, no recorrió el micro-centro, no subió a ningún colectivo, sólo caminó. Y sus pasos la llevaron a la entrada de un templo, una pequeña capilla a donde concurría a oír misa, los primeros años tras su llegada a la ciudad capital. Pero hacía muchos años que no pisaba el interior del lugar.
Esa mañana encontró abierto el templo e ingresó. Se persignó y vio que un sacerdote estaba cerca del confesionario. Se acercó y le dijo: «Necesito contarle».
̶ Bien, bien… Lo que quieras decir. Pero sentémonos en un banco.
̶ Sí, sí. Estoy cansada. Gracias.
Lo que Victoria tenía para decir le llevó una hora, que le pareció corta al sacerdote. Ella parecía muy cansada al principio, sin embargo, el hombre de canas intuyó que ella necesitaba decir más, pero quizás en otra ocasión. Era mucho para un
solo día.
La mañana estaba hermosa, el sol se colaba por entre las hojas, el bullicio de la ciudad iba creciendo; pero dentro de la capilla reinaba la calma. Sólo un murmullo era audible, donde ellos se encontraban. A un costado, hacia el frente, una mujeres rezaban el rosario, tenían un ritmo, un punto de inicio y otro de cierre, siempre el mismo, casi
como el lub dub del corazón.
El sacerdote la miró y casi susurrando le mencionó que la recordaba, pero que hacía años no venía, como solía hacerlo los domingos.
̶ Sí, dejé de venir… dejé de venir pero sigo creyendo… Sabe el sol…. El sol me da esperanzas ̶ se animó a comentar.
̶ Cada día es un regalo del señor… Y tú eres una mujer fuerte, luchadora ̶ Expresó él mirando hacia ella y hacia una entrada de luz que provenía de lo alto de una pared.
̶ Creo padre, que al contarle esto que tenía aquí guardado… Al contarle me saqué… Me saqué un gran peso.
̶ Haz cargado demasiados años con este lastre y ya es hora… Es hora de dejarlo atrás. Tu nombre hace honor a esto que es tu vida: una victoria. Vive, vive y sé feliz. El sufrimiento no te doblegó, pero cargaste por demás con ese equipaje.
No dejes de visitar nuestra capilla, otras personas podrían aprender mucho de tus caminos en esta tierra color sangre.
̶ Lo haré. Seguramente mis pasos volverán a traerme, como lo hicieron hoy, después de tantos años.
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LA RUEDA DE LA INFORTUNA
Yuste Felipe. E. — España
El gallo no cantaba para despertarle. Cantaba porque Antonio ya llevaba una hora despierto, con las manos abiertas en grietas blancas de frío, sacando a las mulas del corral como quien arranca el día a tirones.
En el pueblo le llamaron Antoñín hasta los diez. Después, ni diminutivos ni infancia. El tiempo allí no se estiraba: se gastaba.
A los seis ya seguía a su abuelo por los cerros, aprendiendo a leer el cielo como otros leen cuentos. A los ocho iba solo, con las manos rajadas por la escarcha de enero y las ampollas de julio reventadas antes de curarse.
La casa era de adobe y de hambre antigua. Se comía lo que respiraba: huevos si había suerte, leche si la cabra no estaba seca, matanza si el año no era tacaño.
La fiebre se curaba trabajando. La escuela era un lujo reservado a los días de lluvia fuerte, y esos días casi nunca llegaban.
Su único juguete fue un palo. Su única amiga, una mula gris llamada Ceniza. La cepillaba cada tarde, no por cariño, sino por supervivencia: si Ceniza caía, la tierra se quedaba muda. Y si la tierra no hablaba, no había pan.
Así aprendió Antonio: antes a leer nubes que a leer libros. Las nubes nunca mentían.
Capítulo 2 — Fuego y levadura
A los trece, su padre habló con el tahonero.
—El chico es fuerte y no se queja.
No hizo falta más.
Cambió el establo por el horno. El frío por las brasas. Las estrellas por el humo.
Entraba a las tres de la mañana, cuando el pueblo aún soñaba, y salía cuando ya olía a guiso en las cocinas.
El calor le secaba el sudor antes de que pudiera caerle. Los nudillos sangraban de tanto heñir, pero él seguía.
Aprendió a medir la levadura a ojo, a sacar hornazos que olían a fiesta aunque su vida no tuviera ninguna.
Guardaba las monedas en una lata de membrillo bajo el jergón. No para comprarse nada. Para soñar con una tahona propia donde las deudas fueran de otros, no suyas.
Capítulo 3 — Madrid y espejismos
Cuando terminó la mili, Madrid le prometió trabajo. Y cumplió. Pero también cobró. Y cobró caro.
Fue peón, repartidor, socio engañado, churrero cansado.
Montó un obrador que duró lo que dura un suspiro mal contado. El socio se llevó la furgoneta, los clientes y la mitad de su fe.
Luego vino la churrería. Y después, el cuerpo roto.
La palabra diálisis le cayó encima como un ladrillo mojado.
El trasplante llegó de un chaval de 22 años. Antonio nunca quiso saber su nombre. Le bastaba con sentir la cicatriz tirándole como un alambre cada vez que tosía.
Mientras él aprendía a mear otra vez, Luis y Marisol —sus empleados, su confianza— vaciaban el bar de madrugada. Se llevaron hasta los taburetes.
Cuando salió del hospital, solo quedaban las marcas claras en las paredes donde antes colgaban los cuadros.
La policía tomó nota. Nada más.
El banco tomó el crédito.
La Seguridad Social tomó las cuotas.
Y un año después, Luis y Marisol lo denunciaron.
El juez les creyó a ellos. A él, no.
Pagó sus sueldos, sus intereses, su silencio. Pagó con el piso en el divorcio. Pagó con la dignidad de quien ya no tiene fuerzas ni para enfadarse.
A los cincuenta, Antonio ya no tenía ni teléfono a su nombre.
Las oportunidades eran nubes de abril: ruido, promesa, y luego granizo.
Capítulo 4 — La vuelta sin gloria
Volvió al pueblo con 58 años, una maleta coja y una cicatriz que dolía cuando cambiaba el tiempo.
El pueblo ya no era su pueblo.
La tahona era un bazar.
Su casa, un esqueleto con el tejado hundido.
Los viejos lo miraban como se mira a un perro que vuelve derrotado.
Trabajó lo que pudo: aceituna, obra, pintura del cementerio. Todo en negro. Todo por días.
El cuerpo pedía tregua. La nevera no.
Por las tardes se sentaba en el poyo de su casa caída. Veía pasar tractores donde antes pasaban mulas. Ceniza llevaba cuarenta años muerta. Él se sentía igual.
Pensó que la jubilación sería un descanso. Un respiro. Un cigarro sin culpa.
Se equivocó.
Capítulo 5 — El juzgado no olvida
La carta llegó un martes de febrero.
Un Dacia Logan.
Un crédito viejo.
Una deuda que nunca murió.
La pensión: 840 euros.
El embargo: total.
La ley decía que le correspondían 700 para no morirse.
El banco decía otra cosa.
Pidió fiado en el súper: pan de molde barato y una pastilla de caldo.
El tendero apuntó en la libreta con esa mezcla de pena y vergüenza que duele más que el hambre.
En el poyo, desmigó el pan. Las gallinas del vecino vinieron corriendo.
Eran siete.
Como los que eran en su casa cuando él era niño.
Les tiró las migas. Ellas picoteaban deprisa, como si también tuvieran prisa por sobrevivir.
Antonio escupió al suelo. No por rabia. Por cansancio.
Setecientos euros para no morirse.
Él, ni eso.
Y allí, en ese poyo, entendió que la rueda de la infortuna no gira: aplasta.
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¿ POR QUÉ ESCRIBO? – RELATOS
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
COLABORAN
Alberdi Maren – España
Gormley Elspeth – España
Kiperman Andrea – Argentina
Pérez de Villarreal Carlos – Argentina
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ESCRIBIR…
Alberdi Maren — España
Hay días en los que algo dentro de mí empuja, arde, insiste. Una corriente interna que no sé detener y que me pide salida.
No es inspiración ni disciplina: es urgencia.
Una urgencia que me atraviesa y me obliga a abrir un cuaderno como quien abre una ventana en mitad de un incendio.
Cuando algo duele, la tinta lo reconoce antes que yo. Cuando algo ilumina, la página lo celebra sin pedir explicaciones.
La palabra se convierte en refugio, en brújula, en respiración.
No sé vivir sin nombrar lo que me pasa.
Hay emociones que solo entiendo cuando las dejo caer sobre el papel. Hay silencios que solo se abren cuando los escribo. Hay verdades que solo se revelan cuando las miro desde la distancia de una frase.
Cada palabra es un regreso: a lo que fui, a lo que soy, a lo que todavía no sé que seré.
Las historias me buscan. Las voces me rozan. Las memorias insisten. Si no las escribo, me persiguen; si las escribo, me acompañan.
La vida, sin metáforas, sería demasiado literal. Yo necesito belleza para sobrevivir, incluso cuando duele.
Necesito verdad, incluso cuando tiembla.
Algo en mí se ordena cuando escribo. Algo en mí se salva cuando termino. Y mientras haya una palabra ardiendo en mi boca, sabré que sigo viva.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Gormley Elspeth — España
Hay quienes escriben por oficio, por costumbre o por disciplina. Yo no. Yo escribo porque lo necesito. Porque hay días en los que la vida pesa más de lo que admito, y entonces la palabra se convierte en el único territorio donde puedo respirar sin pedir permiso.
Escribo porque, cuando algo me atraviesa, no encuentro otra forma de comprenderlo que no sea entregarlo al papel. La tinta ordena lo que el corazón desordena. Me calma. Me explica. Me sostiene. A veces, incluso, me rescata de mí misma.
Escribo porque hay silencios que no sé pronunciar, pero que sí sé escribir. Porque lo que callo busca salida, y la encuentra en un verso, en una frase, en un párrafo que llega sin anunciarse, como si emergiera de un lugar más hondo que mi propia voz.
Escribo porque la memoria es frágil y la emoción fugaz. Y al escribir, lo que siento permanece un instante más, lo suficiente para mirarlo de frente y comprenderlo desde otra luz.
Escribo porque hay personas que ya no están, pero regresan cuando las nombro. Porque hay heridas que se suavizan cuando las cuento. Porque hay alegrías que se multiplican cuando las comparto.
Escribo porque, cuando no lo hago, algo en mí se apaga. Como si la vida perdiera un matiz, un color, un latido.
Escribo porque es mi manera de estar en el mundo. De acompañar y acompañarme. De mirar hacia dentro sin miedo. De transformar lo que me ocurre en algo que pueda ofrecer.
Escribo porque, al final, la palabra es mi casa. Y cada vez que regreso a ella, me reconozco.
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¿ POR QUÉ ESCRIBO?
Kiperman Andrea — Argentina
Antes que nada, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. Hoy me invade una profunda gratitud al escribir estas líneas y, siguiendo el tema del mes, esa sensación se agranda aún más. ¿Por qué escribo? Es una pregunta que me he hecho innumerables veces, y cada una de ellas tuvo una respuesta distinta.
Escribir nació en uno de los momentos más desafiantes de mi vida, impulsada por grandes escritores y padrinos literarios a quienes estaré siempre agradecida. Entre letra y letra, entre poema y poema, descubrí que todo el terremoto que llevaba dentro podía expresarse y convertirse en un puente hacia un “otro”.
Ese otro sois vosotros. Los que estáis allí, del otro lado. Quizá habéis vivido experiencias parecidas a las mías, quizá no. Pero creo que compartir reflexiones, pensamientos, sentimientos y aspectos de la vida que a veces pesan permite que las palabras crucen mares, vientos y ríos, y lleguen —susurrantes— a los rincones más recónditos del mundo. Basta con que una sola persona las lea para que algo se alivie, se ilumine o acaricie su corazón.
En un mundo donde el tiempo parece no existir, sentarse a leer es un acto de rebeldía. Y escribir para compartirlo es, también, una caricia al alma.
Escribo porque, a través del arte, de las palabras, de las prosas y de los recuerdos, uno puede mantener viva una llama que nunca se apaga. Escribo para llegar a ojos y corazones, para acompañar, aclarar, compartir y reflexionar juntos, creciendo día a día como personas y como seres humanos.
Escribo porque una parte de mí está aquí, en estos escritos que compartimos mes a mes, día a día.
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¿POR QUÉ ESCRIBIR?
Pérez de Villarreal Carlos — Argentina
En octubre de 2024, en la primera revista que inició su presencia en las redes, escribía un texto similar a este. Sigo pensando igual.
Más de una vez nos hemos preguntado: ¿por qué escribir? Aún no he hallado la respuesta definitiva.
Sí sé que mi intención al redactar es narrar, contar, relatar, en definitiva, transmitir lo que costó esfuerzo, energía y tal vez atrevimiento; y por sobre todas las cosas, la necesidad imperiosa de decir con palabras escritas aquello que he sentido, soñado o que he imaginado.
Todo concuerda con uno mismo, no hay dudas. Todo lleva, en una circunferencia perfecta, a realizar aquello que se desea fervientemente. Lo que sí puedo afirmar es que permite abrir las alas de la imaginación y llevarnos lejos. Volar por lugares y situaciones que jamás pensábamos encontrar.
Expresamos inquietudes, deseos, aspiraciones, fantasías, obsesiones y hasta parte de nuestros recuerdos.
Todo se amalgama, todo se ensambla, para dar a luz un conjunto de emociones que nos hace sentir que realmente vale la pena. ¡Sí, escribir vale la pena! Vale la pena porque es un modo de vivir, es una relación que nos permite percibir y experimentar lo que nos rodea. Abre la puerta a un mundo impensado, desconocido, donde somos el nexo de unión en este sorprendente viaje hacia la ficción.
Escribir encierra conmociones, sutilezas, ironía y, por sobre todas las cosas… pasión.
Muchas veces tratamos de explicar lo inexplicable. Nunca tenemos certezas. El tiempo no es nada, no es medible. No nos desvivimos por el ayer. No pretendemos ser el mañana. Nos hacemos a nosotros mismos, sin límites,
porque un segundo es la vida entera. En un segundo se nace y en un segundo se muere.
Los que escribimos tenemos una peculiaridad: llevamos a los lectores a nuestro universo literario, los internamos en él.
Por eso pienso que escribir un poema, un relato, un cuento o una novela es atrapar al lector, despertar en él sus recuerdos, sus alegrías, sus añoranzas.
Identificado con la escritura, debemos facilitarle el camino de la comprensión de algo que él ni siquiera pensaba y creo que hasta nosotros tampoco. Muchas veces tratamos de explicar lo inexplicable.
Lo único válido es enfrentarse a uno mismo, tener una visión propia e ir tras ella, con arrojo, obstinación, honestidad y trabajo. ¡Es el coraje y el entusiasmo lo que hacen la diferencia!
Debemos crear, crear y crear para que la magia no se detenga nunca, porque además, disfrutamos la necesidad que nos brinda la escritura: comunicación. La narrativa vocifera, revela, manifiesta, acusa, hace reír, pensar y recapacitar.
Esta tarea requiere esfuerzo, dedicación e intelecto y una habilidad especial: una destreza fantástica donde entran en juego la técnica, la perseverancia y el talento.
No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, ni por la forma de escribir, sino por los sentimientos que producimos en el lector cuando nos lee: un recuerdo, una interpretación, una visión. Tal vez, hasta se haga partícipe necesario de nuestra narrativa; porque cuando cerramos un libro, jamás somos los mismos.
Pero también se debe tener en cuenta que nosotros, al crear, también manifestamos un cambio: dejamos de ser lo que éramos para ser otros.
Me gusta pensar que somos creadores de mundos imaginarios, hacedores de cuentos, maceradores de palabras.
¿Y qué significa escribir?
Asumo que es una puerta de entrada hacia una percepción distinta, que genera una conexión entre el escritor y el lector, el cual se ve sumergido en un universo sorprendente.
La imaginación llevada al límite.
Misterio, persistencia y expresión.
Recordar y olvidar.
Conquistar y prescindir.
Nostalgia, meditación, encanto y ardor.
Intriga, miedo, alegría, tristeza.
Pensamientos, conceptos, imágenes tal vez aún no reveladas.
Mensajes que parecen verdaderos y pueden ser mentiras consideradas verdades.
Llamas, furia, ensueño y fascinación.
La magia de la escritura es abrir las puertas a un mundo impensado, que tal vez nos haga sentir mejor y tal vez, ser mejores.
Creo en lo más profundo de mí mismo que la escritura es libertad; eso es todo.
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POEMAS ¿ POR QUÉ ESCRIBIR? – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Donde la palabra tiembla, nace el poema.”
COLABORADORES
Alberdi Maren – (España)
Bonora Matías – (Argentina)
Carciofetti Libia B. – (Argentina)
Díaz Castro Enrique Fredy – (México)
González Saavedra Carlos H. – (Argentina)
Gormley Elspeth – (España)
Hoyos Forero Jaime – (Colombia)
Ibarez Solís Lamberto – (México)
Olay Raquel – (Argentina)
Petrone Sarah – (Argentina)
Reveco Graciela – (Argentina)
Terán Adriana (Poetisa Cálida) – (Argentina/México)
Tugores Yanni – (Uruguay)
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Alberdi Maren — España
Escribo porque hay silencios
que sólo encuentran forma
cuando los dejo caer sobre el papel,
como quien suelta una piedra
para medir la hondura del agua.
Escribo porque la vida,
con su modo brusco de girar,
a veces me descoloca,
y en la palabra recupero
el eje que me sostiene.
Escribo para recordar
lo que el tiempo intenta borrar,
para honrar lo que amé
y para despedir lo que duele
sin que se rompa del todo.
Escribo porque he aprendido
que la verdad no siempre grita;
a veces apenas susurra,
y si no la escucho a solas,
se me pierde entre la gente.
Escribo porque en cada verso
hay un latido que vuelve a casa,
una luz que se abre paso
entre la sombra que insiste.
Escribo porque soy,
y porque siendo,
la palabra me acompaña
como un faro discreto
que nunca me abandona.
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DE VOCES & GRAFÍAS
Bonora-Matías — Argentina
Me derramo en palabras
que respiran por los poros del alma.
Y me vierto en un grito de tinta
con los versos que alumbran,
cada instante de mis días.
Y voy rimando la existencia
con el corazón hendido,
que navega por los pliegues
del arcano acontecer.
Y en el umbral del grávido tiempo
me arrullan las voces que acarician
un soplo de verdades,
en la morosidad del encuentro;
sembrado entre hercios
y renglones de lágrimas, de glebas
y ardores.
❖──────❖
¿PORQUÉ ESCRIBO?
Carciofetti Libia B — Argentina
Escribo porque tengo el alma
saturada de palabras,
que pugnan por salir
y ahogan mi garganta.
El lápiz y el papel
amigos de mis letras
compañeros inseparables
de mis días grises
y noches sin sueño.
Escribo porque mi voz trasciende
más allá de la montaña
en notas coordenadas
que solo el silencio reproduce
en las aves que cantan,
en la brisa que hamaca
la copa de los pinos
cerca de la playa.
Escribo porque los que ya no están
aplauden sin ruido
desde la verde grana.
Escribo porque un vals
hace agitar mi falda
y en ese imaginario baile
mi amor se acerca y me abraza.
Soy tan feliz escribiendo
que no lo cambiaría por nada.
Porque aun estando sola
las letras me acompañan.
y cuando me doy cuenta
ya llegó la madrugada…
Escribo porque hablo con Dios
que le susurra a mi alma.
Florecen las flores
vistiendo de fiesta la casa.
Y mi ser se renueva
porque Él me insufla la savia.
Simplemente por eso escribo…
Estoy saturada de palabras.
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QUE ME MOTIVA ESCRIBIR
Díaz Castro Enrique Fredy — México
Muy pocas veces hablo de lo que me motiva;
tan sólo se dibuja en todo lo que escribo,
delineando paisajes en franca introspectiva,
confiándome a las letras como pie en el estribo.
Fórmula que se ha vuelto del alma medicina,
brebaje que apacienta el pulso que se agita,
aire fresco, caricia que baja de la cima,
desahogo en los poros, baño de agua bendita.
Sendero que deambulo cargando noble herencia,
vertiente insospechada que al cielo le agradezco;
escribir es un reto convertido en vehemencia
que, cuando miro el fruto, satisfecho lo ofrezco.
Vago caleidoscopio que interpreto a mi modo,
poemas o canciones que guardo en el cuaderno,
saturando sus hojas como agua en un recodo,
como nieve inclemente en las noches de invierno.
Aliviante recurso, amable compañero,
que has ido modulando el paso de mis años;
nunca dejes de ser el juez férreo y sincero
mientras marcas la pauta al guiarme de la mano.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
González Saavedra Carlos — Argentina
Escribo para que los acordes de mi corazón,
suenen como trinos.
Dejando mensajes de lo que observo,
Sin que lo gane el olvido.
Escribo…
A la ancianidad
A los hermanos mayores
A los niños
A los desamparados y desprotegidos
A la hipocresía de los políticos
A los relatos vacíos
A los mensajes engañosos que quedan
en vía muerta, sin destino
A las plantas, a las flores
A los ríos ,a los mares
A los cielos distintos
A los sueños realizados
A todo lo que guarda mi alma
A todos los que he amado
A todos los que amare en mi camino
Escribo al amor en todas sus formas
A todos los que viajan conmigo
A todos mis amigos.
Porque soy un peregrino de las letras
Ésa es mi misión, éste mi camino.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Gormley Elspeth — España
Escribo porque a veces
la vida pesa más de lo que digo,
y en la palabra encuentro
el hueco exacto donde respiro.
Escribo porque el mundo
no siempre escucha lo que siento,
y entonces dejo que la tinta
sea mi forma de silencio.
Escribo lo que duele
y lo que salva,
lo que se rompe
y lo que vuelve a levantarse
cuando nadie mira.
Escribo porque hay voces
que ya no están conmigo
y, al nombrarlas,
regresan un instante
a sentarse a mi lado.
Escribo para no perderme,
para entenderme,
para sostener lo que amo
y despedir lo que ya no vuelve.
Escribo porque la vida
me enseñó que la luz
también se escribe,
y que a veces basta un verso
para que el alma respire.
Escribo porque soy,
y porque siendo
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ESCRIBIR UN SONETO
Hoyos Forero Jaime — Colombia
Escribir un soneto no es locura.
No da trastorno, fiebre ni agonía;
solo se necesita mente fría,
corazón palpitante y alma pura.
Lo puede hacer usted en noche oscura;
o a plena luz del sol y a mediodía;
con un tráfico horrible en plena vía,
o en el lecho admirando una hermosura.
Puede escribirlo en un avión, si quiere;
o entre el coche, lloviendo, y al volante;
o desnudo en la ducha, si prefiere,
o, en fin, con tinta o lápiz retenerlo.
Para hacer un soneto es importante
una cosa no más: saber hacerlo.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Ibarez Solís Lamberto — México.
¿Y por qué escribo poemas?
Porque me nace en la mente,
contarles las penas mías;
las palabras son un puente.
Que cruzan mares, fronteras;
se anidan como pigmentos
y entrelazan sentimientos
que brotan como lamentos.
Poetas que en forma libre;
blanden su pluma certera
y lo hacen de tal manera
que traspasan las fronteras.
Directos al corazón
que con su mente y razón
sostienen su pensamiento.
¿Virtud, defecto? Es don.
Don, que el Creador regaló
que con metáforas cantan;
el ritmo de la emoción
cuando las coplas levantan.
Levantan la inspiración
los vientos de la canción
brotados de inspiración
que dominan la pasión.
Así el poeta connota
la fluidez del pensamiento
que lanzado por los vientos
la palabra viva; brota.
Por eso escribe el poeta;
cuyos versos cual saetas;
disparadas por su arpón,
las arroja el corazón.
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LA PALABRA
Raquel Olay — Argentina
Muchas veces escuché decir
frente a distintos problemas,
que una determinada actividad
para ellos es un cable a tierra.
Supongo que quisieron expresar
con esta metáfora brillante,
que fue la cuerda que ayudó a su alma
a descargar un peso agobiante.
Yo suelo decir, que para mí la escritura
es un cable al cielo, que me conecta con Dios,
con María y los santos, la naturaleza toda,
la vida y los seres que quiero tanto.
Me ayuda a expresar mis pensamientos,
poner en palabras mis temas preferidos,
que envuelvan en fraternal abrazo
a mis queridos amigos y otros desconocidos.
Quizás parezca ingenuo decir
que la escritura es sedante, es más,
pienso que tiene un poder curativo,
cuando la palabra irradia fe, amor y
esperanza, brinda paz, y trae alivio
al corazón herido.
Este es para mi el espacio preferido
donde anuncio mi fe en Jesucristo,
pregonando su Palabra que libera,
redime, ilumina y reconforta al afligido.
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ELLA ESCRIBE
Petrone Sarah — Argentina
Ella escribe. Sentada en un rincón, en sus cuadernos
anota cada frase en la que piensa
motivada en la soledad donde se esconde.
Ella escribe. Un afán imperioso la domina,
un sueño, una razón, como un destino
imperioso por cumplir antes que muera.
Ella escribe. Se ufana de saber que está en la cuenta
regresiva de su vida, en una espera,
que luego, simplemente ha de partir.
Ella escribe. Los retazos que se agolpan en su mente
develan sus más íntimos secretos
y los deja sin razón, solo fluir.
Vuelan y se vuelven marionetas
de ese lápiz que aprieta con destreza,
que vuelcan en las páginas, las veces
que quiso y no pudo ser feliz.
Escribe y borra sus poemas.
Igual que Penélope, blasfema
escondiendo su dolor y su tristeza,
deseado que su Ulises vuelva, al fin.
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PÁGINAS GASTADAS
Petrone Sarah — Argentina
Desempolvando viejas poesías
que fueron escritas en tiempos lejanos,
de las rimas de los versos que se han descrito
han quedado, sin dudar, restos del alma.
Se fueron descolgando entre suspiros
ensueños de un ayer, y su nostalgia
atrapada en romances se ha perdido
en la piel de los que el lápiz ha plasmado.
Han corrido con la magia y el hechizo
los perfectos retazos que han dejado
huellas de algún amor… Y el paraíso
los ha tomado entre sus manos, sin dudarlo.
Algunos sinsabores presentidos,
y noches de confusos desengaños,
se han fortalecido en el lirismo
de seguir soñando tal a como fue soñado.
Amarga pequeñez en almas rotas
que por ignotas razones van llenando
el cántaro de la ilusión que fue escondido
al suponer que a nadie le importaban.
Se aquieta en la verdad de la ironía
viejas letanías que han pasado
detrás de las páginas gastadas
que dieron paso a la melancolía.
Ninguna razón bastó, si en esos días
sólo el corazón a la pluma dominaba,
ahora, disfrutando lo leído
como un grito retumban en mi alma.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Reveco Graciela — Argentina
No es una pregunta
es la realidad sibilante del ingenio
a más palabras
esculpe el silencio en letras de regocijo
y recrea alegorías en imágenes hiladas
con la voz interior de los latidos
imágenes sensoriales de color y movimiento
purpúreas, azules, ondulantes en su capa de oro y sepia
para estallar en los rizos nevosos de las páginas
imágenes gustativas de sabor interno y externo
para desvirtuar el resabio amargo
de la fruta envejecida entre mis manos níveas
y elevar el mielismo del alma pura
pensamiento de luz mentado sobre los labios
como dulce fresa solitaria
imágenes visuales que ven por dentro y por fuera
y enciendan la visión sombría
en la vertebral anchura del hartazgo
cuando zozobra la barca de los sueños
en su horizonte agitado
por el espejo inalterable de los mares terrenos
imágenes auditivas que escuchan por fuera y por dentro
y despiertan el ritmo trepidante de todos los silencios
lejos y sonoro
donde el volcán histriónico de todas las arterias
derrama en voceríos lávicos
la rumorosa pasión de la piel enmudecida
imágenes táctiles
que rozan y se sienten por dentro y por fuera
que inventan la tibia caricia de los dedos fríos
cansados del crudo invierno del poema
y con la húmeda brevedad de un beso sobre la hoja
nace dúctil la clamorosa palabra
imágenes metafóricas
trasladan el sentido concreto de su esencia
a otro figurado por su semejanza
¿es una rosa la metáfora que hiende su espina
en la espina dorsal de cada verso parido con sangre?
llovizna sobre la hoja la misma pena visceral
que se repite a diario
imágenes personificando
elementos con rasgos inanimados
animando
cuando sangran las estrellas de los ojos impíos
ciegos de luna
mudos carbones encendidos
por soltar al viento las deidades del oficio
imágenes comparando y anexando su ‘como’
sin interrogantes que lastiman
cuando el sol derrama sus luces como lluvia
invocando las musas que tropiezan en su aljófar
como duendes desdentados de miedos
sobre mi hombro herido de preguntas
imágenes con anáforas
repetición de palabras al sustento
vocablos impasibles
donde se dilata el anatema de los gnomos
cuando claro no los veo
cuando abierto no los busco
cuando crecen a la sombra de mis huesos bruñidos
imágenes con hipérbaton
alteración del orden sintáctico de los genes vocales
sintaxis conmovida por aleaciones imprevistas
crece en las voces que atraviesan continentes
donde el crepúsculo con su suavidad de plumas
cayendo está
y como naufrago sin bote en la marea mansa
flotando va
sobre la vía imaginaria de trenes sin destino
que van, solo van sin regreso
imágenes con aliteraciones
repetición de sonidos en la sordera unívoca
ecos desinflamados del viento
aliteración que rueda en su ronda
de arroyo nocturno que arrolla mis norias
girando en el giro perfecto del aire su llanto sereno
imágenes en la paráfrasis
discurso amplificado de las bocas amargas
para admitir en su seno de glosa esgrimida
allí, donde los duendes compilan su destreza
para soltar las amarras de viejo peregrino
impeler con la fuerza del suspiro renovado
tras verter la amargura en dulce filosofía
el oxímoron convierte en ilusión lo verdadero
las brasas congelan las contradicciones del cuerpo
estático como el iceberg que resiste a las llamas…
un chispazo de hielo
una gota de fuego en la mirada
y tanto más oculto en anaqueles intrínsecos
hasta que las técnicas impelan en la sangre
para crear el vinario que sustentará el poema
son tantos los recursos en el poderío del género
que semientan en mi vientre y sin respiro
la razón por la que escribo.
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PLASMO POEMAS
Terán Adriana (Poetisa Cálida) — Argentina/México
Plasmo letras,
en noches calladas.
Tu mente adueñada
despacio interpretará
exenta de recapacitar.
Normas del silencio,
estrofas de mi verso
poseen exquisito encanto:
estrellas, alas, labios,
fecundan efectos.
Líneas de mi locura.
Descienden y ascienden,
emergen y sumergen
mi ilusión obscura.
Mientras plasmo poemas.
Alimento el alma.
Dejando mi corazón latente,
mi vida ferviente,
mi historia diferente.
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ASFIXIANTE REALIDAD
Terán Adriana (Poetisa Cálida) — Argentina/México
Tomo mi estilográfica,
oigo música suave, pienso en ti,
me transporto a otro mundo.
Mi alma se rasga
saca todo cuanto abrigo,
te vislumbro a mi lado,
dándome vehemencia y auxilio.
Observo tus ojos
profundos y brillantes,
son tan recónditos
que no vislumbro su desleal fondo.
Siento conmociones
y alteraciones contradictorias,
alegría de verte,
tristeza de no tenerte cerca.
Te ostentas como fruto prohibido,
la tentación y el deseo
hacen una muralla que nos aleja.
Un sobresalto me reincorpora,
te veo como un imposible,
te trato de olvidar.
La angustia y el sufrimiento
se me encaraman,
me asfixia saberte ausente.
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DESAHOGO
Tugores Yany — Uruguay
Escribo…
Porque no quiero que las voces
me arrastren al silencio,
o a los abismos insondables de mi alma.
Porque los verbos se ahogan en un río sin cauce
y el horizonte no esgrime respuestas.
Escribo…
Porque duele no hacerlo.
Para que las palabras encuentren refugio.
Detengan el tiempo
que se escapa en hilos finitos,
y así mi pecho no se transforme en nido vacío
Escribo…
Sin buscar nada a cambio.
Para ver cómo el papel
en un instante se vuelve refugio.
Como las líneas se suceden
una tras otras sin parar
y se tornan perennes
Escribo…
Pues en mi memoria
hay miles de flores que se deshojan,
y se borran de recuerdos.
Quiero volcar en mis letras
lo que no quiero olvidar,
lo que fui y lo que soy.
Escribo…
Porque dentro de mí
hay ecos del pasado que no quiero perder.
Allí están; el café con leche de mamá,
la rayuela de mi infancia,
el aroma a retamas en casa de la abuela,
los amores de ayer, los niños perdidos.
Escribo…
Porque cada grafía es mi refugio.
Habito en ellas.
Porque el caos de mi interior
se ordena con cada una.
Escribo…
Sin pensar en triunfos.
No quiero reconocimientos.
No quiero alabanzas.
Solamente quiero comprender,
lo que me convierte en humana.
Escribo…
Buscando una grieta de paz
una luz de calma.
Es refugio natural.
Desahogo cuando la vida golpea,
cuando la alegría te invade,
cuando la tristeza te abate.
¿Por qué escribo?
Se levanta ante mí la inspiración
yo no puedo evitar este sendero.
Aunque sea agria o dulce no es condena,
es un don que me ha dado el Ser Supremo.
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CARTAS – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Cada carta es un puente entre dos almas que aún se buscan.”
COLABORAN
Alberdi Maren – España
González Saavedra Carlos H. – Argentina
Gormley Elspeth – España
Petrone Sarah – Argentina
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CARTA A UN AMOR QUE NO PUDO SER
Alberdi Maren — España
A ti, que fuiste casi, pero no llegaste a ser:
Te escribo desde este lugar donde ya no duele, pero todavía late. Hay historias que no terminan: simplemente se desvanecen. Y la nuestra fue una de esas. No hubo tormenta, ni ruptura, ni palabras afiladas. Solo un silencio que fue creciendo entre los dos, como una puerta que se cierra sin hacer ruido.
A veces pienso que lo nuestro fue un puente que nunca cruzamos. Un gesto detenido. Una posibilidad suspendida en el aire.
Y sin embargo, te recuerdo con una ternura que no esperaba. No por lo que fuimos, sino por lo que pudimos ser. Por ese brillo breve que encendiste en mí, por esa versión mía que despertó cuando te miré y que, aunque no se quedó, aprendió algo importante.
No te escribo para reclamar nada. Ni para volver atrás. Te escribo porque hay afectos que merecen ser nombrados, aunque hayan durado poco, aunque no hayan encontrado su forma, aunque no hayan tenido tiempo de convertirse en historia.
Te escribo porque, de algún modo, fuiste un espejo. Me mostraste lo que buscaba, lo que temía, lo que aún no sabía decir. Y eso también es amor, aunque no haya sido el nuestro.
Hoy te dejo ir de verdad. Sin tristeza, sin reproches, sin preguntas. Solo con gratitud por lo que despertaste y por lo que no llegó a suceder.
Hay amores que se viven. Y hay amores que se escriben. El nuestro pertenece a los segundos.
Con calma,
Maren
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CARTA…
González Saavedra Carlos H. — Argentina
Es así, lo he decidido, en silencio. Sin tratar mal a nadie. Sin gritos, ni desaires.
No me hallo en un lugar, donde me falten el respeto. No hay enojo. Solo yo sé, qué siente mi corazón.
De no sentirse querido. Lastimado, deambulando Hasta encontrar el camino.
Sigo sin prisa, pero sin pausa.
Lo que han comentado a mis espaldas, aquellos que creía amigos. esas pruebas me las guardo. Es una decisión, tomada con sabiduría.
Sin romper nada.
Cuando tomo las riendas de mi vida, para atrás ,no miro. Hablará por mí, el silencio.
Me he ocupado, rápidamente, de mi corazón herido Lo vivido, queda aprendido, jamás olvidado. Parto, sin hacer ruido, así como he entrado.
Dios te guarde
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CARTA A MI MADRE
Gormley Elspeth — España
Mamá:
Te escribo desde este tiempo que ya no compartimos, pero que sigue lleno de ti. A veces pienso que la vida te graduó antes que a nadie: sin títulos, sin ceremonias, sin aplausos. Te graduó en la escuela más dura y más noble: la vida misma. Y allí, sin libros ni cátedras, aprendiste lo que muchos nunca llegan a comprender.
Tenías una inteligencia natural que no necesitaba explicarse. Una intuición fina, casi infalible. Una manera de mirar el mundo que convertía lo sencillo en importante.
Fuiste una madre buena, de esas que no hacen ruido pero sostienen el mundo entero. Fuiste una esposa leal, una mujer fuerte, una trabajadora incansable. Tu taller de costura era tu reino: allí transformabas telas en vestidos, hilos en belleza, cansancio en dignidad. Y sin darte cuenta, mientras cosías para otros, me ibas cosiendo a mí por dentro.
Me enseñaste más de lo que supiste. Me enseñaste a no rendirme. A hacer las cosas bien, aunque nadie lo viera. A tener las manos firmes y el corazón blando. A entender que la vida no siempre es fácil, pero siempre merece ser vivida.
Hoy te escribo porque te echo de menos. Porque hay días en los que daría lo que fuera por escucharte decir una frase sencilla, una de esas que parecían nada y lo eran todo. Porque hay decisiones que aún tomo pensando en lo que tú habrías hecho. Porque hay heridas que solo tu voz habría sabido curar.
Te escribo para darte las gracias. Por tu amor sin adornos. Por tu sabiduría sin libros. Por tu fuerza sin alardes. Por tu vida, que fue tu mayor lección.
Te fuiste, sí. Pero sigues aquí, en cada gesto que repito sin darme cuenta, en cada valor que me dejaste, en cada hilo invisible que aún me sostiene.
Madre, esta carta es para ti. Para que el mundo sepa quién fuiste. Para que tu nombre siga vivo en mis palabras. Para que, de algún modo, sigamos hablándonos.
Con todo lo que soy, tu hija.
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CARTA A UN ESCRITOR DESCONOCIDO
Petrone Sarah — Argentina
Querido escritor, acabo de leer tu último libro y debo confesarte que una vez más me has sorprendido gratamente. Intento sin lograrlo, descubrir a través de alguno de tus escritos la similitud con otros textos de tu autoría , y de otros, y así tratar de descubrir tu identidad, esa que escondes bajo el seudónimo de : «Anónimo».
Tú y yo sabemos muy bien que tienes un nombre y un apellido, un rostro que quizás me sea familiar y aún no lo descubro.
Te escondes de mí y lo estás haciendo desde hace muchísimo tiempo. Ya no tengo memoria de cuántos años, décadas, siglos. Desde la antigüedad vienes negándote, como si te avergonzaras de tu talento. De generación en generación tu paso por los libros se ha vuelto una incógnita difícil de develar.
Has abarcado tanta diversidad de estilos y temas dentro de la literatura, que a tu pesar te has hecho famoso. El juego irreverente de jugar a las escondidas te sienta bien.
Astuto y audaz, me intrigas. Me agradan tus acertijos, tus poemas, tus frases que delatan un alma sensible, intuitiva y pletórica de sueños, pero que no dejan entrever ni siquiera, el sexo que te identifica como ser humano. ¿Eres humano?
¿Hombre? ¿Mujer? ¿Qué eres? Una dualidad de género en un montón de palabras que me invitan a pensar, a decidir seguirte en esta noble profesión, sin sentir la necesidad de copiar o plagiar tus obras. Son tuyas. Siempre lo serán.
Pienso en todos los que escriben y se ufanan de ello poniendo en letras luminosas sus nombres para ser reconocidos por sus trabajos. ¡Y está bien! Quiero conocer los rostros de los que me emocionan, o no. Los que me subyugan con sus historias robadas de la vida misma.
Comprendo también, que todo lo que una vez que se publica, ya pertenece al mundo para ser leído y juzgado. Y es por eso que quizá te pierdes en el anonimato, temeroso de las críticas.
«LO ESENCIAL ES INVISIBLE A LOS OJOS» debería haber sido una frase escrita por ti. Pero no lo es.
Aplaudo tu modesta virtud. Valoro tu talento y respeto tu decisión de permanecer en el anonimato.
Espero con ansiedad tu próximo libro y sé que te reconoceré a través de la firma con que rotulas tu trabajo.
Simplemente: ANÓNIMO.
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ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
PAUTAS PARA CUANDO TE SIENTAS MAL
Andrea Kiperman — Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. Querido lector: cuando sientas que no puedes más, recuerda volver a lo simple. Al descanso, al ocio, a charlar con una persona que quieras o estimes. Cuando la vida empiece a volverse compleja o difícil, vuelve a estas cosas que nos llevan al eje, al centro.
Son ideas que se me ocurren y que creo pueden iluminar un poco el camino, o al menos hacer más fácil el andar por aquí. Leer siempre nos conecta con nosotros mismos, o al menos nos saca del caos. Leer un libro que nos guste, que nos haga reír o reflexionar; a veces uno de carácter espiritual, porque también los momentos tristes son buenos para evolucionar, avanzar y crecer interiormente. Nunca lo olvides.
Ve a caminar: una vuelta a la manzana, una plaza, un lugar verde, el río o el mar. Conectarse con la naturaleza siempre ayuda a despejar la mente y el corazón. Escucha música, la que te guste, la que te conecte, y muévete: sacude el cuerpo, grita, respira, canta, salta. A veces el cuerpo necesita liberarse como si nadie estuviera mirando, un momento privado con uno mismo.
Toma un café con alguien que sientas cerca; una charla por video, por teléfono o en persona. Date un baño largo, baja las revoluciones. Mira una película o una serie, descansa el cuerpo y la mente. Sal a hacer deporte, toma mucha agua y prepárate algo rico. Cocina una receta nueva o una heredada de alguien que quieras.
Juega, pinta, dibuja, sal un poco de la mente. Escribe en una hoja lo que sientes: a veces ayuda a sacar hacia afuera emociones estancadas, como un acto catártico. Haz rompecabezas, sudoku, sopa de letras o juegos de lógica. Enciende una vela, un sahumerio.
Y vos, ¿Qué cosa más agregarías? Quedo con ustedes…
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EDITORIAL – MARZO
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Porque a veces basta un mes para recordarnos que seguimos vivos.”
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Marzo: El mes que cambia la piel
Marzo siempre llega con un gesto extraño. No entra de golpe, pero tampoco pide permiso. En un hemisferio empieza a apagarse el verano y el aire huele a despedida; en el otro, la luz se estira y las primeras flores se atreven a asomar. Dos estaciones opuestas conviven en el mismo mes, como si el mundo nos recordara que nunca avanzamos todos al mismo ritmo.
En el sur, marzo invita a recogerse: a ordenar lo que quedó pendiente, a cerrar lo que pesa, a guardar lo que ya cumplió su ciclo. En el norte, en cambio, marzo abre ventanas, sacude el polvo y empuja hacia afuera. Y entre esos dos movimientos —uno que se repliega y otro que se expande— aparece una verdad sencilla: cada cambio de estación es también un cambio interior.
Marzo nos recuerda que nada permanece quieto. Que incluso cuando creemos que todo sigue igual, la luz se inclina, el aire se afina, la tierra respira distinto. Y nosotros, aunque no siempre lo notemos, cambiamos con ella.
Hay quien recibe marzo con entusiasmo, como una promesa que se renueva. Hay quien lo recibe con cansancio, como un aviso de que algo debe ajustarse. Pero todos, de un modo u otro, sentimos que este mes marca un giro silencioso: un antes y un después que no necesita grandes gestos para hacerse notar.
Quizá por eso marzo es un buen momento para detenerse un instante y mirar alrededor. Para preguntarnos qué dejamos atrás y qué queremos que empiece. Para aceptar que cada transición —sea hacia el otoño o hacia la primavera— trae consigo una oportunidad: la de ajustar el paso, afinar la mirada y permitir que algo nuevo encuentre su lugar.
Porque al final, marzo no es solo un cambio de estación. Es un recordatorio suave, casi íntimo, de que la vida también cambia de piel. A veces sin ruido. A veces sin permiso. Pero siempre a tiempo.
“Porque a veces basta un mes para recordarnos que seguimos vivos.”
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