ENTRE VOCES Y LETRAS
Una conversación con Maren Alberdi
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Los textos publicados son propiedad de sus autores y están protegidos por la legislación de Propiedad Intelectual y el Convenio de Berna.

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Miriam Alberganti–Argentina
Cronista Cultural
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PRESENTACIÓN
Maren Alberdi, conocida también por muchos lectores como Elspeth Gormley, es una escritora vasco-mediterránea cuya obra se distingue por una mirada humana, cercana y comprometida con la memoria.
Licenciada en Derecho por la Universidad del País Vasco, habla varios idiomas y ha encontrado gran parte de su aprendizaje en los viajes, en la observación de las personas y en las historias que descubre en las calles. Para ella, cada lugar visitado ha supuesto una nueva forma de comprender el mundo y de acercarse a quienes lo habitan.
Su trayectoria literaria ha sido reconocida tanto en España como en el extranjero. Entre las distinciones recibidas figuran la Pluma de Oro de Lyon (2026), el Grote Premio Literaire Prijzen de Sajonia (2025), así como diversas nominaciones, finales y menciones honoríficas en certámenes internacionales de narrativa y poesía.
Actualmente, algunas de sus obras están siendo traducidas al euskera, valenciano y catalán, ampliando así su diálogo con lectores de distintas comunidades lingüísticas.
Además de su faceta como escritora, ha realizado numerosos prólogos para autores hispanos, participa como jurado en diversos concursos literarios internacionales y mantiene columnas de crítica literaria en medios culturales españoles.
Es fundadora y directora de la revista internacional Letras Hispanas por el Mundo, un proyecto cultural que reúne voces de diferentes países y fomenta el intercambio literario y humano entre autores de diversas procedencias.
Colabora asimismo con Radio Aldora, participando en espacios dedicados a la difusión de la literatura y la cultura en lengua española.
Su escritura, cálida e intimista, transita por la memoria, los afectos, los paisajes y el mar, elementos que forman parte esencial de su identidad creativa.
Madre y abuela, considera que la familia es el gran pilar de su vida y el lugar donde encuentra sus afectos más profundos y su espacio más auténtico. A ella se suman la compañía serena de quien comparte su viaje, la lealtad de los amigos de siempre y los nuevos afectos que las causalidades de la vida han ido colocando en su camino. Todos ellos forman parte de esa familia elegida que, a través del tiempo y de las pequeñas ventanas por las que hoy nos comunicamos, continúa enriqueciendo su mirada humana y alimentando su universo literario.
ENTREVISTA

Maren Alberdi (Elspeth Gormley)
Editora Letras Hispanas por el Mundo
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Te definen como una mujer inteligente, resiliente, trabajadora y maestra de la vida. ¿Con cuál de esas palabras te sientes más identificada hoy?
Hoy me siento profundamente identificada con la resiliencia. El trabajo y la experiencia forman parte de mi camino, pero ha sido la resiliencia la que me ha permitido avanzar incluso en los momentos más difíciles. Es una fuerza silenciosa que transforma los golpes en aprendizaje y las heridas en palabra.
Vasca de nacimiento, vasco-mediterránea por alma y ciudadana del mundo por elección. ¿Dónde sientes que está tu verdadero hogar?
Mi verdadero hogar habita entre mis raíces vascas y la luz mediterránea que hoy me acompaña. Soy vasca de nacimiento, criada entre montes, carácter y memoria, y con los años el Mediterráneo se convirtió en mi lugar de calma, de vida y de creación.
Esa unión entre la fuerza vasca y la serenidad mediterránea es, en esencia, mi hogar.
Has estudiado varios idiomas y dices que aprendiste de las calles. ¿Qué te enseñó un viaje que ningún libro de Derecho te pudo enseñar?
Un viaje me enseñó algo que ningún libro de Derecho contempla: que la dignidad humana no tiene idioma.
Aprendí en las calles que la vida real es más compleja que cualquier código, que la justicia no siempre coincide con lo legal y que escuchar a las personas vale más que interpretar normas.
Viajar me enseñó a mirar sin prejuicios, a comprender sin necesidad de traducir y a descubrir que la humanidad se aprende caminando, no estudiando.
¿Cómo te cambió la mirada de escritora la llegada de tus nietos?
La llegada de mis nietos no transformó de golpe mi forma de escribir; el cambio fue gradual, como sucede con las cosas verdaderamente importantes de la vida.
Ellos despertaron en mí una ternura nueva, una mirada más serena y una sensibilidad distinta hacia lo cotidiano. No cambiaron mi escritura, pero sí ampliaron mi mundo interior y, de manera inevitable, ese mundo se filtra en mis palabras.
En un mundo que expone todo, ¿cómo proteges lo íntimo y lo sagrado de la familia?
Nunca he permitido que mi familia sea un escenario público, ni siquiera yo misma.
Lo íntimo lo protejo con discreción y con límites claros. No comparto aspectos de mi vida familiar en las redes sociales y las pocas entrevistas que he concedido han sido, casi siempre, sin imagen.
No es distancia; es protección. Creo profundamente que la familia, y también una misma, no deben exponerse a la mirada masiva. Lo sagrado se cuida en silencio, no en la exhibición.
Eres licenciada en Derecho y te has convertido en lo que tus lectores llaman «notaria del tiempo». ¿Cuándo entendiste que tu vocación era guardar memorias y no expedientes?
No hubo un momento exacto ni una revelación repentina. Fue algo que creció con el tiempo, como casi todo en mi vida.
En mi trabajo pude ver la historia que existía detrás de cada caso. Algunos merecían castigo; otros, comprensión. Aprendí que la ley y la justicia no siempre caminan de la mano.
La ley se aplica. La justicia pertenece a una dimensión más profunda, más cercana a Dios que a los hombres.
Un expediente clasifica. La memoria acompaña. Y yo elegí quedarme en el lugar donde la palabra puede cuidar, preservar y dar sentido.
Tienes una frase tuya que ya es bandera: «El mundo cambiará cuando la humanidad ocupe un lugar tan importante como el poder». ¿De dónde nace esa convicción?
Mi convicción no nace de un ideal abstracto, sino de la experiencia de la propia vida.
He visto realidades duras, injusticias, desigualdades y personas cargando más peso del que les correspondía. Y, aun así, también he encontrado gestos de bondad en los lugares más inesperados.
Con el tiempo entendí que la ley se aplica, pero la humanidad se elige.
Mi convicción nace de haber conocido lo peor y lo mejor del ser humano y de decidir permanecer del lado donde todavía es posible cuidar.
En alguna ocasión has reflexionado sobre cómo los intereses de poder condicionan la posibilidad de alcanzar una paz duradera. ¿Cómo se escribe desde esa lucidez sin perder la esperanza?
Se escribe entendiendo que una cosa es el poder político, que conviene observar siempre con espíritu crítico.
La claridad sobre cómo funcionan ciertos intereses no me hace perder la fe en la humanidad; al contrario, me obliga a escribir con más responsabilidad y más verdad.
La esperanza no nace de ignorar la realidad, sino de mirarla de frente y, aun así, elegir un lenguaje que cuide y recuerde que la luz también existe.
Escribo desde ese equilibrio: con los ojos abiertos ante el poder y el corazón abierto ante la gente.
Diriges la revista Letras Hispanas por el Mundo, un puente entre continentes. ¿Qué te duele y qué te salva de dirigir ese proyecto internacional?
Lo que más me duele es que, a veces, el esfuerzo necesario para mantener vivo un proyecto cultural no siempre se valore en su justa medida.
Detrás de cada edición hay muchas horas de trabajo, dedicación y compromiso. Como ocurre con cualquier labor vocacional, existen momentos de cansancio y dificultades, pero forman parte del camino.
Lo que me sostiene es la convicción de que debo hacerlo y la certeza de que la cultura une, acompaña y da sentido.
Me salva la palabra, la humanidad que encuentro en cada autor y la misión de construir un puente entre voces que merecen ser escuchadas.
¿Qué lugar ocupa la ética en tu forma de escribir?
La ética es el corazón de mi escritura.
No escribo para deslumbrar ni para imponer una verdad, sino para acompañar.
Mi ética es sencilla: no herir, no juzgar y no manipular.
Intento escribir desde la honestidad, el respeto y la humanidad, porque creo que las palabras tienen consecuencias y que toda escritura conlleva una responsabilidad.
Escribes crítica literaria y has sido jurado en concursos internacionales. ¿Qué tiene que tener un texto para que digas: «este libro sí debe ser leído»?
Nunca se me ocurriría afirmar que un libro merece ser leído y otro no.
Cada lector tiene su sensibilidad, sus vivencias y su manera de mirar el mundo. A veces leo una obra y pienso: «Esto no es para mí» y, sin embargo, alcanza un enorme éxito. Otras veces sucede precisamente lo contrario.
Por eso respeto profundamente la diversidad de lecturas.
En los concursos procuro ser absolutamente honesta. Solo leo los textos y, en ocasiones, una historia te encoge el alma desde la primera página.
La realidad es que existe muchísima gente que escribe extraordinariamente bien y no recibe el reconocimiento que merece. Y eso también resulta doloroso.
¿Qué significa para ti que las letras tengan voz a través de la radio Aldora?
Significa ampliar el alcance de la palabra.
La radio llega donde, a veces, no llegan los libros ni la tecnología. Permite que la literatura acompañe la soledad, haga compañía y toque el alma de personas que quizá nunca habrían abierto una revista literaria.
Es dar voz a aquello que antes solo habitaba en el papel.
Tus libros están siendo traducidos al euskera, valenciano y catalán y has ganado premios como la Pluma de Oro de Lyon y el Grote Premio de Sajonia. ¿Qué significa para vos que tu obra marina, cálida e íntima cruce fronteras culturales dentro de España?
Es algo que todavía me emociona profundamente. No se trata de cruzar fronteras internacionales, sino de atravesar fronteras culturales y lingüísticas dentro de España, y eso tiene para mí un valor inmenso.
Ver mi obra en lenguas que forman parte de nuestra riqueza colectiva es un regalo que nunca busqué y que recibo con humildad y agradecimiento.
Los premios brillan un instante, como la luz sobre el mar al atardecer. Son hermosos y reconfortan, pero terminan pasando.
Lo que permanece es la mirada de los lectores, su tiempo, su emoción y su compañía.
¿Qué significa para ti tejer palabras en lugar de escribirlas?
Tejer palabras es mi forma de estar en el mundo. Entrelazo emociones, recuerdos y silencios como quien construye una red capaz de sostener y acompañar. No escribo para imponer, sino para tender la mano.
Si un lector no sabe quién eres y se encuentra hoy por primera vez con tu nombre, ¿qué le dirías para invitarlo a entrar en tu mundo?
Le diría que entre sin prisa.
No soy una escritora consagrada ni una poeta en el sentido clásico del término. Me reconozco, sobre todo, como una tejedora de palabras que escribe desde el mar, desde la memoria y desde lo humano.
Si decide entrar, encontrará una voz cálida, íntima y cercana que no busca impresionar, sino acompañar.
Solo le pediría una cosa: que lea despacio, como quien abre una ventana.
¿Qué representa el mar en tu vida y en tu obra?
El mar ocupa un lugar muy importante en mi vida. La luz, la calma y los paisajes del Mediterráneo forman parte de mi día a día y de mi manera de mirar el mundo. Frente al mar encuentro serenidad, inspiración y ese espacio de silencio donde las palabras suelen aparecer.
Pero sería imposible hablar de mí sin hablar también de mis raíces vascas. Mi vida está profundamente enraizada en aquella tierra donde nací, crecí, estudié y donde nacieron mis hijos. Es una tierra que llevo en el alma, que ha moldeado mi carácter, mi forma de entender la vida y muchos de los valores que me acompañan.
Aunque hoy el Mediterráneo sea mi horizonte cotidiano, sigo sintiendo una conexión profunda con el País Vasco. Cada vez que puedo regreso allí, porque volver es también una forma de reencontrarme con una parte esencial de mí misma.
Quizá por eso mi escritura transita entre ambos mundos. Del norte conservo la memoria, la fuerza de las raíces y el respeto por la historia. Del Mediterráneo he aprendido la luz, la contemplación y cierta forma serena de habitar el tiempo. Entre ambos paisajes he construido mi identidad personal y literaria.
Para finalizar, Maren, ¿en qué proyectos literarios estás trabajando actualmente y qué es lo que sigue ilusionándote cada vez que te sientas ante una página en blanco?
En la actualidad estoy ultimando una nueva novela y trabajando en un nuevo poemario, dos proyectos muy diferentes entre sí pero igualmente ilusionantes. Además, me encuentro inmersa en la traducción al inglés de Retazos de Mujer y La Misión de Taana, una experiencia tan enriquecedora como emocionante, porque me permite acercar mis historias a nuevos lectores y horizontes.
En cuanto a la página en blanco, lejos de imponerme respeto, sigue despertando en mí la misma ilusión de siempre. Para mí es como abrir una ventana a la creatividad. Una vez que esa ventana se abre, las ideas comienzan a fluir de manera natural, los personajes encuentran su voz y las historias empiezan a caminar por sí solas.
Después de todo lo vivido y escrito, lo que continúa emocionándome es precisamente esa magia del primer instante: no saber exactamente adónde me llevará la escritura y descubrir, palabra a palabra, el camino que la imaginación ha reservado para mí. Mientras conserve esa ilusión y siga teniendo lectores dispuestos a acompañarme en el viaje, sentiré que el mejor capítulo siempre está por escribir.
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Cerrar esta entrevista no significa poner punto final a una conversación, sino compartir con los lectores algunas reflexiones sobre la escritura, la cultura y la experiencia humana.
A lo largo de este encuentro hemos recorrido la trayectoria literaria de Maren Alberdi, sus raíces vascas, su vinculación con el Mediterráneo, sus proyectos culturales y su forma de entender la literatura como un espacio de encuentro entre personas, historias y emociones.
También hemos conocido algunos de los proyectos en los que trabaja actualmente y la ilusión con la que sigue afrontando cada nuevo reto literario.
Agradecemos su participación en esta entrevista y la generosidad con la que ha compartido sus experiencias y reflexiones.
Porque, al final, la literatura continúa siendo un puente entre quien escribe y quien lee, un lugar donde las palabras encuentran la forma de acompañarnos.
Miriam Alberganti
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