Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Cada crónica es una mirada que intenta comprender el mundo.”
COLABORADORES
Maren Alberdi – España
Luz Fontana – Italia/España
Elspeth Gormley – España
Gustavo Páez Escobar – Colombia
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CRÓNICA DE LA SOCIEDAD ACTUAL
Maren Alberdi — España
Hay días en los que salgo a la calle y tengo la sensación de que el mundo camina demasiado deprisa para sí mismo. La gente pasa a mi lado con el gesto apretado, los ojos clavados en pantallas que iluminan más sus rostros que sus vidas. Cada uno va en su propio carril, como si la ciudad fuese un tablero de líneas invisibles que nadie se atreve a cruzar.
En la parada del autobús, una mujer habla sola. O eso parece. Luego descubro que lleva auriculares diminutos, casi invisibles, que la conectan con alguien que no está aquí. A su lado, un hombre mira el móvil como si dentro hubiera una respuesta urgente que nunca llega. Dos adolescentes ríen, pero no se miran entre ellos: ríen hacia la cámara. Todo es público, todo es compartido, todo es inmediato… y sin embargo, todo parece un poco más solo.
La sociedad actual tiene esta paradoja: estamos más conectados que nunca, pero nos tocamos menos. Nos contamos la vida en fragmentos, en mensajes rápidos, en fotos que duran un instante. Y aun así, cuando cae la tarde, muchos sienten un hueco que no saben nombrar.
Camino por el paseo marítimo y veo a un anciano sentado frente al mar. No tiene prisa. No tiene pantalla. No tiene ruido. Solo mira. Y pienso que quizá ahí está la resistencia silenciosa: en quienes todavía saben detenerse, en quienes escuchan el rumor del mundo sin filtros, sin algoritmos, sin prisa.
La sociedad actual corre, produce, publica, opina. Pero también cansa, agota, desorienta. Y en medio de todo eso, seguimos buscando algo que nos devuelva al centro: una conversación verdadera, un abrazo sin prisa, un silencio que no asuste, una mirada que no pase de largo.
Quizá no estemos tan perdidos como creemos. Quizá solo necesitamos recordar que, detrás de cada pantalla, sigue habiendo un corazón que late. Y que, aunque el mundo vaya rápido, nosotros aún podemos elegir el ritmo.
A veces basta con levantar la vista. A veces basta con mirar al otro. A veces basta con recordar que seguimos aquí, juntos, intentando entendernos en medio del ruido.
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ENTRE LA SEMANA SANTA Y LAS “ FIESTAS DE PRIMAVERA”
Luz Fontana — Italia/España
Hay lugares donde la Semana Santa no es un evento: es un latido. Andalucia es uno de ellos.
Aquí, cuando llega marzo, el aire cambia. No es solo el olor a incienso o a flores recién cortadas. Es una forma de estar, una manera de caminar, un respeto antiguo que se transmite sin necesidad de explicarlo.
Para muchos, la Semana Santa es fe. Para otros, es tradición. Para otros, es memoria familiar. Y para algunos, simplemente es parte del paisaje emocional del pueblo.
Pero en los últimos años, algo ha empezado a cambiar. En algunos lugares —no aquí, pero sí en otros rincones del mapa— se ha empezado a hablar de “fiestas de primavera” para no herir susceptibilidades de quienes llegan de fuera.
Y yo lo entiendo… pero no lo comparto.
Porque hay una verdad sencilla, antigua, casi de sentido común: A donde fueres, haz lo que vieres.
Quien llega a un país, a un pueblo, a una cultura, no tiene por qué adoptar sus creencias, pero sí respetar sus costumbres.
La Semana Santa no es una imposición. Es una expresión cultural. Es parte de la identidad de un lugar. Y borrar el nombre para no incomodar es, en el fondo, borrar una parte de su historia.
En Andalucía por suerte, eso no ocurre, aunque lo han intentado. Aquí la Semana Santa sigue siendo Semana Santa. Con sus procesiones, sus silencios, sus pasos, sus luces temblorosas en la noche. Con esa mezcla de solemnidad y comunidad que solo se entiende cuando se vive desde dentro.
Y aun así, también están los otros: los que llegan de fuera, los que miran con curiosidad, los que observan sin comprender del todo. Y está bien. Porque la convivencia no exige uniformidad. Exige respeto.
Quizá por eso Andalucía es un buen ejemplo: un lugar donde la tradición no se esconde, pero tampoco se impone. Un lugar donde la Semana Santa convive con quienes la sienten y con quienes simplemente la contemplan.
Y yo, que vengo de raíces mezcladas, que he vivido dentro y fuera, lo miro todo con una doble mirada: la de quien pertenece y la de quien recuerda lo que es llegar a un sitio nuevo.
Por eso lo digo sin miedo: las costumbres no se diluyen para no molestar. Se comparten. Se explican. Se celebran. Y quien llega, observa, aprende, respeta… y encuentra su lugar.
Porque al final, la identidad de un pueblo no se negocia: se vive.
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CRÓNICA DE UN VIAJE A ZUGARRAMURDI
Elspeth Gormley — España
Donde la memoria respira bajo tierra
Hay lugares que no se visitan: se acuden a ellos. Zugarramurdi es uno de esos sitios que te llaman por dentro, como si una parte antigua de ti reconociera el camino antes que tus pasos.
Llegué temprano, con esa luz del norte que no invade: se posa. El pueblo parecía tranquilo, casi inocente, como si quisiera disimular lo que guarda bajo la piel. Pero basta caminar unos metros para sentirlo: una vibración antigua, un rumor que no pertenece al presente.
No importa cuántos kilómetros haya entre mi vida actual y estas montañas: una parte de mis raíces sigue aquí, escondida entre la humedad de las cuevas y el verde profundo del norte.
El sendero hacia las cuevas es amable, casi doméstico. Pero a medida que avanzas, el silencio cambia. Ya no es silencio de bosque: es silencio de memoria. De lo que no se dijo. De lo que se gritó demasiado tarde.
Las cuevas se abren como una boca inmensa. No hay luz suficiente para abarcarlo todo. Y quizá sea mejor así.
Aquí no hace falta imaginación: la historia está viva.
Pensé en aquellas mujeres —y también hombres— acusados de brujería. No por magia, sino por miedo. Por ignorancia. Por la necesidad humana de culpar a alguien cuando la vida se desordena.
No eran brujas. Eran diferentes. Y eso, en ciertos siglos, era suficiente para morir.
El aire dentro de la cueva es frío, pero no es un frío natural. Es un frío que viene de la injusticia. De la fragilidad humana. De la crueldad que se disfraza de fe.
Y aun así, hay algo más: una fuerza. Una dignidad que no se apagó ni con hogueras ni con inquisidores.
Al salir, el cielo había abierto un claro. Un rayo de luz cayó justo sobre la entrada, como si el paisaje quisiera recordarme que incluso los lugares marcados por el dolor pueden tener belleza.
Zugarramurdi no es un sitio para aprender. Es un sitio para recordar.
Recordar que el miedo puede destruir. Recordar que la diferencia puede salvar. Recordar que la historia, cuando se olvida, vuelve disfrazada.
Seguí caminando por el sendero con la sensación de haber escuchado algo que no se oye con los oídos. Algo que solo se percibe cuando una parte de ti —la más antigua— despierta.
Y pensé que quizá, solo quizá, las brujas no eran ellas. Quizá las brujas somos todas las que seguimos caminando con la verdad en los bolsillos, aunque el mundo prefiera la mentira.
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HASTA SIEMPRE ALICIA CARO
Gustavo Páez Escobar — Colombia
Las primeras letras las aprendió Beatriz Segura Peñuela (Alicia Caro, en el cine mexicano) en el Colegio de la Presentación de Duitama, Colombia. Radicada en México, solo volvió a su patria por breves temporadas. Matriculada en una academia de arte dramático, el productor Miguel Zacarías solicitó la presencia de las mejores alumnas para someterlas a un examen ante las cámaras. bella y delicada, asistió a las pruebas en compañía de Laura Victoria, su madre, la famosa pionera de la poesía erótica en Colombia.
Antes de que la hija se sometiera a concurso, la poetisa tuvo una larga conversación con Zacarías. Por los rasgos suministrados, este dedujo que la estudiante podía representar el papel estelar que buscaba para La vorágine.
Cuando la conoció en persona, supo que no estaba equivocado, y la invitó a dejarse dirigir en las disciplinas del cine. Él fue su maestro. Vino luego un duro año de ejercicios de dicción, fotografía y actuación, al cabo del cual comenzó el rodaje de la película.
El director deseaba un nombre corto para la nueva estrella. Madre e hija escogieron varias opciones y se inclinaron por el de Alicia Caro, nombre que se hizo famoso en el cine, hasta el punto de sustituir el suyo propio en la vida corriente.
En 1956, en una de sus venidas a Colombia, Alicia se casó con Fernando Arbeláez, destacado intelectual de Manizales que ejercía el cargo de primer secretario de la embajada de Colombia en Suiza. Fernando Arbeláez estudió leyes, pero desde muy joven se dedicó a las letras. Todo hacía pensar que la pareja sería feliz, pero la unión duró apenas un año. Alicia se había equivocado de camino.
Estrella de cine
Irrumpió en el cine en plena juventud y belleza. Su figura atractiva conquistó numerosos admiradores. El cine azteca, con honda penetración en el continente, irradiaba a los cuatro vientos una graciosa imagen juvenil que difundía encanto y frescura. Su serena belleza seducía a los exigentes cineastas que no se dejan seducir por la primera cara bonita.
En sus actuaciones iniciales, Alicia representó a la muchacha sencilla y pudorosa de algún pueblo oculto, envuelta en el aura de la ingenuidad y la inocencia. Se mostraba deliciosa, astuta y picante. Su fina estampa, resaltada por unos ojos vivaces y un perfil seductor, incitaba el deseo. Esta mezcla de arte, juventud y hechizo eran los ingredientes mágicos que hacían rutilar en la pantalla un nuevo símbolo erótico. Actuó en 36 películas al lado de figuras consagradas. Su comienzo triunfal en La vorágine fue seguido de otros desempeños brillantes.
El cine, arte derivado de las letras, es un amplio escenario donde la vida se mueve bajo los artificios de la ficción, calcando la realidad. Los actores se despojan de su propia naturaleza para retratar la comedia humana. Es lo mismo que sucede en el teatro, la novela y el cuento. Es, por tanto, un eco de la sociedad. En el caso de las actrices, ellas pasan, con asombroso poder de ubicuidad, a ser reinas o plebeyas, vírgenes o pecadoras.
Esta versatilidad permite que el público las idolatre o las odie, según cada papel.
Es un público movedizo y lleno de sentimientos contrarios, que oscila de acuerdo con las actuaciones cambiantes de sus heroínas. Al decir de Charles Chaplin, “la tragedia del cine estriba en su fugacidad inexorable”.
El amor verdadero
Un productor avivato, al saber que Alicia Caro buscaba para su trabajo un automóvil usado, le envió uno nuevo como regalo de Navidad. La joven lo rechazó, y fue su propia madre quien se encargó de devolver el obsequio con estas palabras tajantes: “Dígale a su patrono que se equivocó de puerta”.
Otra vez la invitaron a una fiesta privada, y a la hora del compromiso llegó un vehículo a recogerla. Pero no fue Alicia Caro quien lo abordó, sino Laura Victoria, que había decidido intervenir como mujer experimentada en estos lances. Al verla llegar, los asistentes quedaron estupefactos. Ella les explicó que venía en remplazo de su hija, por encontrarse indispuesta. Como su presencia en el alegre jolgorio no era nada grata, al poco rato se retiró. Moraleja: en el ambiente oscuro del cine aúllan los lobos.
Años después apareció el amor ideal: Jorge Martínez de Hoyos, de amplio prestigio en el cine, la televisión y el teatro. En 1965, año en que se casaron, era él la figura más acreditada de la cinematografía nacional. Esta unión restituyó a Alicia la ilusión perdida y le trajo años de completa felicidad.
Pocas parejas del cine han podido exhibir un matrimonio tan sólido. Caso insólito, pues el amor que los actores representan en la pantalla no es, por lo general, el mismo que viven en sus hogares. En este medio son comunes los deslices amorosos y los escándalos, que a veces parecen salidos de sus propios papeles.
Estos dos personajes de la vida real se encontraron en el camino del cine –que suele ser una ficción– y unieron sus vidas con los lazos del amor verdadero. Su caso contradice los amores equívocos de la farándula. Duraron 32 años unidos, hasta que la muerte los separó.
Heroína del amor
La última película donde actuó Martínez de Hoyos fue Edipo alcalde, guion de García Márquez filmado en el municipio colombiano de Salamina. La versión, basada en el Edipo rey de Sófocles, muestra la cruda violencia colombiana desatada desde hace varias décadas, y agrega a la obra griega la presencia de un cura de pueblo (personaje muy nuestro) representado por Martínez de Hoyos.
El cura muere sacrificado por la barbarie que azota al país. Cruel ironía: el actor mexicano fue el único muerto de la obra y el único muerto de la vida real. De vuelta en México, Alicia Caro me informó que a Jorge le habían descubierto un cáncer terminal. Y comenzó el calvario: visitas angustiosas a los médicos, desesperantes transfusiones de sangre, atroces tratamientos de quimioterapia.
“Las cosas estuvieron muy duras para Jorge y para mí –me dijo Alicia–. Mi sueño, antes tan tranquilo, se acabó. Hubo necesidad de hacerle cuatro transfusiones en los últimos meses, pues esos medicamentos son tan agresivos que barren con los glóbulos rojos, blancos y plaquetas. ¡Ay, Gustavo, cuánto dolor y cuánto sufrimiento tuvo que soportar Jorge, y yo con él, ¡pues su dolor fue el mío!
“No puedo comprender por qué y en qué momento nuestro destino se torció en forma tan grotesca. Su enfermedad nos envolvió, nos atrapó como un remolino del que ya no había salida, y a él lo mató. Muero un poco cada día –se dolía–, porque no puedo concebir mi vida sin la suya. Todo esto pasa como una lápida sobre mi corazón”. Sin embargo, Alicia Caro no fue una mujer derrotada. Pasó, eso sí, por una etapa crítica, que trató de superar.
Mientras escribo estas letras, repaso un legajo de su época dorada y veo a la actriz radiante y lozana y llena de ilusiones. Eran los días en que su estampa de princesa le hacía conquistar admiración y aplausos. Pasado el tiempo, era la mujer herida por el infortunio que no acertaba a explicarse por qué se había roto su felicidad en forma tan abrupta. La heroína del dolor, alentada por su fe religiosa, confiaba en que Dios le deparara caminos para seguir adelante.
Y ahora es ella quien se ha ido del mundo, a los 95 años, mientras muchos ignoran que fue una de las brillantes intérpretes de la Época de Oro del cine mexicano. Desde mi lejanía bogotana evoco los días en que me brindó toda su colaboración, con el aporte de datos y documentos, que me permitieron escribir la biografía publicada en el año 2003 sobre Laura Victoria. En su tumba deposito una flor de conmovido afecto.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-04-23 19:46:472026-04-23 20:11:20CRÓNICAS Y ENSAYOS – ABRIL
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Miradas que analizan. Voces que cuestionan.”
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COLABORADORES- CRÓNICAS Y ENSAYOS
Alberdi Maren – España
Gormley Elspeth – España
Páez Escobar Gustavo – Colombia
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CUANDO EL VIENTO HABLE – ÁNGELA BANZAS
Alberdi Maren – España
Hay libros que no se leen: se escuchan. Cuando el viento hable, de Ángela Banzas, pertenece a esa categoría de historias que parecen llegar desde un lugar más antiguo que la memoria, como si alguien —o algo— susurrara desde detrás de los árboles. Quizá por eso el viento es el verdadero hilo conductor de esta novela: no sopla, habla. Y cuando habla, lo hace para recordar lo que las familias llevan generaciones intentando callar.
Lo que más me atrapó desde el principio es esa sensación de que la autora no escribe solo una trama, sino un eco. Un eco de mujeres, de silencios heredados, de heridas que no se nombran pero que se transmiten igual que el color de los ojos. En esta historia, las mujeres no son solo personajes: son raíces. Son memoria. Son las que sostienen el mundo mientras los demás miran hacia otro lado.
Ángela Banzas construye una Galicia que no es decorado, sino presencia. La lluvia cae como si quisiera limpiar algo más que los caminos; la tierra guarda secretos con la paciencia de quien ha visto demasiadas vidas pasar; y el viento… el viento es el mensajero incómodo que insiste en que la verdad, tarde o temprano, encuentra una rendija para salir. Esa Galicia húmeda, casi mística, se convierte en un personaje más, uno que respira, observa y empuja.
Pero lo que realmente conmueve es la forma en que la novela aborda los secretos familiares. No desde el morbo, sino desde la humanidad. Todos sabemos —porque lo hemos vivido, lo hemos visto o lo hemos intuido— que hay cosas que en las familias no se dicen. Se guardan. Se esconden. Se tapan con frases hechas, con silencios largos, con miradas que cambian de dirección. Y sin embargo, esos silencios pesan. Condicionan. Marcan. La novela lo muestra con una delicadeza que duele: lo no dicho puede moldear una vida entera.
Las mujeres de esta historia cargan con ese peso. No desde el victimismo, sino desde la resistencia silenciosa. Son mujeres que protegen, que callan, que intuyen, que sostienen. Y también son mujeres que, llegado el momento, deciden hablar. Porque llega un punto en que el silencio ya no protege: asfixia. Y entonces el viento —ese viento que todo lo sabe— se convierte en aliado.
Hay algo profundamente humano en la búsqueda de identidad que atraviesa la novela. No es solo una investigación del pasado: es un intento de entender quién se es, de dónde se viene y qué parte de la vida pertenece realmente a uno mismo y no a las sombras heredadas. La verdad, cuando aparece, no siempre consuela. Pero libera. Y esa liberación, aunque duela, es necesaria.
Cuando el viento hable es, al final, un acto de memoria. Una invitación a escuchar lo que llevamos demasiado tiempo evitando. Una historia que nos recuerda que la verdad no destruye: repara. Que el pasado no es un enemigo, sino una raíz. Y que a veces basta con detenerse, cerrar los ojos y dejar que el viento hable para entender por fin lo que siempre estuvo ahí, esperando ser escuchado.
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KOSOVO
Gormley Elspeth – España
Crónica de un viaje. Donde la gente sostiene lo que la historia rompió
Hace ocho años viajé a Kosovo. No sabía que aquel lugar, pequeño en el mapa, iba a dejar una huella tan grande. Hay ciudades que se muestran enseguida, y otras que te obligan a mirar más despacio. Kosovo pertenece a las segundas.
Una parte de la ciudad aún olía a guerra, a humo antiguo, a paredes que habían visto demasiado. La otra parte respiraba distinto: más ligera, más abierta, como si intentara avanzar sin olvidar. Ese contraste no estaba solo en las calles: estaba en la gente.
Mientras mis acompañantes se fueron a recorrer la ciudad, yo preferí quedarme sola en el centro. A veces, para entender un lugar, hay que quedarse quieta. Y fue en esa quietud donde apareció lo esencial.
Allí conocí a un sacerdote que hablaba español. No fue casualidad: fue uno de esos encuentros que parecen colocados en el camino para abrir una puerta. Me habló de la ciudad, sí, pero sobre todo me habló de su gente. De los que resistieron. De los que perdieron. De los que reconstruyeron con las manos lo que la historia había roto. De los que siguen ahí, día tras día, sin hacer ruido, sosteniendo la vida como pueden.
En Kosovo, la guerra no es un recuerdo lejano: es una sombra que convive con la luz. Y aun así, la gente no se rinde. Hay una dignidad silenciosa en sus gestos, una fuerza que no necesita explicarse. No es heroísmo; es supervivencia. Es seguir adelante porque no hay otra opción.
La Catedral de la Madre Teresa: un refugio en medio del contraste
El sacerdote me llevó a la Catedral de la Madre Teresa, un lugar que no impresiona por su tamaño, sino por su significado. Allí, en medio de una ciudad marcada por la fractura, la catedral se levanta como un espacio de calma. Su interior es luminoso, sobrio, casi desnudo. No busca deslumbrar: busca ofrecer un respiro.
Me explicó que la catedral no es solo un templo: es un símbolo. Un recordatorio de que incluso en los territorios más heridos, el arte y la fe pueden abrir un hueco para la esperanza. Un lugar donde cualquiera puede entrar, sentarse y respirar, aunque sea por un momento.
La gente: el verdadero paisaje de Kosovo
Podría hablar del Cañón de Rugova, de los monasterios medievales, de las montañas que rodean Peja. Pero lo que más recuerdo de Kosovo no son sus paisajes, sino su gente.
Gente que ha visto caer su mundo y aun así sigue levantándose. Gente que perdió familiares, casas, certezas, y aun así conserva una forma de amabilidad que desarma. Gente que no olvida, pero tampoco se queda atrapada en el pasado. Gente que vive, simplemente vive, con una fuerza que no se aprende en ningún libro.
Kosovo me enseñó que hay lugares donde la historia pesa, pero la gente pesa más. Que incluso en las ciudades partidas, la vida encuentra su manera de avanzar. Y que a veces basta un encuentro inesperado —un sacerdote, una conversación, una mirada— para descubrir que el alma de un país no está en sus monumentos, sino en quienes lo habitan.
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SALAMBÓ O LA GUERRA
Páez Escobar Gustavo – Colombia
Gustavo Flaubert, novelista de imaginación portentosa, muerto el 8 de mayo de 1880, no escribió sólo para su tiempo, en el que suscitó ardorosas polémicas, sino que creó una obra de proyección imperecedera. Salambó, escrita a continuación de Madame Bovary, es el arquetipo de la novela histórica. En la primera describe con gran realismo la tragedia del hombre, tomando como pretexto los arrebatos y la sensualidad de una amante impetuosa, y en la segunda, con fondo violento, pinta el drama de la guerra. Puede pensarse que Salambó, una especie de diosa humana incrustada en la historia de Cartago, es la metamorfosis de Emma Bovary, la heroína de una miserable aldea francesa.
Salambó será la mejor referencia de Cartago la guerrera, una de las capitales más famosas del mundo antiguo, que buscó ser dueña del planeta, al igual que Roma, su enemiga indomable. Cartago, dueña del mar y cuna de fieros combatientes, para defender su territorio y atacar al enemigo adiestró temibles ejércitos y armó poderosas flotas marítimas. Tenía que ser grande, aun destruida, porque nació para ser colosal. Amílcar Barca, amo violento y forjado para la guerra, que nunca retrocedía, de no ser para volver a embestir, es la personificación del valor, de la furia humana. Muerto él, aparece su hijo Aníbal, otro bravo de la historia, con vocación de héroe, que solo de nueve años había jurado ante los altars de su patria que nunca dejaría de odiar a Roma.
Las guerras púnicas
Aníbal es el hombre prudente y valeroso, sagaz y calculador. Se trata del mayor estratega del mundo en todos los tiempos. Con solo 25 años de edad se pone al frente de los suyos y se lanza a las guerras del horror y la esclavitud, las famosas guerras púnicas, de nunca acabar, como que la primera duraría 23 años. Es el genio militar por excelencia a quien nadie había superado. Cartago, amurallada e inexpugnable, con 700.000 habitantes que vivían en función de guerrear, desafía el ímpetu del enemigo y se sostiene como capitana del mar, altiva y desdeñosa. Si al fin cae dominada tras largas sangrías de parte y parte, también termina con ella el imperio y nace la leyenda. Y Aníbal, que no había nacido para ser dominado, apura el veneno que portaba como solución de última hora.
Sobre las ruinas de Cartago escribió Flaubert su novela monumental. Y esto no es sólo una figura. Primero se entregó a vastas y minuciosas investigaciones, se metió entre archivos confusos y contradictorios, y luego se fue, como investigador inconforme, a los propios escombros, todavía humeantes, a oler la historia misma. Consultó a tratadistas, pulsó la historia, escudriñó el paisaje y la época, y solo después de muchos años y de profundas meditaciones puso sobre el papel la primera palabra de su obra gigante, cuando estaba seguro de poder ambientar aquel formidable drama humano.
¿Mujer o diosa?
Cartago se volvió una obsesión para Flaubert. Su pluma logró plasmar los hechos no tanto como el arqueólogo que destapa piedra por piedra en busca de vestigios humanos, sino como el artista consumado que llega más lejos al poder fabricar un ambiente. Entendidos los contornos de aquel cuadro fabuloso, el novelista se imagina la intensidad del momento histórico y crea a Salambó como la protagonista sublime que estimula apetitos y desencadena batallas. No se sabe si es mujer o es diosa, y acaso esa misma mitología contribuye a suponer a Cartago como un eco fantástico, por más turbulencia que haya caído en sus entrañas. En célebre polémica sostenida con Sainte-Beuve, le dice Flaubert: «Creo realmente haber hecho algo que se parece a lo que debió ser Cartago». Es más: no se podrá comprender hoy la historia de Cartago sin leer Salambó. Tampoco se entenderá la revolución rusa sin leer a sus novelistas, ni se captará la historia de Francia sin las novelas de la época.
Salambó es un cuadro histórico, más que la historia misma. Es el nombre de una batalla, de muchas batallas. Cuando se quiera saber quiénes eran los bárbaros, y qué significaban los ejércitos mercenarios, y por qué los pueblos antiguos eran aguerridos, con su fondo de torturas, de niños sacrificados, de esclavos pisoteados, de mujeres ultrajadas, será preciso leer Salambó. El autor, que al propio tiempo es paisajista y sicólogo, historiador y poeta, y esencialmente artista, recoge las costumbres, las creencias religiosas, el respeto a los dioses y la exageración de los mitos, o sea, el alma del pueblo, para novelarnos la época. Con gran precisión señala a cada cosa por su nombre, en tarea de envidiable penetración. Las armas, los arreos militares, los usos y estilos, todo tiene maravillosa identidad.
Pintura de la época
Y por encima de todo está la época. Ejércitos temibles que vuelan por las montañas, arremeten en las encrucijadas y derrotan al enemigo; maniobras navales que hacen encrespar los mares; camellos amaestrados que rompen distancias y aplastan al adversario: he ahí la fiereza del hombre cuando se vuelve huracanado. Los dioses empujaban a la guerra y esta se convertía en un grito de la sangre. Las ciudades se levantaban sobre hitos de grandeza. Los hombres, templados en el valor, ofrendaban a sus dioses con el sacrificio de sus arterias. Salambó, la hija de Amílcar, surge sobre este panorama como la impoluta deidad a la que se respeta y se ama, se teme y se desea. Es la diosa de carnes voluptuosas, de grandes ojos tranquilos, de apetencias ocultas, que acaso por su misma sublime categoría vive alejada de los placeres, entre perfumes y gasas relajantes, y cuya existencia discurre en medio de abstinencias, ayunos y purificaciones, como la virgen asombrosa a quien el pueblo quiere incontaminada. Pero ella siente sus soledades, sin conseguir dominar los ímpetus de la carne, cada vez más intranquilos. Apenas la cuidan y la miman la esclava solícita y la serpiente sensual, pitón inofensivo que le transmite voluptuosidad.
Epopeya del amor
El velo que el bárbaro Matho, su enamorado, roba a la diosa Rabbet ante los ojos atónitos de Salambó, agitará la vida de la ciudad porque los dioses no pueden ser despojados de sus sagradas vestiduras. Ese velo, emblema de la fe del pueblo adorador de sus ídolos, será su castigo si no aparece. El propio Amílcar lanza sobre su hija una maldición, y ella, que no ignora las astucias de la mujer, termina rescatándolo, pero al costo de su virginidad. Entrega colérica, clamorosa como la voz misma del pueblo que no se resigna a la desprotección de los dioses. Salambó es una batalla, y no sólo de ejércitos, sino también de la conciencia. Esta mujer fulgurante, otra madame Bovary transplantada a escenario distinto, se alza sobre la historia de Cartago y de la humanidad entera como faro luminoso. Ama y odia, como las grandes heroínas. Sufre. A su vista se despedaza el pueblo y en sus oídos retumba el clamor de la guerra. Ella lleva en su pecho otro eco, el de la venganza, que no logra consumar hasta la saciedad que la enardecía, porque el amor es más potente. El amor puede ser un solo instante, una mirada o un pensamiento, como lo consagra esta obra cumbre que termina escribiéndole a la historia, en el rescoldo de las pasiones bélicas, un intenso drama del alma. Es la epopeya del amor, que se hace más grande sobre el conflicto de la guerra.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 10:00:002026-03-22 12:23:25CRÓNICAS Y ENSAYOS – MARZO
Nota Editorial: Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“El aroma del mundo cabe en una crónica.”
✦ COLABORADORES ✦
✦Ilka Oliva Corado – Estados Unidos ✦Gustavo Páez Escobar – Colombia ✦Elspeth Gormley – España ✦Carlos Pérez de Villarreal – Argentina ✦Fran Serrato – España
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LA RESISTENCIA A TRAVÉS DE LA CULTURA Y EL ARTE
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Mi expresión escrita nació de mi inexpresión verbal. Nunca he podido comunicarme con los humanos, dentro de mí habitan mundos y volcanes en erupción, pero por fuera son un témpano, la tosquedad misma. Me cuesta acércame a las personas, no soy tímida al contrario soy atrevida, tengo facilidad de palabra gracias a mi Alma Mater, el mercado donde crecí vendiendo helados, esa experiencia me enseñó a salir al paso y a buscarme la vida al trote, la vergüenza no sirve para la sobrevivencia; entonces gracias a aquellos años saliéndoles al paso a los comensales para ofrecerles los ricos helados que vendía y tratar de convencerlos prácticamente haciendo piruetas en el aire, puedo expresar mi opinión sin ningún problema, auto presentarme, conversar de puntos varios. Pero los sentimientos no, cuando se trata de sentimientos y emociones mi mundo es completamente aislado e inhabitable. Soy un vacío insondable.
Empecé a escribir poesía a la edad de los 13 años, cuando vivía en Ciudad Peronia, el arrabal donde crecí, en Guatemala. Pero el trabajo del día a día era demasiado que no quedaba tiempo ni para comer mucho menos para el ocio, el ocio fue catalogado como haraganería y haraganes en el arrabal no existen la necesidad obliga a ir contra reloj; entonces esos 10 o 15 minutos que yo tomaba al día para escribir significaban dejar de limpiar el gallinero a las horas o limpiar el chiquero a las horas, dar de comer a los animalitos de forma puntual y ordeñar las cabritas a su hora, un retraso de cinco minutos provoca un descontrol para quienes hemos vivido al trote: el arrabal lo sabe. Cualquier sueño, cualquier anhelo fue fulminado por el hambre, el frío y la pobreza. En las capas que recubren la pureza del alma, en la más profunda se encontraba mi amor por la pintura, fue bloqueado de un portazo en la nariz contra la realidad. Bloquear la poesía y el arte ayudaron a mi sobrevivencia en aquellos años, porque para qué iba a anhelar algo que era imposible, unas acuarelas eran un lujo que los niños en Peronia no nos podíamos dar. Escribo estas palabras con honestidad, sin afán de dramas innecesarios, pero con la responsabilidad que me obliga a relatar la esencia del arrabal…, porque estoy segura de que no soy la única que bloqueó y se dio con la cabeza contra la pared, ardiendo en furia por no poder ilusionarse con una realidad distinta a la que le tocó vivir.
Con los años emigré, joven, a los 23, llegué con toda la leche a dejar lo que me quedaba de pulmones en los pisos de las mansiones donde trabajé de empleada doméstica en Estados Unidos, aquí continuó mi labor de mil oficios con los que crecí, también buscándome la vida al trote solo que indocumentada, sin estatus de nada ni de ser humano. Las razones de la angustia y el miedo de los indocumentados son distintas a las del país de origen, pero es angustia al final de cuentas. Aquí mi inexpresión se volvió un ahogo, un dolor sordo, un nudo de sal en la garganta; provocados por la añoranza, la depresión post frontera, el estigma y el bloque de hielo enorme como muralla que era el idioma inglés, mismo que yo desconocía por completo. A los 6 años de emigrada, cansada de todos esos años sin poder dormir de corrido ni una sola noche por las pesadillas provocadas por los recuerdos de mi experiencia en la frontera, una madrugada comencé a escribir un poema que lo terminé cuando salió el sol. Y fue una catarsis total porque lloré cada letra. Lloré por mi frustración, por mi descontento, por el dolor de sentirme lastre. Ese poema al que yo titulé Nostalgia, fue la luz de un nuevo día en mi vida, una pequeña rendija de una ventana, diría que fue como el rocío del amanecer. Un amanecer que duró otros largos años porque mi proceso fue lento, pero lo sobrellevé con la escritura, primero con poemas, luego con relatos y después con artículos de opinión. Poco a poco fue reabriendo las heridas que estaban sin cerrar y las encaré, las traté de curar quitando costras y sangre podrida para ventilarlas y dejar que cicatrizaran a su paso, a su tiempo. Y eso ha sido la escritura para mí, una cura. Una pócima que le ha permitido a mi espíritu sanar su dolor. El dolor de la exclusión, de las sobrecargas de trabajo desde mi infancia, de la incomprensión, de los golpes recibidos, del racismo, de la pobreza. Porque sí, a nosotros los obreros nos han obligado a vivir la crudeza de la pobreza y la exclusión.
La pintura llegó muchos años después de aquel anhelo de infancia, llegó en la diáspora, después de varios años escribiendo, imagino que emergió de lo más profundo de mi alma cuando me había sacado ya varias espinas gracias a la escritura. Porque mi terapia han sido las letras. Llegó de forma inesperada y ha sido un regocijo para mi espíritu, el placer absoluto, la paz. Mi pintura refleja la paz de mi espíritu. Sucede lo contrario que con la escritura, con la escritura yo puedo expresar mi enojo, mi frustración, mi descontento, conmigo misma y con el sistema, en cambio con la pintura sólo brota de mi alma la tranquilidad y vuelvo a ser niña, no puedo verme como mujer adulta en la pintura, en la pintura soy niña. Y soy una niña feliz, como debe de ser la infancia de todos los niños en el mundo.
Desconozco de técnicas, desconozco completamente de los fundamentos del arte, de la escuela del arte, no puedo darme el lujo de tomar clases de pintura, no pagaría la renta si lo hiciera. Porque aquí también soy obrera y vivo al día. Para comprar mis pinturas, mis pinceles y mis lienzos he tenido que ahorrar, lo hice mi prioridad, ajustando y dejando de comprar otras cosas de primera necesidad. Porque para mí es muy importante acariciar este amor, alimentarlo, cobijarlo, este amor de niña que necesita mi abrigo o más bien, yo soy la que necesita ese amor y ese cobijo de esa niña que apareció de pronto con sus colores encendidos para que me reconcilie con mi infancia. Con la pintura he aprendido a defender quién soy, lo que soy, a defender mi esencia, a tener muy claro que mi estilo es mi estilo y que hacer las cosas a mi manera ha sido mi camino siempre, es decir; ser auténtica, aunque el mundo me cierre las puertas en la cara.
Y también he aprendido a que no hay necesidad ni espacio para la frustración y el enojo, porque claro está, tengo limitaciones porque mis manos no están familiarizadas con los pinceles y las técnicas, pero como todo en la vida se aprende y lleva tiempo y práctica. Pero tomar un pincel y poner los colores sobre el lienzo es ya para mí una realización. Es mi realización personal. Lo demás, lo demás la verdad no importa. Y siempre me han gustado las cosas simples, yo misma soy muy simple, no escribo con palabras rebuscadas y no busco en la pintura los excesos.
Tengo varias series, una de mis favoritas es la serie de la Mamá África a la que reverencio y quiero, por ser la raíz, mi raíz pero la raíz de todos los continentes y de quien he heredado mi cabello y mi color de piel. Está la serie Raíces, y la última en la que he estado trabajando que es la serie Mi familia, que se trata de las cabritas con las que crecí, los amores de mi vida, con la únicas con la que puedo ser yo, con las únicas con las que me puedo expresar. La serie Mi familia, es el amor puro a las cabritas.
La escritura es la expresión de mi alma, pero la pintura es la realización de mi espíritu. Quien quiera conocerme solo tiene que ver mis pinturas, me conocería mejor que conversando conmigo en persona. Y como todo lo que hacemos o dejamos de hacer en la vida es un acto político, yo sigo escribiendo y pintando por necedad y por resistencia. Mi esencia siempre fue ser necia, por necia recibí grandes palizas y fui excluida y por necia elevo mi voz en la escritura y mi espíritu en la pintura.
Porque el día que no esté más en este mundo quiero que cuando una niña de arrabal de sienta sola, desechada, violentada, excluida y se sienta un lastre, sepa que también en otros tiempos, otra niña de arrabal que creció en la pobreza como ella, que fue agredida y desechada se sintió como ella y después de darse con la cabeza contra la pared y anegarse en alcohol, comenzó a escribir y a pintar y ambas cosas le dieron sentido a su existencia. Quiero que esa niña sepa que vale la pena y la alegría resistir.
Será mi abrazo, mi cobijo de hermana para esas niñas, y estoy segura de que el tiempo me permitirá ese reencuentro con ellas, aunque yo ya no esté físicamente, porque todas las almas que están destinadas a coincidir se encuentran en el momento justo. Como yo he encontrado otras almas de ancestras que me han abrazado y cobijado como hermanas desde distintas partes del mundo y de la historia.
Mi legado para ellas, niñas de arrabal es la resistencia a través de la escritura y el arte.
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UN PAÍS DE OLVIDOS
Elspeth Gormley – España
A veces me pregunto si en Estados Unidos recuerdan quiénes fueron. No quiénes son hoy, sino quiénes fueron al principio: un país levantado por manos que venían de lejos, por acentos que chocaban entre sí, por esperanzas que cruzaron océanos enteros. Un país que nació del movimiento, del desarraigo, del miedo y del deseo urgente de empezar de nuevo.
Porque, salvo las generaciones más recientes y los pueblos originarios -los únicos verdaderamente anteriores a todo-, la inmensa mayoría de los estadounidenses descienden de inmigrantes. De personas que llegaron con frío, con hambre, con lo puesto, con un futuro que todavía no existía. Y sin embargo, hoy vemos deportaciones, detenciones masivas, familias separadas, interrogatorios interminables, incluso ciudadanos con nacionalidad obligados a demostrar una y otra vez que pertenecen al país donde nacieron. Una contradicción tan grande que roza lo grotesco.
Entonces surge la pregunta inevitable: ¿Cómo puede un país nacido del movimiento castigar ahora el movimiento?
¿Qué está pasando en Norteamérica para que la memoria se haya vuelto tan corta? ¿En qué momento se olvidó que la diversidad fue su cimiento, su fuerza, su identidad más profunda? ¿En qué instante se decidió que el origen ajeno era una amenaza, cuando el propio origen fue exactamente el mismo?
Quizá la respuesta esté en algo tan humano como el miedo. Miedo al cambio, miedo al otro, miedo a perder un lugar que nunca fue del todo propio. O quizá sea simplemente que la historia, cuando incomoda, se guarda en un cajón y se tapa con una bandera.
Pero la crónica no busca sentencias, sino preguntas. Y la pregunta que queda flotando es esta: ¿Puede un país renegar de su origen sin perderse a sí mismo?
No tengo la respuesta. Solo sé que la memoria es un territorio frágil, y que cuando un país decide olvidarla, no solo repite sus errores más antiguos.
También empieza a convertirse en aquello de lo que un día quiso escapar.
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UNA PASIÓN ARGENTINA
Gustavo Páez Escobar – Colombia
Historia de una pasión argentina, de Eduardo Mallea, me acompañó en el viaje que hace varios años realicé a su país. Comencé a leer el libro dos días antes de abordar el avión, continué la lectura en el largo itinerario a Buenos Aires, y a la postre -de regreso otra vez en Bogotá- supe que había percibido una imagen clara de Argentina.
Todo viaje debe tener un objetivo cultural. Los turistas superficiales, incapaces de apreciar la cultura de los pueblos a través de los tesoros que cada nación exhibe, carecen de sensibilidad para el arte y de vocación para la historia. Solo ven lo aparente, lo fastuoso o lo trivial.
Mientras en los inicios de la primavera entrábamos a Buenos Aires, apareció de repente, en medio de una madrugada apacible, la ciudad espléndida, llena de soberbias avenidas, airosos edificios y preciosas residencias. Buenos Aires es una ciudad cosmopolita abierta a todos los extranjeros. Tiene sangre europea: sus primeros pobladores fueron italianos y españoles. Varias calles recuerdan las de París, Madrid, Barcelona o Londres. Argentina, a pesar de su extensa superficie, está poco poblada y en algunos parajes es tierra desierta. Alrededor del 87 % de sus habitantes reside en las ciudades. La Patagonia argentina, que se une con la chilena hasta llegar al estrecho de Magallanes, y entre las dos crean una de las estampas más fascinantes del planeta, se caracteriza por sus glaciares de hielos milenarios, que se revisten de un blanco purísimo y forman grietas con resplandores azul y violeta.
Para tener una idea de la pampa, los programas turísticos ofrecen la visita, durante un día entero, a una de las estancias rurales localizadas en la provincia de Buenos Aires. Así llegamos a Santa Susana, a más de una hora de la capital. En los jardines de la entrada, bellas muchachas vestidas con atuendos típicos saludan a los turistas y les ofrecen las ricas empanadas que constituyen una de las comidas favoritas del país.
Vienen luego los vinos, las cervezas y los refrescos, mientras la parrillada, el atractivo central de la fiesta, hace ojitos al fondo del amplio salón que alberga a turistas de todo el mundo. En los potreros, los gauchos hacen destrezas con los caballos y de esta manera demuestran que como hijos de la tierra bravía nacieron para las faenas de la doma y el rodeo. Desde pequeños aprendieron el arte de amaestrar caballos y resistir temporales. El gaucho es trabajador incansable de la vida rural. Posee fuerza, arrogancia y coraje para enfrentar su severo destino. Ama la libertad y corre como el viento. Montado en un caballo y provisto de la rastra, la faja, el rebenque y el pañuelo, es el soberano de las llanuras.
Estamos en la legítima pampa. La cantada por José Hernández en Martín Fierro y por Ricardo Güiraldes en Don Segundo Sombra. Para armonizar con el momento, voy a tomarme un mate a la salud de mis lectores. Un gaucho no puede prescindir de esta infusión legendaria. Es la bebida nacional por excelencia, que ha pasado de generación en generación hasta volverse uno de los mayores íconos del pueblo argentino.
La Patagonia comienza en Bariloche, ubicada a dos horas de avión desde Buenos Aires. Sitio encantador, pulcro y amable, donde se respira una paz edénica. El sitio es célebre por la confección de deliciosos y artísticos chocolates, arte aprendido de sus primeros pobladores (emigrantes alemanes, austriacos y suizos). Bariloche limita con el fantástico lago Nahuel Huapi, alrededor del cual se extiende el parque de 710.000 hectáreas que lleva el mismo nombre.
En este recorrido hallamos otros lagos menores conectados entre sí, lo mismo que varios ríos míticos que fertilizan una amplia extensión de bosques nativos.
Es un valle encantado. Villa Traful parece irreal: se trata de una aldea mínima, de 500 personas (yo diría que invisibles), adormilada en aquella zona de silencio como si fuera un sueño profundo de la montaña. Entre sus bienes singulares cabe citar la Piedra del Viento, roca gigante que posee una puerta de madera asegurada con candado. ¿Qué se ocultará en aquel misterioso laberinto?
La tierra no se vende a ningún precio. Algún extranjero logró al fin, luego de mucha insistencia y no menos paciencia, que le vendieran media hectárea de aquella tierra dormida, pero por ella le pidieron ¡400.000 dólares! Negocio imposible.
Volvamos a Buenos Aires. Cerca del hotel Nogaró, donde nos hospedamos, está el nervio palpitante de la ciudad: la Plaza de Mayo, testigo de los sucesos más trascendentales de la vida política y social del país, que debe su nombre a la revolución del 25 mayo de 1810, la cual inició el proceso de la independencia.
En aquel sector se hallan la Casa Rosada, sede oficial del Gobierno; la Catedral Metropolitana, donde reposan los restos del general San Martín; el Cabildo, el Banco de la Nación y otros organismos tradicionales.
En el centro de la plaza se erige, en honor de la libertad, un majestuoso obelisco, y la circundan la Avenida de Mayo y la Avenida 9 de Julio, las dos arterias más importantes de Buenos Aires. Son famosas las reuniones que las “Madres y Abuelas de Mayo” realizan aquí desde viejos tiempos para recordar por este medio a los miles de familiares desaparecidos en la llamada Guerra Sucia de los años 70. Y aquí se congregan, de modo permanente y como si fueran parte del paisaje, grupos de manifestantes que lanzan sus protestas hacia la Casa Rosada, para que el presidente las escuche.
Los argentinos son muy apegados a sus costumbres y tradiciones. Pregonan su comida criolla, y no exageran la ponderación: la gastronomía del país goza de merecida fama internacional. El churrasco, por supuesto, es el campeón de los platos autóctonos y nadie regresa de la Argentina sin haber saboreado tan exquisito manjar. Eva de Perón es un mito que brota a flor de labio como un símbolo social Buenos Aires es febril y seductora. Tiene alma femenina. Su actividad comercial palpita en diversos escenarios, como la Calle Florida, zona peatonal llena de atracciones para el turista que busca novedades; o San Telmo, sector de talleres artesanales en medio de preciosas casonas; o Puerto Madero, a orillas del río de La Plata (el dios tutelar de la ciudad), pintoresca área dotada de importantes oficinas bancarias y lujosos hoteles y restaurantes; o La Recoleta, barrio aristocrático que tiene sus orígenes en el siglo XVIII -cuando los padres franciscanos construyeron el convento y la iglesia de Nuestra Señora del Pilar- y que hoy ostenta refinadas boutiques y tentadores restaurantes.
Hacemos un detallado paseo por La Recoleta y llegamos al legendario cementerio del barrio, obra fundada en 1822 por los monjes recoletos. Es un recinto famoso por el arte que atesora en mausoleos, tumbas y esculturas. A este camposanto fue traído el cadáver de Eva de Perón luego de los continuos traslados de que fue objeto a raíz de la implacable persecución política que se desató contra ella. Su cadáver se convirtió en un cuerpo político. Un cadáver embalsamado que deambuló por muchos lugares clandestinos, incluso del exterior, huyendo de la sevicia de sus enemigos.
El escritor Tomás Eloy Martínez, con los episodios estremecedores que narra en su novela Santa Evita (1995), ha agrandado la leyenda alrededor del itinerario infamante que recorrió, ya muerta, la mamá de los “descamisados”.
Otro escritor, refiriéndose a tan bochornoso capítulo de la vida argentina, habla de la “novia hermosa, melancólica y profanada por la vida en el corazón de su larga muerte”. Gardel y su tango son parte esencial del ambiente y del folklore argentinos. No podíamos regresar a casa sin ir a visitarlo en el cementerio de la Chacarita. Lo hacemos en un día de lluvia intensa, excepcional dentro del buen tiempo de la temporada. Y allí lo encontramos en su grandiosa estatua de bronce, sonriente y varonil, en medio de flores frescas y de mensajes escritos que evidencian la idolatría de la gente. Gardel está en todas partes, con increíble poder de ubicuidad: en San Telmo, en el Caminito, en La Ventana, en Señor Tango, en las tiendas de discos, en las librerías, en los suburbios, en los clubes, en las innumerables tanguerías y academias de baile, en cada esquina, y sobre todo en el alma del pueblo. A 33 kilómetros de Buenos Aires está localizada la ciudad de Tigre, punto ineludible de atracción. Hacia allí viajamos en bus, luego tomamos un tren hasta San Isidro, pintoresco sitio de artesanías, y al final nos embarcamos en el catamarán, la embarcación que nos lleva al delta del río Paraná, donde se goza de un maravilloso recorrido en medio de islas, arroyos, ranchos y canales.
Y si se trata de buscar un ambiente de religiosidad, está el parque temático de Tierra Santa, obra exclusiva en el mundo. En un predio de siete hectáreas, a poca distancia del centro de la ciudad, se representa, en más de mil figuras humanas y de animales de tamaño natural, la vida de Jesús de Nazaret desde su nacimiento hasta su resurrección. Todo en este parque es sobrecogedor. La emoción final se obtiene con la aparición de Cristo resucitado, en una imagen de 18 metros de altura que se mueve en lo alto de la montaña bajo los efectos deslumbrantes de la luz y el sonido.
Esta es la Argentina visible, la que se ve en todas partes, la de la fiesta y el ánimo alborozado. Dejo para otro capítulo a la Argentina invisible, la recóndita, la que llega al alma del escritor viajero a través de los libros y del clima espiritual. Esa Argentina la analiza Eduardo Mallea en Historia de una pasión argentina, sin dejar de contemplar el ámbito externo.
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ANÁLISIS DE LA NOVELA LOS SIETE LOCOS DE ROBERTO ARLT
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Publicada en octubre de 1929, la novela de Roberto Arlt, Los siete locos, logra dos cometidos importantes y novedosos para la época: el primero de ellos fue comentar los problemas sociales que asolaban a la Argentina en ese período de los años 20´. En ellos incluyó sus reflexiones y puntos de vista filosóficos, que de alguna manera se anticiparon a la corriente del existencialismo. En segundo lugar, eligió escribir giros del lenguaje porteño, que incluso le valieron críticas, porque muchos pensaban que no quería usar expresiones correctas. Pero justamente aquí, es donde se conjuga la novedad de la obra, una crítica social con una marcada imagen realista, más la aportación de un estilo literario propio e innovador.
Arlt refleja el sentido de la vida, el amor, la muerte, el absurdo existencial y con ellos construye una feroz crítica al canon impuesto. Y no es solamente a la sociedad, sino también a la literatura, a las condiciones humanas y a la existencia, que parece tener más de quimera que una construcción sólida con la cual se pueda vivir. Nos refriega en la cara nuestra propia vida y hace que la veamos tal cual es, desnuda, despojada, hermosa y espantosa, como solo los mejores escritores lo han podido lograr.
En esta obra se presentan tres aspectos diferentes: uno psicológico, uno policial y otro den fantasía. La novela presenta desde las primeras páginas un relato objetivo, conducido en tercera persona por un narrador omnisciente que en el texto toma el nombre de “comentador” y que ingresa en la obra como un cronista a quien el propio personaje le hace sus confesiones Pero rápidamente se pone de manifiesto que la labor del narrador es mucho más complicada que describir los principales pasos que llevan a su protagonista Remo Erdosain, de la angustia a la desesperación. La objetividad de los hechos narrados, que son crueles, es secundaria. Existe un núcleo central (la conciencia de Erdosain), con lo que se logra dar mayor énfasis a su tragedia individual, al mismo tiempo que da la impresión de objetividad, de distancia. Por otra parte la narración presenta oraciones cortas, incisivas, cortantes, que lanzan un reto a quien las quiera recoger.
Arlt tuvo una niñez triste y dura, debido principalmente al problema económico que asolaba a las grandes masas de inmigrantes llegadas al país, y al autoritarismo de su padre, inmigrante prusiano, de rígido carácter, que provocó la huida de su hogar de muy joven, dejándole un recuerdo desagradable que incluso lo refleja en las palabras de su principal protagonista de la novela. Sus personajes pasan desde el absurdo a lo ideológico, donde es prácticamente imposible encontrarle un sentido a la vida. El mismo Remo Erdosain explica que esta no o tiene, y es igual seguir cualquier corriente. Todos los protagonistas viven encerrados en sí mismos, tienen una preeminencia en sus propios fracasos, con una perspectiva de liberación que solo puede llegar con un suceso sorprendente, pero que ellos mismos consideran improbable.
Ambientada en la Buenos Aires de la década del 20´, Los siete locos, impone una teatralidad en cada uno de sus personajes, que es minuciosa, pulida y muy exacta. Cuando el lector se sumerge en la trama es difícil no ver a esos intérpretes corporizados. El escritor refleja sus experiencias importantes, se aleja de lo clásico, la tradicionalidad, para poner a contraluz, la realidad de la Argentina que a él le interesaba. Cubiertos de angustia y suciedad, sus personajes pintorescos deambulan por los suburbios, en los arrabales, en los rincones oscuros de la capital. Arlt cimienta sus ficciones con noticias que va reuniendo de varios lados. Lo que aparece como un enloquecimiento de pura imaginación, fue extraído de noticias periodísticas. En EEUU, para esa época, se había descubierto una organización secreta denominada “La Orden del Gran Sello”, que tenía por misión, casi las mismas que el autor hace aparecer en las novela. Por otro lado, se supone que este presunto golpe que dará el Astrólogo, junto con todos los demás personajes, fue premonitorio de la revolución del 30´, en la que el general José Félix Uriburu y Agustín Pedro Justo derrocan al presidente electo Hipólito Irigoyen, provocando la primera dictadura militar del siglo XX, que tuvo éxito.
La novela en su texto escritural tiene tres días de duración, pero lo que caracteriza a esta construcción narrativa, es que la trama casi no avanza, gira en torno a sí misma, porque su clave es lo que pasa en el interior de cada personaje. Se cuentan pocos hechos. Todos son seres que han quedado sujetos a la angustia de su propia individualidad. Sufren por ser como son y cuando buscan “ser”, ellos mismos hacen difícil lograr ese cambio. En esa búsqueda acaban destruyéndose.
El libro se refleja en tres capítulos, que se subdividen cada uno en acápites que tienen un título que aclara su contenido. El primero y el tercer capítulo contienen catorce acápites y el segundo solamente seis, lo que causa curiosidad: ¿por qué no fueron siete para completar así una secuencia que se basa en el número múltiplo del nombre de la novela? La explicación hay que encontrarla tomando en consideración Los siete locos y Los lanzallamas (la continuación) como una unidad, expresándose claramente este hecho, en la introducción de esta última.
Dentro de la narrativa hispanoamericana del siglo XX, varios escritores abordaron uno de los movimientos intelectuales y culturales, que dejó una huella muy profunda en el pensamiento y las artes europeas, denominado Existencialismo. Pese a que aparece muy ligado a nombres propios como Camus o Sartre, muchos críticos mencionan a Roberto Arlt como el Dostoievski argentino. De hecho el escritor ruso fue uno de los primeros en presentar en sus obras temáticas de corte existencialista, con personajes que bucean a través de novelas de profunda carga psicológica como Crimen y castigo. Otro tanto sucede en este caso con Arlt, que colma su novela con monólogos interiores que tocan el absurdo kafkiano o la perspicacia nietzscheana, dejando entrever lo que se esconde social y moralmente.
La obra de Roberto Arlt resulta más atractiva si lo vemos a la luz de ese movimiento vanguardista que fue el expresionismo alemán. Las actitudes, las discordancias, incluso el vocabulario vulgar que algunos críticos le reprochan, surgen como lo que son: la manifestación de una estética deliberada que ejerce sobre quien lo lee, una atracción muy fuerte. La trama relativamente complicada, en la que el hilo argumental central se mezcla de pronto con episodios laterales, y donde la inquietud de toda novela policial se combina con largas diálogos y conversaciones semifilosóficas, se asemeja al folletín, pero está muy emparentada con la novela Los poseídos, de Dostoievsky, con la cual comparte varios objetivos característicos. Una sociedad secreta se funda para conquistar el poder; pero su desafío es más bien metafísico que político, y su pretensión es alcanzar la destrucción antes que dirigir la sociedad. Sus componentes, en ambos casos, son seres desequilibrados, rodeados por la esquizofrenia o hundidos en ella, en los que se manifiestan, en relámpagos de significado, las tensiones y las contradicciones de todo el ámbito social que los envuelve.
A diferencia del escritor ruso, Arlt propone en sus novelas un foco central (la conciencia de Erdosain), a través del que se da mayor relieve a la tragedia individual y como una sensación de distancia, de objetividad, frente a la organización clandestina que el protagonista integra.
Los siete locos, no es una novela distópica, ya que no cumple con las características de la misma. En realidad pasa a ser una novela grotesca, algunas de cuyas características son: la búsqueda de comunicación por parte del sujeto y la contención familiar no obtenida, que lleva al protagonista a la depresión y a lo patético.
Los siete locos fue llevado al cine en 1973, en la película argentina homónima dirigida por Leopoldo Torre Nilsson, quien escribió el guion en colaboración con Luis Pico Estrada, Beatriz Guido y Mirtha Arlt. Fue protagonizada por Alfredo Alcón como Remo Erdosain, junto a Norma Aleandro, Thelma Biral, Héctor Alterio y Sergio Renán. En 2015 la TV Pública estrenó una adaptación televisiva de la novela de Arlt y su continuación, con el nombre Los siete locos y los lanzallamas. La misma contó con la dirección de Fernando Spiner y Ana Piterbarg y fue desarrollada por el reconocido escritor Ricardo Piglia, quien realizó el argumento. Fue protagonizada por Diego Velázquez como Remo Erdosain, junto a Carlos Belloso, Daniel Fanego, Pablo Cedrón, Belén Blanco, Fabio Alberti, Leonor Manso, Pompeyo Audivert, Julieta Zylberberg, Claudio Rissi y Daniel Hendler.
Roberto Arlt (Buenos Aires, 1900-1942) fue periodista toda su vida. En sus comienzos, colaboró en la revista Don Goyo, fue redactor del diario Crítica, en el que se dedicó a las crónicas policiales. Y, a partir de 1928, integró el equipo del periódico El Mundo, donde permaneció hasta su muerte y para el que escribió magistralmente textos luego compilados en Aguafuertes porteñas (1933). Sus obras más importantes son las novelas El juguete perdido (1926), Los siete locos (1929) y Los lanzallamas (1931), habiendo publicado además El amor brujo (1932) y El criador de gorilas (1941) y la colección de cuentos El jorobadito (1933). Como dramaturgo, retrató un cuadro alucinado de la vida burocrática con La isla desierta (1938). Es autor, asimismo, de Trescientos millones (1932), Saverio el cruel (1936), El fabricante de fantasmas (1936), La fiesta de hierro (1940) y El desierto entra en la ciudad (1942).
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LAS BRUJAS DE ESCOCIA BUSCAN PERDÓN
Fran Serrato – España
La abogada Claire Mitchell lidera una campaña para que el Parlamento indulte a 2.500 mujeres asesinadas hace más de tres siglos
Lilias Adie reconoció haber practicado sexo con el mismísimo diablo. Esa confesión, obtenida bajo tortura, valió para que en 1704 un tribunal la condenase a arder en la hoguera por bruja. El castigo nunca se completó porque la mujer apareció sin vida en su celda de Torryburn, un pequeño pueblo escocés. Los delatores creyeron que su inesperada muerte era una prueba irrefutable de sus vínculos con Lucifer, pero los científicos que recrearon su rostro hace unos años sostienen que se suicidó. Lilias fue enterrada en la playa, bajo una pesada piedra, pues los lugareños temían que volviera de entre los muertos para perseguirles. Como ella, más de 3.800 personas fueron procesadas por brujería en Escocia entre los siglos XV y XVIII. Unas 2.500 acabaron siendo ejecutadas, la mayoría mujeres. Tres siglos más tarde, un grupo de activistas ha lanzado una campaña, para que el Parlamento escocés indulte a las víctimas.
Los humanos han invocado fuerzas y seres sobrenaturales desde el inicio de los tiempos. Muchas culturas han reaccionado a esas acusaciones por temor religioso o supersticioso. Es justo lo que sucedió en el siglo XV, cuando se extendió la creencia de que la cristiandad se enfrentaba a un nuevo enemigo. El Papa Inocencio VIII redactó una bula en 1484 para luchar contra la brujería, un tipo de hechicería en la que intervenía el diablo. El documento tuvo influencia en los territorios católicos, pero también fue aceptada por luteranos, puritanos y anglicanos. Desde entonces, la Inquisición se dedicó a quemar herejes y brujas por América y Europa, siendo especialmente virulentos los territorios del Sacro Imperio Románico Germánico. Cuando los Estados feudales se organizaron como monarquías, la tarea se trasladó a los jueces laicos.
La Ley de Brujería estuvo vigente en Escocia de 1567 a 1736. Han pasado casi tres siglos y nadie hasta ahora se ha disculpado por los atroces acontecimientos. La abogada Claire Mitchell busca restituir a las víctimas y, para ello, ha iniciado la campaña Brujas de Escocia Todo comenzó por casualidad, mientras realizaba una investigación sobre el letrado George Mackenzie en la Biblioteca del Colegio de Abogados de Edimburgo. Revisando documentos leyó la cita de una mujer pobre que había sido condenada por brujería. Se preguntaba si podía ser bruja sin saberlo. La declaración le causó tanta impresión que decidió seguir indagando. En Escocia, la caza de brujas fue especialmente feroz, ya que contó con el entusiasmo del rey Jacobo VI. “La campaña tiene tres objetivos: el indulto para los condenados, una disculpa para los acusados y un monumento nacional para recordarles”, explica la abogada por correo electrónico.
Juicios parciales Mitchell sostiene que el 84% de las denuncias en Escocia se realizaron contra mujeres. “La gente creía entonces que eran más débiles y, por tanto, más propensas a caer bajo el hechizo del diablo”, insiste. En su opinión, es “muy importante” reconocer esta grave injusticia. Por eso, en enero de 2021 presentó una solicitud al Comité de Justicia del Parlamento que es quien debe decidir si indulta a las víctimas. De momento, su labor consiste en crear conciencia pública, ya que son pocos los lugares que han resarcido a las víctimas. Salem, en Estados Unidos, ya emitió una disculpa formal para cientos de personas condenadas por brujería. Lo mismo que en España las Juntas Generales de Bizkaia, en 2018. En otros países, como Noruega, se han levantado monumentos públicos como homenaje. Así triunfaron las series policíacas del país sin crímenes. La mujer araña: la víctima de maltrato se convirtió en una asesina en seria
“Los acusados tuvieron un juicio parcial. En ese momento se creía que la brujería existía realmente y las mujeres ni siquiera podían defenderse de las acusaciones”, relata Mitchell. Los calderos y las escobas jamás figuraron como pruebas. Y por supuesto, ningún juez vio el vuelo nocturno de las brujas. Algunos historiadores sostienen que muchas de las acusadas eran mujeres viudas a las que se acusaba sin pruebas con el objetivo de arrebatarles las tierras. De hecho, la crisis económica de finales del siglo XVI sirvió como excusa para intensificar la persecución. Se les culpaba de ser el origen de todas las desgracias. Aunque no se puede saber con exactitud el número de víctimas, un estudio publicado en 2019 por el profesor Michel Porret, de la Universidad de Ginebra, sostiene que Europa sentenció a muerte a casi 70.000 personas, la mayoría habitantes de zonas rurales, y que el 75% de las víctimas fueron mujeres.
España fue uno de los países menos contundente con las persecuciones. La Inquisición abrió 125.000 procesos, pero solo condenó a 59 mujeres, según un trabajo realizado por una treintena de especialistas. Aun así, se produjeron episodios como los de Zugarramurdi, la localidad navarra en la que fueron condenadas decenas de personas en 1609. El especialista Fermín Mayorga explica que el Santo Oficio se mostró muy indulgente con estas mujeres, “siempre y cuando no intervinieran en las oraciones y creencias cristianas”. No obstante, revela que las persecuciones en España correspondieron a los tribunales civiles, que veían en la brujería un atentado contra el orden público. Mayorga relata que solo en Cataluña se han documentado 800 de estos casos. Y concluye: “Se persiguió a personas que conocían plantas venenosas. Muchas mujeres acudían a estas hechiceras para librarse de un marido que las maltrataba. No tenían otra posibilidad”.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-01-22 11:34:192026-01-22 11:34:20CRÓNICAS Y ENSAYOS – ENERO
El verdadero peligro para Europa está dentro de sus fronteras.
Los partidos ultraderechistas y la desunión representan mayores amenazas que Rusia y la política exterior de Donald Trump
Mary Bead explica en su maravilloso libro sobre el Partenón, tal vez el edificio más reconocible de Europa, que en realidad no se sabe para qué lo utilizaron los griegos: no se ha encontrado ningún documento que demuestre que fue un templo ni que aclare su uso cuando Atenas era el centro del mundo occidental en el siglo V antes de nuestra era. De hecho, la primera ceremonia religiosa de la que hay constancia fue una misa celebrada por un obispo bizantino en siglo XII. También fue una mezquita. La historia de Europa es siempre así: llena de giros inesperados y sorpresas. Y siempre se debe leer la letra pequeña.
En el mismo libro El Partenón, traducción de Silvia Furió, Crítica, 2025—, Beard recuerda que fragmentos del famoso discurso fúnebre de Pericles, que Tucidides recoge (o se inventa, nunca lo sabremos) en el tomo II de su Historia de la guerra del Peloponeso, fueron reproducidos en los autobuses londinenses durante la Primera Guerra Mundial como símbolo de los valores que los soldados defendían en las enfangadas y mortíferas trincheras de Flandes. Palabras como “nuestro gobierno se llama democracia, porque la administración de la república no está en pocos, sino en muchos” simbolizan unos valores que Europa se ha saltado muchas veces en muchos lugares; pero que, a la vez, encarnan sus aspiraciones y son el fundamento de la UE, actualmente el mayor espacio de libertad en el mundo.
Muchos de los partidos ultras que reivindican el mundo clásico y el cristianismo como las únicas herencias sobre las que se debe construir Europa —como si la Alhambra y la Mezquita de Córdoba las hubiesen construido los mismos marcianos que edificaron las pirámides de Egipto y el cero, el ajedrez y los sistemas de regadío hubiesen caído del cielo en la Edad Media— tienden a olvidar otro fragmento de aquel famoso discurso: “Nuestra ciudad está abierta a todo el mundo y en ningún caso recurrimos a expulsiones de extranjeros” (Traducción de Juan José Torres Esbarrancha para la edición de Gredos).
La defensa de la libertad frente a las amenazas externas —como la que ahora mismo representa Rusia, pero también Estados Unidos bajo la presidencia de Trump— es uno de los pilares de la UE, pero también, como recordaba ya Tucídides, la generosidad con los extranjeros. Europa, como Estados Unidos, se ha forjado a base de migraciones. Esa mezcla y esa diversidad es la que nos hace fuertes. Pero —y eso también forma parte de la historia europea— ha sido atacada por desgraciados brotes de xenofobia.
Las persecuciones que han sufrido los judíos durante siglos son la mayor prueba de ello, pero no la única: en otro gran libro de historia publicado este año, El renacimiento oscuro (Crítica, traducción de Yolanda Fontal), Stephen Greenblatt explica la fétida xenofobia contra los hugonotes, los protestantes que habían huido de Francia, que padecía Londres en el siglo XVI. “El objeto de antipatía más común era la pequeña comunidad de extranjeros residentes en Londres, los foráneos. Los refugiaos solían ser personas pacíficas y trabajadoras, que pagaban obedientemente el impuesto especial gravado a los extranjeros”, explica Greenblatt en su biografía de Christopher Marlowe. En tiempos de crisis, los fanáticos siempre escogen los mismos objetivos. La historia se repite de una manera patética.
En el siglo XVI como ahora en el XXI, el peor enemigo de Europa estaba dentro de sus fronteras, no fuera de ellas. Por eso, la nueva etapa de seguridad nacional de la Administración Trump asegura que “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es motivo de gran optimismo”. Saben que todos esos partidos ultras son la clave para que Europa emprenda un camino decidido hacia un abismo autoritario que ya conoció en los años treinta.
No es la primera vez que EE UU juega al “divide y vencerás” con la UE: la última gran crisis se produjo en 2003 durante la invasión de Irak, basada en mentiras y fabulaciones. La Administración de George W. Bush contó con el apoyo de los Gobiernos de Tony Blair en el Reino Unido y de José María Aznar en España —una complicidad que pagaron en las urnas, porque no escucharon a los ciudadanos—.
En la cumbre que se celebra el jueves y el viernes en Bruselas, Europa tiene una nueva oportunidad de perder una oportunidad, pero también puede demostrar que los valores sobre los que se funda Europa —la solidaridad, la generosidad con los extranjeros, la justicia, la defensa de los derechos humanos— importan y deben ser defendidos, por ejemplo, con el apoyo decidido a Ucrania. Tal vez no sepamos para qué se construyó el Partenón; pero sí que los principios que encarna son importantes y que son incompatibles con los que defienden Trump y sus funestos amigotes antidemocráticos.
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LOS CAMBIOS EN 2025
Francisco Báez Rodríguez – México-Italia
A lo largo de 2025 hemos visto cambios profundos que empiezan a dibujar un mundo distinto al que conocíamos. Es apenas un esbozo, y por eso no sabemos cuál será el resultado final. Lo que sí parece claro es que el paisaje ya no es el mismo, y que los problemas centrales de la humanidad están mutando.
Las economías del mundo avanzan a tumbos, con contadísimas excepciones. Tres lustros después de la crisis financiera desatada por la falta de regulación, no ha habido una respuesta productiva sólida. El crecimiento es lento y desigual en todos los sentidos: desigual entre regiones y desigual en la distribución del ingreso. Los mercados laborales están dislocados; la precariedad y la inestabilidad se han convertido en la nueva normalidad, generando además brechas intergeneracionales cada vez más visibles.
Lejos quedaron los años de posguerra, cuando las economías crecían y existían oportunidades suficientes para que hubiera movilidad social, incluso en contextos desiguales. Tan lejos, que la mayoría de la población mundial nunca vivió esos tiempos: su única experiencia ha sido la de un crecimiento lento o de crisis recurrentes. En ese marco se están produciendo cambios políticos de gran envergadura. Las elecciones celebradas en 2024 ya anticipaban este descontento generalizado.
En la mayor parte de los países, los votantes expresaron su hartazgo con el estado de cosas. Tras la crisis financiera de 2008, la confianza en los mercados y en quienes defendían la receta económica tradicional se erosionó. Pero tampoco hubo un giro claro hacia la izquierda: la confianza en el Estado como interventor tampoco se consolidó. Con pocas excepciones, las mayorías han perdido la fe en los gobiernos y se han inclinado hacia figuras que se presentan como ajenas a la política tradicional. Esto genera un problema adicional: la desconfianza hacia cualquier fuente de autoridad convive con el deseo de que aparezca una autoridad capaz de ofrecer soluciones mágicas. Un terreno fértil para el populismo.
A ello se suman nuevos problemas que ya están claramente sobre la mesa. Uno es la reproducción acelerada de rumores, posverdades y teorías conspirativas impulsadas por las redes sociales, alimentadas por la desconfianza hacia periodistas y medios profesionales. La realidad se fragmenta: cada quien construye una versión distinta —y no siempre coherente— de lo que ocurre. Esto dificulta la gobernanza, erosiona la solidaridad social y profundiza la polarización.
Otro es la irrupción precipitada de la inteligencia artificial en los mercados laborales. Sin regulación suficiente, está generando problemas que van desde la transformación o eliminación de empleos hasta sesgos en los resultados y una merma en la calidad de ciertos servicios. Todo ello puede desembocar en crisis sociales de gran escala.
Un tercer problema es la creciente importancia de las migraciones en el contexto global. Su impacto político y social es evidente en Europa, y el hecho de que haya sido un tema central en la campaña presidencial de Estados Unidos —un país de inmigrantes— demuestra que se trata de un desafío universal. Surgen tensiones cuando una parte de la sociedad tiene todos los derechos y otra, numéricamente relevante, no. Más aún cuando no se trata de flujos paulatinos, sino de olas migratorias masivas en un mundo tan interconectado que resulta imposible detenerlas.
Un cuarto elemento es la reconfiguración del orden mundial. Era previsible que el mundo unipolar posterior a la caída del bloque soviético fuera efímero, pero vivir el proceso de reacomodo no es sencillo. Los conflictos bélicos que marcaron el inicio del año siguen activos, y algunos se han recrudecido, como en Medio Oriente. Es imposible interpretarlos bajo la lógica simplista de “buenos contra malos”, especialmente cuando los valores se trastocan. Llegará una nueva estabilidad, pero no sabemos cuándo ni si será favorable para los pueblos. Mientras tanto, la incertidumbre seguirá dominando.
Finalmente, asistimos a un reacomodo de valores. La democracia ya no goza del prestigio que tuvo, aunque siga siendo el método más civilizado para dirimir diferencias y trazar un rumbo colectivo. Crece el choque entre lo que dicen las leyes y la manera en que se interpretan o se viven. Casos recientes —como el del asesino del CEO de United Healthcare, su manifiesto y la inesperada popularidad que ha generado— muestran que muchas injusticias siguen sin resolverse, y que algunos presuntos justicieros solo reproducen el problema bajo la lógica del “quítate tú para ponerme yo”.
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FLOR DE PITO
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Mientras buscaba café y helado de vainilla en la sección de congelados, Baudilia descubrió un Nacimiento, fue como encontrar su cinco favorito, su tira, después de buscarla en la pocilga, debajo del tapesco de las gallinas, en el rincón donde duermen las cabras, en el nido de plumas de las coquechas, y hasta debajo de los dos metros de grava que sobraron de la construcción del tapial de la casa. (muro de barro). Era su tira favorita la que siempre le traía suerte al ganar jugando al triángulo, a los hoyos y a la tortuga.
Cuando vio la bolsa de flores de pito congeladas, sintió que había recuperado la mona que perdió jugando a los calazos. La mona que había conseguido a crédito en el mercado y que decoró con esmalte de uñas; la mona que era una fiesta de colores, un arcoíris que zumbaba cuando entraba al círculo a girar.
Debido a sus problemas respiratorios, respiró profundamente. Se sentía como si estuviera en lo alto del volcán San Pedro de la Laguna, en lo alto del matasano del tío Tibo, en la piedrona del estanque del arroyo, en lo más alto de su columpio en la hamaca. Pero no podía quedarse ahí, con la mano pegada al congelador.
Se frotó los ojos nublados y abrió la puerta del frigorífico del supermercado. Antes de agarrar la bolsa de flores de pito congeladas, la palpó primero, frotándola con gran choya (muy lentamente), sin ninguna urgencia. Suspiró y colocó con cuidado la bolsa en su cesta como si fuera contrabando. Allí estaban: suaves y empezando a ponerse rojas, las flores de pito de su amada Jutiapa. Compró dos bolsas. Juntas, las dos bolsas quizás pesaban media libra, por lo que pagó el equivalente a una semana de gasolina para su automóvil. Se había acostumbrado al hecho de que los lujos eran caros.
El almuerzo iba a ser un festín, así que compró harina de maíz porque aquellas flores de pito merecían unas pishtones (tortillas gruesas). También compró media libra de queso griego, lo más parecido al queso fresco del oriente de Guatemala. Sintió que su corazón daba un vuelco cuando vio las coloridas vainas de pitaya de los frijoles camagua colgando de una percha.
Se sintió mareada, sintió que iba con los pies por delante. Pensó que las emociones eran demasiadas para un solo día, emociones que no había experimentado en años. ¿Por qué todos a la vez? Su corazón no podía soportar tanta felicidad; era demasiado fuego, ese resplandor incandescente la iba a convertir en cenizas. Tuvo un flashback de cuando se cayó de una bicicleta por primera vez. Se vio caer de la rama más alta del jocote de pitarrillo en el patio de María del Tomatal.
Vio las manos de su abuela materna acariciando los pishtones y enseñándole a tortear (hacer tortillas). Se vio llorando cuando un chaye de culo de botella se le atascó en la planta de uno de sus pies mientras jugaba pelota sobre el césped. Vio los mocos que le corrían por la barbilla en los fríos días de noviembre. Vio a su tía quitándose los piojos del pelo. Sintió el dolor en la nuca cuando se peinaba para ir a la escuela. Sintió el dolor cuando le arrancaron los dientes de leche con una cuerda. Revivió el shock de su primera menstruación, se tocó el vientre y se agarró a los estantes, los frijoles camagua la devolvieron a sus sentidos, y con sumo esfuerzo y tomando una bocanada de aire fresco, llenó una bolsa de tres libras y se fue.
Al llegar a casa, ponía a hervir los frijoles, y cuando el manjar estuvo listo le agregaba las flores de pito, cocinaba los pishtones en un comal de aluminio y se dejaba abrazar por el aroma de la madera, de la milpa secándose con mazorcas de maíz secadas al aire rellenas de granos de maíz nuevos, del olor a tierra, de los ayotes maduros y de las flores de
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LA MAREA DE ESTOS AÑOS
Elspeth Gormley – España
En estos últimos quince años, la sociedad se ha transformado como una marea que avanza y retrocede. Primero fueron las plazas llenas de voces jóvenes, reclamando futuro y dignidad. Las acampadas del 15M en Madrid, con carteles improvisados y tiendas de campaña, se convirtieron en símbolo de una generación que aprendía a reclamar en voz alta. La crisis económica nos obligó a reinventar la esperanza en lo cotidiano, a buscar refugio en la solidaridad y en los gestos mínimos, mientras las colas en las oficinas de empleo recordaban la fragilidad de aquel presente.
Las pantallas comenzaron a convertirse en plazas digitales: allí se compartieron protestas, afectos, aprendizajes. La vida empezó a latir también en lo virtual, y descubrimos que la comunidad podía extenderse más allá de las fronteras físicas.
Después llegó la pandemia, y con ella el silencio de las calles, el miedo compartido, la distancia. Los balcones se transformaron en escenarios de aplausos, las mascarillas en símbolos de resistencia, y las aulas se improvisaron en pantallas. Pero también surgieron nuevas formas de abrazo: digitales, colectivos, rituales que nos sostuvieron en la fragilidad. La tecnología se volvió puente y frontera al mismo tiempo: nos acercó y nos aisló, nos permitió seguir y nos obligó a detenernos.
Al regresar a las plazas, lo hicimos con más fuerza. Los movimientos sociales encontraron eco en las redes y en las calles: las huelgas climáticas de Fridays for Future, las marchas por la igualdad de género, las celebraciones de la diversidad cultural se hicieron más visibles, más urgentes. La comunidad se reinventó, y nosotros también.
Nos hicimos más conscientes de la fragilidad, más atentos al valor de lo cotidiano. Descubrimos que la rutina podía ser ritual, que el silencio podía ser compañía, que la palabra escrita podía sostenernos cuando el cuerpo no podía abrazar.
Hoy, al volver a encontrarnos entre plazas y pantallas, sabemos que no somos los mismos. Somos herederos de plazas y pantallas, de silencios y abrazos reinventados. Y en este tránsito, descubrimos que la historia no se escribe en piedra, sino en voces que se levantan una y otra vez.
En medio de estas mareas, comprendimos que la verdadera fuerza de una sociedad está en su capacidad de ser justa y convivir en paz. No se trata de grandes discursos, sino de gestos cotidianos: compartir, escuchar, abrir espacio al otro.
La igualdad y la paz no son consignas, son la base de una comunidad que quiere seguir resurgiendo frente a cada marea.
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INVENTARIO DE LAS GRIETAS
Gustavo Páez Escobar –Colombia
Este nuevo libro de Mauricio Botero Montoya, editado en Bogotá por la Imprenta Editores, tiene un título sugerente que pondrá a pensar a qué grietas se refiere el autor. Otras obras suyas que he tenido el placer de leer y comentar tienen esa misma peculiaridad en el rótulo: Otto, el vendedor de música, El adiós de Otto, La alegoría del sueño.
Botero Montoya es un escritor original que se ha distinguido por la lucidez, la sobriedad y la agudeza de sus ideas, las que son manejadas con los recursos del humor, la filosofía, la poesía y la ironía. Desliza en sus escritos gotas de sabiduría con la misma propiedad con que pinta rasgos humanos.
Cuando fue cónsul general de la Argentina, su maestro y contertulio era Jorge Luis Borges, hecho significativo que pone de relieve su calidad intelectual. Ese carácter lo ha llevado siempre consigo, como filósofo, conferencista, ensayista, periodista y autor de libros. Su mundo es el de las ideas, la reflexión, la controversia ilustrada. Lo mismo que es incisivo en ocasiones, se expresa con sutileza, llaneza y gracia al alcance de todos. Sabe manejar la chispa del ingenio, la frase perspicaz, la sátira benévola y a veces urticante. Debe deducirse que estas grietas se refieren al obstáculo o desacuerdo que le surgen a la persona pensante, que es él mismo, para aceptar el orden establecido cuando este se aparta de su formación y principios.
Sabe interpretar el mundo enrevesado con que todos los días nos tropezamos, y como no acepta lo absurdo o lo prosaico, se va por su propio camino pregonando sus juicios y convicciones. Viene al caso citar esta frase anotada en su libro:
“Acepté el consejo de Borges, mi maestro: escribo para mí, para los amigos y para mitigar el paso del tiempo”.
Con frases breves, concisas y rotundas, expresa su pensamiento y precisa su ideología sobre los más variados temas. En todo el texto brotan trozos de filosofía, y se recrea, por supuesto, con este juego de las ideas que lo salvan de la inercia mental. Piensa y pone a pensar. Examina los hechos menudos de la vida de la misma manera que escruta las grandes civilizaciones, los imperios, los ámbitos del
poder. Contradice ciertas afirmaciones de la historia, y se declara impotente para entender el sinnúmero de posturas falsas.
Este es Mauricio Botero, quien frente a esta serie de grietas busca enderezar lo torcido y rechaza la mediocridad y la pobreza del espíritu. Nacimos para pensar, pero para pensar bien, sería su axioma. Y les enseña a los escritores a escribir bien. He aquí, para corroborar lo dicho, algunas de sus frases:
“El pensamiento nace desnudo; hay que vestirlo para presentarlo en sociedad”. “Si un adjetivo no da vida, debilita”. “Leo para saber que no estoy solo, y escribo porque la vida duele”. “Cuando no tienen nada que decir, gritan”. “La persona que no tiene sentido del humor no es seria”. “Ante las consignas de la igualdad social, las francesas contestan que viva la pequeña diferencia”. “Los espejos que no mienten pueden ser falsos”. “Al terminar un libro hay que hacer un duelo, como si nos hubieran robado un querido juguete”.
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CRÓNICA HISTÓRICA: MIRADA SOBRE EUROPA
Arturo Pérez Reverte – España
En esta entrega de su serie Una historia de Europa, el escritor y académico nos invita a recorrer los claroscuros del continente con su estilo incisivo y narrativo. Una crónica que combina erudición y relato vivo, recordándonos que la historia nunca se detiene… y siempre continúa.
A todo esto, mientras el pastel mundial lo cocinaban Inglaterra, Alemania y Francia (y al otro lado del Atlántico los jóvenes Estados Unidos se preparaban para engullir su porción) y se lo repartían entre ellos, los extremos del Viejo Continente, oriental y occidental, Rusia por un lado y la península ibérica por otro, jugaban papeles secundarios en el cogollo europeo, al margen del negocio principal. Lo que no quita que Rusia se convirtiera en gran potencia, pues tal era la ambición de sus zares e iba realmente camino de eso, extendiéndose por Asia hasta las costas mismas del Pacífico.
Pero a esa pujanza exterior no correspondía una felicidad interior. De una parte, el imperio estaba formado por nacionalidades mal avenidas entre sí (rusos, polacos, fineses, lituanos, letones, estonios, bielorrusos y otros más). Por otro lado, el régimen seguía siendo despótico y feudal en manos de la monarquía, la aristocracia y la iglesia, no había clase media que industrializara un carajo, y se daba la paradoja de que, en un país que vivía de la agricultura, con masivas exportaciones de trigo como principal riqueza nacional, los mujiks, los campesinos, palmaban en la más cruda miseria.
Tampoco la clase intelectual era numerosa, y los brotes de oposición nihilistas y anarquistas, así como las revueltas de campesinos hambrientos, fueron aplastados con fácil crueldad, primero bajo el zar Alejandro III y luego, a caballo entre los dos siglos, por Nicolás II (que acabaría pagando la factura, con su familia, dos décadas más tarde).
La guerra de Crimea, librada contra Turquía (a la que apoyaban las potencias occidentales), puso de manifiesto las muchas deficiencias de Rusia; y las clamorosas derrotas navales y terrestres sufridas en otra guerra contra el Japón (1904), con el que chocaban los intereses rusos en Asia, aumentó el descrédito internacional de los zares. Pero lo más grave fueron las consecuencias internas de ese último desastre militar, con protestas y revueltas que acabarían cambiando no sólo la faz de Rusia, sino la del mundo (trifulcas en San Petersburgo, socialistas, Lenin, etcétera).
Y mientras eso ocurría en la parte oriental de Europa, en la otra punta, la ibérica, Portugal y España progresaban a trancas y barrancas, muy lejos ya de los grandes imperios que habían sido, con papeles secundarios en el nuevo concierto mundial. Entre los portugueses, después de casi medio siglo de monarquía parlamentaria, la tensión de corona y república se había disparado.
Con Luis I (que reinó entre 1861 y 1889) hubo un momento chachi en lo económico gracias a la gestión patriótica del eficaz ministro Saldanha; pero la cosa se descuajeringó en la última década del siglo, bajo el reinado del sucesor Carlos I, a quien todo se le fue de las manos: progresistas y regeneradores (los dos partidos que se turnaban en el poder) iban a lo suyo y emputecían un ambiente agravado por campañas de los más destacados escritores, periodistas e intelectuales (Herculano, Martins, Quental), que sacudían fuerte a la monarquía, en plan republicano e incluso revolucionario.
Para completar el pifostio, que iba a más, en Brasil se proclamó la república; y en los territorios coloniales de África, la omnipresente Inglaterra (que seguía siendo conspicuo macarra internacional) procuraba incordiar cuanto podía, que era mucho. El caso es que, entre pitos y flautas, el Portugal monárquico se fue yendo al garete en un caos político y social que reventaba las costuras.
Acojonado con el panorama, el nuevo rey (Carlos I se llamaba la criatura) inauguró el siglo XX clausurando el parlamento, que ya era un gallinero ingobernable, y se puso en manos de un dictador inteligente y moderado, razonable para el momento, Julián Franco, quien puso buena voluntad en democratizar la monarquía; pero todo se descompuso con un atentado (anarquistas y revolucionarios habían puesto de moda el magnicidio en Europa) que en 1908 se llevó por delante, dos al precio de uno, al rey y al príncipe heredero.
Eso llevó al trono al segundón de la familia, Manuel II: un tiñalpa blandito y obtuso que se confió a otro dictador, el almirante Ferreira de Amaral. Pero aquello no había ya quien lo salvara, y una revolución en la que participaron el ejército y la armada estalló en Lisboa. Con la sublevación de las dotaciones de los cruceros San Rafael y Adamastor y la pajarraca callejera subsiguiente, el rey puso pies en polvorosa y se proclamó una república que incluía separación de iglesia y estado, abolición de títulos de nobleza, divorcio y sufragio universal.
Mientras tanto, la España monárquica (lo veremos en el siguiente episodio) miraba de reojo, enfrentada a sus propios y muchos problemas. Que en realidad eran casi los mismos.
( Continuará…)
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CAMBIAR DE OPINIÓN.
Ignacio Zabala-México
Son tiempos de cambios. Lo que antes era un exceso, ahora es una necesidad y los gobernantes deben, antes que nada, perder el miedo al ridículo
Son tiempos de cambios. “Nada es como antes”. “Ahora es distinto”. “Así no se hacía”. “Las cosas hoy son de otra manera”. “Pensar como hace 15 años no tiene sentido”. “Ahora lo veo diferente”. “Sigo pensando lo mismo, pero resulta que estoy equivocado”. Son frases que escuchamos constantemente con relación a la política.
Se critica el cambio de opinión como si fuéramos seres destinados a la inmovilidad. En las épocas de definiciones, de los radicalisos está prohibida el agua tibia. Si antes te decían que el mundo no era blanco y negro, sino que consistía en una serie de matices, ahora los grises han sido borrados. Hoy se dice que el centro siempre fue cómodo, el lugar ideal para el camaleón. Se tomaba un poco de aquí, otro tanto de allá y eso formaba una determinada corriente de pensamiento. Candidatos de izquierda se derechizaban y los de derecha prometían “rebasar por la izquierda”. Fueron años de corrimiento hacia el centro, hoy refugio de tibio y de grises: los famosos habitantes de Corea del Centro.
Hoy es normal que un demócrata de antes vea con buenos ojos el populismo, que deje pasar los desplantes que se consideraban autoritarios y que ahora son parte de la normalidad. Así, los que llegan por los votos anhelan el poder de un dictador y eliminar los controles que detenían caprichos y venganzas. Lo que antes era un exceso, ahora es una necesidad y los gobernantes deben, antes que nada, perder el miedo al ridículo, pues este dejó de existir. Lo de hoy es la lucha constante y frontal contra el enemigo en la que quien pega primero, pega seis veces.
Es curioso que cambiar de opinión sea algo tan castigado en escenarios novedosos. El neoliberal de hace unos años admite con culpa que el periodo de crecimiento de su país escondía el aumento y becha de la desigualdad, y ahora ve, complaciente, los programas sociales. El hombre que fue prudente y que jamás emitía un calificativo, ahora no duda en calificar de nazi-mercenario a cualquiera que no esté de acuerdo con él. Son tiempos de tomar partido sin importar que eso implique convivir con los impresentables de antes. Discutir no es lo importante, sino tener la razón en cualquier tema de discusión pública: la forma en que se hornea el pan o el desarrollo de políticas públicas de infraestructura. Todo vale lo mismo.
Sorprende entonces que en ocasiones sea tan criticable el cambio de opinión sobre determinado tema. Se entiende esa crítica cuando uno ve desplazarse a los políticos de un lado a otro por mera conveniencia política o económica. Pero el ciudadano común no solamente puede, sino que debe cambiar de opiniones para lograr su adaptabilidad al mundo que lo rodea y lo sostiene. Lián Barnes, en un interesante ensayo dice: “Cambiamos de opinión sobre infinidad de cosas, desde cuestiones de gustos —los colores que preferimos, la ropa que vestimos—, estéticas —la música, los libros que nos gustan o de afiliación social— —el equipo de futbol que seguimos, o el partido político que votamos—, hasta las verdades más trascendentales: la persona a la que amamos, el dios al que veneramos, la significancia o insignificancia del lugar que ocupamos en universo vacío o misteriosamente lleno”. Cierto, por eso es fácil encontrar ahora a gente que hace unos años era progre, de centro-izquierda, admitir con cierta vergüenza que, en realidad, son de derecha.
El año que entra será también de posiciones previas a las elecciones del 2027 En un escenario en el que las cosas se definen más por lo que odiamos que por lo que nos gusta, estaremos rodeados de cambios de opinión. Como bien dice Barnes: “Algunos de nosotros tenemos firmes opiniones que defendemos con débil convicción; otros, débiles opiniones que defendemos con firme convicción”. Queda en el lector decidir en qué lado está.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-12-21 16:43:462025-12-22 18:41:09CRÓNICAS Y ENSAYOS DICIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
Cada crónica es memoria que arde, cada ensayo es luz que permanece.
Colaboran en esta sección:
Adam Abdelmoula – Siria
Enrique Fredy Díaz Castro – México
Elspeth Gormley – España
Ángel Medina – España
Gustavo Páez Escobar – Colombia
SIRIA EN 2025
Adam Abdelmoula – Siria
Coordinador Residente y Humanitario de las Naciones Unidas en Siria
Siria continúa siendo una de las mayores crisis de desplazamiento del mundo. En 2025, más de 7 millones de personas permanecen desplazadas dentro del país, mientras que 6 millones de refugiados sirios viven en el extranjero. En el norte de Siria, más de 2 millones de personas residen en 1.500 campamentos y asentamientos informales, en condiciones precarias, siendo la mayoría mujeres y niños que sobreviven en tiendas de campaña deterioradas. En el noreste, las hostilidades siguen amenazando a la población civil.
Una generación entera de niños ha crecido sin conocer otra realidad que la guerra y el desplazamiento. Muchos han sido privados de educación y de una infancia segura. Un testimonio conmovedor de un niño de 13 años en Homs resume esta tragedia: Debería estar en la escuela, aprendiendo con mis amigos, pero en cambio, trabajo en el campo para ayudar a mi familia a sobrevivir. Sueño con sostener un libro en lugar de una pala en mis manos.”
A pesar de este panorama, las Naciones Unidas y sus socios han logrado avances humanitarios significativos en las últimas décadas. Las organizaciones no gubernamentales locales han sido clave en esta labor, rehabilitando viviendas, estaciones de agua, centros de salud y escuelas afectadas por el conflicto y los terremotos de 2023. En el noroeste, se ha logrado trasladar a muchas personas desde tiendas de campaña hacia refugios más dignos.
Desde 2014, más de 60.000 camiones con alimentos, medicinas y ayuda humanitaria han cruzado desde Turquía, gracias a la coordinación de siete agencias de la ONU. Sin embargo, el objetivo actual va más allá de la asistencia inmediata: se busca una transformación profunda que permita a Siria pasar del socorro humanitario al desarrollo sostenible y la reconstrucción.
Para ello, en noviembre de 2024 se lanzó la Estrategia de Pronta Recuperación, centrada en cuatro áreas prioritarias:
Salud y nutrición
Educación
Servicios de agua, saneamiento e higiene (WASH)
Medios de vida, con especial énfasis en el acceso a la electricidad
La historia de Siria no debe ser solo una historia de supervivencia, sino una historia de justicia, dignidad y paz duradera
RÍOS PÚRPURA
Enrique Fredy Díaz Castro – México
La tarde y sus presagios cayeron sobre la ciudad, así como la cortina de ignominia, odio y cerrazón de aquel que desde Los Pinos ordenó magnicidio.
Las voces enervadas de conciencia, razón y coraje, los corazones jóvenes, pulsando en la sociedad la empatía e identidad,
recorrieron esas calles tumultuosas y admiradas del valiente atrevimiento surcando el murmullo que crecía y crecía como respuesta al descarnado y amenazante régimen absolutista.
De pronto las bengalas y al segundo, las ráfagas en lluvia aniquilante, atravesaban los cuerpos en grotesca competencia por acabar con la carrera desaforada hacia la esperanza que no alcanzó a llegar.
Tarde, noche y madrugada que en persecución de jauría, hambre de tragedia y sed de sangre recorrió palmo a palmo aquel dos de octubre de 1968, los edificios de un Tlatelolco en shock,
Viendo sus calles convertidas en trágicos e insospechados RÍOS PÚRPURA, en llanto incontenible y en rabia que no tendría fin en el discurrir del tiempo.
«La Noche de Tlatelolco dejé de creer en DIOS…» clamaría después, José de Molina,
Elena Poniatowska disertaría también en cientos de páginas, el horror que la prensa reaccionaria calló en franca complicidad con el diazordacismo y su oscuro secretario de gobernación.
La historia se quebró, se hizo añicos, el alma se templó, se hizo de acero, las conciencias rompieron los moldes, y el carácter cobró fuerza y voluntad para gritar un desafiante ¡Nunca más..!
El dos de octubre y su noche sin embargo, tuvieron inesperada y dolorosa réplica, cuarenta y seis años después en Iguala.
Nuevamente de las tinieblas asomaron las harpías, Otra vez la felonía del poder mísero y atroz
descargó en estudiantes la rabia al saberse trastocado, tambaleante y socavado.
Los otroras poderosos han buscado justificar la represión, las aberrantes mentiras, los rios sanguinolentos, pero la epopeya es también pisada firme y voz de trueno:
La dignidad encamina al pensamiento y algún día alcanzará sus metas, forzando honestidad y alzando el coro que retumbe en las montañas, en los mares y lagos, en el desierto y en las grandes ciudades, clamando justicia y castigo a los culpables.
En el clásico y justo tremor que seguirá cimbrando muros y pavimento: «Ni perdón ni olvido…»
JUSTICIA Y LEY
Dos caminos que no siempre se encuentran
Elspeth Gormley – España
La ley es el conjunto de normas que regulan la convivencia. Se escribe, se codifica, se aplica. La justicia, en cambio, es un principio más alto: es la búsqueda del bien común, de la equidad, de la dignidad.
Aplicar la ley no siempre significa alcanzar la justicia. Una ley puede ser injusta si protege privilegios o perpetúa desigualdades. Al mismo tiempo, la justicia puede exigir actos que van más allá de lo escrito, decisiones que nacen de la conciencia y no del código.
La diferencia es clara: la ley es letra; la justicia es espíritu. La ley organiza, pero la justicia humaniza. La ley puede castigar, pero la justicia busca reparar. La ley puede ser fría, mientras que la justicia late con el calor de la verdad.
En nuestra sociedad, confundimos a menudo ambos términos. Creemos que cumplir la ley basta para ser justos. Sin embargo, la historia nos recuerda que muchas injusticias se han cometido bajo el amparo de leyes vigentes. La justicia exige un paso más: cuestionar, transformar, dignificar.
Quizá el reto de nuestro tiempo sea reconciliar ambos caminos. Que la ley se acerque a la justicia, y que la justicia inspire nuevas leyes. Solo entonces podremos decir que vivimos en una sociedad donde la norma no es un muro, sino un puente hacia la dignidad.
“La ley ordena; la justicia dignifica. Cuando ambas se encuentran, nace la verdadera libertad.”
ENSAYO: LA CAÍDA DEL ÁNGEL
Entre mito y palabra
Elspeth Gormley – España
En La caída del Ángel, Carlos Pérez de Villarreal nos invita a recorrer un territorio donde lo humano y lo divino se enfrentan en un pulso eterno. La novela abre con una imagen luminosa: dos niños corriendo tras una luz que desciende del cielo. Desde ese instante, el lector queda atrapado en un relato que mezcla misterio, mito y actualidad. El protagonista, Eduardo Bazán, periodista y narrador, encarna al hombre común que se ve arrastrado a un conflicto cósmico. Su voz crítica y solidaria lo convierte en puente entre mundos enfrentados, recordándonos que la palabra es también resistencia.
La aparición de los Imaginarios, guardianes de una verdad oculta, revela que lo que acontece es más que un accidente: una guerra en los cielos. Luzbel y Mikael representan fuerzas opuestas, pero la novela se atreve a cuestionar los roles tradicionales. ¿Es Luzbel quien defiende a la humanidad, mientras Mikael ejecuta una sentencia divina? La tensión entre ambos abre un espacio de reflexión sobre la fragilidad del bien y la complejidad del mal. Más allá de la acción, Pérez de Villarreal construye un relato que dialoga con la tradición bíblica y la reinterpreta desde la contemporaneidad. Su estilo ágil, con capítulos breves y escenas intensas, mantiene al lector en vilo, mientras lo invita a pensar en la condición humana y en la eterna pregunta: ¿qué significa caer? La caída del Ángel no es solo una novela fantástica; es una exploración de la memoria, la palabra y la lucha interior que todos llevamos.
En sus páginas, el mito se convierte en espejo y la literatura en un recordatorio de que incluso los ángeles, como los hombres, pueden perder el rumbo.
ENSAYO SADUCEÍSMO
Ángel Medina – España
Decía Unamuno que la filosofía se acuesta más a la poesía que a la ciencia. Y debe ser cierto, porque el pensamiento ha de ser explicitado y hay verdades que resultan difícilmente explicables en su literalidad, por lo que conviene recurrir a la metáfora, sin que por ello pierda brillo la idea. Porque, la propia vida es farragosa y en ocasiones no es fácil, no ya explicarla, sino explicarse el que la piensa y es vivido por ella.
¡Cuántas veces decimos “no” a lo que no sabemos o podemos explicar con la siempre dudosa racionalidad e ignoramos que el hombre es razón, sí, pero también es intuición y sensibilidad! Y hay realidades que son como los alimentos, mejor digeribles tomándolos bocado a bocado y no atragantándose, procurando ver sus propiedades y no sólo la degustación o el placer del buen yantar.
Una de estas cosas que se atragantan, pues ciertamente traspasan el umbral del raciocinio de la diosa suficiencia es la propia sensación del viviente con respecto a su existencia. De ahí, la frase aquella vulgarizada de “Para dos días que hay que vivir, aprovecha la vida”.
Dos días. O tres. O bastantes más. ¿Qué son? Pero la razón se entrecorta cuando trata de hallar una respuesta categórica a ese deseo de perpetuarse. No sabe. No puede. E incluso la autosuficiencia y el prejuicio humano del qué dirán los falsos intelectuales de cualquier época descreída, guías ciegos que conducen a los otros invidentes y les hacen echar el freno, por eso del mal llamado respeto humano, y se acaba diciendo: “No hay nada. Comamos y bebamos, por si acaso”.
Es el caso del que niega la resurrección. La suya propia. Y, sin embargo, se queda con la vacuidad de la nada como respuesta; por consiguiente, díganme si no: si mantener la esperanza es arriesgado, ¿negar cualquier forma de confianza no habrá de ser aberración?, pues redirige al propio hombre hacia un rumbo que carece de destino: esto es, hacia la nada absoluta. Es algo así como si el piloto de un barco sabe dónde está el ojo del huracán y se deja arrastrar hacia él.
Siendo el hombre tal― si es capaz de pensar esto es porque está dotado de vida―, y manteniendo dentro de él― no sabe la razón, pero la percibe― un sentimiento de vivirse, afirmar la negación equivale a cerrar la puerta del sentimiento del ser. Y es que, releyendo a Spinoza, aquel judío portugués que nació y vivió en Holanda, el esfuerzo con el que cada cosa trata de perseverar en su ser no es sino la esencia actual de la cosa misma. Esto equivale, lector, a que la esencia del hombre― incluidos tú y yo― no es sino el esfuerzo que ha de ponerse en seguir siendo hombre, en no morir con la muerte. Y lo contrario, equivale a negar esa forma de vivirse― no es este el lugar para profundizar el cómo ha de ser la resurrección―, esta corriente de la modernidad de la que hablaba el Testamento Nuevo acerca de la doctrina del saduceísmo.
Tomando los relatos de Lucas y Mateos, y retomando al vasco Unamuno en su lirismo, en esa obra magna de poesía que es “El Cristo de Velázquez”, capítulo VIII, podemos leer:
“Dobla tu frente, triste saduceo,
contempla el polvo, que es tu fuente,
la vida toda no es sino embuste
si no hay otra allende.
¿A qué saber, si la conciencia al borde
de la nada matriz no espera nada
más que saber? Di: ¿Dónde están las olas
que gimiendo en la playa se sumieron?
Eso de “doblar tu frente”, encoger el entrecejo es propio del que estruja la testa y se encuentra al límite de su discernimiento. Ya no da más de sí y ha de reconocer― posiblemente en su fuero interno, que no el externo― su incapacidad de entender. Y, sin embargo, no es cuestión baladí, sino que le afecta directamente, y por ello no puede desentenderse (aunque dé la impresión de “pasar” de largo). Impotencia de la autosuficiencia se llama. Dependencia de lo que no es él mismo. Es la misma sensación― hábilmente presentada por el agnosticismo― de la criatura aquella ante el dios aquel, en “Las moscas”. Como me reconozco, me autoproclamo independiente de cualquier divinidad, pues yo soy mi propio dios. Lo malo, es que el hambre no se espanta pensando que no se tiene, sino saciándola. Extendiendo la mano desde la propia contingencia. Y eso es algo que duele en los tiempos que vivimos. A lo más que se llega es a la aceptación de un humanismo laico, que empieza y concluye en el hombre. Pero, la pregunta viene a ser: ¿Cómo autoafirmarse este hombre si no añadimos al humanismo la trascendencia, ― esto es, un “humanismo trascendente” ―si a fin de cuentas es el primero y el último anhelo para continuar siéndolo?
“Saduceo” es el que niega cualquier clase de “re-nacimiento”; lo cual le condena a tener que aceptar su limitación, pues sabe que no puede prolongar su existencia, y también que la muerte le espera a la altura de sus deseos como una liberación o como una condena hacia la nada. Del ser al no ser. Triste destino el así concebido: entender en su afán de emancipación, que su única fuente es el polvo del que procede. Todo lo cual viene a concluir en los últimos versos: una vida así concebida, si no hay salida, si no existe la continuidad de alguna manera, se constituye en un gran embuste.
Pues, ¿Cómo darle sentido a ese deseo que el viejo erudito mencionaba acerca del perseverar en ser, es decir, que no se extinga la consciencia de vivirse?
De lo que se trata, más que de “saber” ― algo imposible― es de confianza. Opción que grita la voz interna del hombre, que quiere vivir. Es el máximo anhelo. Sabe que el tiempo y el espacio en el que se desenvuelve es finito, no así su espíritu, que tiende a ancharse, hasta el punto de tender a entregarse a ese destino que le susurra muy dentro. Porque, aunque la ola se estrelle en la orilla, no escapa del mar. Es mar. Si desea infinitud habrá de perpetuarse en ella para no desaparecer en la tierra.
NUÑEZ: AMORES Y DESAMORES
Gustavo Páez Escobar – Colombia
El pasado 28 de septiembre se celebraron los doscientos años del nacimiento en Cartagena de Rafael Núñez. Hombre de sólida formación y fuerte carácter, forjado para la lucha y el servicio a la patria, libró duras batallas y nunca retrocedió ante los inmensos problemas que surgían a su paso. Es uno de los políticos más destacados de la historia nacional. Fue presidente de Colombia en cuatro períodos, entre 1880 y 1894, año este en que falleció. Sus audaces reformas iban en contravía de algunos intereses políticos, y sus enemigos, por tanto, no cesaban en el empeño de obstruir sus propósitos y sacarlo del poder. Derrotado, como lo fue varias veces en algunos actos, más se crecía y más se le temía. En las treguas tomaba mayor impulso. Su principal fuerza estaba en el pensamiento, con el cual le daba firmeza a la acción. Esto le permitió crear el movimiento político conocido como la Regeneración, el cual cambió la estructura social de la época. Merced a ello se impuso el centralismo, que derrotó al federalismo, y Núñez fue el líder vital de la Constitución de 1886, que rigió la vida del país durante más de un siglo. Su “gloria inmarcesible” está en ser el autor del himno nacional de Colombia, el cual desde tiempos remotos se escucha todos los días a lo largo y ancho del país. Poeta consagrado, su obra está movida por las ideas y la vena romántica. Más que un retórico, era un cultivador de la palabra bien dicha y del sentimiento que enternece el alma. Su vida sentimental es una resonancia de su fibra lírica. En la estupenda biografía escrita sobre él por Indalecio Liévano Aguirre como tesis de grado –la que a los veintisiete años le valió el ingreso a la Academia Colombiana de Historia–, recoge en detalle las relaciones amorosas de este personaje político que veía en la mujer no solo la compañera ideal, sino una motivación de la vida. Aparte de los casos que relata su biógrafo, descubrí en otras fuentes varios sucesos más de su alma apasionada que acrecientan las andanzas del eterno enamorado por los campos del erotismo. Es esta la faceta más acentuada de su personalidad. En Cartagena, siendo muy joven, lo deslumbra una muchacha de familia modesta, cuyo nombre no ha sido establecido con certeza, aunque se habla de Pepita Vives –dejémosla así–, con quien goza de una época frenética que ocasiona el embarazo de la joven. Esto determina que el padre de Núñez lo persuada para que se traslade a Panamá, donde ocurrirá su primer matrimonio. La joven se casa con un amigo de Núñez, y poco tiempo después queda viuda. Los antiguos amantes vuelven a frecuentarse, pero a la postre Núñez se aleja de la dama, por deseo de ella misma ante la realidad de que él está casado.
En Panamá tuvo relación con Manuela Arosemena, hermana de un destacado político, pero el hecho no pasa de una fuerte amistad. Ella murió en 1846. Allí conoció a Concepción Picón, de quien se enamoró y deseó casarse, pero el propósito fracasó por no encontrar en ella la ternura que buscaba. Núñez era apasionado en los amoríos, y al mismo tiempo inestable o inconforme. Cuando hallaba en la pareja falta de afinidad o discrepancias notables, la unión se extinguía con facilidad, para dar lugar a otras aventuras de similar arrebato. El amor, la pasión, los dones femeninos, la armonía sin esguinces eran los imperativos que incitaban sus vínculos con las mujeres. No admitía términos medios. Dolores Gallego, dama prestante, adinerada y atractiva, le produjo hondo encanto. Con ella se casó en 1851 y tuvo sus dos únicos hijos matrimoniales. La dureza de la dama determinó el rompimiento, y fue la etapa más crítica que él vivió. Aquí volvió a encontrarse con su primer amor, Pepita Vives. ¿Casualidad o deseo de recuperar lo que había perdido? Es oportuno decir que el amor es en ocasiones caprichoso o misterioso, cuando no indescifrable. En 1859, Núñez viajó a Bogotá y se alejó para siempre de Dolores. Allí apareció María Gregoria de Haro, mujer culta y hermosa. Estaba casada, pero el matrimonio no la hacía feliz. La mutua atracción los llevó a convivir durante varios años. Se separaron en 1865, quedando el recuerdo de una vivencia intensa. A Soledad Román, que sería su segunda esposa, la había tratado en 1857. Era miembro de una aprestigiada familia que tenía grandes nexos con la política. Núñez le propuso matrimonio, pero ella no lo aceptó por estar comprometida con el próspero catalán Pedro Macía. En 1871, Núñez obtuvo la anulación civil de su primer matrimonio, y en 1877 se realizó en París, mediante poder, el matrimonio civil con Soledad Román, hecho que provocó tremendo escándalo en la sociedad por tratarse de una bigamia. En la época de la negociación del concordato con la Santa Sede, el papa León XIII dio la aprobación al matrimonio civil. Este hecho se facilitó con la muerte en Panamá de la primera esposa de Núñez. De esta manera, la pareja realizó el matrimonio católico en febrero de 1889, cinco años antes del fallecimiento de Núñez, cuando ejercía el cuarto período presidencial. Soledad Román tuvo alta influencia en el gobierno de Núñez y se convirtió en la esposa soñada que no había tenido. Fue la gran inspiradora y consejera de sus actos de gobierno, como que venía de una familia experta en el ejercicio político, y lo más importante, la compañera insuperable que lo colmó de amor y felicidad en el último tramo de su agitada vida.
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Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Aquíse escribe lo que no cabe en el olvido. Crónica es memoria, y ensayo, resistencia.” Elspeth Gormley
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Colaboradores de CRÓNICAS Y ENSAYOS – OCTUBRE
Miriam Alberganti – Paseando por el barrio del Retiro de Buenos Aires
Miguel Escudero – Víctimas sin nombre, historia sin justicia
Elspeth Gormley – Los niños ya no se manchan
Gustavo Páez Escobar – La mirada inquieta de Cela
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PASEANDO POR EL BARRIO DEL RETIRO DE BUENOS AIRES
Miriam Alberganti – Argentina
En mi paseo por Retiro con Cecilia —una loca encantadora, curiosa de arquitecturas y de sus historias— nos subimos a la Torre Monumental, un imponente monumento de estilo renacentista donado por los residentes británicos con motivo del centenario del primer gobierno patrio. Inaugurada el 24 de mayo de 1916, se alza en la plaza Fuerza Aérea Argentina, en pleno corazón del barrio de Retiro.
Conocida durante décadas como la Torre de los Ingleses, esta estructura se convirtió en testigo fiel del desarrollo urbano del siglo XX. Durante años, fue la puerta de entrada a la Ciudad de Buenos Aires, gracias a su cercanía con la terminal ferroviaria de la Estación Retiro, el Puerto de la Ciudad y el antiguo Hotel de Inmigrantes, hoy transformado en museo.
Con sus sesenta metros de altura, la torre —diseñada por el arquitecto Ambrose Macdonald Poynter— luce una elegante combinación de ladrillos rojos y piedra labrada. Se erige sobre un basamento con cuatro escalinatas, una en cada lado, y vertederos en sus esquinas que completan su armonía arquitectónica.
El guía nos compartió muchas historias, todas contadas con pasión, pero lo que más me impactó fue la sincronicidad perfecta de su gran reloj inglés y la vista majestuosa que se impone desde lo alto. El barrio de Retiro, con su belleza serena y su carga histórica, sigue asombrando a quien se detiene a mirarlo con ojos nuevos.
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VICTIMAS SIN NOMBRE, HISTORIA SIN JUSTICIA
Miguel Escudero – España
Si sólo se leyeran los libros de la propia especialidad, el mercado se resentiría enormemente. Yo procuro leer lo que me atrae y deseo conocer mejor lo que sé de modo insuficiente. En particular, me interesan los espléndidos libros que historiadores como Gaizka Fernández Soldevilla, María Jiménez Ramos y Josefina Martínez Álvarez, entre otros, van acumulando en un fondo editorial acerca de las consecuencias de la violencia política organizada.
El año en que murió Franco, 1975, fue también el año en el que se registró en España un mayor número de ataques a las librerías; fueron ataques de la ultraderecha. En paralelo a la represión legal funcionó una violencia extralegal. En Terrorismo y represión (Tecnos), fruto de la cooperación del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo con la UNED, se analiza la violencia en el ocaso de la dictadura. Es un libro donde los autores citados han coordinado a un equipo de historiadores, juristas y periodistas empleando las herramientas metodológicas propias de sus respectivas disciplinas. Y siempre contrastando con rigor y cautela todos los datos que ofrecen.
En un borrador del acta del Consejo de Ministros del 30 de diciembre de 1970 constan unas líneas que el almirante Carrero Blanco modificó. Pero las penas de muerte dictadas fueron conmutadas. Carrero auspició una clemencia que desapareció con Arias Navarro, quien le sucedió tras su muerte, al acabar 1973:
“En este momento fue parecer general que, tras la justicia, la clemencia era la fórmula más adecuada, a fin de evitar caer en la trampa tendida por el enemigo, orientada a crear ‘mártires’.
Para exterminar a la ETA se juzga que lo más útil, aunque de momento pudiera parecer no comprensible, era conceder el indulto de todas las sentencias.
Una ejecución ahora magnificaría más que dañaría a la ETA”.
El asesinato de Carrero no buscaba acabar con el franquismo, como se aireó, sino seguir atizando la estrategia de la acción-reacción-acción. Cabe insistir en que el 95 por ciento de las 853 víctimas mortales producidas por la banda terrorista ultranacionalista sucedieron una vez muerto Franco; en el caso de los 2.658 heridos, el porcentaje asciende al 99 por ciento.
En enero de 1975 el Estado organizó un grupo de Técnicos Especialistas en Desactivar Artefactos Explosivos (los TEDAX) Ese mismo año, un boletín del servicio de inteligencia franquista recogía la siguiente apreciación: “Esta escalada de la violencia está provocando en nuestra sociedad una visible psicosis de preocupación y miedo” Todo en un contexto de lo que se conoce como tercera oleada internacional del terrorismo, una oleada que tenía unas características comunes al margen de la ideología que profesasen los distintos terroristas.
Aquel año se ordenaron redadas masivas sin pruebas consistentes, lo que obligó a una elevada tasa de liberaciones sin cargos. El asesinato de Carrero (y de su escolta y de su chófer) ocurrió en pleno Proceso 1001 contra Comisiones Obreras. No toda la oposición antifranquista celebró con cava el atentado: la represión del movimiento sindical alcanzó una dureza muy superior a la de antes. El propio Salvador Puig Antich, ejecutado por decisión política con el bárbaro método del garrote vil, adivinó lo que le esperaba cuando, ya encarcelado, supo que el coche de Carrero había volado por los aires; ‘El MIL, una guerrilla contracultural en el peor lugar posible’ es un capítulo de especial interés, escrito por Manuel Calderón. El capítulo ‘Txiki y Otaegi. De ETA al mito’ muestra la adopción de interpretaciones volubles según las circunstancias políticas. Ninguno de ellos luchó para establecer la democracia, tenían en perspectiva un régimen totalitario. Fueron tanto terroristas como víctimas del franquismo. Y procesados por un Estado que no era de Derecho y no tuvieron un juicio justo. Sin embargo, no eran inocentes de los cargos que se les imputaban, mataron a sangre fría.
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LOS NIÑOS YA NO SE MANCHAN
Elspeth Gormley – España
Antes, sabíamos que un niño había jugado porque volvía con las rodillas raspadas, la ropa manchada y los ojos llenos de historias. Hoy, la ropa está intacta. Y el silencio también.
Los niños ya no se manchan. No trepan árboles, no se esconden entre arbustos, no se revuelcan en la tierra como lo hacíamos nosotros. Salen, sí. Pero siempre acompañados. Vigilados. Dirigidos. El juego ha perdido su desorden, su riesgo, su libertad.
En los últimos años, hemos cruzado una línea invisible: la que separa la protección de la sobreprotección. Y en ese cruce, algo se ha perdido.
Es evitarles toda dificultad, todo sufrimiento, todo problema. Es resolver por ellos, anticiparse a cada tropiezo, suavizar cada borde. Es querer que estén siempre felices, siempre seguros. Pero esa seguridad tiene un precio: la incapacidad para afrontar la vida.
Porque si tú solucionas todos los problemas de tu hijo, no le estás capacitando para vivir. Le estás enseñando que el mundo se adapta a él, que no hay piedras en el camino, que alguien siempre vendrá a rescatarlo. Y eso no es verdad.
Jugar no es solo entretenimiento. Es ensayo. Es aprendizaje. Es enfrentarse al miedo, al error, al conflicto. Es negociar, perder, caer, levantarse. Es mancharse. Y en esa mancha, hay una lección.
Los niños necesitan saber que pueden equivocarse. Que pueden resolver. Que pueden pedir ayuda, sí, pero también intentarlo solos. Necesitan saber que el mundo no siempre será amable, pero ellos pueden ser fuertes.
Debemos proteger a nuestros hijos, claro que sí. Pero no impedirles vivir. No encerrarles en una burbuja de perfección y control. Debemos prepararles para volar, aunque eso implique que a veces caigan. Porque el vuelo no se aprende en el aire, sino en el suelo.
Un niño que no se mancha, no juega. Un niño que no juega, no explora. Y un niño que no explora, no aprende a volar. Dejémosles volar, aunque a veces caigan. Que el cielo también se aprende desde el suelo.
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LA MIRADA INQUIETA DE CELA
Gustavo Páez Escobar – Colombia
Tal vez la condición más desarrollada de Camilo José Cela fue su capacidad de análisis del hombre y sus circunstancias. Poseía una mirada penetrante sobre el mundo cotidiano, y esa habilidad innata le permitió descubrir, con agudo y a veces despiadado realismo, el lado oculto de la gente.
No había detalle que se escapara a su ojo de zahorí, ni pecado o virtud que tratara de ocultarse a su mirada inquieta, porque poseía la perspicacia capaz de desentrañar los secretos más escondidos. Era, ante todo, un escrutador del alma, y eso explica su destreza para crear en sus novelas auténticos personajes de la comedia humana.
Desde sus primeros años mostró el temperamento provocador, rayano a veces en la insolencia, con que irrumpió siempre en los ambientes ortodoxos para romper costumbres inveteradas y poner en duda la autenticidad de las cosas aparentes.
Las celebridades eran para él siempre sospechosas, y nunca fue fácil para aceptar lo establecido por el solo hecho de obedecer a la tradición o la costumbre. Por el contrario, huía de lo tradicional y lo ilusorio: allí podía existir una mentira. Pero no despreciaba la legitimidad de los hechos y la realidad de las personas.
Debido a su carácter abierto y desenfadado cosechó no pocas enemistades.
Enemistades que no ignoraba y parecía consentir. En 1972, en nueva publicación de La familia de Pascual Duarte en Ediciones Destino, anotó con malicia y vanidad: “Dedico esta edición a mis enemigos, que tanto me han ayudado en mi carrera”.
Lo importante para él era escribir, sin fijarse a quiénes hería o incomodaba. Como era iconoclasta y transgresor por naturaleza, su oficio de escritor lo ejercía con mayor placer utilizando las armas punzantes de la ironía y el duelo implacable de las palabras.
Vivió en función permanente, casi angustiosa, de crear nuevos vocablos y darle sonoridad y mayores alcances a su expresión idiomática. Su sentido del idioma como patrimonio del pueblo le hizo manejar el lenguaje directo y vigoroso, rico en matices, claridad y belleza.
Sus libros están matizados de poesía, porque su vocación por la estética y las cosas hermosas del universo era la llave maestra para comunicarse con sus lectores. En 1936, apenas de 20 años, escribió su primer poemario, que publicaría en 1945: Pisando la dudosa luz del día. Más aún: de solo ocho años ya escribía poemas secretos.
Pocos como él han incursionado en todos los géneros literarios. Es uno de los escritores más prolíficos de España y una de las figuras más destacadas de las letras universales. Escribió mucho, tal vez demasiado (se habla de más de un centenar de libros), y varias de sus obras quedarán sepultadas en la fosa del olvido. Pero las que marcan su popularidad y prestigio, que no pasan de cinco o seis, son suficientes para definirlo como un clásico del mundo. Su personalidad literaria es no sólo singular, sino arrolladora. Su mayor mérito reside en su maestría para captar la tragedia del hombre. Cela buscaba mostrar su verdad con palabras, y así lo deja evidenciado en su obra.
Los personajes fuertes y bien caracterizados de sus novelas –sobre todo los que se mueven en La familia de Pascual Duarte y La colmena, que son las de mayor contextura y densidad humana– se quedan caminando por el planeta como actores imperecederos de la realidad social. La misma realidad que él vivió en su España convulsionada –en la que, por extraña ironía, desempeñó el cargo de censor oficial, oprobio que él mismo sufriría con sus dos obras mayores– y la que ha vivido y continuará viviendo el hombre a lo largo de la historia.
Nada nuevo descubre el escritor en el mundo conflictivo de Pascual Duarte, ni en la atmósfera madrileña de los años 40, pero la ciencia novelística consiste en pintar ambientes y personajes novedosos. Nada nuevo hay en el arte: la magia consiste en saber expresarlo. Los personajes creados son la propia encarnación del novelista, pero estos solo perduran si tienen vida propia y alma inmortal, como Cela se las transmitió a los suyos. Lo demás es perecedero.
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Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“A veces lo más actual no es lo que pasa en el mundo, sino lo que pasa en el alma.”.
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Colaboran en esta Sección:
Magis Balsells Palau – España
Luz Fontana – Italia
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Ángel medina – España
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VIEJO ROBLE
Magí Balsells Palau / España
Por una suave brisa en este día caluroso, ha llegado hasta mí una bella estampa de estos humildes y simpáticos seres: las mariposas.
Soy un árbol con muchos años, lo que me ha permitido disfrutar durante décadas de la hermosura de estos frágiles y hermosos insectos.
Hoy recuerdo con cariño mi brote desde la madre tierra. Apenas aparecí, ya vinieron a saludarme, posándose en mis incipientes ramas, que se doblegaban aún por su escaso peso.
Siempre han anidado entre mis ramas, y las hojas han sido sus hermanas: las han alimentado y protegido de los enemigos naturales y de las inclemencias del tiempo.
Algunas, incluso, se han refugiado en mi resquebrajada corteza, marcada por los fenómenos de la naturaleza, dando una sensación de colorido muy especial.
Cuando elevan el vuelo, es como si el arco iris se aposentara en todos los rincones. Es una visión hermosa que muchos poetas han querido pintar, pero nunca han logrado capturar la belleza que ellas impregnan en el espacio.
No puedo soñar como tú, querida mariposa, ya que no es una de mis condiciones. Tampoco puedo volar, pues no tengo alas. Pero sí puedo disfrutar de la alegría de tu presencia.
Cuando se elevan al cielo, se produce una explosión de colores. Y cuando vuelven, es para darme a conocer bellezas que sus ojos han visto.
Cuando aparecen los primeros fríos, se marchan. Ha finalizado su vida. Dejan a sus queridas hermanas, las hojas, que también mustias van perdiendo su color. Ellas también abandonan las ramas, como si quisieran acompañarlas en su último viaje.
Pero para mi deleite, sé que siempre volveré a disfrutar de su hermosa compañía en primavera.
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CRÓNICA DESDE EL ANDÉN
Luz Fontana / Italia
Hoy vi a una mujer llorar en el andén. No era un llanto escandaloso, ni siquiera audible. Era ese tipo de llanto que se queda en los ojos, como si no quisiera molestar. Tenía una bolsa de tela, un abrigo que ya no abriga, y una mirada que parecía buscar algo más allá del tren.
La gente pasaba a su lado como si no existiera. Algunos con prisa, otros con auriculares, otros simplemente con la costumbre de no mirar. Y yo, que tampoco suelo mirar, me detuve.
No por heroísmo. Por humanidad.
Le pregunté si necesitaba algo. Me dijo que no. Que solo estaba esperando. No supe si hablaba del tren o de otra cosa.
Me senté cerca, sin invadir. A veces el silencio es el mejor gesto. Y mientras el tren llegaba, pensé en cuántos andenes hay en el mundo donde alguien espera algo que no siempre llega.
Un abrazo. Una llamada. Una respuesta. Una tregua.
Vivimos tiempos donde todo corre, pero nadie se detiene. Donde la información nos inunda, pero la empatía se evapora. Y sin embargo, ahí estaba ella. Y ahí estaba yo. Dos desconocidas compartiendo un instante que no saldrá en ningún titular.
El tren se fue. Ella también. Yo me quedé con la certeza de que, a veces, lo más actual no es lo que pasa en el mundo, sino lo que pasa en el alma.
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CRÓNICA DE UN VIAJE DESDE XANTHI A LAS ISLAS GRIEGAS
Elspeth Gormley / España
Llegamos a Xanthi desde Turquía, un 28 de octubre que parecía sacado de una novela de espionaje. La lluvia caía con fuerza, como si el cielo quisiera borrar algo. Las calles estaban llenas de militares, algunos con carros de combate. No sabíamos qué estaba ocurriendo. ¿Un golpe militar? ¿Una revuelta? ¿Habíamos cruzado una frontera en el momento equivocado?
El corazón latía rápido. Nadie hablaba. Solo mirábamos por la ventanilla, buscando señales, respuestas. Y entonces, al llegar al hotel, todo cambió. Sonrisas. Música. Gente celebrando. Era el Día del Oxi, la fiesta nacional griega. La tensión se disolvió en abrazos. Y así, entre confusión y ternura, comenzó nuestro viaje por el norte de Grecia.
Xanthi nos recibió con encanto discreto. Una ciudad universitaria donde los jóvenes se acercaban al hotel al ver matrículas españolas, buscando conversación, recuerdos compartidos. Aprendí la carta en griego —ena kotopulo, ena krasi, ena potiri nero— y con esas palabras tejí puentes. Descubrí que nuestras lenguas se abrazan en sus raíces, como si el Mediterráneo supiera que todos venimos del mismo mar.
Las carreteras serpenteaban entre montañas y pueblos escondidos. Y en cada curva, pequeñas capillas al borde del camino, como suspiros sagrados. Dentro, iconos bizantinos, velas encendidas, flores secas. No eran monumentos: eran gestos. Como si cada tramo del viaje mereciera una oración.
En Xanthi, la diversidad se hacía visible. Muchas mujeres turcas caminaban con sus velos, con paso firme y mirada serena. Al principio, lo confieso, pensé que eran religiosas. Me imaginé conventos, votos de silencio, alguna historia mística. Pero no. Eran pomacas, una comunidad musulmana con raíces profundas en la región. Y allí, entre culturas que conviven, entendí que Grecia no es solo ruinas y mitología: es mezcla, es respeto, es historia viva.
Un día nos llevaron hasta Panfhoro, un pueblecito en la frontera grecoturca. Nos dijeron que allí vivía un anciano muy especial. Yo pensaba que era una broma. Imaginaba un personaje pintoresco, quizás alguien que contaba historias para entretener a los turistas.
Pero al llegar… El hombre parecía tener doscientos años. Delgado, con una barba larguísima, rodeado de cabras, sentado bajo un árbol como si fuera parte del paisaje. No hablaba. Solo miraba. Y cuando nos sentamos frente a él, abrió el Corán, empezó a pasar sus páginas lentamente… Y comenzó a hablar.
Uno de mis amigos se atrevió a decir su nombre. El anciano, sin dudar, empezó a contarle todo lo que le había sucedido. Y lo peor —o lo mejor— es que era cierto. Cada detalle. Cada momento. Nos quedamos helados.
La risa se apagó. La curiosidad se volvió respeto. Y nadie más quiso preguntar nada.
Fue como estar frente a un oráculo, pero sin espectáculo. Solo verdad. Solo silencio. Solo ese hombre, que parecía saber más de nosotros que nosotros mismos.
De Panfhoro partimos hacia Kavala, y luego Salónica. Kavala nos mostró una Grecia más urbana, pero no menos mágica. Sus calles olían a café recién hecho y a historia sin fecha. Allí, cada balcón parecía guardar un secreto, y cada piedra tenía algo que contar.
Salónica me hechizó. Sus playas por la noche tenían algo de Zorba bailando sirtaki bajo la luna. Visitamos la Torre Blanca, caminamos por el puerto, y sentí que la historia no era solo pasado, sino presente que respira. El puerto, herido en guerras, se ha reinventado como parque cultural, con galerías, museos y bares que parecen susurrar secretos antiguos.
Y entonces, el ferry. El mar abierto. Las islas.
woooo qué maravilla. Cada una con su alma distinta, con sus casas blancas, sus gatos dormidos, sus callejuelas que huelen a sal y a tiempo detenido. Allí entendí que el viaje no era solo geografía: era transformación. Era Grecia, sí… pero también era yo, distinta, más ligera, más viva.
Caminamos por la ágora como quien camina por dentro de un poema antiguo. Las piedras hablaban, los pasos resonaban, y el tiempo parecía detenerse. Allí probé el yogur griego, espeso, fresco, con ese sabor que no necesita azúcar para ser dulce. Y el souvlaki —sí, así lo llaman ellos—, envuelto en pan caliente, con carne que parecía recién cantada por el fuego.
Y si alguna vez me preguntan qué aprendí en Grecia, no hablaré de ruinas ni de mapas. Diré que aprendí a mirar con el alma, a escuchar sin prisa, …a saborear la vida como se saborea un sorbo de vino frente al mar: despacio, con gratitud, y con los ojos cerrados.”
Porque hay lugares que no se visitan: se sienten. Y hay viajes que no terminan cuando regresas, sino cuando el alma decide que ya ha aprendido lo que tenía que aprender.”
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SOBRE EL QUIJOTE
Jaime Hoyos Forero/ Colombia
Don Quijote murió una tarde en el capítulo 74 de la segunda parte de la obra. Pero el gran triunfo de Cervantes, Dios de la novela, fue el haber logrado la resurrección de don Quijote en nuestros corazones y a través de todos los siglos.
Algunas cosas que os voy a decir, queridos tertulianos, os van a parecer serias y bien razonadas: esas no son mías; las entresaqué de algunos libros que se han escrito sobre Cervantes y el Quijote; las más de ellas, escritas sabiamente por don Alberto Gerchunoff, cervantista argentino insigne, que incluso, os recomiendo.
Otras cosas que os voy a decir, van a pareceros una locura: esas no las copié de nadie, sino que las saqué de mi cabeza y si son una locura será tal vez porque me he ido dejando contagiar de don Quijote, que con el correr del tiempo se ha ido haciendo mi amigo. Y aunque yo, como Sancho, le digo por ejemplo al ver a las mujeres -mira, señor, que no son más que mujeres aunque ya casi nunca usan falda, él me replica diciendo: bien te he dicho, Jaime amigo, y te lo seguiré diciendo…que no son mujeres sino ángeles y por eso hay que amarlas a todas y ese amor es ante todo un ejercicio del alma.
Como veis, queridos tertulianos, las palabras anteriores no están en el Quijote. Me las ha dicho él, al oído, porque don Quijote -para quienes lo amamos- vive en este y en todos los siglos y nos acompaña siempre -igual que el ángel de la guarda- y nos habla en el bus, en la calle, en el silencio de la noche o en el tumulto de la urbe. No os extrañéis, pues, cuando me veáis a solas, moviendo los labios…Es que estoy, seguramente, dialogando con don Quijote; y si veis que levanto la vista es, simplemente, porque mi invisible amigo va cabalgando a Rocinante.
Os invito, queridos tertulianos, y esto no lo hago por mí, sino cumpliendo una orden secreta de don Quijote, a que a partir de hoy os contagiéis de su locura: veréis cómo al salir de aquí, os sentiréis, y espero que para siempre, acompañados de mi señor don Quijote y seréis felices enmendando entuertos y exigiendo justicia sin que os importe tropezar y caer entre las aspas de los molinos. Entonces sentiréis que don Quijote acudirá en vuestro auxilio y sabréis que él no ha muerto, que no es un libro solamente, una novela, sino un hombre vivo, un padre, un loco y un amigo.
Y ahora os voy a escandalizar:
No creo, como dicen muchos críticos, que don Miguel quiso acabar -como efectivamente sucedió- con las narraciones de caballería. Ningún caballerito andante podía ser, claro que no, digno de estar encarnado en don Quijote. Personaje de novela tan grande, tan magnánimo, tan entregado por nosotros, hasta los azotes, tan noble y extraordinario, tan divinamente loco y único como don Quijote, solo ha tenido un par en la vida real. ¿Ya lo adivinasteis? Desde luego: Nuestro Señor Jesucristo.
.No me vais a reprochar por mi herejía, tertulianos, que ya por ella pedí perdón a Jesús y él, benévolamente, me ha perdonado, y al guiñarme un ojo detrás de las nubes, me ha dado a entender que, efectivamente, don Quijote es su par, su émulo en la vida irreal de la novela.
Hay un capítulo en particular que siempre he creído que Cervantes lo tomó de una escena de Jesús terriblemente trágica y desgarradora: Jesús despreciado por el pueblo, calumniado por el pueblo, pero sobre todo, convertido en el escarnio, en la burla grosera, en el hazmerreír de la baja soldadesca; le ponen un trapo a manera de manto real y entre grandes carcajadas se hincan ante Jesús. Y le ponen un cetro de caña y le encajan una corona de espinas en su divina cabeza; pero lo que más tuvo que herir el alma de Jesús, fueron las burlas y las risotadas de la canalla…
Y en la novela, tenemos a don Quijote burlado, enjabonado grotescamente por las criadas por orden de la duquesa, sumiso, humilde y humillado, vilipendiado, reído y mofado. Uno casi no se explica cómo don Miguel de Cervantes escribió tan dolorosa escena,
que cada vez que la leemos se nos humedecen los ojos y se nos atenaza de dolor y rabia la garganta.
Don Quijote todo lo soporta por el bien de los desposeídos, de los desarrapados, de los menesterosos, pero sobre todo porque sabe, como Jesús en la vida real -guardadas desde luego todas las proporciones- que su utopía, que su aparente locura, terminarán por cambiar al mundo, por redimir a los hombres, por darnos un cielo pleno de igualdad para todos, de libertad y de amor.
A veces, en los centenares de mártires de la Iglesia de hoy, en Papúa Occidental, en Siria, en China, y en monjas de indiscutible entrega como la de Calcuta y en algunos docentes, veo la figura flaca y seria de don Quijote. Como él, son los locos de hoy. Pocos creen en sus enseñanzas. Pocos creen en sus recomendaciones y advertencias. Se burlan de su fe, usan los medios de comunicación para mofarse y zaherirlos. Son objeto de desprecio y se refieren a ellos como a unos pobres chiflados, ajenos a la realidad.
Pero esos pobres locos chiflados, al igual que don Quijote, aguantan estoicamente las burlas y el escarnio y seguirán, como apóstoles íntegros, combatiendo contra los molinos, contra los carneros, contra la irreligiosidad, contra el desmedro de las costumbres, contra los falsos profetas, contra la esclavitud de las riquezas, contra los que olvidan olímpicamente a los desamparados de la fortuna, necesitados no de limosna sino de trabajo.
Los locos de hoy, al igual que don Quijote, conocen su locura, pero como dice Gerchunoff, no la curan porque saben que es bella y siguen combatientes y altivos en la esperanza de un mejor mañana.
La novela de Cervantes no es una comedia de aventuras, ¡es una tragedia! La tragedia de los locos sublimes de todas las razas y de todos los tiempos.
Pero ahora, tertulianos, perdonad… Entra aquí, vedla corriendo y brincando, Claudia, mi sobrina nieta de 12 años…
-Chica: cómo te atreves a interrumpirme; ¿No ves que estoy haciendo una seria disertación sobre don Quijote?
-Tío abuelo: precisamente yo quiero que les digas a tus contertulios, que estoy muy sentida con el papa Juan Pablo II.
-¿Qué tiene que ver, chica, el venerable pontífice fallecido, contigo y con don Quijote?
-Estoy sentidísima, tío abuelo, porque el papa hizo santas a muchas personas, y no hizo santo a don Quijote. ¡Eso es injusto!
-Pero Claudia, el papa no podía canonizarlo porque don Quijote no es humano.
-¡Claro que sí es humano, tío abuelo! Es más humano que tú. El sí me dejaría meter el pan entre el chocolate. Él dejaba comer, sin problemas, a Sancho.
-Claudia: cuando yo digo que don Quijote no era humano, quiero decir que…que no fue un homo sapiens.
-¿Qué?
-Bueno. Quiero decir que.. que no nació como tú o como yo, de una mamá. Nació de una novela. No lo podían canonizar.
-Pero yo digo que de todos modos, tío abuelo, don Quijote fue un “bacano”.
-De acuerdo, Claudia. Pero no digas esa palabra; castiza pero no muy culta.
-Entonces, tío abuelo, don Quijote fue un “duro”.
-Sí, Claudia, pero “duro”…
-Entonces fue un “verra…”
-¡Claudia!…Por favor, sal de aquí, chiquilla grosera, que estoy haciendo una disertación seria sobre don Quijote. Esta noche hablaremos en casa… ¿de acuerdo?
Ah, qué niña. Pero yo creo, queridos tertulianos, que en el fondo, mi sobrina nieta tiene toda la razón. Don Quijote, como los santos, merece nuestra profunda veneración.. Ya Rubén Darío le compuso unas bellas letanías.
Si hubiera sido humano -y sí que lo fue como dijo Claudia- sería fantástico que pudiéramos colocar su imagen en los altares, completando un hermoso trío de santos:
San Francisco de Asís,
San Pablo de Tarso,
San Quijote de la Mancha.
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¿AMA USTED A SU ESPOSA?
Ángel Medina / España
Esta clase de situaciones no suelen ser frecuentes. Por si acaso, no haga usted la prueba, porque ni siquiera el Gran Juzgador de todo el Oriente en la época de su esplendor salomónico se halló ante semejante dilema.
Noelia era una mujer hermosa y pizpireta. La beldad estaba casada con un sastre. Un día tuvo su marido que hacer un viaje en avión, que acabó estrellándose. La mujer se sintió desolada, mas como la vida debe seguir― ciertamente no tenía vocación monjil― volvió a contraer nupcias con unmúsico que tocaba el saxo en un crucero. Vinieron tiempos felices, pero al cabo el buque naufragó en medio de una tormenta. La mujer lloraba a los consortes perdidos, pero las lágrimas de aquel copioso río cesaron y se secó el cauce.
A fin de distraer su confusa mente decidió hacer un viaje a la tierra de los faraones, donde entabló amistad con un arqueólogo, que acabó desposándola. Meses más tarde recibió una llamada del consulado en la que le comunicaron que había quedado sepultado durante unas excavaciones. Triste es la vida, y la dulce Noelia mitigó su dolor en la persona de un alpinista que le fue presentado por una amiga. Corriendo el calendario, acabaron suscribiendo el acta de matrimonio. Pero, ¡ay!, ¿Por qué a veces es tan persistente el destino y se ceba con las criaturas? Un mal día, su cónyuge acabó despeñándose durante una ventisca, sin que consiguieran encontrar su cuerpo. Al paso del tiempohalló en su vida a un apuesto galán otoñal, quien, bromeando, la piropeó diciendo: ¿le gustaría convertirse en mi viuda? ¡Santo cielo! ¡Para qué nombrarlo! Transcurridas unas semanas se convertía en su flamante mujercita. El caballero en cuestión era de profesión bombero. Un día, se desató una lluvia torrencial y se desbordó el río, desapareciendo él en la riada.
La belleza tenía su mesita de estar convertida en un retablo, sustituyendo las fotos de santos las de sus cinco “ex”, escapando de sus labios una sentida jaculatoria al contemplar su desdicha ¡Ay, Señor, ¿qué habré hecho para merecer todo esto? ¡Porque, ya era mala suerte!
Cinco bodas y ningún marido. Desencantada, pues, se propuso no volver a probar suerte en el amor, manteniendo como única compañía la de un caniche.
Pasó el tiempo y recibió cinco cartas. La grafía de cada sobre le resultaba conocida, sintiendo resquemor en abrir las misivas. ¡No era posible! Aunque, no siéndolo… ¿cómo tenía en sus manos las cartas? Y como los muertos no están facultados para escribir, decidió abrirlas sin dilación. Las cinco tenían un contenido parecido. Decían algo así: “Sobreviví al accidente. Estoy recuperado y vuelvo a casa. Te amo más que nunca”.
La situación resultaba ser esperpéntica. Todos esperaban encontrar a su mujercita desconsolada y se encontraron con que no eran cónyuges sino de una quinta parte.
El primero le dijo que el avión consiguió amerizar en medio del mar, siendo él el único superviviente, manteniéndose encaramado en el fuselaje hasta que finalmente fue rescatado por unos pescadores. Como consecuencia del golpe sufrió una amnesia profunda.
El segundo arrió un bote y viajó a la deriva, padeciendo sed y hambre hasta que las corrientes le llevaron a una isla. Allí se alimentó de la pesca y bebió agua de un río, en tanto que fue rescatado por un mercante.
El tercero se vio obligado a compartir la experiencia del mundo de los muertos, rodeado de criptas funerarias. Al cabo de unos días creyó volverse loco, siendo escuchado sus gritos por unos turistas japoneses, no recordando lo que le había pasado, debiendo permanecer largo tiempo en el hospital antes de recuperarse.
El cuarto, al despeñarse tuvo la fortuna de ver amortiguada la caída por unos arbustos, quebrándosele los huesos. La soledad y el frío terminaron por trastornar su intelecto. Finalmente fue encontrado e ingresado en un sanatorio, hasta que pudo recuperar su salud física y mental.
La salvación del quinto no fue menos portentosa. El torrente lo arrastró hasta una playa lejana convertida en vertedero. Cuando abrió los ojos no recordaba qué había sucedido y comenzó a vagar sin saber ni dónde estaba ni a quién acudir.
Todo resultaba increíble, pero cierto. Más, la buena de Noelia hízose la pregunta: Y ahora, ¿qué? Todos eran sus legítimos maridos y se imponía poner en orden la situación que se había creado. Y esto sólo podía hacerlo la Justicia.
El provecto del juez hubo de reconocer que nunca jamás había tenido que dirimir un caso semejante. Legislado no había nada, y saber de alguna jurisprudencia, por lejana que fuese, se le antojaba dificultoso. ¿Dónde podría posar su pensamiento para guiar sabiamente la decisión a tomar? Desconcertado, pero sabiendo que tenía la obligación de dar solución a la coyuntura, resolvió así:
―Voy a hacer unas propuestas antes de dictar sentencia alguna, pues entiendo que la mejor solución sería la avenencia consentida entre las partes. Por equidad, puesto que todos son maridos legales de esta mujer, propongo que puedan vivir en común. Esto es, en situación de poligamia. Pasado un año se celebrará una nueva vista, por si hubiese de ser corregida esta primera.
Noelia, que era muy fogosa se sintió al principio adulada. Pero calculó mal, porque aquel ritmo frenético que le venía impuesto acabó desbordándola. El cansancio se reflejaba en su rostro, debiendo rechazar a unos y aceptar a otros según le apetecía, todo lo cual suscitó la rencilla entre los varones, por lo que recurrió al Juez en busca de mejor solución para todos.
La segunda recomendación no fue menos pintoresca.
―Cada cónyuge pasará con su esposa dos meses al año, de modo que ella podrá relajarse y cada uno de ustedes hacer uso del matrimonio sin tener que competir con los otros.
Pero el tiempo es buen o mal consejero, pues trae la reflexión. Y conforme pasaban las semanas, la mujer comenzó a sentirse como concubina o hurí de un harem. Visto lo cual, el Magistrado propuso una tercera alternativa. Algo peculiar, pues se debía de echar a suerte quien ocuparía el lugar como marido. Y la bella empezó a perder el sentido de la autoestima, considerándose como un osito de feria que corresponde a un premio de azar.
El pleito desbordaba los conocimientos del Juez. Por eso, solicitó un receso a fin de consultar todos los libros de leyes de que disponía. Aunque, en vano. En ninguno se ofrecía solución para dirimir lo que se le había encomendado. Repensándolo, una lucecita vino a encenderse en su leguyesca testa. Se divorciaría de todos e indemnizaría a cada uno. Resolución también vana, pues la mujer era de humilde condición y no tenía capital alguno, salvo el de su belleza. ¿Qué hacer? ― repensaba el togado― De tanto exprimir la mollera, comenzó a fraguar una genial idea. ¿Por qué no recurrir a “él”? Nada perdía por intentarlo, porque el caso no podía ser cerrado en falso y alguna salida habría de darle. Y meditando, imaginando la escena del rey sabio con el niño en sus brazos y las mujeres asustadas al escucharle decir que lo dividiría en dos mitades, una para cada una de ellas, se dispuso a dictar el fallo.
―Puesto que he de dar por sentado que todos y cada uno de los maridos aman a Noelia, habrán de estar dispuestos a una prueba total del amor profesado. ¿Y qué mayor abnegación que la de entregar la vida por la persona a la que se ama? Así, pues, esta es mi sentencia definitiva: aquí tienen cinco copas para beberlas. Sólo una no tiene cianuro. El que viva se constituirá en el marido legal. ¡A fin de cuentas, todos ustedes estaban muertos!
Al conjuro de sus palabras la sorpresa se dibujó en el rostro de los cinco maridos. Ciertamente, ninguno podía esperar un veredicto de tal calibre. Y cabizbajos, comenzaron a desfilar ante el estrado. Sólo uno permaneció allí. Era el sastre, su primer esposo, que había decidido arriesgar su vida con tal de ganar su amor. Y al punto, entendió ella quién la amaba de verdad, proclamándose el renacido matrimonio. Y es que el amor es el único capaz de afrontar los miedos que todos llevamos dentro.
La sala se había vaciado. Cuando todos salieron, habiendo quedado sólo el juez, vertió la bebida de todas las copas en un vaso, ingirió el líquido para calmar su sed y abandonó el estrado sonriente, satisfecho por su sentencia, en tanto ronroneaba en su cabeza que, cuando algún día le contase esta historia a su nieto, a buen seguro que le escucharía decir: “Abuelo, no me cuentes más batallitas”. Salomón había hecho justicia.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 09:58:102025-09-22 10:01:41CRÓNICAS – SEPTIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada palabra es propiedad de su autor, quien la comparte bajo su sensibilidad y mirada única. La reproducción de este contenido debe hacerse con respeto, siempre citando su fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo el amparo de la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
Voces que caminan y cuentan lo que ven. Desde la calle, el alma y el instante
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Voces que construyen puentes-: Los que escriben aquí no están solos. Son parte de una comunidad que cree en la palabra como puente, como refugio, como acto de resistencia. Desde distintas geografías, comparten sus historias, reflexiones y pasiones. A continuación, presentamos a quienes hacen posible este viaje literario.
Colaboradores de Crónicas y Ensayos – Agosto (Orden alfabético por primer apellido):
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Luz Fontana (Italia) — Ludovico Einaudi y la música del silencio
Elspeth Gormley (España) — Viaje por Toulouse y Carcassonne – Francia
Gustavo Páez Escobar (Colombia) — Regresa el romance
Carlos Pérez de Villarreal (Argentina) — El muro de los muros
Alfredo Luchiano Perotti (Argentina) — Democracia y libertad, vigencia y desafíos
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EL ALMA QUE COMPONE
Ludovico Einaudi y la música del silencio
Luz Fontana / Italia
Hay compositores que escriben notas. Y hay otros, como Ludovico Einaudi, que escriben emociones. Su música no se impone: se desliza. No grita: susurra. No busca protagonismo, sino presencia. Es el arte de estar sin ocupar, de decir sin palabras, de conmover sin artificios.
Nacido en Turín en 1955, Einaudi ha logrado algo que pocos pianistas contemporáneos consiguen: que el silencio tenga forma. Su obra, minimalista y profundamente introspectiva, se ha convertido en banda sonora de películas, documentales, y sobre todo, de momentos íntimos. Porque escuchar a Einaudi es como abrir una ventana al alma.
Sus composiciones como Nuvole Bianche, Una Mattina o Divenire no necesitan explicación. Son paisajes sonoros que cada oyente recorre a su manera. No hay una sola emoción en ellas: hay miles, dependiendo de quién las escuche y cuándo.
Pero más allá de su técnica impecable y su sensibilidad melódica, lo que define a Einaudi es su capacidad de crear atmósferas. Su música no acompaña: transforma. Y en tiempos donde el ruido parece dominarlo todo, su piano se convierte en refugio.
Ludovico Einaudi no compone para impresionar. Compone para tocar. Y lo hace, una tecla a la vez, en el corazón de quienes lo escuchan.
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VIAJE POR TOULOUSSE Y CARCASONNE – FRANCIA
Elspeth Gormley / España
Toulouse, la Ville Rose
Toulouse despierta con un aire entre académico y bohemio. El sol roza los ladrillos de terracota como si quisiera iluminar viejos manuscritos. Caminamos sin prisa, seducidos por el aroma del foie gras y el susurro del cassoulet que escapa de cocinas generosas. En la distancia, los ecos de Ariane y la Ciudad del Espacio murmuran que aquí se estudia el cielo… pero también se respira alma.
Toulouse no se visita: se escucha. Cuenta su historia entre ladrillos que se tiñen de oro al atardecer. Su color no es solo visual, es emocional. El dorado del ladrillo me recordó a una carta antigua, escrita con tinta de memoria.
Todo comienza en el Mercado Victor Hugo, entre quesos que dialogan en francés y occitano. Allí, la vida cotidiana se sirve en baguettes y se bebe en copas de vino local.
Desde el Capitolio, corazón palpitante, las calles se extienden como versos. La Rue du Taur, con sus librerías y cafés, guía hasta la majestuosa Basílica de Saint-Sernin. El silencio allí tiene eco, como si rezara en voz baja.
El Convento de los Jacobinos, con su palmera de piedra, se eleva como un poema gótico. Y si te dejas llevar por el río Garona, llegas al Pont Neuf, donde los atardeceres se convierten en óleos vivos.
Y aún en su modernidad, Toulouse lanza sueños al cielo desde la Ciudad del Espacio, sin dejar de saborear su cassoulet terrenal.
Partir duele. Pero Toulouse siempre espera: con café caliente, con acordeón en la esquina, con paciencia de amante secreto.
Se quedó detrás como perfume en pañuelo, como melodía que no termina pero ya no suena. El Garona siguió su cauce, indiferente a mi equipaje emocional. Y yo… le dejé mis pasos como ofrenda íntima.
Partir de Toulouse no es alejarse: es llevarla dentro.
Carcassonne — Entre torres y susurros medievales
Carcassonne, ciudadela sin prisa, se alza como si nunca hubiese cedido al reloj. Las piedras murmuran nombres antiguos y las torres observan con altivez. Se entra con respeto. Porque en Carcassonne, incluso el silencio tiene arquitectura.
Caminamos por la Porte Narbonnaise, y cada paso desbloquea un recuerdo. Las piedras respiran. Las torres no miran: contemplan. Imaginé trovadores bordando versos para damas imposibles, niños jugando entre almenas, y caballeros templarios dejando polvo y promesas en el aire.
Respiré… y el aire tenía cuerpo. No era viento: era historia. No pisaba piedra: tocaba siglos.
Mis pasos tímidos no interrumpían: acompañaban. Las murallas ya no eran fronteras, eran abrazos.
Y fue entonces, cuando vi que todo era extraordinario. El silencio hablaba más alto que las palabras. Sentí una emoción como canto sin letra… y supe que era yo reconociendo algo que siempre estuvo allí. Carcassonne dejó de ser postal y se convirtió en poema.
No sé cómo contarlo. Pero lo viví. Allí, entre ladrillos que susurran y murallas que aún recuerdan, entendí que viajar no es cambiar de lugar… es cambiar de alma.
Y al final, fui yo quien partió reconstruida, con la piedra en la pupila y la melodía aún temblando en los oídos.
El ladrillo quedó allá como testigo silente, y la torre como centinela de lo que fui. Pero lo que llevo ahora no pesa: palpita.
Viajar no fue mover los pies. Fue mover los recuerdos futuros que aún no tenían nombre.
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REGRESA EL ROMANCE
Gustavo Páez Escobar / Colombia
El romance, género poético que se originó en la Edad Media y se volvió muy popular entre los siglos XV y XVII, está hoy en franca decadencia. Fue en sus comienzos una expresión oral que cantaban o declamaban los trovadores o juglares. Su temática era muy variada, pero se orientaba hacia la narración de historias con carácter épico y sentimental. Se dice que el primer romance escrito fue encontrado en un cuaderno del estudiante de leyes Jaume de Olesa, de origen marroquí italiano, en 1421.
En el Renacimiento surgieron notables amantes de esta tendencia, como Cervantes, Lope de Vega y Luis de Góngora. A esa época pertenece el Cancionero general (1511), de Hernando del Castillo. El siglo XX le dejó a la literatura obras de exquisito sabor, como Romancero gitano, de Federico García Lorca, o Flor nueva de romances viejos, de Ramón Menéndez Pidal.
El nombre de romance obedece a que los primeros versos que se escribieron fueron en español (lengua romance). Regla esencial de este género es la de los versos octosílabos, con rima asonante en los impares. En el ámbito colombiano, la lista de romanceros es brillante. Me viene a la mente Baudilio Montoya, en el Quindío, quien con acento romántico y social elaboró poemas de honda sensibilidad, como La niña de Puerto Espejo y José Dolores Naranjo.
El romance es ya obra del pasado. La distorsión de los tiempos lo ha despojado de la sabiduría íntima que sabía expresar con gran propiedad las querencias, gozos o penas del alma. No solo ha venido en declive este poema, sino el otro romance: el idilio, el cortejo, la relación amorosa. El mundo se volvió frío, insustancial, insensible.
Cuando recibí el libro Romances con nombres de mujer, de Vicente Pérez Silva, me pareció que estaba en otro planeta. Al decirme su autor que ponía en mis manos esta “chifladura” de sus lejanos años de juventud, me situé en la época exacta: la que se llevó el viento. Es un bello opúsculo de 90 páginas, editado en Medellín por Jesús Serna Giraldo, en el que Vicente recupera 21 poemas que tuvo la intención de publicar ¡hace 46 años! La noticia fue anunciada en 1979 por Helcías Martán Góngora en el periódico Occidente de Cali.
Entre los autores hay nombres de fama, y otros son desconocidos. Estos romances tienen la singularidad de llevar el nombre de una mujer, lo que de por sí significa un motivo incitante. Este es mi querido amigo Pérez Silva: un acucioso descubridor de libros y hechos extraños, a la vez que estudioso penetrante de la historia y la literatura. Autor de más de 30 libros, que a sus 96 años no se detiene en su destino laborioso y gratificante que le infunde entusiasmo, placer y vitalidad.
Algunos romances refulgen por su agudeza lírica y fino erotismo: Cecilia Rivadeneira / era nombre de romance, / con ella corrí una juerga / en noche de carnavales. / La cumbia latía en sus piernas / y en su cadera temprana. / ¡Tantas locuras que hicimos / vale más no recordarlas!: Jorge Artel. Bajo el vestido los senos / tomaban voz de protesta, / en aguas de luceros, / buscando romper la tela, / y en riña las dos palomas / con la quietud de la espera: Hugo Salazar Valdés.
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REFLEXIONES
EL MURO DE LOS MUROS
Carlos Pérez de Villarreal / Argentina
Hace unos años atrás escribí una nota para la revista argentina Nueva Etapa, de la que era -en aquel momento-, su jefe de Redacción; justamente en un mes como el que comenzamos a gestar. Hoy sigue teniendo la misma vigencia Ladrillos, bloques, cemento, hierro… Un 13 de agosto de 1961, comenzaba a levantarse el Muro de Berlín; lo que marcaría el inicio de una nueva etapa en la historia del siglo XX. La ciudad, dividida en dos, sería el símbolo de lo que dio en llamarse la «Guerra Fría». En realidad, el mundo comenzaba a dividirse en dos bloques ideológicos diametralmente opuestos -¿opuestos?-: capitalismo y comunismo. Fue todo un símbolo… pero de la brutalidad, la ignorancia y la ignominia; que suele caracterizar a veces al ser humano. 28 años y 89 días después, el 9 de noviembre de 1989, lo que costó la vida de más de 5000 personas -que intentaron traspasarlo por ganar el bien más preciado del hombre: la libertad-; fue derribado.
El mundo supuso entonces, que jamás se construiría algo similar. Craso error, estimado lector. Se han levantado ya en el siglo XX y XXI: el muro de Belfast en Irlanda del Norte (1969), el muro de hormigón, que separa Corea del Norte y Corea del Sur (1970); el muro de Marruecos en el Sahara Occidental (1980); el de la India con Bangladesh (1986); el construido por EEUU en la frontera con México (1994); los construidos en Ceuta y Melilla en el norte de África (1999); el de Cisjordania, que divide Israel de los territorios palestinos (2002); el denominado Muro de Evros, construido por Grecia en la frontera con Turquía (2012), y no sé si queda algún otro en el tintero.
Nos preguntamos entonces: ¿qué diferencia al Muro de Berlín de estos otros que se han levantado? Creemos que nada. Los muros son todos iguales: separan, dividen… nunca unen. Jamás serán una solución.
«Los muros están en las cabezas. Lo que todos los muros tienen en común es el miedo. Es una forma que data de un tiempo antiguo y que ahora ha regresado. La intención es dejar afuera a los otros.» (Thomas Heise, cineasta y documentalista alemán)
Y nosotros pensamos: ¿Qué diferencia a los “otros” de “nosotros”?, ¿la inseguridad?, ¿el miedo?, ¿el creer que somos diferentes? ¿Será por eso que se han creado barrios privados, construidos como entornos defensivos que protegen contra esa realidad, de la que también son parte? Levantamos muros para no ser heridos, sin darnos cuenta que quien siembra muros no recoge nada. Hilando fino, podríamos decir que casi todos somos albañiles de muros. ¿No sería mejor construir puentes, porque sobre ellos se va a la orilla y también se vuelve? (parte de un poema de autor anónimo).
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DEMOCRACIA Y LIBERTAD, VIGENCIA Y DESAFÍOS
Alfredo Luchiano Perotti / Argentina
A lo largo de la historia, la tensión entre democracia y libertad ha sido constante. No existen en estado puro: dependen de ciudadanos responsables, instituciones sólidas y un equilibrio delicado entre derechos y deberes.
Si partimos de la certeza de que nadie es perfecto, entendemos que la libertad individual siempre puede rozar los límites de la convivencia. Ejercerla sin respeto por los demás erosiona la vida en común. De allí que la libertad de pensamiento sea la más absoluta; todo lo demás implica actos que pueden afectar a otros, y por lo tanto requieren responsabilidad.
En las democracias representativas, el voto delega el poder en dirigentes que deberían hacer cumplir las leyes para beneficio general. Sin embargo, con frecuencia las normas que protegen a la mayoría se aplican con tibieza, mientras que aquellas que favorecen al poder reciben celo y urgencia. Así, la república se debilita y la confianza ciudadana se erosiona.
La democracia es libertad; el desgobierno, libertinaje.
Una democracia sin ciudadanos educados y críticos corre el riesgo de caer en liderazgos construidos sobre eslóganes antes que sobre capacidades. El resultado suele ser un deterioro institucional que abre la puerta al autoritarismo o la apatía.
En lo cotidiano argentino, sobran ejemplos: tránsito caótico con motos sin casco ni patente, automovilistas que no respetan a peatones, basura arrojada a calles y ríos, destrucción de humedales, inseguridad creciente.
Son incumplimientos que podrían prevenirse con controles efectivos y voluntad política, pero que a menudo se toleran hasta normalizarse.
En la última década, la polarización política, las crisis económicas recurrentes y la pérdida de confianza en las instituciones han profundizado la “anemia cívica”: menos participación, menos esperanza, menos diálogo. La cultura del esfuerzo y el respeto por lo común parecen diluirse en la urgencia y el sálvese quien pueda.
El desafío de hoy no es solo recuperar la economía o fortalecer las instituciones: es reconstituir el tejido cívico. Sin cultura ciudadana, ninguna república respira; y sin cultura, ninguna libertad florece.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-08-21 07:46:512025-08-21 07:46:52CRÓNICAS Y ENSAYOS – AGOSTO
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«Cada instante es un país vivido, cada palabra, una frontera cruzada.«
EL SEÑOR DE LOS ANILLOS- ENSAYO
Luz Fontana / Italia
Los libros de El Señor de los Anillos, escritos por J.R.R. Tolkien, no son sólo novelas de aventuras. Son una declaración profunda sobre la amistad, el poder, la corrupción, y la resiliencia frente a la oscuridad. Aunque muchas personas ,conocen la historia a través de las películas, leer los libros despierta una experiencia distinta, más íntima y reveladora.
El texto que respira profundidad
Tolkien, filólogo apasionado, construye no solo una historia sino un universo: con idiomas propios, mitologías, mapas, genealogías y leyendas. La Tierra Media no es escenario sino protagonista. Cada página contiene capas de significado, desde lo épico hasta lo contemplativo.
Leer la trilogía –La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey-, permite descubrir matices que el cine no puede capturar: el pensamiento de Frodo, los silencios de Sam, la lucha interna de Gollum, o la nobleza casi mística de Aragorn. La voz narrativa de Tolkien, serena y elegante, transporta con un ritmo que es más lento que el cine, pero más envolvente.
El poder del anillo como metáfora
El Anillo Único representa mucho más que un objeto mágico: es un símbolo de poder absoluto, capaz de corromper incluso al más puro. Tolkien, que vivió las dos guerras mundiales, entendía cómo el poder sin límite podía desfigurar lo humano. La caída de Saruman, el tormento de Boromir, y el sufrimiento de Frodo son reflejos de esta tensión universal.
Naturaleza, nostalgia y lo perdido
Uno de los aspectos más emotivos del libro es la presencia constante de la naturaleza. Los Ents, los bosques antiguos, el Shire… todo habla de una nostalgia por lo que fue, por los espacios que se pierden ante el avance de la guerra y el dominio. Tolkien parece susurrarnos: “la belleza está en lo sencillo, y no debemos olvidarla”.
La luz que resiste
Más allá de batallas épicas y caminatas eternas, El Señor de los Anillos es un canto a la esperanza. A la bondad silenciosa que cambia el mundo. Frodo no vence por fuerza, sino por perseverancia; Sam no brilla por estrategia, sino por amor. Es esa luz interior la que sostiene la historia, y tal vez por eso, sigue tocando corazones en todos los hemisferios.
ENTRADA RESTRINGIDA
Leila Guerriero / España
Si la Iglesia Católica ha perdido miles de fieles, ¿no convendría confiar en la posibilidad de que un curioso entrara, fuera tocado por el rayo de la fe y se transformara en devoto?
Estaba hace poco en Palma de Mallorca. Salí a caminar. Llegué a una iglesia. En la entrada había dos carteles con la señal de “Prohibido el paso”, y la frase: “Entrada restringida. Solo para quienes acudan a misa”. Aunque no tengo fe, me interesa la fe de los otros: entro a las iglesias, escucho los rezos, observo la devoción. Pero ese cartel era un freno a mi curiosidad irrespetuosa, así que me fui. Supuse que estarían hartos de la irrupción de turistas sacando fotos como si aquello fuera un zoológico y no un sitio de recogimiento, pero me pregunté cómo confirmarían que alguien efectivamente entraba para asistir a la misa y no para curiosear. ¿Exigirían el recitado del Credo, someterían al paseante a un múltiple choice de contenido religioso? En todo caso, me pareció que el cartel era publicidad en contra. Si la Iglesia Católica ha perdido miles de fieles, ¿no convendría confiar en la posibilidad de que un curioso entrara, fuera tocado por el rayo de la fe y se transformara en devoto? Después de todo, los católicos creen en cosas más extrañas, como la santísima trinidad o el embarazo de una virgen. Mientras caminaba, imaginé el consultorio de un psicoanalista en cuya puerta se leyera “Entrada restringida. Solo para pacientes interesantes”. ¿Y la posibilidad de toparse con lo impredecible, de descubrir que nos gusta mucho aquello que pensábamos que no? El cartel, además, contradecía la idea de acogida que promueve la Iglesia arrojando el mensaje opuesto: estamos encantados con nosotros mismos, no necesitamos a nadie más. Al día siguiente, un señor con quien comenté el asunto me explicó que ese cartel está allí ―y en muchas otras iglesias― para impedir que la gente entre gratis: “Si hay misa, no se puede cobrar la visita. Les da igual lo de la fe. Lo que quieren es que pagues”. Así fue como todas mis disquisiciones me parecieron cándidas y nobles comparadas con las maniobras financieras de la Empresa de Dios.
MEMORIA EN TRÁNSITO. ENTRE ACRÓPOLIS Y NILO
Elspeth Gormley / España
Corría el año 1987. Cinco noches sobre aguas mediterráneas en un ferry que se balanceaba entre sueños, charlas y el rumor persistente del mar. La parada en El Pireo no fue solo un descanso: fue una respiración de historia, un paseo por Atenas con la Acrópolis asomando majestuosa, incluso envuelta en andamios, como una diosa en plena renovación. Desde el monte Licabeto, la ciudad brillaba como un mapa estrellado. Pero el viaje no había hecho más que empezar
Aquel paseo no era sólo turismo: era un rito silencioso de encuentro con lo ancestral. Cada piedra parecía querer contar su versión de la historia, y nosotros escuchábamos sin saber que ese asombro sería apenas la primera página del viaje.
En ese momento estaba en obras, pero no por eso dejaba de ser increíblemente majestuosa. La Acrópolis es una antigua ciudadela fortificada situada en lo alto de Atenas. Considerada la cuna de la civilización occidental y símbolo de la democracia, su nombre significa “ciudad alta” en griego. El conjunto arquitectónico incluye el Partenón, el Erecteión, el Templo de Atenea Niké, los Propileos y el Odeón de Herodes Ático.
Después de la visita, fuimos a comer al monte Licabeto. La vista desde el restaurante era bellísima: se podía contemplar todo Atenas extendido como un mapa luminoso.
Regresamos al barco… y dos días más tarde llegamos a Egipto.
Desde la cubierta, mientras el sol comenzaba a pintar de dorado las aguas, la policía egipcia subía al ferry. Miraban los pasaportes, los sellaban, y explicaban a los turistas cómo debían proceder con las compras, el cambio de moneda, y algunas normas de comportamiento.
Allí comenzaba otro viaje, distinto, profundo, envuelto en arena y misterio.
Luego de aquel desembarco en Alejandría, el aire olía a especias y mar. Mientras la policía egipcia revisaba pasaportes y daba instrucciones con gestos firmes y palabras casi ceremoniales, uno sentía que estaba a punto de entrar en otra dimensión -un país que no solo conserva ruinas, sino también secretos que no se han dicho-.
Alejandría y sus ecos Las calles eran un collage de carteles árabes, vendedores ambulantes y arquitectura desgastada por el salitre. El contraste entre las palmeras y los edificios coloniales nos hacía sentir como si el tiempo no se midiera en años, sino en capas. Visitamos la moderna Biblioteca Alejandrina, aún reciente en aquella época, y contemplamos el Mediterráneo como quien busca en él los libros perdidos de la Antigüedad.
El Cairo, ciudad de mil voces. Entre bocinazos, palomas, y niños correteando, El Cairo se desplegaba como un caos organizado. Subimos a la Ciudadela de Saladino, y desde allí la vista era infinita: mezquitas, barrios, humo, historia. Visitamos el Museo Egipcio, donde la máscara de Tutankamón nos miraba como si supiera más de nosotros que nosotros mismos.
Las Pirámides de Giza Ahí estaban. Inmutables. Gigantes. No hay foto ni documental que iguale el silencio que las rodea. El calor pegaba, los camellos pasaban sin apuro, y el viento traía arena con vocación de eternidad. Nos sentamos frente a la Esfinge y alguien susurró: “Aquí no se viene a mirar, se viene a recordar”.
Navegar el Nilo Tomamos una faluca pequeña. El agua era oscura pero tranquila, como si guardara todas las historias. En la orilla, mujeres lavaban ropa, niños saludaban y el río seguía su curso sin mirar atrás. Esa tarde, escribí una frase en mi diario: “Viajar no es ir lejos, es volver distinta”.
Aquella noche, las luces de El Cairo se apagaban lentamente mientras el barco partía en silencio. Días después, regresamos a España. Pero yo ya no era la misma. Egipto me había tocado el alma —y algunas partes de mí todavía siguen allí, entre las aguas del Nilo y las piedras que susurran historia.
LITERATURA Y FICCIÓN
La confluencia entre realidad y ficción – El papel de la ficción en la literatura
Carlos Pérez de Villarreal/ Argentina
2da Parte – Su importancia
Siendo una de las formas de locución artística, la literatura permite el desarrollo de una de las particularidades de la humanidad toda… el lenguaje. Y ha producido cambios sustanciales en la cultura y nuestra forma de pensar. La imaginación y la creatividad son nuevos elementos a ser tenidos en cuenta. No tenemos una clasificación de la misma, pero a grandes rasgos podemos decir que su tipología más frecuentes es: la oral, antigua, clásica, contemporánea, vanguardista, mística, romántica, de ciencia-ficción, realista, fantástica. En cuanto a los géneros modernos citamos: poesía, narrativa y dramaturgia.
Terry Eagleton (crítico literario británico nacido en 1943), a partir del texto denominado ¿Qué es la literatura?, introducción de su obra más conocida «Una introducción a la teoría literaria», supone que los cimientos de esta teoría deberían estar terminados, pero aún no se ha encontrado la respuesta. La cuestión origina una gran discusión y la solución está lejos de percibirse. Su conjetura es que a partir del Siglo XVII se comienzan a distinguir las obras literarias entre “hechos” y “ficción”. Pero esta teoría muestra temas en que los escritos afines con historias de esa época, dejan establecido perspectivas filosóficas que en la actualidad se leen como literarias o textos científicos-históricos. Tampoco es estimable diferenciar en algunas obras históricas, el uso de un lenguaje “novelístico” entre la “historia” y lo “artístico. Eagleton expresa que los formalistas rusos son importantes en la historia de la crítica. El término «formalismo ruso» designa un movimiento intelectual que marca el nacimiento de la teoría literaria y de la crítica literaria como disciplinas autónomas y que también tuvo su influencia en la evolución de los estudios lingüísticos. (1915 – 1916). Entre los principales investigadores del movimiento figuran Víktor Shklovski -considerado el padre del formalismo-, Borís Tomashevski, Yuri Tyniánov, Borís Eichenbaum, Vladímir Propp y Román Jakobson.
Desechan los conceptos sociológicos, políticos, o cualquier otra característica fuera de lo formal. Se vuelve un objeto de estudio científico, se analizan sus partes descubriendo la conformación de los textos. El “texto literario” se explicita en el lenguaje. Lo literario, entonces, usa figuras retóricas del pensamiento, logrando un efecto que va más allá del lenguaje mismo.
Pero, de acuerdo a quien reciba el mensaje, oraciones comunes u otros términos pueden considerarse textos literarios. A su vez las normas no se mantienen invariables, sino que cambian y lo literario se vuelve más confuso. Eagleton después de estas cuestiones, respalda una postura que defiende la manera que tiene cada persona de leer. No importa lo que el autor dice, sino lo que busca el lector. Cualquiera puede leer un texto informativo como literario y viceversa. Surge claramente que lo literario llama la atención sobre sí mismo. El discurso se hace “referente” (función poética de Jakobson). Se centra en el mensaje. Produce un efecto especial en el destinatario: goce, emoción, entusiasmo, etc.
El autor avanza en sus conceptos, para establecer que lo literario no es un cúmulo de matices de una obra determinada, sino la manera en que el lector se conecta con lo escrito. La literatura no tiene una naturaleza definitiva, solo es una construcción, una convención necesaria. No tiene un carácter real. No pasa por lo funcional, sino por lo que se considera “bien escrito”. Se centra en el conocimiento que tenemos en una época determinada. En consecuencia no se la puede estudiar como algo objetivo, ya que siempre la veremos desde nuestro enfoque personal.
La literatura está siempre en un proceso de “reescribirse”. Cada persona tiene una manera diferente de ver el mundo, por eso es imposible valorarlo en forma desinteresada. Estos valores se relacionan con la ideología, las maneras de percibirlo y creencias -tal vez inconscientes-, que entran en contacto con nosotros. Eagleton proclama que aunque la literatura no puede ser objetiva, tampoco es totalmente subjetiva porque los juicios de valor de los individuos son originados y formados en los grupos sociales dominantes, y con ello va implícito ese mismo pensamiento que transmiten. Fíjense la dicotomía de todos estos pensamientos.
Ficción
La palabra ficción deriva del latín fictus, que significa «inventado», derivado del verbo fingiere, «fingir». Y es el nombre que tiene el género opuesto a la «no-ficción» de las crónicas, ensayos y novelas, que se ciñen lo más fielmente posible a la realidad.
La ficción literaria, nos permite expresar con palabras, hechos no reales, donde los personajes forman una historia importante y particular de la misma Es la imaginación llevada al límite, donde cada uno de sus exponentes expresa una determinada historia, con las particularidades que le imprime cada escritor. ¿Qué buscamos cuando escribimos ficción…? que los lectores perciban la trama que escribimos, que incluye diversos elementos dentro de la historia, desarrollo de la acción y profundidad psicológica. Estimo que es un aspecto propio de nuestra especie, que muestra el grado de evolución que nos permitió acceder a complicados horizontes de formación social a través de lo imaginario. Así lo establece el Historiador Harari (Yuval Noah Harari es un historiador y escritor israelí de origen judeopolaco, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Entre sus obras se encuentran Sapiens: De animales a dioses, Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI)
Podríamos considerar que, aparte de la oralidad que deviene de tiempos primitivos, tenemos varios arquetipos principales de géneros de ficción: misterio, suspenso, ciencia ficción, romance y fantasía; y alguna de sus formas pueden ser: cuento, novela corta (nouvelle) y novela, sin soslayar la historieta, la cinematografía o incluso, el imaginario popular. ¿Acaso no tenemos leyendas urbanas? También nos cabe aseverar que de acuerdo al tipo de recursos estilísticos que usamos, podríamos hace una especie de categorización:
Fantástica: mundos donde todo es posible debido a la magia (hechicería, brujería), los fantasmas (espectros, apariciones), las fuerzas sobrenaturales, etc. Realista: intenta parecerse al mundo real. Ciencia Ficción: que originalmente fue tomado como un subgénero, pero que se ha convertido en esta contemporaneidad en una extrapolación del alegato científico.
La Ficción es inventada, necesitamos usar nuestra imaginación cuando la estamos escribiendo. Una historia de Ficción debe establecer su propio mundo, otorgarle la mejor decoración, ofrecer una credibilidad y coherencia, el proceso de la trama, la creación de personajes, el lenguaje y el desenlace de nuestra historia. Por ello decimos que todo cuento, novela corta o novela, debe tener un principio, un medio y un final y si este último es sorprendente, mejor. Cortázar, a quien le gustaba el boxeo, solía decir que una novela gana por puntos, mientras que un cuento gana por knock-out. El final debe girar 180 grados para darle esa etapa de suspicacia que sobrecoge al lector.
Por otro lado Antón Chéjov, explicaba su principio narrativo de la siguiente manera “Si en el primer acto has colgado una pistola en la pared, en el siguiente debes dispararla. De lo contrario, no la coloques allí.”
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-07-19 23:26:362025-07-20 17:28:47CRÓNICAS Y ENSAYOS- JULIO
AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.
“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”
«Las crónicas capturan el instante. Los ensayos desentrañan el pensamiento. En este espacio, las palabras construyen puentes entre la realidad y la reflexión, entre la historia y la emoción.»
EL NIÑO QUE PERDIÓ LA GUERRA: UN VIAJE ENTRE DOS MUNDOS
Elspeth Gormley / España
Julia Navarro, reconocida por su habilidad para entrelazar la historia con la ficción, nos presenta en El niño que perdió la guerra una novela que trasciende el relato individual para convertirse en un testimonio de las heridas de la guerra y el peso de las ideologías.
La historia sigue a Pablo, un niño de cinco años que, en medio de los últimos días de la Guerra Civil española, es enviado a Moscú por su padre, un militante comunista. Separado de su madre, Clotilde, una artista gráfica que lucha por la República, Pablo se ve obligado a adaptarse a una nueva vida en la Unión Soviética, donde Stalin está construyendo un régimen sobre las ruinas del antiguo orden
La novela se desarrolla en dos escenarios opuestos: la España devastada por la guerra y la Rusia estalinista, ambos marcados por el autoritarismo y la represión. A través de la relación de Pablo con Anya, su madre adoptiva en Moscú, Navarro nos muestra el contraste entre el amor y la dureza de un sistema que no permite desviaciones. Anya, hija y esposa de héroes de la Revolución, se enfrenta a la opresión del régimen mientras intenta proteger a Pablo y transmitirle su amor por la literatura y la música.
Uno de los temas centrales de la obra es la identidad. Pablo crece entre dos mundos, sin pertenecer completamente a ninguno. Su madre biológica lucha por recuperarlo, mientras que su madre adoptiva le ofrece un refugio en medio del terror estalinista. Esta dualidad refleja el conflicto de muchos niños que fueron víctimas colaterales de las decisiones políticas de los adultos.
Navarro construye una narrativa intensa y emotiva, donde la pérdida, el exilio y la lucha por la libertad se entrelazan en cada página. La novela no solo nos habla de la guerra, sino de las cicatrices que deja en quienes la sobreviven. A través de Pablo, Clotilde y Anya, la autora nos recuerda que, aunque se puede perder una guerra, la verdadera batalla es la de conservar la humanidad en medio del caos.
En definitiva, El niño que perdió la guerra es una obra que nos invita a reflexionar sobre el impacto de los conflictos en la infancia y la resistencia frente a los sistemas totalitarios. Con una prosa envolvente y personajes profundamente humanos, Julia Julia Navarro nos entrega una historia que, más allá de la ficción, resuena con la realidad de muchas generaciones.
El niño que perdió la guerra no es solo la historia de Pablo, sino la historia de tantas infancias marcadas por la violencia, la separación y el exilio. La literatura, al darles voz, nos obliga a mirar de frente las heridas del pasado y a cuestionar el presente. Porque aunque las guerras acaben, las cicatrices permanecen.»
EL SONETO Jaime Hoyos Forero / Colombia
Entendemos por soneto -si vamos a la definición clásica- la composición de 14 versos endecasílabos (de 11 sílabas), dividida en dos cuartetos y dos tercetos donde los cuartetos riman así: el primer verso con el cuarto, el quinto y el octavo; y el segundo con el tercero, el sexto y el séptimo (ABBA ABBA). Ejemplo:
“No me mueve, mi Dios, para querERTE, el cielo que me tienes prometIDO; ni me mueve el infierno tan temIDO para dejar, por eso, de ofendERTE.
Muéveme tú, Señor. Muéveme el vERTE clavado en una cruz y escarnecIDO. Muéveme el ver tu pecho tan herIDO, Muévenme tus afrentas y tu muERTE.”
(anónimo o San Juan de Ávila o Fray Pedro Reyes).
Y los dos tercetos deben rimar a gusto del poeta, siempre y cuando rimen de dos en dos, aunque no necesariamente seguidos y terceto rime con uno cualquiera del segundo terceto. Ejemplo:
“Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera que aunque no hubiera cielo yo te amara y aunque no hubiera infierno, te temiera.
No me tienes que dar porque te quiera, porque aunque lo que espero no esperara, lo mismo que te quiero te quisiera”.
(Anónimo o San Juan de Ávila)
O, esta otra combinación de los tercetos en este nuevo ejemplo: “Besé con beso deleitoso y sabio su palpitante desnudez de luna, y en insaciada exploración, mi labio
bajó al umbroso edén de los edenes, mientras sus piernas me formaban una
corona de impudor sobre las sienes”.
(Miguel Rasch Isla)
O cualquier otra combinación en que rimen por pares (aunque no necesariamente seguidos) y que un verso del primer terceto rime con uno del segundo.
Hasta aquí, el soneto en su forma clásica y auténtica, aunque a él se agrega el escrito en versos alejandrinos (cada uno de 14 en dos hemistiquios o partes separables, de 7 cada una). Ejemplo: «En el confín lejano la costa aparecía»
También existe el soneto de arte menor que es aquel cuyos 14 versos son todos de ocho sílabas, o menos. Ejemplo:
“Medianoche. Una calleja de antigua cepa moruna; por todo farol, la luna, y Dios por toda pareja.
Una ventana. Una reja, detrás de la reja, alguna; y ante la ventana una canción trémula de queja.
Otro hombre…Una maldición en la callejuela sola; un grito airado: -¡Traición!
En la sombra una pistola y después…un borbollón de la gran sangre española”.
(Belisario Roldán)
E incluso, se habla – ¡qué horror!, del “soneto polimétrico”, que es una combinación de 14 versos (siempre dos cuartetos y dos tercetos) de diferente número de sílabas, como en este ejemplo de Manuel Machado, del que copio el primer cuarteto: “¿Qué nuevo nombre a ti, creadora de poetas, (14) esencia de la juventud, (9) si todas las magníficas y todas las discretas (15) cosas se han dicho y hecho en tu virtud?” (11)
Hay que anotar que en la época cervantina se usó el llamado “soneto con estrambote” que es un agregado de una estrofa más (en total 5 estrofas), la cual no siempre era de un número igual de sílabas en todos sus versos, como en este ejemplo de Cervantes, que después del soneto propiamente dicho (14 versos), agrega la siguiente estrofa a su soneto
“Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla”: “Y luego incontinente, caló el chapeo, requirió la espada, miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.
Pero… Pero todo va cambiando con el correr del tiempo y de esta ley no se escapa la poesía. Así hay quienes aceptan, actualmente, como SONETO, cualquier composición de 14 versos, dividida en dos cuartetos y dos tercetos, sin importar muchas veces el orden de la rima e incluso sin que haya rima, como en el libro Cien sonetos de amor de Pablo Neruda, del cual, para ratificar lo dicho, copio el soneto XXV:
“Antes de amarte, amor, nada era mío: vacilé por las calles y las cosas: nada contaba ni tenía nombre: el mundo era del aire que esperaba.
Yo conocí salones cenicientos, túneles habitados por la luna, hangares crueles que se despedían, preguntas que insistían en la arena.
Todo estaba vacío, muerto y mudo, caído, abandonado decaído, todo era inalienablemente ajeno,
todo era de los otros y de nadie, hasta que tu belleza y tu pobreza llenaron el otoño de regalos”.
Cuesta, desde luego, aceptar estas “irregularidades” como sonetos, pero existen, escritas muchas veces por poetas de muy buen ganado renombre. Yo, aunque con pereza, las acepto.
Nótese finalmente, que en todos los casos, en todos, sin excepción, y aunque no haya métrica, existe -condición sine qua non- la cadencia. Y desde luego, es condición aceptada universalmente para el soneto, la rima aconsonantada que es aquella cuyo sonido es concordante a partir de la última sílaba acentuada de cada verso, de acuerdo a las pautas que explicamos muy al comienzo.
Sobre la métrica del verso, debe tenerse en cuenta -y esto no es solo para el soneto sino para todo verso-: no se mide por sílabas ortográficas sino métricas, que se diferencian de las ortográficas por el uso de la sinalefa, que une dentro del verso en una sola, la última sílaba de una palabra terminada en vocal, con la primera sílaba de la siguiente palabra si esta comienza también por vocal. (Así, dentro de un verso, las palabras «todo era» no tienen cuatro sino tres sílabas métricas). Sobre la cadencia de los versos hablaremos en otra oportunidad. Se refiere a la armonía, grata al oído, que es indispensable en todo verso, tan indispensable, que si falta la cadencia, esto es, el ritmo melódico, no hay verso sino prosa. Puede ser poesía, pero es prosa, llamada poesía en prosa o prosa poética. ORIGEN DEL SONETO Aunque se dice que su origen es arábigo, no he llegado a conocer la época, y menos los poemas arábigos de este género, por lo que creo que son simples conjeturas, con o sin mucho fundamento.
Se sabe, en cambio, a ciencia cierta, que de la Sicilia de fines del siglo XII y comienzos del XIII, el primitivo soneto toma fuerza en Italia donde se consolida dentro del llamado “mester de clerecía” (uso culto de los idiomas latinos en formación). Pioneros en Italia del soneto fueron Giacomo da Lentini, (1210-1260) más tarde recordado por el Dante en la Divina Comedia, Guido Guinizzelli (1240-1276) y Guido Cavalcanti (1259-1300). El soneto toma auge en Florencia, primero con Dante Alighieri (1265-1321) quien compone sonetos de amor para Beatriz Portinari y llega a la perfección con los sonetos de amor “Rimas” y “Triunfos” de Francesco Petrarca (1304-1374) que escribe para Laura de Noves. Tardaron algunas décadas para que apareciera el soneto en lengua castellana. Este vino con Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana (1398-1458) quien compuso 42 sonetos al estilo itálico, como él los llamó. Después del marqués de Santillana, desde finales del siglo XV los más grandes poetas le han dedicado su atención al soneto: Shakespeare en Inglaterra, Sully-Prudhomme en Francia, y en España, además de Santillana, Lupercio Leonardo de Argensola, Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Garcilaso y muchos más. En el siglo XVII se destaca en México Sor Juana Inés de la Cruz. Del romanticismo y del modernismo se destacan, entre muchos otros, Federico García Lorca, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo Lugones, Antonio Machado, Francisco Luis Bernárdez, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Andrés Eloy Blanco, Arturo Capdevilla, Alfonso Reyes, Miguel Hernández, Dámaso Alonso. Entre los colombianos menciono a Jorge Isaacs, Enrique Álvarez Henao, Guillermo Valencia, Julio Flórez, José Eustasio Rivera, Ciro Mendía, Eduardo Carranza, Juan Lozano y Lozano, Rafael Maya, Aurelio Martínez Mutis, Isabel Lleras de Ospina, Carlos Castro Saavedra, Eduardo Castillo, Alberto Ángel Montoya, Jorge Robledo Ortiz, Carlos Villafañe, Miguel Rasch Isla, Dora Castellanos, Sylvia Lorenzo, Jorge Rojas, Meira Delmar, Laura Victoria, José Trino Campos, Silvio Vásquez Guzmán.
Se dice ahora que el soneto pertenece al pasado. Falso. El soneto es y será obra poética de todos los tiempos. Es cierto que pasó la moda del soneto, que fue popular en el siglo XVII en España, Italia, Francia e Inglaterra y a fines del siglo XIX y primera parte del siglo pasado en todo el mundo latino y en el sajón. Pero el soneto se escribirá mientras haya poetas. Habrá siempre una minoría de poetas enamorada de la más bella forma de escribir poesía. Terminemos por ahora, este escrito con un soneto de quien escribe esta nota:
TUS MANOS (A una pintora) Manos de ángel…porque son aladas. Manos de diosa porque son divinas. Esconden, como el oro entre las minas, todo el tesoro de los cuentos de hadas. Y porque están tus manos hechizadas, con tus pinceles todo lo iluminas: si pintas rosas, hieren sus espinas; si pintas flautas, suenan las baladas. De tus lienzos, tus manos sacan flores, crean dulzura, paz, pasión, placeres, y tiñen de esperanza los dolores. Sobre tus manos hay poderes tales, que pueden dar a luz, si tú lo quieres, mundos de amor…¡y seres inmortales!
DE MULETILLAS Y OTROS VICIOS
Gustavo Páez Escobar / Colombia
Una de las acepciones de muletilla es: “Voz o frase que se repite mucho por hábito”. Es un recurso legítimo del idioma, pero su abuso denota pobreza lingüística. Quienes incurren en ese vicio no se toman el trabajo de buscar la palabra o frase precisas, sino que se apoyan en expresiones trilladas, de relleno, a veces sin sentido, para salir del paso y seguir exponiendo las ideas.
La muletilla se ha vuelto un tic intelectual. Una de las palabras más deterioradas en este maltrato de la lengua es “digamos”. Alguien dice: “Estuve dedicado a estudiar el asunto agrario con absoluta reflexión, y “digamos” con sacrificio de otros problemas no menos importantes”. Sobra el “digamos”. No será raro que esa persona repita varias veces el mismo término en corto espacio.
Otros términos manidos: “entonces”, “y luego”, “por supuesto”, “tema”, “desde luego”, “súper”, “puntual”, “este”, “espectacular”, “increíble”. El periodista que transmite en vivo algún suceso informa que “en este momento…”, y volverá a repetir la misma expresión tres, cuatro, diez veces, como si el oyente no conociera ya el dato del tiempo. Lo mismo sucede con el “hábleme un poco” que se le formula al entrevistado. Estos comodines, fuera de empobrecer el idioma, causan desagrado. Un expresidente colombiano repite no pocas veces, en breves minutos, el adverbio “ciertamente”, y otro lo hace con el verbo “reitero”.
Estos adefesios se han extendido como una plaga: “recuérdeme su nombre”, dice la recepcionista del hotel, cuando es la primera vez que nos vemos con ella; “regáleme la fecha de su nacimiento”, o “el número de su cédula”, como si datos tan privados se regalaran a cualquier persona. A la empleada de la droguería se le pregunta por la cuenta, y ella contesta mirando la registradora: “esto costaría $ 15.800”.
En el campo de las abreviaciones, nuestro bello idioma ha perdido el poder de la precisión. Parece que se hablara en un trabalenguas: “porfa” (por favor), “deli” (delicioso), “peli” (película”), “celu” (celular), “compu” (computador), “boli” (bolígrafo), “díver” (divertido), “profe” (profesor), “vacas” (vacaciones), “info” (información), “bici” (bicicleta”), “ka” (qué haces), “finde” (fin de semana), “nospi” (“nos pillamos”: nos vemos luego), “Bibi” (Bibiana), “Rebe” (Rebeca), “Mari” (Mariana, o María Isabel, o Marisol, etcétera).
No he podido dar con el significado de los siguientes términos, y lo dejo para que el lector los traduzca: hhs”, “parce”, “pirobo”, “gonorrea”. Hay que ponerle punto a este artículo (no puntos suspensivos, que es otro recurso gramatical del cual también se abusa) para afirmar que hemos llegado a un bajón del idioma que debería hacernos reflexionar. No se trata de una gazmoñería. No, por favor (“porfa”, según el lenguaje de moda). De lo que se trata es de reconquistar la categoría del bien decir.
LITERATURA Y FICCIÓN
Carlos Pérez de Villarreal / Argentina
La confluencia entre realidad y ficción – El papel de la ficción en la literatura – 1ra Parte
Introducción
En Concepto de Literatura subrayamos la siguiente frase «Es importante destacar que la literatura y la ficción no son mutuamente excluyentes, y muchos textos pueden pertenecer a ambas categorías. Por ejemplo, una novela puede ser considerada literatura por su calidad estilística y profundidad temática, y también ser considerada ficción por su trama inventada y personajes ficticios.»
Si vamos a hablar de este tópico, definamos en primer término lo que significa literatura. Según la RAE, «es el arte de la expresión verbal». Entendemos entonces que es una habilidad, una destreza que logra sus fines mediante la palabra, oral y principalmente escrita. Pero… ¿Qué la caracteriza, qué la define, qué la identifica? En primer término, el uso de un lenguaje expresado con fines estéticos. Nos centralizamos en sus formas. Por otra parte, hacemos uso de instrumentos retóricos, esas figuras literarias o de estilo que son las herramientas utilizadas para brindar vehemencia o belleza al lenguaje, como la metáfora por ejemplo. Y aquí es importante destacar que hoy, debido al valioso margen de alfabetización del mundo en que vivimos, este mundo actual, contemporáneo, ha surgido un elemento literario-editorial muy grande, diríamos masivo. Además, en los textos literarios, habitualmente se comunican contenidos emocionales, sentimentales o ficcionales, es decir, situaciones, imágenes y relatos provenientes de la imaginación.
Características de la literatura
La Literatura utiliza diferentes elementos, como por ejemplo, las herramientas retóricas. En poesía, utilizando ritmo y rima; y en relato, usando palabras con diferentes significados. En la antigüedad se clasificaba en los tres géneros conocidos: épica, tragedia y comedia (a veces la lírica). Permite utilizar un lenguaje verbal con esteticidad; porque emplea diferentes formas del lenguaje coloquial que utilizamos normalmente. Modifica el texto de una manera atractiva y creativa
Dentro de su amplio recorrido ha incluido diferentes movimientos literarios, sus etapas, corrientes, escuelas, etc.. Algunas obras no se incluyen dentro de ellos porque tienen la particularidad que les brinda su autor, el estilo propio. Tiene una definición cambiante, porque se ha ido modificando con el transcurrir de los años, y se van incorporando a la literatura, textos que originalmente no se consideraban literarios, como cartas y contenidos científicos.
Breve Historia
La palabra literatura deviene del latín literatura, que a su vez deriva de littera, término que hace relación a letra y que en plural distingue a los textos escritos. No es fácil deducir dónde y cuándo surgió, pero podemos deducir que fueron las primeras narraciones orales las que transmitidas de generación en generación, fueron dándole forma.
La épica, por ejemplo tenía por objetivo no solo explicar las proezas militares, sino también esa visión cosmológica y mística de cada pueblo.
En Sumeria, es importante destacar la Epopeya de Gilgamesh (2500-2000 a.C.); uno de los textos más antiguos que se conocen, escrito en tablillas de arcilla y que narra la búsqueda de la inmortalidad, por parte del personaje. Otro ejemplo es el Libro de los Muertos egipcio, utilizado en los ritos funerarios que abarca desde el Imperio Nuevo 1540 a.C. hasta el 60 a.C.
Pero el inicio formal se da en la antigua Grecia, con los textos de Homero (La Ilíada y la Odisea – siglo VIII a.C.), narrando la Guerra de Troya y las aventuras de los héroes implicados.
Posteriormente aparecen los escritos de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristóteles, considerado el primer teórico de la literatura. Luego surgen los romanos, quienes heredan a los griegos. Allí tenemos a Virgilio 870 a 19 a.C., con la Eneida.
Ya en la Edad media, el cristianismo impuso sus propias formas literarias dentro de la tradición grecolatina, donde la oralidad tuvo su apogeo, aunque se escribieron algunas novelas de caballería. Aquí aparece Miguel de Cervantes Saavedra, con Don Quijote de la Mancha y William Shakespeare, dando nacimiento a la novela y dramaturgia modernas.
La literatura siguió su marcha, cambiando, mutando de acuerdo a las corrientes filosóficas imperantes en cada etapa del ser humano. Y llegamos a la actualidad y la revolución técnico-científica, con nuevas formas de expresión. Aparece la novela, el género más visible en nuestra contemporaneidad.
T
TEXTO COMENTATIVO
Sandra Romeo / Argentina
El Señor de los Anillos o Nadie se salva solo (principio antiguo pero ahora rescatado del olvido) Me maravilló como traspasa desde la fantasía a la realidad casi palpable la eterna lucha entre el bien y el mal. Alegorías y símbolos perfectamente adaptados a estos tiempos.
La creación de monstruos deformes y conducidos por traidores en nombre de un poder espurio. Sin ideología propia que los sustenten. Sólo el odio. Esto se parece mucho a lo que sucede cuando los medios de comunicación apuntan a ideologías o razas o personas y las presentan como monstruos. Una vez que consiguen eso los pueden destruir de cualquier forma, porque a un monstruo se le puede hacer cualquier cosa. Sea eso lícito o no. Un ojo gigante que lo controla todo. Como el famoso Gran Hermano, o el último invento nefasto, la Inteligencia Artificial. Nefasto porque se abrió su uso a todos y todas sin un marco regulatorio, y en algunos casos casi sin explicar sus alcances. La traición de los hombres a su propia raza por ambición. No destruyen al Mal en un acto colectivo. Pactan por partes y eso lleva a una destrucción casi segura.
La sabiduría de la naturaleza encarnada en personajes que de tanto convivir con ella adquieren sus características. Esas imágenes me transportaron a un mundo que no desdeña la tecnología pero que la usa con responsabilidad. Y la comprende. La rebelión de los árboles cuando comprenden que son pasto de la destrucción planificada me hace acordar mucho a las rebeliones de las sociedades cuando entienden lo mismo. Ellos creían que el problema era sólo de los hombres, cuando vieron que los comprometía accionaron. Así funcionan también las distintas clases sociales al decir de Martin Niemöller, pastor luterano oponente de Hitler, en su poema «Primero Vinieron» que destaca la importancia de la acción y el llamado a no ignorar la injusticia, incluso cuando uno no se ve directamente afectado.
Porque siempre nos llegará.
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-06-23 10:21:382025-06-26 15:57:34CRÓNICAS Y ENSAYOS – JUNIO
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