Letras Hispanas por el Mundo
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ARTÍCULOS – SEPTIEMBRE

© Todos los derechos reservados. Los textos publicados son propiedad de sus autores y están protegidos por la legislación de Propiedad Intelectual y el Convenio de Berna.

Articulos-y-logo

COLABORADORES

Maren Alberdi – España

Bárbara Ayuso – España

Patricia Caro – Estados Unidos

Elspeth Gormley – España

Ángel Medina – España

Gustavo Páez Escobar – Colombia

Luz Mely Reyes – Venezuela

Sergio Ramírez – España / Académico de la RAE

JUGADAS Y PUNTADAS: LA VIDA
Imagen Maren

Maren Alberdi-España

En la vida cotidiana, muchas personas avanzan entre decisiones que parecen pequeñas pero que definen su camino. La metáfora del ajedrez y la del paño —dos imágenes antiguas, prácticas y profundamente humanas— permiten comprender cómo cada individuo enfrenta sus circunstancias, repara lo que se rompe y busca sentido en medio de lo que pesa.
Este artículo explora esa idea: la vida como tablero y como tejido, donde cada jugada y cada puntada revelan una forma de resistencia.

En el ajedrez, ninguna pieza elige su lugar de origen. El peón nace en la primera línea, la reina en el centro, el caballo en la esquina. Cada una tiene movimientos posibles y otros prohibidos.

La vida funciona de manera similar: hay quienes nacen con más libertad, quienes cargan más peso, quienes avanzan con facilidad y quienes solo pueden moverse un paso cada vez.

Sin embargo, incluso el peón —la pieza más humilde del tablero— puede transformarse si llega al final.
Esa posibilidad, silenciosa y poderosa, recuerda que la vida no está completamente escrita, que siempre existe un margen para cambiar el destino, aunque el camino sea largo y lleno de obstáculos.

La vida también es paño. Un tejido que recibimos con hilos viejos, con roturas antiguas, con manchas que no pusimos nosotros.

A lo largo de los años, cada persona cose lo que puede: remienda un cansancio, zurce una pérdida, refuerza una esperanza.

Estas puntadas no suelen verse desde fuera. Son gestos íntimos, cotidianos, que sostienen la dignidad de quienes siguen adelante a pesar del desgaste.
En un mundo que exige rapidez y perfección, el acto de reparar se convierte en una forma de resistencia tranquila, una manera de decir: todavía sigo aquí.

La vida se mueve entre estrategia y cuidado. Entre pensar la próxima jugada y sostener el tejido que nos mantiene en pie.

Hay días en los que somos torre: firmes, quietas, observando. Otros en los que somos caballo: obligadas a girar, a saltar, a cambiar de dirección sin aviso.

Y mientras jugamos, seguimos cosiendo. Cosemos paciencia, memoria, cansancio, sueños que aún no encuentran su lugar.

Esta doble tarea —avanzar y reparar— define la vida de muchas personas que no pueden permitirse detenerse.
Personas que sostienen familias, trabajos, silencios, esperanzas.
Personas que, como tantas mujeres anónimas, viven entre jugadas difíciles y puntadas invisibles.

No importa si la vida nos colocó como reina o como peón, si el paño quedó perfecto o lleno de remiendos.

Lo que importa es haber sostenido el hilo y haber avanzado con dignidad.
Porque la vida, vista desde la raíz, no se trata de ganar: se trata de resistir con belleza, aunque duela, aunque pese, aunque el camino sea de tierra húmeda y sombra antigua.

«La vida no se mide por las piezas que movemos, sino por los hilos que no dejamos romper.»

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MAS DE MIL MENORES DEAMBULAN POR CEUTA

Imagen-barbara

Barbara Ayuso-España

El perfil ha cambiado desde la entrada masiva: ahora son mayoritariamente varones con edades entre los 14 y los 17 años

Los mil menores que aún viven en la calle en Ceuta pasan los días atrapados en un limbo con verbo propio: deambular. Aunque los recorridos son variables, esos niños y niñas comparten un trayecto que realizan a diario aunque el resultado no varíe. Primero acuden en grupos pequeños al corazón de la ciudad, a la Jefatura Superior de la Policía. Pero jamás logran entrar. “Que os vayáis, ya os lo dije ayer y anteayer, no estamos filiando”, les chilló un agente a un grupo de chicos de no más de 14 años.

La escena tuvo lugar el jueves, pero se repite en bucle cualquier otro día en la ciudad. Esta vez, además, una de las intérpretes de la comisaría salió a darles en dariya (variedad dialectal del árabe hablada popularmente en Marruecos) alguna razón más para el rechazo: “No podemos identificaros hasta que no haya instalaciones dónde llevaros. De momento, no hay sitio en ninguna. Si queréis, preguntad allí directamente”, les dijo. Los niños se fueron, aunque ella y ellos saben la respuesta que les aguarda en los centros de menores como Piniers, al suroeste de Ceuta: “Aquí no hay sitio, id a la Policía y ellos os dirán”. Y este grupo de niños, o cualquier otro, volvió a rebotar entre negativas, hasta que por la noche el deambular se detiene para buscar algún sitio dónde dormir.

Otros sí que lograron techo. Dos semanas después de la entrada masiva, el Ejecutivo ceutí —competente de la tutela de los menores—, empezó a realojar muy poco a poco a niños y adolescentes en establecimientos improvisados. Hasta ese momento habían transitado a su suerte desde que lograron entrar solos en Ceuta en la ciudad autónoma. La avalancha y la falta de atención de las administraciones les dejó en condiciones de insalubridad extremas en los asentamientos improvisados o en los solidarios de.  Sidi Embarek o el Príncipe

Aún así, las escenas de niños tirados en cualquier acera se han repetido durante semanas en medio de la emergencia humanitaria y la resistencia del PP a que sean derivados a la península. Porque la capacidad de Ceuta para acogerles reventó con el cruce: solo hay disponibles 22 recursos de acogida en una ciudad cuyos servicios sociales están más que saturados.

Antes de julio había ya unos 700 menores no acompañados en el sistema de acogida ceutí, a los que se sumaron en torno a 1.300 que cruzaron entre el 30 y el 31 de ese mes. La ciudad autónoma, en cálculos del Ejecutivo central, tiene disponibilidad solo para 29 plazas ordinarias y cuando una comunidad excede por tres sus recursos puede solicitar la situación de contingencia migratoria y los menores tienen que ser realojados obligatoriamente en la península. Ahora son 2.200 menores filiados.

En ese grupo, que tiene nombre y rostro, se encuentra Youness, de 16 años. Quien, como muchos otros, ya se han rendido de ese deambular entre la Policía y los centros en busca de techo y filiación. El miércoles por la noche, en la playa de El Trampolín, contaba que también había dejado de pasar el tiempo con otros grupos de menores para repetir el peregrinar. Fue a la playa buscando a sus vecinos de Castillejos y se quedó a vivir con ellos en una de sus tiendas.  “ ¿ tu crees que me podré colar en el campamento del puerto cuando lo abran preguntaba. Youness se refería al anterior realojo  de migrantes, el de las inmediaciones de Loma Colmenar. Aunque estaba destinado solo a hombres adultos, varios menores se pusieron en la fila y lograron plaza. “Este es menor, pero bueno, déjale y ya haremos el papeleo después”, susurraba uno de los responsables del traslado.

La guerra política de los menores

El mismo miércoles en el que Youness se rendía, en el Congreso de los Diputados se desataba la batalla política. “Pregúntele a Vivas”, respondió el presidente Pedro Sánchez a los periodistas cuando le interpelaron en los pasillos por los menores. Se refería al presidente de Ceuta, el popular Juan Jesús Vivas, que ha virado radicalmente su discurso y ahora demanda que todos sean devueltos a Marruecos. Pero sobre todo que ninguno de los que ya están en centros sea derivado a la península, donde 11 comunidades están gobernadas por sus compañeros de partido, cuatro en coalición con Vox. La ultraderecha presiona con el repudio a la inmigración como su gran bandera.

Enfrente,  el Ministerio de Juventud e Infancia da como mucho al PP dos meses antes de forzar, los traslados, con la ley en la mano . De producirse, no solo resolvería la situación de los que ya están en acogida en esos centros, sino también de los otros mil que esperan esa plaza libre que nunca llega.

Youness no la logró tampoco en los centros de adultos. Antes de llegar al campamento del puerto, cuando los migrantes esperaban sentados en el suelo a la espera de que la Policía les organizara para entrar, una de las responsables de la entidad que gestiona el campamento distinguió entre ellos a dos gemelos con sudaderas azules claramente menores de edad. Les retiró de la fila y repitió la operación en el resto de grupos. Hizo lo mismo con otra decena, Youness entre ellos. Les sentaron en la acera, a la espera de que terminara el realojo. Pero, ¿dónde llevarlos si no hay plazas libres en los centros? De acuerdo a la legislación, es el área de menores de Ceuta quien ostenta su tutela, pero para eso es necesaria su correcta filiación. Y con los recursos tan saturados, todavía hay decenas sin registrar. Todos los ven, pero todo avanza como si no existieran.

El área de menores de la ciudad navega también este otro limbo y busca plazas sueltas en los centros ya habilitados, estirando su capacidad más allá del límite. Cuando las encuentra, les filia y acoge. Pero sigue siendo insuficiente: hay cientos en las calles y algunos también en las casas. Desde finales de julio, alguno vecinos de las barriadas más humildes acogieron bajo sus techos a muchos de ellos, y aunque continúa pasando cincuenta días después, el perfil ha variado. Los más pequeños, los vulnerables y las niñas fueron los primeros grupos en ocupar las plazas de los primeros centros de menores que se habilitaron, aliviando los acogimientos solidarios de los vecinos.

Pero ahora los menores atrapados en el limbo de las calles son mayoritariamente varones, con edades entre los 14 y los 17, y estos refugios provisionales y vecinales escasean cada vez más. Así que lo menores tienden a agruparse entre ellos, haciendo piña en las calles ceutíes, lo más lejos posible de la frontera con Marruecos. Aunque es ilegal expulsarles, muchos dicen haber presenciado a militares forzando a otros menores a cruzar el puesto fronterizo, obligándoles a firmar el retorno voluntario a su país. De las expresiones que manejan en español, hay una que repiten con convicción: “Marruecos no, militares no”, dicen.

Otra de ellas es “soy menor”. Dos palabras que usan como escudo cuando, por su aspecto adulto y su cercanía a la mayoría de edad, son frecuentemente tomados por adultos. Ellos enseñan sus pasaportes verde oscuro y señalan la fecha de nacimiento: 2009, 2010 algunos; otros, 2011 o 2012. Los ofrecen a quien interpreta que les puede decir algo más que “no hay sitio” y le preguntan “¿dónde voy?“, pero las respuestas escasean en el limbo.

Lo único parecido a una certeza es la pulsera naranja de sus muñecas. La repartió hace algunas semanas la Cruz Roja para organizar el reparto de comida diario en la Playa de Trampolín, para evitar el tráfico de alimentos y que los que ya duermen en asentamientos se pusieran también en la fila. Esa es la única cola en la que estos adolescentes tienen sitio asegurado, en la cabecera. Junto a mujeres y niños, son los primeros en recibir las bolsas blancas de la organización.

Expulsiones y reagrupación

El Gobierno y el PP coinciden en que, una vez que se filie a estos menores, la reagrupación familiar en Marruecos es una prioridad. Sin embargo, tanto la normativa española como la europea son garantistas con los derechos. Es un proceso que requiere de tiempo y se tramita individualmente. Hay que identificar a su familia, escuchar qué quiere el menor… En cualquier caso, y pese a las manifestaciones públicas de Rabat asegurando que acogerá de vuelta a todos los adultos y menores, no siempre facilita los retornos. Antes de la avalancha, Ceuta había resuelto la reagrupación de 668 menores que hasta entonces no habían sido aceptados por el reino alauí, indican fuentes de la administración ceutí.

En lo tocante a los menores del cruce de finales de julio, no fue hasta este lunes cuando empezaron a tramitarse 10 expedientes de repatriación. El mando único encabezado por el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, espera las primeras resoluciones el próximo miércoles.

Detrás de todo ese ruido político, los técnicos de la ciudad autónoma siguen trabajando en la tramitación de los expedientes para intentar una reagrupación familiar en Marruecos altamente improbable, lo que aboca a su derivación a territorio peninsular. El Ministerio de Juventud e Infancia ha planteado dos fórmulas: convenios de colaboración entre comunidades autónomas o la obligación de aplicar el artículo 35 de la ley de extranjería. A través de la primera vía salieron cinco niñas, con destino a Navarra. Gobernada por el PSOE. El Gobierno de Vivas tuvo que autorizar su salida pese al argumento de que si se marchan a la península habrá un “efecto llamada”. En las próximas semanas, a los expedientes completados podrá aplicarse la segunda vía, la obligación de las comunidades autónomas de realojar a los menores.

Y mientras llega, más limbo. Para Youness, para Yasim, que vive en otro asentamiento en el Polígono de El Tarajal, o para Samir, que comparte mantas cada noche con otros 10 menores junto a la planta desalinizadora, entre las playas de Trampolín y Benítez. Parece una lengua de tierra con un muro blanco frente al mar, pero en realidad es tierra de nadie.

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LAS DEPORTACIONES MASIVAS, PASAN FACTURA A LA ECONOMIA ESTADOUNIDENSE

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Patricia Caro-Estados Unidos

La intensificación de las políticas migratorias impulsadas por la Administración de Donald Trump está generando una creciente preocupación entre empresarios de diversos sectores económicos de Estados Unidos. Aunque el Gobierno celebra el aumento de las detenciones y deportaciones de inmigrantes, numerosos empleadores advierten de una alarmante escasez de mano de obra que ya está afectando a restaurantes, hoteles, residencias de mayores, agricultura, construcción y servicios.

El artículo recoge testimonios de empresarios que han perdido trabajadores con experiencia debido a la cancelación de permisos de residencia y trabajo, así como por el miedo que las redadas migratorias han extendido entre las comunidades extranjeras. Muchos inmigrantes que llevaban años viviendo y trabajando legalmente en el país han visto desaparecer de forma repentina la protección que les ofrecían programas como el Estatus de Protección Temporal (TPS).

Las consecuencias empiezan a notarse en la actividad económica. Algunos negocios han reducido horarios, otros no encuentran personal cualificado para cubrir puestos esenciales y sectores enteros dependen en gran medida de trabajadores inmigrantes. En lugares como Florida y Texas, propietarios de empresas alertan de que la falta de empleados amenaza tanto al turismo como a la atención sanitaria y al cuidado de personas mayores.

Además, las restricciones a determinados visados laborales dificultan la contratación de profesionales extranjeros, especialmente para pequeñas y medianas empresas que no pueden asumir los elevados costes exigidos por la nueva normativa. Según diversas organizaciones y estudios citados en el reportaje, la disminución de trabajadores también está contribuyendo al aumento de precios de productos agrícolas y servicios básicos.

Empresarios, asociaciones y representantes políticos reclaman una reforma migratoria que permita regularizar la situación de quienes llevan años contribuyendo a la economía estadounidense. Mientras tanto, crece el debate sobre si las medidas destinadas a endurecer el control migratorio podrían acabar teniendo un elevado coste económico para el propio país.

Fuente: Patricia Caro. Reportaje sobre el impacto económico de las políticas migratorias de la Administración Trump en distintos sectores productivos de Estados Unidos.

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SOMOS LOS DIRECTORES DE NUESTRA VIDA: el piano donde todos aprendemos a tocar

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Elspeth Gormley-España

En algún momento de la vida descubrimos que nadie va a venir a dirigir nuestra orquesta. Que no existe un maestro oculto marcando el compás. Que somos nosotros —con nuestras dudas, nuestros silencios y nuestras pequeñas valentías— quienes levantamos la batuta y decidimos cómo suena nuestra historia.

La vida es como un piano. Tiene teclas blancas y teclas negras. Las blancas representan los días que fluyen sin resistencia: los encuentros que iluminan, las decisiones que no duelen, las certezas que sostienen.

Las negras son las otras: las pérdidas, los miedos, las noches largas, los momentos en los que la vida parece desafinada.

Pero ninguna melodía verdadera existe sin ambas. No hay música completa hecha solo de luz. No hay biografía auténtica hecha solo de sombra.

Ser director de la propia vida no significa tenerlo todo claro. Significa algo más humilde y más profundo: decidir cómo reaccionamos, qué sostenemos, qué soltamos, qué dejamos que nos transforme.

Cada persona toca su propio piano. Unos con manos firmes, otros con manos temblorosas, otros aprendiendo sobre la marcha. Pero todos, sin excepción, componemos algo irrepetible.

Hay días en los que la vida nos pide un acorde mayor, y otros en los que solo podemos sostener una nota mínima. Hay momentos en los que sentimos que la melodía se nos rompe, pero incluso entonces, la música sigue dentro, esperando que volvamos a tocar.

En la cultura del éxito rápido se nos enseña a evitar las teclas negras, como si fueran errores, como si fueran fallas, como si fueran algo que hay que esconder.

Pero las grandes melodías —las que permanecen— nacen precisamente de la mezcla entre lo claro y lo oscuro. De la capacidad de integrar lo que duele sin dejar que nos destruya. De la valentía de tocar incluso cuando la vida desafina.

Nadie puede tocar por nosotros. Nadie puede decidir qué nota viene después. Nadie puede sostener el silencio que necesitamos o el impulso que nos salva.

Dirigir la propia vida es un acto íntimo, a veces solitario, a veces luminoso, siempre profundamente humano.

La vida no es la música que suena, sino la que seguimos tocando cuando las teclas negras nos reclaman el alma.»

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LA CONFIANZA

Medina

Ángel Medina-España

Cogito, ergo sum, esta es la cuestión. Pensar o no pensar, equivaldría aquí la célebre frase cartesiana. Porque, muchas veces nos enredamos con el pensamiento… a base de no pensar. ¿Pensar, el qué? Sencillamente esto: que todo discurre en el sujeto y por tanto lo que sucede es cómo me posiciono ante el objeto.

Quiero decir: las cosas son lo que son, pero yo me entenderé con ella desde mi percepción. Esto es, la traducción que del objeto haga inteligentemente. Pero, es obvio que para este menester se impone pensar. Parodiando a Shakespeare podríamos recitar: “Pensar o no pensar, esa es la cuestión”. Y a base de dejarnos manipular por los medios de comunicación, que todo nos lo dan hecho, el no-pensar va paso de convertirse en un deporte nacional. (Si no, díganme ese maligno proyecto de abandonar el entendimiento del aprendizaje para delegar el conocimiento en la Wikipedia de turno)

Desde la perspectiva de que todo ha de ser pensado y razonado, y dependiendo de cómo me lo haga entender, está claro que pueden darse muy diversas interpretaciones. Todo lo cual suscita la duda, pues el mecanismo de acción del pensamiento es la duda sistemática de todo. ¿Cómo puedo estar seguro de algo que es ajeno a mí, si de lo que se trata es de que aquello que es pura objetividad (la cosa) he de darle forma dentro de la testa, o sea, subjetivarla? Si no, piénsese, por ejemplo― estamos hablando de la indecisión; no nos perdamos― en la relación afectiva. ¿Cómo alcanzar la convicción, y menos aún la certeza, de que nos guardan fidelidad? No. No es posible. Acabaríamos neuróticos bañados en la duda continua. Sin confianza no se puede vivir. Dígasele, si no a los trapecistas de un circo, que han de saltar al vacío sin más sostén que las manos de su compañero. ¿No habrán de confiarse? De nada podemos estar seguros al cien por cien. Y no nos calentemos la chola dándole vueltas, que es sencillo de entender. Todo se constituye en duda, porque tenemos que arriesgar la respuesta― por supuesto después de sopesarla― Ante uno se abren varios caminos: desentendernos, dudar, negar o afirmar. Confianza se llama la respuesta. Riesgo, si se prefiere. Pero ante la duda― en el fondo todo lo es como venimos diciendo― no cabe otra cosa. La vida y el hombre son así.

Llegado aquí― no olvidemos que estamos racionalizando el raciocinio― podríamos argüir lo siguiente: que no puedo estar seguro de nada, aunque le conceda mi voluntad y procure en principio admitir esa cosa objeto de mi pensamiento ¿Por qué? Sencillamente, porque siempre tendré una duda razonable al tratar de responderme sobre algo ajeno a mí mismo.

Correcto. Hemos llegado a entender la diferencia entre la “cosa” objetivable y el sujeto que la piensa. ¿Y por qué no invertir el orden para hacerlo más asequible o al menos práctico? Veamos, ¿no sería mejor tratar de ver si me entiendo mejor o peor a mí mismo, con o sin esa cosa?

¿Qué “cosa” poner aquí para mejor comprensión? Se me ocurre una: la «Cosa». La causa primera y última de todo, incluido yo mismo. El Misterio que ha de ser sustento de todo, si queremos sostener que todo efecto ha de tener causa.

Traigamos aquí la otra no menos frase de Pascal: Credo, ergo sum. Porque creo, existo. Me sé.

Hagámonos la pregunta: ¿qué puede un hombre saber de Dios, sino lo inexplicable, de igual manera que la gota en el mar, aun siendo mar, al sentirse rodeada del agua por todas partes no puede abarcar la inmensidad? La relación sólo cabe en la confianza. En ella misma es inabarcable, pero he de darme una explicación razonable para mi inteligencia. ¿Cuál ha de ser el camino, entonces?

Sencillamente el contrario al iniciado. Lo antes dicho. No puedo relacionarme con la Cosa de tú a tú, pero sí es posible entender cómo puedo comprender mi existencia mejor― ya estoy buscándome a mí directamente― con o sin esa cosa.

Descendiendo al plano coloquial. Puedo decir: “no existe”, pues me resulta imposible, y más, demostrarlo. Siempre se me escapa. Pero, también puedo decir:” sí existe”, si bien no podré acreditar ninguna de las dos conclusiones. ¿Sin embargo― desenredando el pensamiento, aunque reflexionando―, cómo afirmarme? O, mejor aún, dicho en Román paladino: ¿cómo puedo explicarme yo a mí mismo?

Lo primero que sé es que lo que no es no puede darse existencia a sí mismo. Y, no obstante, yo existo. Luego, a poco que lo piense habré de haber recibido esa existencia desde fuera. Y como la “nada” nada me dice, habré de situar ahí mi primer acto de confianza razonable.

Lo segundo, es lo desconcertante de la vida. Haber sido arrojado a ella para tener que padecer y finalmente morir. Si se me ha dado la existencia, sería una crueldad que todo viniese a concluir en la nada. Venir de la nada para ir a parar a la nada, ¿qué sentido conceder a ese planteamiento? A lo cual podría responderme. Puro azar. A lo que habría de seguir otra interpelación: ¿Y qué prueba la casualidad? ¡Nada! Entonces, la criatura, es decir, yo, sería un absurdo. Un caos. Pero también `puedo responderme. ¡No! El azar no existe. Lo que existe es la causalidad. (de lo contrario habría de sostenerse algo insostenible: que existen efectos sin causas, al menos sin una causa primera). Ha de haber una causa primera y última que respondan a la interpelación que me hago no ya sobre esa “Cosa”, sino de mí mismo. Viene a cuento recordar el grito de Michelet, del cual se hace eco nuestro inmortal Unamuno, cuando a la hora postrera grita aquello de ¡Mi “yo”, que me lo arrebatan!”. Y es que ahí reside la esencia del hombre: en su ansia de vivir, sabedor de que no puede prolongarse. No tiene capacidad para demostrar ni su origen ni su destino, pero siente ese deseo como parte vital de él mismo. Esencia del ser. Y estas razones fuerzan más al “sí” que al “no”, a pesar de no poder demostrarse la racionalidad ni irracionalidad del deseo de perpetuarse. Ahí habrá de situarse el segundo acto de la confianza.

Razones válidas para inclinarnos hacia la confianza radical. Algo que, a pesar de las aparentes contradicciones de la vida nos hagan caer en la cuenta, que más allá de la incertidumbre lo que se ventila es mi propio ser. Entender mejor de mí o no. Eso dependerá de dónde se ponga esa confianza, que ni es racional ni irracional, pero sí razonable.

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NERUDA Y ASTURIAS

Sergio-ramirez

Sergio Ramírez-España Académico de la RAE

Puede proteger del olvido, pero para los vivos el premio Nobel sirve, sobre todo, para comer a cuerpo de rey en los mejores restaurantes.

A veces, con afán un tanto deportivo, repaso la nómina de los premios Nobel de todos los tiempos. A quienes entre ellos he leído, cuáles no leería nunca, cuales otros no volvería a leer, y aquellos cuyos nombres no me dicen nada. Sus nombres están inscritos en las lápidas de un vasto cementerio, algunas de ellas sobresalientes, otras perdidas entre la hierba.

Rubén Darío se arrepentía de haber firmado un manifiesto en contra de don José Echégaray, cuando lo recibió en 1904, ocasión en que fue zaherido por una turba iconoclasta y justiciera, que encabezaba Valle-Inclán, porque, según rezaba el manifiesto, su obra era melodramática y anticuada. Lo decía nada menos que el pleno de la generación del 98.

¿Qué pasa, por ejemplo, con mi paisano centroamericano, Miguel Ángel Asturias? Cuando le concedieron el premio Nobel en 1967, las campanas de todas las iglesias de Guatemala se echaron al vuelo, y no era para menos. Y antes de hacer su triunfal viaje en tren a Estocolmo, volvió a su país natal, y fue revestido con los honores de rigor: una copa de champaña en el palacio presidencial, las llaves de la ciudad que le otorgaba el municipio, diplomas de asociaciones artísticas, algún concierto de marimba.

Fue cuando lo vi por única vez en mi vida. Lo recuerdo sentado en el corredor de la casa de su hermano Marco Antonio, en el barrio Candelaria de la capital, donde se hallaba hospedado, un ídolo maya vestido de saco y corbata. Yo era un bisoño funcionario del Consejo Universitario Centroamericano, y lo visité para proponerle una visita por la región, para recibir doctorados honoris causa. Con toda cortesía me respondió que lo dejáramos para después de la ceremonia en Suecia, y allí se quedó.

Tenía la estampa de un hombre de buen diente, y sí que lo fue, como lo demuestra el libro que escribió al alimón con Pablo Neruda, Comiendo de Hungría donde relatan sus aventuras culinarias en Budapest, cuando coincidieron en agosto de 1965, invitados oficiales del Partido Obrero Socialista Húngaro.

Como valientes comedores que ambos eran, emprendieron una bien planeada excursión por los más augustos restaurantes de la ciudad y sus alrededores, y sus anfitriones del partido sabían escoger bien cuáles platos de la cocina magiar los seducirían mejor. Eran celebridades oficiales en el mundo soviético, ambos Premios Lenin de la Paz; cuando Neruda lo recibió en 1951, el nombre del galardón era Premio Stalin de la Paz.

Se llamaban entre ellos “chompipones”, en burla mutua a su inflada contextura de chompipes, el nombre centroamericano para el pavo de orgulloso andar, o guajolote. “Poetas gordos” los dos, señala Asturias, de buena mesa y buena bodega. En aquellos restaurantes, cuyos decorados recordaban las glorias del imperio austrohúngaro, les dispensaban las mismas atenciones que a los jerarcas de la nomenklatura.

“¡Hígado de ángel eres!”, exclama Neruda en una breve oda al foie gras húngaro; y sobran los elogios al Tokaj y al Egri Bikáver, el rojo y espeso vino Sangre de Toro, “toro con corazón de terciopelo”, como canta el mismo Neruda en un soneto; pero bajo esa marca los hay de diferentes calidades, pues el Sangre de Toro que yo compraba en Berlín Occidental en los años setenta, en las temporadas en que escaseaban los marcos, era de los más baratos que uno podía hallar, y venían en botellas de a litro.

Tras esta disquisición gastronómica, y no hay cómo no tener envidia de los festines que se describen por parte de ambos autores, regreso a los engañosos parámetros de la eternidad literaria. ¿De qué vale, en verdad, el título de premio Nobel frente al olvido? En vida, para ser tratado a cuerpo de rey en agotadoras, y a la vez placenteras, giras por restaurantes, como esa de que disfrutaron Asturias y Neruda, ambos ceñidos por los mismos dorados lauros suecos.

Pero, ¿Henryk Pontoppidan, Karl Spitteler, por ejemplo, quienes fueron? Están en la augusta lista, pero nunca los leeré. Tampoco sabré nunca si fueron gourmets de categoría o no lo fueron. Pobre don José Echegaray, tan en la mira implacable del temible Valle-Inclán. A lo mejor hasta buen colmillo tenía, como el de Neruda y Asturias, y como el del propio Darío, que alguna vez disfrutó del pato a la sangre en el restaurante parisino de turistas ricos La Tour d^Argent donde los comensales recibían un certificado numerado. en prueba de que habían probado aquella exquisitez.

Neruda, más allá del repaso fundamental de la cruda historia de América que es el Canto General, seguirá sirviendo de secretario de los amantes con sus Veinte Poemas de amor, y esa es una forma de eternidad. Y de Asturias, aunque se le lee poco hoy día, me sigue seduciendo el retrato sombrío de la Guatemala crepuscular de El señor presidente, y la parafernalia verbal de Hombres de maíz.

En fin… “¡Y tan buen comedor guardo bajo mi manto!¡Y tan buen bebedor tengo bajo mi capa!”, confesaba Darío.

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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-09-23 11:27:212026-09-23 16:03:08ARTÍCULOS – SEPTIEMBRE

ARTÍCULOS AGOSTO

NOTA EDITORIAL

Todos los textos publicados en esta revista están protegidos por la Ley de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna. Queda estrictamente prohibida su reproducción total o parcial, distribución o difusión sin la autorización expresa de sus autores. Letras Hispanas por el Mundo respeta y defiende la creación literaria, garantizando la integridad y la autoría de cada obra.

Articulos-agosto

Los artículos son faros: iluminan lo que a veces no vemos.

COLABORADORES – ARTÍCULOS AGOSTO
  • Maren Alberdi – España
  • Miriam Alberganti – Argentina
  • Elspeth Gormley – España
  • Juan Esteban Lewin – Colombia
  • Alberto Manguel – Argentina
  • Paola Nagovich – Estados Unidos
  • Gustavo Páez Escobar – Colombia

LA MAGIA DE LA PALABRA

Maren Alberdi – España

Hay quien piensa que la magia es cosa de trucos, de humo, de manos rápidas. Pero no. La verdadera magia —la que transforma, la que conmueve, la que despierta— está hecha de palabras.

El escritor es un mago sin varita. Un artesano que trabaja con aire, con sonido, con silencio. Un creador que fabrica mundos con algo tan frágil y tan poderoso como el lenguaje. La palabra es el don que el ser humano recibió para comunicarse, sí, pero también para ennoblecer el alma y hermosear la vida.

Desde los orígenes, el hombre aprendió a emitir sonidos para expresar sus emociones, y más tarde inventó abecedarios, lenguas, caminos para entenderse. Enhebrar palabras es un acto antiguo y sagrado: con ellas se construyen ideas, y con las ideas se levantan revoluciones o se pacifican los espíritus.

La palabra es un arma. La más poderosa. Puede deslumbrar como un rayo o fulminar como un trueno. Puede acariciar o puede herir. Puede abrir puertas o cerrarlas para siempre.

Pero hoy no quiero hablar de la palabra que destruye, sino de la palabra que crea.

Esa palabra que pinta, que suena, que enamora, que golpea, que se dispara hacia el infinito o hacia el corazón —que al final es lo mismo. Esa palabra que no conoce límites, que se expande, que ilumina, que revela.

El libro es un laberinto de palabras. Un edificio de ingenio y sorpresas. Un territorio donde el escritor demuestra su fuerza: la capacidad de elegir, enlazar y ordenar vocablos para causar encantamiento.

Porque sí: el libro es un artículo hechizado. Su misterio está en ese raro encanto que llamamos estilo. Y todo en él parece una fórmula mágica: aprender a leer, aprender a escribir, llenar cuartillas, embarcarse en la aventura de crear mundos.

Para escribir, hay que leer. No existe escritor sin lectura. Gorki lo sabía: devoró libros en la pobreza, en la soledad, en la oscuridad. Y de tanto leer, su espíritu se ensanchó. La palabra ajena le abrió caminos para encontrar la propia.

El verdadero escritor escribe sobre la tragedia del hombre, sobre sus luchas, sus heridas, sus esperanzas. Porque ahí está la fuente de todos los conflictos, y también de todas las verdades.

Escribir es un acto de humildad y de soledad. Pero también es un deleite. Un deleite esquivo, que solo se conquista con disciplina, con perseverancia, con dolor, con sangre. Del sacrificio nace lo mejor del arte.

Y en esa alquimia, en ese proceso íntimo y misterioso, la palabra se convierte en magia.

❋────❋────❋

NO SÉ

Miriam Alberganti – Argentina

• Señora, ¿me escucha? 

—No sé. 

• ¿Cómo se llama usted? 

—No sé.

• ¿Sabe qué día es hoy? 

—No sé. 

• ¿Sabe dónde está? 

—No sé. 

• ¿Quiere que la movamos de aquí?

—No sé. 

• ¿Tiene a alguien a quien llamar? 

—No sé. 

• ¿Se acuerda del temblor? 

—No sé. 

• ¿Cuántos hijos tiene? 

—No sé. 

• ¿Sabe si salieron? 

—No sé. 

• ¿Son ellos? ¿Los escucha gritar? 

—Sí.

Podemos perderlo todo, incluso la respiración, pero mientras haya un solo latido, nuestro instinto sabe que primero están ellos. Cuando perdemos las capas de lo efímero, lo salvaje y primitivo recobra su fuerza y hace lo que tiene que hacer: cuidar a su cría. 

Por todas esas madres que hicieron de escudo humano para salvar a sus hijos frente a la potencia de una naturaleza imparable. 

Todo el mundo le pregunta cosas lógicas a alguien que ya no está en la lógica, está toda entera en una sola cosa.

Mis respetos a las víctimas y sobrevivientes de los últimos terremotos.

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DIVERSIDAD CULTURAL: RIQUEZA, DESAFÍO Y RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Elspeth Gormley – España

La diversidad cultural es una de las mayores riquezas de cualquier sociedad. Trae lenguas, sabores, miradas, historias, formas distintas de entender el mundo. Nos enseña que la identidad no es un bloque rígido, sino un tejido vivo que se expande cuando conviven personas de orígenes distintos.

Pero la diversidad, para que sea riqueza, necesita algo esencial: convivencia basada en normas comunes.

En las ciudades de hoy, donde confluyen culturas muy diferentes, la convivencia se vuelve un ejercicio delicado: un equilibrio entre respetar la identidad de cada persona y proteger los valores que sostienen la vida colectiva.

La mayoría de quienes llegan de otros países se integran con naturalidad: trabajan, estudian, participan, aportan, enriquecen. La diversidad bien vivida es un puente.

Pero también existen situaciones complejas que no podemos ignorar. Cuando una parte de la sociedad no se adapta a las normas del país que la acoge, cuando se exigen privilegios que rompen la igualdad, cuando se pretende que las instituciones públicas modifiquen reglas comunes para ajustarse a una sola cultura, la convivencia se resiente.

No se trata de símbolos religiosos en sí mismos, ni de costumbres particulares, ni de creencias. Se trata de lo que ocurre cuando esos símbolos o costumbres entran en espacios donde la neutralidad es necesaria: colegios, instituciones, servicios públicos.

En algunos centros escolares, por ejemplo, se han vivido tensiones por normas de vestimenta, por menús diferenciados, o por la petición de clases específicas de religión. Y aunque cada caso tiene su matiz, la pregunta de fondo es siempre la misma:

¿Cómo garantizamos la igualdad cuando las reglas comunes se fragmentan?

La convivencia exige reciprocidad. Exige que quienes llegan respeten las normas del país que los recibe, del mismo modo que ese país debe respetar la dignidad y la cultura de quienes llegan.

La diversidad no puede convertirse en un conjunto de islas. Debe ser un archipiélago unido por puentes. Y esos puentes se construyen con respeto mutuo, con adaptación, con diálogo, con normas claras que protejan a todos por igual.

La riqueza cultural es un tesoro. Pero para que ese tesoro no se convierta en conflicto, necesitamos recordar algo esencial: La convivencia no es solo un derecho: es una responsabilidad compartida.

“No hay convivencia posible sin normas comunes. La diversidad suma… siempre que nadie reste al conjunto.”

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CECILIA LÓPEZ ADVERTE DE LAS CONSECUENCIAS DE LA COLOMBIA ENVEJECIDA

Juan Esteban Lewin – Colombia

“Hay que encontrar un nuevo camino para el país” La exministra en los gobiernos de Gustavo Petro y Ernesto Samper reflexiona sobre los enormes cambios que ha tenido Colombia en las últimas décadas, a propósito de la edición del libro ‘De cara al 2050′

Colombia atraviesa una de las crisis más profundas de su historia reciente tras el terremoto que dejó a un tercio del país en emergencia, cientos de muertos y decenas de miles de viviendas destruidas. En medio de este panorama, la economista Cecilia López Montaño, figura clave en la política y la academia colombiana, advierte que el país enfrenta una transformación aún más decisiva: el impacto de una transición demográfica acelerada que está desbordando el modelo económico tradicional.

López, de 83 años, sostiene que Colombia se acostumbró a crecer gracias a una población joven y numerosa, pero esa base ya no existe. En 1960, cada mujer tenía en promedio siete hijos; hoy la cifra es apenas 1,1. Este cambio, ignorado durante décadas, afecta todos los pilares del país: salud, pensiones, educación, productividad, informalidad y la estructura social completa. Para ella, el Estado no ha entendido la magnitud del fenómeno y carece incluso de una unidad de análisis demográfico en Planeación Nacional, lo que evidencia una institucionalidad que dejó de mirar hacia el futuro.

Desde la Fundación Cisoe, López reunió a una veintena de académicos para elaborar el libro De cara al 2050, un esfuerzo por traducir el conocimiento técnico en un lenguaje accesible y convertirlo en debate público. En esta obra confluyen expertos de distintas áreas —macroeconomía, justicia, mercado laboral, salud— que coinciden en una tesis central: Colombia ya es otro país, aunque casi nadie lo haya asumido. El libro busca tender puentes entre academia y política, y romper la costumbre de que el conocimiento quede encerrado en artículos que solo leen los especialistas.

López insiste en diferenciar entre políticas de gobierno, que cambian cada cuatro años, y políticas de Estado, que requieren continuidad durante varias administraciones. Señala tres fallas estructurales: un sector privado que se limita a pedir menos impuestos sin participar en el diseño del modelo productivo; partidos políticos sin discurso ni relevancia; y una academia que no logra convertir su conocimiento en guía para el país.

Sobre el gobierno de Gustavo Petro, en el que participó brevemente, reconoce que puso la desigualdad en el centro del debate, pero critica que confundió diagnóstico con ejecución y debilitó al Estado. Del nuevo gobierno, instalado hace apenas semanas, valora la capacidad técnica de algunos ministros, pero advierte vacíos graves en áreas estratégicas como Planeación Nacional. Su mayor preocupación es que quienes llegan al poder no comprendan que el país que van a gobernar ya no es el mismo de hace dos décadas.

A lo largo de la conversación, López vuelve siempre a la misma pregunta: cómo lograr que el conocimiento acumulado por generaciones de académicos se convierta en una discusión nacional y no en un privilegio de seminario. Su advertencia final es contundente: si Colombia no reconoce a tiempo que ya es un país más viejo, más desigual y urgido de un nuevo modelo productivo, podría perder varias décadas de crecimiento y bienestar.

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DESPUÉS DE BORGES: la lectura como felicidad lenta

Alberto Manguel – Argentina

En el 40º aniversario de la muerte de Jorge Luis Borges, la editorial Alfaguara vuelve a reunir su obra completa en tres tomos —poesía, cuentos y ensayos— recordándonos que el escritor argentino no solo transformó la literatura, sino también la manera de leer el mundo. Alberto Manguel, uno de sus colaboradores más cercanos, revisita su legado y traza un mapa para entrar en ese universo borgiano donde cada texto es una puerta hacia infinitas posibilidades.

Desde mediados del siglo XX, críticos como Etiemble advirtieron que Borges había cambiado las reglas del juego: después de Ficciones, El Aleph o La biblioteca de Babel, la literatura ya no podía seguir siendo la misma. Sus relatos cuestionaron la idea de autor, de tiempo, de realidad y de lectura, obligando a los escritores a replantearse su oficio o a abandonarlo. Borges abrió caminos que antes no existían.

Pero Manguel recuerda que, más allá de su erudición, Borges fue ante todo un lector feliz, alguien que encontraba en los libros una forma de libertad. Su legado no reside solo en sus ficciones, sino en su defensa de una lectura lenta, generosa, infinita, alejada de la prisa y del ruido contemporáneo. Para él, leer era un acto moral: “nuestro deber es ser felices”, decía, y la lectura era una de esas felicidades posibles.

Borges renovó la lengua castellana, situándose entre la exuberancia de Góngora y la precisión de Quevedo, creando un estilo propio que marcó a generaciones. Su influencia se extendió a filósofos, cineastas, narradores y pensadores de todo el mundo. Su obra dialoga con Platón, Kafka, Chesterton, Schopenhauer, Eco, Foucault y tantos otros que, de algún modo, él convirtió en sus “precursores”.

Su biblioteca personal, sorprendentemente pequeña y ecléctica, revelaba su gusto por las combinaciones inesperadas: autores dispares, ideas que se cruzaban, catálogos imposibles, mezclas que desafiaban la costumbre. Borges confiaba en la palabra escrita como quien confía en un mapa para orientarse en el universo.

A pesar de las críticas —su falta de compromiso político, su gusto por lo fantástico, su distancia de las modas literarias— Borges mantuvo siempre una postura clara: lo importante era la literatura, no las opiniones. Su obra no buscó describir el mundo, sino leerlo, como si el universo fuera una biblioteca infinita que espera ser descifrada.

Hoy, cuatro décadas después, Borges sigue siendo un faro. No solo por lo que escribió, sino por lo que nos enseñó: que la lectura es un acto de libertad, un espacio donde el tiempo se detiene y la imaginación se expande. Que los libros no son objetos, sino puertas. Y que, en un mundo acelerado, su invitación a la felicidad lenta sigue siendo un gesto de resistencia luminosa.

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ME FALTA LA VIDA SIN MI HIJA

Paola Nagovich – Estados Unidos

Hemos reconstruido a través de una decena de entrevistas el arresto de medio centenar de migrantes en un almacén aduanero de Nueva Jersey en octubre de 2025. Los meses de detención y las deportaciones han desgarrado a docenas de familias

La segunda hija de María Eugenia García nació prematura. Killy Tatiana Yangquen García llegó a este mundo a los siete meses, pequeñita y frágil, dependiente de la protección total de su madre. Vivió sus primeros 20 años pegada a María Eugenia, nunca lejos la una de la otra. Hasta que a Killy Tatiana la apresaron en una redada en el almacén aduanero donde trabajaba sin papeles una mañana maldita de octubre. “¿Entiendes el cuidado que he tenido con ella y que me la arranquen así? ¿Y yo no poder protegerla? No la he vuelto a ver, solo por videollamada”, solloza la madre desde su hogar en Elizabeth, donde se mantiene escondida desde que a su hija la detuvieran y enviaran de vuelta a Colombia, el país del que emigraron hace más de una década.

Sentada en el comedor de su casa bajo el amparo del aire acondicionado una tarde calurosa de junio, entre llantos y golpes sobre la mesa cuando la angustia la supera, María Eugenia, de 53 años, relata lo que esta `periodista ha podido reconstruir a través de tres meses en una decena de entrevistas: cómo una redada truncó las vidas de medio centenar de personas y sus familiares.

Era temprano en la mañana el 29 de octubre pasado. Se suponía que Killy Tatiana trabajaría remoto, pero le pidieron que fuera a la oficina. María Eugenia fue la primera en salir de la casa. Se fue, como de costumbre, a ayudar a cuidar a la bebé de la hermana de Killy Tatiana. “Llegué, acosté a dormir a la niña y me dormí también. No sabía qué pasaba detrás de la puerta. Dormí una hora, pero en un sueño profundo; no entendí cómo ese día me dio tanto sueño”, cuenta la madre.

Cuando despertó, lo primero que vio fue la cara de angustia de su hija mayor. “Me dice: ‘Mamá, siéntese, ¿quiere una aromática, agua? No le tengo buenas noticias. Hubo una redada en Savino. Llegó Migración y se llevó a Tatiana”, narra María Eugenia, recordando nítidamente uno de los peores momentos de su vida.

Agentes migratorios irrumpieron aquel día en el almacén de Savino del Bene, una empresa italiana de transporte marítimo internacional que mueve artículos de moda y de lujo. La instalación está ubicada en la zona de Avenel, en la localidad de Woodbridge, Nueva Jersey, a menos de una hora en coche de Manhattan. Según testigos consultados por este periódico, al lugar llegaron más de 50 agentes de varias agencias del Departamento de Seguridad Nacional: del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE), de la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP), entre otros.

“El operativo fue grande. Llegaron con armas largas —el Ejército, la Policía y el ICE— y rodearon el lugar. Hasta con un helicóptero. Se subieron a los tejados. No dejaron salir a nadie. Llegaron con escáneres que detectan las paredes, así como con perros que iban por cada zona, buscando a las personas”, recuerda Sandra Suero, cuyo hijo, Jhonatan Bello Cabrera, de 18 años, se encontraba dentro del almacén durante la redada. El joven colombiano alcanzó a llamar a su madre mientras se escondía de los agentes y ella llegó al lugar al instante.

En total, 46 personas fueron arrestadas —una cuarta parte de los empleados presentes ese día— en el operativo. De acuerdo con el grupo promigrante Movimiento Cosecha, que ha asesorado a las familias, al menos 30 de los trabajadores tenian solicitudes pendientes, y muchos contaban con permisos de trabajo. Algo que en la era Trump importa poco: “Una tarjeta de autorización de empleo, por sí sola, no le otorga a una persona un estatus legal en Estados Unidos. Además, una solicitud de asilo pendiente, por sí sola, no confiere un estatus migratorio legal a un extranjero”, recordó un portavoz de Seguridad Nacional .

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Dos cárceles literarias

Gustavo Páez Escobar – Colombia

Álvaro Mutis nace en Bogotá en agosto de 1923. Sus antepasados registran una larga tradición agrícola, y solo él y su padre han nacido en la ciudad; el resto de la familia se desarrolló en la vida de las haciendas, entre faenas rurales y costumbres heredadas. Su padre, que hasta hace poco ejercía como secretario de la Presidencia de la República, es nombrado diplomático en Bruselas cuando el futuro escritor se encuentra en edad escolar. Este traslado determina que sus estudios de primaria y bachillerato los adelante en la urbe europea, donde el ambiente cultural y literario marcaría profundamente su sensibilidad.

Desde muy joven se muestra como un lector voraz de toda clase de libros clásicos. Siente especial atracción por los autores rusos y franceses en el campo de la narrativa, y por personalidades como Neruda, Rilke, Juan Ramón Jiménez y Aurelio Arturo en las lides poéticas. De esa mezcla de influencias y de su propia cosecha brotará la figura de Maqroll el Gaviero, su alter ego, personaje aventurero y romántico que conducirá su obra a las cumbres de la fama y se convertirá en uno de los símbolos más reconocibles de su universo literario.

Al mismo tiempo que el nuevo literato conquista aplausos en Colombia y en los países latinoamericanos, el dandi que hay en él —con su talante gallardo, su presencia elegante y su gran facilidad de palabra— irrumpe en los salones sociales y se vuelve miembro apetecido de los círculos de privilegio. No es su mayor éxito el matrimonio que contrae a temprana edad, al que habrán de seguir una serie de fracasos sentimentales, sino su figuración constante en los mundillos de la lisonja, la vida social y el prestigio.

Un día ejerce la jefatura de relaciones públicas de la compañía petrolera Esso, posición que parece diseñada para él. El poeta relacionista se mueve allí como pez en el agua. Lo que todo el mundo ve en el flamante directivo —distinción, prebenda, suerte, destreza para mover la imagen de una empresa poderosa— dista mucho de coincidir con el infortunio que ha de sobrevenirle por el manejo indelicado de los fondos a él confiados. A raíz de ello huye del país y se radica en Méjico. Mutis ha incurrido en el desfalco para sacar de apuros a unos amigos, y cuando la situación se torna crítica y no halla facilidad para reintegrar el faltante, toma el camino de la fuga.

Poco tiempo después es apresado en Méjico, a la edad de 36 años, y va a dar a la cárcel de Lecumberri. Presidio pavoroso para este hijo de la burguesía, cuyo tránsito por los salones dorados y por los floridos jardines de las letras no dejaba presentir semejante revés. Este hecho parte en dos su existencia, al saltar del boato y la falacia social a la cruda realidad de un presidio donde la vida se mide en humillaciones y silencios.

Los infinitos vejámenes y humillaciones sufridos por Óscar Wilde en la cárcel de Reading los padece ahora Álvaro Mutis en la cárcel de Lecumberri. Uno y otro son figuras sobresalientes de la sociedad, brillantes poetas, perfectos petimetres. Ambos mantienen relaciones sentimentales con personas de la nobleza: el uno como homosexual declarado, el otro como mujeriego exquisito, cada cual atrapado en sus propias contradicciones y pasiones.

Los amores de Mutis con la condesa y escritora mejicana Elena Poniatowska, de origen polaco y casada, discurren con discreción durante los días del encierro penitenciario (1959). Queda constancia de que la condesa lo visitaba todos los domingos. Julio César Londoño, periodista colombiano que a lo largo de los años ha seguido este idilio con ojo penetrante, expresa lo siguiente en La Revista de El Espectador (23-VI-2002), a propósito de los encuentros furtivos en la cárcel: “Ella es una mujer precozmente adulta, él un hombre mayor. Ambos están de regreso. Han amado, engañado, sufrido. Conocen los deleites y las zozobras del Paraíso y los rigores del Infierno”.

De la cruel experiencia carcelaria sale un testimonio desgarrador: Diario de Lecumberri (1960), donde el colombiano describe el mundo sórdido de los presos y muestra su propia desventura, luego de haber probado los néctares de la lisonja social. Cuando amanece apuñalado ‘Palitos’, su habitual amigo y frágil vecino de celda, la noticia le produce honda conmoción y le agranda el fantasma de la soledad. Con todo, la prisión le permite conocer en toda su intensidad el destino trágico del hombre y apreciar lo que hay de bueno en cada individuo, sin la careta de las falsías y los engaños.

La temperatura de este desastre la traslada Mutis a su obra futura, tras los 15 meses de reclusión en Lecumberri. Muchos años después, gozando ya de la fama de su obra perdurable, Mutis sentiría, al recibir en España y Francia los premios Cavour, Príncipe de Asturias y Cervantes, que sobre sus hombros y su alma gravita el peso de la prisión, generadora de sombras y luces que nunca lo abandonarían.

Wilde y Mutis, viajeros de la misma nave azarosa del destino, parecen caídos de la misma estrella y resultan víctimas del mismo desequilibrio de sus vidas gloriosas y al mismo tiempo desdichadas.

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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-08-25 13:05:542026-09-09 14:16:06ARTÍCULOS AGOSTO

EDITORIAL – AGOSTO

NOTA EDITORIAL

Todos los textos publicados en esta revista están protegidos por la Ley de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna. Queda estrictamente prohibida su reproducción total o parcial, distribución o difusión sin la autorización expresa de sus autores. Letras Hispanas por el Mundo respeta y defiende la creación literaria, garantizando la integridad y la autoría de cada obra.

Editorial-agosto-26-1

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Hay meses en los que el mundo parece hablar más alto que de costumbre. Agosto llegó así: con el rumor de los incendios que devoran montes enteros, con ciudades que tiemblan bajo la tierra, con vidas que cambian en un segundo y con manos anónimas que se convierten en héroes sin pedir permiso. En medio de ese ruido, la palabra vuelve a ser refugio, puente, memoria y resistencia.

Este mes, en Letras Hispanas por el Mundo, miramos de frente esa realidad que arde y se derrumba, pero también la que se levanta. Porque allí donde el fuego avanza, siempre hay alguien que sostiene una manguera; donde la tierra se abre, siempre aparece una mano que rescata; donde la vida se quiebra, siempre surge una voz que cuenta, que nombra, que no deja caer el silencio.

La literatura no es un adorno en tiempos difíciles: es una forma de respirar. Y por eso, este agosto, nuestras páginas se llenan de crónicas que laten, de historias que no se esconden, de voces que vienen desde los barrios, desde las montañas, desde los escombros y desde los estudios de radio donde la palabra se vuelve compañía.

En este camino, celebramos con gratitud nuestra colaboración con Radio Aldora, una emisora que no pertenece a un solo país ni a una sola voz, sino a una constelación de lectores y narradores que unen acentos desde distintos lugares del mundo. Allí, nuestros textos viajan en múltiples voces, cruzan fronteras y se convierten en compañía para quienes necesitan un rincón de calma en medio del ruido del mundo. Radio Aldora es, para esta revista, una casa hermana: un espacio donde la palabra se escucha, se siente y se comparte con respeto, sensibilidad y alma.

Agosto nos recuerda que la fragilidad existe, pero también la solidaridad. Que el mundo tiembla, pero la gente se mueve. Que hay incendios, pero también manos que apagan. Que hay derrumbes, pero también voces que reconstruyen.

Por eso, esta edición es un homenaje a quienes no se rinden: a los voluntarios que escarban entre escombros, a quienes escriben para sanar, a quienes leen para acompañar, a quienes escuchan para entender, a quienes, desde cualquier rincón del mundo, sostienen la palabra como si fuera una lámpara encendida.

Que este agosto nos encuentre atentos, sensibles y despiertos. Que la literatura siga siendo ese mar que no se apaga. Que la voz siga siendo puente. Que la palabra siga siendo hogar.

Letras Hispanas por el Mundo–

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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-08-25 13:01:592026-08-25 15:05:21EDITORIAL – AGOSTO

NOTICIAS Y COMUNICADOS

NOTA EDITORIAL

Logo-aldora-momentaneo-a

✨ Colaboración con Radio Aldora

Desde Letras Hispanas por el Mundo confirmamos nuestra colaboración con Radio Aldora, compartiendo contenidos culturales, literarios y artísticos que fortalecen la comunidad hispana internacional. Reconocemos el valor de su labor, su compromiso con la palabra y su aporte a la difusión cultural en múltiples países.

🌎 REPRESENTACIÓN INTERNACIONAL

Radio Aldora cuenta con presencia activa en diversos países a través de representantes y comunicadores que participan en eventos culturales y actividades de difusión.

📻 PROGRAMAS Y HORARIOS

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LUNES
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Lunes Maravillosos — Cristina Eugenia Pantoja Morales
México: 4:00 PM
Colombia: 5:00 PM
España: 12:00 PM

Cruzando Fronteras — Sandy Bell
México: 6:00 PM
Argentina: 9:00 PM
España: 2:00 AM (martes)

La Zona de las Emociones — Jenny Tamayoshe
México: 8:00 PM
España: 4:00 AM (martes)

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MARTES
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El Rincón del Muchacho — Alberto Gutiérrez
México: 12:00 PM
España: 8:00 PM

Ecos del Pasado — Albert Velásquez
México: 6:00 PM
España: 2:00 AM (miércoles)

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MIÉRCOLES
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El Jardín del Colibrí — Gloria Rivera Romero
México: 8:00 AM
España: 4:00 PM

Neuronas Poéticas — Cecilia Pari
México: 4:00 PM
Perú: 5:00 PM
España: 12:00 AM

Rincón de Lectura —-Gustavo Rivera

Argentina: 9:00 PM

España:2:00 AM ( jueves )

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JUEVES
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Sala de Lectura Luz Mágica — Gloria Rivera Romero
México: 8:00 AM
España: 4:00 PM

Atrapados por el Texto — Amalia Beatriz Arzac
México: 6:00 PM
Argentina: 9:00 PM
España: 2:00 AM (viernes)

📘 La Cueva del Lobo — Luis Fernando Molina
México: 8:00 PM
Guatemala: 8:00 PM
España: 4:00 AM (viernes)
Emisión durante las tres primeras semanas del mes.

✨ Luciérnaga Arte Diverso — Luis Fernando Molina
México: 8:00 PM
Guatemala: 8:00 PM
España: 4:00 AM (viernes)
Emisión la última semana del mes.

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VIERNES
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El Paraíso de la Poesía — Doris Ospina Alzate
México: 2:00 PM
Colombia: 3:00 PM
España: 10:00 PM

El Baúl de Noemí — Noemí Mayoral
México: 4:00 PM
Argentina: 7:00 PM
España: 12:00 AM

Letras al Viento — Gustavo Rivera
México: 6:00 PM
Argentina: 9:00 PM
España: 2:00 AM

De Carne y Verso — Alfredo Cisneros
México: 8:00 PM
España: 4:00 AM

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SÁBADOS
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Tiempo de Niños — Alfredo Cisneros
México: 12:00 PM
España: 8:00 PM

Radiografía: Diagnóstico Lingual — Zoila Patrón Cantú
México: 4:00 PM
España: 12:00 AM

Cafeína Bar — David Lara
México: 6:00 PM

🌍 COMUNICADORES POR PAÍS

🇦🇷 Argentina

  • Amalia Beatriz Arzac
  • Noemí Mayoral (regresa en septiembre)
  • Gustavo Rivera

🇨🇴 Colombia

  • Maritza Linares Ochoa
  • Ginebra Move
  • Doris Ospina
  • Cristina Eugenia Pantoja Morales
  • Mildred Rolón

🇺🇸 Estados Unidos

  • Alberto Gutiérrez (regresa en septiembre)
  • Albert Velázquez

🇬🇹 Guatemala

  • Alejandra González
  • Luis Fernando Molina

🇲🇽 México

  • Alfredo Cisneros
  • David Lara
  • Víctor López
  • Zoila Patrón Cantú
  • Gloria Rivera Romero
  • Rocy Rosales
  • Margarita Vázquez

🇵🇪 Perú

  • Cecilia Pari

🇨🇺 Cuba (colaboración especial)

  • Creador de décimas literarias para Atrapados por el Texto
🌎 ALCANCE INTERNACIONAL

Radio Aldora es escuchada por oyentes de: Suecia. · España · El Salvador · Nicaragua · Chile · Bolivia

Su carácter multinacional y su enfoque cultural la convierten en una plataforma sólida, activa y en crecimiento.

📻 INFORMACIÓN PARA LOS COLABORADORES

Radio Aldora es una emisora cultural online, accesible únicamente con conexión a internet desde ordenador o teléfono móvil. Comparte literatura, poesía, relatos y música, dando voz a autores de toda la comunidad hispana.

🌍 PROGRAMACIÓN DESTACADA DE ESTA SEMANA

🇵🇪 Miércoles — Programa de Perú

Conducido por Cecilia Pari. Espacio abierto a todos los colaboradores.

Reto poético de esta semana: ¿Qué sucedería si equivocas las señales y el amor que pensabas para ti… no lo era? Envía tu poema para transmitirlo este miércoles 26. Se certificarán todas las participaciones.

Horarios: México 4:00 PM ·

Perú 5:00 PM ·

Colombia 5:00 PM ·

Argentina 7:00 PM ·

España 12:00 AM

🇦🇷 Miércoles — Rincón de Lectura

Conducido por Gustavo Rivera espacio abierto a todos los colabordores

Hora: 9:00 PM Cuentos · Relatos · Crónicas · Narrativa

🇦🇷 Viernes — Letras al Viento

Conducido por Gustavo Rivera espacio abierto a todos los colabordores

Hora: 9:00 PM Espacio dedicado exclusivamente a la poesía.

Este viernes: Homenaje a Federico García Lorca Poemas propios · Poemas dedicados · Audios (1–3 min)

📩 ENVÍO DE TEXTOS Y AUDIOS

letrashispanasporelmundo@gmail.com

🎧 CÓMO ESCUCHAR RADIO ALDORA

💻 Ordenador: https://miestacion.turadioonline.com.ar/8046/stream

📱 Móvil: https://sites.google.com/view/radioaldora/inicio

https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-08-25 12:59:572026-09-02 09:55:50NOTICIAS Y COMUNICADOS

ARTÍCULOS – JULIO

AVISO EDITORIAL: Las opiniones vertidas en esta publicación son responsabilidad exclusiva de sus autores y no reflejan necesariamente la postura editorial de la revista.

Nota: El contenido de esta revista se encuentra amparado por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna, artículo 2 y concordantes. Queda prohibida la reproducción total o parcial sin autorización expresa de su autor.

Articulos

Cada artículo es una llave que abre un pensamiento.

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COLABORADORES

Maren Alberdi – España

Najat El Hachimi – España

Enrique Fredy Díaz Castro – México

Elspeth Gormley – España

Jaime Hoyos – Colombia

Ángel Medina – España

Juan José Millás – España

Marta Peirano-España

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MOROS Y CRISTIANOS DONDE LA HISTORIA AÚN RESPIRA

Maren Alberdi – España

En estas tierras nuestras, donde el Mediterráneo se abre como un libro antiguo, la historia no duerme: se representa, se canta, se desfila, se revive. Las fiestas de Moros y Cristianos —en Alcoy, en Villajoyosa, en Orihuela y en tantos pueblos que guardan memoria— son mucho más que un espectáculo: son identidad, legado y emoción.

Pero para entender su fuerza, hay que volver atrás. A mediados del siglo XIII, en un tiempo de fronteras cambiantes y tensiones constantes, Alcoy vivió un episodio que marcaría para siempre su historia. En 1276, la ciudad resistió el ataque de las tropas del caudillo musulmán Al‑Azraq, figura clave en la resistencia mudéjar. La tradición cuenta que, en el momento más crítico, se produjo una intervención milagrosa que inclinó la victoria hacia el bando cristiano. Desde entonces, Alcoy recuerda aquel día no como guerra, sino como memoria, identidad y agradecimiento.

Con el paso de los siglos, otras localidades del Mediterráneo adoptaron sus propias representaciones, cada una con su estilo, su música, sus comparsas y su manera de contar la historia. Lo que nació como una conmemoración se transformó en una celebración cultural, donde la devoción se mezcla con el espectáculo y la memoria con el orgullo de pertenencia.

En Villajoyosa, el mar se convierte en escenario. El desembarco moro —único en el mundo— hace que la playa entera contenga el aliento mientras las tropas llegan por agua, como si el tiempo retrocediera y la historia volviera a escribirse sobre la arena. Es imposible no emocionarse: el Mediterráneo también participa.

En Orihuela, la entrada de Moros y Cristianos es pura elegancia. Filàs y comparsas avanzan como si fueran páginas vivas de un manuscrito medieval. La música, los colores, los trajes bordados… todo parece decir: “Esto somos. Esto fuimos. Esto seguimos siendo.”

Y no es casualidad que estas celebraciones tengan el reconocimiento de Fiestas de Interés Turístico Internacional. Porque aquí, en nuestra tierra, la historia no se conserva en vitrinas: se interpreta, se celebra y se comparte.

Quien las vive, lo sabe. Quien las ve por primera vez, queda marcado. Quien las escucha, entiende que no son solo fiestas: son memoria, orgullo y cultura.

Y quizá convenga recordarlo, compi… que lo que tenemos aquí, tan cerca, tan nuestro, es algo que muchos en el mundo querrían tener: una historia que aún camina por las calles.

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UNA NIÑA EN LA FINAL DEL MUNDIAL
Najat El Hachimi

Que el mundo haya decidido obviar el significado machista del velo no hace inofensiva la prenda.

No estaba contenta ni nada, la niña, cogida de la mano del capitán de la selección española, desfilando hacia el centro del campo. La alegría en su rostro contrastaba con la tela lila que le cubría la cabeza y el cuello, esa prenda emblema de la misoginia islámica que se impone para que las mujeres sepamos cuál es nuestro lugar en el mundo, para que interioricemos que la simple presencia de nuestros cuerpos en el espacio público supone un problema, un conflicto, un desafío al orden patriarcal. Religiosos más o menos tradicionales, rigoristas o fanáticos, todos dicen que vamos desnudas si dejamos nuestro pelo al descubierto. Y la desnudez provoca a los hombres. Pobrecitos ellos, tienen tan poco control sobre sus instintos que a nosotras no nos queda otra que tomar medidas para ahorrarles la incomodidad de la excitación provocada por esas fibras peligrosas que brotan de nuestro cuero cabelludo como serpientes de Medusa. Así se marca la diferencia sexual que no existe porque hombres y mujeres tenemos pelo en la cabeza.

Que el mundo haya decidido obviar el significado machista del velo no hace inofensiva la prenda. Más bien todo lo contrario, su carga simbólica es de una violencia insoportable para cualquiera que crea en los derechos humanos y en el respeto a la dignidad de las mujeres. El hiyab es tan degradante como los grilletes de los esclavos; pero hay que respetarlo porque representa la diversidad. ¿Qué diversidad tolerable es esa forma de marcar a fuego a las mujeres, de envolverlas en la bandera del sometimiento al orden teocrático internacional?

Claro que la niña no sabe de eso, del mismo modo que las que son disfrazadas de mujercitas hipersexuales no entienden que se las está moldeando para que se acostumbren a ser lo que los hombres han decidido que sean. Antes las musulmanas se ponían el velo al casarse, después al llegar a la pubertad y ahora les es impuesto a edades cada vez más tempranas para que se acostumbren, porque nadie nace con la vocación de borrar esa parte de su identidad individual. Podrían raparnos al cero como los nazis, pero prefieren taparnos y que solo el marido pueda acceder a ese exclusivo privilegio. Dirán que es identidad y habrá quien se habrá alegrado de ver a la niña velada entrando en el estadio. O les da igual que se sexualice de ese modo a una cría ante la mirada de millones de personas. Es su cultura, su religión, hay que respetarla. Será que los niños, con su pelo libre, no tienen nada de eso. Aunque, ¿Qué podemos esperar de la FIFA y esa fratría misógina que ostenta el poder en el mundo del fútbol?

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NO SE VENDE

Enrique Fredy Díaz Castro – México

¡México, país hospitalario y celoso de su origen!

¡México, mi patria bendecida y orgullosa de su pueblo y su cultura!

Tú que me viste nacer sobre un petate y bajo humilde techo,  no tienes porqué abrigar a sionistas genocidas y cobardes, no tienes porqué sucumbir al encanto de aventureros facciosos y criminales.

Tu soberanía es tan grande y tu riqueza inagotable que sin medir un ápice de cinismo, hay quienes no cabiendo en su patria, recurren a volverse facinerosos, mercenarios al servicio del mejor postor para invadir territorio de buenos.

No permitamos que sicarios israelitas

quieran apoderarse del agua que un gobierno vendepatria les pretende entregar.

No permitamos que su discreto plan anexionista intente siquiera convertirnos en colonia israelí.

México es de los mexicanos y no se vende ni debemos debemos permitir que  intenten hipotecar su noble y portentosa soberanía al extranjero.

México es grande, libre e independiente.

¡Simple y llanamente, defendámoslo!

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EL PODER DE LA PALABRA
Elspeth Gormley – España

La palabra tiene un poder inmenso. Todo lo que sale de nuestra boca pesa, deja huella y transforma. Lo más pequeño, aquello que parece insignificante, puede herir profundamente; y una sola frase puede iluminar un día entero. Las palabras validan emociones, sostienen alegrías, pero también pueden atacar el punto más frágil de quien las recibe. Todos recordamos alguna frase que nos rompió y otra que nos salvó.

La palabra es nuestro puente más usado para comunicarnos, y también el más peligroso. Sirve para nombrar la belleza, la amistad, la solidaridad, para hablar del amor y del agradecimiento. ¿Y qué sería del amor sin las palabras? ¿Qué sería de la vida sin esa capacidad de decir lo que sentimos, de expresar lo que nos conmueve, de reconocer lo que nos une?

Sin embargo, la palabra también miente, manipula y hiere. Se utiliza para insultar, discriminar o falsear la realidad. Es triste que una riqueza tan grande se emplee para destruir. La palabra puede ser poesía, creación, vida, alimento para el alma, luz, abrazo… pero también puede ser grito, sombra y arma.

Cada día hay voces que intentan imponerse elevando el tono, justificando ataques, creyendo que su mensaje les da permiso para herir. La responsabilidad es nuestra. Elegir si usamos la palabra para construir o para destruir depende únicamente de nosotros. Practicarlo —o censurarlo— también.

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EL ESPAÑOL – LENGUA UNIVERSAL

Jaime Hoyos – Colombia

José Santos Chocano (1875-1934), peruano, al hablar de nuestra madre —la lengua castellana, de la que todos somos hijos— creó el poema “Seno de reina”, que dice:

Era una reina hispana.
No sé ni quién sería,
ni cuál su egregio nombre,
ni cómo su linaje:
sé apenas la elegancia
con que de su carruaje
saltó, al oír a un niño
que en un rincón gemía.

Y dijo: “¿Por qué llora?”
La tarde estaba fría
y el niño estaba hambriento.
La reina abrióse el traje
y le dio el seno blanco
por entre el blanco encaje,
como lo hubiese hecho
Santa Isabel de Hungría.

Es gloria de la estirpe
la que le dio su pecho
a aquel hambriento niño
que acaso sentiría
más tarde un misterioso
dinástico derecho;
y es gloria de la estirpe,
porque ese amor fecundo
con que la reina al niño
le dio su seno un día,
¡fue el mismo con que España
le dio su seno a un mundo!


Pues bien: sin ella, sin España, no existiría nuestro idioma, y tal vez ninguno de nosotros. La lengua castellana es hija del latín de Cicerón y, no tan poco, del mozárabe (como ajedrez o almohada), del euskera o vascuence, del indigenismo americano y de la mutua influencia de los idiomas actuales más usados. La lengua castellana es la forma de entendernos, de amarnos, de descubrir lo que era inescrutable, de idear el futuro y conocer el pasado, de dirigirnos a Dios y a los hombres.

En el año 2010, la ONU oficializó a nivel mundial seis idiomas: el árabe, el chino, el ruso, el francés, el inglés y el español. Así que estos seis idiomas parecen ser los más importantes a nivel universal, de un total de más de siete mil que se hablan actualmente, aunque cerca de la mitad está desapareciendo. La Real Academia de la Lengua, fundada en 1713, ha sido siempre fundamental para el buen manejo del idioma y actualmente se mantiene muy al día en información idiomática. Gracias a la Real Academia, el español se mantiene sobre bases sólidas.

En 1977, el texto en español más viejo que se conocía era el Códice 60, una anotación al margen escrita por un monje benedictino en el monasterio de San Millán de la Cogolla, fechada en el año 977. Mil años después, el rey Juan Carlos declaró al monasterio “Cuna de la lengua”, y la placa conmemorativa dice: “En recuerdo de las glosas emilianenses, primer testigo de la lengua española”.

Pero después se hallaron testigos más antiguos: el Códice 46 (año 964), la “Nodicia de kesos” (año 852) y el más antiguo de todos, los “Cartularios de Valpuesta”, año 804. Así que recordemos siempre el 804 como el primer texto escrito en lengua castellana.

A finales del siglo X y XI se escribieron los primeros poemas del Mester de juglaría, y en el XIII los del Mester de clerecía, iniciados por Gonzalo de Berceo, padre de todos los poetas de habla hispana. En español se inventó el romance, y en el siglo XVI nació la novela castellana con Miguel de Cervantes Saavedra.

No olvidaremos nunca a don Quijote, que murió en el capítulo 74 de la segunda parte. Pero el triunfo de Cervantes fue lograr la resurrección de don Quijote en nuestros corazones. Don Quijote nos acompaña siempre, igual que un ángel de la guarda. No os extrañéis si me veáis moviendo los labios: estoy dialogando con él; y si levanto la vista, es porque mi invisible amigo va cabalgando a Rocinante.

El Quijote no es una comedia de aventuras: es una tragedia. La tragedia de los locos sublimes de todas las razas y tiempos. Más que el Día del Idioma, hoy celebramos un año más de la muerte del hombre que dio vida al ser inmortal de la lengua castellana: don Quijote.

Rubén Darío le compuso unas bellas letanías, donde le dice:

“Ora por nosotros, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yermo de ilusión
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.”

Si don Quijote hubiera sido humano, sería hermoso colocar su imagen en los altares, completando un trío de santos:
San Francisco de Asís.
San Pablo de Tarso.
San Quijote de la Mancha.

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¿HOY O MAÑANA…?      

Ángel Medina – España

Quién no recuerda la elegante belleza de una Deneuve? ¿Qué decir de la exuberancia exótica de la Loren? ¿Cómo definir la beldad concupiscente expresada en la mirada de la Gardner?  ¿Dónde situar la finesse encantadorade la muñequita Bardot? ¿Acaso no es para entrecortarse el suspiro al contemplar la lindeza de la Lollo?

Mas, ¡ay!, todo eso pertenece al ayer. Basta con entrar en el navegador, escribir un nombre y añadir:” Antes y ahora”. Y al conjuro se desvanece la primera imagen para ser suplantada por la actual. Donde todo era atracción, encanto y finura, por arte de birlibirloque, contrariamente al espejito mágico de la malvada reina de Blancanieves, se ha transformado en decadencia. La hermosura de la flor se ha marchitado. (Que no toque nadie a rebato machista, pues esto dicho a modo de ejemplo vale para todos y cada uno de los mortales). Es más, si queremos personalizar, tomemos una fotografíaretrospectiva en la que nos encontrábamos junto a un grupo de amigos, compañeros de trabajo o familiares. De inmediato resuena en nuestra testa aquello de: fulanito ya no está; menganito, tampoco, zutanito se nos fue anteayer mismo. Y siguiendo el dedo cual puntero hemos de admitir que son ya muchos los que dejaron este valle de lágrimas. Mas, de repente nos invade la duda: ¿Y yo…? Punto y final de la meditación. Eso, mejor lo dejamos para mañana.

Tempus fugit. Cierto, porque el tiempovuela.

Hay un refrán que hunde sus raíces en la palabra “procrastinar”, del latín procrastinare (pro―adelante― crastinus―mañana) Esto es: retrasar algo. Lo que se refuta en el proverbio “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

No se trata de caer en los extremos. No se nos insta a estar de continuo pensando en la adversidad que ha de sobrevenir al paso del tiempo y que no puede evitarse, como se aproximaría al perfil estoico. Tampoco el reverso de la moneda, cuál sería el epicureísmo, pensando que la vida toda no tiene más afán que el del placer. Más bien, de lo que se trata es de tomar conciencia de lo que es la vida y adónde nos lleva; aunque eso, probablemente acarrearía algún cambio de actitud, algo que posiblemente podría incomodarnos. Sacarnos de una rutina a la que nos hemos acomodado. Y es sabido que el hombre una vez dentro de su propio laberinto, a pesar de la estrechez tiene más miedo en salir de él que en permanecer. Tal vez pensando que vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer, lo que implicaría, quizá a dar la vuelta al caparazón de cómo se vive para vivir cómo se piensa. Metanoia.

Sin embargo, es costumbre arraigada en nuestro hoy eso de la gandulería de la mente. A este propósito, conviene recordar lo que decía un poeta contemporáneo: “Si el diablo quiere perseverar en la tentación del hombre, habrá de modificar la jerarquía de sus seducciones, y en consecuencia alterar el orden de los llamados “pecados capitales”, de modo que el último, la pereza, se convierta en el más prioritario. Porque, si la pereza de antes consistía en la astenia para realizar cualquier actividad mundana, la que padece el hombre actual es la de relajar su espíritu, hasta el punto de perder el conocimiento de sí mismo, lo que le lleva a desinteresarse por su proyección final.

Decía Hamlet aquello de “morir, dormir, tal vez soñar…” Y nuestro Calderón lo de “la vida es sueño”. Lo malo no es soñar― vislumbrar lo mejor por acontecer― sino dormir la realidad y mecerse sin control en el filo de la navaja de la existencia, anestesiando el pensamiento, como si así pudiéramos ignorarla. ¿Acaso no es el hombre también tiempo?

Ciertamente, pensar en el fin encoje el ánimo, pues el hombre está hecho para la vida. Y ello supone vivirse sin fin. Esa es la voz que vibra en el interior de cada uno. ¡Vivir, sí! Siempre vivir. Pero, por más que se pueda mirar hacia otra parte, somos conscientes―  aún sin pararnos a pensarlo― que convive en nosotros una eterna compañera de viaje que espera siempre pacientemente: como una amante o como un sayón. Eso depende de nosotros.

La aceptación requiere madurar. Ese instinto de existir sin terminarse necesita de una esperanza, si bien esa certidumbre confiada precisa edificarse en la mente. Es como la casa levantada sobre rocas, que podrá resistir las embestidas del temporal, en tanto que la construida sin solidez acabará cayendo. Sería oportuno reflexionar ¿puede levantarse una casa sin cimientos? O lo que es lo mismo: ¿en la soledad de la última hora, tendrá el hombre firmeza para soportar la infinita levedad de su ser?

La altiva razón no entiende sino aquello que domina. Y, siendo el hombre raciocinio y también sensibilidad habrá de dialogarse sin violentarla, lo cual exige tiempo. No se puede dejar la esperanza para el último momento, cuando llega la desconexión que pasa entre la vida sensible y el misterio inefable que se abre ante él. ¿Un “viaje” hacia la nada?

¿O tal vez…?

Quizá eso es lo que debería meditarse. Hoy mejor que mañana.

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MEJOR PIDAN DISCULPAS

Juan José Millás – España

Comprendo a los hinchas argentinos que, entre estupefactos y airados, gritaban ante las cámaras de la tele que España les habia robado el partido. A mí, ya lo he denunciado en otras ocasiones, vienen robándome el Nobel de Física desde hace años. En cuanto al de Literatura, me lo quitaron de manera simbólica al negárselo a Virginia Woolf, Borges, Kafka, Tólstoi, Joyce, Proust, etcétera. Es una basura, no lo quiero. Aspiro además a obtener premios que no merezca porque los que merezco son todos una mierda. En Amadeus, la película de Milos Forman, me identifiqué con el reflexivo y sensato Salieri, a quien Dios, inexplicablemente, negó el talento musical que regaló al idiota de Mozart. A dónde vamos a parar.

Al ganar ese Mundial, que España estaba destinada a perder, se le hizo un feo insoportable a Leo Messi, pobre, que se jubilaba ese día aciago. Hasta el inmortal Maradona, que consiguió en vida una bula para meter goles con la mano, debió de revolverse en su tumba al ver esa jugada tan sucia del destino encarnada en las malas artes españolas. No me interesa el fútbol, pero me preocupan los delirios nacionalistas y los desórdenes geoestratégicos que puede suscitar. Ustedes, Pedro Sánchez y Felipe VI, sigan provocando al eje Milei-Trump (al que, por cierto, le birlaron también el Nobel de la Paz), y en una de esas toman el palacio de la Zarzuela y secuestran al Rey como secuestraron a Maduro. Mejor pidan disculpas.

Me llamó la atención, por cierto, la habilidad diabólica del árbitro para fingir que iba con Argentina, cuando no dejó de favorecer a España. ¡Qué prodigio de maldad, de disimulo, de perfidia! Imposible sospechar de un sujeto con esas artes, a menos que seas un perspicaz hincha argentino. Ahora solo cabe esperar que Trump ordene a Infantino, que cambie el resultado, como le ordenó destruir aquella tarjeta roja, y se haga al fin justicia. Así descansaremos aquí también, porque tanta celebración agota.

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UNA CABAÑA EN EL BOSQUE

Marta Peirano-España

Mi Ítaca es una casa azul en lo alto de una pequeña colina donde mi abuela da de comer a sus gallinas, atiende un huerto y vigila una empanada de xoubas en su horno de leña, frotándose las manos y limpiándoselas con el mandil. Está cercada por muros de piedra tapizados de musgo de los que salen las lagartijas y racimos de dedaleras púrpuras llenas de pecas. Detrás de los muros hay fincas de berza, maíz y patata. Más abajo está la iglesia donde están enterrados mis muertos, con un cruceiro y una fuente por la que baja agua limpia y fría de manantial.

Si subes al tejado puedes ver que en todas direcciones irradian suaves colinas onduladas cubiertas de pasto, alternadas aquí y allí por bosques de roble y castaño, pino y eucalipto, asfaltados de brezo, xestas y toxos. Cuando subes por uno de sus caminos enmarcados de zarzamora puedes encontrarte zorros, jabalíes y tejones, petirrojos, mirlos y busardos y, a partir de la noche de Todos los Santos, el milano real. Los jueves llega la pesca con su carga de jurel, merluza y rodaballo; los lunes llega el panadero con sus bollas, empanadas y, si hay fiestas, roscón.

Desde niña he soñado con pasar los últimos años de mi vida en esa casa. Es el paraíso de mi infancia; mi Walden, mi Tinker Creek, mi Blackwater Pond. Y el otro día, mientras trataba de entender qué aportan los modelos y de la IA a nuestra habilidad de combatir los incendios, me di cuenta de que nunca llegaré a mi cabaña del bosque. Que mi Ítaca desaparecerá con la crisis climática antes de que yo llegue allí.

Ojalá me equivoque, pero no lo creo. Este es mi argumento: hay cámaras de IA con visión de múltiples espectros, capaces de vigilar el bosque de día y de noche, capaces de detectar humo o fuego de forma inmediata y avisar a los servicios de emergencia para decirles qué forma tiene y dónde está. Hay drones autónomos con cámaras térmicas capaces de peinar áreas afectadas y ayudar a los operadores a verificar focos sin poner en riesgo la vida de los bomberos. Hay satélites, sistemas de comunicación capaces de resistir un fallo eléctrico, un humo intenso y el calor. Estamos mejor equipados que nunca. Los forestales están mejor formados que nunca, todo el mundo cuenta con más información. Pero la tecnología no nos salva. Ahora y para siempre, nos salvan los demás.

Quién salvará una casa en mitad de un monte que arde, cuando no hay voluntad política ni para tomar las medidas más asequibles que ya sabemos que funcionan para que el incendio no exista en primer lugar. Si ahora los incendios ya son inevitables y, una vez ocurren, ya no se pueden parar, quién querrá asegurar una vivienda dentro de 10 años en un país que nadie salvará de las llamas. Cuántos vecinos le quedarán a mi aldea cuando sea tan arriesgado vivir cerca del bosque como hacerlo a la orilla del mar.

Dice Cavafis que Ítaca no es tanto un lugar sino la visión que nos da sentido a nuestra vida. Qué sentido nos deja el fuego a los que nunca soñamos con yates, joyas, conquistas intergalácticas y proyectos de dominación mundial. Sólo ese viaje misántropo pero digno hacia el lugar amado, pequeño y discreto, donde solo hay árboles, libros, animales y rocas.

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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-07-27 17:27:252026-07-27 20:26:41ARTÍCULOS – JULIO

RELATOS SOBRE LA VIDA – JUNIO

Nota: Todo el contenido de esta revista se encuentra amparado por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna, artículo 2 y concordantes.

Relatos-de-la-vida

» La vida se escribe en silencios: cada relato es una orilla donde el alma descansa.”

✦ COLABORADORES

(

  • Maren Alberdi – España
  • Libia Beatriz Carciofetti – Argentina
  • Elspeth Gormley – España
  • Ana Unhold – Argentina

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LA VIDA HOY: ENTRE EL RUIDO Y LA RESISTENCIA SILENCIOSA

Maren Alberdi – España

Vivimos tiempos en los que la vida parece correr más deprisa que nosotros. La sociedad avanza a un ritmo que no siempre acompaña al corazón humano, y esa diferencia de velocidad se nota en las calles, en las casas, en las conversaciones y en los silencios. La vida actual es un escenario donde conviven la prisa, la incertidumbre y una necesidad profunda —casi desesperada— de encontrar un lugar donde respirar.

Hoy la gente vive con el gesto apretado. No porque quiera, sino porque la realidad pesa. Pesa la economía, pesa la soledad, pesa la falta de tiempo, pesa la sensación de que todo es urgente. Pesa incluso la obligación de estar bien, de sonreír, de aparentar que nada duele.

La sociedad está sufriendo, aunque no siempre lo diga. Se nota en los ojos cansados en el transporte público, en los mensajes que se responden sin ganas, en las familias que hacen malabares para llegar a fin de mes, en los jóvenes que sienten que el futuro es un lugar demasiado caro, demasiado incierto, demasiado lejos.

Pero también hay otra cara, menos ruidosa, más humana. La vida actual está llena de pequeñas resistencias: – quien ayuda a un vecino sin pedir nada – quien escucha sin mirar el reloj – quien comparte lo poco que tiene – quien sigue creyendo en la bondad aunque el mundo vaya rápido

Porque, aunque la sociedad esté herida, no está rota. Hay una fuerza silenciosa que sostiene lo cotidiano: la solidaridad, la familia, los afectos, la amistad, la comunidad. Es ahí donde la vida se vuelve más real, más verdadera, más nuestra.

La vida actual es dura, sí. Pero también es un recordatorio: que seguimos aquí, que seguimos sintiendo, que seguimos buscando un lugar donde encajar, que seguimos intentando ser humanos en medio del ruido.

Y quizá, en ese intento, esté la verdadera esperanza.

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EL CAMPEONATO DE LA VIDA

Libia Beatriz Carciofetti – Argentina

Sin lugar a dudas, hoy es un día muy especial. No solo para el mundo entero, sino también para el mundo del deporte, en este caso, el fútbol. Comienza a jugarse el Mundial.

Y como en todo campeonato deportivo, los jugadores que saldrán a la cancha tuvieron su tiempo de entrenamiento: unos más, otros menos. Pero en base a ese esfuerzo, en la cancha se verán los resultados.

Con permiso de mis lectores, trasladaré este evento al Campeonato de la Vida, nuestra vida. Mientras estamos en esta tierra, estamos jugando este gran partido.

¿Contra quién? ¿Con quién salimos seleccionados?

Nada menos que contra todo lo que nos rodea: el mundo, con sus placeres, sus vicios, su falta de códigos; un mundo inescrupuloso que a lo malo llama bueno y a lo bueno malo. Un mundo donde se perdió el respeto, el amor, la tolerancia hacia el prójimo. Un mundo en el que cada mañana se levanta el telón del “teatro de la vida”, donde cada uno baila a su ritmo y cambia el antifaz según convenga.

Los abuelos pasaron a ser “paquetes” para ser depositados donde más barato nos cobren. Los padres se convirtieron en “tiranos” que reprimen en todo momento, y las caricias pasaron a ser bofetadas y golpizas. Nuestros maestros y profesores cumplen el papel de rehenes, y descargamos en ellos nuestra rabia acumulada.

Los parques se transformaron en kioscos para comprar y vender droga, en vez de ser lugares de esparcimiento. Ya no tenemos un sitio apartado para inhalar aire puro: pese a las disposiciones que prohíben fumar, todo lugar cerrado se convirtió en chimenea. El hogar dejó de ser hogar para convertirse en un edificio sin contención.

Ahora los bebés ya no abren sus ojos ante un papá y una mamá, sino ante dos personas que decidieron cambiar de sexo, lo que les acarreará confusión cuando deban enfrentarse a la vida en relación. Dios estableció la pareja para procrear hijos.

Preguntas, muchas. Respuestas, pocas.

El deporte se convirtió en un ring gigantesco, donde no solo pega el más fuerte, sino donde también es agredido quien solo buscaba un lugar de distracción. La familia se transformó en “células” que ya no se reúnen alrededor de la mesa familiar, sino en restaurantes (los que pueden acceder a ellos). Ahora se elige con qué hermano, cuñada o suegra queremos compartir la mesa.

En los partidos del Mundial se han establecido reglas y mandamientos impuestos por la FIFA: quien no los cumple será penalizado. A más contravenciones, más sanciones.

En el Partido de la Vida también hay reglas, pero no hechas por hombres: son mandamientos instituidos por Dios. El hombre y la mujer, en su distanciamiento, se niegan a cumplirlos y siguen pecando contra Él, revelándose y echándole la culpa cuando les sucede algo que no pueden superar.

La situación cambia: la pena no nos descalifica y podemos seguir jugando. Dios no ama el pecado, pero ama al pecador, y siempre está dispuesto a perdonar, sin importar el grado de pecado que cometamos. Pero se debe cumplir con un reglamento: pedir perdón y apartarse del mal.

Dice la Biblia en Romanos 6:23: “Quien solo vive para pecar recibirá como castigo la muerte; pero quien confiesa y se aparta alcanzará misericordia.”

El director técnico de cada equipo del Mundial les enseña estrategias para ganar. Dios también nos dejó una estrategia para ser ganadores en el partido de la vida: creer y aceptar el sacrificio de su Hijo Jesucristo y recibirlo como Salvador.

El esfuerzo valdrá la pena. El equipo ganador, además de dinero, ganará reconocimiento, prestigio y la admiración del mundo. Llegará a su lugar de origen y una multitud lo estará esperando. Un balón dorado será el premio mayor, besado y enarbolado por los vencedores.

Y como en todo campeonato, habrá vencedores y vencidos. Igual que en el campeonato de la vida.

Estamos entrenados para jugarlo. ¿Qué nos falta? Pienso que garras. Vemos los problemas como montañas y olvidamos que Dios los ve desde arriba y son pequeños. Nuestra falta de fe y fortaleza nos amedrenta, sin reclamar Su fuerza.

La diferencia es que la pena no nos descalifica: podemos seguir jugando este Campeonato de la Vida. Y el premio mayor no será un balón de oro, sino una corona de oro, que ningún ladrón podrá arrebatar. Seremos coronados en el cielo, donde nadie hurta.

¡Vamos! Acompáñame, que el campeonato comienza ya. En la cancha, una cantante entona el himno del Mundial 2010; en el cielo, la canción será entonada por un coro de millones de ángeles. ¿Quieres oírlo? La premisa es que saques tu ciudadanía para ser habitante del cielo.

Yo estoy feliz desde ya, porque pertenezco a esa legión que aceptó serlo. Este campeonato de la vida me conmueve cada mañana al despertar y ver cómo el mundo gira a mi alrededor, pero no me distrae, porque mi mirada está centrada en el Dios de mi salvación.

¡Anótate! Corre este riesgo. Sal a jugar ya. No demores más. Deja de lado todo lo que te impida correr esta carrera. Que tus brazos se conviertan en alas para sobrevolar las miserias que ofrece este mundo. Ámate, estí­mate… y alcanzarás la victoria.

“Más de ninguna cosa hago caso, ni estimo mi vida preciosa para mí mismo; solamente que acabe mi carrera con gozo…” (Apóstol Pablo – Hechos 13:25)

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LA VIDA QUE NOS ATRAVIESA

Elspeth Gormley – España

La vida hoy no se vive: se sostiene. Se lleva entre las manos como quien carga un cuenco lleno de agua, intentando que no se derrame mientras el mundo empuja, exige, acelera. Y aun así, algo se escapa siempre: un sueño, una calma, un pedazo de nosotros.

No es que la sociedad esté cansada; es que está herida. Herida de silencios, de prisas, de ausencias que nadie nombra. Herida de promesas que no llegan, de abrazos que se aplazan, de miradas que se pierden en pantallas que no devuelven calor.

La vida actual tiene un ruido que no deja escuchar el alma. Un ruido que tapa lo esencial: la ternura, la pausa, la conversación que cura, la mano que sostiene, la presencia que salva.

Y sin embargo, en medio de ese ruido, hay una resistencia que no se ve. Una resistencia hecha de gestos pequeños: la mujer que se levanta aunque duela, el hombre que sigue adelante aunque no pueda, el joven que sueña aunque el futuro le tiemble, la anciana que guarda en su pecho la memoria de un mundo más lento.

La vida hoy es frágil, pero no está rota. Se quiebra, sí, pero también se recompone. Se cansa, pero sigue. Se oscurece, pero encuentra luz en los lugares más inesperados: en una palabra amable, en un mensaje que llega a tiempo, en un abrazo que no se pide, en un silencio compartido.

Quizá la vida actual no sea la que imaginamos, pero es la que tenemos entre las manos. Y en ella, a pesar de todo, todavía late algo que nos sostiene: la capacidad de sentir, de amar, de recordar quiénes somos cuando el mundo deja de mirarnos.

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LA VIDA CABE EN UN PAR DE ZAPATOS

Ana Unhold – Argentina

Fue un niño uruguayo, vivaz e inteligente. La vida lo privó pronto de su padre y allá fue a vivir en casa de sus abuelos. Aprendió las tareas de campo, recorriendo con alpargatas de yute. El amor de su abuela le enseñó tantas cosas. Su corazón cicatrizó con el canto de los pájaros y el vuelo de las mariposas.

Como en todas las vidas llegó la adolescencia y el primer amor. Surgió el primer poema a la luz de la luna. Añorando a su madre, gran trabajadora desde temprano. Por el año 39, con treinta y cinco años fue a visitarla al Hotel Las Delicias en Punta del Este, donde ella trabajaba. Allá frente a la playa, tratando de ocultarse tras una cortina de humo, había un barco alemán de guerra, el Admiral Graf Spee. Tres naves inglesas querían impedir la llegada al puerto del enemigo. Y empezaron los cañonazos. Impensados sonidos para un joven de un pacífico país sudamericano y sorprendidos orientales. Estallaban los vidrios del hotel, la mirada se perdía en el mar tratando de averiguar qué pasaba. No pasó de un susto para los habitantes uruguayos y tristes consecuencias para los marinos alemanes.

Y llegó el amor para mi amigo Rubens. Conoció las maravillas de la paternidad y a los cinco años una epidemia se llevó a su primer hijo; quedaron unos pequeños zapatos testigos de su paso por la tierra. Dios lo bendijo con otros hijos, aunque nada reemplaza lo perdido. Es como que la vida nos facilita parches para sobrevivir.

Y así fue como el poeta voló a Atlanta con sus hijos, por cuarenta años. Poeta resiliente y creativo, restaurando autos antiguos y de desechos mecánicos reconstruir autos de colección. Un artista. Llegó con una valija y algunos poemas.

Solo imaginar las pruebas que significa ser migrante en un país tan diferente al propio. Todo es distinto: caminar sus paisajes, sentir su clima, degustar sus comidas, aprender su idioma y costumbres. Gastó y gastó zapatos configurando una vida; viajó por América y Europa con su hija adolescente para que no perdiera sus raíces. Aprendió a nombrar el mundo en otro idioma.

Y hace quince años vuelve a su patria, jubilado y creativo, un poeta prolífico.

Lo conocí en Punta del Este hace casi dos años. Debo relatar cuáles son las razones por las que Rubens me impresionó tan gratamente. Creo que Dios nos pone justo frente a aquellas personas que nos harán crecer. He dedicado mucho de mi quehacer literario a entender la vejez. Siempre me pareció una edad horrible, inútil e improductiva. Rubens me ha mostrado alegría, optimismo, proyectos. Lo he visto con agilidad preparar desayuno americano y almuerzo, conducir su auto por la costa. Como un caballero abrir las puertas y no permitir que levantes una maleta. Largas discusiones sobre poesía, con la misma energía con que otros hablan del pronóstico del tiempo. Más tarde recordé que tiene 98 años…

El sábado por la tarde fuimos a Maldonado a buscar una feria de artesanos para comprar chucherías locales. Es una tarde cualquiera. No hay solemnidad, ni homenajes, ni aniversarios. Conversamos rememorando hechos de nuestras vidas. Recorremos la feria. De pronto, un hombre de 98 años se detiene frente a un puesto de cremas, saluda a las simpáticas vendedoras y les pregunta si quieren que les recite un poema. Por supuesto, de memoria.

Se acercan los esposos, otros paseantes, sigue el recitado. Fotos y termina todo en un aplauso.

La mayoría de las personas de otra edad no se atreverían a hacerlo. Eso es una vida bien vivida, no un aburrido transcurrir.

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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-06-30 22:36:552026-07-01 16:06:25RELATOS SOBRE LA VIDA – JUNIO

ARTÍCULOS – JUNIO

Nota: Todo el contenido de esta revista se encuentra amparado por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna, artículo 2 y concordantes.

Articulos

“Las palabras no solo cuentan historias: también despiertan conciencias.”

✦ COLABORADORES

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  • Maren Alberdi – España
  • Ilka Oliva Corado – Guatemala / EE.UU.
  • Enrique Fredy Díaz Castro – México
  • Santiago García Vega – México
  • Elspeth Gormley – España
  • Máriam Martínez-Bascuñán – España
  • Rebeca Smith – México

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EL DÍA EN QUE LAS HOGUERAS ME ENCENDIERON LA LLAMA DEL IDIOMA

Maren Alberdi – España

El pasado lunes 22 salí a pasear por Alicante para ver las Hogueras. Quería perderme entre las plantàs, disfrutar de los ninots, de la sátira, del arte que cada año levanta esta ciudad con un orgullo que se huele en el aire. Había 92 monumentos. No pude verlos todos, claro, pero recorrí los del centro con esa mezcla de asombro y cariño que solo entiende quien ha vivido aquí más de veinte años.
Cada plantà tenía su alegoría, su crítica, su guiño a este mundo que parece arder por dentro. Hasta ahí, todo perfecto.
Pero hubo algo que me atravesó como un cubo de agua fría.
En cada monumento había un cartelito explicativo. Y en todos, absolutamente en todos, el orden era este:
Primero inglés. Luego español. Y el valenciano… desaparecido en combate.
Me quedé de piedra. No entendía nada. Me acerqué a preguntar.
La respuesta fue un suspiro disfrazado de excusa:
—Es que aquí vive más del 25% de extranjeros.
Y ahí, me hirvió la sangre.
Porque sí, es cierto: Alicante tiene más de un 25% de población extranjera. Y los pueblos de alrededor aún más: algunos llegan al 75%. Perfecto. Bienvenidos sean.
Pero ¿en qué país vivimos? ¿En qué lengua se nombra esta tierra? ¿Desde cuándo lo nuestro va detrás?
Toda la vida los carteles han estado así:
** Español- Valenciano – Inglés**
Este año no. Este año el inglés va primero. El español, segundo. Y el valenciano, directamente borrado.
Y yo ya estoy cansada. Cansada de que lo nuestro se esconda para no molestar. Cansada de que se nos pida ceder siempre. Cansada de que parezca que defender el español —y nuestras lenguas cooficiales— es casi un acto de rebeldía.
Porque cuando yo he viajado a países donde no se habla español, nadie me ha puesto los carteles en mi idioma. He tenido que aprender, buscarme la vida, preguntar. Y me ha parecido lo normal.
Entonces, ¿por qué aquí tenemos que ponerlo todo en inglés primero? ¿Por qué aquí lo nuestro se relega? ¿Por qué aquí siempre cedemos?
Llevo más de veinte años viviendo en esta comunidad. Conozco a muchos ingleses que llevan aquí quince años o más y no saben decir ni “buenos días”. ¿De quién es la responsabilidad? De ellos, sí. Pero también de quienes les han acostumbrado a que no hace falta aprender nada, porque siempre habrá alguien que les responda en su idioma.
Yo no lo hago. No por mala, sino por respeto: si vienes a un país, aprendes su lengua. Como hemos hecho todos.
Y mientras tanto, hay personas, asociaciones y grupos literarios que se dejan la piel para que el español se lea en todo el mundo… y otros que solo se preocupan por “los que vienen”, aunque eso implique borrar lo nuestro.
Pues no. Yo no pienso callarme. Yo seguiré defendiendo mi idioma: el español. Y también nuestras lenguas cooficiales: el valenciano, el catalán, el euskera, el gallego. Porque todas ellas cuentan nuestra historia.
Pero la lengua oficial, la que nos une, la que hablamos todos, es el español.
Y no pienso dejar que se diluya entre carteles que ponen lo ajeno por delante de lo propio.
El fuego de las Hogueras lo quema todo. Pero hay cosas que no deberíamos permitir que se quemen jamás.
Entre ellas, nuestra lengua.

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TORTILLAS DE LOROCO

Ilka Oliva – Corado

La gallina murush] se le atravesó de nuevo en los sueños. La vio corriendo despavorida junto a la bandada buscando las hojas de repollo que les acaba de tirar en el patio para que coman. La nombró Murushona, desde que la pollita nació. Su abuela Tiba le regaló dos huevos de su gallina inglesa, una miniatura de gallina con las plumas colochas, mismos que Emelda puso junto a los otros cuando una de las gallinas de la casa se quedó. Durante las tres semanas de incubación estuvo atenta al nacimiento de las crías y fue todo un festejo cuando sus dos pollitas nacieron.

Pero a los días una murió y quedó entonces la única murusha en medio de las manadas de pollos que abarrotaban el patio cuando se les tiraba comida. Realmente nunca supo cuántas gallinas llegaron a tener, el terreno donde vivían era grande. Sus papás cuidaban a las afueras de la capital una cochiquera de unos veterinarios adinerados que tenían negocios por todos lados en Guatemala. En los terrenos de la gente adinerada Emelda comenzó a ver los cercos de bloques con alambre de púas en la última hilera, una hilera de úes que las llenaban de cemento con pedazos de botellas de vidrio que quebraban específicamente para ese tipo de seguridad. Un mundo distinto al del campo.

Los hijos del sol, les llamaban los trabajadores porque eran albinos, hijos de alemanes emigrados.  De lo que llegó a saber su padre, ellos contaban con parcelas con siembras de verduras en Patzún, Chimaltenago, ganado en Jalapa, fincas de árboles de mango Tommy, en Chiquimula. Cafetales en Alta Verapaz.  En tierra fría colindando con México compraron a saber cuántas manzanas de terreno, le escuchó decir a su papá cuando le contó a su mamá sobre la nueva compra de los terratenientes. A su padre le ofrecieron ir a cuidar las fincas de coco que tenían en Izabal, pero su mamá dijo que el clima era infernal y que para allá se fuera el diablo. Y en la casa como se hacía lo que decía su mamá, entonces el diablo de seguro se fue para allá, pero ellos no.

Su abuela le contó en unas de las tantas conversaciones que tuvieron cuando iba de visita a Teculután, que cuando era niña las gallinas crecían en el monte, ponían los huevos en nidos que improvisaban en el zacate. En ese entonces nadie se preocupaba por cuántas gallinas tenían y si los huevos se los iba a comer la zarigüeya o cualquier otro animal porque había en abundancia.  

Emelda conoció la abundancia cuando fue a visitar la casa de los abuelos paternos por primera vez, con los años comprendió que abundancia no significa tener de más para desperdiciar y que tampoco tiene nada que ver con el dinero. Siempre sintió fascinación por las manos creadoras de su abuela, que le enseñó a hacer queso fresco y mantequilla de costal, las quesadillas más deliciosas que comió fueron las que hizo su abuela. 

Le enseñó a trabajar el barro, a hacer sus propios comales, ollas y jarros. El bordado de las mantas para las tortillas y el de las almohadas. Aprendió a cómo medir la intensidad del fuego en el polletón para no desperdiciar la leña y no quemar las tortillas. El café lo aprendió a hervir en las brasas a un lado del comal sin que se le tumbara y los bananos majunches los asó siempre en el rescoldo, como tostaba los pishtones

En la capital todo era distinto, aun estando a las afueras todo lo tenían que comprar. El pago se lo daban a su padre con atraso de tres meses y jamás le pagaron por el trabajo de toda la familia que también hacía, pero para los dueños eso era obligación que no merecía remuneración económica. Cuando su padre les pedía aumento le salían con que un favor le estaban haciendo con tener a toda la familia ahí sin pagar renta. 

Un trabajo sin horario de lunes a domingo, sin permiso de enfermedad y sin vacaciones. Vacaciones, le contestaba cualquiera de los albinos, vacaciones son las que les damos nosotros dejándolos vivir aquí.  Emelda comenzó a cuidar cerdos a la edad de tres años y a los cinco ya sabía cómo caparlos, lo que nunca hizo y sintió una asquerosidad fue comerse las criadillas. Sus papás, al contrario, así recién cortadas, sólo les lavaban la sangre y se las metían a la boca. 

Emelda ve a la Murushona correr, ha retrocedido en el tiempo, no tiene los sesenta años de ahora, es apenas una niña de siete, aún no sabe que tendrá hijas y que emigrarán de indocumentadas a Estados Unidos y mucho menos que sus nietas nacerán en ese país y que hablarán inglés y que rechazarán el español, avergonzadas. Que no querrán saber nada de Guatemala y mucho menos del lujo y del honor de comer tortillas con loroco y queso hechas por la abuela, como lo tuvo ella. 

Notas:

 Murusha: Persona de pelo rizado, de herencia afrodescendiente. 

 Colocha: Persona con el cabello rizado o crespo.

Polletón: Mesa grande de barro para cocinar con fuego, donde se coloca el comal y la hornilla. 

Pishtón: Tortilla gruesa. 

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SER TOLERANTE 

Enrique Fredy Díaz Castro – México

Mi hijo: un  joven discreto, analítico y previsor, me ha dado muchas lecciones de vida y precisiones a la hora de  decidir sobre cosas cotidianas o trascentales; pertinentemente sugiere y como si fuera una partida de ajedrez opta por avanzar o esperar aun cuando la tormentas ya esté encima.

En sus torneos, en sus clases o en circunstancias diversas donde he podido acompañarlo hasta donde es permitido, han salido a flote su carácter, honestidad, firmeza y tolerancia. 

Es en serio: hay veces que me preocupo o exaspero ante algún escenario adverso y créanme que con sutileza y sangre fría me dice: espérate papá, hagámosle de este modo, pero hijo -replico- tú tranquilo, me dice mirándome a los ojos, sé que te preocupa lo que pueda pasar pero creo que es mejor ser cautelosos y evadir la frontalidad o bien (dependiendo del caso) actuar con precisión.

En una ocasión, recuerdo que el último boleto del autobús que abordaría se agotó breves minutos antes y me alteré, mientras él con pasmosa serenidad dijo: despreocúpate, somos muchos pasajeros con el mismo destino, ya verás que en media hora anunciarán otro y no pasará nada. 

Poco después en el altavoz se escuchó que otra unidad estaba formando para abordar, sonrió, acudió a formarse y entre el nerviosismo de otros adquirentes, obtuvo su boleto, me abrazó y subió al camión que poco más tarde lo llevaría a su destino.

Hay muchos ejemplos más que podría describir sobre esos detalles que lo caracterizan cuando de ser tolerante se trata, pero prefiero ser parco, asumir este dato que me pareció objetivo y preciso en alusión al tema en cuestión.

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¿CÓMO SE ATREVEN?
Adaptación del Discurso de Greta Thunberg ante la ONU

Santiago García Vega – México

Todo está mal, yo no debería estar aquí, debería estar en la escuela del otro lado del océano. Sin embargo, ¿vienen a mí en busca de esperanza? ¡Cómo se atreven! Ustedes han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías, y sin embargo, somos afortunados. Allá la gente está sufriendo, allá la gente está muriendo, los ecosistemas están colapsando. Ha iniciado la extinción masiva y ustedes hablan de dinero, de cuentos de hadas, sobre el crecimiento económico eterno. ¡Cómo se atreven!

Por más de 30 años la ciencia ha sido clara, clara como el agua, como la nieve, como la luz. ¡Cómo se atreven! A mirar para otro lado, a decir que es suficiente con políticas sin soluciones, con políticas de contaminación y muerte. Ustedes dicen que “nos escuchan”, que entienden esta urgencia. Pero… ¿qué importa nuestra tristeza?, ¿qué importa nuestra molestia?, nuestro enojo y nuestra ira? Simplemente ya no les creo. No entienden la situación y si acaso la entendieran, ¿por qué se rehúsan a actuar? ¿Acaso son seres malignos? Simplemente me rehúso a creerlo. ¿Por qué no actúan? ¿Por qué sólo intentan? ¿Por qué no dan solución total?

¿Por qué esperar a una reacción irreversible más allá, sí, más allá del control humano? No hay puntos de inflexión, no hay retroalimentación, el calentamiento se esconde aquí, en la tóxica contaminación del aire, de los mares y de nuestros suelos. Gigatoneladas de dióxido de carbono que mi generación y mis hijos succionarán. ¡Absolutamente inaceptable! ¡Simplemente no queremos vivir las consecuencias! Uno punto cinco grados de temperatura serán nuestros fatídicos verdugos. Revirtamos el cambio climático.

¿Cómo se atreven? ¿Cómo pretenden acertar con resolutivos técnicos y comunes? Hasta hoy no hay soluciones, no hay planes ni líneas de acción. Si los números te incomodan, paremos la hecatombe ambiental. Insensatos, digan las cosas como son, con madurez, con responsabilidad. Nos están fallando, nos están traicionando, estamos empezando a entender su traición; el ojo avizor de la presente generación y de todas las generaciones

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VACACIONES DE ANTES: EL VIAJE QUE NOS HIZO CRECER
Elspeth Gormley – España

Hubo un tiempo en que las vacaciones no eran un destino, sino un acontecimiento. Un ritual familiar que empezaba mucho antes de salir de casa, cuando mi padre anunciaba con solemnidad: “Este año, quince días fuera.”

No viajábamos lejos. No hacía falta. España estaba llena de pequeños pueblos que parecían mundos enteros. Y nosotros, que vivíamos junto al mar, nos adentrábamos hacia el interior como quien cruza una frontera invisible. Para mí, niña entonces, aquello era pura magia.

Mi padre conducía un Seat 1500 que a mis ojos era un coche enorme, casi majestuoso. Un coche que olía a gasolina, a ilusión y a verano. No íbamos a hoteles: íbamos a casas de huéspedes, hogares donde las familias abrían sus puertas a los veraneantes y donde cada desayuno sabía a pan recién hecho y a conversación cercana.

Pero si por casualidad mi padre decía: “Este año iremos en tren”, entonces el viaje se convertía en aventura.

Los trenes tenían compartimentos para seis personas. Se abrían las puertas correderas y allí dentro se formaba una pequeña comunidad improvisada. Todos llevaban tortilla de patatas envuelta en papel de estraza, porque entonces no existía el papel de aluminio. El tren entero olía a hogar, a campo, a verano. Los niños corríamos por los pasillos, los mayores compartían historias, y cuando el tren paraba en alguna estación perdida, los vendedores de bocadillos se acercaban a las ventanillas ofreciendo pan tierno, refrescos y sonrisas.

Un viaje de 400 kilómetros podía durar ocho horas, pero nadie tenía prisa. El tiempo era otro. La vida también.

Hoy todo ha cambiado. Viajamos en trenes de alta velocidad que cruzan el país en dos horas. No hay compartimentos, ni vendedores en las estaciones, ni olor a tortilla que recorra los vagones. Ya no se comparte comida con desconocidos, ni se improvisan amistades en un pasillo.

Las casas de huéspedes casi han desaparecido. Ahora tenemos hoteles, apartamentos turísticos, casas rurales… Todo más cómodo, más rápido, más moderno.

Y sin embargo, quienes vivimos las dos épocas, a veces sentimos una nostalgia suave, no del pasado en sí, sino de la cercanía que había entonces.

La gente era más próxima. Se compartían bocadillos, mapas, consejos. Si alguien necesitaba algo, siempre había una mano que se ofrecía. Las vacaciones eran sencillas, sí, pero estaban llenas de humanidad.

La mayoría de familias “volvían al pueblo” en verano. Era lo habitual: reencontrarse con los abuelos, con los primos, con las calles de siempre. Pero nosotros no. Nosotros salíamos del pueblo para veranear. Mientras otros regresaban a sus raíces, nosotros emprendíamos camino hacia lo desconocido: pueblecitos del interior, casas de huéspedes, paisajes que parecían inventados. Y quizá por eso, cada viaje tenía para mí un brillo especial, como si el mundo empezara justo donde terminaba nuestra calle.

Y aunque el mundo haya cambiado, aunque los trenes vuelen y las distancias se acorten, hay algo que permanece:

La memoria de aquellos veranos que nos enseñaron a mirar el mundo con ojos de niña.

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LOS SILENCIOS DEL PAPA PREVOST

Máriam Martínez-Bascuñán -España

Cuando “víctima de abuso” se convierte en “persona herida”, el sujeto se queda solo con su dolor. Y el dolor no comparece ante un juez

El Papa ha conseguido que España, un país con 1.621 acusados de abusos y mas de 3.000 víctimas, documentadas, hable durante una semana de migración, de humanismo, de polarización… y sólo marginlmente los abusos, no sea que la Iglesia se ofenda. ¿Cómo es posible que aceptemos este desplazamiento? León XIV diseñó su viaje para presentarse como el papa político pos-Francisco, y habló de migración de dignidad, incluso denunciò en el congreso la xenofobia escogiendo con precisión qué cosas siguen siendo “espirituales” e inexpugnables al lenguaje de la justicia. En Montserrat, donde una investigación encargada por la propia abadía concluyó que el monje Andreu Soler abusó de menores durante más de 30 años,no dijo ni una palabra sobrre el asunto En la Conferencia Episcopal, sentado a su mesa, estuvo el cardenal Rouco Varela, acusado de encubrir dos casos de pederastia y por uno de los cuales el arzobispado de Madrid acabo condenado a indemnizar en 2007. Allí, ane los obispos y a puerta cerrada, sí habló de “justicia” y “reparación”, pero fuera, donde todo el mundo le escuchaba, sólo dijo “herida”. Utilizó las palabras del derecho donde no se le oía y las del consuelo ante la opinión pública. Pero las palabras solo obligan si se dicen en voz alta. Por eso, Montserrat fue el lugar donde el silencio se convirtió en acto.

La teórica britámica Sara Ahmer ya nos habló de las instituciones que dicen escuchar las quejas para no atenderlas, allí donde la declaración sustituye al acto y decir “escuchamos” reemplaza al acto de escuchar. Leamos una de las frases de Prevost: “Cada persona herida debe poder encontrar escucha sincera, acogida, protección y caminos reales de sanación”. No dice “víctima” ni nombra el delito. Cuando “víctima de abuso” se convierte en “persona herida”, el sujeto pierde su estatuto jurídico y se queda solo con su dolor. Y el dolor, a diferencia del delito, no comparece ante un juez. Pero Europa se hizo arrebatándole a la Iglesia esta gramática. Lo escribió una mujer en 1847. En Jane Eyre Charlotte Brontë cuenta cómo Jane está a punto de casarse con Rochester cuando descubre que él ya tiene una esposa… encerrada en el desván Rochester le frece amor y protección, todo el cuidado que una mujer sin recursos podría desear. Le ofrece lo que la Iglesia ofrece a sus víctimas: el cuidado de quien te ha dañado, a condición de no nombrar el daño. Pero Jane se marcha de noche, sola, a través del páramo, después de pronunciar una frase que es uno de los nacimientos secretos del individuo europeo: “I care for myself”. Me importo a mí misma. No es individualismo sino algo más radical: la negativa a que sea otro (el hombre, la institución, la autoridad) quien decida cómo se nombra lo que le ha pasado.

Buena parte de Europa se construyó sobre este gesto. La emancipación de las mujeres fue eso, los derechos de los trabajadores también. Europa, en su mejor versión, le quitó a la Iglesia las palabras del dolor humano y las puso en manos de quien sufre. ¿Qué ha pasado para que volvamos a pedir a Roma lo que Europa tardó siglos en quitarle? Las palabras seculares de la dignidad parecen huérfanas: la política las ha gastado, el mercado las ha vaciado y una autoridad antigua, vestida de humanismo, se ofrece a devolvérnoslas. Aplaudimos a un papa que habla de los migrantes con el lenguaje de los derechos y de las víctimas de su propia iglesia, con el de la compasión, y no notamos (o preferimos no notar) que esa asimetría es precisamente lo que habíamos aprendido a no tolerar. Frente a la Nunciatura protestaban las víctimas a alas que no quiso recibir. Ellas, las molestas, las discola las que exigen ser nombradas y no solo consoladas, sostienen hoy lo mejor de Europa. Dicen, 200 años después de Jane y en español: “Me importo a mí misma”. Es la frase más humanista que se ha pronunciado esta semana, y no la dijo el Papa.

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VIOLENCIA DURANTE EL MUNDIAL
Rebeca Smith – México

El Mundial de fútbol, además de ser una celebración global, suele traer consigo un aumento preocupante de violencia dentro de los hogares. En México, organizaciones nacionales e internacionales han registrado incrementos de entre 26% y 38% en agresiones familiares durante el torneo, según ONU Mujeres, y hasta 40% cuando hay consumo de alcohol. Las víctimas principales son mujeres, niñas, niños y adolescentes.

Durante este Mundial ya se han visto señales claras de ese aumento: atropellamientos en celebraciones multitudinarias en Chihuahua, Baja California Sur y Zacatecas; peleas y destrozos en el Ángel de la Independencia; y agresiones contra madres buscadoras que protestaban en Guadalajara y Ciudad de México.

ONU Mujeres lanzó dos campañas: En equipo contra la violencia familiar y Cero Tolerancia: Tarjeta Azul contra la explotación infantil, enfocadas en prevenir violencia y explotación sexual durante el torneo. Señalan factores que agravan la violencia: alcohol, mala gestión emocional y tensiones económicas por apuestas. Las denuncias ya han aumentado.

La Red Nacional de Refugios también activó su campaña La violencia contra las mujeres no es parte del juego. Han repartido miles de folletos y atendido a más de 1.600 mujeres directamente. Durante el Mundial, sus llamadas y mensajes han aumentado un 50%, incluso de niñas, niños y adolescentes que buscan ayuda para proteger a sus madres o identificar violencia en casa.

La organización advierte que la violencia se está normalizando en redes y medios, que la presentan como “euforia” o “celebración”, cuando en realidad son agresiones. Insisten en que el único responsable es el agresor.

A esto se suma la explotación sexual, que aumenta en contextos de turismo masivo. De enero a mayo, México registró 253 mujeres víctimas de trata, más de la mitad en Quintana Roo.

La Red por los Derechos de la Infancia en México (Redim) alerta de que los derechos de niñas, niños y adolescentes están siendo ignorados en la planificación del Mundial 2026. México es el segundo país del mundo en explotación sexual infantil. Los megaeventos deportivos generan transformaciones urbanas y sociales que afectan especialmente a quienes viven en desigualdad.

Otra campaña, Infórmate, Empatiza y Protege, recuerda que la mayoría de agresores sexuales de menores son familiares o conocidos, y que el abuso infantil es mucho más frecuente de lo que se reconoce. Llaman a romper el silencio y no minimizar señales de alerta.

Finalmente, la campaña Tarjeta Azul, impulsada por ONU Mujeres, UNICEF y el sector hotelero de Ciudad de México, busca proteger a menores en hoteles durante el Mundial mediante capacitación y protocolos de actuación.

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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-06-30 22:31:122026-07-01 16:47:35ARTÍCULOS – JUNIO

ARTÍCULOS – MAYO

Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.

Articulos

“Cada artículo es una invitación a mirar el mundo con más calma.” E.Gormley

COLABORAN

Miriam Alberganti – Argentina

Maren Alberdi – España

Ilka Oliva Corado – Estados Unidos

Iñigo Domínguez – Italia

Luz Fontana – Italia / España

Naiara Galarraga – Brasil / España

Elspeth Gormley – España

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ARQUITECTOS DE MI IMAGINACIÓN

Miriam Alberganti – Argentina

A veces, cuando me siento frente a la pantalla en blanco —o ante el papel, en esos días de trinchera analógica—, me doy cuenta de que nunca escribo realmente a solas. Detrás de cada parpadeo del cursor, de cada palabra que decido borrar o salvar, hay un eco. Un murmullo constante que no me pertenece del todo, pero que habita en mí.

Hoy quiero hacer una pausa en el ruido para dar las gracias. Gracias a ustedes, los grandes escritores del ayer y del hoy, por ser el alimento inagotable de mi imaginación y los verdaderos arquitectos de la musa que hoy me inspira.

A los clásicos, a los inmortales que escribieron a la luz de las velas, entre el humo de revoluciones o en la quietud de siglos pasados: gracias. Ustedes construyeron los cimientos de este rascacielos. Me enseñaron que el alma humana, con sus abismos y sus cumbres, no muta tanto a través del tiempo. Sus textos sobrevivieron a la historia para recordarme que las palabras tienen peso, textura y el poder absoluto de desafiar la mortalidad.

Y a los contemporáneos, a mis referentes del presente que navegan este mundo hiperconectado, fugaz y a menudo caótico: gracias también. Ustedes me demuestran que la literatura está viva, latiendo y reinventándose en tiempo real. Me inspiran a encontrar la poesía en el asfalto, a diseccionar la ansiedad moderna y a entender la complejidad de existir aquí y ahora. Ustedes son la prueba de que todavía hay historias que merecen ser contadas.

Siempre se habla de “la musa” como si fuera un ente místico, un chispazo de genialidad que cae del cielo. Pero yo conozco mi propia verdad: mi musa es un algoritmo analógico, un mosaico inmenso formado por todas sus obras. Está hecha de la tensión de sus tramas, de la melancolía de sus versos, de la arquitectura imposible de sus universos fantásticos. Cada libro, cada ensayo, cada artículo que he devorado ha sido el combustible puro para mi propio motor creativo.

Gracias por atreverse a mirar el vacío, a pelear con sus propios bloqueos y volver a nosotros con historias. Gracias por prestarme sus ojos cuando no sabía cómo mirar el mundo. Al compartir sus voces, me dieron el valor, la rebeldía y las herramientas necesarias para salir a buscar la mía.

Hoy, cada letra que tecleo es, en el fondo, un humilde y eterno tributo a todos ustedes. ¡Sigamos escribiendo!

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JUNIO: el mes en que miles de jóvenes se juegan un sueño

Maren Alberdi – España

Cada junio, mientras el calor empieza a insinuarse en las calles, miles de jóvenes se sientan ante un pupitre para enfrentarse a la PAU. Y, aunque no lo digan, aunque intenten parecer tranquilos, llevan dentro un torbellino que nosotros conocemos bien. Porque todos fuimos ellos alguna vez.

Este año las notas de corte rozan el 14. Un 14 que no es solo un número: es una presión silenciosa que pesa sobre sus hombros. El 60% depende de lo que han hecho en Bachillerato. El 40% se decide en unos días que parecen interminables. Y alrededor, un país entero conteniendo la respiración.

Los adultos miramos desde fuera, pero no desde lejos. Recordamos perfectamente el temblor de las manos, el estómago encogido, la sensación de que todo se jugaba en un examen. Recordamos el olor de las aulas, el silencio tenso, el reloj avanzando demasiado rápido. Recordamos la mezcla de miedo y esperanza.

Hoy son ellos quienes viven ese vértigo. Miles de jóvenes con miles de sueños: Medicina, Ingeniería, Arte, Derecho, Enfermería, Psicología… Sueños grandes, sueños pequeños, sueños que aún no saben cómo nombrar.

Y sí, algunos no llegarán a la nota de corte. Tendrán que elegir otra carrera, otro camino, otra puerta. Pero los adultos —que ya hemos vivido unas cuantas vueltas de la vida— sabemos algo que ellos aún no ven: los caminos que parecen secundarios a veces llevan justo al lugar donde uno debía llegar.

Porque la vida no se decide en junio. Ni en un examen. Ni en una nota. La vida se decide en el tiempo, en la constancia, en la capacidad de adaptarse, en la valentía de seguir adelante incluso cuando el plan A se tambalea.

Por eso, este artículo no es para ellos. Es para nosotros. Para que acompañemos sin presionar. Para que escuchemos sin juzgar. Para que recordemos que a los dieciocho años nadie tiene por qué saberlo todo. Para que no olvidemos que detrás de cada joven hay una historia, un esfuerzo, un sueño que merece respeto.

Junio pasará. La PAU pasará. Y ellos seguirán construyendo su vida, con más fuerza de la que imaginan.

Y nosotros, los adultos, seguiremos ahí: recordando nuestros propios nervios, y sosteniendo los suyos con la serenidad que da haber sobrevivido a todos los exámenes que no venían en ningún libro.

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LA GUATEMALA DEL ETERNO ABUSO A LOS PUEBLOS ORIGINARIOS

Ilka Oliva Corado – Estados Unidos

Guatemala, país de desigualdades eternas y racismo enraizado hasta en el azúcar del café. País de clasistas muertos de hambre. En esa Guatemala que se desborda de poesía y memoria en los huipiles de las mujeres indígenas y; de sacrificio y trabajo milenario en sus manos y espaldas, la exclusión la ponen los mestizos que desde siempre se han creído superiores por etnia y clase social. 

En esa Guatemala de indígenas masacrados y desaparecidos en masa, en la Guatemala de la desmemoria colectiva, del abuso gubernamental, de la deforestación, de  los ecocidios, de la migración forzada, de las parvadas de clicas criminales saqueando el Estado. Esa Guatemala de mestizos jactándose de tener niñas indígenas de empleadas domésticas en sus casas. De indígenas rajándose el lomo cargando los bultos de los mestizos en el mercado La Terminal. De mestizos muertos de hambre. 

Guatemala, donde se vivió uno de los genocidios más atroces de la historia latinoamericana que buscaba exterminar a los pueblos originarios. Poco ha cambiado desde entonces, los indígenas siguen siendo humillados, excluidos y explotados. Sus tierras siguen siendo robadas por oligarquías a las que el Estado solapa, las aguas de los ríos contaminadas dejando a comunidades enteras sin sustento. Porque en la Guatemala de las eternas desigualdades y el racismo los pueblos originarios son los más maltratados, pero también los más dignos. Lloran solos a sus muertos, como si la muerte de un indígena no valiera lo mismo que la de un mestizo, como si masacrar indígenas fuera como atacar plagas. 

Se cuidan entre ellos, se abrigan entre ellos porque solo se tienen a ellos mismos, los indígenas en Guatemala como parte de la sociedad y la población solo existen para ser explotados. Guatemala está parada sobre sus lomos, resuella el país gracias a las remesas que envían miles de migrantes indocumentados, esos migrantes son en su mayoría indígenas que han tenido que abandonar sus pueblos para irse a buscar la vida a otro país. Entonces también, a pesar de ser discriminados por sus propios connacionales ellos los mantienen a flote con sus remesas. Guatemala no subsiste gracias los mestizos, logra medio respirar gracias a las remesas de miles de indígenas. Los mismos indígenas que probado está que en tiempo de crisis dan a manos llenas, se quitan el bocado de la boca para darlo a quien tenga necesidad sin detenerse a pensar en etnias. 

Y esto se ve también en las luchas por la defensa del medio ambiente, son los indígenas los que ponen el pecho, los que defienden el agua de los ríos, los que defienden los bosques, los derechos humanos de sus pueblos. Y cuando atacan, violentan o asesinan a uno de ellos, son ellos los únicos que salen a denunciar. Está patente el caso de las mujeres ixiles que denunciaron haber sido violadas por miembros del ejército en tiempos de dictadura, en el juicio por genocidio en el 2013. La sociedad las dejó solas, no solo las acusó de mentirosas también las discriminó por su etnia. 

Está el ejemplo de la Masacre de Alaska, el 4 de octubre de 2012 en donde 7 personas indígenas fueron masacradas   por soldados del ejército en el kilómetro 169, en la Cumbre de Alaska cuando se manifestaban pacíficamente junto  a otros cientos, en defensa de la educación y por el alza a la energía eléctrica.  Hasta la fecha los familiares de esas víctimas siguen luchando por justicia en la Guatemala de la eterna impunidad. La sociedad también los dejó solos, eran indígenas que los mestizos no reconocen como personas. Las poblaciones que en Petén, frontera con México son sacadas de sus casas por docenas de policías y soldados, para entregarles las tierras a finqueros. ¿Qué sociedad por ellas?

Cuando detienen y violentan a periodistas indígenas comunitarios solo los pueblos originarios con ellos.   Y como un ejemplo también reciente, la detención de la periodista comunitaria Anastasia Mejía Tiriquiz, directora de la estación de radio Xol Abaj Radio  y Xol Abaj Tv, en el municipio de Joyabaj, Quiché. A la que se le acusa de sedición, atentado agravado, incendio provocado y robo agravado, porque documentó e informó sobre irregularidades de gestión y manejo del alcalde de Joyabaj, Francisco Carrascosa y las manifestaciones de la población en su contra. Es decir, a las autoridades de turno no les gustó que la periodista documentara con video y audio las imágenes de la población manifestando su rechazo a su gestión en la alcaldía y de ahí su detención no solo para amedrentarla pero también para callar la expresión y denuncia. 

Estas detenciones a periodistas comunitarios se dan con regularidad en un país donde la impunidad socaba toda lucha por la justicia, periodistas que son discriminados por parte del gremio, donde abundan los mestizos, clasistas y racistas que los denigran por sus etnias, pero también porque estos comunicadores no cuentan con el título universitario que los acredite. En el caso de la periodista Anastasia Mejía Tiriquiz se ha visto muy claro el racismo y el clasismo del gremio periodístico del país que cuando tocan a uno de los suyos brincan con uñas y dientes, pero no vaya a ser un indígena porque entonces que se defienda solo. Lo que no sorprende, porque en un país donde el racismo y el clasismo está hasta en las moscas del plato de comida, raro sería que el gremio actuara con solidaridad y por consecuencia humana; que ninguna de las dos la dan los cartones universitarios y vaya que si de eso sabrán los pueblos originarios más que nadie. 

Con qué gran sacrificio los periodistas comunitarios escriben sus artículos de opinión, realizan sus videos, sus notas de audio, toman sus fotografías, denunciando lo que sucede en sus comunidades, pues no cuentan con los recursos materiales ni con el financiamiento de nada, es de su propia bolsa, no trabajan para ningún medio donde les paguen un salario, lo hacen por la necesidad de informar a sus comunidades. Para que encima de todo el abuso gubernamental, el racismo y el clasismo propios del país el gremio no se solidarice con ellos y los ignore con esto colocándolos en posiciones más vulnerables todavía contra el abuso. Pero ni falta que hacen, los pueblos originarios se han defendido solos desde siempre y lo seguirán haciendo. 

Los pueblos originarios de Guatemala exigen la libertad inmediata de la periodista comunitaria Anastasia Mejía Tiriquiz. Y junto a ellos quienes creemos en el derecho a la libertad de expresión y en que un título universitario, una etnia o clase social no le da las agallas ni la dignidad a nadie, ni se las quita. 

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LA PRIMERA ENCICLICA DEL PAPA

Iñigo Domínguez – Italia

El papa León XIV lanza con su primera encíclica una llamada de alarma contra el tecnofascismo: “Quien controla la IA impondrá su visión moral”
‘Magnifica humanitas’ alerta de los peligros de las nuevas tecnologías y del control de una élite que “corre el riesgo de conducirnos hacia nuevas atrocidades”. Rechaza la idea de “guerra justa” y pide perdón por la esclavitud

Un mensaje central: defender lo humano frente a la IA

El Papa León XIV publica su primera encíclica, Magnífica humanidad, donde lanza una advertencia contundente: quien controle la inteligencia artificial controlará la moral, la información y la democracia. Denuncia el riesgo de un “tecnofascismo” impulsado por ideologías poshumanas y transhumanistas, especialmente las que nacen en Silicon Valley.
Afirma que pequeños grupos con gran poder tecnológico pueden manipular consumos, elecciones y economías, y pide a los Estados regular la IA y la propiedad de los datos.

Crítica al poder tecnológico y defensa del multilateralismo
León XIV reclama que la ONU y los organismos internacionales recuperen fuerza para frenar la concentración de poder digital. Advierte que la IA afecta al medio ambiente, al trabajo, a la educación y a la guerra. Rechaza la teoría de la “guerra justa”, usada para justificar conflictos.

. Una llamada a frenar la deshumanización
El Papa denuncia una sociedad dominada por:
· la idolatría del lucro
· la uniformidad que aplasta diferencias
· la reducción de la persona a datos
· la polarización mediática alimentada por algoritmos
También alerta sobre la pérdida de memoria histórica y el riesgo de repetir atrocidades del siglo XX.
. Contra extremismos, fanatismos y manipulaciones políticas
Señala una alianza peligrosa entre extremismos religiosos, fanatismos identitarios y un economicismo irracional. La política —dice— usa la desinformación y el miedo para dividir.

“Desarmar la IA”: la propuesta más fuerte del documento
León XIV afirma que la IA no es neutral, sino un arma. Propone “desarmarla”:
· sacarla de la lógica militar y económica
· impedir que domine lo humano
· romper monopolios
· hacerla discutible y accesible
La compara incluso con la bomba atómica.

Crítica al poshumanismo y a la idea de humanos de “segunda clase”
Refuta las teorías de Musk, Thiel y otros gurús del transhumanismo. Advierte que estas ideas pueden justificar que algunos seres humanos sean considerados menos valiosos.

. Nuevas formas de esclavitud y explotación digital
Denuncia que la economía digital se sostiene en millones de trabajadores invisibles: etiquetadores de datos, moderadores de contenido, entrenadores de modelos… muchos de ellos jóvenes y mujeres, mal pagados.
Habla de un nuevo colonialismo que no domina cuerpos, sino datos.
Incluye un mea culpa histórico por la tardanza de la Iglesia en condenar la esclavitud.

. Migración: la prueba moral de una sociedad
El Papa afirma que la forma en que un país trata a migrantes y refugiados revela si está guiado por el miedo o por la fraternidad.
Defiende dos derechos:
· el derecho a partir
· el derecho a quedarse en la propia tierra
. Crítica al capitalismo salvaje y a la desigualdad
Reclama:
· empleo digno
· un Estado fuerte
· políticas fiscales redistributivas
· límites a la libertad económica cuando daña a los vulnerables

. La información como campo de batalla
Denuncia la manipulación mediática y pide una “ecología de la información”. Agradece a la prensa por destapar casos de pederastia en la Iglesia.

Cultura, memoria y referencias simbólicas
Cita a Hannah Arendt, Tolkien, Beethoven, el Guernica y La lista de Schindler para subrayar la importancia de la verdad, la memoria y el arte como resistencia al mal.

. Advertencia sobre los móviles en menores
Pide regular el acceso temprano a teléfonos móviles y proteger a los niños de modelos de negocio que monetizan su atención.

. Educación pública y desigualdad
Defiende la educación pública y denuncia las desigualdades en el acceso a estudios superiores.

Un cierre esperanzador
Propone cinco caminos:
· desarmar las palabras
· construir paz con justicia
· mirar desde las víctimas
· cultivar realismo
· relanzar el diálogo y el multilateralismo

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IA EN LOS COLEGIOS ( (siempre con la supervisión del profesorado

Luz Fontana – Italia/España

La educación está viviendo una transformación silenciosa pero imparable. En las aulas de hoy conviven cuadernos, pizarras digitales, libros, tabletas… y, cada vez más, herramientas de Inteligencia Artificial. Lejos de sustituir al profesorado —algo imposible e indeseable—, la IA se está convirtiendo en un apoyo pedagógico que, bien utilizado, puede mejorar el aprendizaje y aliviar la carga de quienes enseñan.

La clave es simple: la tecnología no educa sola; educa cuando un docente la guía.

Aprendizajes personalizados para cada alumno

No todos los niños aprenden igual ni al mismo ritmo. La IA permite:

  • adaptar ejercicios según el nivel real del alumno
  • reforzar áreas donde necesita más práctica
  • ofrecer actividades más avanzadas a quienes van por delante
  • detectar dificultades antes de que se conviertan en un problema

Es como tener un pequeño asistente que observa, analiza y propone, mientras el profesor decide qué es útil y qué no.

Más tiempo para enseñar, menos tiempo para tareas repetitivas

Los docentes dedican horas a corregir, preparar materiales, organizar actividades… La IA puede:

  • generar fichas y ejercicios
  • corregir tareas simples
  • resumir textos
  • crear explicaciones alternativas

Esto no sustituye al profesor: le libera tiempo para lo que realmente importa: acompañar, motivar, escuchar, enseñar.

Fomenta la creatividad y el pensamiento crítico

Lejos de “hacerlo todo por el alumno”, la IA puede ser una herramienta para:

  • crear historias
  • diseñar proyectos
  • explorar ideas
  • plantear preguntas
  • investigar temas nuevos

El profesor guía, el alumno imagina, y la IA se convierte en un puente entre ambos.

Inclusión y accesibilidad

Para estudiantes con dificultades de aprendizaje, la IA es una aliada poderosa:

  • convierte texto en voz
  • adapta contenidos
  • ofrece explicaciones más sencillas
  • permite aprender a su propio ritmo

La tecnología abre puertas que antes estaban cerradas.

Preparación para el futuro

Los niños de hoy vivirán en un mundo donde la IA será tan común como lo es hoy internet. Aprender a usarla con responsabilidad, criterio y ética es tan importante como aprender matemáticas o lengua.

Y eso solo puede hacerse con la guía de un profesor.

La supervisión docente: el corazón de todo

La IA no tiene valores, ni sensibilidad, ni intuición. No sabe cuándo un niño está triste, cuándo necesita apoyo, cuándo se frustra o cuándo necesita un reto mayor

Eso solo lo sabe un maestro.

Por eso, la IA en los colegios no es un sustituto, sino una herramienta que amplifica la labor docente. Un lápiz más. Una pizarra más. Un recurso más.

Conclusión

La Inteligencia Artificial puede mejorar la educación, hacerla más justa, más personalizada y más eficiente. Pero solo si se utiliza con criterio, con ética y con la mirada atenta del profesorado.

Porque la tecnología puede enseñar contenidos, pero solo un maestro enseña a pensar.

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Lula: radioterapia en un año decisivo

Naiara Galarraga – Brasil/España

Artículo literario-periodístico para revista Letras Hispanas por el Mundo

A veces, la política se detiene un instante y deja ver al ser humano que late detrás del cargo. Eso ocurrió esta semana en Brasil, cuando el presidente Luiz Inácio Lula da Silva, a sus ochenta años, inició un tratamiento preventivo de radioterapia tras la extirpación de una lesión de cáncer de piel. No hubo dramatismo, ni discursos solemnes, ni cámaras esperando a las puertas del hospital. Solo un hombre entrando a primera hora de la mañana en una sala blanca, silenciosa, para recibir una sesión de apenas dos minutos.

Quince sesiones en total. Tres semanas. Un gesto médico que, según su equipo, no alterará su agenda. Pero que inevitablemente abre una grieta de humanidad en medio del ruido político.

Lula salió del hospital como quien vuelve de un trámite inevitable, se colocó su ya habitual sombrero Panamá —ese que desde hace un mes oculta la cicatriz reciente— y siguió con su día. Más tarde, presidió un encuentro con rectores brasileños y africanos, hablando de educación, cooperación y futuro, como si la mañana no hubiera tenido un peso distinto.

La salud del presidente siempre ha sido un tema sensible en Brasil. No solo por su edad, sino por la historia que arrastra: un cáncer de laringe en 2011, una hemorragia cerebral en 2024 que obligó a una operación urgente, una prótesis de cadera, una intervención por cataratas, una tendinitis rebelde. Cada episodio ha sido narrado por su entorno con una mezcla de prudencia y voluntad de mostrar fortaleza. Lula, que ha sobrevivido a la cárcel, a la enfermedad y a la política más feroz, insiste en presentarse como un hombre en marcha, no como un anciano fatigado.

Y, sin embargo, esta nueva etapa médica llega en un momento especialmente delicado. Brasil votará en octubre. Lula ha dejado claro que quiere un nuevo mandato, el cuarto de su vida. Las encuestas lo sitúan ligeramente por delante del candidato de la derecha, Flávio Bolsonaro, en un país que sigue profundamente dividido. Si gana, terminará su mandato con 85 años.

La radioterapia preventiva no cambia el tablero político, pero sí añade una capa de realidad: detrás del líder, del símbolo, del candidato, hay un cuerpo que envejece, que se cansa, que necesita cuidados. Y eso, lejos de debilitar su figura, la humaniza.

En Brasilia, mientras el sol cae sobre los edificios modernistas, Lula continúa su agenda como si nada hubiera ocurrido. Pero el país mira de reojo, consciente de que cada gesto, cada aparición pública, cada palabra, tiene ahora un eco distinto. La política sigue su curso, pero la vida —esa que no entiende de campañas ni de encuestas— también.

Y quizá ahí reside la fuerza de esta historia: en recordar que incluso los gigantes de la política pasan por la misma fragilidad que cualquier ciudadano. Que el poder no inmuniza contra la enfermedad. Que la edad no se negocia. Que la salud, al final, es el territorio donde todos somos iguales.

Lula lo sabe. Brasil lo sabe. Y el calendario electoral avanza, implacable, hacia octubre.

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ESCRIBIR SIN DIPLOMA

Elspeth Gormley – España

Últimamente parece que para escribir hay que tener un diploma. Cursos, talleres, másteres, retiros, certificaciones…Y me parece bien, quien quiera hacerlos, que los haga.

Pero que no vengan a mirarte raro cuando dices: “Nunca he hecho un curso literario.” Porque hay gente que te observa y te mira , como si acabaras de caer del cielo en una nave oxidada. Como si escribir sin pasar por un aula fuese una excentricidad. Como si la creatividad necesitase permiso.

Pues no. La creatividad no se enseña. Se trae de fábrica. Se afina con la vida. Se despierta con los golpes, con las pérdidas, con los amores, con las calles, con los silencios.

Nuestros maestros —Alberti, Cortázar, Lorca, Hernández y tantos otros—no hicieron cursos literarios. No tenían diplomas. Tenían idioma, sensibilidad y una voz que ardía.

Yo tampoco he hecho ninguno. A unos gustará, a otros no. Pero escribo. Escribo porque lo necesito, porque me sostiene, porque me ordena. Eso no me lo enseñó ningún profesor: me lo enseñó la vida.

Y aquí quiero decir algo con claridad: me gustaría que nadie mirara a nadie por encima del hombro por no haber asistido a talleres literarios. Esa actitud es tan absurda como si quienes hemos pasado por la universidad miráramos al resto con prepotencia, como si el conocimiento solo valiera cuando viene con sello oficial. La literatura no funciona así. La sensibilidad tampoco.

Lo curioso es que muchos de los que presumen de cursos, de sentirse superiores por acumular talleres, no escriben mejor. Ni más claro. Ni más hondo. Ni más verdadero.

La técnica ayuda, sí. Pero la técnica sin alma es un mueble bien barnizado: bonito, correcto, vacío.

La literatura nace de otra parte. De un temblor. De una imagen que no te suelta. De una frase que te despierta. De una herida que pide voz. Eso no se aprende. Eso se vive.

Así que sí: que cada cual haga los cursos que quiera. Pero que nadie olvide lo esencial: la escritura no empieza en un aula. Empieza en el pecho.

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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-05-26 12:29:482026-05-26 16:27:13ARTÍCULOS – MAYO

ARTÍCULOS – ABRIL

Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.

Articulos

“Cada artículo es una mirada que busca entender lo que late bajo la superficie.”

COLABORADORES

Malen Alberdi – España
Ilka Oliva-Corado – Estados Unidos
Sergio C. Fangul – México/España
Elspeth Gormley – España
Ángel Medina Martos – España
Monika Zgustova – España

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Demasiado ruido, muy poca vida

Malen Alberdi — España

Vivimos rodeados de pantallas, notificaciones, mensajes, alertas, sonidos que no pedimos y conversaciones que no empezamos. La tecnología, que prometía hacernos la vida más fácil, ha terminado por ocuparla entera. Y lo más preocupante no es el tiempo que pasamos conectados, sino lo poco que nos queda para nosotros mismos.

La saturación digital no es un concepto abstracto. Es real. Es diaria. Es silenciosa. Y está agotando a una sociedad que ya venía cansada de otras cosas.

Nos levantamos con el móvil. Desayunamos con titulares. Trabajamos con correos que no paran. Vivimos pendientes de mensajes que llegan a cualquier hora. Y cuando por fin termina el día, en lugar de descansar, seguimos deslizando pantallas como si buscáramos algo que nunca aparece.

La hiperconexión nos ha robado algo esencial: la presencia.

Ya no miramos de verdad. No escuchamos de verdad. No conversamos de verdad. Estamos, pero no estamos.

Y lo más triste es que lo hemos normalizado. Hemos aceptado que la vida ocurra detrás de un cristal. Que la atención sea un bien escaso. Que el silencio incomode. Que la pausa parezca un fallo.

Pero no lo es. La pausa es necesaria. El silencio es necesario. La desconexión es necesaria.

No para ser más productivos. No para rendir mejor. No para “resetearnos”. Sino para volver a sentir.

Porque cuando desconectamos del ruido, conectamos con lo que importa: con la gente que queremos, con los lugares que nos calman, con los pensamientos que nunca escuchamos, con la vida que pasa sin pedir permiso.

No se trata de demonizar la tecnología. Se trata de ponerla en su sitio. De recuperar el control. De recordar que somos humanos, no dispositivos.

Quizá la pregunta no sea “¿cuánto tiempo pasamos conectados?”, sino “¿cuánto tiempo hace que no estamos realmente presentes?”.

Y tal vez la respuesta duela un poco. Pero también puede ser el principio de algo mejor.

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AYOTE EN RAPADURA

Ilka Oliva-Corado — Estados Unidos

A Milvia la entregaron a los doce años a un hombre de treinta seis que ya se había separado tres veces y tenía en total siete hijos. Era bien sabido que golpeaba a las mujeres con las que convivió y que cuando se cansaba de ellas solamente se iba y no volvía más, dejando a las madres y a sus hijos en el olvido total. Cliente habitual del bar Rojo, el único en el municipio. Sus borracheras no tenían ni día ni horario, pero eso al padre de Milvia no le importó porque el futuro yerno lo invitaba a los cutos[1] cuando se lo encontraba en el bar. 

El futuro conviviente, entonces arregló con su papá sin que su mamá ni ella supieran y este aceptó la dote de tres vacas y dos yeguas, diez quintales de máiz y dos de maicillo.   En su casa su madre nunca ha tenido ni voz ni voto, todo lo decide su papá entonces para cuando se enteró se puso a llorar porque así mismo le pasó a ella. La tomó de un brazo y la sentó en una silla y le explicó que llegaría un hombre que sería su esposo y que se tenía que ir a vivir con él, le dijo que esa primera noche iba a sufrir pero que tenía que sacar eso de su memoria porque no le iba a servir de nada tenerlo ahí, porque así era la vida de las mujeres. 

Milvia no entendió a qué se refería su mamá con eso. Dos semanas después llegó un hombre mayor que ella nunca había visto y se la llevó, ella lloraba porque no se quería ir, después intentó escapar, pero cada vez que llegaba a su casa su padre la iba a dejar de regreso, muy apenado y pidiendo disculpas. A Milvia recién le había bajado la primera sangre, no entendía porque un hombre se le subía encima y la lastimaba tanto, como si la odiara. Los padres que viven en el caserío El Tempisque, se sintieron orgullosos de que su hija viviera en una aldea. Mardo es de la aldea Escuinapa y sus padres le heredaron un pedazo de terreno cundido2 de piedras del tamaño de un estanque, allí construyó su casa de adobe de un solo cuarto y la cocina la hizo afuera con pedazos de lámina y tablas de lepa. 3

Milvia el primer hijo lo tuvo a los nueve meses y fue uno seguido de otro, a los dieciocho ya tenía cinco. Ella no fue la excepción, siguió el mismo patrón de crianza en el sistema patriarcal, como sus ancestras, amigas, vecinas… Hasta los dieciocho su mundo es su caserío, no conoce más allá de Comapa, jamás ha salido a la cabecera departamental, a lo más que ha llegado es a la aldea Guachipilín que es la última antes de llegar al cruce de El Amatón camino a la capital. Un día su conviviente no llegó a dormir, ni la siguiente noche, ni la otra, ni las demás.  Supo al mes, que este se juntó con una muchacha de quince años en una aldea de Chiquimula. La familia de Mardo la sacó de la casa y la fueron a entregar junto a sus hijos de nuevo a su padre. 

Su padre desde entonces la ha culpado del abandono de Mardo, porque ningún hombre deja a una mujer que sirva, le repite todos los días, despreciándola y restringiéndole la comida mientras que a su mamá la golpea por haber parido a una hija inservible. Milvia no le ha dicho a nadie porque cree que es normal que Mardo al igual que su papá también le pegaba y mucho más cuando llegaba borracho.  Milvia siendo la mayor y la única mujer de once hermanos, desde temprana edad comenzó a trabajar el barro, ayudando a su mamá en la elaboración de comales, ollas y jarros que venden los jueves y los domingos al pie del palo de mango que le da sombra a La Pilona, en el parque central de Comapa.  Nunca fue a la escuela porque las tareas en la casa siempre han sido infinitas, en cambio a sus hermanos sí los pusieron a estudiar, su papá dijo que los varones son los inteligentes y que las mujeres solo sirven para parir y para el oficio doméstico. Pero la venta no alcanza para la alimentación de trece en casa de sus padres más sus cinco hijos, su padre que trabaja de mozo en una finca lechera tampoco gana lo suficiente. 

Su madre que fue al Centro de Salud regresa con la noticia de que le tiene trabajo en la capital, una enfermera le consiguió de empleada doméstica en una casa en la Zona 15. Así es como Milvia deja a sus cinco hijos al cuidado de su mamá y viaja a la capital con tres mudas de ropa en una bolsa de nailon, un par de zapatos y un monedero donde lleva solamente lo del pasaje junto con un rosario bendecido con agua de la Iglesia del Señor de Esquipulas que compró un día de mercado. El trabajo es de viernes a sábado, tiene el domingo libre. No sabe nada de encerar pisos, cubrecamas, estufas con horno, cocinas con gabinetes, aspiradoras, de extractor para jugos. Cafeteras eléctricas, tostadoras de pan, lavadora y secadora de ropa.  Son tres trabajos en uno, cuidar a un recién nacido, limpiar la casa y cocinar. Y así se le van pasando los años, ya van quince yendo un domingo al mes a ver a sus hijos, los otros tres trabaja de mesera en una taquería en el mercado La Terminal. 

Pero este domingo es especial, porque por primera vez tiene vacaciones, le dieron una semana, aunque no es la de Semana Santa, pero son siete días para pasar con sus hijos.  Pero hará que esa semana sea la Semana Santa para ellos, los llevará a conocer la cueva de Andá Mirá, a que conozcan la cabecera departamental y también irán a comer pollo frito y a conocer la iglesia del Señor de Esquipulas, para que bendigan los rosarios que comprarán. Se llevará a su mamá con ellos, porque se merece todo, aunque es muy poco lo que ella le puede dar, el tiempo es lo que han tenido en contra siempre y la economía que los obliga a vivir con tantas limitaciones.  

El Tempisque queda más allá del pueblo, tiene que caminar varios kilómetros en calle de terracería donde va encontrándose con los cercos de alambre de púas incrustados en los árboles de jiote. Es época de calor, la quebrada está seca, también los ojos de agua, abundan los remolinos en las polvaredas, tragando polvo y tosiendo va disfrutando la vista de los palos de jocote rojo, de la flor de izote, de los matasanos y la manzana rosa. Es el tiempo de los mangos tiernos y de los jocotes de febrero. Pero hay algo que Milvia extraña más que los pishtones 4 que echa 5 su abuela y la mantequilla de costal 6 que hace su mamá, es el ayote en rapadura7 que hacen juntas con su abuela, sus tías y su mamá, cuando también hacen los tamales de viaje y preparan las pacayas y el pescado seco para hacerlo envuelto en huevo, cuando la familia se une y la vida les sonríe. 

Llena de polvo Milvia va asomando, pasa por debajo de la enredadera de buganvilias que se entrelazan con las del güisquilar que siguen su camino hacia las ramas del aguacate y el matasano que su mamá sembró cuando recién se casó. Un olor dulzoso que sale desde la cocina la abraza, la acaricia, la arrulla y le da refugio en su regazo, es el aroma de la rapadura hirviendo en una de las ollonas de barro de su mamá, es el ayote impregnándose de la miel de la caña, de la leche materna que la amamantó, de la tierra que la añora y la recibe emocionada cada vez que llega, son sus hijos saliendo encarrerados a encontrarla con un ramo de flores silvestres y fresco de masa. Son sus tías preparando la masa para los tamales de viaje, es su abuela saliendo de la cocina con las manos palmeando un pishtón y gritándole emocionada: “ingrata, el fuego me avisó que venías”. 

Es todo, es todo lo que no tiene la capital. 

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GONZALO CELORIO -PREMIO CERVANTES

Sergio C. Fangul — México/España

 “La lengua española no fue la lengua de la conquista, sino la de la independencia”

El escritor mexicano de raíces asturianas comparece en Madrid, y reflexiona sobre la mezcla de géneros y la literatura del yo

“Es desde Cervantes y gracias a él que los géneros se han mezclado hasta la promiscuidad. Han dejado de ser compartimentos estancos y eso a mí me encanta”, dijo Gonzalo Celorio, último premio Cervates, escritor de múltiples géneros, pero también editor, profesor, crítico, bibliófilo, factótum del libro: su palabra favorita es “palabra”.

Entró Celorio (Ciudad de México, 78 años) con bastón y cara de buena persona, bigote blanco y ojos claros, con la voz “un tanto disminuida”, dijo. Le acompañaban el director del Museo Reina Sofía, Manuel Segade (“Esto es una invitación al diálogo entre la palabra y la imagen”, explicó al presentar), y María José Gálvez, directora general del Libro, el Cómic y la Lectura, que recordó a la recientemente fallecida Beatriz de Moura, editora de Tusquets. Fue esta la editorial del premiado desde su primera novela, Amor propio, publicada en 1992. “De Moura abrió las letras españolas al mundo y abrió el mundo a las letras españolas”, explicó el mexicano.

Tuvo el autor una profunda reflexión sobre los géneros y la literatura del yo, la que más ha practicado. “Se piensa que la literatura del yo es una literatura de la expresión lírica, pero yo creo que ha ampliado sus fronteras”, dijo. Recordó la figura de, Michel de Montaigne considerado creador del género del ensayo, que ensayaba sobre sí mismo, que era al mismo tiempo sujeto y objeto de la escritura. Y Celorio rememoró la definición del ensayo del polígrafo mexicano de Alfonso Reyes, como un “centauro” entre géneros: “Tiene una parte de dominio intelectual, pero también tiene una parte imaginativa y pasional, donde el yo se expresa”. También hay yo, por supuesto, en el género de la memoria; como también en la crónica: “Sin yo, la crónica es historia”, dijo el premiado.

La literatura de Celorio es una centrada precisamente en la memoria, sobre todo melancólica. Ha descrito sus libros como “novelas memoriosas”, donde, reconociendo lo engañoso del recuerdo Ese montón de espejos rotos,se titulan, como un verso de Borges, sus memorias publicadas por Tusquets), se adentra en el borroso territorio del pasado familiar y literario para generar nuevos relatos. “Se me cuela el yo por todos los intersticios de la escritura para hablar de mi familia”, aduce el autor y es el propio Celorio —su memoria— lo que hace de hilo conductor entre todas sus novelas, al tiempo que traza una imagen del México moderno.

“Lo que es excepcional es la presencia del yo en el ejercicio novelístico: siempre ha sido considerada la novela, desde el precedente género épico, como la conquista de la tercera persona”, subrayó. Y recordó esos fragmentos de la obra de Homero en los que el poeta griego se cuela en la narración para exhortar a Aquiles o a Héctor a hacer tal o cual cosa o embarcarse en tal o cual batalla. Sin embargo, la mezcla de géneros y la proliferación del yo sucede sobre todo cuando llega Cervantes y comienza la hibridación y la citada “promiscuidad”.

El premio también parece muestra de cierta reconciliación político-cultural entre España y México después de un enfriamiento de las relaciones cuando el entonces presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador reclamó en 2019 una disculpa oficial por los excesos de la conquista española. Los últimos premios Princesa de Asturias, además, reportaron dos galardones para México: el de la Concordia, para el Museo Nacional de Antropología, y el de las Artes, a la fotógrafa Graciela Iturbide. La exposición La mitad del mundo. La mujer en el México indígena, que se distribuyó por varias sedes madrileñas, tuvo gran acogida institucional.

Celorio opina que la petición de un perdón por parte de España fue un “despropósito”. Fue “anacrónica”, por juzgar que no se puede solicitar un perdón por lo que sucedió hace tantos siglos, cuando ni siquiera existían los estados como existen ahora, y cuando ya había violencia en las propias sociedades indígenas; y también “retro tópica”, por juzgar aquellas sociedades indígenas como una especie de utópico paraíso perdido, sin atender a su realidad. Según señaló, la lengua española no se utilizó para conquistar, porque los evangelizadores aprendieron para ello las lenguas indígenas: “En realidad, la lengua española no fue la lengua de la conquista, sino la de la independencia”.

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EL CANSANCIO EMOCIONAL: EL PESO INVISIBLE DE NUESTRO TIEMPO

Elspeth Gormley — España

Hay un cansancio que no se ve, pero se nota. Un cansancio que no se cura durmiendo, ni con vacaciones, ni con un fin de semana sin planes. Un cansancio que no tiene nombre oficial, pero que todos reconocemos cuando aparece: el cansancio emocional.

No es tristeza. No es depresión. No es apatía. Es otra cosa.

Es ese agotamiento silencioso que sentimos cuando llevamos demasiado tiempo sosteniendo más de lo que podemos. Cuando la vida nos pide una energía que ya no tenemos. Cuando la mente va por un lado, el cuerpo por otro, y el alma intenta no quedarse atrás.

Vivimos en una sociedad que exige presencia constante, respuestas inmediatas, productividad sin pausa. Una sociedad que confunde disponibilidad con compromiso, rapidez con eficacia, ruido con vida. Y en medio de todo eso, la gente se cansa. Se cansa por dentro.

El cansancio emocional aparece cuando:escuchamos más de lo que podemos sostener, damos más de lo que recibimos, nos exigimos más de lo que sentimos, fingimos estar bien para no preocupar a nadie, vivimos acelerados sin saber por qué no encontramos un espacio real donde respirar

Y lo más duro es que este cansancio no se nota desde fuera. La gente sigue trabajando, sigue cuidando, sigue respondiendo mensajes, sigue cumpliendo. Pero por dentro… por dentro hay un peso que no se aligera.

La buena noticia es que este cansancio tiene cura. Y no es una cura rápida, ni mágica, ni espectacular. Es una cura humana.

Se cura con: silencio ,límites, pausas, verdad, espacios propios, conversaciones sinceras, momentos sin exigencia y un poco de ternura hacia uno mismo

No necesitamos ser fuertes todo el tiempo. No necesitamos poder con todo. No necesitamos estar disponibles siempre.

A veces, lo más valiente es decir: “Estoy cansada. Necesito parar.”

Porque el cansancio emocional no es un fallo. Es un aviso. Un recordatorio de que somos humanos, no máquinas. De que sentir también cansa. De que vivir también pesa. Y de que cuidarnos no es un lujo: es una forma de seguir

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EL HOMBRE ENCHUFADO

Ángel Medina Martos — España

El hombre es un ser complejo, pues conviven en él diversas personalidades. Está la que él muestra y cree tener y que le acompaña a diario. La de su propia máscara.  La del actor que interpreta un papel. En boca de Balzac, fingimiento, comedia, rutina.  También, la  del que desearía ser- de forma más o menos consciente-, sueño, proyección, según Calderón.  Y  la que de él percibe los otros. Así, pues ¿cuál es la real? ¿Vivimos o somos vividos, como decía Freud?

Hay hombres  que agonizan en su propio desierto. El oasis está próximo, tan cerca que ni siquiera lo perciben, pues está dentro de ellos. Bastaría con que prestasen atención a la voz interior para que la máscara fuese derritiéndose.

Y sin embargo, prefieren convivir con el anonimato. No el anonimato de lo escondido y lo humilde, sino en el del oscurantismo autoimpuesto, quizá por aquello de que es mejor ignorar que comprometerse. Por eso, la sociedad corre el riesgo  de caminar hacia una nueva versión del hombre. El hombre anónimo. El hombre desesperanzado. El hombre aturdido que no razona  por él sino que lo hace movido por un impulso ciego que proviene de la información almacenada desde el exterior, bien sea la que acumula de  lecturas que no asimila, o el bombardeo constante de los medios de comunicación. Y siéndole más cómodo no complicarse, vacía su pensamiento, teniendo como todo juicio la ausencia del mismo. Todo lo cual le lleva a desvincular la realidad con su yo auténtico, entreteniéndose con sustitutos externos para evadirse, obteniendo el ruido como silencio. 

¿Quién es este hombre?

El retrato robot puede servir de carta de presentación.

Busca la compañía solitaria o la incomunicación acompañada por una multitud invisible, con la diferencia que puede oírles e incluso verles, pero no tocarlos. Es lo que el aliento a la voz: palabras ahuecadas que se llevan las ondas y aterrizan en múltiples partes. De lo personal a lo colectivo y de la masa a la soledad. En el fondo es lo que busca: el descompromiso. La desconexión de sí mismo, anclado en un multiplicador, rehuyendo cualquier nudo gordiano que le ate a su yo, sujeto a infinidad de hilos, con la facilidad de poder deshacerlos apretando un simple botón; mejor aún: dejando de oprimirlo.

Es el modernismo del momento.

Este hombre no gusta de enfrentarse consigo. Se asemeja a una suerte de huésped cuya alma es presa de su envoltorio, sin alcanzar a obtener consciencia de ella misma.

Entre la percepción de lo que debe ser y lo que han elegido los otros, no permite que desde el exterior penetre en su interior aquello que le pueda empujar a la reflexión. A querer entendérselas con su propia identidad,  y todo lo que le pueda hacer discernir acerca de quién es realmente es relegado de inmediato y ocupa su lugar lo banal, lo efímero, lo que teje el entretenimiento sin más moraleja, abonándose a lo ramplón y a lo insulso, viniendo a ocupar su mente el cosmos universal  que proviene de sus proveedores de ideas. Y a base de no  cavilar, uno de los hemisferios de su cerebro se va atontando, obnubilando, a la usanza de las maquinitas  aritméticas, que con tanto uso, el que la soba acaba por perder cualquier facultad de cálculo personal y  termina contando con los dedos. Todo lo cual abona aquel  slogan  de un anuncio de detergentes, tan desafortunado en su expresión como afortunado por la realidad: “usted no piense, nosotros lo hacemos por usted.”

Así, con el tiempo acaba convirtiéndose en parte de la robótica social. Y por mucha precisión que pueda tener un engendro, es bien sabido que carece de sensibilidad al adolecer  de alma. ¿Dónde situar lo anímico si ni siquiera tiene constancia de ello? ¿Dónde la racionalidad, cuando no gasta neuronas?

Él, animal como el resto de las criaturas, progresivamente va haciendo algo revolucionario: alterar su naturaleza. Pues, en tanto que una fiera es incapaz de abandonar su estado primitivo, sin embargo él puede modificarla sustancialmente, y alejándose de su ser persona, deteriorar su sensibilidad progresivamente por el vaciamiento de los sentidos, convirtiéndose en un hombre no-pensante, sin religamiento a lo superior, terminando en unser tele-dirigido.

Por eso, se enchufa a una cosa llamada sistema operativo, convirtiéndose al final en una especie de parte del cableado al más puro estilo “Matrix” y como último invento al “Whatsapp”  (= ¿qué es esta aplicación?). A cualquier hora del día y de la noche es necesario estar conectado para ser.

Desconectar para conectarse. That is the question. No prestar tal grado de atención, que se convierte en adición a los modernos medios de interrelación social; tener espacios para poder regar la mente con agua que  obre el milagro de producir semillas de pensamientos de mayor calado;  desechar tanta información desinformadora que terminan por embotar el conocimiento.

Y más allá de ello, después de ponerlo en práctica, preguntarse. Sí, preguntarse.  Doblemente. Primero, interpelándose  con aquélla frase de los Beatles” ¿Qué hace un chico como yo en un lugar como éste? O lo que vendría a ser lo mismo: ¿Puedo ser yo mismo, dejándome sustituir por los demás? Y luego, vaciado de lo de fuera y acongojado por lo que vislumbra  dentro, decirse: “¿Hacia dónde dirigir mi razón y mi voluntad para recuperar el rumbo? De lo limitado a lo infinito. El cielo como montera.

Por ello, se impone recuperar el “yo” perdido y abandonar tantas  clavijas. De no hacerlo es muy fácil caer en la definición de hombre masa. Y lo peor de todo, sentirse. ¿Eres? ¿Somos? La medida está en la dependencia a las conexiones.

✺ — ✺ — ✺

CUANDO LA SOCIEDAD TOLERA EL MAL
Monika Zgustova — España

Crecí en la Praga comunista, donde a mi padre lo detuvieron y torturaron varias veces por su actividad disidente. Mi madre, en cambio, intentaba protegernos haciendo pequeños gestos de conformidad, como poner banderas en las fiestas oficiales. En ellos veía las dos actitudes que surgen cuando un país cae en el autoritarismo: unos pocos se rebelan; la mayoría se acomoda o colabora.

Años después, ya como estudiante en Estados Unidos, pasé un tiempo en la Argentina de la dictadura militar. Allí reconocí el mismo clima: miedo, resignación, cafés vacíos y una sociedad que había aceptado a los militares esperando orden y seguridad. Yo misma fui expulsada del país por cuestionar a un militar, lo que confirmó mi impresión de una comunidad que prefería no mirar el horror.

Más tarde entrevisté en Moscú a mujeres que habían sobrevivido al gulag. También allí se repetían las dos posturas: algunas se rebelaban aun a riesgo de morir; la mayoría obedecía para evitar castigos. Curiosamente, sobrevivieron más las valientes que las sumisas. Lo mismo ocurría en los campos nazis, donde mujeres como Milena Jesenská mantenían una libertad interior que las guardias no podían quebrar.

En la Rusia actual he visto cómo personas que antes defendían la memoria histórica han terminado minimizando los crímenes del pasado. “Se cansaron de pertenecer a la minoría”, me dijeron.

En Estados Unidos, donde viajé durante décadas, observo una pasividad parecida: muchos no reaccionan ante el deterioro democrático porque se sienten paralizados por los cambios bruscos. Confían en que “esto no puede durar”, mientras lo impensable se vuelve cotidiano.

Recuerdo que Václav Havel, tras la caída del comunismo, elogió a quienes resistieron y reprochó a la sociedad su complacencia, que permitió cuarenta años de tiranía. Esa misma inacción amenaza hoy a otros países.

Los autoritarios se alimentan de la apatía y del entretenimiento que adormece a la población. Por eso, en lugar de cerrar los ojos, deberíamos imaginar cómo sería nuestra vida dentro de unos años si permitimos avanzar al autoritarismo. Ese ejercicio debería impulsarnos a actuar antes de que sea demasiado tarde.

https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png 0 0 le-administrador https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png le-administrador2026-04-23 19:48:482026-04-23 19:48:49ARTÍCULOS – ABRIL

ARTÍCULOS – MARZO


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Articulos-1

“Miradas que profundizan. Voces que interpretan.”


COLABORADORES – ARTÍCULOS

  • Domínguez Iñigo – Italia
  • Corado Ilka Oliva – Estados Unidos
  • Gormley Elspeth – España
  • Martínez Alonso – Estados Unidos
  • Montero Rosa – España
  • Peyro Ignacio – España

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EL VATICANO

Domínguez Iñigo – Italia

Roma y el Vaticano hacen el vacío a los sermones de Peter Thiel sobre la llegada del anticristo

El dueño de Palantir, mentor de J. D. Vance y gurú ultra tecnológico, imparte un seminario en Roma entre la indiferencia de la política y la irritación de la Santa Sede

Presentarse en Roma, a dos pasos del Vaticano, para anunciar la llegada del anticristo es una empresa ambiciosa incluso para Peter Thiel, magnate de Silicon Valley, dueño de Palantir y gurú de la ultraderecha estadounidense. Tras sus charlas exclusivas en San Francisco y Tokio, aterrizó en la capital italiana para un seminario secreto de cuatro días —El Anticristo bíblico— con la intención de seducir a las élites. Pero Roma, lejos de rendirse al espectáculo, le ha hecho el vacío. De tan exclusivo, el evento ha acabado pareciendo una reunión de apestados.

La política italiana ha huido en estampida: con la guerra en Irán y un referéndum decisivo a la vuelta de la esquina, nadie quiere fotos con un visionario trumpista que anuncia el apocalipsis. Meloni atraviesa uno de sus peores momentos y no está para iluminados. Y aunque Palantir sea un actor clave en la seguridad estadounidense, eso no basta para abrir puertas estos días.

Thiel, que se considera filósofo y profeta, defiende que la libertad es incompatible con la democracia y que una élite tecnológica deberá dirigir el mundo tras vencer a la globalización y la inmigración. Ya tuvo un pie en la Casa Blanca de Trump y ahora cuenta con la cercanía del vicepresidente J. D. Vance. En Roma promete revelar quién es el anticristo el último día; de momento solo ha insinuado que Greta Thunberg sería uno de sus legionarios.

El Vaticano tampoco ha disimulado su irritación. Ve en Thiel una intromisión del ultracristianismo made in USA, empeñado en influir en la Santa Sede. El Papa, sin citarlo, lanzó un dardo el mismo día del inicio del seminario: “Dios no puede ser reclutado por las tinieblas”. Para Thiel, León XIV es un “Papa woke”, sobre todo por sus advertencias sobre la inteligencia artificial, el fetiche del magnate.

El secretismo del evento no impidió que se filtrara su ubicación: el palacio Taverna. El primer día solo aparecieron figuras menores de Hermanos de Italia y la Liga. Ni rastro de altos cargos. Hubo incluso misa en latín en un templo tradicionalista, aunque Thiel no se dignó a asistir. La anfitriona fue la asociación ultraconservadora Vincenzo Gioberti, después de que se desmintieran rumores sobre la participación de instituciones pontificias.

Roma, en suma, ha preferido mirar hacia otro lado. Ni la política ni la Iglesia han querido avalar a un profeta tecnológico que llega anunciando el fin del mundo y buscando discípulos. Esta vez, su aura de exclusividad ha funcionado justo al revés.

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TAMALITOS DE LOROCO

Corado Ilka Oliva – Estados Unidos

El anuncio de la tormenta invernal hizo que la gente corriera a los supermercados a abastecerse, Lupita no fue la excepción. Compró lo habitual, sus verduras para sus ensaladas, arroz, dos libras de costilla porque el caldo no puede faltar en los días de tormenta, pan dulce porque no podría tomar café sin su pedazo de pan al lado. El otro día hizo sopa de lentejas con espinaca y también tortitas de carne con berro, no le gusta cómo luce la acelga en ese lugar, apagada y sus hojas marchitas, no le dan ganas de cocinarla así. Porque para ella la memoria de las hojas de acelga tiene la frescura de la tierra fértil de la aldea El Calvario, donde creció.

Ya lleva todo en la canasta, su piña que parte en rodajas y las cáscaras que las pone a hervir con canela y pasa tomando el agua como té durante la nevada. En la tormenta pasada le dio por hacer pan, se discutió unos panes galanes que hacen en su aldea para Semana Santa. Aunque claro, un horno de estufa jamás tendrá parecido con el horno de leña en el patio de la casa de su infancia. No están sus hermanas, ni su mamá ni su abuela, no están las tías, no tiene a quién preguntarle cuánto de sal, si la masa ya está en su punto, o si el horno necesita más leña, pero hacer el pan la hace mantener la memoria viva de las tardes bañadas de luz que espera que un día conozcan sus hijos, cuando los tenga, porque quiere tener cuatro.

Va buscando los tamalitos de elote que llegan congelados desde El Salvador, se los come con leche, como en su infancia. Aunque a veces también se los come con crema y queso fresco. Cuando hace atol de elote le toca echarle un poco se harina de máiz o maicena, porque se le corta porque los elotes están muy tiernos, pero no hay cómo conseguirlos más sazones. El atol le gusta dejarlo cuajar y al siguiente día cortarlo con leche, como lo hacía su abuela porque así le enseñó su abuela a hacerlo.

Abre el congelador y agarra la bolsa de seis tamales, si comprara la de veinticuatro no tendría dónde ponerla. Enfrente están los congeladores llenos de frutas, hojas y comida que llega desde toda Latinoamérica. Siempre se encuentra las bolsas de jocote rojo de febrero que cuestan un ojo de la cara, un ojo de la cara a cambio de doce jocotes por bolsa. Es un crimen, siempre alega con ella misma, lo mismo del precio de los tamales de elote. Si le contara a su abuela lo que cuesta el manojo de las hojas de banano le diría que se regrese inmediatamente, que qué anda haciendo tan lejos buscando lo que no ha perdido.

La historia de Lupita es como la de muchas adolescentes que creen estar enamoradas perdidamente y que en la efervescencia de la alucinación dejan todo atrás siguiendo al que más tarde les va a desdichar la vida. No lo supo ver con dieciséis años, solo pensó que junto a su novio podrían hacer una vida juntos lejos de todos, porque nadie aceptaba su relación con un hombre de cuarenta y seis, separado y con seis hijos. Ahora que tiene veinticinco y después de haber vivido nueve años con un alcohólico violento que le pegaba todos los días entiende por qué su familia se oponía. Se escapó con él y no dio tiempo a que lo metieran preso por abusador de menores.

Recién lo acaba de dejar y renta un estudio con un balcón que tiene como vista la pared de atrás de un edificio de cincuenta apartamentos. Sabe que se reconstruirá, que podrá ponerse de pie y que continuará caminando, conociendo, experimentando y dándose la oportunidad de respirar con calma y en paz. Ahora está aprendiendo poco a poco lo que es el amor propio, lo que significa disfrutar de su propia compañía, su ser interior, de la inmensidad de sus sueños y a cuidarse como cuidaba las flores del jardín en la casa de su infancia. Porque es un crisantemo, se dice siempre cuando se ve al espejo. Los crisantemos dobles que sembraba en los surcos de la parcela de sus padres a los que cuidaba con dedicación y ternura.

Junto a las bolsas de jocotes encuentra recién llegadas las bolsas de flor de pito, chipilín y loroco, todo producto guatemalteco. El alma se le va en vilo y no la puede alcanzar, siente su corazón acelerarse, le hace falta el aire. El loroco siempre lo cortó en casa de sus abuelos paternos, en el oriente guatemalteco. Allá conoció las parcelas llenas de palos de limón, los palos de mango enormes como ceibas. La manzana rosa, las quesadillas de arroz, el queso seco y las tunas rojeando entre los zacatales secos del desierto al pie de la Sierra de Las Minas.

Inmediatamente agarró cuatro bolsas, tomó harina de máiz salpor, un rollo de tusas y con urgencia llegó a su casa a preparar los tamalitos de loroco. Mientras estos hervían, agarró su taza de café y se sentó en el balcón a ver la nieve caer. Su nido huele de pronto a monte, mango tierno, chico zapote, a paternas y a los pomelos maduros al pie de los palos de jocote marañón.

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CUANDO LA HISTORIA SE OLVIDA

Gormley Elspeth – España

Vivimos en un tiempo en el que la inmediatez lo ocupa todo. La juventud —y no solo la juventud— se mueve entre pantallas, estímulos rápidos y una sensación de presente continuo que deja poco espacio para mirar hacia atrás. No es una crítica generacional, sino un síntoma de época: la historia se percibe como algo lejano, ajeno, casi decorativo.

Pero cuando la historia se desconoce, la sociedad pierde una de sus herramientas más valiosas: la capacidad de prever.

La historia no es un libro viejo. La historia no está para memorizar fechas, sino para entender patrones.

Cada conflicto, cada crisis, cada avance y cada retroceso deja señales. No son advertencias dramáticas, sino lecciones prácticas: qué funcionó, qué fracasó, qué decisiones tuvieron consecuencias que nadie vio venir.

Cuando una sociedad ignora su pasado, repite errores que ya estaban escritos. No por falta de inteligencia, sino por falta de memoria. El riesgo de empezar siempre desde cero

Una generación que no conoce la historia cree que todo empieza con ella. Y eso tiene un coste: se confunden problemas nuevos con problemas antiguos, se repiten discursos que ya demostraron su ineficacia, se idealizan soluciones que antes fracasaron, se subestiman riesgos que ya fueron advertidos

No es culpa de nadie en particular. Es el resultado de un mundo que privilegia la velocidad sobre la profundidad.

Tenemos la responsabilidad de transmitir, porque. La historia no se hereda sola.

Hay que contarla, explicarla, contextualizarla. No desde la nostalgia, sino desde la lucidez.

No se trata de imponer una visión del pasado, sino de ofrecer herramientas para entender el presente. Una sociedad que conoce su historia no es más culta: es más resistente, más crítica, más difícil de manipular.

La historia no es un museo: es un mapa. Y un mapa no sirve para mirar, sino para orientarse. Cuando una generación lo pierde de vista, toda la sociedad camina a ciegas.

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LOS DESMANES DE EL ICE

Martínez Alonso – Estados Unidos

El ICE mantiene detenida a la periodista colombiana Estefany Rodríguez pese a que un juez ordenó su libertad bajo fianza

El Comité para la Protección de los Periodistas exige la liberación de la reportera arrestada el 4 de marzo: “Rodríguez debe ser puesta en libertad sin demora”

La periodista colombiana Estephany Rodríguez, permanece bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) pese a que un juez de inmigración ordenó su liberación bajo fianza el lunes, luego de que las autoridades migratorias apelaran la decisión. Rodríguez, reportera del medio en español Nashville Noticias, fue arrestada el 4 de marzo cuando se encontraba con su esposo en un vehículo identificado con el logotipo del medio. De acuerdo con testimonios recogidos por su defensa, agentes migratorios en vehículos sin identificar la rodearon y la detuvieron, en un operativo que sus abogados califican como dirigido y no rutinario.

Aunque un juez de inmigración le concedió una fianza de 10.000 dólares el 16 de marzo, las autoridades migratorias decidieron apelar la decisión ese mismo día, lo que ha mantenido a la periodista bajo custodia en un centro de detención en Luisiana. La situación ha complicado su defensa legal, especialmente tras días sin comunicación con su equipo. “Es una situación muy difícil cuando intentas defender sus derechos como periodista”, dijo su abogado Joel Coxander a la prensa.

La defensa también ha denunciado condiciones de detención preocupantes. Coxander afirmó a Nashville Noticias. que su clienta ha sido sometida a “un trato inhumano y duro”, mientras que documentos judiciales describen que fue aislada durante varios días y sometida a procedimientos que habrían afectado su salud.

Por otra parte, los abogados sostienen que Rodríguez fue detenida sin una orden judicial válida y que existen inconsistencias en los documentos presentados posteriormente por el Gobierno. Además, argumentan que la detención constituye una represalia por su trabajo periodístico, particularmente su cobertura de operativos del ICE.

“El caso de Estefany es importante no porque sea único, sino porque pone de relieve la represión cruel y violenta contra nuestros vecinos en el marco de la actual política de deportaciones masivas contra la que hemos estado luchando”, declaró Coxander.

Rodríguez llegó a Estados Unidos en 2021 tras huir de Colombia, donde recibió amenazas de muerte relacionadas con su labor periodística. Desde entonces, solicitó asilo y obtuvo un permiso de trabajo válido hasta 2029. También inició recientemente un proceso para obtener la residencia permanente tras casarse con un ciudadano estadounidense. Su caso de asilo sigue pendiente.

Las autoridades migratorias, por su parte, sostienen que la periodista incumplió condiciones de su estatus migratorio al no asistir a citas programadas. Sin embargo, su familia y defensa aseguran que una de las citas coincidió con una tormenta de hielo que paralizó Nashville, y que posteriormente fue reprogramada por la misma agencia. “Nuestras familias deben estar unidas, y este sistema migratorio defectuoso ha causado un profundo daño a miles y miles de familias en todo el país”, dijo su esposo, Alejandro Medina a la prensa

Diversas organizaciones internacionales han reaccionado al caso. El Comité para la Protección de los Periodistas instó a su liberación inmediata y expresó preocupación por el monto de la fianza y la demora en ejecutarla. “Nos alegra saber que, en la audiencia de fianza, se ordenó la puesta en libertad de Estefany Rodríguez, que se encontraba bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, pero nos preocupa que el importe de la fianza sea inusualmente elevado. Se debe permitir que su equipo pague la fianza de inmediato y Rodríguez debe ser puesta en libertad sin demora”, afirmó Katherine Jacobsen, coordinadora del programa del CPJ para Estados Unidos, Canadá y el Caribe, en un comunicado.

La organización fue más allá al advertir sobre un patrón más amplio: Departamento de Seguridad Nacional.y sus organismos dependientes se están utilizando cada vez más para coartar los derechos amparados por la Primera Enmienda, incluida la libertad de prensa. La detención de Rodríguez es el último ejemplo de una tendencia preocupante”.

De igual forma, Reporteros Sin Fronteras (RSF) denunció que el caso ilustra los riesgos que enfrentan los periodistas migrantes en Estados Unidos: “Una vez más, agentes del ICE han detenido a una periodista que cubría sus actividades. Es probable que la detención y el encarcelamiento de Estefany Rodríguez sean ilegales y constituyan un ejemplo escandaloso de los peligros a los que se enfrentan los periodistas que cubren temas de inmigración en este país”.

El arresto de Rodríguez se produce en medio de una ofensiva de deportaciones intensificada por la Administración Trump, en la que periodistas que cubren estas políticas podrían estar siendo objeto de escrutinio o represalias. Uno de los casos más difundidos es el del periodista salvadoreño Mario Guevara, detenido y posteriormente deportado tras cubrir protestas migratorias.

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LEPROSO

Montero Rosa – España

Se trata de una dolencia mítica, de un mal que se ha confundido durante siglos con el Mal como si tuviera algo demoniaco

Leproso. Qué brutalidad de palabra. Primero porque secuestra despectivamente a la persona bajo el nombre de una enfermedad, como si todo en ese individuo estuviera borrado por su padecimiento (no decimos canceroso, por ejemplo), y después porque se trata de una dolencia mítica, de un mal que se ha confundido durante siglos con el Mal como si tuviera algo demoniaco, de modo que las pobres víctimas del bacilo de Hansen (ese es el nombre técnico) no solo soportaban una dolencia atroz (dolorosa, deformante, mutiladora) y que fue incurable hasta 1981, sino que, por añadidura, sufrían un maltrato social espezlunante: han sido apaleados, perseguidos, expulsados del mundo, encerrados para siempre. Leproso. Un término traspasado por el sufrimiento.

“Mi padre estuvo enfermo de lepra”, me escribió hace poco una lectora, Lola Campos. Unos meses antes de morir, el hombre redactó unas pocas páginas autobiográficas y le pidió a Lola que terminara su libro si él no podía. Han tenido que pasar 30 años para que ella cumpliera el mandato paterno, pero ahora lo ha hecho y lo ha sacado en Universo de Letras, la plataforma de autopublicación en Planeta. Se titula Nuestro Dios privado y es un tex.to poderoso y alucinante, un testimonio insólito que merecería mayor difusión.

Todo empezó en 1962, cuando Juan Campos, un profesor de Latín e Inglés de 29 años residente en Málaga, casado, con un embarazo en marcha, acudió al médico porque estaba muy fatigado. Tras una batería de pruebas, el conmovido doctor dictó sentencia: “Hijo, tienes lepra. Tienes que abandonar tu trabajo, tu familia y tu vida para siempre, e internarte en la leprosería de Trillo (Guadalajara). Has de hacerlo antes de 15 días o si no irá la Guardia Civil a llevarte”.

El horror que este diagnóstico provocaba se intuye en el hecho de que tanto la esposa como sus suegros le apoyaron, pero su propia madre lo repudió y lo echó de casa. Llegó Campos a Trillo en un marzo helador; nada más atravesar la cancela del recinto vio el cementerio, y pensó: “De aquí no salgo ni muerto”.

Pero sí salió, seis años después, porque los nuevos antibióticos rebajaban de tal modo la carga del bacilo que la enfermedad ya no era contagiosa. En 1968 regresó a su vida, aunque cada año tenía que pasar un mes en el hospital. Siguió teniendo hijos, hasta sumar nueve; cambió de trabajo y se hizo contable. En 1981 se descubrió que administrar un cóctel de tres fármacos durante un año acababa con la enfermedad, y desde esa fecha la OMS proporciona gratuitamente el tratamiento a quien lo precise. Así que la lepra se cura, pero Lola no lo ha sabido hasta ahora, cuando se ha puesto a investigar para escribir el libro. Leyéndolo adviertes que, bajo una apariencia de normalidad, la vida que llevaban era bastante rara. Los niños sabían lo de la lepra y tenían ir a Sanidad todos los años para hacerse dolorosas pruebas, con cortes en la oreja y raspaado de heridas (salían todos llorando, cuenta Lola), pero de eso no se hablaba nunca, hasta el punto de no mencionar ni la curación. Hasta ahora, con el libro, no se han asomado de verdad a ese inmenso cráter de silencio.

En 1987, Campos pidió la baja por primera vez por una gripe y en la oficina se enteraron de su pasado médico. Entraron en pánico: precintaron su despacho y le obligaron a jubilarse. Él intentó explicar que estaba curado, pero no escucharon. Ni uno solo de sus compañeros le llamó. Sus amigos y colegas de años. Leproso, ya digo.

Los fuertes fármacos habían destrozado su salud. A los 57 años y en apenas dos meses tuvo una hemorragia intracraneal y tres trombosis que dejaron secuelas de las que se recuperó dificultosamente. Para peor, cada vez que lo llevaban al hospital le volvían a poner medicación contra la lepra, innecesaria y sin duda un veneno para él. En 1993, a los 60 años, Juan Campos se suicidó. Y curiosamente ha sido al llegar a los 60 cuando su hija Lola ha decidido poner luz en las tinieblas y escribir este libro. Para ello ha ido al sanatorio de Fontilles (Alicante), la única leprosería que queda en Europa, centro de referencia mundial. Ha hablado con antiguos enfermos, que cuentan atrocidades, el maltrato indecible que han sufrido en este país.

Es una historia subterránea, desconocida y chocante: hay otros mundos, pero están en este. Sigue habiendo lepra en el mundo, sobre todo en la India; en España, de 10 a 15 casos al año. Y se cura, aunque la gente se empeñe en ignorarlo.

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VIAJAR Y AMAR

Peyro Ignacio – España

Uno no debería viajar solo donde antes ha viajado enamorado. Hay algunas razones poderosas por lo obvias, empezando porque el amor sabe buscar sus sitios y nos llevará a Córdoba o a Nápoles o a París antes que —con perdón— a Collado Mediano. Si se fijan, además, hay una cierta predestinación en estos viajes: una especie de providencia o de ángel de la guarda de los enamorados por el cual todo sale bien incluso cuando sale mal; si hace sol, porque parece que la primavera en conjunto se ha puesto de nuestro lado; si llueve, porque acuérdate cómo llovía.

Después, cabe pensar —aunque el amor gusta, como dice el Lied de la errancia—, que alguien es más alguien cuando su figura destaca en un tiempo y, sobre todo, en un paisaje: “me dueles en Galicia en 2012”. Son siempre curiosas las materialidades —libros, imágenes— que nos evocan ante los demás, pero quizá ninguna más intensa que las ciudades y los restaurantes, los hoteles y los bares que fueron un día santos lugares del amor.

Por supuesto, no es sabio viajar solo donde viajamos enamorados por la melancolía física de la pérdida, por la vivencia del rostro perdido como miembro fantasma. Contra esto nada ha mejorado las receas de los clásicos, dejar que pase el tiempo y, si uno es propenso, leer algún poema. Hay, sin embargo, otras razones no por más sutiles menos devastadoras. El ser humano vive de comparar, y la presencia del enamorado sobre el mundo es la manera más poderosa que tenemos de habitarlo: una exaltación que contrasta a aquel que fuimos con el sabor a agua tibia de la normalidad presente. Los amores fallidos, de alguna manera, nos hacen viejos. Y puede haber un sentimiento amargo al pensar en el caudal de felicidad que se nos dio y que quizá malversamos.

Se dirá que esto ocurre siempre: el abogado que somos se comió al actor o al ingeniero que un día pudimos ser. El problema específico del amor es más bien haber traicionado una alegría con el desencanto del tiempo. Y eso nos puede causar una melancolía que es implantable cuando uno es joven: el preguntarnos que quizá ni el tiempo nos hizo bien ni nos hizo mejores. No es una lección hermosa de la vida el considerar lo mal que envejecen algunas alegrías. Ni ver cómo nos crece, imperceptible, esa costra del tiempo que es el escepticismo cuando hemos tenido esa mirada del enamorado que nos descubre el mundo como debería ser, o que nos lo devuelve tal y como fue antes de haber sido desencantado. En el XIX al menos , lo llmaron de un modo muy bonito “ Las ilusiones perdidas “

Con esta excepción, que quizá nos ponga algunos tachones en el mapa, uno no quería dejar de hacer un elogio del viajar solo. Un elogio poco militante: el placer de la vida es tanto vivirla como conversarla, y lo mismo puede decirse de los viajes. Si, además, el infierno son los otros, consuela poco saber lo infernales que les resultaremos a la vez a los demás. Hay, en todo caso, un placer específico en el viajar solo, que no tiene que ver con la introspección: para eso, mejor un retiro de yoga o unos ejercicios espirituales. Tiene que ver más bien con volver a exponerse, con regresar a aquellos momentos en el tiempo en los que todavía descubríamos; con la ilusión de poder darle al mundo el orden —“pues ahora me tomo una cervecita”— que queremos y al que, por supuesto, jamás, en los días de diario, se somete. Viajar solo da una nueva dimensión a muchas cosas: la libertad, de pronto, es coger un tren, y la subversión tal vez sea pasar la tarde leyendo un diario de papel. Reganar una cierta soberanía, sentir la alegría de desaparecer en un sitio en el que no somos nada para nadie: viajar solo es un placer particular. Muchos debemos de estar de acuerdo: leo en The Spectator que el mercado para viajeros solitarios alcanzará el billón de euros en 2030.

Hace años le dije a mi novia que iba a Venecia, pero que tenía que ir solo: era más una peregrinación que un viaje. Solo la jurisdicción excepcional que es Venecia puede hacer pasar por natural un comentario que, en cualquier otro lugar, sería delito de pretensión o una excusa de capullo. Ella lo entendió perfectamente. La ironía es que, al poco de llegar, pensé ue hubiera sido mejor ir con ella. He ahí otra de las verdades de la vida: nada como viajar enamorado donde una vez viajaste solo.

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COOKIES DE ANÁLISIS

Para la mejora continua de nuestra página web. Puedes activarlas o desactivarlas.

Las cookies de análisis nos permiten estudiar la navegación de los usuarios de nuestra página web en general (por ejemplo, qué secciones de la página son las más visitadas, qué servicios se usan más y si funcionan correctamente, etc.).

A partir de la información estadística sobre la navegación en nuestra página web, podemos mejorar tanto el propio funcionamiento de la página como los distintos servicios que ofrece. Por tanto, estas cookies no tienen una finalidad publicitaria, sino que únicamente sirven para que nuestra página web funcione mejor, adaptándose a nuestros usuarios en general. Activándolas contribuirás a dicha mejora continua.

Puedes activar o desactivar estas cookies marcando la casilla correspondiente, estando desactivadas por defecto.

COOKIES DE FUNCIONALIDAD Y PERSONALIZACIÓN

Para mejorar la funcionalidad y personalización de nuestra página web en base a tus preferencias. Puedes activarlas o desactivarlas.

Las cookies de funcionalidad nos permiten recordar tus preferencias, para personalizar a tu medida determinadas características y opciones generales de nuestra página web, cada vez que accedas a la misma (por ejemplo, el idioma en que se te presenta la información, las secciones marcadas como favoritas, tu tipo de navegador, etc.).

Por tanto, este tipo de cookies no tienen una finalidad publicitaria, sino que activándolas mejorarás la funcionalidad de la página web (por ejemplo, adaptándose a tu tipo de navegador) y la personalización de la misma en base a tus preferencias (por ejemplo, presentando la información en el idioma que hayas escogido en anteriores ocasiones), lo cual contribuirá a la facilidad, usabilidad y comodidad de nuestra página durante tu navegación.

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COOKIES DE PUBLICIDAD

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Las cookies de publicidad nos permiten la gestión de los espacios publicitarios incluidos en nuestra página web en base a criterios como el contenido mostrado o la frecuencia en la que se muestran los anuncios.

Así por ejemplo, si se te ha mostrado varias veces un mismo anuncio en nuestra página web, y no has mostrado un interés personal haciendo clic sobre él, este no volverá a aparecer. En resumen, activando este tipo de cookies, la publicidad mostrada en nuestra página web será más útil y diversa, y menos repetitiva.

Puedes activar o desactivar estas cookies marcando la casilla correspondiente, estando desactivadas por defecto.

COOKIES DE PUBLICIDAD COMPORTAMENTAL

Para mostrarte publicidad ajustada a tus búsquedas, gustos e intereses personales. Puedes activarlas o desactivarlas.

Las cookies de publicidad comportamental nos permiten obtener información basada en la observación de tus hábitos y comportamientos de navegación en la web, a fin de poder mostrarte contenidos publicitarios que se ajusten mejor a tus gustos e intereses personales.

Para que lo entiendas de manera muy sencilla, te pondremos un ejemplo ficticio: si tus últimas búsquedas en la web estuviesen relacionadas con literatura de suspense, te mostraríamos publicidad sobre libros de suspense.

Por tanto, activando este tipo de cookies, la publicidad que te mostremos en nuestra página web no será genérica, sino que estará orientada a tus búsquedas, gustos e intereses, ajustándose por tanto exclusivamente a ti.

Puedes activar o desactivar estas cookies marcando la casilla correspondiente, estando desactivadas por defecto.

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