ARTÍCULOS – JULIO
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Cada artículo es una llave que abre un pensamiento.
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COLABORADORES
Maren Alberdi – España
Najat El Hachimi – España
Enrique Fredy Díaz Castro – México
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos – Colombia
Ángel Medina – España
Juan José Millás – España
Marta Peirano-España
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MOROS Y CRISTIANOS DONDE LA HISTORIA AÚN RESPIRA
Maren Alberdi – España
En estas tierras nuestras, donde el Mediterráneo se abre como un libro antiguo, la historia no duerme: se representa, se canta, se desfila, se revive. Las fiestas de Moros y Cristianos —en Alcoy, en Villajoyosa, en Orihuela y en tantos pueblos que guardan memoria— son mucho más que un espectáculo: son identidad, legado y emoción.
Pero para entender su fuerza, hay que volver atrás. A mediados del siglo XIII, en un tiempo de fronteras cambiantes y tensiones constantes, Alcoy vivió un episodio que marcaría para siempre su historia. En 1276, la ciudad resistió el ataque de las tropas del caudillo musulmán Al‑Azraq, figura clave en la resistencia mudéjar. La tradición cuenta que, en el momento más crítico, se produjo una intervención milagrosa que inclinó la victoria hacia el bando cristiano. Desde entonces, Alcoy recuerda aquel día no como guerra, sino como memoria, identidad y agradecimiento.
Con el paso de los siglos, otras localidades del Mediterráneo adoptaron sus propias representaciones, cada una con su estilo, su música, sus comparsas y su manera de contar la historia. Lo que nació como una conmemoración se transformó en una celebración cultural, donde la devoción se mezcla con el espectáculo y la memoria con el orgullo de pertenencia.
En Villajoyosa, el mar se convierte en escenario. El desembarco moro —único en el mundo— hace que la playa entera contenga el aliento mientras las tropas llegan por agua, como si el tiempo retrocediera y la historia volviera a escribirse sobre la arena. Es imposible no emocionarse: el Mediterráneo también participa.
En Orihuela, la entrada de Moros y Cristianos es pura elegancia. Filàs y comparsas avanzan como si fueran páginas vivas de un manuscrito medieval. La música, los colores, los trajes bordados… todo parece decir: “Esto somos. Esto fuimos. Esto seguimos siendo.”
Y no es casualidad que estas celebraciones tengan el reconocimiento de Fiestas de Interés Turístico Internacional. Porque aquí, en nuestra tierra, la historia no se conserva en vitrinas: se interpreta, se celebra y se comparte.
Quien las vive, lo sabe. Quien las ve por primera vez, queda marcado. Quien las escucha, entiende que no son solo fiestas: son memoria, orgullo y cultura.
Y quizá convenga recordarlo, compi… que lo que tenemos aquí, tan cerca, tan nuestro, es algo que muchos en el mundo querrían tener: una historia que aún camina por las calles.
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UNA NIÑA EN LA FINAL DEL MUNDIAL
Najat El Hachimi
Que el mundo haya decidido obviar el significado machista del velo no hace inofensiva la prenda.
No estaba contenta ni nada, la niña, cogida de la mano del capitán de la selección española, desfilando hacia el centro del campo. La alegría en su rostro contrastaba con la tela lila que le cubría la cabeza y el cuello, esa prenda emblema de la misoginia islámica que se impone para que las mujeres sepamos cuál es nuestro lugar en el mundo, para que interioricemos que la simple presencia de nuestros cuerpos en el espacio público supone un problema, un conflicto, un desafío al orden patriarcal. Religiosos más o menos tradicionales, rigoristas o fanáticos, todos dicen que vamos desnudas si dejamos nuestro pelo al descubierto. Y la desnudez provoca a los hombres. Pobrecitos ellos, tienen tan poco control sobre sus instintos que a nosotras no nos queda otra que tomar medidas para ahorrarles la incomodidad de la excitación provocada por esas fibras peligrosas que brotan de nuestro cuero cabelludo como serpientes de Medusa. Así se marca la diferencia sexual que no existe porque hombres y mujeres tenemos pelo en la cabeza.
Que el mundo haya decidido obviar el significado machista del velo no hace inofensiva la prenda. Más bien todo lo contrario, su carga simbólica es de una violencia insoportable para cualquiera que crea en los derechos humanos y en el respeto a la dignidad de las mujeres. El hiyab es tan degradante como los grilletes de los esclavos; pero hay que respetarlo porque representa la diversidad. ¿Qué diversidad tolerable es esa forma de marcar a fuego a las mujeres, de envolverlas en la bandera del sometimiento al orden teocrático internacional?
Claro que la niña no sabe de eso, del mismo modo que las que son disfrazadas de mujercitas hipersexuales no entienden que se las está moldeando para que se acostumbren a ser lo que los hombres han decidido que sean. Antes las musulmanas se ponían el velo al casarse, después al llegar a la pubertad y ahora les es impuesto a edades cada vez más tempranas para que se acostumbren, porque nadie nace con la vocación de borrar esa parte de su identidad individual. Podrían raparnos al cero como los nazis, pero prefieren taparnos y que solo el marido pueda acceder a ese exclusivo privilegio. Dirán que es identidad y habrá quien se habrá alegrado de ver a la niña velada entrando en el estadio. O les da igual que se sexualice de ese modo a una cría ante la mirada de millones de personas. Es su cultura, su religión, hay que respetarla. Será que los niños, con su pelo libre, no tienen nada de eso. Aunque, ¿Qué podemos esperar de la FIFA y esa fratría misógina que ostenta el poder en el mundo del fútbol?
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NO SE VENDE
Enrique Fredy Díaz Castro – México
¡México, país hospitalario y celoso de su origen!
¡México, mi patria bendecida y orgullosa de su pueblo y su cultura!
Tú que me viste nacer sobre un petate y bajo humilde techo, no tienes porqué abrigar a sionistas genocidas y cobardes, no tienes porqué sucumbir al encanto de aventureros facciosos y criminales.
Tu soberanía es tan grande y tu riqueza inagotable que sin medir un ápice de cinismo, hay quienes no cabiendo en su patria, recurren a volverse facinerosos, mercenarios al servicio del mejor postor para invadir territorio de buenos.
No permitamos que sicarios israelitas
quieran apoderarse del agua que un gobierno vendepatria les pretende entregar.
No permitamos que su discreto plan anexionista intente siquiera convertirnos en colonia israelí.
México es de los mexicanos y no se vende ni debemos debemos permitir que intenten hipotecar su noble y portentosa soberanía al extranjero.
México es grande, libre e independiente.
¡Simple y llanamente, defendámoslo!
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EL PODER DE LA PALABRA
Elspeth Gormley – España
La palabra tiene un poder inmenso. Todo lo que sale de nuestra boca pesa, deja huella y transforma. Lo más pequeño, aquello que parece insignificante, puede herir profundamente; y una sola frase puede iluminar un día entero. Las palabras validan emociones, sostienen alegrías, pero también pueden atacar el punto más frágil de quien las recibe. Todos recordamos alguna frase que nos rompió y otra que nos salvó.
La palabra es nuestro puente más usado para comunicarnos, y también el más peligroso. Sirve para nombrar la belleza, la amistad, la solidaridad, para hablar del amor y del agradecimiento. ¿Y qué sería del amor sin las palabras? ¿Qué sería de la vida sin esa capacidad de decir lo que sentimos, de expresar lo que nos conmueve, de reconocer lo que nos une?
Sin embargo, la palabra también miente, manipula y hiere. Se utiliza para insultar, discriminar o falsear la realidad. Es triste que una riqueza tan grande se emplee para destruir. La palabra puede ser poesía, creación, vida, alimento para el alma, luz, abrazo… pero también puede ser grito, sombra y arma.
Cada día hay voces que intentan imponerse elevando el tono, justificando ataques, creyendo que su mensaje les da permiso para herir. La responsabilidad es nuestra. Elegir si usamos la palabra para construir o para destruir depende únicamente de nosotros. Practicarlo —o censurarlo— también.
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EL ESPAÑOL – LENGUA UNIVERSAL
Jaime Hoyos – Colombia
José Santos Chocano (1875-1934), peruano, al hablar de nuestra madre —la lengua castellana, de la que todos somos hijos— creó el poema “Seno de reina”, que dice:
Era una reina hispana.
No sé ni quién sería,
ni cuál su egregio nombre,
ni cómo su linaje:
sé apenas la elegancia
con que de su carruaje
saltó, al oír a un niño
que en un rincón gemía.
Y dijo: “¿Por qué llora?”
La tarde estaba fría
y el niño estaba hambriento.
La reina abrióse el traje
y le dio el seno blanco
por entre el blanco encaje,
como lo hubiese hecho
Santa Isabel de Hungría.
Es gloria de la estirpe
la que le dio su pecho
a aquel hambriento niño
que acaso sentiría
más tarde un misterioso
dinástico derecho;
y es gloria de la estirpe,
porque ese amor fecundo
con que la reina al niño
le dio su seno un día,
¡fue el mismo con que España
le dio su seno a un mundo!
Pues bien: sin ella, sin España, no existiría nuestro idioma, y tal vez ninguno de nosotros. La lengua castellana es hija del latín de Cicerón y, no tan poco, del mozárabe (como ajedrez o almohada), del euskera o vascuence, del indigenismo americano y de la mutua influencia de los idiomas actuales más usados. La lengua castellana es la forma de entendernos, de amarnos, de descubrir lo que era inescrutable, de idear el futuro y conocer el pasado, de dirigirnos a Dios y a los hombres.
En el año 2010, la ONU oficializó a nivel mundial seis idiomas: el árabe, el chino, el ruso, el francés, el inglés y el español. Así que estos seis idiomas parecen ser los más importantes a nivel universal, de un total de más de siete mil que se hablan actualmente, aunque cerca de la mitad está desapareciendo. La Real Academia de la Lengua, fundada en 1713, ha sido siempre fundamental para el buen manejo del idioma y actualmente se mantiene muy al día en información idiomática. Gracias a la Real Academia, el español se mantiene sobre bases sólidas.
En 1977, el texto en español más viejo que se conocía era el Códice 60, una anotación al margen escrita por un monje benedictino en el monasterio de San Millán de la Cogolla, fechada en el año 977. Mil años después, el rey Juan Carlos declaró al monasterio “Cuna de la lengua”, y la placa conmemorativa dice: “En recuerdo de las glosas emilianenses, primer testigo de la lengua española”.
Pero después se hallaron testigos más antiguos: el Códice 46 (año 964), la “Nodicia de kesos” (año 852) y el más antiguo de todos, los “Cartularios de Valpuesta”, año 804. Así que recordemos siempre el 804 como el primer texto escrito en lengua castellana.
A finales del siglo X y XI se escribieron los primeros poemas del Mester de juglaría, y en el XIII los del Mester de clerecía, iniciados por Gonzalo de Berceo, padre de todos los poetas de habla hispana. En español se inventó el romance, y en el siglo XVI nació la novela castellana con Miguel de Cervantes Saavedra.
No olvidaremos nunca a don Quijote, que murió en el capítulo 74 de la segunda parte. Pero el triunfo de Cervantes fue lograr la resurrección de don Quijote en nuestros corazones. Don Quijote nos acompaña siempre, igual que un ángel de la guarda. No os extrañéis si me veáis moviendo los labios: estoy dialogando con él; y si levanto la vista, es porque mi invisible amigo va cabalgando a Rocinante.
El Quijote no es una comedia de aventuras: es una tragedia. La tragedia de los locos sublimes de todas las razas y tiempos. Más que el Día del Idioma, hoy celebramos un año más de la muerte del hombre que dio vida al ser inmortal de la lengua castellana: don Quijote.
Rubén Darío le compuso unas bellas letanías, donde le dice:
“Ora por nosotros, señor de los tristes,
que de fuerza alientas y de ensueños vistes,
coronado de áureo yermo de ilusión
que nadie ha podido vencer todavía,
por la adarga al brazo, toda fantasía,
y la lanza en ristre, toda corazón.”
Si don Quijote hubiera sido humano, sería hermoso colocar su imagen en los altares, completando un trío de santos:
San Francisco de Asís.
San Pablo de Tarso.
San Quijote de la Mancha.
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¿HOY O MAÑANA…?
Ángel Medina – España
Quién no recuerda la elegante belleza de una Deneuve? ¿Qué decir de la exuberancia exótica de la Loren? ¿Cómo definir la beldad concupiscente expresada en la mirada de la Gardner? ¿Dónde situar la finesse encantadorade la muñequita Bardot? ¿Acaso no es para entrecortarse el suspiro al contemplar la lindeza de la Lollo?
Mas, ¡ay!, todo eso pertenece al ayer. Basta con entrar en el navegador, escribir un nombre y añadir:” Antes y ahora”. Y al conjuro se desvanece la primera imagen para ser suplantada por la actual. Donde todo era atracción, encanto y finura, por arte de birlibirloque, contrariamente al espejito mágico de la malvada reina de Blancanieves, se ha transformado en decadencia. La hermosura de la flor se ha marchitado. (Que no toque nadie a rebato machista, pues esto dicho a modo de ejemplo vale para todos y cada uno de los mortales). Es más, si queremos personalizar, tomemos una fotografíaretrospectiva en la que nos encontrábamos junto a un grupo de amigos, compañeros de trabajo o familiares. De inmediato resuena en nuestra testa aquello de: fulanito ya no está; menganito, tampoco, zutanito se nos fue anteayer mismo. Y siguiendo el dedo cual puntero hemos de admitir que son ya muchos los que dejaron este valle de lágrimas. Mas, de repente nos invade la duda: ¿Y yo…? Punto y final de la meditación. Eso, mejor lo dejamos para mañana.
Tempus fugit. Cierto, porque el tiempovuela.
Hay un refrán que hunde sus raíces en la palabra “procrastinar”, del latín procrastinare (pro―adelante― crastinus―mañana) Esto es: retrasar algo. Lo que se refuta en el proverbio “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.
No se trata de caer en los extremos. No se nos insta a estar de continuo pensando en la adversidad que ha de sobrevenir al paso del tiempo y que no puede evitarse, como se aproximaría al perfil estoico. Tampoco el reverso de la moneda, cuál sería el epicureísmo, pensando que la vida toda no tiene más afán que el del placer. Más bien, de lo que se trata es de tomar conciencia de lo que es la vida y adónde nos lleva; aunque eso, probablemente acarrearía algún cambio de actitud, algo que posiblemente podría incomodarnos. Sacarnos de una rutina a la que nos hemos acomodado. Y es sabido que el hombre una vez dentro de su propio laberinto, a pesar de la estrechez tiene más miedo en salir de él que en permanecer. Tal vez pensando que vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer, lo que implicaría, quizá a dar la vuelta al caparazón de cómo se vive para vivir cómo se piensa. Metanoia.
Sin embargo, es costumbre arraigada en nuestro hoy eso de la gandulería de la mente. A este propósito, conviene recordar lo que decía un poeta contemporáneo: “Si el diablo quiere perseverar en la tentación del hombre, habrá de modificar la jerarquía de sus seducciones, y en consecuencia alterar el orden de los llamados “pecados capitales”, de modo que el último, la pereza, se convierta en el más prioritario. Porque, si la pereza de antes consistía en la astenia para realizar cualquier actividad mundana, la que padece el hombre actual es la de relajar su espíritu, hasta el punto de perder el conocimiento de sí mismo, lo que le lleva a desinteresarse por su proyección final.
Decía Hamlet aquello de “morir, dormir, tal vez soñar…” Y nuestro Calderón lo de “la vida es sueño”. Lo malo no es soñar― vislumbrar lo mejor por acontecer― sino dormir la realidad y mecerse sin control en el filo de la navaja de la existencia, anestesiando el pensamiento, como si así pudiéramos ignorarla. ¿Acaso no es el hombre también tiempo?
Ciertamente, pensar en el fin encoje el ánimo, pues el hombre está hecho para la vida. Y ello supone vivirse sin fin. Esa es la voz que vibra en el interior de cada uno. ¡Vivir, sí! Siempre vivir. Pero, por más que se pueda mirar hacia otra parte, somos conscientes― aún sin pararnos a pensarlo― que convive en nosotros una eterna compañera de viaje que espera siempre pacientemente: como una amante o como un sayón. Eso depende de nosotros.
La aceptación requiere madurar. Ese instinto de existir sin terminarse necesita de una esperanza, si bien esa certidumbre confiada precisa edificarse en la mente. Es como la casa levantada sobre rocas, que podrá resistir las embestidas del temporal, en tanto que la construida sin solidez acabará cayendo. Sería oportuno reflexionar ¿puede levantarse una casa sin cimientos? O lo que es lo mismo: ¿en la soledad de la última hora, tendrá el hombre firmeza para soportar la infinita levedad de su ser?
La altiva razón no entiende sino aquello que domina. Y, siendo el hombre raciocinio y también sensibilidad habrá de dialogarse sin violentarla, lo cual exige tiempo. No se puede dejar la esperanza para el último momento, cuando llega la desconexión que pasa entre la vida sensible y el misterio inefable que se abre ante él. ¿Un “viaje” hacia la nada?
¿O tal vez…?
Quizá eso es lo que debería meditarse. Hoy mejor que mañana.
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MEJOR PIDAN DISCULPAS
Juan José Millás – España
Comprendo a los hinchas argentinos que, entre estupefactos y airados, gritaban ante las cámaras de la tele que España les habia robado el partido. A mí, ya lo he denunciado en otras ocasiones, vienen robándome el Nobel de Física desde hace años. En cuanto al de Literatura, me lo quitaron de manera simbólica al negárselo a Virginia Woolf, Borges, Kafka, Tólstoi, Joyce, Proust, etcétera. Es una basura, no lo quiero. Aspiro además a obtener premios que no merezca porque los que merezco son todos una mierda. En Amadeus, la película de Milos Forman, me identifiqué con el reflexivo y sensato Salieri, a quien Dios, inexplicablemente, negó el talento musical que regaló al idiota de Mozart. A dónde vamos a parar.
Al ganar ese Mundial, que España estaba destinada a perder, se le hizo un feo insoportable a Leo Messi, pobre, que se jubilaba ese día aciago. Hasta el inmortal Maradona, que consiguió en vida una bula para meter goles con la mano, debió de revolverse en su tumba al ver esa jugada tan sucia del destino encarnada en las malas artes españolas. No me interesa el fútbol, pero me preocupan los delirios nacionalistas y los desórdenes geoestratégicos que puede suscitar. Ustedes, Pedro Sánchez y Felipe VI, sigan provocando al eje Milei-Trump (al que, por cierto, le birlaron también el Nobel de la Paz), y en una de esas toman el palacio de la Zarzuela y secuestran al Rey como secuestraron a Maduro. Mejor pidan disculpas.
Me llamó la atención, por cierto, la habilidad diabólica del árbitro para fingir que iba con Argentina, cuando no dejó de favorecer a España. ¡Qué prodigio de maldad, de disimulo, de perfidia! Imposible sospechar de un sujeto con esas artes, a menos que seas un perspicaz hincha argentino. Ahora solo cabe esperar que Trump ordene a Infantino, que cambie el resultado, como le ordenó destruir aquella tarjeta roja, y se haga al fin justicia. Así descansaremos aquí también, porque tanta celebración agota.
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UNA CABAÑA EN EL BOSQUE
Marta Peirano-España
Mi Ítaca es una casa azul en lo alto de una pequeña colina donde mi abuela da de comer a sus gallinas, atiende un huerto y vigila una empanada de xoubas en su horno de leña, frotándose las manos y limpiándoselas con el mandil. Está cercada por muros de piedra tapizados de musgo de los que salen las lagartijas y racimos de dedaleras púrpuras llenas de pecas. Detrás de los muros hay fincas de berza, maíz y patata. Más abajo está la iglesia donde están enterrados mis muertos, con un cruceiro y una fuente por la que baja agua limpia y fría de manantial.
Si subes al tejado puedes ver que en todas direcciones irradian suaves colinas onduladas cubiertas de pasto, alternadas aquí y allí por bosques de roble y castaño, pino y eucalipto, asfaltados de brezo, xestas y toxos. Cuando subes por uno de sus caminos enmarcados de zarzamora puedes encontrarte zorros, jabalíes y tejones, petirrojos, mirlos y busardos y, a partir de la noche de Todos los Santos, el milano real. Los jueves llega la pesca con su carga de jurel, merluza y rodaballo; los lunes llega el panadero con sus bollas, empanadas y, si hay fiestas, roscón.
Desde niña he soñado con pasar los últimos años de mi vida en esa casa. Es el paraíso de mi infancia; mi Walden, mi Tinker Creek, mi Blackwater Pond. Y el otro día, mientras trataba de entender qué aportan los modelos y de la IA a nuestra habilidad de combatir los incendios, me di cuenta de que nunca llegaré a mi cabaña del bosque. Que mi Ítaca desaparecerá con la crisis climática antes de que yo llegue allí.
Ojalá me equivoque, pero no lo creo. Este es mi argumento: hay cámaras de IA con visión de múltiples espectros, capaces de vigilar el bosque de día y de noche, capaces de detectar humo o fuego de forma inmediata y avisar a los servicios de emergencia para decirles qué forma tiene y dónde está. Hay drones autónomos con cámaras térmicas capaces de peinar áreas afectadas y ayudar a los operadores a verificar focos sin poner en riesgo la vida de los bomberos. Hay satélites, sistemas de comunicación capaces de resistir un fallo eléctrico, un humo intenso y el calor. Estamos mejor equipados que nunca. Los forestales están mejor formados que nunca, todo el mundo cuenta con más información. Pero la tecnología no nos salva. Ahora y para siempre, nos salvan los demás.
Quién salvará una casa en mitad de un monte que arde, cuando no hay voluntad política ni para tomar las medidas más asequibles que ya sabemos que funcionan para que el incendio no exista en primer lugar. Si ahora los incendios ya son inevitables y, una vez ocurren, ya no se pueden parar, quién querrá asegurar una vivienda dentro de 10 años en un país que nadie salvará de las llamas. Cuántos vecinos le quedarán a mi aldea cuando sea tan arriesgado vivir cerca del bosque como hacerlo a la orilla del mar.
Dice Cavafis que Ítaca no es tanto un lugar sino la visión que nos da sentido a nuestra vida. Qué sentido nos deja el fuego a los que nunca soñamos con yates, joyas, conquistas intergalácticas y proyectos de dominación mundial. Sólo ese viaje misántropo pero digno hacia el lugar amado, pequeño y discreto, donde solo hay árboles, libros, animales y rocas.
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