ARTÍCULOS – ENERO

Nota Editorial: Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.

Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.

Articulos-1

“El pensamiento toma forma en cada línea.”

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COLBORADORES

A. Bernés – España
Luz Fontana – Italia
✤Elspeth Gormley – España

María de los Ángeles Macías – España
✤Ángel Medina – España

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TRAGEDIA EN ALTA VELOCIDAD

A. Bernés – España

A la conmoción por el accidente del AVE en Córdoba se debe responder con rapidez y transparencia en la información.

El choque de dos trenes a 200 km por hora. en medio de la noche cerca de Córdoba es una catástrofe inimaginable que mantiene a España sobrecogida desde la noche del domingo. Da una idea de la dimensión de la tragedia el hecho de que, después de un día entero de búsqueda entre los restos de los trenes, las autoridades aún no eran capaces de dar una cifra de víctimas mortales definitiva, que anoche ascendía a 40 personas. España asiste una vez más al desgarrador ritual de familias buscando a sus allegados y relatos de supervivientes entre los que se intenta adivinar algún detalle que dé sentido a una cosa así. Este es el momento de la solidaridad con las víctimas, del consuelo a quienes han perdido a un ser querido al que esperaban el domingo por la noche.

La secuencia conocida de los hechos deja grandes interrogantes. Un tren Iryo de ocho coches en dirección Madrid descarriló a las 19.45 a la altura de la localidad de Adamuz. Los últimos vagones invadieron la vía contraria. En ese momento, una composición Alvia de cuatro coches que iba en la otra dirección embistió a estos vagones. Los dos primeros coches del Alvia “salieron despedidos”, según la expresión utilizada por el ministro de Transportes, Óscar Puente, y cayeron por un terraplén de cuatro metros. Entre el descarrilamiento y el impacto pasaron 20 segundos, segùn informó el presidente de Renfe, tiempo insuficiente para activar el freno de emergencia   Los pasajeros del Iryo hablan de una fuerte vibración antes del accidente. El tren había sido revisado el 15 de enero. El tramo de infraestructura había sido renovado en mayo.

La escena posterior es más propia de accidentes aéreos que de un medio como el tren de alta velocidad, que los ciudadanos han adoptado en las últimas tres décadas como la mejor forma de viajar entre las grandes capitales españolas. La apertura de la línea de alta velocidad entre Madrid y Sevilla en 1992, en la que se produjo el accidente, cambió de manera radical la imagen y la percepción de los ferrocarriles españoles. En tres décadas, España ha construido una red de alta velocidad de más de 3.900 kilómetros —la segunda más larga del mundo después de la de China— a una relación calidad-coste que es un ejemplo a nivel global. La liberalización del mercado ferroviario de pasajeros, en 2021, supuso una nueva revolución con la competencia de dos nuevos operadores además de Renfe, Ouigo (propiedad pública francesa) e Iryo (empresa semipública italiana). En los 11 primeros meses de 2025, las líneas de alta velocidad llevaron 40 millones de viajeros.

El nombre de Adamuz, como Angrois, como Paiporta, quedará para siempre ligado a la tragedia.  Pero también la conmovedora respuesta de solidaridad y organización de unos vecinos. que salvaron vidas en los primeros minutos y facilitaron la labor de los equipos de emergencia. Frente a lo vivido en otras tragedias recientes, es necesario también destacar el comportamiento de las autoridades en estas primeras horas y los reconocimientos mutuos a la colaboración, el respeto y la profesionalidad. Falta mucho por hacer, especialmente en la atención a las víctimas. Eso no es incompatible con la exigencia de información sobre el accidente según se vaya confirmando. Cuando el presidente del Gobierno dijo ayer » Todos nos preguntamos qué ha sucedido» puso voz a una ciudadanía atónita. “La respuesta” que prometió Pedro Sánchez no puede ser el informe técnico de una comisión que puede durar meses o años, sino una explicación pronta y entendible de los hechos que dé tranquilidad a los ciudadanos cuanto antes.

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FEMINISMOS SIGLOS XX-XXI

Luz Fontana – Italia

El feminismo ha atravesado más de un siglo de transformaciones, luchas y conquistas. No es un movimiento estático: respira, se adapta, se expande. Y aunque sus raíces siguen firmes, las ramas han crecido hacia direcciones nuevas, impulsadas por los cambios sociales, tecnológicos y culturales de nuestro tiempo.

El feminismo del siglo XX: conquistó derechos básicos

Durante gran parte del siglo XX, el feminismo se centró en abrir puertas que estaban cerradas. Sus objetivos eran claos y urgentes:

  • El derecho al voto.
  • El acceso a la educación y al trabajo remunerado.
  • La igualdad jurídica frente al matrimonio, la maternidad y la propiedad.
  • La denuncia de la violencia doméstica, entonces silenciada.

Era un feminismo que luchaba contra estructuras visibles y muy concretas. Las mujeres reclamaban existir en el espacio público, ser reconocidas como ciudadanas plenas. Fue un movimiento valiente, organizado y profundamente transformador.

 El feminismo del siglo XXI: ampliar la mirada

El feminismo actual hereda esas conquistas, pero vive en un mundo distinto. Hoy, las preguntas ya no son solo “¿podemos estar ahí?”, sino “¿cómo queremos estar?” y “¿quiénes pueden estar?”.

  • Incorpora la diversidad de experiencias: edad, clase, origen, identidad, orientación.
  • Señala desigualdades más sutiles: brecha salarial, cuidados invisibles, techos de cristal.
  • Reflexiona sobre el cuerpo, la autonomía y la representación mediática.
  • Se mueve en redes sociales, donde la palabra se multiplica y se cuestiona en tiempo real.
  • Busca alianzas con otros movimientos que también reclaman dignidad y justicia.

Ya no se trata solo de abrir puertas, sino de revisar las habitaciones enteras.

Si el feminismo del siglo XX fue un grito colectivo, el del XXI es también un espacio de diálogo. No siempre fácil, no siempre unánime, pero sí profundamente vivo. Las nuevas generaciones cuestionan, reinterpretan y amplían lo heredado. Y en ese movimiento, el feminismo sigue siendo lo que siempre fue: una búsqueda de libertad. Un puente entre dos siglos

No hay ruptura, sino continuidad. No hay un “antes” y un “ahora” enfrentados, sino un camino que se ensancha. El feminismo del siglo XX abrió la puerta. El del XXI intenta que nadie quede fuera.

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SOBRE LA PAZ

Elspeth Gormley – España

Escribir sobre la Paz en estos días se ha convertido en un ejercicio casi imposible. No por falta de datos ni por escasez de análisis, sino porque la Paz -esa palabra que solemos pronunciar con mayúscula- aparece hoy tan herida, tan humillada, tan cubierta de polvo y sangre, que cualquier intento de describirla parece quedarse corto. Quizá nunca antes, en esta civilización que presume de avances, había sido tan evidente su fragilidad.

Los últimos acontecimientos en distintos rincones del planeta han vuelto a recordarnos que la violencia no es un eco del pasado, sino un ruido constante que atraviesa fronteras y discursos. Desde Oriente Medio hasta Europa del Este, pasando por regiones olvidadas del mapa, la población civil sigue siendo la primera víctima de decisiones tomadas muy lejos de sus vidas. Cada conflicto tiene su historia, pero todos comparten un mismo hilo conductor: la vida humana convertida en moneda de cambio en un tablero geopolítico que no entiende de compasión.

No se trata solo de guerras declaradas. También están las tensiones silenciosas, las alianzas que se tejen en despachos cerrados, los intereses económicos que se disfrazan de grandes causas, los discursos que prometen seguridad mientras alimentan el miedo. La violencia adopta formas nuevas, pero conserva la misma raíz antigua: la codicia, el fanatismo, la necesidad inagotable de poder.

La historia nos lo ha mostrado una y otra vez. Desde sus orígenes, la humanidad ha convivido con la destrucción como si fuera un instinto inevitable. Y sin embargo, seguimos preguntándonos —con una mezcla de ingenuidad y desesperación— si algún día aprenderemos a romper este ciclo. ¿Está la humanidad condenada a repetir sus errores? ¿Existe realmente una salida que no pase por la fuerza?

Frente a estas preguntas, la tentación de la resignación es grande. Pero sería una derrota moral. Si algo nos queda -si algo nos salva- es la capacidad de resistir desde la palabra, desde la memoria, desde la ética. Los seres humanos que aún creen en la dignidad tienen la responsabilidad de defenderla, incluso cuando parece que el mundo entero se inclina hacia la barbarie.

La literatura, el arte, la educación… siguen siendo trincheras luminosas. No detienen bombas ni frenan invasiones, pero sí impiden que la violencia se normalice. Nos recuerdan lo que no debe olvidarse, nos obligan a mirar de frente lo que otros preferirían ocultar. La Paz no se construye solo con tratados; también se construye con relatos, con gestos, con la insistencia de quienes se niegan a aceptar que la violencia sea el lenguaje natural del ser humano.

Porque la guerra, al final, es la salida cobarde a los problemas de la paz. Y la paz, aunque herida, sigue siendo la única esperanza posible.

Antoine de Saint‑Exupéry lo dijo con una claridad que hoy resuena más que nunca: “Si queremos un mundo de paz y de justicia, hay que poner decididamente la inteligencia al servicio del amor.”

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LA IA AL SERVICIO DE LAS PERSONAS

María de los Ángeles MacíasEspaña

En los últimos años he vivido una transformación sin precedentes en el ámbito de los Recursos Humanos, impulsada por la innovación tecnológica y la digitalización. Como directora de RR.HH., mi compromiso —y el de todo mi equipo— ha sido claro: ser el puente entre el talento y la tecnología, liderando una evolución hacia una organización más ágil, innovadora y profundamente centrada en las personas.

Sé que la tecnología, y especialmente la inteligencia artificial, puede generar inquietud. Es comprensible: se habla de automatización, algoritmos y eficiencia, y a veces parece que las “dos H” de nuestro departamento corren el riesgo de desdibujarse. También surge la duda de si la IA se interpondrá entre nosotros y las personas, deshumanizando la relación.

Mi experiencia demuestra lo contrario. Cuando la IA se implementa con criterio, ética y propósito, nos permite concentrarnos en lo esencial: las personas. Escucharlas, acompañarlas y desarrollar su talento. La tecnología no resta humanidad; la potencia.

En nuestra organización creemos que la tecnología debe acercarnos, no alejarnos. Por eso, en selección utilizamos analítica de datos para identificar competencias con precisión, pero la decisión final siempre es humana. Hemos reducido sesgos, estructurado entrevistas y mantenemos una comunicación personalizada para que cada candidato se sienta acompañado. La IA no sustituye la empatía, la creatividad o la intuición, pero sí nos regala mejores preguntas y más tiempo para conocer a quienes tenemos delante.

También hemos diseñado itinerarios de onboarding a medida, con contenidos digitales dinámicos, mentores asignados y supervisión especializada en los primeros pasos dentro de la organización. La tecnología adapta el ritmo; la acogida la hacemos nosotros.

En formación, la IA nos ayuda a recomendar contenidos ajustados al rol, las metas y las habilidades presentes y futuras. Complementamos esta capacidad con itinerarios de carrera y proyectos retadores, porque la IA acelera, pero el crecimiento real lo valida el liderazgo y se define de forma personalizada.

Hemos pasado de “fotografías anuales” a conversaciones continuas. Las herramientas nos ofrecen señales —feedback 360, OKR, evolución de habilidades—, pero la calidad está en el diálogo, los planes de acción y el reconocimiento oportuno. Las entrevistas de desarrollo, apoyadas en herramientas digitales, se han convertido en un pilar de transparencia y comunicación fluida entre dirección y equipos.

Sí, usamos datos para anticipar riesgos y detectar oportunidades. No para etiquetar, sino para llegar antes y mejor: ajustando cargas, ofreciendo desarrollo o iniciando conversaciones que antes se posponían. Los datos iluminan el camino; el cambio nace del diálogo.

Hemos consolidado modelos de trabajo flexibles e híbridos, con herramientas que favorecen la coordinación y el sentido de pertenencia en equipos distribuidos. La tecnología conecta; la cultura sostiene. Cuidamos costumbres, espacios de reconocimiento y una comunicación cercana.

Creemos firmemente que la innovación solo suma humanidad cuando se implementa con principios claros: las personas primero. Garantizamos que ninguna decisión relevante dependa únicamente de algoritmos. La ética y la privacidad guían cada paso, asegurando transparencia, consentimiento y seguridad en el uso de datos. La IA no reemplaza conversaciones ni empatía; las amplifica.

Además, medimos con propósito: calidad de contratación, rotación, compromiso, satisfacción en onboarding y formación. Estos indicadores nos permiten mejorar la experiencia sin perder lo esencial: el valor humano.

Los avances logrados en el departamento de Personas son evidentes: procesos más ágiles, experiencias más cuidadas, itinerarios de desarrollo personalizados, mayor equidad en selección y evaluación, y algo que valoramos especialmente: más tiempo para lo que realmente importa, estar cerca de las personas, escucharlas y construir un futuro juntos.

Nuestro siguiente paso es profundizar en taxonomías de habilidades, formación especializada, programas de liderazgo apoyados en analítica de equipo y comunidades de aprendizaje. Todo con un hilo conductor: usar la tecnología para acercarnos, no para alejarnos.

En conclusión, la digitalización no es un fin, sino un medio para poner a las personas en el centro con más fuerza que nunca. Mi visión es clara: con IA, el departamento de Recursos Humanos será más humano que nunca, más presente, más justo y más cercano. Y eso nos permitirá atraer, consolidar y desarrollar el talento que hará crecer a nuestra organización hoy y mañana.

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¿HOY O MAÑANA…?

Ángel Medina – España

¿Quién no recuerda la elegante belleza de una Deneuve? ¿Qué decir de la exuberancia exótica de la Loren? ¿Cómo definir la beldad concupiscente expresada en la mirada de la Gardner? ¿Dónde situar la finesse encantadora de la muñequita Bardot? ¿Acaso no es para entrecortarse el suspiro al contemplar la lindeza de la Lollo?

Mas, ¡ay!, todo eso pertenece al ayer. Basta con entrar en el navegador, escribir un nombre y añadir: «Antes y ahora». Y al conjuro se desvanece la primera imagen para ser suplantada por la actual. Donde todo era atracción, encanto y finura, por arte de birlibirloque, contrariamente al espejito mágico de la malvada reina de Blancanieves, se ha transformado en decadencia. La hermosura de la flor se ha marchitado. (Que no toque nadie a rebato machista, pues esto dicho a modo de ejemplo vale para todos y cada uno de los mortales). Es más, si queremos personalizar, tomemos una fotografía retrospectiva en la que nos encontrábamos junto a un grupo de amigos, compañeros de trabajo o familiares. De inmediato resuena en nuestra testa aquello de: fulanito ya no está; menganito, tampoco, zutanito se nos fue anteayer mismo. Y siguiendo el dedo cual puntero hemos de admitir que son ya muchos los que dejaron este valle de lágrimas. Mas, de repente nos invade la duda: ¿Y yo…? Punto y final de la meditación. Eso, mejor lo dejamos para mañana.

Tempus fugit. Cierto, porque el tiempo vuela. Hay un refrán que hunde sus raíces en la palabra “procrastinar”, del latín procrastinare (pro -adelante- crastinus -mañana-) Esto es: retrasar algo. Lo que se refuta en el proverbio “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”. No se trata de caer en los extremos. No se nos insta a estar de continuo pensando en la adversidad que ha de sobrevenir al paso del tiempo y que no puede evitarse, como se aproximaría al perfil estoico. Tampoco el reverso de la moneda, cuál sería el epicureísmo, pensando que la vida toda no tiene más afán que el del placer. Más bien, de lo que se trata es de tomar conciencia de lo que es la vida y adónde nos lleva; aunque eso, probablemente acarrearía algún cambio de actitud, algo que posiblemente podría incomodarnos. Sacarnos de una rutina a la que nos hemos acomodado. Y es sabido que el hombre una vez dentro de su propio laberinto, a pesar de la estrechez tiene más miedo en salir de él que en permanecer. Tal vez pensando que vale más lo malo conocido que lo bueno por conocer, lo que implicaría, quizá a dar la vuelta al caparazón de cómo se vive para vivir cómo se piensa. Metanoia.

Sin embargo, es costumbre arraigada en nuestro hoy eso de la gandulería de la mente. A este propósito, conviene recordar lo que decía un poeta contemporáneo: “Si el diablo quiere perseverar en la tentación del hombre, habrá de modificar la jerarquía de sus seducciones, y en consecuencia alterar el orden de los llamados “pecados capitales”, de modo que el último, la pereza, se convierta en el más prioritario. Porque, si la pereza de antes consistía en la astenia para realizar cualquier actividad mundana, la que padece el hombre actual es la de relajar su espíritu, hasta el punto de perder el conocimiento de sí mismo, lo que le lleva a desinteresarse por su proyección final.

Decía Hamlet aquello de “morir, dormir, tal vez soñar…” Y nuestro Calderón lo de “la vida es sueño”. Lo malo no es soñar -vislumbrar lo mejor por acontecer-, sino dormir la realidad y mecerse sin control en el filo de la navaja de la existencia, anestesiando el pensamiento, como si así pudiéramos ignorarla. ¿Acaso no es el hombre también tiempo?

Ciertamente, pensar en el fin encoje el ánimo, pues el hombre está hecho para la vida. Y ello supone vivirse sin fin. Esa es la voz que vibra en el interior de cada uno. ¡Vivir, sí! Siempre vivir. Pero, por más que se pueda mirar hacia otra parte, somos conscientes― aún sin pararnos a pensarlo― que convive en nosotros una eterna compañera de viaje que espera siempre pacientemente: como una amante o como un sayón. Eso depende de nosotros.

La aceptación requiere madurar. Ese instinto de existir sin terminarse necesita de una esperanza, si bien esa certidumbre confiada precisa edificarse en la mente. Es como la casa levantada sobre rocas, que podrá resistir las embestidas del temporal, en tanto que la construida sin solidez acabará cayendo. Sería oportuno reflexionar ¿puede levantarse una casa sin cimientos? O lo que es lo mismo: ¿en la soledad de la última hora, tendrá el hombre firmeza para soportar la infinita levedad de su ser?

La altiva razón no entiende sino aquello que domina. Y, siendo el hombre raciocinio y también sensibilidad habrá de dialogarse sin violentarla, lo cual exige tiempo. No se puede dejar la esperanza para el último momento, cuando llega la desconexión que pasa entre la vida sensible y el misterio inefable que se abre ante él. ¿Un “viaje” hacia la nada?

¿O tal vez…? Quizá eso es lo que debería meditarse. Hoy mejor que mañana.

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