CARTAS – FEBRERO

Nota Editorial: Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.

Cartas-1

Cada carta guarda un latido que no cabía en la voz.

—·— ⁘ ⁘ ⁘—·—

COLABORAN

  • Elspeth Gormley – España
  • Sarah Petrone – Argentina

—·— ⁘ ⁘ ⁘—·—

CARTA A MI PADRE

Elspeth Gormley – España

Hoy vuelvo a escribirte, aunque hace años que no estás. Y, aun así, sigo sintiéndote cerca. No es una paradoja: es la forma que tiene la memoria de mantener vivos a quienes amamos. Tu ausencia pesa, sí, pero tu presencia —esa que sembraste sin ruido— nunca se ha ido del todo.

A veces pienso en todo lo que viviste antes de que yo existiera. La guerra. La huida. Francia. Y ese tiempo oscuro en el que los alemanes te detuvieron y te enviaron a un campo de concentración. Apenas seis meses, dicen. Pero seis meses allí fueron una vida entera. Y sé que te marcaron para siempre, aunque tú casi nunca lo contaras. Lo intuía en tus silencios, en tu forma de mirar, en esa mezcla de fortaleza y fragilidad que solo tienen quienes han visto demasiado.

Y aun así, papá, nunca dejaste que el horror te volviera duro. Al contrario: te volvió más humano.

Me enseñaste a actuar con rectitud sin esperar recompensas, aplausos ni reconocimiento. A defender al oprimido y proteger la inocencia. A practicar la justicia incluso cuando no convenía. A escuchar siempre la voz de la conciencia, esa brújula interior que tú respetabas como un templo.

Me decías: “Lee y aprovecha. Reflexiona. Trabaja. Busca siempre la verdad a través del estudio y del progreso intelectual.” Y yo, sin saberlo entonces, estaba recibiendo la herencia más valiosa.

Me enseñaste a amar los libros como quien enseña a respirar. A amar la música, ese lenguaje universal que no necesita traducción. A respetar a los demás, incluso cuando el mundo no respetaba. A pensar por mí misma, a no repetir consignas, a no temer la libertad interior. A sostener mis ideas sin imponerlas. A mirar la vida con curiosidad, con ética, con esa serenidad tuya que parecía venir de otro tiempo.

Sé que ser masón en aquella España era caminar con cuidado, con discreción, con una dignidad silenciosa que yo, de niña, no entendía. Hoy sí. Hoy sé que tu manera de estar en el mundo era un acto de valentía. Y también un legado.

A veces me descubro repitiendo tus gestos, tus frases, tus manías. O defendiendo una idea con esa lógica sencilla y contundente que tú tenías. Y entonces me doy cuenta de que sigues aquí, en lo que pienso, en lo que escribo, en lo que soy.

No sé si estas palabras llegarán a algún lugar. No sé si existe un “otro lado” donde se lean las cartas que escribimos desde la vida. Pero si existe, ojalá te llegue esta:

Gracias, papá. Por lo que viviste. Por lo que superaste. Por lo que me enseñaste. Por haber sido luz incluso después de haber conocido tanta oscuridad.

Tu ausencia duele a veces. Pero tu presencia —esa que no se va— me acompaña siempre.

Elspeth

—·— ⁘ ⁘ ⁘—·—

CARTA QUE NO ENVIÉ

Sarah Petrone – Argentina

Aquí estoy otra vez, sentada con mi bloc de cartas, con la pluma cargada de tinta y un montón de palabras por escribir… Pero no puedo. Un nudo se ajusta en mi garganta, me aprieta el corazón y me hace desistir. Son muchos los mensajes a decir. Muchas las preguntas sin respuestas que he hecho a lo largo del tiempo. Muchas las críticas y las quejas que terminan siendo solo una desahogada necesidad en la incómoda situación de temas que me agobian y desvelan, entonces las escondo muy dentro de mi pecho y las callo, pese a que me las vuelvo a preguntar y, simplemente nadie me da respuestas. De modo que  decidí que ya no enviaré mis cartas.

Por ejemplo, escribí a los pobres cada vez más empobrecidos, y les recuerdo lo importantes que somos, ya que somos quienes sostenemos la tambaleante pirámide de la vida en el equilibrio universal. Ayudamos a los más pobres, enriquecemos a los ricos, a esos que se esfuerzan porque sigamos siendo pobres. Sostenemos los cultos que se multiplican sólo porque los apoyamos económicamente, aunque no los comprendamos.

Creo que no saben leer ya que no me responden y me devuelven mis misivas, sin abrir siquiera.

El mismo Dios que se hizo hombre y caminó en sandalias por caminos polvorientos, dicen que habita en Catedrales fastuosas…. Y no lo creo.

Sé que cada noche se sienta a mi lado y me sostiene, me escucha y me responde desde un diálogo interior, profundo. Nadie me lo cree, y no me importa. Sonrío y callo.

El mundo de jerarquías compite con la inteligencia artificial y ya no sé cual es cual. Se han creado monstruos en esta cadena de la vida y hemos arrinconado a la Naturaleza, a los Poetas, a los Artistas, a los de Buena Voluntad y a los Buenos Propósitos que nos enseñaron desde niños sobre el Honor y el Compromiso Moral y a la Amistad… Y me duele. Sospecho que ya no se enseña en los colegios.

Una y otra vez rompo las cartas que escribo a los humanos, a los que aún no han sido robotizados pero tienen miedo.

En esta desconexión con la realidad, debo parecer una loca o una alienígena llegada de otra galaxia para sembrar dudas y no verdades. Todo es posible.

Me repliego en la soledad de mi Yo y espero. Creo que soy normalita. 

Mientras tanto escribo cartas. Las que sé que nunca enviaré. Que loca ¿No? 

—·— ⁘ ⁘ ⁘—·—