¿ POR QUÉ ESCRIBO? – RELATOS
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COLABORAN
Alberdi Maren – España
Gormley Elspeth – España
Kiperman Andrea – Argentina
Pérez de Villarreal Carlos – Argentina
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ESCRIBIR…
Alberdi Maren — España
Hay días en los que algo dentro de mí empuja, arde, insiste. Una corriente interna que no sé detener y que me pide salida.
No es inspiración ni disciplina: es urgencia.
Una urgencia que me atraviesa y me obliga a abrir un cuaderno como quien abre una ventana en mitad de un incendio.
Cuando algo duele, la tinta lo reconoce antes que yo. Cuando algo ilumina, la página lo celebra sin pedir explicaciones.
La palabra se convierte en refugio, en brújula, en respiración.
No sé vivir sin nombrar lo que me pasa.
Hay emociones que solo entiendo cuando las dejo caer sobre el papel. Hay silencios que solo se abren cuando los escribo. Hay verdades que solo se revelan cuando las miro desde la distancia de una frase.
Cada palabra es un regreso: a lo que fui, a lo que soy, a lo que todavía no sé que seré.
Las historias me buscan. Las voces me rozan. Las memorias insisten. Si no las escribo, me persiguen; si las escribo, me acompañan.
La vida, sin metáforas, sería demasiado literal. Yo necesito belleza para sobrevivir, incluso cuando duele.
Necesito verdad, incluso cuando tiembla.
Algo en mí se ordena cuando escribo. Algo en mí se salva cuando termino. Y mientras haya una palabra ardiendo en mi boca, sabré que sigo viva.
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¿POR QUÉ ESCRIBO?
Gormley Elspeth — España
Hay quienes escriben por oficio, por costumbre o por disciplina. Yo no. Yo escribo porque lo necesito. Porque hay días en los que la vida pesa más de lo que admito, y entonces la palabra se convierte en el único territorio donde puedo respirar sin pedir permiso.
Escribo porque, cuando algo me atraviesa, no encuentro otra forma de comprenderlo que no sea entregarlo al papel. La tinta ordena lo que el corazón desordena. Me calma. Me explica. Me sostiene. A veces, incluso, me rescata de mí misma.
Escribo porque hay silencios que no sé pronunciar, pero que sí sé escribir. Porque lo que callo busca salida, y la encuentra en un verso, en una frase, en un párrafo que llega sin anunciarse, como si emergiera de un lugar más hondo que mi propia voz.
Escribo porque la memoria es frágil y la emoción fugaz. Y al escribir, lo que siento permanece un instante más, lo suficiente para mirarlo de frente y comprenderlo desde otra luz.
Escribo porque hay personas que ya no están, pero regresan cuando las nombro. Porque hay heridas que se suavizan cuando las cuento. Porque hay alegrías que se multiplican cuando las comparto.
Escribo porque, cuando no lo hago, algo en mí se apaga. Como si la vida perdiera un matiz, un color, un latido.
Escribo porque es mi manera de estar en el mundo. De acompañar y acompañarme. De mirar hacia dentro sin miedo. De transformar lo que me ocurre en algo que pueda ofrecer.
Escribo porque, al final, la palabra es mi casa. Y cada vez que regreso a ella, me reconozco.
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¿ POR QUÉ ESCRIBO?
Kiperman Andrea — Argentina
Antes que nada, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. Hoy me invade una profunda gratitud al escribir estas líneas y, siguiendo el tema del mes, esa sensación se agranda aún más. ¿Por qué escribo? Es una pregunta que me he hecho innumerables veces, y cada una de ellas tuvo una respuesta distinta.
Escribir nació en uno de los momentos más desafiantes de mi vida, impulsada por grandes escritores y padrinos literarios a quienes estaré siempre agradecida. Entre letra y letra, entre poema y poema, descubrí que todo el terremoto que llevaba dentro podía expresarse y convertirse en un puente hacia un “otro”.
Ese otro sois vosotros. Los que estáis allí, del otro lado. Quizá habéis vivido experiencias parecidas a las mías, quizá no. Pero creo que compartir reflexiones, pensamientos, sentimientos y aspectos de la vida que a veces pesan permite que las palabras crucen mares, vientos y ríos, y lleguen —susurrantes— a los rincones más recónditos del mundo. Basta con que una sola persona las lea para que algo se alivie, se ilumine o acaricie su corazón.
En un mundo donde el tiempo parece no existir, sentarse a leer es un acto de rebeldía. Y escribir para compartirlo es, también, una caricia al alma.
Escribo porque, a través del arte, de las palabras, de las prosas y de los recuerdos, uno puede mantener viva una llama que nunca se apaga. Escribo para llegar a ojos y corazones, para acompañar, aclarar, compartir y reflexionar juntos, creciendo día a día como personas y como seres humanos.
Escribo porque una parte de mí está aquí, en estos escritos que compartimos mes a mes, día a día.
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¿POR QUÉ ESCRIBIR?
Pérez de Villarreal Carlos — Argentina
En octubre de 2024, en la primera revista que inició su presencia en las redes, escribía un texto similar a este. Sigo pensando igual.
Más de una vez nos hemos preguntado: ¿por qué escribir? Aún no he hallado la respuesta definitiva.
Sí sé que mi intención al redactar es narrar, contar, relatar, en definitiva, transmitir lo que costó esfuerzo, energía y tal vez atrevimiento; y por sobre todas las cosas, la necesidad imperiosa de decir con palabras escritas aquello que he sentido, soñado o que he imaginado.
Todo concuerda con uno mismo, no hay dudas. Todo lleva, en una circunferencia perfecta, a realizar aquello que se desea fervientemente. Lo que sí puedo afirmar es que permite abrir las alas de la imaginación y llevarnos lejos. Volar por lugares y situaciones que jamás pensábamos encontrar.
Expresamos inquietudes, deseos, aspiraciones, fantasías, obsesiones y hasta parte de nuestros recuerdos.
Todo se amalgama, todo se ensambla, para dar a luz un conjunto de emociones que nos hace sentir que realmente vale la pena. ¡Sí, escribir vale la pena! Vale la pena porque es un modo de vivir, es una relación que nos permite percibir y experimentar lo que nos rodea. Abre la puerta a un mundo impensado, desconocido, donde somos el nexo de unión en este sorprendente viaje hacia la ficción.
Escribir encierra conmociones, sutilezas, ironía y, por sobre todas las cosas… pasión.
Muchas veces tratamos de explicar lo inexplicable. Nunca tenemos certezas. El tiempo no es nada, no es medible. No nos desvivimos por el ayer. No pretendemos ser el mañana. Nos hacemos a nosotros mismos, sin límites,
porque un segundo es la vida entera. En un segundo se nace y en un segundo se muere.
Los que escribimos tenemos una peculiaridad: llevamos a los lectores a nuestro universo literario, los internamos en él.
Por eso pienso que escribir un poema, un relato, un cuento o una novela es atrapar al lector, despertar en él sus recuerdos, sus alegrías, sus añoranzas.
Identificado con la escritura, debemos facilitarle el camino de la comprensión de algo que él ni siquiera pensaba y creo que hasta nosotros tampoco. Muchas veces tratamos de explicar lo inexplicable.
Lo único válido es enfrentarse a uno mismo, tener una visión propia e ir tras ella, con arrojo, obstinación, honestidad y trabajo. ¡Es el coraje y el entusiasmo lo que hacen la diferencia!
Debemos crear, crear y crear para que la magia no se detenga nunca, porque además, disfrutamos la necesidad que nos brinda la escritura: comunicación. La narrativa vocifera, revela, manifiesta, acusa, hace reír, pensar y recapacitar.
Esta tarea requiere esfuerzo, dedicación e intelecto y una habilidad especial: una destreza fantástica donde entran en juego la técnica, la perseverancia y el talento.
No se es escritor por haber elegido decir ciertas cosas, ni por la forma de escribir, sino por los sentimientos que producimos en el lector cuando nos lee: un recuerdo, una interpretación, una visión. Tal vez, hasta se haga partícipe necesario de nuestra narrativa; porque cuando cerramos un libro, jamás somos los mismos.
Pero también se debe tener en cuenta que nosotros, al crear, también manifestamos un cambio: dejamos de ser lo que éramos para ser otros.
Me gusta pensar que somos creadores de mundos imaginarios, hacedores de cuentos, maceradores de palabras.
¿Y qué significa escribir?
Asumo que es una puerta de entrada hacia una percepción distinta, que genera una conexión entre el escritor y el lector, el cual se ve sumergido en un universo sorprendente.
La imaginación llevada al límite.
Misterio, persistencia y expresión.
Recordar y olvidar.
Conquistar y prescindir.
Nostalgia, meditación, encanto y ardor.
Intriga, miedo, alegría, tristeza.
Pensamientos, conceptos, imágenes tal vez aún no reveladas.
Mensajes que parecen verdaderos y pueden ser mentiras consideradas verdades.
Llamas, furia, ensueño y fascinación.
La magia de la escritura es abrir las puertas a un mundo impensado, que tal vez nos haga sentir mejor y tal vez, ser mejores.
Creo en lo más profundo de mí mismo que la escritura es libertad; eso es todo.
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