ARTÍCULOS – SEPTIEMBRE
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COLABORADORES
Maren Alberdi – España
Bárbara Ayuso – España
Patricia Caro – Estados Unidos
Elspeth Gormley – España
Ángel Medina – España
Gustavo Páez Escobar – Colombia
Luz Mely Reyes – Venezuela
Sergio Ramírez – España / Académico de la RAE
JUGADAS Y PUNTADAS: LA VIDA

Maren Alberdi-España
En la vida cotidiana, muchas personas avanzan entre decisiones que parecen pequeñas pero que definen su camino. La metáfora del ajedrez y la del paño —dos imágenes antiguas, prácticas y profundamente humanas— permiten comprender cómo cada individuo enfrenta sus circunstancias, repara lo que se rompe y busca sentido en medio de lo que pesa.
Este artículo explora esa idea: la vida como tablero y como tejido, donde cada jugada y cada puntada revelan una forma de resistencia.
En el ajedrez, ninguna pieza elige su lugar de origen. El peón nace en la primera línea, la reina en el centro, el caballo en la esquina. Cada una tiene movimientos posibles y otros prohibidos.
La vida funciona de manera similar: hay quienes nacen con más libertad, quienes cargan más peso, quienes avanzan con facilidad y quienes solo pueden moverse un paso cada vez.
Sin embargo, incluso el peón —la pieza más humilde del tablero— puede transformarse si llega al final.
Esa posibilidad, silenciosa y poderosa, recuerda que la vida no está completamente escrita, que siempre existe un margen para cambiar el destino, aunque el camino sea largo y lleno de obstáculos.
La vida también es paño. Un tejido que recibimos con hilos viejos, con roturas antiguas, con manchas que no pusimos nosotros.
A lo largo de los años, cada persona cose lo que puede: remienda un cansancio, zurce una pérdida, refuerza una esperanza.
Estas puntadas no suelen verse desde fuera. Son gestos íntimos, cotidianos, que sostienen la dignidad de quienes siguen adelante a pesar del desgaste.
En un mundo que exige rapidez y perfección, el acto de reparar se convierte en una forma de resistencia tranquila, una manera de decir: todavía sigo aquí.
La vida se mueve entre estrategia y cuidado. Entre pensar la próxima jugada y sostener el tejido que nos mantiene en pie.
Hay días en los que somos torre: firmes, quietas, observando. Otros en los que somos caballo: obligadas a girar, a saltar, a cambiar de dirección sin aviso.
Y mientras jugamos, seguimos cosiendo. Cosemos paciencia, memoria, cansancio, sueños que aún no encuentran su lugar.
Esta doble tarea —avanzar y reparar— define la vida de muchas personas que no pueden permitirse detenerse.
Personas que sostienen familias, trabajos, silencios, esperanzas.
Personas que, como tantas mujeres anónimas, viven entre jugadas difíciles y puntadas invisibles.
No importa si la vida nos colocó como reina o como peón, si el paño quedó perfecto o lleno de remiendos.
Lo que importa es haber sostenido el hilo y haber avanzado con dignidad.
Porque la vida, vista desde la raíz, no se trata de ganar: se trata de resistir con belleza, aunque duela, aunque pese, aunque el camino sea de tierra húmeda y sombra antigua.
«La vida no se mide por las piezas que movemos, sino por los hilos que no dejamos romper.»
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MAS DE MIL MENORES DEAMBULAN POR CEUTA

Barbara Ayuso-España
El perfil ha cambiado desde la entrada masiva: ahora son mayoritariamente varones con edades entre los 14 y los 17 años
Los mil menores que aún viven en la calle en Ceuta pasan los días atrapados en un limbo con verbo propio: deambular. Aunque los recorridos son variables, esos niños y niñas comparten un trayecto que realizan a diario aunque el resultado no varíe. Primero acuden en grupos pequeños al corazón de la ciudad, a la Jefatura Superior de la Policía. Pero jamás logran entrar. “Que os vayáis, ya os lo dije ayer y anteayer, no estamos filiando”, les chilló un agente a un grupo de chicos de no más de 14 años.
La escena tuvo lugar el jueves, pero se repite en bucle cualquier otro día en la ciudad. Esta vez, además, una de las intérpretes de la comisaría salió a darles en dariya (variedad dialectal del árabe hablada popularmente en Marruecos) alguna razón más para el rechazo: “No podemos identificaros hasta que no haya instalaciones dónde llevaros. De momento, no hay sitio en ninguna. Si queréis, preguntad allí directamente”, les dijo. Los niños se fueron, aunque ella y ellos saben la respuesta que les aguarda en los centros de menores como Piniers, al suroeste de Ceuta: “Aquí no hay sitio, id a la Policía y ellos os dirán”. Y este grupo de niños, o cualquier otro, volvió a rebotar entre negativas, hasta que por la noche el deambular se detiene para buscar algún sitio dónde dormir.
Otros sí que lograron techo. Dos semanas después de la entrada masiva, el Ejecutivo ceutí —competente de la tutela de los menores—, empezó a realojar muy poco a poco a niños y adolescentes en establecimientos improvisados. Hasta ese momento habían transitado a su suerte desde que lograron entrar solos en Ceuta en la ciudad autónoma. La avalancha y la falta de atención de las administraciones les dejó en condiciones de insalubridad extremas en los asentamientos improvisados o en los solidarios de. Sidi Embarek o el Príncipe
Aún así, las escenas de niños tirados en cualquier acera se han repetido durante semanas en medio de la emergencia humanitaria y la resistencia del PP a que sean derivados a la península. Porque la capacidad de Ceuta para acogerles reventó con el cruce: solo hay disponibles 22 recursos de acogida en una ciudad cuyos servicios sociales están más que saturados.
Antes de julio había ya unos 700 menores no acompañados en el sistema de acogida ceutí, a los que se sumaron en torno a 1.300 que cruzaron entre el 30 y el 31 de ese mes. La ciudad autónoma, en cálculos del Ejecutivo central, tiene disponibilidad solo para 29 plazas ordinarias y cuando una comunidad excede por tres sus recursos puede solicitar la situación de contingencia migratoria y los menores tienen que ser realojados obligatoriamente en la península. Ahora son 2.200 menores filiados.
En ese grupo, que tiene nombre y rostro, se encuentra Youness, de 16 años. Quien, como muchos otros, ya se han rendido de ese deambular entre la Policía y los centros en busca de techo y filiación. El miércoles por la noche, en la playa de El Trampolín, contaba que también había dejado de pasar el tiempo con otros grupos de menores para repetir el peregrinar. Fue a la playa buscando a sus vecinos de Castillejos y se quedó a vivir con ellos en una de sus tiendas. “ ¿ tu crees que me podré colar en el campamento del puerto cuando lo abran preguntaba. Youness se refería al anterior realojo de migrantes, el de las inmediaciones de Loma Colmenar. Aunque estaba destinado solo a hombres adultos, varios menores se pusieron en la fila y lograron plaza. “Este es menor, pero bueno, déjale y ya haremos el papeleo después”, susurraba uno de los responsables del traslado.
La guerra política de los menores
El mismo miércoles en el que Youness se rendía, en el Congreso de los Diputados se desataba la batalla política. “Pregúntele a Vivas”, respondió el presidente Pedro Sánchez a los periodistas cuando le interpelaron en los pasillos por los menores. Se refería al presidente de Ceuta, el popular Juan Jesús Vivas, que ha virado radicalmente su discurso y ahora demanda que todos sean devueltos a Marruecos. Pero sobre todo que ninguno de los que ya están en centros sea derivado a la península, donde 11 comunidades están gobernadas por sus compañeros de partido, cuatro en coalición con Vox. La ultraderecha presiona con el repudio a la inmigración como su gran bandera.
Enfrente, el Ministerio de Juventud e Infancia da como mucho al PP dos meses antes de forzar, los traslados, con la ley en la mano . De producirse, no solo resolvería la situación de los que ya están en acogida en esos centros, sino también de los otros mil que esperan esa plaza libre que nunca llega.
Youness no la logró tampoco en los centros de adultos. Antes de llegar al campamento del puerto, cuando los migrantes esperaban sentados en el suelo a la espera de que la Policía les organizara para entrar, una de las responsables de la entidad que gestiona el campamento distinguió entre ellos a dos gemelos con sudaderas azules claramente menores de edad. Les retiró de la fila y repitió la operación en el resto de grupos. Hizo lo mismo con otra decena, Youness entre ellos. Les sentaron en la acera, a la espera de que terminara el realojo. Pero, ¿dónde llevarlos si no hay plazas libres en los centros? De acuerdo a la legislación, es el área de menores de Ceuta quien ostenta su tutela, pero para eso es necesaria su correcta filiación. Y con los recursos tan saturados, todavía hay decenas sin registrar. Todos los ven, pero todo avanza como si no existieran.
El área de menores de la ciudad navega también este otro limbo y busca plazas sueltas en los centros ya habilitados, estirando su capacidad más allá del límite. Cuando las encuentra, les filia y acoge. Pero sigue siendo insuficiente: hay cientos en las calles y algunos también en las casas. Desde finales de julio, alguno vecinos de las barriadas más humildes acogieron bajo sus techos a muchos de ellos, y aunque continúa pasando cincuenta días después, el perfil ha variado. Los más pequeños, los vulnerables y las niñas fueron los primeros grupos en ocupar las plazas de los primeros centros de menores que se habilitaron, aliviando los acogimientos solidarios de los vecinos.
Pero ahora los menores atrapados en el limbo de las calles son mayoritariamente varones, con edades entre los 14 y los 17, y estos refugios provisionales y vecinales escasean cada vez más. Así que lo menores tienden a agruparse entre ellos, haciendo piña en las calles ceutíes, lo más lejos posible de la frontera con Marruecos. Aunque es ilegal expulsarles, muchos dicen haber presenciado a militares forzando a otros menores a cruzar el puesto fronterizo, obligándoles a firmar el retorno voluntario a su país. De las expresiones que manejan en español, hay una que repiten con convicción: “Marruecos no, militares no”, dicen.
Otra de ellas es “soy menor”. Dos palabras que usan como escudo cuando, por su aspecto adulto y su cercanía a la mayoría de edad, son frecuentemente tomados por adultos. Ellos enseñan sus pasaportes verde oscuro y señalan la fecha de nacimiento: 2009, 2010 algunos; otros, 2011 o 2012. Los ofrecen a quien interpreta que les puede decir algo más que “no hay sitio” y le preguntan “¿dónde voy?“, pero las respuestas escasean en el limbo.
Lo único parecido a una certeza es la pulsera naranja de sus muñecas. La repartió hace algunas semanas la Cruz Roja para organizar el reparto de comida diario en la Playa de Trampolín, para evitar el tráfico de alimentos y que los que ya duermen en asentamientos se pusieran también en la fila. Esa es la única cola en la que estos adolescentes tienen sitio asegurado, en la cabecera. Junto a mujeres y niños, son los primeros en recibir las bolsas blancas de la organización.
Expulsiones y reagrupación
El Gobierno y el PP coinciden en que, una vez que se filie a estos menores, la reagrupación familiar en Marruecos es una prioridad. Sin embargo, tanto la normativa española como la europea son garantistas con los derechos. Es un proceso que requiere de tiempo y se tramita individualmente. Hay que identificar a su familia, escuchar qué quiere el menor… En cualquier caso, y pese a las manifestaciones públicas de Rabat asegurando que acogerá de vuelta a todos los adultos y menores, no siempre facilita los retornos. Antes de la avalancha, Ceuta había resuelto la reagrupación de 668 menores que hasta entonces no habían sido aceptados por el reino alauí, indican fuentes de la administración ceutí.
En lo tocante a los menores del cruce de finales de julio, no fue hasta este lunes cuando empezaron a tramitarse 10 expedientes de repatriación. El mando único encabezado por el ministro de Política Territorial, Ángel Víctor Torres, espera las primeras resoluciones el próximo miércoles.
Detrás de todo ese ruido político, los técnicos de la ciudad autónoma siguen trabajando en la tramitación de los expedientes para intentar una reagrupación familiar en Marruecos altamente improbable, lo que aboca a su derivación a territorio peninsular. El Ministerio de Juventud e Infancia ha planteado dos fórmulas: convenios de colaboración entre comunidades autónomas o la obligación de aplicar el artículo 35 de la ley de extranjería. A través de la primera vía salieron cinco niñas, con destino a Navarra. Gobernada por el PSOE. El Gobierno de Vivas tuvo que autorizar su salida pese al argumento de que si se marchan a la península habrá un “efecto llamada”. En las próximas semanas, a los expedientes completados podrá aplicarse la segunda vía, la obligación de las comunidades autónomas de realojar a los menores.
Y mientras llega, más limbo. Para Youness, para Yasim, que vive en otro asentamiento en el Polígono de El Tarajal, o para Samir, que comparte mantas cada noche con otros 10 menores junto a la planta desalinizadora, entre las playas de Trampolín y Benítez. Parece una lengua de tierra con un muro blanco frente al mar, pero en realidad es tierra de nadie.
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LAS DEPORTACIONES MASIVAS, PASAN FACTURA A LA ECONOMIA ESTADOUNIDENSE

Patricia Caro-Estados Unidos
La intensificación de las políticas migratorias impulsadas por la Administración de Donald Trump está generando una creciente preocupación entre empresarios de diversos sectores económicos de Estados Unidos. Aunque el Gobierno celebra el aumento de las detenciones y deportaciones de inmigrantes, numerosos empleadores advierten de una alarmante escasez de mano de obra que ya está afectando a restaurantes, hoteles, residencias de mayores, agricultura, construcción y servicios.
El artículo recoge testimonios de empresarios que han perdido trabajadores con experiencia debido a la cancelación de permisos de residencia y trabajo, así como por el miedo que las redadas migratorias han extendido entre las comunidades extranjeras. Muchos inmigrantes que llevaban años viviendo y trabajando legalmente en el país han visto desaparecer de forma repentina la protección que les ofrecían programas como el Estatus de Protección Temporal (TPS).
Las consecuencias empiezan a notarse en la actividad económica. Algunos negocios han reducido horarios, otros no encuentran personal cualificado para cubrir puestos esenciales y sectores enteros dependen en gran medida de trabajadores inmigrantes. En lugares como Florida y Texas, propietarios de empresas alertan de que la falta de empleados amenaza tanto al turismo como a la atención sanitaria y al cuidado de personas mayores.
Además, las restricciones a determinados visados laborales dificultan la contratación de profesionales extranjeros, especialmente para pequeñas y medianas empresas que no pueden asumir los elevados costes exigidos por la nueva normativa. Según diversas organizaciones y estudios citados en el reportaje, la disminución de trabajadores también está contribuyendo al aumento de precios de productos agrícolas y servicios básicos.
Empresarios, asociaciones y representantes políticos reclaman una reforma migratoria que permita regularizar la situación de quienes llevan años contribuyendo a la economía estadounidense. Mientras tanto, crece el debate sobre si las medidas destinadas a endurecer el control migratorio podrían acabar teniendo un elevado coste económico para el propio país.
Fuente: Patricia Caro. Reportaje sobre el impacto económico de las políticas migratorias de la Administración Trump en distintos sectores productivos de Estados Unidos.
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SOMOS LOS DIRECTORES DE NUESTRA VIDA: el piano donde todos aprendemos a tocar

Elspeth Gormley-España
En algún momento de la vida descubrimos que nadie va a venir a dirigir nuestra orquesta. Que no existe un maestro oculto marcando el compás. Que somos nosotros —con nuestras dudas, nuestros silencios y nuestras pequeñas valentías— quienes levantamos la batuta y decidimos cómo suena nuestra historia.
La vida es como un piano. Tiene teclas blancas y teclas negras. Las blancas representan los días que fluyen sin resistencia: los encuentros que iluminan, las decisiones que no duelen, las certezas que sostienen.
Las negras son las otras: las pérdidas, los miedos, las noches largas, los momentos en los que la vida parece desafinada.
Pero ninguna melodía verdadera existe sin ambas. No hay música completa hecha solo de luz. No hay biografía auténtica hecha solo de sombra.
Ser director de la propia vida no significa tenerlo todo claro. Significa algo más humilde y más profundo: decidir cómo reaccionamos, qué sostenemos, qué soltamos, qué dejamos que nos transforme.
Cada persona toca su propio piano. Unos con manos firmes, otros con manos temblorosas, otros aprendiendo sobre la marcha. Pero todos, sin excepción, componemos algo irrepetible.
Hay días en los que la vida nos pide un acorde mayor, y otros en los que solo podemos sostener una nota mínima. Hay momentos en los que sentimos que la melodía se nos rompe, pero incluso entonces, la música sigue dentro, esperando que volvamos a tocar.
En la cultura del éxito rápido se nos enseña a evitar las teclas negras, como si fueran errores, como si fueran fallas, como si fueran algo que hay que esconder.
Pero las grandes melodías —las que permanecen— nacen precisamente de la mezcla entre lo claro y lo oscuro. De la capacidad de integrar lo que duele sin dejar que nos destruya. De la valentía de tocar incluso cuando la vida desafina.
Nadie puede tocar por nosotros. Nadie puede decidir qué nota viene después. Nadie puede sostener el silencio que necesitamos o el impulso que nos salva.
Dirigir la propia vida es un acto íntimo, a veces solitario, a veces luminoso, siempre profundamente humano.
La vida no es la música que suena, sino la que seguimos tocando cuando las teclas negras nos reclaman el alma.»
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LA CONFIANZA

Ángel Medina-España
Cogito, ergo sum, esta es la cuestión. Pensar o no pensar, equivaldría aquí la célebre frase cartesiana. Porque, muchas veces nos enredamos con el pensamiento… a base de no pensar. ¿Pensar, el qué? Sencillamente esto: que todo discurre en el sujeto y por tanto lo que sucede es cómo me posiciono ante el objeto.
Quiero decir: las cosas son lo que son, pero yo me entenderé con ella desde mi percepción. Esto es, la traducción que del objeto haga inteligentemente. Pero, es obvio que para este menester se impone pensar. Parodiando a Shakespeare podríamos recitar: “Pensar o no pensar, esa es la cuestión”. Y a base de dejarnos manipular por los medios de comunicación, que todo nos lo dan hecho, el no-pensar va paso de convertirse en un deporte nacional. (Si no, díganme ese maligno proyecto de abandonar el entendimiento del aprendizaje para delegar el conocimiento en la Wikipedia de turno)
Desde la perspectiva de que todo ha de ser pensado y razonado, y dependiendo de cómo me lo haga entender, está claro que pueden darse muy diversas interpretaciones. Todo lo cual suscita la duda, pues el mecanismo de acción del pensamiento es la duda sistemática de todo. ¿Cómo puedo estar seguro de algo que es ajeno a mí, si de lo que se trata es de que aquello que es pura objetividad (la cosa) he de darle forma dentro de la testa, o sea, subjetivarla? Si no, piénsese, por ejemplo― estamos hablando de la indecisión; no nos perdamos― en la relación afectiva. ¿Cómo alcanzar la convicción, y menos aún la certeza, de que nos guardan fidelidad? No. No es posible. Acabaríamos neuróticos bañados en la duda continua. Sin confianza no se puede vivir. Dígasele, si no a los trapecistas de un circo, que han de saltar al vacío sin más sostén que las manos de su compañero. ¿No habrán de confiarse? De nada podemos estar seguros al cien por cien. Y no nos calentemos la chola dándole vueltas, que es sencillo de entender. Todo se constituye en duda, porque tenemos que arriesgar la respuesta― por supuesto después de sopesarla― Ante uno se abren varios caminos: desentendernos, dudar, negar o afirmar. Confianza se llama la respuesta. Riesgo, si se prefiere. Pero ante la duda― en el fondo todo lo es como venimos diciendo― no cabe otra cosa. La vida y el hombre son así.
Llegado aquí― no olvidemos que estamos racionalizando el raciocinio― podríamos argüir lo siguiente: que no puedo estar seguro de nada, aunque le conceda mi voluntad y procure en principio admitir esa cosa objeto de mi pensamiento ¿Por qué? Sencillamente, porque siempre tendré una duda razonable al tratar de responderme sobre algo ajeno a mí mismo.
Correcto. Hemos llegado a entender la diferencia entre la “cosa” objetivable y el sujeto que la piensa. ¿Y por qué no invertir el orden para hacerlo más asequible o al menos práctico? Veamos, ¿no sería mejor tratar de ver si me entiendo mejor o peor a mí mismo, con o sin esa cosa?
¿Qué “cosa” poner aquí para mejor comprensión? Se me ocurre una: la «Cosa». La causa primera y última de todo, incluido yo mismo. El Misterio que ha de ser sustento de todo, si queremos sostener que todo efecto ha de tener causa.
Traigamos aquí la otra no menos frase de Pascal: Credo, ergo sum. Porque creo, existo. Me sé.
Hagámonos la pregunta: ¿qué puede un hombre saber de Dios, sino lo inexplicable, de igual manera que la gota en el mar, aun siendo mar, al sentirse rodeada del agua por todas partes no puede abarcar la inmensidad? La relación sólo cabe en la confianza. En ella misma es inabarcable, pero he de darme una explicación razonable para mi inteligencia. ¿Cuál ha de ser el camino, entonces?
Sencillamente el contrario al iniciado. Lo antes dicho. No puedo relacionarme con la Cosa de tú a tú, pero sí es posible entender cómo puedo comprender mi existencia mejor― ya estoy buscándome a mí directamente― con o sin esa cosa.
Descendiendo al plano coloquial. Puedo decir: “no existe”, pues me resulta imposible, y más, demostrarlo. Siempre se me escapa. Pero, también puedo decir:” sí existe”, si bien no podré acreditar ninguna de las dos conclusiones. ¿Sin embargo― desenredando el pensamiento, aunque reflexionando―, cómo afirmarme? O, mejor aún, dicho en Román paladino: ¿cómo puedo explicarme yo a mí mismo?
Lo primero que sé es que lo que no es no puede darse existencia a sí mismo. Y, no obstante, yo existo. Luego, a poco que lo piense habré de haber recibido esa existencia desde fuera. Y como la “nada” nada me dice, habré de situar ahí mi primer acto de confianza razonable.
Lo segundo, es lo desconcertante de la vida. Haber sido arrojado a ella para tener que padecer y finalmente morir. Si se me ha dado la existencia, sería una crueldad que todo viniese a concluir en la nada. Venir de la nada para ir a parar a la nada, ¿qué sentido conceder a ese planteamiento? A lo cual podría responderme. Puro azar. A lo que habría de seguir otra interpelación: ¿Y qué prueba la casualidad? ¡Nada! Entonces, la criatura, es decir, yo, sería un absurdo. Un caos. Pero también `puedo responderme. ¡No! El azar no existe. Lo que existe es la causalidad. (de lo contrario habría de sostenerse algo insostenible: que existen efectos sin causas, al menos sin una causa primera). Ha de haber una causa primera y última que respondan a la interpelación que me hago no ya sobre esa “Cosa”, sino de mí mismo. Viene a cuento recordar el grito de Michelet, del cual se hace eco nuestro inmortal Unamuno, cuando a la hora postrera grita aquello de ¡Mi “yo”, que me lo arrebatan!”. Y es que ahí reside la esencia del hombre: en su ansia de vivir, sabedor de que no puede prolongarse. No tiene capacidad para demostrar ni su origen ni su destino, pero siente ese deseo como parte vital de él mismo. Esencia del ser. Y estas razones fuerzan más al “sí” que al “no”, a pesar de no poder demostrarse la racionalidad ni irracionalidad del deseo de perpetuarse. Ahí habrá de situarse el segundo acto de la confianza.
Razones válidas para inclinarnos hacia la confianza radical. Algo que, a pesar de las aparentes contradicciones de la vida nos hagan caer en la cuenta, que más allá de la incertidumbre lo que se ventila es mi propio ser. Entender mejor de mí o no. Eso dependerá de dónde se ponga esa confianza, que ni es racional ni irracional, pero sí razonable.
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NERUDA Y ASTURIAS

Sergio Ramírez-España Académico de la RAE
Puede proteger del olvido, pero para los vivos el premio Nobel sirve, sobre todo, para comer a cuerpo de rey en los mejores restaurantes.
A veces, con afán un tanto deportivo, repaso la nómina de los premios Nobel de todos los tiempos. A quienes entre ellos he leído, cuáles no leería nunca, cuales otros no volvería a leer, y aquellos cuyos nombres no me dicen nada. Sus nombres están inscritos en las lápidas de un vasto cementerio, algunas de ellas sobresalientes, otras perdidas entre la hierba.
Rubén Darío se arrepentía de haber firmado un manifiesto en contra de don José Echégaray, cuando lo recibió en 1904, ocasión en que fue zaherido por una turba iconoclasta y justiciera, que encabezaba Valle-Inclán, porque, según rezaba el manifiesto, su obra era melodramática y anticuada. Lo decía nada menos que el pleno de la generación del 98.
¿Qué pasa, por ejemplo, con mi paisano centroamericano, Miguel Ángel Asturias? Cuando le concedieron el premio Nobel en 1967, las campanas de todas las iglesias de Guatemala se echaron al vuelo, y no era para menos. Y antes de hacer su triunfal viaje en tren a Estocolmo, volvió a su país natal, y fue revestido con los honores de rigor: una copa de champaña en el palacio presidencial, las llaves de la ciudad que le otorgaba el municipio, diplomas de asociaciones artísticas, algún concierto de marimba.
Fue cuando lo vi por única vez en mi vida. Lo recuerdo sentado en el corredor de la casa de su hermano Marco Antonio, en el barrio Candelaria de la capital, donde se hallaba hospedado, un ídolo maya vestido de saco y corbata. Yo era un bisoño funcionario del Consejo Universitario Centroamericano, y lo visité para proponerle una visita por la región, para recibir doctorados honoris causa. Con toda cortesía me respondió que lo dejáramos para después de la ceremonia en Suecia, y allí se quedó.
Tenía la estampa de un hombre de buen diente, y sí que lo fue, como lo demuestra el libro que escribió al alimón con Pablo Neruda, Comiendo de Hungría donde relatan sus aventuras culinarias en Budapest, cuando coincidieron en agosto de 1965, invitados oficiales del Partido Obrero Socialista Húngaro.
Como valientes comedores que ambos eran, emprendieron una bien planeada excursión por los más augustos restaurantes de la ciudad y sus alrededores, y sus anfitriones del partido sabían escoger bien cuáles platos de la cocina magiar los seducirían mejor. Eran celebridades oficiales en el mundo soviético, ambos Premios Lenin de la Paz; cuando Neruda lo recibió en 1951, el nombre del galardón era Premio Stalin de la Paz.
Se llamaban entre ellos “chompipones”, en burla mutua a su inflada contextura de chompipes, el nombre centroamericano para el pavo de orgulloso andar, o guajolote. “Poetas gordos” los dos, señala Asturias, de buena mesa y buena bodega. En aquellos restaurantes, cuyos decorados recordaban las glorias del imperio austrohúngaro, les dispensaban las mismas atenciones que a los jerarcas de la nomenklatura.
“¡Hígado de ángel eres!”, exclama Neruda en una breve oda al foie gras húngaro; y sobran los elogios al Tokaj y al Egri Bikáver, el rojo y espeso vino Sangre de Toro, “toro con corazón de terciopelo”, como canta el mismo Neruda en un soneto; pero bajo esa marca los hay de diferentes calidades, pues el Sangre de Toro que yo compraba en Berlín Occidental en los años setenta, en las temporadas en que escaseaban los marcos, era de los más baratos que uno podía hallar, y venían en botellas de a litro.
Tras esta disquisición gastronómica, y no hay cómo no tener envidia de los festines que se describen por parte de ambos autores, regreso a los engañosos parámetros de la eternidad literaria. ¿De qué vale, en verdad, el título de premio Nobel frente al olvido? En vida, para ser tratado a cuerpo de rey en agotadoras, y a la vez placenteras, giras por restaurantes, como esa de que disfrutaron Asturias y Neruda, ambos ceñidos por los mismos dorados lauros suecos.
Pero, ¿Henryk Pontoppidan, Karl Spitteler, por ejemplo, quienes fueron? Están en la augusta lista, pero nunca los leeré. Tampoco sabré nunca si fueron gourmets de categoría o no lo fueron. Pobre don José Echegaray, tan en la mira implacable del temible Valle-Inclán. A lo mejor hasta buen colmillo tenía, como el de Neruda y Asturias, y como el del propio Darío, que alguna vez disfrutó del pato a la sangre en el restaurante parisino de turistas ricos La Tour d^Argent donde los comensales recibían un certificado numerado. en prueba de que habían probado aquella exquisitez.
Neruda, más allá del repaso fundamental de la cruda historia de América que es el Canto General, seguirá sirviendo de secretario de los amantes con sus Veinte Poemas de amor, y esa es una forma de eternidad. Y de Asturias, aunque se le lee poco hoy día, me sigue seduciendo el retrato sombrío de la Guatemala crepuscular de El señor presidente, y la parafernalia verbal de Hombres de maíz.
En fin… “¡Y tan buen comedor guardo bajo mi manto!¡Y tan buen bebedor tengo bajo mi capa!”, confesaba Darío.
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