ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL – OCTUBRE

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LO JUSTO

Andrea Kiperman – Argentina

Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras, regalándome unos minutos de tu tiempo y permitiéndome reflexionar juntos sobre aquellos temas que atraviesan nuestra vida cotidiana. El tema de este mes en la Revista es la Justicia, una palabra tan conocida como compleja, tan presente en nuestras conversaciones como difícil de definir cuando intentamos llevarla a nuestra propia experiencia. Y, como suelo hacer en cada editorial, quisiera tomarme la licencia de darle una vuelta de tuerca al tema para mirarlo desde un lugar más íntimo, más cercano a nosotros mismos.

¿Qué es realmente la justicia? ¿Cuán cerca o cuán lejos estamos de ella en nuestra vida diaria? Son preguntas que parecen sencillas, pero que esconden una enorme profundidad. A veces la justicia se nos escapa entre los dedos como arena caliente en una playa de verano: creemos tenerla al alcance de la mano y, sin embargo, desaparece antes de poder aferrarnos a ella. Otras veces sentimos que mientras más intentamos acercarnos a ella, más distante parece volverse, como ciertos sueños, como algunas respuestas o incluso como algunos momentos de la propia vida. Entonces surge otra pregunta inevitable: ¿qué es verdaderamente justo para nosotros?

Seguramente, en más de una oportunidad, nos hemos encontrado envueltos en estas inquietudes. Tal vez frente a una situación dolorosa, una pérdida, una decepción o simplemente observando acontecimientos que afectan a quienes nos rodean. Son momentos en los que nos preguntamos por qué suceden ciertas cosas, por qué algunas personas parecen recibir aquello que no merecen mientras otras luchan con todas sus fuerzas sin obtener la recompensa esperada. Son interrogantes que nacen del corazón humano y que, de una manera u otra, nos acompañan a lo largo de toda la vida.

Cuando intentamos vivir de manera coherente con nuestros valores, cuando procuramos que nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras acciones caminen en la misma dirección, esperamos que exista cierta correspondencia entre lo que damos y lo que recibimos. Sin embargo, la vida no siempre responde de esa manera. Entonces aparecen la desilusión, el desconcierto y la frustración. Nos preguntamos qué rumbo han tomado las cosas, qué sentido tienen algunos acontecimientos y por qué, a pesar de actuar con honestidad y buena intención, los resultados parecen alejados de nuestras expectativas. En esos momentos la frustración suele llevarse todos los aplausos y ocupar el centro de la escena.

Pero, volviendo al tema que nos convoca, quizá una de las verdades más difíciles de aceptar es que no todo lo que ocurre en la vida nos parecerá justo. Existen experiencias que desafían nuestra lógica, situaciones que escapan a nuestra comprensión y acontecimientos para los cuales no encontramos explicación inmediata. Durante años he reflexionado sobre esta cuestión, intentando encontrar respuestas que me permitieran comprender mejor lo justo y lo injusto. Y, aunque no tengo certezas absolutas, he llegado a una conclusión que, al menos para mí, resulta esclarecedora.

Creo que hay aspectos de la vida que tal vez nunca lleguemos a entender completamente porque no contamos con toda la información, con todas las perspectivas ni con todas las piezas que conforman la realidad. Hay preguntas que quizá no tengamos la oportunidad de responder y situaciones que jamás podremos analizar en toda su dimensión. Sin embargo, sí existe algo que está a nuestro alcance: la posibilidad de ser justos con nosotros mismos.

Ser justos con nuestras emociones, con nuestros tiempos, con nuestras capacidades y también con nuestras limitaciones. Ser justos con nuestros valores, reconociendo lo que somos y lo que hemos recorrido. Ser justos al valorar nuestros esfuerzos, incluso cuando los resultados no son los esperados. Porque muchas veces la verdadera justicia comienza allí, en la forma en que nos tratamos a nosotros mismos y en la manera en que elegimos responder ante los acontecimientos que la vida nos presenta.

Cuando actuamos desde ese lugar de equilibrio, respeto y coherencia interior, no solo construimos una relación más sana con nosotros mismos, sino que también contribuimos a crear un entorno mejor para quienes nos rodean. Tal vez no podamos controlar todo lo que sucede, pero sí podemos decidir desde qué valores enfrentamos cada circunstancia. Y, quizás, en esa elección cotidiana, silenciosa y profunda, encontremos una de las expresiones más auténticas de la justicia.

Quedo con ustedes..

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