ARTÍCULOS ENERO

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Los artículos son las brújulas que nos orientan en el vasto mar del conocimiento, iluminando con claridad y precisión los temas que nos apasionan y nos invitan a reflexionar. Elspeth Gormley

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LA FELICIDAD

Leonora Acuña de Marmolejo / EUA

En una charla amistosa, alguien me preguntó acerca de mi criterio sobre la felicidad.

Particularmente pienso que la felicidad absoluta no existe. Si la relacionamos a otros conceptos, frecuentemente vemos que está condicionada por lo que para cada cual constituye el concepto de este don. Y recordemos siempre que no hay camino a la felicidad: La felicidad es el camino. La felicidad es un trayecto, no un destino; es un estado interno que no depende de cosas externas o de otra gente, y surge de nuestro interior.

Para algunos, felicidad significa solamente dinero; para otros, amor; para otros, salud, y asi… Hay quienes piensan que siendo famosos o alcanzando el poder, son felices; finalmente otros se contentan con ser físicamente bellos. Así pues, aquella gema, al parecer, tan elusiva depende de la personalidad e ideales particulares de cada sujeto.

El renombrado intelectual Denis Waitley, con mucha razón dijo: “La felicidad es una experiencia espiritual de saber vivir cada momento con amor, gracia, y gratitud”. Creo que el secreto estriba en saber apreciarla sencillamente, en el tiempo, manera y dosis en que se presente; sin exigencias, sin objeciones y sin razonamientos analíticos; como los niños cuando reciben un bello juguete: gozando de este sencillamente al máximo. Porque el proceso de reflexión, da características de opacidad a la policromía del paisaje que pudiendo haber sido deslumbrantemente hermoso, pierde entonces su belleza que va difuminándose hacia contornos tristes, lo cual está reñido con la esencia misma de la felicidad.

Nos aferramos a una tendencia masoquista de sufrir, que casi por tradición y a tientas buscamos; que nuestra voluntad lucha por vencer, y que defendemos subconscientemente con paralogismos negativos que van desde las más sutiles aprensiones, hasta el miedo en sus diferentes expresiones. Esto nos incapacita para ser felices, o hacernos conscientes en el momento preciso en que podríamos serlo; simultáneamente somos hasta capaces de inquietarnos pensando con pesar, que este momento fuera aún más placentero y espléndido si estuviese complementado por otras circunstancias o realidades. Con esta deseo basta para que el “Hada Felicidad” se esfume como por encanto, porque ésta, es única desde todos sus puntos de vista y no admite exigencias ni promiscuidad con otros valores semejantes. Somos felices por una cosa o por la otra, pero nó por todas a la vez, porque además si así lo fuera, siendo absolutamente felices y si todo nos fuera concedido a pedir de boca, el aburrimiento por hartazgo sería como una serpiente venenosa que enroscándose a nuestras vidas nos estrangularía con sádica crueldad. No tendríamos desafíos nobles, ni incentivos de lucha, y esto por lógica derrotaría nuestras ansias de vivir. Además recordemos que la vida está hecha de momentos; vivamos pues cada momento de la mejor manera posible: con optimismo y agradecimiento a Dios por el privilegio de la vida.

Por una visión miope de nuestra conciencia adiestrada y empeñada en percibir primero el dolor… como un ideal redentor, muchas veces ni siquiera abrimos nuestra psique a una sensación positivista de dicha o placer. Pero con la misma fe, podemos también buscar, descubrir, y disfrutar de la alegría y de la belleza de la vida y de este transitorio paraíso terrenal con un sentido menos punitivo. Por la prevención al sufrimiento, muchas veces la felicidad ha pasado a nuestro lado desapercibidamente, y no hemos tenido la gracia de

Hacernos conscientes de ella y de apreciarla, hasta mucho después cuando parangonando

el momento presente con otro pasado en una visión retrospectiva en nuestro subconsciente, hemos visto con pesar como por reflexión en la imagen que nos devuelve, cuántos momentos de felicidad han pasado inadvertidos.

La felicidad no tiene ni un tiempo ni una medida determinados. Por eso a veces surge tan súbitamente y con un impulso tan arrollador que nos aturde y nos confunde de inmediato como cuando irónicamente lloramos de dicha. Tampoco se encuentra en un sitio especial. Es un tesoro disperso, itinerante, y no siendo una sensación prolongada, sino un estado más o menos transitorio de ánimo, lo que podemos hacer con ella es aprovecharla disfrutándola al máximo y agradecidos como si construyéramos un suelo firme, adoquinado por pequeños tramos de emociones gratas adosados con la certidumbre de que han sido únicos y lo mejor de nuestra vida. No busquemos con desesperación de náufragos esta diva porque esta misma zozobra ya de inmediato nos la está robando. Dejemos que ella llegue espontáneamente.

La felicidad no tiene forma específica y está latente en las cosas más simples: en la sonrisa de un bebé; en la noche estrellada; en las pequeñas gotitas de la lluvia rielando cristalinas y trémulas cual diminutos diamantes sobre las rosas arropadas por la luz de un farol; en el rayo de sol filtrándose por la ventana en una dorada mañana; en los pajarillos cerniendo bajo la temblorosa rama de un árbol en torno a un comedero de semillas… ; en la furtiva y acuciosa búsqueda de alimento de una inquieta, astuta, y esquiva ardillita…

Hay dones que son retributivos. Dar felicidad es también sentirla; no solamente en los planos tangibles, sino también en los espirituales y subjetivos. Hay que tener cierta sutileza para captar las necesidades de todos los seres que nos rodean y estar listos a brindar ya una sonrisa de ánimo, ya una palabra de aliento, ya un gesto conciliador e indulgente… yuxtaponiendo las cosas sencillamente maravillosas que a veces son aparentemente triviales pero que involucran tanta dicha para otros, reflejándola a su vez de nuevo hacia nosotros.

El eminente filósofo y matemático inglés Bertrand Russell (Arthur William) 1872-1970, Premio Nóbel 1950, manifestó que el hombre puede llegar a ser feliz, cuando hay integración entre él (como ente o individuo) y la sociedad; cuando se siente “un ciudadano del mundo”; y sin molestarse en pensar en la muerte, al sentir en una profunda e instintiva unión con el flujo de la vida y los gozos que ésta proporciona, que en realidad él no estará separado de aquellos que vendrán tras de él.

Otros factores que contribuyen a la felicidad son la comprensión, la compasión, y el perdón; no guardar rencores y mucho menos odio porque como bien se ha dicho: “ el odio corroe el barco que lo lleva”; y se ha dicho que puede llegar hasta a causar cáncer. De acuerdo con las normas de la sabiduría oriental, para ser feliz son necesarios cinco factores: Liberarse del rencor y del odio; liberarse de preocupaciones; vivir sencillamente; dar más; y esperar menos.

Todas las anteriores son razones suasorias en favor de la existencia de la felicidad, y ésta es próvida a nosotros si sabemos percibirla. Ello está sujeto en gran parte a que nuestro estado de ánimo sea receptivo; todo depende del cristal con que miremos para alcanzar lo que parece ser un mito. Aquí cabría lo, que dice la autora de este artículo en su poema “SENSACIÓN” de su libro “POEMAS EN MI RED”: “no es hermosa la lluvia / y son tenues las nubes / cuando estamos felices?/ Pero son nubarrones / que presagian tormenta / cuando el alma agoniza / de pesar y tristeza /. Y la lluvia que otrora / tintineara feliz / en nuestros ventanales, / es pertinaz y odiosa / aquí en la claraboya / cuando el barco navega / sin rumbo, a la deriva.”

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DEFENSA DE LA FAMILIA

Antonio Camacho Gómez / Argentina

En el programa de una televisión de alcance internacional se propaló que las causas de la caída del Imperio Romano fueron tres: una, el descreimiento en los dioses que habían adoptado de los griegos, a los que les pusieron distintos nombres; otra, el resquebrajamiento familiar, y, la tercera, la corrupción de las costumbres. Fue una fruta madura para los bárbaros a los que los seguidores de Constantino, de feliz reinado, sirvieron en bandeja después de haber sido los maestros indiscutibles del derecho, con jurisconsultos de la talla de Ulpiano y Cayo y disponer de una fuerza militar modelo que dominó gran parte del mundo conocido.

Valga, precisamente, este introito para subrayar que en la época de esplendor del Imperio fue la familia un soporte capital. Porque, como tantas veces se ha dicho, constituye una célula básica de la sociedad y ésta es el resultado de aquélla. Lo que viene ocurriendo en Occidente -capítulo aparte merecen las autocracias y dinastías imperantes en Asia y África- tiene cierto parentesco con lo acontecido en los vastos dominios romanos. La familia tradicional está siempre jaqueada tanto por la indiferencia religiosa de muchos gobernantes y gobernados, como por legislaciones permisivas y un concepto materialista que fogonean no pocos medios de información masiva. El todo vale en la relación de pareja, con excepciones explicables, en un mundo en el que la ciencia y la tecnología, tal lo afirma el sociólogo Ulrich Beck, producen “beneficios y desgracias”, está apareciendo un vacío existencial que potencian las separaciones frecuentes y los amoríos transitorios. Con una lamentable secuela de embarazos indeseados o utilitarios, hijos de padres diferentes y multitud de niños a la deriva. La falta de ejemplos formativos en materia de ética y moral coexisten con una educación deplorable y un sentido de libertad equívoco muestran una realidad socialmente alarmante.

Ciertamente los tiempos han cambiado y con ellos la cultura, pero no los principios seculares para la evolución amónica del individuo y la comunidad de que forma parte. Y en este punto la familia, el matrimonio civil y religioso, sin desconocer uniones de hecho permanentes fuera de aquél, juega un papel fundamental. Uniones, cabe aclarar, que son estudiadas por los obispos católicos. Esto permitirá al Papa Francisco, tener un panorama definitivo para obrar en consecuencia. Es decir, con misericordia y comprensión, pero impedido de tomar decisiones en pugna con las enseñanzas evangélicas.

El matrimonio cristiano es un sacramento, no un frío contrato, sino una alianza de vida y de amor y cuyas propiedades esenciales son la unidad y la indisolubilidad, según el Nuevo Código de Derecho Canónico, número 1056. Es, señala el Concilio Vaticano II (Gadium et Spes) “una íntima comunidad de vida y amor conyugal”. Por supuesto que exige sacrificios, vencer dificultades, respeto, comprensión y paciencia.

Muchos fracasan porque se han efectuado a la ligera, por vanidad, capricho, despecho, lujuria o egoísmo, sin el debido tiempo y conocimiento del contrayente. Sin descartar pasiones, encandilamientos ni buena fe.

Que el amor no es para siempre constituye una falacia. Hasta en Hollywood hay casos concluyentes. Pero una mentalidad hedonista, descreída y desvalorizada que en cierta medida considera a la mujer objeto de placer y ofrece falsos paraísos, intenta prevalecer sobre la familia tradicional. Cuya unidad y preservación son imprescindibles para fortalecer un Occidente desorientado y convulso.

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YO: Libia Beatriz Carciofetti fui «TARTAMUDA»

Libia B. Carciofetti / Argentina

Siento la imperiosa necesidad de confesarles que yo fui una niña «TARTAMUDA». Creo por lo menos por espacio de cuatro años, no lo recuerdo bien pero desde los 4 hasta los 8.

Mis compañeros aun los que se decían ser mis amigos, se burlaban de mí. Ahora se diría que me hacían Bullying; y así me volví una niña tímida y reacia para salir en los recreos a jugar. Mis maestras siempre fueron mi paño de lágrimas, TODAS sin excepción. Mis notas siempre se destacaban de «Los alumnos normales». Y mi espíritu de superación llegaba muy lejos. Hasta que un día no pudiendo más con mi carga, estallé en llanto en mi casa y le dije a mis padres que no quería ir más a la escuela.

Ellos por supuesto se imaginaron los motivos, pero aún así mi papi fue a hablar con la directora que inmediatamente tomó cartas  en el asunto y le dijo a mi maestra que me llevara a la dirección, mientras ella hablaba con mis compañeros… Por mi amigo querido Oscar Puricelli, me enteré que la directora Gertrudis Eggan, iba a tomar drásticas medidas con los que me hicieran burla.

Pasé noches enteras llorando en silencio y amanecía con los ojos hinchados. Mi papá me decía canta, canta y cantando no tartamudeaba, la maestra me decía que leyera en voz alta y leía y tampoco tartamudeaba. Mi papi me enseñó a leer en italiano y a entenderlo bastante; con él leíamos el diario del domingo. Y me preguntaba ¿Qué dice aquí? y sus ojitos le brillaban cuando se daba cuenta que yo le entendía. Creo que esa fue la sicología mejor empleada. y un día se hizo el milagro.

DIOS dijo ¡Ya no más! y así fue, casi sin darme cuenta ni mis padres, ni mi hermana que era casi bebé, ni yo. Y hoy, mis amigos me abrieron los ojos, y me ofrecieron un espacio en sus aulas para que cuente mi experiencia en sus colegios de niños con capacidades diferentes. Pues no solamente fui tartamuda, sino que no tuve estudios secundarios ni terciarios.

Vivía en un pueblo llamado Benavídez, donde el colegio más cercano estaba a 30 km y mis padres jamás accedieron a que viajara sola en tren. Pero a los 16 años comencé a estudiar Corte y Confección y me recibí de profesora de alta costura, estudié  piano hasta 4º año y años de Ingles en la Cultural británica hasta que me casé.

Siempre desde los 10 años escribí y seguía devorando libro que encontraba. Fui la trovadora «tartamuda” que introdujo la trova en Argentina, con infinidad de premios que logré gracias al sostén de DIOS, Y QUE NUNCA DI UN PASO ATRÁS. Leo casi perfectamente el portugués, gracias a que al entrar en la trova me fui haciendo amiga de su idioma.

Basta que se me presente un desafío, allí presente Liby para sortearlo. Mi familia la primera siempre para apoyarme: ¡VOS PUEDES! Y PUDE! Como contar esta parte oculta de mi vida, que si bien no era un gran peso porque mi confianza en Dios lo supera todo, dejo este versículo de la Biblia Filipenses cap. 4: versículo 13 TODO LO PUEDO EN CRISTO QUE ME FORTALECE…

Pero mi logro mayor fue animarme después de perder 3 bebés, a adoptar con mi esposo Miguel, al hijo maravilloso que hoy es mi sostén consejero y hombre de mi vida quien junto a su esposa Luciana nos regalaron dos nietos hermosos, Delfina y Tomás.

Hoy desnudo mi alma ha pedido de la mayoría que les compartí una parte de mi historia. Cuando me iban a hacer mi primer reportaje, decía para mis adentros que no me pregunten «estudios cursados» y una amiga muy querida de España me dijo: lo que tú haces es meritorio, así que deja colgada en el perchero la vergüenza y responde «SOY AUTODIDACTA» y punto.

Asique ahora que ya lo saben, espero que me sigan leyendo con el mismo cariño de siempre, tanto como el que yo empleo cuando escribo. Los abrazo desde mi corazón. Y ya saben; nunca digan no puedo y se detengan, porque detenerse es retroceder.

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EL VENENO DE LAS VERDADES A MEDIAS. EL DESPRESTIGIO EN LA ERA DIGITAL

Elspeth Gormley / España

En la era digital, el poder de las palabras ha alcanzado nuevas dimensiones, y con ello, el daño que pueden causar. Desprestigiar a una persona a través de internet, utilizando correos e identidades falsas, es una forma de violencia que deja cicatrices profundas y duraderas. Las verdades a medias y las mentiras malintencionadas se propagan como un veneno silencioso, envenenando la percepción de quienes las escuchan y destruyendo la reputación de la víctima.

La cruz que el desprestigiado y sus seres queridos deben llevar es pesada y dolorosa. Las murmuraciones y los rumores se convierten en un eco constante que resuena en cada rincón de su vida.

Aquellos que alguna vez se llamaron amigos desaparecen ipso facto, dejando un vacío que solo puede ser llenado por el apoyo incondicional de la familia y los verdaderos amigos. Estos son los que permanecen a su lado, sabiendo del sufrimiento y el daño que están enfrentando.

El corazón influye en la lengua, y cuando está lleno de ira, egoísmo, envidia y orgullo, nuestras palabras se convierten en armas que pueden herir profundamente. En estas situaciones, lo mejor es callar, porque el tiempo se encargará de poner a todos en su lugar.

Es especialmente doloroso cuando aquellos que se consideran tan creyentes se apartan de los afectados como si tuvieran lepra, olvidando las enseñanzas de Jesús sobre el perdón. Jesús dijo: «Perdonar setenta veces siete», recordándonos que el perdón y la compasión deben ser la base de nuestras acciones. En lugar de juzgar y condenar, deberíamos acercarnos a los afectados, escuchar su versión y ofrecer nuestro apoyo. Solo así podremos construir una comunidad verdaderamente solidaria y empática

Cuidemos los comentarios que hacemos cuando escuchamos a alguien hablar mal de otra persona. Lo mejor es ir directamente a la persona afectada y escuchar lo que tiene que decir, pero no hacemos eso; normalmente nos erigimos en jueces y jurado, sin escuchar ambas partes.

El desprestigio no solo afecta a la víctima, sino también a quienes lo perpetúan. La negatividad y el odio que se propagan envenenan el alma y corroen la integridad de quienes los difunden. Para juzgar, siempre hay que escuchar a ambas partes, y recordar que detrás de cada pantalla hay un ser humano con sentimientos y una vida que puede ser destruida por nuestras palabras.

En un mundo donde la información se propaga a la velocidad de la luz, es nuestra responsabilidad ser conscientes del poder de nuestras palabras y usarlas con sabiduría y compasión. Solo así podremos construir una sociedad más justa y empática, donde el respeto y la verdad prevalezcan sobre el odio y la mentira.

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LA VOZ SILENCIOSA : EL MALTRATO A LAS PERSONAS MAYORES

John Kennet / EE.UU

En nuestras sociedades, existe una realidad sombría que muchas veces pasamos por alto o no queremos enfrentar: es el maltrato a las personas mayores. Este problema no solo incluye el abuso físico, sino también el maltrato psicológico, emocional, y financiero. Las personas mayores, que han dedicado sus vidas a sus familias y comunidades, merecen vivir sus años dorados con dignidad y respeto. Sin embargo, para algunos, la realidad es muy diferente.

El Maltrato Físico y Psicológico El maltrato físico puede manifestarse de diversas formas, desde golpes y empujones hasta la negligencia en su cuidado básico. Este tipo de abuso deja marcas visibles en el cuerpo, pero el daño psicológico puede ser aún más profundo. El maltrato psicológico incluye insultos, amenazas, humillaciones y aislamiento social. Estos actos pueden erosionar la autoestima de las personas mayores, dejándolas con sentimientos de miedo, inseguridad y desesperanza.

La Invisibilidad del Problema Uno de los mayores desafíos es la invisibilidad del maltrato a las personas mayores. Muchas víctimas tienen miedo de hablar, ya sea por temor a represalias, por dependencia emocional o financiera de sus abusadores, o por sentimientos de vergüenza. A menudo, los agresores son familiares cercanos o cuidadores, lo que hace que la situación sea aún más dolorosa y complicada de manejar. La sociedad, en general, tiende a ignorar o minimizar este problema, quizás porque nos resulta incómodo enfrentarlo.

Las Consecuencias del Maltrato El maltrato a las personas mayores tiene consecuencias devastadoras. Afecta su salud física y mental, y puede llevar a problemas como la depresión, la ansiedad y el deterioro cognitivo. Además, el abuso puede acelerar el proceso de envejecimiento y reducir significativamente la calidad de vida. Las víctimas de maltrato suelen experimentar sentimientos de soledad y desesperación, lo que puede llevar a un deterioro adicional de su bienestar general.

La Necesidad de Actuar Es crucial que como sociedad reconozcamos y enfrentemos este problema. Proteger a las personas mayores requiere una combinación de esfuerzos individuales y colectivos. Es importante educar a la población sobre los signos del maltrato y fomentar una cultura de respeto y dignidad hacia las personas mayores. También se necesitan políticas públicas que refuercen la protección de los derechos de las personas mayores y aseguren que los agresores enfrenten consecuencias legales.

El Poder de la Comunidad Cada uno de nosotros puede hacer una diferencia. Si conoces a una persona mayor que podría estar siendo maltratada, ofrécele tu apoyo y ayuda. No tengas miedo de hablar o de denunciar situaciones de abuso. Juntos, podemos crear un entorno más seguro y respetuoso para nuestras personas mayores

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CECILIA SALA: RELATO DE SU DETENCIÓN EN LA CÁRCEL DE TEHERÁN

Manuel Tori / Italia

El cielo y un libro, para derrotar al silencio. La periodista italiana Cecilia Sala, fue liberada por las autoridades de Irán después de tres semanas detenida, sin cargos concretos, en una celda en aislamiento en la cárcel de Evin, en la capital del país. Su liberación ha sido resultado de las negociaciones del Gobierno, la diplomacia y la inteligencia italianas; que han mediado entre Estados Unidos e Irán para lograr la excarcelación de la comunicadora transalpina.

Al día después de su vuelta a Roma, este jueves, Cecilia Sala grabó un nuevo episodio de su programa radiofónico -el podcast con título Stories– donde, entrevistada por su compañero el periodista Mario Calabresi, relata los detalles de las tres semanas en las que estuvo encarcelada injustamente al norte de Teherán.

Cecilia Sala había viajado a Teherán con un visado concedido por las propias autoridades del país, que conocían perfectamente los desplazamientos que habría realizado en Irán; país «al que quería volver» y donde se encontraban «las personas a las que más cariño le había cogido» en los últimos años, que habían atravesado su «escudo» profesional y que se habían convertido en «amigos». A los que quería darles «voz» en sus nuevos reportajes.

A veces la ironía también hace su juego. El día antes de ser detenida había entrevistado precisamente a la cómica más conocida de Irán: «Estuvimos hablando precisamente de cómo era permanecer en una celda de aislamiento. Me había llegado a contar, de hecho, que llegó incluso a reírse dentro de la cárcel donde, incluso ahí dentro, le surgieron chistes y sketches para sus monólogos». Y añade: «Pensar en su fuerza fue una gran ayuda».

El día antes de su vuelta a Italia, el 19 de diciembre, mientras trabajaba en la producción de un nuevo episodio para su programa, fue detenida por las autoridades iraníes que fueron directamente al hotel en el que se alojaba en Teherán: «Llamaron a la puerta y pensé que eran personas de la limpieza. Dije que no necesitaba nada y que estaba trabajando», explica la periodista Cecilia Sala, pero «fueron insistentes y abrí». A partir de ese momento fue trasladada por la fuerza: «En ese momento estaba convencida de que sería algo rápido». Sin embargo, después de las primeras preguntas realizadas por las autoridades del país, «entendí que mi detención iba a ser larga».

La comunicadora transalpina, al poco tiempo, relacionó su detención -injusta y sin cargos- con la del ingeniero iraní Mohammad Abedini, que había tenido lugar en Milán tres días antes que ella, el 16 de diciembre -legalmente, tras un mandato de arresto internacional emitido por Estados Unidos-. «Conocí la noticia en su momento. Pensé que ése era el motivo y que me estarían usando para ello, desde el principio», admite Cecilia Sala, pensando que «sería un intercambio muy difícil».

A lo largo de la entrevista con su compañero Mario Calabresi, la periodista considera que «a lo mejor» no habría sido encarcelada si no hubiera tenido lugar la detención del ingeniero iraní en Italia. De hecho, ella misma confió en esa moderada apertura del actual Gobierno del país al conceder unos contados visados a periodistas y medios occidentales, algo que había sido «muy difícil» en los dos años anteriores: «La CNN y Paris Match pudieron viajar recientemente a Teherán. Algo que no ocurre todos los días», asegura Cecilia Sala, convencida de que esa «apertura» del Ejecutivo de Irán «era cierta, si no fuera por lo que cambió sobre la marcha», en su contra.

La periodista italiana Cecilia Sala nunca antes había estado en la conocida cárcel del norte de Teherán, pero «conocía cómo era, lo grande que era y dónde estaba. Al realizar el camino que hice en coche entendí que, de hecho, seguía en Teherán. Más tarde, a través del recorrido que hice en el interior de la cárcel comprendí que sólo podía ser ésa», la prisión de Evin, pensando «que me iba a quedar mucho tiempo allí».

Durante su detención, las primeras dos semanas fue interrogada «todos los días» siendo acusada de «diferentes delitos» cometidos supuestamente en «varios lugares». Nunca hubo cargos oficiales contra ella hasta diez días después de su captura, cuando las autoridades del país formalizaron una genérica «violación de las leyes de la República Islámica de Irán». Cecilia Sala asegura «haber tenido miedo» por su vida; aunque no haya sido amenazada físicamente: «Tienes miedo de ser acusada de algo muy grave en un país donde existen castigos definitivos».

Los medios de comunicación italianos e internacionales, al conocer el contenido de las llamadas que la periodista transalpina pudo hacer a su madre, a su padre y a su pareja; informaron acerca de las condiciones inhumanas que sufría Cecilia Sala. La prensa destacó que ni siquiera tenía «almohadas ni colchones» para dormir, sólo «mantas» sobre las que echarse encima y colocar debajo. Durante casi toda su permanencia «no me dieron las gafas porque se consideran peligrosas, dado que puedes romper los cristales y usarlos para cortarte». Tampoco podía escribir, ya que no le entregaron «ni siquiera un bolígrafo» por el mismo motivo: «Porque se puede convertir en un arma».

No podía escribir, pero sí leer. Por eso intentó, al menos, que le dieran un libro. Pidió el Corán en inglés pensando que «sería el único libro que podrían tener en inglés una cárcel de máxima seguridad de la República Islámica de Irán», pero durante muchos días no se lo concedieron, incluso asegurando que habría podido leerlo sin gafas colocándolo muy cerca de su rostro. Hubo más suerte con la comida: «Por suerte para mí, la cocina persa es maravillosa, aunque en la cárcel no es la misma que fuera», admite Cecilia Sala quien comió «mucho arroz» acompañado con «lentejas» y «carne».

El problema principal, para la periodista italiana, no fue tanto comer sino dormir. «Cuando no tienes nada que hacer, no te cansas, no tienes sueño y no duermes», comparte la periodista italiana: «Ahí dentro una hora parece una semana y si no duermes, tienes que rellenar 24 horas al día». Lo que más quería era un libro porque consistía en disfrutar del «relato de otra persona, que me permitiera entrar dentro de otra historia que no fuera la mía en ese momento».

«El silencio es otro gran enemigo»

La parte «más difícil de soportar», para ella, fue la psicológica: «Hubo momentos en los que empecé a contar los días, los dedos de mis manos y a leer los ingredientes del pan» porque «era lo único que estaba escrito en inglés». A lo largo de su permanencia tuvo tanto «pensamientos positivos como negativos»; donde «el silencio es otro gran enemigo». Estando en aislamiento no podía hablar con nadie, salvo con una de las guardias, mujer, que no hablaba inglés pero «era la más amable» de la prisión de Evin; con la que podía intercambiar alguna palabra.

Aun así, la reportera transalpina también logró reír: «Cuando vi el cielo en el patio de la cárcel», le confiesa en la entrevista a Mario Calabresi, sin poder contener la emoción: «Ahí me reí y lloré de alegría». Ella misma se animaba pensando que, en cualquier momento, podía volver a ese patio «como una forma de darme un objetivo, algo en lo que pensar» para ir hacia adelante. También en el patio, igualmente, Cecilia Sala seguía el régimen de aislamiento, de modo que no tenía acceso a otros seres humanos. Sólo tenía acceso al cielo de Teherán.

Al final, además de las gafas, también llegó el libro. No fue el Corán en inglés como pidió, sino Kafka en la orilla de Haruki Murakami: «Un libro triste y lleno de sexo, algo que no me esperaba de la República Islámica de Irán», apunta con cierta ironía Cecilia Sala. Pensando que habrían estado alejados mucho tiempo, le dijo a Daniele -su pareja, también periodista- que comprara el mismo libro «para que estuviéramos en el mismo sitio con la cabeza, aunque no pudiéramos estarlo con el cuerpo».

En los últimos días, a la celda de Cecilia Sala llegó otra mujer. «No hablaba inglés pero yo sí un poco de farsi. Aprendimos algunas palabras en ambos idiomas», detalla la periodista. Se comunicaban sobre todo con «mimos y abrazos», con «risas y sonrisas» y hacían «juegos simples, para mantenernos alegres y ocupadas». La mujer junto a ella en la celda le confesó que estaba allí detenida porque era una opositora.

Cecilia Sala nunca llegó a pensar que iba a ser liberada «tan pronto». La primera persona en comunicárselo fue la guardia, mujer, con la que de vez en cuando cruzaba alguna palabra: «Cuando me dijeron que iba a ser liberada, no me lo creí e incluso pensé que se trataba de un engaño». Antes de alegrarse, lo primero que pensó fue cómo decírselo a su compañera de celda. «Fueron muchas emociones unidas y confusas», pensando en que «se habría quedado ahí sola». Antes de marcharse, «el abrazo con ella fue muy potente».

Las autoridades iraníes fueron las que la acompañaron al aeropuerto de Teherán. «Fue maravilloso disfrutar, a través de la ventanilla, de ese trayecto en coche apreciando la luz natural, pero no desde la cárcel», confiesa Cecilia Sala. En ese camino acompañada por las autoridades del país, pensó también que «sería la última vez que vería» a su querido Irán.

La reportera italiana habla con cierto sabor a despedida: «Seguiré amándolo, nada cambiará para mí. Amo a las mujeres iraníes que visten orgullosamente su velo, pero que no por eso quieren que exista alguien que castigue e intimide a las chicas que no quieren hacerlo». «He tenido miedo por mis amigos allí, por si había sido peligrosa para ellos por el simple hecho de haberse cruzado conmigo. Sin embargo, al volver descubrí que eran ellos los que estuvieron preocupados por mí», confiesa la periodista italiana Cecilia Sala, hoy liberada, apreciando que «ahora puedo mirar el cielo». Cada vez que quiera.

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