ARTÍCULOS – MARZO

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Aarticulos

LOS ARTICULOS SON : «La mirada profunda que descifra el mundo con palabras y reflexiones.»

ANDALUCIA

Antonio Camacho Gómez / Argentina

Dentro del Estado español la Constitución de 1978 contempla la independencia política de las diferentes comunidades y regiones. Y Andalucía pudo ejercer tal derecho tras largas gestiones de los ayuntamientos y del pueblo culminando con las instituciones de gobierno el 28 de febrero de 1980.

Un viejo sueño del considerado padre de la patria andaluza, el abogado Blas Infante, creador del escudo y del himno, cuya estrofa inicial reza: “La bandera blanca y verde / vuelve tras siglos de guerras, / a decir paz y esperanza, / bajo el sol de nuestra tierra”.

Para entender la historia de Andalucía hay que remontarse a Tartessos o Tarshish, que ha sido la cultura más antigua de Occidente, anterior a la griega y a la romana. Considérese que antes de Cristo, seis mil años nada menos, se encontraron leyes en verso. Además de este perfil milenario cabe agregar, sin desconocer las opiniones del erudito alemán Schulten sobre los primitivos pobladores que, como asevera el filósofo Ortega y Gasset, aquélla es “de todas las regiones españolas, la que posee una cultura más radicalmente suya”.

Tengamos en cuenta que recibió la influencia de todas las culturas violentas del Mediterráneo sin dejar de absorber rápidamente a sus invasores. Y todos dejaron su huella: fenicios, griegos, romanos, cartagineses, visigodos, árabes –éstos estuvieron ochocientos años desde su llegada con Tarik en el siglo octavo- y los judíos en la diáspora. Hago un paréntesis para informar que, recientemente, el gobierno hispano le ha concedido la nacionalidad a los sefarditas.

Ciudades como Cádiz (Gades), acueductos como el de Segovia, no andaluz, monumentos tales como la Alhambra, de Granada; la Mezquita, de Córdoba y el puente romano; la Giralda sevillana, las Alcazabas de Almería y de Málaga son algunos testimonios de aquellas viejas civilizaciones. ¿Vandalucía? ¿Al-Andalus? Son nombres dados por los vándalos y los árabes a la región sureña que para Federico García Lorca no sólo era el ombligo del mundo occidental, sino que España y hasta todo lo hispánico resultaban una extensión de Andalucía. Dio dos emperadores a Roma: Adriano y Trajano; un filósofo tan profundo y austero como Séneca; una Córdoba que durante el período musulmán fue la más culta y poblada de Europa; cuna de Góngora; donde Ziryab, de origen iraquí, en el siglo IX, promovió una revolución musical y Averroes, el pensador más importante de la Europa no cristiana influyó hasta los tiempos modernos.

Cómo no recordar a sus grandes poetas. Ahí están los Machados, Bécquer, Alberti, Guillén, Rueda, Villaespesa, Lorca, Jiménez, Aleixandre y tantos otros. Y en cuanto a pintores basten Murillo, Velázquez y Picasso. En música, Manuel de Falla y Paco de Lucía, recientemente fallecido.

Andalucía: donde surgió el flamenco, declarado por la Unesco “patrimonio cultural inmaterial de la humanidad”, la de Antonio Banderas, Bisbal y el maestro Padilla, que puso música a filmes, segunda Meca del cine durante un largo período en Almería. Hoy es un centro vital de turismo internacional, con ferias y fiestas religiosas de fama mundial, modernos aeropuertos y trenes de alta velocidad, paisajes, monumentos y gastronomía singulares, con las costas en las que residen miles de extranjeros. Un pueblo cordial y abierto que acoge al visitante con la vieja hospitalidad arabigoandaluza.-

RAICES

Lika-Oliva Corado / Estados Unidos

Siempre quise pintar la serie Raíces, que trata sobre Guatemala, pero mi tierra me ha dolido tanto que imagino que mi mente evadió durante tantos años colorear la nostalgia y la memoria. Cosa que no sucedió con mi escritura, porque con la escritura pude gritar.

Dale tiempo al tiempo, pensé. Y por fin, un día sin yo proponérmelo, (porque si me lo hubiera propuesto seguramente lo hubiera destruido porque habría sido impuesto) salió. Y nació desde el fondo de mi alma que es el mercado, mi Alma Mater. Y qué mejor día para conmemorar y enaltecer a la mujer campesina, obrera y vendedora de mercado que hoy 8 de marzo. Porque además, las mulas siempre tiramos pa’l monte.

Y uno de mis más grandes anhelos es, que las niñas-mujeres que trabajan en maquilas, limpiando casas, en el jornal, a quienes se les impuso la maternidad, que un día el arte llegue a sus vidas y brinde un rayito de sol a sus almas, tal como ha sucedido conmigo. Ese pequeño momento de felicidad les dirá que valen, valen mucho por la simple razón de atreverse a ser y eso es suficiente.

LA PAZ UNA QUIMERA ECONÓMICA

Elspeth Gormley / España

La paz es un ideal que ha guiado a la humanidad desde tiempos inmemoriales. Sin embargo, alcanzar una paz duradera y universal sigue siendo un objetivo elusivo. Las razones son muchas y variadas, pero uno de los factores más predominantes es el económico.

La guerra, a pesar de su costo humano y moral, genera beneficios económicos para ciertos sectores. La venta de armas es un negocio multimillonario que involucra a países de todo el mundo. Las industrias de defensa y los contratistas militares prosperan en tiempos de conflicto, y sus beneficios económicos crean un incentivo perverso para perpetuar la guerra. La paz, en cambio, no genera esos mismos beneficios económicos. No hay una «industria de la paz» que pueda competir con la maquinaria económica de la guerra.

Además, la guerra a menudo se justifica como un medio para obtener recursos naturales, controlar territorios estratégicos o ejercer influencia política. Estos intereses económicos y geopolíticos prevalecen sobre los esfuerzos por la paz. Los líderes y gobiernos que se benefician de la guerra tienen poco incentivo para buscar soluciones pacíficas y resolver conflictos de manera diplomática.

La paz requiere inversión en educación, desarrollo sostenible, y fortalecimiento de instituciones democráticas. Estos son proyectos a largo plazo que no ofrecen los retornos inmediatos que la guerra puede proporcionar. Sin embargo, la paz tiene un valor incalculable en términos de bienestar humano, desarrollo social y estabilidad global.

Para lograr una paz duradera, es necesario cambiar nuestra perspectiva y reconocer que el verdadero progreso económico no se mide solo en términos de ganancias monetarias, sino en la calidad de vida y el bienestar de todas las personas. Necesitamos construir una economía de paz que valore la cooperación, la justicia y el desarrollo sostenible por encima de los intereses económicos inmediatos.

La paz no es solo un sueño utópico, sino una necesidad urgente y alcanzable si estamos dispuestos a cambiar nuestras prioridades y trabajar juntos hacia un futuro más justo y pacífico.

Como escritores, tenemos la obligación moral de promover la paz a través de nuestras letras que viajan a todos los países del mundo. Nuestros relatos, poemas y ensayos tienen el poder de inspirar, educar y despertar conciencias. En un mundo donde los conflictos y la violencia prevalecen, nuestras palabras pueden convertirse en faros de esperanza y entendimiento.

Es nuestra responsabilidad utilizar el don de la escritura para sembrar semillas de paz en el corazón de nuestros lectores. A través de nuestras historias, podemos mostrar la belleza de la diversidad, la importancia del diálogo y el valor de la empatía. Cada letra, cada palabra, cada frase tiene el potencial de construir puentes entre culturas y derribar muros de odio e incomprensión.

Ojalá podamos concienciar a nuestros lectores para que luchen por la paz, no solo como un concepto abstracto, sino como una realidad tangible que todos podemos construir juntos. Que nuestras letras viajen lejos y encuentren eco en las mentes y corazones de quienes buscan un mundo mejor.

LA CONFIANZA

Ángel Medina / España

Cogito, ergo sum, esta es la cuestión. Pensar o no pensar, equivaldría aquí la célebre frase cartesiana. Porque, muchas veces nos enredamos con el pensamiento… a base de no pensar. ¿Pensar, el qué? Sencillamente esto: que todo discurre en el sujeto y por tanto lo que sucede es cómo me posiciono ante el objeto.

Quiero decir: las cosas son lo que son, pero yo me entenderé con ella desde mi percepción. Esto es, la traducción que del objeto haga inteligentemente. Pero, es obvio que para este menester se impone pensar. Parodiando a Shakespeare podríamos recitar: “Pensar o no pensar, esa es la cuestión”. Y a base de dejarnos manipular por los medios de comunicación, que todo nos lo dan hecho, el no-pensar va paso de convertirse en un deporte nacional. (Si no, díganme ese maligno proyecto de abandonar el entendimiento del aprendizaje para delegar el conocimiento en la Wikipedia de turno)

Desde la perspectiva de que todo ha de ser pensado y razonado, y dependiendo de cómo me lo haga entender, está claro que pueden darse muy diversas interpretaciones. Todo lo cual suscita la duda, pues el mecanismo de acción del pensamiento es la duda sistemática de todo. ¿Cómo puedo estar seguro de algo que es ajeno a mí, si de lo que se trata es de que aquello que es pura objetividad (la cosa) he de darle forma dentro de la testa, o sea, subjetivarla? Si no, piénsese, por ejemplo― estamos hablando de la indecisión; no nos perdamos― en la relación afectiva. ¿Cómo alcanzar la convicción, y menos aún la certeza, de que nos guardan fidelidad? No. No es posible. Acabaríamos neuróticos bañados en la duda continua. Sin confianza no se puede vivir. Dígasele, si no a los trapecistas de un circo, que han de saltar al vacío sin más sostén que las manos de su compañero. ¿No habrán de confiarse? De nada podemos estar seguros al cien por cien. Y no nos calentemos la chola dándole vueltas, que es sencillo de entender. Todo se constituye en duda, porque tenemos que arriesgar la respuesta― por supuesto después de sopesarla― Ante uno se abren varios caminos: desentendernos, dudar, negar o afirmar. Confianza se llama la respuesta. Riesgo, si se prefiere. Pero ante la duda― en el fondo todo lo es como venimos diciendo― no cabe otra cosa. La vida y el hombre son así.

Llegado aquí― no olvidemos que estamos racionalizando el raciocinio― podríamos argüir lo siguiente: que no puedo estar seguro de nada, aunque le conceda mi voluntad y procure en principio admitir esa cosa objeto de mi pensamiento ¿Por qué? Sencillamente, porque siempre tendré una duda razonable al tratar de responderme sobre algo ajeno a mí mismo.

Correcto. Hemos llegado a entender la diferencia entre la “cosa” objetivable y el sujeto que la piensa. ¿Y por qué no invertir el orden para hacerlo más asequible o al menos práctico? Veamos, ¿no sería mejor tratar de ver si me entiendo mejor o peor a mí mismo, con o sin esa cosa?

¿Qué “cosa” poner aquí para mejor comprensión? Se me ocurre una: la «Cosa». La causa primera y última de todo, incluido yo mismo. El Misterio que ha de ser sustento de todo, si queremos sostener que todo efecto ha de tener causa.

Traigamos aquí la otra no menos frase de Pascal: Credo, ergo sum. Porque creo, existo. Me sé.

Hagámonos la pregunta: ¿qué puede un hombre saber de Dios, sino lo inexplicable, de igual manera que la gota en el mar, aun siendo mar, al sentirse rodeada del agua por todas partes no puede abarcar la inmensidad? La relación sólo cabe en la confianza. En ella misma es inabarcable, pero he de darme una explicación razonable para mi inteligencia. ¿Cuál ha de ser el camino, entonces?

Sencillamente el contrario al iniciado. Lo antes dicho. No puedo relacionarme con la Cosa de tú a tú, pero sí es posible entender cómo puedo comprender mi existencia mejor― ya estoy buscándome a mí directamente― con o sin esa cosa.

Descendiendo al plano coloquial. Puedo decir: “no existe”, pues me resulta imposible, y más, demostrarlo. Siempre se me escapa. Pero, también puedo decir:” sí existe”, si bien no podré acreditar ninguna de las dos conclusiones. ¿Sin embargo― desenredando el pensamiento, aunque reflexionando―, cómo afirmarme? O, mejor aún, dicho en Román paladino: ¿cómo puedo explicarme yo a mí mismo?

Lo primero que sé es que lo que no es no puede darse existencia a sí mismo. Y, no obstante, yo existo. Luego, a poco que lo piense habré de haber recibido esa existencia desde fuera. Y como la “nada” nada me dice, habré de situar ahí mi primer acto de confianza razonable.

Lo segundo, es lo desconcertante de la vida. Haber sido arrojado a ella para tener que padecer y finalmente morir. Si se me ha dado la existencia, sería una crueldad que todo viniese a concluir en la nada. Venir de la nada para ir a parar a la nada, ¿qué sentido conceder a ese planteamiento? A lo cual podría responderme. Puro azar. A lo que habría de seguir otra interpelación: ¿Y qué prueba la casualidad? ¡Nada! Entonces, la criatura, es decir, yo, sería un absurdo. Un caos. Pero también `puedo responderme. ¡No! El azar no existe. Lo que existe es la causalidad. (de lo contrario habría de sostenerse algo insostenible: que existen efectos sin causas, al menos sin una causa primera). Ha de haber una causa primera y última que respondan a la interpelación que me hago no ya sobre esa “Cosa”, sino de mí mismo. Viene a cuento recordar el grito de Michelet, del cual se hace eco nuestro inmortal Unamuno, cuando a la hora postrera grita aquello de ¡Mi “yo”, que me lo arrebatan!”. Y es que ahí reside la esencia del hombre: en su ansia de vivir, sabedor de que no puede prolongarse. No tiene capacidad para demostrar ni su origen ni su destino, pero siente ese deseo como parte vital de él mismo. Esencia del ser. Y estas razones fuerzan más al “sí” que al “no”, a pesar de no poder demostrarse la racionalidad ni irracionalidad del deseo de perpetuarse. Ahí habrá de situarse el segundo acto de la confianza.

Razones válidas para inclinarnos hacia la confianza radical. Algo que, a pesar de las aparentes contradicciones de la vida nos hagan caer en la cuenta, que más allá de la incertidumbre lo que se ventila es mi propio ser. Entender mejor de mí o no. Eso dependerá de dónde se ponga esa confianza, que ni es racional ni irracional, pero sí razonable.

¿SON DEL CARTEL DE JALISCO O NO?

Carmen Morán Breña/ México

Los expertos están divididos sobre la autoría de un video de encapuchados negando reclutamientos forzados en Teuchitlán

Un grupo de encapuchados que se identifica con el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) ha grabado un video para dar su opinión sobre lo ocurrido en el rancho Izaguirre, el supuesto recinto de reclutamiento y exterminio de Teuchitlán (Jalisco) denunciado por un colectivo de buscadoras de desaparecidos, el último gran escándalo que ha espantado a la población por la capacidad del crimen organizado para sumar fuerza social a sus filas y recrearse en la violencia. El video en cuestión divide a los expertos sobre la veracidad del mismo. Mientras algunos opinan sin dudas que se trata de miembros del cartel, uno de los más poderosos de México, otros no creen en su autenticidad y cada quien aporta buenos argumentos a su tesis. También aquellos que no saben a qué carta quedarse. En la complejidad del narco y la política mexicanos, unos encapuchados pueden ser cualquier cosa, alegan.

Armados hasta los dientes con poderosas metralletas como las que usa el Ejército, el grupo se sitúa a cielo abierto tras un portavoz que lee un papel. El discurso es tan delirante que por momentos semeja un monólogo cómico en el que el mundo se ha dado la vuelta: el crimen es bueno, pacificador, comprensible con el dolor, respetuoso con las fuerzas del orden y crítico con las madres buscadoras, los medios de comunicación, en fin, un chiste completo y no de buen gusto.

Experto en asuntos de Seguridad, Bernardo León no da crédito a la grabación, que le parece “megaburocrática, con expresiones como ‘en tiempo y forma”, ridículas, a su modo de ver, para un mensaje como ese. También echa en falta el clásico cartel con la marca del cartel jalisciense, que ha acompañado otros videos como este. Pero sabe, como todos, que sin pruebas suficientes, comprobables, solo se mueve en el terreno de la especulación. En el lado del escepticismo se mueve también Carlos Pérez Ricart, “por la lejanía de las imágenes en la cámara, por el lenguaje que usan y hasta por el acento de quien lee”. No, dice, no se lo cree. Opina que no hay que prestar atención a un producto como ese, que hasta ha conseguido enojarlo, por la esquizofrenia del mensaje y el cinismo absoluto. “Es completamente irreal, ridículo e insustancial”.

Si no son ellos, ¿Quiénes pueden tener interés en grabar algo así? Pérez Ricart asegura que hay múltiples actores, desde alguien con buen manejo de la Inteligencia Artificial, gentes de los gobiernos federal o estatal o cualquier otro grupo criminal. Lo cierto es que el encapuchado portavoz niega que las ropas, zapatos y restos humanos encontrados en el rancho Izaguirre sean pruebas de un campo de exterminio del cartel y carga contra quienes defienden esa versión en contra de las autoridades policiales de Jalisco, que dejaron el caso en suspenso cuando entraron allí en septiembre de 2024. El que lee el papel hasta se pregunta con qué autoridad entraron allí las madres buscadoras, como si un cartel criminal fuera el mayor garante del Estado de Derecho. No entienden, sigue el mensaje, qué buscan ni por qué quieren perjudicar al CJNG y amenazan con romper la paz que ellos mismos dicen haber llevado a Jalisco, un Estado con el mayor número de desapariciones. Ellos no reclutan forzadamente ni secuestran, sostienen, ni son secuestrados, solo comparten los mismos ideales de su líder.

Este es el discurso que decanta a otros expertos por la veracidad del video. “Coinciden con la narrativa de Nemesio Oseguera [líder del CJNG], las armas que llevan son de los lotes que poseen: para mí es totalmente verídico”, dice David Saucedo, y asegura que tiene fuentes oficiales que se lo han confirmado. Para Eduardo Guerrero, otro de los grandes expertos en Seguridad de México, tampoco hay duda, son ellos: “El video es una buena producción y se le ve muy ensayado, las armas son impresionantes, un alarde que deja un mensaje claro a las autoridades federales y estatales”. También contra las madres buscadoras, a las que deja “en peligro grave al menos en los próximos meses”, sostiene Guerrero, de Lantia Consultores. Dice también que el hallazgo en el rancho de Teuchitlán parece un error de una de las múltiples células que tiene el cartel y que, con probabilidad, habrá represiones por ello. “Lo que vienen a decir es que no fue una orden ni error de la cúpula, sino de alguna de las células, de la que toman distancia”.

Todos los consultados sostienen que el mensaje va dirigido también a su base social. Que este cartel, como otros, se dedica a repartir juguetes, despensas de comida y en ocasiones a impartir cierta justicia en los territorios. Por donde pasan pueden sembrar el terror, sobre todo cuando se pelean con otros carteles, pero también han pacificado algunas zonas. Por eso, la aparición pública de una suerte de campo de exterminio “pega a su marca nacional, les desprestigia”, afirma Guerrero. Porque, dice, los reclutamientos no siempre son forzados, a veces los jóvenes reciben una paga de 1.000 o 1.500 dólares por su trabajo, más de lo que consiguen en su vida común. “Es forzado solo cuando tienen escasez de personal, quizá en Jalisco ahora no lo consigan, pero lo lograrán en otros Estados al sur”, sostiene Guerrero, quien define el funcionamiento del cartel como una empresa poderosa, extendida y multifacética.

“El cartel puede no tener credibilidad, pero algunos jóvenes encuentran en sus filas un modo de vida”, dice Saucedo. El rancho de los horrores que ha espant ado a los mexxicanos, por un cierto parecido con un campo de exterminio nazi, perturba la imagen que el crimen cultiva en ciertos pueblos, de benefactores de los pobres. Así lo dice Saucedo: “El rancho rompe con el discurso de que ofrece una forma de vida, por eso se quieren desvincular de ese lugar. Sienten que los reportajes afectan a su imagen ante esa población que quieren reclutar y entre la que reparten juguetes, ropa, medicina…”. La doble cara del narco. De ahí que Guerrero sostenga que habrá un castigo para la célula que ha cometido ese error. “Les supone un costo reputacional” y les afecta el clamor social que se ha levantado pidiendo consecuencias para un crimen tan terrible.

La base social es también el argumento que, según Bernardo León, justifica un video como este. Es, dice, lo que están defendiendo. “Claro que tienen base social. Teuchitlán no está en un lugar escondido, ¿acaso nadie se dio cuenta de lo que allí ocurría?”, y repasa de nuevo el catálogo de regalos con que los miembros del crimen obsequian a ciertas poblaciones, algo que sale en los medios de comunicación a menudo.

Javier Garza, analista también de estas cuestiones de seguridad, quiere mantenerse muy distante con este video. No confía en encapuchados “porque no hay manera de verificar nada”. “Pueden decir que son del cartel Jalisco Nueva Generación y echar la culpa a otro cartel de lo de Teuchitlán. Detrás de un pasamontañas puedes decir lo que sea”, afirma. Fijándose en el mensaje, en todo caso, Garza dice que es coherente con un grupo criminal al que se le acusa de campos de exterminio en Teuchitlán, razón por la que arremeten contra las madres buscadoras que lo sacaron a la luz. La diferencia, explica, es que cuando los colectivos dicen que han desaparecido a personas lo dicen con su cara, sin anonimato. “Sabemos quiénes son y qué trabajo realizan”. Sin embargo, añade: “¿Por qué aceptar el mensaje de un grupo criminal que lleva el anonimato al extremo?”.

¿Este hallazgo podría convertirse en el nuevo Caso Ayotzinapa? Es difícil saberlo, porque está sucediendo en este momento, pero provocan que la sociedad se revele y exija el fin de situaciones dramáticas que ponen en riesgo los derechos y la seguridad de los mexicanos.

Y ESO ES TODO

Rosa Montero / España

Lo que de verdad nos desconsuela es darnos cuenta de que es la vida en sí, la vida de todos, lo que es tan poca cosa.

Acaba de morir, a los 93 años, Carmen Carlavilla, una mujer modesta y luminosa. Una pequeña vida que se apaga. Estuvo viniendo a limpiar mi casa durante décadas y terminamos desarrollando una relación muy familiar. Aprendí primero a admirarla y después a quererla. Venía de una España paupérrima y profunda; de todos los hermanos, Carmen había sido la designada, como antes se hacía con mujeres como ella, para quedarse a cuidar a los padres ancianos Cuando fallecieron, ella estaba cerca de los 50 años, era casi analfabeta y no había tenido nunca novio. Al llegar a mi casa se puso a estudiar y se sacó el graduado escolar. En lo del novio, en cambio, no hubo novedades. Supongo que nunca conoció varón, pero eso era algo que no parecía preocuparle lo más mínimo y que desde luego no la convertía en una pacata. Era una mujer plenamente viva. Bajita, cuadrada, recia, con un precioso pelazo negro que llevaba siempre corto, ojos chispeantes y abundante sonrisa. Tenía un sentido estético innato, una vena artística que se le manifestaba en las bonitas labores que cosía y bordaba, pero también en la elegancia natural con la que se vestía, en lo bien que combinaba los colores, en un don formidable para crear magníficos ramos con cualquier ramita que recogía del campo. Y era, sobre todo, una buenísima persona, generosa y humilde. De hecho, murió por no molestar, como conté en un artículos hace unas semanas. Por no molestar a las enfermeras, se levantó sola de su cama de hospital y se cayó.

Y esto es todo. Son 93 años que se pueden resumir en un párrafo. En el breve texto que acabáis de leer. Se diría que estas existencias en apariencia tan menudas nos dejan un mayor desconsuelo, como si se deshicieran como un azucarillo mojado entre los dedos. Tan poca cosa fue su vida, nos decimos. Pero en realidad esta reflexión es un error. En primer lugar, porque lo que de verdad nos desconsuela es darnos cuenta de que es la vida en sí, la vida de todos, lo que es tan poca cosa. Intentamos huir de ese vacío existencial haciendo 10.000 planes, intentamos escapar con el “afán”, como decía genialmente Luis Landero en su novela Juegos de la edad tardía, es decir, con el deseo, el sueño, el anhelo de cumplir grandes logros, pero, ¿sabéis qué?, la democrática muerte siempre nos iguala. Para comprobarlo no hay como entrar en un cementerio y pasearse por las zonas antiguas; ver los grandes mausoleos del siglo XIX con toda esa estridencia de mármoles y ángeles, y leer esos nombres que hoy nadie conoce ni recuerda, tipos que se creyeron el colmo del poder y del triunfo, rutilantes prohombres de la patria que, por añadidura, quizá fueron en su momento unos tipejos, machistas, tiranos, explotadores, esclavistas. Bien olvidados están, bien segada su memoria por la guadaña niveladora de la Parca. Ninguno de ellos fue ni un ápice más importante que Carmen Carlavilla. O que mi madre. O tu padre. Que todos esos individuos que vivieron dentro de la oscuridad social y que aparentemente no fueron nadie, nada, tan sólo unas personas buenas y cabales.

Como cada año, las pasadas Navidades, las televisiones emitieron por enésima vez la película ¡Qué bello es vivir! dirigida en 1947 por Frank Capra. Dudo que haya alguien en el mundo que no la conozca, pero recordaré que el protagonista, James Stewart, sufre una serie de reveses profesionales y anímicos y decide tirarse desde un puente el Día de Navidad porque se siente un fracasado, un inútil, un ser irrelevante. Entonces llega un ángel que le muestra lo triste que sería el mundo si él no hubiera existido, y Stewart recupera el amor por la vida. Esta trama, que así resumida parece de un azucarado repugnante, resulta en realidad preciosa de ver, no sólo por el talento de Capra, sino porque en la idea hay algo profundamente verdadero. Cuanto mayor soy más claro tengo que los humanos formamos un todo; que, pese a la violencia y los enfrentamientos, zumba por debajo el atronador murmullo de la especie. Que somos un cardúmen que se mueve al unísono a través de los siglos, y que son las buenas gentes quienes nos enhebran y sostienen. En 2023 (aún no hay cifras del 2024) murieron en España 435.124 personas. Me pregunto cuántas de ellas tuvieron una pequeña, modesta y luminosa vida semejante a la de Carmen. Son los únicos ángeles en los que creo.