ARTICULOS – MAYO
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«Las palabras analizan, cuestionan y revelan. En cada artículo, una verdad se descifra, una mirada se amplía, una historia se cuenta.» E. Gormley

FEDERICO Y NÍJAR
Antonio Camacho Gómez / Argentina
Níjar era un pueblo de la provincia de Almería, en cuya cercanía funcionaban unas minas de oro que eran explotadas con mano de obra deprimida, en las que trabajó mi abuelo y, también, mi padre, que lo acompañó en su adolescencia. Él me proporcionó un material inestimable para uno de mis cuentos -“El esclavo”- publicado en una revista mundial que se edita en Alicante en portugués y en español, con el título “Aristos Internacional”, en la que sigo colaborando con poemas y artículos, según efemérides, o no. Asimismo apareció en “Las sirenas del odio”, del que soy autor y del que se hizo cargo una conocida editorial de Buenos Aires.
Contaba mi progenitor que uno de los más famosos, si no el mejor cirujano de Almería, el doctor Monroy, que me atendió en varias oportunidades, había obtenido su notable capacidad atendiendo -no pocos mineros perdieron brazos y piernas- a esos esforzados trabajadores. El caso es que se cerraron las minas con el tiempo y la localidad vivió una época difícil entregándose sus gentes a tareas agrícolas y a otros menesteres, como el tejido de alfombras y de diferentes prendas que hoy son motivo de atracción turística. Ya ciudad, es muy visitada, en un ámbito paisajístico que hace años motivó el interés de un escritor de la talla de Juan Goytisolo, que nos dejó su obra “Campos de Níjar”.
El meollo de la cuestión estriba en que en el viejo pueblo se produjo un hecho de sangre que fue la base del drama “Bodas de sangre”, de Federico García Lorca quien, pocos lo saben, en su preadolescencia estudió en el colegio de los escolapios en Almería -ciudad en donde fueron filmadas numerosas películas norteamericanas, francesas, inglesas y todos los western spaghetti- y en la que contrajo una infección a la garganta que lo tuvo a las puertas de la muerte. No obstante escribió un poema humorístico satirizando al obeso rey de Marruecos. Aunque, no está de más aclararlo, pensaba ser músico y no poeta.
Con respecto a las circunstancias que provocaron el sangriento desenlace, en la iglesia de Níjar iba a contraer enlace una pareja que, como ocurría en aquellos tiempos eran no sólo conocidos por todo el pueblo sino de largo compromiso. Pero hete aquí los dedos del destino. Cuando se apersonó el novio para la ceremonia, la potencial contrayente no estaba. ¿Qué había acontecido? Pues que huyó, cabalgando, con el hombre que realmente quería. El despechado no se anduvo con vueltas. Tomó un caballo o una jaca -vaya uno a saber- y los persiguió hasta encontrarlos. Y ciego de ira mató a su rival en amores. La mujer sobrevivió muriendo muchos años más tarde.
Como final de esta nota corresponde puntualizar que el templo en donde iban a tener lugar las fracasadas nupcias, siguió funcionando un tiempo hasta que, como ha sucedido en tantos casos, fue abandonado y, actualmente, se encuentra en lamentable estado de conservación. Más allá de la visita de cultos o avisados turistas que se acercan con lógica curiosidad, al margen de los intereses que tengan al visitar la pintoresca ciudad. Cabe preguntar, ¿Cómo las autoridades tan atentas al mantenimiento de ciertos edificios históricos -aunque la piqueta también, como en tantos lugares extra hispanos, practicó torpes demoliciones- no cuidaron tan famoso patrimonio? He aquí la cuestión diría el Hamlet inmortal.

ADN MITOCONDRIAL
El legado silencioso de nuestras células.
Dina Chaves / Costa Rica
Cuando escuchamos hablar de ADN, solemos pensar en esa compleja doble hélice que define quienes somos. Pero dentro de nuestras células, existe otro tipo de ADN, más pequeño y peculiar, que se encuentra exclusivamente en las mitocondrias: el ADN mitocondrial. Este diminuto manual de instrucciones no solo es clave para la energía que alimenta nuestras células, sino que también guarda historias ancestrales fascinantes.
Lo más interesante del ADN mitocondrial es su herencia. En lugar de recibirlo de ambos padres, como sucede con el ADN nuclear, este legado genético proviene exclusivamente de nuestras madres. ¿Por qué? Durante la fecundación, aunque los espermatozoides del padre poseen mitocondrias, estas quedan fuera del «proceso evolutivo» y no contribuyen al ADN del futuro bebé. Como resultado, cada uno de nosotros lleva consigo un testimonio directo de nuestras madres, y de sus madres antes que ellas. Es un puente genético que conecta generaciones y linajes maternos con una precisión única.
Por ejemplo, imagina a una abuela que, sin saberlo, transmite su ADN mitocondrial a su nieta. Aunque la nieta nunca conoció a su abuela, lleva en cada célula un fragmento de su historia. Este ADN mitocondrial es como un hilo invisible que une a ambas, recordándonos que, incluso en la distancia o el tiempo, las conexiones familiares son profundas y duraderas.
Además de su papel en la herencia, el ADN mitocondrial es esencial para la función energética de nuestras células. Las mitocondrias, conocidas como las «centrales eléctricas» de la célula, necesita este ADN para producir la energía que alimenta cada uno de nuestros movimientos, pensamientos y latidos. Sin embargo, debido a su pequeña escala y estructura, también es más vulnerable a daños, lo que lo vincula a ciertas enfermedades relacionadas con el envejecimiento y la genética.
Por otro lado, este ADN especial también ha revolucionado los estudios genealógicos y evolutivos. Investigadores lo han utilizado para rastrear linajes maternos, reconstruir migraciones humanas y resolver misterios evolutivos que alguna vez parecían imposibles de descifrar. Gracias a su constancia y singularidad, el ADN mitocondrial ha sido clave para entender de dónde venimos y cómo hemos llegado aquí.
En resumen, el ADN mitocondrial es un testimonio silencioso pero poderoso de nuestra historia, una cápsula genética que no solo impulsa nuestras células, sino que también conecta nuestras vidas con las de nuestros antepasados. Una herencia diminuta que guarda secretos del pasado y nos impulsa hacia el futuro.
Era una tarde tranquila, y el sol entraba por la ventana mientras la abuela y su nieta, Sofía, estaban sentadas en el salón. La abuela, con sus gafas y su tejido en las manos, miraba a Sofía, quien hojeaba un libro de biología con una expresión de curiosidad.
—Abuela, ¿Qué son las mitocondrias? —preguntó Sofía, levantando la vista del libro.
La abuela dejó a un lado su tejido y sonrió. Siempre había disfrutado compartir su conocimiento con su nieta.
—Bueno, pequeña científica, las mitocondrias son como pequeñas centrales eléctricas dentro de nuestras células. Se encargan de producir la energía que nuestro cuerpo necesita para funcionar.
—¿Y cómo lo hacen? —continuó Sofía, intrigada.
—Es una maravilla, Sofía. Las mitocondrias transforman los nutrientes que ingerimos en una molécula llamada ATP, que es la fuente principal de energía para nuestras células. Y lo hacen mediante un proceso que se llama respiración celular.
Sofía frunció el ceño, pensando.
—¡Espera! Entonces, ¿todas las personas tienen mitocondrias iguales?
La abuela rió suavemente.
—¡Qué buena pregunta, Sofía! Todas las mitocondrias tienen una cosa especial: tienen su propio ADN, distinto al que está en el núcleo de nuestras células. Y, ¿sabes qué es aún más interesante? Ese ADN mitocondrial se hereda únicamente de las madres. Así que, en tus mitocondrias, hay un pedacito de mí.
—¿En serio? ¿Un pedacito tuyo dentro de mí? —dijo Sofía, sorprendida.
—Exacto. Es un lazo invisible pero muy poderoso que compartimos. Las mitocondrias son un testimonio de nuestra conexión, de generación en generación.
Sofía sonrió y se abrazó a su abuela, sintiendo ese vínculo especial de una manera más profunda.

LOS RETOS QUE ENFRENTARA LEÓN XIV, EL SUCESOR DEL PAPA FRANCISCO
Cecilia Degl’Innoceenti / Italia
El estadounidense Robert Francis Prevost fue elegido sumo pontífice este jueves por la tarde. Tendrá que lidiar con una Iglesia dividida entre el legado reformista del jesuita y las presiones de los sectores conservadores.
El rumbo del Vaticano quedó sellado con la elección de Robert Francis Prevost como nuevo papa. Bajo el nombre de León XIV, el cardenal de origen estadounidense y nacionalizado peruano deberá lidiar con una serie de desafíos que heredará del papa Francisco, tras 12 años de un pontificado que supuso una nueva era de reformas, inclusión y tensiones internas. La Iglesia católica, en tanto, se enfrenta a una encrucijada histórica respecto al legado del primer pontífice jesuita y sudamericano cuyo sucesor parece que se moverá en la misma dirección.
El primer papa latinoamericano, fallecido el 21 de abril a los 88 años, logró limpiar la imagen de la institución tras numerosos escándalos enmarcados en las filtraciones denominadas Vatileaks. Su liderazgo austero, cercano a los pobres y a los migrantes, dejó una huella indeleble para el nuevo obispo de Roma, que deberá liderar a 1.200 millones de fieles en un contexto internacional desafiante. Prevost, de 69 años, pertenece a la rama de los agustinos que va en sintonía con la bajada de línea de su antecesor, en función de la inclusión de los marginados y los migrantes.
En su homilía inicial, pidió por la «paz», por la memoria de su antecesor y se mostró en contra del clericalismo, pidiendo una Iglesia más cerca de los ‘bautizados’, en un mensaje encriptado contra las facciones más conservadoras de la curia romana, ante la que Francisco tampoco se doblegó. A pesar de las presiones, promovió una Iglesia más cercana a los marginados, impulsó reformas estructurales, abrió espacios de liderazgo para las mujeres y adoptó un discurso inclusivo hacia la comunidad LGBTQ+. Sin embargo, su papado también profundizó divisiones internas y dejó desafíos sin resolver, incluida la profundización de políticas para prevenir abusos sexuales dentro de la Iglesia, que ahora heredará su sucesor.
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Como primer papa jesuita, Francisco marcó una nueva era en la Iglesia católica.
El legado de Francisco
La principal interrogante que enfrentó el nuevo papa es si continuaría con la línea reformista de Francisco o daría paso a un retorno más conservador. Tras su primer discurso desde el balcón de la basílica de San Pedro del Vaticano, no quedaron demasiadas dudas.
De hecho, representantes del ultra conservadurismo estadounidense, como Steve Bannon, ya habían identificado en su figura una línea sucesoria del «progresismo» de Francisco que, según el exasesor de Donald Trump, provocará un “ cisma importante en la Iglesia “en los próximos diez años.
Los sectores tradicionalistas, que durante años resistieron las reformas del pontífice argentino, cobraron fuerza y reclaman una Iglesia más apegada a sus raíces doctrinales. Uno de los puntos de mayor tensión en el Vaticano es el papel de la mujer, en el marco de una fuerte caída de la inscripción de nuevas monjas a nivel mundial registrada desde 2012
Las facciones de la Iglesia Católica que dirimen la elección de nuevo Papa
Si bien Francisco permitió avances sin precedentes —como el nombramiento de Sor Raffaella Petrini como la número dos de la gobernación del Vaticano—, el acceso al sacerdocio sigue vetado para las mujeres. La creciente presión de organizaciones como la Conferencia de Ordenación de Mujeres plantea un dilema que el próximo líder espiritual del catolicismo y político a nivel mundial no podrá evitar.
Polarización ideológica: la Iglesia dividida
El cónclave que se desarrolló en Roma no solo buscaba un nuevo papa, sino también un árbitro capaz de navegar la creciente polarización entre progresistas y conservadores. El documento crítico firmado en 2022 por el cardenal australiano George Pell reveló el malestar de ciertos sectores con el gobierno de Francisco, al que tildaron de “autocrático” y de alejar a la Iglesia de su tradición.
Esta grieta es particularmente evidente en países como Estados Unidos, donde la Iglesia local se ha convertido en campo de batalla ideológico entre quienes piden mayor apertura y quienes insisten en la ortodoxia doctrinal. La forma en que el nuevo papa afronte este escenario podría definir no solo su pontificado, sino también la unidad interna de la institución.
«Tolerancia cero» para los abusos sexuales
Otro gran pendiente del pontífice será la gestión de los casos de abuso sexual cometidos por miembros del clero. Aunque Francisco endureció las sanciones y reformó el derecho canónico, la falta de transparencia y la persistencia de la impunidad siguen generando desconfianza entre los fieles y sobrevivientes.
Organizaciones como SNAP, que defienden a las víctimas, exigen una política de «tolerancia cero» y una investigación independiente sobre los abusos pasados y presentes. La restauración de la credibilidad de la Iglesia dependerá en gran parte de la voluntad del nuevo papa para actuar con firmeza y sin dilaciones.
Cónclave 2025: Los detalles de la elección de un nuevo Papa y quienes son los favoritos en el Vaticano
El escándalo de Vatileaks: una crisis que impulsó reformas
El escándalo de Vatileaks, que estalló en 2012 durante el papado de Benedicto XVI, reveló filtraciones de documentos confidenciales del Vaticano, exponiendo luchas internas y prácticas cuestionables. Aunque, presionado, Benedicto XVI renunció en 2013, el impacto de Vatileaks dejó una marca indeleble en la Santa Sede que impactó en el papado de Francisco.
Como sucesor papal, Jorge Bergoglio asumió el desafío de restaurar la confianza pública luego del escándalo que expuso el escandaloso manejo financiero del Vaticano. Implementó reformas estructurales, como la creación de la Secretaría para la Economía y el Consejo para la Economía, con el objetivo de garantizar una gestión más transparente y eficiente.
El papa emérito Benedicto XVI y su sucesor, Francisco
Además, el papa jesuita adoptó su postura austera a las finanzas del Vaticano. En 2021, implementó recortes salariales del 10% para cardenales y del 8% para otros altos funcionarios, como parte de un esfuerzo por reducir costos y evitar lo superfluo. Además, promovió una política de «déficit cero», instando a las instituciones vaticanas a seleccionar prioridades, evitar gastos innecesarios y contribuir al equilibrio financiero general.
Estas medidas se alinearon con su visión de una Iglesia más cercana a los pobres y menos centrada en el lujo institucional, tal como demostró al evitar vivir en el lujoso palacio vaticano y elegir, en cambio, la residencia de Santa Marta.
El acercamiento de la Iglesia a la comunidad LGBTQ+
La actitud de Francisco hacia la comunidad LGBTQ+ —resumida en su célebre frase “ser homosexual no es un crimen”— marcó un cambio de tono en el Vaticano. Sin embargo, no todas sus iniciativas prosperaron: obispos conservadores, especialmente en África, se opusieron abiertamente a la posibilidad de bendecir a parejas del mismo sexo.
El nuevo papa deberá decidir si mantiene ese enfoque pastoral o si opta por una interpretación más rígida de la doctrina. En un mundo donde los derechos humanos y la inclusión son temas centrales, esta elección tendrá repercusiones globales para la Iglesia.
León XIV no solo heredará la silla de Pedro, sino también un legado cargado de tensiones, esperanzas y desafíos que pondrán a prueba su liderazgo como sucesor de Francisco, el papa que marcó una nueva era en la milenaria institución.

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LA IGLESIA EN TIEMPOS DE CAMBIO: ENTRE LA NECESIDAD Y LA RESISTENCIA
Elspeth Gormley / España
La Iglesia Católica ha sido, durante siglos, una de las instituciones más influyentes en el mundo. Sin embargo, la sociedad evoluciona, y con ella, las expectativas sobre la Iglesia y su papel en los tiempos modernos. La llegada del Papa León XIV marca un nuevo capítulo, pero ¿hacia dónde se dirige la Iglesia en medio de un mundo que cambia rápidamente?
El cambio como necesidad
La sociedad actual plantea nuevos desafíos que la Iglesia no puede ignorar. Los derechos humanos, la diversidad, el papel de la mujer, la justicia social son solo algunos de los temas que requieren respuestas. El pontificado del Papa Francisco abrió puertas que antes parecían cerradas: una postura más inclusiva, un discurso menos rígido, un acercamiento a quienes habían sentido que la Iglesia les daba la espalda.
Hoy, la pregunta no es si la Iglesia debe cambiar, sino cómo lo hará. Su capacidad para adaptarse determinará su relevancia en una sociedad que valora la apertura y la empatía más que nunca.
La resistencia conservadora
El cambio, sin embargo, no es aceptado por todos. Hay sectores dentro de la Iglesia que defienden con firmeza las tradiciones, preocupados por la pérdida de ciertos valores que han definido la institución por siglos. Para ellos, la apertura promovida por Francisco y continuada por León XIV representa un riesgo, una posible desviación de lo que consideran la esencia misma del catolicismo.
Este debate interno entre tradición y evolución no es nuevo, pero hoy cobra especial relevancia. ¿Es posible que la Iglesia encuentre un equilibrio entre ambas posturas sin fracturar su identidad?
El legado de Francisco y el futuro con León XIV
El Papa Francisco marcó un antes y un después con su cercanía a los excluidos, su énfasis en la justicia social y su visión de una Iglesia misionera. León XIV ahora enfrenta el desafío de dar continuidad o imprimir su propio sello en este camino.
El mundo observa con expectativa: ¿qué dirección tomará la Iglesia? ¿Profundizará en la apertura o buscará un término medio? ¿Cómo dialogará con los sectores más tradicionalistas sin perder el contacto con quienes exigen renovación?
El desafío no es menor. La Iglesia no es la misma que hace cien años, ni siquiera la misma que hace una década. Y ante una realidad cambiante, su capacidad para escuchar y responder determinará el papel que jugará en los tiempos venideros.
Las instituciones, como las personas, evolucionan. La Iglesia, aunque arraigada en siglos de tradición, enfrenta hoy un desafío ineludible: escuchar el mundo que la rodea, comprender sus cambios y responder sin miedo a la transformación.
No hay evolución sin resistencia, ni apertura sin cuestionamientos. Pero la pregunta no es si la Iglesia debe cambiar, sino si está preparada para ser relevante en una sociedad que exige menos muros y más puentes.
León XIV inicia su papado en un momento crucial. Lo que está en juego no es solo el rumbo de la Iglesia, sino su capacidad de seguir conectando con quienes aún buscan respuestas.
El futuro no está escrito, pero la historia nos ha enseñado algo claro: las instituciones que no se adaptan, desaparecen. Y las que encuentran la manera de escuchar, permanecen.

UNA POLITICA EXTERIOR “ HECHA CON LOS PIES EN LA REGIÓN “
Muere Pepe Mujica, uno de los ‘faros’ de la izquierda global
Juan Carlos Iragorri / España
Durante el proceso de escritura de Otros mundos posibles, López y el resto de autores iban los domingos a la chacra de Mujica a conversar con él sobre su visión de la política exterior. También se encargó de digitalizar el archivo del expresidente: «Te podrás imaginar que Pepe no tenía un archivo, sino un conjunto de papeles…», recuerda con cariño.
El investigador explica que «Mujica tuvo una visión de la política exterior muy situada en Uruguay, hecha muy desde el sur; fue una mirada ubicada históricamente y eso supuso un cambio en este campo porque fue probablemente la política exterior más hecha con los pies en la región». Esa «vocación de unionismo latinoamericano», añade Montenegro, la mantuvo hasta el final de sus días.
El dirigente «redescubrió lo internacional después de la cárcel». De hecho, fue «a la salida de su tercera estancia en prisión, la más larga», cuando un militante del Frente Amplio (Guillermo Chifflet) se encargó de «ponerle al día» después de que se escapara en 1971 de la cárcel de máxima seguridad de Punta Carreta junto a otra centena de guerrilleros tupamaros, recuerda López.
Con la vuelta a la democracia, analiza el investigador, Mujica añadió a su mirada histórica un marcado interés por la biología y la antropología. «Fue un agricultor que se dedicó siempre a trabajar la tierra en su granja, que observó el mundo desde allí y pensó la globalidad desde su trabajo como agricultor». «Él mismo se definió muchas veces como ‘un trozo de tierra con patas'», rememora López
“Él mismo se definió muchas veces como “un trozo de tierra con patas
Ese conjunto entre historia, biología y antropología le hizo tener «una visión muy crítica sobre el consumo, la conducta humana y los comportamientos del rico que ponen en riesgo la sostenibilidad del planeta», dice el autor. Los discursos sobre estos temas, que resonaron en todos los rincones del planeta, fueron escritos íntegramente por el propio político. «Nadie se los preparaba —afirma López— como el de Río+20[uno de sus discursos más famosos], que, según él mismo nos explicó, redactó a partir de un conjunto de notas con temas que le interesaba abordar».
Eran palabras que llegaron «desde otro lado —desarrolla el investigador uruguayo— desde un continente específico, preocupado por la desigualdad estructural y sobre cómo los asuntos climáticos impactan en estas desigualdades… Fue una mirada que partía de su día a día, de ver su plantación de flores y los animales que andaban en el campo. Mujica pensaba desde el sur y entendía América Latina como un espacio que merecía mayor coordinación política».
Uruguay, un escenario favorable para Mujica
Para entender la fama del líder y los logros sociales que alcanzó resulta imprescindible comprender la estabilidad institucional de la que goza Uruguay y la tradición de respeto político construida a lo largo de las décadas y conservada por los diferentes grupos políticos, independientemente de sus ideologías. «Los logros durante su presidencia fueron colectivos», subraya Damián Rodríguez, militante del Frente Amplio, docente e investigador de la Universidad de la República de Uruguay.
La agenda de derechos que defendió Mujica y las leyes que aprobó, que fueron motivo de admiración de muchos gobiernos extranjeros (la legalización del aborto, la marihuana y el matrimonio gay) fueron «una construcción colectiva» donde el entonces presidente sirvió, según su análisis, como «facilitador» más que «catalizador», subraya Rodríguez. «La ciudadanía uruguaya es una ciudadanía altamente politizada», con movimientos sociales que «ya tenían mucho recorrido histórico» y él «formó parte de esos movimientos sociales», dice el militante.
Entrevista a Jose Mujica, presidente de Uruguay, en Los Desayunos
Aunque era consciente de la relevancia de su figura y cómo captaba la atención de gobiernos y personas de todo el mundo, «siempre creyó en lo colectivo», dice López. Hasta el final de su vida, «no hubo tema político en Uruguay que no pasara por Mujica y no se le consultara», explica Granados. Pero, aun así, «nunca se subía al estrado, en los encuentros políticos, dicen que se colocaba en una silla en el centro de la gente, al mismo nivel que el resto», afirma la investigadora.
En este sentido, él siempre repetía que «un dirigente sirve cuando deja una generación de relevo que le supere con creces», recuerda Tulbovitz, y esa tarea de conseguir un relevo generacional sólido (tanto en su partido, el Movimiento de Participación Popular, como el grupo político dentro del que este se incluye, el Frente Amplio) fue una en la que puso un gran empeño, según coinciden la mayoría de entrevistados.
Así lo repitió en el acto de cierre de campaña de las elecciones uruguayas del pasado 27 de octubre, donde advirtió: «Estoy muy cerca de emprender la retirada de donde no se vuelve, pero soy feliz porque están ustedes, porque cuando mis brazos se vayan habrá miles de brazos sustituyendo la lucha». Algunos de los asistentes estallaron en lágrimas.
Cuenta Camilo López que Mujica escapó del photocall del Festival de Cine de Venecia en 2018 cuando se estrenó la película El Pepe, una vida suprema, y que se salió cinco minutos antes de la sala donde se proyectó para evitar ser el foco de los aplausos. Así era el expresidente uruguayo, un político que recibía a mandatarios de todos los países en su chacra, pero que rehuía de la pose. «Yo no soy una estrella, soy un estrellado», advirtió a sus compañeros cuando quisieron obligarle a pasar por delante de los flashes.
“Yo no soy una estrella, soy un estrellado
Tulbovitz recuerda que «Mujica le tomaba el pelo a la muerte, convivía con ella y apelaba al humor cuando la nombraba… Incorporaba en su relato el tema con una facilidad que yo nunca había visto, y nos decía: ‘Cuando deje la presidencia voy a hacer dos cosas: voy ir a Múgica [municipio vizcaíno en el que nació su padre y que visitó en dos ocasiones] con Lucía, y luego voy a ir a un entierro, el mío'». Hasta respondía cuando la gente le pedía «una última foto»: «¡No! La última en el cajón».

EL HOMBRE QUE PENSABA EN SI MISMO
Ángel Medina / España
El Hombre es un animal de costumbres, y cuando estas se instalan en la sociedad acaban convirtiéndose en normas, algo que le hace percibir el aparente confort dentro de su madriguera, frenándose a exponerse a algo nuevo. Y es que los que se adaptan a su laberinto, la propia inercia los acaba confundiendo.
Lo que nos dicen tres grandes pensadores sirve para hacer un diseño del hombre de nuestro tiempo. Albert Camús afirma: “El hombre moderno es la única criatura que rechaza ser lo que es”, de lo cual se desprende la conciencia que de sí mismo tiene. ¿Qué piensa el hombre de sí? Por su parte, Ernest Bloch nos plantea un interrogante: “El hombre es algo que tenemos que encontrar todavía. No sabemos aún lo que somos, y no somos todavía lo que seremos”. Aunque ha sabido penetrar en la esencia de la física cuántica y desintegrar el átomo, sin embargo, se desconoce. El último, Paul Ricoeur es más optimista: “El hombre es posible”. Todavía estamos a tiempo de esbozar lo que es un hombre. Son tres ponderaciones que vienen a advertirnos que el hombre es una pasión inútil (por sí mismo), que existe la posibilidad de reencontrarse consigo, según la altura de sus deseos (hurgando dentro de él), que todavía es posible (aplicando su voluntad).
Las sociedades cambian, pero el hombre, si quiere serlo ha de reorientar el camino para hallarse. Debe ser capaz de comprender lo que le ofrece el mundo y esforzarse para alcanzar ser el que puede ser. Ciertamente, está aturdido por tanta información, tantas opiniones y criterios distintos, tanta banalidad e intrascendencia que hurtan la responsabilidad a cambio de lo superfluo e intrascendente.
El hombre ha de abrirse al pensamiento. Ha de ejercitarlo. Y como no hay ciencia infusa que valga, todo conocimiento proviene del exterior. Información para conseguir formación, y el abanico de las ideas, filtrarlas por el tamiz de su testa y transformarla en opinión.
De manera consciente o inconsciente el hombre de la sociedad moderna ha caído (o se lo han conculcado) en la autosuficiencia. En bastarse a sí mismo. Pero, ni la sociedad, ni la política, ni el consumismo- sean cosas o ideas- hacen crecer el proyecto de hombre que todos somos, en un mundo que valora a sus hijos por lo que tienen y lo que hacen, pero no por lo que son. Somos como el grano que la tierra convierte en espiga. El riesgo es que, ahogado y pereciendo no dé el fruto deseado. Por eso, importa el terreno de la siembra. Sin embargo, el hombre no es solo materialidad. Necesita algo más. El problema radica en que, para encontrarse, tiene que buscar el soporte. Y la sociedad actual ha renunciado a la Verdad. A lo sumo la representa con medias verdades, que resultan ser las peores verdades. La verdad hay que buscarla. No como concepto solamente, sino, ante todo, en cómo me afecta a mí como sujeto. Para ello el hombre ha de reflexionar sobre lo que tiene y lo que desea. Salir de sí mismo para regresar y encontrarse. Una prueba de que el hombre no se basta a sí mismo, es la incapacidad de amarse. Pues, ¿quién se ama si no es a costa de odiarse? Extraña pregunta, sí. Esto viene a decirnos, que, incapaz de excusarse ante él y los demás, necesita saberse perdonado desde esa apelación a la Verdad que lo trasciende, a poco que se avenga a abrirse a ella.
Nadie que se piensa (ese es el problema de nuestra sociedad: no pararse demasiado a recapacitar y dejar ir la vida tras lo inmediato) a fuer de ser honesto consigo, puede aceptarse. Ya lo explicaba Feuerbach a su manera: que el Ser Supremo es la elevación al infinito de las cualidades que el hombre gustaría poseer. ¿Hay uno solo que se considere como el que desearía ser? Basta echar la mirada atrás y pensar en la conducta que se arrastra. El pasado. Aquellas cosas que no queremos ni recordar y que realmente nos avergüenzan. Por eso las cubrimos con el olvido, aunque en realidad permanecen con nosotros. No somos capaces de reconocerlas, tomarlas como experiencias de lo que no debe ser y continuar el camino al abrigo de la confianza. Saber perdonarnos. En el fondo, el hombre se detesta. Sin contrición, no hay cambio. Necesita saberse amnistiado. Pero, para ello ha de examinarse. De ahí la importancia de hacer un alto en el camino y recapacitar. Confrontar ideas y valores.
Toda metanoia invita a la introspección. Pararse a considerar por dónde discurre la vida. Por eso, es conveniente adentrarse sigilosamente en su interior. Dejarse rasgar con la precisión de un bisturí. El ser humano, como la cebolla, está recubierto de distintas capas, infinidad de partes que constituyen su todo. No es posible tratar su conjunto, pero, sí, al menos una parte de él que pueda reorientarle.
“El hombre que se pensaba a sí mismo” es mi último libro, de reciente aparición. En él trato de proyectar una lucecita, con la pretensión de que el lector pueda meditar lo que en él se dice acerca del hombre. Alguien con el que pueda identificarse quien lo tenga en sus manos.

MUJICA SIN CORBATA
Gustavo Páez Escobar / Colombia
Con motivo de la conmovedora muerte de José Mujica, recupero esta nota que sobre él escribí en marzo de 2017
José Mujica (Pepe, o el Pepe, lo llaman en Uruguay) nunca ha usado corbata. Tal vez eso ha contribuido a mantener auténtica su personalidad. Durante los años de su gobierno (2010-2015) siempre concurría al despacho en traje sencillo y sin la menor afectación, como si se tratara del más simple de los ciudadanos que recorriera las calles de Montevideo. No cambió su chacra en Rincón del Cerro, donde vivía con absoluta felicidad en compañía de su esposa, por el palacio presidencial, donde se sentiría extraño y cohibido.
Ni quiso cambiar su viejo automóvil Volkswagen Fusca, modelo 1987, por el lujoso de la presidencia. Una vez un jeque árabe le ofreció un millón de dólares por el auto desvencijado, y él rechazó la oferta con esta razón genial: “Ese vehículo nos lo regaló un puñado de amigos que hizo una colecta. Nunca podríamos venderlo, pues ofenderíamos a ese puñado de amigos”.
Hombre modesto, bonachón, elemental, bromista, y dotado al mismo tiempo de aguda concepción filosófica y gran sensibilidad humana, desconcertó al mundo con su carisma y sus singulares maneras de gobernar en medio de la pobreza, la pulcritud y la renuncia a las aureolas y los bienes materiales. Por encima de su propia condición económica estaba la suerte de la nación y de sus paisanos, y a esa causa consagró todas sus energías y capacidad social, con resultados admirables.
Se jacta en decir que es rico con lo poco que tiene. No necesita más para ser feliz: “Pobre no es el que tiene poco –dice–, pobre es el que necesita infinitamente mucho y desea más y más”. El 90 por ciento del sueldo de presidente lo donó para los pobres, y lo mismo hizo su esposa, la senadora Lucía Topolansky.
Conducta ejemplar y desconcertante frente a los bochornosos sucesos de corrupción y pillaje que hoy se destapan en los países latinoamericanos, en cabeza de presidentes, ministros, altos funcionarios y políticos de toda laya. La ley del momento es llegar a las altas posiciones para enriquecerse.
A Mujica se le conoce como el presidente más pobre del mundo. Difícil, cuando no imposible, que su caso tenga seguidores. Pero de lo que no puede dudarse es del asombro que despierta en un mundo envilecido por la avaricia y la corrupción.
Quizás la mayoría de los gobernantes compadezcan a este buen señor de la decencia, la pulcritud y la moralidad, pero algún freno se opera en el campo de los desenfrenos del poder. La semilla está sembrada.
Mujica es un político distinto. De su experiencia como guerrillero y de los largos años pasados en presidio extrajo el conocimiento de la sociedad y la sabiduría del filósofo. Y los aplicó en su tránsito por la vida pública, como diputado, senador, ministro y presidente de la república.
Su lenguaje es claro, sencillo, directo, sin retóricas ni esguinces. Amante de decir la verdad, su discurso llegó a la masa, y la gente supo captarlo y lo siguió como el líder capaz de adelantar la silenciosa revolución que se adelantó en su gobierno.
Por eso, Pepe Mujica, el del pueblo, fue un presidente sin corbata. Con ella, se habría falseado. Así lo analiza Allan Percy en el libro Mujica, una biografía inspiradora, que me obsequió mi nieta Valeria, de 3 años, y que he leído con mucho agrado. Los nietos saben penetrar en la mente de los abuelos.


