ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL.

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“A veces la vida también se cubre de niebla… y solo la paciencia permite que vuelva la claridad.”
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LA NIEBLA
Andrea Kiperman – Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. En esta nueva edición de la revista voy a referirme a un tema que resulta esclarecedor ante tanta distorsión.
Recuerdo mi ciudad, Buenos Aires, en esos momentos previos a una lluvia fuerte, cuando la niebla baja y se expande por todas las veredas y calles, invadiendo cada pequeño rincón. Borra los árboles, desdibuja los contornos y la visibilidad se vuelve tan borrosa que sencillamente no se puede ver ni siquiera lo que está cerca. Es como si esas nubes se hicieran cargo de toda la ciudad, impidiendo ver absolutamente nada, envolviéndolo todo en un halo casi fantasmagórico.
Y aquí aparece la gran metáfora, el tema central: a veces nos sucede lo mismo en la vida. Hay circunstancias y momentos en los que sentimos que esa neblina se apodera de cada rincón de nuestro ser, de nuestro caminar, hasta el punto de no poder ver lo que tenemos delante. Es como si avanzáramos con esa nube sobre la cabeza, sin claridad y sin saber qué camino tomar.
Lejos de caer en un falso positivismo, creo que esos momentos son importantes. Son instantes en los que necesitamos frenar, igual que ocurre en las ciudades cuando hay neblina y hay que esperar a que el aire se vaya aclarando, a que las nubes se disipen poco a poco, aunque a veces parezca que nunca va a suceder.
Hay circunstancias que nos invitan a hacer una pausa, a dejar que las cosas tomen otro color, a no desesperarnos si en este momento la neblina parece cubrir todas las expectativas de nuestro andar. En esa espera, confiando en que llegue una brisa fuerte que sacuda y libere esas nubes, podremos decidir con paciencia qué camino es mejor tomar.
Y esa pausa, incluso en medio de la neblina, nos permite elegir rutas diferentes a las ya transitadas.
Quedo con ustedes…
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