CARTAS – ENERO

Cartas-1

“Palabras que buscan a quien las lea.”

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CARTA A LOS ESCRITORES DEL MUNDO

Susana Curbela Ayala – Argentina

      Creo que mi profundo respeto por los escritores nació conmigo. Esos seres fantásticos, capaces de expresar, con justas palabras, aquellas que alivian tu pena, acompañan tu soledad o te brindan la esperanza necesaria para seguir respirando, son verdaderos DEMIURGOS en sus tres acepciones: originalmente significaba  «artesano»; luego pasó a ser «productor» y por último «creador».

        Recordando aquellos grandes que estudié en mis años escolares, un sentimiento dual me inmoviliza: la alegría de que alguien lea algo que escribí y le guste… y la vergüenza de  llamarme escritora y no estar a la altura de su significado. Pero si no escribo me ahogo… ¡tengo tanto que decir!  En mi caso, las palabras siempre salvaron mi vida. No puedo imaginar un mundo sin libros. Y eso significa que no  puedo imaginar un mundo sin escritores. Seguiré apostando a las palabras, a los escritores y a mis humildes poemas. Al fin de cuentas… ¡es más barato que el psicólogo!

GRACIAS Escritores.

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CARTA SIN DIRECCIÓN

Luz Fontana – Italia

No sé a quién escribo. Tal vez a ti, que lees sin saber si esta carta te pertenece. O quizás a nadie, y eso también está bien.

Hoy no quiero contar nada urgente. Solo dejar constancia de algo que me ronda: el mundo se mueve demasiado rápido, y sin embargo, hay gestos que siguen teniendo el mismo tiempo de siempre. El tiempo de mirar a alguien sin prisa. El tiempo de preparar un café con cuidado. El tiempo de escribir una carta sin saber si será leída.

A veces me pregunto si seguimos siendo capaces de esperar. Esperar una respuesta. Esperar que algo florezca. Esperar que el silencio nos diga algo que no sabíamos.

No sé si esta carta llegará a alguien. Pero si lo hace, que sepas que fue escrita con calma, con palabras que no buscan convencer, sino acompañar. Con la esperanza de que, en medio de tanto ruido, aún haya espacio para lo que no se grita.

Si estás ahí, gracias por leer. Y si no estás, también.

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CARTA DE UN INMIGRANTE

El país que ha olvidado sus orígenes

Elspeth Gormley – España

Querido Estados Unidos:

Te escribo desde un lugar que, curiosamente, parece que ya no reconoces: el lugar del que tú mismo naciste. El del inmigrante. El del que llega con miedo, con esperanza, con una historia a medio construir. El mismo lugar desde el que llegaron tus abuelos, tus bisabuelos y todos esos antepasados que hoy adornan tus libros de historia como pioneros, valientes y visionarios.

A veces pienso que padeces una especie de alergia a tu propio origen. Una alergia fuerte, de esas que borran de golpe que fuiste levantado por manos extranjeras, por acentos torpes, por sueños que venían en barcos abarrotados. Y sin embargo, aquí estoy, viendo cómo los descendientes de inmigrantes miran a los inmigrantes como si fuéramos una amenaza recién inventada.

Qué ironía tan grande: los nietos de los que llegaron en barco ahora quieren cerrar los puertos.

Los bisnietos de los que escaparon del hambre ahora señalan al que llega con una mochila. Los tataranietos de los que no tenían papeles ahora exigen documentos, certificados, pruebas, ADN y, si pudieran, una carta firmada por la historia misma.

Mientras tanto, los únicos que estaban aquí desde el principio —los pueblos originarios— siguen confinados en reservas. Pero claro, eso no encaja en tu relato heroico. Debe ser un detalle incómodo, una nota al pie que nadie quiere leer.

Y en medio de este olvido tan conveniente, aparecen deportaciones, detenciones masivas, interrogatorios absurdos… incluso ciudadanos con nacionalidad obligados a demostrar que son lo que ya son. Yo los veo. Los escucho. Los acompaño. Y me pregunto si realmente sabes quién eres.

Porque la ironía es tan grande que casi duele: un país que nació del movimiento castigando ahora el movimiento.

Quizá sea miedo. Quizá sea ignorancia. O quizá sea que la memoria, cuando incomoda, se guarda en un cajón y se tapa con una bandera.

Pero desde donde yo estoy -desde la piel del inmigrante-, la conclusión es otra: cuando un país olvida que también llegó en barco, empieza a hundirse sin darse cuenta.

Con respeto, Un inmigrante que recuerda lo que tú has decidido olvidar

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CARTA DE UNA MAMÁ A SU HIJA

Sarah Petrone – Argentina

     Querida hija, Te pido que por un rato, no más, dejes de lado tu rol de madre y de abuela y me dejes abrazarte y mimarte, simplemente como a mi hija. La hija que fue mi niña y que ya creció, pero a la que sigo sintiendo como  la pequeña que amé más que a nada en este mundo.

     Te veo ir y venir afanosa mientras te desvelas como yo lo hacía y me agoto con tu trajín. Son los mismos desvelos de todas las madres, a las que yo  restaba importancia, porque en la vorágine de la vida, todo trabajo era poco, enfocado en la crianza de esa hija, que dependía exclusivamente de mí. El rol más arduo y hermoso a llevar a cabo. No sentía cansancio en esos años, como tampoco te veo agotada pese a la rutina.

     Tus brazos como los míos, se llenaron de sueños de futuros venturosos y abrazan ramilletes de sonrisas .

     Sentada, mientras sigo tu ir y venir por la casa, me emociona ver el crecimiento personal, enorme que has logrado. Nada puedo hacer para ayudarte. Mi tiempo de crianza ha pasado y el tuyo, por ventura, tiene el tiempo justo que se repite en la historia y en las vidas de las mujeres que continuamos  con la milagrosa misión que la maternidad para las generaciones venideras.

     Ahora sabes que todo el amor del mundo no basta para lograr que a veces, la vida también puede mostrarnos su cara más oscura..

     Mis canas, mis arrugas, mis pasos vacilantes  no son signo de senilidad. No me observes como queriendo protegerme todo el tiempo. Por dentro, siento que soy esa mujer jóven y fuerte que todo lo podía, aunque mi cuerpo no quiere comprenderlo.

     Te hice fuerte porque fui fuerte. Nos hemos preparado para resistir en este mundo difícil y hermoso. Gracias por haberme regalado el título de Mamá.

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