CARTAS – NOVIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.


Colaboran en este espacio:
Magi Balsells – España
Carlos González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Sarah Petrone – Argentina

ME PIDES RESPETO
Magi Balsells – España
¿Tu me pides que te tenga respeto?¿Es que acaso tu lo has tenido conmigo?
¿Qué hombre alardea de sus conquistas? Y no solo esto sino que las engrandece, siendo pura mentira
Se lo que comentaste al esposo de una amiga, detalle por tu parte de lo mas desagradable y fuera de lugar
Esta al comentárselo su esposo, se molesto en gran manera y sin perder un instante se puso en contacto conmigo comunicando tus alardes de conquistador en los cuales dabas explicaciones de lo que en mi persona
habías conseguido y aun tuviste la desfachatez de decir que yo, si yo, había dicho que disfrute y pedía mas sexo, pobre infeliz ¿seguro lo soñaste?
Te he escrito esta carta de la cual voy a mandar copia a los conocidos o amigos de ambos para que sepan la clase de persona que eres , aclarando algunos puntos que por fantasioso por tu parte son merecedores de la mas sonora carcajada
Dando detalles de esta hombría que presumes Dejando las cosas en su lugar sin mentiras, que no vi. por ningún lado, quizás estaba de vacaciones
Reconozco que mantuve unas relaciones sexuales, por decirlo de alguna manera, contigo, el intento estuvo y mi predisposición también Pero también incluyo en la misma el desenlace Fue penoso por tu parte no conseguir llegar al principio ni al final, pese a tomarte unas pastillas, que no se de que serian ni me importa. Diste mil y una excusas, pero las horas pasaban y todo estaba en punto muerto.
Nada te funciono, ni tampoco vi este miembro viril, del que según tu siempre había sido el asombro de las damas, creo que seria por su insignificancia, y con esta triste flojedad permanente
Al final cansado de tus palabras y sin poder realizar lo que según tú seria ver el paraíso y las estrellas, me vestí y me marche,
Y en la despedida aun tuviste la poca delicadeza de acusarme de ser frígida, cuando existe una frase famosa que dice, “que no hay mujer frígida sino hombre inexperto” anótala quizás te sirva algún día
¿Y tu crees que te mereces mi respeto?, creo que no, solo mi desprecio como hombre, caballero y amante Olvídame…

QUERIDA AMIGA
Carlos González Saavedra – Argentina
De pronto, llegaste a mi vida sin explicación. Solo con un “buen día” y un elogio. Y desde entonces, tejimos una amistad que perdura hasta hoy.
Para mí, que siempre quise tener una razón para todo, aquello fue un misterio. Me decías: “Me brota ayudarte y hacerte bien.” Y así fue.
Empezamos a conocernos primero por teléfono, luego en persona. Pasó el tiempo, y atravesaste momentos delicados de salud que nos mantuvieron distanciados. Yo rezaba por vos, mientras vos esperabas con resignación. Yo, atento a tu bienestar desde lejos, sin poder acercarme. Confieso que me sentí inútil. No contaba con los medios para estar a tu lado en esos instantes.
Hoy, con viento en popa, navegas por los mares de las letras, descollando como siempre, fiel a tu estilo. Siempre estuviste pendiente de mí, incluso en medio de tus propias batallas. Y yo, de ti.
Con el paso del tiempo y los días de reflexión que hemos compartido, solo puedo agradecerte la lealtad que me has brindado. A pesar de tus circunstancias y las mías, ha quedado marcado a fuego en nuestros corazones: tu lealtad y nuestra amistad.
Sé que siempre estarás. ¡Gracias! Dios te bendiga.

CARTA A LOS JÓVENES DE LA GENERACIÓN Z
Elspeth Gormley – España
Queridos jóvenes,
Os escribo desde una generación que vivió sin Wi-Fi, sin redes sociales, sin emojis. Una generación que aprendió a esperar, a mirar a los ojos, a escribir cartas que tardaban días en llegar. Nacimos entre 1950 y 1960, cuando el mundo aún se reconstruía, y crecimos entre radios de madera, juegos en la calle y sueños que no cabían en pantallas.
Vimos llegar la televisión, el hombre a la luna, la democracia, el euro, el móvil, internet. Vimos caer muros, cambiar mapas, y también cambiar las formas de amar, de trabajar, de pensar.
Hoy os vemos a vosotros: veloces, digitales, creativos, inquietos. Y aunque a veces no entendemos vuestros códigos, os admiramos. Porque sois valientes. Porque os atrevéis a cuestionar. Porque queréis un mundo más justo.
Pero también queremos deciros algo, con cariño: No todo lo nuevo es mejor. No todo lo rápido es profundo. No todo lo visible es verdadero.
Nosotros aprendimos que la libertad no es solo elegir, sino también respetar. Que la tecnología es maravillosa, pero el silencio también lo es. Que la inmediatez puede ser útil, pero la paciencia es sabia.
No os pedimos que seáis como nosotros. Solo que no olvidéis de dónde venís. Que escuchéis a los mayores, no por nostalgia, sino por memoria. Que no confundáis ruido con voz, ni fama con valor.
Porque al final, todos —vosotros, nosotros, los que vendrán— vivimos en el mismo mundo. Y si queremos que ese mundo sea más humano, más justo, más digno, necesitamos unir generaciones, no enfrentarlas.
Con respeto.
Con ternura.
Con diálogo.
Como quien tiende un puente.
Como quien escribe una carta. Con todo mi cariño, Elspeth

CARTA A UNA MAESTRA
Sarah Petrone – Argentina
Querida maestra, espero que me recuerde. Ha pasado mucho tiempo desde que fui esa alumna rebelde y poco aplicada a los estudios que usted conoció. Sè que fui un tanto difícil para ese tiempo en que las formas eran más estrictas y yo, bastante revoltosa.
Hoy, quiero pedirle disculpas por esas bromas a veces, de mal gusto que le jugábamos con los compañeros de clase. Nunca debí dejarme llevar por la complicidad de tirar papelitos en el aula, o colgarle cartelitos inocentes en la espalda.
Los niños éramos bastante traviesos, todavía lo siguen siendo, creo que más que antes. Debe reconocer que no nos quejábamos cuando nos ponía en penitencia, de cara a la pared o cuando nos mandaba amonestados a la dirección. Tampoco cuando nos hacía escribir 100 veces, en el pizarrón: «No debo portarme mal, en clase, o, debo estudiar más, la lección.» Entonces sentíamos vergüenza y nos esforzábamos por corregirnos. Pero, claro, en esos tiempos tuvimos una infancia ingenua, casi siempre feliz.
Quiero confesarle que fue el tiempo más genuino de mi vida, porque después, nos transformamos en personas diferentes, calculadoras, competitivas. Los bullyings de esta generación, son demasiado crueles. Se perdió el compañerismo y el respeto por los maestros y los mayores. Ha corrido mucha agua bajo el puente, (como decíamos) . Hoy, también soy maestra. Los niños no son los mismos de entonces,han perdido la frescura y la candidez. Tal vez hemos fracasado en su educación por miedo a perderlos o por haber sido demasiado estrictos. Nos relajamos pensando sin saber lo que era mejor, y se nos escapan de las manos. Contenerlos y corregirlos es cada día más difícil. Tampoco los padres colaboran, o no saben cómo hacerlo. Perdimos la autoridad y el respeto de esta generación que pretende tomar en sus manos, las riendas de sus vidas, cada vez a más temprana edad.
Le confieso que muchas veces extraño el chancletazo oportuno ante alguna insolencia, o el tirón de oreja.
De maestra a maestra, deseo que disfrute de su jubilación. A mi me falta mucho, todavía, y amo esta profesión que elegí gracias a usted. Con cariño.


