CRÓNICAS Y ENSAYOS

Bienvenidos a , «Crónicas y Ensayos», la sección de nuestra revista donde las palabras cobran vida a través de crónicas y ensayos que exploran el mundo desde perspectivas únicas y profundas. Aquí, cada texto es una ventana abierta a experiencias, reflexiones y análisis que nos invitan a ver más allá de lo evidente.
Cada crónica es un relato vívido que captura momentos y lugares, mientras que cada ensayo es una invitación a la reflexión y al debate. Queremos que esta sección sea un espacio donde las ideas fluyan libremente y donde cada lector encuentre algo que le inspire, le cuestione y le enriquezca.
Te invitamos a sumergirte en estas páginas con mente abierta y curiosidad insaciable. Permítete ser llevado por las historias y los análisis que aquí encontrarás, y descubre nuevas realidades a través de las palabras de nuestros talentosos colaboradores.

Colaboran en esta sección: Miriam Alberganti (Argentina) Antonio Camacho Gómez (Argentina ) Olivia Corado (Guatemala) E. Gormley (España) Gustavo Páez Escobar (Colombia) Carlos Pérez de Villarreal (Argentina)

EL DIA QUE PARTÍ
Miriam Alberganti
Argentina
¡Si supieras cuánto extraño sentirme abrazada y lo bien que me hacías sentir cuando en tu corazón estaba! Mirá que hemos vivido cosas juntos, ¿eh?
Recuerdo tardes de rodillas peladas o veranos de carnavales donde casi volaban aquellos pesados baldes de agua, noches juntos mirando la luna, o simplemente siendo testigo de mis penitencias en los rincones, tardes de colchoneros separando lana, interminables tendales de ropa, pollos que del gallinero escapaban, la vieja máquina de coser que viste funcionar hasta que llegó a vieja, jaulones de jilgueros que siempre mantenían al día los sonidos de la casa con su permanente trinar. Vos siempre estuviste allí como silencioso gigante custodio de todo lo que ocurriera. Veías que desde muy pequeña tenía curiosidad por el crecer de las plantas en viejas macetas españolas que escondían aventuras de babosas, hormigas y caracoles. Siempre estabas allí, en silencio, pero con marcada presencia. Nunca te tuve miedo, siempre quería estar en vos. Aún no sé por qué me hacías sentir tan segura. ¡Eras mi lugar en el mundo!
Fuiste testigo de mi inocencia pura de la niñez, si me habrás visto llorar… Conocías todos mis escondites, mis compañeras de juego imaginarias, las charlas con mi amiga íntima que era representada por un viejo gomero. Mirabas mis lágrimas caer cuando escuché a mis padres decir que lo cortarían porque sus raíces habían levantado los pisos de la casa. Él simplemente quería crecer al igual que yo, ¡no lo entendieron!
Estuviste en cada cena de Navidad. Lo recuerdo muy bien. Me hacías creer que Papá Noel se asomaría detrás de vos. Y yo te creía, ¡como siempre!
No sé cómo lo hacías, pero de alguna manera me buscabas para que saliera a ver cómo alguna fortuita visita intentaba recostarse en la hamaca paraguaya, cayéndose al piso en el primer intento de la manera más graciosa, y yo ahí, haciendo fuerza para que no saliera la carcajada de mis entrañas y ayudando muy seriecita a levantar a la imprevisible victima que había estado a punto de romperse la crisma.
Nos reíamos juntos cuando, escondida de los grandes, cantaba y bailaba sola en la antigua galería ensayando para cuando fuera grande, estaba convencida de que no me detendría hasta ser una talentosa actriz de esas que solo se ven en Hollywood.
Me ayudaste a memorizar cada poesía de Borges, cada cuento de Cortázar, poemas del Martín Fierro y hasta las aventuras de Don Quijote, previos a algún examen del colegio. Me veías salir insegura y con los nervios de punta y regresar en paz y relajada cuando terminaba de rendir. ¡Cómo olvidarlo!
Solo vos sabés cuántos libros se me cayeron de la cabeza intentando caminar derecha como una modelo de esas que veía en la tele de la casa de doña Antonia.
Hiciste que apareciera la luna llena aquella noche del primer beso, hasta sentí que habías hecho bajar a todos los cupidos que encontraste en tu andar… Por un momento incluso me sentí levitar… ¡Cuánto te amé!
Llegado el día que partí en busca de mi destino, le diste una última mirada a mi principesco vestido de novia; me encontraba tan radiante y feliz que no reparé en tus lágrimas. Vos sabías que ya nada sería igual, ya no nos reiríamos juntos: esa nena ya no estaría para vos.
Solo cuando la vida me llevó muy lejos descubrí cuánto amaba estar dentro tuyo, quería volver, pero olvidé el camino. Sé que ya no estás, pero nunca dejaré de agradecerte.
Los años pasaron, las cosas cambiaron, pero nunca olvidaré aquel viejo patio que me vio crecer.

DE LA AUTONOMÍA ANDALUZA
Antonio Camacho Gómez
( 1930 España – 2023 Argentina )
a
Las primeras elecciones parlamentarias en España se efectuarán el 22 de marzo próximo en Andalucía. Esa Andalucía cuya cultura se remonta a seis mil años antes de Cristo, según las leyes en verso encontradas, y que el investigador alemán Schulten y el filósofo José Ortega y Gasset (Revista de Occidente, 1923, primer número), consideran más antigua que la griega y la romana. Representada por la de Tartessos o Tarshih y de la que el poeta Lorca, cuyo “Romancero gitano” apareció en la citada revista en 1928, ha sido entendido como su mejor intérprete.
El premio Nobel de Literatura Aleixandre afirma del granadino que “sus pies se hundían en el tiempo, en los siglos, en la raíz remotísima de la tierra hispánica…”. Téngase en cuenta que para el autor de “La casa de Bernarda Alba” y su esclarecedora teoría sobre el duende, Andalucía era el ombligo de Occidente y más que una parte de España era ésta una extensión de aquélla. Pero volviendo a Ortega, que era norteño, opina que los andaluces constituyen una de las razas que mejor se conocen, se mantienen fieles a su perfil milenario y a su destino. Y al señalarlo como el pueblo más viejo del Mediterráneo, aclara que antes de los soplos de los vientos históricos desde Egipto y de la zona oriental de ese mar, una “corriente de cultura, la más antigua de que se tiene noticia, partió de nuestras costas y resbalando sobre el frontal de Libia salpicó los senos de Oriente”.
Hago hincapié en la Andalucía profunda, la jonda, la mistérica, la que absorbió las más diversas civilizaciones, como la fenicia, la cartaginesa, la romana, la visigoda, la árabe, con sus ochocientos años de esplendor y la muestra actual como la Mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, la Giralda de Sevilla, las Alcazabas (fuertes defensivos) de Málaga y de Almería, ésta coronando la ciudad magníficamente conservada, con sus fuentes y jardines, iluminada en noches de espectáculos multitudinarios. Ignoro la superficial, la de pandereta, la de Bizet y Marimèe, la de montajes flamencos para turistas. Andalucía, la de las bailarinas de Cádiz –“puellae gaditanae”- elogiadas por Plinio, Estrabón, Polinio, Marcial y Juvenal; la de Séneca, Adriano y Trajano, estos dos emperadores romanos; la de Maimónides y los grandes califas; la de Velázquez, Murillo y Picasso; la de Bécquer, Lorca, los Machados, Alberti, Góngora, Villaespesa y los premios Nobel Jiménez y Aleisandre; la de Falla y Paco de Lucía, la del cante jondo, la Semana Santa Sevillana; la que cantaron Agustín Lara y Plácido Domingo; la de las costas del Sol y de la Luz que reciben a millones de visitantes y cientos de extranjeros deciden quedarse.
También la de la romería del Rocío, admirada por el Nobel Mario Vargas Llosa, excluyendo la considerada un tiempo segunda Meca del cine, con filmaciones en Almería. La estudiada dentro y fuera de sus límites geográficos. Al-Andalus. Llorada por árabes y judíos. Entrañable. Andalucía, la del duende y el misterio.

OTROS HORIZONTES
Oliva Corado
Guatemala
Escucha a lo lejos la alarma del reloj despertador, voltea a ver, son las tres y treinta de la madrugada, se levanta adormitado y camina hacia el baño, desde la noche anterior dejó la cubeta llena con agua para no tener que ir a esa hora a sacarla al tonel que está en el patio. En un costal tiene cuatro mudas de ropa, saca una que planchó la noche anterior y se alista para esperar al repartidor de pan que no tarda en llegar.
En una de las dos hornillas de la estufa de mesa pone a calentar los frijoles, en la otra calienta las tortillas, del refrigerador saca una bolsa con crema y queso fresco del que pasó dejando el vendedor que llega desde Taxisco cada semana, se sirve una taza de café y del canasto del pan saca dos zepelines. Se sirve los frijoles, coloca las tortillas en una manta y comienza a desayunar, son las cuatro de la mañana, en una hora tiene que abrir la abarrotería, pero antes a Ovidio le toca limpiar y organizar el mostrador como todos los días antes de abrir.
Después de limpiar el mostrador, barrer el local y sacudir el polvo de las estanterías coloca en bolsas el pan frío del día anterior para venderlo a mitad de precio. Cuando le dijeron de irse a la capital a atender una abarrotería se ilusionó con estudiar en la escuela nocturna, porque ese fue el trato con el dueño, un hombre originario del mismo pueblo que se fue a Estados Unidos de indocumentado y regresó veinte años después con papeles y con dinero para poner un negocio y regresarse al Norte. Llegó a la aldea diciendo que era un migrante empresario.
En su natal, Nahuatán, Pajapita, San Marcos, Guatemala, Ovidio no tenía más futuro que agarrar para Estados Unidos como han hecho docenas de jóvenes de su aldea, cosa que él también quería hacer, pero su mamá le dijo que si se iba lo más probable sería que no se volvieran a ver, como les ha sucedido a tantos que mueren en el camino, en Estados Unidos o mueren los papás en la larga espera del retorno. Le suplicó que no se fuera tan lejos, que le había dolido tanto en el parto como para que se fuera y no lo volviera a ver.
Apalabraron con su empleador que le daría dos bonos anuales, diez días de vacaciones al año y las fiestas de fin de año podía ir a visitar a su familia, que podía finalizar sus estudios en la escuela nocturna y podía vivir en el mismo local que tenía una habitación atrás muy cómoda, pero nada de eso fue cierto. Ovidio lleva siete años trabajando en la abarrotería en la capital, duerme a pocos pasos de los tambos de gas propano en un colchón tirado sobre el piso, maloliente, que ya estaba ahí cuando llegó. Se levanta en la madrugada, cierra la abarrotería a las diez de la noche y se va a dormir a la media noche, no puede hacerlo antes, tiene que hacer las cuentas del día, ordenar producto y organizar las estanterías.
El dueño de la abarrotería abrió tres locales más y contrató jóvenes de la misma aldea para que los atiendan, le han dicho sus amigos de la aldea que el tal migrante empresario los está explotando. Su mamá le dice que no renuncie, que ahí tiene techo y comida y que cambiar de trabajo le implicaría gastos. Que aguante, que está joven, que ya vendrá la oportunidad de algo mejor. Ovidio entre los sustos de los tambos de gas propano que almacena para la venta, también ha sufrido infinidad de asaltos, los barrotes no lo protegen de una bala o de las amenazas de cuando salga al mercado a comprar frutas y verduras para la abarrotería lo venadeen para matarlo sino entrega el dinero.
Se enteró que en la misma situación se encuentran varias jóvenes que trabajan en las tortillerías del sector, ellas mismas le han contado que en las abarroterías de los alrededores también hay jóvenes indígenas atendiéndolas, que los llevaron desde sus pueblos y que apenas hablan el español. Como él que llegó hablando mam y el español lo habla a medias a pesar de los años que lleva viviendo en la capital. Y que de asaltos ni se diga, que hasta notas han ido a dejarles donde los asaltantes les piden una cuota semanal para no matarlas. Los dueños de las tortillerías se hacen los desentendidos, a pesar de que en las noches les han ido a manchar las paredes con sangre como advertencia.
Carmen, una de las muchachas que atiende en la tortillería no quiere arriesgarse más y perder la vida en un asalto, ni estar dejando los pulmones torteando para llenarle las bolsas a otros, lleva meses diciéndole que se vayan a Estados Unidos, que un primo suyo los recibe allá, se van a ir cinco de sus compañeras de trabajo y se van a unir a una de esas caravanas de migrantes hondureños que atraviesan Guatemala.
Finalmente, Ovidio se decide, una madrugada cualquiera se levantó como de costumbre, recibió el pan. No abrió la abarrotería, salió por la puerta de atrás, agarró el dinero de la semana y llamó al dueño para avisarle de su renuncia, también le dijo que la copia de la llave se la dejaba con las muchachas de la tortillería de la esquina, que no se preocupara que no se robó nada.
En el camino hacia México los dos pasaron por San Marcos, pero Ovidio no quiso ir a visitar a sus papás, porque su mamá lo iba a convencer otra vez de no irse, entonces se fue solo así, como se van los más golpeados de las clases sociales: como aves en bandadas buscando otros horizontes.

LA AFASIA
E. Gormley
España
Pocas veces hemos sabido de personas que padecen afasia, es un trastorno del lenguaje que afecta la capacidad de comunicarse, generalmente causado por daño cerebral. Puede afectar la producción y comprensión del habla, la lectura y la escritura.
La afasia, tiene muchas formas dependiendo de qué partes del cerebro están afectadas. Hay afasia de Broca, que afecta la producción del habla pero la comprensión suele estar intacta, y la afasia de Wernicke, donde se pierde la capacidad de comprensión aunque el habla fluida se mantiene pero sin sentido.
La vida de alguien con afasia puede transformarse en una serie de desafíos y frustraciones. Imagina querer decir algo tan simple como «quiero agua» y no poder encontrar las palabras correctas. O entender perfectamente lo que otros dicen, pero no poder responder. Este tipo de barrera de comunicación puede ser enormemente desmoralizante.
Además, es común que las personas con afasia se retiren socialmente, no porque no quieran interactuar, sino porque cada interacción puede convertirse en un recordatorio doloroso de sus limitaciones. Las relaciones personales, el trabajo y las actividades cotidianas pueden sufrir un impacto significativo.
La rehabilitación para la afasia implica trabajo arduo con logopedas, el uso de tecnologías asistidas y, lo más importante, un entorno comprensivo y paciente. La meta es ayudar al paciente a recuperar la mayor funcionalidad posible y a encontrar nuevas formas de comunicar sus pensamientos y necesidades.
En definitiva, la afasia es una lucha constante, pero con el apoyo adecuado, las personas pueden encontrar maneras de adaptarse y seguir viviendo vidas plenas y significativas.
El apoyo emocional y terapéutico es crucial. La terapia del habla puede ayudar, pero el camino es largo y a menudo incomprendido por quienes no viven con la condición. La paciencia y la empatía de amigos, familiares y cuidadores son esenciales para aliviar la carga emocional.
Es una situación que requiere valentía tanto del paciente como de su entorno, una lucha diaria por recuperar pequeños trozos de normalidad en un mundo que se siente inalcanzable.
Imagínate un guerrero, atrapado en una torre de silencio, sin poder encontrar las palabras necesarias para comunicarse con su propio mundo. Cada día, se enfrenta a un dragón invisible llamado afasia, que le arrebata las frases, las palabras, incluso los sonidos más sencillos.
Pero nuestro guerrero no está solo. Con cada amanecer, un ejército de familiares y amigos se alista a su lado, armados con paciencia, amor y una constancia inquebrantable. Juntos, forjan un camino de recuperación, con sesiones de terapia como sus entrenamientos diarios y cada pequeño avance como un triunfo celebrado.
En un caso concreto que me tocó vivir durante dos años, la batalla fue ardua y agotadora. Hay días en los que las palabras fluyen, otros en los que el dragón parece ganar terreno. Sin embargo, la perseverancia no flaquea. Cada travesura del habla se convierte en una cicatriz de guerra, símbolo de la lucha y la resistencia.
Y un día, casi como un milagro, nuestro guerrero pronuncia una frase sin tropezar, una conversación fluye sin interrupciones. El dragón ha sido domado, no vencido, pero sí controlado. Es una victoria forjada con esfuerzo conjunto, donde cada palabra recuperada es un trofeo y cada conversación, una celebración de vida y amor compartido.
La fuerza no solo viene del guerrero, sino también de su ejército. En esta historia épica, todos se alzan como héroes, demostrando que, con apoyo y constancia, incluso los desafíos más temibles pueden ser superados.
El poder del esfuerzo, la magia del cariño y la gracia de la comprensión juntos, obran maravillas.

JUAN RULFO. ESCRITOR DE MISTERIO
Gustavo Páez Escobar
Colombia
“Vivimos en una tierra en que todo se da, gracias a la Providencia; pero todo se da con acidez. Estamos condenados a eso”. Es la frase que en mi concepto define mejor el ambiente de Pedro Páramo, la minúscula novela de Rulfo, de apenas cien páginas, que le abrió las puertas de la fama. Hijo de una familia rica que perdió sus bienes en la Revolución, quedaría marcado con el estigma de la violencia vivida en su niñez. Estos sucesos definirían el clima de sus textos, el de su única novela y el de su libro de cuentos El llano en llamas.
Sin haber cumplido los quince años se traslada a Ciudad de Méjico, donde transcurre el resto de su vida. Puesto al cuidado de su tío, siente el desamparo de la juventud carente de halagos. Por aquella época se inicia como lector solitario de novelas en el bosque de Chapultepec. “Convivía con la soledad, hablaba con ella, pasaba las noches con mi angustia y mi conciencia”, es confesión suya que sirve para reafirmar su temperamento taciturno.
Las impresiones de su niñez tomaron fuerza, y en 1954, cuando contaba 36 años de edad, las traslada a un cuaderno escolar hasta reunir, en el curso de cuatro meses, trescientas páginas de lo que sería Pedro Páramo, que luego reduce a la mitad tras suprimir las divagaciones y dejar el relato escueto –dominado por una temperatura onírica y fantástica– del pueblo muerto donde se entrecruzan las voces y los ecos de seres que no se sabe si son reales o fantasmagóricos.
Es ese el encanto de la obra: el de la aldea muerta que adquiere vida a través del manejo penetrante del idioma. Rulfo monta sobre las vivencias de sus primeros años las realidades de un sueño, de una intuición perspicaz. Y no sabe cómo plasmó su novela magistral. Confiesa que un genio oculto, o sea, el duende de la inspiración, le manejaba la mano para volcar en las páginas del cuaderno el torrente de ideas que llevaba acumuladas en el cerebro.
La soledad, el tedio, la angustia del hombre que lucha con sus demonios, he ahí el ritmo del universo rulfiano. Es desconcertante, y además admirable, cómo alguien logra conquistar la inmortalidad en solo cien páginas de este libro que no llamó la atención de nadie y, por el contrario, provocó rechazos. Su tiraje inicial, salido en marzo de 1955, fue de mil ejemplares, de los cuales la mitad duró cuatro años en venderse y la otra mitad fue regalada por el autor a quienes se atravesaban en su camino.
Hoy, Pedro Páramo está traducido a todos los idiomas del mundo. Rulfo, que nació para reírse de la humanidad –a pesar de su seriedad externa–, demostró que con una sola obra, de la pasmosa brevedad de su novela, se puede llegar a ser uno de los grandes narradores del mundo. Su misterio reside en su simplicidad.
Siempre que se le preguntaba por otra novela, novela que anunció y no cumplió, respondía que todo cuanto tenía que decir ya estaba expresado en Pedro Páramo. Tomó del pelo a sus entrevistadores: a unos les decía que la nueva obra iba en marcha, y más tarde manifestaba que había destruido los originales; y a otros los dejó convencidos de que solo después de su muerte podría publicarse el libro anunciado.
Hombre solitario, alejado de la popularidad, esquivo al elogio, cauto con las palabras, se llevó a la tumba el secreto de su existencia prodigiosa. Vivía ensimismado en su lindero fantasmal –mágico, al fin y al cabo– de Comala, el pueblo universal del miedo y la amargura, enmarcado en la Revolución mejicana.
Su misma muerte, que ocurrió a los 67 años de edad, fue una sorpresa. Pocos sabían que se hallaba enfermo. La noticia, mantenida en reserva por él como un desenlace de su espíritu bromista, conmovió al mundo. Solo sus más allegados conocían sus dolencias.
Así murió uno de los grandes maestros de la literatura. Autor de una sola novela. Maestro del lenguaje lacónico. Castigó, con su ejemplo, a los escritores farragosos. Y parece –otro misterio– que no dejó discípulos.

PRÓLOGO A UNA PREGUNTA
Carlos F. Pérez de Villarreal
Argentina
Más de una vez me he preguntado: ¿por qué escribir? Y dentro de este interrogante, ¿por qué escribir ficción? Aún no he hallado la respuesta definitiva, porque no hay una sola respuesta. Si sé que mi intención al redactar, es narrar, contar, relatar, en definitiva, transmitir lo que costó esfuerzo, energía y tal vez atrevimiento, y por sobre todas las cosas, la necesidad imperiosa de decir con palabras escritas aquello que hemos sentido, soñado, o imaginado.
Escribir nos permite abrir las alas de la imaginación y llevarnos lejos. Volar por lugares y situaciones que jamás pensábamos encontrar. Expresamos inquietudes, deseos, aspiraciones, fantasías, obsesiones y hasta parte de nuestros recuerdos. Todo se amalgama, todo se ensambla, para dar a luz un conjunto de emociones, que nos hace sentir que realmente vale la pena. Vale la pena porque es un modo de vivir, es una relación que nos permite percibir y experimentar lo que nos rodea. Abre la puerta a un mundo impensado, desconocido, donde somos el nexo de unión, en este sorprendente viaje hacia la ficción.
Escribir encierra conmociones, sutilezas, ironía y por sobre todas las cosas, pasión. Muchas veces tratamos de explicar lo inexplicable. Nunca tenemos certezas. El tiempo no es nada, no es medible. No nos desvivimos por el ayer. No pretendemos ser el mañana. Nos hacemos a nosotros mismos, sin límites, porque un segundo es la vida entera. En un segundo se nace y en un segundo se muere. Debemos crear, crear y crear para que la magia no se detenga nunca.
Adentrarse en narraciones abre un universo ilimitado de posibilidades. Aparecen variados caminos, selvas lujuriosas y desiertos quemantes, librados a la imaginación. Cada lector deberá leerlas y re-leerlas, para darles su propia interpretación. Esa es la magia de la escritura, mutarse, transformarse de acuerdo a quien la lee.
La narrativa vocifera, revela, manifiesta, acusa, hace reír, pensar y recapacitar. Esta tarea requiere esfuerzo, dedicación e intelecto y una habilidad especial: una destreza estupenda donde entran en juego la técnica, la perseverancia y el talento. No se es escritor por haber elegido narrar ciertos eventos, ni por la forma de escribir, sino por los sentimientos que despertamos en el lector cuando nos lee: un recuerdo, una interpretación, una visión.
Escribir es atraparlo, despertar en él sus recuerdos, sus alegrías, sus añoranzas, sus éxitos, sus fracasos. Hacerlo reír, llorar, gozar… Que se identifique con la escritura, facilitarle el camino de la comprensión de algo que él ni siquiera pensaba y creo que hasta nosotros tampoco. Tal vez, hasta se haga partícipe necesario de nuestra narrativa, porque cuando cerramos un libro jamás somos los mismos.
Escribir es una experiencia muy personal, es la necesidad de decir lo que uno piensa, lo que uno siente, para que otro comprenda y entienda ese mensaje, escrito con palabras. Es una aventura realmente apasionante, porque no es solo inspiración sino trabajo y organización. Es escribir y reescribir y volver a escribir. Y cuando lo hacemos, notamos que nuestra mente no solo piensa en la idea maestra sino que vaga por otras vías, busca otros senderos y nos resulta casi imposible sustraernos a perdernos en esas cavilaciones. Por eso, escribir es recorrer un camino que raras veces llega a su final, porque puede ser transitado incontables veces con historias interminables. Es expresar en un papel lo que llevamos dentro, es abrir nuestro corazón y nuestra alma y crear un mundo nuevo. Es liberarse.
La escritura abre conciencias, cambia actitudes, conductas y nos transporta. Imaginamos futuros, evocamos sensaciones y vivencias y recordamos situaciones. Los que escribimos tenemos una peculiaridad, llevamos a los lectores a nuestro universo literario, los internamos en él. Me gusta pensar que somos creadores de mundos imaginarios, hacedores de cuentos, maceradores de palabras. La magia de la escritura es abrir la puerta a un mundo impensado, que tal vez nos haga sentir mejor y tal vez, ser mejores Creo en lo más profundo de mí mismo que la escritura… ¡es libertad!
Por otra parte… ¿Qué es un libro de ficción? Asumo que es una puerta de entrada hacia una percepción distinta, que genera una conexión entre el escritor y el lector, el cual se ve sumergido en un universo sorprendente. La imaginación llevada al límite. Misterio, persistencia y expresión. Recordar y olvidar. Conquistar y prescindir. Nostalgia, meditación, encanto y ardor. Intriga, miedo, alegría, tristeza. Pensamientos, conceptos, imágenes tal vez aún no reveladas. Mensajes que parecen verdaderos y pueden ser mentiras consideradas verdades. Llamas, furia, ensueño y fascinación.
Ninguna duda que somos lo que hemos vivido, pero también lo que hemos leído. Ustedes, yo, todos. Alguien dijo alguna vez que un libro es innegablemente una intimidad. Concuerdo.

RESEÑA DEL LIBRO CECILIA VALDÉS DE CIRILO VILLAVERDE
Carlos Pérez de Villarreal
Cirilo Villaverde. Cecilia Valdés o La loma del Ángel. Venezuela: Italgráfica SRL, 1981,
581 pp. ISBN: 84-660-0086-0
Cirilo Villaverde de la Paz, nacido en el Ingenio Santiago, Bahía Honda, Provincia de Artemisa, Cuba, el 28 de octubre de 1812, es considerado uno de los más destacados escritores cubanos. En 1823 se traslada a La Habana, junto a su familia, donde da comienzo a sus estudios de filosofía y en 1834 se recibe de bachiller en leyes.
Prontamente abandona esta actividad de abogado, y se dedica a trabajar como maestro en varios colegios de la capital cubana. Para esa misma época comienza su actividad de escritor en diversas publicaciones en la isla; realizando numerosas colaboraciones periodísticas, primero en Miscelánea de Útil y Agradable Recreo (donde vieron la luz sus novelas breves El ave muerta, La peña blanca, El perjurio y La cueva de Taganana, y luego en otras revistas cubanas, como Recreo de las Damas, Aguinaldo Habanero, La Cartera Cubana, Flores del Siglo, El Álbum, La Aurora, El Artista y Revista de La Habana (en los que aparecieron tanto sus textos literarios como sus agudos artículos de crítica).
Pero es en 1838 donde da comienzo su verdadera trayectoria literaria -aunque bastante alejada de sus ideas político-sociales-; ya que al año siguiente aparecería un cuento breve de veintiséis páginas, Cecilia Valdés, donde se narra la historia pasional entre una mulata y el hijo de un acaudalado español. Fue publicado en dos entregas en la revista que circulaba por La Habana, La Siempreviva.
La segunda versión también nació en el mismo año. En un solo tomo de ocho capítulos,lleva el subtítulo: la loma del ángel, que fuera solicitado por Manuel del Portillo, «para que el autor escriba un relato costumbrista».
Pero aquí no se refiere al gran problema de la población cubana de la época, ya que faltan esos pensamientos filosóficos y morales sobre la sociedad en que se encontraba sumergido; que curiosamente aparecieron en la primer entrega.
Tal vez influenciado por haber estado en París conociendo los escritos contemporáneos, las teorías políticas de sus ideas, la aparición de La cabaña del Tío Tom (editada por la estadounidense Harriet Beecher Stowe) y la censura impuesta en la isla, lo llevaron a afrontar la cuestión de la esclavitud, pero agregando un argumento novelesco que le servía de soporte. Se debe tener en cuenta, que la novela Sab de Gertrudis Gómez de Avellaneda, editada en 1844, sufría la retención en la Aduana por ser «contraria a la moral y las buenas costumbres».
En 1849, después de una milagrosa salvación por su detención y condena a muerte por insurrección, logra escaparse a Nueva York, donde junto al general Narciso López y el poeta Teurbe Tolón, confecciona la bandera cubana. Allí permanecerá viviendo durante mucho tiempo.
Es en el año 1882, justamente en esta ciudad, muchos años después, y como novelista «lejano», donde publica la exégesis definitiva de la novela: Cecilia Valdés o la loma del ángel, dividida en cuatro partes con cuarenta y cinco capítulos y una conclusión final. La combinación de las particularidades del naturalismo, romanticismo, historicidad y realismo, lo llevan a escribir este fenómeno literario de la Cuba colonial, posterior a la etapa independentista del resto de los países de habla hispana. Se debe tener en cuenta, que tanto Cuba, como Brasil, lograron su libertad definitiva, como pueblos libres, en 1886 y 1891 respectivamente. Cuba, sufrió un período de agitación política contra la España colonialista, debida fundamentalmente a la manufactura esclavista de los hacendados burgueses, productores de azúcar. Pero no fue su radical deshumanización, sino su discrepancia con la industrialización, lo que determinó la crisis del esclavismo.
Aquí cabe conjeturar una cuestión: Villaverde es contemporáneo de José Julián Martí Pérez (el escritor, héroe cubano por excelencia) y aunque tuvieron ideas literarias distintas, esté último es considerado creador del Modernismo, mientras que Cirilo es considerado realista-naturalista, romántico; tuvieron un camino común, ambos fueron encarcelados por sus ideas, los dos coincidieron en vivir en la misma ciudad norteamericana, Nueva York y ambos murieron antes de ver la liberación de su país. Da a pensar -el hecho de que la novela de Villaverde, que se sitúa en el barrio del Ángel y la tragedia final se desarrolla en la Iglesia del Santo Ángel Custodio”, precisamente en donde fue bautizado Martí-; que tal vez haya sido un homenaje a su coetáneo.
Cecilia Valdés o la loma del ángel, puede ser considerada, entonces, como la novela más relevante de la literatura hispanoamericana del siglo XIX. La misma, expresa con una escrupulosidad pocas veces vista, una de las peculiaridades de la sociedad cubana de esa época: el cruce de razas. En la obra se revelan de forma clara, los hábitos y costumbres de una sociedad basada en el esclavismo, con autenticidad y sinceridad.
Refleja el universo de los negros y mulatos libres de La Habana colonial y de las familias españolas poseedoras de esclavos. Debemos aclarar que la idea primigenia de Villaverde, anduvo por otros caminos, pero comprometido contra el colonialismo español, e hijo de un médico, que laboraba en un ingenio azucarero; vivió de primera mano la tremenda vida angustiosa de los esclavos negros.
Su protagonista, Cecilia Valdés, es una hermosa mulata, cuyo nacimiento se produce por la relación extramatrimonial de un hacendado español, Cándido Gamboa y una mujer cobriza. Esta joven de diecisiete años, lúcida, hermosa, criada en las calles pero con una libertad de pensamiento inusitado, es vista por Leonardo, el hijo de Gamboa (su medio hermano), quien se enamora perdidamente de ella, comprometido como estaba con una rica criolla blanca. Terminan por ser amantes.
Las características de la protagonista, se manifiestan en la escritura de Villaverde, cito (…) La boca tenía chica y los labios llenos, indicando más voluptuosidad que firmeza de carácter. Las mejillas llenas y redondas y un hoyuelo en medio de la barba, formaban un conjunto bello, que para ser perfecto sólo faltaba que la expresión fuese menos maliciosa, sino maligna. De cuerpo era más bien delgada que gruesa, para su edad antes baja que crecida, y el torso, visto de espaldas, angosto en el cuello y ancho hacia los hombros, formaba armonía encantadora, aún bajo sus humildes ropas, con el estrecho y flexible talle, que no hay medio de compararle sino con la base de una copa. (…) (16)
Debemos tener en cuenta que en la Cuba de ese entonces, las mulatas, devenidas entre las esclavas negras y las «decorosas» mujeres blancas, personificaban el erotismo y la pasión, permitiendo a los españoles, tenerlas como amantes, tras sus matrimonios de raza blanca. La parte más emocional de esta historia, es que refleja incluso la relación que querían mantener las familias mulatas con los hombres blancos, para liberarse de ese escarnio, y obtener así una pureza de sangre. El único medio posible era la sexualidad de sus mujeres.
El ser humano negro, tratado como emblema de la esclavitud, se revela en toda la obra.
Cándido Gamboa obtiene más beneficios económicos como traficante de esclavos que con su ingenio azucarero, e incluso lleva a sus esclavos a trabajar al mismo, cerrando de esta manera, un pingüe negocio. La realidad de la isla cubana es tremenda. Pese a que la trata de esclavos había sido prohibida en 1817, eran traídos por barcos desde Nueva Guinea, o desembarcados en Puerto Rico y trasladaos como ciudadanos libres, para luego ser subastados innoblemente.
El argumento de la novela nos llevará por los ingenios azucareros. El autor describe con exactitud (recordemos que él lo vivió personalmente) escenas devastadoras de los caporales con los esclavos. Por otra parte, en la propiedad de los Gamboa se nota esa mestización, que da lugar a una característica muy especial y típicamente cubana, la parte artística mulata. Bailarines y música, con ritmos africanos, agregado a ello la creatividad artesanal de esta raza afroamericana, al no poder acceder a una economía rentable, permiten un nuevo medio de vida. Por estas razones, en la obra se detalla en forma contundente la esclavitud, el sexo, el incesto, las condiciones económicas; mostrando la riqueza natural de la isla, la situación social y, por supuesto, la inmoralidad y corrupción.
Esta obra, en el transcurso de los años, ha sido tratada innumerables veces; el escritor, crítico literario y diplomático chileno, Fernando Alegría, expone que puede leerse como un documento histórico, ya que refleja realmente los sucesos acaecidos en esa época en el territorio cubano.
Salvador Bueno Menéndez, distinguido protagonista de la cultura cubana, pedagogo, investigador de la literatura hispanoamericana, periodista y escritor, explica que puede considerarse la obra de Villaverde como una gran novela histórica que muestra la sociedad colonial cubana con todos sus conflictos. Maximiliano Adolfo Henríquez Ureña, escritor, poeta, profesor y diplomático dominicano, comenta que ningún historiador ha podido equiparar a Villaverde para dar a conocer el siglo XIX cubano. José Juan Arrom González, cubano, Doctor Honoris Causa de la Universidad de La Habana, investigador, hispanista, historiador, y quien se dedicó a indagar acerca del elemento aborigen de la herencia cubana, examinando las coincidencias hispánicas, africanas e indígenas y los vínculos de esta con el continente y el Caribe; afirma que el romanticismo con su eficaz sentimiento criollista, popular y autentico, al percibir y expresar ambientes propios, da lugar a diferentes trayectorias identificadas por un sentido localista, que convergen en el realismo literario.
Toda esta suma de opiniones, no hacen más que reforzar la idea de que en la obra, en su totalidad y en la protagonista Cecilia Valdés, se condensan todas las dificultades de ese tiempo: la esclavitud, la dependencia colonial, las diferencias de clases, el patriotismo y las ansias de libertad de un pueblo.
Si Cecilia Valdés es la novela hispanoamericana más destacada del siglo XIX, y una de las más sobresalientes del hemisferio occidental, se da justamente por las particularidades de la nación en que surgió.
Villaverde realiza el verdadero retrato de una sociedad enfermiza, pero a medida que ocurre la transformación generacional, comienza a crecer la distancia entre los nacidos en la península (España) y los criollos (americanos). Así se va formando una nueva caracterización, anticipándose a una expresión de una nueva conciencia nacional cubana.
Debido a diversas actividades culturales, propuestas por artistas según el tiempo en que viven, la importancia en cada etapa artística y su propia creatividad, el personaje de Cecilia, tan arraigado en Cuba, trasciende, para transformarse en años venideros, en una verdadera evolución.
En 1932, en el teatro Martí, se estrena la obra máxima del teatro lirico de Cuba, Cecilia Valdés, dirigida por Julio Gonzalo Elías Roig Lobo. Es la zarzuela cubana más distintiva, reconocida mundialmente. Al igual que la novela, esta pieza musical es considerada señera en la identidad nacional de este país.
En el año 1981, Humberto Solás, considerado uno de los directores de cine más sobresaliente de Cuba, filma la película Cecilia con Daysy Granados e Imanol Arias, como protagonistas.
Y por si fuera poco, Víctor Patricio Landaluce, el ilustrador y escritor vizcaíno asentado en Cuba, perfila en sus lienzos a Cecilia. Pero será Cosme Proenza Almaguer, artista de la plástica cubana, quien le dará el espaldarazo en sus obras pictóricas. A su vez, han sido compuesta canciones en su honor y adaptaciones para radio y televisión. La obra escultórica de Erig Rebull, sitúa a Cecilia Valdés de tamaño natural, en la entrada de la Iglesia del Santo del Ángel Custodio.
Cecilia se transforma en el horizonte cultural de Cuba y en las obras de cualquier naturaleza que lo conforman, pero sigue siendo la mestiza voluptuosa, hábil y seductora, halagada por todos los hombres. Es la imagen de la mujer nativa, sensible, realista, popular, regional… cubana. Cirilo Villaverde, quien deja de existir en 1894, logra captar, como pocos, la humanidad que la rodeaba.





