CRÓNICAS Y ENSAYOS – JUNIO

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«Las crónicas capturan el instante. Los ensayos desentrañan el pensamiento. En este espacio, las palabras construyen puentes entre la realidad y la reflexión, entre la historia y la emoción.»

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EL NIÑO QUE PERDIÓ LA GUERRA: UN VIAJE ENTRE DOS MUNDOS

Elspeth Gormley / España

Julia Navarro, reconocida por su habilidad para entrelazar la historia con la ficción, nos presenta en El niño que perdió la guerra una novela que trasciende el relato individual para convertirse en un testimonio de las heridas de la guerra y el peso de las ideologías.

La historia sigue a Pablo, un niño de cinco años que, en medio de los últimos días de la Guerra Civil española, es enviado a Moscú por su padre, un militante comunista. Separado de su madre, Clotilde, una artista gráfica que lucha por la República, Pablo se ve obligado a adaptarse a una nueva vida en la Unión Soviética, donde Stalin está construyendo un régimen sobre las ruinas del antiguo orden

La novela se desarrolla en dos escenarios opuestos: la España devastada por la guerra y la Rusia estalinista, ambos marcados por el autoritarismo y la represión. A través de la relación de Pablo con Anya, su madre adoptiva en Moscú, Navarro nos muestra el contraste entre el amor y la dureza de un sistema que no permite desviaciones. Anya, hija y esposa de héroes de la Revolución, se enfrenta a la opresión del régimen mientras intenta proteger a Pablo y transmitirle su amor por la literatura y la música.

Uno de los temas centrales de la obra es la identidad. Pablo crece entre dos mundos, sin pertenecer completamente a ninguno. Su madre biológica lucha por recuperarlo, mientras que su madre adoptiva le ofrece un refugio en medio del terror estalinista. Esta dualidad refleja el conflicto de muchos niños que fueron víctimas colaterales de las decisiones políticas de los adultos.

Navarro construye una narrativa intensa y emotiva, donde la pérdida, el exilio y la lucha por la libertad se entrelazan en cada página. La novela no solo nos habla de la guerra, sino de las cicatrices que deja en quienes la sobreviven. A través de Pablo, Clotilde y Anya, la autora nos recuerda que, aunque se puede perder una guerra, la verdadera batalla es la de conservar la humanidad en medio del caos.

En definitiva, El niño que perdió la guerra es una obra que nos invita a reflexionar sobre el impacto de los conflictos en la infancia y la resistencia frente a los sistemas totalitarios. Con una prosa envolvente y personajes profundamente humanos, Julia Julia Navarro nos entrega una historia que, más allá de la ficción, resuena con la realidad de muchas generaciones.

El niño que perdió la guerra no es solo la historia de Pablo, sino la historia de tantas infancias marcadas por la violencia, la separación y el exilio. La literatura, al darles voz, nos obliga a mirar de frente las heridas del pasado y a cuestionar el presente. Porque aunque las guerras acaben, las cicatrices permanecen.»

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EL SONETO  
Jaime Hoyos Forero / Colombia
 
 
Entendemos por soneto  -si vamos a la definición clásica-  la composición de 14 versos endecasílabos  (de 11 sílabas), dividida en dos cuartetos y dos tercetos donde los cuartetos riman así:  el primer verso con el cuarto, el quinto y el octavo; y el segundo con el tercero, el sexto y el séptimo (ABBA  ABBA). Ejemplo:
 
“No me mueve, mi Dios, para querERTE,
el cielo que me tienes prometIDO;
ni me mueve el infierno tan temIDO
para dejar, por eso, de ofendERTE.
 
Muéveme tú, Señor. Muéveme el vERTE
clavado en una cruz y escarnecIDO.
Muéveme el ver tu pecho tan herIDO, 
Muévenme tus afrentas y tu muERTE.”  

(anónimo o San Juan de Ávila o Fray Pedro Reyes).

Y los dos tercetos deben rimar a gusto del poeta, siempre y cuando rimen de dos en dos, aunque no necesariamente seguidos y terceto rime con uno cualquiera del segundo terceto. Ejemplo:
 
“Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
 
 
No me tienes que dar porque te quiera,
porque aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera”.  

(Anónimo o San Juan de Ávila)
 
O, esta otra  combinación de los tercetos en este nuevo ejemplo:
 “Besé con beso deleitoso y sabio
su palpitante desnudez de luna,
y en insaciada exploración, mi labio
 
bajó al umbroso edén de los edenes,
mientras sus piernas me formaban una

corona de impudor sobre las sienes”.   

(Miguel Rasch Isla)
 
O cualquier otra combinación en que rimen por pares (aunque no necesariamente seguidos) y que un verso del primer terceto rime con uno del segundo.
 
Hasta aquí, el soneto en su forma clásica y auténtica, aunque a él se agrega el escrito en versos alejandrinos (cada uno de 14 en dos hemistiquios o partes separables,  de 7 cada una).
Ejemplo: «En el confín lejano la costa aparecía»
 
También existe el soneto de arte menor que es aquel cuyos 14 versos son todos de ocho sílabas, o menos. Ejemplo:


“Medianoche. Una calleja
de antigua cepa moruna;
por todo farol, la luna,
y Dios por toda pareja.
 
Una ventana. Una reja,
detrás de la reja, alguna;
y ante la ventana una
canción trémula de queja.
 
Otro hombre…Una maldición
en la callejuela sola;
un grito airado: -¡Traición!
 
En la sombra una pistola
y después…un borbollón
de la gran sangre española”.

(Belisario Roldán)

E incluso, se habla – ¡qué horror!,  del “soneto polimétrico”, que es una combinación de 14 versos (siempre dos cuartetos y dos tercetos) de diferente número de sílabas, como en este ejemplo de Manuel Machado, del que copio el primer cuarteto:
“¿Qué nuevo nombre a ti, creadora de poetas, (14)         
esencia de la juventud,                                           (9)
si todas las magníficas y todas las discretas        (15)
cosas se han dicho y hecho en tu virtud?”          (11)
 
Hay que anotar que en la época cervantina se usó el llamado “soneto con estrambote” que es un agregado de una estrofa más (en total 5 estrofas), la cual no siempre era de un  número igual de sílabas en todos sus versos, como en este ejemplo de Cervantes, que después del soneto propiamente dicho (14 versos), agrega la siguiente estrofa a su soneto


“Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla”:
“Y luego incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.
 
Pero…
Pero todo va cambiando con el correr del tiempo y de esta ley no se escapa la poesía. Así  hay quienes aceptan,  actualmente,  como SONETO, cualquier composición de 14 versos, dividida en dos cuartetos y dos tercetos,
sin importar muchas veces el orden de la rima e incluso sin que haya rima, como en el libro Cien sonetos de amor de Pablo Neruda, del cual, para ratificar lo dicho, copio el soneto XXV:
 
“Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.
 
Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.
 
Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado decaído,
todo era inalienablemente ajeno,
 
todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos”.
 
 
Cuesta, desde luego, aceptar estas “irregularidades” como sonetos, pero existen, escritas muchas veces por poetas de muy buen ganado renombre. Yo, aunque con pereza, las acepto.
 
Nótese finalmente, que en todos los casos, en todos, sin excepción, y aunque no haya métrica, existe   -condición sine qua non- la cadencia. Y desde luego, es condición aceptada universalmente para el soneto, la rima aconsonantada que es aquella cuyo sonido es concordante  a partir de la última sílaba acentuada de cada verso, de acuerdo a
las pautas que explicamos muy al comienzo.

Sobre la métrica del verso, debe tenerse en cuenta   -y esto no es solo para el soneto sino para todo verso-: no se mide por sílabas ortográficas sino métricas, que se diferencian de las ortográficas por el uso de la sinalefa, que une dentro del verso en una sola, la última sílaba de una palabra terminada en vocal, con la primera sílaba de la siguiente palabra si
esta comienza también por vocal. (Así, dentro de un verso, las palabras «todo era» no tienen cuatro sino tres sílabas métricas).
Sobre la cadencia de los versos hablaremos en otra oportunidad. Se refiere a la armonía, grata al oído, que es indispensable en todo verso, tan indispensable, que si falta la cadencia, esto es, el ritmo melódico, no hay verso sino prosa. Puede ser poesía, pero es prosa, llamada poesía en prosa o prosa poética. 
ORIGEN DEL SONETO
Aunque se dice que su origen es arábigo, no he llegado a conocer la época, y menos los poemas arábigos de este género, por lo que creo que son simples conjeturas, con o sin mucho fundamento.
 
Se sabe, en cambio, a ciencia cierta, que de la Sicilia de fines del siglo XII y comienzos del XIII, el primitivo soneto toma fuerza en Italia donde se consolida dentro del llamado “mester de clerecía” (uso culto de los idiomas latinos en formación). Pioneros en Italia del soneto fueron Giacomo da Lentini, (1210-1260) más tarde recordado por el Dante en la
Divina Comedia,  Guido Guinizzelli (1240-1276) y Guido Cavalcanti (1259-1300).
El soneto toma auge en Florencia, primero con Dante Alighieri (1265-1321) quien compone sonetos de amor para Beatriz Portinari y llega a la perfección con los sonetos de amor “Rimas” y “Triunfos” de Francesco Petrarca (1304-1374) que escribe para Laura de Noves.
Tardaron algunas décadas para que apareciera el soneto en lengua castellana. Este vino con Íñigo López de Mendoza,  marqués de Santillana (1398-1458) quien compuso 42 sonetos al estilo itálico, como él los llamó.
Después del marqués de Santillana, desde finales del siglo XV los más grandes poetas le han dedicado su atención al soneto: Shakespeare en Inglaterra, Sully-Prudhomme en Francia, y en España, además de Santillana, Lupercio Leonardo de Argensola,  Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Garcilaso y muchos más. En el siglo XVII se destaca en México Sor
Juana Inés de la Cruz.  Del romanticismo y del modernismo se destacan, entre muchos otros, Federico García Lorca, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo Lugones, Antonio Machado, Francisco Luis Bernárdez, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Andrés Eloy Blanco, Arturo Capdevilla, Alfonso Reyes, Miguel Hernández, Dámaso Alonso. Entre los colombianos menciono a Jorge Isaacs, Enrique Álvarez Henao,  Guillermo Valencia, Julio Flórez, José Eustasio Rivera, Ciro Mendía, Eduardo Carranza, Juan Lozano y Lozano, Rafael Maya, Aurelio Martínez Mutis, Isabel Lleras de Ospina, Carlos Castro Saavedra, Eduardo Castillo, Alberto Ángel Montoya, Jorge Robledo Ortiz, Carlos Villafañe, Miguel Rasch Isla,  Dora Castellanos, Sylvia Lorenzo, Jorge Rojas, Meira Delmar, Laura Victoria, José Trino Campos, Silvio Vásquez Guzmán.

Se dice ahora que el soneto pertenece al pasado. Falso. El soneto es y será obra poética de todos los tiempos. Es cierto que pasó la moda del soneto, que fue popular en el siglo XVII en España, Italia, Francia e Inglaterra y a fines del siglo XIX y primera parte del siglo pasado en todo el mundo latino  y en el sajón. Pero el soneto se escribirá mientras haya poetas. Habrá siempre una minoría de poetas enamorada de la más bella forma de escribir poesía.
Terminemos por ahora, este escrito con un soneto de quien escribe esta nota:


TUS MANOS
(A una pintora)
Manos de ángel…porque son aladas.
Manos de diosa porque son divinas.
Esconden, como el oro entre las minas,
todo el tesoro de los cuentos de hadas.
Y porque están tus manos hechizadas,
con tus pinceles todo lo iluminas:
si pintas rosas, hieren sus espinas;
si pintas flautas, suenan las baladas.
De tus lienzos, tus manos sacan flores,
crean dulzura, paz, pasión, placeres,
y tiñen de esperanza los dolores.
Sobre tus manos hay poderes tales,
que pueden dar a luz, si tú lo quieres,
mundos de amor…¡y seres inmortales!

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DE MULETILLAS Y OTROS VICIOS

Gustavo Páez Escobar / Colombia

Una de las acepciones de muletilla es: “Voz o frase que se repite mucho por hábito”. Es un recurso legítimo del idioma, pero su abuso denota pobreza lingüística. Quienes incurren en ese vicio no se toman el trabajo de buscar la palabra o frase precisas, sino que se apoyan en expresiones trilladas, de relleno, a veces sin sentido, para salir del paso y seguir exponiendo las ideas.

La muletilla se ha vuelto un tic intelectual. Una de las palabras más deterioradas en este maltrato de la lengua es “digamos”. Alguien dice: “Estuve dedicado a estudiar el asunto agrario con absoluta reflexión, y “digamos” con sacrificio de otros problemas no menos importantes”. Sobra el “digamos”. No será raro que esa persona repita varias veces el mismo término en corto espacio.

Otros términos manidos: “entonces”, “y luego”, “por supuesto”, “tema”, “desde luego”, “súper”, “puntual”, “este”, “espectacular”, “increíble”. El periodista que transmite en vivo algún suceso informa que “en este momento…”, y volverá a repetir la misma expresión tres, cuatro, diez veces, como si el oyente no conociera ya el dato del tiempo. Lo mismo sucede con el “hábleme un poco” que se le formula al entrevistado. Estos comodines, fuera de empobrecer el idioma, causan desagrado. Un expresidente colombiano repite no pocas veces, en breves minutos, el adverbio “ciertamente”, y otro lo hace con el verbo “reitero”.

Estos adefesios se han extendido como una plaga: “recuérdeme su nombre”, dice la recepcionista del hotel, cuando es la primera vez que nos vemos con ella; “regáleme la fecha de su nacimiento”, o “el número de su cédula”, como si datos tan privados se regalaran a cualquier persona. A la empleada de la droguería se le pregunta por la cuenta, y ella contesta mirando la registradora: “esto costaría $ 15.800”.

En el campo de las abreviaciones, nuestro bello idioma ha perdido el poder de la precisión. Parece que se hablara en un trabalenguas: “porfa” (por favor), “deli” (delicioso), “peli” (película”), “celu” (celular), “compu” (computador), “boli” (bolígrafo), “díver” (divertido), “profe” (profesor), “vacas” (vacaciones), “info” (información), “bici” (bicicleta”), “ka” (qué haces), “finde” (fin de semana), “nospi” (“nos pillamos”: nos vemos luego), “Bibi” (Bibiana), “Rebe” (Rebeca), “Mari” (Mariana, o María Isabel, o Marisol, etcétera).

No he podido dar con el significado de los siguientes términos, y lo dejo para que el lector los traduzca: hhs”, “parce”, “pirobo”, “gonorrea”. Hay que ponerle punto a este artículo (no puntos suspensivos, que es otro recurso gramatical del cual también se abusa) para afirmar que hemos llegado a un bajón del idioma que debería hacernos reflexionar. No se trata de una gazmoñería. No, por favor (“porfa”, según el lenguaje de moda). De lo que se trata es de reconquistar la categoría del bien decir.

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LITERATURA Y FICCIÓN

Carlos Pérez de Villarreal / Argentina

La confluencia entre realidad y ficciónEl papel de la ficción en la literatura1ra Parte

Introducción

En Concepto de Literatura subrayamos la siguiente frase «Es importante destacar que la literatura y la ficción no son mutuamente excluyentes, y muchos textos pueden pertenecer a ambas categorías. Por ejemplo, una novela puede ser considerada literatura por su calidad estilística y profundidad temática, y también ser considerada ficción por su trama inventada y personajes ficticios.»

Si vamos a hablar de este tópico, definamos en primer término lo que significa literatura. Según la RAE, «es el arte de la expresión verbal». Entendemos entonces que es una habilidad, una destreza que logra sus fines mediante la palabra, oral y principalmente escrita. Pero… ¿Qué la caracteriza, qué la define, qué la identifica? En primer término, el uso de un lenguaje expresado con fines estéticos. Nos centralizamos en sus formas. Por otra parte, hacemos uso de instrumentos retóricos, esas figuras literarias o de estilo que son las herramientas utilizadas para brindar vehemencia o belleza al lenguaje, como la metáfora por ejemplo. Y aquí es importante destacar que hoy, debido al valioso margen de alfabetización del mundo en que vivimos, este mundo actual, contemporáneo, ha surgido un elemento literario-editorial muy grande, diríamos masivo. Además, en los textos literarios, habitualmente se comunican contenidos emocionales, sentimentales o ficcionales, es decir, situaciones, imágenes y relatos provenientes de la imaginación.

Características de la literatura

La Literatura utiliza diferentes elementos, como por ejemplo, las herramientas retóricas. En poesía, utilizando ritmo y rima; y en relato, usando palabras con diferentes significados. En la antigüedad se clasificaba en los tres géneros conocidos: épica, tragedia y comedia (a veces la lírica). Permite utilizar un lenguaje verbal con esteticidad; porque emplea diferentes formas del lenguaje coloquial que utilizamos normalmente. Modifica el texto de una manera atractiva y creativa

Dentro de su amplio recorrido ha incluido diferentes movimientos literarios, sus etapas, corrientes, escuelas, etc.. Algunas obras no se incluyen dentro de ellos porque tienen la particularidad que les brinda su autor, el estilo propio. Tiene una definición cambiante, porque se ha ido modificando con el transcurrir de los años, y se van incorporando a la literatura, textos que originalmente no se consideraban literarios, como cartas y contenidos científicos.

Breve Historia

La palabra literatura deviene del latín literatura, que a su vez deriva de littera, término que hace relación a letra y que en plural distingue a los textos escritos. No es fácil deducir dónde y cuándo surgió, pero podemos deducir que fueron las primeras narraciones orales las que transmitidas de generación en generación, fueron dándole forma.

La épica, por ejemplo tenía por objetivo no solo explicar las proezas militares, sino también esa visión cosmológica y mística de cada pueblo.

En Sumeria, es importante destacar la Epopeya de Gilgamesh (2500-2000 a.C.); uno de los textos más antiguos que se conocen, escrito en tablillas de arcilla y que narra la búsqueda de la inmortalidad, por parte del personaje. Otro ejemplo es el Libro de los Muertos egipcio, utilizado en los ritos funerarios que abarca desde el Imperio Nuevo 1540 a.C. hasta el 60 a.C.

Pero el inicio formal se da en la antigua Grecia, con los textos de Homero (La Ilíada y la Odisea – siglo VIII a.C.), narrando la Guerra de Troya y las aventuras de los héroes implicados.

Posteriormente aparecen los escritos de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristóteles, considerado el primer teórico de la literatura. Luego surgen los romanos, quienes heredan a los griegos. Allí tenemos a Virgilio 870 a 19 a.C., con la Eneida.

Ya en la Edad media, el cristianismo impuso sus propias formas literarias dentro de la tradición grecolatina, donde la oralidad tuvo su apogeo, aunque se escribieron algunas novelas de caballería. Aquí aparece Miguel de Cervantes Saavedra, con Don Quijote de la Mancha y William Shakespeare, dando nacimiento a la novela y dramaturgia modernas.

La literatura siguió su marcha, cambiando, mutando de acuerdo a las corrientes filosóficas imperantes en cada etapa del ser humano. Y llegamos a la actualidad y la revolución técnico-científica, con nuevas formas de expresión. Aparece la novela, el género más visible en nuestra contemporaneidad.

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TEXTO COMENTATIVO

Sandra Romeo / Argentina

El Señor de los Anillos o Nadie se salva solo (principio antiguo pero ahora rescatado del olvido)
Me maravilló como traspasa desde la fantasía a la realidad casi palpable la eterna lucha entre el bien y el mal. Alegorías y símbolos perfectamente adaptados a estos tiempos.

La creación de monstruos deformes y conducidos por traidores en nombre de un poder espurio. Sin ideología propia que los sustenten. Sólo el odio. Esto se parece mucho a lo que sucede cuando los medios de comunicación apuntan a ideologías o razas o personas y las presentan como monstruos. Una vez que consiguen eso los pueden destruir de cualquier forma, porque a un monstruo se le puede hacer cualquier cosa. Sea eso lícito o no.
Un ojo gigante que lo controla todo. Como el famoso Gran Hermano, o el último invento nefasto, la Inteligencia Artificial. Nefasto porque se abrió su uso a todos y todas sin un marco regulatorio, y en algunos casos casi sin explicar sus alcances.
La traición de los hombres a su propia raza por ambición. No destruyen al Mal en un acto colectivo. Pactan por partes y eso lleva a una destrucción casi segura.

La sabiduría de la naturaleza encarnada en personajes que de tanto convivir con ella adquieren sus características. Esas imágenes me transportaron a un mundo que no desdeña la tecnología pero que la usa con responsabilidad. Y la comprende.
La rebelión de los árboles cuando comprenden que son pasto de la destrucción planificada me hace acordar mucho a las rebeliones de las sociedades cuando entienden lo mismo. Ellos creían que el problema era sólo de los hombres, cuando vieron que los comprometía accionaron. Así funcionan también las distintas clases sociales al decir de Martin Niemöller, pastor luterano oponente de Hitler, en su poema «Primero Vinieron» que destaca la importancia de la acción y el llamado a no ignorar la injusticia, incluso cuando uno no se ve directamente afectado.

Porque siempre nos llegará.

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