ENTRE VOCES Y LETRAS – ENTREVISTA – OCTUBRE

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. ENTREVISTA A SANDRA AGUIÑIGA DE MÉXICO

Imagen Maren

Por Maren Alberdi– España

Hay personas que dedican su vida a comprender el mundo y otras que se esfuerzan por contarlo. Nuestra invitada de hoy ha elegido ambos caminos. Escritora, educadora y doctora en Neurociencias, Sandra Aguiñiga Luquín transita con naturalidad entre la investigación científica y la creación literaria, convencida de que conocer el cerebro humano y explorar las emociones a través de las palabras son formas complementarias de acercarse a la condición humana.

En esta conversación nos abre las puertas de su memoria, de sus raíces michoacanas y de un universo donde la educación, la literatura y la sensibilidad caminan de la mano. Un encuentro inspirador con una mujer que ha hecho de la curiosidad, el aprendizaje y la escritura una manera de entender la vida.

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Sandra


Para quienes aún no conocen tu trayectoria, ¿Quién es Sandra Aguiñiga Luquín?
Soy una mujer de 61 años, nacida en la Ciudad de Uruapan del Progreso que radica en Zamora, Michoacán. Maestra de vocación, Licenciada en Educación Primaria, Licenciada en Educación Media Básica con especialidad en Psicología Educativa, Maestra en Educación Básica y Doctora en Neurociencias.
He dedicado gran parte de mi vida profesional a la educación, desempeñándome como docente de primaria, licenciatura y maestría y orientadora vocacional de secundaria. He trabajado en la Universidad de Zamora, dando cursos a docentes, en la Universidad Pedagógica Nacional en Maestría y en la Normal en las Licenciaturas de Primaria y Preescolar, como formadora de docentes impartiendo materias relacionadas con la didáctica de la lectura, la escritura, literatura infantil, la producción de textos académicos, la evaluación, el diseño de proyectos de intervención socio-educativa. Me he desempeñado también como asesora de tesis, lectora y revisora de trabajos profesionales. Actualmente trabajo en la Secretaría de Educación Pública en un sector educativo que abarca 7 zonas escolares y 120 escuelas como asesor técnico-pedagógico, realizando tareas de asesoría y acompañamiento a los centros de trabajo y a los docentes, poniendo énfasis en el diseño de proyectos didácticos que incluyan estrategias metodológicas para la adquisición del lenguaje escrito y
promoción de la lectura y la escritura.

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. ¿Qué recuerdos de tu infancia consideras fundamentales en la persona y escritora que eres hoy?
Sin duda, la presencia de mi abuelo paterno. Él fue mi gran modelo lector y quien me enseñó, con su ejemplo, que leer es una forma de soñar. Lo recuerdo inmerso en sus libros, descubriendo mundos a través de sus páginas. Su manera de relacionarse con la lectura despertó en mí una curiosidad que con el tiempo se convirtió en una pasión. De él aprendí también a valorar la palabra escrita como una de las formas más hermosas de trascender en el tiempo y en el espacio. Creo que aquella niña que observaba a su abuelo leer sigue presente en la mujer que soy hoy, porque en cada libro que leo y en cada texto que escribo permanece algo de aquella primera fascinación.

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México posee una enorme riqueza cultural. ¿De qué manera ha influido tu país en tu forma de sentir y de
escribir?

Mi México es un país que se siente, se sabe, se escucha, se recuerda y se lleva dentro. Su riqueza cultural, sus tradiciones, sus paisajes y las historias de su gente forman parte de nuestra manera de mirar el mundo. En mi caso, mis raíces michoacanas ocupan un lugar especial, porque están ligadas a mis recuerdos, a mi infancia y a lo que soy.
Escribo desde el lugar que es inherente a mí, donde pertenezco; desde las experiencias que me han convertido en la mujer que soy; desde las emociones que me despierta el ambiente cultural en el que vivo. Mi país me ha enseñado a reconocer la belleza en lo cotidiano, en lo simple, a encontrar historias en las personas y a comprender que detrás de cada experiencia hay algo que merece ser contado. Todo ello nutre mi sensibilidad y de alguna manera se transforma en palabra.


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¿Cuándo descubriste que la literatura ocuparía un lugar importante en tu vida?

El día que me acerqué a la narrativa de Henrie Charierre, con su obra Papillón, novela maravillosa que vi a mi abuelo leer, historia que lo mantuvo absorto de principio a fin. Ese hecho despertó mi curiosidad por saber lo que había detrás de esas páginas que habían conseguido atraparlo por completo.
Cuando finalmente la leí, (mi primer libro de muchas páginas), descubrí que leer podía ser una experiencia fascinante; una oportunidad de viajar, sentir, imaginar y vivir otras vidas sin abandonar el lugar en el que uno se encuentra. A partir de entonces me convertí en asidua lectora de los libros de mi abuelo. Creo que ese fue el comienzo de una relación con la literatura que, con el paso de los años, también me llevó a querer expresarme a través de la escritura.

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¿Qué autores o autoras han dejado una huella especial en tu obra y en tu manera de entender la escritura?
Las obras de escritores mexicanos como Rubén Romero Flores, Laura Esquivel, Ángeles Mastreta, Emma Godoy Francisco Martin Moreno, Juan Rulfo, Carlos Fuentes, Sor Juana Inés de la Cruz, Elena Poniatowska, Amado Nervo, Juan Villoro, entre otros. Autores extranjeros que me conquistaron con su estilo de contar como Mario Vargas Llosa, Gabriel García
Márquez, Isabel Allende, Virginia Satir, John Quenneth Turner, Ernest Hemingwey, Pablo Neruda, Sara Sefchovich, entre otros.
Cada autor me regaló una mirada particular de la vida. Algunos me han acercado a la riqueza del lenguaje y a las posibilidades de la narración; otros, a la complejidad de las emociones, las relaciones humanas y las circunstancias que determinan nuestra existencia. Más que buscar reproducir un estilo, creo que la lectura de diferentes autores ayuda a encontrar una voz propia.

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Eres doctora en Neurociencias. ¿Cómo nació tu vocación científica?
Mi interés por las Neurociencias nació de una inquietud que ha acompañado mi trayectoria como educadora: comprender el funcionamiento de ese órgano maravilloso que poseemos que explica cómo aprendemos, cómo funcionamos, qué papel desempeñan las emociones; el que determina quiénes somos.
Durante muchos años, mi trabajo educativo me permitió observar que enseñar no consiste solamente en transmitir conocimientos. Implica comprender a las personas, sus procesos, sus necesidades y las condiciones que favorecen el aprendizaje. Quería profundizar en esas preguntas y encontrar explicaciones que me permitieran mirar la educación desde una perspectiva más amplia y fundamentada en el funcionamiento cerebral.
Las Neurociencias me ofrecieron la posibilidad de acercarme al cerebro y a los procesos que intervienen en el aprendizaje, la memoria, la atención y la emoción. Fue una manera de seguir aprendiendo, de cuestionar lo que daba por sentado y de enriquecer mi práctica profesional. Para mí, la ciencia no ha sustituido mi vocación
docente; la ha ampliado y me ha dado nuevas herramientas para comprenderla

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A primera vista, ciencia y literatura parecen mundos distintos. ¿Cómo conviven ambas disciplinas en tu vida
cotidiana?

La ciencia busca explicar los procesos que nos permiten pensar, aprender, recordar y sentir; la literatura nos permite explorar cómo vivimos esos procesos, cómo nos afectan y qué significado adquieren en nuestra historia personal. Una se apoya en la investigación y la evidencia; la otra abre un espacio para la imaginación, la sensibilidad y la interpretación de la experiencia.

En mi vida, ambas conviven de manera natural. Mi formación científica alimenta mi curiosidad y me lleva a observar con mayor atención; la literatura, por su parte, me permite expresar aquello que observo, siento o me conmueve. Creo que comprender y sentir no son acciones excluyentes: ambas nos ayudan a acercarnos a la complejidad de la vida humana y al mismo tiempo nos humanizan.

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¿Crees que el conocimiento del cerebro humano te ayuda a comprender mejor las emociones y los
personajes que aparecen en tus textos?

Por supuesto. El conocimiento del cerebro me ha permitido comprender que las emociones no son elementos aislados de nuestra experiencia, sino que intervienen en la manera en que percibimos, recordamos, interpretamos y respondemos ante el mundo. Esto me ayuda a mirar a las personas con mayor profundidad, a reconocer que detrás de una conducta puede haber una historia, una experiencia o una emoción que no siempre resulta evidente. Cuando escribo, no necesariamente pienso en términos científicos, pero sí me acompaña una mayor conciencia de la complejidad humana.
Sin embargo, considero que conocer las emociones desde la ciencia no significa que podamos explicarlas por completo. La literatura tiene precisamente esa posibilidad: acercarnos a lo que sentimos, incluso cuando no encontramos palabras suficientes para comprenderlo. La ciencia me ofrece herramientas para entender; la escritura me permite expresar.

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. ¿Existe algún punto de encuentro entre la investigación científica y el proceso creativo?
Sí, considero que ambas actividades tienen en común la curiosidad. Tanto quien investiga como quien escribe necesita observar, hacerse preguntas, establecer relaciones y explorar posibilidades.
En la investigación científica, la curiosidad permite formular preguntas que deben contrastarse con la evidencia. En la escritura, puede conducirnos a descubrir significados, recuperar recuerdos o encontrar una manera distinta de expresar una experiencia. Aunque sus métodos y propósitos son diferentes, ambas requieren apertura, atención y disposición para descubrir algo que antes no habíamos visto con claridad.
También creo que la creatividad se alimenta de lo que hemos vivido, leído, observado y aprendido. Nuestro cerebro establece asociaciones entre experiencias y conocimientos, y en ocasiones de esas conexiones surgen ideas que nos sorprenden. La escritura me permite explorar esas asociaciones y convertirlas en palabras.

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.Cuando escribes, ¿sueles partir de una idea concreta, de una emoción o de una imagen que permanece en tu
memoria?

Generalmente parto de una memoria que tengo guardada y un tema como detonante para avivarla; mientras que la escritura le da paso a su expresión. Pero puedo comenzar con una idea o una emoción, mismas que convergen en mis memorias.

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¿Cómo es tu rutina de escritura? ¿Esperas la inspiración o trabajas desde la disciplina diaria?
Trabajo bajo inspiración como un impulso que me invita a sentarme y escribir, no siempre escribo siguiendo una rutina diaria. Yo escribo cuando, me emociona algún suceso, cuando me indigno por situaciones, cuando conozco historias que merecen ser contadas, cuando estoy triste, cuando necesito desahogar y busco a la escritura como la mejor amiga y confidente. Entonces las palabras hablan describiendo las emociones propias y las de otros.

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¿Qué temas o inquietudes humanas aparecen con mayor frecuencia en tu obra?

Las emociones aparecen con frecuencia en mis textos, así como las memorias guardadas, las experiencias de vida, los vínculos humanos y las situaciones que nos invitan a reflexionar sobre quiénes somos y cómo nos relacionamos con los demás.
Mi propia historia está presente en lo que escribo. No puedo alejarme completamente de ella porque forma parte de mi identidad, de mi manera de sentir y de interpretar el mundo. Aun cuando escribo sobre experiencias ajenas, hay algo de mí que se involucra en esa mirada.
La escritura también tiene para mí una dimensión catártica: me permite reconocer emociones, darles forma y encontrar una manera de expresarlas. A veces escribir es comprender; otras, liberar, conservar un recuerdo o acompañar a alguien a través de las palabras. Me interesa que mis textos no se queden solamente en lo que yo siento, sino que puedan despertar algo en quien los lee.

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¿Qué papel desempeñan la memoria y las emociones en tu escritura?
La memoria conserva experiencias, imágenes, voces y momentos que, aunque parezcan lejanos, pueden permanecer vivos dentro de mí. Las emociones, por su parte, les dan una intensidad particular y, en ocasiones, hacen que un recuerdo vuelva con una fuerza inesperada.
Cuando escribo, no siempre intento reproducir fielmente lo que ocurrió. A veces necesito volver a una experiencia para comprenderla desde lo que soy hoy, descubrir otros significados o reconocer aquello que todavía permanece en mí. En ese proceso, la escritura transforma el recuerdo en una nueva experiencia, deja de ser solamente algo que sucedió y se convierte en algo que puedo compartir.
También creo que cada lector establece una relación distinta con lo que lee. Un texto puede despertar recuerdos personales, provocar emociones, interpelarnos o llevarnos a mirar de otra manera una experiencia propia. Por eso me parece tan hermoso escribir, porque las palabras nacen de una historia particular, pero pueden encontrar resonancia en muchas otras.


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En un mundo cada vez más acelerado, ¿Qué crees que puede aportar la literatura a las personas?
En la inmediatez de la sociedad en la que vivimos tenemos poco tiempo para reflexionar, ante esto, la lectura abre un espacio para mirar con mayor profundidad. Un personaje, un poema o una historia pueden ayudarnos a reconocer emociones propias, comprender a otras personas y cuestionar nuestras certezas porque la literatura nos recuerda que detrás de cada rostro hay una historia y que no todos sentimos, pensamos o vivimos de la misma manera. Leer no resuelve por sí solo los problemas del mundo, pero puede contribuir a formar personas más sensibles, reflexivas y dispuestas a incrementar su sentido del otro.

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¿Qué ha significado para ti compartir tus textos con lectores de distintos países y culturas?
Ha sido una oportunidad de que otros resignifiquen lo que escribo interactuando con mis pensamientos convertidos en palabras que vuelan a otros espacios llegando a otras mentes, buscando un sitio para quedarse, consiguiendo que mi texto deje de pertenecerme de la misma manera porque cada lector lo interpretará desde su propia historia otorgándole nuevos significados. Todo eso hace posible un encuentro con el otro más allá de las fronteras, de los espacios y de las diferencias culturales.

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. ¿Cuál ha sido uno de los mayores desafíos que has encontrado tanto en la ciencia como en la literatura?
Uno de los mayores desafíos ha sido aprender a transitar entre dos formas distintas de acercarme al conocimiento y a la experiencia humana. La ciencia exige rigor, fundamentación y responsabilidad al interpretar los resultados; la literatura me permite explorar la subjetividad, las emociones y los significados personales

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¿Qué consejo ofrecerías a quienes sueñan con escribir, pero aún no se atreven a mostrar sus textos?
Comenzar a escribir con propósito, para descubrir de a poco el poder de la palabra escrita, sin miedo a la crítica. Escribir puede ser una manera de encontrarse a sí mismo, puede ser terapéutica y catártica; pero compartir lo escrito abre la posibilidad de que nuestras palabras trasciendan, lleguen a lugares insospechados y encuentren a personas con quienes establecer una conexión. Quizá nunca veamos el rostro de quien se sienta identificado con nuestro mensaje, pero eso no significa que el encuentro no haya ocurrido.

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¿Qué proyectos literarios o profesionales ocupan actualmente tu atención?
En el ámbito literario, sigo explorando de manera incipiente la poesía y la prosa poética como espacios para expresar emociones, recuperar memorias y reflexionar sobre la condición humana. Me interesa escribir sobre las experiencias cotidianas que dejan huella y sobre las preguntas que nos invitan a mirar la vida desde otra perspectiva.
También estoy escribiendo un cuento para niños, que narra una historia plena de significados que me ha ganado el corazón, me tiene muy motivada porque integra una temática de esas que merecen la pena contarse.
Quiero aprovechar esa narrativa para abordar el tema del duelo con niños pequeños. Aspecto en el que puedo incidir en los maestros con una propuesta neuro didáctica fundamentada en la neurociencia.
Actualmente continúo vinculada a la educación, acompañando a docentes y escuelas en proyectos con enfoque neuro didáctico para la promoción de lectores y el fortalecimiento de los procesos cognitivos involucrados en la lectura y la escritura, así como el fortalecimiento de prácticas educativas más reflexivas y significativas, amigables con el funcionamiento cerebral.

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¿Qué sueño te gustaría ver cumplido en los próximos años, tanto como escritora como en el
ámbito personal?

Me gustaría seguir escribiendo con libertad y autenticidad, encontrar lectores que se reconozcan en mis palabras y tener la oportunidad de reunir mis textos en una obra que pueda permanecer en el tiempo. Sueño con que aquello que escribo llegue a personas que encuentren en mis palabras una compañía, una pregunta, un recuerdo o una razón para mirar la vida de otra manera.
En el ámbito profesional, uno de mis mayores sueños es fundar un centro de estimulación cognitiva para adultos mayores con deterioro cognitivo, un espacio en el que los conocimientos de la neurociencia se traduzcan en oportunidades para favorecer sus capacidades, preservar su autonomía y contribuir a su calidad de vida.
En el ámbito educativo, seguir diseñando e impulsando propuestas innovadoras tendientes a la transformación de las prácticas docentes y a enriquecer los procesos de enseñanza y aprendizaje en donde la ciencia cognitiva ocupe un lugar central. Ampliar las posibilidades de aplicación a otros contextos escolares el Programa de Entrenamiento Cognitivo para Modular la atención en niños, diseñado en coautoría como parte de un proyecto de investigación.

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. ¿Qué cosas sencillas de la vida cotidiana te hacen sentir plenamente feliz?
Abrir los ojos cada mañana me hace profundamente feliz. Es una manera de agradecer la oportunidad de continuar en esta tierra, de seguir viviendo y descubriendo lo que cada día trae consigo.

Saberme sana me alegra por supuesto. Me hace feliz el regalo de una sonrisa genuina; una flor que comienza a abrirse y que, a su propio ritmo, se entrega al mundo; la mirada de mi nieto plena ingenuidad, curiosidad y asombro que me permite asomarme a la pureza de su alma. También me hace feliz recibir cualquier manifestación de amor de los míos, particularmente de mis amados hijos.
Me conmueven y alegran el amanecer y el anochecer, porque ambos me recuerdan que nada es eterno, que todo tiene un ciclo y su propio tiempo. El día nace, alcanza su plenitud y se despide, enseñándonos que la vida también tiene sus estaciones. Sé que un día me tocará anochecer y quizá ya no vuelva a contemplar el sol; por eso quiero aprender a mirar con mayor atención, agradecer lo que tengo y disfrutar la belleza de estar viva. A veces, la felicidad no necesita grandes acontecimientos: basta con detenerse, mirar y reconocer el regalo que significa existir.

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. Si tuvieras que elegir un rincón de Michoacán que represente quién eres, ¿cuál sería y por qué?
Sin duda, elegiría mi natal Uruapan, mi terruño adorado, ese lugar en el que viví una parte de la vida que hoy llevo recorrida y al que siempre vuelvo desde la memoria y los afectos. Es la tierra que me recuerda mis orígenes, los abrazos que me arroparon durante la niñez, el lugar que huele a mi gente, a mis raíces, el que me regresa a los brazos de mi madre. Aquel lugar hermoso que dejé hace mucho con sabor a aguacate y a café.
Es la tierra atravesada por el río Cupatitzio, ese río que canta y parece contar la historia de quienes habitamos sus alrededores, particularmente de quienes crecimos cerca del Parque Nacional. Es una tierra de belleza generosa, pero también de heridas, de luchas y de una capacidad admirable para resistir. Una tierra que ha enfrentado saqueos, incendios y pérdidas, y que, aun desgarrada, ha encontrado la manera de seguir viviendo.
Por algo lleva el nombre de Uruapan del Progreso.
Es también una ciudad cuya historia guarda la huella de Fray Juan de San Miguel y de las transformaciones que marcaron su desarrollo. Pero, más allá de su historia, Uruapan representa para mí una manera de estar en el mundo y en eso mi tierra y yo nos parecemos: con raíces profundas, con memoria y con la voluntad de seguir adelante.
Mi terruño me enseñó que la vida no siempre es amable, que hay caídas que duelen y pérdidas que dejan cicatrices; pero también me enseñó que lo más importante no es cuántas veces caemos, sino la decisión de levantarnos, erguir la frente y continuar. Quizá por eso Uruapan no es solamente el lugar de donde vengo; es una parte de quien soy.

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Cuando no estás leyendo, escribiendo o trabajando en educación, ¿Cómo te gusta pasar el tiempo?
Me gusta cuidar de mí, por eso tengo mis rutinas para ejercitarme, meditar a diario y llevar una vida saludable. También disfruto viajar cada vez que puedo, conocer nuevos lugares y dejarme sorprender por otras maneras de mirar y habitar el mundo. Me encanta consentir a mis hijos cuando me visitan, cocinar para ellos y jugar con mi nieto todo el tiempo que se pueda, como una manera de disfrutar al máximo su presencia. Abro espacios también para encontrarme con amigos muy cercanos que ocupan un lugar en mi corazón, aunque no sea de manera muy frecuente, y llamar a aquellos con los que no puede haber un encuentro personal por la distancia.
Pero hay un espacio muy mío, al que llamo Rincón del Cielo, donde encuentro una forma particular de felicidad. Es un pequeño espacio verde en el que cuido mis plantas, admiro sus flores, y observo a los colibríes ir y venir. Allí conviven la naturaleza y los recuerdos; es un lugar en el que puedo estar a solas conmigo misma, sin sentirme sola. Me gusta contemplar cómo las flores se abren, cómo los colibríes regresan una y otra vez, reconociendo un hogar.

En mi Rincón del Cielo, el silencio no es ausencia, sino compañía; las plantas me hablan de la paciencia, los colibríes me recuerdan la libertad y los recuerdos me permiten sentir cerca a quienes ya no están conmigo. Es un lugar que me reconcilia con el tiempo y me devuelve a lo esencial. Allí puedo simplemente ser, sin más exigencia que la de estar presente y agradecer.

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¿Hay alguna enseñanza que la vida te haya dado y que hoy consideres imprescindible para ser quién eres?
La vida ha sido mi mejor y más grande maestra. Me ha enseñado a vivir, aunque no siempre lo haya hecho a través de sonrisas plenas. Me ha regalado satisfacciones inmensas, pero también penas que me han obligado a mirar dentro de mí, a reconocer mis fragilidades y a descubrir fortalezas que quizá desconocía.
Con el tiempo he comprendido que no podemos elegir todo lo que nos sucede, pero sí podemos aprender a relacionarnos con ello. Las pérdidas me han enseñado a valorar la presencia; las dificultades, a reconocer mi capacidad para levantarme; y el paso de los años, a comprender que ningún instante es insignificante cuando somos capaces de vivirlo plenamente.
He aprendido también que no necesito ni puedo tener todas las respuestas para seguir caminando, tampoco puedo ser invulnerable para saber que soy fuerte. A veces, la fortaleza consiste en aceptar que algo nos duele, permitirnos sentirlo y encontrar, aun así, razones para continuar.
Si hay una enseñanza que considero imprescindible, es vivir con gratitud, amar mientras tenga la oportunidad de hacerlo y no posponer la vida esperando que todo sea perfecto. Hoy sé que la vida no se mide solamente por los años acumulados, sino por la capacidad de conmovernos, de aprender, de asombrarnos, de amar.

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Si pudieras sentarte a conversar durante una tarde con cualquier escritor o escritora, ¿a quién elegirías y
qué te gustaría?

Son varios escritores que admiro y gozaría mucho de una conversación con ellos. Pero hablaré de dos muy especiales.
Elegiría a Gabriel García Márquez, uno de mis escritores favoritos en el género de novela. Sus textos tienen una capacidad extraordinaria para envolverme en sus historias, con una narrativa tan descriptiva, visual y llena de vida que, mientras leo, siento que estoy dentro de lo que sucede.
Me gustaría preguntarle cómo lo consigue. ¿Cómo logra un escritor construir un mundo con palabras y hacer que quien lo lee pueda verlo, recorrerlo, sentirlo y habitarlo? ¿Cómo consigue tomarme de la mano desde las primeras páginas y no soltarme, hacerme cómplice de sus personajes, despertar mi imaginación y mantener vivo mi deseo de saber qué sucederá después?
Más que preguntarle por una técnica narrativa, quisiera conocer el secreto de esa cercanía que establece con sus lectores, esa manera de convertir la lectura en una experiencia íntima.
A Ángeles Mastretta le diría que soy una mujer de ojos grandes, como las mujeres de su libro, porque las historias que narra en esta obra me recuerdan quien soy. En sus personajes he encontrado maneras de mirar la vida, de reconocerme en mis propias batallas y de comprender que una mujer puede conservar su sensibilidad sin renunciar a su fortaleza, que puede caer y levantarse, cuestionarse y volver a elegir su propio camino.
Le agradecería haberme permitido descubrir, a través de sus palabras, que la fuerza de una mujer no siempre se manifiesta en voz alta; a veces reside en los silencios que sabe guardar, en la capacidad de sostenerse ante la adversidad y en el valor de ser una misma. Sus mujeres me han recordado que tenemos derecho a construir nuestra historia, a defender nuestros sueños y a vivir con la libertad de quien aprende a escucharse.

Y quizá le diría también que esos ojos grandes que tengo, no solo me han servido para mirar el mundo, sino también para mirarme por dentro, reconocer mi historia, descubrir todo lo que aún puedo dar y luchar por el proyecto de vida que me da sentido y es guía para mi existencia.

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Tras conversar con Sandra Aguiñiga Luquín queda la sensación de haber recorrido un puente entre la razón y la emoción, entre la ciencia que estudia el cerebro y la literatura que explora el alma. Sus palabras nos recuerdan que aprender, sentir, recordar y escribir forman parte de una misma aventura humana.

Desde las aulas, la investigación, la escritura y ese entrañable «Rincón del Cielo» donde dialoga con la naturaleza y los recuerdos, Sandra continúa sembrando conocimiento, sensibilidad y esperanza. Le agradecemos su generosidad al compartir con nosotros su historia, sus reflexiones y sus sueños, y le deseamos que siga encontrando en las palabras un hogar desde el que acompañar e inspirar a muchos lectores alrededor del mundo

Porque hay personas que enseñan con sus conocimientos, y otras que enseñan con su manera de mirar la vida. Sandra Aguiñiga Luquín tiene el don de hacer ambas cosas.»

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