Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
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COLABORADORES
1- Elspeth Gormley – España
2-Antonio Morelos – México
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SUJETAR AL MUNDO CON PINZAS
Elspeth Gormley – España
No sé cómo explicarlo. Hay días en que el mundo parece deshilacharse por todas partes. Las noticias, las calles, las conversaciones… todo suena a ruptura. Como si estuviéramos sujetando la realidad con pinzas, esperando que no se caiga del todo.
No es una metáfora bonita. Es una sensación física. Como si el aire pesara más. Como si la esperanza tuviera que agarrarse con fuerza para no resbalar.
Y lo peor es que nadie parece saber qué hacer. Unos miran hacia otro lado. Otros se acostumbran. Y los que aún sienten, los que aún preguntan, los que aún escriben… se sienten raros. Como si la sensibilidad fuera un error.
Pero no lo es. Es lo que nos queda. Es lo que nos salva.
Hoy no tengo respuestas. Solo tengo esta necesidad de decir que algo no está bien. Que no es normal vivir con miedo, con rabia, con impotencia. Que no es justo que el dolor se normalice.
Así que escribo. No para entender. No para convencer. Solo para sujetar. Para que no se caiga del todo. Para que al menos quede constancia de que alguien lo intentó.
Hay palabras que no curan, pero sostienen.Y a veces, sostener es la forma más alta de esperanza.
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LA REALIDAD
Antonio Morelos – México
En la lucha que existe entre los humanos, para entender y aceptar que es la REALIDAD.
Coloquialmente decimos que la realidad es algo que se ve y que existe, que no es espejismo o mentira, pero, es eso la realidad? yo considero que es algo muy aventurado asegurar que es eso nada más así de simple, entonces para muchos Dios es la totalidad de la realidad, porque es la estructura inmanente de le existencia, porque Dios es el mundo, no está fuera de él, pero yo pienso que si todo lo que existe es evolución y transformación de la substancia, no hay Dios trascendente, ni oposición entre el Dos de amor y el Dios vengativo, sino una realidad entre las leyes universales de evolución y transformación.
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LA DUALIDAD
Antonio Morelos – México
En la dualidad del universo, porque basado en la corriente filosófica, que admite la existencia de dos principios diversos y contrarios entre sí, pero que se unen en una misma cosa, puedo asegurar que el mundo es un mundo dualista, por ejemplo, tenemos el alma y el cuerpo, son diferentes, pero están en un solo ser, y, si profundizamos un poco más, puedo decir que el mal, no existe como mal, sino que es la manifestación de la consecuencia de la búsqueda del bien, convirtiendo al bien en un bien corrupto, porque el mal no crea, sino corrompe lo inventado por el bien, por lo que considero que el mal, es la distancia del bien supremo. El libre albedrío, es la libertad que hace posible la aparición del mal, pero también del amor, de la bondad, de la alegría de vivir, etc. El bien existe siempre, como bien, por ejemplo está el amor, la solidaridad, etc. pero hace posible la aparición del mal
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-10-26 10:42:252025-10-27 13:57:54REFLEXIONES – OCTUBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Cuidar de uno mismo no es un lujo, es un acto de dignidad cotidiana.”
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, acompañando estas palabras.
En esta ocasión, vino a mi mente la imagen de las vasijas del arte japonés Kintsugi, una técnica que repara la cerámica rota y celebra sus imperfecciones, resaltando las grietas con líneas de oro, plata o platino. A partir de esa imagen, continúo con la metáfora que inspira el escrito de hoy.
A lo largo de la vida atravesamos retos, batallas, dolores y frustraciones en distintos ámbitos. Tal como me ha ocurrido a mí, seguramente también a ti. Esa imagen del Kintsugi es poderosa: por momentos nos sentimos así, como si partes de nosotros estuvieran rotas, quebradas, dolidas.
Pienso que cada persona tiene luces y sombras, y que está bien reconocernos en ambas. Esa dualidad nos completa. Hay aspectos que nos resultan más sencillos y otros que no. Nadie es perfecto, y el intento de serlo suele convertirse en el mayor obstáculo, porque sencillamente es imposible.
Y es precisamente en esas pequeñas grietas donde puede entrar la luz: nuestra luz, nuestros logros, avances y procesos de crecimiento.
Por eso, creo que es importante mirar lo que hemos atravesado con una mirada amorosa, con respeto hacia nosotros mismos, hacia esas grietas que permiten el paso de la luz que nos inspira, nos conecta, nos vuelve más sensibles y humildes.
Sabemos que no siempre suceden las cosas tal como las deseamos. Lo hemos aprendido, ¿verdad? Entonces, quizás podamos mirar lo vivido desde otra perspectiva, con otros ojos, con mirada artística.
Me quedo con ustedes…
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-10-26 10:40:342025-10-27 12:00:42ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL OCTUBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“Las letras no conocen fronteras. Solo destinos.”
LETRAS QUE CRUZAN MARES
Desde esta orilla del mundo, donde el sol se posa distinto pero la palabra sigue siendo camino, abrimos esta edición con una certeza: la cultura nos une.
Celebramos el idioma, la geografía y el acento, porque en cada uno late una forma única de ser y decir. Y aun así, el lenguaje nos acerca.
La cultura hispana es un mosaico vivo, una sinfonía de voces que canta en plural. Desde el Caribe hasta la Patagonia, desde los barrios de Madrid hasta los rincones donde florece la palabra hispana en Europa, cada autor lleva consigo una historia que merece ser contada. Esta revista es el lugar donde esas historias se encuentran, se abrazan, se celebran.
Aquí, la palabra sana, resiste, recuerda. Cruza mares sin pasaporte, toca corazones sin permiso. Cada texto que lees en estas páginas es una travesía, una invitación a mirar el mundo desde otros ojos.
Porque escribir no es solo contar: es construir refugios, dejar huellas, encender faros.
En esta edición encontrarás relatos que nacen del exilio, poemas que huelen a tierra mojada, reflexiones escritas con el alma en la mano. Y detrás de cada letra, hay un latido: el de quien escribe, el de quien lee, el de quien acompaña.
Gracias por estar. Por leer. Por formar parte de este lazo hecho de letras.
Que esta edición te acompañe como una brisa suave, como un café compartido, como un verso que te susurra: “no estás solo.”
Porque aquí, cada letra es compañía. Y cada lector, parte del viaje.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 10:04:502025-09-22 10:04:51EDITORIAL – SEPTIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
Aquí, cada palabra respira. Cada silencio también.
Colaboran en esta Sección:
Miriam Alberganti – Argentina
Magi Balsells – España
Isidoro Barrera – México
Marcela Barrientos – Argentina
Inés Blanco – Luna de abril – Colombia
María Elena Camba – Argentina
Libia Beatriz Carciofetti – Argentina
Susana Curbela – Argentina
Beatriz Di Nucci – Argentina
Enrique F. Díaz Castro – México
María Cristina Fervier – Argentina
Luis García Montero – España
Carlos González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Lamberto Ibárez Solís – México
Andrea Kiperman – Argentina
Liliana Lorán – Argentina
Elsa Lorences – Argentina
Margarita Mangione – Argentina
Antonio Morelos – México
Sarah Petrone – Argentina
Graciela Reveco – Argentina
María Sánchez Fernández – España
Elvira Sastre – España
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DESPERTAR EN 60
Miriam Alberganti / Argentina
A los sesenta
La vida empezó,
Sin rutina fina,
El alma despertó.
De niña me enseñaron
A ser sumisa
Casarme, tener hijos,
La familia precisa
Lavaba planchaba,
Cocinaba sin fin,
Mi esposo criticaba
Yo callaba en paz,
Un día se fue,
Y quede en silencio
Y entonces me escuché
Con un nuevo comienzo
Sola me encontré,
Pero no con dolor,
Un silencio profundo
Me hizo ver mi amor,
Me inscribí en una carrera,
Me gusto y por mi
Comencé a viajar sola,
Ni miedo sentí.
Ví el mar en invierno,
Con brisa de sal,
Me quité los zapatos
Sentó libertad igual
“ ¿por qué espere tanto?”
Me dije con verdad,
Ahora vivo en paz,
Conmigo en libertad.
No tengo horarios,
Pero tengo ganas,
Paso horas en museos,
En trenes en mis mañanas.
Los ojos en el espejo,
Y una luz nueva vi,
A lo sesenta viví
Y ya no sobreviví
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CAFÉS DE SOLEDAD
Miriam Alberganti / Argentina
Jardines de cafés
Donde el aroma flota,
Soledades que escriben
Poesías sin nota,
En el silencio las palabras se despiertan,
Como hojas de otoño,
Historias que cuentan
La nostalgia
Teje hilos de sueños pasados,
Y en cada verso,
Los recuerdos están guardados.
La soledad es un jardín secreto,
Donde las poesías crecen sin defecto,
Allí las palabras, son como flores que brotan
Y en cada línea, el alma late y se nota
En jardines de café el tiempo se pierde,
Las soledades escriben
Lo que el corazón quiere.
Y aunque el camino
sea de pasos solitarios,
En la poesía encuentras
Motivos necesarios.
Reflexiona en el aroma dele café que pasa
Las `palabras que quedan
Como una huella en casa.
La nostalgia motiva a seguir escribiendo,
Con jardines de cafés,
Donde las poesías van tejiendo,
Y e cada letras, sueños van durmiendo
Con recuerdos, que en el alma van quedando-
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TE LLAMO
Magi Balsells / España
Te llamo, no contestas
Te busco, no te encuentro
Pregunto, nadie dice nada
Solo en mis sueños estas.
Escuchar tu voz
Notar tu cuerpo
Amarte una vez más
Pasar del sueño a la realidad
No padecer tu ausencia
Dejar estas inquietudes
Que matan mi alma
Y nublan mi mente,
¿Por qué de mi te escondes?
Cuando ningún mal te deseo
Eres toda mi existencia
Sin ti, la vida no importa
Transito tristemente
Como perro sin dueño
Esperando tú presencia
En mi vida esta ilusión mantengo
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BIENVENIDA
Isidoro Barrera Molina / México
Dedicado a Fátima Andreé
El tiempo es muy corto para contemplarte, aunque a mí me tarde, tú ni me alcanzas. Hoy es muy temprano, no puedo abrazarte; mañana, muy tarde, me estás muy avanzada.
Bendición de Dios a tus padres y abuelos, esa es tu llegada, gracias al poder de Dios. Sabiduría hoy pedimos al dueño del cielo, para siempre, ciencia y una vida mejor.
Grandiosa chiquilla, un presente hermoso, bienvenida seas, con tu papá y mamá, con sonrisas tiernas al acariciar.
No haces sollozo, sola traes halo venturoso. Hoy una bebita, y mañana mujer serás, para orgullo futuro, regalo precioso.
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DOS BELLEZAS
Isidoro Barrera Molina / México
La vi junto a su ventana
Cuando miraba el paisaje
Que frente a su ventana nace
De aquella ciudad suriana
Como muestra de un linaje
De antigua selva serrana.
Dos bellezas se hermanaban
La mujer y esa montaña
Formando hermosa maraña
A una sus flores bordaban
Y a la otra sus pestañas
Que bellos ojos cuidaban
Yo gané en partida doble
Cuando descubrí esos ojos
Adornando rostro hermoso
Con una sonrisa agradable
Y en un cuerpo primoroso
Con cadenciosos andares
Yo al santo mayor le pido
Sin levantar mucho alarde
Solo ayúdame compadre
Pero haciendo poco ruido
Que yo solo hare mi parte
Si tu eres buena conmigo
Tu serás nuestro invitado
Residente en la montaña
El guardián de hoy y mañana
Para siempre venerado
Bien hechos de nuestras almas
No me olvides gran hermano
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MUSA ENTRE SOMBRA
Marcela Barrientos / Argentina
A mi musa herida, que sangra en silencio,
tu alma desgarrada que hoy prefiere la sombra,
resuena en mis sueños con ecos de angustia,
una melodía triste que el viento ha olvidado.
Eres la flor marchita en un jardín de cenizas,
el susurro frío que atraviesa la penumbra,
el aroma a tierra seca que espera la lluvia,
la caricia áspera de un amor que se desgasta.
Tus ojos, pozos profundos de lágrimas y fuego,
reflejan mares oscuros donde naufraga mi esperanza,
y en tu piel, como mapas de heridas abiertas,
se dibujan senderos de dolor y de añoranza.
La luz que alguna vez te iluminó se ha extinguido,
dejando en tu rostro la sombra de un eclipse,
y en cada respiración, la sensación de un suspiro
que busca en el silencio la razón de tu derrota.
Mas en tu herida aún arde una chispa de vida,
como un faro apagado en la tormenta del alma,
y aunque el dolor te robe la sonrisa y el aliento,
tu espíritu herido aún susurra la esperanza.
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LIBRES
Inés Blanco (Luna de abril) / Colombia
Huyo de mi propio
laberinto.
Voy en busca
de la calle abierta.
Camino con la lluvia
que moja los ojos y los pies.
Me miro en los espejos
del agua movediza.
Tropiezo con las gentes…
– parecen de otros mundos -.
Con mi silencio
a todos les hablo.
Me reanimo al sol.
De aromas me alimento.
La noche y sus fantasmas
me persiguen.
Un farol insomne
gotea húmeda la luz.
Recojo las palabras
que duermen en la calle.
Las apunto en mi cuaderno:
ellas y yo, nos declaramos libres.
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SÍLABA
Inés Blanco (Luna de abril) / Colombia
Yo, de la soledad
he venido
y en la soledad
me oculto,
me protejo,
muero y resucito.
Junto a ella
encontré la palabra
y su alegría,
su esplendor
y la nostalgia,
el bullicio y el silencio.
Con ella me recreo,
danzo con su música…
soy fantasma,
realidad y asombro.
Me deletreo,
soy sílaba y poema,
mujer y encantamiento.
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LA POESÍA
María Elena Camba / Argentina
La poesía es un grito en el desierto La luz que enceguece la mirada Un puñal que se aloja en la garganta Lo no dicho, lo sagrado y lo blasfemo La esperanza en la desesperanza El mantra de la revelación Es la voz de Dios La utopía hecha metáfora
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NUESTRO MAR
María Elena Camba / Argentina
Eres la estampa de un Dios indeleble en tu fluir constante. Infinito devenir, metáfora cristalina en horizonte azulado. A veces tu oleaje galopa furioso,, como animal sediento. Arrastras todo a tu paso Borras huellas Alivianas pesares Otras ofrendas sereno tus más preciados dones en eco de caracolas. Eres la voz de Dios, paraíso marino que nos arrulla. Promesa de resurrección, que resuenas constante en acordes celestiales. Hoy te contemplo con ojos de salitre y manos de algas Tu voz transparente canta entre las olas y de nuevo ilumina mi orilla de eternidad.
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MIS ATARDECERES
Libia B. Carciofetti / Argentina
Siguiendo un poema de Jorge Luis Borges
Camino entre la gente
Que viste las calles.
Entre idas vueltas…
En busca de nadie.
El sol ya declina como mi corazón en la tarde.
Y esta tristeza mía.
Que agoniza en el parque.
Porque presiento a los parias,
mendigando entre los árboles.
Mi voz no tiene eco, y mis ojos.
Mis ojos ¡Ya no ven!
Me siento miserable.
la sangre se me cuaja
en las venas que arden.
Estoy ¡Tan herido!
Que no puedo mirarles
porque en el ocaso de mi vida, reconozco que no fui feliz.
Teniéndolo todo…y fue culpa ¡de nadie!
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AMOR
Susana Curbela / Argentina
Porque sos , de lo eterno, lo infinito, olvido con frecuencia mi mortal envoltura. Y permanezco, entonces, entre un vago realismo, y la esencia vital de mi figura.
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YO SOY
Susana Curbela / Argentina
La calidez de un nido Nido que protege las almas heridas del dolor de una noche eterna. Yo soy Un pecho henchido de felicidad. Felicidad que me inunda cuando mis hijas elevan sus mejillas al cielo. Yo soy Caminos de sangre. Sangre que atraviesa mis eternidades.
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HECHICERA I (El)
Beatriz Di Nucci / Argentina
Hay algo en ti que es de hechicera y me llevas por el aire bruja blanca no sé si el lenguaje de tus manos el timbre de tú voz, o la mirada. En la cueva infinita de los sueños donde guardas celosa los conjuros curioso entre aquella tarde quedando por siempre entre sus muros. soy hombre tan solo que se asombra al ver tú apariencia transformada en extraños ensueños te revelas y puedes hacer de mí, del todo, nada. Quiero ver danzar tus pies descalzos, sobre la playa que el mar besa bravío y saber así que majestuoso se rinde ante ti, cariño mío. No me despiertes, y déjame que sueñe es la realidad donde yo vivo amarrado a la noche de tú pelo soy el más fiel de todos los cautivos.
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HECHICERA II En la Playa (Ella)
Beatriz Di Nucci / Argentina
Mis huellas quedaron en la arena de la playa que el mar besa bravío y viste así que majestuoso se rendía ante mí, manso y tranquilo. Me vestía el agua, con su espuma, se humedeció tú cuerpo, junto al mío, cuando el tul de la bruma nos cubría quedando en las sombras confundidos. Fuiste hombre envuelto entre mis brazos fuiste brazas quemando los sentidos con el encanto sutil de esos momentos que los dos tan solo compartimos. Se quebró el hechizo con su magia que, de golpe, presurosos nos bebimos. Nos separamos al despuntar el día buscando cada cual otro camino. Hoy he vuelto después de tanto tiempo y recuerdo la feliz algarabía que dejo la embriagues de aquella noche cuando sentí fundir tú alma con la mía. La playa me esperaba solitaria, el viento azotaba mis oídos dije tú nombre, y pude ver de pronto que ninguno de los dos había partido.
“··· ❈ ······ ❈ ···
DESPUÉS DE LA LLUVIA
-Enrique Fredy Díaz Castro / México
Su música es un arrullo
que despierta los sentidos,
como aliviante suspiro
que se pierde entre murmullos.
Ver al cielo encapotado,
los cerros reverdeciendo,
y el sol que se va perdiendo
sobre aquel manto nublado
Se torna gratificante
mientras se escuchan los truenos
señal de un período ameno
con la lluvia refrescante.
Por las calles los riachuelos
indican que allá en la sierra,
bien mojada está la tierra
con la bendición del cielo.
Nos empapa la alegría
el aire huele a riqueza,
con la divina proeza
de refrescarnos el día.
Las avecillas callaron
cubriéndose en la floresta,
en medio de aroma y fiesta
que sus trinos resguardaron.
¡Que ya mojé mis zapatos,
mi pantalón y camisa!
¡No importa, deja tus prisas,
ya te secarás al rato!
Después de la lluvia siente
como tu espíritu canta,
el ánimo se agiganta
con lo fresco del ambiente.
Las plazas y los jardines
recobran el señorío,
como el torrente los ríos,
y el perfume los jazmines.
Gracias por el temporal
¡Oh Señor del universo!
por el potencial inmenso
en el naciente maizal.
“··· ❈ ······ ❈ ···
BARCOS DE PAPEL
Enrique Fredy Díaz Castro / México
¿Se acuerdan de aquellas,
las tardes lluviosas
Cuando intermitentes
caían como hoy,
golpeantes las gotas
y los nubarrones,
cual negros pendones
tapaban al sol?
¿Se acuerdan hermanos
que por la ventana,
o tal vez parados
en el corredor,
un tanto impacientes,
un tanto sonrientes,
veíamos la calle
y su alrededor,
listos para cuando
amainara el agua,
salir y mojarnos
en buen retozón?
Ya que nuestras obras
de papiroflexia,
rompían la inercia
del atardecer,
entre los riachuelos
que la calle abrían,
surcaban triunfantes
blancos, tambaleantes,
¡Barcos de papel!
¿Se acuerdan que a veces
nuestro padre hacía
con gran maestría,
doblez por doblez?
¡¡ Qué tiempos aquellos
de nuestra niñez !!
cuando hasta descalzos
solíamos correr…
Cambiaron los sueños,
los años se fueron,
¡¡ como ya partieron
algunos también !!
Hoy, sigue lloviendo
como aquellas tardes,
a la vez que miro
a la nieve cubrir
paulatinamente
este par de sienes,
pero estoy seguro
que no olvidaré
a aquellos traviesos
que entre los riachuelos
echaban a flote
sus frágiles naves…
sus vistosos barcos:
¡¡ Barcos de papel !!
“··· ❈ ······ ❈ ···
SUEÑOS OLVIDADOS
María Cristina Fervier / Argentina
¿El salario y el sudor de cada día
alcanzan para compensar la agonía
de los sueños que yacen olvidados?
¿Vale la pena esta lucha de querer
olvidándonos del ser?
¿Ser esclavos de quién,
por qué, para qué?
Sólo se es un número
que autómata produce
¿Quién inventó indolente
el perverso sistema
que encasilla y corroe,
atrapa y enjaula?
Si el hombre nació libre
como lo son los pájaros,
¿dónde silenciaron sus trinos?
¿Acaso en la cruz negra
labrada por la avaricia?
Quietos, manchados de niebla,
los sueños están tan altos.
¿Serán pájaros liberados
que vuelan sin alcanzarlos,
o entre la corrupción y la ignominia,
esperanzas de bolsillo
perdidos por los agujeros raídos?
“··· ❈ ······ ❈ ···
ARBOLEDA
Luis García Montero / España
Dormía en el refugio de los débiles, una cama revuelta de oscuridades fuertes,
cuando bajó su sueño a sespertarlo. Puso entonces los pies en un mundo nevado.
El frío de las ropas por el suelo, de los amaneceres y los zapatos viejos.
Como los pedregales de la casa no esperan el orgullo de una sombra descalza,
pudo abrir los cerrojos de la puerta, llegar al campo libre sin que nadie lo viera.
Y se atrevió a romper con su destino. Cortó a la luz del día la flor de los malditos,
soportando la noche del cobarde, la angustia de los números y la rabia del ángel.
Buscó la soledad de una arboleda, y sigue allí, lejano para sentirse cerca,
vigilante de lunas despedidas, con la plata del sueño y el limón del realista.
“··· ❈ ······ ❈ ···
M
PEDIDO
Carlos González Saavedra / Argentina
Voy a pedirle a mi ángel
lleve esta carta al cielo,
Donde viven las estrellas
Y se cumplen las quimeras.
Quisiera sentirme pleno
en una casa blanca y solariega
Colmada de malvones y hortensias,
Donde, su patio tenga…
Una higuera!!!
Una mesa larga…,
Para la familia, cuando venga.
¡¡¡Los ambientes…, amplios
Llenos de luz y colores.
Árboles copiosos,
de hojas como lentejuelas.
Que todo brille…,
que mis relaciones estén plenas.
Y por las noches,
Con guitarras, se vayan las penas.
Las ventanas, sin pistillos…
Que entre el sol de la mañana
y deje su calor, a la siesta.
Con una vida prodigiosa,
De hijos, nietos, amigos,
Amor y gente buena.
Para eso vine.
Por eso, espero tranquilo;
Este sueño realizado
En cualquier lugar, que sea.
No han de ser, mis días,
tan aciagos, si llevo con ellos
una sonrisa eterna
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CUANDO LLEGAN…
Carlos González Saavedra / Argentina
Cuando llegan los nietos, el cielo se abre
Y bajan presurosas luces del universo,
Colmadas de amor.
Todos, me llaman abuelo.
Se respira inocencia,
se renueva la existencia
Un nuevo tiempo comienza.
Estrellitas de luz, que han esperado
pacientes en el tiempo,
a empezar de nuevo
Nos muestran que la vida es eso;
Amor, ternura, sueños…
Mi corazón se enternece,
Su ingenuidad, sus sonrisas,
hace que todo lo olvide.
El jardín familiar reverdece;
tiene brillo, florece.
Semillitas del cielo, floreciendo.
Son luz,
antorcha que viene de lejos,
motor que empuja mis sueños
Transformándolo todo,
cuando me llaman abuelo.
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HERENCIA DE MAR
Elspeth Gormley / España
Mis abuelos fueron hombres de espuma,
de redes tendidas bajo la luna.
Sus manos curtidas por viento y sal
tejieron mi historia, mi rumbo vital.
Con ojos de faro, de cielo y de bruma,
miraban el mar como quien se suma
a un pacto secreto, a un viejo ritual,
donde cada ola es verso inmortal.
Sus voces eran canto de madrugada,
sus pasos, leyenda nunca olvidada.
En cada mareo, en cada tormenta,
la vida les daba su dura cuenta.
Pero ellos, valientes, sin más abrigo,
alzaban la frente, seguían su amigo:
el mar que los llama, que nunca miente,
que a veces castiga, pero es presente.
Yo escucho sus nombres en cada ola,
en cada gaviota que el cielo escolta.
Sus historias viven en mi memoria,
como anclas profundas de vieja gloria.
Me enseñaron a amar sin condiciones,
a leer el viento, a oír corazones.
A saber que el miedo no es enemigo,
sino compañero en todo camino.
Sus botas gastadas, sus viejos remos,
sus cartas de amor que aún no leemos.
Todo eso guardo como un tesoro,
como un mapa antiguo lleno de oro.
Y si alguna vez me siento perdida,
recuerdo su fuerza, su fiel partida.
Ellos me enseñaron que el mar no engaña,
que todo se encuentra si el alma baña.
Por ellos escribo, por ellos respiro,
por cada silencio, por cada suspiro.
Por cada jornada que no volvió,
por cada mirada que el mar llevó.
Mis abuelos fueron hombres de espuma,
y yo soy su nieta, su voz, su pluma.
Que el mar me bendiga como a ellos hizo,
que en cada poema encuentre su latido
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ÁMAME MÁS SI PUEDES
Jaime Hoyos Forero / Colombia
“Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas.
Racimos refregados. Mordeduras bermejas.
Yo soy el que en la hora del amor te desea”.
(Pablo Neruda)
Todas las dichas del amor están
En tu cálido cuerpo, diluidas.
En mis labios de tierra florecieron tus besos
Y en mis dedos quedaron guedejas de tu pelo.
Yo soy el que en la noche despierta tus instintos.
Tu ser es el jardín de asombro de mis ojos,
flor roja cuyos pétalos deshojaron mis manos
y dejaron en ellas sus aromas de Oriente.
Y ahora rompe mis cercos;
tus brazos de querube, conviértelos en alas;
pon a volar en ellas tu corazón inmenso.
Libera de tu pecho los deseos contenidos.
Da rienda a tus secretos, revélame tus sueños.
Me gustas como eres: la mujer más auténtica,
la que todo lo puede por el hombre que ama.
La del verso sin métrica rebosante de esencias,
la de la ardiente estrofa cargada de metáforas.
La que le canta al hombre con fuego de palabras,
con poemas que llevan la marca de tus besos,
y en donde cada sílaba quema como una brasa.
Ámame más si puedes:
Mírame ciegamente porque soy el que te ama.
Yo soy el que en la noche levanta tus dos brazos
y te siembra caricias y te riega de besos
y brinda por tu vida con seco vino puro
en las copas talladas de tus bruñidos senos.
Y no ceses de amarme porque la vida es corta,
y solamente amando se puede entrar al cielo.
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UN DÍA
Jaime Hoyos Forero /Colombia
Te dirás…
-¡lo amé tanto!-
Lo dirás sin dolor y sin tristeza.
Pasarán tus palabras por mi lápida
como pasan los ríos por las piedras.
Ya nada me diré y estaré muerto.
Solo tendré de mí la sepultura
Y de tu alcoba en un rincón, mis versos.
Pero tú vivirás. Y mi recuerdo
Se irá desvaneciendo en tu memoria.
Solo cuando te acuerdes de mis besos
que un día florecieron en tu boca,
sentirás en tu sangre un hervor breve
y una sonrisa asomará en tus labios…
(Recordaciones locas).
Aún entre la tumba,
no olvidaré tu voz, tu amor, tu cuerpo.
Tú pasarás tu mano por mi lápida
como limpiando el último recuerdo.
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CAFETEANDO
Lamberto Ibárez Solís / México
Bebida como la tinta del África bienvenida y con el agua fundida; aromático lo pinta. Porque mis sueños los finta, tus ricos granos tostados que con panela mezclados, con bolillo o con telera; una mañana cualquiera de tantos días nublados. Nublados con buen café de mi sierra atoyaquense y como buen zacualpense; rico almuerzo comeré. Con el café hilvanaré, algunos versos sentidos, tímidos y cohibidos; venidos de matorrales de mis montes y maizales a mi mente bienvenidos. Venidos llenos de gotas en este mar que no cesa con sus olas cual turquesa; ya van rimando mis notas. En los picos de gaviotas que alegres graznan el cielo con el vaivén de su vuelo, mi júbilo las alcanza en su volar como danza y unidas buscan consuelo. Consuelo en sus desventuras, en simetrías perfectas; con sus trazos de arquitectas desparraman aventuras. Unas locuaces criaturas que en mis playas admiré; zigzagueantes divisé al asomarse la aurora porque Dios bendiga la hora que disfruto mi café. Mi café humeante disfruto con mis hermanos cafeteros y música de troveros
se van las horas, minutos. Sin aburrirse en absoluto en charlas y discusiones, acarician las canciones al compás de las guitarras; entonando “La Cigarra” que se agolpa en emociones.
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¿A DÓNDE VAN ?
Andrea Kiperman / Argentina
¿A dónde van los besos no dados? ¿Las caricias no entregadas? ¿A dónde van los abrazos entrecortados? ¿A dónde van los sueños no realizados?
¿A dónde van las palabras no dichas? ¿La melancolía de lo que pudo haber sido? ¿A dónde van esos pensamientos que solo se quedan en nosotros, sin poder ser expresados?
¿A dónde se quedan esas miradas desencantadas? ¿A dónde queda el amor, ese amor frenado? ¿A dónde quedamos tú sin mí, y yo sin ti?
Sencillamente, no lo sé. No sé qué será de nosotros.
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HACIA EL SUR
Liliana Lorán / Argentina
Las nubes espumosas y grisáceas
Se empeñan en cubrir el cielo azul
El día plomizo, se abraza a las paredes
De las casas que miran rumbo al sur
La calleja parece que desciende
Desde el mismo ciclo y es su albur,
Bajar entre yuyos y guijarros
Llevando las huellas rumbo al sur
Barrio humilde blanqueado por los soles
Ni la sombra fugaz del abedul,
Refresca en horas de la siesta
Tus ventanas abiertas hacia el sur.
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CUIDEMOS LA TIERRA
Elsa Lorences de Llaneza / Argentina
La tierra ruge, la tierra sufre, culpa del hombre que no comprende de su dolor: Tala de árboles, obras mal hechas que inundan campos, matan ganado causan dolor. Hombres sin alma que campos queman sin importarles que mucha gente sin casas quedan. La tierra ruge, la tierra sufre. Pide a los hombres su compasión, pide que surja la paz del alma, que nos amemos en la oración. Que consigamos que todo vuelva hacia el principio de la creación, para que ancianos, niños y hombres, junto a la tierra que Dios nos dio seamos felices y consigamos todos unidos vivir con amor.
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LA VIDA EMPIEZA MAÑANA
Margarita Mangione / Argentina
Hoy buscando cosas viejas
cayó la caja en mis manos…
¡Cuántos recuerdos lejanos
encontré en ese paquete!
Tu palabra que promete,
mil besos en los papeles,
con los falsos oropeles,
de esas cartas mentirosas
y sus palabras tramposas,
tan dulces como las mieles.
Como fieras en tropeles,
hasta mi mente llegaron,
las lágrimas que lloraron
mis ojos por tus engaños.
Hoy transcurridos los años
persiste el sabor amargo,
de mi culpa me hago cargo
no debí confiar en ti
y así en tinieblas me hundí,
sumida en triste letargo.
En este camino largo
tu ausencia entre mis paredes,
entretejió falsas redes,
en esa orfandad eterna.
Y como animal que inverna
me encerré en mis soledades,
tus sempiternas maldades,
mi corazón agostaron
y hecho trizas lo dejaron,
víctima de tus crueldades.
Ajeno a mis realidades,
te desplazas por el mundo
y yo en mi abismo profundo,
entre el dolor sobrevivo.
Ya no encuentro el atractivo
que antes tenía la vida
y en mi angustia repetida,
quiero olvidar y no olvido,
mi amor no correspondido,
que aún sufre por tu partida.
Aún de nostalgia vestida,
he de quemar esas cartas,
ya no quiero que compartas,
ni un minuto en mi existencia.
No hará falta mucha ciencia,
un fósforo es suficiente,
y cuando el papel ardiente,
falsas promesas destruya
ya no seré yo quien huya,
por quitarte de mi mente.
He de tenerlo presente:
la vida empieza mañana,
la esperaré en la ventana,
cuando se cierren las puertas.
Y cuando mi dicha adviertas,
mantente de mí lejano,
que este reino soberano,
es mi sitio predilecto,
y aunque es un mundo imperfecto,
para el amor es temprano…
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DESIGUALDAD INCIERTA
Antonio Morelos / México
Solo por culpar culpaste
porque un motivo no había,
por ser hombre lo acusaste
sabiendo bien que mentías,
como eres mujer pensaste
que el mundo te lo creería.
La mujeres como tú
dicen merecerlo todo,
actúan con ingratitud
aunque pisaron el lodo,
que les manchó su virtud
y les opacó el decoro.
Muchas piensan por igual
viviendo el mismo modo,
jamás dudan ni en culpar
a los hombres del decoro,
que han perdido al caminar
por calles con mucho lodo.
No culpen su proceder
a consecuencias ajenas,
cuiden su rol de mujer
viviendo una vida plena,
y el hombre en su deber,
las ama, no las condena.
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CONFUNDIDA
Antonio Morelos / México
Dudas de ser como eres
y eso te causa inquietud,
no disfrutas lo que tienes,
ni haz vivido en plenitud,
tampoco sabes que quieres,
ni sabes quien eres tú.
Quizá te hayas confundido
con cosas de aquel ayer,
que soñaste habías tenido
y fuiste una gran mujer,
pero solo un sueño ha sido,
ya hoy es otro amanecer.
Los sueños, solo eso son,
la realidad es otra cosa,
vivir tiene una razón
encuentra la tuya ahora,
descubre esa gran misión
y vive sin ser tu sombra.
Eres como eres, no otra,
acepta esa realidad,
regresa a tu mundo ahora
que te espera tu lugar,
que el mar y el sol te valoran
y también la sociedad.
Si buscas lo que tú piensas
que es tuyo, pero no está,
no juzgues, es tu conciencia
quien te dirá lo que harás,
solamente abre las puertas
del amor y la humildad.
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LA MUSA Y EL ESCRITOR
Sarah Petrone / Argentina
Un sueño de plumas blancas
sensitivas, algo viejas
medita justo a mi lado,
suspira y mira sereno.
Me observa mientras desato
cuadernos y lapiceras
y me toma de la mano
escribiendo mi poema.
Le dejo hacer y sonríe
porque sabe que comprendo
que tiene poder en mí,
y siente lo que yo siento.
Aquí me borra un quejido,
allí corrige la letra,
el pensamiento se copia
como alumno y su maestro.
Releemos a la par
y discuto su fonema,
las rimas que quiero yo,
son las que él aborrece.
Un café para el disfrute
sin azúcar, nos deleita,
amargo como el amor
que se sufre en lo secreto.
El tintinear e cucharas
revuelve exquisito néctar,
y el aroma del café caliente
invade el cerebro.
Las papilas gustativas
de lo amargo y de lo excelso
comienzan a despertar
las formas y las ideas.
Reanudamos la labor
complacidos y contentos
poniéndonos, al final, de acuerdo
…Casi de acuerdo.
Con un apretón de manos
sonreímos satisfechos.
Los versos, tienen que dar
la vuelta al mundo,
y que regresen
transformados en amor,
en color, en otros sueños.
La musa la pongo yo.
El escritor, es mi esencia.
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METAMORFOSIS
Sarah Petrone / Argentina
Quedó atrapado en esa letanía
que alguna vez oyó desde la infancia.
Se creyó igual que cada día,
como una nota más, del pentagrama.
Negó que fuera por melancolía,
sin embargo, mucho se notaba.
Rodó una lágrima mientras despedía
con un mohín, la gota, de su cara.
La vida equivocó lo ya sabido.
Algo se escapó por la ventana,
dejó en su alma, la voz de otro destino
y el cuerpo despertó ya desdoblado.
Intentó ser lo que todos querían,
pero apenas pudo hacer lo que deseaba,
escondido en la realidad que no pedía,
de cara a la realidad, fingió ignorarla.
Debajo de la piel, un mundo nuevo
ya en lo desconocido se gestaba,
y en ese reconocerse, o no, que no era suyo,
con otro cuerpo, otro ser salió adelante.
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EL FUEGO MERECIDO
Graciela Reveco / Argentina
En conmemoración de Dante Alighieri
En la Divina Comedia el Dante atraviesa con la lira sus enmiendas y no solo destraba los límites de la mujer cautiva relegada a la presencia servil y de puerperio sino que persigue el sentido de la vida del amor y allí, en lo más profundo del teatro encuentra un purgatorio donde expiar las faltas incita las lumbreras de un infierno desértico para quemar las culpas y desenredar la conciencia cuando dice “rompió el profundo sueño de mi mente un gran trueno de modo que cual hombre que la fuerza despierta me repuse” porque el alma humana es un retazo de tiempo que se dobla y desdobla por las heridas que sangran y necesita descifrar un pentagrama de consuelo en cada palabra en un lugar que destrabe el mutismo de un Dios que brilla en el sagrario y con el perdón que apague el fuego «descendamos ahora al ciego mundo -dice el poeta todo amortecido- yo iré primero y tú vendrás detrás» con el reflejo de arrugas en la frente que libere la osadía del que clama “y me dijo: la angustia de las gentes que están aquí en el rostro me ha pintado la lástima que tú piensas que es miedo vamos, que larga ruta nos espera» caminar entre llamas y los estratos de las suelas gastadas y el ocre de la hoguera donde las cenizas no callan “así me dijo
y así me hizo entrar al primer cerco que el abismo ciñe ¿no me preguntas qué espíritus son estos que estás viendo? quiero que sepas antes de seguir que no pecaron y aunque tengan méritos no basta pues están sin el bautismo donde la fe en que crees principio tiene” y pretendo habitar su perspectiva aceptar la constricción y la ausencia necesaria según el precepto los orígenes del óvulo que en el alma nace con su axioma hacia el futuro mientras la comedia dependa de la letra y no termine en la última palada de la muerte aunque la fosa permanezca abierta y provoque otra proclama del artista que atraviesa el infierno del purgatorio solo para entender la vida entonces, dice el Dante en su diatriba “al cristianismo, fueron anteriores y a Dios debidamente no adoraron a estos tales, yo mismo pertenezco” y como él en las liturgias de cada Pascua concebida con distintas banderas de un culto peregrino todos pertenecemos a una promesa de cruz y clavos a un salmo que cada año desarruga su tiempo y resucita del cielo a la tierra de la tierra al cielo por ese viaje que todos aguardamos en la oscuridad y el silencio mismo fuego del poeta en la comedia divina comedia infierno… que quizás nos merecemos.
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LIRAS AL OLIVO
María Sánchez Fernández / España
Me voy a la aceituna
con mi vara, mi baraja y mi jumento,
siguiéndome la luna
con cara de contento
en el olivar toma su asiento.
¡Ay, luna aceitunera!
que vas a la faena divertida.
Cuando el mantón te espera
para la recogida
tú vas, luego la amanecida.
Mis manos se encallecen
vareando las ramas plateadas,
pero se enorgullecen
por ser muy deseadas
y del fruto serán muy bien colmadas.
¡Hermosa atardecida
que cubres la faena de colores!
La mano encallecida
enjugó los sudores
y bendice al olivo en sus amores…
Mi alma se ha ensanchado
Y el campo se ha cubierto de canciones,
El tajo ya ha cesado
Y vibro de ilusiones
Evocando a mi amor tan deseado
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LA MARAVILLOSA SUERTE DE QUE TODO SIGA EN SU SITIO
Elvira Sastre / España
Tus arrugas:
las toco y pienso en todos esos campos
que asaltamos de jóvenes,
que allanamos sin vergüenza
y con pasión.
Tus arrugas:
las toco y veo ahora
montañas llenas de ríos
e historias,
hechas con árboles ya viejos
que nadie entiende que resumen el paisaje.
Tu cuerpo:
lo toco y creo en el deseo
del tiempo,
en los sueños de las noches de insomnio.
Tu cuerpo:
lo toco y lo recorro de memoria y recuerdo
lo absoluto del amor,
el milagro de conocerte e invadirte
con la paz que da
alcanzar el hogar,
la maravillosa suerte de que todo siga en su sitio.
Tu silencio:
lo toco y me parece joven,
tus veinte años devueltos a un gemido entrecortado.
Tu silencio:
lo toco y lo traduzco en otro idioma
que se antoja lejano pero sigue ahí,
hablándonos,
recordando la chispa que enciende el juego,
el trozo de madera que lo aviva.
Te toco.
Y entro en ti,
con el nervio de una guerra
que ya ha terminado
pero en la que aún resuenan los disparos.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 10:00:272025-09-22 16:56:10POESÍA – SEPTIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“La dignidad también se edita, se imprime, se comparte.”
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Colaboran en esta Sección:
Ilka Oliva – Estados Unidos
Anadolu – Corresponsal el País
Elspeth Gormley – España
Mikel Ramírez – París
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ATOL DE POLEADA
Ilka Oliva / Colorado – Estados Unidos
Comenzó a llover a eso de las cuatro de la tarde y no ha parado ni un segundo. Fausta se encomienda, le enciende una veladora al Señor de Esquipulas y arropa a sus seis pollitos en la cama con el poncho que le compró por pagos a un vendedor que llega todos los jueves desde Momostenango ajenando fundas para las almohadas, sábanas, ponchos y manteles típicos. Siempre llega con su hijo adolescente y se andan todo el pueblo y las aldeas con sus ventas a mecapal.
Fausta les daba dónde calentar las tortillas en el rescoldo del comal, las llevaban en un morral que se lo cuelgan cruzado en la espalda antes de ponerse la carga de la venta a mecapal. Le dio pena verlos con tanto encima. Pero es que el favor es mutuo, así lo ve Fausta, porque también le sirven de compañía en lo que echa los pistones en el comal. Siempre los espera con café de máiz o de tortilla hirviendo en el batidor, su olla de frijoles espesos y un cuarto de queso o de requesón. Ellos se deleitan con la comida a la que siempre le agregan chile chiltepe que cargan en sus morrales. En época de calor les hace fresco de masa y cuando está inspirada los recibe con un vaso de chicha de maíz amarillo.
A cambio le ayudan a rajar la leña y la aperchan en la pared de atrás de la cocina. Le llevan a regalar semitas, maíz morado y café también de su cosecha. Fausta les consigue compradoras por las que pone la cara para que les fíen, porque son muy puntuales con los pagos. Fiado es la única forma en la que pueden comprar, los esposos trabajan de mozos en fincas de Chiquimula y Zacapa y llegan a Escuinapa una vez cada tres meses durante un fin de semana y se vuelven a ir. Para mientras a ellas les toca buscarse el sustento con lo que puedan.
Fausta hace quesadillas de arroz, marquesote, queso y requesón. La leche la compra en donde tío Tibe, que siempre se la fía. Con dolor también sacrifica a sus gallinas, las parte, las echa en una pana plástica y se va a ajenarlas al pueblo, no tarda mucho para venderlas, aunque también algunas veces le toca dejarlas fiadas. Las vende más rápido por pedazos que enteras: algunas compran dos alas, otras las patas, menudo, está quien siempre pide los pescuezos, porque para la pechuga no les alcanza y para las piernas tampoco. Nía Margarita, la directora de la escuela, siempre le compra las rabadillas.
A ella le ayuda lavando la ropa, la plancha, hace limpieza en la casa y ahí saca sus lenes para comprar lo más urgente: sal, azúcar, aceite, royal, lo que necesite para continuar vendiendo sus quesadillas y marquesotes. En tiempos en los que la venta baja, camina más lejos y va hasta la salida del pueblo, siempre con el pequeño de sus pollitos de apenas cuatro meses de nacido acostado en la manta que se amarra cruzada en la espalda y el otro de dos años sentado a horcajadas en la cintura.
Con nía Romelia deja encargados dos, mientras los dos mayores están en la escuela. En la entrada del pueblo está una venta de granos, ahí le toca aporrear frijol, desgranar máiz y hacer manojos de tusas. Difíciles son los días cuando le baja su menstruación, el trabajo de aporrear es duro y quisiera estar acostada en la cama, pero dobla un trapo que usa como toalla sanitaria, se toma una taza de té de orégano y sin detenerse a pensar comienza a caminar.
Dependiendo la temporada del año así es el trabajo, para las mujeres y los hombres. Pero el trabajo doméstico sigue siendo exclusivamente de las mujeres, por eso Fausta se ha propuesto criar a sus seis pollitos de forma distinta, manos tienen ellos y manos tienen las mujeres, les enseñará a que se laven ellos mismos su ropa, que cocinen, que hagan limpieza, les enseñará a tortear y a que respeten a las mujeres, no como el marido que tiene que se gasta el dinero del trabajo en la cantina y encima llega a pegarle a la casa. Sus hijos no serán así, ¡o se quita el nombre!
Llueve tan recio que siente que el cielo se va a desmoronar sobre el techo de teja, los pollitos pronto se despertarán con los truenos, no tiene nada caliente para que tomen y apacigüen el susto. Recuerda que en la cocina tiene un recipiente con suero del que sobró cuando hizo el queso, lo tenía para dárselo en la mañana a los coches, pero hará poleada.
Se pone las botas de hule, destranca la puerta que da hacia el patio, se pone una toalla encima y sale corriendo hacia la cocina. Pone el suero a hervir, le echa unos pedacitos de canela, deshace la masa, se la deja caer y con la paleta comienza a moverlo. Le duelen las rodillas, pasó el día en el monte buscando aceitunas para hacer jabón. La cocina comienza a impregnarse del aroma del atol de poleada, propio de Comapa y sus aldeas.
Le agrega azúcar y unos granos de sal, receta de Mamá Bartola, su bisabuela, que decía que se la enseñó Mamá Toribia, su bisabuela. Que contaba a la hora de la oración, que con eso engañaban al hambre en los cerros, en donde en las noches por todo sonido sólo se escuchaba el canto de la lechuza cuando esta llegaba a pararse en los palos de plumajillo.
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LOS TALIBANES PROHIBEN LOS LIBROS ESCRITOS POR MUJERESEN LAS UNIVERSIDADESDE AFGANISTÁN
Anadolu. Corresponsal del diario El País
El régimen ilegaliza también la enseñanza de los derechos humanos y del acoso sexual
Libros escritos por mujeres, clases sobre derechos humanos, y enseñanza sobre el acoso sexual. Estos son los tres elementos del sistema educativo afgano que, a partir de este miércoles, han quedado prohibidos por el régimen talibán, según ha adelantado la BBC Las universidades también han recibido una orden para acabar con la enseñanza de otras 18 asignaturas, de las cuales seis tratan especialmente de mujeres, por considerarlas “en conflicto con los principios de la sharía y la política del sistema.
Unos 680 libros han sido designados como “preocupantes” por este mismo motivo, de los cuales 140 están escritos por mujeres, incluidos títulos como Safety in the Chemical Laboratory (Seguridad en el Laboratorio Químico). La medida llega en una semana ya marcada por las órdenes de Haibatulá Ajundzadá, líder de los talibanes para prohibir la fibra óptica e internet en al menos 10 provincias, en lo que califica como un intento para prevenir la inmoralidad.
Si bien las restricciones afectan a la casi totalidad de la población, las mujeres y niñas ha sido las más afectadas. El acceso a la educación más allá del sexto año de primaria les está prohibido, e incluso perdieron la posibilidad de formarse como matronas, en 2024.
El Gobierno talibán ha defendido la medida, y afirmó a la cadena británica que respeta los derechos de mujer siempre y cuando encajen con su interpretación de la cultura afgana y la ley islámica.
Para la exviceministra de Justicia Zakia Adeli, autora de algunos de los libros afectados, “teniendo en cuenta la mentalidad y políticas misóginas de los talibanes, era de esperar que cuando a las mujeres no les está permitido estudiar, sus visiones, ideas y escritos estén igualmente suprimidos”.
La BBC revela que estas nuevas prohibiciones se aprobaron a finales de agosto Este mismo medio señala que, en una carta a las universidades, el vicedirector académico del Ministerio de Educación Superior del Gobierno talibán, Ziaur Rahman Aryubi, aseguró que la decisión la tomó un panel de “académicos y expertos religiosos”.
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CUANDO EL RITMO ENTRA POR EL OÍDO
Elspeth Gormley / España
Lo que entra por el oído, también llega al corazón. Y cuando la música degrada, el silencio se vuelve cómplice. No todo vale.
Hay letras que no solo entretienen, sino que perpetúan estigmas, reproducen violencias y consolidan jerarquías. Cada verso tiene peso, cada ritmo tiene intención. Y aunque la música nos haga mover el cuerpo, no siempre eleva el alma.
El “perreo”, nacido en Puerto Rico como parte del universo sonoro del reguetón, es primo hermano de otros ritmos urbanos que hoy dominan las pistas. Su origen está marcado por la mezcla de culturas, por la resistencia, por la calle. Pero en su evolución, muchas veces se ha desviado hacia narrativas que glorifican la humillación, el consumo sin conciencia y la masculinidad tóxica.
La diferencia sociocultural se siente en cada compás: mientras unos bailan por placer, otros sobreviven entre escombros, entre ausencias, entre luchas que no caben en una canción de moda. ¿Podemos seguir celebrando ritmos que glorifican la violencia simbólica, mientras en otros rincones del mundo se pelea por la dignidad más básica?
La música puede ser fuego —que quema, que arrasa, que anestesia— pero también faro: que guía, que despierta, que transforma. Hoy más que nunca, necesitamos letras que defiendan la dignidad —en la pista de baile, en las calles, en los territorios donde la vida se juega cada día, sin aplausos ni focos.
Porque esto es lo que escuchan miles de jóvenes y adolescentes cada día. Y cuando el mensaje se repite sin filtro, sin contexto, sin crítica, se convierte en creencia. Les hace pensar que las mujeres son solo cuerpos disponibles, que el sexo es lo mejor —lo único— que pueden ofrecer o desear. Y así, la música deja de ser arte para convertirse en espejo distorsionado de una sociedad que aún no ha aprendido a mirar con respeto.
Porque cuando la palabra se convierte en acción, la indiferencia pierde fuerza. Y cuando el arte se alía con la conciencia, el ruido se convierte en mensaje. Que la música no solo nos haga vibrar, sino también pensar. Que no solo nos entretenga, sino que nos interpele.
Porque hay melodías que pueden abrir caminos, y versos que pueden sembrar esperanza. Que el sonido no nos adormezca, sino que nos despierte. Que el ritmo no nos arrastre, sino que nos eleve.
Y que nunca olvidemos: lo que se baila sin pensar, se termina creyendo sin querer. Porque el cuerpo no distingue entre ritmo y mensaje, pero el alma sí.”
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EL PAPEL DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN EL FUTURO
Mikel Ramírez / París
La Universidad Europea lanza el cuarto informe de su Observatorio de Inteligencia Artificial en Educación Superior e incorpora esta tecnología como herramienta clave en la formación de su alumnado, tanto como apoyo como protagonista de diversos proyectos
Que la Inteligencia Artificial está cambiando nuestro mundo es ya un hecho. Esta tecnología está abriendo nuevas puertas, cambiando la visión de muchas tareas habituales en el mundo laboral y generando nuevas expectativas laborales. Su influencia alcanza múltiples ámbitos de la vida diaria, entre ellos el de la educación. Incorporar esta herramienta al proceso formativo de una manera reglada que evite su mal uso, al mismo tiempo que se reconoce su capacidad para ampliar los horizontes profesionales, es una de las prioridades de la Universidad Europea, que recientemente ha publicado el cuarto informe de su Observatorio de Inteligencia Artificial en Educación Superior, Inteligencia Artificial: Perspectivas y desafíos desde la visión del estudiante.
En este estudio, se analiza cómo la Inteligencia Artificial propicia una formación educativa más enfocada a la actividad profesional futura, haciéndola más interdisciplinar y personalizada, y el papel que los docentes deben adoptar en este nuevo escenario. “La IA es el mayor reto tecnológico al que se ha enfrentado la educación superior”, explica el decano de la Escuela STEAM de la Universidad Europea, Alberto Sols. “Otras revoluciones han tardado mucho más en llegar a todo el mundo, pero esta alcanza a mucha más gente en mucho menos tiempo”.
El informe recoge percepciones, expectativas, oportunidades, inquietudes y preocupaciones de estudiantes universitarios sobre la incorporación de la IA en sus estudios y en su futura profesión. Así, el papel del profesorado es clave en la formación relacionada con la IA. “Los docentes no solo deben integrar la IA en su labor docente y comprender cómo funciona, sino que deben ejercer una labor más humana, de coaching y acompañamiento”, apunta Sols. “Tienen que ser capaces de transmitir ciertas experiencias personales que tanto enriquecen profesionalmente a los estudiantes”.
La IA como impulsor de la información
Desde 2023, la Universidad Europea ha tomado un papel activo en la búsqueda y análisis de la IA como herramienta para la educación superior. Para ello creó un comité, dirigido por el CEO de la compañía, Manu Patiño, para desarrollar e implementar soluciones basadas en esta tecnología que pudieran impulsar la formación de su alumnado. Este comité analiza las posibilidades de innovación, la mejora en procesos y optimización de recursos, el papel que juega en la toma de decisiones y la ventaja en la competitividad que puede derivar de la utilización de la IA en el proceso educativo. Su objetivo es que el conocimiento y el acceso a la IA estén a disposición de alumnos y docentes de todas las disciplinas de la universidad.
Dentro de esta iniciativa, la Universidad Europea ha implementado una veintena de soluciones basadas en la IA, tanto con desarrollos propios como en colaboración con distintas compañías, destinadas a mejorar y facilitar la formación educativa. Entre ellas se encuentran herramientas de traducción, para automatizar procesos y salvar las barreras idiomáticas, asistentes de conversación que ayuden a profesores y alumnos, herramientas para búsqueda de información en la web de la universidad o un asistente académico, llamado SOFIA con conocimientos específicos para acompañar a los alumnos en su proceso académico. De la misma manera, en las guías de aprendizaje de las titulaciones de la Escuela STEAM del curso 2025/26 se incorporará un código de nivel de uso permitido en IA en documentos y pruebas evaluables.
Otras aplicaciones de la IA que está poniendo en marcha la Universidad Europea están orientadas al campo del marketing, con herramientas que monitorizan la actividad de posibles empresas competidoras, soluciones para el análisis de objetivos o para detectar información o patrones en encuestas.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 09:59:042025-09-22 13:08:01ARTÍCULOS SEPTIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“A veces lo más actual no es lo que pasa en el mundo, sino lo que pasa en el alma.”.
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Colaboran en esta Sección:
Magis Balsells Palau – España
Luz Fontana – Italia
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Ángel medina – España
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VIEJO ROBLE
Magí Balsells Palau / España
Por una suave brisa en este día caluroso, ha llegado hasta mí una bella estampa de estos humildes y simpáticos seres: las mariposas.
Soy un árbol con muchos años, lo que me ha permitido disfrutar durante décadas de la hermosura de estos frágiles y hermosos insectos.
Hoy recuerdo con cariño mi brote desde la madre tierra. Apenas aparecí, ya vinieron a saludarme, posándose en mis incipientes ramas, que se doblegaban aún por su escaso peso.
Siempre han anidado entre mis ramas, y las hojas han sido sus hermanas: las han alimentado y protegido de los enemigos naturales y de las inclemencias del tiempo.
Algunas, incluso, se han refugiado en mi resquebrajada corteza, marcada por los fenómenos de la naturaleza, dando una sensación de colorido muy especial.
Cuando elevan el vuelo, es como si el arco iris se aposentara en todos los rincones. Es una visión hermosa que muchos poetas han querido pintar, pero nunca han logrado capturar la belleza que ellas impregnan en el espacio.
No puedo soñar como tú, querida mariposa, ya que no es una de mis condiciones. Tampoco puedo volar, pues no tengo alas. Pero sí puedo disfrutar de la alegría de tu presencia.
Cuando se elevan al cielo, se produce una explosión de colores. Y cuando vuelven, es para darme a conocer bellezas que sus ojos han visto.
Cuando aparecen los primeros fríos, se marchan. Ha finalizado su vida. Dejan a sus queridas hermanas, las hojas, que también mustias van perdiendo su color. Ellas también abandonan las ramas, como si quisieran acompañarlas en su último viaje.
Pero para mi deleite, sé que siempre volveré a disfrutar de su hermosa compañía en primavera.
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CRÓNICA DESDE EL ANDÉN
Luz Fontana / Italia
Hoy vi a una mujer llorar en el andén. No era un llanto escandaloso, ni siquiera audible. Era ese tipo de llanto que se queda en los ojos, como si no quisiera molestar. Tenía una bolsa de tela, un abrigo que ya no abriga, y una mirada que parecía buscar algo más allá del tren.
La gente pasaba a su lado como si no existiera. Algunos con prisa, otros con auriculares, otros simplemente con la costumbre de no mirar. Y yo, que tampoco suelo mirar, me detuve.
No por heroísmo. Por humanidad.
Le pregunté si necesitaba algo. Me dijo que no. Que solo estaba esperando. No supe si hablaba del tren o de otra cosa.
Me senté cerca, sin invadir. A veces el silencio es el mejor gesto. Y mientras el tren llegaba, pensé en cuántos andenes hay en el mundo donde alguien espera algo que no siempre llega.
Un abrazo. Una llamada. Una respuesta. Una tregua.
Vivimos tiempos donde todo corre, pero nadie se detiene. Donde la información nos inunda, pero la empatía se evapora. Y sin embargo, ahí estaba ella. Y ahí estaba yo. Dos desconocidas compartiendo un instante que no saldrá en ningún titular.
El tren se fue. Ella también. Yo me quedé con la certeza de que, a veces, lo más actual no es lo que pasa en el mundo, sino lo que pasa en el alma.
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CRÓNICA DE UN VIAJE DESDE XANTHI A LAS ISLAS GRIEGAS
Elspeth Gormley / España
Llegamos a Xanthi desde Turquía, un 28 de octubre que parecía sacado de una novela de espionaje. La lluvia caía con fuerza, como si el cielo quisiera borrar algo. Las calles estaban llenas de militares, algunos con carros de combate. No sabíamos qué estaba ocurriendo. ¿Un golpe militar? ¿Una revuelta? ¿Habíamos cruzado una frontera en el momento equivocado?
El corazón latía rápido. Nadie hablaba. Solo mirábamos por la ventanilla, buscando señales, respuestas. Y entonces, al llegar al hotel, todo cambió. Sonrisas. Música. Gente celebrando. Era el Día del Oxi, la fiesta nacional griega. La tensión se disolvió en abrazos. Y así, entre confusión y ternura, comenzó nuestro viaje por el norte de Grecia.
Xanthi nos recibió con encanto discreto. Una ciudad universitaria donde los jóvenes se acercaban al hotel al ver matrículas españolas, buscando conversación, recuerdos compartidos. Aprendí la carta en griego —ena kotopulo, ena krasi, ena potiri nero— y con esas palabras tejí puentes. Descubrí que nuestras lenguas se abrazan en sus raíces, como si el Mediterráneo supiera que todos venimos del mismo mar.
Las carreteras serpenteaban entre montañas y pueblos escondidos. Y en cada curva, pequeñas capillas al borde del camino, como suspiros sagrados. Dentro, iconos bizantinos, velas encendidas, flores secas. No eran monumentos: eran gestos. Como si cada tramo del viaje mereciera una oración.
En Xanthi, la diversidad se hacía visible. Muchas mujeres turcas caminaban con sus velos, con paso firme y mirada serena. Al principio, lo confieso, pensé que eran religiosas. Me imaginé conventos, votos de silencio, alguna historia mística. Pero no. Eran pomacas, una comunidad musulmana con raíces profundas en la región. Y allí, entre culturas que conviven, entendí que Grecia no es solo ruinas y mitología: es mezcla, es respeto, es historia viva.
Un día nos llevaron hasta Panfhoro, un pueblecito en la frontera grecoturca. Nos dijeron que allí vivía un anciano muy especial. Yo pensaba que era una broma. Imaginaba un personaje pintoresco, quizás alguien que contaba historias para entretener a los turistas.
Pero al llegar… El hombre parecía tener doscientos años. Delgado, con una barba larguísima, rodeado de cabras, sentado bajo un árbol como si fuera parte del paisaje. No hablaba. Solo miraba. Y cuando nos sentamos frente a él, abrió el Corán, empezó a pasar sus páginas lentamente… Y comenzó a hablar.
Uno de mis amigos se atrevió a decir su nombre. El anciano, sin dudar, empezó a contarle todo lo que le había sucedido. Y lo peor —o lo mejor— es que era cierto. Cada detalle. Cada momento. Nos quedamos helados.
La risa se apagó. La curiosidad se volvió respeto. Y nadie más quiso preguntar nada.
Fue como estar frente a un oráculo, pero sin espectáculo. Solo verdad. Solo silencio. Solo ese hombre, que parecía saber más de nosotros que nosotros mismos.
De Panfhoro partimos hacia Kavala, y luego Salónica. Kavala nos mostró una Grecia más urbana, pero no menos mágica. Sus calles olían a café recién hecho y a historia sin fecha. Allí, cada balcón parecía guardar un secreto, y cada piedra tenía algo que contar.
Salónica me hechizó. Sus playas por la noche tenían algo de Zorba bailando sirtaki bajo la luna. Visitamos la Torre Blanca, caminamos por el puerto, y sentí que la historia no era solo pasado, sino presente que respira. El puerto, herido en guerras, se ha reinventado como parque cultural, con galerías, museos y bares que parecen susurrar secretos antiguos.
Y entonces, el ferry. El mar abierto. Las islas.
woooo qué maravilla. Cada una con su alma distinta, con sus casas blancas, sus gatos dormidos, sus callejuelas que huelen a sal y a tiempo detenido. Allí entendí que el viaje no era solo geografía: era transformación. Era Grecia, sí… pero también era yo, distinta, más ligera, más viva.
Caminamos por la ágora como quien camina por dentro de un poema antiguo. Las piedras hablaban, los pasos resonaban, y el tiempo parecía detenerse. Allí probé el yogur griego, espeso, fresco, con ese sabor que no necesita azúcar para ser dulce. Y el souvlaki —sí, así lo llaman ellos—, envuelto en pan caliente, con carne que parecía recién cantada por el fuego.
Y si alguna vez me preguntan qué aprendí en Grecia, no hablaré de ruinas ni de mapas. Diré que aprendí a mirar con el alma, a escuchar sin prisa, …a saborear la vida como se saborea un sorbo de vino frente al mar: despacio, con gratitud, y con los ojos cerrados.”
Porque hay lugares que no se visitan: se sienten. Y hay viajes que no terminan cuando regresas, sino cuando el alma decide que ya ha aprendido lo que tenía que aprender.”
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SOBRE EL QUIJOTE
Jaime Hoyos Forero/ Colombia
Don Quijote murió una tarde en el capítulo 74 de la segunda parte de la obra. Pero el gran triunfo de Cervantes, Dios de la novela, fue el haber logrado la resurrección de don Quijote en nuestros corazones y a través de todos los siglos.
Algunas cosas que os voy a decir, queridos tertulianos, os van a parecer serias y bien razonadas: esas no son mías; las entresaqué de algunos libros que se han escrito sobre Cervantes y el Quijote; las más de ellas, escritas sabiamente por don Alberto Gerchunoff, cervantista argentino insigne, que incluso, os recomiendo.
Otras cosas que os voy a decir, van a pareceros una locura: esas no las copié de nadie, sino que las saqué de mi cabeza y si son una locura será tal vez porque me he ido dejando contagiar de don Quijote, que con el correr del tiempo se ha ido haciendo mi amigo. Y aunque yo, como Sancho, le digo por ejemplo al ver a las mujeres -mira, señor, que no son más que mujeres aunque ya casi nunca usan falda, él me replica diciendo: bien te he dicho, Jaime amigo, y te lo seguiré diciendo…que no son mujeres sino ángeles y por eso hay que amarlas a todas y ese amor es ante todo un ejercicio del alma.
Como veis, queridos tertulianos, las palabras anteriores no están en el Quijote. Me las ha dicho él, al oído, porque don Quijote -para quienes lo amamos- vive en este y en todos los siglos y nos acompaña siempre -igual que el ángel de la guarda- y nos habla en el bus, en la calle, en el silencio de la noche o en el tumulto de la urbe. No os extrañéis, pues, cuando me veáis a solas, moviendo los labios…Es que estoy, seguramente, dialogando con don Quijote; y si veis que levanto la vista es, simplemente, porque mi invisible amigo va cabalgando a Rocinante.
Os invito, queridos tertulianos, y esto no lo hago por mí, sino cumpliendo una orden secreta de don Quijote, a que a partir de hoy os contagiéis de su locura: veréis cómo al salir de aquí, os sentiréis, y espero que para siempre, acompañados de mi señor don Quijote y seréis felices enmendando entuertos y exigiendo justicia sin que os importe tropezar y caer entre las aspas de los molinos. Entonces sentiréis que don Quijote acudirá en vuestro auxilio y sabréis que él no ha muerto, que no es un libro solamente, una novela, sino un hombre vivo, un padre, un loco y un amigo.
Y ahora os voy a escandalizar:
No creo, como dicen muchos críticos, que don Miguel quiso acabar -como efectivamente sucedió- con las narraciones de caballería. Ningún caballerito andante podía ser, claro que no, digno de estar encarnado en don Quijote. Personaje de novela tan grande, tan magnánimo, tan entregado por nosotros, hasta los azotes, tan noble y extraordinario, tan divinamente loco y único como don Quijote, solo ha tenido un par en la vida real. ¿Ya lo adivinasteis? Desde luego: Nuestro Señor Jesucristo.
.No me vais a reprochar por mi herejía, tertulianos, que ya por ella pedí perdón a Jesús y él, benévolamente, me ha perdonado, y al guiñarme un ojo detrás de las nubes, me ha dado a entender que, efectivamente, don Quijote es su par, su émulo en la vida irreal de la novela.
Hay un capítulo en particular que siempre he creído que Cervantes lo tomó de una escena de Jesús terriblemente trágica y desgarradora: Jesús despreciado por el pueblo, calumniado por el pueblo, pero sobre todo, convertido en el escarnio, en la burla grosera, en el hazmerreír de la baja soldadesca; le ponen un trapo a manera de manto real y entre grandes carcajadas se hincan ante Jesús. Y le ponen un cetro de caña y le encajan una corona de espinas en su divina cabeza; pero lo que más tuvo que herir el alma de Jesús, fueron las burlas y las risotadas de la canalla…
Y en la novela, tenemos a don Quijote burlado, enjabonado grotescamente por las criadas por orden de la duquesa, sumiso, humilde y humillado, vilipendiado, reído y mofado. Uno casi no se explica cómo don Miguel de Cervantes escribió tan dolorosa escena,
que cada vez que la leemos se nos humedecen los ojos y se nos atenaza de dolor y rabia la garganta.
Don Quijote todo lo soporta por el bien de los desposeídos, de los desarrapados, de los menesterosos, pero sobre todo porque sabe, como Jesús en la vida real -guardadas desde luego todas las proporciones- que su utopía, que su aparente locura, terminarán por cambiar al mundo, por redimir a los hombres, por darnos un cielo pleno de igualdad para todos, de libertad y de amor.
A veces, en los centenares de mártires de la Iglesia de hoy, en Papúa Occidental, en Siria, en China, y en monjas de indiscutible entrega como la de Calcuta y en algunos docentes, veo la figura flaca y seria de don Quijote. Como él, son los locos de hoy. Pocos creen en sus enseñanzas. Pocos creen en sus recomendaciones y advertencias. Se burlan de su fe, usan los medios de comunicación para mofarse y zaherirlos. Son objeto de desprecio y se refieren a ellos como a unos pobres chiflados, ajenos a la realidad.
Pero esos pobres locos chiflados, al igual que don Quijote, aguantan estoicamente las burlas y el escarnio y seguirán, como apóstoles íntegros, combatiendo contra los molinos, contra los carneros, contra la irreligiosidad, contra el desmedro de las costumbres, contra los falsos profetas, contra la esclavitud de las riquezas, contra los que olvidan olímpicamente a los desamparados de la fortuna, necesitados no de limosna sino de trabajo.
Los locos de hoy, al igual que don Quijote, conocen su locura, pero como dice Gerchunoff, no la curan porque saben que es bella y siguen combatientes y altivos en la esperanza de un mejor mañana.
La novela de Cervantes no es una comedia de aventuras, ¡es una tragedia! La tragedia de los locos sublimes de todas las razas y de todos los tiempos.
Pero ahora, tertulianos, perdonad… Entra aquí, vedla corriendo y brincando, Claudia, mi sobrina nieta de 12 años…
-Chica: cómo te atreves a interrumpirme; ¿No ves que estoy haciendo una seria disertación sobre don Quijote?
-Tío abuelo: precisamente yo quiero que les digas a tus contertulios, que estoy muy sentida con el papa Juan Pablo II.
-¿Qué tiene que ver, chica, el venerable pontífice fallecido, contigo y con don Quijote?
-Estoy sentidísima, tío abuelo, porque el papa hizo santas a muchas personas, y no hizo santo a don Quijote. ¡Eso es injusto!
-Pero Claudia, el papa no podía canonizarlo porque don Quijote no es humano.
-¡Claro que sí es humano, tío abuelo! Es más humano que tú. El sí me dejaría meter el pan entre el chocolate. Él dejaba comer, sin problemas, a Sancho.
-Claudia: cuando yo digo que don Quijote no era humano, quiero decir que…que no fue un homo sapiens.
-¿Qué?
-Bueno. Quiero decir que.. que no nació como tú o como yo, de una mamá. Nació de una novela. No lo podían canonizar.
-Pero yo digo que de todos modos, tío abuelo, don Quijote fue un “bacano”.
-De acuerdo, Claudia. Pero no digas esa palabra; castiza pero no muy culta.
-Entonces, tío abuelo, don Quijote fue un “duro”.
-Sí, Claudia, pero “duro”…
-Entonces fue un “verra…”
-¡Claudia!…Por favor, sal de aquí, chiquilla grosera, que estoy haciendo una disertación seria sobre don Quijote. Esta noche hablaremos en casa… ¿de acuerdo?
Ah, qué niña. Pero yo creo, queridos tertulianos, que en el fondo, mi sobrina nieta tiene toda la razón. Don Quijote, como los santos, merece nuestra profunda veneración.. Ya Rubén Darío le compuso unas bellas letanías.
Si hubiera sido humano -y sí que lo fue como dijo Claudia- sería fantástico que pudiéramos colocar su imagen en los altares, completando un hermoso trío de santos:
San Francisco de Asís,
San Pablo de Tarso,
San Quijote de la Mancha.
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¿AMA USTED A SU ESPOSA?
Ángel Medina / España
Esta clase de situaciones no suelen ser frecuentes. Por si acaso, no haga usted la prueba, porque ni siquiera el Gran Juzgador de todo el Oriente en la época de su esplendor salomónico se halló ante semejante dilema.
Noelia era una mujer hermosa y pizpireta. La beldad estaba casada con un sastre. Un día tuvo su marido que hacer un viaje en avión, que acabó estrellándose. La mujer se sintió desolada, mas como la vida debe seguir― ciertamente no tenía vocación monjil― volvió a contraer nupcias con unmúsico que tocaba el saxo en un crucero. Vinieron tiempos felices, pero al cabo el buque naufragó en medio de una tormenta. La mujer lloraba a los consortes perdidos, pero las lágrimas de aquel copioso río cesaron y se secó el cauce.
A fin de distraer su confusa mente decidió hacer un viaje a la tierra de los faraones, donde entabló amistad con un arqueólogo, que acabó desposándola. Meses más tarde recibió una llamada del consulado en la que le comunicaron que había quedado sepultado durante unas excavaciones. Triste es la vida, y la dulce Noelia mitigó su dolor en la persona de un alpinista que le fue presentado por una amiga. Corriendo el calendario, acabaron suscribiendo el acta de matrimonio. Pero, ¡ay!, ¿Por qué a veces es tan persistente el destino y se ceba con las criaturas? Un mal día, su cónyuge acabó despeñándose durante una ventisca, sin que consiguieran encontrar su cuerpo. Al paso del tiempohalló en su vida a un apuesto galán otoñal, quien, bromeando, la piropeó diciendo: ¿le gustaría convertirse en mi viuda? ¡Santo cielo! ¡Para qué nombrarlo! Transcurridas unas semanas se convertía en su flamante mujercita. El caballero en cuestión era de profesión bombero. Un día, se desató una lluvia torrencial y se desbordó el río, desapareciendo él en la riada.
La belleza tenía su mesita de estar convertida en un retablo, sustituyendo las fotos de santos las de sus cinco “ex”, escapando de sus labios una sentida jaculatoria al contemplar su desdicha ¡Ay, Señor, ¿qué habré hecho para merecer todo esto? ¡Porque, ya era mala suerte!
Cinco bodas y ningún marido. Desencantada, pues, se propuso no volver a probar suerte en el amor, manteniendo como única compañía la de un caniche.
Pasó el tiempo y recibió cinco cartas. La grafía de cada sobre le resultaba conocida, sintiendo resquemor en abrir las misivas. ¡No era posible! Aunque, no siéndolo… ¿cómo tenía en sus manos las cartas? Y como los muertos no están facultados para escribir, decidió abrirlas sin dilación. Las cinco tenían un contenido parecido. Decían algo así: “Sobreviví al accidente. Estoy recuperado y vuelvo a casa. Te amo más que nunca”.
La situación resultaba ser esperpéntica. Todos esperaban encontrar a su mujercita desconsolada y se encontraron con que no eran cónyuges sino de una quinta parte.
El primero le dijo que el avión consiguió amerizar en medio del mar, siendo él el único superviviente, manteniéndose encaramado en el fuselaje hasta que finalmente fue rescatado por unos pescadores. Como consecuencia del golpe sufrió una amnesia profunda.
El segundo arrió un bote y viajó a la deriva, padeciendo sed y hambre hasta que las corrientes le llevaron a una isla. Allí se alimentó de la pesca y bebió agua de un río, en tanto que fue rescatado por un mercante.
El tercero se vio obligado a compartir la experiencia del mundo de los muertos, rodeado de criptas funerarias. Al cabo de unos días creyó volverse loco, siendo escuchado sus gritos por unos turistas japoneses, no recordando lo que le había pasado, debiendo permanecer largo tiempo en el hospital antes de recuperarse.
El cuarto, al despeñarse tuvo la fortuna de ver amortiguada la caída por unos arbustos, quebrándosele los huesos. La soledad y el frío terminaron por trastornar su intelecto. Finalmente fue encontrado e ingresado en un sanatorio, hasta que pudo recuperar su salud física y mental.
La salvación del quinto no fue menos portentosa. El torrente lo arrastró hasta una playa lejana convertida en vertedero. Cuando abrió los ojos no recordaba qué había sucedido y comenzó a vagar sin saber ni dónde estaba ni a quién acudir.
Todo resultaba increíble, pero cierto. Más, la buena de Noelia hízose la pregunta: Y ahora, ¿qué? Todos eran sus legítimos maridos y se imponía poner en orden la situación que se había creado. Y esto sólo podía hacerlo la Justicia.
El provecto del juez hubo de reconocer que nunca jamás había tenido que dirimir un caso semejante. Legislado no había nada, y saber de alguna jurisprudencia, por lejana que fuese, se le antojaba dificultoso. ¿Dónde podría posar su pensamiento para guiar sabiamente la decisión a tomar? Desconcertado, pero sabiendo que tenía la obligación de dar solución a la coyuntura, resolvió así:
―Voy a hacer unas propuestas antes de dictar sentencia alguna, pues entiendo que la mejor solución sería la avenencia consentida entre las partes. Por equidad, puesto que todos son maridos legales de esta mujer, propongo que puedan vivir en común. Esto es, en situación de poligamia. Pasado un año se celebrará una nueva vista, por si hubiese de ser corregida esta primera.
Noelia, que era muy fogosa se sintió al principio adulada. Pero calculó mal, porque aquel ritmo frenético que le venía impuesto acabó desbordándola. El cansancio se reflejaba en su rostro, debiendo rechazar a unos y aceptar a otros según le apetecía, todo lo cual suscitó la rencilla entre los varones, por lo que recurrió al Juez en busca de mejor solución para todos.
La segunda recomendación no fue menos pintoresca.
―Cada cónyuge pasará con su esposa dos meses al año, de modo que ella podrá relajarse y cada uno de ustedes hacer uso del matrimonio sin tener que competir con los otros.
Pero el tiempo es buen o mal consejero, pues trae la reflexión. Y conforme pasaban las semanas, la mujer comenzó a sentirse como concubina o hurí de un harem. Visto lo cual, el Magistrado propuso una tercera alternativa. Algo peculiar, pues se debía de echar a suerte quien ocuparía el lugar como marido. Y la bella empezó a perder el sentido de la autoestima, considerándose como un osito de feria que corresponde a un premio de azar.
El pleito desbordaba los conocimientos del Juez. Por eso, solicitó un receso a fin de consultar todos los libros de leyes de que disponía. Aunque, en vano. En ninguno se ofrecía solución para dirimir lo que se le había encomendado. Repensándolo, una lucecita vino a encenderse en su leguyesca testa. Se divorciaría de todos e indemnizaría a cada uno. Resolución también vana, pues la mujer era de humilde condición y no tenía capital alguno, salvo el de su belleza. ¿Qué hacer? ― repensaba el togado― De tanto exprimir la mollera, comenzó a fraguar una genial idea. ¿Por qué no recurrir a “él”? Nada perdía por intentarlo, porque el caso no podía ser cerrado en falso y alguna salida habría de darle. Y meditando, imaginando la escena del rey sabio con el niño en sus brazos y las mujeres asustadas al escucharle decir que lo dividiría en dos mitades, una para cada una de ellas, se dispuso a dictar el fallo.
―Puesto que he de dar por sentado que todos y cada uno de los maridos aman a Noelia, habrán de estar dispuestos a una prueba total del amor profesado. ¿Y qué mayor abnegación que la de entregar la vida por la persona a la que se ama? Así, pues, esta es mi sentencia definitiva: aquí tienen cinco copas para beberlas. Sólo una no tiene cianuro. El que viva se constituirá en el marido legal. ¡A fin de cuentas, todos ustedes estaban muertos!
Al conjuro de sus palabras la sorpresa se dibujó en el rostro de los cinco maridos. Ciertamente, ninguno podía esperar un veredicto de tal calibre. Y cabizbajos, comenzaron a desfilar ante el estrado. Sólo uno permaneció allí. Era el sastre, su primer esposo, que había decidido arriesgar su vida con tal de ganar su amor. Y al punto, entendió ella quién la amaba de verdad, proclamándose el renacido matrimonio. Y es que el amor es el único capaz de afrontar los miedos que todos llevamos dentro.
La sala se había vaciado. Cuando todos salieron, habiendo quedado sólo el juez, vertió la bebida de todas las copas en un vaso, ingirió el líquido para calmar su sed y abandonó el estrado sonriente, satisfecho por su sentencia, en tanto ronroneaba en su cabeza que, cuando algún día le contase esta historia a su nieto, a buen seguro que le escucharía decir: “Abuelo, no me cuentes más batallitas”. Salomón había hecho justicia.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 09:58:102025-09-22 10:01:41CRÓNICAS – SEPTIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“Aquí no se cuentan historias: se revelan memorias, ficciones y verdades que nos atraviesan… porque donde termina el silencio, comienza el relato.”
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Colaboran en esta Sección:
Magí Balsells Palau – España
Libia B. Carciofetti – Argentina
Carlos Horacio González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Marga Mangione – Argentina
Andrea Morini – Argentina
Gustavo Páez Escobar – Colombia
Carlos F. Pérez de Villarreal – Argentina
Walter H. Rotela – Uruguay
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MI PINO MI AMIGO
Magí Balsells Palau / España
Éramos ocho amigos que, en su momento, compramos unas parcelas en un lugar costero con poca vegetación y menos arbolado. Eso despertó en nosotros el deseo de tener algunas plantas y un árbol que, al crecer, nos ofreciera una agradable sombra.
Decidimos que cada uno plantaría un árbol, todos de la misma especie. El problema fue que muchas de las variedades que intentamos no se arraigaban bien en el terreno, hasta que dimos con la más simple y resistente: el pino piñonero, muy extendido en las costas. Necesitaba poco cuidado y se adaptaba perfectamente a superficies rocosas o areniscas.
Cuando vimos que sus raíces se habían hecho fuertes y empezaban a crecer con rapidez, uno de los amigos propuso algo insólito, y en cierta forma, macabro: Que al fallecer alguno de nosotros, se cortara su árbol y con su madera se le hiciera un ataúd. Así, el árbol podría acompañarlo eternamente, como símbolo del cariño que siempre se le había dado.
Como era de esperar, hubo discrepancias. Pero, siendo democráticos, se sometió a votación secreta. Todos aceptamos cumplir el resultado, y la propuesta fue aprobada.
Pasaron los años. Los árboles crecieron fuertes y sanos, cuidados con esmero. Hoy se cumplen cincuenta años de aquella plantación, y he querido celebrarlo. Pero no tengo con quién. De mis amigos, ninguno queda. Todos se marcharon con la compañía de su árbol. Sus parcelas están solitarias. No hay ningún árbol, solo los mojones que indican que alguna vez estuvieron allí.
Me equivoqué al decir que no tenía con quién celebrarlo. Sí lo tengo: mi árbol, mi amigo fiel. No quiero que te corten, ni que tu madera envuelva mi cuerpo. Quiero que vivas muchos años más. Nadie recordará la promesa que hicimos los ocho amigos. Nadie puede reclamarme nada.
Por eso, quiero ser enterrado a tus pies. Así podré disfrutar de tu compañía viva, y tú podrás abrazarme con tus raíces, guardando mi sueño eterno.
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NO ME RECONOCIÓ ( PADECE LA ENFERMEDAD DEL OLVIDO )
Libia B. Carciofetti / Argentina
La tristeza a veces viene envuelta en papel desteñido, opaco como esos cielos que presagian tormenta.
Hoy me estrené un sweater color otoño, que hacían juego con mis zapatos y cartera. Fui temprano a la peluquería, me hice reflejos, manicura y dejé que me dieran unos toques «maestros » en el rostro. La verdad que me gustó el cambio… ¡Parecía otra!
Siempre salgo a las corridas de casa a la oficina, y a veces salvo en raras ocasiones me maquillo. En uno de los correos que me enviaron en la semana de la amistad, y gracias a la mala costumbre que tienen algunos usuarios dejando expuestas las direcciones, leí el nombre de tu hermana «Leticia Brown» … ¿Será otra persona?
Seleccioné la dire y le envié un correo, ya nos conocíamos de la secundaria, solo que cuando ella se recibió yo cursaba 2º año.
Lo primero que hice fue preguntarle por ti, que si bien no eran hermanos de padre y madre tenían una muy buena relación. Dany le debe llevar 20 años y hace 20 años tenía una pinta de aquellas… Cuando lo veía por los pasillos me quedaba embobada! ¡Esas canitas! ¡Esas canitas! Esa corbata haciendo juego con la camisa ensamblado con este traje oscuro, me volvían loca.
Creo que desde que lo conocí comenzó a gustarme geografía… Solo que creo que a el no le caía muy simpática porque siempre me bochaba.
Mis compañeras me decían ¡Este tipo está remetido con vos! ¿No ves como te mira y se hace el distraído? Creo que usa la estrategia de encontrarte errores para engancharte…
Y nuevamente mi conteo con los dedos daban el mismo resultado… 18 a 44… ¡Nena! te lleva 26 años! Puede ser tu papá.
Lo mismo soñaba y suspiraba por el, aunque reconocía que mis sueños quedarían en eso nada más. Hasta que un trágico día, nos enteramos que en el laboratorio de fotografías suyo pero que atendía su madre se inició un incendio y explotó una lata de un líquido que usaban para los revelados.
El, aparentemente no tenía lesiones expuestas, pero si su madre sufrió quemaduras de 3º grado que le produjeron la muerte.
Solo supimos que el había perdido la audión de un oído y parte del otro que lo inhabilitaba para dar sus clases.
Un episodio que consternó al colegio entero; y de allí en más desapareciste de nuestras vidas… Te había tragado la tierra, te habías mudado con tu hermana, sumido en el dolor. Pero esas vueltas de la vida, y esa imagen que no se me borró jamás de la memoria. Ahora que tu hermana me había contestado y me dio la oportunidad de este reencuentro, te daría la sorpresa…
No le quise preguntar si estabas casado, trabajabas o que era de tu vida…solo quería verte y que me vieras.
Olvidé preguntarle a Leticia que vehículo tenías ahora… De todas maneras te compré un llavero con la letra «D» muy sobrio… Como todo lo que usabas.
Me baje del subte atropellando a medio mundo, era domingo y no tenía porque hacerlo, ya que no viajaba mucha gente.
En Corrientes le compré un ramito de fresias a Leticia y en vez de tomar un taxi, caminé las 8 cuadras tratando de aquietar este corazón que galopaba a lo loco. Me iba mirando en las vidrieras y yo misma me asombraba del brillo que tenían mis ojos. No podía negarlo, tenía una “regresión” de aquellas.
Creo que me voy a morir de parada, pensé…Una lujosa planta de edificios, que me dejó alelada…Si hasta me dio la idea de no subir y escribirle a Leti, que no pude ir. Pero mujer al fin, acostumbrada a tomar decisiones, subí y toqué el timbre. Nos abrazamos con Leti que se alegró de verme, y cuando me estaba por decir algo, apareciste. Esperaba que me dieras un beso de bienvenida, o extendieras tu mano para saludarme, Pero solo te sonreías sin dejar de mirarme…Entonces yo me elevé un poquito y te besé la mejilla. Tu cabello ya se había teñido de gris, usabas lentes, y tenías puesto chinelas.
Aún así me seguías gustando, estabas muy bien afeitado y con olor a rico.
Abrí mi cartera y te ofrecí el regalo que traía, no lo abriste y si lo dejaste sobre la mesa. Leticia nos dio orden de sentarnos que ya traía el te.
No me corriste la silla y te sentaste primero… ¡Te desconocí!
No tengo palabras para expresar lo que siento en estos momentos al contarlo.
Su audición había mermado y solo escucha algo cuando le ponen sus audífonos que no los soportan y descansan en un cajón.
De pronto con voz utilizada por aquellas personas que no escuchan, me pregunta. ¿Quién eres tú? Quise argüir palabra, pero la tristeza me superó y solo pude decir Beatriz tu alumna, quise darte la sorpresa de visitarte para el día del amigo… Se sonrió y siguió tomando su te… ya me saltaban las lágrimas… Yo no te conozco!!!
Maldije al peluquero, maquilladora, manicura, odié mi sweater color otoño…
Yo me había desconocido…pero tanto como para que no me reconozcan ¿???
Nos miramos con Leti, y por sobre el mantel me aprieta la mano en un gesto de ternura. ¿Sabes Beatriz? Dany padece la llamada “Enfermedad del olvido” para decirlo mejor Alzheimer
Desde que nos mudamos hace 8 años lo comencé a notar “distinto” como ausente, en las conversaciones… dejó de salir, se recluyó en su “bunker“ de silencio. Te lo iba a contar para que estés informada, pero justo entraba el…
Podíamos hablar pues no lo mirábamos y él estaba viendo como se ocultaba el sol detrás de los edificios.
Es muy triste vivir con una persona que no tiene incentivo de nada, pero no lo puedo abandonar, pues al morir mamá yo le prometí que viviría conmigo…
Es muy dócil, no es agresivo… ¡Es un niño! Al que amo con todo mi corazón.
¡Gracias por visitarnos! Hazlo cuando desees, me hacen bien las visitas ya que con él casi no hay diálogo… ya lo ves son personas muy especiales.
Cuando vio que me paré para irme, se acercó y me abrazó, impregnándome de su perfume, y siguió sonriéndose…
Prometí volver y lo haré ¡Claro que lo haré! Recuperé al hombre de mis sueños, aunque olvidó sus sentimientos…
El mismo rostro, las mismas manos, los mismos ojos, la misma boca, su misma figura; y traje conmigo algo que no había tenido jamás; su perfume exquisito enredándome, y el recuerdo de su abrazo que aunque él no sabía a quien abrazaba yo se que es Dany quien me abrazó.
¡Mi papi siempre decía! Ustedes las mujeres se conforman con poco y hoy lo entiendo. ¡Si! Me conformo solamente con su presencia y su aroma…
Y mientras me desvisto sigo oliendo mi sweater con perfume a Dany.
La vida a veces nos prepara para dar lecciones aún después de clase, y yo estoy dispuesta a darla… Se que esta vez no me podrá “bochar”… Porque me interesaré por todos los comportamientos que tienen estas personas afectadas de este mal. Lo ayudaré a sobrevivir aunque me pregunte mil veces mi nombre y solo me sonría…
Hasta es posible que lo acompañe al parque tomada de su mano como dos enamorados.
Que DIOS nos ayude a transitar este doloroso y oscuro túnel de silencios…
Le pasó a el, como me pudo suceder a mi…
Esta enfermedad no perdona, por eso es que debemos estar preparados…
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DE POSTRE DURAZNOS
Carlos Horacio González Saavedra / Argentina
Corría el año 1960 y a papá lo ascendieron. Eso significaba una mejora económica sustancial. Pasó de ser casi un pincha papeles a llevar la teneduría de libros. Su jefe, el contador, había sido promovido a la gerencia.
El frigorífico “La Negra” estaba en Avellaneda y era uno de los más modernos de la época. No era fácil progresar en esas empresas, ya que sus dueños ingleses eran sumamente exigentes con sus empleados. Todo debía estar en perfecto orden para enviar los reportes a Inglaterra.
Papá era un genio para eso. Además, mis tíos trabajaban en el correo, en el despacho al exterior, así que las cartas salían y llegaban con una rapidez inusual. Eso les valió varias felicitaciones, tanto al jefe como a papá.
Mamá estaba contenta. Mi hermana y yo sabíamos que algo bueno estaba pasando.
En un almuerzo familiar, mis padres anunciaron que habían invitado al nuevo gerente a comer en casa, como festejo por los ascensos. Debíamos portarnos bien en la mesa: no apoyar los codos, esperar a que mamá sirviera, cruzar las manos y mantenernos a una cuarta de la mesa. Papá se ocupaba de medirlo con su mano durante toda la semana previa.
La casa debía estar impecable ese domingo, y todos colaboramos. Enceramos los pisos, lavamos el patio. Todo relucía. Mi hermana llevaba un vestidito muy bonito, y yo, pantalón corto y camisa al tono. Impecables los cuatro.
El contador Enrique Talent había dicho que tomaría el tren en Constitución a las 11:10 h, y llegaría a las 11:50 h a Rafael Calzada. Papá lo iría a buscar a la estación.
La mesa, con mantel y flores, daba un toque muy cálido a la visita.
Cuando faltaban unos minutos para salir, un grito desesperado de mamá rompió la calma: —¡Carlos, me olvidé el postre! ¿Por qué no compras en el andén de la estación una lata de duraznos al natural, en esa frutería nueva de paredes de chapa amarillas?
Papá, sin mucho que decir, asintió con la cabeza y salió. Era domingo al mediodía, todo estaba cerrado, y no había tiempo para buscar otra cosa.
A las 11:50 h, justo cuando bajaban los pasajeros, entre ellos Talent, lo vimos llegar con un ramo de flores para mamá… y una lata de duraznos en almíbar, comprados en Constitución.
Papá no dijo nada. Se sintió agradecido por los presentes, y hasta sacó unos caramelos del bolsillo para mi hermana y para mí.
Enrique Talent era una persona muy humana, de mirada y apariencia triste. Iluminaba su expresión con una sonrisa y unos encendidos ojos celestes. Algo mayor, soltero, y con muchas ganas de afecto. Papá lo estimaba mucho.
Todo transcurrió con normalidad. Almorzamos muy rico. A los postres, mamá había preparado los duraznos en una fuente de vidrio, listos para servir.
Salió contenta de la cocina, con su mejor sonrisa: —Ay, señor Talent, disculpe usted por los duraznos en almíbar. No tuve tiempo de hacer flan.
Papá replicó: —Tita, los duraznos los trajo Enrique. Los compró en Constitución.
Mamá se quedó muda durante media hora, sin saber cómo salir del momento incómodo. A Enrique le causó gracia. Papá se disculpaba por el desliz. Nosotros, callados, no sabíamos si reír o llorar.
A papá lo volvieron a ascender, promovido por Mr. Talent… a pesar del postre.
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TANA EN ESCOCIA ( DONDE EL PASADO SUSURRA)
Elspeth Gormley / España
Este relato pertenece al libro de mi autoría, El universo de Tana. Nos invita a recorrer la travesía íntima de Tana, una mujer que emprende un viaje hacia Escocia en busca de sus raíces. Lo que comienza como una exploración geográfica se convierte en una experiencia transformadora, donde la memoria, la herencia y la identidad se entrelazan en cada paso. Entre castillos, mares y leyendas, Tana descubre que el pasado no está detrás, sino dentro.
Durante años, Tana había sentido una llamada silenciosa hacia Escocia. No era solo el deseo de viajar, sino una necesidad profunda de pisar la tierra de su padre, de entender esa conexión invisible que la atravesaba. Aunque apenas lo había conocido, intuía que en esas colinas verdes y cielos cambiantes se escondían respuestas que su alma necesitaba.
Con una maleta llena de preguntas y el corazón latiendo fuerte, llegó a Glasgow. El aire fresco, el olor del mar, las piedras antiguas… todo parecía esperarla. Pero su destino no era solo el paisaje: era la casa donde su padre había vivido, en las Highlands.
Cuando Tana llegó, la casa se alzaba entre colinas como un guardián del tiempo. Al cruzar el umbral, sintió que el pasado la abrazaba. Las paredes de piedra, el techo de paja, los retratos antiguos… todo parecía hablarle. En la sala principal, frente a una chimenea apagada, encontró un diario. Era el de su padre.
Las páginas, escritas con tinta desvanecida, le revelaron un mundo íntimo: pensamientos, sueños, miedos, amor por la tierra. Tana leía y sentía que su padre le hablaba desde otro tiempo. Cada palabra era una caricia, cada frase una revelación. Sorpresa, nostalgia, admiración… pero sobre todo, conexión. Por primera vez, lo conocía de verdad.
El diario transformó su mirada. Las Highlands dejaron de ser un paisaje mítico para convertirse en escenario de su historia familiar. Las montañas, los lagos, los valles… todo tenía sentido. Tana entendió que no solo buscaba el pasado: estaba construyendo su futuro.
En una de las últimas páginas, su padre hablaba de una leyenda familiar: la historia de Ewan, un ancestro guerrero que había luchado en las Highlands con una espada forjada en el metal de un meteorito. Se decía que un cuervo blanco aparecía antes de cada victoria, como señal de protección. El castillo de Eilean Donan, según la leyenda, guardaba la espada en sus mazmorras, esperando al descendiente digno que pudiera empuñarla.
Tana visitó el castillo. Lo recorrió con respeto, sintiendo que cada piedra le contaba una historia. No buscaba la espada, sino el eco de su linaje. En las salas silenciosas, creyó escuchar los pasos de Ewan, el susurro del cuervo, el latido de su propia sangre.
Al salir, con el tartán de su padre sobre los hombros y el espíritu de sus ancestros en el corazón, Tana dejó la casa con una certeza nueva: no estaba sola. La tierra la había reconocido. Y ella, por fin, sabía quién era.
La historia de Tana no termina en Escocia. Comienza allí. Porque hay viajes que no se hacen con los pies, sino con el alma. Y hay tierras que no se visitan: se recuerdan, se honran, se habitan desde dentro.
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EL SONIDO DEL SILENCIO
Marga Mangione/ Argentina
No sabía por qué se encontraba en ese lugar, pero sí sabía dónde estaba; era un hospital. Pensaba que era una habitación muy grande, de esas que tienen diez, o doce camas, cinco o seis colocadas de cada lado, debajo de unos enormes ventanales.
Las voces y los ruidos hacían que se mantuviera alerta durante todo el día. Escuchaba conversaciones a su alrededor. A veces, alguno de los visitantes de los enfermos de las otras camas, se acercaba y murmuraba algo. Por lo general, sintiendo lástima por él. ¡Pobre pibe! ¿Todavía no se despertó? ¿Qué le pasó? Y el vecino de al lado contestaba: ¡Qué se yo! Lo trajeron así. Un accidente tal vez…
Las enfermeras que lo higienizaban y le cambiaban el suero, le hablaban, pero él, no les contestaba. No podía hablar, no sabía cómo hacerlo. Tampoco podía abrir los ojos. Nadie lo visitaba nunca. ¿Sería que tal vez su familia no se había enterado que estaba allí? O quizás no tenía familia. Trataba todo el tiempo de recordar qué le había pasado, pero era en vano, no recordaba nada.
Los días pasaban; monótonos, largos, interminables. Los primeros en los que tomó conciencia de que estaba internado en un hospital, los pasó desesperado, escuchando los ruidos, las voces, tratando de abrir los ojos, de gritar sus dudas, sus dolores, su angustia. Pero era inútil. Sentía el roce de las manos acomodando su cama, lavándolo, el murmullo de las voces penetraba en su cerebro enloqueciéndolo. Lo peor eran las noches, cuando todo quedaba en total y absoluto silencio por horas y horas
. Hasta que empezó a reconocer un ruido: era el goteo de una canilla. Pensó que su cama estaba ubicada al lado del baño. Sí, tenía que ser así, porque se acordaba que alguna vez estuvo visitando a alguien internado en el Hospital Fiorito de Avellaneda, y la habitación era de las dimensiones que se imaginaba tenía ésta. Antes de ingresar a esa sala, había un baño que usaban los enfermos que podían levantarse, y los familiares que se quedaban a cuidarlos.
La canilla goteaba exactamente cada segundo, de cada hora, de cada noche. Siempre igual, eternamente igual. Hasta que ese ruido comenzó a hacerse diferente. Prestó atención; ya no eran gotas cayendo monótonas sobre la superficie de una pileta. No, ahora las gotas le hablaban. ¿Se estaría volviendo loco? Comenzó a darse cuenta una madrugada, mientras trataba de sacudir la niebla que cubría sus sentidos aletargados. Lo había despertado la voz de la enfermera nocturna, preguntándole a uno de los enfermos si necesitaba algo.
Supo que todavía era de noche, porque la que hablaba era Lila, y ella se iba a las seis de la mañana. Las que estaban durante el día eran muy eficientes, pero trabajaban casi mecánicamente. En cambio, Lila se tomaba el tiempo necesario para ser cariñosa con todos. A él siempre le hablaba con dulzura, y en esos momentos sentía una pena inmensa por no poder contestarle y agradecerle sus cuidados, pero le encantaba escucharla. Cuando la muchacha se fue, volvió a oír las gotas hablándole. ¿Qué le decían? Escuchó atentamente en medio del silencio casi sepulcral que reinaba en ese lugar y a esa hora.
Ahora oyó claramente: Juan…, Juan…, Juan… ¿Sería ese su nombre…? Pensó que, si las gotas le hablaban, podría preguntarles si sabían quién era, y un montón de cosas más. Pero, ¿Cómo lo haría, si no podía hablar? Entonces las gotas le contestaron: Tranquilo Juan. No necesitas hablar. Nosotras escuchamos tus pensamientos, y te vamos a ayudar… Me llamo Juan, decidió. Y les agradeció mentalmente a las gotas. ¿Qué me pasó? Siguió preguntando con el pensamiento, y las gotas seguían hablando: tac…, tac…, tac… Moto. -escuchó- ¡Yo andaba en la moto! ¡Me habré caído, o tal vez me atropellaron!
¡No puedo recordar! Una lágrima se deslizó desde su ojo a la comisura de sus labios. Las gotas le dijeron: tac…, tac…, tac… Está bien, -les dijo- no voy a llorar, ¡pero ayúdenme por favor…! Y las gotas seguían con su: tac…, tac…, tac… Me llamo Juan. Me caí de la moto. ¡No! ¡Me tiraron de la moto! Estoy vivo, pero no puedo hablar, ni moverme, y me duele todo el cuerpo… ¿Tengo familia? El tac de las gotas le contó que tenía una mamá, una novia y hermanos, pero eso no fue de golpe, pasaron muchas semanas en las que Juan dormía de día y preguntaba de noche. Paulatinamente iba conociendo su historia, pero le faltaba hacer la pregunta más importante: ¿Se salvaría? ¿Volvería a caminar, a hablar? ¿Sabrían su mamá y su novia que estaba allí?
Esa noche preguntaría… El día se le hizo insoportable. Cuando el día acabó, y comenzó a reinar el silencio, buscó el sonido de las gotas y no lo escuchó. Esperó en vano durante muchas horas. Después, en medio de la desesperación oyó la voz de Lila, la enfermera nocturna, que comentaba con el médico de guardia: –
¡Menos mal que arreglaron esa maldita canilla, ya no la aguantaba más!
La penumbra de la habitación no permitió que la enfermera pudiera ver las lágrimas que rodaban por las mejillas de Juan…
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ENOJO
Andrea Morini / Argentina
Hace días que no respondes. Molesto paso por tu casa para verte y, de paso, regañarte por no devolver mis llamados.
No tengo tiempo en la semana para estas cosas, seguro que lo sabes pero, aún así, te comportas como un niño reclamando atención.
Las llaves en la cerradura giran con fuerza, entro a la casa y un silencio ominoso me recibe. Atino a nombrarte, pero mi voz se pierde en los recovecos de las habitaciones.
Extrañado comienzo a recorrerlas, pero no hay anuncios tuyos y comienzo a preocuparme, no sueles salir de la casa desde hace mucho tiempo.
El olor de los ambientes tiene reminiscencias del pasado, me habla de ti, de mí, de tus brazos fuertes llevándome al colegio o a jugar al club.
Esos miembros protectores que contuvieron mi niñez, ahora tan solo tienen fuerza para levantar un vaso y que no caiga al suelo por resbalarse de tus manos inseguras, como ya pasó hace algún tiempo, aunque no dijiste nada, pero las astillas delataron tu secreto que quedó sellado en mi boca.
Sigo avanzando por los recuerdos mientras te busco, «¿dónde te has escondido?» me pregunto, sabiendo que no sé si quiero tener respuesta a ese interrogante.
Me encamino hacia el banco del patio, aquel en el que te gusta sentarte en las tardes cálidas a leer o tomar unos mates… y allí te encuentro rodeado de fotos familiares que me miran desde el mutismo en el que están inmersas, al igual que tú.
Te llamo, pero ya no respondes.
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ESTOS DIAMANTES, CAROLINA
Gustavo Páez Escobar / Colombia
Tal vez por ser la mujer del joyero, Carolina se acostumbró al lujo. A toda suerte de lujos, desde lucir las joyas más ambicionadas por la vanidad femenina hasta cambiar de carro y de residencia con el único motivo de estrenar, o inventarse viajes al exterior para contemporizar con el mundo de derroches y alardes del que no podía prescindir.
–Vengo con el último grito de la moda –le anunció a su marido, y con rápido movimiento sacó de los paquetes todo un almacén de vestidos, zapatillas, perfumes y ropas íntimas.
–Pero si la semana pasada te compraste tres vestidos –exclamó Hugo Mario, entre atónito e idiotizado, y en realidad ignoraba si habían sido tres o media docena
–Y este es el perfume más arrebatador de París (¿te imaginas cuánto me costó?), como para tenerte siempre a mi lado –siguió ella, sin darle lugar a nuevas protestas, mientras la fragancia inundaba la alcoba con poderosas incitaciones.
–¡Fantástico! –fue la exclamación del marido derrotado, y fascinado al mismo tiempo, y en esos momentos era cuando él saboreaba mejor la vida y más se solazaba con el lujo de mujer que le había dado la suerte.
–Y ahora un aire romántico (¿prefieres los Panchos, los Diamantes o María Luisa Landín?), y whisky para que el amor sea más embriagante. ¡Cuánto te quiero! No dejes nunca de ser apasionado, te lo ruego –continuaba su esposa, matizando el instante amoroso, y el hombre, derretido entre sensaciones lascivas, quedaba sin respiración.
–Eres un encanto –tales las palabras rituales con que el marido finalizaba siempre aquellos encuentros, y el acto concluía.
Camino del negocio, con esa languidez de espíritu de los maridos generosos, se preguntaba Hugo Mario si su chequera respondería a tantos excesos. “Me estoy arruinando”, meditaba. Luego, recordaba el beso categórico y la emoción causada por las caricias seductoras con que la mujer dice siempre la última palabra. El embrujo todo de París cabía en esas gotas de perfume que, cual señuelos para la provocación, le despertaban alborotos súbitos, que por fortuna su mujer sabía calmar en la justa medida.
Era entonces cuando musitaba el “eres un encanto” y cuando Carolina se proclamaba victoriosa, como mujer satisfecha, en lo más recóndito de su amor posesivo. Sabía que el hombre, disminuido, respondería mejor a sus asedios. ¿Sería él tan indolente que le negara el aderezo de diamantes con que tanto había soñado, o no accediera al viaje que con sus amigas preparaba para las playas de Miami?
“Me estoy arruinando”, volvía a pensar. Y otra vez la cabeza le daba vueltas con el cúmulo de compromisos económicos que ya no alcanzaba a atender. Pero de nuevo surgía su vida sentimental con una eva tan apetitosa como complaciente, y ahí se evaporaban sus temores. Y hasta se enternecía al acariciar los fugaces momentos de placer donde la voluntad se desvanece entre las sutilezas femeninas.
–Acuérdese, don Hugo Mario –le recordaba el usurero–, que llevo seis meses esperándolo y ya no puedo darle más plazo.
–Le pagaré más intereses.
–No es suficiente. Necesito el capital o una garantía mayor. Hipotéqueme la casa.
–No es posible: está hipotecada.
–Entonces, la finca.
–Tampoco es posible: tiene dos hipotecas.
–Entonces…
De aquella conversación con el usurero arrancó la quiebra presentida. No fue sino que él lo embargara para que el resto de acreedores, que se mantenían listos para el ataque, cayeran como langostas. Menos mal que Carolina gozaba las delicias del sol, la brisa y las tibias aguas del Caribe y no se halló presente el día en que el juez decretó el secuestro de todas las propiedades. Ella no merecía aquella vergüenza, aquel sonrojo inconcebible para una princesa.
La suntuosa mansión se desmoronó de repente como castillo de naipes. Era su última fortaleza y también le fue arrebatada, como había sucedido con la joyería, la finca, los carros, el dinero en bancos, los papeles bursátiles…
Fue diestro, sin embargo, en salvar las alhajas de su esposa. A ese tesoro nadie tendría acceso. Brazaletes, gargantillas, pectorales, aretes, anillos, diversidad de adornos montados en pedrerías fantásticas refulgían con los destellos que la fortuna conservaba para no abandonarlo por completo. Se abrazó a las joyas, las besó, se rodeó el cuello de lazos y cadenas, se dejó obnubilar por el fulgor y la pompa. Y lloró.
Acaso ese tesoro significaba su perdición, pero el marido dadivoso se negaba a reconocerlo. Primero estaba su esposa, que valía más que aquella colección de espejismos. Ella significaba la razón de su vida y lo demás era secundario. Frente a ese mar encantado que le arrancaba lágrimas, se decía que su mujer, por leve y fascinante, por sensual y complaciente, tenía derecho a los caprichos de la moda y a su dulce coquetería.
Pero el imperio se había derrumbado. Una princesa no se acomoda entre la pobreza. Ya en pocos días estaría ella de regreso y no era sensato condenarla al oprobio de la penuria. Rescatar la riqueza perdida consistiría en ejercer su destreza de comerciante.
Si no se hubiera enredado en negocios oscuros es posible que Hugo Mario se hubiera salvado. Meterse con la mafia y caer en los bajos fondos fueron recursos desesperados que apresuraron su desgracia. Cuando Carolina volvió, él estaba en la cárcel. Sin casa, sin carro, sin dinero… ¿y también sin marido? Carolina duró una semana llorando.
Buscar abogado… ¡vaya oficio más rudo para una princesa! ¿De dónde sacaría el dinero si todo se había evaporado? Era una frágil crisálida que carecía de fortaleza para volar. Vestía ahora con más discreción y menos fantasías, aunque con igual garbo.
El abogado la observó con atención. Con interés escuchó la historia y la ayudó a localizar datos importantes para la defensa. Carolina, inexperta y tímida, no acertaba a hilar sus pensamientos. El abogado la auxiliaba en los momentos de confusión. Y viendo su juventud y belleza, justificó su impericia.
–Defenderé el caso –concluyó el penalista.
–No tengo dinero –exclamó ella con nerviosismo.
–Serénese, señora. No todo ha de ser dinero. Llegaremos a un acuerdo. Lo importante es que recupere a su marido.
–¿Me ayudará usted?
–Sí. Es usted joven y atractiva y yo contribuiré a su felicidad.
Se sintió halagada. Respiró con la satisfacción de las mujeres galanteadas y comenzó a pensar que la suerte no le era tan esquiva. Días más tarde se presentó con un plan definido:
–He encontrado la fórmula para arreglarle sus honorarios. Este aderezo vale una fortuna. Tal vez usted quisiera regalárselo a su esposa…
–Preciosa joya –exclamó el abogado, ponderando las tres piezas que le mostraba Carolina–. Déjeme que lo aprecie más si usted lo lleva puesto. ¿Me permite admirarlo en su cuello? Las joyas son más refulgentes cuando van unidas a un rostro hermoso y a un talle esbelto. Usted tiene ambas cualidades –prosiguió con una reverencia–. ¿Quiere mucho su aderezo, señora?
–Es parte de mí misma –contestó ella–. No importa: renuncio a él.
–Y yo no acepto su sacrificio. No debe privarse del placer de la vanidad. Las mujeres, señora, nacieron para ser vanidosas. Guárdelo, por favor.
Carolina se emocionó. Ser mujer es ser sensible a la lisonja. Era ese el halago que requería en su abandono. Su espíritu se veía vigorizado para la lucha. “Perdóname si no he vuelto a visitarte –le escribía días después a su marido–, pero la cárcel me deprime. ¿Me entenderás, amor mío? Siempre estoy contigo”. Él le contestó que ante todo cuidara la salud y le suplicaba que dejara de frecuentar la cárcel. “Eres un encanto, y no debes pisar estos sitios indignos de tu belleza. Saldré pronto y entonces volveremos a estar juntos”.
Carolina no volvió más a visitar a su marido a la cárcel: terminó de concubina del abogado. Pasados los primeros temores y superadas las primeras crisis, ella misma se absolvió de su culpa. Le pareció que era muy frágil para permanecer desamparada. No: imposible resistir los cinco años de soledad a que quedaba expuesta por la condena de su marido. El abogado había perdido la causa.
Y ella se decía que aquel había sido un sacrificio impuesto por la necesidad de salvar a Hugo Mario. Pero no estaba tranquila. Percibía el reproche de la conciencia. Incomodidad que pareció desvanecerse cuando el abogado, que aquella noche la llevaría a comer a su restaurante preferido, le dijo:
–Quiero verte con el aderezo de diamantes. Es el símbolo de nuestra unión.
–Y el símbolo de la traición, bien lo sabes –agregó Carolina–. ¿Has meditado en el precio de nuestras relaciones? Ensuciaste hasta tu prestigio profesional al desviar, en provecho tuyo, la suerte de la defensa. Dejaste perder el pleito para quedarte conmigo, y yo favorecí tus propósitos. Me vendí. Tú me compraste. Los dos somos miserables.
–Ponte los diamantes –repuso el abogado–. Ya es tarde para rectificar el pasado. Lo hecho, hecho está.
–Está bien. Ayúdame.
Carolina se contempló en el espejo. Estaba radiante. De pronto le pareció ver en el destello de las piedras los ojos pesarosos de su marido. No sabía si la juzgaban o le expresaban amor. Estuvo a punto de prorrumpir en llanto, de destruir el aderezo. Pero se contuvo.
–No enturbiemos el corazón –escuchó la voz de su amante–. Vamos, ángel mío. Pasaremos una deliciosa noche de amor.
–Vamos.
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LA ÚLTIMA FRONTERA
Carlos F. Pérez de Villarreal /Argentina
Pasó la pierna derecha por sobre el cuello del caballo y se dejó deslizar por la montura. Sus pies tocaron el suelo. Le temblaban los muslos, hacía casi 12 horas que no descabalgaba. ¡Habían pasado tantas cosas…!
Se relajó un tiempo, tomó las riendas y a paso lento con su animal detrás, caminó hacia la caballeriza que se estaba levantando en el campamento La sangre seca, parte suya y parte de sus enemigos, se dibujaba en la cara, los brazos y la Larica. La mano izquierda tenía un tajo que le dolía bastante y el golpe en el labio ya había dejado su huella.
Dejó al animal con un ayudante, recogió el Clipeus y el Pilum y se dirigió a la Sección Octava que se encontraba desmontando. Ya habían armado una empalizada y las tiendas de campaña empezaban a florecer como hongos. Lo recibió el Decurión:
—Prefecto Lucius, venga, descanse en esta tienda, en cuanto terminen de armar el campamento, armaremos la suya y podrá darse el gusto de lavarse.—Gracias Publio. Necesito que vean mi mano.
Ni bien quedó solo, se deshizo de las armas. Dejó el escudo y la lanza. Sobre ellos colocó la armadura, el Gladius y el Pugio. Se derrumbó prácticamente sobre un pequeño catre de lona y madera. Al instante se quedó dormido
Un ave rapaz vuela en círculos, dejándose llevar por las corrientes cálidas.El está abajo, solo, semidesnudo, en el inmenso arenal, calcinado por el sol.Otra ave se agrega, y otra y otra.Y se lanzan sobre él.Desesperado toma su cuchillo y descerraja a la primera que tiene a mano.Mata a otra, pero las demás lo pican, lo fustigan.Cuida su cara, sus ojos…
De repente una mano posada en su hombro lo vuelve a la realidad: —¡Prefecto, Prefecto!
Se levantó de un salto y ya con el cuchillo en ristre, cayó en la cuenta de la situación. El sueño se borró en un instante. Allí está el Decurión con un Medicus. Los dos hombres se han retirado hacia atrás, sorprendidos. Pidió disculpas, dejó el arma y se sentó. Mientras el galeno le curaba la fea herida de la mano y el labio, se dio cuenta que tenía golpes y moretones en los brazos y en el pecho. La batalla había sido dura… muy dura. Más de lo que él imaginó. Había que vengar la matanza de las legiones de Varo en Teutoburgo y delimitar la frontera Sí, había que hacerlo, pero… ¿a qué precio? La muerte había visitado el campo. Sobre el recodo del río, los cadáveres se contaban de a miles. Los bosques detrás, destruidos. Hombres y animales muertos. Animales y hombres muertos Demasiada muerte. Estaba hastiado de ella.
¿Cuál era el saldo que tenía a favor después de casi 24 años en las legiones? Había llegado a ser Prefecto, al mando de una Alae de caballería de 1.000 hombres. Hoy, bajo las órdenes del General Germánico, acababan de vencer a las tribus indómitas de la Germania Magna. En el principio, África Proconsularis, Cirenaica, Mauretania. Luego Egipto, Mesopotamia. Después Las Galias, Aquitania, Hispania. Había recorrido todo el Imperio… Un año más y ganaría su salida de la legión con honores, dinero y una casa en el campo. Cumpliría 25 años de servicio prestado. Le darían su missio honesta.
Cuando terminaron de curarlo, Publio le anunció que llevarían el equipo a su tienda y que había suficiente agua hasta para darse un baño. Cansinamente se dirigió a la carpa, entró, se desnudó y se lavó todo el cuerpo; parte por parte. Fue descubriendo heridas nuevas y rememorando cicatrices viejas. ¡Qué cansado se sentía!
El sueño de esa noche, no fue bueno. Sólo, en un claro inmenso de un gran bosque, está caído en la hierba seca, roída por un sol impiadoso.Un pájaro lo sobrevuela, luego otro y otro.Lo atacan.Se defiende como puede con la corta espada.
El despertar no fue cómodo. Empapado de sudor, se levantó de un saltó y salió hacia la noche estrellada. ¡Marte, Marte! ¿Dónde estás que no me proteges? Cuando el frío del amanecer lo hizo tiritar… ya había tomado una decisión.
Seis días más tarde, las tropas ya acantonadas, comenzaban a reagruparse y las fortificaciones generaban el desplazamiento de cohortes a diferentes destinos, abriendo las legiones sus mandos y fuerzas. Esa noche, un hombre y un caballo, llevado de las riendas, se desplazaba poco a poco hacia la salida de uno de los campamentos de la fuerza de caballería. Los dos legionarios de guardia no vieron nada. Sólo una sombra envuelta en un gran manto marrón, flotó al viento al lado del lomo del animal, negro como la noche sin luna. Sus patas blancas habían sido tapadas por dos causas: no permitían ver el color y ahogaban el ruido de los cascos sin herrar en el suelo. Las siluetas se desdibujaron en la noche sin luna.
Internado en un nuevo territorio, el jinete destapó las patas del caballo, acomodó bien los víveres y el agua sobre la montura con el Tapetum debajo, montó de un salto; y a un trote continuo comenzó a ganar terreno. El alba lo encontró detrás del bosque inmenso, ya en una gran llanura que se perfilaba hacia el norte.
Lucius Cayo Dominicus, Prefecto de la VIII Legión, sonrió. Abrió los brazos en cruz, cerró los ojos y se dejó acariciar por la leve brisa. Cuando levantó la mirada al cielo, sorprendido observó el vuelo de un águila real. «Buen augurio». Pensó. Su deserción sería notada. Ya nada importaba. Buscaba su propia libertad. Dejaba atrás la última frontera.
Vocabulario romano antiguo Campamento: Campamentus Escudo de caballería: Clipeus – corto y ovalado Lanza: Pilum Espada corta: Gladius Cuchillo corto: Pugio Armadura completa: Larica Sección: Turnae (35 jinetes) Agrupamiento de caballería: Alae (1.000 hombres) Jefe de Agrupamiento: Prefecto Jefe de Sección: Decurión Cada Legión (4.800 hombres) tenía diez Cohortes. Cada cohorte (480 hombres) estaba formada por tres Manípulos. Cada manípulo (160 hombres) constaba de dos Centurias de 80 legionarios cada una. Servicio prestado a la Legión con 25 años: missio honesta Médico: Médicus Cubierta de lana colocada debajo de la montura para evitar roces: TapetumBatalla de Idistaviso (año 16): Conocida como batalla del Río Weser, donde el General Julio Cesar Claudiano (Germánico), vence, derrota y masacra a las tribus germanas al mando de Arminio; vengando así la masacre de Teutoburgo (año 7). Al terminar la batalla los romanos habían perdido 1.000 soldados mientras que los germanos dejaron sobre el campo 15.000 cadáveres. Germania Transrenana: Germania Magna Grito de ataque de las legiones: Roma invicta est
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OTRA DIMENSIÓN
Walter H. Rotela / Uruguay
Días atrás, hace casi un mes, escuchaba un programa de radio mientras almorzaba. En determinado momento, el director de un grupo coral invitó a los amantes de la música góspel a presenciar un espectáculo donde se ingresaba a otra dimensión. Por casualidad fui a parar a dicho evento.
Una vieja amiga me invitó al espectáculo que anunciaron en la radio. Ella dijo: «Ven acompáñame, voy a un evento y no quiero ir sola». Sin saber a dónde íbamos, la acompañé. Y como es costumbre nuestra, llegamos tarde. Y, entonces, comprobé eso increíble anunciado por el director del grupo coral. Aunque dudo mucho que él mismo hubiese previsto lo que ocurrió, y de lo que fui testigo, en ese lugar y momento.
El anuncio hubiese pasado desapercibido por mí de no haber mediado la invitación de mi amiga. El espectáculo se anunciaba para las 20 horas del día domingo. Ella me avisó sobre el medio día y como no tenía planes accedí, encantado. Sin embargo, no recordaba el aviso radial. Y por culpa mía, llegamos 20 minutos más tarde del comienzo, a la sala llamada La colmena.
Ingresamos al auditorio en puntas de pie, paso por paso, mientras el coro hacía su presentación irradiando una energía increíble, llegando a un punto que podría denominar el clímax. Nos sentamos en la última fila. La oscuridad de la sala parecía casi total. En el escenario las luces iluminaban tímidamente el fondo. Quedando, sin embargo, muy nítido el rostro de los cantantes.
Las voces recorrían la sala, la llenaban. El público parecía moverse acompasadamente, en una sincronía total. Nos sorprendió.
Nuestra atención se centró en el público, más que en el coro. Era muy extraño ver el delicado movimiento de las personas. Se daba una simultaneidad, una comunión perfecta, un diálogo preciso entre las voces y el movimiento de los escuchas, entre los artistas arriba del escenario y el público que los seguía desde las butacas. Parecía… que algo no andaba bien.
̶ Te diste cuenta que la gente emite como un zumbido –comentó, en voz baja, mi amiga.
̶ Sí… Y sus rostros… parecen idos –agregué.
Al parecer, el director del coro, por indicación de un corista, miró de reojo y observó, como nosotros, al público. Su sorpresa quedó manifiesta en su pálido rostro y en una sutil contracción espástica del cuerpo.
Las personas, arriba del escenario, siguieron interpretando su coral; al tiempo que intentaron disimular lo mejor posible su sorpresa. Sobre el final, lo habitual hubiese sido un cerrado aplauso. Pero eso no ocurrió.
El director, tal como nosotros, notó el extraño comportamiento del público presente; del que, nosotros, también éramos parte. Sin embargo, por motivos que desconocemos, no participábamos del mismo ‘trance’, por llamar de alguna manera a esa situación que no dejaba de sorprendernos.
El hombre de impecable traje negro, que se interponía entre coro y público, señaló con su batuta al iluminador que recorriera, con el reflector, al público. La expresión era la misma en todos: un esbozo de alegría, de gozo, de éxtasis.
Creo que en ese momento recordé, nítidamente, el anuncio que el director había hecho en el programa radial: «Ingresarán, por intermedio de la música, a otra dimensión».
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 09:56:332025-09-23 18:29:47CUENTOS Y RELATOS
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“Aquí se escribe a lo que no responde, pero siempre escucha.”
Colaboran en esta Sección:
Luz Fontana – Italia
Carlos González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Andrea Kiperman – España
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CARTA A QUIEN NO VINO
Luz Fontana / Italia
No sé si te perdiste o si simplemente decidiste no venir. Pero hoy, mientras doblaba las servilletas y el silencio se sentaba a mi lado, pensé en ti.
No hay reproche en estas líneas. Solo una especie de nostalgia anticipada. Como cuando uno prepara la mesa para alguien que no ha confirmado, pero igual deja el plato servido.
Te imaginé entrando con ese gesto tuyo de quien no sabe si quedarse o marcharse. Y yo, como siempre, fingiendo que no espero, aunque todo en mí te llama.
La tarde se fue sin ti, pero no sin historia. Porque incluso tu ausencia tiene forma, tiene peso, tiene voz.
No sé si leerás esto. No sé si sabrás que, aunque no viniste, estuviste.
Y eso, a veces, basta.
Con afecto,
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CARTA A JULITO
Carlos González Saavedra / Argentina
Querido Julito:
Emocionado, escribo estas líneas con la intención de recuperar juntos, momentos tan lindos, de nuestra infancia.
Cada vez que papá me decía voy al campo, siempre preguntaba:-¿A lo de Julito?
Su contestación afirmativa, hacía que se me iluminaba la cara.
Esos días que quedaba en tu casa, eran maravillosos. Los viví con mucha intensidad y felicidad.
Papá visitaba otras estancias que administraba.
Te acuerdas, cuando nos bañábamos en el estanque o corríamos liebres?
O cuando pusimos en marcha, para desesperación de tu mama, él camión Guerrero Ése, que estaba en al galpón, que aparentaba no andar.
Nos bajamos con el motor, en marcha,
¡Que épocas!
Tu mama, nos mandaba a juntar huevos y siempre dejábamos alguno escondido para tirarles a los gansos.
O cuando corríamos los sapos, de noche.
Después dormíamos y por la mañana otra vez a empezar.
Esas cosas simples, es la que quiero que recordemos.
Hoy devenido en escritor y vos escribano. Ésa picardía de niños, los años, la fueron borrando
Encuentro en vos, una biblioteca de anécdotas y travesuras de nuestra infancia. Todas risueñas para editar un libro.
Julito, amigo y hermano mío. Tomate un tiempo y recordemos juntos, esos hermosos años de la infancia.
En definitiva eso, es lo que somos.
Me entere que no estás pasando un buen momento económico, razón de más para recordar y divertirnos.
Espero tu día y hora e iré a tu encuentro.
¡Abrazo, querido Julito!
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CARTA AL MAR
Elspeth Gormley / España
Te escribo, mar, desde la orilla que me conoce, desde esa línea de arena donde mis pasos se mezclan con tus huellas líquidas. Te escribo como quien habla con un dios sin templo, como quien confiesa sin esperar absolución.
Porque eres más que agua y horizonte. Eres mi refugio, mi espejo, mi compañero de pasos. Eres mi pasión, mar. No por lo que muestras, sino por lo que escondes. Por esa voz que no grita, pero ruge. Por esa caricia que no pide permiso, pero consuela.
Camino junto a ti cada día, y tú, como un amante fiel, me susurras historias en cada ola. Me hablas de barcos que no volvieron, de lunas que se reflejaron en tu pecho, de peces que saben más del mundo que los hombres.
Te respeto, mar, porque sé que puedes ser ternura o tormenta. Porque he visto cómo arremetes con furia contra todo lo que se atreve a desafiarte, y también cómo te aquietas, como si el mundo pudiera caminar sobre ti sin hundirse.
En tu bravura hay verdad. En tu calma, milagro. Eres fuente de vida, pero también espejo de muerte. Y aun así, te amo. No por lo que das, sino por lo que eres.
Eres vida, mar. En tu vaivén se mecen los sueños, en tu profundidad se esconden las verdades, y en tu brisa se respira la libertad.
A veces me siento espuma, efímera, danzando sobre tu piel. Otras, me siento roca, esperando tu golpe para saber que existo.
Mar, si alguna vez lees esta carta, haz que no se pierda entre tus corrientes. Guárdala en tus profundidades, donde los secretos se vuelven eternos.
Porque tú, mar, eres el único que sabe que hay almas que solo se entienden cuando se mojan, y me enseñas que la belleza también puede rugir, y que la paz puede tener forma de ola.
Y si algún día no puedo caminar por tu orilla, que al menos me alcance tu brisa. Que me roce el alma como lo haces tú, sin pedir nada, sin prometer nada, solo siendo mar. Solo siendo eterno.,
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CARTA A SEPTIEMBRE
Elspeth Gormley / España
Septiembre, tú que llegas sin estruendo, pero con la elegancia de quien sabe que no necesita anunciarse. Eres el mes que no grita, pero transforma. Traes la luz dorada que no quema, el aire que acaricia sin exigir, el silencio que no pesa.
Contigo se aquieta el alma, como si el mundo respirara distinto. Las hojas comienzan a desprenderse, no por tristeza, sino por sabiduría. Y yo también me desprendo, de lo que ya no vibra, de lo que no hiló bien.
Septiembre, tú eres mi refugio. No eres inicio ni final, eres tránsito. Eres ese telar donde las emociones se ordenan, donde los hilos sueltos encuentran trama.
Contigo vuelvo a escribir sin urgencia, a mirar sin prisa, a sentir sin miedo.
Gracias por volver, por enseñarme que la belleza también puede ser serena, que la madurez no es renuncia, y que hay meses que no necesitan primavera para florecer.
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CARTA A LA ESPERANZA
Andrea Kiperman / Argentina
Esta carta es para ti. Sí, me has leído bien. A veces parece como si te escurrieses entre los dedos, como arena de una playa desierta. Otras veces, sin más, vuelas lejos como una cometa en pleno parque. Algunos días parece que estás cerca, de nuestro lado; mientras que otros, estás fría y distante, como si nunca nos hubiéramos acordado de ti. En los momentos más complicados nos aferramos a ti, y creo que deberíamos hacerlo todos los días: los buenos y los malos. Como el yin y el yang. Por momentos, debo admitir que nos olvidamos de ti. Levante la mano quien no lo haya hecho alguna vez. Querida esperanza, ojalá cada día nos brindes tu compañía, tu mirada, tu ayuda, tu anhelo. Para todos nosotros. Para todas las personas que lo necesitan. Querida esperanza, ojalá inundes nuestros ojos con ese brillo que nos asegura que todo irá mejor, con el tiempo. Porque, como dice el dicho: *lo último que se pierde es la esperanza*. Que así sea.
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CARTA A LOS POLÍTICOS
Sarah Petrone / Argentina
Apelo a su sensibilidad: SIN CONFLICTOS
Nunca sirvieron de nada los conflictos. A través de las distintas sociedades, las guerras, en el mundo en que vivimos, como brasas ardientes quemaron nuestras manos.
En vano es el clamor de la justicia si la injusticia avala su legado, trastocando realidades y mentiras que casi, o siempre, no resuelven nada.
Pequeñas burocracias sin sentido, enormes ambiciones que no alcanzan para escuchar con claridad, con estoicismo, la voz de una Patria y su mandato. En el límite procaz de una frontera, en el llanto de las madres, que soñaron una tierra de libertad, en el destino de los hijos, que sus vidas ofrendaron.
Les ruego que la piedad se magnifique en cada decisión a ser tomada, madurando en la razón que aún , Dios predica, de hermanar las religiones y las razas. Renovando promesas, se han cumplido vaticinios, en el fragor de mil batallas.
Una oración de piedad. Eso pedimos por el resto de la humanidad, que aún quedamos.
Gracias
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 09:55:112025-09-22 13:08:59CARTAS – SEPTIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“Aquí se piensa con palabras, se siente con letras.”
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Colaboran en esta Sección:
Miriam Alberganti – Argentina
Elspeth Gormley – España
Andrea Kiperman – Argentina
Lucas Landaburu – España
Antonio Morelos- México
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SOLEDAD Y DEPRESIÓN
Miriam Alberganti / Argentina
Reflexión sobre la soledad y la depresión
La soledad y la depresión son temas complejos que afectan a muchas personas en nuestra sociedad. A menudo, nos encontramos con personas que no saben estar solas y que sufren la soledad, pero que tampoco saben vivir en pareja de manera saludable. La inteligencia emocional es clave para entender y manejar nuestros propios errores y decisiones.
La depresión puede ser influenciada por una variedad de factores, incluyendo desequilibrios químicos en el cerebro, eventos estresantes, falta de apoyo social y problemas de salud mental. La soledad puede ser un factor importante en la depresión, ya que los seres humanos necesitamos de la interacción y el apoyo de los demás para sentirnos bien.
¿Qué podemos hacer?
* Buscar ayuda profesional si estamos experimentando síntomas de depresión
* Conectar con otros y buscar oportunidades para interactuar con amigos, familiares o grupos de apoyo
* Practicar la autocompasión y ser amables con nosotros mismos
* Cuidar nuestra salud física a través de la actividad física regular, una dieta saludable y el sueño adecuado
Un mensaje de esperanza
Recuerda que la depresión es una condición tratable, y con la ayuda adecuada, es posible superarla y mejorar la calidad de vida. No estás solo en esto. Busca ayuda, conecta con otros y cuida de ti mismo. ¡Tienes el poder de cambiar tu vida y encontrar la felicidad!
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¿ Y SI TE DIJERAN QUE DEBES IRTE ?
Elspeth Gormley / España
¿Cómo te sentirías si te dijeran que tienes que dejar tu casa, tu trabajo, tus recuerdos? No por elección. No por aventura. Sino porque alguien ha decidido que ya no perteneces. ¿Y si te dijeran que debes marcharte… a ninguna parte?
Esto no es una pregunta retórica. Desde octubre de 2023, Gaza ha sido escenario de una ofensiva militar sin precedentes. Más de un millón de personas han sido desplazadas por bombardeos constantes, cortes de suministros básicos y órdenes de evacuación emitidas por el ejército israelí. Las zonas designadas como “seguras” han sido atacadas, y la ayuda humanitaria apenas logra entrar. El objetivo declarado es desmantelar a Hamás, pero en el proceso, se está desmantelando también la vida civil. Familias enteras huyen sin saber a dónde ir, mientras sus barrios se convierten en escombros. Es la realidad de miles de gazatíes que, por cuestiones políticas, son obligados a abandonar su tierra. Su hogar. Su historia. Su raíz.
¿Qué ha sucedido con esta sociedad que permite el desarraigo como si fuera una solución? ¿Cómo se puede expulsar a personas del territorio donde han nacido, vivido, trabajado? ¿Qué les queda a las familias enteras que caminan hacia el exilio sin destino?
Mientras la comunidad internacional reacciona con lentitud, el problema se agrava: Palestina no es reconocida como estado. Y Gaza, ese rincón de dolor y resistencia, se vacía. ¿Para qué? Para que, con el tiempo, se construya un resort de lujo. ¿Estamos realmente locos?
¿Quién puede imaginar levantar un paraíso turístico sobre un lugar donde han muerto tantísimas personas? Es como si alguien decidiera construir un spa en un campo de concentración nazi. La memoria no se borra con cemento. El dolor no se maquilla con palmeras artificiales.
Pensemos en las personas. Dejemos de lado los ideales políticos, aunque cueste. Es difícil, sí. Pero no imposible.
Porque antes que banderas, hay vidas. Y antes que fronteras, hay humanidad.
Esta reflexión no busca señalar culpables, sino despertar conciencia. Porque antes que ideologías, hay personas. Y antes que fronteras, hay humanidad.
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LO QUE MIRAMOS CUANDO MIRAMOS
Andrea Kiperman / España
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. La pregunta es entonces: ¿Qué miramos cuando miramos realmente? Es una pregunta muy interesante desde lo intelectual, pero sigan adelante, porque este escrito tiene una vuelta de tuerca especial. Si observamos los acontecimientos que nos suceden —la vida misma—, por momentos se me ocurre que estamos educados desde una perspectiva en la cual vemos el *faltante* y no lo que *hay*. Tanto en nuestra vida, en todas las esferas que podemos tener —desde lo social, lo profesional o lo personal—, generalmente (no digo que todo el mundo, pero sí la mayoría), solemos ver lo que nos falta: lo que nos falta para ser felices, lo que nos falta para obtener ese reconocimiento que muchas veces es más interno que externo. ¿Cuántas veces nos sentimos mal esperando que nuestros días cambien, hasta conseguir “aquello” que estamos buscando o anhelando? ¿Y si realmente no es así? ¿Y si es un engaño que nos impide disfrutar de todo lo que ya hemos logrado, porque seguimos esperando —como burros— la zanahoria delante de nuestros ojos? ¿Y si te digo que, a medida que transitamos la vida y los días, hay otra forma de vivirlos y atravesarlos, disfrutando cada jornada y agradeciendo por todo lo vivido? Nadie tiene la bola mágica. Yo tampoco la tengo, lo aclaro desde ya. Pero detente un minuto en tu día y fíjate: ¿qué estás mirando hoy? Creo que es una decisión diaria empezar a tomar conciencia de lo que tenemos, más que de lo que nos falta. ¿Qué parte estás mirando? ¿Lo que tienes o lo que te falta? Tampoco creo que debamos conformarnos con situaciones que no deseamos. Estoy segura de que todos los días se puede aprender algo nuevo. Pero el punto exacto al que quiero referirme es el *cómo*. El *cómo* se va aprendiendo y transitando la vida.
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LA PALABRA MAL VERTIDA
Lucas Landaburu (España)
Hay palabras que se dicen como si fueran agua. Pero no toda agua limpia. Algunas se vierten como aceite sobre papel: dejan marca, manchan, no se borran.
La palabra mal vertida no siempre es insulto. A veces es descuido. O prisa. O miedo.
Es esa frase que se escapa sin filtro, que llega antes que el pensamiento. Es el comentario que no se quiso hacer, pero ya está hecho. Es el silencio que debió hablar, y la voz que debió callar.
¿Quién no ha vertido alguna vez una palabra que luego quiso recoger? Pero las palabras no tienen reversa. No hay “control + z” en la boca.
Y sin embargo, también hay redención. Porque si la palabra mal vertida hiere, la palabra bien dicha puede sanar.
Una disculpa sincera. Un “no quise decir eso”. Un “lo siento, me equivoqué”.
La palabra es poder. Y como todo poder, necesita conciencia.
Hemos de cuidar lo que decimos, y sobre todo a quién, cuando hablamos de alguien. Porque eso es como tirar un cubo de agua al suelo: aunque intentes recogerlo, siempre hay una parte que queda.
Hoy, esta reflexión es para quienes han dicho sin pensar. Y para quienes han escuchado sin querer. Que sepamos ver más allá de lo dicho. Y que aprendamos a hablar con el alma, no solo con la lengua.
Porque la palabra puede ser puente. O puede ser abismo. Y cada día elegimos cuál construir.
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LA REALIDAD Y LA DUALIDAD DEL UNIVERSO
Antonio Morelos/ México
En la lucha constante del ser humano por comprender qué es la realidad, solemos decir que es aquello que se ve y existe, que no es espejismo ni mentira. Pero ¿es eso realmente la realidad? Afirmarlo con tanta simplicidad resulta, en mi opinión, demasiado aventurado.
Para muchos, Dios representa la totalidad de la realidad: la estructura inmanente de la existencia. Dios no está fuera del mundo, sino que es el mundo mismo. Sin embargo, si todo lo que existe es evolución y transformación de la substancia, entonces no hay un Dios trascendente, ni una oposición entre el Dios de amor y el Dios vengativo. Lo que existe es una realidad regida por leyes universales de cambio y transformación.
Vivimos en un universo dual, como sostiene la corriente filosófica que admite la existencia de dos principios diversos y contrarios que, sin embargo, se unen en una misma cosa. El alma y el cuerpo, por ejemplo, son distintos, pero coexisten en un solo ser.
Si profundizamos aún más, podríamos decir que el mal no existe como entidad propia, sino como consecuencia de la búsqueda del bien. El mal no crea: corrompe lo inventado por el bien. Por eso, el mal es, en esencia, la distancia que nos separa del bien supremo.
El libre albedrío es la libertad que permite tanto la aparición del mal como la manifestación del amor, la bondad, la alegría de vivir. El bien existe siempre como bien —el amor, la solidaridad, la compasión— pero es precisamente esa libertad la que hace posible que también surja el mal.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 09:53:462025-09-23 18:22:29REFLEXIONES – SEPTIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“El crecimiento personal no siempre se nota por fuera, pero transforma todo por dentro.
DE LA MEJOR MANERA POSIBLE
Andrea Kiperman / Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras.
En esta nueva edición de la revista, quisiera comenzar con una pregunta: ¿Qué se hace cuando las cosas no se dan como las soñamos o deseamos?
Vivimos tiempos de muchos cambios. Y la vida, en esencia, se trata de eso. A veces nos enfrentamos a circunstancias que no esperábamos, que chocan con lo que creemos necesitar, o con nuestros propios conceptos. Este escrito no busca caer en el falso positivismo. Al contrario: trata de mirar de frente esa pregunta incómoda. ¿Qué hacer cuando, a pesar del esfuerzo personal, las cosas salen de otra manera?
Creo que, finalmente, ocurre lo que tiene que pasar. Como si las piezas de un rompecabezas invisible se acomodan para que todo siga su rumbo. Algunos creyentes pensamos que hay una energía superior que se ocupa de cada detalle que atravesamos.
Pero hay algo más: incluso en esos momentos difíciles, casi todo puede solucionarse. Y para eso, hay que atravesarlo. Llorar, hablar, estar triste o angustiado. No se trata de tapar el dolor, sino de hacer el proceso personal del obstáculo. Y aquí aparece la clave: Tratar de hacerlo de la mejor manera posible para mí. Con días mejores y días peores. Con tiempo, que a veces es el mejor compañero. Con la conciencia de que lo que hoy nos preocupa, mañana puede dejar de importar. ¿Cuántas veces nos angustiamos por cosas que ya ni recordamos?
Entonces, reconociendo el inconveniente, la pregunta cambia: ¿Cuál es la mejor manera en la que yo puedo transitarlo? Y por último, te dejo con esta reflexión: ¿Qué piensas que puedes hacer para atravesar eso que te duele… de la mejor manera posible?
Quedo con ustedes.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-09-22 09:51:292025-09-22 13:32:01ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL- SEPTIEMBRE
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REFLEXIONES – OCTUBRE
Nota Editorial
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COLABORADORES
1- Elspeth Gormley – España
2-Antonio Morelos – México
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SUJETAR AL MUNDO CON PINZAS
Elspeth Gormley – España
No sé cómo explicarlo. Hay días en que el mundo parece deshilacharse por todas partes. Las noticias, las calles, las conversaciones… todo suena a ruptura. Como si estuviéramos sujetando la realidad con pinzas, esperando que no se caiga del todo.
No es una metáfora bonita. Es una sensación física. Como si el aire pesara más. Como si la esperanza tuviera que agarrarse con fuerza para no resbalar.
Y lo peor es que nadie parece saber qué hacer. Unos miran hacia otro lado. Otros se acostumbran. Y los que aún sienten, los que aún preguntan, los que aún escriben… se sienten raros. Como si la sensibilidad fuera un error.
Pero no lo es. Es lo que nos queda. Es lo que nos salva.
Hoy no tengo respuestas. Solo tengo esta necesidad de decir que algo no está bien. Que no es normal vivir con miedo, con rabia, con impotencia. Que no es justo que el dolor se normalice.
Así que escribo. No para entender. No para convencer. Solo para sujetar. Para que no se caiga del todo. Para que al menos quede constancia de que alguien lo intentó.
Hay palabras que no curan, pero sostienen. Y a veces, sostener es la forma más alta de esperanza.
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LA REALIDAD
Antonio Morelos – México
En la lucha que existe entre los humanos, para entender y aceptar que es la REALIDAD.
Coloquialmente decimos que la realidad es algo que se ve y que existe, que no es espejismo o mentira, pero, es eso la realidad? yo considero que es algo muy aventurado asegurar que es eso nada más así de simple, entonces para muchos Dios es la totalidad de la realidad, porque es la estructura inmanente de le existencia, porque Dios es el mundo, no está fuera de él, pero yo pienso que si todo lo que existe es evolución y transformación de la substancia, no hay Dios trascendente, ni oposición entre el Dos de amor y el Dios vengativo, sino una realidad entre las leyes universales de evolución y transformación.
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LA DUALIDAD
Antonio Morelos – México
En la dualidad del universo, porque basado en la corriente filosófica, que admite la existencia de dos principios diversos y contrarios entre sí, pero que se unen en una misma cosa, puedo asegurar que el mundo es un mundo dualista, por ejemplo, tenemos el alma y el cuerpo, son diferentes, pero están en un solo ser, y, si profundizamos un poco más, puedo decir que el mal, no existe como mal, sino que es la manifestación de la consecuencia de la búsqueda del bien, convirtiendo al bien en un bien corrupto, porque el mal no crea, sino corrompe lo inventado por el bien, por lo que considero que el mal, es la distancia del bien supremo. El libre albedrío, es la libertad que hace posible la aparición del mal, pero también del amor, de la bondad, de la alegría de vivir, etc. El bien existe siempre, como bien, por ejemplo está el amor, la solidaridad, etc. pero hace posible la aparición del mal
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ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL OCTUBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Cuidar de uno mismo no es un lujo, es un acto de dignidad cotidiana.”
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, acompañando estas palabras.
En esta ocasión, vino a mi mente la imagen de las vasijas del arte japonés Kintsugi, una técnica que repara la cerámica rota y celebra sus imperfecciones, resaltando las grietas con líneas de oro, plata o platino. A partir de esa imagen, continúo con la metáfora que inspira el escrito de hoy.
A lo largo de la vida atravesamos retos, batallas, dolores y frustraciones en distintos ámbitos. Tal como me ha ocurrido a mí, seguramente también a ti. Esa imagen del Kintsugi es poderosa: por momentos nos sentimos así, como si partes de nosotros estuvieran rotas, quebradas, dolidas.
Pienso que cada persona tiene luces y sombras, y que está bien reconocernos en ambas. Esa dualidad nos completa. Hay aspectos que nos resultan más sencillos y otros que no. Nadie es perfecto, y el intento de serlo suele convertirse en el mayor obstáculo, porque sencillamente es imposible.
Y es precisamente en esas pequeñas grietas donde puede entrar la luz: nuestra luz, nuestros logros, avances y procesos de crecimiento.
Por eso, creo que es importante mirar lo que hemos atravesado con una mirada amorosa, con respeto hacia nosotros mismos, hacia esas grietas que permiten el paso de la luz que nos inspira, nos conecta, nos vuelve más sensibles y humildes.
Sabemos que no siempre suceden las cosas tal como las deseamos. Lo hemos aprendido, ¿verdad? Entonces, quizás podamos mirar lo vivido desde otra perspectiva, con otros ojos, con mirada artística.
Me quedo con ustedes…
EDITORIAL – SEPTIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“Las letras no conocen fronteras. Solo destinos.”
LETRAS QUE CRUZAN MARES
Desde esta orilla del mundo, donde el sol se posa distinto pero la palabra sigue siendo camino, abrimos esta edición con una certeza: la cultura nos une.
Celebramos el idioma, la geografía y el acento, porque en cada uno late una forma única de ser y decir. Y aun así, el lenguaje nos acerca.
La cultura hispana es un mosaico vivo, una sinfonía de voces que canta en plural. Desde el Caribe hasta la Patagonia, desde los barrios de Madrid hasta los rincones donde florece la palabra hispana en Europa, cada autor lleva consigo una historia que merece ser contada. Esta revista es el lugar donde esas historias se encuentran, se abrazan, se celebran.
Aquí, la palabra sana, resiste, recuerda. Cruza mares sin pasaporte, toca corazones sin permiso. Cada texto que lees en estas páginas es una travesía, una invitación a mirar el mundo desde otros ojos.
Porque escribir no es solo contar: es construir refugios, dejar huellas, encender faros.
En esta edición encontrarás relatos que nacen del exilio, poemas que huelen a tierra mojada, reflexiones escritas con el alma en la mano. Y detrás de cada letra, hay un latido: el de quien escribe, el de quien lee, el de quien acompaña.
Gracias por estar. Por leer. Por formar parte de este lazo hecho de letras.
Que esta edición te acompañe como una brisa suave, como un café compartido, como un verso que te susurra: “no estás solo.”
Porque aquí, cada letra es compañía. Y cada lector, parte del viaje.
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POESÍA – SEPTIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
Aquí, cada palabra respira. Cada silencio también.
Colaboran en esta Sección:
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DESPERTAR EN 60
Miriam Alberganti / Argentina
A los sesenta
La vida empezó,
Sin rutina fina,
El alma despertó.
De niña me enseñaron
A ser sumisa
Casarme, tener hijos,
La familia precisa
Lavaba planchaba,
Cocinaba sin fin,
Mi esposo criticaba
Yo callaba en paz,
Un día se fue,
Y quede en silencio
Y entonces me escuché
Con un nuevo comienzo
Sola me encontré,
Pero no con dolor,
Un silencio profundo
Me hizo ver mi amor,
Me inscribí en una carrera,
Me gusto y por mi
Comencé a viajar sola,
Ni miedo sentí.
Ví el mar en invierno,
Con brisa de sal,
Me quité los zapatos
Sentó libertad igual
“ ¿por qué espere tanto?”
Me dije con verdad,
Ahora vivo en paz,
Conmigo en libertad.
No tengo horarios,
Pero tengo ganas,
Paso horas en museos,
En trenes en mis mañanas.
Los ojos en el espejo,
Y una luz nueva vi,
A lo sesenta viví
Y ya no sobreviví
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CAFÉS DE SOLEDAD
Miriam Alberganti / Argentina
Jardines de cafés
Donde el aroma flota,
Soledades que escriben
Poesías sin nota,
En el silencio las palabras se despiertan,
Como hojas de otoño,
Historias que cuentan
La nostalgia
Teje hilos de sueños pasados,
Y en cada verso,
Los recuerdos están guardados.
La soledad es un jardín secreto,
Donde las poesías crecen sin defecto,
Allí las palabras, son como flores que brotan
Y en cada línea, el alma late y se nota
En jardines de café el tiempo se pierde,
Las soledades escriben
Lo que el corazón quiere.
Y aunque el camino
sea de pasos solitarios,
En la poesía encuentras
Motivos necesarios.
Reflexiona en el aroma dele café que pasa
Las `palabras que quedan
Como una huella en casa.
La nostalgia motiva a seguir escribiendo,
Con jardines de cafés,
Donde las poesías van tejiendo,
Y e cada letras, sueños van durmiendo
Con recuerdos, que en el alma van quedando-
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TE LLAMO
Magi Balsells / España
Te llamo, no contestas
Te busco, no te encuentro
Pregunto, nadie dice nada
Solo en mis sueños estas.
Escuchar tu voz
Notar tu cuerpo
Amarte una vez más
Pasar del sueño a la realidad
No padecer tu ausencia
Dejar estas inquietudes
Que matan mi alma
Y nublan mi mente,
¿Por qué de mi te escondes?
Cuando ningún mal te deseo
Eres toda mi existencia
Sin ti, la vida no importa
Transito tristemente
Como perro sin dueño
Esperando tú presencia
En mi vida esta ilusión mantengo
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BIENVENIDA
Isidoro Barrera Molina / México
Dedicado a Fátima Andreé
El tiempo es muy corto para contemplarte,
aunque a mí me tarde, tú ni me alcanzas.
Hoy es muy temprano, no puedo abrazarte;
mañana, muy tarde, me estás muy avanzada.
Bendición de Dios a tus padres y abuelos,
esa es tu llegada, gracias al poder de Dios.
Sabiduría hoy pedimos al dueño del cielo,
para siempre, ciencia y una vida mejor.
Grandiosa chiquilla, un presente hermoso,
bienvenida seas, con tu papá y mamá,
con sonrisas tiernas al acariciar.
No haces sollozo, sola traes halo venturoso.
Hoy una bebita, y mañana mujer serás,
para orgullo futuro, regalo precioso.
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DOS BELLEZAS
Isidoro Barrera Molina / México
La vi junto a su ventana
Cuando miraba el paisaje
Que frente a su ventana nace
De aquella ciudad suriana
Como muestra de un linaje
De antigua selva serrana.
Dos bellezas se hermanaban
La mujer y esa montaña
Formando hermosa maraña
A una sus flores bordaban
Y a la otra sus pestañas
Que bellos ojos cuidaban
Yo gané en partida doble
Cuando descubrí esos ojos
Adornando rostro hermoso
Con una sonrisa agradable
Y en un cuerpo primoroso
Con cadenciosos andares
Yo al santo mayor le pido
Sin levantar mucho alarde
Solo ayúdame compadre
Pero haciendo poco ruido
Que yo solo hare mi parte
Si tu eres buena conmigo
Tu serás nuestro invitado
Residente en la montaña
El guardián de hoy y mañana
Para siempre venerado
Bien hechos de nuestras almas
No me olvides gran hermano
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MUSA ENTRE SOMBRA
Marcela Barrientos / Argentina
A mi musa herida, que sangra en silencio,
tu alma desgarrada que hoy prefiere la sombra,
resuena en mis sueños con ecos de angustia,
una melodía triste que el viento ha olvidado.
Eres la flor marchita en un jardín de cenizas,
el susurro frío que atraviesa la penumbra,
el aroma a tierra seca que espera la lluvia,
la caricia áspera de un amor que se desgasta.
Tus ojos, pozos profundos de lágrimas y fuego,
reflejan mares oscuros donde naufraga mi esperanza,
y en tu piel, como mapas de heridas abiertas,
se dibujan senderos de dolor y de añoranza.
La luz que alguna vez te iluminó se ha extinguido,
dejando en tu rostro la sombra de un eclipse,
y en cada respiración, la sensación de un suspiro
que busca en el silencio la razón de tu derrota.
Mas en tu herida aún arde una chispa de vida,
como un faro apagado en la tormenta del alma,
y aunque el dolor te robe la sonrisa y el aliento,
tu espíritu herido aún susurra la esperanza.
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LIBRES
Inés Blanco (Luna de abril) / Colombia
Huyo de mi propio
laberinto.
Voy en busca
de la calle abierta.
Camino con la lluvia
que moja los ojos y los pies.
Me miro en los espejos
del agua movediza.
Tropiezo con las gentes…
– parecen de otros mundos -.
Con mi silencio
a todos les hablo.
Me reanimo al sol.
De aromas me alimento.
La noche y sus fantasmas
me persiguen.
Un farol insomne
gotea húmeda la luz.
Recojo las palabras
que duermen en la calle.
Las apunto en mi cuaderno:
ellas y yo, nos declaramos libres.
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SÍLABA
Inés Blanco (Luna de abril) / Colombia
Yo, de la soledad
he venido
y en la soledad
me oculto,
me protejo,
muero y resucito.
Junto a ella
encontré la palabra
y su alegría,
su esplendor
y la nostalgia,
el bullicio y el silencio.
Con ella me recreo,
danzo con su música…
soy fantasma,
realidad y asombro.
Me deletreo,
soy sílaba y poema,
mujer y encantamiento.
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LA POESÍA
María Elena Camba / Argentina
La poesía es un grito en el desierto
La luz que enceguece la mirada
Un puñal que se aloja en la garganta
Lo no dicho, lo sagrado y lo blasfemo
La esperanza en la desesperanza
El mantra de la revelación
Es la voz de Dios
La utopía hecha metáfora
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NUESTRO MAR
María Elena Camba / Argentina
Eres la estampa
de un Dios indeleble
en tu fluir constante.
Infinito devenir,
metáfora cristalina
en horizonte azulado.
A veces tu oleaje
galopa furioso,,
como animal sediento.
Arrastras todo a tu paso
Borras huellas
Alivianas pesares
Otras ofrendas sereno
tus más preciados dones
en eco de caracolas.
Eres la voz de Dios,
paraíso marino
que nos arrulla.
Promesa de resurrección,
que resuenas constante
en acordes celestiales.
Hoy te contemplo
con ojos de salitre
y manos de algas
Tu voz transparente
canta entre las olas
y de nuevo ilumina
mi orilla de eternidad.
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MIS ATARDECERES
Libia B. Carciofetti / Argentina
Siguiendo un poema de Jorge Luis Borges
Camino entre la gente
Que viste las calles.
Entre idas vueltas…
En busca de nadie.
El sol ya declina como mi corazón en la tarde.
Y esta tristeza mía.
Que agoniza en el parque.
Porque presiento a los parias,
mendigando entre los árboles.
Mi voz no tiene eco, y mis ojos.
Mis ojos ¡Ya no ven!
Me siento miserable.
la sangre se me cuaja
en las venas que arden.
Estoy ¡Tan herido!
Que no puedo mirarles
porque en el ocaso de mi vida, reconozco que no fui feliz.
Teniéndolo todo…y fue culpa ¡de nadie!
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AMOR
Susana Curbela / Argentina
Porque sos ,
de lo eterno, lo infinito,
olvido con frecuencia
mi mortal envoltura.
Y permanezco, entonces,
entre un vago realismo,
y la esencia vital
de mi figura.
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YO SOY
Susana Curbela / Argentina
La calidez de un nido
Nido que protege las almas heridas
del dolor de una noche eterna.
Yo soy
Un pecho henchido de felicidad.
Felicidad que me inunda
cuando mis hijas elevan sus mejillas al cielo.
Yo soy
Caminos de sangre.
Sangre que atraviesa
mis eternidades.
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HECHICERA I (El)
Beatriz Di Nucci / Argentina
Hay algo en ti que es de hechicera
y me llevas por el aire bruja blanca
no sé si el lenguaje de tus manos
el timbre de tú voz, o la mirada.
En la cueva infinita de los sueños
donde guardas celosa los conjuros
curioso entre aquella tarde
quedando por siempre entre sus muros.
soy hombre tan solo que se asombra
al ver tú apariencia transformada
en extraños ensueños te revelas
y puedes hacer de mí, del todo, nada.
Quiero ver danzar tus pies descalzos,
sobre la playa que el mar besa bravío
y saber así que majestuoso
se rinde ante ti, cariño mío.
No me despiertes, y déjame que sueñe
es la realidad donde yo vivo
amarrado a la noche de tú pelo
soy el más fiel de todos los cautivos.
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HECHICERA II En la Playa (Ella)
Beatriz Di Nucci / Argentina
Mis huellas quedaron en la arena
de la playa que el mar besa bravío
y viste así que majestuoso
se rendía ante mí, manso y tranquilo.
Me vestía el agua, con su espuma,
se humedeció tú cuerpo, junto al mío,
cuando el tul de la bruma nos cubría
quedando en las sombras confundidos.
Fuiste hombre envuelto entre mis brazos
fuiste brazas quemando los sentidos
con el encanto sutil de esos momentos
que los dos tan solo compartimos.
Se quebró el hechizo con su magia
que, de golpe, presurosos nos bebimos.
Nos separamos al despuntar el día
buscando cada cual otro camino.
Hoy he vuelto después de tanto tiempo
y recuerdo la feliz algarabía
que dejo la embriagues de aquella noche
cuando sentí fundir tú alma con la mía.
La playa me esperaba solitaria,
el viento azotaba mis oídos
dije tú nombre, y pude ver de pronto
que ninguno de los dos había partido.
“··· ❈ ··· ··· ❈ ···
DESPUÉS DE LA LLUVIA
-Enrique Fredy Díaz Castro / México
Su música es un arrullo
que despierta los sentidos,
como aliviante suspiro
que se pierde entre murmullos.
Ver al cielo encapotado,
los cerros reverdeciendo,
y el sol que se va perdiendo
sobre aquel manto nublado
Se torna gratificante
mientras se escuchan los truenos
señal de un período ameno
con la lluvia refrescante.
Por las calles los riachuelos
indican que allá en la sierra,
bien mojada está la tierra
con la bendición del cielo.
Nos empapa la alegría
el aire huele a riqueza,
con la divina proeza
de refrescarnos el día.
Las avecillas callaron
cubriéndose en la floresta,
en medio de aroma y fiesta
que sus trinos resguardaron.
¡Que ya mojé mis zapatos,
mi pantalón y camisa!
¡No importa, deja tus prisas,
ya te secarás al rato!
Después de la lluvia siente
como tu espíritu canta,
el ánimo se agiganta
con lo fresco del ambiente.
Las plazas y los jardines
recobran el señorío,
como el torrente los ríos,
y el perfume los jazmines.
Gracias por el temporal
¡Oh Señor del universo!
por el potencial inmenso
en el naciente maizal.
“··· ❈ ··· ··· ❈ ···
BARCOS DE PAPEL
Enrique Fredy Díaz Castro / México
¿Se acuerdan de aquellas,
las tardes lluviosas
Cuando intermitentes
caían como hoy,
golpeantes las gotas
y los nubarrones,
cual negros pendones
tapaban al sol?
¿Se acuerdan hermanos
que por la ventana,
o tal vez parados
en el corredor,
un tanto impacientes,
un tanto sonrientes,
veíamos la calle
y su alrededor,
listos para cuando
amainara el agua,
salir y mojarnos
en buen retozón?
Ya que nuestras obras
de papiroflexia,
rompían la inercia
del atardecer,
entre los riachuelos
que la calle abrían,
surcaban triunfantes
blancos, tambaleantes,
¡Barcos de papel!
¿Se acuerdan que a veces
nuestro padre hacía
con gran maestría,
doblez por doblez?
¡¡ Qué tiempos aquellos
de nuestra niñez !!
cuando hasta descalzos
solíamos correr…
Cambiaron los sueños,
los años se fueron,
¡¡ como ya partieron
algunos también !!
Hoy, sigue lloviendo
como aquellas tardes,
a la vez que miro
a la nieve cubrir
paulatinamente
este par de sienes,
pero estoy seguro
que no olvidaré
a aquellos traviesos
que entre los riachuelos
echaban a flote
sus frágiles naves…
sus vistosos barcos:
¡¡ Barcos de papel !!
“··· ❈ ··· ··· ❈ ···
SUEÑOS OLVIDADOS
María Cristina Fervier / Argentina
¿El salario y el sudor de cada día
alcanzan para compensar la agonía
de los sueños que yacen olvidados?
¿Vale la pena esta lucha de querer
olvidándonos del ser?
¿Ser esclavos de quién,
por qué, para qué?
Sólo se es un número
que autómata produce
¿Quién inventó indolente
el perverso sistema
que encasilla y corroe,
atrapa y enjaula?
Si el hombre nació libre
como lo son los pájaros,
¿dónde silenciaron sus trinos?
¿Acaso en la cruz negra
labrada por la avaricia?
Quietos, manchados de niebla,
los sueños están tan altos.
¿Serán pájaros liberados
que vuelan sin alcanzarlos,
o entre la corrupción y la ignominia,
esperanzas de bolsillo
perdidos por los agujeros raídos?
“··· ❈ ··· ··· ❈ ···
ARBOLEDA
Luis García Montero / España
Dormía en el refugio de los débiles,
una cama revuelta
de oscuridades fuertes,
cuando bajó su sueño a sespertarlo.
Puso entonces los pies
en un mundo nevado.
El frío de las ropas por el suelo,
de los amaneceres
y los zapatos viejos.
Como los pedregales de la casa
no esperan el orgullo
de una sombra descalza,
pudo abrir los cerrojos de la puerta,
llegar al campo libre
sin que nadie lo viera.
Y se atrevió a romper con su destino.
Cortó a la luz del día
la flor de los malditos,
soportando la noche del cobarde,
la angustia de los números
y la rabia del ángel.
Buscó la soledad de una arboleda,
y sigue allí, lejano
para sentirse cerca,
vigilante de lunas despedidas,
con la plata del sueño
y el limón del realista.
“··· ❈ ··· ··· ❈ ···
M
PEDIDO
Carlos González Saavedra / Argentina
Voy a pedirle a mi ángel
lleve esta carta al cielo,
Donde viven las estrellas
Y se cumplen las quimeras.
Quisiera sentirme pleno
en una casa blanca y solariega
Colmada de malvones y hortensias,
Donde, su patio tenga…
Una higuera!!!
Una mesa larga…,
Para la familia, cuando venga.
¡¡¡Los ambientes…, amplios
Llenos de luz y colores.
Árboles copiosos,
de hojas como lentejuelas.
Que todo brille…,
que mis relaciones estén plenas.
Y por las noches,
Con guitarras, se vayan las penas.
Las ventanas, sin pistillos…
Que entre el sol de la mañana
y deje su calor, a la siesta.
Con una vida prodigiosa,
De hijos, nietos, amigos,
Amor y gente buena.
Para eso vine.
Por eso, espero tranquilo;
Este sueño realizado
En cualquier lugar, que sea.
No han de ser, mis días,
tan aciagos, si llevo con ellos
una sonrisa eterna
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CUANDO LLEGAN…
Carlos González Saavedra / Argentina
Cuando llegan los nietos, el cielo se abre
Y bajan presurosas luces del universo,
Colmadas de amor.
Todos, me llaman abuelo.
Se respira inocencia,
se renueva la existencia
Un nuevo tiempo comienza.
Estrellitas de luz, que han esperado
pacientes en el tiempo,
a empezar de nuevo
Nos muestran que la vida es eso;
Amor, ternura, sueños…
Mi corazón se enternece,
Su ingenuidad, sus sonrisas,
hace que todo lo olvide.
El jardín familiar reverdece;
tiene brillo, florece.
Semillitas del cielo, floreciendo.
Son luz,
antorcha que viene de lejos,
motor que empuja mis sueños
Transformándolo todo,
cuando me llaman abuelo.
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HERENCIA DE MAR
Elspeth Gormley / España
Mis abuelos fueron hombres de espuma,
de redes tendidas bajo la luna.
Sus manos curtidas por viento y sal
tejieron mi historia, mi rumbo vital.
Con ojos de faro, de cielo y de bruma,
miraban el mar como quien se suma
a un pacto secreto, a un viejo ritual,
donde cada ola es verso inmortal.
Sus voces eran canto de madrugada,
sus pasos, leyenda nunca olvidada.
En cada mareo, en cada tormenta,
la vida les daba su dura cuenta.
Pero ellos, valientes, sin más abrigo,
alzaban la frente, seguían su amigo:
el mar que los llama, que nunca miente,
que a veces castiga, pero es presente.
Yo escucho sus nombres en cada ola,
en cada gaviota que el cielo escolta.
Sus historias viven en mi memoria,
como anclas profundas de vieja gloria.
Me enseñaron a amar sin condiciones,
a leer el viento, a oír corazones.
A saber que el miedo no es enemigo,
sino compañero en todo camino.
Sus botas gastadas, sus viejos remos,
sus cartas de amor que aún no leemos.
Todo eso guardo como un tesoro,
como un mapa antiguo lleno de oro.
Y si alguna vez me siento perdida,
recuerdo su fuerza, su fiel partida.
Ellos me enseñaron que el mar no engaña,
que todo se encuentra si el alma baña.
Por ellos escribo, por ellos respiro,
por cada silencio, por cada suspiro.
Por cada jornada que no volvió,
por cada mirada que el mar llevó.
Mis abuelos fueron hombres de espuma,
y yo soy su nieta, su voz, su pluma.
Que el mar me bendiga como a ellos hizo,
que en cada poema encuentre su latido
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ÁMAME MÁS SI PUEDES
Jaime Hoyos Forero / Colombia
“Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas.
Racimos refregados. Mordeduras bermejas.
Yo soy el que en la hora del amor te desea”.
(Pablo Neruda)
Todas las dichas del amor están
En tu cálido cuerpo, diluidas.
En mis labios de tierra florecieron tus besos
Y en mis dedos quedaron guedejas de tu pelo.
Yo soy el que en la noche despierta tus instintos.
Tu ser es el jardín de asombro de mis ojos,
flor roja cuyos pétalos deshojaron mis manos
y dejaron en ellas sus aromas de Oriente.
Y ahora rompe mis cercos;
tus brazos de querube, conviértelos en alas;
pon a volar en ellas tu corazón inmenso.
Libera de tu pecho los deseos contenidos.
Da rienda a tus secretos, revélame tus sueños.
Me gustas como eres: la mujer más auténtica,
la que todo lo puede por el hombre que ama.
La del verso sin métrica rebosante de esencias,
la de la ardiente estrofa cargada de metáforas.
La que le canta al hombre con fuego de palabras,
con poemas que llevan la marca de tus besos,
y en donde cada sílaba quema como una brasa.
Ámame más si puedes:
Mírame ciegamente porque soy el que te ama.
Yo soy el que en la noche levanta tus dos brazos
y te siembra caricias y te riega de besos
y brinda por tu vida con seco vino puro
en las copas talladas de tus bruñidos senos.
Y no ceses de amarme porque la vida es corta,
y solamente amando se puede entrar al cielo.
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UN DÍA
Jaime Hoyos Forero /Colombia
Te dirás…
-¡lo amé tanto!-
Lo dirás sin dolor y sin tristeza.
Pasarán tus palabras por mi lápida
como pasan los ríos por las piedras.
Ya nada me diré y estaré muerto.
Solo tendré de mí la sepultura
Y de tu alcoba en un rincón, mis versos.
Pero tú vivirás. Y mi recuerdo
Se irá desvaneciendo en tu memoria.
Solo cuando te acuerdes de mis besos
que un día florecieron en tu boca,
sentirás en tu sangre un hervor breve
y una sonrisa asomará en tus labios…
(Recordaciones locas).
Aún entre la tumba,
no olvidaré tu voz, tu amor, tu cuerpo.
Tú pasarás tu mano por mi lápida
como limpiando el último recuerdo.
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CAFETEANDO
Lamberto Ibárez Solís / México
Bebida como la tinta
del África bienvenida
y con el agua fundida;
aromático lo pinta.
Porque mis sueños los finta,
tus ricos granos tostados
que con panela mezclados,
con bolillo o con telera;
una mañana cualquiera
de tantos días nublados.
Nublados con buen café
de mi sierra atoyaquense
y como buen zacualpense;
rico almuerzo comeré.
Con el café hilvanaré,
algunos versos sentidos,
tímidos y cohibidos;
venidos de matorrales
de mis montes y maizales
a mi mente bienvenidos.
Venidos llenos de gotas
en este mar que no cesa
con sus olas cual turquesa;
ya van rimando mis notas.
En los picos de gaviotas
que alegres graznan el cielo
con el vaivén de su vuelo,
mi júbilo las alcanza
en su volar como danza
y unidas buscan consuelo.
Consuelo en sus desventuras,
en simetrías perfectas;
con sus trazos de arquitectas
desparraman aventuras.
Unas locuaces criaturas
que en mis playas admiré;
zigzagueantes divisé
al asomarse la aurora
porque Dios bendiga la hora
que disfruto mi café.
Mi café humeante disfruto
con mis hermanos cafeteros
y música de troveros
se van las horas, minutos.
Sin aburrirse en absoluto
en charlas y discusiones,
acarician las canciones
al compás de las guitarras;
entonando “La Cigarra”
que se agolpa en emociones.
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¿A DÓNDE VAN ?
Andrea Kiperman / Argentina
¿A dónde van los besos no dados?
¿Las caricias no entregadas?
¿A dónde van los abrazos entrecortados?
¿A dónde van los sueños no realizados?
¿A dónde van las palabras no dichas?
¿La melancolía de lo que pudo haber sido?
¿A dónde van esos pensamientos que solo se quedan en nosotros,
sin poder ser expresados?
¿A dónde se quedan esas miradas desencantadas?
¿A dónde queda el amor, ese amor frenado?
¿A dónde quedamos tú sin mí, y yo sin ti?
Sencillamente, no lo sé.
No sé qué será de nosotros.
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HACIA EL SUR
Liliana Lorán / Argentina
Las nubes espumosas y grisáceas
Se empeñan en cubrir el cielo azul
El día plomizo, se abraza a las paredes
De las casas que miran rumbo al sur
La calleja parece que desciende
Desde el mismo ciclo y es su albur,
Bajar entre yuyos y guijarros
Llevando las huellas rumbo al sur
Barrio humilde blanqueado por los soles
Ni la sombra fugaz del abedul,
Refresca en horas de la siesta
Tus ventanas abiertas hacia el sur.
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CUIDEMOS LA TIERRA
Elsa Lorences de Llaneza / Argentina
La tierra ruge,
la tierra sufre,
culpa del hombre
que no comprende
de su dolor:
Tala de árboles,
obras mal hechas
que inundan campos,
matan ganado
causan dolor.
Hombres sin alma
que campos queman
sin importarles
que mucha gente
sin casas quedan.
La tierra ruge,
la tierra sufre.
Pide a los hombres
su compasión,
pide que surja
la paz del alma,
que nos amemos
en la oración.
Que consigamos que todo vuelva
hacia el principio de la creación,
para que ancianos, niños y hombres,
junto a la tierra que Dios nos dio
seamos felices y consigamos
todos unidos vivir con amor.
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LA VIDA EMPIEZA MAÑANA
Margarita Mangione / Argentina
Hoy buscando cosas viejas
cayó la caja en mis manos…
¡Cuántos recuerdos lejanos
encontré en ese paquete!
Tu palabra que promete,
mil besos en los papeles,
con los falsos oropeles,
de esas cartas mentirosas
y sus palabras tramposas,
tan dulces como las mieles.
Como fieras en tropeles,
hasta mi mente llegaron,
las lágrimas que lloraron
mis ojos por tus engaños.
Hoy transcurridos los años
persiste el sabor amargo,
de mi culpa me hago cargo
no debí confiar en ti
y así en tinieblas me hundí,
sumida en triste letargo.
En este camino largo
tu ausencia entre mis paredes,
entretejió falsas redes,
en esa orfandad eterna.
Y como animal que inverna
me encerré en mis soledades,
tus sempiternas maldades,
mi corazón agostaron
y hecho trizas lo dejaron,
víctima de tus crueldades.
Ajeno a mis realidades,
te desplazas por el mundo
y yo en mi abismo profundo,
entre el dolor sobrevivo.
Ya no encuentro el atractivo
que antes tenía la vida
y en mi angustia repetida,
quiero olvidar y no olvido,
mi amor no correspondido,
que aún sufre por tu partida.
Aún de nostalgia vestida,
he de quemar esas cartas,
ya no quiero que compartas,
ni un minuto en mi existencia.
No hará falta mucha ciencia,
un fósforo es suficiente,
y cuando el papel ardiente,
falsas promesas destruya
ya no seré yo quien huya,
por quitarte de mi mente.
He de tenerlo presente:
la vida empieza mañana,
la esperaré en la ventana,
cuando se cierren las puertas.
Y cuando mi dicha adviertas,
mantente de mí lejano,
que este reino soberano,
es mi sitio predilecto,
y aunque es un mundo imperfecto,
para el amor es temprano…
··· ❈ ··· ··· ❈ ···
DESIGUALDAD INCIERTA
Antonio Morelos / México
Solo por culpar culpaste
porque un motivo no había,
por ser hombre lo acusaste
sabiendo bien que mentías,
como eres mujer pensaste
que el mundo te lo creería.
La mujeres como tú
dicen merecerlo todo,
actúan con ingratitud
aunque pisaron el lodo,
que les manchó su virtud
y les opacó el decoro.
Muchas piensan por igual
viviendo el mismo modo,
jamás dudan ni en culpar
a los hombres del decoro,
que han perdido al caminar
por calles con mucho lodo.
No culpen su proceder
a consecuencias ajenas,
cuiden su rol de mujer
viviendo una vida plena,
y el hombre en su deber,
las ama, no las condena.
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CONFUNDIDA
Antonio Morelos / México
Dudas de ser como eres
y eso te causa inquietud,
no disfrutas lo que tienes,
ni haz vivido en plenitud,
tampoco sabes que quieres,
ni sabes quien eres tú.
Quizá te hayas confundido
con cosas de aquel ayer,
que soñaste habías tenido
y fuiste una gran mujer,
pero solo un sueño ha sido,
ya hoy es otro amanecer.
Los sueños, solo eso son,
la realidad es otra cosa,
vivir tiene una razón
encuentra la tuya ahora,
descubre esa gran misión
y vive sin ser tu sombra.
Eres como eres, no otra,
acepta esa realidad,
regresa a tu mundo ahora
que te espera tu lugar,
que el mar y el sol te valoran
y también la sociedad.
Si buscas lo que tú piensas
que es tuyo, pero no está,
no juzgues, es tu conciencia
quien te dirá lo que harás,
solamente abre las puertas
del amor y la humildad.
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LA MUSA Y EL ESCRITOR
Sarah Petrone / Argentina
Un sueño de plumas blancas
sensitivas, algo viejas
medita justo a mi lado,
suspira y mira sereno.
Me observa mientras desato
cuadernos y lapiceras
y me toma de la mano
escribiendo mi poema.
Le dejo hacer y sonríe
porque sabe que comprendo
que tiene poder en mí,
y siente lo que yo siento.
Aquí me borra un quejido,
allí corrige la letra,
el pensamiento se copia
como alumno y su maestro.
Releemos a la par
y discuto su fonema,
las rimas que quiero yo,
son las que él aborrece.
Un café para el disfrute
sin azúcar, nos deleita,
amargo como el amor
que se sufre en lo secreto.
El tintinear e cucharas
revuelve exquisito néctar,
y el aroma del café caliente
invade el cerebro.
Las papilas gustativas
de lo amargo y de lo excelso
comienzan a despertar
las formas y las ideas.
Reanudamos la labor
complacidos y contentos
poniéndonos, al final, de acuerdo
…Casi de acuerdo.
Con un apretón de manos
sonreímos satisfechos.
Los versos, tienen que dar
la vuelta al mundo,
y que regresen
transformados en amor,
en color, en otros sueños.
La musa la pongo yo.
El escritor, es mi esencia.
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METAMORFOSIS
Sarah Petrone / Argentina
Quedó atrapado en esa letanía
que alguna vez oyó desde la infancia.
Se creyó igual que cada día,
como una nota más, del pentagrama.
Negó que fuera por melancolía,
sin embargo, mucho se notaba.
Rodó una lágrima mientras despedía
con un mohín, la gota, de su cara.
La vida equivocó lo ya sabido.
Algo se escapó por la ventana,
dejó en su alma, la voz de otro destino
y el cuerpo despertó ya desdoblado.
Intentó ser lo que todos querían,
pero apenas pudo hacer lo que deseaba,
escondido en la realidad que no pedía,
de cara a la realidad, fingió ignorarla.
Debajo de la piel, un mundo nuevo
ya en lo desconocido se gestaba,
y en ese reconocerse, o no, que no era suyo,
con otro cuerpo, otro ser salió adelante.
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EL FUEGO MERECIDO
Graciela Reveco / Argentina
En conmemoración de Dante Alighieri
En la Divina Comedia
el Dante
atraviesa con la lira sus enmiendas
y no solo destraba los límites de la mujer cautiva
relegada a la presencia servil y de puerperio
sino que persigue el sentido de la vida
del amor
y allí, en lo más profundo del teatro
encuentra un purgatorio donde expiar las faltas
incita las lumbreras de un infierno desértico
para quemar las culpas
y desenredar la conciencia
cuando dice
“rompió el profundo sueño de mi mente
un gran trueno
de modo que cual hombre que la fuerza despierta
me repuse”
porque el alma humana es un retazo de tiempo
que se dobla y desdobla por las heridas que sangran
y necesita descifrar un pentagrama de consuelo
en cada palabra
en un lugar que destrabe el mutismo
de un Dios que brilla en el sagrario
y con el perdón que apague el fuego
«descendamos ahora al ciego mundo
-dice el poeta todo amortecido-
yo iré primero y tú vendrás detrás»
con el reflejo de arrugas en la frente
que libere la osadía del que clama
“y me dijo:
la angustia de las gentes que están aquí
en el rostro me ha pintado la lástima
que tú piensas que es miedo
vamos, que larga ruta nos espera»
caminar entre llamas y los estratos
de las suelas gastadas y el ocre de la hoguera
donde las cenizas no callan
“así me dijo
y así me hizo entrar al primer cerco que el abismo ciñe
¿no me preguntas qué espíritus
son estos que estás viendo?
quiero que sepas
antes de seguir
que no pecaron
y aunque tengan méritos
no basta
pues están sin el bautismo
donde la fe en que crees
principio tiene”
y pretendo habitar su perspectiva
aceptar la constricción y la ausencia necesaria
según el precepto
los orígenes del óvulo que en el alma nace
con su axioma hacia el futuro
mientras la comedia dependa de la letra
y no termine en la última palada de la muerte
aunque la fosa permanezca abierta
y provoque otra proclama del artista
que atraviesa el infierno del purgatorio
solo para entender la vida
entonces, dice el Dante en su diatriba
“al cristianismo, fueron anteriores
y a Dios debidamente no adoraron
a estos tales, yo mismo pertenezco”
y como él
en las liturgias de cada Pascua concebida
con distintas banderas de un culto peregrino
todos pertenecemos
a una promesa de cruz y clavos
a un salmo que cada año desarruga su tiempo
y resucita del cielo a la tierra
de la tierra al cielo
por ese viaje que todos aguardamos
en la oscuridad y el silencio
mismo fuego del poeta en la comedia
divina comedia
infierno… que quizás nos merecemos.
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LIRAS AL OLIVO
María Sánchez Fernández / España
Me voy a la aceituna
con mi vara, mi baraja y mi jumento,
siguiéndome la luna
con cara de contento
en el olivar toma su asiento.
¡Ay, luna aceitunera!
que vas a la faena divertida.
Cuando el mantón te espera
para la recogida
tú vas, luego la amanecida.
Mis manos se encallecen
vareando las ramas plateadas,
pero se enorgullecen
por ser muy deseadas
y del fruto serán muy bien colmadas.
¡Hermosa atardecida
que cubres la faena de colores!
La mano encallecida
enjugó los sudores
y bendice al olivo en sus amores…
Mi alma se ha ensanchado
Y el campo se ha cubierto de canciones,
El tajo ya ha cesado
Y vibro de ilusiones
Evocando a mi amor tan deseado
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LA MARAVILLOSA SUERTE DE QUE TODO SIGA EN SU SITIO
Elvira Sastre / España
Tus arrugas:
las toco y pienso en todos esos campos
que asaltamos de jóvenes,
que allanamos sin vergüenza
y con pasión.
Tus arrugas:
las toco y veo ahora
montañas llenas de ríos
e historias,
hechas con árboles ya viejos
que nadie entiende que resumen el paisaje.
Tu cuerpo:
lo toco y creo en el deseo
del tiempo,
en los sueños de las noches de insomnio.
Tu cuerpo:
lo toco y lo recorro de memoria y recuerdo
lo absoluto del amor,
el milagro de conocerte e invadirte
con la paz que da
alcanzar el hogar,
la maravillosa suerte de que todo siga en su sitio.
Tu silencio:
lo toco y me parece joven,
tus veinte años devueltos a un gemido entrecortado.
Tu silencio:
lo toco y lo traduzco en otro idioma
que se antoja lejano pero sigue ahí,
hablándonos,
recordando la chispa que enciende el juego,
el trozo de madera que lo aviva.
Te toco.
Y entro en ti,
con el nervio de una guerra
que ya ha terminado
pero en la que aún resuenan los disparos.
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ARTÍCULOS SEPTIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“La dignidad también se edita, se imprime, se comparte.”
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Colaboran en esta Sección:
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ATOL DE POLEADA
Ilka Oliva / Colorado – Estados Unidos
Comenzó a llover a eso de las cuatro de la tarde y no ha parado ni un segundo. Fausta se encomienda, le enciende una veladora al Señor de Esquipulas y arropa a sus seis pollitos en la cama con el poncho que le compró por pagos a un vendedor que llega todos los jueves desde Momostenango ajenando fundas para las almohadas, sábanas, ponchos y manteles típicos. Siempre llega con su hijo adolescente y se andan todo el pueblo y las aldeas con sus ventas a mecapal.
Fausta les daba dónde calentar las tortillas en el rescoldo del comal, las llevaban en un morral que se lo cuelgan cruzado en la espalda antes de ponerse la carga de la venta a mecapal. Le dio pena verlos con tanto encima. Pero es que el favor es mutuo, así lo ve Fausta, porque también le sirven de compañía en lo que echa los pistones en el comal. Siempre los espera con café de máiz o de tortilla hirviendo en el batidor, su olla de frijoles espesos y un cuarto de queso o de requesón. Ellos se deleitan con la comida a la que siempre le agregan chile chiltepe que cargan en sus morrales. En época de calor les hace fresco de masa y cuando está inspirada los recibe con un vaso de chicha de maíz amarillo.
A cambio le ayudan a rajar la leña y la aperchan en la pared de atrás de la cocina. Le llevan a regalar semitas, maíz morado y café también de su cosecha. Fausta les consigue compradoras por las que pone la cara para que les fíen, porque son muy puntuales con los pagos. Fiado es la única forma en la que pueden comprar, los esposos trabajan de mozos en fincas de Chiquimula y Zacapa y llegan a Escuinapa una vez cada tres meses durante un fin de semana y se vuelven a ir. Para mientras a ellas les toca buscarse el sustento con lo que puedan.
Fausta hace quesadillas de arroz, marquesote, queso y requesón. La leche la compra en donde tío Tibe, que siempre se la fía. Con dolor también sacrifica a sus gallinas, las parte, las echa en una pana plástica y se va a ajenarlas al pueblo, no tarda mucho para venderlas, aunque también algunas veces le toca dejarlas fiadas. Las vende más rápido por pedazos que enteras: algunas compran dos alas, otras las patas, menudo, está quien siempre pide los pescuezos, porque para la pechuga no les alcanza y para las piernas tampoco. Nía Margarita, la directora de la escuela, siempre le compra las rabadillas.
A ella le ayuda lavando la ropa, la plancha, hace limpieza en la casa y ahí saca sus lenes para comprar lo más urgente: sal, azúcar, aceite, royal, lo que necesite para continuar vendiendo sus quesadillas y marquesotes. En tiempos en los que la venta baja, camina más lejos y va hasta la salida del pueblo, siempre con el pequeño de sus pollitos de apenas cuatro meses de nacido acostado en la manta que se amarra cruzada en la espalda y el otro de dos años sentado a horcajadas en la cintura.
Con nía Romelia deja encargados dos, mientras los dos mayores están en la escuela. En la entrada del pueblo está una venta de granos, ahí le toca aporrear frijol, desgranar máiz y hacer manojos de tusas. Difíciles son los días cuando le baja su menstruación, el trabajo de aporrear es duro y quisiera estar acostada en la cama, pero dobla un trapo que usa como toalla sanitaria, se toma una taza de té de orégano y sin detenerse a pensar comienza a caminar.
Dependiendo la temporada del año así es el trabajo, para las mujeres y los hombres. Pero el trabajo doméstico sigue siendo exclusivamente de las mujeres, por eso Fausta se ha propuesto criar a sus seis pollitos de forma distinta, manos tienen ellos y manos tienen las mujeres, les enseñará a que se laven ellos mismos su ropa, que cocinen, que hagan limpieza, les enseñará a tortear y a que respeten a las mujeres, no como el marido que tiene que se gasta el dinero del trabajo en la cantina y encima llega a pegarle a la casa. Sus hijos no serán así, ¡o se quita el nombre!
Llueve tan recio que siente que el cielo se va a desmoronar sobre el techo de teja, los pollitos pronto se despertarán con los truenos, no tiene nada caliente para que tomen y apacigüen el susto. Recuerda que en la cocina tiene un recipiente con suero del que sobró cuando hizo el queso, lo tenía para dárselo en la mañana a los coches, pero hará poleada.
Se pone las botas de hule, destranca la puerta que da hacia el patio, se pone una toalla encima y sale corriendo hacia la cocina. Pone el suero a hervir, le echa unos pedacitos de canela, deshace la masa, se la deja caer y con la paleta comienza a moverlo. Le duelen las rodillas, pasó el día en el monte buscando aceitunas para hacer jabón. La cocina comienza a impregnarse del aroma del atol de poleada, propio de Comapa y sus aldeas.
Le agrega azúcar y unos granos de sal, receta de Mamá Bartola, su bisabuela, que decía que se la enseñó Mamá Toribia, su bisabuela. Que contaba a la hora de la oración, que con eso engañaban al hambre en los cerros, en donde en las noches por todo sonido sólo se escuchaba el canto de la lechuza cuando esta llegaba a pararse en los palos de plumajillo.
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LOS TALIBANES PROHIBEN LOS LIBROS ESCRITOS POR MUJERES EN LAS UNIVERSIDADES DE AFGANISTÁN
Anadolu. Corresponsal del diario El País
El régimen ilegaliza también la enseñanza de los derechos humanos y del acoso sexual
Libros escritos por mujeres, clases sobre derechos humanos, y enseñanza sobre el acoso sexual. Estos son los tres elementos del sistema educativo afgano que, a partir de este miércoles, han quedado prohibidos por el régimen talibán, según ha adelantado la BBC Las universidades también han recibido una orden para acabar con la enseñanza de otras 18 asignaturas, de las cuales seis tratan especialmente de mujeres, por considerarlas “en conflicto con los principios de la sharía y la política del sistema.
Unos 680 libros han sido designados como “preocupantes” por este mismo motivo, de los cuales 140 están escritos por mujeres, incluidos títulos como Safety in the Chemical Laboratory (Seguridad en el Laboratorio Químico). La medida llega en una semana ya marcada por las órdenes de Haibatulá Ajundzadá, líder de los talibanes para prohibir la fibra óptica e internet en al menos 10 provincias, en lo que califica como un intento para prevenir la inmoralidad.
Si bien las restricciones afectan a la casi totalidad de la población, las mujeres y niñas ha sido las más afectadas. El acceso a la educación más allá del sexto año de primaria les está prohibido, e incluso perdieron la posibilidad de formarse como matronas, en 2024.
El Gobierno talibán ha defendido la medida, y afirmó a la cadena británica que respeta los derechos de mujer siempre y cuando encajen con su interpretación de la cultura afgana y la ley islámica.
Para la exviceministra de Justicia Zakia Adeli, autora de algunos de los libros afectados, “teniendo en cuenta la mentalidad y políticas misóginas de los talibanes, era de esperar que cuando a las mujeres no les está permitido estudiar, sus visiones, ideas y escritos estén igualmente suprimidos”.
La BBC revela que estas nuevas prohibiciones se aprobaron a finales de agosto Este mismo medio señala que, en una carta a las universidades, el vicedirector académico del Ministerio de Educación Superior del Gobierno talibán, Ziaur Rahman Aryubi, aseguró que la decisión la tomó un panel de “académicos y expertos religiosos”.
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CUANDO EL RITMO ENTRA POR EL OÍDO
Elspeth Gormley / España
Lo que entra por el oído, también llega al corazón. Y cuando la música degrada, el silencio se vuelve cómplice. No todo vale.
Hay letras que no solo entretienen, sino que perpetúan estigmas, reproducen violencias y consolidan jerarquías. Cada verso tiene peso, cada ritmo tiene intención. Y aunque la música nos haga mover el cuerpo, no siempre eleva el alma.
El “perreo”, nacido en Puerto Rico como parte del universo sonoro del reguetón, es primo hermano de otros ritmos urbanos que hoy dominan las pistas. Su origen está marcado por la mezcla de culturas, por la resistencia, por la calle. Pero en su evolución, muchas veces se ha desviado hacia narrativas que glorifican la humillación, el consumo sin conciencia y la masculinidad tóxica.
La diferencia sociocultural se siente en cada compás: mientras unos bailan por placer, otros sobreviven entre escombros, entre ausencias, entre luchas que no caben en una canción de moda. ¿Podemos seguir celebrando ritmos que glorifican la violencia simbólica, mientras en otros rincones del mundo se pelea por la dignidad más básica?
La música puede ser fuego —que quema, que arrasa, que anestesia— pero también faro: que guía, que despierta, que transforma. Hoy más que nunca, necesitamos letras que defiendan la dignidad —en la pista de baile, en las calles, en los territorios donde la vida se juega cada día, sin aplausos ni focos.
Porque esto es lo que escuchan miles de jóvenes y adolescentes cada día. Y cuando el mensaje se repite sin filtro, sin contexto, sin crítica, se convierte en creencia. Les hace pensar que las mujeres son solo cuerpos disponibles, que el sexo es lo mejor —lo único— que pueden ofrecer o desear. Y así, la música deja de ser arte para convertirse en espejo distorsionado de una sociedad que aún no ha aprendido a mirar con respeto.
Porque cuando la palabra se convierte en acción, la indiferencia pierde fuerza. Y cuando el arte se alía con la conciencia, el ruido se convierte en mensaje. Que la música no solo nos haga vibrar, sino también pensar. Que no solo nos entretenga, sino que nos interpele.
Porque hay melodías que pueden abrir caminos, y versos que pueden sembrar esperanza. Que el sonido no nos adormezca, sino que nos despierte. Que el ritmo no nos arrastre, sino que nos eleve.
Y que nunca olvidemos: lo que se baila sin pensar, se termina creyendo sin querer. Porque el cuerpo no distingue entre ritmo y mensaje, pero el alma sí.”
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EL PAPEL DE LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL EN EL FUTURO
Mikel Ramírez / París
La Universidad Europea lanza el cuarto informe de su Observatorio de Inteligencia Artificial en Educación Superior e incorpora esta tecnología como herramienta clave en la formación de su alumnado, tanto como apoyo como protagonista de diversos proyectos
Que la Inteligencia Artificial está cambiando nuestro mundo es ya un hecho. Esta tecnología está abriendo nuevas puertas, cambiando la visión de muchas tareas habituales en el mundo laboral y generando nuevas expectativas laborales. Su influencia alcanza múltiples ámbitos de la vida diaria, entre ellos el de la educación. Incorporar esta herramienta al proceso formativo de una manera reglada que evite su mal uso, al mismo tiempo que se reconoce su capacidad para ampliar los horizontes profesionales, es una de las prioridades de la Universidad Europea, que recientemente ha publicado el cuarto informe de su Observatorio de Inteligencia Artificial en Educación Superior, Inteligencia Artificial: Perspectivas y desafíos desde la visión del estudiante.
En este estudio, se analiza cómo la Inteligencia Artificial propicia una formación educativa más enfocada a la actividad profesional futura, haciéndola más interdisciplinar y personalizada, y el papel que los docentes deben adoptar en este nuevo escenario. “La IA es el mayor reto tecnológico al que se ha enfrentado la educación superior”, explica el decano de la Escuela STEAM de la Universidad Europea, Alberto Sols. “Otras revoluciones han tardado mucho más en llegar a todo el mundo, pero esta alcanza a mucha más gente en mucho menos tiempo”.
El informe recoge percepciones, expectativas, oportunidades, inquietudes y preocupaciones de estudiantes universitarios sobre la incorporación de la IA en sus estudios y en su futura profesión. Así, el papel del profesorado es clave en la formación relacionada con la IA. “Los docentes no solo deben integrar la IA en su labor docente y comprender cómo funciona, sino que deben ejercer una labor más humana, de coaching y acompañamiento”, apunta Sols. “Tienen que ser capaces de transmitir ciertas experiencias personales que tanto enriquecen profesionalmente a los estudiantes”.
La IA como impulsor de la información
Desde 2023, la Universidad Europea ha tomado un papel activo en la búsqueda y análisis de la IA como herramienta para la educación superior. Para ello creó un comité, dirigido por el CEO de la compañía, Manu Patiño, para desarrollar e implementar soluciones basadas en esta tecnología que pudieran impulsar la formación de su alumnado. Este comité analiza las posibilidades de innovación, la mejora en procesos y optimización de recursos, el papel que juega en la toma de decisiones y la ventaja en la competitividad que puede derivar de la utilización de la IA en el proceso educativo. Su objetivo es que el conocimiento y el acceso a la IA estén a disposición de alumnos y docentes de todas las disciplinas de la universidad.
Dentro de esta iniciativa, la Universidad Europea ha implementado una veintena de soluciones basadas en la IA, tanto con desarrollos propios como en colaboración con distintas compañías, destinadas a mejorar y facilitar la formación educativa. Entre ellas se encuentran herramientas de traducción, para automatizar procesos y salvar las barreras idiomáticas, asistentes de conversación que ayuden a profesores y alumnos, herramientas para búsqueda de información en la web de la universidad o un asistente académico, llamado SOFIA con conocimientos específicos para acompañar a los alumnos en su proceso académico. De la misma manera, en las guías de aprendizaje de las titulaciones de la Escuela STEAM del curso 2025/26 se incorporará un código de nivel de uso permitido en IA en documentos y pruebas evaluables.
Otras aplicaciones de la IA que está poniendo en marcha la Universidad Europea están orientadas al campo del marketing, con herramientas que monitorizan la actividad de posibles empresas competidoras, soluciones para el análisis de objetivos o para detectar información o patrones en encuestas.
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CRÓNICAS – SEPTIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“A veces lo más actual no es lo que pasa en el mundo, sino lo que pasa en el alma.”.
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VIEJO ROBLE
Magí Balsells Palau / España
Por una suave brisa en este día caluroso, ha llegado hasta mí una bella estampa de estos humildes y simpáticos seres: las mariposas.
Soy un árbol con muchos años, lo que me ha permitido disfrutar durante décadas de la hermosura de estos frágiles y hermosos insectos.
Hoy recuerdo con cariño mi brote desde la madre tierra. Apenas aparecí, ya vinieron a saludarme, posándose en mis incipientes ramas, que se doblegaban aún por su escaso peso.
Siempre han anidado entre mis ramas, y las hojas han sido sus hermanas: las han alimentado y protegido de los enemigos naturales y de las inclemencias del tiempo.
Algunas, incluso, se han refugiado en mi resquebrajada corteza, marcada por los fenómenos de la naturaleza, dando una sensación de colorido muy especial.
Cuando elevan el vuelo, es como si el arco iris se aposentara en todos los rincones. Es una visión hermosa que muchos poetas han querido pintar, pero nunca han logrado capturar la belleza que ellas impregnan en el espacio.
No puedo soñar como tú, querida mariposa, ya que no es una de mis condiciones. Tampoco puedo volar, pues no tengo alas. Pero sí puedo disfrutar de la alegría de tu presencia.
Cuando se elevan al cielo, se produce una explosión de colores. Y cuando vuelven, es para darme a conocer bellezas que sus ojos han visto.
Cuando aparecen los primeros fríos, se marchan. Ha finalizado su vida. Dejan a sus queridas hermanas, las hojas, que también mustias van perdiendo su color. Ellas también abandonan las ramas, como si quisieran acompañarlas en su último viaje.
Pero para mi deleite, sé que siempre volveré a disfrutar de su hermosa compañía en primavera.
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CRÓNICA DESDE EL ANDÉN
Luz Fontana / Italia
Hoy vi a una mujer llorar en el andén. No era un llanto escandaloso, ni siquiera audible. Era ese tipo de llanto que se queda en los ojos, como si no quisiera molestar. Tenía una bolsa de tela, un abrigo que ya no abriga, y una mirada que parecía buscar algo más allá del tren.
La gente pasaba a su lado como si no existiera. Algunos con prisa, otros con auriculares, otros simplemente con la costumbre de no mirar. Y yo, que tampoco suelo mirar, me detuve.
No por heroísmo. Por humanidad.
Le pregunté si necesitaba algo. Me dijo que no. Que solo estaba esperando. No supe si hablaba del tren o de otra cosa.
Me senté cerca, sin invadir. A veces el silencio es el mejor gesto. Y mientras el tren llegaba, pensé en cuántos andenes hay en el mundo donde alguien espera algo que no siempre llega.
Un abrazo. Una llamada. Una respuesta. Una tregua.
Vivimos tiempos donde todo corre, pero nadie se detiene. Donde la información nos inunda, pero la empatía se evapora. Y sin embargo, ahí estaba ella. Y ahí estaba yo. Dos desconocidas compartiendo un instante que no saldrá en ningún titular.
El tren se fue. Ella también. Yo me quedé con la certeza de que, a veces, lo más actual no es lo que pasa en el mundo, sino lo que pasa en el alma.
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CRÓNICA DE UN VIAJE DESDE XANTHI A LAS ISLAS GRIEGAS
Elspeth Gormley / España
Llegamos a Xanthi desde Turquía, un 28 de octubre que parecía sacado de una novela de espionaje. La lluvia caía con fuerza, como si el cielo quisiera borrar algo. Las calles estaban llenas de militares, algunos con carros de combate. No sabíamos qué estaba ocurriendo. ¿Un golpe militar? ¿Una revuelta? ¿Habíamos cruzado una frontera en el momento equivocado?
El corazón latía rápido. Nadie hablaba. Solo mirábamos por la ventanilla, buscando señales, respuestas. Y entonces, al llegar al hotel, todo cambió. Sonrisas. Música. Gente celebrando. Era el Día del Oxi, la fiesta nacional griega. La tensión se disolvió en abrazos. Y así, entre confusión y ternura, comenzó nuestro viaje por el norte de Grecia.
Xanthi nos recibió con encanto discreto. Una ciudad universitaria donde los jóvenes se acercaban al hotel al ver matrículas españolas, buscando conversación, recuerdos compartidos. Aprendí la carta en griego —ena kotopulo, ena krasi, ena potiri nero— y con esas palabras tejí puentes. Descubrí que nuestras lenguas se abrazan en sus raíces, como si el Mediterráneo supiera que todos venimos del mismo mar.
Las carreteras serpenteaban entre montañas y pueblos escondidos. Y en cada curva, pequeñas capillas al borde del camino, como suspiros sagrados. Dentro, iconos bizantinos, velas encendidas, flores secas. No eran monumentos: eran gestos. Como si cada tramo del viaje mereciera una oración.
En Xanthi, la diversidad se hacía visible. Muchas mujeres turcas caminaban con sus velos, con paso firme y mirada serena. Al principio, lo confieso, pensé que eran religiosas. Me imaginé conventos, votos de silencio, alguna historia mística. Pero no. Eran pomacas, una comunidad musulmana con raíces profundas en la región. Y allí, entre culturas que conviven, entendí que Grecia no es solo ruinas y mitología: es mezcla, es respeto, es historia viva.
Un día nos llevaron hasta Panfhoro, un pueblecito en la frontera grecoturca. Nos dijeron que allí vivía un anciano muy especial. Yo pensaba que era una broma. Imaginaba un personaje pintoresco, quizás alguien que contaba historias para entretener a los turistas.
Pero al llegar… El hombre parecía tener doscientos años. Delgado, con una barba larguísima, rodeado de cabras, sentado bajo un árbol como si fuera parte del paisaje. No hablaba. Solo miraba. Y cuando nos sentamos frente a él, abrió el Corán, empezó a pasar sus páginas lentamente… Y comenzó a hablar.
Uno de mis amigos se atrevió a decir su nombre. El anciano, sin dudar, empezó a contarle todo lo que le había sucedido. Y lo peor —o lo mejor— es que era cierto. Cada detalle. Cada momento. Nos quedamos helados.
La risa se apagó. La curiosidad se volvió respeto. Y nadie más quiso preguntar nada.
Fue como estar frente a un oráculo, pero sin espectáculo. Solo verdad. Solo silencio. Solo ese hombre, que parecía saber más de nosotros que nosotros mismos.
De Panfhoro partimos hacia Kavala, y luego Salónica. Kavala nos mostró una Grecia más urbana, pero no menos mágica. Sus calles olían a café recién hecho y a historia sin fecha. Allí, cada balcón parecía guardar un secreto, y cada piedra tenía algo que contar.
Salónica me hechizó. Sus playas por la noche tenían algo de Zorba bailando sirtaki bajo la luna. Visitamos la Torre Blanca, caminamos por el puerto, y sentí que la historia no era solo pasado, sino presente que respira. El puerto, herido en guerras, se ha reinventado como parque cultural, con galerías, museos y bares que parecen susurrar secretos antiguos.
Y entonces, el ferry. El mar abierto. Las islas.
woooo qué maravilla. Cada una con su alma distinta, con sus casas blancas, sus gatos dormidos, sus callejuelas que huelen a sal y a tiempo detenido. Allí entendí que el viaje no era solo geografía: era transformación. Era Grecia, sí… pero también era yo, distinta, más ligera, más viva.
Caminamos por la ágora como quien camina por dentro de un poema antiguo. Las piedras hablaban, los pasos resonaban, y el tiempo parecía detenerse. Allí probé el yogur griego, espeso, fresco, con ese sabor que no necesita azúcar para ser dulce. Y el souvlaki —sí, así lo llaman ellos—, envuelto en pan caliente, con carne que parecía recién cantada por el fuego.
Y si alguna vez me preguntan qué aprendí en Grecia, no hablaré de ruinas ni de mapas. Diré que aprendí a mirar con el alma, a escuchar sin prisa, …a saborear la vida como se saborea un sorbo de vino frente al mar: despacio, con gratitud, y con los ojos cerrados.”
Porque hay lugares que no se visitan: se sienten. Y hay viajes que no terminan cuando regresas, sino cuando el alma decide que ya ha aprendido lo que tenía que aprender.”
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SOBRE EL QUIJOTE
Jaime Hoyos Forero/ Colombia
Don Quijote murió una tarde en el capítulo 74 de la segunda parte de la obra. Pero el gran triunfo de Cervantes, Dios de la novela, fue el haber logrado la resurrección de don Quijote en nuestros corazones y a través de todos los siglos.
Algunas cosas que os voy a decir, queridos tertulianos, os van a parecer serias y bien razonadas: esas no son mías; las entresaqué de algunos libros que se han escrito sobre Cervantes y el Quijote; las más de ellas, escritas sabiamente por don Alberto Gerchunoff, cervantista argentino insigne, que incluso, os recomiendo.
Otras cosas que os voy a decir, van a pareceros una locura: esas no las copié de nadie, sino que las saqué de mi cabeza y si son una locura será tal vez porque me he ido dejando contagiar de don Quijote, que con el correr del tiempo se ha ido haciendo mi amigo. Y aunque yo, como Sancho, le digo por ejemplo al ver a las mujeres -mira, señor, que no son más que mujeres aunque ya casi nunca usan falda, él me replica diciendo: bien te he dicho, Jaime amigo, y te lo seguiré diciendo…que no son mujeres sino ángeles y por eso hay que amarlas a todas y ese amor es ante todo un ejercicio del alma.
Como veis, queridos tertulianos, las palabras anteriores no están en el Quijote. Me las ha dicho él, al oído, porque don Quijote -para quienes lo amamos- vive en este y en todos los siglos y nos acompaña siempre -igual que el ángel de la guarda- y nos habla en el bus, en la calle, en el silencio de la noche o en el tumulto de la urbe. No os extrañéis, pues, cuando me veáis a solas, moviendo los labios…Es que estoy, seguramente, dialogando con don Quijote; y si veis que levanto la vista es, simplemente, porque mi invisible amigo va cabalgando a Rocinante.
Os invito, queridos tertulianos, y esto no lo hago por mí, sino cumpliendo una orden secreta de don Quijote, a que a partir de hoy os contagiéis de su locura: veréis cómo al salir de aquí, os sentiréis, y espero que para siempre, acompañados de mi señor don Quijote y seréis felices enmendando entuertos y exigiendo justicia sin que os importe tropezar y caer entre las aspas de los molinos. Entonces sentiréis que don Quijote acudirá en vuestro auxilio y sabréis que él no ha muerto, que no es un libro solamente, una novela, sino un hombre vivo, un padre, un loco y un amigo.
Y ahora os voy a escandalizar:
No creo, como dicen muchos críticos, que don Miguel quiso acabar -como efectivamente sucedió- con las narraciones de caballería. Ningún caballerito andante podía ser, claro que no, digno de estar encarnado en don Quijote. Personaje de novela tan grande, tan magnánimo, tan entregado por nosotros, hasta los azotes, tan noble y extraordinario, tan divinamente loco y único como don Quijote, solo ha tenido un par en la vida real. ¿Ya lo adivinasteis? Desde luego: Nuestro Señor Jesucristo.
.No me vais a reprochar por mi herejía, tertulianos, que ya por ella pedí perdón a Jesús y él, benévolamente, me ha perdonado, y al guiñarme un ojo detrás de las nubes, me ha dado a entender que, efectivamente, don Quijote es su par, su émulo en la vida irreal de la novela.
Hay un capítulo en particular que siempre he creído que Cervantes lo tomó de una escena de Jesús terriblemente trágica y desgarradora: Jesús despreciado por el pueblo, calumniado por el pueblo, pero sobre todo, convertido en el escarnio, en la burla grosera, en el hazmerreír de la baja soldadesca; le ponen un trapo a manera de manto real y entre grandes carcajadas se hincan ante Jesús. Y le ponen un cetro de caña y le encajan una corona de espinas en su divina cabeza; pero lo que más tuvo que herir el alma de Jesús, fueron las burlas y las risotadas de la canalla…
Y en la novela, tenemos a don Quijote burlado, enjabonado grotescamente por las criadas por orden de la duquesa, sumiso, humilde y humillado, vilipendiado, reído y mofado. Uno casi no se explica cómo don Miguel de Cervantes escribió tan dolorosa escena,
que cada vez que la leemos se nos humedecen los ojos y se nos atenaza de dolor y rabia la garganta.
Don Quijote todo lo soporta por el bien de los desposeídos, de los desarrapados, de los menesterosos, pero sobre todo porque sabe, como Jesús en la vida real -guardadas desde luego todas las proporciones- que su utopía, que su aparente locura, terminarán por cambiar al mundo, por redimir a los hombres, por darnos un cielo pleno de igualdad para todos, de libertad y de amor.
A veces, en los centenares de mártires de la Iglesia de hoy, en Papúa Occidental, en Siria, en China, y en monjas de indiscutible entrega como la de Calcuta y en algunos docentes, veo la figura flaca y seria de don Quijote. Como él, son los locos de hoy. Pocos creen en sus enseñanzas. Pocos creen en sus recomendaciones y advertencias. Se burlan de su fe, usan los medios de comunicación para mofarse y zaherirlos. Son objeto de desprecio y se refieren a ellos como a unos pobres chiflados, ajenos a la realidad.
Pero esos pobres locos chiflados, al igual que don Quijote, aguantan estoicamente las burlas y el escarnio y seguirán, como apóstoles íntegros, combatiendo contra los molinos, contra los carneros, contra la irreligiosidad, contra el desmedro de las costumbres, contra los falsos profetas, contra la esclavitud de las riquezas, contra los que olvidan olímpicamente a los desamparados de la fortuna, necesitados no de limosna sino de trabajo.
Los locos de hoy, al igual que don Quijote, conocen su locura, pero como dice Gerchunoff, no la curan porque saben que es bella y siguen combatientes y altivos en la esperanza de un mejor mañana.
La novela de Cervantes no es una comedia de aventuras, ¡es una tragedia! La tragedia de los locos sublimes de todas las razas y de todos los tiempos.
Pero ahora, tertulianos, perdonad… Entra aquí, vedla corriendo y brincando, Claudia, mi sobrina nieta de 12 años…
-Chica: cómo te atreves a interrumpirme; ¿No ves que estoy haciendo una seria disertación sobre don Quijote?
-Tío abuelo: precisamente yo quiero que les digas a tus contertulios, que estoy muy sentida con el papa Juan Pablo II.
-¿Qué tiene que ver, chica, el venerable pontífice fallecido, contigo y con don Quijote?
-Estoy sentidísima, tío abuelo, porque el papa hizo santas a muchas personas, y no hizo santo a don Quijote. ¡Eso es injusto!
-Pero Claudia, el papa no podía canonizarlo porque don Quijote no es humano.
-¡Claro que sí es humano, tío abuelo! Es más humano que tú. El sí me dejaría meter el pan entre el chocolate. Él dejaba comer, sin problemas, a Sancho.
-Claudia: cuando yo digo que don Quijote no era humano, quiero decir que…que no fue un homo sapiens.
-¿Qué?
-Bueno. Quiero decir que.. que no nació como tú o como yo, de una mamá. Nació de una novela. No lo podían canonizar.
-Pero yo digo que de todos modos, tío abuelo, don Quijote fue un “bacano”.
-De acuerdo, Claudia. Pero no digas esa palabra; castiza pero no muy culta.
-Entonces, tío abuelo, don Quijote fue un “duro”.
-Sí, Claudia, pero “duro”…
-Entonces fue un “verra…”
-¡Claudia!…Por favor, sal de aquí, chiquilla grosera, que estoy haciendo una disertación seria sobre don Quijote. Esta noche hablaremos en casa… ¿de acuerdo?
Ah, qué niña. Pero yo creo, queridos tertulianos, que en el fondo, mi sobrina nieta tiene toda la razón. Don Quijote, como los santos, merece nuestra profunda veneración.. Ya Rubén Darío le compuso unas bellas letanías.
Si hubiera sido humano -y sí que lo fue como dijo Claudia- sería fantástico que pudiéramos colocar su imagen en los altares, completando un hermoso trío de santos:
San Francisco de Asís,
San Pablo de Tarso,
San Quijote de la Mancha.
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¿AMA USTED A SU ESPOSA?
Ángel Medina / España
Esta clase de situaciones no suelen ser frecuentes. Por si acaso, no haga usted la prueba, porque ni siquiera el Gran Juzgador de todo el Oriente en la época de su esplendor salomónico se halló ante semejante dilema.
Noelia era una mujer hermosa y pizpireta. La beldad estaba casada con un sastre. Un día tuvo su marido que hacer un viaje en avión, que acabó estrellándose. La mujer se sintió desolada, mas como la vida debe seguir― ciertamente no tenía vocación monjil― volvió a contraer nupcias con unmúsico que tocaba el saxo en un crucero. Vinieron tiempos felices, pero al cabo el buque naufragó en medio de una tormenta. La mujer lloraba a los consortes perdidos, pero las lágrimas de aquel copioso río cesaron y se secó el cauce.
A fin de distraer su confusa mente decidió hacer un viaje a la tierra de los faraones, donde entabló amistad con un arqueólogo, que acabó desposándola. Meses más tarde recibió una llamada del consulado en la que le comunicaron que había quedado sepultado durante unas excavaciones. Triste es la vida, y la dulce Noelia mitigó su dolor en la persona de un alpinista que le fue presentado por una amiga. Corriendo el calendario, acabaron suscribiendo el acta de matrimonio. Pero, ¡ay!, ¿Por qué a veces es tan persistente el destino y se ceba con las criaturas? Un mal día, su cónyuge acabó despeñándose durante una ventisca, sin que consiguieran encontrar su cuerpo. Al paso del tiempohalló en su vida a un apuesto galán otoñal, quien, bromeando, la piropeó diciendo: ¿le gustaría convertirse en mi viuda? ¡Santo cielo! ¡Para qué nombrarlo! Transcurridas unas semanas se convertía en su flamante mujercita. El caballero en cuestión era de profesión bombero. Un día, se desató una lluvia torrencial y se desbordó el río, desapareciendo él en la riada.
La belleza tenía su mesita de estar convertida en un retablo, sustituyendo las fotos de santos las de sus cinco “ex”, escapando de sus labios una sentida jaculatoria al contemplar su desdicha ¡Ay, Señor, ¿qué habré hecho para merecer todo esto? ¡Porque, ya era mala suerte!
Cinco bodas y ningún marido. Desencantada, pues, se propuso no volver a probar suerte en el amor, manteniendo como única compañía la de un caniche.
Pasó el tiempo y recibió cinco cartas. La grafía de cada sobre le resultaba conocida, sintiendo resquemor en abrir las misivas. ¡No era posible! Aunque, no siéndolo… ¿cómo tenía en sus manos las cartas? Y como los muertos no están facultados para escribir, decidió abrirlas sin dilación. Las cinco tenían un contenido parecido. Decían algo así: “Sobreviví al accidente. Estoy recuperado y vuelvo a casa. Te amo más que nunca”.
La situación resultaba ser esperpéntica. Todos esperaban encontrar a su mujercita desconsolada y se encontraron con que no eran cónyuges sino de una quinta parte.
El primero le dijo que el avión consiguió amerizar en medio del mar, siendo él el único superviviente, manteniéndose encaramado en el fuselaje hasta que finalmente fue rescatado por unos pescadores. Como consecuencia del golpe sufrió una amnesia profunda.
El segundo arrió un bote y viajó a la deriva, padeciendo sed y hambre hasta que las corrientes le llevaron a una isla. Allí se alimentó de la pesca y bebió agua de un río, en tanto que fue rescatado por un mercante.
El tercero se vio obligado a compartir la experiencia del mundo de los muertos, rodeado de criptas funerarias. Al cabo de unos días creyó volverse loco, siendo escuchado sus gritos por unos turistas japoneses, no recordando lo que le había pasado, debiendo permanecer largo tiempo en el hospital antes de recuperarse.
El cuarto, al despeñarse tuvo la fortuna de ver amortiguada la caída por unos arbustos, quebrándosele los huesos. La soledad y el frío terminaron por trastornar su intelecto. Finalmente fue encontrado e ingresado en un sanatorio, hasta que pudo recuperar su salud física y mental.
La salvación del quinto no fue menos portentosa. El torrente lo arrastró hasta una playa lejana convertida en vertedero. Cuando abrió los ojos no recordaba qué había sucedido y comenzó a vagar sin saber ni dónde estaba ni a quién acudir.
Todo resultaba increíble, pero cierto. Más, la buena de Noelia hízose la pregunta: Y ahora, ¿qué? Todos eran sus legítimos maridos y se imponía poner en orden la situación que se había creado. Y esto sólo podía hacerlo la Justicia.
El provecto del juez hubo de reconocer que nunca jamás había tenido que dirimir un caso semejante. Legislado no había nada, y saber de alguna jurisprudencia, por lejana que fuese, se le antojaba dificultoso. ¿Dónde podría posar su pensamiento para guiar sabiamente la decisión a tomar? Desconcertado, pero sabiendo que tenía la obligación de dar solución a la coyuntura, resolvió así:
―Voy a hacer unas propuestas antes de dictar sentencia alguna, pues entiendo que la mejor solución sería la avenencia consentida entre las partes. Por equidad, puesto que todos son maridos legales de esta mujer, propongo que puedan vivir en común. Esto es, en situación de poligamia. Pasado un año se celebrará una nueva vista, por si hubiese de ser corregida esta primera.
Noelia, que era muy fogosa se sintió al principio adulada. Pero calculó mal, porque aquel ritmo frenético que le venía impuesto acabó desbordándola. El cansancio se reflejaba en su rostro, debiendo rechazar a unos y aceptar a otros según le apetecía, todo lo cual suscitó la rencilla entre los varones, por lo que recurrió al Juez en busca de mejor solución para todos.
La segunda recomendación no fue menos pintoresca.
―Cada cónyuge pasará con su esposa dos meses al año, de modo que ella podrá relajarse y cada uno de ustedes hacer uso del matrimonio sin tener que competir con los otros.
Pero el tiempo es buen o mal consejero, pues trae la reflexión. Y conforme pasaban las semanas, la mujer comenzó a sentirse como concubina o hurí de un harem. Visto lo cual, el Magistrado propuso una tercera alternativa. Algo peculiar, pues se debía de echar a suerte quien ocuparía el lugar como marido. Y la bella empezó a perder el sentido de la autoestima, considerándose como un osito de feria que corresponde a un premio de azar.
El pleito desbordaba los conocimientos del Juez. Por eso, solicitó un receso a fin de consultar todos los libros de leyes de que disponía. Aunque, en vano. En ninguno se ofrecía solución para dirimir lo que se le había encomendado. Repensándolo, una lucecita vino a encenderse en su leguyesca testa. Se divorciaría de todos e indemnizaría a cada uno. Resolución también vana, pues la mujer era de humilde condición y no tenía capital alguno, salvo el de su belleza. ¿Qué hacer? ― repensaba el togado― De tanto exprimir la mollera, comenzó a fraguar una genial idea. ¿Por qué no recurrir a “él”? Nada perdía por intentarlo, porque el caso no podía ser cerrado en falso y alguna salida habría de darle. Y meditando, imaginando la escena del rey sabio con el niño en sus brazos y las mujeres asustadas al escucharle decir que lo dividiría en dos mitades, una para cada una de ellas, se dispuso a dictar el fallo.
―Puesto que he de dar por sentado que todos y cada uno de los maridos aman a Noelia, habrán de estar dispuestos a una prueba total del amor profesado. ¿Y qué mayor abnegación que la de entregar la vida por la persona a la que se ama? Así, pues, esta es mi sentencia definitiva: aquí tienen cinco copas para beberlas. Sólo una no tiene cianuro. El que viva se constituirá en el marido legal. ¡A fin de cuentas, todos ustedes estaban muertos!
Al conjuro de sus palabras la sorpresa se dibujó en el rostro de los cinco maridos. Ciertamente, ninguno podía esperar un veredicto de tal calibre. Y cabizbajos, comenzaron a desfilar ante el estrado. Sólo uno permaneció allí. Era el sastre, su primer esposo, que había decidido arriesgar su vida con tal de ganar su amor. Y al punto, entendió ella quién la amaba de verdad, proclamándose el renacido matrimonio. Y es que el amor es el único capaz de afrontar los miedos que todos llevamos dentro.
La sala se había vaciado. Cuando todos salieron, habiendo quedado sólo el juez, vertió la bebida de todas las copas en un vaso, ingirió el líquido para calmar su sed y abandonó el estrado sonriente, satisfecho por su sentencia, en tanto ronroneaba en su cabeza que, cuando algún día le contase esta historia a su nieto, a buen seguro que le escucharía decir: “Abuelo, no me cuentes más batallitas”. Salomón había hecho justicia.
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CUENTOS Y RELATOS
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“Aquí no se cuentan historias: se revelan memorias, ficciones y verdades que nos atraviesan… porque donde termina el silencio, comienza el relato.”
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Colaboran en esta Sección:
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MI PINO MI AMIGO
Magí Balsells Palau / España
Éramos ocho amigos que, en su momento, compramos unas parcelas en un lugar costero con poca vegetación y menos arbolado. Eso despertó en nosotros el deseo de tener algunas plantas y un árbol que, al crecer, nos ofreciera una agradable sombra.
Decidimos que cada uno plantaría un árbol, todos de la misma especie. El problema fue que muchas de las variedades que intentamos no se arraigaban bien en el terreno, hasta que dimos con la más simple y resistente: el pino piñonero, muy extendido en las costas. Necesitaba poco cuidado y se adaptaba perfectamente a superficies rocosas o areniscas.
Cuando vimos que sus raíces se habían hecho fuertes y empezaban a crecer con rapidez, uno de los amigos propuso algo insólito, y en cierta forma, macabro: Que al fallecer alguno de nosotros, se cortara su árbol y con su madera se le hiciera un ataúd. Así, el árbol podría acompañarlo eternamente, como símbolo del cariño que siempre se le había dado.
Como era de esperar, hubo discrepancias. Pero, siendo democráticos, se sometió a votación secreta. Todos aceptamos cumplir el resultado, y la propuesta fue aprobada.
Pasaron los años. Los árboles crecieron fuertes y sanos, cuidados con esmero. Hoy se cumplen cincuenta años de aquella plantación, y he querido celebrarlo. Pero no tengo con quién. De mis amigos, ninguno queda. Todos se marcharon con la compañía de su árbol. Sus parcelas están solitarias. No hay ningún árbol, solo los mojones que indican que alguna vez estuvieron allí.
Me equivoqué al decir que no tenía con quién celebrarlo. Sí lo tengo: mi árbol, mi amigo fiel. No quiero que te corten, ni que tu madera envuelva mi cuerpo. Quiero que vivas muchos años más. Nadie recordará la promesa que hicimos los ocho amigos. Nadie puede reclamarme nada.
Por eso, quiero ser enterrado a tus pies. Así podré disfrutar de tu compañía viva, y tú podrás abrazarme con tus raíces, guardando mi sueño eterno.
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NO ME RECONOCIÓ ( PADECE LA ENFERMEDAD DEL OLVIDO )
Libia B. Carciofetti / Argentina
La tristeza a veces viene envuelta en papel desteñido, opaco como esos cielos que presagian tormenta.
Hoy me estrené un sweater color otoño, que hacían juego con mis zapatos y cartera. Fui temprano a la peluquería, me hice reflejos, manicura y dejé que me dieran unos toques «maestros » en el rostro. La verdad que me gustó el cambio… ¡Parecía otra!
Siempre salgo a las corridas de casa a la oficina, y a veces salvo en raras ocasiones me maquillo. En uno de los correos que me enviaron en la semana de la amistad, y gracias a la mala costumbre que tienen algunos usuarios dejando expuestas las direcciones, leí el nombre de tu hermana «Leticia Brown» … ¿Será otra persona?
Seleccioné la dire y le envié un correo, ya nos conocíamos de la secundaria, solo que cuando ella se recibió yo cursaba 2º año.
Lo primero que hice fue preguntarle por ti, que si bien no eran hermanos de padre y madre tenían una muy buena relación. Dany le debe llevar 20 años y hace 20 años tenía una pinta de aquellas… Cuando lo veía por los pasillos me quedaba embobada! ¡Esas canitas! ¡Esas canitas! Esa corbata haciendo juego con la camisa ensamblado con este traje oscuro, me volvían loca.
Creo que desde que lo conocí comenzó a gustarme geografía… Solo que creo que a el no le caía muy simpática porque siempre me bochaba.
Mis compañeras me decían ¡Este tipo está remetido con vos! ¿No ves como te mira y se hace el distraído? Creo que usa la estrategia de encontrarte errores para engancharte…
Y nuevamente mi conteo con los dedos daban el mismo resultado… 18 a 44… ¡Nena! te lleva 26 años! Puede ser tu papá.
Lo mismo soñaba y suspiraba por el, aunque reconocía que mis sueños quedarían en eso nada más. Hasta que un trágico día, nos enteramos que en el laboratorio de fotografías suyo pero que atendía su madre se inició un incendio y explotó una lata de un líquido que usaban para los revelados.
El, aparentemente no tenía lesiones expuestas, pero si su madre sufrió quemaduras de 3º grado que le produjeron la muerte.
Solo supimos que el había perdido la audión de un oído y parte del otro que lo inhabilitaba para dar sus clases.
Un episodio que consternó al colegio entero; y de allí en más desapareciste de nuestras vidas… Te había tragado la tierra, te habías mudado con tu hermana, sumido en el dolor. Pero esas vueltas de la vida, y esa imagen que no se me borró jamás de la memoria. Ahora que tu hermana me había contestado y me dio la oportunidad de este reencuentro, te daría la sorpresa…
No le quise preguntar si estabas casado, trabajabas o que era de tu vida…solo quería verte y que me vieras.
Olvidé preguntarle a Leticia que vehículo tenías ahora… De todas maneras te compré un llavero con la letra «D» muy sobrio… Como todo lo que usabas.
Me baje del subte atropellando a medio mundo, era domingo y no tenía porque hacerlo, ya que no viajaba mucha gente.
En Corrientes le compré un ramito de fresias a Leticia y en vez de tomar un taxi, caminé las 8 cuadras tratando de aquietar este corazón que galopaba a lo loco. Me iba mirando en las vidrieras y yo misma me asombraba del brillo que tenían mis ojos. No podía negarlo, tenía una “regresión” de aquellas.
Creo que me voy a morir de parada, pensé…Una lujosa planta de edificios, que me dejó alelada…Si hasta me dio la idea de no subir y escribirle a Leti, que no pude ir. Pero mujer al fin, acostumbrada a tomar decisiones, subí y toqué el timbre. Nos abrazamos con Leti que se alegró de verme, y cuando me estaba por decir algo, apareciste. Esperaba que me dieras un beso de bienvenida, o extendieras tu mano para saludarme, Pero solo te sonreías sin dejar de mirarme…Entonces yo me elevé un poquito y te besé la mejilla. Tu cabello ya se había teñido de gris, usabas lentes, y tenías puesto chinelas.
Aún así me seguías gustando, estabas muy bien afeitado y con olor a rico.
Abrí mi cartera y te ofrecí el regalo que traía, no lo abriste y si lo dejaste sobre la mesa. Leticia nos dio orden de sentarnos que ya traía el te.
No me corriste la silla y te sentaste primero… ¡Te desconocí!
No tengo palabras para expresar lo que siento en estos momentos al contarlo.
Su audición había mermado y solo escucha algo cuando le ponen sus audífonos que no los soportan y descansan en un cajón.
De pronto con voz utilizada por aquellas personas que no escuchan, me pregunta. ¿Quién eres tú? Quise argüir palabra, pero la tristeza me superó y solo pude decir Beatriz tu alumna, quise darte la sorpresa de visitarte para el día del amigo… Se sonrió y siguió tomando su te… ya me saltaban las lágrimas… Yo no te conozco!!!
Maldije al peluquero, maquilladora, manicura, odié mi sweater color otoño…
Yo me había desconocido…pero tanto como para que no me reconozcan ¿???
Nos miramos con Leti, y por sobre el mantel me aprieta la mano en un gesto de ternura. ¿Sabes Beatriz? Dany padece la llamada “Enfermedad del olvido” para decirlo mejor Alzheimer
Desde que nos mudamos hace 8 años lo comencé a notar “distinto” como ausente, en las conversaciones… dejó de salir, se recluyó en su “bunker“ de silencio. Te lo iba a contar para que estés informada, pero justo entraba el…
Podíamos hablar pues no lo mirábamos y él estaba viendo como se ocultaba el sol detrás de los edificios.
Es muy triste vivir con una persona que no tiene incentivo de nada, pero no lo puedo abandonar, pues al morir mamá yo le prometí que viviría conmigo…
Es muy dócil, no es agresivo… ¡Es un niño! Al que amo con todo mi corazón.
¡Gracias por visitarnos! Hazlo cuando desees, me hacen bien las visitas ya que con él casi no hay diálogo… ya lo ves son personas muy especiales.
Cuando vio que me paré para irme, se acercó y me abrazó, impregnándome de su perfume, y siguió sonriéndose…
Prometí volver y lo haré ¡Claro que lo haré! Recuperé al hombre de mis sueños, aunque olvidó sus sentimientos…
El mismo rostro, las mismas manos, los mismos ojos, la misma boca, su misma figura; y traje conmigo algo que no había tenido jamás; su perfume exquisito enredándome, y el recuerdo de su abrazo que aunque él no sabía a quien abrazaba yo se que es Dany quien me abrazó.
¡Mi papi siempre decía! Ustedes las mujeres se conforman con poco y hoy lo entiendo. ¡Si! Me conformo solamente con su presencia y su aroma…
Y mientras me desvisto sigo oliendo mi sweater con perfume a Dany.
La vida a veces nos prepara para dar lecciones aún después de clase, y yo estoy dispuesta a darla… Se que esta vez no me podrá “bochar”… Porque me interesaré por todos los comportamientos que tienen estas personas afectadas de este mal. Lo ayudaré a sobrevivir aunque me pregunte mil veces mi nombre y solo me sonría…
Hasta es posible que lo acompañe al parque tomada de su mano como dos enamorados.
Que DIOS nos ayude a transitar este doloroso y oscuro túnel de silencios…
Le pasó a el, como me pudo suceder a mi…
Esta enfermedad no perdona, por eso es que debemos estar preparados…
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DE POSTRE DURAZNOS
Carlos Horacio González Saavedra / Argentina
Corría el año 1960 y a papá lo ascendieron. Eso significaba una mejora económica sustancial. Pasó de ser casi un pincha papeles a llevar la teneduría de libros. Su jefe, el contador, había sido promovido a la gerencia.
El frigorífico “La Negra” estaba en Avellaneda y era uno de los más modernos de la época. No era fácil progresar en esas empresas, ya que sus dueños ingleses eran sumamente exigentes con sus empleados. Todo debía estar en perfecto orden para enviar los reportes a Inglaterra.
Papá era un genio para eso. Además, mis tíos trabajaban en el correo, en el despacho al exterior, así que las cartas salían y llegaban con una rapidez inusual. Eso les valió varias felicitaciones, tanto al jefe como a papá.
Mamá estaba contenta. Mi hermana y yo sabíamos que algo bueno estaba pasando.
En un almuerzo familiar, mis padres anunciaron que habían invitado al nuevo gerente a comer en casa, como festejo por los ascensos. Debíamos portarnos bien en la mesa: no apoyar los codos, esperar a que mamá sirviera, cruzar las manos y mantenernos a una cuarta de la mesa. Papá se ocupaba de medirlo con su mano durante toda la semana previa.
La casa debía estar impecable ese domingo, y todos colaboramos. Enceramos los pisos, lavamos el patio. Todo relucía. Mi hermana llevaba un vestidito muy bonito, y yo, pantalón corto y camisa al tono. Impecables los cuatro.
El contador Enrique Talent había dicho que tomaría el tren en Constitución a las 11:10 h, y llegaría a las 11:50 h a Rafael Calzada. Papá lo iría a buscar a la estación.
La mesa, con mantel y flores, daba un toque muy cálido a la visita.
Cuando faltaban unos minutos para salir, un grito desesperado de mamá rompió la calma: —¡Carlos, me olvidé el postre! ¿Por qué no compras en el andén de la estación una lata de duraznos al natural, en esa frutería nueva de paredes de chapa amarillas?
Papá, sin mucho que decir, asintió con la cabeza y salió. Era domingo al mediodía, todo estaba cerrado, y no había tiempo para buscar otra cosa.
A las 11:50 h, justo cuando bajaban los pasajeros, entre ellos Talent, lo vimos llegar con un ramo de flores para mamá… y una lata de duraznos en almíbar, comprados en Constitución.
Papá no dijo nada. Se sintió agradecido por los presentes, y hasta sacó unos caramelos del bolsillo para mi hermana y para mí.
Enrique Talent era una persona muy humana, de mirada y apariencia triste. Iluminaba su expresión con una sonrisa y unos encendidos ojos celestes. Algo mayor, soltero, y con muchas ganas de afecto. Papá lo estimaba mucho.
Todo transcurrió con normalidad. Almorzamos muy rico. A los postres, mamá había preparado los duraznos en una fuente de vidrio, listos para servir.
Salió contenta de la cocina, con su mejor sonrisa: —Ay, señor Talent, disculpe usted por los duraznos en almíbar. No tuve tiempo de hacer flan.
Papá replicó: —Tita, los duraznos los trajo Enrique. Los compró en Constitución.
Mamá se quedó muda durante media hora, sin saber cómo salir del momento incómodo. A Enrique le causó gracia. Papá se disculpaba por el desliz. Nosotros, callados, no sabíamos si reír o llorar.
A papá lo volvieron a ascender, promovido por Mr. Talent… a pesar del postre.
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TANA EN ESCOCIA ( DONDE EL PASADO SUSURRA)
Elspeth Gormley / España
Este relato pertenece al libro de mi autoría, El universo de Tana. Nos invita a recorrer la travesía íntima de Tana, una mujer que emprende un viaje hacia Escocia en busca de sus raíces. Lo que comienza como una exploración geográfica se convierte en una experiencia transformadora, donde la memoria, la herencia y la identidad se entrelazan en cada paso. Entre castillos, mares y leyendas, Tana descubre que el pasado no está detrás, sino dentro.
Durante años, Tana había sentido una llamada silenciosa hacia Escocia. No era solo el deseo de viajar, sino una necesidad profunda de pisar la tierra de su padre, de entender esa conexión invisible que la atravesaba. Aunque apenas lo había conocido, intuía que en esas colinas verdes y cielos cambiantes se escondían respuestas que su alma necesitaba.
Con una maleta llena de preguntas y el corazón latiendo fuerte, llegó a Glasgow. El aire fresco, el olor del mar, las piedras antiguas… todo parecía esperarla. Pero su destino no era solo el paisaje: era la casa donde su padre había vivido, en las Highlands.
Cuando Tana llegó, la casa se alzaba entre colinas como un guardián del tiempo. Al cruzar el umbral, sintió que el pasado la abrazaba. Las paredes de piedra, el techo de paja, los retratos antiguos… todo parecía hablarle. En la sala principal, frente a una chimenea apagada, encontró un diario. Era el de su padre.
Las páginas, escritas con tinta desvanecida, le revelaron un mundo íntimo: pensamientos, sueños, miedos, amor por la tierra. Tana leía y sentía que su padre le hablaba desde otro tiempo. Cada palabra era una caricia, cada frase una revelación. Sorpresa, nostalgia, admiración… pero sobre todo, conexión. Por primera vez, lo conocía de verdad.
El diario transformó su mirada. Las Highlands dejaron de ser un paisaje mítico para convertirse en escenario de su historia familiar. Las montañas, los lagos, los valles… todo tenía sentido. Tana entendió que no solo buscaba el pasado: estaba construyendo su futuro.
En una de las últimas páginas, su padre hablaba de una leyenda familiar: la historia de Ewan, un ancestro guerrero que había luchado en las Highlands con una espada forjada en el metal de un meteorito. Se decía que un cuervo blanco aparecía antes de cada victoria, como señal de protección. El castillo de Eilean Donan, según la leyenda, guardaba la espada en sus mazmorras, esperando al descendiente digno que pudiera empuñarla.
Tana visitó el castillo. Lo recorrió con respeto, sintiendo que cada piedra le contaba una historia. No buscaba la espada, sino el eco de su linaje. En las salas silenciosas, creyó escuchar los pasos de Ewan, el susurro del cuervo, el latido de su propia sangre.
Al salir, con el tartán de su padre sobre los hombros y el espíritu de sus ancestros en el corazón, Tana dejó la casa con una certeza nueva: no estaba sola. La tierra la había reconocido. Y ella, por fin, sabía quién era.
La historia de Tana no termina en Escocia. Comienza allí. Porque hay viajes que no se hacen con los pies, sino con el alma. Y hay tierras que no se visitan: se recuerdan, se honran, se habitan desde dentro.
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EL SONIDO DEL SILENCIO
Marga Mangione/ Argentina
No sabía por qué se encontraba en ese lugar, pero sí sabía dónde estaba; era un hospital. Pensaba que era una habitación muy grande, de esas que tienen diez, o doce camas, cinco o seis colocadas de cada lado, debajo de unos enormes ventanales.
Las voces y los ruidos hacían que se mantuviera alerta durante todo el día. Escuchaba conversaciones a su alrededor. A veces, alguno de los visitantes de los enfermos de las otras camas, se acercaba y murmuraba algo. Por lo general, sintiendo lástima por él. ¡Pobre pibe! ¿Todavía no se despertó? ¿Qué le pasó? Y el vecino de al lado contestaba: ¡Qué se yo! Lo trajeron así. Un accidente tal vez…
Las enfermeras que lo higienizaban y le cambiaban el suero, le hablaban, pero él, no les contestaba. No podía hablar, no sabía cómo hacerlo. Tampoco podía abrir los ojos. Nadie lo visitaba nunca. ¿Sería que tal vez su familia no se había enterado que estaba allí? O quizás no tenía familia. Trataba todo el tiempo de recordar qué le había pasado, pero era en vano, no recordaba nada.
Los días pasaban; monótonos, largos, interminables. Los primeros en los que tomó conciencia de que estaba internado en un hospital, los pasó desesperado, escuchando los ruidos, las voces, tratando de abrir los ojos, de gritar sus dudas, sus dolores, su angustia. Pero era inútil. Sentía el roce de las manos acomodando su cama, lavándolo, el murmullo de las voces penetraba en su cerebro enloqueciéndolo. Lo peor eran las noches, cuando todo quedaba en total y absoluto silencio por horas y horas
. Hasta que empezó a reconocer un ruido: era el goteo de una canilla. Pensó que su cama estaba ubicada al lado del baño. Sí, tenía que ser así, porque se acordaba que alguna vez estuvo visitando a alguien internado en el Hospital Fiorito de Avellaneda, y la habitación era de las dimensiones que se imaginaba tenía ésta. Antes de ingresar a esa sala, había un baño que usaban los enfermos que podían levantarse, y los familiares que se quedaban a cuidarlos.
La canilla goteaba exactamente cada segundo, de cada hora, de cada noche. Siempre igual, eternamente igual. Hasta que ese ruido comenzó a hacerse diferente. Prestó atención; ya no eran gotas cayendo monótonas sobre la superficie de una pileta. No, ahora las gotas le hablaban. ¿Se estaría volviendo loco? Comenzó a darse cuenta una madrugada, mientras trataba de sacudir la niebla que cubría sus sentidos aletargados. Lo había despertado la voz de la enfermera nocturna, preguntándole a uno de los enfermos si necesitaba algo.
Supo que todavía era de noche, porque la que hablaba era Lila, y ella se iba a las seis de la mañana. Las que estaban durante el día eran muy eficientes, pero trabajaban casi mecánicamente. En cambio, Lila se tomaba el tiempo necesario para ser cariñosa con todos. A él siempre le hablaba con dulzura, y en esos momentos sentía una pena inmensa por no poder contestarle y agradecerle sus cuidados, pero le encantaba escucharla. Cuando la muchacha se fue, volvió a oír las gotas hablándole. ¿Qué le decían? Escuchó atentamente en medio del silencio casi sepulcral que reinaba en ese lugar y a esa hora.
Ahora oyó claramente: Juan…, Juan…, Juan… ¿Sería ese su nombre…? Pensó que, si las gotas le hablaban, podría preguntarles si sabían quién era, y un montón de cosas más. Pero, ¿Cómo lo haría, si no podía hablar? Entonces las gotas le contestaron: Tranquilo Juan. No necesitas hablar. Nosotras escuchamos tus pensamientos, y te vamos a ayudar… Me llamo Juan, decidió. Y les agradeció mentalmente a las gotas. ¿Qué me pasó? Siguió preguntando con el pensamiento, y las gotas seguían hablando: tac…, tac…, tac… Moto. -escuchó- ¡Yo andaba en la moto! ¡Me habré caído, o tal vez me atropellaron!
¡No puedo recordar! Una lágrima se deslizó desde su ojo a la comisura de sus labios. Las gotas le dijeron: tac…, tac…, tac… Está bien, -les dijo- no voy a llorar, ¡pero ayúdenme por favor…! Y las gotas seguían con su: tac…, tac…, tac… Me llamo Juan. Me caí de la moto. ¡No! ¡Me tiraron de la moto! Estoy vivo, pero no puedo hablar, ni moverme, y me duele todo el cuerpo… ¿Tengo familia? El tac de las gotas le contó que tenía una mamá, una novia y hermanos, pero eso no fue de golpe, pasaron muchas semanas en las que Juan dormía de día y preguntaba de noche. Paulatinamente iba conociendo su historia, pero le faltaba hacer la pregunta más importante: ¿Se salvaría? ¿Volvería a caminar, a hablar? ¿Sabrían su mamá y su novia que estaba allí?
Esa noche preguntaría… El día se le hizo insoportable. Cuando el día acabó, y comenzó a reinar el silencio, buscó el sonido de las gotas y no lo escuchó. Esperó en vano durante muchas horas. Después, en medio de la desesperación oyó la voz de Lila, la enfermera nocturna, que comentaba con el médico de guardia: –
¡Menos mal que arreglaron esa maldita canilla, ya no la aguantaba más!
La penumbra de la habitación no permitió que la enfermera pudiera ver las lágrimas que rodaban por las mejillas de Juan…
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ENOJO
Andrea Morini / Argentina
Hace días que no respondes. Molesto paso por tu casa para verte y, de paso, regañarte por no devolver mis llamados.
No tengo tiempo en la semana para estas cosas, seguro que lo sabes pero, aún así, te comportas como un niño reclamando atención.
Las llaves en la cerradura giran con fuerza, entro a la casa y un silencio ominoso me recibe. Atino a nombrarte, pero mi voz se pierde en los recovecos de las habitaciones.
Extrañado comienzo a recorrerlas, pero no hay anuncios tuyos y comienzo a preocuparme, no sueles salir de la casa desde hace mucho tiempo.
El olor de los ambientes tiene reminiscencias del pasado, me habla de ti, de mí, de tus brazos fuertes llevándome al colegio o a jugar al club.
Esos miembros protectores que contuvieron mi niñez, ahora tan solo tienen fuerza para levantar un vaso y que no caiga al suelo por resbalarse de tus manos inseguras, como ya pasó hace algún tiempo, aunque no dijiste nada, pero las astillas delataron tu secreto que quedó sellado en mi boca.
Sigo avanzando por los recuerdos mientras te busco, «¿dónde te has escondido?» me pregunto, sabiendo que no sé si quiero tener respuesta a ese interrogante.
Me encamino hacia el banco del patio, aquel en el que te gusta sentarte en las tardes cálidas a leer o tomar unos mates… y allí te encuentro rodeado de fotos familiares que me miran desde el mutismo en el que están inmersas, al igual que tú.
Te llamo, pero ya no respondes.
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ESTOS DIAMANTES, CAROLINA
Gustavo Páez Escobar / Colombia
Tal vez por ser la mujer del joyero, Carolina se acostumbró al lujo. A toda suerte de lujos, desde lucir las joyas más ambicionadas por la vanidad femenina hasta cambiar de carro y de residencia con el único motivo de estrenar, o inventarse viajes al exterior para contemporizar con el mundo de derroches y alardes del que no podía prescindir.
–Vengo con el último grito de la moda –le anunció a su marido, y con rápido movimiento sacó de los paquetes todo un almacén de vestidos, zapatillas, perfumes y ropas íntimas.
–Pero si la semana pasada te compraste tres vestidos –exclamó Hugo Mario, entre atónito e idiotizado, y en realidad ignoraba si habían sido tres o media docena
–Y este es el perfume más arrebatador de París (¿te imaginas cuánto me costó?), como para tenerte siempre a mi lado –siguió ella, sin darle lugar a nuevas protestas, mientras la fragancia inundaba la alcoba con poderosas incitaciones.
–¡Fantástico! –fue la exclamación del marido derrotado, y fascinado al mismo tiempo, y en esos momentos era cuando él saboreaba mejor la vida y más se solazaba con el lujo de mujer que le había dado la suerte.
–Y ahora un aire romántico (¿prefieres los Panchos, los Diamantes o María Luisa Landín?), y whisky para que el amor sea más embriagante. ¡Cuánto te quiero! No dejes nunca de ser apasionado, te lo ruego –continuaba su esposa, matizando el instante amoroso, y el hombre, derretido entre sensaciones lascivas, quedaba sin respiración.
–Eres un encanto –tales las palabras rituales con que el marido finalizaba siempre aquellos encuentros, y el acto concluía.
Camino del negocio, con esa languidez de espíritu de los maridos generosos, se preguntaba Hugo Mario si su chequera respondería a tantos excesos. “Me estoy arruinando”, meditaba. Luego, recordaba el beso categórico y la emoción causada por las caricias seductoras con que la mujer dice siempre la última palabra. El embrujo todo de París cabía en esas gotas de perfume que, cual señuelos para la provocación, le despertaban alborotos súbitos, que por fortuna su mujer sabía calmar en la justa medida.
Era entonces cuando musitaba el “eres un encanto” y cuando Carolina se proclamaba victoriosa, como mujer satisfecha, en lo más recóndito de su amor posesivo. Sabía que el hombre, disminuido, respondería mejor a sus asedios. ¿Sería él tan indolente que le negara el aderezo de diamantes con que tanto había soñado, o no accediera al viaje que con sus amigas preparaba para las playas de Miami?
“Me estoy arruinando”, volvía a pensar. Y otra vez la cabeza le daba vueltas con el cúmulo de compromisos económicos que ya no alcanzaba a atender. Pero de nuevo surgía su vida sentimental con una eva tan apetitosa como complaciente, y ahí se evaporaban sus temores. Y hasta se enternecía al acariciar los fugaces momentos de placer donde la voluntad se desvanece entre las sutilezas femeninas.
–Acuérdese, don Hugo Mario –le recordaba el usurero–, que llevo seis meses esperándolo y ya no puedo darle más plazo.
–Le pagaré más intereses.
–No es suficiente. Necesito el capital o una garantía mayor. Hipotéqueme la casa.
–No es posible: está hipotecada.
–Entonces, la finca.
–Tampoco es posible: tiene dos hipotecas.
–Entonces…
De aquella conversación con el usurero arrancó la quiebra presentida. No fue sino que él lo embargara para que el resto de acreedores, que se mantenían listos para el ataque, cayeran como langostas. Menos mal que Carolina gozaba las delicias del sol, la brisa y las tibias aguas del Caribe y no se halló presente el día en que el juez decretó el secuestro de todas las propiedades. Ella no merecía aquella vergüenza, aquel sonrojo inconcebible para una princesa.
La suntuosa mansión se desmoronó de repente como castillo de naipes. Era su última fortaleza y también le fue arrebatada, como había sucedido con la joyería, la finca, los carros, el dinero en bancos, los papeles bursátiles…
Fue diestro, sin embargo, en salvar las alhajas de su esposa. A ese tesoro nadie tendría acceso. Brazaletes, gargantillas, pectorales, aretes, anillos, diversidad de adornos montados en pedrerías fantásticas refulgían con los destellos que la fortuna conservaba para no abandonarlo por completo. Se abrazó a las joyas, las besó, se rodeó el cuello de lazos y cadenas, se dejó obnubilar por el fulgor y la pompa. Y lloró.
Acaso ese tesoro significaba su perdición, pero el marido dadivoso se negaba a reconocerlo. Primero estaba su esposa, que valía más que aquella colección de espejismos. Ella significaba la razón de su vida y lo demás era secundario. Frente a ese mar encantado que le arrancaba lágrimas, se decía que su mujer, por leve y fascinante, por sensual y complaciente, tenía derecho a los caprichos de la moda y a su dulce coquetería.
Pero el imperio se había derrumbado. Una princesa no se acomoda entre la pobreza. Ya en pocos días estaría ella de regreso y no era sensato condenarla al oprobio de la penuria. Rescatar la riqueza perdida consistiría en ejercer su destreza de comerciante.
Si no se hubiera enredado en negocios oscuros es posible que Hugo Mario se hubiera salvado. Meterse con la mafia y caer en los bajos fondos fueron recursos desesperados que apresuraron su desgracia. Cuando Carolina volvió, él estaba en la cárcel. Sin casa, sin carro, sin dinero… ¿y también sin marido? Carolina duró una semana llorando.
Buscar abogado… ¡vaya oficio más rudo para una princesa! ¿De dónde sacaría el dinero si todo se había evaporado? Era una frágil crisálida que carecía de fortaleza para volar. Vestía ahora con más discreción y menos fantasías, aunque con igual garbo.
El abogado la observó con atención. Con interés escuchó la historia y la ayudó a localizar datos importantes para la defensa. Carolina, inexperta y tímida, no acertaba a hilar sus pensamientos. El abogado la auxiliaba en los momentos de confusión. Y viendo su juventud y belleza, justificó su impericia.
–Defenderé el caso –concluyó el penalista.
–No tengo dinero –exclamó ella con nerviosismo.
–Serénese, señora. No todo ha de ser dinero. Llegaremos a un acuerdo. Lo importante es que recupere a su marido.
–¿Me ayudará usted?
–Sí. Es usted joven y atractiva y yo contribuiré a su felicidad.
Se sintió halagada. Respiró con la satisfacción de las mujeres galanteadas y comenzó a pensar que la suerte no le era tan esquiva. Días más tarde se presentó con un plan definido:
–He encontrado la fórmula para arreglarle sus honorarios. Este aderezo vale una fortuna. Tal vez usted quisiera regalárselo a su esposa…
–Preciosa joya –exclamó el abogado, ponderando las tres piezas que le mostraba Carolina–. Déjeme que lo aprecie más si usted lo lleva puesto. ¿Me permite admirarlo en su cuello? Las joyas son más refulgentes cuando van unidas a un rostro hermoso y a un talle esbelto. Usted tiene ambas cualidades –prosiguió con una reverencia–. ¿Quiere mucho su aderezo, señora?
–Es parte de mí misma –contestó ella–. No importa: renuncio a él.
–Y yo no acepto su sacrificio. No debe privarse del placer de la vanidad. Las mujeres, señora, nacieron para ser vanidosas. Guárdelo, por favor.
Carolina se emocionó. Ser mujer es ser sensible a la lisonja. Era ese el halago que requería en su abandono. Su espíritu se veía vigorizado para la lucha. “Perdóname si no he vuelto a visitarte –le escribía días después a su marido–, pero la cárcel me deprime. ¿Me entenderás, amor mío? Siempre estoy contigo”. Él le contestó que ante todo cuidara la salud y le suplicaba que dejara de frecuentar la cárcel. “Eres un encanto, y no debes pisar estos sitios indignos de tu belleza. Saldré pronto y entonces volveremos a estar juntos”.
Carolina no volvió más a visitar a su marido a la cárcel: terminó de concubina del abogado. Pasados los primeros temores y superadas las primeras crisis, ella misma se absolvió de su culpa. Le pareció que era muy frágil para permanecer desamparada. No: imposible resistir los cinco años de soledad a que quedaba expuesta por la condena de su marido. El abogado había perdido la causa.
Y ella se decía que aquel había sido un sacrificio impuesto por la necesidad de salvar a Hugo Mario. Pero no estaba tranquila. Percibía el reproche de la conciencia. Incomodidad que pareció desvanecerse cuando el abogado, que aquella noche la llevaría a comer a su restaurante preferido, le dijo:
–Quiero verte con el aderezo de diamantes. Es el símbolo de nuestra unión.
–Y el símbolo de la traición, bien lo sabes –agregó Carolina–. ¿Has meditado en el precio de nuestras relaciones? Ensuciaste hasta tu prestigio profesional al desviar, en provecho tuyo, la suerte de la defensa. Dejaste perder el pleito para quedarte conmigo, y yo favorecí tus propósitos. Me vendí. Tú me compraste. Los dos somos miserables.
–Ponte los diamantes –repuso el abogado–. Ya es tarde para rectificar el pasado. Lo hecho, hecho está.
–Está bien. Ayúdame.
Carolina se contempló en el espejo. Estaba radiante. De pronto le pareció ver en el destello de las piedras los ojos pesarosos de su marido. No sabía si la juzgaban o le expresaban amor. Estuvo a punto de prorrumpir en llanto, de destruir el aderezo. Pero se contuvo.
–No enturbiemos el corazón –escuchó la voz de su amante–. Vamos, ángel mío. Pasaremos una deliciosa noche de amor.
–Vamos.
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LA ÚLTIMA FRONTERA
Carlos F. Pérez de Villarreal /Argentina
Pasó la pierna derecha por sobre el cuello del caballo y se dejó deslizar por la montura. Sus pies tocaron el suelo. Le temblaban los muslos, hacía casi 12 horas que no descabalgaba. ¡Habían pasado tantas cosas…!
Se relajó un tiempo, tomó las riendas y a paso lento con su animal detrás, caminó hacia la caballeriza que se estaba levantando en el campamento La sangre seca, parte suya y parte de sus enemigos, se dibujaba en la cara, los brazos y la Larica. La mano izquierda tenía un tajo que le dolía bastante y el golpe en el labio ya había dejado su huella.
Dejó al animal con un ayudante, recogió el Clipeus y el Pilum y se dirigió a la Sección Octava que se encontraba desmontando. Ya habían armado una empalizada y las tiendas de campaña empezaban a florecer como hongos. Lo recibió el Decurión:
—Prefecto Lucius, venga, descanse en esta tienda, en cuanto terminen de armar el campamento, armaremos la suya y podrá darse el gusto de lavarse. —Gracias Publio. Necesito que vean mi mano.
Ni bien quedó solo, se deshizo de las armas. Dejó el escudo y la lanza. Sobre ellos colocó la armadura, el Gladius y el Pugio. Se derrumbó prácticamente sobre un pequeño catre de lona y madera. Al instante se quedó dormido
Un ave rapaz vuela en círculos, dejándose llevar por las corrientes cálidas. El está abajo, solo, semidesnudo, en el inmenso arenal, calcinado por el sol. Otra ave se agrega, y otra y otra. Y se lanzan sobre él. Desesperado toma su cuchillo y descerraja a la primera que tiene a mano. Mata a otra, pero las demás lo pican, lo fustigan. Cuida su cara, sus ojos…
De repente una mano posada en su hombro lo vuelve a la realidad: —¡Prefecto, Prefecto!
Se levantó de un salto y ya con el cuchillo en ristre, cayó en la cuenta de la situación. El sueño se borró en un instante. Allí está el Decurión con un Medicus. Los dos hombres se han retirado hacia atrás, sorprendidos. Pidió disculpas, dejó el arma y se sentó. Mientras el galeno le curaba la fea herida de la mano y el labio, se dio cuenta que tenía golpes y moretones en los brazos y en el pecho. La batalla había sido dura… muy dura. Más de lo que él imaginó. Había que vengar la matanza de las legiones de Varo en Teutoburgo y delimitar la frontera Sí, había que hacerlo, pero… ¿a qué precio? La muerte había visitado el campo. Sobre el recodo del río, los cadáveres se contaban de a miles. Los bosques detrás, destruidos. Hombres y animales muertos. Animales y hombres muertos Demasiada muerte. Estaba hastiado de ella.
¿Cuál era el saldo que tenía a favor después de casi 24 años en las legiones? Había llegado a ser Prefecto, al mando de una Alae de caballería de 1.000 hombres. Hoy, bajo las órdenes del General Germánico, acababan de vencer a las tribus indómitas de la Germania Magna. En el principio, África Proconsularis, Cirenaica, Mauretania. Luego Egipto, Mesopotamia. Después Las Galias, Aquitania, Hispania. Había recorrido todo el Imperio… Un año más y ganaría su salida de la legión con honores, dinero y una casa en el campo. Cumpliría 25 años de servicio prestado. Le darían su missio honesta.
Cuando terminaron de curarlo, Publio le anunció que llevarían el equipo a su tienda y que había suficiente agua hasta para darse un baño. Cansinamente se dirigió a la carpa, entró, se desnudó y se lavó todo el cuerpo; parte por parte. Fue descubriendo heridas nuevas y rememorando cicatrices viejas. ¡Qué cansado se sentía!
El sueño de esa noche, no fue bueno. Sólo, en un claro inmenso de un gran bosque, está caído en la hierba seca, roída por un sol impiadoso. Un pájaro lo sobrevuela, luego otro y otro. Lo atacan. Se defiende como puede con la corta espada.
El despertar no fue cómodo. Empapado de sudor, se levantó de un saltó y salió hacia la noche estrellada. ¡Marte, Marte! ¿Dónde estás que no me proteges? Cuando el frío del amanecer lo hizo tiritar… ya había tomado una decisión.
Seis días más tarde, las tropas ya acantonadas, comenzaban a reagruparse y las fortificaciones generaban el desplazamiento de cohortes a diferentes destinos, abriendo las legiones sus mandos y fuerzas. Esa noche, un hombre y un caballo, llevado de las riendas, se desplazaba poco a poco hacia la salida de uno de los campamentos de la fuerza de caballería. Los dos legionarios de guardia no vieron nada. Sólo una sombra envuelta en un gran manto marrón, flotó al viento al lado del lomo del animal, negro como la noche sin luna. Sus patas blancas habían sido tapadas por dos causas: no permitían ver el color y ahogaban el ruido de los cascos sin herrar en el suelo. Las siluetas se desdibujaron en la noche sin luna.
Internado en un nuevo territorio, el jinete destapó las patas del caballo, acomodó bien los víveres y el agua sobre la montura con el Tapetum debajo, montó de un salto; y a un trote continuo comenzó a ganar terreno. El alba lo encontró detrás del bosque inmenso, ya en una gran llanura que se perfilaba hacia el norte.
Lucius Cayo Dominicus, Prefecto de la VIII Legión, sonrió. Abrió los brazos en cruz, cerró los ojos y se dejó acariciar por la leve brisa. Cuando levantó la mirada al cielo, sorprendido observó el vuelo de un águila real. «Buen augurio». Pensó. Su deserción sería notada. Ya nada importaba. Buscaba su propia libertad. Dejaba atrás la última frontera.
Vocabulario romano antiguo Campamento: Campamentus Escudo de caballería: Clipeus – corto y ovalado Lanza: Pilum Espada corta: Gladius Cuchillo corto: Pugio Armadura completa: Larica Sección: Turnae (35 jinetes) Agrupamiento de caballería: Alae (1.000 hombres) Jefe de Agrupamiento: Prefecto Jefe de Sección: Decurión Cada Legión (4.800 hombres) tenía diez Cohortes. Cada cohorte (480 hombres) estaba formada por tres Manípulos. Cada manípulo (160 hombres) constaba de dos Centurias de 80 legionarios cada una. Servicio prestado a la Legión con 25 años: missio honesta Médico: Médicus Cubierta de lana colocada debajo de la montura para evitar roces: Tapetum Batalla de Idistaviso (año 16): Conocida como batalla del Río Weser, donde el General Julio Cesar Claudiano (Germánico), vence, derrota y masacra a las tribus germanas al mando de Arminio; vengando así la masacre de Teutoburgo (año 7). Al terminar la batalla los romanos habían perdido 1.000 soldados mientras que los germanos dejaron sobre el campo 15.000 cadáveres. Germania Transrenana: Germania Magna Grito de ataque de las legiones: Roma invicta est
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OTRA DIMENSIÓN
Walter H. Rotela / Uruguay
Días atrás, hace casi un mes, escuchaba un programa de radio mientras almorzaba. En determinado momento, el director de un grupo coral invitó a los amantes de la música góspel a presenciar un espectáculo donde se ingresaba a otra dimensión. Por casualidad fui a parar a dicho evento.
Una vieja amiga me invitó al espectáculo que anunciaron en la radio. Ella dijo: «Ven acompáñame, voy a un evento y no quiero ir sola». Sin saber a dónde íbamos, la acompañé. Y como es costumbre nuestra, llegamos tarde. Y, entonces, comprobé eso increíble anunciado por el director del grupo coral. Aunque dudo mucho que él mismo hubiese previsto lo que ocurrió, y de lo que fui testigo, en ese lugar y momento.
El anuncio hubiese pasado desapercibido por mí de no haber mediado la invitación de mi amiga. El espectáculo se anunciaba para las 20 horas del día domingo. Ella me avisó sobre el medio día y como no tenía planes accedí, encantado. Sin embargo, no recordaba el aviso radial. Y por culpa mía, llegamos 20 minutos más tarde del comienzo, a la sala llamada La colmena.
Ingresamos al auditorio en puntas de pie, paso por paso, mientras el coro hacía su presentación irradiando una energía increíble, llegando a un punto que podría denominar el clímax. Nos sentamos en la última fila. La oscuridad de la sala parecía casi total. En el escenario las luces iluminaban tímidamente el fondo. Quedando, sin embargo, muy nítido el rostro de los cantantes.
Las voces recorrían la sala, la llenaban. El público parecía moverse acompasadamente, en una sincronía total. Nos sorprendió.
Nuestra atención se centró en el público, más que en el coro. Era muy extraño ver el delicado movimiento de las personas. Se daba una simultaneidad, una comunión perfecta, un diálogo preciso entre las voces y el movimiento de los escuchas, entre los artistas arriba del escenario y el público que los seguía desde las butacas. Parecía… que algo no andaba bien.
̶ Te diste cuenta que la gente emite como un zumbido –comentó, en voz baja, mi amiga.
̶ Sí… Y sus rostros… parecen idos –agregué.
Al parecer, el director del coro, por indicación de un corista, miró de reojo y observó, como nosotros, al público. Su sorpresa quedó manifiesta en su pálido rostro y en una sutil contracción espástica del cuerpo.
Las personas, arriba del escenario, siguieron interpretando su coral; al tiempo que intentaron disimular lo mejor posible su sorpresa. Sobre el final, lo habitual hubiese sido un cerrado aplauso. Pero eso no ocurrió.
El director, tal como nosotros, notó el extraño comportamiento del público presente; del que, nosotros, también éramos parte. Sin embargo, por motivos que desconocemos, no participábamos del mismo ‘trance’, por llamar de alguna manera a esa situación que no dejaba de sorprendernos.
El hombre de impecable traje negro, que se interponía entre coro y público, señaló con su batuta al iluminador que recorriera, con el reflector, al público. La expresión era la misma en todos: un esbozo de alegría, de gozo, de éxtasis.
Creo que en ese momento recordé, nítidamente, el anuncio que el director había hecho en el programa radial: «Ingresarán, por intermedio de la música, a otra dimensión».
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CARTAS – SEPTIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“Aquí se escribe a lo que no responde, pero siempre escucha.”
Colaboran en esta Sección:
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CARTA A QUIEN NO VINO
Luz Fontana / Italia
No sé si te perdiste o si simplemente decidiste no venir. Pero hoy, mientras doblaba las servilletas y el silencio se sentaba a mi lado, pensé en ti.
No hay reproche en estas líneas. Solo una especie de nostalgia anticipada. Como cuando uno prepara la mesa para alguien que no ha confirmado, pero igual deja el plato servido.
Te imaginé entrando con ese gesto tuyo de quien no sabe si quedarse o marcharse. Y yo, como siempre, fingiendo que no espero, aunque todo en mí te llama.
La tarde se fue sin ti, pero no sin historia. Porque incluso tu ausencia tiene forma, tiene peso, tiene voz.
No sé si leerás esto. No sé si sabrás que, aunque no viniste, estuviste.
Y eso, a veces, basta.
Con afecto,
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CARTA A JULITO
Carlos González Saavedra / Argentina
Querido Julito:
Emocionado, escribo estas líneas con la intención de recuperar juntos, momentos tan lindos, de nuestra infancia.
Cada vez que papá me decía voy al campo, siempre preguntaba:-¿A lo de Julito?
Su contestación afirmativa, hacía que se me iluminaba la cara.
Esos días que quedaba en tu casa, eran maravillosos. Los viví con mucha intensidad y felicidad.
Papá visitaba otras estancias que administraba.
Te acuerdas, cuando nos bañábamos en el estanque o corríamos liebres?
O cuando pusimos en marcha, para desesperación de tu mama, él camión Guerrero Ése, que estaba en al galpón, que aparentaba no andar.
Nos bajamos con el motor, en marcha,
¡Que épocas!
Tu mama, nos mandaba a juntar huevos y siempre dejábamos alguno escondido para tirarles a los gansos.
O cuando corríamos los sapos, de noche.
Después dormíamos y por la mañana otra vez a empezar.
Esas cosas simples, es la que quiero que recordemos.
Hoy devenido en escritor y vos escribano. Ésa picardía de niños, los años, la fueron borrando
Encuentro en vos, una biblioteca de anécdotas y travesuras de nuestra infancia. Todas risueñas para editar un libro.
Julito, amigo y hermano mío. Tomate un tiempo y recordemos juntos, esos hermosos años de la infancia.
En definitiva eso, es lo que somos.
Me entere que no estás pasando un buen momento económico, razón de más para recordar y divertirnos.
Espero tu día y hora e iré a tu encuentro.
¡Abrazo, querido Julito!
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CARTA AL MAR
Elspeth Gormley / España
Te escribo, mar, desde la orilla que me conoce, desde esa línea de arena donde mis pasos se mezclan con tus huellas líquidas. Te escribo como quien habla con un dios sin templo, como quien confiesa sin esperar absolución.
Porque eres más que agua y horizonte. Eres mi refugio, mi espejo, mi compañero de pasos. Eres mi pasión, mar. No por lo que muestras, sino por lo que escondes. Por esa voz que no grita, pero ruge. Por esa caricia que no pide permiso, pero consuela.
Camino junto a ti cada día, y tú, como un amante fiel, me susurras historias en cada ola. Me hablas de barcos que no volvieron, de lunas que se reflejaron en tu pecho, de peces que saben más del mundo que los hombres.
Te respeto, mar, porque sé que puedes ser ternura o tormenta. Porque he visto cómo arremetes con furia contra todo lo que se atreve a desafiarte, y también cómo te aquietas, como si el mundo pudiera caminar sobre ti sin hundirse.
En tu bravura hay verdad. En tu calma, milagro. Eres fuente de vida, pero también espejo de muerte. Y aun así, te amo. No por lo que das, sino por lo que eres.
Eres vida, mar. En tu vaivén se mecen los sueños, en tu profundidad se esconden las verdades, y en tu brisa se respira la libertad.
A veces me siento espuma, efímera, danzando sobre tu piel. Otras, me siento roca, esperando tu golpe para saber que existo.
Mar, si alguna vez lees esta carta, haz que no se pierda entre tus corrientes. Guárdala en tus profundidades, donde los secretos se vuelven eternos.
Porque tú, mar, eres el único que sabe que hay almas que solo se entienden cuando se mojan, y me enseñas que la belleza también puede rugir, y que la paz puede tener forma de ola.
Y si algún día no puedo caminar por tu orilla, que al menos me alcance tu brisa. Que me roce el alma como lo haces tú, sin pedir nada, sin prometer nada, solo siendo mar. Solo siendo eterno.,
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CARTA A SEPTIEMBRE
Elspeth Gormley / España
Septiembre, tú que llegas sin estruendo, pero con la elegancia de quien sabe que no necesita anunciarse. Eres el mes que no grita, pero transforma. Traes la luz dorada que no quema, el aire que acaricia sin exigir, el silencio que no pesa.
Contigo se aquieta el alma, como si el mundo respirara distinto. Las hojas comienzan a desprenderse, no por tristeza, sino por sabiduría. Y yo también me desprendo, de lo que ya no vibra, de lo que no hiló bien.
Septiembre, tú eres mi refugio. No eres inicio ni final, eres tránsito. Eres ese telar donde las emociones se ordenan, donde los hilos sueltos encuentran trama.
Contigo vuelvo a escribir sin urgencia, a mirar sin prisa, a sentir sin miedo.
Gracias por volver, por enseñarme que la belleza también puede ser serena, que la madurez no es renuncia, y que hay meses que no necesitan primavera para florecer.
⋆。°✩。⋆ ⋆。°✩。⋆
CARTA A LA ESPERANZA
Andrea Kiperman / Argentina
Esta carta es para ti. Sí, me has leído bien.
A veces parece como si te escurrieses entre los dedos, como arena de una playa desierta.
Otras veces, sin más, vuelas lejos como una cometa en pleno parque.
Algunos días parece que estás cerca, de nuestro lado; mientras que otros, estás fría y distante, como si nunca nos hubiéramos acordado de ti.
En los momentos más complicados nos aferramos a ti, y creo que deberíamos hacerlo todos los días: los buenos y los malos. Como el yin y el yang.
Por momentos, debo admitir que nos olvidamos de ti.
Levante la mano quien no lo haya hecho alguna vez.
Querida esperanza, ojalá cada día nos brindes tu compañía, tu mirada, tu ayuda, tu anhelo.
Para todos nosotros. Para todas las personas que lo necesitan.
Querida esperanza, ojalá inundes nuestros ojos con ese brillo que nos asegura que todo irá mejor, con el tiempo.
Porque, como dice el dicho: *lo último que se pierde es la esperanza*.
Que así sea.
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CARTA A LOS POLÍTICOS
Sarah Petrone / Argentina
Apelo a su sensibilidad: SIN CONFLICTOS
Nunca sirvieron de nada los conflictos. A través de las distintas sociedades, las guerras, en el mundo en que vivimos, como brasas ardientes quemaron nuestras manos.
En vano es el clamor de la justicia si la injusticia avala su legado, trastocando realidades y mentiras que casi, o siempre, no resuelven nada.
Pequeñas burocracias sin sentido, enormes ambiciones que no alcanzan para escuchar con claridad, con estoicismo, la voz de una Patria y su mandato. En el límite procaz de una frontera, en el llanto de las madres, que soñaron una tierra de libertad, en el destino de los hijos, que sus vidas ofrendaron.
Les ruego que la piedad se magnifique en cada decisión a ser tomada, madurando en la razón que aún , Dios predica, de hermanar las religiones y las razas. Renovando promesas, se han cumplido vaticinios, en el fragor de mil batallas.
Una oración de piedad. Eso pedimos por el resto de la humanidad, que aún quedamos.
Gracias
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REFLEXIONES – SEPTIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“Aquí se piensa con palabras, se siente con letras.”
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SOLEDAD Y DEPRESIÓN
Miriam Alberganti / Argentina
Reflexión sobre la soledad y la depresión
La soledad y la depresión son temas complejos que afectan a muchas personas en nuestra sociedad. A menudo, nos encontramos con personas que no saben estar solas y que sufren la soledad, pero que tampoco saben vivir en pareja de manera saludable. La inteligencia emocional es clave para entender y manejar nuestros propios errores y decisiones.
La depresión puede ser influenciada por una variedad de factores, incluyendo desequilibrios químicos en el cerebro, eventos estresantes, falta de apoyo social y problemas de salud mental. La soledad puede ser un factor importante en la depresión, ya que los seres humanos necesitamos de la interacción y el apoyo de los demás para sentirnos bien.
¿Qué podemos hacer?
* Buscar ayuda profesional si estamos experimentando síntomas de depresión
* Conectar con otros y buscar oportunidades para interactuar con amigos, familiares o grupos de apoyo
* Practicar la autocompasión y ser amables con nosotros mismos
* Cuidar nuestra salud física a través de la actividad física regular, una dieta saludable y el sueño adecuado
Un mensaje de esperanza
Recuerda que la depresión es una condición tratable, y con la ayuda adecuada, es posible superarla y mejorar la calidad de vida. No estás solo en esto. Busca ayuda, conecta con otros y cuida de ti mismo. ¡Tienes el poder de cambiar tu vida y encontrar la felicidad!
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¿ Y SI TE DIJERAN QUE DEBES IRTE ?
Elspeth Gormley / España
¿Cómo te sentirías si te dijeran que tienes que dejar tu casa, tu trabajo, tus recuerdos? No por elección. No por aventura. Sino porque alguien ha decidido que ya no perteneces. ¿Y si te dijeran que debes marcharte… a ninguna parte?
Esto no es una pregunta retórica. Desde octubre de 2023, Gaza ha sido escenario de una ofensiva militar sin precedentes. Más de un millón de personas han sido desplazadas por bombardeos constantes, cortes de suministros básicos y órdenes de evacuación emitidas por el ejército israelí. Las zonas designadas como “seguras” han sido atacadas, y la ayuda humanitaria apenas logra entrar. El objetivo declarado es desmantelar a Hamás, pero en el proceso, se está desmantelando también la vida civil. Familias enteras huyen sin saber a dónde ir, mientras sus barrios se convierten en escombros. Es la realidad de miles de gazatíes que, por cuestiones políticas, son obligados a abandonar su tierra. Su hogar. Su historia. Su raíz.
¿Qué ha sucedido con esta sociedad que permite el desarraigo como si fuera una solución? ¿Cómo se puede expulsar a personas del territorio donde han nacido, vivido, trabajado? ¿Qué les queda a las familias enteras que caminan hacia el exilio sin destino?
Mientras la comunidad internacional reacciona con lentitud, el problema se agrava: Palestina no es reconocida como estado. Y Gaza, ese rincón de dolor y resistencia, se vacía. ¿Para qué? Para que, con el tiempo, se construya un resort de lujo. ¿Estamos realmente locos?
¿Quién puede imaginar levantar un paraíso turístico sobre un lugar donde han muerto tantísimas personas? Es como si alguien decidiera construir un spa en un campo de concentración nazi. La memoria no se borra con cemento. El dolor no se maquilla con palmeras artificiales.
Pensemos en las personas. Dejemos de lado los ideales políticos, aunque cueste. Es difícil, sí. Pero no imposible.
Porque antes que banderas, hay vidas. Y antes que fronteras, hay humanidad.
Esta reflexión no busca señalar culpables, sino despertar conciencia. Porque antes que ideologías, hay personas. Y antes que fronteras, hay humanidad.
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LO QUE MIRAMOS CUANDO MIRAMOS
Andrea Kiperman / España
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras.
La pregunta es entonces: ¿Qué miramos cuando miramos realmente?
Es una pregunta muy interesante desde lo intelectual, pero sigan adelante, porque este escrito tiene una vuelta de tuerca especial.
Si observamos los acontecimientos que nos suceden —la vida misma—, por momentos se me ocurre que estamos educados desde una perspectiva en la cual vemos el *faltante* y no lo que *hay*.
Tanto en nuestra vida, en todas las esferas que podemos tener —desde lo social, lo profesional o lo personal—, generalmente (no digo que todo el mundo, pero sí la mayoría), solemos ver lo que nos falta: lo que nos falta para ser felices, lo que nos falta para obtener ese reconocimiento que muchas veces es más interno que externo.
¿Cuántas veces nos sentimos mal esperando que nuestros días cambien, hasta conseguir “aquello” que estamos buscando o anhelando?
¿Y si realmente no es así?
¿Y si es un engaño que nos impide disfrutar de todo lo que ya hemos logrado, porque seguimos esperando —como burros— la zanahoria delante de nuestros ojos?
¿Y si te digo que, a medida que transitamos la vida y los días, hay otra forma de vivirlos y atravesarlos, disfrutando cada jornada y agradeciendo por todo lo vivido?
Nadie tiene la bola mágica. Yo tampoco la tengo, lo aclaro desde ya.
Pero detente un minuto en tu día y fíjate: ¿qué estás mirando hoy?
Creo que es una decisión diaria empezar a tomar conciencia de lo que tenemos, más que de lo que nos falta.
¿Qué parte estás mirando?
¿Lo que tienes o lo que te falta?
Tampoco creo que debamos conformarnos con situaciones que no deseamos. Estoy segura de que todos los días se puede aprender algo nuevo.
Pero el punto exacto al que quiero referirme es el *cómo*.
El *cómo* se va aprendiendo y transitando la vida.
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LA PALABRA MAL VERTIDA
Lucas Landaburu (España)
Hay palabras que se dicen como si fueran agua. Pero no toda agua limpia. Algunas se vierten como aceite sobre papel: dejan marca, manchan, no se borran.
La palabra mal vertida no siempre es insulto. A veces es descuido. O prisa. O miedo.
Es esa frase que se escapa sin filtro, que llega antes que el pensamiento. Es el comentario que no se quiso hacer, pero ya está hecho. Es el silencio que debió hablar, y la voz que debió callar.
¿Quién no ha vertido alguna vez una palabra que luego quiso recoger? Pero las palabras no tienen reversa. No hay “control + z” en la boca.
Y sin embargo, también hay redención. Porque si la palabra mal vertida hiere, la palabra bien dicha puede sanar.
Una disculpa sincera. Un “no quise decir eso”. Un “lo siento, me equivoqué”.
La palabra es poder. Y como todo poder, necesita conciencia.
Hemos de cuidar lo que decimos, y sobre todo a quién, cuando hablamos de alguien. Porque eso es como tirar un cubo de agua al suelo: aunque intentes recogerlo, siempre hay una parte que queda.
Hoy, esta reflexión es para quienes han dicho sin pensar. Y para quienes han escuchado sin querer. Que sepamos ver más allá de lo dicho. Y que aprendamos a hablar con el alma, no solo con la lengua.
Porque la palabra puede ser puente. O puede ser abismo. Y cada día elegimos cuál construir.
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LA REALIDAD Y LA DUALIDAD DEL UNIVERSO
Antonio Morelos/ México
En la lucha constante del ser humano por comprender qué es la realidad, solemos decir que es aquello que se ve y existe, que no es espejismo ni mentira. Pero ¿es eso realmente la realidad? Afirmarlo con tanta simplicidad resulta, en mi opinión, demasiado aventurado.
Para muchos, Dios representa la totalidad de la realidad: la estructura inmanente de la existencia. Dios no está fuera del mundo, sino que es el mundo mismo. Sin embargo, si todo lo que existe es evolución y transformación de la substancia, entonces no hay un Dios trascendente, ni una oposición entre el Dios de amor y el Dios vengativo. Lo que existe es una realidad regida por leyes universales de cambio y transformación.
Vivimos en un universo dual, como sostiene la corriente filosófica que admite la existencia de dos principios diversos y contrarios que, sin embargo, se unen en una misma cosa. El alma y el cuerpo, por ejemplo, son distintos, pero coexisten en un solo ser.
Si profundizamos aún más, podríamos decir que el mal no existe como entidad propia, sino como consecuencia de la búsqueda del bien. El mal no crea: corrompe lo inventado por el bien. Por eso, el mal es, en esencia, la distancia que nos separa del bien supremo.
El libre albedrío es la libertad que permite tanto la aparición del mal como la manifestación del amor, la bondad, la alegría de vivir. El bien existe siempre como bien —el amor, la solidaridad, la compasión— pero es precisamente esa libertad la que hace posible que también surja el mal.
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ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL- SEPTIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante
“El crecimiento personal no siempre se nota por fuera, pero transforma todo por dentro.
DE LA MEJOR MANERA POSIBLE
Andrea Kiperman / Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras.
En esta nueva edición de la revista, quisiera comenzar con una pregunta: ¿Qué se hace cuando las cosas no se dan como las soñamos o deseamos?
Vivimos tiempos de muchos cambios. Y la vida, en esencia, se trata de eso. A veces nos enfrentamos a circunstancias que no esperábamos, que chocan con lo que creemos necesitar, o con nuestros propios conceptos. Este escrito no busca caer en el falso positivismo. Al contrario: trata de mirar de frente esa pregunta incómoda. ¿Qué hacer cuando, a pesar del esfuerzo personal, las cosas salen de otra manera?
Creo que, finalmente, ocurre lo que tiene que pasar. Como si las piezas de un rompecabezas invisible se acomodan para que todo siga su rumbo. Algunos creyentes pensamos que hay una energía superior que se ocupa de cada detalle que atravesamos.
Pero hay algo más: incluso en esos momentos difíciles, casi todo puede solucionarse. Y para eso, hay que atravesarlo. Llorar, hablar, estar triste o angustiado. No se trata de tapar el dolor, sino de hacer el proceso personal del obstáculo. Y aquí aparece la clave: Tratar de hacerlo de la mejor manera posible para mí. Con días mejores y días peores. Con tiempo, que a veces es el mejor compañero. Con la conciencia de que lo que hoy nos preocupa, mañana puede dejar de importar. ¿Cuántas veces nos angustiamos por cosas que ya ni recordamos?
Entonces, reconociendo el inconveniente, la pregunta cambia: ¿Cuál es la mejor manera en la que yo puedo transitarlo? Y por último, te dejo con esta reflexión: ¿Qué piensas que puedes hacer para atravesar eso que te duele… de la mejor manera posible?
Quedo con ustedes.
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