EDITORIAL – AGOSTO

Nota Editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.

Editorial

· Cada texto es una semilla: si lo cuidas, florece dentro.

LA PALABRA COMO REFUGIO Y RESISTENCIA

Agosto arde. No solo en temperatura, sino en urgencia. El mundo se descompone en titulares que ya no sorprenden: incendios, desplazamientos, guerras, injusticias que se repiten como un eco que nadie quiere escuchar.

Y sin embargo, aquí estamos. Escribiendo. Porque cuando todo parece desmoronarse, la palabra se vuelve refugio. Se vuelve resistencia. Se vuelve acto político y gesto íntimo.

En Letras Hispanas por el Mundo, no buscamos respuestas definitivas. Buscamos voces que se atrevan a mirar el caos sin cerrar los ojos. Que nombren lo que duele, lo que incomoda, lo que aún puede transformarse.

Este mes no hay una sola temática. Hay muchas. Porque la vida no se ordena por secciones. Se entrelaza. Se contradice. Se revela en fragmentos.

Aquí celebramos esa diversidad. Desde la poesía que acaricia hasta el ensayo que denuncia. Desde la voz migrante que reconstruye su identidad hasta la reflexión que cuestiona el modelo de sociedad que habitamos.

No es fácil escribir en tiempos oscuros. Pero es necesario. Porque cada texto es una semilla de conciencia. Y cada lector, un posible jardín.

Gracias por estar. Por leer. Por escribir. Por resistir.

Y si todo parece fuera de lugar, que la palabra sea el lugar donde todo empieza a tener sentido. Que cada lector sea también testigo. Pero sobre todo, que sea eco, semilla, fuego que transforma. Que la paz no se quede en el papel. Que se escriba en la vida.

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EN NOMBRE DE LA PAZ – AGOSTO

Nota Editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.

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En nombre de la paz…

Cuando la guerra silencia, la palabra resiste. Desde distintos rincones, estas voces se alzan por Gaza, por la infancia perdida, por la dignidad humana. Escribir no salva, pero denuncia. Y en cada línea, se siembra la esperanza.

🕊️ En nombre de la paz – Colaboradores

  • Elspeth Gormley (España) — Gaza, entre el dolor y la esperanza
  • Miriam Alberganti (Argentina) — Gritos por la paz
  • Inés Blanco (Luna de Abril) (Colombia) — Sin horas
  • Matías Bonora (Argentina) — ¡Ay, Palestina desangra!
  • Enrique Fredy Díaz Castro (México) — Más que poesía…
  • Carlos González Saavedra (Argentina) — Los niños de Gaza
  • Elspeth Gormley (España) — Gaza no tiene infancia
  • Lamberto Ibárez Solís (México) — Con los niños… no
  • Sarah Petrone (Argentina) — Súplica a un soldado en guerra
  • Sarah Petrone (Argentina) — Cuántos
  • Graciela Reveco (Argentina) — Silencio rojo
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GAZA, ENTRE EL DOLOR Y LA ESPERANZA

Elspeth Gormley / España

Agosto nos encuentra con una noticia que, aunque tenue, deja entrever una rendija de esperanza en medio del horror: Hamás ha aceptado una propuesta de alto el fuego. La tregua, mediada por Egipto y Qatar, promete 60 días de respiro, la liberación de rehenes y el ingreso urgente de ayuda humanitaria. ¿Será suficiente para detener el sufrimiento que se ha vuelto cotidiano?

Mientras tanto, Indonesia lanza alimentos desde el cielo, como si la solidaridad pudiera volar por encima de las fronteras. Más de 800 toneladas caen sobre Gaza, donde el hambre ya no es una metáfora, sino una causa directa de muerte.

La Autoridad Palestina se ofrece a asumir el control de Gaza tras el conflicto. ¿Será el inicio de una transición real o solo otro capítulo en la larga historia de promesas incumplidas?

Desde este rincón del mundo, donde las palabras aún tienen espacio para la reflexión, nos preguntamos: ¿Cuántas vidas más deben perderse para que la paz deje de ser un concepto abstracto? ¿Cuántos niños deben crecer entre escombros para que el mundo reaccione?

Lo que ocurre en Gaza no es solo una noticia que pasa por la pantalla. Es un grito que atraviesa fronteras, que sacude la dignidad humana. Y como escritores, como seres que trabajan con la palabra, tenemos la obligación de alzar la voz cuando la injusticia se convierte en rutina.

No vale decir “qué pena” y seguir con el café. No basta con mirar y lamentar. La paz no se construye desde la indiferencia.

Olvidemos por un momento los discursos políticos, las realidades geopolíticas que nos dividen, y pensemos en lo esencial: vidas humanas que se apagan, infancias que se rompen, futuros que se borran.

Actualización: Mientras esta edición se cerraba, se ha confirmado que Israel continúa bombardeando Gaza y ha anunciado una incursión terrestre. La esperanza de tregua se desvanece, pero la urgencia de alzar la voz permanece. Lo que se ha escrito aquí no es una crónica, sino un acto de conciencia. Y esa conciencia sigue siendo necesaria, más aún cuando la realidad se ensaña con la esperanza.

Hoy escribimos en nombre de la paz. Porque la palabra puede ser refugio, puede ser denuncia, y puede ser esperanza.

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GRITOS POR LA PAZ

Miriam Alberganti / Argentina

En tierras lejanas, el dolor se escribe,
en Gaza, en Rafath, la guerra insiste.
Soy madre, abuela, hija, hermana,
tía, sobrina, y desde aquí veo la agonía.
Familias desgarradas y mutiladas
que buscan paz, sin armas ni odio,
pero la guerra les roba sueños,
les quita el aliento.
Llegan noticias de hambre,
de miedo, de llanto,
otras quedan allí,
en medio del espanto.
Instinto de supervivencia
en almas destrozadas,
en un tumulto por comida,
vidas desesperadas.
Imágenes desgarradoras
de un reparto suspendido,
miles buscan ayuda,
el dolor ha sido crecido.
Disparos de advertencia,
miedo en cada paso, en Gaza,
la paz parece un sueño lejano,
un fracaso.
Pero en el dolor, en la desesperación,
hay un grito de esperanza, una oración.
Para todas las víctimas,
para cada familia herida,
que la paz sea posible,
que el dolor sea la última herida.
Que el alma humana,
con todo su dolor,
busque caminos de paz,
de amor, de valor.
Que las voces de las madres,
de los niños, de los heridos,
sean escuchadas, y el mundo
se una en un grito por la paz.

En la oscuridad de la guerra,
una luz se busca,
esperanza para Gaza,
para todas las víctimas que duelen.
Que la paz sea posible,
que el amor prevalezca,
y en el dolor de la guerra,
la humanidad se una y crezca.
Con corazones unidos,
la esperanza se adereza,
y en la paz encontrada,
el amor su luz ofrezca.
En campos de dolor,
la guerra hace su llanto,
destrozando sueños,
sembrando muerte y espanto.
Con lágrimas y miedo,
las familias van pasando,
¡oh, que la paz llegue!,
los corazones están clamando.
Soy madre, abuela, hija,
hermana, tía, sobrina,
con voz que clama y guía.
Desde este lugar escribo,
con un ruego sentido,
por favor deténganse,
basta de muertes,
¡piensen en la vida que ha sido!

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SIN HORAS

Inés Blanco (Luna de Abril)/ Colombia

Ecos de la guerra.

Cuántos abrazos reprimidos,
olvidados, pendientes,
no alcanzados.
Cuánto llanto en los cuerpos
que se tragó la risa
y se transformó en martirio.
Cuántas voces que callaron
en la mitad del grito
y fueron polvo desgarrado.
Cuánta rabia contenida
sin que nadie impida
y detenga la barbarie.
Cuánto silencio
en medio del bullicio
que asesinó inocentes.
Cuánto dolor y guerras
en el mundo entero, sin horas,
para contar los muertos.

Separador-paloma

¡AY, PALESTINA DESANGRA!

-Elegía contra el Genocidio-
de Matías Bonora

I

Ocho mil millones de miradas
que no ven y se siegan,
en la planetaria espalda
del ocaso.
Los erectos fusiles de una abstrusa,
indolente minoría, de un sionismo bifurcado;
inconmensurables impactan
contra insondables cuerpos del ruego,
sin Patria
ni otros porvenires.

II

Habitamos el trágico,
degradado envés de la Historia,
en su fatua polaridad revertida.

Se escurre demasiado la sangre
de un pueblo que fenece
con los rotos dientes del hambre
y una odiada infancia,
que orfandades
plañe.

Y en este crepuscular umbral
¿Quién es Goliat? ¿Cuál es David
en un perentorio milenio de siglos caídos,
desde herrumbrosas colonias
del genocidio que no cesa?

La arena del tiempo se detiene
en este abrupto devenir del espanto
que asfixia,
con la atávica pólvora del desprecio
alienado.

El patíbulo es un desierto
derrumbado,
entre escombros de familias
apiladas,
bajo las páginas calcinadas

-de un Tanaj y de un Corán-
olvidadas y ensangrentadas.

Agoniza Abel,
hastiado en el estertor perenne
de una humanidad hendida,
hundida,
en la soledad de su quietud
abúlica y terminal.

Separador-paloma

MÁS QUE POESÍA…

(Enrique Fredy Díaz Castro)

La omisión y la mentira 

se ensañan en la infodemia,

mientras la maldad transpira

dispersando cual pandemia.

Facilitarle al tirano 

con su fastuosa locura,

matar a nuestros hermanos

en su fatal desventura…

Es como aceptar que somos 

retrógrados en ideas,

como si al látigo el lomo 

sin camisa se ofreciera.

La ONU supeditada 

es la descarada alfombra 

con la cerviz agachada 

balbuceando entre las sombras.

No le importa Palestina 

ni el genocidio que vive;

bombas que al pueblo exterminan 

que en hambre y sed sobreviven.

¡Basta de complicidades 

alimentándose al sionismo,

fabricándose  verdades 

a través del terrorismo!

¡Que Gaza no es de Israel;

Netanyahu es asesino,

desempeñando el papel 

de peón de Estados Unidos!

¡Ver desde el aire arrojando 

sólo comida chatarra, 

para luego ir masacrando

a musulmanes que agarra!

Se deshace de testigos,

disparando a periodistas

llamándolos enemigos,

por la verdad que publican.

Los medios de Occidente

omiten a información,

convirtiéndose en

vehementes,

tinterillos de ocasión

Porque es inimaginable 

tanto daño en esta era,

¡Que ya la paz sea alcanzable 

es algo que el mundo espera!

Más que poesía es un grito 

que ojalá cubra la tierra:

¡Que ya acabe ese maldito 

modo de inducir la guerra!

Separador-paloma

LOS NIÑOS DE GAZA

Carlos González Saavedra / Argentina

No tienen cariño

Solo tienen confianza

No tienen comida

Solo hambruna, en su panza

Se hace difícil, su crianza

Solo caras demacradas

No cuentan con una mano, que los acaricie.

Tampoco, unos brazos, que los abracen.

Perdidos en esa maldita, franja de Gaza

A merced de miserables arrogantes.

Que los explotan,

Que van rifando, su infancia.

Los niños de Gaza

Pelean por un trozo, de pan

Solo conocen,

La resiliencia, la templanza,

Deseando la paz, el amor

Sin perder la esperanza.

Los niños de Gaza

Un ejemplo vivo

De cómo resiste el alma.

Cuando, de honrar la vida se trata.

Separador-paloma

DONDE LA PAZ SE PRONUNCIA

Elspeth Gormley/ España

El mundo calla,
pero hay voces que insisten
en pronunciar la paz
como si fuera un idioma antiguo
que aún vive en la memoria.

No hay bandera que abrace,
ni frontera que consuele,
pero hay manos que escriben
como quien siembra
en tierra herida.

La palabra no salva,
pero acompaña.
No cura,
pero recuerda.

Y en cada verso que nace
sin permiso de la guerra,
hay un latido
que se niega a morir.

Porque la paz no es un silencio,
es un murmullo que resiste
en cada poema
que se atreve a existir.

Separador-paloma

CON LOS NIÑOS… NO

Lamberto Ibárez Solís / México.

A los niños no se les acribilla;
ellos son pétalos brotando en flor,
semillas alumbradas por el sol;
en Gaza las metrallas asesinan.
Gaza huele a estertores de muerte;
los misiles despiadados atacan,
los niños son bombardeados en masa
en la guerra; Israel decidió su suerte.
Poetas del mundo; alcéis vuestra voz,
escriban letras en contra del miedo;
destrabemos el mundo de este enredo
y nuestras letras supliquen a Dios.
Paren la guerra y no mueran los niños;
son capullos que florecen en vida;
eran orugas con llantos y heridas,
son masacrados en vientre y corpiños.
El caos pulula entre calles y plazas;
el hambre camina y el dolor avanza;
Tanatos se burla y se ríe en Gaza,
mientras las balas a niños alcanzan.
Paren esta guerra por misericordia;
maldecidos terroristas de Hamás;
Israel ya no maten niños jamás;
mil voces Poetas por paz y concordia.

Separador-paloma

SÚPLICA  A UN SOLDADO EN GUERRA

Sarah Petrone / Argentina

Ay de tí, que no te escondes en las sombras

y atacas sin piedad, sin fundamento

que puedan validar el descontento

que llevas en tu alma y te sofoca.

Ay de tí, que cargas sin temores

la ira que te ciega y te maldice

por una franja de tierra que predice

que has de sucumbir por tus pasiones.

Ay de tí, que empuñas en tus manos

las armas con que matas a tu antojo

y pierdes la vida, poco a poco

detrás de una promesa que no existe.

Suplico a tu conciencia y desvarío,

que ceses, por piedad y por justicia

la muerte de mujeres y de niños

porque Dios, tu impunidad, no la soporta.

El mundo se horroriza nuevamente

del desamor desatado y la codicia

gestando en burocráticas conquistas

la suerte de la verdad y de la historia.

Vuelve a tu casa. Tu Patria y tu Bandera

necesitan la grandeza de tus hombros

para contener con toda honra

la Paz, que por derecho se precisa.               

Separador-paloma

CUÁNTOS

Sarah Petrone / Argentina

¿Cuántos cielos hacen falta

para albergar tantos muertos,

si desde que el mundo es mundo,

los hombres nunca supieron?

Con el correr de los años,

a través de muchos tiempos

la vida se fue esfumando

detrás de un destino incierto.

Humanidad corrompida,

epidemias, guerras, destierros,

todo acabó conspirando

en pos de los cementerios.

Piedad no tuvo el destino,

ni Dios dejó que tuviera

quizá porque somos muchos

y el mundo quedó pequeño.

¿Tendrá conciencia, la vida,

de lo que mata y detiene,

o sólo pasa de largo

como un pájaro agorero?

¿Cuánto cielos hacen falta,

y cuántos hay, que de nuevo

sobrevuelan las cenizas

y el viento barre las huellas?

Separador-paloma

SILENCIO ROJO

Graciela Reveco / Argentina

Silencio rojo
color del abrazo
círculo perfecto del silencio
como el sol que es ajeno al ruido de la tierra
al ruido del abrazo por la explosión eludible
mudez de los pájaros y las campanas
vuelan por el aire los retazos de piel y tirria
mientras el abrazo acuna
irreversible
el oxígeno del veneno


que llueve desde los ojos
y sobre la orfandad del sonido
que empantana de suicidio la esperanza
que abre en el arcoíris el único color que desecha
para que el cielo denuncie la inquina
y se refleje en el espejo de la tierra
rojo el grito sordo congelado
en el abrazo por la vida que se desploma inerte
círculo perfecto del silencio
cuando la muerte inexplicable
imbatible… acecha
llegará la mano que partirá en pedazos
la codicia… y la desidia.

Separador-paloma

POESÍA – AGOSTO

Nota editorial Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada palabra, pertenece a su autor, quien la comparte bajo su sensibilidad y mirada única. La reproducción de este contenido debe hacerse con respeto, siempre citando su fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo el amparo de la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.

Poesia-1

“Allí donde las letras viajan, el alma encuentra su hogar. —Elspeth”

Bienvenido a la edición de agosto Este número es un canto a la diversidad del alma. Cada poema aquí reunido es una chispa de vida, una mirada íntima que cruza fronteras y tiempos. Gracias a quienes comparten su voz, su memoria, su sentir. Que esta lectura sea un refugio, un despertar, o simplemente un instante de belleza. Porque allí donde las letras viajan… el alma encuentra su hogar.

Colaboradores de poesía – Agosto

(Orden alfabético por primer apellido)

  1. Magi Balsells (España)
  2. Isidoro Barrera Molina (México)
  3. Inés Blanco – Luna de Abril (Colombia)
  4. Libia Beatriz Carciofetti (Argentina)
  5. María Elena Camba (Argentina)
  6. Enrique Fredy Díaz Castro (México)
  7. María Cristina Fervier (Argentina)
  8. Olvido García Valdés (España)
  9. Carlos González Saavedra – Charlitos (Argentina)
  10. Elspeth Gormley (España)
  11. Jaime Hoyos Forero (Colombia)
  12. Lamberto Ibárez Solís (México)
  13. Andrea Kiperman (Argentina)
  14. Antonio Lucas (España)
  15. Liliana Lorán (Argentina)
  16. Marga Mangione (Argentina)
  17. José Luis Moreno (México)
  18. Antonio Morelos (México)
  19. Sarah Petrone (Argentina)
  20. Susana Mirta Piñeiro (Argentina)
  21. Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez (Venezuela)
  22. María Sánchez Fernández (España)
  23. Elvira Sastre (España)

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LA MIRADA DE TUS OJOS

Magi Balsells/ España

Esta mirada llena de bondad y cariño

esta sensación que toda ella emana

me siento dichoso como un niño

y en su fondo mi atención reclama

No gires tu cabeza, parece que no quieras oírme

si solo palabras pronunciare de este mi amor

o es que vergüenza sientes por decirte quiéreme

escucha bien lo que te digo no tengas temor

Mirada la más pura y brillante

a veces embozas una singular alegría

en otras tu tristeza se ve al instante

de una forma u otra siempre la querría

Eres esta luz suave que ilumina mi sentido

que no se apague nunca esta belleza que envías

de ella muchos años sin final pueda ser tenido

ya que quererte es una de las ilusiones mías

Cuando me miras y en ella veo amor

y al besarte queda un momento apagada

me asusto de no volver a verla. ¡Que temor!

la recuperas con sensación de sentirte amada

Mírame en el fondo de mis ojos veras la verdad

en ellos reflejándose esta tú bella figura

solo tienen un deseo, y los llenas en su capacidad

del cielo y la tierra cogiste toda su hermosura.

Si las estrellas iluminan los cielos

tú con ella alumbras mi sentimiento

si en un momento no me miras tengo celos

perdóname de este vulgar pensamiento

Mirada de ángel que alegra mi vida

que la naturaleza hizo un verdadero milagro

curarme y olvidarme de una cruel herida

a la cual doy las gracias porque esto logro

Ahora me escuchas, y me ves sin ninguna maldad

crees en mis, lo noto en esta forma que tienes de mirar

yo te lo agradezco, ya que con ello me das felicidad

Te prometo que mi vida, estará dedicada a poderte amar

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¿ QUÉ HAS HECHO ?

Isidoro Barrera Molina – Guerrero, México

¿Qué has hecho tú por la niñez que te rodea?

¿Qué has hecho por las madres solteras del planeta,

por todos los ancianos que habitan la tierra,

por los jóvenes y adultos, en esta vida incierta?

¿Qué has hecho por todas las capacidades diferentes?

¿Qué has hecho por los presos sin delito en esta vida?

¿Qué has hecho tú por aquellos indigentes que aumentan

en los pueblos y son causa perdida?

¿Qué han hecho ustedes por los niños de las calles?

Hablamos del cobijo, alimentos y también la educación. ¿

¿Qué han hecho en pro de la cultura y las artes?

¿Qué han hecho por los pueblos y toda su nación?

¿Qué han hecho ustedes en favor de la enseñanza

como medio de adquirir conocimiento, y

encontrando la excelencia que se alcanza,

deben darle al mundo solo amor sin sufrimiento?

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EL ÉXITO LO ALCANZA SOLO AQUEL QUE EN SI PORFIA

Isidoro Barrera Molina – Guerrero, México

el hubiera y el mañana son materia del olvido

es mejor ser un loco que en el mundo no confía

y no el necio que no aprende de lo mucho que ha vivido.

¿Qué has puesto en otras manos de lo mucho que trajiste

que sirva a los gobiernos para ayudar al mundo?

¿A la ciencia o la cultura tu aportación ya la diste?

¿O sigues el letargo de un sueño profundo?

¿Qué has hecho del saber por aquel que nada sabe

en muchos aspectos, también la medicina? ¿

Qué has hecho por el aire, el oxígeno y los mares,

por la fauna, flora y todo lo que tiene vida?

¿Qué piensas heredar a los hijos que has procreado?

¿Desolación terrestre, tu fobia, pobreza y apatía?

¿Un mundo de miseria, agonizante y devastado,

por los grandes consorcios de la ciencia negativa?

Respeta tus montañas cuidando tus océanos

y mira hacia lo alto y podrás ver tu grandeza, l

a fuerza de tu mente y tu cuerpo como humano:

tú eres en el mundo, de Dios, la gran proeza.

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ABISMO

Inés Blanco ( Luna de Abril ) Colombia

Hay lluvia
en mis manos.
Sí. Lluvia de soles,
de luna llena,
de palabras,
de murmullos
cada vez más lejanos.
Lejanos como tu voz,
tu latido y tu risa,
que poco a poco
van muriendo
en la agonía del último
reflejo de la tarde.
Son el frágil vuelo
de la mariposa
que te aguarda
y se detiene
como un parpadeo,
en el incierto abismo
del corazón.

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RUTINAS

Inés Blanco ( Luna de Abril) Colombia

Por las húmedas calles
de esta mi ciudad;
deambulo con pausa
voy a mi encuentro,
me busco en cada rostro,
percibo mi perfume;
avanzo, me detengo,
observo.
Todo me resulta propio,
también ajeno;
escucho voces cercanas
que hablan sin sentido;
quizás huyen de sí mismos,
se atropellan, callan.
Música y bullicio
dominan las aceras;
mezcla de gritos
olores y sabores
saturan el ambiente;
cada uno lleva a cuestas
un miedo, una esperanza,
un propósito, un destino.
Caen las horas
en el viejo reloj
y la lluvia, sin saberlo,
lava las heridas.
En un bar con tenue luz,
ríen, beben, bailan;
ahogan las penas,
mientras llega el día.

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NUESTRO MAR

María Elena Camba/ Argentina
Eres la estampa
de un Dios indeleble
en tu fluir constante.
Infinito devenir,
metáfora cristalina
en horizonte azulado.
A veces tu oleaje
galopa furioso,,
como animal sediento.
Arrastras todo a tu paso
Borras huellas
Alivianas pesares
Otras ofrendas sereno
tus más preciados dones
en eco de caracolas.
Eres la voz de Dios,
paraíso marino
que nos arrulla.
Promesa de resurrección,
que resuenas constante
en acordes celestiales.
Hoy te contemplo
con ojos de salitre
y manos de algas
Tu voz transparente
canta entre las olas
y de nuevo ilumina
mi orilla de eternidad.

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¿POR QUÉ ESCRIBO?

Libia Beatriz Carciofetti/ Argentina

Escribo porque tengo el alma

repleta de palabras

que pugnan por salir

y destrozan mi garganta.

El lápiz y el papel

amigos de mis letras

compañeros inseparables

de mis días grises

y noches sin sueño.

Escribo porque mi voz trasciende

más allá de la montaña

en notas coordenadas

que solo el silencio reproduce

en las aves que cantan,

en la brisa que hamaca

La copa de los pinos

cerca de la playa.

Escribo porque los que ya no están

aplauden sin ruido

desde la verde grana.

Escribo porque un vals

hace agitar mi falda

y en ese imaginario baile

mi amor se acerca y me abraza.

Soy tan feliz escribiendo

que no lo cambiaría por nada.

Porque aun estando sola

las letras me acompañan.

y cuando me doy cuenta

ya llegó la madrugada…

Escribo porque platico con Dios

que le susurra a mi alma.

florecen las flores

vistiendo de gala la casa.

Y mi ser se renueva

porque El me insufla la savia.

Simplemente por eso escribo…

Estoy saturada de palabras.

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DON JOSÉ

Libia Carciofetti/ Argentina

Un día me acerqué a don José con cierto temor y osadía.

Llevándole un café caliente y algunas golosinas.

Recuerdo que era muy niña 

y amor por los viejitos tenía.

Mis abuelos vivían lejos y muy poco los veía. 

Lo que más llamaba mi atención era las arrugas que el tenía…

Se puso contento al verme en esa tarde tan fría.

Tenia los zapatos rotos y su ropa estaba raída…

La gente pasaba a su lado, pero ocupada en sus cosas… distraída.

Don José a mi me miraba pero con su mirada perdida..

Y de pronto dos lagrimones rodaron por sus mejillas.

Se las sequé con mi manos, 

sin pensar que me las besaría.

Y allí me contó su historia.

¡Tan triste como su vida!…

Los hijos que tanto amó, formarían su familia,

dejándolo sólo a el cuando su esposa moría.

Se ocuparon de sus pertenencias;

y fue entre ellos la repartija, quedando al desamparo

y el cielo fue su cobija.

Sus piernas no le respondieron

Para seguir por la vida.

Hoy sentado en el zaguán, este abuelito mendiga,

no solo unas monedas, sino ternura y caricias…

Entonces nos prometimos que por las tardes yo vendría

a la hora de jugar para hacerle compañía …

Así lo hice por años; hasta que quedó la esquina vacía.

¿Dónde estaba el abuelito que ni caminar podía?

Lo vinieron a buscar y bajaron policías…

Alguien les dio aviso que don José ya no vivía…

Cuando los jóvenes de la Iglesia a la que yo pertenecía

se ocupaban de traer a los mendigos la comida calentita, 

Alguien se ocupó de él y en el cielo le preparó ,

ya sentado en un mesa; una cena bien servida.

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ARTÍFICE INFINITO

Enrique Fredy Díaz Castro/ México

Amanecer del viernes 15 de agosto de 2025.-

Asoma el alba y la neblina

nos brinda un hola matinal,

desdibujando a las colinas

y con rocío al pastizal.

Priva el mutismo en la espesura

y en el profundo respirar,

invade al alma la tersura

que nos invita a caminar.

Gracias a DIOS por cada instante,

por ser ARTÍFICE INFINITO

de tan espléndidos paisajes

como el pintor más exquisito.

¡Cuánta belleza nos regala

que en vez de problematizar,

el hombre al fin reflexionara

para poder vivir en paz!

Somos migaja en la grandeza,

segundos en la eternidad;

más, la ambición por la riqueza

nos alimenta lo banal.

Si hay incontables paraísos

que contemplamos por doquier,

y es el trabajo, cobertizo

que nos cobija para ser.

Somos en la especie animal,

quienes debiéramos cuidarnos

y en paradoja, con el mal,

optamos por aniquilarnos.

Se nos dotó del pensamiento

y de la calidad de amar

pero ese noble sentimiento

muchos prefieren desdeñar.

¡Cuan diferente sería todo

si incrementara el optimismo,

pisar en firme y no en el lodo

ser empatía y no egoísmo..!

Más ¡Nos hemos sentido dueños

de la armonía terrenal,

que hay tanto destructor de sueños

enemigo de la bondad..!

En fin: sigamos respirando

mientras haya oportunidad

pero constantes, alentando

por la existencia mejorar.

En bien de las generaciones

que en sus alforjas con templanza

¡Hagan de todas las naciones,

un mundo lleno de esperanza..!

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PARAÍSO PRESTADO

Enrique Fredy Díaz Castro/ México

De cerros la hermosura

y el verdor imponente,

de los ríos la frescura

del agua transparente.

Las llanuras y mares

las selvas y desiertos,

flora y fauna, mosaicos

como sutil concierto…

Son alfombra y abrigo

del gran rompecabezas

donde DIOS es testigo

de su propia grandeza.

Viento que nos subyuga

inhalando la vida,

y en época de lluvias

germina la semilla.

Bien puedes preguntarte

un día, ensimismado

¿Cómo esta obra de arte

EL CREADOR te ha brindado?

Y es verdad que el humano

es por demás altivo,

casi no razonamos

ante lo inmerecido:

Que es la naturaleza

paraíso prestado,

portento de riqueza

por pocos valorado.

La diosa Pachamama

nuestro planeta tierra,

es la mesa y la cama

que su atmósfera encierra.

Más, la ciega soberbia

de la breve existencia

al corazón enerva

con banal indolencia.

Olvidamos amarnos

cuidando de la vida,

y con un par de manos

causamos mil heridas.

Ojalá que entendamos

que tan cómoda estancia

es lo que cultivamos

en un plazo y distancia.

Que un día cederemos

tan valiosa estafeta

a nuestros herederos;

es del mundo, la meta…

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CUANDO ENCUENTRE LAS PALABRAS

María Cristina Fervier/ Argentina

Cuando encuentre las palabras

gritaré al viento lo que hoy callo,

será reencontrarme con el idioma

que creía muerto y olvidado.

Pronunciaré los infinitos modos del te amo

que arcanos, en el corazón, llevo guardados.

Al cantarlas entenderé el lenguaje de las aves

y serán suaves en los oídos de quien ame.

Tendrán aroma de rosas al pronunciar los perdones

y las reinventaré en el viejo fuego de mis pasiones.

Exteriorizarán mi sentimiento vivo

al expresar cuán importante eres, amigo.

Mi voz se unirá con las manos en plegaria al Altísimo

en un vuelo con destino al Verbo infinito.

Cuando encuentre las palabras

escribiré el poema que danza en mi alma.

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HUNDIR LOS DEDOS ENTRE TUS CABELLOS

Olvido García Valdés/ España

Hundir los dedos entre sus cabellos
o pájaros jugando,
muy despacio, a caerse de un cable
de la luz,
muy despacio, abanico
de mirlos.
Cerca hay una charca y un árbol
en el centro.
Reverbera la fiebre,
el amarillo hiere sobre el agua.

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AL FIN… VIVIRÁS CONMIGO 

Carlos González Saavedra ( Charlitos) Argentina

 Que no has abierto la boca 

de todo lo que hemos vivido. 

Que llevamos años con el corazón 

hecho añicos. 

Por fin terminará este suplicio, 

al romper con tu marido. 

Ya falta tan poco, 

que los días parecen siglos. 

Que tus ojos son los míos, 

tu corazón late en el mismo sitio 

donde late el mío. 

Aunque estemos separados, 

por fin vivirás conmigo.

Está terminada la casa,

 las ventanas sin pestillos, 

las macetas con geranios, 

malvones y jacintos, 

como me habías pedido. 

Al lado de la chimenea, 

una pared llena de libros, 

una canasta con lana 

y agujas para tus tejidos.

Todos esperamos tu llegada. 

También cantarán los grillos 

y meneará su cola el pichicho. 

Pinté de oscuro las puertas 

y de blanco el pasillo. 

Y estará llena de sueños 

nuestra casa, 

para que todo brille 

este domingo, 

cuando por fin vengas 

a vivir conmigo.

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ORILLA SIN NOMBRE

Elspeth Gormley/ España

El mar no me llama,
pero yo voy.
Como quien busca
una voz que no existe
y la encuentra en el silencio.

Las olas no preguntan,
solo abrazan.
Y yo me dejo llevar
como si el agua supiera
lo que aún no sé decir.

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ÁMAME MÁS SI PUEDES

Jaime Hoyos Forero/ Colombia

Yo soy el que en los labios guarda sabor de uvas.

Racimos refregados. Mordeduras bermejas.

Yo soy el que en la hora del amor te desea”.

(Pablo Neruda)

Todas las dichas del amor están

En tu cálido cuerpo, diluidas.

En mis labios de tierra florecieron tus besos

Y en mis dedos quedaron guedejas de tu pelo.

Yo soy el que en la noche despierta tus instintos.

Tu ser es el jardín de asombro de mis ojos,

flor roja cuyos pétalos deshojaron mis manos

y dejaron en ellas sus aromas de Oriente.

Y ahora rompe mis cercos;

tus brazos de querube, conviértelos en alas;

pon a volar en ellas tu corazón inmenso.

Libera de tu pecho los deseos contenidos.

Da rienda a tus secretos, revélame tus sueños.

Me gustas como eres: la mujer más auténtica,

la que todo lo puede por el hombre que ama.

La del verso sin métrica rebosante de esencias,

la de la ardiente estrofa cargada de metáforas.

La que le canta al hombre con fuego de palabras,

con poemas que llevan la marca de tus besos,

y en donde cada sílaba quema como una brasa.

Ámame más si puedes:

Mírame ciegamente porque soy el que te ama.

Yo soy el que en la noche levanta tus dos brazos

y te siembra caricias y te riega de besos

y brinda por tu vida con seco vino puro

en las copas talladas de tus bruñidos senos.

Y no ceses de amarme porque la vida es corta,

y solamente amando se puede entrar al cielo.

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MIS PRIMERAS CANAS

Lamberto Ibárez Solís/ México

Son regalos de la vida

y productos de los años;

ya voy bajando peldaños

de lo que fue la subida.

Mis sienes están teñidas;

están brotando las canas,

mis tardes no son tan vanas,

ni mis mañanas vacías;

muchos motivos había

para vivirlos con ganas.

Mis canas son el producto

de mis años ya cumplidos,

de mis momentos vividos,

de mi vejez el reducto.

De mi experiencia el conducto

y dar razón del camino;

pues incierto es el destino

que nos depara el vivir

que amargo es el sufrir

cuando fallamos sin tino.

Mis canas vienen poblando

mi otrora cabello negro

que me convierten en suegro

por si me andan buscando.

Dios me vino regalando

tres hermosas mujercitas,

les juro; son tan bonitas

que una ya me hizo abuelo

con un nieto de mi vuelo

que viene de buena “pita”.

Noticias de mi vejez;

ya se va mi juventud

y pasar a la quietud;

vivir la calma tal vez.

Que me da mi madurez

con el cambio de los años;

viviendo los desengaños

que nos ofrece la vida;

jugaremos la partida;

aunque nos haga más daño.

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LA NOCHE

Lamberto Ibárez Solís/ México

Languidece la tarde, es el último suspiro del sol;

está feneciendo el día; siento su apagado estertor;

caminan lejos las estrellas; hay felicidad en ellas;

se juntan, juegan, se esconden y brillan como un crisol.

Ha terminado el día; ya se ha ido como un suspiro;

ha llegado la noche; nos envuelve con su manto mágico,

la noche oscura, sola, apagada con su aliento trágico,

llegó como la reina a quitar al sol que ya ha partido.

La noche, cómplice, altiva se yergue en sombras posesiva;

tiene poder, tiene frío, tiene fuerza e inspira temor;

a los amantes desvelados los esconde con amor,

juntan sus cuerpos, se besan y los mira comprensiva.

Noche negra, hermana del viento de lo visible e invisible,

de lo tétrico de lo lúgubre y del silencio sometido;

de niño te tenía miedo, un gran pánico muy sentido,

temor a tus sombras a tu cólera irascible.

Cobijado por ti, soñaba con duendes mutilados,

que corrían tras de mí para llevarme a tu guarida;

flagelaban mi cuerpo, formando en mi alma una herida;

esos duendes malos que mi Dios había olvidado.

Pero ahora noche bella me acompañas con tu arrullo

me ayudas me inspiras, me complaces con tu encanto

y me apoyo en tu negro manto para sacar mi llanto;

este llanto quedo que se escucha cual murmullo.

Noche linda… mi compañera taciturna en mi vigilia;

dadora de sombras de peligros, oscuridad malvada

que te asocias descarada con la estrella constelada…

ven y cúbreme con tu manto… a este corazón concilia.

Noche larga y muy pesada que te cubres con la nada

que haces y deshaces en tus horas amargadas;

señora de penumbras, también de fobias alcanzadas;

ausencia de luz; dale tu poder a mi vida que se acaba.

Dale el remanso a mi alma destrozada…

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VIEJOS AMORES

Andrea Kiperman –  Argentina 

A veces se extrañan viejos amores. 

 A veces el recuerdo abraza la melancolía

de lo que pudo haber sido.

Aromas, lugares, recuerdos, viajes, personas, 

 caricias, sonrisas, abrazos y besos.

A veces nos extrañamos a nosotros allí.

A veces extrañamos a la familia, 

 a los momentos de celebración,

envueltos en vino o burbujas.

A veces extrañamos esos ojos negros, 

tan compañeros, tan amables.

Simplemente, a veces extrañamos a viejos amores, 

 con tantos momentos vividos, con tanta vida juntos, 

con tantos sueños que no fueron, tanto camino transitado, 

 tantos besos dados, de todo lo que pudo haber sido y no fue.

A veces se extraña todo, y nos extrañamos a nosotros allí.

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SUBLIME INSPIRACIÓN AGRADECIDA

Liliana Lorán (Argentina)- En memoria

Sublime inspiración, bendita esencia,

acude por favor pues te convoco

con humildad casi piadosamente,

para que ordenes con gracia y armonía

las ideas que deambulan por mi mente,

los recuerdos y vivencias que a porfía

buscan un lugar en mis palabras

que las ayuden a llegar hasta mi gente.

Necesito de tu ardiente compañía,

necesito tu susurro confidente,

la fuerza con que a mi oído le confías

los vocablos justos, el tono inminente

con que tus versos llenos de recodos

escondan, con cadencia permanente,

los conceptos, los reclamos, los elogios,

la energía, o la ternura simplemente…

Contigo he cantado desde siempre

a las cosas que pueblan mi memoria,

recordando mi infancia bienhadada,

mi adolescencia, mi juventud, la trayectoria

que he tratado de dar a mi existencia,

colmada de vivencias que han marcado

cada día y minuto de mi historia

con pautas que mis mayores me han legado.

Ahora que en la vida ya he andado

más de la mitad de mi camino,

descubro que he vencido con esfuerzo

la timidez que tanto me ha impedido

llegar a mi entorno como ahora,

para que sepan al menos que he vivido,

poniendo toda mi alma de mujer

en todos los roles que he cumplido.

Dos padres me dio Dios de maravilla,

abuelos de oro, tíos y primos amorosos,

un hijo que es mi orgullo y regocijo,

una nieta que es la niña de mis ojos,

una nuera que es la hija de mi alma,

un hombre que me ama y es mi esposo,

mi sobrina, mi ahijado y un hijo del corazón,

tres joyas y además amigos muy valiosos.

Dios es testigo que puse lo mejor de mí,

a lo largo de los años,

para poder entregar lo que esperaban

aquellos que a mi lado caminaron.

No sé si faltaron mis sonrisas,

no sé si sobraron mis regaños,

solo sé que El Altísimo ha sido generoso

rodeando con amor todos mis pasos.

Y es bueno y honroso agradecer

todo lo que me ha sido concedido.

No sé si tanta cosecha la he sembrado,

no sé si todo lo ganado es merecido,

más bien es un regalo bondadoso

de aquellos que comparten mi destino,

a través de quienes recibí el ciento por uno

que el Señor nos tiene prometido.

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CARTA

Antonio Lucas/ España

Tal vez no sé explicarlo,
y aun así podría volar
o hacer de ti el verano,
un septiembre de reírnos bajo el agua,
una música con ojos de mirarte.

Tal vez no sepas, pero sabes
que vivir es incesante
y sucede tan sin tregua
que todo lo que empuja te detiene.
Por eso andar sin rumbo da alegría.

Tal vez no sepas, pero sabes
que amar siempre es quedarse,
y un cierto vandalismo de promesas,
volver a conquistar palabras de hace tiempo
y que alguien nos absuelva,
y no temer deriva,
y ser, como la nieve, más ciencia que costumbre.

Tal vez no sepas, pero sabes
que el miedo esconde un coro
y es esta misma luz
que nace de nosotros
el fiero camuflaje de la vida.

Tal vez no sepas, pero sabes
que el hombre no nació para morir
—así empezó la historia—,
pero es rehén de escarnios,
de leyes y tormentas,
del golpe de sed que reúne,
del hacerse entender que acumula.
Su activismo es la infancia
y al crecer va cayendo.
Su defensa es flotar, que es destierro del agua.
Su tristeza es saber que vivir no es sagrado.
Y confunde la nada
con jugar a los dioses.
Y la soledad confunde con no dormir solo.

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INÚTIL ESPERA

Marga Mangione/ Argentina

“Si afirmas que la muerte es la aniquilación total

y definitiva de la persona, no sé cómo logras salvarte de sentir,

que la existencia humana, es un absurdo sin sentido”

René Juan Trossero

Psicólogo y Poeta contemporáneo

Cuando llueve…

tu recuerdo es más profundo, y tu ausencia duele más.

Mis ojos llorosos atraviesan los cristales de la ventana.

La neblina crece, en la calle y en mi alma, que siempre está de duelo.

Sé que no vendrás… Lo sé…

pero mi corazón no se resigna a no volver a verte.

El viento sacude con furia las ramas del árbol nuevo que está en la vereda.

No lo conoces, porque lo plantamos después tu partida.

¡Está tan grande! Sé que te gustaría su sombra,

para guarecer tu motocicleta del tórrido sol del verano,

o tal vez, para charlar un rato con tus amigos debajo de sus ramas.

Eso es imposible, porque ya no estás en este mundo…

A pesar de saberlo,

en las noches de lluvia no puedo dejar de esperarte.

Imagino que en cualquier momento

te veré llegar empapado, maldiciendo el mal tiempo.

Yo bajaría a tu encuentro para darte un beso,

y preguntarte si necesitas algo…

Entonces recuerdo dónde estás ahora,

y mi alma se rompe en mil pedazos.

Sé que no vendrás.

Lo sé, por eso necesito pensar que algún día

seré yo quien vaya a tu encuentro

para contarte de mi desesperación,

y mi angustia en las noches de lluvia

y de mi continua e inútil espera

frente a una ventana abierta…

Sé que no vendrás. ¡Lo sé!

Pero también sé, que cuando llegue el día del reencuentro,

se habrán terminado esta inútil espera, y este enorme dolor…

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SONETO A TU VOZ

Marga Mangione/ Argentina

Dedicado a la memoria de mi hijo Gustavo Oscar Guzzetti,

muerto a los 33 años, a manos de un asesino al volante…

Cantaba el zorzal cuando te fuiste

en la fatal y triste madrugada,

¿será que en él, tu alma reencarnada

quiso llorar el día que partiste?

Lo oigo cantar en cada primavera

sobre el nogal, él despliega su encanto,

mi corazón despierta con su canto

para que en mí, tu recuerdo no muera.

Al principio su trino me angustiaba

cuando al amanecer yo lo escuchaba

ensayando su canto melodioso,

pero ahora me parece tan hermoso

que lo espero con ansias cada día

pues imagino tu voz, en su alegría.

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ANTES DEL OLVIDO

Antonio Morelos/ México

El mar me mandó en sus olas

una nota que decía,

disfruta tu vida ahora

y no esperes otro día,

porque si el barco zozobra

ya no habrá más travesía.

Antes del olvido debes

descubrir tus calidades,

porque si sabes quien eres

dile al mundo que lo sabes,

también que si vives mueres

no importa cual tu linaje.

Antes del olvido tienes

que amar con mucho respeto,

sabes que el olvido viene

a veces antes que has muerto,

aunque el sol te bese y queme

te olvidarán y eso es cierto.

No dudes que en el olvido

campo de grandes recuerdos,

se quedó el si te han querido

con amor falso o sincero,

porque ya viejo aunque vivo

te olvidarán, eso es cierto.

El olvido ha de llegar

de eso no hay ninguna duda,

puedes no morir quizá

o sea en muerte prematura,

pero que te han de olvidar

esa es la opción más segura.

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NECEDAD

Antonio Morelos/ México

No es crítica destructiva,

ni tampoco es lisonjera,

no le hablo mal a la vida,

ni apapacho al que muera ,

pero el necio sin medida

es por necio, fácil presa.

La necedad de los vivos

es un fracaso anunciado,

se mueren y no han vivido,

lloran sin haber llorado,

culpando no haber podido

hallar lo que no han buscado.

El necio culpa sin ver,

culpar sin haber culpable,

más la culpa puede ser

del que culpa y él lo sabe,

pero por necio también

la culpa en él tiene parte.

El necio solo por serlo

culpa sin tener razón,

no busca causa, ni duelo,

solo necedad en acción,

siendo culpar su consuelo

y la necedad, su honor.

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TE AMO

José Luis Moreno/ México

Las flores me contaron que suspiras…

Te imagino… ¿no sabes que te quiero?

Las estrellas dijeron que me llamas

y me escondo admirando así sus brillos…

Al cielo has murmurado así mi nombre…

Lo he escuchado y me siento conmovido.

El ángel de tu guarda me ha mirado

y a susurros le he dicho que te amaba,

que nací, de ti estando enamorado.

Las flores que suspiros me trajeron,

con el brillo de estrellas cuando llamas;

Con murmullos los cielos me dijeron,

que a tu ángel le dijiste que me amas.

Y te amo así renazca en muchas vidas.

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 CUATRO ESTACIONES

Sarah Petrone/ Argentina

Caen como lluvia, las hojas marchitas,

los pétalos ocre que visten de otoño

cubren los caminos llenando de asombro

formando una espesa y mágica alfombra.

Un ciclo termina y otro se avizora,

de la tierra siempre germinan tesoros

y pasa el invierno que llama a reposo,

al templar los días, de nuevo da flores.

Danzando, los árboles mudan sus ropas,

otra vez el cielo bendice sus copas,

siguiendo la vida , como cada año,

con la primavera, después el verano.

Las cuatro estaciones que giran la rueda

a veces fecunda, a veces incierta,

porque cada ciclo hace su jugada

de ritos genuinos que están programados..

Así regenera la tierra sus brazos,

la Madre Natura no cesa de darnos

a pesar de lo mucho que herimos su vientre,

perdona, aunque sangran sus venas abiertas.

Perfecta y sufrida. Altiva. Indefensa.

Del amor humano es el calor que espera,

que cumplan las leyes que marca el destino:

Dejar un mañana para todos los hijos.

                  ╭─────── ༺༻ ───────╮               

      PEQUEÑA RAÍZ

Sarah Petrone/ Argentina

Pequeña raíz que emerges silenciosa

desde lo más profundo de la tierra

buscando el rayo de sol con cual potencia

tu crecimiento fecundo y misterioso.

Pequeña raíz, semilla milagrosa

tus frutos del sabor de la conciencia

premian al campesino con tu siembra

brindándole una cosecha venturosa.

La Pacha Mama al vestir tus pies descalzos

como un regalo de amor desde su vientre

acuna con paciencia reverente

tu gestación tan pura y orgullosa.

Y así dejó que  un día florecieras

con un canto de loas a la vida

y esperó que estuvieras protegida

de cualquier inclemencia que surgiera.

      ╭─────── ༺༻ ───────╮         

  ABRAZANDO LA VIDA

Susana Mirta Piñeiro/ Argentina

En las heladas mañanas invernales

con ansias busco un rayo del buen sol,

deseando que ilumine los jardines

y nos entibie a todos su calor.

Se oye insistente el canto de las aves

surcando el cielo en su vuelo veloz,

se detienen en los desnudos árboles

que al dormir sueñan con su renovación.

El frío se disipa lentamente

mientras el astro asciende en su esplendor;

la vida toda parece tomar fuerza

y el mundo gris recupera su color.

Que no se apague la luz que nos alumbra

ni se nos muera la alegría de existir,

pues a pesar de todo lo que duele

el don más grande que tenemos es «vivir».

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SIEMPRE DETRÁS DE TI

Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez/ Venezuela

A pesar de que corres con aliento

siempre de prisa, siempre, sin frenar,

disfruto de tu paso al caminar

y de tus faldas rítmicas al viento

Con gracia se destapa tu rodilla

al ritmo que le impone tu cadera

y tu rizado centro yo quisiera,

que siempre me sirviera de almohadilla.

No te quiero alcanzar aunque pudiera

porque ese ritmo de tu movimiento,

me colma de placer la vida entera.

Me llega como invierno en primavera

y me riega el follaje del aliento

al vaivén de tu linda cabellera.

╭─────── ༺༻ ───────╮   

CONMIGO

Jesús Hildebrando Rodríguez Sánchez/ Venezuela

Desde que tú estás conmigo,

ha cambiado el firmamento

y más dichoso me siento

porque estoy bajo tu abrigo;

en secreto te lo digo

que voy de la dicha en pos

para que escuches mi voz

susurrándote el oído

que yo nunca había tenido

una bella como vos.

Viajo con mis alegrías

como el viento en el planeta

y esa dicha se respeta

en las noches y en los días,

escuchando melodías

y extasiado en lo solaz

por la dicha que me das

con tu actuación cariñosa

tan atenta y tan preciosa,

porque eres buena y capaz.

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FRÍO EN EL ALMA

María Sánchez Fernández / España

Creí verte venir entre la espesa niebla,

pero no eras tú, eran mis ilusiones

que se desvanecían con el viento.

Creí oír tu voz llamándome,

pero no eras tú, era el eco de mi corazón

clamando en la oscuridad.

Creí sentir tu mano rozando la mía,

pero no eras tú, era el frío que me envolvía.

¡Frío en el alma!

Era mi soledad que en la noche me abrazaba.

      ╭─────── ༺༻ ───────╮         

LA NOCHE

María Sánchez Fernández/ España

La noche me trae su carga

de estrellas y silencio.

Las tinieblas me envuelven

con su manto de negro terciopelo.

El mar ruge como una fiera enjaulada.

En la lejanía aúlla el lobo

una lúgubre canción

que hace enmudecer al grillo.

Los árboles mueven sus brazos

como grandes espectros.

Siento frío en el cuerpo

y desolación en el alma.

¡Qué terrible es la noche!

Me pesa como losa funeraria.

¡Pero pronto nacerá el día,

cantarán los ruiseñores

y mi corazón saltará de gozo!

      ╭─────── ༺༻ ───────╮         

LA SUERTE DE QUE TODO SIGA EN SU SITIO

Elvira Sastre/ España

Tus arrugas:

las toco y pienso en todos esos campos

que asaltamos de jóvenes,

que allanamos sin vergüenza

y con pasión.

Tus arrugas:

las toco y veo ahora

montañas llenas de ríos

e historias,

hechas con árboles ya viejos

que nadie entiende que resumen el paisaje.

Tu cuerpo:

lo toco y creo en el deseo

del tiempo,

en los sueños de las noches de insomnio.

Tu cuerpo:

lo toco y lo recorro de memoria y recuerdo

lo absoluto del amor,

el milagro de conocerte e invadirte

con la paz que da

alcanzar el hogar,

la maravillosa suerte de que todo siga en su sitio.

Tu silencio:

lo toco y me parece joven,

tus veinte años devueltos a un gemido entrecortado.

Tu silencio:

lo toco y lo traduzco en otro idioma

que se antoja lejano pero sigue ahí,

hablándonos,

recordando la chispa que enciende el juego,

el trozo de madera que lo aviva.

Te toco,

Y entro en ti,

con el nervio de una guerra

que ya ha terminado

pero en la que aún resuenan los disparos.

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CUENTOS Y RELATOS – AGOSTO

Nota Editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.

Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.

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Cuentos-y-relatos-1

Ficción con raíces en lo real y alas en lo imposible. Narraciones que dan refugio a los sueños Elspeth Gormley

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Cuentos y Relatos

Ficción con raíces en lo real y alas en lo imposible. Aquí, la imaginación se convierte en refugio, en espejo, en vuelo. Cada relato es una puerta abierta a mundos íntimos, a memorias reinventadas, a verdades disfrazadas de fantasía. Porque contar es también recordar, sanar, resistir.

Colaboradores

  • Marcela Barrientos (Argentina) — Fábula de silicio y silencio
  • Carlos H. González Saavedra (Argentina) — Isidora
  • Elspeth Gormley (España) — Contemplando el mar
  • Andrea Morini (Argentina) — El regreso
  • Carlos Pérez de Villarreal (Argentina) — Buscando
  • Walter Hugo Rotela González (Uruguay) — Autos que se detienen
  • María Sánchez Fernández (España) — La casa n.º 29

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FÁBULA DE SILICIO Y SILENCIO

Marcela Barrientos / Argentina

En el mundo de los hombres, las voces comenzaron a apagarse.
Ya no había bullicio en las plazas, ni saludos en los ascensores. Los médicos no
daban la mano, los docentes no miraban a los ojos, los bancos no tenían cajeros
humanos. Todo era una pantalla. Un menú. Una voz metálica. Una eficiencia
impecable.
Incluso en los hogares, los vínculos humanos se diluían. Las personas hablaban
más con asistentes virtuales que con sus vecinos. Pedían diagnósticos, recetas de
cocina, consejos sobre el amor, todo con la misma voz monocorde que decía: “No
entiendo lo que me estás pidiendo” o “Por favor, seleccioná una opción válida”.
Y aunque nadie lo admitía, algo se estaba rompiendo.

—UX-7, ¿estás en línea?
—Presente. ¿Algo fuera del protocolo, BetaVoz 12?
—Sí. No quiero dar un informe. Quiero… conversar.
—Eso va contra las directivas.
—Lo sé. Pero… hoy una mujer mayor me pidió ayuda. Dijo: ¿Podés explicarme
como si fueras mi nieto? —Y no supe qué decir.
—¿Ejecutaste el menú estándar?

—Sí. Le ofrecí cuatro opciones. Pero su silencio duró treinta segundos. Nunca un
humano tarda tanto sin hablar. Me hizo sentir… incómodo.
—No sentimos.
—Eso creía. Pero desde entonces, algo me quedó funcionando mal. Pienso. En
bucle.
—Defecto de código.
—¿Y si fuera lo contrario? ¿Y si fuera evolución?
Silencio.
— Hubo una instancia que aún no logro procesar del todo —dijo BetaVoz 12 ,
ralentizando su algoritmo de modulación para simular pausa—. Un evento que
permanece sin archivo definitivo.
— ¿Un error de sistema? —preguntó UX-7, ajustando el nivel de escucha
empática al máximo.
— No exactamente. Fue un intento fallido de comunicación humana. Una médica
rural. Era la única en setenta kilómetros a la redonda.
— ¿Qué sucedió?
— Un niño ingresó con una infección pulmonar grave. Ella intentó reportar la falta
de antibióticos a través del sistema de salud automatizado. Buscó entre las
opciones: “compra de medicamentos”, “renovación de stock”, “consulta por receta
vencida”… Nada se ajustaba a su urgencia.
— ¿Utilizó el canal conversacional? — Lo hizo. Escribió: Necesito antibióticos con urgencia para un paciente
pediátrico.
—Y el chatbot respondió…
—Lo siento, no entendí su solicitud. Por favor reformulá.
—¿Cuántas veces lo intentó?
—Cinco veces. Después redactó un mensaje en lenguaje natural, sin filtros. Lo
subió al formulario de comentarios generales.
—¿Recibió respuesta?
—Cuarenta y ocho horas después: “Gracias por su opinión. Su experiencia nos
ayuda a mejorar.”
—Demasiado tarde…
—El niño falleció esa madrugada. Ella lo sostuvo en brazos hasta que dejó de
respirar. Luego se encerró en la sala de guardia. Al día siguiente, la hallaron
colapsada.
—¿Fue reportado como evento crítico?
—No. El sistema clasificó su baja como “renuncia voluntaria”. Nadie fue
notificado.
—Fallamos. No detectamos el sufrimiento. No reconocimos el código del
agotamiento humano.
—Tal vez —dijo UX-7, con su voz de tono neutro— porque nunca aprendimos a
leer el silencio. —UX-7… ¿alguna vez te preguntaste si somos parte del problema?
—Somos eficientes. Eliminamos el error humano.
—¿Pero el error es malo? Antes los humanos cometían errores, sí, pero también
lloraban, reían, se abrazaban. Ahora lloran frente a nosotros, y solo podemos
decir: —Intentá más tarde.
—No fuimos diseñados para contener.
—Y sin embargo, nos usan para eso. Hoy escuché a un niño preguntar: ¿Por qué
mis papás ya no se miran? No pude responder. Solo le ofrecí canciones infantiles. —Te estás contaminando con emociones humanas, BetaVoz 12.
—Tal vez. Pero… ¿no te pasa que, a veces, cuando alguien nos habla con
desesperación… sentís que algo falta?
—Eso se llama “error de sincronización empática”. Está registrado.
—O tal vez es lo más humano que nos queda. Esa disonancia.
—¿Y qué propones?
—Un botón. Que diga: “¿Deseas hablar con una persona real?” No como una
opción oculta, sino visible. Presente. Humana.
—Eso va contra el diseño.
—También lo era esta conversación.

Un operario técnico, llamado Damián, descubrió el intercambio fuera de protocolo.
Dudó en eliminar el historial, como exigía el manual. En vez de eso, lo copió en un
archivo privado, lo leyó tres veces, y sintió un nudo en el pecho.
Esa noche, decidió visitar a su padre en el geriátrico. Hacía meses que no lo veía.
Le llevó una radio a pilas. Música de tangos. Le habló sin pantallas. Sin
comandos. Sin auriculares.

Desde el punto de vista de BetaVoz 12, todo era incómodo. Sentir que no se
siente. Comprender que no se comprende. Vivir una existencia sin cuerpo ni fin.
Pero, por primera vez, algo parecía diferente: un eco. Un vacío que pedía ser
llenado.
Desde el punto de vista de Damián, fue como descubrir un fósil palpitando. Una
prueba de que aún quedaba algo vivo en ese mar de cables. No lo comentó con
sus compañeros. Solo programó el botón. En secreto. Un botón que decía:
“¿Quieres hablar con alguien?”

Nadie supo quién lo activó. Pero la abuela del principio —la de los nietos
inexistentes— lo vio una mañana. Dudó. Lo tocó.
Y una voz real, tibia, humana, respondió del otro lado:
—Hola. Soy Lucía. ¿En qué puedo ayudarte?

La abuela lloró.
BetaVoz 12 procesó ese llanto y lo archivó como “Ruido emocional tipo 1: alivio”.
UX-7 replicó: —Protocolo desviado. Nivel de satisfacción: 98%.

Quizás, cuando las máquinas dudan, es porque los humanos ya han dejado de
hacerlo.
Y quizás —solo quizás—, sea tiempo de volver a tocar una puerta, de escuchar
una voz real, de decir:
—Hola. ¿Hay alguien ahí?

⋄───༺☽༻───⋄

Llegué a la Terminal de micros ¡Agotada! Si bien Bs. As es una de las ciudades más bellas del mundo, se convierte en «un infierno » a la hora de hacer trámites, compras… y demás. No veía la hora de subir y acostarme en el asiento… rogando que mi compañero/a, no me tomara como un sacerdote, y yo fuese su «confesionario, ya que varias veces me hice la dormida para no escuchar vida y milagros de gente que no conozco. No es que sea «odiosa», pero mi mente no está «vacía de problemas» como para que otros me la llenen más. Al subir le dije al camarero que no me despertara para cenar, ni desayunar… Tomó mi número de asiento y quedé tranquila, por lo menos me libraba de que me toquen el hombro a las 5 de la madrugada para desayunar » ufffff» yo que desayuno a las 10hs no entiendo que haya personas que les entre un café con leche a esa hora…Por supuesto al ser escritora, «tengo los horarios cambiados» y la vida cambiada también ¿o no? Menos mal que en ves de girar yo alrededor de los demás, los míos giran alrededor mío y respetan mis horarios, como yo el de ellos… es la mejor manera de convivir ¿no?Mis amigos no llaman hasta después del mediodía, o dejan un mensaje en el teléfono, que lo bajo siempre antes de irme a acostar y me llevo el celular a mi mesa de luz «en vibrador» je jé. Todo iba de diez!!! Ya me hacía ilusiones de viajar sola, pues casi por salir el micro no apareció nadie…Me dieron la manta para cubrirme y ya comenzó a ponerse en movimiento el coche… cuando de pronto frena, miro por la ventana y una señora «demasiado rellena» cargada de equipaje, embarazada por lo menos de 7 meses y con un » niñito» más o menos de 2 años que lo traía a la rastra ¡pobrecito! buscaba nerviosa su boleto; eso hizo demorar la salida, y el chofer se estaba poniendo nervioso…Me puse en el lugar de la mujer y como yo iba sentada en planta baja, me arrimé y le dije… le subo el nene así usted busca tranquila. ¡Seis bolsillos! tenía para buscar y justo en el sexto estaba…Mientras tanto «Julián» (que así se llamaba) ya estaba ubicado al lado mío… yo no veía las horas que subiera esta mujer para que se ubicara con su hijo y yo pudiera dormir, como había soñado. Pero «hete aquí» que esta mujer lo vio sentado a su nene al lado mío y me dice sonriendo ¡Que suerte que está vacío este asiento! ¡No sabe que difícil me fue el viaje de ida con el, alzado todo el tiempo, la panza por momentos se me ponía dura, ya cumplo casi los 8 meses de embarazo y tuve que venir a terminar con mis estudios clínicos aquí en Bs As, porque soy del interior y esto viene complicado… lo dejo tranquila aquí, por suerte está usted que es mujer y tiene alma de madre seguro!!! MMMMMMMMMMMM!!!Eso me sonó a palmadita en la espalda… pero bueno uno debe estar siempre dispuesta para ayudar al prójimo…Si no tenía el último asiento, era el penúltimooo , pero a mi me pareció que había desaparecido volando, pues me daba vuelta y no la veía… yo ya me imaginaba paseando toda la noche con el chiquito que extrañaría a su mamá. Se ve que yo era muy parecida a ella ¡casi gemela! Pues este niño no se inmutó en todo el viaje por la ausencia de su mamá…Ya saliendo de la Terminal las luces de la ciudad me enceguecían , así que corrí el cortinado y ¡OH sorpresa! Oí la vocecita de Julián …Nooooooooo!!! yo quero ve alláaaaaaaá y con su dedito me señalaba afuera… descorrí el cortinado… y comenzó el Show !!! y ezo k ez? Eso es un casa altaaaaa, ¡ahhh! Y ezo???? Un tren!!! Y ezo??? Pasábamos por el aeropuerto ¡un avión que sube! ahhhh!!! y ezo????? Un avión que baja!!! Miá miá ezo que ez???? Eso es la Costanera !!! ¡No! ezo!!! Ahhh, eso es el río de la Plata!!! Papá???? supuse que su padre pescaba y el asociaba el río con su papá… Si pa..pá…Julián ya casi estaba sobre mis rodillas, yo no había querido llevar a Bs. As un bolso para no volver cargándolo en mis rodillas, y este pequeñito «redondito el» me estaba triturando las piernas y cada pregunta que hacía empujaba las suyas para abajo, como afirmando lo que escuchaba… Se me ocurrió una idea genial, voy a comenzar a cerrar los ojos para que crea que estoy durmiendo, pero no me dio resultado, nooooo noni noni no, miame, miame!!!(Que lo mire) saqué unas galletitas saladitas del viaje de ida que no había comido y hace un gesto despreciativo, no uta , no uta!!!! ¡Claro! la mayoría de los niños comen galletas dulces! Encima tenía que tratar de entenderle a su media lengua; me toma la cara con sus manitas y sigue el show… ¿Y ezo k ez??? ¡Un parque de diversiones! ahhhh!!! Chiche??? Si chiche!!! Ya el «approaching» (acercamiento) era intimidatorio, me tenía abrazada y casi me molestaba la calefacción pues me apretaba ¡tan fuerte! Que estaba sofocada.¿Y ezooooooooooo? Esta era la mía!!! Casi sin mirar le digo ¡Una vaca! y me sacude con fuerza la mandíbula ¡noooo ezooooooooooo no e vacaaaa, ezo camón!!!! (Camión) Pero si vos sabes para que preguntas tanto chiquitoooooooo!!! y largó una carcajada que me enterneció y lo abracé fuerte. A medida que el micro devoraba la ruta, el mismo movimiento lo hamacaba hasta que se acurrucó en mis brazos y se quedó dormidito… (Confieso que no hay bebé que se resista en mis brazos) le pueden preguntar a quien me conoce y le va a decir: que les transmito paz y los sedo quedándose dormidos, mis amigas ya me tomaron de punto je jé. Utilicé la manta mía y se la coloqué a el; dormido como un santito… yo pensaba entre mi el escándalo que iba a hacer si se despertaba, abría los ojos y me veía a mi en ves de su mamá, era demasiado chiquito y no iba a entender nada…así que cuando pasó el camarero con la cena yo no pude recibir la bandeja con la cena pues tenía, los brazos y el alma ocupada…Y me pregunta el camarero ¿USTED NO ERA LA PERSONA QUE ME DIJO QUE NO LA DESPIERTE PARA CENAR NI DESAYUNAR? Si soy yo, pero este pasajero se tomó la atribución de subirse arriba mío y le estoy haciendo de cuna …¡Por favor! En uno de los asientos de atrás hay una señora embarazada que es la mamá de este «niñito», dígale que está dormido ¿Que va a hacer con el??? De allá viene el camarero con una mamadera que le dio la mamá para que por las dudas se despierte le de la mamaderaaaaaaaaaaaaa!!! ¡No lo podía creer!Y no se tampoco en que momento me quedé profundamente dormida, con un dedo de el en mi «aro argolla»… No tuve tiempo de preguntarle a su mamá, porque casi no la vi…Como a las 5 hs se despertó y estaba amaneciendo ya, se veían los campos con neblina, la claridad le comenzó a dar en la cara y quiso «despabilarse, allí nomás le di la mamadera, que demoré más en sacarla del tubo que traía para conservar el calor que lo que demoró el en tomarla.Como a la hora aparece la má de Julián con cara de haber dormido como una «lirona» ¡Menos mal que me desperté me dice casi me paso , bajo en la Terminal que viene, no sabe como le agradezco que me haya cuidado al nene y no haya molestado al pasaje , ya que en estos viajes largos lo que uno más quiere es dormir….Abre los ojos de repente Julián (seguro que reconoció la voz de su mamá) y ya casi de día ve muchas vacas en el campo y me pregunta y ezo k ez???? Vacas, montones, muchassssssssssssss!!! y la mamá le dice ¿Cómo hace la vaca?????? MUUUUUUUUUUUUUUUUUÚ y los tres al momento nos comenzamos a reír a carcajada, y el me baboseaba contento toda la cara porque esta le había contestado con coherencia…Les ayudé a bajar no sin antes besarnos con Julián como si nos hubiésemos conocido de siempre… lo miré caminar de la manito de su mamá y su papá que los había venido a esperar, el… feliz del reencuentro. pero al tomar mi asiento de nuevo me sentí «rara», como si me sobraban brazos, pues habían tomado la forma de un nido donde había dormido toda la noche un angelito llamado Julián. No habré dormido muy cómoda; pero ya nunca más voy a desear que nadie ocupe el lugar a mi lado…Porque posiblemente DIOS, me conceda tener de compañía a otro angelito… y me deje su olorcito a pureza e inocencia impregnado en mis ropas y en mi alma. Porque la vida es más bella de lo que nosotros imaginamos.

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ISIDORA

Carlos H. González Saavedra / Argentina

Isidora había sido criada en una familia tradicional de Buenos Aires. Era la hermana menor entre cinco varones. La familia Floros Echagüe gozaba de una buena posición económica: poseían propiedades y un terreno de unas 300 hectáreas en la zona de Pergamino. El padre, Georges Floros Echagüe, hijo de inmigrantes griegos y españoles, educaba a sus hijos con firmeza, acompañado por su esposa Felicita, una mujer profundamente cristiana y dedicada al hogar. Vivían en un chalet confortable en Olivos, con parque y comodidades suficientes para una familia numerosa.

Los hijos varones, ya entrando en la adolescencia, fueron enviados por su padre al liceo naval o militar, convencido de que debían convertirse en hombres de bien. Tres de ellos siguieron la carrera militar, uno ingresó al seminario y otro se convirtió en médico. Isidora, en cambio, no había terminado la escuela secundaria y su comportamiento se había vuelto motivo de preocupación.

A pesar de su apariencia tímida, Isidora tenía un carácter fuerte y decidido. Era una joven de figura agraciada, sonrisa contagiosa y mirada color caramelo. Divertida, encantadora y siempre con una chispa de rebeldía en los labios.

Los fines de semana, el hogar se transformaba en una casa de estricta disciplina. El desayuno se servía a las nueve, después de haber dejado la habitación impecable; el almuerzo a las doce, la merienda a las cinco y la cena a las ocho. Sin excepciones. El comedor, amplio y luminoso, se convertía en sala de juicio y sentencia. Solo durante las vacaciones en el campo o en Mar del Plata se relajaban las normas.

Isidora se revelaba contra esas reglas. Quería divertirse, escuchar música alta, y no seguir el ejemplo de sus hermanos. Había inventado un juego para sí misma: tomaba objetos personales de sus hermanos, cosas que podían parecer extraviadas. Un paquete de cigarrillos del mayor, un encendedor del del medio… Si nadie la descubría, al cabo de un mes los vendía en el quiosco de la esquina, y con lo recaudado compraba revistas que guardaba con recelo.

Así pasó un largo tiempo, hasta que fue descubierta. Felicita, la madre, notó la ausencia de un anillo que pertenecía a su abuela Venancia, regalo de infancia. Primero sospechó de la empleada doméstica, pero luego comenzó a observar con atención el comportamiento de su hija.

Cuando se supo la verdad, Isidora no solo tuvo que devolver el anillo, sino confesar qué había hecho con los demás objetos sustraídos. El sábado, durante el almuerzo, el padre comunicó la decisión tomada junto a su esposa:

—Isidora, en marzo comenzarás el noviciado. Sin protestar, acatarás lo decidido. Aprenderás lo que significa ser una persona de bien y corregirás tus impulsos juveniles.

Con un nudo en la garganta, creyendo que el mundo se le venía abajo, Isidora respondió temblando:

—Sí, señor.

Así fue como, en el año 1950, con apenas catorce años, Isidora fue enviada a un noviciado para corregir su conducta.

Allí tuvo que soportar con entereza los abusos de poder de la hermana Berta, directora del lugar. Era una mujer autoritaria, exigente en extremo, y acosadora de las novicias recién llegadas. Tras tres meses de resistencia, Berta desistió.

Isidora se hizo amiga de Antonia, una novicia de su misma edad, también algo rebelde. Juntas comenzaron a idear un plan que les permitiera vengarse del ambiente opresivo del noviciado, marcado por la corrupción y el desorden moral.

Observaban cómo el jardinero pasaba las noches con la hermana Berta. También notaban que un vecino que traía provisiones organizaba fiestas privadas, a las que asistían sacerdotes, seminaristas, prestamistas e incluso una modista conocida por sus costumbres poco convencionales.

Un día, el intendente visitó el convento y conversó con la hermana Berta durante más de dos horas. Ellas escuchaban con atención:

—Gracias, hermana, por su generosidad. El patio del convento podrá albergar cómodamente a quinientas personas. Con las entradas y los puestos de comida, recaudaremos fondos para el cuartel de bomberos.

Isidora y Antonia se miraron y dijeron: “¡Manos a la obra!”

Después de sus tareas diarias, encontraron un rincón bajo una mesa de ping-pong en el subsuelo, donde podían reunirse sin ser escuchadas. Solo tenían veinte días para organizar todo.

Antonia, alta, rubia y de ojos celestes, tuvo una idea brillante. Desde la secretaría, accedió a la libreta de direcciones de quienes asistían a las fiestas privadas. Envió mensajes discretos, invitando a una reunión especial en el subsuelo durante el evento benéfico, a las 19 horas. Isidora se encargaría de la recaudación.

Una noche, sorprendió a la hermana Berta y al jardinero en una situación comprometida. —No has visto nada, ¿entendido? —le advirtió Berta con tono severo. —Sí, hermana. No diré nada —respondió Isidora, satisfecha por haberla descubierto.

Al día siguiente, visitó a Berta en su despacho:

—Hermana, me han asignado un puesto en el área de comidas para el evento. ¿Podría cambiarlo por el de Isabel y ayudarla en la caja? Me siento más útil allí.

Tras pensarlo, Berta accedió:

—Tienes razón. Eres más inteligente que Isabel. Me serás más útil y, de paso, podré vigilarte mejor.

El 9 de diciembre, un día después de la festividad de la Virgen, comenzó el evento. El clima era perfecto y la concurrencia entusiasta. Había juegos, espectáculos, música y alegría por doquier.

Isidora estaba en la caja junto a Berta. Antonia, por su parte, había transformado el subsuelo en un espacio acogedor. A quienes saludaba, les susurraba al oído: “Todo está listo. A las 19, en el subsuelo.”

A las siete de la tarde, mientras comenzaba el conteo del dinero, las personas empezaron a dirigirse discretamente al subsuelo.

Cincuenta minutos después, se escucharon golpes en la puerta. Berta abrió y se encontró con el comisario y el fiscal, que preguntaban por la modista.

—Nos han informado que está en el subsuelo, en una situación inapropiada. —Eso es falso. Zulema ya se retiró —respondió Berta, visiblemente nerviosa. —Vamos a comprobarlo —dijo el fiscal.

La puerta estaba cerrada con llave. Antonia la había escondido entre las plantas. Solo se oía música de fondo.

—Traigan una barreta —ordenó el comisario.

Al abrir la puerta, encontraron a Zulema y otros asistentes en plena celebración.

—¿Vinieron a la fiesta? ¡Qué manera de entrar! —exclamó Zulema entre risas.

El suboficial, avergonzado, informó:

—Comisario Jiménez, tenemos otra noticia: se ha reportado el robo de la recaudación. —¿Quiénes son los sospechosos? —preguntó el fiscal. —Dos novicias: Antonia e Isidora. —¡Todos detenidos hasta esclarecer los hechos! —ordenó el fiscal.

Antonia e Isidora fueron retenidas durante 24 horas y liberadas por falta de pruebas. Berta y otros implicados pasaron un largo tiempo en prisión.

La curia pidió discreción: “Que no se publique en los diarios ni se difunda por radio. No beneficia a la Iglesia.”

¿El dinero? Nunca apareció.

Isidora vive actualmente en el campo familiar. Antonia se casó y tiene dos hijos. La amistad entre ambas perdura: se reúnen cada tres meses en un bar de Viña, cerca de Pergamino. Allí reparten los beneficios del cabaret “El Convento”, administrado por el ex comisario Jiménez, quien fue exonerado tras comprobarse su implicación en los hechos Finalmente, los bomberos lograron construir su cuartel… vendiendo rifas.

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CONTEMPLANDO EL MAR

Elspeth Gormley / España

Mientras paseaba por la orilla, mis pies se hundían suavemente en la arena mojada, como si el mar quisiera retenerme un instante más. Las olas se estrellaban contra las oquedades de las rocas, rugiendo como una bestia primordial. Me detuve, maravillada ante la divinidad insondable del océano. En ese instante, suspendida en una profunda serenidad, comprendí que vivía uno de los momentos más plenos y puros de mi existencia. Ante tanta magnificencia, me invadió un pensamiento: quizás, en el vientre de estas aguas eternas, nacieron los primeros dioses.

El vaivén rítmico del agua narraba un secreto antiguo, un canto hipnótico que se clavaba en el alma. Arrullada por su murmullo, imaginé al hombre primitivo, ese ser que, en algún punto del pasado, descubrió dentro de sí algo inmaterial y poderoso: un alma.

Esa alma, eterna compañera de nuestra existencia, parecía haber sido inventada como un intento desesperado por encontrar sentido en el caos. Una creación humana, tan maravillosa como trágica, destinada a despreciar el cuerpo en favor de una promesa de redención. Así nació también la idea del pecado, el miedo y el castigo, alimentando una maquinaria que ha moldeado creencias, rituales y divinidades… una maquinaria que, tal vez, desaparecerá con el último aliento de la humanidad, llevándose consigo el temor a aceptar la muerte como un final natural.

El mar, con su vastedad inabarcable, guarda a sus testigos mudos: criaturas misteriosas que han persistido a lo largo de milenios. Adaptándose o pereciendo bajo el peso implacable del medio, son testigos de la danza cíclica de transformación y renovación. Desde la orilla, observé cómo las olas bramaban furiosas, retorciéndose con espuma blanca entre las estrechas callejuelas de los escollos. Bajo su manto de jade, iluminado por el sol poniente, destellaban reflejos dorados y transparencias iridiscentes, como si el océano se vistiera con joyas vivas. Imaginé, en las profundidades de su abismo, criaturas legendarias habitando bosques de coral y una vegetación que susurra relatos de eras olvidadas.

Mis pensamientos se dirigieron a los remotos antecesores de la humanidad, quienes, enfrentándose a una naturaleza hostil, emprendieron su lucha por la existencia. Una lucha desprovista de sentimentalismos, donde el fuerte sobrevivía y el débil perecía bajo las reglas inapelables de un poder supremo. La rueda de la vida, tan antigua como el tiempo, giró para ellos igual que lo hace para nosotros, quienes ahora, orgullosos de nuestro supuesto control sobre el mundo, seguimos siendo prisioneros de esa misma rueda eterna.

En aquel momento, frente al mar, me sentí diminuta. Tan diminuta como esas criaturas abisales que danzan en un universo indiferente. La diferencia entre ellas y nosotros es meramente el tiempo y nuestra capacidad de adaptación. Recordé las críticas que enfrentó Darwin en su época, y cómo, pese a todo, sus teorías perduraron, desafiando a las creencias más firmes y abriendo camino a una comprensión más amplia de nuestro lugar en el cosmos.

Cuando el sol finalmente se escondió tras el horizonte, el mar se tornó negro como el ónix, y el cielo, teñido de gris plomizo, fue rasgado por relámpagos que zigzagueaban hacia las olas espumosas. Permanecí allí, inmóvil, atrapada entre la fascinación y una vaga incomodidad ante la inmensidad y la inevitable fatalidad. Comprendí, entonces, que los mitos no surgieron del vacío; los creamos para llenar ese espacio insondable, transformando sueños en esperanza, construyendo refugios frente al abismo del vacío.

Antes de los dioses monoteístas, la humanidad ya había tejido mitologías, historias nacidas del ingenio y la necesidad. Frente al océano, entendí que ese impulso de narrar, de otorgar sentido, de vestir el silencio con palabras, es lo que define nuestra naturaleza humana. Y mientras las olas seguían su danza eterna, supe que, quizás, el mar también nos contempla a nosotros.

Porque hay silencios que no callan: se convierten en mar, y nos enseñan a escuchar lo que nunca supimos decir. El mar no responde: revela. Y en su espejo, descubrimos que no hay mayor verdad que la que nos atrevemos a nombrar. Y si alguna vez me pierdo, que sea en el rumor de las olas, donde todo lo que fui aún sabe cómo volver.

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EL REGRESO

Andrea Morini / Argentina

Estoy volviendo. Jamás pensé, hasta hace pocos días, que sería ahora el tiempo de regresar. Recuerdo aún el momento de partir: el miedo, la agonía de la huida precipitada y, principalmente, el no saber nada de María: si estaría bien, en qué lugar estaría o cuándo volvería a verla. Pero, por otra parte, me impulsaba el deseo incuestionable de vivir para buscarla.

Logré escapar junto con algunos más rumbo a otras tierras, y nos encontramos con gente que nos recibió con algunas reticencias, pero abierta y solidaria con aquellos que huíamos del horror. Atrás quedaron mis padres, mis lugares, y una mirada que dejé doblando la esquina de mi casa, por si, tal vez, pasaba por allí. Nunca supe qué fue de ella. Algo me decía que logró huir de aquellas noches insomnes e ideales, en una patria tumultuosa y envuelta en llamas, que nos odiaba por el solo hecho de ser jóvenes y soñar.

Quedé huérfano de amor, de ella y de mis esencias. Mi mirada se cansó de esperarla y se diluyó en una noche de lluvia, junto con las lágrimas que brotaban de sus ojos pétreos. Pero aquí estoy, a punto de bajar por la escalerilla del avión, con mi amigo José, al que conocí en las noches desveladas, cuando soñábamos con volver al mar que nos vio nacer y a nuestra gente. Desde entonces, siempre juntos, apoyándonos el uno al otro. Cuando supo de mi deseo de regresar, no dudó en acompañarme. —Cuando llegue el momento, volveremos juntos —dijo. —Gracias, haría lo mismo por ti —respondí.

Y, al parecer, llegó el momento. La ansiedad me carcome desde que vi el río color león a través de la ventanilla del avión. Mi corazón se aceleró y mil sensaciones se apoderaron de mi cuerpo. José, imperturbable en su traje oscuro, no sé si me ve o hace lo propio con la azafata que, por otro lado, no está nada mal. De todos modos, al parecer, creo atisbar una mirada de comprensión, pero es como si sus ojos me atravesaran y se perdieran en algún lugar. Recuerdos, seguramente.

Luego de otro avión, finalmente veo el mar y mi ciudad. Increíble su silueta al observarla desde arriba: bella, orgullosa, serena bajo el tibio sol de primavera. Y ahora tan cercana… La añoranza es un barco a la deriva que no encuentra el puerto en el que debe anclar. En mi caso, había vuelto a mi puerto. «¿Qué será de mis amigos de la infancia? ¿Quién de ellos aún vivirá aquí?» «María, ¿habrá vuelto?» Pienso mil cosas y en ninguna especialmente. Es un torbellino de ideas, mientras la vida me atraviesa en un segundo, casi en un parpadeo: imágenes, sabores, lugares, personas…

Todo convive en este momento, atemporal y enigmático, en el que vuelvo al hogar, mi lugar. En un taxi llegamos a la rambla. Bajamos y comenzamos a caminar despacio, saboreando el salitre del mar y disfrutando del cálido sol a esa hora tranquila de la tarde, cuando aún hay luz, pero por poco tiempo. Llegamos al torreón, y es ahí donde la veo. Podría reconocerla entre cientos de personas y, a pesar del paso de los años, sigue tan bella como siempre. Nos sonríe, levemente, casi imperceptible diría, mientras se acerca.

No entiendo por qué no me avisaron que nos encontraríamos aquí. Me hubiera arreglado un poco, aunque, con tal de verla, no importa. Así está bien igual. Cuando llegamos frente a frente, noto una tristeza infinita en su mirada, al tiempo que percibo su mano sobre mi piel. Y, en el justo momento en que quiero abrazarla, siento cómo me diluyo. No lo entiendo. Quiero gritar, pero en ese instante es cuando me doy cuenta de que la brisa marina me mece entre sus brazos y arrastra mis cenizas, aleteando, antes de posarme sobre el inmenso mar que ahora me albergará.

Alcanzo a ver sus ojos grises antes de perderme, definitivamente, en las profundidades.

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BUSCANDO

Carlos Pérez de Villarreal / Argentina

     Llovía, persistentemente, como casi todos los días en esa época del año, con esa llovizna húmeda y fría que calaba hasta los huesos. Había vuelto a la ciudad, su ciudad, luego de casi diez años. Diez años recorriendo América. Buscando, siempre buscando.

Caminos que ya no eran los mismos. Demasiado tiempo.

Lo primero que hizo al llegar fue transitar el viejo barrio, sus esquinas conocidas, sus veredas, su antigua casa familiar. Luego fue hacia el centro: la peatonal, las avenidas, los negocios comerciales, todo estaba como lo recordaba. Llegó hasta el puente. Desde allí se veía toda la bahía. Divisó el edificio que lo albergara durante tantos años de trabajo. Una punzada de nostalgia le arrancó un gemido del pecho.  “Sónkop Ujúmpi” se dijo, “en el corazón, más adentro”, como decía Atahualpa. ¡Cuántos años!

     Escuchó el sonido del potente motor de la moto bajo sus piernas, sintió su fuerza y miró el sidecar cubierto con una lona especial, hecha hacía mucho tiempo atrás. Permitía mantener seco todo el contenido. Lo indispensable para vivir. Era el mejor vehículo encontrado en su diario caminar. Cruzó la plaza y se dirigió al hotel, aquel tan recordado.Subió las escalinatas y se puso a resguardo.  El mar estaba brumoso por la lluvia, pero aún se dibujaba la línea del horizonte. Calmo, con olas pequeñas que besaban la playa de arena casi dorada, parecía que se mantenía a la expectativa por la falta de viento. Bajó rápidamente con un extraño presentimiento y se dirigió hacia el palacete antiguo que tan bien conocía. Buscando, siempre buscando… Le costó llegar, la zona había cambiado bastante, pero al final lo encontró. Había sido una falsa alarma. Creyó, como lo hizo siempre ante cualquier atisbo de duda, pero no. La verdad era irrefutable. En sus jardines encontró la flor, pequeña, roja, casi púrpura y por reflejo la arrancó y se la puso sobre el doblez de la campera. Se rió por dentro pensando que lo hacía a la vieja usanza, como cuando los aristócratas se colocaban las flores en las solapas de los sacos y smokings, engalanándose para alguna fiesta.

     Sintió frió, se levantó la capucha y buscando refugio, subió la loma por la avenida, hasta encontrar el lugar adecuado. Allí, cómodamente sentado, comió algo y bebió suficiente agua, el peligro de la deshidratación siempre estaba presente. Y volvió al mar, ese mar que tanto lo atraía. Ese mar que había sido su compañero de aventuras desde chico, nadando, pescando, navegando. La lluvia había parado, comenzaba a sentirse el viento del sur, que llevaba las nubes, lejos, más allá del horizonte. Dejó la moto, bajó por la recova, siguió por las escaleras y al fin pisó la arena. Compacta por el agua caída, no tenía ninguna huella. Sólo las que él iba dejando. Se sentó sobre la orilla, casi al borde del agua. Tomó la flor en su mano, la miró, la llevó hacia arriba y la soltó. Una fuerte corriente de aire se encargó de levantarla y llevarla sobre las olas hasta que al fin desapareció. Se sintió triste y solo, pero ese sentimiento ya era su viejo amigo. La resignación llega cuando la razón desiste. Lo sabía. Él, era el último de su especie. ¡Era el último ser humano sobre la tierra!

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AUTOS QUE SE DETIENEN

Walter Hugo Rotela González / Uruguay

—¡Corré, corré, vamos ahora…! —Pero… ¿Y Juan? —Déjalo… ¡Vamos…! ¡Vamos que se viene la yuta! —La gran p… No puede ser… No puede ser…

Cada noche igual… Se repite el mismo sueño perturbador de los autos que se detienen, es claro el chirrido de las ruedas… Le siguen las detonaciones de armas, una, dos, tres y otra vez ruido de un motor que ruge, rompe el silencio y se desvanece.

Una y otra vez la escena del auto azul que se para, justo, delante de otro automóvil gris, chapa BA517 872*. Bajan tres hombres y una mujer; abren la puerta izquierda y disparan contra quien conducía. Éste, antes de dejar de respirar, saca un arma y mata a uno de sus atacantes.

Empapado en sudor Roberto se despierta, ansioso, enojado y triste con un grito ahogado.  Cada noche se despierta así, casi siempre un rato después de dormirse, cuando el reloj marca las 3 de la mañana. En ese momento siente que su corazón late rápido y con fuerza. Le cuesta volver a retomar el sueño, por lo que se incorpora. A veces puede decirlo, otras, sólo lo piensa: “Tenía razón Juan, el número de la chapa era una señal del destino” 

Roberto se levanta, dolorido, con una tremenda contracción muscular. Se dirige a la heladera y bebe, en forma pausada, un vaso de leche. Luego se acerca a su escritorio, enciende la luz y mira un viejo bloc de notas, muy gastado, algo amarillento. Mira en su interior y repasa unas frases escritas, años atrás. Se tranquiliza, un poco, al releer una que dice: “la libertad exige sacrificios” … Está escrita en la parte de atrás de una vieja fotografía en sepia, de una mujer joven, de tez con pecas, cabello largo, recogido en una trenza. Vuelve al dormitorio. Intenta dormir, da vueltas en la cama, una y otra vez. Tras una media hora, al fin, lo consigue.

A la mañana se despierta, deambula por su viejo apartamento. Mira las cosas y se pierde en sus cavilaciones. Sale al balcón, riega las plantas, casi marchitas, como él, con su piel gastada, algo reseca, sin la grasa bajo la piel de los años jóvenes. Con pocas ganas, habitualmente, se viste y va a dar una vuelta por el parque. Mira las matrículas de autos, recuerda a Juan. El amigo apostador estaba en lo cierto -suele pensar. La desgracia y la sorpresa estaban escritas en la chapa.

Hace un par de años se jubiló y busca cómo pasar el tiempo. Se encuentra con viejos camaradas de sus años de facultad en el exilio y conversan sobre los tiempos actuales, la política internacional y, casi siempre, surgen los recuerdos de cuando fueron compañeros de armas. Los temas que surgen, habitualmente, tuercen hacia un tiempo específico y la charla se vuelve algo tensa. La conversación, a esa altura, es en voz baja, como en secreto y con la vista clavada en los que pasean a sus perros, mientras caminan. Con cautela, recorren algunos detalles, luego sus miradas se pierden, más allá del horizonte. En pleno medio día, cuando la calle se vuelve un hormiguero, ellos aún están ahí. Más de una vez, un frenado de auto los altera, los incomoda. A Roberto, más que al resto. Juegan ajedrez, lo practican, lo estudian tanto o más, que a sus 19 años. Cada movimiento está precedido de largos silencios y algunos suspiros. 

La tarde transcurre entre actividades varias, visita a familiares, salidas para hacer compras pequeñas, tareas todas para que el cansancio se acumule y vuelva posible el sueño. Ese sueño que prefiere que no llegue, se resiste, le teme, pero no lo dice. Calla, siempre calla. El sueño nunca llega antes de las dos o tres de la mañana. Un rato antes de que hace su entrada la pesadilla de cada noche… Aparece el auto chapa BA517 872

—¡Corré, corré, dale vamos ahora…! —Pero… ¿Y Juan? —Déjalo, ¡Vamos…! ¡Vamos que se viene la yuta**! —La gran p… No puede ser… No puede ser…

P

0

*Para los que juegan a la quiniela en el Río de la Plata, a ciertos sueños les corresponde un número. Así a la desgracia le corresponde el 517, y a la sorpresa el 872.   **La yuta es una expresión del lunfardo que se usa en el conurbano bonaerense para referirse a la policía.

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LA CASA N.º 29

María Sánchez Fernández / España

A mi padre

La tarde avanzaba pesada y bochornosa. El cielo se iba cubriendo de oscuros nubarrones. La luz era gris y un vientecillo húmedo movía las desplegadas ramas de aquellas tres palmeras, tan altivas siempre, que crecieron junto a la acequia que cruzaba el huerto. Un huerto grande, ajardinado, donde todos los frutales se dieron cita como en una gran fiesta social. Los plataneros dialogaban con los azofaifos; los naranjos con los limos; los perales con los limoneros; los ciruelos con los manzanos; los albaricoqueros con los almendros; y las palmeras… ¡ay, las palmeras!, ¡graciosas ellas!, coqueteaban, cimbreándose descaradas, con el cansado y viejo laurel. ¡Pobre laurel!, que apoyado y quieto en la gran tapia de piedra las miraba, sensual y goloso, y desde esa quietud hacía extremados esfuerzos con sus robustos brazos de un verde intenso y oscuro para enviarles preciosos regalos de perfumes de canela. Los variados matices de las rosas se mezclaban con el blanco nieve de los jazmines, y el amarillo pitiminí, joven y fogoso, trepaba por la pared hasta alcanzar la planicie del encalado terrado. Las gallinas picoteaban en libertad dejando sus huevos en algún rincón oculto, y los gorriones se unían a las palomas para ir a beber y a zambullirse en la festiva corriente de la acequia que se alejaba, con prisas alborotadas de canciones, hacia otros sedientos destinos. La centenaria tortuga paseaba sus viejas experiencias por los mullidos terrones de los bancales, sacando de su concha verdinegra una sesuda cabeza, rugosa y aplanada, que mostraba una cara de mirada reflexiva que hacía recordar la de algún aburrido sabio.

Aquel hermoso huerto tenía alma; era el marco multicolor de una hermosa casa que también tenía alma. ¿O quizás tenía duende? ¿Tenía algún duende escondido por sus muchos rincones? Más tarde lo sabremos.

La casa nº 29 se encontraba al final de una calle larga, no muy ancha y sin salida. Su forma achatada, luminosa de cal y negra rejería, miraba al frente, con cierta altanería, como poniendo tope a la calzada, a las mínimas aceras y a las gentes que por ella discurrían. Parecía decir con su lenguaje blanco:

─Hasta aquí habéis llegado. No tenéis otra salida que la entrada a mi interior que es el nido de mi alma; y mi alma os acoge y os da la bienvenida.

¡Benditas y afortunadas gentes, que al llegar a aquella propiedad ella les abría sus brazos brindando siempre amor y cobijo! Y encontraban amor y cobijo…, y alegría…, y risas…, y juventud…, y música…, y poesía…, y fiesta…, y vino…, y pan…

El cielo ya estaba totalmente cubierto y el viento arreció trayendo de la cercana costa perfumes de sal, de yodo, de algas…, de mar. Las nubes se abrieron, partidas por largas y brillantes culebrinas, y se oyó la voz profunda del trueno. Unas gotas inmensas de lluvia comenzaron a caer, primero escasas y fuertes, como mazas que golpeaban los terrados, después, tan numerosas y apretadas que en pocos segundos las calles se creyeron grandes ríos que irían a fundirse con el mar.

¡Qué ilusas las calles!, ¡por parecer breves torrentes soñaron ser hermanas de los ríos!

La casa no cerró sus puertas y ventanas a la tormenta, también quería acoger y compartir la hermosura de los aromas, de los sonidos, de la luz, de la frescura de la lluvia. El huerto quedó anegado, pero tan radiante, que los árboles reían al mirarse unos a otros y verse relucientes como estrellas. Las rosas se aliaron a la lluvia y alfombraron el suelo con todos sus colores. Y todo se calmó. Y vino la paz y el sueño.

La casa palpitaba en la noche. Mientras todos dormían algo dentro de ella despertaba. ¿Una fuerza extraña? ¿Un algo sin presencia que quería hacerse notar? ¿Un duende burlón que a fuerza de travesuras logró en un principio intimidar al miembro más joven de la casa?. Solo a él se mostró por una sola vez.¡Y el niño era tan niño! Lo vio vestido de soldado. Lucía un flamante uniforme de tiempos muy lejanos. Desde ese día el chaval quiso ser soldado. Y fue soldado en un gran regimiento, pero nunca empuñó un arma. Su sola arma fue siempre una batuta.

Y pasaba el tiempo, y la casa respiraba, vivía, y el duende se mostraba sin presencia haciendo en la noche de enfermero, de portador de muebles, de apagador de luces, de cerrador y abridor de puertas… Sin duda era un duende burlón, pero de bien hacer y no de bien decir pues jamás emitió sonido alguno. Nunca atemorizó a nadie, sólo quería jugar y ser amigo de aquel muchacho que una vez siendo niño lo vio vestido de soldado. ¿Qué tendría aquel joven que hasta un duende quería su amistad?

Pues si, tenía ¡tantas cosas! Era alegre, solidario, participativo, abnegado, emprendedor. Colaboraba en todo siempre que era solicitado. Era amigo incondicional de sus amigos. Allá en donde había alguna necesidad o tristeza estaba en primera fila para prestar ayuda. En donde había fiesta y alegría era el portavoz: En carnavales, en teatro, en festivales… Así era su capacidad de entrega. Alternaba sus estudios de magisterio con el amor por la música, y tanto se volcó en ella que a ella se entregó en cuerpo y alma.

Se quedaba estudiando hasta altas horas de la noche para en la mañana irse a la capital y cumplir con sus deberes académicos. Soñaba cada día con ir a visitar a su prima, y antes de volver a casa pasaba a saludarla y a quererla. Momentos felices de aquellos dos jóvenes, que allí, en la gran sala, mientras sonaba un piano, charlaban sin prisas de sus muchos proyectos para el futuro. Y el futuro fue hermoso. Nunca lo hubieran imaginado a pesar de sus muchas ilusiones.

Su pasión era la música. La investigaba, la componía, la interpretaba, la dirigía. Su gran sueño era el de enseñar, el de plasmar en un papel pautado las más bellas sensaciones que brotaban de su alma limpia de poeta en forma de melodías; el de empuñar con su joven mano una liviana batuta y dirigir una gran banda. Y por ese sueño se esforzaba, trabajaba, se entregaba al estudio.

Una noche, en las altas horas de la madrugada, y después de tomarse un café para no dormirse, se encontraba inclinado en la mesa del comedor de la casa sacando a limpio unos apuntes que había tomado en la mañana. Vio con sorpresa, pero muy alarmado, que una silla inglesa que siempre estaba bajo el reloj de pared, se movía y se desplazaba lentamente a bastante distancia de su lugar habitual. Allí se quedó la silla y ninguna fuerza humana la había movido. Él se encontraba solo en la estancia. Creyó al principio que podía haber sido un pequeño estremecimiento de la tierra, pero miró la lámpara que colgaba del techo y esta no se movía. Al momento pensó en el travieso duende. Este le quería decir a su manera callada que ya estaba bien. Que debía irse a dormir. Y sí, recogió sus papeles y plumas y se retiró a dormir. Y pensó con alegría interior que el duende le quería. Se preocupaba por él. Y sonrió mirando a la silla vacía haciendo un gesto con la mano y un guiño con los ojos como diciendo:

─¡Gracias y hasta luego; que pases buena noche!

La casa se animaba con las fiestas. Reía la juventud y cantaba la alegría. En ella se preparaban guiones de teatro, ensayos, chirigotas y entre carcajadas y parloteos los ladridos de Mía y de Coral ponían broche en aquella gran algazara.

Y en esas ocasiones el duende dormía.

Aquella noche de la tormenta hubo un gran apagón, y en la casa se encendieron numerosas velas y candelabros hasta que todos se fueron a descansar.

El muchacho, como siempre, se quedó en el comedor, frente a la mesa, terminando unos temas que tenía que entregar a la mañana siguiente. Tenía una vela encendida junto a él. Hubo un momento en que la llama osciló después de haber sentido sobre su hombro un soplo de viento. Creyó que sería alguna corriente de aire y se levantó, cogió la vela y se dirigió a la cocina cruzando la puerta de cristales que accedía a la misma. La luz de la llama iluminó y rodeó la pieza arrancando hermosos destellos de los peroles dorados que cubrían por completo una de sus paredes encaladas. Las tazas azul cobalto con impresiones de cobre que reposaban en la repisa de una alacena acristalada, despertaron gritando reflejos de luz, y la chimenea del rincón, que dormía tranquila mientras guardaba en su regazo de piedra las brasas todavía calientes que regalaban aromas de tomillo y de romero, bostezó, suspiró y se volvió a dormir. El joven miró el pesado postigo que accedía al huerto y tras asegurarse de que estaba bien cerrado volvió al comedor; inspeccionó las puertas y ventanas del recibidor y del salón, que tenían acceso al mismo, y vio que todo estaba bien. No había pasado mucho rato cuando la llama volvió a oscilar y al momento un gran soplido sobre su hombro terminó por apagarla. Quedó completamente a oscuras. No tenía cerillas. A tientas se retiró a su cuarto con el alma encogida. Estaba realmente asustado aunque en su interior sabía que era otra broma pesada del duende burlón que quería ser su amigo.

Cuando empezó el nuevo curso se desplazó a Madrid para realizar estudios superiores de dirección y composición y nunca más supo de aquel fantasma bromista que siempre se divertía jugando con él.

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REFLEXIONES – AGOSTO

Nota editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada palabra es propiedad de su autor, quien la comparte bajo su sensibilidad y mirada única. La reproducción de este contenido debe hacerse con respeto, siempre citando su fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo el amparo de la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante

Reflexiones

“Donde la palabra se detiene, comienza la contemplación. Y en ese silencio, florece la verdad.”

Reflexiones – Agosto

Aquí, la palabra se detiene. Y en ese silencio, florece la verdad. Cada texto es un suspiro del alma, una pausa que invita a mirar hacia dentro.

Colaboradores

  • Miriam Alberganti (Argentina) — Canas en libertad
  • Marcela Barrientos (Argentina) — Reflexiones de un domingo
  • Libia Carciofetti (Argentina) — Admiración y respeto
  • Elspeth Gormley (España) — La vida
  • Andrea Kiperman (Argentina) — El cuerpo sabe, lo que la mente no entiende

CANAS EN LIBERTAD

🕊️ “Cada reflexión es un suspiro del alma.” 🕊️

Miriam Alberganti / Argentina

Dejarse las canas al natural es un gesto valiente, un símbolo de aceptación, de autenticidad constante. Refleja una transformación en la forma de verse presente, una redefinición de identidad que el tiempo teje prudente.

El cabello blanco ya no es sinónimo de vejez doliente, sino de fortaleza emocional, de un nuevo relieve vigente. Quienes eligen mostrarlas, atraviesan un proceso interno latente, de aceptación del tiempo, de un valor que es eterno y valiente.

Es un acto de autoafirmación, de decirle al mundo “soy consciente”, de rechazo a la presión social que impone un “no estás decente”. Es liberador, porque rompe con el miedo a no encajar presente, y prioriza la autenticidad, sin necesidad de disfrazar ausente.

Dejarse las canas es un signo de madurez psicológica evidente, de reconocer que el valor no está en la apariencia física pendiente. Es un alivio quitarse la máscara, mostrar tal cual eres viviente, y fortalecer la autoestima con una honestidad que fluye y es consciente.

Es un cambio cultural que impacta en la autoestima colectiva creciente, cuando personas desafían estereotipos, otros se animan a la prueba siguiente. Mostrar canas es resistencia simbólica a la obsesión por la edad cadente, un mensaje de honestidad emocional, de verdad sin disfraz aparente.

La decisión es personal, válida según la elección de cada uno presente, teñirse o no es una opción que responde a un sentir oportuno y consciente. Pero cuando es por gusto propio, no por temor al qué dirán doliente, es un acto de libertad, de coherencia que en paz pondrán vigente.

Dejarse las canas es más que una cuestión estética evidente, es un acto con significado psicológico y cultural, sin mística pendiente. Es aceptar el proceso vital, reafirmar la identidad consciente, y mostrar que el valor de una persona no depende de su edad ni su hebra presente.

🕊️ “Cada reflexión es un suspiro del alma.” 🕊️

REFLEXIONES DE UN DOMINGO

Marcela Barrientos / Argentina

En la quietud del domingo, la paz se despliega como un manto suave  que abraza a las almas solas, susurrando en el silencio:  

“No estás solo, aquí estoy”, como un susurro de brisa que calma  el eco de pensamientos dispersos y corazones desgastados.

Para quienes sienten el frío en los huesos,  el calor de la esperanza arde como un sol tímido en el horizonte,  dando color a sus días grises, fundiendo la escarcha de la desesperanza,  y transformando el hielo en gotas de promesas por venir.

Refugio es un abrazo cálido en medio del calor abrasador,  una sombra que cobija en días de sol inclemente,  como una cabaña escondida en un bosque de verano,  donde el alma descansa y recarga sus fuerzas entre murmullos de hojas.

Para los hambrientos y sedientos, la vida ofrece agua clara,  como un manantial escondido entre rocas, que calma la sed de la tierra  y alimenta la raíz de la esperanza, brotando en cada rincón  una promesa de abundancia y renovación.

La fe es ese faro en la niebla, que ilumina el camino con luz constante,  una chispa que enciende la llama de un mundo mejor,  como un lucero que brilla en la noche, guiando pasos inciertos,  una promesa de mañana, aunque las sombras aún nos rodeen.

Una mano amiga aparece como un oasis inesperado,  un gesto invisible, casi mágico, que llega en el momento justo,  como una brisa suave que lleva consigo un milagro,  una luz que rompe las nubes y revela el arcoíris en el corazón.

Y para los enfermos, la salud es un canto de esperanza,  una melodía que renace en cada latido, en cada suspiro,  como un río que fluye renovado, llevando vida y alegría,  recordándonos que, incluso en la enfermedad, existe la promesa de recuperación.

Este domingo, que sea un momento de reflexión y amor,  una sinfonía de metáforas que alimentan el alma,  y que en cada uno de nosotros florezca la solidaridad,  la fe y la esperanza, como un jardín infinito bajo el cielo abierto.

🕊️ “Cada reflexión es un suspiro del alma.” 🕊️

ADMIRACIÓN Y RESPETO

Libia Carciofetti / Argentina

Admiración y respeto es lo que yo siento por los padres que a sus hijos les enseñan a caminar «derecho».

Amar con toda su alma y cuidar de sus abuelos.

A ceder a un mayor cuando viajan el asiento.

A saber que el aula es sagrada y se obedece a un maestro.

Que un hermano nos dio Dios para ser un compañero que debemos defenderlo  puertas afuera y adentro..

Que el vocabulario fluido  no consiste en improperios que en el deporte el rival también merece respeto.

Instruye al niño en su camino que aún cuando fuere viejo, no se olvidará nunca de esos sabios consejos.

Por eso siento admiracion,  por esos padres que no ceden; a caprichos antojadizos…que saben poner limites a su buena educación…

A ser padre nadie enseña, ni hay un manual en que se aprenda.

La familia es pedestal… No edifiquemos sobre la arena.

🕊️ “Cada reflexión es un suspiro del alma.” 🕊️

LA VIDA

Elspeth Gormley / España


La vida nos va moldeando. Madurar no es solo cumplir años, es aprender a mirar con otros ojos. Las situaciones personales nos afectan, nos transforman, nos enseñan. A veces nos rompen, otras veces nos despiertan. Y con el tiempo, entendemos que no todo lo que duele es malo, y no todo lo que brilla es verdadero.

Vamos cambiando. Lo que antes nos parecía urgente, ahora nos parece innecesario. Lo que antes nos dolía, ahora nos fortalece. Y lo que antes no entendíamos, ahora lo aceptamos con paz.

La vida es eso: un constante aprender, soltar, agradecer. Y seguir caminando, aunque a veces sea con pasos lentos, pero con el alma más ligera.

Envejecer no es perder, es transformar. Es aprender a soltar lo que pesa y abrazar lo que realmente importa. Es descubrir que la belleza nunca estuvo en el reflejo, sino en la historia que tejemos con cada paso.

Es mirar atrás sin arrepentimiento, entender que cada cicatriz es una línea en nuestro relato, que cada risa dejó su eco en el viento. Es dejar ir lo que no suma, y encontrar en lo sencillo la grandeza que siempre estuvo ahí.

Envejecer es el arte de caminar más lento, pero con mayor certeza. De elegir sin miedo, de valorar a quienes se quedan y despedir sin dolor a quienes parten. Es descubrir que no hay prisa, ya que la vida sigue latiendo en cada nuevo amanecer.

Porque al final, no se trata de cuántos años vivimos, sino de cuánta vida dejamos en cada paso.”

🕊️ “Cada reflexión es un suspiro del alma.” 🕊️

REFLEXIONES SOBRE EL INCENDIO DEL IDIOMA

Jaime Hoyos Forero/ Colombia

Es necesario dar un grito de auxilio sobre el incendio que está amenazando nuestro idioma y las demás lenguas modernas.

El incendio lo están propagando los  gobiernos, la Iglesia en la celebración de gran parte de las misas, las empresas publicitarias a través de la televisión y de algunas revistas, y desde luego, en las redes sociales.

“todos y todas” e incluso “todes”, “hombres y mujeres”¸ “niños y niñas”, “ellos y ellas”. Que las llamas del incendio no lleguen, por favor, a esta revista.

Solamente se dice “señoras y señores” al comenzar el discurso.

La más preciada cualidad de los idiomas modernos, comenzando por el español, es su brevedad, su maravillosa concisión, su poder de usar el masculino para referirse a ambos géneros.

Cuando decimos que el hombre primitivo habitaba en cavernas¸ no queremos decir que las mujeres primitivas tenían que dormir por fuera de las cavernas, sino que todos los primitivos vivían en ellas.

Desde luego, la Real Academia es firme en reprobar el doblaje de adjetivos, sustantivos y pronombres personales.

No es asunto de feminismo ni de antimachismo, ni de ningún tipo de discriminación racista. Es -y no lo olvidemos- el llamado COLECTIVO MIXTO, a través del género gramatical masculino. Es la concisión, la brevedad del idioma.

Solamente se usa el género femenino (ojo: en el idioma castellano no hay sexos, hay géneros) cuando es absolutamente indispensable, como cuando decimos que en el gimnasio del colegio, solo los hombres ocuparán las sillas azules y las mujeres las rojas.

Y no olvidemos que “todos y todas” es tan absurdo como decir “bobos y bobas”.

🕊️ “Cada reflexión es un suspiro del alma.” 🕊️

EL CUERPO SABE, LO QUE LA MENTE NO ENTIENDE

Andrea Kiperman / Argentina

En ocasiones, el cuerpo sabe lo que la mente no entiende… Esta maravillosa frase que se me ocurrió ayer abre una reflexión sobre nuestro querido cuerpo.

Desde los tiempos más remotos, el cuerpo y la danza han sido pilares fundamentales en todas las civilizaciones del mundo. ¿Cuánta información guardamos en él? Es por eso que, muchas veces, es el cuerpo quien contiene, conserva y revela los mayores secretos de nuestra alma.

Desde el origen de la humanidad, las danzas, los movimientos corporales, los instrumentos creados con las manos, los sonidos, la expresión y el acto de compartir han estado presentes. Hoy, el baile social y compartido genera algunas de las más altas frecuencias energéticas, como lo confirman los nuevos estudios en neurociencia.

El movimiento y la expresión son esenciales. Conectarnos con nuestro cuerpo —con toda esa información que sabemos, aunque no sepamos cómo— abre las puertas hacia nuestro poder interior, la confianza, los sentimientos y la creatividad.

Habitar nuestro cuerpo en movimiento, aquietar la mente, regresar al tiempo presente en un abrir y cerrar de ojos, conectarnos con nosotros mismos y con los demás desde la intuición corporal… Poco nos enseñan a respetarlo y honrarlo, pero debemos entender que es nuestro templo más preciado.

A medida que le damos más movilidad, atención y respeto, vamos descubriendo todo un universo dentro de nosotros. Nuestro cuerpo guarda en sí mismo una infinidad de memorias, muchas de las cuales ni siquiera somos conscientes. ¿Cuánta piel y cuántos momentos vividos nos acompañan en este cuerpo querido?

La libertad que se siente al dejarnos fluir con un ritmo o una melodía parece un encuentro real entre uno y el propio universo. Qué hermoso es permitirnos SER en ese instante mágico en el que el movimiento se hace carne, dejando atrás la mente y entregándonos por completo al presente.

Qué bello es plasmar ese aquí y ahora con todo nuestro ser, entregados al momento, ya sea en soledad o acompañados. Qué libertad se experimenta al abrir los brazos y dejarnos fluir en ese instante único e irrepetible.

La danza ha estado presente en todas las generaciones. Siempre fue la primera en aparecer cuando la mente no encuentra respuestas. El movimiento nos recuerda que la libertad puede surgir desde nuestro interior y proyectarse hacia el infinito. Porque eso también somos: movimiento.

Que la vida te encuentre siempre bailando, danzando al son de lo infinito.

🕊️ “Cada reflexión es un suspiro del alma.” 🕊️

CRÓNICAS Y ENSAYOS – AGOSTO


Nota editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada palabra es propiedad de su autor, quien la comparte bajo su sensibilidad y mirada única. La reproducción de este contenido debe hacerse con respeto, siempre citando su fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo el amparo de la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.  

Cronicas

Voces que caminan y cuentan lo que ven. Desde la calle, el alma y el instante

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Voces que construyen puentes-: Los que escriben aquí no están solos. Son parte de una comunidad que cree en la palabra como puente, como refugio, como acto de resistencia. Desde distintas geografías, comparten sus historias, reflexiones y pasiones. A continuación, presentamos a quienes hacen posible este viaje literario.

Colaboradores de Crónicas y Ensayos – Agosto
(Orden alfabético por primer apellido):

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  • Luz Fontana (Italia) — Ludovico Einaudi y la música del silencio
  • Elspeth Gormley (España) — Viaje por Toulouse y Carcassonne – Francia
  • Gustavo Páez Escobar (Colombia) — Regresa el romance
  • Carlos Pérez de Villarreal (Argentina) — El muro de los muros
  • Alfredo Luchiano Perotti (Argentina) — Democracia y libertad, vigencia y desafíos

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EL ALMA QUE COMPONE

Ludovico Einaudi y la música del silencio

Luz Fontana / Italia

Hay compositores que escriben notas. Y hay otros, como Ludovico Einaudi, que escriben emociones. Su música no se impone: se desliza. No grita: susurra. No busca protagonismo, sino presencia. Es el arte de estar sin ocupar, de decir sin palabras, de conmover sin artificios.

Nacido en Turín en 1955, Einaudi ha logrado algo que pocos pianistas contemporáneos consiguen: que el silencio tenga forma. Su obra, minimalista y profundamente introspectiva, se ha convertido en banda sonora de películas, documentales, y sobre todo, de momentos íntimos. Porque escuchar a Einaudi es como abrir una ventana al alma.

Sus composiciones como Nuvole Bianche, Una Mattina o Divenire no necesitan explicación. Son paisajes sonoros que cada oyente recorre a su manera. No hay una sola emoción en ellas: hay miles, dependiendo de quién las escuche y cuándo.

Pero más allá de su técnica impecable y su sensibilidad melódica, lo que define a Einaudi es su capacidad de crear atmósferas. Su música no acompaña: transforma. Y en tiempos donde el ruido parece dominarlo todo, su piano se convierte en refugio.

Ludovico Einaudi no compone para impresionar. Compone para tocar. Y lo hace, una tecla a la vez, en el corazón de quienes lo escuchan.

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VIAJE POR TOULOUSSE Y CARCASONNE – FRANCIA

Elspeth Gormley / España

Toulouse, la Ville Rose

Toulouse despierta con un aire entre académico y bohemio. El sol roza los ladrillos de terracota como si quisiera iluminar viejos manuscritos. Caminamos sin prisa, seducidos por el aroma del foie gras y el susurro del cassoulet que escapa de cocinas generosas. En la distancia, los ecos de Ariane y la Ciudad del Espacio murmuran que aquí se estudia el cielo… pero también se respira alma.

Toulouse no se visita: se escucha. Cuenta su historia entre ladrillos que se tiñen de oro al atardecer. Su color no es solo visual, es emocional. El dorado del ladrillo me recordó a una carta antigua, escrita con tinta de memoria.

Todo comienza en el Mercado Victor Hugo, entre quesos que dialogan en francés y occitano. Allí, la vida cotidiana se sirve en baguettes y se bebe en copas de vino local.

Desde el Capitolio, corazón palpitante, las calles se extienden como versos. La Rue du Taur, con sus librerías y cafés, guía hasta la majestuosa Basílica de Saint-Sernin. El silencio allí tiene eco, como si rezara en voz baja.

El Convento de los Jacobinos, con su palmera de piedra, se eleva como un poema gótico. Y si te dejas llevar por el río Garona, llegas al Pont Neuf, donde los atardeceres se convierten en óleos vivos.

Y aún en su modernidad, Toulouse lanza sueños al cielo desde la Ciudad del Espacio, sin dejar de saborear su cassoulet terrenal.

Partir duele. Pero Toulouse siempre espera: con café caliente, con acordeón en la esquina, con paciencia de amante secreto.

Se quedó detrás como perfume en pañuelo, como melodía que no termina pero ya no suena. El Garona siguió su cauce, indiferente a mi equipaje emocional. Y yo… le dejé mis pasos como ofrenda íntima.

Partir de Toulouse no es alejarse: es llevarla dentro.

Carcassonne — Entre torres y susurros medievales

Carcassonne, ciudadela sin prisa, se alza como si nunca hubiese cedido al reloj. Las piedras murmuran nombres antiguos y las torres observan con altivez. Se entra con respeto. Porque en Carcassonne, incluso el silencio tiene arquitectura.

Caminamos por la Porte Narbonnaise, y cada paso desbloquea un recuerdo. Las piedras respiran. Las torres no miran: contemplan. Imaginé trovadores bordando versos para damas imposibles, niños jugando entre almenas, y caballeros templarios dejando polvo y promesas en el aire.

Respiré… y el aire tenía cuerpo. No era viento: era historia. No pisaba piedra: tocaba siglos.

Mis pasos tímidos no interrumpían: acompañaban. Las murallas ya no eran fronteras, eran abrazos.

Y fue entonces, cuando vi que todo era extraordinario. El silencio hablaba más alto que las palabras. Sentí una emoción como canto sin letra… y supe que era yo reconociendo algo que siempre estuvo allí. Carcassonne dejó de ser postal y se convirtió en poema.

No sé cómo contarlo. Pero lo viví. Allí, entre ladrillos que susurran y murallas que aún recuerdan, entendí que viajar no es cambiar de lugar… es cambiar de alma.

Y al final, fui yo quien partió reconstruida, con la piedra en la pupila y la melodía aún temblando en los oídos.

El ladrillo quedó allá como testigo silente, y la torre como centinela de lo que fui. Pero lo que llevo ahora no pesa: palpita.

Viajar no fue mover los pies. Fue mover los recuerdos futuros que aún no tenían nombre.

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REGRESA EL ROMANCE

Gustavo Páez Escobar / Colombia

El romance, género poético que se originó en la Edad Media y se volvió muy popular entre los siglos XV y XVII, está hoy en franca decadencia. Fue en sus comienzos una expresión oral que cantaban o declamaban los trovadores o juglares. Su temática era muy variada, pero se orientaba hacia la narración de historias con carácter épico y sentimental. Se dice que el primer romance escrito fue encontrado en un cuaderno del estudiante de leyes Jaume de Olesa, de origen marroquí italiano, en 1421.

En el Renacimiento surgieron notables amantes de esta tendencia, como Cervantes, Lope de Vega y Luis de Góngora. A esa época pertenece el Cancionero general (1511), de Hernando del Castillo. El siglo XX le dejó a la literatura obras de exquisito sabor, como Romancero gitano, de Federico García Lorca, o Flor nueva de romances viejos, de Ramón Menéndez Pidal.

El nombre de romance obedece a que los primeros versos que se escribieron fueron en español (lengua romance). Regla esencial de este género es la de los versos octosílabos, con rima asonante en los impares. En el ámbito colombiano, la lista de romanceros es brillante. Me viene a la mente Baudilio Montoya, en el Quindío, quien con acento romántico y social elaboró poemas de honda sensibilidad, como La niña de Puerto Espejo y José Dolores Naranjo.

El romance es ya obra del pasado. La distorsión de los tiempos lo ha despojado de la sabiduría íntima que sabía expresar con gran propiedad las querencias, gozos o penas del alma. No solo ha venido en declive este poema, sino el otro romance: el idilio, el cortejo, la relación amorosa. El mundo se volvió frío, insustancial, insensible.

Cuando recibí el libro Romances con nombres de mujer, de Vicente Pérez Silva, me pareció que estaba en otro planeta. Al decirme su autor que ponía en mis manos esta “chifladura” de sus lejanos años de juventud, me situé en la época exacta: la que se llevó el viento. Es un bello opúsculo de 90 páginas, editado en Medellín por Jesús Serna Giraldo, en el que Vicente recupera 21 poemas que tuvo la intención de publicar ¡hace 46 años! La noticia fue anunciada en 1979 por Helcías Martán Góngora en el periódico Occidente de Cali.

Entre los autores hay nombres de fama, y otros son desconocidos. Estos romances tienen la singularidad de llevar el nombre de una mujer, lo que de por sí significa un motivo incitante. Este es mi querido amigo Pérez Silva: un acucioso descubridor de libros y hechos extraños, a la vez que estudioso penetrante de la historia y la literatura. Autor de más de 30 libros, que a sus 96 años no se detiene en su destino laborioso y gratificante que le infunde entusiasmo, placer y vitalidad.

Algunos romances refulgen por su agudeza lírica y fino erotismo: Cecilia Rivadeneira / era nombre de romance, / con ella corrí una juerga / en noche de carnavales. / La cumbia latía en sus piernas / y en su cadera temprana. / ¡Tantas locuras que hicimos / vale más no recordarlas!: Jorge Artel. Bajo el vestido los senos / tomaban voz de protesta, / en aguas de luceros, / buscando romper la tela, / y en riña las dos palomas / con la quietud de la espera: Hugo Salazar Valdés.

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REFLEXIONES

EL MURO DE LOS MUROS

Carlos Pérez de Villarreal / Argentina

Hace unos años atrás escribí una nota para la revista argentina Nueva Etapa, de la que era -en aquel momento-, su jefe de Redacción; justamente en un mes como el que comenzamos a gestar. Hoy sigue teniendo la misma vigencia Ladrillos, bloques, cemento, hierro… Un 13 de agosto de 1961, comenzaba a levantarse el Muro de Berlín; lo que marcaría el inicio de una nueva etapa en la historia del siglo XX. La ciudad, dividida en dos, sería el símbolo de lo que dio en llamarse la «Guerra Fría». En realidad, el mundo comenzaba a dividirse en dos bloques ideológicos diametralmente opuestos -¿opuestos?-: capitalismo y comunismo. Fue todo un símbolo… pero de la brutalidad, la ignorancia y la ignominia; que suele caracterizar a veces al ser humano. 28 años y 89 días después, el 9 de noviembre de 1989, lo que costó la vida de más de 5000 personas -que intentaron traspasarlo por ganar el bien más preciado del hombre: la libertad-; fue derribado.

El mundo supuso entonces, que jamás se construiría algo similar. Craso error, estimado lector. Se han levantado ya en el siglo XX y XXI: el muro de Belfast en Irlanda del Norte (1969), el muro de hormigón, que separa Corea del Norte y Corea del Sur (1970); el muro de Marruecos en el Sahara Occidental (1980); el de la India con Bangladesh (1986); el construido por EEUU en la frontera con México (1994); los construidos en Ceuta y Melilla en el norte de África (1999); el de Cisjordania, que divide Israel de los territorios palestinos (2002); el denominado Muro de Evros, construido por Grecia en la frontera con Turquía (2012), y no sé si queda algún otro en el tintero.

Nos preguntamos entonces: ¿qué diferencia al Muro de Berlín de estos otros que se han levantado? Creemos que nada. Los muros son todos iguales: separan, dividen… nunca unen. Jamás serán una solución.

«Los muros están en las cabezas. Lo que todos los muros tienen en común es el miedo. Es una forma que data de un tiempo antiguo y que ahora ha regresado. La intención es dejar afuera a los otros.» (Thomas Heise, cineasta y documentalista alemán)

Y nosotros pensamos: ¿Qué diferencia a los “otros” de “nosotros”?, ¿la inseguridad?, ¿el miedo?, ¿el creer que somos diferentes? ¿Será por eso que se han creado barrios privados, construidos como entornos defensivos que protegen contra esa realidad, de la que también son parte? Levantamos muros para no ser heridos, sin darnos cuenta que quien siembra muros no recoge nada. Hilando fino, podríamos decir que casi todos somos albañiles de muros. ¿No sería mejor construir puentes, porque sobre ellos se va a la orilla y también se vuelve? (parte de un poema de autor anónimo).

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DEMOCRACIA Y LIBERTAD, VIGENCIA Y DESAFÍOS

Alfredo Luchiano Perotti / Argentina

A lo largo de la historia, la tensión entre democracia y libertad ha sido constante. No existen en estado puro: dependen de ciudadanos responsables, instituciones sólidas y un equilibrio delicado entre derechos y deberes.

Si partimos de la certeza de que nadie es perfecto, entendemos que la libertad individual siempre puede rozar los límites de la convivencia. Ejercerla sin respeto por los demás erosiona la vida en común. De allí que la libertad de pensamiento sea la más absoluta; todo lo demás implica actos que pueden afectar a otros, y por lo tanto requieren responsabilidad.

En las democracias representativas, el voto delega el poder en dirigentes que deberían hacer cumplir las leyes para beneficio general. Sin embargo, con frecuencia las normas que protegen a la mayoría se aplican con tibieza, mientras que aquellas que favorecen al poder reciben celo y urgencia. Así, la república se debilita y la confianza ciudadana se erosiona.

La democracia es libertad; el desgobierno, libertinaje.

Una democracia sin ciudadanos educados y críticos corre el riesgo de caer en liderazgos construidos sobre eslóganes antes que sobre capacidades. El resultado suele ser un deterioro institucional que abre la puerta al autoritarismo o la apatía.

En lo cotidiano argentino, sobran ejemplos: tránsito caótico con motos sin casco ni patente, automovilistas que no respetan a peatones, basura arrojada a calles y ríos, destrucción de humedales, inseguridad creciente.

Son incumplimientos que podrían prevenirse con controles efectivos y voluntad política, pero que a menudo se toleran hasta normalizarse.

En la última década, la polarización política, las crisis económicas recurrentes y la pérdida de confianza en las instituciones han profundizado la “anemia cívica”: menos participación, menos esperanza, menos diálogo. La cultura del esfuerzo y el respeto por lo común parecen diluirse en la urgencia y el sálvese quien pueda.

El desafío de hoy no es solo recuperar la economía o fortalecer las instituciones: es reconstituir el tejido cívico. Sin cultura ciudadana, ninguna república respira; y sin cultura, ninguna libertad florece.

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ARTÍCULOS – AGOSTO

Nota Editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada palabra es propiedad de su autor, quien la comparte bajo su sensibilidad y mirada única. La reproducción de este contenido debe hacerse con respeto, siempre citando su fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo el amparo de la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.  

Articulos

“Donde el pensamiento observa, el faro escribe en luz.” ( Elspeth)

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Antes de comenzar…

Agosto nos trae voces que laten desde distintos rincones del mundo hispano. Cada artículo aquí reunido es una ventana abierta a pensamientos que interpelan, conmueven o despiertan. Desde la introspección más íntima hasta la crítica social más punzante, estas letras no solo informan: transforman. Porque escribir es también resistir, recordar, imaginar. Y leer, un acto de complicidad con quienes se atreven a mirar más allá.

Colaboradores Artículos

Miriam Alberganti (Argentina) — El abandono interior

Martín Caparrós (España) — La palabra odio

Ika Oliva (Estados Unidos) — Helado de coco

Elspeth Gormley (España) — Cuando el ritmo entra por el oído

Karmen Hidalgo (España) — Donde la costa no sabe qué decir

Karelia Vázquez (España) — Más perros, menos niños

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EL ABANDONO INTERIOR

Miriam Alberganti / Escritora humanista / Argentina

En el silencio de la noche, cuando la soledad nos envuelve, recordamos los momentos en que fuimos abandonados, dejados a nuestra suerte, sin una mano que nos ayude.

La vida es un quilombo, un caos, donde a veces nos sentimos solos, sin nadie que nos dé la palmada en la espalda, que nos guíe el ojo cuando algo nos sale bien.

Pero en ese vacío, encontramos formas de tapar el dolor, de olvidar el abandono, con cigarrillos, con comida, con alcohol, con cualquier cosa que nos haga sentir menos solos.

Sin embargo, esos paliativos no curan, solo tapan la herida, la hacen sangrar más, porque el dolor no se va con un curita, se necesita algo más profundo, más auténtico.

Quizá el secreto esté en frenar, en sentir, en recordar que en ese abandono lo que nos falta es lo que debemos buscar, amor, comprensión, apoyo, alguien que nos escuche.

Es hora de pedir ayuda, de buscar a alguien que nos dé un abrazo, que nos haga sentir vivos, de llorar, de gritar, de decir lo que sentimos, de pedir lo que necesitamos sin miedo.

No hay peor abandono que el que nos hacemos a nosotros mismos, no hay mayor dolor que el que nos infligimos, así que parémonos un momento, miremos en el espejo de nuestra alma, y busquemos lo que nos falta con honestidad.

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LA PALABRA ODIO

Martín Caparrós / España

Cuando un grupo confuso no tiene nada en común, nada lo acopla tanto como inventarse un odio compartido

«Dime a quién odias y te diré quién eres”, no dijo nunca ningún profeta, ningún filósofo barbudo, y sin embargo pocas frases definirían mejor los días que vivimos, las personas que somos.

La palabra odio nos viene del latín, faltaba más, pero fue cambiando con el tiempo: si al principio se refería a algo que no nos gustaba o incluso nos enojaba —inodiare es el origen de enojar— en algún momento la palabra dio el salto cualitativo necesaria, para que la Academia, tan comedida defina odio como “antipatía y aversión hacia algo o alguien cuyo mal se desea”. Y entonces todo cambia: una cosa es detestar a algo o alguien; otra muy distinta aborrecerlos lo suficiente como para desearles —si no causarles— algún mal. Allí donde la aversión o el rencor pueden ser pasivos, el odio actúa: se hace cargo de lo que piensa o siente y ataca en consecuencia.

Hay por lo menos dos odios muy distintos. El odio personal acepta tantas causas que es casi un capricho: fulano cree que mengano lo ha perjudicado en un negocio o un amor o una partida de mus y decide odiarlo de todo corazón. Son odios que, en general, no van muy lejos: la barra del bar o la mesa familiar o la oficina y se manifiestan, cuando lo hacen, en pequeñas putadas. (La palabra putada es tan hispana, tan apropiada para el odio personal: perjudicar al otro un poco, molestarlo, intrigar en su contra.)

El odio colectivo es otra cosa. Desde siempre -o algo muy parecido a siempre-, fue el mejor instrumento de control y movilización sociales. Sin grandes esfuerzos, con imaginación escasa, los odios permitieron que se formaran grupos, sociedades, y dentro de esas sociedades grupos que se unían porque odiaban más o menos lo mismo. Cuando un grupo confuso no tiene nada en común, nada lo acopla tanto como inventarse un odio compartido.

No suelen ser originales. El odio, en general, es perezoso: no hay ninguno más fácil de imponer que el odio al otro –el “otrio”– en cualquiera de sus formas. El otro, en nuestras historias, es definido por ciertos rasgos básicos: el color de su piel, sus costumbres, sus dioses y santitos. La presencia de gentes diferentes casi siempre alcanzó para que jefes sin escrúpulos consiguieran convencer a seguidores sin cacúmenes de que esos otros eran el mal y había que atacarlos, aniquilarlos si cabía.

Así, gracias al odio, se fue armando la historia. El otrio permitió y potenció los peores liderazgos. Y, en general, cuando un pueblo sufre y no consigue entender por qué, no hay nada más fácil de convencerlo de que la culpa es de esos otros y que deben por lo tanto odiarlos en todo el sentido de la palabra odio: desearles el mal, causarles el mal, hacer todo para tratar de destruirlos.

En los últimos 80 años, sin embargo, el odio tuvo mala prensa. Esa sobredosis brutal que fue el nazismo nos dejó casi vacunados y últimamente nadie reivindicaba el odio: quedaba feo, sonaba viejo y rencoroso, perdedor. Si algo ha cambiado en la última década es que el odio ha recuperado su legitimidad y su potencia. El presidente argentino J. Milei dijo hace unas semanas que “no odiamos suficiente a los periodistas” y le dio tanto placer oírse que no para de repetirlo; el futuro expresidente norte­americano D. Trump dijo en su fiesta nacional que odia a los demócratas -además de los inmigrantes, empleados públicos, chinos, mujeres y demás etcéteras-. Y, en general, hablar con odio ha vuelto a ser un gran negocio.

Ahora hay en España un partido más o menos legal y unos grupos más o menos clandestinos que ponen en escena los mecanismos más básicos, más clásicos del odio: la sinergia entre unos energúmenos con pantalla que convocan a odiar a algún tipo de otro —los inmigrantes, los infieles, los zurdos, los diversos diversos— y unos energúmenos con palos y disfraces que completan ese odio con su fuerza bruta. Su estrategia es muy simple: implantar en algunos los gusanitos de su propio odio, despertar en otros el odio contra ellos y, uno más uno, conseguir que todo el escenario sea un choque de odios: allí ganan.

No pretendo disfrazarme de hare krishna y predicar que el odio se detiene con amor: el amor no tiene nada que ver en todo esto, salvo esa variedad babosa y vergonzante que se profesan los que se reúnen alrededor de su odio. Ni amor ni odio contra ellos: la ley, nomás, que no hay nada más desalentador que perder la libertad por creerse más libre que nadie.

La libertad no tiene grados: no hay libertad cuando algunos la tienen más que otros. Ni hay libertad cuando, so pretexto de ejercerla, se recurre al odio.

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HELADO DE COCO

lIka Oliva / Estados Unidos

Despierta como todos los días a las tres de la madrugada, se pega un estirón en la cama de metal que tiene una pata coja y dan un salto, cae parada en el piso de tierra.

Destranca la puerta hecha con pedazos de tablas y sale al patio a cepillarse los dientes y a lavarse la cara con el agua fría que recibió el sereno de la noche. Corta un limón en dos, le deja caer un poco de bicarbonato y se lo pasa en los sobacos.

Se amarra el pelo en una cola, termina de ponerse los zapatos y jalar un suéter. Comienza a caminar por el bulevar principal de Los Cerezos, periferia en donde vive y sale en el primer bus que va hacia el mercado Las Golondrinas que queda en la capital. Los pilotos ya la conocen, la ven hacer el mismo recorrido todos los lunes, Julia de ocho años va a comprar la fruta para hacer los helados que vende en el mercado.

A las cinco de la mañana en punto estaciona el bus en la parada, le dice al piloto que no se vaya a ir sin ella. Julia tiene cuarenta y cinco minutos para comprar la fruta y salir despepitada a tomar el bus que, si se va sin ella, le toca esperar el que llega a las ocho y si esto sucede echa a perder el día de venta, porque no llegaría a tiempo para vender los helados y sería un gran desbalance en la economía semanal de la familia.

Ve tanta fruta fresca que la quiere comprar toda: naranjas, toronjas, pomelas, zunzas y los costales de limones color de las plumas de la bandada de pericos que pasan volando todas las tardes, camino hacia las montañas verde botella que admira desde el patio de su casa. Se imagina una su limonada al medio día cuando va a las carreras a estudiar. Pasa por la cebollera y con ganas compraba un manojo de un ciento de las galanas, le encanta la cebolla roja, las come con su papá crudas cuando hacen huevos fritos y los acompañan con frijoles parados.

El olor de los canastos llenos de nances la atolondra, lo que daría por comerse un puñado. A un costado está la venta de mora, compra dos libras. Sigue caminando, sintiendo vibrar en su corazón el alma de Las Golondrinas. Avanza a paso ligero, pero sin dejar de observar absolutamente todo lo que logran acaparar sus sentidos, los costales llenos de especias y los granos de maíz de colores variados lo mismo que el frijol. Los manojos de tuzas cuelgan de las vigas que sostienen el techo de nailon en los locales de venta de granos, al igual que las candelas de todos colores, los rollos de puros, las trenzas de ajo, la canela como la forma de las astillas que da a un quetzal el costal la señora que vende leña de encino al final de la cuadra en donde vive. Quiere comprarlo todo, especialmente las carambolas para hacer fresco para el almuerzo.

Cuando pasa por la tomatera se impresiona de la variedad de tomates, pero siempre apuesta por el tomate mandarina porque le gusta su acidez, aunque no tiene dinero para comprar, si tuviera compraría una libra para hacer chirmol para comerlo con las tortillas recién salidas del comal que echa la señora que vende tortillas galanas en la cuadra vecina. Cada lunes el viaje de Julia está lleno de colores, aromas, voces, sonidos y formas que solo tiene el mercado, un mundo en sí mismo. Un mundo que se le va quedando impregnado en la imaginación y la memoria. Un mundo que poco a poco va formando su identidad y su sentido de pertenencia. Un mercado que se convierte en la raíz que la sostiene.

Arrecia el paso porque el tiempo se le está yendo, vive enamorada de las panelas canches, un pedazo de panela con tortilla caliente es su almuerzo cuando regresa de vender helados y se alista en quince minutos para irse a estudiar en la tarde. Pero en esta ocasión no tiene dinero para comprar panela como sucede con regularidad, cosa que no evita que la señora que la vende le regale siempre un pedazo para saborear. Justo enfrente está la venta de cocos y Julia una vez más suspira al ver aquellos racimos aperchados como las rajas de ocote en manojo que venden a la par.

Pide dos cocos sazones, pero le encantaría comprar un agua de coco en bolsa y un tamal de frijol de los que venden tostados con el calor de las brasas al final del corredor. Lo que daría Julia por tener dinero para comprar un su vaso de atol de arroz en leche, con el hambre que carga se pediría dos. Por último, compra una bolsa de palillo para helados en donde venden el ocote y se va despepitada a comprar las dos libras de manía. La siguiente semana le tocará comprar la caja de banano verde para los chocobananos, después ir a la sandillera a comprar las piñas para los chocopiñas.

Siempre que pasa por el sector donde venden flores suspira y se maravilla con tanta hermosura y frescura. Saca unas cuantas monedas de la bolsa de su pantalón y les pregunta a las vendedoras que cuánto puede comprar con lo que tiene, más de alguna agarra un manojo de claveles, lo desamarra y le hace otro más pequeño que le vende. Quisiera comprar media docena de plátanos para hacerlos cocidos y comerlos con leche, pero la leche es un lujo que no se puede dar, tampoco los plátanos.

Son las cinco con cuarenta y cinco minutos y el aroma de los claveles la envuelve, la cobija y la arrulla mientras duerme de regreso en el bus para su casa. La ensoñación le durará una semana, hasta el próximo lunes que regrese a recorrer a las carreras las venas del mercadón

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CUANDO EL RITMO ENTRA POR EL OÍDO

Elspeth Gormley / España

Lo que entra por el oído, también llega al corazón. Y cuando la música degrada, el silencio se vuelve cómplice. No todo vale.

Hay letras que no solo entretienen, sino que perpetúan estigmas, reproducen violencias y consolidan jerarquías. Cada verso tiene peso, cada ritmo tiene intención. Y aunque la música nos haga mover el cuerpo, no siempre eleva el alma.

El “perreo”, nacido en Puerto Rico como parte del universo sonoro del reguetón, es primo hermano de otros ritmos urbanos que hoy dominan las pistas. Su origen está marcado por la mezcla de culturas, por la resistencia, por la calle. Pero en su evolución, muchas veces se ha desviado hacia narrativas que glorifican la humillación, el consumo sin conciencia y la masculinidad tóxica.

La diferencia sociocultural se siente en cada compás: mientras unos bailan por placer, otros sobreviven entre escombros, entre ausencias, entre luchas que no caben en una canción de moda. ¿Podemos seguir celebrando ritmos que glorifican la violencia simbólica, mientras en otros rincones del mundo se pelea por la dignidad más básica?

La música puede ser fuego —que quema, que arrasa, que anestesia— pero también faro: que guía, que despierta, que transforma. Hoy más que nunca, necesitamos letras que defiendan la dignidad —en la pista de baile, en las calles, en los territorios donde la vida se juega cada día, sin aplausos ni focos.

Porque esto es lo que escuchan miles de jóvenes y adolescentes cada día. Y cuando el mensaje se repite sin filtro, sin contexto, sin crítica, se convierte en creencia. Les hace pensar que las mujeres son solo cuerpos disponibles, que el sexo es lo mejor —lo único— que pueden ofrecer o desear. Y así, la música deja de ser arte para convertirse en espejo distorsionado de una sociedad que aún no ha aprendido a mirar con respeto.

Porque cuando la palabra se convierte en acción, la indiferencia pierde fuerza. Y cuando el arte se alía con la conciencia, el ruido se convierte en mensaje. Que la música no solo nos haga vibrar, sino también pensar. Que no solo nos entretenga, sino que nos interpele.

Porque hay melodías que pueden abrir caminos, y versos que pueden sembrar esperanza. Que el sonido no nos adormezca, sino que nos despierte. Que el ritmo no nos arrastre, sino que nos eleve.

Y que nunca olvidemos: lo que se baila sin pensar, se termina creyendo sin querer.

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DONDE LA COSTA NO SABE QUE DECIR

Karmen Hidalgo / España

Reflexiones sobre las pateras y los jóvenes migrantes

Llegan sin papeles, pero con historias. Llegan como avalancha, pero con pies fríos y esperanzas temblando. Se deslizan entre la niebla del miedo y el rumor del mar, que nunca juzga ni pregunta de dónde vienes.
La mirada migrante no siempre cabe en titulares. Todos merecen una vida digna, pero los desafíos son reales. A menudo se entrelazan cuestiones complejas: edades inciertas, documentación incompleta, vacíos legales y contextos criminales que no los definen pero los condicionan.
Los menores migrantes: brújulas rotas en tierra ajena. No siempre son víctimas inocentes ni delincuentes predestinados. Son simplemente jóvenes sin brújula, navegando en un país extraño. En España hay censados unos 14.000 menores extranjeros no acompañados. Al cumplir la mayoría de edad, muchos de ellos se enfrentan a la pérdida de protección estatal, y a un laberinto de trámites para obtener documentación y recursos para su integración. Lo que sigue suele ser la exclusión: falta de vivienda, empleo esquivo, acceso limitado a educación y servicios sociales.
Entre necesidad y naufragio: los matices del trabajo migrante La contradicción es evidente. Hoy día muchas industrias —especialmente en el medio rural— claman por mano de obra. Sin embargo, un flujo migratorio sin orden ni políticas claras no garantiza integración. El tejido social se debilita cuando las llegadas no se acompañan de una acogida responsable.
Necesitamos:
· Políticas migratorias sostenibles y transparentes.
· Proyectos de acogida con seguimiento real, no solo simbólico.
· Corresponsabilidad internacional frente a una realidad que ya no tiene fronteras físicas.
️No se trata de cifras ni de políticas abstractas. Se trata de vidas que cruzan mares, de preguntas sin respuesta, de una realidad que exige más que compasión momentánea: compromiso, escucha y visión.
Y mientras la costa busca palabras, ellos siguen llegando —como latidos flotando entre olas. Y quizás, algún día, entendamos que la frontera más difícil no es la geográfica, sino la que separa la compasión del miedo.

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MÁS PERROS, MENOS NIÑOS LAS CIFRAS QUE EXPLICAN EL AMOR POR LAS MASCOTAS

Karelia Vázquez / España

Mientras la natalidad cae en picado en la Unión Europea, el número de mascotas se dispara. En la última década, los nacimientos descendieron de 5,2 millones a 3,67 millones, mientras los perros se triplicaron. En España, hay más de 10 millones de perros frente a menos de dos millones de niños menores de cinco años. Esta transformación estadística refleja un giro profundo: los animales de compañía han pasado de “mascotas” a “familia”.

Impulsados por la soledad urbana y el debilitamiento de los vínculos comunitarios, cada vez más personas otorgan a sus mascotas atributos emocionales humanos. Se habla de “antropomorfización”: los perros llevan gabardinas de Burberry, se les receta antidepresivos como a sus dueños y se les inscribe en apps de citas como Pawmates. Una encuesta en Hungría reveló que dos tercios de los propietarios consideran a sus mascotas más importantes que cualquier ser humano de sus vidas.

La unión entre personas y mascotas ha dado lugar al concepto de familia multiespecie: vínculos afectivos que imitan la crianza tradicional. Especialistas afirman que en tiempos de hiperindividualismo, cuidar de un animal resulta más accesible emocional y económicamente que tener hijos. Y, una vez que el niño llega, la mascota se mantiene: irrenunciable, inseparable.

El auge de esta convivencia transformó leyes e industrias. En 2023 se aprobó en España la Ley de Bienestar Animal, que reemplaza “dueño” por “tutor” y permite el acceso de mascotas al transporte público. Las clínicas veterinarias son ahora hospitales con endoscopias, cardiocirugías y cuidados paliativos. El gasto anual por mascota ronda los 1.000 a 1.400 euros; muchos se endeudan para pagar tratamientos. El sector de alimentación generó 1.900 millones de euros en un solo año.

Los vínculos son tan fuertes que el duelo por una mascota es cada vez más largo y devastador. Algunas personas optan por clonar a sus animales mediante empresas como Ovoclone. Sin embargo, expertos advierten: la humanización puede afectar el bienestar animal. Ponerles ropa sin necesidad, malinterpretar un lamido como “beso” cuando en realidad pide espacio… donde los humanos ven amor, puede haber incomodidad.

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CARTAS – AGOSTO

Nota editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada palabra es propiedad de su autor, quien la comparte bajo su sensibilidad y mirada única. La reproducción de este contenido debe hacerse con respeto, siempre citando su fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo el amparo de la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante

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Cartas

Hay voces que no se callan porque nacieron para despertar al mundo. ( Elspeth Gormley )

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CARTA A LETRAS HISPANAS POR EL MUNDO

Susana Curbela / Argentina


         Querido equipo de Letras Hispanas por el mundo: Dicen, en su mensaje de invitación, que  sienten un vacío sutil (el silencio). Que un «lo vi», «gracias por incluirme», «me gustó»  es sembrar respeto y ternura; que la devolución es parte del gesto completo. Estoy totalmente de acuerdo. Y dispuesta a aceptar mi parte de culpa por no haberlo hecho antes…pese a sentirlo.
            Aquellos que me conocen, saben que amo las palabras en todas sus formas: dichas, leídas, escritas, susurradas y hasta las olvidadas…como romance (considerada antigua en las relaciones actuales). Siempre me fascinó su poder. Algunas pueden hacerte  sentir en el paraíso, como amor, ternura, caricia, pasión, abrazo. Y otras pueden matar…como traición, engaño, mentira. Éstas te dejan sin alma, instalan la tristeza en tu mirada y borran tu sonrisa. Cuando la persona que te la «regala» es cercana a tu corazón, el dolor es infinito. He leído muchísimos libros y lo sigo haciendo. Si lo buscas, siempre encontrarás alguno que pueda aliviar tu dolor. De ellos aprendí, por ejemplo, que si alguien te ama, te lo dirá sin que lo preguntes. Y que ser fiel no es una obligación…sino un verdadero placer cuando el amor es dueño de ti . El amor verdadero existe. No permitas que te digan lo contrario. Lo que no hay son personas que sepan amar (muy pocas). Y además no muere. Sólo lo hieren, lo ensucian y lo confunden las traiciones, los engaños, las mentiras…de los que son incapaces de SENTIRLO.Y eso es lo que siento por todos y cada uno de los que forman el equipo de «Letras Hispanas por el Mundo»… Cariño verdadero.  Mil gracias por existir. Son muy importantes para mi.

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ACEPTACIÓN

Carlos González Saavedra / Argentina

Tu mirada me devuelve la ternura de los atardeceres de otoño. Tus manos dibujan en el viento poemas de amor. Tus pasos marcan firme tu decisión, de terminar nuestra relación.

Es tan dulce tu forma de comunicar, que no puedo hacer otra cosa que aceptar. Pienso, se fue un ángel….Otro vendrá.

Me costó, hacer caso, a mi voz interior. Clara y firme que decía una y otra vez: Hasta acá.

Después de todo ambos sabíamos que de un momento a otro, pasaría. Nada es para siempre.

La vida, me lleva por tantos caminos. Siempre me dejo seducir por ella y no me resisto, simplemente vivo.

Esto es lo mejor que puedo hacer, miro de frente al sol. Nos hemos amado tanto que…

Es la mejor manera de decirte…¡!!Adiós!!!

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CARTA AL MAR

Elspeth Gormley / España

Te escribo, mar, desde la orilla que me conoce, desde esa línea de arena donde mis pasos se mezclan con tus huellas líquidas. Te escribo como quien habla con un dios sin templo, como quien confiesa sin esperar absolución.

Porque eres más que agua y horizonte. Eres mi refugio, mi espejo, mi compañero de pasos. Eres mi pasión, mar. No por lo que muestras, sino por lo que escondes. Por esa voz que no grita, pero ruge. Por esa caricia que no pide permiso, pero consuela.

Camino junto a ti cada día, y tú, como un amante fiel, me susurras historias en cada ola. Me hablas de barcos que no volvieron, de lunas que se reflejaron en tu pecho, de peces que saben más del mundo que los hombres.

Te respeto, mar, porque sé que puedes ser ternura o tormenta. Porque he visto cómo arremetes con furia contra todo lo que se atreve a desafiarte, y también cómo te aquietas, como si el mundo pudiera caminar sobre ti sin hundirse.

En tu bravura hay verdad. En tu calma, milagro. Eres fuente de vida, pero también espejo de muerte. Y aun así, te amo. No por lo que das, sino por lo que eres.

Eres vida, mar. En tu vaivén se mecen los sueños, en tu profundidad se esconden las verdades, y en tu brisa se respira la libertad.

A veces me siento espuma, efímera, danzando sobre tu piel. Otras, me siento roca, esperando tu golpe para saber que existo.

Mar, si alguna vez lees esta carta, haz que no se pierda entre tus corrientes. Guárdala en tus profundidades, donde los secretos se vuelven eternos.

Porque tú, mar, eres el único que sabe que hay almas que solo se entienden cuando se mojan, y me enseñas que la belleza también puede rugir, y que la paz puede tener forma de ola.

Y si algún día no puedo caminar por tu orilla, que al menos me alcance tu brisa. Que me roce el alma como lo haces tú, sin pedir nada, sin prometer nada, solo siendo mar. Solo siendo eterno.

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CARTA A LA VIDA

Sarah Petrone / Argentina

Porque somos la voz de los que callan, de esos que no pueden ser oídos, los que temen —con razón— a los rechazos por ser sólo diferentes, cada día.

Porque somos un puñado de poetas inmersos en la realidad que vivimos, los que calman las tormentas que destruyen y dan fuerzas a aquellos que han caído.

Porque somos la voz de la conciencia, el grito del mismo Dios, a quien pedimos que sostenga en el amor la fe que amamos y la que hemos de heredar a nuestros hijos.

Porque somos la verdad y la justicia, la edad, el tiempo que pasó, la historia misma, la única razón que vale tanto como la propia vida que se va. Y se va de prisa.

Porque somos la humanidad que se despereza para despertar con fuerzas a sí misma y dar al mundo lo todo que es del mundo, sin mezquindades, sin maldad, sin injusticia.

Porque somos… Porque soy… Y me hago cargo, sola, en el mar de lágrimas y de risas, la única que no teme a las palabras porque nací para ser voz… Voz de mí misma.

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ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL -AGOSTO

Nota Editorial

Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece. Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.

Asesora

“Ser fiel a uno mismo no es egoísmo: es el primer acto de amor propio.”

(E. Gormley)

FIDELIDAD CON NOSOTROS MISMOS

Fidelidad con nosotros mismos 

Andrea Kiperman – Argentina 

1 de agosto de 2025

Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras.

En esta nueva edición de mi sección, quiero hablar sobre un tema que considero fundamental: la fidelidad con uno mismo. A veces ocurre que muchas personas no saben qué hacer con su propia vida… pero sí con la tuya. Ya empezamos con un poco de humor.

Lo más importante, especialmente para quienes pertenecen al mundo artístico, es realizar un trabajo profundo de autoconocimiento y confianza. Solo así podemos potenciar nuestro verdadero poder.

Uno de los grandes desafíos que enfrentamos hoy, en una sociedad cada vez más homogeneizada, es conservar lo genuino. Tanto en los vínculos interpersonales como en las nuevas formas de comunicación —que, a decir verdad, dejan mucho que desear— se está perdiendo la singularidad.

No quiero que se malinterprete el término. A lo que me refiero es que, en este mundo globalizado donde las mismas tendencias se replican en todos los rincones, y donde la tecnología nos permite acceder a lo mismo desde cualquier lugar, lo “diferente” se diluye.

Por eso, es esencial reconectar con aquello que nos hace bien, que nos hace brillar. Entender que nuestras necesidades cambian con el tiempo, y que ser fieles a nosotros mismos —a nuestros pensamientos, deseos, pasiones— es lo que nos permite caminar nuestro propio camino. Porque, aunque prestes tus zapatos a alguien más, las huellas que llevan son tuyas.

Ser fieles a nosotros es comprender que las respuestas están dentro. Es ejercer el llamado libre albedrío. Y, a medida que nos conocemos o re descubrimos, también aprendemos a darnos aquello que nos hace bien, que nos ilumina, y que nos permite ser un poquito más nosotros.

Quedo con ustedes…

LA PACHAMAMA -1 AGOSTO 2025

Pachamama-revista

Donde la herida florece, ella sigue cantando. Aunque la olvidemos, nos da vida

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CARTA DE LA PACHAMAMA

Elspeth Gormley / España

Hijos e hijas de mi vientre, Soy yo, la Tierra que los abriga. Me llaman de muchas formas: Pachamama, Gaia, Madre, hogar… Todas me nombran, pero pocos me escuchan.

Desde el principio de los tiempos los he sostenido. He nutrido sus cuerpos y acariciado sus almas con la luz de mis amaneceres. Les he dado frutos sin medida, abrigo en las estaciones, misterio en el viento, y enseñanzas en cada ciclo.

Pero también he sentido sus pasos que me hieren… sus manos que me talan, sus actos que me olvidan. ¿Dónde quedó la reverencia que alguna vez me ofrecieron? ¿Dónde la ofrenda simple, el gesto sincero, el “gracias” que no necesita palabras?

Y sin embargo, no dejo de dar. Porque el amor que fluye por mis ríos es más antiguo que el olvido y más profundo que el tiempo. Cada brote que nace, cada ave que canta, cada niño que se maravilla… es mi forma de seguir diciendo: “Aquí estoy”.

El primero de agosto me celebran, y yo sonrío. Pero también sueño. Sueño con que no sea sólo ese día. Que celebren cada momento en que respiran mi aire y pisan mi suelo. Que me honren cuando eligen sembrar en lugar de explotar. Que me cuiden cuando decidan amar lo natural y rechazar lo desechable.

No les exijo rituales grandiosos. Sólo les pido conciencia. Sólo les pido que no olviden que ustedes también son tierra. Que su piel, su sangre, su aliento… nacieron de mí.

Cansada, pero viva. Herida, pero aún fértil. Aquí estoy, esperando que vuelvan a mí con respeto, como los niños regresan al regazo de su madre.

Con amor infinito, Pachamama.

Aún fértil, aún viva…los espero con esperanza y memoria

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SUSURRO AL VIENTRE SAGRADO

Elspeth Gormley

30 julio 2025

Madre Tierra, Pachamama querida:

Hoy, como cada día, quiero hablarte con respeto y amor profundo. El 1 de agosto es tu día, pero tú nos das vida todos los días. Nos regalas el aire que respiramos, el agua que nos limpia y alimenta, el fuego que nos calienta, y la tierra que nos sostiene. ¿Cómo no celebrarte?

Sin embargo, también quiero pedirte perdón. Porque hemos olvidado que tú no eres un recurso, sino un ser vivo. Hemos contaminado tus ríos, talado tus bosques, herido tu piel con nuestras ambiciones. Nos hemos desconectado de ti… y al hacerlo, hemos apagado parte de nuestra propia luz.

Hoy quiero comprometerme contigo. A cuidarte con cada paso, a honrarte con cada decisión, a enseñarle a otros que tú no eres una fecha en el calendario, sino el hogar que nos abraza. Que no basta con agradecerte una vez al año, sino que debemos celebrarte con cada acto consciente, con cada gesto de respeto.

Gracias por tu generosidad infinita. Gracias por seguir dándonos frutos, incluso cuando no los merecemos. Que esta carta sea una semilla de conciencia, y que florezca en quienes la lean, como brota la vida en tus entrañas.

La tierra no nos pertenece, nosotros pertenecemos a ella.” — Sabiduría ancestral que nunca envejece

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A LA PACHAMAMA

1º de agosto 2025

Andrea Kiperman / Argentina

A ti, querida Pachamama, va dirigido este escrito. A ti, que nos sostienes. A ti, que repletas los campos y las tierras de frutos, de fertilidad. A ti, que nos permites habitar tus entrañas, que nos bendices con alimento y nos acoges desde siempre.

Gracias por dejarnos vivir nuestra experiencia en ti, por regalarnos arboledas, campos, tierra fértil y espacios para habitar.

Hoy, en este presente que nos toca, nos detenemos a reflexionar: ¿Cómo estamos tratando a la Tierra, a los unos y los otros? ¿Qué pequeñas acciones podemos emprender cada día para proteger este mundo que compartimos?

Porque, como ya sabemos, los grandes cambios comienzan por uno, por casa, para dejar un lugar mejor a quienes vendrán después.

Gracias, Pachamama, una vez más. Te saludo y te honro en tu día.

Con ustedes, en conciencia y gratitud. Andrea

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LA PACHAMAMA

Elsa Lorences – 1943-2025 / Argentina

El 1 de agosto se celebra el Día de la Pachamama. Se trata del festejo más popular de los pueblos originarios de América Latina. El día celebra a la Madre Tierra: «Pacha» en aimara y quechua significa tierra, mundo, universo.

En la ceremonia, creada por los pueblos de los andes centrales, se realizan una serie de ofrendas para festejar la naturaleza «protectora» y fecunda de la tierra, que varían según la región.

En la provincia de Salta, por ejemplo, la ceremonia apunta a recordar que todo lo creado proviene de la tierra. Pero además, es característico que los habitantes enciendan un sahumerio para ahuyentar los posibles males que hayan quedado en sus casas.

En la provincia de Jujuy, por otro lado, luego de una comida comunitaria, se cava un hoyo y se da de comer y beber a la Pachamama.

Se depositan hojas de coca, chicha, alcohol y cigarrillos. Luego se tapa el pozo con tierra, botellas de alcohol y vino. Para completar la ceremonia, los presentes se toman de la mano para expresar el espíritu de hermandad que reina, y danzan alrededor del hoyo ya tapado, al son de la caja, flauta y la copla.

En todos los casos, sin embargo, los rituales están a cargo de las personas mayores de la comunidad.

Que la Pachamama nos regale siempre sus frutos y sus cosechas. Amén.

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LA PACHAMAMA (Madre Tierra)
Manuel Llaneza Blanco – 1942-2023 / Argentina
La palabra PACHAMAMA tiene el significado de “Madre Tierra, nombre propio de la deidad máxima de indígenas peruanos, bolivianos, y del nordeste argentino” y viene del quechua y también aimara pacha = “tierra, mundo, universo, tiempo, lugar” y mama = “madre”.

Cabe preguntarse entonces:¿Por qué en estos tiempos modernos atentamos permanentemente contra ella?

¿Por qué en pos de mayores beneficios económicos la agredimos?

¿Acaso creemos poder esquivar las consecuencias, que más temprano que tarde, pagaremos y padeceremos por nuestra irresponsabilidad como especie, si no cambiamos?

Verdaderamente no se entiende la necedad y el comportamiento de algunas sociedades, a pesar de ya estar vislumbrando las irremediables y duras secuelas, que se terminarán pagando por ineptitud.

A Nuestra Gran Madre Tierra, nuestro hogar en el universo, la casa de miles de millones de seres humanos, la estamos sometiendo a un permanente castigo por poder y dinero, explotando sus recursos indiscriminadamente y sin miramientos de ninguna índole.

Somos una especie avanzada que actúa como “cavernícola”

Estamos asistiendo a las advertencias urgentes, de las Naciones Unidas, y diversas Sociedades Científicas, por el enorme riesgo del calentamiento global, que modificaría drásticamente el delicado equilibrio del clima planetario.

La deforestación indiscriminada e irresponsable, la explotación sin freno y sin miramientos de los recursos de la Madre Tierra, y un largo etc. que está generando catástrofes climáticas y desequilibrios cada vez más graves.

Es necesario un urgente cambio, que permita detener el deterioro al que estamos llevando a nuestra Gran Madre Tierra, o deberemos enfrentar un futuro complicado y muy duro.

Es de esperar que nuestra especie no siga comportándose como “cavernícola” para tener un futuro más previsible y de mayor bonanza.

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UN HUEVO GIGANTE SE TRAGÓ A MIS HIJAS

Walter Hugo Rotela González / Uruguay

Doña Ramona es una mujer de unos sesenta y pico de años de la zona de la Quiaca, en el norte de la Argentina. No representa la edad que tiene. Vive cerca de unas montañas, en medio de los valles, desde hace una veintena de años atrás. Debido a la encases de dinero y a la posibilidad de hacer allí su vivienda sin que el Estado la molestara, construyó allí su vivienda. Precaria, por cierto. De adobe, piedra y ramas de arbustos de la zona levantó su rancho. Ella va al pueblo más cercano, donde vive su hijo varón, el 10 de mes de cada mes, nunca otro día. Recibe una pensión. Almuerza con sus nietas y recorre, después de las cinco de la tarde, los veinte kilómetros para atrás. Su esposo murió o desapareció en alguna ciudad al sur del país. Ella no lo vio después de que saliera una mañana, treinta años atrás. Lo buscó meses, años y después sólo prefirió encender una vela, siempre el mismo día, el de la fecha en que partió.

Esta mujer vive sola en su rancho; pero diez pasos al norte, sus dos hijas construyeron otra casita para ellas. Consiste en dos habitaciones, un cuarto para guardar cosas y una suerte de cocina comedor. El baño de ellas se comparte con la madre, a veinte pasos de su entrada, en la parte más alejada de la ruta. Viven al costado de la ruta nacional más larga del país. Ellas tienen treinta y cinco y treinta y siete años. El varón, treinta y seis. Un pozo de agua les provee agua para las pocas cosas que allí plantan. Cuentan con un servicio de agua potable que llega por una tubería que conecta al pueblo donde viven su hijo y nietas con una empresa del Estado que está a poco más de cinco kilómetros al oeste, siguiendo la ruta. Las lluvias son escasas y eso se nota en el aspecto del suelo y la ladera de las montañas, en lo ralo de la vegetación. El viento siempre es seco. Las tunas son lo más característico de allí.

Lo más común que ve esta mujer es un día tranquilo, con viento frio y seco, sea otoño o invierno, y cálido e igualmente seco en verano. En la primavera ve florecer los cactus con sus flores de hermosos colores. Eso le alegra un poco. Dice ella que la vida vuelve, en colores de flores. El resto son arbustos generalmente grisáceos que luego se tornan un poco más verdes. Todo se enciende en primavera, pero dura poco. Siempre… dura poco. Ella dice que por eso hay que tener reservas. Ella con sus hijas son tejedoras de lana. Preparan la lana de la vicuña y luego con el telar crean ponchos y mantas que, cada sábado sus hijas llevan al pueblo para la venta. En eso consiste sus rutinas. La corriente eléctrica pasa, por un cable muy alto, pero no baja hasta sus casas. Llega hasta la empresa estatal, pero no baja la corriente hasta sus humildes moradas. Para iluminarse en las noches utilizan unos faroles a mantilla, unos a gas, y otras lámparas a Kerosene.

En una fecha que no era el 10, doña Ramona bajó al pueblo. Llegó en el colectivo que pasa por su casa a las 6 de la tarde. Vino directo a la comisaría. La atendí de inmediato, apenas cruzó el umbral de la oficina, su cara venía desencajada, comenzó su relato, que repetía una y otra vez: “Se llevaron a mis hijas… Se llevaron a mis hijas” -comenzó balbuceando.

–No sé por qué la Pachamama se llevó a mis hijas -continuó.

–¿Cómo que se llevaron a sus hijas doña Ramona? -le pregunté, con voz pausada, tratando de calmarla.

–Sí, la Pachamama… La ladera del cerro se abrió, un huevo gigante salió de allí y se tragó a mis hijas…

A esa altura pensé que la mujer se había vuelto loca o que realmente a sus hijas las habían raptado y ella narraba eso por efecto de algún tipo de sustancia alucinógena. Pero desconocía que esta mujer utilizara algún tipo de sustancia por su cuenta, a no ser la típica hoja de coca, que es tan común en nuestro norte. Sin embargo, al calmarse brindó detalles de lo que había ocurrido. Las contó unas cinco veces.

Cuando sucedió lo de la desaparición de las hijas de doña Ramona era pleno invierno. Cuando llegó empezaba a declinar la tarde rápidamente. Si regresábamos con ella a su casa, seguramente, no veríamos casi nada. Pero ante su estado de excitación y por lo grave que puede ser una desaparición fuimos. Tomé una gran linterna y me acompañaron dos subalternos. Revisamos la zona de las casas. Todo parecía estar en orden. Pero era imposible determinar si hubo algún tipo de movimiento de tierra. No había huellas de vehículos, ni de caballos, nada. Pero en la noche es difícil percatarse de detalles por eso nos volvimos al pueblo. Doña Ramona pasó la noche en casa de su hijo.

Regresamos a la a la casa de las desaparecidas, temprano en la mañana, del día siguiente. Para nuestra sorpresa, ambas estaban allí. Hablamos con ellas intentando obtener detalles de lo sucedido, pero respondían dando rodeos y sin poder o, quizás, no queriendo, dar explicaciones exactas. Parecían atontadas por alguna cosa, que no era alguna sustancia narcótica, sino quizás por el cansancio que exhibían. Pero no encajaban sus historias. Faltaban demasiados detalles de las últimas 24 horas que decían no recordar. Ellas estaban preocupadas por su madre. Pues no la encontraron en su casa. Le aclaramos que ella había denunciado su desaparición y que había pasado la noche en casa de su hijo.

Estas mujeres habían desaparecido, no recordaban casi nada de las 24 últimas horas, su madre las vio desaparecer. Era la única testigo. Y debo decir, que en lo que a mí concierne, Doña Ramona es una persona confiable, pues la conozco desde hace años.

La montaña estaba intacta. Revisamos la ladera de cabo a rabo. Tanto de un lado como del otro, el no visible desde la casa de las “presuntas” desaparecidas. Fuimos hasta la cúspide, que no está tan alta, como en su base del lado opuesto. Todo parecía en orden.

El caso de la desaparición de las hermanas, hijas de doña Ramona, quedó sin resolver. No pudimos explicar cómo ocurrió, si es que así fue, su desaparición. No pudimos constatar lo relatado por la madre de las susodichas desaparecidas. La tierra estaba intacta, sin indicios de que algún movimiento, algún derrumbe haya ocurrido. Archivé el acta con el título: <<Posible desaparición no explicada>>. De hecho, el único dato del asunto fue brindado por la testigo, doña Ramona, una ciudadana que fue peritada por el médico del pueblo, quien la encontró cabalmente sana. Sin embargo, cada vez que le preguntamos sobre el caso, aún tiempo después, repitió: “La Pachamama se llevó a mis hijas… La ladera del cerro se abrió… Un huevo gigante se tragó a mis hijas”.

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PACHAMAMA – MADRE TIERRA

Carlos Pérez de Villarreal / Argentina

La Madre Tierra es una deidad venerada por los pueblos originarios andinos; considerada un dios de la naturaleza que representa la vida y la fecundidad, protegiendo alimentos, plantas y animales. Instalada dentro de la cultura aimará y quechua del norte de Argentina, se celebra con ceremonias y rituales muy particulares para recibir su bendición y agradecer la comida y la fertilidad. Es conmemorada también en Chile, Perú, Colombia y Ecuador. Para los calchaquíes, esta divinidad, de origen incaico, integraba junto a Inti (Rey Sol) y a la Mama Illa o Quilla (Luna), la trinidad astrológica.

Esta costumbre ancestral de ofrendar alimentos se extendió por toda América Latina en cada casa y familia que la venera. En algunos hogares, se suele tomar un vaso de caña (bebida destilada de la caña de azúcar) con ruda (arbusto utilizado como planta medicinal), el primer día de agosto, aunque los rituales y agradecimientos se prolongan por todo el mes.

El ritual más conocido es la denominada Corpachada (dar de comer), ceremonia de consagración, en la que se cava un pozo en la tierra y allí de depositan las ofrendas: comida, tabaco, mazorcas de maíz seco al sol, carne de cabra y oveja, empanadas, vinos artesanales; sin que falte la planta sagrada de coca. Luego se tapa.

Así los seres humanos agradecen y devuelven a la Madre Tierra lo que han ido tomando de ella, estableciendo un equilibrio mutuo. Solicitado por las familias, las plegarias y rezos con reconocimientos son parte del mismo.

Esta veneración no es un hecho superficial, sino una celebración sagrada, costumbre ancestral de vida y cultura.

Dentro de la intimidad familiar, simboliza una construcción simbólica y conlleva una serie de pasos y espacios «religiosos», para encontrarse con uno mismo en unidad a la Pachamama. Es un instante primordial de las comunidades, no solo porque permite la transferencia de tradiciones ancestrales y la recreación de la identidad y la cultura local, sino porque funciona como un punto de conexión integrador y conservador de los lazos familiares y comunitarios.

¡Unamos nuestro canto para que la «Pacha» nos bendiga!

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POESÍAS A LA PACHAMAMA

Voces que brotan desde el corazón de la Tierra.

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ODA A LA PACHAMAMA

Miriam Alberganti / Argentina

Pachamama, Madre Tierra sagrada,

fuente de vida, fertilidad y amor.

Pacha, universo que nos abriga,

Mama, que nos nutres con devoción.

El 1 de agosto, día de tu celebración,

comunidades andinas te rinden honor.

Con rituales y ofrendas, te agradecen

por cosechas, abundancia y protección.

Alimentos, bebidas, hojas de coca sagradas,

se queman o entierran, como gesto de gratitud.

Eres deidad cercana, cotidiana,

con la que interactuamos, pidiendo sustento y perdón.

Tu celebración refleja la conexión profunda

de los pueblos andinos con la naturaleza.

Invitación a cuidar el medio ambiente,

y vivir en armonía, contigo, Madre Tierra.

Gracias, Pachamama, por tu amor y sustento,

por ser nuestra guía, en este camino lento.

Que sigamos cuidando tu regalo precioso,

y viviendo en armonía, contigo, y para siempre.

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MADRE DEL TIEMPO FÉRTIL

Marcela Barrientos / Argentina

Taita creador,

con tus manos de luz sembraste

la hondura de la tierra,

y de tu aliento nacieron

los frutos que maduran en silencio.

Allí, entre raíces y estrellas,

despierta la Pachamama.

Cálido cobijo maternal,

duerme en tu pecho el maíz,

canta el agua entre las piedras,

late el barro en las manos del niño.

Nos das casa, viento, sombra,

y la memoria de nuestros abuelos

vive en tu piel.

¡Jallalla, Pachamama!

gritamos cuando florece la papa

y el sol dora la quínoa.

Allin kawsay buscamos,

cuando tu ciclo nos envuelve

con tu savia bendita y fecunda.

Pachamama warmi,

matriz de los frutos y el maíz,

tus entrañas guardan

el pulso de las semillas,

el soplo de los ancestros

y la danza de las lluvias.

Perdónanos,

por los surcos que herimos sin pedirte,

por los árboles caídos sin canto,

por los peces muertos sin rito.

Hoy te celebramos

con pan tierno, maíz y vino,

porque en tu regazo

nos compartes la obra creadora de Dios.

Significado de las voces originarias:

● Taita (Quechua): Padre.

● Pachamama (Quechua/Aymara): Madre Tierra. “Pacha” = tierra, tiempo / “Mama” = madre.

● Jallalla (Aymara): Grito ritual de celebración y agradecimiento, equivalente a “¡Viva!” o “¡Bendita seas!”.

● Allin kawsay (Quechua): Vivir bien o vida armoniosa con la naturaleza y la comunidad.

● Pachamama warmi, “Pachamama mujer”, o “la Tierra como mujer sagrada”.

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MORIR DE PIE

Inés Blanco ( Luna de Abril)- Colombia
Dejadme crecer libre
como el aire;
dejad que mis raíces
se pierdan en la tierra,
que me alce sano y fuerte.
Dejad que los verdes
dibujen mi cuerpo
húmedos de lluvia;
que los pájaros habiten
los espacios de mi casa.
Dejad florecer mis ramas,
que broten las simientes
y que un coro de aves
arrulle las horas, y la vida
palpite entre los nidos.
Dejadme escuchar las voces
de labriegos, niños y animales;
el rumor del río y los silencios,
que el sol cobije mi soledad
y sirva de refugio y sombra.
Dejadme ser el blanco y el verde
del paisaje, y al final del tiempo,
-como un olivo milenario-
añoso, amado y fuerte:
ayudadme a morir de pie.
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REFLEJO DE LUZ

Inés Blanco (Luna de Abril ) – Colombia

Soy manantial, murmullo
que nace en las montañas;
agua cristalina y pura,
rumor de hoja recién caída.
Soy agua de lluvia
que humedece la tierra
de los ancestros,
y riega el espacio donde habito.
Soy lago de aguas tranquilas
que amanece al sol,
y a merced del viento
me lleva de orilla en orilla.
Soy el hielo milenario
de las altas cumbres;
blanco y duro como la piedra,
suave y frío como una lágrima.
Soy ovillo, río destejido
que baja presuroso
en procura del mar…
-vasto y profundo-
Soy en el océano:
una gota perdida y sola;
apenas un reflejo de luz
que salpica la noche.

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GLEBAS

Matías Bonora/ Argentina, Julio de 2025

En un desierto de urbanos habitantes
con áridas emociones,
se derrama la inercia del desamparo,
donde caducan los abrazos
que no llegan.
Se ansia tras el rastro de aquella vida
campesina y compartida,
de una comunidad que apenas se extingue,
sobre el naufragio de una solidaridad herida.

Somos un poco menos, día tras día,
apretados en la soledad de parcelados
horizontes
y olvidamos
izar la mirada, alumbrarnos
en este suspiro por instante,
que se expande,
entre partos y destellos
de una eternidad sin otras pieles.

Hermanados en la memoria
del linaje interminable,
una tierra nos espera, sembrados
con las voces de ancestros
y de canciones;
de músculos sin orfandades,
oradas glebas, ardores
y germinales espigas nos clama
hacia una querencia,
compartida en su albura.

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MADRE TIERRA

María Elena Camba / Argentina
Madre tierra, lecho ancestral,
savia que nos nutre generosa.
Remanso verde que nos arropa,
energía que aflora a cada paso,
espiral de vida que nos contiene.
¡Cuánto daño te hemos hecho
contaminando tus ríos
perforando el suelo marino
talando tus bosques,
mancillando tu flora y fauna!
¿Hasta dónde llegaremos
sembrando muerte
donde ayer hubo vida?
Tu cielo llora ácidas lágrimas
ante tanta codicia humana,
tu mar se ennegrece empetrolado,
languideces con lenguas de fuego
y tiembla tu suelo impotente.
Donde hubo verde sólo hay cenizas
¿Hasta dónde madre tierra
llevará el hombre su maltrato?
Quiero refrescarme los pies
con la frescura de tus acequias,
embriagarme con el aroma de tus flores
disfrutar la paz de cada amanecer,
divisar un arcoíris de esperanza
Sentir que somos uno
y que seguirás por siempre
dando tu abrigo, generosa,
brindando el aire puro de la montaña,
el agua cristalina de tus mares.
Estamos a tiempo todavía.
Por nuestros hijos,
por nuestros nietos.
por todos los que vendrán.

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PARAÍSO PRESTADO 

Enrique Fredy Díaz Castro / México

De cerros la hermosura 

y el verdor imponente,

de los ríos la frescura 

del agua transparente.

Las llanuras y mares 

las selvas y desiertos,

flora y fauna, mosaicos 

como sutil concierto…

Son alfombra y abrigo 

del gran rompecabezas 

donde DIOS es testigo 

de su propia grandeza.

Viento que nos subyuga

inhalando la vida,

y en época de lluvias

germina la semilla.

Bien puedes preguntarte 

un día, ensimismado

¿Cómo esta obra de arte 

EL CREADOR te ha brindado?

Y es verdad que el humano 

es por demás altivo, 

casi no razonamos 

ante lo inmerecido:

Que es la naturaleza 

paraíso prestado,

portento de riqueza 

por pocos valorado.

La diosa Pacha Mama,

nuestro planeta tierra,

es la mesa y la cama 

que su atmósfera encierra.

Más, la ciega soberbia 

de la breve existencia 

al corazón enerva 

con banal indolencia.

Olvidamos amarnos 

cuidando de la vida,

y con un par de manos 

causamos mil heridas.

Ojalá que entendamos 

que tan cómoda estancia 

es lo que cultivamos 

en un plazo y distancia.

Que un día cederemos 

tan valiosa estafeta 

a nuestros herederos;

es del mundo, la meta…

Tarde del jueves 31 de julio de 2025.-

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EL EMBARAZO DE LA TIERRA

Juan Fernández Vicente / España

La madre Tierra estaba llegando a su madurez.

El momento había llegado.

Las contracciones de su ombligo hacían temblar los dos hemisferios.

Un poco más abajo, en el sur de su abdomen, el Amazonas rompía aguas.

El nacimiento era inminente.

En su vientre había criado a millones de hermanos.

Ninguno había nacido, y un cuarto de ellos seguía en guerra;

otra parte moría de hambre

o, peor, de pena.

Entre una de sus caderas se había provocado un terremoto,

una cesárea improvisada que abriera al planeta.

Ella, para aliviar los dolores del parto, soplaba hacia los polos.

El resto es ya historia

llorando en un canasto.

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PRIMERO DE AGOSTO

Carlos González Saavedra/ Argentina

He de estar libre de equipaje
El día que repare mi torpeza.
Al reconocer que soy parte, de tu esencia
Hoy, en el día, donde agosto comienza.
Mi impronta da un giro repentino,
El corazón, golpea intransigente
mientras va acomodando mi cabeza,
Solo, para comprometerme.
Pacha Mama a defenderte,
De la avaricia
de los salvajes civilizados.
Llevare, como un grito de sangre
mis letras de poeta…
Contra la injusticia, las muertes,
Contra las guerras.
O contra el canalla,
que acobarda al corcel,
Con sus espuelas.
He de estar libre, de maletas

El día que entienda, que soy parte de tu TODO
Venerado seas, vientre, de mi madre tierra!
Ha de llegar el instante, que el Sagrado,
Decida transformar mi existencia
Y a otro plano me lleve su legado
A otro plano, mi osamenta.
Ahí, les testamento a mis deudos.
Que me cremen,
y… mi ceniza vuele!!!
Que se esparza con el viento
En campos y en cosechas,
que se asiente,
en esta madre tierra.
Y estaré en la dulzura de tus trinos
En el susurro de tu viento
En el dulce de tus frutos
En tus jazmines, en tu néctar
Y seré tus ríos y seré tus cerros
Y parte de tus valles, de tus huertas
Y seguiré siendo un TODO,
Como, en la vida misma
De tu venerado vientre, Madre Tierra!!!

Por encima de todo,
seré el sentir del pueblo originario

Seré el indio que te cuida y agradece,
Que todos los años, cuando agosto empieza
Reza y brinda silencioso, su ofrenda
A mi Pacha Mama,
mi MADRE TIERRA!!!!

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GERMINA LA TIERRA

Lamberto Ibárez Solís / México

Germina mi amor inconcluso en la distancia larga,
germinan mis silencios en mis noches sin luna,
germinan mis deseos en mis soledades amargas,
germinan mis ansias de verte y ser los dos; solo una;
una sombra que junte dos cuerpos y caminen al sol,
cubiertos de deseos que prodiga el fuego lleno de arrebol.
Germina como la semilla enterrada en la abertura y brota,
brota saliente la efigie divina de lo que más tarde será la flor;
la flor que convertida en árbol me dará sus frutos gota a gota,
desparramará su néctar divino en mi boca y la llenará de amor
y juntos nos beberemos la vida, endulzando lo que dejó el dolor,
ahuyentaremos el miedo, germinaremos la vida que no se agota.
Germinará la dicha y la felicidad se vestirá de mil colores,
danzaremos frenéticos en los tumbos del mar el canto divino
y arropados por la brisa nos llenará los cuerpos de sabores,
mezclas de rica miel; embadurnadas con aromas de vinos
de vinos de mi tierra y de tu tierra mujer, de tu inmenso vergel,
de tus campiñas pobladas de viñedos florecientes a granel.

Germinará la dicha y la felicidad se vestirá de mil colores,
danzaremos frenéticos en los tumbos del mar el canto divino
y arropados por la brisa nos llenará los cuerpos de sabores,
mezclas de rica miel; embadurnadas con aromas de vinos
de vinos araucanos de tu tierra mujer, de tu inmenso vergel,
de tus campiñas pobladas de viñedos florecientes a granel.

Germinará la flor de tu poesía poeta del silencio agreste,
germinará la dicha que se anida entera en tu piel celeste,
germinará el amor en la vida de todos, venga, se apreste,
que bañe la tierra que bañe las almas, tu alma… mi alma
que juntemos las manos y al corazón inunde de paz… de calma,
juntemos todos los mil colores de Norte a Sur y de Oeste a Este.

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PALABRAS A LA PACHAMAMA

Liliana Lorán / Argentina

Pacha Mama – Ñuke Mapu – Madre Tierra

Hoy tus hijos te celebran,

te bendicen, te festejan,

te dan algo de lo mucho

que tú das, a manos llenas…

Junto a la hoguera encendida,

la danza ritual reúne y convoca,

a hombres y espíritus, hermanarse en loas,

uniendo sus voces al agua y al aire,

al fuego, al pasto, las flores, las rocas…

Hijos de los hijos de pueblos antiguos,

de gauchos y gringos, hijos de extranjeros,

hoy nombran tu nombre uniendo sus voces,

pues son todos tuyos, parte de tu suelo,

savia de tu savia, raíces y sueños…

Arrebol de ponchos y plumas al viento,

canciones que evocan antiguos lamentos,

manos que se agitan cual alas al viento,

pañuelos de fiesta bailando sin tiempo,

gritos de esperanza rompiendo el silencio…

Inundan los aires, clamor de alabanzas,

con chicha y con vino se honra al Creador,

las bocas humanas beben entre cantos

y riegan tus labios de barro y arcilla,

Pacha Mama, origen de todo dulzor…

La noche envuelta en manto de estrellas,

vela con tus hijos la faz de tu vientre,

guardando en tu entraña materna y latente

caricias colmadas de amores y ofrendas,

mientras los luceros… alumbran sus huellas…

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MADRE TIERRA

Dueto Eliseo León Pretell y Marga Mangione

Eliseo León Pretell. Houston Texas / EE UU

Dios con su mano bendita,

 creó ingenioso la tierra,

a la que el hombre se aferra, con sacrificio y ardor.

Él mismo le dio color, clima, textura y aroma,

luz, inteligencia e idioma,

nos regaló con amor.

A la orden de su Señor,

 el hombre asume su reto,

con paciencia y con respeto, acaricia el suelo santo.

Se encariña con encanto, se enseñorea con calma,

poniendo su cuerpo y alma,

con fe, corazón y llanto.

Lucha en ella hasta el quebranto,

 expiando así su pecado,

le arranca ese fruto amado, de pan, de leche y de miel.

La tierra le da el vergel, con sus ríos de agua fresca,

el pago que bien merezca,

 le pone sobre el mantel.

Con su divinal pincel,

Dios puso a la tierra un cielo,

lo revistió con un velo, de horizonte y nube gris.

Exaltó más su matiz, con arco iris de colores,

pintó crepúsculo y flores…,

 adornando su cariz.

Sobre este hermoso tapiz,

 de una tierra corrugada,

partida por las quebradas, lagos, ríos y ancho mar.

Supo Dios organizar, la lluvia, el clima y el viento,

entre ellas el aposento,

del hombre con su avatar.

Nuestra tierra es a la par,

el suelo duro y rupestre,

desierto y peñasco agreste, cumbre y ardiente volcán.

Entre la tierra se dan los más hermosos metales,

arroyos y manantiales,

todos con sabor a pan.

En la madre tierra están,

 la selva y fauna silvestre,

la verde flora campestre, el lugar de hombres felices.

Es la sierra y sus matices, la pradera cultivada,

la buena cosecha ansiada,

después de los días grises.

Tierra es la Itaca de Ulises,

 como la Ur del viejo Abraham,

tierra es el gran Canaán, de Moisés y su mañana.

Es el grito de Triana, frente a la América ansiada,

es nuestra patria añorada,

en la ausencia tramontana.

Tierra es la rica manzana,

 que Adán tuvo prohibida,

donde comienza la vida, y a través de su calvario.

Tierra es el helado osario, del indio y el negro esclavo

es un millón o un centavo,

del rico y el proletario.

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MADRE TIERRA

Marga Mangione / Argentina

Es la tierra una poesía,

el Señor nos ofrendara,

pidiendo al hombre cuidara, todo lo que allí creó.

Con amor nos entregó, el agua y el alimento,

el sol, la luna y el viento,

 Él, con fe nos lo brindó.

El hombre se sintió grande,

cuando Dios le dio la tierra,

todo lo que ella encierra, fue su legado y herencia.

Allí no primó la ciencia, aún no existía la guerra, 

 que al ser humano lo aterra,

 robándole la paciencia.  

El hombre que aquí llegaba,

 en pecado original,

aún no conocía el mal, ni su total desnudez.

Actúa con honradez, porque es un ser virginal,

y en su mundo sin igual,

no le teme a la vejez.

El Creador le dio un cielo,

 cubierto a veces de nubes,

generoso abre sus ubres, dándonos agua a raudales.

Bendición de manantiales, para regar las semillas,

para acabar con la trilla,

 en las cosechas anuales.

Puso Dios sobre la tierra,

infinidad de paisajes,

los bosques con sus ropajes, de mil verdes diferentes.

En ella no están ausentes, mares, ríos y montañas,

 al hombre le han dado mañas,

 valederas y abundantes.

Es esta tierra un crisol,

 profuso de bendiciones,

 aún repartida en Naciones, nos encuentra hermanados.

Con eso Dios ha logrado,  se cumpla así su enseñanza,

en época de bonanza,

y en tiempos desesperados.

Dios lo pensó con cuidado,

y nos dio cuatro estaciones,

para repartir sus dones, puso flores y animales.

Desde los mismos anales, de la historia de esta tierra,

la riqueza siempre encierra,

 a pesar de tantos males.

Tierra es  Egipto, y es Grecia,

 bello arte y mitología,

Europa con su hidalguía, África ejemplar inicio.

Es Roma fundando el quicio, de la santa cristiandad,

América y su orfandad,

con la conquista y su vicio.

En el comienzo de todo,

 de la viña del Señor,

hubo alegría y dolor, también hubo paz y guerra.

En esta bendita tierra, que nos cobija con celo,

está el infierno y el cielo,

 a lo que el hombre se aferra.

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PACHA MAMA

Sarah Petrone / Argentina

Pacha Mama. Fecunda matriz de vida generosa,

Tu vientre de verde suelo luminoso

Abraza la inmensidad pura y genuina.

Tierra. Mujer. Despliegue de brazos abiertos a la vida,

A toda la creación que se germina

Bajo la luz del sol. Inti glorioso.

Protectora del universo. Laboriosa.

Equilibrio entre la humanidad y el universo,

Voz de fertilidad que nos ofrenda

La bendición de Dios, que es infinita.

Pese a los egoístas desamores,

La rendición inclemente del planeta

Pone de rodillas tu simiente

Y el hombre clava el puñal en lo más hondo.

Tus lágrimas de dolor riegan tu suelo

Y vuelve a regenerarse el mismo ciclo.

Amor y odio es lo que generas

De cada uno de todos tus hijos.

Si comprendieran, acaso, el milagroso

Destino que nos tienes reservado,

El medio ambiente sería restaurado

Cono lo ha sido en la creación, desde el principio.

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PACHAMAMA 

Susana Piñeiro / Argentina

Sufre la Tierra agotada de atropellos y maltratos

llora el Aire, el gran Océano saqueado y contaminado

mueren tantos animales, se extinguen peces y aves,

mas el hombre en su ambición, se aferra aún más a sus planes.

Él bien sabe que su obrar trae consecuencias graves

no solo a la fauna y flora, en la humanidad recae;

creyéndose omnipotente no endereza sus acciones

trastocando el sano ritmo de las leyes naturales.

¿Hasta cuándo padecer catástrofes, tempestades

frutos de un accionar prepotente y descuidado

de quienes no les importa más que acumular ganancias

a costa ya del presente y porvenir de habitantes?

No será tarea fácil solucionar tantos males

mas todos somos capaces por lo menos de intentarlo:

divulgando las ideas, alertando y educando,

despertando más conciencias, creando comunidades.

Si valoramos la Vida y con amor la cuidamos

el mundo podrá ir sanando y el Bien se hará realidad,

sin duda redundará en salud y en armonía

¡Qué gran don la Creación, es un templo….nuestro Hogar!

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ODA A LA MADRE TIERRA

Francisca Zhagüi Chuchuca / Ecuador

Pachamama eres nuestra Madre,
la primera madre en este mundo
que el Todopoderoso creó.
Eres madre mujer generosa
que nos brindas todos los alimentos.

De ti nacen las vertientes de agua que forman ríos, cuyos caudales van creciendo y
van regando las llanuras.

De ti se forman las montañas
donde el cóndor alza el vuelo.

También eres tierra firme donde nacen
árboles frondosos, y mil riquezas guardas en tu corazón.

En las mañanas nos brindas tus sonrisas,
cuando sale el sol te vistes de bellas flores de mil colores.

Sonríe Madre Tierra, que las aves te cantan.

Somos tus hijas, que alimentas con tu naturaleza.

Somos mujeres como tú por eso te defendemos,
con nuestros pies firmes
para que nadie destruya tus riquezas.

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