MICRORRELATOS – SEPTIEMBRE
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COLABORADORES
Maren Alberdi – España
Elspeth Gormley – España
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Sarah Petrone – Argentina
Yanni Tugores – Uruguay
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SEMILLAS

Maren Alberdi- España
—¿Qué valores querés dejarles a tus hijos? —preguntó la abuela mientras removía el café, como si en ese gesto sencillo cupiera toda la vida.
La madre se quedó pensando. No quería repetir frases hechas ni discursos de manual. Miró a sus hijos jugando en el suelo, ajenos al mundo, y sintió que la respuesta no estaba en las palabras, sino en lo que ellos veían cada día.
—Quiero que aprendan a no mentir —dijo al fin—, pero no porque yo se los diga, sino porque me vean decir la verdad aunque duela. Quiero que respeten, pero no por obligación, sino porque me vean escuchar antes de hablar. Quiero que sean libres, pero no para hacer cualquier cosa, sino para elegir con conciencia. Quiero que amen, pero no por romanticismo, sino porque entiendan que el amor también es paciencia, límites y presencia. Quiero que sean valientes, pero no para ganar, sino para no traicionarse a sí mismos.
La abuela sonrió, como quien reconoce una verdad antigua.
—Entonces ya lo estás haciendo —respondió—. Los valores no se enseñan… se contagian.
La madre miró a sus hijos otra vez. Y comprendió que, sin saberlo, cada gesto suyo era una herencia invisible que ellos estaban aprendiendo a descifrar.
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EL CAFÉ

Elspeth Gormley – España
Tras más de cuarenta años sin verse, Elspeth reconoció a Clara en cuanto entró en la cafetería.
Tomaron café y hablaron del pasado.
O al menos, Elspeth lo intentó.
Clara solo hablaba de dinero, de éxitos y de personas importantes.
Mientras la escuchaba, Elspeth buscó a la niña bondadosa que compartía secretos y bocadillos en el recreo.
No la encontró.
Al despedirse, Clara sonrió satisfecha.
Elspeth observó su taza vacía y pensó:
«Qué extraño. La he reconocido por fuera, pero la persona que vine a ver no ha llegado.»
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SENTIMIENTOS

Carlos Pérez de Villarreal-Argentina
—¿Cómo te sentís escritor? ¿Seguís siendo el mismo o cambiaste? Si, ya sé, no me digas nada, te fuiste adaptando a todo. Tenés esa particularidad de acomodarte a cualquier circunstancia. Te conozco. Sos la imaginación llevada al límite. Un creador de mundos imaginarios. ¿Querés que te cuente algo? Ahora te convertiste en el punto de unión entre lectura y creatividad, rompiendo todos los moldes establecidos.
—Y sí, aquí estoy, escuchando, meditando, escribiendo…
—¿Pero no era ese el fin de tu vida?, ¿escribir no era tu pasión? ¡Al final estás en lo tuyo!
—No lo puedo negar, tenés razón, pero el trabajo se intensificó y está resultando pesado.
A veces pienso que es demasiado para mí.
—Me parece que estás exagerando. ¿No te parece bueno este nuevo destino?
—Puede ser. Pero… mejor pregúntale a Lucifer, quiere que le escriba sus memorias.
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EL HOMBRE DESNUDO

Sarah Petrone-Argentina
Al doblar la esquina lo vio de espaldas. El uniforme le generó confianza. El cabello oscuro asomaba prolijo por debajo de la gorra militar. Caminaba erguido delante de ella, como marchando en un desfile.
Con un impulso infantil lo siguió a un par de metros de distancia, despacio, recelosa, pero quería confiar en él, pensó que podría contarle, pedirle ayuda y protección. Se fue acercando en silencio sin atreverse a importunarlo.
El hombre se dio cuenta, pero no se detuvo, quizá por prudencia, pensó.
Él la miró de reojo y aminoro el paso. Con disimulo la fue guiando por la vereda del callejón oscuro que propicio el encuentro.
Con pánico reconoció en él a su violador prófugo de la semana pasada.
Volvió a tener el mismo terror, el mismo asco, el dolor que otra vez la paralizaba y a sentir el mismo olor acre de la piel de ese hombre desnudo sobre ella.
Cerró los ojos…y gritó.
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UNA RISA MÁS

Yanni Tugores-Uruguay
El verano nos regala una suave brisa; es noche de Navidad. Susurros de paz recorren el lugar; los niños juegan. Solo uno está alejado, no sonríe. Su madre se acerca. Él, con ternura, mira al cielo: —¿Dios le regalará una Navidad así a los niños pobres? Ella, emocionada al ver a su niño pequeño tan reflexivo, contesta:
—¿Esta noche es mágica, hijo mío; es Navidad. Todos los niños del mundo tendrán una cena hermosa y juguetes bajo el árbol. Una utopía, quizás, pero al menos ese día otro niño sonrió.
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