RELATOS SOBRE EL DESTINO- JULIO

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Destino

Hay caminos que parecen elegidos por nosotros… y otros que nos eligen sin avisar.

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COLABORADORES

Maren Alberdi – España

Enrique Fredy Díaz Castro – México

Elspeth Gormley – España

Antonio Morelos-México

Carlos Pérez de Villarreal – Argentina

María Rosa Rzepka – Argentina

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EL DESTINO NO ES UN MISTERIO: ES UNA CONSECUENCIA

Maren Alberdi – España

Hay días que no anuncian nada. Días que empiezan como siempre: el café, la luz, la rutina que se repite sin preguntarte si sigues siendo la misma persona que ayer. Pero el destino no trabaja con señales grandiosas. El destino trabaja con microcambios: una duda que aparece, una incomodidad que no sabes nombrar, una pregunta que no se va.

La mayoría de la gente cree que el destino es algo que llega desde afuera, como una carta que alguien deja en el buzón. Pero no. El destino se fabrica dentro, en silencio, mientras tú haces tu vida sin darte cuenta.

A veces se manifiesta en un gesto mínimo: una frase que te descoloca, una persona que te mira distinto, una decisión que parecía insignificante y termina moviendo una pieza que llevaba años quieta.

Ese día, mientras la ciudad seguía su ritmo, alguien —cualquiera de nosotros— sintió que algo estaba fuera de lugar. No era el mundo. Era él. Era su mirada. Era su forma de interpretar lo que siempre había visto igual.

En mitad de la mañana, sin ruido, sin urgencia, llegó esa sensación que no se puede explicar: una claridad que no ilumina, pero ordena; una certeza que no grita, pero pesa; una verdad que no cambia la vida, pero cambia la dirección.

No hubo milagros. No hubo epifanías. No hubo revelaciones.

Solo un instante. Un instante en el que uno se reconoce, en el que deja de mentirse, en el que entiende que el destino no es algo que “llega”, sino algo que se revela cuando uno está preparado para verlo.

Al final del día, nada parece haber cambiado. Las calles siguen siendo las mismas, la gente también, la rutina igual. Pero dentro… no. Dentro, algo se ha movido. Y ese movimiento —pequeño, íntimo, casi invisible— es suficiente para alterar un pensamiento, una decisión, un camino entero.

El destino, al final, no es magia. Es coherencia. Es el momento en que lo que sientes, lo que piensas y lo que haces dejan de pelear entre sí. Es el instante en que la vida deja de empujarte y tú empiezas a caminar hacia donde siempre supiste que tenías que ir.

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COMPAÑERO INSEPARABLE

Enrique Fredy Díaz Castro – México

Esa linea recta permanente e ineludible que nos rige y lleva por el único carril asignado de origen, semejante a carretera en desierto, línea de la que a veces da miedo mencionar, guarda la peculiaridad de ser única en cada uno de nosotros. Sesgos imperceptibles podremos tener en nuestro deambular, tropiezos y errores cometer, lo mismo que aciertos, pero la singularidad que tengamos es como una huella digital, fotografia de rostro que nos identifica en y ante el mundo.

Hoy que los años me atosigan con su din don permanente, reviso con frecuencia ese significado infalible y objetivo; destino, compañero infalible y rotundo: despliegas tus manecillas precisas para dictar cada segundo de mi ruta e invitas a que la mirada esté fija en lo que sigue, sin darme chance a reflexionar en el mañana, su cercanía kilómetros que como el horizonte se atraviesan frente a mi fruncido seño.

Compañero inseparable, destino (a veces amigo, otras no tanto) nunca accedas a que la trivialidad y el desconcierto me atosiguen en el turbulento discurrir de la época actual, dame  la fuerza para no perderme, levantarme y seguir como acostumbras: impávido, insensible y rotundo, a fin de cuentas estás en tu papel, eres el gran protagonista en la tierra, en el agua y en el aire, aunque Dios es el único facultado para decidir cuando y de qué manera iremos .

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EL DESTINO Y SUS FORMAS

Elspeth Gormley – España

El destino nunca se presenta como una línea recta. Tiene curvas, desvíos, silencios, mareas que suben y bajan sin avisar. Es una suma de decisiones que tomamos sin saber que eran importantes, encuentros que parecían casuales,pérdidas que nos rompieron,intuiciones que nos salvaron, y pequeñas señales que solo comprendemos cuando miramos hacia atrás.

Hay quien dice que todo está escrito. Hay quien asegura que lo escribimos nosotros.Yo creo que el destino es una conversación: la vida propone, y nosotros respondemos. A veces con valentía,a veces con miedo, a veces sin entender nada.

El destino llega de muchas formas. A veces es una persona que aparece justo cuando la necesitamos. A veces es una oportunidad mínima que, sin saberlo, cambia el rumbo. A veces es un viaje, un paisaje nuevo, un olor, una palabra que nos despierta. A veces es simplemente un instante: ese segundo en el que algo dentro de nosotros dice “sí” o dice “no”.

El destino no es un misterio. Es movimiento. Es avanzar, retroceder, detenerse, volver a empezar.

Es la manera en que elegimos, renunciamos, perdonamos, seguimos. Es la forma en que la vida nos toca… y la forma en que respondemos.

Y cuando lo transformamos en escritura, cuando lo dejamos en papel para que no se pierda, el destino se vuelve claro: se revela, se ordena, se ilumina. Como si las palabras encendieran una luz sobre aquello que antes solo era sombra.

Porque al final, el destino no es un lugar. Es la manera en que caminamos hacia nosotros mismos.

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EN EL DESTINO

Antonio Morelos- México

La conceptualización que se ha hecho del vocablo Destino, tomándolo como la estructura inmanente de la figura construida, como algo inevitable en la existencia del hombre, es bastante amplia y muy variada, aplicable en todos los niveles sociales: tanto en política como en religión, laborales, educativos y otros. Pero ¿el destino es algo construido con anticipación por alguien, para que tú llegues y tomes el que más te guste o el que te imponen? ¿O tú lo tienes que elaborar y cargarlo para siempre? ¿O se te entrega como una herencia?

Por lo que yo considero, es bien difícil aceptar una de esas opciones, porque para ser hombre no basta solo con serlo por nacimiento. No. Un hombre es por lo que crea y hace; es decir, es lo que él se proyecta ser. Por lo que él no es más que su proyecto. Un hombre es el resultado de sus actos: se hace al elegir su moral; es la relación que tiene con su compromiso real.

El destino, filosóficamente, es el determinismo y la predestinación. Religiosamente, se dice que el futuro es guiado directamente o escrito por un poder superior; es una fuerza sobrenatural e inevitable que rige la vida humana, que es predestinación y no azar.

En la Biblia lo marcan como un propósito divino apoyado en el libre albedrío, pero que no es azar.  Con base en todo esto, considero, que el vocablo destino, igual que suerte, pecado, purgatorio, gloria, infierno, así como diablo, son vocablos abstractos y que en realidad solo son eso, pero no existen

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¿EXISTE EL DESTINO?

Carlos Pérez de Villarreal – Argentina

El concepto de destino se refiere a una fuerza sobrenatural que es inevitable y no se puede eludir. Según muchas creencias, este impulso dirige la vida humana hacia un fin necesario y que ya está determinado. Esto se opone a la noción de libre albedrío o libertad.
Determinadas personas defienden que el destino está escrito desde nuestro nacimiento, como si cada individuo llegara al mundo en forma inevitable y ya definido.
Otras argumentan, en contrario, que el ser humano construye y moldea su propia trayectoria a medida que avanza en la vida.

Albert Einstein no solo dejó un legado imborrable en el campo de la física, sino que también compartió reflexiones profundas sobre diversos aspectos de la existencia humana. Entre los temas que atrajeron su curiosidad se encuentra el destino, y una de sus citas revela su pensamiento: «Un hombre se identifica gradualmente con la forma de su destino. Un hombre es, a la larga, sus propias circunstancias».
Esta perspectiva también abre la puerta a la reflexión sobre la capacidad humana para aprender, adaptarse y evolucionar a lo largo del tiempo.
Si somos, en última instancia, el resultado de nuestras circunstancias, también transformamos esas situaciones a través de las elecciones y esfuerzos conscientes.

En esencia, la afirmación de Einstein implica que nuestros sucesos, lejos de ser meros eventos externos, desempeñan un papel crucial en la formación del destino. La interacción constante entre nuestras acciones, decisiones y las situaciones que enfrentamos contribuye a la creación de la senda que recorremos en la vida. Este enfoque sostiene que no somos meros
espectadores pasivos, sino que participamos activamente en su creación y desarrollo.

No solo la ciencia y la filosofía nos dan la pauta para creer esto. En la literatura podemos citar al poeta Amado Nervo, que nos dice: «… yo fui el arquitecto de mi propio destino».
Hasta Borges, nos enuncia su pensamiento, en El jardín de los senderos que se bifurcan, primera parte de Ficciones, donde aparece el memorable relato La biblioteca de Babel, una historia sobre la eternidad y el infinito.
Existen múltiples visiones respecto al origen del destino: viene con nosotros al nacer como que se construye a través de las particulares decisiones.

En última instancia, parece depender de cada uno de nosotros; porque somos los protagonistas de la historia propia.
Es un aspecto misterioso de nuestras vidas, y aunque no sabemos con certeza si ya está escrito o si lo forjamos con cada elección, sigue siendo un tema apasionante y abierto a interpretación.
¿Creemos que ya todo está escrito?, ¿existe un destino fijado de antemano?, ¿somos los seres humanos quienes con personales decisiones moldeamos nuestras vidas?
Arduo debate.

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DESTINO DE GÁRGOLA

Maria Rosa Rzepka – Argentina

Siempre soñó con ocupar un lugar en el frente de ese templo, digno ejemplo de arquitectura gótica.
Lucirse cerca del inmenso rosetón que corona la punta del arco de entrada. Que todas las miradas se posen en su silueta. Por cierto mucho más vivaz que las de esas esculturas tiesas y apiñadas que miran desde sus almas de piedra desgastadas en los
arcos del portal. No tienen más remedio que presenciar la entrada y salida de los fieles y visitantes del templo desde su seriedad sin espaldas.

En cambio a ella le tocó un espacio secundario en el vértice donde se encuentran el sur y el oeste.
Son pocos los que caminan esos rumbos por los fondos del templo, a no ser los vagabundos o los que viven de la caridad, cuando al finalizar cada jornada se dirigen allí para ordenar sus tesoros o las migajas conseguidas.
El cielo es igual de azul, es verdad, y la vista se pierde en esa villa de campaña con sus casitas plantadas aquí y allá. Desde su ubicación parecen gotas de color salpicadas sobre un manto de colinas.
Todo está previsto. Invierno, primavera, verano y otoño se suceden con sus propias variantes.
Los que a poco eran chicuelos ensayando su puntería con piedras arrojadas a escondidas, ya son hombres. Los que cargaban bultos trajinando de un lado a otro, ya descansan en el camposanto, allí a pocos metros del templo.
Los arbotantes conservan su rigidez esquelética a pesar de las lluvias, el sol y los vientos.
El musgo se ensaña con los espacios menos expuestos a la luz y el calor, vistiéndolos con una alfombra verde oscuro. Y ella desde su puesto pareciera ignorarlo todo, pero no. Permanece atenta a las variaciones que se suceden desde hace unos trescientos y pico de años.

Ha visto pasar la vida de varias generaciones. Ha sido testigo de la industrialización, de los cambios de la moda, de las hambrunas y las pestes que dejaron un tendal de muertos y huérfanos de padres y de hijos.
Pero nada se compara con esos ruidos lejanos que van acercándose cada vez más hasta hacer vibrar las campanas aunque no sea horario para llamar al ángelus.
Pronto sabrá que son los soldados, los aliados como se los denomina a esa comunión de seres que muertos de miedo se esconden en las trincheras.

Entre los aldeanos algunos festejan su llegada y otros la ven como una pizca más del horror.
La virtud de las esposas sucumbe, ya por piedad, por placer o por violencia.
Ella, la gárgola es testigo mudo. Pero toma nota del momento histórico y de la histeria.
Desde su inquebrantable posición de piedra comprende que también los hombres están hechos de piedra, aunque tal vez nunca se den cuenta.

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