RELATOS SOBRE LA FELICIDAD – SEPTIEMBRE
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COLABORAN
Maren Alberdi — España
María Derlinda Costa Tasistro — Uruguay
Santiago García Vega — México
Carlos González Saavedra — Argentina
Elspeth Gormley — España
Andrea Kiperman — Argentina
Antonio Morelos — México
Andrea Morini — Argentina
Carlos Pérez de Villarreal — Argentina
Ana Unhold — Argentina
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LA FELICIDAD

Maren Alberdi- España
La felicidad nunca llega haciendo ruido.
A veces aparece como una brisa que apenas mueve las cortinas, como un destello mínimo que se cuela entre las rendijas del día sin pedir permiso. No avisa, no reclama, no exige. Simplemente sucede, como si el universo tuviera la delicadeza de tocarte el hombro sin que nadie más lo note.
Hay mañanas en las que uno se despierta sin saber por qué y siente que algo dentro está en calma. No es euforia, no es fiesta, no es triunfo. Es una serenidad tibia, como si el alma hubiera encontrado un rincón donde descansar. Y entonces lo entiendes: la felicidad también es eso, un silencio que acompaña.
Durante años la buscamos en los grandes acontecimientos, en los logros que brillan y en las metas que parecen justificar la vida. Pero la verdad, esa que solo se revela cuando uno ha vivido un poco, suele esconderse en lugares más sencillos.
En un gesto amable.
En una conversación que acomoda el corazón.
En un café compartido sin prisa.
En la certeza de que alguien piensa en ti.
En la luz que entra por la ventana y te recuerda que sigues aquí.
La felicidad es humilde. Por eso cuesta verla.
A veces se disfraza de rutina, de día normal, de tarde cualquiera. Se mezcla con las tareas, las preocupaciones y los pasos que damos sin pensar. Y, sin embargo, permanece ahí, esperando que la reconozcamos.
Porque la felicidad no necesita que la celebremos. Solo necesita que la miremos.
Hay quien cree que la felicidad es un destino, pero quizá sea más bien un instante que se abre. Una grieta luminosa en medio del caos. Un abrazo que llega cuando el alma se siente frágil. Una palabra que sostiene. Un recuerdo que salva. Un sueño que aún respira.
La felicidad es también aceptar. Aceptar lo que fue. Lo que no pudo ser. Lo que ya no vuelve.
Aceptar que la vida cambia y que nosotros cambiamos con ella. Que hay pérdidas que nos moldean y heridas que nos enseñan. Comprender que la felicidad no es la ausencia de dolor, sino la capacidad de seguir encontrando luz entre las sombras.
Y cuando por fin lo comprendes, algo dentro se acomoda.
Descubres que la felicidad no es un premio, sino una forma de mirar. Una manera de estar en el mundo. Algo que se cultiva despacio, como quien riega una planta sin exigirle que florezca de inmediato.
La felicidad es ese instante en el que respiras hondo y te das cuenta de que, a pesar de todo, estás viva. Que todavía hay belleza. Que aún queda camino. Que tu alma, llena de mareas, de memoria y de luz, sigue encontrando motivos para latir.
Y eso, aunque nadie lo vea, ya es felicidad.
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LEYENDA

María Derlinda Costa Tasistro–Uruguay
La leyenda dice que la felicidad es un todo que se funde con el vaivén de los sentimientos. A veces, pasa desapercibida y se nutre de la nostalgia de su pasado vencedor. ¿Quién niega la felicidad a un pobre desheredado?
Los pensamientos fluyen en el caudal de los creadores que bordean la orilla del sempiterno pensador para llegar a la verdadera felicidad.
El poema puja por nacer y da a luz las estrofas que acompañan su sentir. Eso es felicidad.
Felicidad, eterno desafío de una melancolía austera que compite sin piedad.
Felicidad que se añora en la magia nocturna que esconde su oscuridad, detrás de lentejuelas opacas que desprecian los rayos del sol.
Felicidad es, un sentimiento agudo que se trasmuta en lágrimas.
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SENDERO

Santiago García Vega-México
Sendero madrugador que a pie traviesa emprendes el recorrido apresurado, sin mirar adivinas la errante piedra que tropieza, hasta dónde llegarás a fuerza de volver a desandar.
Se aleja la tenue luz de la luna abriendo paso a la mañana, tiritan temerosas las serenas telarañas, el rocío y los primeros rayos del sol hacen temblar en colores diamantes en racimos brillan a contraluz, gotas que presumen su animación de suculentos aromas.
Sendero de la mañana que enderezas el camino, se han ido las sombras, las uñas ya no rasgan mis pasos, resfriadas hojas que se estremecen de agüita, arcoíris viajero, vivaz momentáneo efímero.
Sendero de pies descalzos al murmullo de la brisa, acostado caminito que en siesta toma rumbo a la laguna, y cuando unos van y se desprenden, otros se juntan pa’ no ir vacíos.
¿Así me recibes sendero con hierbas? Olores y más olores, texturas tan diferentes, garra lija y ajuate, a veces el musgo en flor y otras parejo llano, respira gozoso plenitud esencia de la vida.
Con nuestra sola presencia leve roce de los pies, ¿será que no quiere intrusos la concurrida vereda? Inesperada visita limitado al verde, por el centro colorado, expresionistas paredes de espinosillas, lavandas y manzanillas.
Abundante perfume que llenan mi inspiración.
Senderero al atardecer de resinas y estornudos, en gratitud fresco jazmín o sahumerio de santa maría que a la par de pinares se resbalan al regreso cansado por la jornada, cortito porque es a casa, cortito por quien espera.
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¡UN DIA DE FELICIDAD!

Carlos González Saavedra-Argentina
Ese lunes, veíamos sorprendidos, como te movías. Nos tranquilizaba que el martes a las nueve de la mañana teníamos turno.
Allí fuimos, la espera se hizo larga para mí, que aguardaba al lado del consultorio. Nervioso.
La secretaria me hizo pasar.
-Bueno, quiero comunicarle señor, que su esposa no tiene la suficiente dilatación y hay sufrimiento fetal.
-Casi con un nudo en la garganta, más un sudor frio, corrió por mi espalda. Pregunte-¿Qué hay que hacer?
-Vayan a la clínica, está acá, a la vuelta.
¡Ingrésela! Hablare yo.
Su hijo, nacerá por cesárea.
-Perdón y el bolsito que teníamos preparado?
-¡Que se lo manden!
Los dos estábamos tensos, no podíamos hablar. Trate de calmarla mientras caminábamos al sanatorio, cuadra y media de distancia.
Llame como pude, a un familiar para que traigan la ropita y sabanita que con tanto amor la madre, había preparado.
Todos corrían. Mientras miraba asombrado. Todo era nuevo para nosotros.
Todo, queda postergado por la urgencia. Hasta los pensamientos.
-De pronto se abre la puerta, la suben a una camilla y se la llevan
-¿Donde la llevan?
-¡Al quirófano! ¿Dónde iría, sino? ¡Ay éstos padres!
Eran las doce del mediodía y supe que la hermana de mi suegra, medica, había llegado con el bolso.
Su condición profesional y pediatra había permitido su ingreso a sala de operaciones.
Solo me bastaba esperar.
Los asientos y paredes blancas hacían los minutos más largos.
A la 12,30 Ofelia, la tía, sonriendo: ¡Felicidades, es un varón! Sanito, con una fuerza bárbara. Con sus bracitos abiertos y sus puños cerraditos.
-¡Carlitos espere! Así lo puede ver, en la nursery a través del vidrio.
Cuando lo vi por primera vez. Ufff, se frotaba la nariz con la almohadita. Solo pude decir con lágrimas en los ojos.-¡HIJO! ¡HIJO MIO!
Cuando trajeron a mi esposa a la habitación bajo los efectos de la anestesia, solo preguntaba. ¿Es sanito, tiene todos los deditos?
Ése sin dudas, fue el día más feliz de mi vida.
El día que fuimos padres, por primera vez.
Una felicidad para toda la vida.
Deseamos tanto ése hijo. Deseaba tanto que fuera varón
Este año en el mes de octubre precisamente el 26, Martin, cumplirá 50 años!
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LA FELICIDAD ES LO QUE SOSTIENE

Elspeth Gormley-España
La felicidad no siempre brilla. A veces es apenas una raíz, algo que no se ve y, sin embargo, sostiene todo lo demás.
Es el recuerdo de la infancia, ese país al que regresamos sin proponérnoslo, donde las manos que nos cuidaron siguen encendiendo luz cuando la sombra se acerca.
Es ver caer la tarde y saber que los tuyos están bien, aunque la vida los haya llevado por caminos distintos y ciudades lejanas.
Es aceptar el día tal como llega. Con sus alegrías y sus heridas, con el cansancio que pesa algunas veces y con las sorpresas que aparecen cuando menos las esperamos.
Es aprender a desear la paz para otros sin pretender retenerlos. Comprender que cada persona tiene su propio viaje y su propia manera de cruzar el mundo.
Es agradecer lo que permanece: una conversación sincera, una mirada cómplice, el mar que sigue esperando en el mismo lugar, la memoria que nunca termina de marcharse.
La felicidad quizá no sea una meta ni un instante extraordinario.
Quizá sea simplemente esto: caminar, amar, perder, aprender y seguir dando gracias mientras la vida sucede.
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¿QUÉ ES LA FELICIDAD?

Andrea Kiperman-Argentina
Antes que nada, como siempre, gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. Acompañando el tema del mes, quise realizar una consulta imprescindible y que también me parece importante que te tomes unos segundos y la hagas internamente: ¿qué es la felicidad?
Por supuesto que no es una pregunta que solo yo me he hecho, sino que también se la han planteado grandes pensadores a lo largo de los siglos y los siglos. Empero, aprovecho y la planteo aquí, en este presente.
No me caben dudas de que el concepto de la felicidad varía entre las personas: para algunos será poder compartir con la familia; para otros, conseguir un mejor trabajo o tener salud; para aquellos, seguir un camino profesional y sus pasiones, mientras que, para otros, será tener una vida tranquila, lejos de tanto ruido de las grandes ciudades.
La felicidad, dicen, no se nota; en el día a día pasa a veces desapercibida, como un suspiro o una brizna de hierba. También, a lo largo del andar por la vida, vamos apreciando más las pequeñas cosas, los pequeños regalos que la vida nos ofrece, los pequeños grandes compartires, y nos volvemos un poco más sencillos.
La felicidad, pues, está en lo pequeño. En los detalles, en compartir, en sentir especialmente, adentro nuestro, que estamos en sintonía con nuestros deseos y sueños más profundos, más íntimos. Por eso es tan importante ir conociéndose a través de los años y hacer un trabajo personal para poder ir descubriéndonos, y así encontrar nuestros propios conceptos de felicidad.
Ahora sí, sin más, los dejo con estas palabras y la pregunta planteada anteriormente. Quedo con ustedes…
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LA FELICIDAD

Antonio Morelos- México
¿Qué es la felicidad?
En la vida del hombre existen dos objetivos importantes, uno, es la libertad y el otro, es la felicidad.
Vamos a partir, de que el mayor referente de la libertad es el Saber, la preparación, pero también esto, es utópico, porque la libertad individual, empieza a desaparecer en el propio seno familiar, aunque la Constitución política de los pueblos dice que todo individuo al nacer es libre, los gobiernos opresores inventan o ponen filtros, para que el hombre, aprenda a obedecer, lo mismo que las religiones, con la creación de necesidades que no lo son, pero las crean y hay que obedecer, eso, ayuda a la formación de sociedades obedientes, dóciles, sin libertad, pero la Felicidad es muy diferente, este objetivo del hombre, tiene muchas definiciones, pero todas muy subjetivas, a título personal, yo considero que si es una actitud de sentimientos muy personales, la felicidad es: disfrutar al máximo lo que cada quien tiene.
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ELEGIA A LA ( IN ) FELICIDAD
Andrea Morini-Argentina
El fulgor de la dicha en una existencia doblegada por la sombra no dibuja un puerto seguro, sino el tajo fugaz de un relámpago que desgarra la noche para legar, en su retirada, una ceguera más espesa y un frío más hondo. Pretender que la felicidad constituye un estado permanente es el equívoco capital de los vivos; en verdad, se trata tan solo de un espasmo de la conciencia, de un paréntesis fortuito donde el dolor del mundo descansa el pulso por puro hastío.
La felicidad auténtica, si es que tal categoría merece nombrarse, trae inscrita en su simiente la ley de su propio derrumbe. Es un relumbre arrebatado al tiempo, un brillo endeble sobre la herrumbre que se consume en el mismo instante en que la mano intenta apresarlo. En el corazón de la dicha acecha siempre el reverso del terror: la certidumbre sorda de que el equilibrio es insostenible y de que el péndulo, inexorable, retornará hacia el fondo del abismo. Aquel gozo breve no nos redime; nos sentencia a calibrar con exactitud la profundidad de la caída.
Frente a este espejismo, la infelicidad no encarna un defecto ni una fractura del orden vital, sino el sustrato perenne de la existencia, la atmósfera donde la carne se gasta y el pensamiento madura. Late una extraña y sombría nobleza en la melancolía tenaz, en el habitar las ruinas propias sin mendigar consuelos fáciles ni redenciones de cartón. La desdicha nos despoja de los oropeles de la ilusión, nos arranca la máscara de la esperanza y nos fuerza a contemplar el engranaje desnudo del tiempo, esa maquinaria voraz que devora rostros, nombres y querencias.
Pensar la condición humana hasta el fondo exige renunciar al mandato tiránico de la alegría. La dicha edulcorada que pregonan los altares seculares de la autoayuda no es sino un anestésico vulgar, concebido para apartar al hombre del espejo implacable de su propia finitud. La verdadera madurez del espíritu arranca en el instante en que se asume que la vida discurre en la penumbra, que el sufrimiento constituye la argamasa de los días y que la belleza más alta, la de un acorde roto, un crepúsculo ceniciento o un recuerdo que ya quema, solo florece sobre un suelo fecundado por la pérdida.
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FELICIDAD

Carlos Pérez de Villarreal–Argentina
¿Qué es la felicidad?, preguntó la vida. La gratitud respondió que era disfrutar de lo que uno tiene hoy; la esperanza dijo que era reír sin miedo al mañana; la sencillez aseguró que era valorar los pequeños momentos; la libertad añadió que era dejar ir lo que lastima; y la paz, con voz serena, afirmó que era vivir sin compararse. Así, cada una de estas voces fue dibujando un mapa íntimo de lo que significa ser feliz.
La palabra felicidad tiene sus raíces en el latín felicitas, derivada de felix, que significa fértil o fecundo. Este término describe un estado emocional donde predominan las emociones positivas, un bienestar vinculado a las experiencias personales de cada individuo y que se manifiesta de maneras diversas según la personalidad y el carácter de cada uno. La felicidad es, en esencia, una sensación de plenitud y calidad de vida, un estado general que se alimenta de lo que somos, de lo que sentimos y de cómo interpretamos el mundo.
También está profundamente relacionada con la motivación, ese impulso que nos permite realizar acciones y satisfacer necesidades. Tener propósitos otorga sentido a la vida y actúa como motor de bienestar, porque convierte a la persona en creadora de sus propias experiencias. Desde esta perspectiva, la felicidad se asocia a una vivencia donde las emociones positivas prevalecen sobre las negativas, acompañada de un sentido de optimismo ante los desafíos que se presentan en el camino.
La felicidad implica, además, un compromiso. Está ligada a la manera responsable en que se abordan las tareas, especialmente aquellas que facilitan el desarrollo de habilidades y que están alineadas con los objetivos personales. Y, aunque parezca contradictorio, es posible experimentar felicidad incluso en medio de problemas y adversidades. Las dificultades no excluyen la oportunidad de ser feliz; más bien, la forma en que encaramos los problemas puede definir nuestra vivencia de ellos. Una actitud positiva se construye sobre la autopercepción, las creencias, los valores y la capacidad de disfrutar incluso en los momentos inciertos.
La felicidad depende, en gran medida, de nuestros deseos e intenciones. Las aspiraciones personales guían nuestras acciones y proyectos, generando bienestar cuando nacen de nosotros mismos y no de presiones externas. Desde la ciencia, se ha demostrado que en la química del cerebro existen neurotransmisores vinculados al bienestar, como las endorfinas, liberadas por la glándula pituitaria y el hipotálamo. Estas sustancias proporcionan un efecto analgésico y placentero, aunque su influencia sea efímera. Se generan ante estímulos como el enamoramiento, el orgasmo, el consumo de chocolate o alimentos picantes, la excitación sexual e incluso el dolor.
Algunas teorías consideran la felicidad como una habilidad personal para enfrentar los retos cotidianos. Por ello se sugieren prácticas como técnicas de manejo del estrés y ejercicios de autoconocimiento, concibiéndola como una meta alcanzable. Otras teorías proponen que experimentar felicidad fomenta la creatividad y la flexibilidad, abriendo la puerta a nuevos pensamientos y recursos frente a los problemas diarios, actuando como un motor que impulsa acciones y decisiones.
Diferentes psicólogos han intentado medir el nivel de felicidad mediante pruebas y escalas que evalúan factores como el estado de ánimo, las experiencias familiares, la percepción de logros y el nivel de optimismo. Desde la filosofía, Immanuel Kant describió la felicidad como un deber humano que depende exclusivamente de uno mismo. José Ortega y Gasset, por su parte, postuló que la felicidad surge cuando los deseos —la vida proyectada— se alinean con la realidad —la vida efectiva—.
Diversas religiones coinciden en que la felicidad es un estado de paz alcanzado mediante la unión con Dios. Mientras tanto, los budistas creen que solo se logra tras liberar el sufrimiento y vencer los deseos a través del entrenamiento mental.
De cualquier manera que lo veamos, estimo que depende de nosotros encontrar «la felicidad», esos pequeños momentos que le robamos a la vida,
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FELICITAS FUGAX SP

Ana Unhold-Argentina
Desde que fue instalada en cada país una Oficina Mundial de Reclamos, no dan abasto para atender a tanto público.
Larga filas de humanos de diferentes edades presentando sus reclamos sobre :”la felicidad”.
Se quejan de “falla de felicidad», «que la han tenido y la perdieron», «nunca la conocieron”…
Estas oficinas públicas donde se registran miles de números de trámite. Los empleados llegan agotados a las últimas horas de trabajo:
‒“Vengo a reclamar, me dijeron que duraba más”
‒ ¿Trae comprobante?‒ pregunta el abrumado empleado.
‒ No ‒
‒ ¿La compró Ud. o se la regalaron?
‒Creo que venía con la vida ‒ responde el reclamante.
Muchos de ellos tienen expectativas como garantía vencida, los momentos felices que no admiten devolución y esa costumbre humana de reclamarle a la felicidad justamente porque no se comporta como esperábamos.
Y siguen las querellas como para agotar a los empleados:
‒ Venimos a demandar porque nos dijeron que la felicidad consistía en “estar contentos”.
El empleado mira el expediente y responde: ‒No, hay un error‒ La felicidad no consiste en estar contentos. Consiste en encontrar para qué seguir cuando no hay motivos para estarlo.
El problema, ya mundial, empieza a llamar la atención de los científicos. No saben explicar este fenómeno. Por tanto, deciden crear la: Comisión Mundial para investigar que hay detrás de la felicidad. El trabajo científico comienza con intentar clasificar a este espécimen. La taxonomía es lo más importante: ¿Hay especies? ¿Subespecies? ¿Cuál es su habitat? ¿Cuáles son sus ciclos vitales? ¿Hay felicidades migratorias? ¿Se reproducen? ¿Cómo?¿Hermafroditas o sexos separados?
¿Desaparece? ¿Puede estar en cautiverio? ¿No está donde la estamos buscando? ¿Puede aparecer cuando uno hace algo por otro?
Sí, llegaron a un descubrimiento: La felicidad se resiste a ser atrapada porque quizá no es algo
que se posee.
¿Qué clase de fenómeno están investigando? Cuando más intentan clasificarlo más se diluye. Así, con método científico empiezan por estudiar: felicidad doméstica y silvestre; individual y gregaria; de corta duración y longeva; migratoria, parasitaria (a expensas de otro) quizá también felicidad simbiótica (que solo existe si está en otro); es como que cada vez tiene más
propiedades.Finalmente, la Comisión logra la clasificación:
Reino: Emociones
Phylum: Estados transitorios.
Especie: Felicitas fugasx sp.
Pudieron describir características, hábitos, alimentación, reproducción, depredadores. Aparece sin aviso, difícil de capturar, no sobrevive cuando la encerramos y suele desaparecer cuando decimos ¡Qué feliz soy!
Llega alguien más a la oficina de reclamos para denunciar que es una especie que se niega a permanecer en cautiverio. Se preguntan: ¿Es la felicidad un estado, un accidente, una decisión u otra cosa? Es un objeto de estudio particularmente insolente: se deja observar, pero no apresar.
La felicidad, como especie biológica quizá no sea una especie solitaria.
Ayudar a otros y sentirse útil puede aumentar el bienestar, la conexión y el sentido de la vida. Lo de salir del egoísmo es potente. La felicidad no se reproduce en cautiverio. Su hábitat son los lugares donde hay vínculos.
Su alimentación; pequeños actos de generosidad.
Sus depredadores: egoísmo, comparación, resentimiento y exceso de expectativas. Migraciones: aparece inesperadamente cuando estamos ocupados haciendo otra cosa.
Felicitas no siempre aparece cuando desaparece el dolor, a veces aparece cuando el dolor encuentra para qué servir.
Puede existir una forma de felicidad que no sea ausencia del dolor, sino capacidad de transformar
el dolor en vida para otro.
Un científico de la Comisión dijo algo desconcertante: la felicidad no parece alimentarse de felicidad, se alimenta de sentido.
Se suceden largas discusiones en el equipo científico, la investigación debe terminar pero el problema, no. Deben confirmar o negar las hipótesis planteadas. Coinciden en que la felicidad no es un estado permanente en la vida. Otro muy experimentado, aporta que quien la ha vivido, sabe que no necesita poseerla para haberla disfrutado. Un plácido silencio se extendió por la sala…
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