CARTAS – AGOSTO

NOTA EDITORIAL

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Cartas-junio

CARTA A MI NIÑA INTERIOR

Maren Alberdi – España

Mi pequeña:

Hoy he querido sentarme a hablar contigo. Sin prisas. Sin exigencias. Sin intentar arreglar nada. Simplemente para encontrarnos.

Hace mucho tiempo que te llevo dentro y, sin embargo, a veces olvido escucharte. La vida se fue llenando de responsabilidades, de relojes, de expectativas, de aprendizajes necesarios, y en medio de todo eso tu vocecita quedó algunas veces escondida detrás del ruido.

Pero nunca desapareciste. Sigues ahí.

En mi capacidad de asombro cuando contemplo un cielo especial. En las lágrimas que aparecen cuando algo me conmueve profundamente. En las ganas de bailar cuando nadie mira. En los sueños que todavía guardo, aunque a veces me dé miedo pronunciarlos en voz alta.

Quiero decirte algo que quizás necesitabas escuchar hace mucho tiempo: no hiciste nada mal. No eras demasiado sensible. No eras demasiado soñadora. No eras demasiado intensa. Simplemente sentías la vida con todo el corazón.

Sé que hubo momentos en los que te sentiste sola, incomprendida o asustada. Momentos en los que pensaste que debías ser distinta para ser querida. O más fuerte. O más perfecta.

Ojalá hubiera podido abrazarte entonces. Ojalá hubiera podido decirte que un día llegarías hasta aquí, que sobrevivirías a muchas tormentas y que descubrirías que la verdadera fortaleza no consiste en endurecerse, sino en seguir conservando la capacidad de amar.

Quiero darte las gracias. Gracias por tu amor al mar. Gracias por tu curiosidad. Gracias por tu imaginación. Gracias por seguir creyendo en la belleza incluso cuando el mundo parecía empeñado en mostrarte otra cosa.

Gracias por enseñarme a mirar los pequeños milagros cotidianos: una flor que se abre, una conversación sincera, la caricia del sol, la lluvia golpeando una ventana.

Hoy no vengo a pedirte nada. Solo quiero que descanses. Que sepas que ya no tienes que demostrar tu valor. Que eres suficiente. Que eres amada.

Y que la mujer en la que te has convertido seguirá cuidando de ti. Tomándote de la mano. Escuchándote. Defendiéndote. Y recordándote siempre que, aunque pasen los años, jamás dejarás de ser una parte hermosa de mí.

Con todo mi amor, Tu yo de hoy

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CARTA

Carlos González Saavedra – Argentina

En este día de copiosa lluvia, me puse a reflexionar.

Cada gota que salpica mis pies me trae un recuerdo de la adolescencia.

La vida nos volvió a juntar.

Envió esta carta para que sepas, que sigo esperándote.

Amanda o Sofía:

Te extraño tanto, que apenas una suave brisa me acaricia, pienso que llegaste.

Al tiempo una enorme desilusión me envuelve.

Tus días en la cárcel se hacen muy largos

Los míos esperándote, aún más.

Los días de encierro, nos han servido, para conocernos.

Llegará el momento que la vida nos pondrá libres

Seguiré trabajando en la penitenciaria.

Te seguiré cuidando para nadie, te ponga un dedo encima. Dentro o fuera de aquí.

Seguirás presa, por tu profesión, de viuda negra. Suerte! No has matado a nadie.

Seremos libre al fin. Al fin estaremos juntos del mismo lado.

Te deseo lo mejor!

Eduardo

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CARTA AL TIEMPO

Elspeth Gormley – España

Tiempo:

Te nombro así, sin adornos, porque desde que nací estás conmigo. No te veo, pero te siento. No te escucho, pero me hablas. No te toco, pero me rozas cada día.

Dicen que empezás a descontar desde el primer latido, como si fueras una cuenta atrás, como si tu misión fuera apurarnos, empujarnos, recordarnos que nada es eterno.

Pero yo he aprendido otra cosa. He aprendido que también sos lo que nos sostiene. El tiempo que perdemos, a veces nos salva. El tiempo que regalamos, nos vuelve más humanos. El tiempo que usamos para tender una mano, para escuchar, para acompañar, para amar, ese tiempo nunca se pierde.

Vos y yo hemos tenido nuestras batallas. Me has arrebatado personas, me has quitado lugares, me has borrado días que no volverán. Pero también me has dado instantes que no se repiten, miradas que no se olvidan, abrazos que no se explican, silencios que curan.

A veces te temo. A veces te agradezco. A veces te ignoro. A veces te suplico que te quedes un poco más.

Sé que no vas a detenerte. Sé que no vas a esperarme. Sé que no vas a negociar.

Pero también sé que, mientras me quede un segundo, mientras me quede un respiro, mientras me quede una palabra, puedo elegir cómo vivirte.

Por eso hoy te escribo. Para decirte que no sos mi enemigo. Que no sos mi verdugo. Que no sos mi juez.

Sos simplemente el camino. El que me acompaña desde el primer día y me llevará, sin prisa, hasta el último.

Y mientras tanto, mientras sigas aquí, mientras sigas contando, mientras sigas avanzando, yo voy a seguir haciendo lo único que tiene sentido:

Vivir. Recordar. Amar. Y no desperdiciarte.

Con respeto, con luz, con conciencia, te escribo desde este presente que es mío y que vos, Tiempo, ya estás convirtiendo en pasado.

Elspeth.

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CARTA

Andrea Kiperman – Argentina

Querida amiga:

Quisiera comenzar esta carta diciéndote lo mucho que te extraño. Sé que no hablamos ni nos vemos hace años, pero también estoy segura de que este no es tiempo de reproches. A veces la vida es caprichosa y nos aleja de ciertas personas sin explicación alguna, como si el destino jugara a mover hilos que no vemos.

Espero que no te olvides de ti entre tantas rutinas y quehaceres diarios, esos que parecen invisibles para casi todos… pero no para mí. Sé de todo lo que haces, de lo que te cuesta transitar los días con una sonrisa: a veces fingida, a veces soñada, y otras sostenida apenas por la esperanza de que pronto puedas sonreír genuinamente.

Querida amiga, sé lo que es pasar noches en vela, pensando en cómo seguir adelante un día más con todo lo que la vida exige. Acuérdate de que después de la tormenta siempre llega el sol; no sé si será mañana, dentro de un mes, dentro de un año o dentro de varios —nadie puede saberlo— pero quédate tranquila: las cosas cambian, incluso cuando no lo vemos venir.

Paso a paso, día por día. Y no te olvides de regalarte alguna pequeña alegría. Aunque sea mínima, aunque parezca insignificante, porque de las pequeñas cosas se construyen las grandes. A veces nadie nota tu dolor, tus esfuerzos, tus batallas… pero yo sí. Y te felicito por eso: por seguir intentando, por seguir caminando, por dar siempre lo mejor de vos incluso cuando el mundo parece no darse cuenta.

A veces toca caerse, pero lo importante es darse el tiempo y levantarse, con más fuerza, con más calma, aceptando que también eso forma parte de la vida.

Querida amiga, yo estoy aquí con vos: para cuando quieras escribirme, para cuando necesites llamarme, para cuando necesites hablar. Esta carta va dirigida a todas mis amigas, a las amigas de mis amigas… y también a vos.

Quedo contigo.

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CARTA DE DESPEDIDA

Sarah Petrone – Argentina

         Queridos hijos, hace muchos meses que no sé nada de ustedes, que espero una llamada, una carta, un saludo. Algo que me diga que aún piensan en mí, que me recuerdan. La distancia no es tanta y sin embargo nunca tienen tiempo para mamá y mi corazón agrietado cada día se rompe más, por eso he tomado una decisión drástica para con mi vida, porque no quiero que alguna vez tengan que cuidarme, cuando los achaquen se agudicen ya no pueda valerme por mí misma. Yo no quiero que me internen en un geriátrico, como alguna vez me insinuaron.

Cuando reciban esta carta ya no estaré en vuestras vidas, nunca más. Lo que voy a hacer lo he meditado desde hace muchísimo tiempo. Los quiero mucho  a pesar de todo, pero aprendan a vivir sin mí.

Lo único que les pido es que no empiecen con esas estupideces que se dicen por ahí, como: «VOLÁ MUY ALTO». «REUNITE CON PAPÁ, EL AMOR DE TU VIDA QUE TE ESTÁ ESPERANDO ALLÁ ARRIBA». «O, ANDÁ CON LOS ABUELOS, TUS PADRES».

En primer lugar quiero decirles que no pienso volar alto, a ningún lugar. No se olviden que siempre sufrí de vértigos. En cuánto a eso de encontrarme con su padre, les comento que si algún día lo volviera a encontrar, no sé cómo reaccionaría. Demasiado soporté en su vida las infidelidades y las mentiras. Todo lo soporté por ustedes, por mantener la familia unida. Y en cuánto a mis padres, castraron mi infancia y mi adolescencia y ni que hablar de mi juventud, que hicieron un infierno de mi vida por sus ideas retrógradas y severas.

Sé que por el momento no me voy a encontrar con ninguno de ellos. Estoy en paz conmigo y con el universo. También con ustedes. No se peleen por la herencia que les toca, como lo hicieron siempre porque no dejé nada al azar. ¿Comprendieron? NO DEJÉ NADA.

Vendí todo. Mis propiedades, mis empresas, mis autos, mis joyas que pude rescatar después de los desfalcos que me hicieron en su provecho, mientras fingía no ver y por dentro me desangraba de dolor por el egoísmo de mis hijos a los que nunca negué nada. Pero todo tiene un costo. No dejo de amarlos por eso., pero me voy de sus vidas para siempre, con un compañero de ruta veinte años menos que yo. Recorreré el mundo que me negaron.

PD. Me olvidaba decirles que se hagan cargo de mi querida suegra, su abuela, que ya la mandé con sus valijas, su silla de ruedas y pañales a vuestra casa. Toda la vida vivió conmigo y no me la hizo fácil. Ahora les toca valorar la madre que perdieron. Los quiero. Mamá.

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