Como siempre, gracias por estar del otro lado, leyendo estas líneas. En esta oportunidad, el tema central es Renacer. ¿Cuántas veces en la vida nos ha tocado renacer como el mismísimo Ave Fénix? Creo que, a lo largo de nuestra vida, nos toca atravesar diferentes circunstancias de aprendizaje y crecimiento que, por momentos, nos ponen un espejo delante con nuestros miedos más profundos, con nuestra oscuridad, como parte necesaria para poder sanar.
Muchos dicen que cada día uno puede renacer, como si el reloj volviera a empezar con 24 horas disponibles para nuevas oportunidades. En lo que respecta a mi punto de vista, pienso y creo lo mismo: cada día nos ofrece un tiempo nuevo para poder hacer las cosas de manera diferente, para analizar con buenos ojos lo vivido y empezar de nuevo.
Cada día tiene un afán distinto, una energía diversa que nos permite transitar la vida de la mejor manera posible. El tan aclamado Aquí y ahora nos conecta con ese momento presente, con este hoy que también es infinito. Con este presente que nos permite todo.
Te invito a tratar de ampliar el panorama, entendiendo que las cosas pueden ser diferentes hoy; a intentar que cada “hoy” nos empape de la esperanza y la sabiduría que nos envuelven. Entendiendo que hay días distintos, que podemos sentirnos de una determinada manera, pero que nada —absolutamente nada— es estático: todo se mueve, como nosotros mismos.
Ojalá que la brisa corra fuerte y logre equilibrarnos para poder RENACER todos los días.
Quedo con ustedes…
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-01-22 11:27:072026-01-22 18:33:07ASESORA – ENERO
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
Memoria y presencia compartida
Este diciembre no es solo el cierre de un año: es un punto de inflexión para mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con responsabilidad. En estas páginas conviven las voces de quienes ya no están y dejaron una huella imborrable, y las de quienes siguen acompañándonos con su creatividad, su constancia y su confianza en este proyecto colectivo.
Recordamos con respeto a quienes partieron, porque su presencia continúa en cada texto, en cada gesto y en cada iniciativa que hoy sigue creciendo gracias a ellos. Y al mismo tiempo celebramos a quienes sostienen esta revista mes a mes, enviando sus relatos, poemas, crónicas, ensayos y reflexiones. Gracias a esa participación constante, este espacio se ha consolidado como un lugar de encuentro, de diálogo y de construcción cultural.
Este año ha sido especialmente significativo para nuestra comunidad. Han surgido nuevos proyectos literarios, se han fortalecido colaboraciones, y hemos visto cómo la creatividad de nuestros autores se expande hacia formatos diversos: desde concursos y ciclos temáticos hasta propuestas visuales, crónicas históricas, cartas, relatos breves y ensayos que abren debate. Cada iniciativa ha demostrado que la literatura sigue siendo un territorio fértil, capaz de unir sensibilidades distintas y de generar conversación en tiempos donde la dispersión parece imponerse.
La Navidad nos recuerda que la ausencia forma parte de la vida, pero también que la presencia —cuando se comparte con generosidad— se multiplica. Esta edición es, por eso, un homenaje doble: a quienes dejaron una semilla que continúa floreciendo, y a quienes hoy la riegan con su palabra, su compromiso y su entusiasmo. Porque una revista no se sostiene solo con textos: se sostiene con personas. Con su tiempo, su dedicación, su mirada y su deseo de formar parte de algo más grande que sí mismos.
Miramos hacia el nuevo año con la convicción de que aún quedan muchos caminos por recorrer. Queremos seguir ampliando espacios, abriendo puertas a nuevas voces, impulsando proyectos que fortalezcan la lectura, la escritura y el intercambio cultural. Queremos que esta revista siga siendo un lugar plural, vivo, dinámico, donde cada autor encuentre un hogar y cada lector, un motivo para volver.
Que el próximo año nos encuentre con la misma energía creativa, con la misma generosidad compartida y con la certeza de que cada colaboración suma y fortalece este proyecto común. Seguiremos trabajando para que estas páginas continúen siendo un espacio abierto, respetuoso y luminoso, donde la palabra no solo se lea, sino que también acompañe, inspire y construya
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-12-21 16:56:042025-12-21 16:56:05EDITORIAL – DICIEMBRE
En este diciembre, no felicitamos solo unas fiestas: celebramos la fuerza de la palabra que nos ha sostenido todo el año.
El lenguaje nos enseñó que incluso en la distancia hay abrazo, que en la fragilidad hay comunidad, y que en cada voz se enciende una chispa capaz de iluminar al mundo.
Hoy queremos compartir esa luz con todos: con quienes escriben, con quienes leen, con quienes sueñan y con quienes luchan.
Que estas fiestas sean un puente de solidaridad, un árbol que se alza con raíces de memoria y ramas de esperanza, un canto colectivo que nos recuerde que la literatura no es sólo arte, sino también refugio, resistencia y futuro compartido.
Porque en cada letra late un mundo, porque las letras son faro en la noche y puente en la distancia, y porque somos herederos de la palabra, en ella encontramos siempre el camino hacia el mañana.
Este año ha sido un viaje de letras compartidas, de aprendizajes y de compañía. Cada página publicada, cada concurso celebrado, cada voz escuchada, nos recuerda que la literatura no es solo creación: es también sostén, amistad y comunidad.
He sentido que las letras me han sostenido en los días de malestar y cansancio, y que la compañía -visible o invisible- ha sido un regalo de la vida. En cada colaboración, en cada diálogo, he descubierto que la palabra puede ser mano derecha, profesor leal y amigo constante.
Por eso, hoy quiero agradecer a quienes escriben, a quienes leen, a quienes han estado presentes en cada instante de este año.
La revista Letras Hispanas por el Mundo les desea unas fiestas llenas de letras, comunidad y esperanza.Que el próximo año nos encuentre reunidos en la palabra,y que esa palabra siga siendo nuestro mejor abrazo al mundo.
Presentamos con satisfacción los resultados del Concurso Internacional de Poesía Liliana Lorán y del Concurso de Narrativa Elsa Lorences. Esta edición destacó por la calidad, la diversidad y la sensibilidad de las obras enviadas. Agradecemos al jurado por su labor responsable y a cada participante por enriquecer estos certámenes con su voz literaria.
𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐣𝐮𝐫𝐚𝐝𝐨 “Dos concursantes, Blue Star y Taña, presentaron poemas dignos de la categoría de ganador. En Blue Star primó la fantasía y la originalidad de sus figuras literarias, todas de gran profundidad poética. La poesía de Taña destacó por su emotividad y dominio de las formas clásicas —romance, soneto y décima—. Ambas obras se inscriben en los cauces de rigurosa poética y merecen especial reconocimiento.”
𝐅𝐈𝐍𝐀𝐋𝐈𝐒𝐓𝐀𝐒 por orden de puntuación 𝐒𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚 𝐑𝐨𝐦𝐞𝐨 — Argentina 𝐄𝐥𝐨𝐲 𝐋𝐚𝐯𝐢́𝐧 — España 𝐒𝐚𝐫𝐚𝐡 𝐏𝐞𝐭𝐫𝐨𝐧𝐞 — Argentina
𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬 “El jurado desea destacar la calidad de las obras finalistas, todas ellas dotadas de sensibilidad, rigor poético y una voz propia que merece ser celebrada. Cada texto aportó una mirada singular y un dominio notable de los recursos literarios.”
𝐏𝐫𝐞𝐦𝐢𝐨𝐬 𝐲 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 Los ganadores recibirán por correo postal una Estatuilla personalizada. Además, estamos preparando una Antología con obras seleccionadas de esta edición. Como gesto de gratitud, se enviará un certificado a quienes han alcanzado los primeros puestos (excepto a las ganadoras), honrando su voz y su esfuerzo literario.
Tras la lectura y evaluación de los textos presentados, el jurado ha considerado que la obra Todos y Ninguno, de Andrea Morini (seudónimo Fridita), se distingue por su crudeza y fuerza de denuncia social, capaz de conmover y dejar huella. Se sitúa en un nivel superior, obteniendo una puntuación de 4,95.
𝐅𝐈𝐍𝐀𝐋𝐈𝐒𝐓𝐀𝐒
𝐌𝐚𝐫𝐜𝐞𝐥𝐚 𝐁𝐚𝐫𝐫𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 — Argentina
𝐘𝐚𝐧𝐧𝐢 𝐓𝐮𝐠𝐨𝐫𝐞𝐬 — Uruguay
𝐉𝐮𝐥𝐢𝐨 𝐌𝐚𝐫𝐭𝐢́𝐧𝐞𝐬 — México
𝐃𝐚𝐧𝐢𝐞𝐥 𝐄. 𝐙𝐡𝐢𝐦𝐞𝐫𝐧𝐚𝐧 — Costa Rica
“Las cinco obras finalistas poseen una fuerza que atraviesa la página y una construcción narrativa firme, capaz de sostener mundos, voces y emociones con madurez literaria.”
𝐏𝐫𝐞𝐦𝐢𝐨𝐬 𝐲 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬
La ganadora recibirá por correo postal una E𝐬𝐭𝐚𝐭𝐮𝐢𝐥𝐥𝐚 𝐩𝐞𝐫𝐬𝐨𝐧𝐚𝐥𝐢𝐳𝐚𝐝𝐚.
Además, se prepara una A𝐧𝐭𝐨𝐥𝐨𝐠𝐢́𝐚 con obras seleccionadas de esta edición.
Como gesto de gratitud, se enviará un 𝐜𝐞𝐫𝐭𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐝𝐨 a quienes han alcanzado los primeros puestos (excepto a la ganadora), honrando su voz y su esfuerzo literario.
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Aquí comienza el invierno de las palabras. Cada verso, una luz encendida.”
✦ Colaboradores de este mes ✦
Pilar Adón – España
Magi Balsells – España
Johanna Barraza – Colombia
Inés Blanco (Lluvia de abril) – Colombia
Libia B. Carciofetti – Argentina
Enrique F. Díaz Castro – México
María Cristina Fervier – Argentina
Eduardo Milán – Uruguay
Luis García Montero – España
Carlos González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Lamberto Ibárez Solís – México
Carlos Jaramillo – México
Andrea Kiperman – Argentina
Liliana Lorán-Argentina
Marga Mangione – Argentina
Jesús Rodríguez Sánchez – Venezuela
❁ ❁ ❁
LA PROCESIÓN DE LAS PANATENEAS
Pilar Adón – España
Vuelvo a clavar por los marcos
rajados de humedad
las chinchetas de cabezas rosadas
y puntas fieles
que ingresan en la madera
y se asientan como flechas
para soportar el peso invariable
de las manitas
de mis muñecas.
Con vestidos de niña
aterciopelada.
Vuelvo a observar el susto aterrado
de las caras andrajosas
de mis muñecas hembras.
Y vuelvo a temer (imaginar)
un temblor en sus ojos.
De harina
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
QUISIERA
Magi Balsells – España
Quisiera siempre amanecer a tu lado
Notando el suave calor de tu cuerpo
Y decirte lo que de ti estoy enamorado
Contemplar la tersura de piel morena
Acariciar sin prisa y ternura todo tu ser
Ni un instante perderte, seria una pena
Me miras y tímidamente sonríes, que belleza
Entornas tus bellos ojos, mientras suspiras
Reposando en mí pecho tu querida cabeza
Noto las palpitaciones tu sensible corazón
Mientras tus manos con las mías se juntan
Es este momento vislumbro tu gran pasión
Buscas mis labios suavemente con anhelo
Me besas ardorosamente con gran ilusión
No los rehuyó al contrario los espero
Nuestros cuerpos una vez más se juntan
Con esta demostración de entrega total
Sin temores, son deseos que nos atan
Que bello es amar así y ser amado
Con esta entrega sin condiciones
Felices somos por haberlo logrado
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
REY SOL
Magi Balsells – España
Mientras aparece en la mañana el sol luminoso
Y las naturales neblinas van desapareciendo
Junto con las luces de un nuevo día hermoso
Pone en marcha nuestra vida con nuevo atuendo
Ya el majestuoso astro rey en su cenit se eleva
Secando las gotas del roció de cada mañana
Y da belleza a las sombras que todo ser lleva
Todo resplandece con alegría y no extraña
Hace su diario recorrido por el azul cielo
Unas nubes tapan su presencia solo un instante
Pero vuelve a emergen con mucho mas anhelo
En el mediodía brilla con su fulgor abrasante
En la tarde empieza su ocaso como cada día
Poco a poco sus rayos van palideciendo
Pero no por ello pierde su suave armonía
Aunque en los brazos de la noche va cayendo
Con el silencio del día se va escondiendo
La noche. Segura, empieza su caminar lento
Pide paso, dejando el cielo oscureciendo
No importa, volverá, solo es un aplazamiento
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
EL ÁRBOL DE NÍSPERO
Johanna Barraza – Colombia
junto al que murió mi padre
ha sido cortado.
Mi vecina vino a traerme
sus últimos frutos y una bala
que encontró en su tronco.
Teníamos dos cosas en común,
haber sostenido su cuerpo
mientras sangraba
y mantenernos en pie
sin importar los disparos.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
PÁJARO EXTRAVIADO
Inés Blanco (Lluvia de abril ) – Colombia
Cuando la belleza del arte o del paisaje hiere los ojos;
porque lastima lo bello, lo anunció Stendhal-. Así, gime un pájaro lejano que ha perdido la voz de tanto implorar al aire lo guíe de regreso al nido. Se ha extraviado del arrullo, de la rama, del gorjeo… hasta de su propio canto. También el silencio agoniza cuando lenta la lluvia se desliza en los tejados… Cuando la soledad enmudece las campanas; callan los rezos de la abuela y se apaga, sin razón, el fuego, A pesar de todo, el paisaje sigue allí, húmedo, intacto, bello y solo… como un pájaro extraviado.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
SE ME PERDIÓ EL AMOR
Libia B Carciofetti – Argentina
¡Se me perdió el amor!
Y encontrarlo fue mi propuesta.
Vacío mi corazón estaba
y sumido en honda tristeza.
Escribir sin estar llena de amor
es imposible para un poeta.
Lo necesita como la respiración
que a sus pulmones oxigena.
Lo busque en campos de lucha
en el fragor de una guerra…
En llantos desgarrados de madres
que vieron sus vidas deshechas.
Lo busqué en centros de salud
entre paredes blancas y semi desiertas.
En hogares para ancianos
los que a la sociedad les molestan.
En orfanatos para niños
rescatados de la pobreza.
Donde les sobran alimentos
pero faltan padres a su mesa.
Lo busqué entre la juventud
pero de la droga ya eran presa.
Lo busqué en gobiernos de turno
pero no renunciaron a sus riquezas.
Entonces elevé la vista al cielo
y había una cruz excelsa.
Con un Jesús que me miraba
lleno de dulzura y pureza…
No dudé en llamarle ¡AMOR!
Enseguida acudió con su respuesta.
Aún hay lugar pronto comenzará la Fiesta.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
BENDITA VIDA
Enrique F. Díaz Castro – México
Con probar esas tortillas
hechas por pródigas manos,
nos hace saber que estamos
con nuestra gente sencilla,
en un ambiente que orilla
a sentir la calidez
que en franqueza y honradez
te ofrece quien es sincero;
su diestra da con esmero
tal como ocurrió esta vez.
El picor de esa salsita,
con queso fresco y frijoles,
¡Ay! Que a su sazón le pones
el diente, porque exquisita
esa barbacoa invita
en anchos platos de barro,
junto a un pródigo tarro…
de cerveza que al probar,
festeja tu paladar
y al taco, sabor «le agarro».
Bien por está invitación
que gentiles nos hicieron;
en amena convirtieron
de la tarde la ocasión,
dando fuerza a la razón
de esta amistad consabida
cual «caballo en buena brida»
correspondiendo el afecto,
sólido, abierto y directo…
¡Mil gracias, BENDITA VIDA!
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
PLENILUNIO
– Enrique Fredy Díaz Castro – México
Reposo después de la jornada,
y el patio convida a ver la luna;
(a aquella que de niño pedía tuna)
bajo la fresca noche iluminada…
Impone ver la bóveda celeste,
inmensa y por estrellas tachonada,
portento del Creador, engalanada,
sin que al mortal, un ápice esto cueste.
Quizá para otros no es excepcional,
mirar la luna en octubre ó junio,
pero a mí contemplar el plenilunio,
me brinda una terapia espiritual.
Será que quienes somos soñadores,
en el satélite nos absortamos,
con él, tranquilamente platicamos
de éxitos, también de sinsabores…
¿Qué importa si alguien más nos llama locos?
¡ Si locos hay bastantes en la tierra !
que somos enemigos de la guerra,
¡ Y amamos a la vida cómo pocos !
Bendita inspiración ¡Nunca te acabes!
y sé como la luz de luna llena,
que alienta al corazón y alivia penas
mandándolas al viento en alas de aves…
Jueves 18 de noviembre de 2021, por la noche. ❁ ❁ ❁ ❁ ❁
MADRUGADA
María Cristina Fervier – Argentina
La madrugada teñida de lirios
busca el azul del encuentro.
Dianas de gloria resuenan
en las vísceras de estrellas
que tiemblan de gozo
al presentir la luz que Eros,
en suave brizna,
deja como una caricia.
Los poetas no duermen,
vuelan en pos de quimeras,
tienen en sus alas polvo de luna de plata.
Con trote de ciervo aventurado
nacen las palabras.
y el poema cobra vida en la madrugada.
Pájaros se desperezan con trinos
y en el corazón hacen nido,
más allá entre las sombras acechan
las uñas afiladas del mundo
con el mórbido deseo
de transgredir los sueños.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
POR QUE AMO TU LOCURA
Eduardo Milán – Uruguay
¿Por qué amo tu locura, tu desparpajo, tu falta de reloj y tus atajos cuando estoy prácticamente a punto de caer de cabeza en el abismo?
O sea en ti. Pero no sólo eso: hay mucho más de ti que quiero y no revelo. Esa lámpara que enciendes en el fondo.
*
He visto poemas calentar el corazón de más de uno que no creía en su calor, en su corazón. Era como una hoguera para las manos frías y central, alrededor como una hoguera. Vi ese fuego estando en su palabra. Claro que era de su misma madera, extraído de su mismo árbol bajo la misma noche, bajo esas estrellas.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
LA PRIMAVERA DE LA ESFINGE
Luis García Montero – España
Olvídate de mí si estás conmigo.
Podemos permitirnos este lujo de abandonar los nombres, porque el nombre es razón de los ausentes, y nosotros estamos en la luz, en el aire que corta las dulces siluetas, en el tiempo que ordena las palabras y en los escalofríos del jardín. Incluso en la memoria que quiso ser presente.
Después vendrá el otoño y volverán los nombres a los labios.
Apágame, viajero, la luz cuando te vayas. Recuérdame , lector, al doblar esta página.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
SOY UN AVE…
Carlos González Saavedra – Argentina
Soy, como ave lejana. Que vuela y vuela Buscando un lugar Donde hacer su nido. Y mirar la vida contenta. Pero mi impulso, mi espíritu lleva otros talentos Le gusta la libertad Conocer otras tierras Dejarse llevar por un viento Aprovechar corrientes cálidas Para desparramar mí vuelo Para que mis alas se desplieguen En el tiempo. Cuando la nieve aparezca… Abrigarme, en la montaña Como el águila
Romper mis uñas, para que nazcan nuevas Golpear mi pico en alguna piedra Y con las nuevas uñas Quitarme mis plumas viejas Renovarme y seguir viviendo Más fuerte que nunca. Donde me lleve el viento Hasta que un corazón me llame Hasta que me rescaten con un beso Hasta que abra sus alas Y me diga te quiero
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
NO PERMITAS
Carlos González Saavedra – Argentina
Que los vientos de la envidia Perturben tu vuelo simplemente, eres distinta Que tus ideales los mancillen simplemente, eres distinta Que a tu corazón no lo invadan otras melodías Aquellas que no te suenan Porque vos, eres genuina A tus veinte años Tu horizonte va con La claridad matutina. Cielo azul y golondrinas Sencillamente porque eres Genuina. Hoy eres, una hermosa hija. Una hermosa sobrina Una buena nieta Una buena amiga, porque eres Justina. Educada y distinguida No dejes de ser, vos misma. Hermosa Justina.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
DONDE NACE LA PALABRA
Elspeth Gormley – España
Escribo desde el borde del silencio, donde la voz se esconde sin permiso, donde el papel se vuelve mi refugio y cada verso es fuego sin aviso.
Escribo porque el alma no se calla, porque el dolor merece su vestido, porque la tinta cura lo que estalla y da sentido a lo que fue perdido.
Escribo con la voz de los ausentes, con los latidos que aún no se nombraron, con los recuerdos que siguen presentes y los amores que no regresaron.
Escribo para ti, aunque no me leas, aunque no sepas nunca que existí. Porque la vida a veces nos pasea y el corazón se escribe para ti.
Donde nace la palabra, nace el alma, nace la luz, la grieta, la semilla. Y si algún día este poema te embalsama, que te despierte, que te abrace.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
ROMANCE DE LA MUJER DE FUEGO
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Quiero pasearte, orgulloso, por una calle de Roma, por una plaza de Viena, de París o Barcelona, sobre baldosas que suenen o sobre una alfombra roja donde miles de curiosos te sigan con la mirada; ellas, rabiando de envidia y ellos, turbadas sus caras. Y si ellos gozan de dicha, De celos, ellas, se amargan. Lucirás como una reina de esas de cuentos de hadas: alrededor de tu cuello trece lunitas de plata, y en los surcos de tu pecho un sol de mayo y de playa. Llevarás un traje negro brillante como una estrella, ceñido a tu ardiente cuerpo, que dibuje tus caderas, que empiece bajo los hombros y acabe donde comienzan tus rodillas y mis sueños… y mis más hondos anhelos. ¡Todos te verán pasar como una diosa de fuego!
Dos rayos vivos, tus piernas para todo el que te mire serán imán de los ojos y campo para una siembra de apetencias y de antojos. Y ese quiebre en tu cintura que hace ondear tus caderas, y ese rostro de amapola con aire de luna llena, y ese mirar más profundo que el mar, el cielo y la pena, y esa frente de alborada y esa cabellera suelta de pasión alborotada, como en un cuadro flamenco de bailaora gitana, y esa sonrisa que tienes de luz y marfil y plata, ¡todo eso a los cuatro vientos grita que eres hembra y guapa! Oh despertar de pasiones y febriles pensamientos se asomarán a las caras de todos los que te miren; envidia de mis rivales, rotura de corazones, escozor de los que fueron tus antiguos amadores, y de los que quedarán en mudo trance al mirarte,
cuando nos vean pasar como felices amantes en noche de luna llena, por una calle de Roma, por una plaza de Viena, de París o Barcelona.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
MI TONANTZIN
Lamberto Ibárez Solís – México
Virgen morena, Virgen mexica, madre de México;
de hinojos ante ti, recibe mi canto, enjuga mis penas;
recibe mi verbo, mis humildes palabras que te alaban
y cubras bien con tu sagrado manto a quienes amo.
Hoy en tu día, vengo a ofrecerte mi prístina luz;
la más pequeña luz de uno de tus hijos que te ama
y que te adora con la fe más fecunda de todo mi ser;
ilumíname, mírame, bendíceme, bendice a mi patria.
A mi México querido, asolado por la furia y ambiciones
de quienes quieren trastocar la armonía y la grandeza de mi país;
bendice a mis hermanos que son tus hijos; los indígenas;
ellos son mi pueblo, son la parte grandiosa y policromada.
Son los pobladores y portentos de mi suelo azteca…
del México conquistado y liberado por tus bravos;
de mi patria que es tu suelo; suelo del Tepeyac,
donde escuchó tu sublime canto, el nativo Juan Diego.
Reyna de México; estás en mi hogar, luces primorosa
y me regalas tu diáfana sonrisa; tus ojos me bendicen;
bendices a mis hijas, las cuidas y ellas te colman de amor;
te colmamos de luces; de tricolores ropajes, de esferas.
Bendice a mi barrio; mi pueblo querido a mi gente buena
a mi gente pobre que hoy te vela
en mi Zacualpan querido;
te entregan su amor, su fe, su esperanza cifrada en ti.
Madre Tonantzin mi pensamiento va a tus valles;
donde me postré ante ti para pedir
por mis padres, mis hermanos, mi familia, los pobres,
los enfermos para que tus sagradas manos los sanen.
Envíanos tu anhelada paz que la sueño muy constante;
desde tus barrancas, míranos con tu bondad
y danos hoy nuestro pan de cada día; a cada mujer
y cada hombre pobre a cada niño hambriento; dale su pan.
Bendice también a quienes no encuentran su destino
y agravian, laceran, corrompen, zozobran sin quietud,
rompen la paz, siembran las penas, odios y rencores
y no encuentran calma en su alma; llénalos de amor.
Os pido por ellos; regálanos tu venia, danos tu amor…
¡Oh, Tonantzin mexica, Madre Indígena,
morena nuestra, piel tenochca de mirada dulce y bondadosa,
te imploro en mi plegaria.
Bendice hoy en tu día a mis amigas, amigos, adversarios;
visibles e invisibles; aliméntalos con tu amor y cuídalos;
sigue bendiciendo mi verbo, sensible y tan humilde,
bendice y cura a los enfermos y a quienes sufren.
Escucha el sonar de mis teponaztles y las chirimías;
madre Tierra; recibe los pies cansados de quienes te aclaman;
llena con tu bendición a mis hermanos pescadores;
a mis hermanos campesinos y a todos los pobres de mi tierra azteca.
Bendice a mi pueblo de Zacualpan.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
HE SIDO FELIZ
Carlos Jaramillo – México
Aunque no lo creas
he sido feliz,
si hoy mi faz presenta algunas huellas
del tiempo y mis manos manchas seniles,
te repito: He sido feliz.
¡Mírame! . . . es blando mi cuerpo
y aún cuando el color del pelo ha cambiado
y mi voz tiene otros decibeles,
te reirás… pero he sido feliz.
Aún cuando la estética se ha ido perdiendo
y mi cintura tiene otro curso,
mi corazón aún sigue latiendo
al compás de su alegre pulso.
Sí. . . esa alegría se llama experiencia
que la vida te va dando y a la vez
te va quitando juventud y lozanía,
traducida en madurez o quizá vejez
y eso, eso me hace feliz.
Que todo parece lección
¡ha!, que todo lo se,
no, aún soy párvulo de salón
que añora amar
y regresar al día en que te encontré.
Por eso soy feliz. . .
Porque he aprendido a discernir la diferencia,
el abismo que existe entre joven y viejo
y es que el viejo ya fue joven
y el joven no ha sido viejo.
Como vez, la vida es una hermosa experiencia,
¿Qué sería de ella si el joven tuviese la experiencia
y el viejo, la explosión e inocencia.?
¡Ha… se perdería el encanto con que se vive y se crece!
Aunque no lo creas…
He sido feliz,
porque he aprendido que vivir,
sí, vivir a tu lado es una cosa esplendorosa
y eso, eso me ha hecho inmensamente feliz.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
PAUSA
Andrea Kiperman – Argentina
El silencio grita tu nombre el viento sopla rápido como un huracán el eter trae susurros susurros de tu nombre de tus ojos de tu persona. El eco de tu perfume el terciopelo de tu piel eriza mis sueños mis días, y mis noches esperando ese momento ese silencio que tiene presencias ese paso que se acera ese abrazo que no tarda esas intensidad que está llegando en el silencio en el susurro de tu boca en el silencio de tus ojos. Pausa. eso necesitamos, una pausa.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
DOMINGO AZUL
Liliana Loran / Argentina
La mar está quieta, los barcos en reposo,
el muelle dormita bajo el cielo,
el tiempo es cautivo del espacio,
todo quietud, es domingo en el puerto.
Será la calma que precede la tormenta ?
No hay velas henchidas por el viento,
solamente las gaviotas en bandada
garabatean giros blancos con su vuelo.
Cielo azul, mar azul…azul intenso…
domingo azul…suspiros y silencio,
y mientras se azula el horizonte
se despide el sol del firmamento.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
EL CALEIDOSCOPIO
Marga Mangione – Argentina
“No está solo quien está con su tristeza” Calderón de La Barca – Escritor español – 1600/1681
Giro lentamente el tubo pintado,
brillan los cristales, estalla el color,
las luces reflejan con tono irisado,
figuras radiantes que son un primor.
Recuerdo la tarde en que lo trajiste,
había en tus ojos un raro esplendor,
tomaste mi mano, y allí lo pusiste,
mientras me besabas con dulce candor.
De oro pintado con tonos brillantes,
un lujo que nunca soñé poseer,
con guarda de jade y diez elefantes,
que al acariciarlos me causan placer.
Una obra de arte antigua y coqueta,
objeto precioso, gentil posesión,
con el que jugaba trémula e inquieta
en tiempos lejanos de dicha y pasión.
Testigo inocente de horas felices,
herencia valiosa de algo sin valor,
angustia que ahogo en mis días grises,
cuando lo acaricio con pena y dolor.
Horas de tristeza y de llanto a solas,
desde que tu ausencia daño me causó,
absurdas tinieblas, cegadas farolas,
camino truncado, el que te llevó.
Pero no estoy sola en mi casa fría,
padeciendo inerme esta realidad,
el caleidoscopio es mi compañía,
y estará conmigo hasta la eternidad.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
ABIERTOS VENTANALES
Jesús Rodríguez Sánchez – Venezuela
Por abiertos ventanales de tu alma,
tus ojos de esperanza,
miran al infinito.
No hay ribazos que inclinen tu visión
ni neblina que la opaque;
limpio está el horizonte de tus sueños.
Se hace inalcanzable tu mirada,
pero sigo contigo,
me iluminas las rutas y me orientas.
Al final de la senda, me miraré en tus ojos,
si es que me lo permiten
tus párpados inquietos.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
ASÍ ES COMO TE QUIERO
Jesús Rodríguez Sánchez – Venezuela
Estás en mi visión
donde puedo contemplarte
y acariciarte toda
disfrutar lo que eres:
una mujer muy bella y primorosa,
amante de la ciencia,
estudiosa y sensual.
Tu mensaje me llena intensamente
porque eres mi canción y mi poema
que son para mí ser la estratagema
de vida y juventud muy insistente
como el aire que nutre diariamente
para seguir viviendo cada instante
y que impulsa la vida hacia adelante
cumpliendo la misión que más me place
y por esa razón me satisface
cuando soy de tu ser, el fiel amante.
Me incorporo en la brisa que desplaza tu cuerpo,
para seguir contigo sin distancia
y llenarme de ti con la fragancia
que me brinda tu aliento.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-12-21 16:45:192025-12-21 16:53:05POESÍA DICIEMBRE
El verdadero peligro para Europa está dentro de sus fronteras.
Los partidos ultraderechistas y la desunión representan mayores amenazas que Rusia y la política exterior de Donald Trump
Mary Bead explica en su maravilloso libro sobre el Partenón, tal vez el edificio más reconocible de Europa, que en realidad no se sabe para qué lo utilizaron los griegos: no se ha encontrado ningún documento que demuestre que fue un templo ni que aclare su uso cuando Atenas era el centro del mundo occidental en el siglo V antes de nuestra era. De hecho, la primera ceremonia religiosa de la que hay constancia fue una misa celebrada por un obispo bizantino en siglo XII. También fue una mezquita. La historia de Europa es siempre así: llena de giros inesperados y sorpresas. Y siempre se debe leer la letra pequeña.
En el mismo libro El Partenón, traducción de Silvia Furió, Crítica, 2025—, Beard recuerda que fragmentos del famoso discurso fúnebre de Pericles, que Tucidides recoge (o se inventa, nunca lo sabremos) en el tomo II de su Historia de la guerra del Peloponeso, fueron reproducidos en los autobuses londinenses durante la Primera Guerra Mundial como símbolo de los valores que los soldados defendían en las enfangadas y mortíferas trincheras de Flandes. Palabras como “nuestro gobierno se llama democracia, porque la administración de la república no está en pocos, sino en muchos” simbolizan unos valores que Europa se ha saltado muchas veces en muchos lugares; pero que, a la vez, encarnan sus aspiraciones y son el fundamento de la UE, actualmente el mayor espacio de libertad en el mundo.
Muchos de los partidos ultras que reivindican el mundo clásico y el cristianismo como las únicas herencias sobre las que se debe construir Europa —como si la Alhambra y la Mezquita de Córdoba las hubiesen construido los mismos marcianos que edificaron las pirámides de Egipto y el cero, el ajedrez y los sistemas de regadío hubiesen caído del cielo en la Edad Media— tienden a olvidar otro fragmento de aquel famoso discurso: “Nuestra ciudad está abierta a todo el mundo y en ningún caso recurrimos a expulsiones de extranjeros” (Traducción de Juan José Torres Esbarrancha para la edición de Gredos).
La defensa de la libertad frente a las amenazas externas —como la que ahora mismo representa Rusia, pero también Estados Unidos bajo la presidencia de Trump— es uno de los pilares de la UE, pero también, como recordaba ya Tucídides, la generosidad con los extranjeros. Europa, como Estados Unidos, se ha forjado a base de migraciones. Esa mezcla y esa diversidad es la que nos hace fuertes. Pero —y eso también forma parte de la historia europea— ha sido atacada por desgraciados brotes de xenofobia.
Las persecuciones que han sufrido los judíos durante siglos son la mayor prueba de ello, pero no la única: en otro gran libro de historia publicado este año, El renacimiento oscuro (Crítica, traducción de Yolanda Fontal), Stephen Greenblatt explica la fétida xenofobia contra los hugonotes, los protestantes que habían huido de Francia, que padecía Londres en el siglo XVI. “El objeto de antipatía más común era la pequeña comunidad de extranjeros residentes en Londres, los foráneos. Los refugiaos solían ser personas pacíficas y trabajadoras, que pagaban obedientemente el impuesto especial gravado a los extranjeros”, explica Greenblatt en su biografía de Christopher Marlowe. En tiempos de crisis, los fanáticos siempre escogen los mismos objetivos. La historia se repite de una manera patética.
En el siglo XVI como ahora en el XXI, el peor enemigo de Europa estaba dentro de sus fronteras, no fuera de ellas. Por eso, la nueva etapa de seguridad nacional de la Administración Trump asegura que “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es motivo de gran optimismo”. Saben que todos esos partidos ultras son la clave para que Europa emprenda un camino decidido hacia un abismo autoritario que ya conoció en los años treinta.
No es la primera vez que EE UU juega al “divide y vencerás” con la UE: la última gran crisis se produjo en 2003 durante la invasión de Irak, basada en mentiras y fabulaciones. La Administración de George W. Bush contó con el apoyo de los Gobiernos de Tony Blair en el Reino Unido y de José María Aznar en España —una complicidad que pagaron en las urnas, porque no escucharon a los ciudadanos—.
En la cumbre que se celebra el jueves y el viernes en Bruselas, Europa tiene una nueva oportunidad de perder una oportunidad, pero también puede demostrar que los valores sobre los que se funda Europa —la solidaridad, la generosidad con los extranjeros, la justicia, la defensa de los derechos humanos— importan y deben ser defendidos, por ejemplo, con el apoyo decidido a Ucrania. Tal vez no sepamos para qué se construyó el Partenón; pero sí que los principios que encarna son importantes y que son incompatibles con los que defienden Trump y sus funestos amigotes antidemocráticos.
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LOS CAMBIOS EN 2025
Francisco Báez Rodríguez – México-Italia
A lo largo de 2025 hemos visto cambios profundos que empiezan a dibujar un mundo distinto al que conocíamos. Es apenas un esbozo, y por eso no sabemos cuál será el resultado final. Lo que sí parece claro es que el paisaje ya no es el mismo, y que los problemas centrales de la humanidad están mutando.
Las economías del mundo avanzan a tumbos, con contadísimas excepciones. Tres lustros después de la crisis financiera desatada por la falta de regulación, no ha habido una respuesta productiva sólida. El crecimiento es lento y desigual en todos los sentidos: desigual entre regiones y desigual en la distribución del ingreso. Los mercados laborales están dislocados; la precariedad y la inestabilidad se han convertido en la nueva normalidad, generando además brechas intergeneracionales cada vez más visibles.
Lejos quedaron los años de posguerra, cuando las economías crecían y existían oportunidades suficientes para que hubiera movilidad social, incluso en contextos desiguales. Tan lejos, que la mayoría de la población mundial nunca vivió esos tiempos: su única experiencia ha sido la de un crecimiento lento o de crisis recurrentes. En ese marco se están produciendo cambios políticos de gran envergadura. Las elecciones celebradas en 2024 ya anticipaban este descontento generalizado.
En la mayor parte de los países, los votantes expresaron su hartazgo con el estado de cosas. Tras la crisis financiera de 2008, la confianza en los mercados y en quienes defendían la receta económica tradicional se erosionó. Pero tampoco hubo un giro claro hacia la izquierda: la confianza en el Estado como interventor tampoco se consolidó. Con pocas excepciones, las mayorías han perdido la fe en los gobiernos y se han inclinado hacia figuras que se presentan como ajenas a la política tradicional. Esto genera un problema adicional: la desconfianza hacia cualquier fuente de autoridad convive con el deseo de que aparezca una autoridad capaz de ofrecer soluciones mágicas. Un terreno fértil para el populismo.
A ello se suman nuevos problemas que ya están claramente sobre la mesa. Uno es la reproducción acelerada de rumores, posverdades y teorías conspirativas impulsadas por las redes sociales, alimentadas por la desconfianza hacia periodistas y medios profesionales. La realidad se fragmenta: cada quien construye una versión distinta —y no siempre coherente— de lo que ocurre. Esto dificulta la gobernanza, erosiona la solidaridad social y profundiza la polarización.
Otro es la irrupción precipitada de la inteligencia artificial en los mercados laborales. Sin regulación suficiente, está generando problemas que van desde la transformación o eliminación de empleos hasta sesgos en los resultados y una merma en la calidad de ciertos servicios. Todo ello puede desembocar en crisis sociales de gran escala.
Un tercer problema es la creciente importancia de las migraciones en el contexto global. Su impacto político y social es evidente en Europa, y el hecho de que haya sido un tema central en la campaña presidencial de Estados Unidos —un país de inmigrantes— demuestra que se trata de un desafío universal. Surgen tensiones cuando una parte de la sociedad tiene todos los derechos y otra, numéricamente relevante, no. Más aún cuando no se trata de flujos paulatinos, sino de olas migratorias masivas en un mundo tan interconectado que resulta imposible detenerlas.
Un cuarto elemento es la reconfiguración del orden mundial. Era previsible que el mundo unipolar posterior a la caída del bloque soviético fuera efímero, pero vivir el proceso de reacomodo no es sencillo. Los conflictos bélicos que marcaron el inicio del año siguen activos, y algunos se han recrudecido, como en Medio Oriente. Es imposible interpretarlos bajo la lógica simplista de “buenos contra malos”, especialmente cuando los valores se trastocan. Llegará una nueva estabilidad, pero no sabemos cuándo ni si será favorable para los pueblos. Mientras tanto, la incertidumbre seguirá dominando.
Finalmente, asistimos a un reacomodo de valores. La democracia ya no goza del prestigio que tuvo, aunque siga siendo el método más civilizado para dirimir diferencias y trazar un rumbo colectivo. Crece el choque entre lo que dicen las leyes y la manera en que se interpretan o se viven. Casos recientes —como el del asesino del CEO de United Healthcare, su manifiesto y la inesperada popularidad que ha generado— muestran que muchas injusticias siguen sin resolverse, y que algunos presuntos justicieros solo reproducen el problema bajo la lógica del “quítate tú para ponerme yo”.
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FLOR DE PITO
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Mientras buscaba café y helado de vainilla en la sección de congelados, Baudilia descubrió un Nacimiento, fue como encontrar su cinco favorito, su tira, después de buscarla en la pocilga, debajo del tapesco de las gallinas, en el rincón donde duermen las cabras, en el nido de plumas de las coquechas, y hasta debajo de los dos metros de grava que sobraron de la construcción del tapial de la casa. (muro de barro). Era su tira favorita la que siempre le traía suerte al ganar jugando al triángulo, a los hoyos y a la tortuga.
Cuando vio la bolsa de flores de pito congeladas, sintió que había recuperado la mona que perdió jugando a los calazos. La mona que había conseguido a crédito en el mercado y que decoró con esmalte de uñas; la mona que era una fiesta de colores, un arcoíris que zumbaba cuando entraba al círculo a girar.
Debido a sus problemas respiratorios, respiró profundamente. Se sentía como si estuviera en lo alto del volcán San Pedro de la Laguna, en lo alto del matasano del tío Tibo, en la piedrona del estanque del arroyo, en lo más alto de su columpio en la hamaca. Pero no podía quedarse ahí, con la mano pegada al congelador.
Se frotó los ojos nublados y abrió la puerta del frigorífico del supermercado. Antes de agarrar la bolsa de flores de pito congeladas, la palpó primero, frotándola con gran choya (muy lentamente), sin ninguna urgencia. Suspiró y colocó con cuidado la bolsa en su cesta como si fuera contrabando. Allí estaban: suaves y empezando a ponerse rojas, las flores de pito de su amada Jutiapa. Compró dos bolsas. Juntas, las dos bolsas quizás pesaban media libra, por lo que pagó el equivalente a una semana de gasolina para su automóvil. Se había acostumbrado al hecho de que los lujos eran caros.
El almuerzo iba a ser un festín, así que compró harina de maíz porque aquellas flores de pito merecían unas pishtones (tortillas gruesas). También compró media libra de queso griego, lo más parecido al queso fresco del oriente de Guatemala. Sintió que su corazón daba un vuelco cuando vio las coloridas vainas de pitaya de los frijoles camagua colgando de una percha.
Se sintió mareada, sintió que iba con los pies por delante. Pensó que las emociones eran demasiadas para un solo día, emociones que no había experimentado en años. ¿Por qué todos a la vez? Su corazón no podía soportar tanta felicidad; era demasiado fuego, ese resplandor incandescente la iba a convertir en cenizas. Tuvo un flashback de cuando se cayó de una bicicleta por primera vez. Se vio caer de la rama más alta del jocote de pitarrillo en el patio de María del Tomatal.
Vio las manos de su abuela materna acariciando los pishtones y enseñándole a tortear (hacer tortillas). Se vio llorando cuando un chaye de culo de botella se le atascó en la planta de uno de sus pies mientras jugaba pelota sobre el césped. Vio los mocos que le corrían por la barbilla en los fríos días de noviembre. Vio a su tía quitándose los piojos del pelo. Sintió el dolor en la nuca cuando se peinaba para ir a la escuela. Sintió el dolor cuando le arrancaron los dientes de leche con una cuerda. Revivió el shock de su primera menstruación, se tocó el vientre y se agarró a los estantes, los frijoles camagua la devolvieron a sus sentidos, y con sumo esfuerzo y tomando una bocanada de aire fresco, llenó una bolsa de tres libras y se fue.
Al llegar a casa, ponía a hervir los frijoles, y cuando el manjar estuvo listo le agregaba las flores de pito, cocinaba los pishtones en un comal de aluminio y se dejaba abrazar por el aroma de la madera, de la milpa secándose con mazorcas de maíz secadas al aire rellenas de granos de maíz nuevos, del olor a tierra, de los ayotes maduros y de las flores de
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LA MAREA DE ESTOS AÑOS
Elspeth Gormley – España
En estos últimos quince años, la sociedad se ha transformado como una marea que avanza y retrocede. Primero fueron las plazas llenas de voces jóvenes, reclamando futuro y dignidad. Las acampadas del 15M en Madrid, con carteles improvisados y tiendas de campaña, se convirtieron en símbolo de una generación que aprendía a reclamar en voz alta. La crisis económica nos obligó a reinventar la esperanza en lo cotidiano, a buscar refugio en la solidaridad y en los gestos mínimos, mientras las colas en las oficinas de empleo recordaban la fragilidad de aquel presente.
Las pantallas comenzaron a convertirse en plazas digitales: allí se compartieron protestas, afectos, aprendizajes. La vida empezó a latir también en lo virtual, y descubrimos que la comunidad podía extenderse más allá de las fronteras físicas.
Después llegó la pandemia, y con ella el silencio de las calles, el miedo compartido, la distancia. Los balcones se transformaron en escenarios de aplausos, las mascarillas en símbolos de resistencia, y las aulas se improvisaron en pantallas. Pero también surgieron nuevas formas de abrazo: digitales, colectivos, rituales que nos sostuvieron en la fragilidad. La tecnología se volvió puente y frontera al mismo tiempo: nos acercó y nos aisló, nos permitió seguir y nos obligó a detenernos.
Al regresar a las plazas, lo hicimos con más fuerza. Los movimientos sociales encontraron eco en las redes y en las calles: las huelgas climáticas de Fridays for Future, las marchas por la igualdad de género, las celebraciones de la diversidad cultural se hicieron más visibles, más urgentes. La comunidad se reinventó, y nosotros también.
Nos hicimos más conscientes de la fragilidad, más atentos al valor de lo cotidiano. Descubrimos que la rutina podía ser ritual, que el silencio podía ser compañía, que la palabra escrita podía sostenernos cuando el cuerpo no podía abrazar.
Hoy, al volver a encontrarnos entre plazas y pantallas, sabemos que no somos los mismos. Somos herederos de plazas y pantallas, de silencios y abrazos reinventados. Y en este tránsito, descubrimos que la historia no se escribe en piedra, sino en voces que se levantan una y otra vez.
En medio de estas mareas, comprendimos que la verdadera fuerza de una sociedad está en su capacidad de ser justa y convivir en paz. No se trata de grandes discursos, sino de gestos cotidianos: compartir, escuchar, abrir espacio al otro.
La igualdad y la paz no son consignas, son la base de una comunidad que quiere seguir resurgiendo frente a cada marea.
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INVENTARIO DE LAS GRIETAS
Gustavo Páez Escobar –Colombia
Este nuevo libro de Mauricio Botero Montoya, editado en Bogotá por la Imprenta Editores, tiene un título sugerente que pondrá a pensar a qué grietas se refiere el autor. Otras obras suyas que he tenido el placer de leer y comentar tienen esa misma peculiaridad en el rótulo: Otto, el vendedor de música, El adiós de Otto, La alegoría del sueño.
Botero Montoya es un escritor original que se ha distinguido por la lucidez, la sobriedad y la agudeza de sus ideas, las que son manejadas con los recursos del humor, la filosofía, la poesía y la ironía. Desliza en sus escritos gotas de sabiduría con la misma propiedad con que pinta rasgos humanos.
Cuando fue cónsul general de la Argentina, su maestro y contertulio era Jorge Luis Borges, hecho significativo que pone de relieve su calidad intelectual. Ese carácter lo ha llevado siempre consigo, como filósofo, conferencista, ensayista, periodista y autor de libros. Su mundo es el de las ideas, la reflexión, la controversia ilustrada. Lo mismo que es incisivo en ocasiones, se expresa con sutileza, llaneza y gracia al alcance de todos. Sabe manejar la chispa del ingenio, la frase perspicaz, la sátira benévola y a veces urticante. Debe deducirse que estas grietas se refieren al obstáculo o desacuerdo que le surgen a la persona pensante, que es él mismo, para aceptar el orden establecido cuando este se aparta de su formación y principios.
Sabe interpretar el mundo enrevesado con que todos los días nos tropezamos, y como no acepta lo absurdo o lo prosaico, se va por su propio camino pregonando sus juicios y convicciones. Viene al caso citar esta frase anotada en su libro:
“Acepté el consejo de Borges, mi maestro: escribo para mí, para los amigos y para mitigar el paso del tiempo”.
Con frases breves, concisas y rotundas, expresa su pensamiento y precisa su ideología sobre los más variados temas. En todo el texto brotan trozos de filosofía, y se recrea, por supuesto, con este juego de las ideas que lo salvan de la inercia mental. Piensa y pone a pensar. Examina los hechos menudos de la vida de la misma manera que escruta las grandes civilizaciones, los imperios, los ámbitos del
poder. Contradice ciertas afirmaciones de la historia, y se declara impotente para entender el sinnúmero de posturas falsas.
Este es Mauricio Botero, quien frente a esta serie de grietas busca enderezar lo torcido y rechaza la mediocridad y la pobreza del espíritu. Nacimos para pensar, pero para pensar bien, sería su axioma. Y les enseña a los escritores a escribir bien. He aquí, para corroborar lo dicho, algunas de sus frases:
“El pensamiento nace desnudo; hay que vestirlo para presentarlo en sociedad”. “Si un adjetivo no da vida, debilita”. “Leo para saber que no estoy solo, y escribo porque la vida duele”. “Cuando no tienen nada que decir, gritan”. “La persona que no tiene sentido del humor no es seria”. “Ante las consignas de la igualdad social, las francesas contestan que viva la pequeña diferencia”. “Los espejos que no mienten pueden ser falsos”. “Al terminar un libro hay que hacer un duelo, como si nos hubieran robado un querido juguete”.
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CRÓNICA HISTÓRICA: MIRADA SOBRE EUROPA
Arturo Pérez Reverte – España
En esta entrega de su serie Una historia de Europa, el escritor y académico nos invita a recorrer los claroscuros del continente con su estilo incisivo y narrativo. Una crónica que combina erudición y relato vivo, recordándonos que la historia nunca se detiene… y siempre continúa.
A todo esto, mientras el pastel mundial lo cocinaban Inglaterra, Alemania y Francia (y al otro lado del Atlántico los jóvenes Estados Unidos se preparaban para engullir su porción) y se lo repartían entre ellos, los extremos del Viejo Continente, oriental y occidental, Rusia por un lado y la península ibérica por otro, jugaban papeles secundarios en el cogollo europeo, al margen del negocio principal. Lo que no quita que Rusia se convirtiera en gran potencia, pues tal era la ambición de sus zares e iba realmente camino de eso, extendiéndose por Asia hasta las costas mismas del Pacífico.
Pero a esa pujanza exterior no correspondía una felicidad interior. De una parte, el imperio estaba formado por nacionalidades mal avenidas entre sí (rusos, polacos, fineses, lituanos, letones, estonios, bielorrusos y otros más). Por otro lado, el régimen seguía siendo despótico y feudal en manos de la monarquía, la aristocracia y la iglesia, no había clase media que industrializara un carajo, y se daba la paradoja de que, en un país que vivía de la agricultura, con masivas exportaciones de trigo como principal riqueza nacional, los mujiks, los campesinos, palmaban en la más cruda miseria.
Tampoco la clase intelectual era numerosa, y los brotes de oposición nihilistas y anarquistas, así como las revueltas de campesinos hambrientos, fueron aplastados con fácil crueldad, primero bajo el zar Alejandro III y luego, a caballo entre los dos siglos, por Nicolás II (que acabaría pagando la factura, con su familia, dos décadas más tarde).
La guerra de Crimea, librada contra Turquía (a la que apoyaban las potencias occidentales), puso de manifiesto las muchas deficiencias de Rusia; y las clamorosas derrotas navales y terrestres sufridas en otra guerra contra el Japón (1904), con el que chocaban los intereses rusos en Asia, aumentó el descrédito internacional de los zares. Pero lo más grave fueron las consecuencias internas de ese último desastre militar, con protestas y revueltas que acabarían cambiando no sólo la faz de Rusia, sino la del mundo (trifulcas en San Petersburgo, socialistas, Lenin, etcétera).
Y mientras eso ocurría en la parte oriental de Europa, en la otra punta, la ibérica, Portugal y España progresaban a trancas y barrancas, muy lejos ya de los grandes imperios que habían sido, con papeles secundarios en el nuevo concierto mundial. Entre los portugueses, después de casi medio siglo de monarquía parlamentaria, la tensión de corona y república se había disparado.
Con Luis I (que reinó entre 1861 y 1889) hubo un momento chachi en lo económico gracias a la gestión patriótica del eficaz ministro Saldanha; pero la cosa se descuajeringó en la última década del siglo, bajo el reinado del sucesor Carlos I, a quien todo se le fue de las manos: progresistas y regeneradores (los dos partidos que se turnaban en el poder) iban a lo suyo y emputecían un ambiente agravado por campañas de los más destacados escritores, periodistas e intelectuales (Herculano, Martins, Quental), que sacudían fuerte a la monarquía, en plan republicano e incluso revolucionario.
Para completar el pifostio, que iba a más, en Brasil se proclamó la república; y en los territorios coloniales de África, la omnipresente Inglaterra (que seguía siendo conspicuo macarra internacional) procuraba incordiar cuanto podía, que era mucho. El caso es que, entre pitos y flautas, el Portugal monárquico se fue yendo al garete en un caos político y social que reventaba las costuras.
Acojonado con el panorama, el nuevo rey (Carlos I se llamaba la criatura) inauguró el siglo XX clausurando el parlamento, que ya era un gallinero ingobernable, y se puso en manos de un dictador inteligente y moderado, razonable para el momento, Julián Franco, quien puso buena voluntad en democratizar la monarquía; pero todo se descompuso con un atentado (anarquistas y revolucionarios habían puesto de moda el magnicidio en Europa) que en 1908 se llevó por delante, dos al precio de uno, al rey y al príncipe heredero.
Eso llevó al trono al segundón de la familia, Manuel II: un tiñalpa blandito y obtuso que se confió a otro dictador, el almirante Ferreira de Amaral. Pero aquello no había ya quien lo salvara, y una revolución en la que participaron el ejército y la armada estalló en Lisboa. Con la sublevación de las dotaciones de los cruceros San Rafael y Adamastor y la pajarraca callejera subsiguiente, el rey puso pies en polvorosa y se proclamó una república que incluía separación de iglesia y estado, abolición de títulos de nobleza, divorcio y sufragio universal.
Mientras tanto, la España monárquica (lo veremos en el siguiente episodio) miraba de reojo, enfrentada a sus propios y muchos problemas. Que en realidad eran casi los mismos.
( Continuará…)
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CAMBIAR DE OPINIÓN.
Ignacio Zabala-México
Son tiempos de cambios. Lo que antes era un exceso, ahora es una necesidad y los gobernantes deben, antes que nada, perder el miedo al ridículo
Son tiempos de cambios. “Nada es como antes”. “Ahora es distinto”. “Así no se hacía”. “Las cosas hoy son de otra manera”. “Pensar como hace 15 años no tiene sentido”. “Ahora lo veo diferente”. “Sigo pensando lo mismo, pero resulta que estoy equivocado”. Son frases que escuchamos constantemente con relación a la política.
Se critica el cambio de opinión como si fuéramos seres destinados a la inmovilidad. En las épocas de definiciones, de los radicalisos está prohibida el agua tibia. Si antes te decían que el mundo no era blanco y negro, sino que consistía en una serie de matices, ahora los grises han sido borrados. Hoy se dice que el centro siempre fue cómodo, el lugar ideal para el camaleón. Se tomaba un poco de aquí, otro tanto de allá y eso formaba una determinada corriente de pensamiento. Candidatos de izquierda se derechizaban y los de derecha prometían “rebasar por la izquierda”. Fueron años de corrimiento hacia el centro, hoy refugio de tibio y de grises: los famosos habitantes de Corea del Centro.
Hoy es normal que un demócrata de antes vea con buenos ojos el populismo, que deje pasar los desplantes que se consideraban autoritarios y que ahora son parte de la normalidad. Así, los que llegan por los votos anhelan el poder de un dictador y eliminar los controles que detenían caprichos y venganzas. Lo que antes era un exceso, ahora es una necesidad y los gobernantes deben, antes que nada, perder el miedo al ridículo, pues este dejó de existir. Lo de hoy es la lucha constante y frontal contra el enemigo en la que quien pega primero, pega seis veces.
Es curioso que cambiar de opinión sea algo tan castigado en escenarios novedosos. El neoliberal de hace unos años admite con culpa que el periodo de crecimiento de su país escondía el aumento y becha de la desigualdad, y ahora ve, complaciente, los programas sociales. El hombre que fue prudente y que jamás emitía un calificativo, ahora no duda en calificar de nazi-mercenario a cualquiera que no esté de acuerdo con él. Son tiempos de tomar partido sin importar que eso implique convivir con los impresentables de antes. Discutir no es lo importante, sino tener la razón en cualquier tema de discusión pública: la forma en que se hornea el pan o el desarrollo de políticas públicas de infraestructura. Todo vale lo mismo.
Sorprende entonces que en ocasiones sea tan criticable el cambio de opinión sobre determinado tema. Se entiende esa crítica cuando uno ve desplazarse a los políticos de un lado a otro por mera conveniencia política o económica. Pero el ciudadano común no solamente puede, sino que debe cambiar de opiniones para lograr su adaptabilidad al mundo que lo rodea y lo sostiene. Lián Barnes, en un interesante ensayo dice: “Cambiamos de opinión sobre infinidad de cosas, desde cuestiones de gustos —los colores que preferimos, la ropa que vestimos—, estéticas —la música, los libros que nos gustan o de afiliación social— —el equipo de futbol que seguimos, o el partido político que votamos—, hasta las verdades más trascendentales: la persona a la que amamos, el dios al que veneramos, la significancia o insignificancia del lugar que ocupamos en universo vacío o misteriosamente lleno”. Cierto, por eso es fácil encontrar ahora a gente que hace unos años era progre, de centro-izquierda, admitir con cierta vergüenza que, en realidad, son de derecha.
El año que entra será también de posiciones previas a las elecciones del 2027 En un escenario en el que las cosas se definen más por lo que odiamos que por lo que nos gusta, estaremos rodeados de cambios de opinión. Como bien dice Barnes: “Algunos de nosotros tenemos firmes opiniones que defendemos con débil convicción; otros, débiles opiniones que defendemos con firme convicción”. Queda en el lector decidir en qué lado está.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-12-21 16:43:462025-12-22 18:41:09CRÓNICAS Y ENSAYOS DICIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“El mundo celebra, pero aún clama agua y palabra: que la Navidad sea también justicia.”
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✦ Colaboradores – Artículos ✦
Rafa de Miguel – España
Elspeth Gormley – España
Andrea Kiperman – Argentina
María Moita – Venezuela
Jordi Pérez Colomé – España
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REGRESO DEL REINO UNIDO AL PROGRAMA ERASMUS
Rafa de Miguel – España
El Reino Unido vuelve a abrir las puertas del intercambio académico más emblemático de Europa. Tras años de distancias y desencuentros, el programa Erasmus regresa como símbolo de movilidad juvenil y puente cultural entre generaciones.
Hubo un tiempo no muy lejano en que la idea de que el Reino Unido regresara a un programa tan simbólico de la Unión Europea como el Erasmus, habría desenterrado el hacha de guerra en la política británica el popular intercambio de estudiantes universitarios,. Los euroescépticos habrían denunciado la traición de la medida y los laboristas se habrían replegado a la defensiva. Este miércoles, cuando el Gobierno de Keir Starmer, ha confirmado el acuerdo alcanzado con Bruselas para volver a formar parte del sistema académico.La reacción del Partido Conservador o de la ultraderecha de Nigel Farage ha sido tibia y limitada. Ambos son conscientes de que la movilidad juvenil, aunque se limite de momento al ámbito educativo, es extremadamente popular entre los ciudadanos, incluso entre aquellos que votaron a favor del Brexit.
“Incorporarse al Erasmus es una gran victoria para la gente joven, al romper barreras y ampliar horizontes. Asegura que todo el mundo, sea cual sea su procedencia económica o social, tiene la oportunidad de estudiar y realizar prácticas en el extranjero» ha celebrado el secretario de Estado británico para la Unión Europea y el amigo al que Starmer encomendó la tarea de recuperar las relaciones perdidas con Europa después de los agrios años bajo mandato conservador.
“Esto es algo más que viajar. Se trata de adquirir habilidades futuras, éxito académico y el acceso de la próxima generación a las mejores oportunidades posibles”, ha defendido la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, tenía este miércoles la oportunidad de confrontar con Starmer sobre este asunto, durante la sesión de control semanal. Ha decidido ignorar el tema, y dejarlo en manos de su portavoz de Exteriores, Priti Patel, que denunciaba “una nueva traición al Brexit” y un nuevo intento del Gobierno laborista “de arrastrar de nuevo al Reino Unido a estar bajo control de Bruselas”. Lo hacía en X, y sus palabras pasaban inadvertidas en la actualidad de un día centrado en otros asuntos.
El Gobierno laborista ha confirmado que la reincorporación al programa Erasmus supondrá que Londres deba pagar a Bruselas cerca de 650 millones de euros en 2027, para que los estudiantes puedan incorporarse al curso académico 2027/2028.
Según fuentes gubernamentales, la cantidad supone un descuento del 30% respecto a la exigencia inicial. Cuando los gobiernos conservadores salieron del programa, uno de los argumentos utilizados fue que su coste era muy elevado para los beneficios que, según decían, se obtenían.
El Gobierno británico se reserva el derecho a revisar el acuerdo, 10 meses después de su entrada en vigor y con los datos de nuevos estudiantes, para comenzar a negociar su incorporación en el plan plurianual de Erasmus.
El acuerdo no se extiende únicamente a estudiantes universitarios. Abarcaría, según algunos de los detalles que han comenzado a conocerse, a todos aquellos que quisieran ampliar sus estudios, realizar prácticas laborales o incluso tareas de voluntariado.
En la actualidad, cualquier estudiante de una universidad pública inglesa debe pagar una matrícula anual de unos 10.850 euros, aproximadamente. El programa de préstamos del Gobierno financia ese coste, que los alumnos solo deben devolver una vez que se incorporan al mercado laboral y consiguen una cantidad salarial mínima, además de gozar de buenas condiciones de interés.
Un estudiante extranjero que quiera estudiar en una de estas instituciones británicas debe pagar ahora al menos el triple de esa cantidad.
Con el acuerdo alcanzado entre Londres y Bruselas, los universitarios británicos que quieran estudiar en el continente deberán seguir pagando su matrícula anual en el centro donde cursan estudios. En el caso de los comunitarios que quieran viajar al Reino Unido, su matrícula tendrá el mismo precio que pagan los estudiantes británicos (10.850 euros).
El precio es muy elevado para los estudiantes europeos. Eso explica en parte que una gran cantidad de ellos, durante los años en que el Reino Unido participaba en el Erasmus, eligieran universidades como las de Glasgow o Edimburgo. Escocia, a diferencia de Inglaterra, tiene un sistema de gratuidad muy similar al del continente. Sus instituciones académicas son prestigiosas, el coste de la vida es más barato que en Londres u Oxford, y ofrecen una educación en inglés, el factor más atractivo para los aspirantes a viajar.
Durante el curso académico 2018/2019, el último en el que participó el Reino Unido en Erasmus antes del Brexit, unos 18.300 estudiantes británicos viajaron al continente, frente a los 30.000 comunitarios que viajaron a la isla.
Ese era el argumento esgrimido por los gobiernos conservadores, que señalan una pérdida neta para el Reino Unido. Sin embargo, los defensores del esquema -empezando por las propias universidades- han señalado siempre la economía de escala que generaban esos intercambios, y los beneficios académicos, sociales y de relaciones personales que se perdieron con el abandono del programa.
El entonces primer ministro, Boris Johnson, impulsó un programa alternativo de intercambio bautizado como el Esquema Turing, en homenaje al científico que descifró el código Enigma que los alemanes utilizaban para sus transmisiones en la Segunda Guerra Mundial. Con un presupuesto de casi 130 millones anuales, el programa nunca alcanzó la popularidad ni el éxito en término de número de estudiantes que había tenido Erasmus.
Keir Starmer se ha propuesto realizar un acercamiento gradual a la UE que repare los destrozos causados por el Brexit, sin plantearse la reincorporación al club, el ingreso en su espacio aduanero común o la recuperación de la libertad de movimiento de personas. Todos esos pasos resucitarán la guerra política en la se vio inmerso el Reino Unido durante la segunda mitad de la pasada década.
Pero Londres ha firmado un tratado bilateral con Bruselas que ha sido celebrado por ambas partes como el reinicio de las relaciones, y que prometía entre otras cosas un nuevo esquema de movilidad juvenil todavía por concretar. El primer paso, uno de los más deseados por toda una generación de estudiantes, ha llegado con la reincorporación al Erasmus.
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EL MUNDO CELEBRA , PERO CLAMA AGUA Y PALABRA
Elspeth Gormley – España
La Navidad se acerca con su cortejo de luces, villancicos y mesas preparadas. Es tiempo de abrazos y de memoria compartida. Sin embargo, basta abrir los ojos al mundo para descubrir que no todos llegan a la fiesta con la misma abundancia. Mientras en unas casas se encienden árboles y se reparten regalos, en otras familias la urgencia es distinta: conseguir agua potable, un plato de comida, un techo seguro.
Hoy, miles de niños siguen caminando kilómetros con bidones a la espalda, buscando un recurso que debería ser derecho universal. En muchos lugares, la guerra y el desplazamiento obligan a celebrar la Navidad en campos de refugiados, donde la esperanza se sostiene en canciones improvisadas y en la solidaridad de quienes comparten lo poco que tienen. Y en nuestras propias ciudades, la desigualdad se hace visible: personas que duermen en la calle mientras las vitrinas brillan con exceso.
La imagen que abre esta sección -ese globo con niños y agua- nos recuerda que la literatura no puede ser indiferente. Escribir es también un acto de justicia poética: nombrar lo que falta, denunciar lo que duele, y sembrar esperanza. Cada artículo aquí reunido es un puente entre la fiesta y la realidad, entre la palabra y la acción.
La Navidad no debería ser solo un tiempo de consumo, sino de conciencia. Que la pluma se convierta en faro, que la voz sea abrazo, que la página sea memoria. Porque la palabra es agua, es pan, es justicia. Y escribir, en este tiempo, es también cuidar.
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FELICES FIESTAS
Andrea Kiperman – Argentina
Como siempre, es un placer poder comunicarme con ustedes, en esta ocasión ya acercándonos a las fiestas y al fin del año. Estuve dubitativa, pensando cuál podría ser el tema o la orientación de este escrito, y entre tantas ideas decidí comenzar con una frase que, de alguna manera, describe este año -tanto para mí como quizá para ustedes también-: “Lo perfecto es enemigo de lo posible.”
En estos tiempos, donde la perfección, el saber absoluto o la búsqueda del ansiado éxito parecen estar a la orden del día, creo importante recordar que las cosas suceden como tienen que suceder, aunque no siempre coincidan con nuestras expectativas. De hecho, casi nada ocurre exactamente como lo imaginamos, ¿verdad?
Y ahí está el desafío. Este año, diferente y complejo, con sus idas y vueltas, nos invita a dejar de centrarnos en lo “maxi” y volver la mirada a lo “micro”. En estas fiestas, deseo que cada uno pueda reconocer esos micro momentos que nos hacen sentir bien: celebrar los pequeños grandes logros, las pequeñas cosas que nos alegran el alma, porque cada persona encuentra su dicha en detalles distintos. Identificarlos, compartirlos y celebrarlos, incluso en medio de las adversidades, es lo que engrandece la vida. Siempre hay algo por agradecer, por festejar, por celebrar y por compartir.
Levantaré mi copa en estas fiestas y brindaré también por ustedes: por un maravilloso nuevo año, por el coraje de ir tras nuestros sueños y por todo aquello que nos haga bien al alma. Que estemos rodeados de personas que nos miren con ojos brillantes, y que podamos transitar nuestro andar por la tierra recordando que lo perfecto no existe, pero sí la posibilidad de disfrutar de todos los regalos que nos da la vida.
Gracias por estar del otro lado. Los abrazo y quedo con ustedes.
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MIGRACIÓN
María Moita – Venezuela
El verdadero impacto de la migración: crecimiento, empleo y oportunidades compartida. Los hogares venezolanos aportan más de 10.600 millones de dólares cada año a las economías de América Latina y el Caribe.
Con frecuencia, la migración ha sido tratada en el debate público como un fenómeno que implica una carga económica para las comunidades de acogida. Sin embargo, la evidencia que hoy tenemos en América Latina y el Caribe muestra una realidad muy distinta: cuando se gestiona con visión, la migración se convierte en una fuerza que impulsa el crecimiento, la innovación y el desarrollo.
Un nuevo análisis de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) confirma que los hogares venezolanos aportan mas de 10.600 millones de dólares cada año a las economías de la región, principalmente a través del gasto en vivienda, alimentos, educación y servicios de salud. Esta cifra no es abstracta: se traduce en alquileres pagados, negocios que crecen y sistemas de salud y seguridad social que suman contribuyentes.
A menudo se habla de los costos de la migración, pero se ignora su importante contribución fiscal. Solo en Colombia las personas venezolanas han llegado a pagar más de 529 millones de dólares en impuestos en un año. Estos recursos fortalecen los servicios públicos que benefician a toda la población.
El espíritu emprendedor de las personas migrantes también está dejando huella. En Panamá, los negocios creados por personas de origen venezolano han generado cerca de 40.000 empleos, y en Aruba han impulsado inversiones que superan los 1.100 millones de dólares. Desde la gastronomía hasta la tecnología, estos emprendimientos no solo crean puestos de trabajo, sino que revitalizan comunidades y dinamizan sectores clave.
Este análisis, basado en estudios realizados desde 2021 en ocho países de América Latina y el Caribe —Colombia, Panamá, Ecuador, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Perú y Aruba— muestra que la población venezolana en la región es altamente productiva y cuenta con una sólida formación técnica y universitaria.
Este talento representa una oportunidad para nuestra región Pero su potencial aún está lejos de desplegarse plenamente: hoy, cerca del 82% de las personas venezolanas trabaja en la informalidad, una realidad que responde a barreras estructurales en el acceso al empleo formal y al sistema financiero, no a la regularización en sí misma. De hecho, sin un estatus migratorio regular, la informalidad sería aún mayor y los países no podrían beneficiarse del aporte económico que ya comienza a evidenciarse.
Por eso es tan importante profundizar las políticas de documentación e inclusión. Los avances lo demuestran: cerca del 70% de los 6,9 millones de venezolanos en la región contaba con un estatus migratorio regular al momento de hacer el estudio, lo que ha permitido que millones accedan a oportunidades antes inaccesibles y den pasos concretos hacia una mayor integración económica. La regularización no es el final del proceso: es la condición necesaria para reducir la informalidad y liberar el enorme potencial que estas comunidades traen consigo.
En el Día Internacional del Migrante, estos hallazgos son una motivación para reconocer el impacto positivo de las personas migrantes en las comunidades que les acogen y para redoblar los esfuerzos en favor de iniciativas de regularización e integración que les permitan aprovechar plenamente su potencial, en el marco de las legislaciones nacionales.
Cuando se abren puertas, los beneficios son compartidos. Por eso, facilitar que las personas migrantes accedan a servicios financieros, aprovechen sus capacidades y se abran paso hacia el empleo digno y el emprendimiento no es solo un gesto de solidaridad, es una apuesta estratégica por economías más fuertes, comunidades más cohesionadas y un futuro más próspero para toda la región.
Tenemos ante nosotros una elección. Ver la migración como una carga o reconocerla como lo que es: una de las fuerzas más poderosas para impulsar el progreso.
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COPIAR EN LOS EXÁMENES ( EL RETO TECNOLÓGICO DE LAS UNIVERSIDADES )
Jordi Pérez Colomé – España
En un examen del grado de Informática de la Universidad de Salamanca, el profesor Javier Blanco recorría los pasillos con unos auriculares. “Me mosqueó un poco”, pensaba el alumno Víctor Funcia, “ese señor está escuchando la radio mientras nosotros hacemos el examen”. Pero Blanco no escuchaba ninguna emisora: intentaba captar una señal muy concreta.
De repente ocurrió: alguien estaba dictando las respuestas del examen por teléfono y un estudiante las escuchaba a través de un auricular invisible. Blanco conectó la señal a un altavoz y toda la clase oyó las respuestas. Nadie se inmutó. El dispositivo era un nano pinganillo, tan pequeño como la cabeza de un clavo, que se coloca junto al tímpano y solo puede extraerse con un imán.
Estos aparatos se utilizan desde antes de la pandemia. En 2019, profesores de la Universidad Politécnica de Valencia y de Madrid ya habían desarrollado detectores. La diferencia hoy es la irrupción de la inteligencia artificial: ya no hace falta un experto que sepa las respuestas, basta con enviar una foto del examen a un familiar o amigo, subirla a ChatGPT y recibir las soluciones por teléfono.
En internet abundan vídeos con millones de visualizaciones que explican cómo funcionan estos pinganillos, que se venden por unos 42,99 euros en Amazon. Algunos incluyen micrófono y requieren un repetidor en el cuello, un anillo o incluso dentro de un bolígrafo. También pueden alquilarse.
El problema no se limita a los pinganillos. “Es un problemón que tenemos”, reconoce José Juan López, vicerrector de estudiantes de la Universidad Miguel Hernández (Elche). “La tecnología es muy difícil de detectar y legislar. Y hablo de exámenes, en trabajos ya ni te cuento”.
La lista de dispositivos crece: gafas, relojes y bolígrafos cada vez más discretos, capaces de resolver preguntas y problemas. Aunque los móviles están prohibidos, en aulas grandes pueden colarse fácilmente, incluso con un segundo dispositivo de repuesto. La IA, además, puede resolver test sin necesidad de haber estudiado.
“Es cada vez más habitual que muchos busquen la solución rápida”, explica Laura, profesora de la Academia San Roque de Tenerife. “Ya ni quieren hacer el esfuerzo mínimo. Les cuesta hasta entender el ChatGPT, le piden que les haga un resumen del resumen”.
El impacto va más allá del fraude individual: copiar puede permitir aprobar asignaturas enteras e incluso obtener un grado completo, afectando a la competencia entre estudiantes por becas o plazas. “Da que pensar por qué copian en asignaturas fáciles”, reflexiona Funcia. “No sé si aumentando el castigo la gente dejaría de copiar. El sistema de notas incentiva la competitividad individualista”.
El tercer gran problema es el de las sanciones. Según la ley universitaria reformada en 2023, copiar en un examen es una falta grave, castigada con la suspensión de dos convocatorias y la expulsión durante 30 días. Pero muchos profesores consideran que la penalización es insuficiente. “Estamos vendidos, si un estudiante quiere copiar lo hará igual”, afirma Rodrigo Santamaría, de la Universidad de Salamanca.
Además, demostrar el fraude es complicado. “Le preguntas a un chaval si lleva un pinganillo y te dice que no, que lo demuestres”, señala José Ángel Contreras, responsable de Inspección en la Universidad de Burgos.
La sensación en varias universidades es que ocurre más de lo que parece, aunque no hay certezas. Y el problema no es exclusivo de España: en otros países ya se han detectado casos de estudiantes copiando con gafas inteligentes.
La única solución inmediata sería el uso de inhibidores de frecuencia, pero actualmente son ilegales y solo la policía puede utilizarlos. “Se lo comenté al ministro en una comida y ni se mojó”, recuerda López.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-12-21 16:42:582025-12-21 16:42:59ARTÍCULOS DICIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Cada historia es un latido que nos recuerda que el tiempo pasa, pero la palabra permanece.”
··· ✧ ··· COLABORADORES DEL MES ··· ✧ ···
Magi Balsells – España
Libia B. Carciofetti – Argentina
Carlos González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Andrea Morini – Argentina
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
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NIEBLAS
Magi Balsells – España
Esta niebla que de la tierra húmeda se eleva, produciendo en nuestros ojos figuradas formas fantasmales, penetrando dentro de nuestro cálido cuerpo, haciendo que sintamos este frío oculto, provocando en algún momento cierto temblor de ansiedad, dejando un suave y simple rocío sobre nuestra vestimenta.
No solo están las matinales que con los rayos del sol desaparecen, no tienen ninguna importancia son cosas de la naturaleza, también están las nocturnas, las que siempre nos dan un cierto temor, por ser en la oscuridad cuantas mas formas espectrales vemos, cuando apresuramos nuestro paso, para procurar dejarla lo mas rápido y atrás posible, buscando el calor que ellas nos niegan.
También existe otro tipo de niebla mucho mas peligrosa que ningún rayo de sol logra disiparlas, estas nieblas son las de la mente, en sus diferentes formas o nombres, cada uno dentro de su idiosincrasia, tiene un parte fundamental en el comportamiento humano, pese a los múltiples medicamentos, a los estudios que continuamente se realizan, no encuentra una solución definitiva, algunos dicen que es una cuestión mental, otros que son manías, pero lo que si son, es que son ofuscaciones de nuestro pensamiento, que a diferencia de la niebla normal que con el sol desaparece, estas están tan arraigadas que no existe astro rey para iluminarlas ni borrarlas.
También existen las del corazón, pero estas muchas veces descansan en amores truncados, en desgracias ocurridas, o en situaciones amorosas no definidas son mucho mas fáciles de sanar, ya que el tiempo como gran doctor puede llegar a curarlas u otro amor puede dar solución a estos sobresaltos del corazón.
Por lo cual procuremos que nuestra niebla solo sea la que vemos muchos días, las que van desapareciendo mientras el día va amaneciendo.
Y de las otras deseemos que nunca nos sean instaladas en ninguna de nuestras partes más queridas: la mente y el corazón.
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ERA PRIMAVERA
Libia B. Carciofetti – Argentina
Era primavera y las Iglesias cristianas de Buenos Aires y alrededores habían organizado un «Gran PICNIC» en Los Bosques de Ezeiza. En el mes de julio aproximadamente con mi hermana ya le habíamos pedido permiso a papá para asistir; por supuesto con mi mamá, «jefa de nuestra tribu». Al «cacique» Primo, había que pedirle permiso con mucha antelación, a costa de «portarnos muy bien», estudiar sin «chistar» y demás menesteres de hijas obedientes… cosa que elaborara el permiso a nuestras salidas… y ese maldito «ya vamos a ver» que nos hartaba oír.
Yo tenía 17 años y mi hermana 13… Adolescente y joven “manejable” que acataba las órdenes a rajatabla…dominada por miradas bis a bis…tete a tete… Como era la educación de antes ¿vio?… ¿viste?
Con mi hermana contábamos con los dedos de las manos y de los pies los días que faltaban para el maravilloso evento. Ya habíamos asistido a otros encuentros en que lo habíamos pasado bárbaro… Un bosque de eucaliptos, que se sabía dónde comenzaba, pero no donde terminaba. Árboles con troncos añosos y perfumados que de solo adentrarse en el bosque ya los pulmones se hinchaban de gozo y de paz…,
Debajo de cada árbol familias, grupos, que compartíamos mates, jugos y las milanesas que preparaban las mamás la noche anterior y que devorábamos en tremendos sándwiches, porque allí todo era más rico… mamá llevaba el tejido y se juntaba a conversar con amigas que hacía tiempo no se veían, porque vivían distanciadas… tiempo de juegos, tiempo de reuniones de canto y meditaciones bíblicas, guitarreadas y caminatas… a esa «caminata» quería yo llegar en mis sueños de jovencita enamorada.
A mí me gustaba mucho un chico y el re-gustaba de mi… Ese sería un punto de encuentro fantástico…
Todo el mes de julio, agosto y parte de septiembre nos portamos como verdaderas «señoritas» con mi hermana, no cuestionábamos ninguna orden y dejamos de lado esa pregunta y respuesta odiosa… ¿Por qué?… ¡Porque no! y basta! Comíamos el guiso de mondongo que no nos gustó nunca, no nos peleábamos a la hora de lavar, estuvimos dos meses amontonando «buenas acciones» con tal de obtener el permiso… Dos días antes de la primavera, el 19 de septiembre se desató una tormenta de aquellas, que nos paralizó el corazón a las dos «Carciofetti»
MMMMMMMM. Me parece que se viene una maroma !!! Exclamó «cacique» Primo… y las dos corriendo a arrodillarnos a orar fervientemente que pare de llover…. los truenos ensordecían los oídos y aceleraban el corazón de miedo, la habitación quedaba iluminada con cada refusilo.
Papá trabajaba en el ferrocarril, se levantaba a las 4 de la madrugada y regresaba en el tren de las 15 hs. Al otro día amaneció nublado pero no llovía… así que mamá comenzó a martillar la carne para preparar las milanesas y pasarlas por el pan rallado, hizo una torta de naranja, preparó todo y a medida que íbamos acordándonos lo que faltaba lo íbamos guardando en la canasta.
A las 15 llega mi papá, la mesa tendida esperándolo… con zapallitos revueltos… con un olorcito que daban ganas de almorzar otra vez. Como te fue en la escuela, comenzó la indagatoria… ¡de diez papi! A ver a ver… y yo traía mi cuaderno con un excelente recién estrenado en matemática… muy bien! A ver vos (por mi hermana) no papi a mi me hicieron prueba hoy pero no me dieron la nota, pero la seño me dijo que estaba muy bien por lo que ella podía deducir… (De resultas se había sacado un uno y ella le había agregado el «0», ya mi mami le había dado un buen levante cuando se enteró, pero por amor a mí, que me iba a tener que quedar sin picnic «callamos las dos» por única vez me hice cómplice en beneficio mío…
La voz grave de papá sonó más esta vez, no sigan guardando más cosas en la canasta porque venía oyendo por la radio que mañana va estar peor el tiempo que ayer, se pronostica granizo y tormentas eléctricas… Un silencio de sepulcro abierto se hizo en el comedor y mi hermana comenzó a llorar como una marrana… Pero y si no pasa nada? y la radio se equivoca? y mañana amanece con sol y…y…y…
y N-A-D-A-! no salen mañana y se acabó y ¡punto! ¿Qué hago yo si se desata una tormenta y ustedes están lejos? ¡Pero papi! Y el tano ya estaba levantando presión y nos clavaba la mirada, y cuando el cacique clavaba la mirada, las indias cerraban la boca…
No dormimos en toda la noche enojadas con este papá tan «invulnerable» que nos tenía días en ascuas hasta que se resolvía a darnos el sí, para alguna salida… y siempre con mamá de custodia. Como todas las madrugadas antes de irse venía a darnos un beso, yo me hacía la dormida pero mi hermana siempre lo abrazada y besaba, esa mañana no lo hizo y le dio vuelta la cara … papá salió en silencio sin hacer preguntas…
Nosotras debíamos tomar el tren de las 6 de la madrugada para llegar al encuentro a las 9 y reservar nuestra sombra bajo del eucaliptus. Como ya no iríamos al picnic, y no teníamos clase mi mami no tuvo mejor idea que nos levantemos para después de desayunar, una limpiar cada dormitorio, el baño, el comedor, baldear la vereda, y barrer el patio.
Mi mami escuchaba radio mientras cosía y nosotros afuera comiendo «rabia» por habernos quedado sin «picnic» Oímos que mamá desde la cocina decía no, no! DIOS mío no puede ser! hasta que estalló en llanto… de verdad nos asustamos mucho; aumenta el volumen de la radio, y sin poder pronunciar palabra nos abraza a las dos… Repiten otra vez con voz alarmante ya…
¡ULTIMA NOTICIA! Tren que pasaba por Escobar a la las 5-10 de la mañana descarriló en Benavídez entre las estaciones de General Pacheco e Ingeniero Maschwizt, y volcó sobre la margen izquierda … Hasta este momento son 236 los muertos, y 400 heridos aproximadamente, entre ellos muchos jóvenes que aprovechando el día del estudiante y de la primavera se dirigían a diferentes lugares del gran Bs As… Se pide a la población que colabore con las cuadrillas de rescate porque hay cuerpos irreconocibles que serán depositados en la morgue policial de General Pacheco y hospitales de la zona…
Lo que sigue es inenarrable, pues en ese tren viajaban «mi chico», con varios jóvenes que venían subiendo desde la localidad de Zárate, y en cada estación… nosotras aparte de mi mamá, íbamos con tres amigas con sus madres.
Esa tarde papá llegó a las 19 a casa… fue eterna la espera e inmenso el abrazo que nos dio… no parábamos de llorar los cuatro.
¡Tan «niñas» entendimos que DIOS TIENE UN PLAN PARA CADA VIDA, Y PONE A LAS PERSONAS INDICADAS QUE SERÍAN COMO SEMÁFOROS ROJOS PARA DECIR SU ROTUNDO NO! En este caso fue nuestro papá, que nos mezquinaba tanto las salidas, no porque no quería que disfrutemos de la vida y la juventud, le temía a todo lo que pudiera sucedernos al salir solas…
Papá cuando salió de su sopor como nosotras nos dijo que no solamente porque pensó en una tormenta, sino que algo superior le inclinó a negarnos el permiso de ir al paseo… Sin duda fue la voz de DIOS que le susurró a sus oídos… y él le prestó oídos. Hoy estaríamos en esa lista dolorosa de tantos que iban a trabajar y otros a disfrutar del día de la primavera…
Nuestro pueblo se hizo famoso no por su adelanto edilicio, sino por este fatídico accidente.
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UNA HISTORIA REAL
Carlos H. González Saavedra -Argentina
Al fin llegó el ansiado sábado. ¡Había esperado mucho tiempo para que este día llegara! En mi cumpleaños, hace más de un mes, había organizado una colecta para un comedor en Cañuelas.
A los invitados a mi fiesta les pedí juguetes y útiles escolares para un comedor muy pequeño, donde cada día comían treinta niños. Se reunió bastante. También mi hermana se sumó a la ayuda y llevó todos los elementos para maquillar a cada niña que quisiera pintarse el rostro. Como artista plástica y maquilladora profesional, su trabajo sería maravilloso.
Así fue. El baúl del auto estaba completo.
Nos habían pedido que estuviéramos a las 11:30 porque a las doce se almorzaba. Era importante que nos sentáramos con ellos, y así lo hicimos: pusimos la mesa y ayudamos a servir. Siempre se preparaba comida extra, ya que había niños que traían un recipiente para llevar algo a casa para la noche.
Todo se desarrolló con mucho cariño. Después de ordenar y comer una fruta de postre, llegó el momento de entregar los regalos. Hacer una fila fue imposible, ya que se abalanzaban sobre la mesa. La señora que me acompañaba estaba agotada.
Había un niño de unos once o doce años que pedía y pedía, aunque ya quedaban muy pocas cosas. Eso obligó a la señora a ponerse firme y preguntar quién faltaba.
—Una mano levantada en primera fila gritó: ¡Yo! —No seas pícaro, tú fuiste el que más recibió —respondió enojada.
El niño bajó la vista y, con algunas lágrimas en los ojos, se sentó en silencio en un banco, lejos de todos. Esa actitud llamó la atención de Margarita, que rápidamente preguntó:
—¿Qué te pasa? —Señora, yo pedía para los más pequeños. Ellos no llegaban a la mesa, los más grandes los tapaban. Por eso me quedé sin nada.
Esas palabras la estremecieron tanto que me llamó: —¡Carlos! Pobre, se quedó sin regalos ni útiles.
Lo miré fijo a los ojos, apagados y tristes, y le pregunté: —¿Cómo te llamas? —¡Carlitos! Me dicen Tévez —respondió con una mirada pícara escondida. —¿Ah, eres de Boca? —¡Sí! —dijo orgulloso—. b —Qué lástima, yo soy de San Lorenzo, pero te doy mi palabra de honor de que el próximo sábado traeré un regalo para ti. —¡Gracias! —y se fue corriendo. Vivía en una casita muy precaria, con techo de láminas de metal y suelo de tierra. Era el mayor de seis hermanos.
Los niños se fueron, la comida sobrante se repartió y nada quedó en la olla. Di unas vueltas por el barrio, todos en la misma condición, algunos peor.
Mi sorpresa fue mayor aún cuando, en el umbral de una casa, una niñita permanecía como un testigo mudo de agradecimiento. Lucía en su cara una mariposa. Habían pasado dos horas y ahí estaba, orgullosa de su pintura. Pensé en cómo, con tan poco, podemos darles un momento de felicidad que seguramente nunca olvidarán.
Volví con mi palabra de honor empeñada, con un sabor agridulce en los labios, por las contradicciones de la vida misma. Maestras que les exigían a estos niños un cuaderno de tapa dura con cincuenta hojas, cuando comían de manera salteada.
El lunes temprano fui a la casa de deportes y compré una pelota. Le conté al vendedor lo que había vivido. Me escuchó atentamente. —Le puse en la bolsa con la pelota unas medias de Tévez. ¡Van de regalo!
Agradecí emocionado el gesto.
Durante la semana compré algunos útiles escolares y ropa, y volvimos cargados al comedor. El día estaba luminoso, los niños estaban por comer cuando llegamos. Uno de los encargados me pidió que la bolsa se la diéramos aparte, porque se iban a poner a jugar y luego vendría la comida.
Así fue que fuimos al auto con Tévez, abrí el baúl y le entregué la bolsa. —No juegues aquí, tus compañeros no van a comer. Llévala a tu casa.
Su entusiasmo, su inocencia, sus ojitos brillando en todas direcciones me llenaron de emoción. La emoción de hacer feliz a un niño, al menos por un rato.
Es importante señalar que los responsables del comedor eran Jorge, exconvicto, y su amigo Damián. Este último se había criado en un comedor, nunca conoció a sus padres; esa era su familia.
Por último, me gustaría terminar este relato verídico con una reflexión: Somos canales de abundancia divina. Merecemos todo lo que recibimos, y así como recibimos debemos dar; como damos, recibimos.
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LAS PIEDRAS QUE CUENTAN
Elspeth Gormley – España
Cada tarde, al bajar la marea, aparecía una concha distinta en la orilla. No era la misma, aunque se pareciera: cada una traía un dibujo nuevo, como si el mar escribiera mensajes secretos en su piel. Desde niña pensé que las conchas y las piedrecillas que aparecían en la orilla tenían historias. No eran simples restos del mar: cada forma escondía un relato, cada grieta era un secreto. Cuando mis hijos y mis nietos eran pequeños, jugábamos a descifrarlas. Si la piedra parecía antigua, entonces guardaba una historia de piratas, de barcos hundidos con tesoros que nunca llegaron a puerto. Si la concha brillaba como recién nacida, era señal de un cuento nuevo: quizá la aventura de un pescador que no regresó, no porque el mar se enfureciera con él, sino porque una sirena se enamoró de su canto y lo llevó con ella a un reino escondido bajo las olas. Así, cada piedra era un libro abierto, cada concha un mapa secreto, y la orilla se convertía en biblioteca infinita. Hoy, cuando camino por la playa, sigo recogiendo esas historias. Las guardo en la memoria como quien guarda tesoros, porque sé que el mar nunca deja de escribir, y que cada piedra, cada concha, es también espejo de nuestra propia vida: unas veces áspera, otras pulida, pero siempre con una historia que merece ser contada. Y entonces comprendo que no soy yo quien inventa los cuentos, sino el mar, que me los confía como cartas selladas para que nunca se pierdan.
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DE GL 581 B
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Si este encuentro de cuento y poesía se hubiera celebrado la semana anterior, habría invitado a todos ustedes con mucho gusto a mi segundo matrimonio.
Como el primero, este matrimonio no será eterno en esta vida. Durará máximo 100 años. No tengo aguante
500? -Qué embustero- pensarán algunos de ustedes.
¿500? -Cree que nos va a meter los dedos en la boca -estarán diciendo otros.
Bueno, yo no los puedo obligar a que me crean ni a que digan que mi mujer es la subcampeona del mundo (el récord lo tiene Matusalén con 969 años).
El día de la boda, hace 8 días, no faltó un tris para que el notario, un tipo serísimo, nos mandara con policía a un juzgado para que nos arrestaran por desacato a la autoridad.
-Váyanse a gozar su luna de miel a la cárcel- nos dijo, pero no nos casó, y agregó que el documento de identidad de la novia era falso. ¡Pura ignorancia del notario! Imagínense: no sabía que en 1509, año del nacimiento de mi novia, los colombianos no éramos colombianos sino neogranadinos y que los ciudadanos no éramos ciudadanos sino súbditos del Rey don Fernando II el católico y de su dulce esposita la Reina Isabel y por lo tanto el documento de identidad de mi novia no decía “cédula de ciudadanía” sino: “Cédula Real que el Rey y la Reina de Castilla, Aragón y Navarra confieren a su súbdita Venus María, hija de GL 581 B y de padre desconocido, etc. etc., año del Señor de 1509”. Hay 2 sellos, uno seco en altorrelieve y dos firmas ilegibles en letras de oro.
Pues cómo sería de bruto el notario en cuestión (mi buena educación y caridad cristiana no me permiten revelar su nombre) que todo eso le pareció un chiste.
Fue necesario que el jefe de archivos de la Biblioteca Nacional y un historiador y un químico certificaran la verdad. De esta manera pudimos casarnos. Lo hicimos en la misma notaría de marras, para humillación del notario, quien turbado y de mala guisa, no se atrevía ni a mirarnos.
Creo que ese notario es la primera persona que se ha aguantado las ganas de mirar a Venus María. Y no piensen que ella despierta curiosidad por lo viejita. Nada de eso. La gente se extasía mirándola por su extraordinaria y singular belleza y por su perenne juventud. Su rostro, cuando sonríe, lo rodea un halo fulgente y a veces es necesario bajar la vista para no deslumbrarse. Y su cuerpo, ¡ay, si les hablara de su cuerpo!, este relato se convertiría en un canto de amor, en una oda, en un poema erótico y grandioso. Con decirles que en 1866, cuando Venus María tenía tan sólo 357 años, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer anotó en el cuaderno de ella estas palabras mientras se inspiraba mirándola: Mientras exista una mujer hermosa, habrá poesía”.
Y en 1660 Murillo, el pintor sevillano, ofreció a Venus María una fortuna para que le sirviera de modelo de su famosa “Inmaculada”. Ella posó entonces para Murillo pero no aceptó recompensa ninguna por tratarse de un cuadro para la Virgen María.
Ahora mismo yo veo en los ojos de todos ustedes estas preguntas: ¿Cómo hace su esposa para conservarse siempre joven y hermosa?
-¿Por qué ese apellido tan raro: GL 581 B?
-¿Si es verdad todo lo que usted dice, me dirán ustedes, por qué no nos la muestra?
Pues voy a contestar a esas preguntas: GL 581 B es el apellido genérico de los nacidos en el planeta de ese nombre. El planeta GL 581 B está situado en el centro de la Vía Láctea, la galaxia más cercana a la tierra. GL es de un tamaño ligeramente menor que el de la Tierra y está a una distancia de 20 años luz. Es decir, que un vuelo espacial a una velocidad de 20.000 kilómetros por hora, tardaría un millón de años en llegar. Sus habitantes, a pesar de las acechanzas del demonio, nunca le desobedecieron a Dios. Por lo tanto, no hay allí pecado original, de hecho no existe allí el pecado, no han sido castigados por Dios.
En otras palabras los seres que pueblan GL 581 B, no se arrugan, no envejecen, no mueren.
Dios, por medio de sus ángeles, a cada ser terrestre o de GL., en el mismo instante de ser concebido en el vientre de su madre, le coloca en lo más hondo de su primera célula, el alma, siempre inmortal. La diferencia está en que la primera célula de los terrícolas (no el alma) es mortal, sujeta a crecer, reproducirse y morir; mientras que la primera célula de los nacidos en GL es inmortal, como el alma.
El que dude de la existencia de GL y de que allí hay atmósfera como en la tierra y agua y por lo tanto vida, favor confirmar lo que he dicho, esta misma noche, en Wikipedia o en Google.
Estoy contestando, sigo respondiendo las preguntas: hace 500 años, un ángel nuevo, poco experimentado, cometió el pequeño error de colocar en un óvulo humano aquí en la Tierra, una célula primaria de GL, célula desde luego inmortal, siempre joven y eterna. Y así, por accidente, nació Venus María entre nosotros.
¿Que por qué no les muestro a Venus María, mi esposa?
Y…¿Por qué no iría a mostrarla?
Al terminar el encuentro de cuento y poesía, esta noche, los que quieran ver a Venus María, pueden hacerlo si bajan al parqueadero de este edificio: En la cabina de un Ferrari rojo, está esperándome mi esposa. No soy celoso. Comprendo que todos ustedes son mas jóvenes que yo. Sólo les recomiendo no mirarla demasiado tiempo a la cara: su resplandor puede volverlos ciegos.
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GAME OVER
Andrea Morini – Argentina
Voy a desvelarles el peculiar suceso que me tocó vivir hace algún tiempo, una vivencia que aún hoy, como una sombra persistente, proyecta sus vastas consecuencias sobre mi existencia. Es una historia tejida con los hilos de la incertidumbre y la metamorfosis, un relato que me persigue incluso en la quietud de la noche.
Cierta tarde de mediados de noviembre del año pasado, o quizás del anterior… la memoria, caprichosa, ya no me permite precisarlo con exactitud. Recuerdo, eso sí, que salí, como siempre me sucedía, apurada de la oficina. La prisa era mi compañera constante en el camino hacia mi sesión de terapia semanal. Siempre, una voz interior, la resistencia, me susurraba que no debía ir más, que debía romper con esa rutina. Mas, aun así, a último momento cedía: una fuerza invisible me impulsaba y, por ende, venía el apremio, la carrera contra el tiempo que marcaba mi devenir a diario.
Con paso firme, enfilé hacia la parada de taxis más cercana, mis pensamientos ya en el diván, desmenuzando las ansiedades del día. Pero, antes de llegar a la misma, un brillo en la distancia captó mi atención: un coche desocupado. Como un regalo del azar, le hice señas con la mano, casi por instinto, para que frenara. El chófer, con un movimiento fluido, acercó el auto al cordón y abrió la puerta trasera. Subí, y tras acomodarme en el asiento, le indiqué la dirección hacia donde deseaba viajar, mi rumbo hacia el ritual semanal.
Iba enfrascada en mis asuntos, divagando entre informes y análisis, cuando, de pronto, una vibración ínfima me sacó de ese ensimismamiento. Un zumbido apenas perceptible que, sin embargo, me arrancó de mi burbuja de reflexiones. Sorprendida, busqué en la butaca, suponiendo que el celular se me había caído de la cartera, cosa nada infrecuente, dada mi proverbial distracción. El atolondramiento era ya una marca registrada de mi personalidad.
Encontré un móvil, pero al instante supe que no se trataba del mío. Su diseño, su peso, todo gritaba ajenidad. «Será del anterior pasajero», pensé en aquel momento, con una lógica impecable, aunque teñida ya de una extraña fascinación. La agitación persistía, una llamada insistente, y la tentación de responder se me tornó irresistible, una curiosidad prohibida que me jalaba con fuerza. —Hola —dije, mi voz un poco vacilante, esperando que del otro lado de la línea apareciera el dueño, para así poder entregárselo y librarme de aquel objeto misterioso.
Una voz profunda, cálida y, sin embargo, con una resonancia magnética, respondió. Era muy varonil, seductora y delicada a la vez, una melodía que me envolvió al instante. —Hola, estaba esperando que atendiera —susurró, y en ese murmullo había una intimidad inquietante, como si me conociera de siempre. Añadió, con un empalago que me erizó la piel: —¿Qué tal si le ofrezco cambiar su vida a partir de este momento? ¿Aceptaría? —Dejándome la última palabra expectante, colgada en el aire como una pregunta sin respuesta.
El temor, una ráfaga helada, me asaltó el estómago. La situación era tan inesperada, tan surrealista, que colgué atropellada; mi mano temblaba mientras el móvil se silenciaba. Pero algo, una fuerza ignota y poderosa, me impulsó a no decirle nada al taxista y guardarme el aparato sin más, sin un atisbo de racionalidad. No sabría interpretar de dónde provino ese deseo, esa compulsión irracional, pero es lo que hice entonces. Un objeto ajeno se convirtió, por lo tanto, en mi secreto, un peso en el fondo de la cartera.
Llegué a destino, al consultorio de mi terapeuta, y bajé llevándome el dispositivo conmigo. Me convencí de que tenía la intención de devolverlo, que era un acto de civismo. Sin embargo, ahora, al recordarlo, no lo tengo tan claro. Quizás la semilla de la conversión ya había sido sembrada, y la excusa del retorno era solo una capa superficial para mi creciente embeleso. Terminé de realizar las tareas previstas para esa jornada, las palabras de mi psicóloga resonando aún en mi intelecto, un eco de mis propias zozobras. Me fui directo hacia casa, mi refugio, mi pequeño santuario. Agotada, con el peso del día aún sobre mis hombros, me saqué los zapatos nada más entrar. No hay mayor satisfacción, pensé, que ese pequeño gesto, una liberación, que indica el final de un día de trabajo, el preludio del descanso codiciado. Me preparé un mate, el vapor cálido ascendiendo, y para relajarme, un rito que me traía paz, comencé a escribir unas líneas que tenía dando vueltas en mi cabeza para plasmar en una próxima novela. Necesitaba ordenar mis ideas en una hoja antes de que se perdieran en las nubes del olvido, antes de que el torbellino de la jornada las arrastrara.
Estaba perfilando los avatares de los personajes, imaginándolos con una precisión casi febril, dándoles nombre, edad, gustos, tejiendo sus azares con cada palabra cuando percibí una nueva vibración. Esta vez, las pequeñas sacudidas eran más cercanas, más íntimas. Provenían del escritorio, justo donde había apoyado el trasto descubierto, el teléfono ajeno. Lo había dejado allí con la intención de revisarlo, de ver si alguna pista se revelaba en su memoria, alguna forma de entregarlo a quien lo reclamara. Era mi excusa, mi coartada para mantenerlo cerca.
Atendí, esperanzada y, debo confesarlo, con el anhelo de que se tratara del legítimo propietario de tan peculiar objeto, el eslabón perdido de esta cadena de eventos. —Hola —respondió la voz. Era la misma que había escuchado por la mañana, la que había resonado en la cabina del taxi, ahora más intensa, más cercana—. Temprano le hice una oferta, sigo esperando su réplica —exclamó, esta vez imperativo y exigente, una autoridad implacable que no admitía dilaciones. —Creo que se ha confundido señor —Le respondí, con una convicción que comenzaba a resquebrajarse. Luego, imponiendo una lógica que ya se desvanecía, agregué—, este móvil lo encontré hoy y estoy intentando dar con la persona a la cual pertenece, por lo que, supongo, es con quien usted desea comunicarse, no conmigo —aseveré con total convicción, aunque mi voz ya flaqueaba. —No es así —respondió con un dejo glacial en su voz, un frío que me caló hasta los huesos—. ¿Acaso usted no es Clara Guzmán? —preguntó, y la mención de mi nombre me heló la sangre. Mientras afirmaba a continuación, su voz grave como un trueno distante— La conozco bien, aunque no lo crea.
Una invasión de inseguridad me atenazó el estómago, un puño invisible que me apretaba las entrañas y no me permitía responder. Corté la llamada de forma abrupta, mirando el artilugio como si el mismo encarnase un símbolo del infierno, una puerta a lo desconocido. No podía entender qué estaba pasando y eso me resultó intolerable e inquietante. La madeja de mi vida, tan ordenada hasta ese momento, comenzaba a enredarse. «¿Qué o quién quería algo de mí?», recuerdo que pensé, muy asustada, mientras daba vueltas por la habitación, convertida en un torbellino de paranoia. La pregunta rebotaba en las paredes de mi hogar, una obsesión.
En ese momento, la decisión se forjó dentro de mí como hierro candente: tenía que deshacerme del aparato, dejarlo en algún lugar lejos de mi casa de inmediato. Así que, sin pensarlo dos veces, sin dar lugar a la razón, me dirigí a la plaza que estaba justo enfrente de mi puerta, un oasis de verdor que se convirtió en mi salvación. Bajé las escaleras a toda prisa y crucé la calle apurada, el corazón latiendo desbocado. Con un gesto furtivo, casi criminal, lo apoyé sobre un banco y salí huyendo de allí como si fuera una delincuente, una fugitiva de algo que no podía nombrar. Entré atropellada al que era mi hogar entonces, cerrando con un fuerte golpe, un retumbo que resonó en el silencio de mi alma. Seguía muy intranquila, una zozobra persistente me corroía, aunque, en apariencia, ya estaba a salvo. No sabía bien de qué, qué entidad o qué fuerza me había acechado, pero quería creer que así era al fin, que la pesadilla había terminado.
Traté de serenarme, de encontrar la calma en el caos que se había desatado en mi vida. Decidí continuar trabajando en la trama de la novela, antes de comer algo, aunque lo hice con muy poca convicción. Las palabras ya no fluían con la misma facilidad, el misterio se había incrustado en cada fibra de mi ser. De pronto, una melodía familiar resonó en la habitación. Esta vez reconocí el sonido habitual de mi propio dispositivo, ese que creía seguro en mi bolso. Me sobresalté. «¿Cómo era posible?» Sin mirar la pantalla, por puro reflejo, contesté, y después de dar el saludo inicial, una voz que ya empezaba a fastidiarme, a colmar mi paciencia, alegó: —Solo tiene que contestar, Clara Guzmán, si está interesada en cambiar su vida a partir de hoy, en ese caso, nunca más tendrá que preocuparse por nada —sentenció en un tono de voz perentorio, una orden disfrazada de oferta. Y luego, rompiendo toda barrera, empezó a tutearme, como si fuera un viejo conocido, lo que sumó una nueva capa de escalofrío a mi turbación—. Necesito que afirmes o rechaces lo ofrecido ahora, no vuelvas a colgar, porque no cejaré en el intento, debo saber a qué atenerme, pero sabrás que espero una réplica positiva, por supuesto.
«¿Quién era esta persona que insistía en llamarme, que parecía saberlo todo sobre mí, incluso mi nombre completo?» «¿Por qué necesitaba mi sentencia, mi veredicto, ante su planteo tan enigmático?» «¿Qué sabía de mí, de mi vida, de mis secretos más íntimos?» Las preguntas se agolpaban en mi mente arrasada por los miedos, un torbellino incesante de dudas. Su voz, por un instante, me sonó familiar, como un eco de un pasado remoto, un recuerdo que se negaba a materializarse. —¿De qué se trata todo esto? —respondí, el enojo por la intrusión en mi vida se mezclaba con una creciente intriga—. No sé quién habla, ni por qué me está ofreciendo algo que no pedí. Si no se explica mejor, volveré a colgar —aseveré, mi voz firme, aunque ya sentía la curiosidad rondar, de manera peligrosa, como un animal hambriento a mi alrededor. —Así ya es diferente, puedo explicarte en la medida de tu afán por escuchar —expresó, su voz melosa, untuosa, una trampa de terciopelo, añadiendo con un tono casi sensual—. ¿Sí? —Por favor —le solicité, entregada por completo a la tentación de conocer de qué se trataba toda la cuestión, de desentrañar el interrogante que me envolvía. La resistencia había cedido, el enigma había ganado la partida. —Te propongo participar en un juego, Clara Guzmán, junto con otras personas que también fueron elegidas, al igual que tú —respondió la voz, y la palabra «juego» me pareció extraña, casi infantil, en medio de tanta solemnidad—. Las reglas son sencillas y te serán indicadas cuando corresponda —agregó, callando a continuación, dejando un silencio expectante.
Me encontré diciéndole, mi voz más audaz de lo que creía: —Y… ¿por qué fui elegida? ¿Quién lo hizo? —interrogué titubeante, pero la pregunta ya formulada era imposible de retirar. —Eso no es relevante, Clara. Lo importante es que lo fuiste, que tu sino te ha traído hasta aquí —respondió con una firmeza que no admitía réplicas—. Solo te puedo asegurar que no he sido quien te seleccionó, no es algo que me corresponde hacer. Pero sí puedo precisar la importancia de la propuesta y de la conversión radical que significará en tu vida, para mejor, claro, en el caso de que te interese comprometerte con ella.
Si me retrotraigo a ese momento, a la encrucijada de mi vida, no puedo precisar con exactitud qué me impulsó a consentir esa loca proposición, carente de toda lógica, de toda sensatez. Tal vez, puedo aventurar, que en una vida ordenada como siempre fue la mía, meticulosa y predecible, con pocos matices, una rara aventura no me pareció tan descabellada, tan ajena a mi ser. Además, la idea de que otras personas también estarían inmersas en la supuesta actividad lúdica, me brindaba una extraña sensación de seguridad, de no estar sola en esta locura.
«¿Por qué no?», me dije entonces, algo en mi interior me impulsaba al abismo de lo desconocido. De esa manera, me rendí ante la seducción de lo ignoto, un canto de sirena que me arrastró sin remedio. Desde entonces, todo avanzó a ritmo febril, a una velocidad que mareaba, que impedía asimilar los cambios.
Me citaron en una vieja casona de Villa Devoto, un barrio de Buenos Aires con aires de antaño. El exterior de la casa, un tanto deteriorado, contrastaba con la belleza de su entorno: un hermoso parque lleno de árboles centenarios y flores de mil colores, en una de las clásicas avenidas que engalanan esa zona de la ciudad.
Allí, en ese lugar que parecía sacado de otra época, conocí al resto de los integrantes de tan dudoso grupo, de esa cofradía de lo incomprensible. Todos estaban tan aturdidos como yo, con los ojos vidriosos de recelos, pero cada cual impulsado por alguna necesidad diferente: emocional, material, o la que su raciocinio les diera como justificación para estar ahí. Éramos marionetas de un hado incierto, atadas a hilos invisibles. En principio, la voz, a través de sus emisarios, nos explicó que debíamos superar diversas pruebas o pequeñas tareas. Aquellos que íbamos cumpliendo las fases asignadas en los primeros lugares, continuábamos participando, sorteando cada vez más complejas faenas. El resto, los que no lograban avanzar, suponíamos que eran eliminados y volvían a sus hogares, a la normalidad de sus vidas. Ahora, con la perspectiva del tiempo, entiendo que eso elegimos pensar en aquel momento, una mentira piadosa para apaciguar nuestra propia congoja.
A poco de iniciar la contienda, la competencia, comencé a sentirme mal, el cuerpo reclamaba descanso. Aquello no era un juego, sino una carrera de supervivencia, una lucha por cada aliento. Apenas comíamos, la comida era escasa y sin sabor, y reposar, poco y nada. El sueño era un lujo que no podíamos permitirnos. Por lo cual, el estado general se iba tornando cada vez más agresivo y compulsivo, una animalidad latente que afloraba con cada desafío.
Estaba decidida a ganar, a sobrevivir. Desconociéndome, arremetí con fiereza en cada ciclo, cada obstáculo, sacando fuerzas de donde no las tenía y argucias que no sabía que poseía. Ante cada meta alcanzada, a la vez que seguía adelante, algo dentro de mí se alteraba, se fracturaba, al punto tal de que empecé a sentirme ajena a mí misma, como si el yo que fui se disolviera en el éter. Pero la ambición, una bestia que no conocía, era más fuerte que la conciencia, más poderosa que el remordimiento, así que «¡Adelante!», me decía alentándome, sin vacilaciones ya, hacia lo desconocido. De esta manera, con cada paso, con cada triunfo, entré en este mundo para el cual no creía estar preparada y, en el que, sin embargo, logré subsistir a toda costa.
La voz que me había convencido para entrar en él, nunca más la escuché, se desvaneció como una promesa vacía, a pesar de que busqué en todos los rincones de este universo a su propietario, a esa entidad que había puesto en marcha mi transformación. Creí percibir, cierto día, una sonrisa amiga que se parecía mucho a la de alguien que conocí tiempo atrás, al que amé de forma salvaje, con una pasión que quemaba, pero, como entonces, su rostro se evaporó, se desvaneció como sucede ante la imposibilidad del querer en ciertas relaciones, de aquellos encuentros que no están destinados a perdurar.
Para no aburrirlos con tanta historia, con la dureza de mi ascenso en este destino macabro, volvamos al principio, al origen de mi encierro, a cómo llegué a esta situación sin retorno, a este punto sin vuelta atrás. Uno a uno mis contrincantes se fueron marchando, desvaneciéndose en la nada, mientras continuaba avanzando, lenta, pero inexorable. «¿Hacia dónde?», llegué a interrogarme alguna vez, en un raro atisbo de lucidez. Pero en realidad no tenía respuesta para eso. Era seguir adelante por la simple inercia de hacerlo, acumular más y más triunfos para mi ego personal, sin ninguna necesidad real que atesorar en ello, sin un propósito más allá de la victoria.
En cada etapa, una parte de mí se diluía, se evaporaba cual gota de rocío en un día de verano, mientras me iba convirtiendo en parte del orbe en el cual había aceptado vivir.
Aquí, en este lugar, no paso hambre ni frío, las necesidades básicas están cubiertas, pero la muerte y la resurrección se encuentran cada vez que alguien decide utilizar mi avatar en el juego de roles en el cual estoy inmersa sin poder escapar.
Escribo estas líneas mientras aún recuerdo, con una claridad dolorosa, que alguna vez fui Clara Guzmán, una simple oficinista, antes del próximo instante en que me quede sin energía, se escuche un sonido atronador, como un estruendo que anuncia el fin, y vuelva a pender sobre mí la palabra «Game Over».
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COMPARACIÓN
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
En el Ajedrez, como en la vida, la mejor jugada es siempre la que se realiza – Siegbert Tarrasch
Se acercó con el tablero bajo el brazo y la bolsita de plástico con las 32 piezas aventureras. Siempre nos encontrábamos en el mismo banco de la plaza, con la mesa d piedra como un comensal más. Lo abrió y desplegó. Comenzó a colocar los huéspedes:damas, reyes, caballos, torres, alfiles y peones. Él siempre jugaba con las blancas, nunca quiso perder la «iniciativa”, allí nos quedábamos: jugando, descubriendo, inventando.
Verlo concentrado en las partidas era algo que jamás podría olvidar. La tensión, el rictus de la boca, la cabeza que se movía llena de pensamientos y jugadas anticipadas, la inteligencia puesta exclusivamente al juego enfrentada a dilemas a veces insolubles, la lucha interna por doblegarme como adversario, la crispación de sus manos. Hasta que al final movía una pieza y recobraba su tranquilidad. Roberto andaba por los 80 largos, su cuerpo no lo acompañaba mucho, pero su mente era una máquina calculadora, inteligente y por sobre todas las cosas innovadora.
Estaba planificando una variante de la Defensa Siciliana, que revolucionaría el mundo ajedrecístico. Superaba todas las conocidas, porque había estudiado en profundidad las jugadas del sacerdote Pietro Carrera, analista italiano del siglo XVI, creador de la famosa jugada.
Durante todo el año, si el tiempo lo permitía, los viernes allí estábamos los dos. Él venía desde su casa mientras que yo salía de la redacción del diario. No sabía dónde vivía. Nunca se lo había preguntado. Él tampoco me lo había dicho. Era por el barrio, pero nunca quiso dar muchas explicaciones. Siempre supuse por sus ropas elegantes pero gastadas, que en algún momento de su vida había tenido un buen pasar. Tal vez la vida se le habría complicado. Cada uno de nosotros lleva su mochila al hombro que a veces pesa poco y a veces demasiado.
Un viernes primaveral no vino, lo esperé en vano otro viernes, otro, uno más. Nunca lo volví a ver. Lo busqué indagando por varios lados, pero nada. Pregunté en la misma redacción, los negocios de la zona: algunos lo conocían por la descripción que les daba, pero no sabían dónde podía vivir. Se había evaporado de mi vida como un soplo en el viento. Allí quedó la nostalgia, sin tener remedio. Una semana antes de Navidad, una señora bastante mayor apareció en el diario buscándome. Traía un envoltorio para mí de parte de Roberto. Había fallecido hacía casi tres meses. Ella era una amiga que cuidaba de él en ciertas oportunidades. Antes de partir le había dejado el recado de entregarme el paquete como regalo de Fin de Año.
Le pregunté de qué había fallecido y su respuesta fue contundente: de vejez. «Nadie muere de vejez», pensé. Pero de qué valía explicarle eso a esta mujer. Le pregunté si necesitaba algo y me explicó que no. Sólo cumplía con el pedido de Roberto Seoli. En esa conversación me enteré por primera vez de su apellido.
Esa noche, ya en casa, abrí el paquete con todo cuidado. Había esperado ese momento con ansias. No lo quise hacer en el trabajo por razones personales. Esto era mío, particularmente mío. Allí estaba el viejo tablero y los 32 trebejos, gastados, ajados, esperándome. En un sobre marrón bien cerrado, encontré una papeleta con diferentes jugadas. La letra pequeña, pareja y bien escrita, reforzaba mi impresión de que Roberto había sido una persona de una gran cultura. En la mesa chica del living, al lado de los sillones, armé todo y comencé a desarrollar lo escrito por él. ¡Formidable! ¡Excepcional! ¡La combinación perfecta! ¡Una variante de la Defensa Siciliana extraordinaria!
Me quedé quieto por un momento recordándolo con su traje raído, sus zapatos charolados de dos colores, el bastón marrón de madera lustrada y esos ojos brillantes cuando realizaba una partida magistral. En base a ella escribí un libro que resultó ser un best-seller para el mundo ajedrecístico. La variante llevaba su nombre. El nombre de un hombre que llevó su imaginación al límite.
Hoy ese tablero sigue allí. Nadie lo toca. No lo permito.
Nunca más jugué en él. Es un sempiterno recuerdo.
Roberto, vos allá andá preparando otra jugada. Yo aquí voy a hacer lo mismo.
Cuando nos encontremos… comparamos.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-12-21 16:42:032025-12-21 16:42:04CUENTOS Y RELATOS – DICIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Cada carta es un faro: ilumina la memoria y exige al mundo su verdad.”
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✦ Colaboradores – Cartas de Navidad ✦
Luz Fontana – Italia
Carlos González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Sarah Petrone – Argentina
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CARTA A LOS LECTORES
Luz Fontana – Italia
Queridos lectores, La proximidad de la Navidad nos invita a reflexionar no solo sobre la tradición, sino sobre el lugar que ocupa la palabra en tiempos de incertidumbre. La historia nos enseña que las fiestas han sido siempre un espejo de la sociedad: en ellas se revelan tanto la abundancia como la carencia, tanto la memoria como el olvido.
Hoy, cuando la humanidad se enfrenta a crisis de agua, migraciones forzadas y desigualdades que atraviesan continentes, la literatura se convierte en un espacio de resistencia cultural. Como señaló Octavio Paz, “la literatura es la otra voz”: aquella que se alza cuando el ruido del poder pretende silenciar la conciencia. Escribir, entonces, no es un gesto ornamental, sino un acto de responsabilidad.
La Navidad, con sus símbolos luminosos, nos recuerda que la esperanza no puede desligarse de la justicia. No basta con encender luces si no iluminamos también las zonas de sombra: los niños que buscan agua, las familias que esperan paz, los pueblos que reclaman dignidad. La palabra escrita es un faro que atraviesa esas oscuridades, un testimonio que se niega a desaparecer.
Que esta revista sea, pues, un lugar donde la erudición se encuentre con la sensibilidad, donde cada carta y cada artículo se conviertan en memoria viva. Porque escribir es afirmar que tenemos alma, y que esa alma se proyecta hacia el futuro como legado y como promesa.
Con respeto y gratitud
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CARTA A MARCELA
Carlos González Saavedra – Argentina
Siempre tengo ganas de escribirte, pero lo dejo para después. Así van pasando los días, las semanas. Hoy me dije: sí o sí escribo lo que pienso. Aunque estamos cerca, no me he animado a dar un paso más. Ganas no me han faltado.
La familia, los chicos, nuestras parejas… todos forman parte del paisaje cotidiano. Y aun así, puedo adivinar en tu mirada la necesidad de conectarte de otra manera, especialmente conmigo. No nos hemos acercado, por prudencia. Así lo siento.
Desconocía que mamá te había invitado. No supe cómo disimular la alegría de tenerte cerca, de poder conversar mirándonos a los ojos. Uno dice tantas cosas con ellos… leerlos me haría sentir privilegiado.
Esa noche nos envolvió una sana intención: vivir en paz y armonía. Son momentos que la vida nos regala. Los brindis, las charlas amenas y los abrazos hacen que uno viva mágicamente, auténticamente en el amor. Al menos, eso me sucede a mí.
Siento que en ti mora el mismo sentimiento: el amor al prójimo. Agradezco este instante que la vida nos con
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CARTA A PAPÁ NOEL
Elspeth Gormley – España
Este año no quiero pedir imposibles, porque aprendí desde niña que la vida se conquista con esfuerzo, y que los regalos más grandes no caben en un papel de colores. Pero también aprendí que hay cosas que deberían ser básicas y siguen siendo un privilegio: salud, justicia, paz, dignidad.
Por eso te escribo a ti, Papá Noel, que llegas primero y llenas de ilusión tantas casas. No traigas solo juguetes y adornos: trae lo esencial, lo que debería estar garantizado. Salud para quienes luchan cada día, amor para quienes se sienten solos, y tiempo para quienes apenas sobreviven entre jornadas interminables.
Enséñanos a pensar con libertad, porque vivimos rodeados de voces que manipulan, de noticias que confunden, de líderes que prefieren el poder a la verdad. Que tu saco no lleve solo regalos, sino también conciencia.
Un saquito de solidaridad, sí, pero no como gesto simbólico: que se convierta en política, en acción, en compromiso real. Porque mientras unos acumulan riquezas obscenas, otros siguen contando monedas para llegar a fin de mes.
Intercede en los conflictos bélicos, aunque sé que la cordura rara vez visita a los poderosos. El poder los abduce, los cambia, los vuelve sordos. Protege a los más vulnerables: niños, ancianos, enfermos, refugiados. Que nadie quede fuera de la mesa, que nadie pierda la dignidad de sentirse amado.
Si no puedes traer todo esto, trae al menos una chispa de esperanza, una lágrima que lave la injusticia, una luz que nos recuerde que no estamos solos.
En lo personal, te pido conservar lo que ya tengo: mi familia de sangre y mi familia elegida, esas amistades que resisten la distancia, encuentros que llenan de ilusión mi vida, y la certeza de que el amor, en todas sus formas, es el único regalo que no se agota.
Querido Papá Noel, deja en cada casa una lámpara encendida, no como adorno, sino como recordatorio: que la verdadera magia no está en los renos ni en los trineos, sino en la capacidad de los pueblos de resistir, de compartir, de exigir un mundo más justo.
Con agradecimiento, pero también con firmeza, te deseo una feliz Navidad y un año nuevo donde la luz no sea promesa, sino realidad compartida.
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CARTA A SANTA CLAUS
Sarah Petrone – Argentina
Querido Santa, hoy sentí la necesidad de escribirte. Tuve nostalgia de las tantas cartitas que con mis hijos te enviamos a ese lugar del Polo Norte, donde supuestamente vivías, y que año tras año, los pedidos de regalos que querían para las Navidades, llegaban de tu mano, casi siempre.
Era tierno y conmovedor ser parte de esa ilusión que llenaba el alma de los niños, bendita ingenuidad con la que soñaban con tu viaje en trineo tirado por un montón de renos que te paseaban por los cielos de una punta a la otra del mundo, vestido con tu traje rojo, tu barba blanca y riendo con esa risa bonachona de abuelo bueno con la que aún te representan en los afiches de venta de juguetes. Tocando tu campanita y cantando tu Ho, Ho, Ho.
Hoy, mis niños han crecido, sin embargo soy yo la que quiere recuperar ese tiempo que se perdió en el tiempo. Quiero creer que los años no han pasado, que vuelvo a recuperar la magia de la Navidad, que ya no es la misma.
Casi sin darme cuenta, se fue diluyendo la época más feliz, la de lograr que los niños vivieran una infancia con ilusiones, con sueños, sin temores, cuando todavía podíamos protegerlos y enseñarles todo lo que aprendimos y que ahora ellos enseñan a sus hijos, mis nietos.
De generación en generación, tu figura o tu mito,(o no) no se ha perdido. Los padres no hemos dejado que tu historia se perdiera, pese a las dificultades de la vida, a los años, a las perdidas de seres queridos, al tiempo, a la realidad que no siempre es la que esperamos.
Hoy, te escribo desde el alma, como la mujer adulta que soy, la que quisiera volver el tiempo atrás para rescatar eso bueno que año tras año llenaba de ilusiones a los niños y a los grandes que hacíamos de esa magia el cuento de amor más genuino y real. Gracias por esa infancia que nunca olvidaremos.
PD. Me olvidaba. Sí, quiero pedirte algo. Necesito que recojas un puñado de PAZ para este mundo convulsionado y egoísta que perdió la inocencia y olvidó reír y soñar, y cuando te descuelgues por las chimeneas de las casas, con tus regalos, derrámala en cada una de ellas, para que no se pierda su esencia en el entorno familiar. Como cada año, en este, también te espero. GRACIAS.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-12-21 16:40:472025-12-21 16:40:48CARTAS DICIEMBRE
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
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A
Aquí laten las voces que hacen del invierno un hogar.”
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✦ Colaboradores ✦
Magi Balsells – España
Marcela Barrientos – Argentina
Carlos H. González Saavedra – Argentina
Elspeth Gormley – España
Graciela Reveco – Argentina
María Sánchez Fernández – España
FIESTAS DE NAVIDAD
Magi Balsells-España
Días señalados en el calendario, momentos de ilusión y alegría nos invaden, lo que es momentos de reunión con la familia y los seres queridos, el jolgorio y también el recogimiento, si hay con quien disfrutar de ello.
Solo estoy, en un gran piso, sin pareja, sin hijos, sin nada mas que mi sola compañía, los únicos familiares muy lejanos están y poco contacto ha habido en estos últimos años, todos tienen sus problemas, todos tienen su familia y yo me he quedado solo, solo con mis recuerdos, con mis tristes pensamientos, con la tristeza de no ver mas a mis seres muy amados, todos ellos desaparecieron hace ya algún tiempo sin ver que yo me quedaba abandonado a esta situación no deseada.
Tengo que celebrar la Nochebuena, con qué o con quién, no puedo ni llamar a ninguna puerta para que me acojan en estos días, aunque solo fuera una sola, el poder sentir el calor y el cariño de otras personas, mis amigos tampoco están y los pocos que me quedan ellos quizás estén en la misma situación, ya solos nos quedamos muchas veces.
Pondré la mesa y en ella las fotografías de los que se fueron, así no estaré tan solo, encenderé todas luces para iluminar la casa como a ellos les gustaba, pondré todo el servicio como si aun estuvieran, hablare con ellos aunque no pueda oír sus voces, pero en mi mente si los escuchare, reiré con ellos aunque las lagrimas afloren mansamente en mis mejillas
Llaman a la puerta, ¿quien será? Es el vecino de al lado, que me viene a buscar, no admite excusas me están esperando en su mesa y en el sitio de honor, ahora es cuando las lagrimas salen a borbotones. Me es imposible dar las gracias, la emoción tapa cualquier palabra, todos me acogen como uno más de ellos.
Gracias a mis deudos por lograr este milagro se que habéis sido vosotros los que habéis tocado el corazón de estas personas.
Veo que en el mundo aun existe bondad.
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EL PUEBLO QUE HABIA DEJADO DE CREER
Marcela Barrientos – Argentina
En el pueblo de *San Silencio*, la Navidad ya no era una fecha: era apenas una palabra gastada. Las luces colgaban por costumbre, no por ilusión; los villancicos sonaban como ecos lejanos, y en las casas nadie esperaba nada más que el paso del tiempo. —La Navidad es para los que aún creen —decían los mayores—, y aquí ya casi nadie cree en nada.
Ese año, como todos los anteriores, el frío llegó puntual y la plaza se llenó de hojas secas en lugar de risas. El viejo pesebre municipal permanecía guardado en un depósito, cubierto de polvo y olvido. Nadie lo reclamó. Nadie… excepto *Luna*. Luna tenía ocho años y una forma especial de mirar el mundo, como si aún pudiera escuchar lo invisible. La noche del 24 de diciembre, salió de su casa con una vela encendida entre las manos. No sabía por qué, solo sentía que debía hacerlo.
Cuando llegó a la plaza, ocurrió lo extraordinario. La luz de la vela no tembló con el viento. Al contrario, creció. Y en ese silencio profundo, una nevada suave comenzó a caer, aunque el cielo estaba despejado. No era nieve común: cada copo brillaba como si llevara dentro un recuerdo feliz.
Los vecinos salieron a las puertas. Algunos lloraron sin saber por qué. Otros recordaron una voz, una canción, una mesa compartida. Entonces, en el centro de la plaza, apareció el pesebre olvidado, intacto, luminoso. No era nuevo ni perfecto, pero estaba vivo. Y en él, el Niño parecía sonreír, no por haber nacido, sino por haber sido esperado otra vez.
Desde esa noche, San Silencio cambió. No porque los problemas desaparecieran, sino porque algo volvió a habitar los corazones: la certeza de que la esperanza no muere, solo espera ser llamada.
Y así, cada Navidad, una vela se enciende en la plaza. No para recordar lo que fue, sino para creer -otra vez- en lo que aún puede nacer.
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UN RELATO DE NAVIDAD
Carlos H González Saavedra – Argentina
Ese domingo estaba ansioso, más que otras veces. Aunque conocía Río, en mi cuarto viaje me faltaba descubrir el Río profundo, ese donde se respira Brasil en las paredes. El samba y la pobreza de las favelas. Contrastes y desigualdad de un país maravilloso. El brasileño común, de la sonrisa permanente, de la energía que te invade. En cada rincón, en cada vuelta de la esquina hay una sorpresa cercana a la bohemia, la melancolía y esa fuerza increíble para salir adelante, cantando a pesar de todo.
Todo eso, ni más ni menos, de la mano de mi hijo Federico, residente en Río desde hace nueve años. —Padre, ¿qué quieres conocer bien? —Un bar de esos donde se hace música con una tapita de refresco o una lata de cerveza. —Bien, esta noche vamos a lo de Alfredo. —Perfecto, ya me gustó la idea con solo conocer el nombre.
Allí fuimos, domingo a las nueve de la noche. Imaginé un bar grande, no un local pequeño que no tenía más de ocho metros de frente por doce de fondo.
Federico me presentó a Alfredo, que permanecía sentado en la puerta del local, en una mesa, con una planilla donde anotaba las consumiciones. —Padre, aquí funciona así: al fondo tienes dos neveras cargadas de cervezas, alguna botella de vino y agua. Una barra para lavar alguna copa y un pequeño baño. Te sirves y le avisas a Alfredo lo que tomas, él lo anota y al irnos pagamos.
En un costado del angosto salón había una madera donde alguien apoyaba el codo, tomando una cerveza. En el centro, sentados en sillas o bancos comunes, músicos y más gente en la calle que dentro del local. —¿Por qué se llama Bip Bip? —pregunté asombrado. —Alfredo le puso ese nombre por el Correcaminos, no se le ocurrió otro. Y ojo, aquí no se aplaude, está prohibido. Solo se chasquean los dedos, por respeto a los vecinos y a la música. Si hay mucho ruido, ¡no sabes cómo se pone Alfredo! —acotó Federico.
El samba recorría las paredes y nuestros oídos. Era un momento y un lugar pleno de magia. Venían unos, otros se iban. Siempre ocupaban los banquitos. Tocaban con instrumentos pero también marcando el ritmo con cucharitas. —Padre, este es un bar socialista. Los martes se viene a hablar de política. Los músicos son profesores del conservatorio, algunos también de canto. —¿Cómo, los músicos también pagan lo que consumen? —Aquí todos pagamos, ellos también.
La bohemia me arrancaba el corazón. Fui dos veces al baño, para quedarme en la barra de atrás, observándolo todo. El bullicio iba subiendo en intensidad y el número de gente en la acera crecía.
De pronto, Alfredo se levantó furioso de su silla. Los músicos dejaron de tocar y un silencio sepulcral se adueñó del lugar. Alfredo, con problemas respiratorios por el cigarrillo, cercano a los sesenta y cinco años, se ponía colorado y hablaba entrecortado para poder tomar aire: —Aquí venimos a escuchar música y disfrutar. Si hablamos gritando, no escuchamos la música y es una falta de respeto a los vecinos. Si no les gusta, se van y listo.
Después de su alocución, complicada por su falta de aire, una suave melodía de flauta devolvió la normalidad. Alfredo se volvió a sentar. La noche se nos escapaba de las manos, eran como la una de la mañana y seguía llegando gente. —¿A qué hora cierran, Federico? —Hasta que salga el sol. Nosotros, si quieres en una hora más, nos vamos, padre. Mañana tengo que trabajar. —Sí, hijo, cuando me digas. —Quedémonos una hora más. —De acuerdo.
Las paredes impregnadas de nostalgia, decoradas con recuerdos y fotos, mostraban en un rincón un diploma con una distinción del Ministerio de Cultura, nombrando al Bip Bip como lugar cultural de Río de Janeiro. Cobró otra dimensión el sitio donde me había traído mi hijo, cuna del samba y del sentir autóctono de Brasil.
Solo tomaba cervezas, iba por la quinta, y veía cómo Federico se divertía con ellos. Aprendí los secretos de la pandereta, tan famosa por su sonido característico, tocada con el movimiento de la muñeca. El profesor nos señalaba: —Mira, esa niña está tocando mal. Para mí, tocaba de maravilla. Hasta que la escuché con atención, comprendí lo que decía. Su sonido me transformaba. Eso sí que era maravilloso, como todo lo que estaba allí.
Mientras la música acariciaba los oídos y todos movíamos el cuerpo al compás, una muchacha con una lata de helado de cinco litros, con una ranura en la tapa, invitaba a todos a dejar una propina. Pensé que sería para los músicos. —Federico, muy bueno el lugar, quedé encantado. ¡Cómo tocan, qué maravilla! ¿Ahora cada uno paga su cerveza? Increíble, menos mal que después con la propina se arreglan. Hermoso regalo me hiciste, hijo. —No, padre. Ese dinero que se junta cada noche, durante todo el año, es para el día de Navidad. —¿Cómo? —Alfredo, en Navidad, pone las mesas en la calle y da de comer a todos los indigentes y personas sin hogar. Hace una gran mesa y brinda con todos ellos, por la Navidad.
Ese comentario me dio una dimensión mucho más profunda de Alfredo y sus músicos, de su altruismo, de su humanidad. Rescatando al hombre concreto de una sociedad injusta y salvaje. Me impactó mucho emocionalmente.
Antes de irme, volvimos y tuve la oportunidad de confundirme en un abrazo con Alfredo, cosa inusual según mi hijo. Le había escrito un poema al lugar. Federico se encargó de dárselo a su amigo para que lo tradujera. Seguramente fue por eso que me abrazó. Sentí su emoción. Lo abracé por tantas cosas, que no me alcanzaban los brazos para decirle gracias. Me sentía en deuda con él.
Alfredo falleció de un enfisema pulmonar hace un año y medio. El amigo de mi hijo, cuyo nombre no recuerdo, quedó a cargo del lugar.
Después nos invadió la pandemia y no pude volver. Me gustaría regresar al Bip Bip y ayudar a servir la mesa, rescatando miradas de agradecimiento y felicidad por Alfredo, por su inmensa humanidad. Brindando, con ojos emocionados, por una ¡Feliz Navidad!
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CUENTO DE NAVIDAD
La luz que nunca se apaga
Elspeth Gormley – España
En un pequeño pueblo junto al mar, cada diciembre se repetía un gesto sencillo: las familias colocaban una lámpara en la ventana, como señal de esperanza. No era lujo ni adorno, solo una luz humilde que decía: “aquí hay un hogar abierto, aquí hay alguien que espera.” Crecí en tierra de marineros rudos, donde el Cantábrico rugía con furia cuando se enfadaba. De pequeña, me subía a una silla y desde la ventana miraba el mar extasiada, y veía que en cada puerta brillaba una luz encendida. Esa luz no era solo candil, era promesa: los que partían al mar sabían que esa era la señal de que los esperaban, que su casa seguía siendo puerto seguro.
Aquella Navidad, Clara encendió su lámpara con un temblor distinto. Su padre había partido meses atrás, y la casa parecía más vacía que nunca. Pero al encender la luz, recordó sus palabras: “la Navidad no es ausencia, es memoria que se convierte en compañía.”
Esa noche, las calles se llenaron de ventanas iluminadas. Cada lámpara era un latido compartido, un puente invisible entre casas y corazones, un gesto sencillo que vencía la distancia.
Cuando la medianoche llegó, el pueblo entero parecía un cielo en la tierra: cientos de luces brillaban como estrellas, y cada una contaba una historia de amor, de pérdida, de esperanza.
Desde entonces, sé que la Navidad no se mide en regalos, sino en la fuerza de una luz compartida. La misma que en el Cantábrico esperaba a los marineros, la misma que en cada ventana dice: no estás solo, aquí hay alguien que espera.”
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ROSAS DE HOY PARA MAÑANA
Graciela Reveco – Argentina
Fue en vísperas de Navidad cuando un ligero despertar insinuó que llegaría con un abalorio de sorpresas. Mamá hizo un gran esfuerzo para que mi regalo fuera la pelota de trapo más hermosa que alguien pudiera imaginar, redonda y blanca, un tanto agrisada por el tiempo, cerrada y muy firme, no se rompería tan pronto como las otras, pero algo me molestaba en un rincón del corazón; yo no podía obsequiarle nada, los dos estábamos muy bien, pero no teníamos mucho dinero, apenas para vivir con lo que ella ganaba amasando en la panadería del barrio.
También, en esa Navidad, mi padrino (un primo de mamá) llegó con un regalo muy especial, dijo que el señor que lo acompañaba deseaba verme jugar en un equipo que esa tarde competiría en el club de la ciudad, y que debía desangrarme como lo hacía si domingos. Los ojos de mi madre dijeron sin decir que eso podía ser muy bueno para los dos.
De inmediato acudimos a la cancha, debía practicar unas cuantas horas con una pelota de verdad, descanso de por medio. Era emocionante y me latía el corazón con una fuerza arrolladora. Mi padrino sabía que no me costaría nada acostumbrar mis pies a esa maravilla redonda y blanca que no me cansaba de apretar contra mi pecho hasta doler.
Mientras me preparaba, la pelota fue a dar muchas veces cerca de un puesto de flores que estaba a la entrada del club, y cuando iba por ella me quedaba viendo un balde repleto de rosas blancas. ¿Te gustan?, preguntó la florista con una gran sonrisa. Le gustan a mi mamá, dije con los ojos trizados, y salí a la carrera con una esperanza que aún no entendía.
Más tarde, mi padrino me llevó a los vestuarios; el partido iniciaría muy pronto. Estaba asustado, pero no lo demostraría, jugar al fútbol era lo que más amaba en el mundo después de mi madre.
En medio del primer tiempo, reconocí que el grupo de jugadores era bastante malo, no dejaba completar un avance, muy lentos en el conjunto (mis amigos jugaban mejor en la canchita, y con pelotas de trapo). Frente a lo que nadie esperaba, me senté en una orilla, sobre el verde campo de juego, y dije que no quería seguir, que aquello era un bochorno, además de que nos adelantaban con dos goles.
Mi padrino corrió hasta mí sin enojarse (era lo único que yo temía) y sentenció que era muy pequeño para tamaña actitud y que debía volver al juego. Chiquito, susurró cerca de mi oído para que solo yo lo escuchara, si haces un gol, de los que acostumbras en tu canchita dominguera, te doy unos cuantos pesos. Lo miré con los ojos terriblemente más trizados, y otra vez salí a la carrera.
No perdía la esperanza, ni en ese inicio, ni en la felicidad de mi madre. No sabía cómo iba a ocurrir el milagro, pero fue espontáneo y premonitorio. Lo cierto, es que ese día marqué mi futuro. No hice un gol, hice cinco, y al finalizar el encuentro levanté mi mano, las palmas bien arriba, como esperando mucho más del cielo; en ese momento solo aspiraba a mi dinero bien ganado y multiplicado por cada tanto.
Fue una travesura, porque de seguir así no había chance para el equipo, pero también lo hice por otra razón. Muchos años después puedo contarlo, a pesar de los berrinches y los correctivos que permitieron mi triunfo como futbolista. Es verdad que nunca jugué con el blanco incierto de aquella pelota de trapo que zurció mi madre, pero esa noche de Navidad ella puso sobre la mesa un enorme ramo de rosas blancas. Todas para ella.
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LA NAVIDAD DE HALLEY
María Sánchez Fernández – España
Hace algún tiempo vino a caer en mis manos la famosa obra de Sigmund Freud La interpretación de los sueños. Comencé a leerla y quedé tan fascinada que en un par de días ya la había concluido.
Es fabuloso poder comprobar cómo nuestra mente, al sentirse libre de control mientras dormimos, divaga y se nos escapa por los caminos más inverosímiles. Vivimos nuestro mundo cotidiano, pero deformado por mil cabriolas que nos zarandean caprichosamente.
Una noche de invierno, próxima la Navidad, salí a la terraza de mi casa para respirar un poco de aire puro. Aunque hacía mucho frío, el cielo estaba despejado. Lo miré largamente y quedé maravillada de la profundidad de su negrura, que se hacía más intensa con el brillo limpísimo de los millones de estrellas que lo tachonaban. Alguna que otra se escapaba veloz y desaparecía rápidamente.
Entré en mi habitación, me metí en la cama y conecté la radio para oír un programa informativo. Al momento me quedé dormida. Mi mente empezó a trabajar rápida, libre, sin cadenas, y soñé. Soñé con un mundo fantástico llamado “Cosmos”. Yo era una estrella fugaz que corría sin cesar por aquel espacio inmenso sin principio ni fin. Miles de cuerpos danzaban ingrávidos, moviéndose acompasados por el negro silencio que cantaba eternidades. Me sentía liberada, etérea, y corría y corría sin dirección ni destino. En mi loca carrera llegué a una zona en la que los cuerpos celestes se apretaban entre sí formando una gran masa de brillante mutismo.
Una multitud de estrellas de todas las clases y condiciones rodeaban curiosas y admiradas a otra de……mayor tamaño y belleza. Era hermosa, rutilante, vestida de luz blanquísima con destellos rosados y lucía una enorme cola, tan ancha y tan larga que cubría todo lo que mi vista de estrella menor podía alcanzar. Se estaba celebrando una gran fiesta en la que cada astro mostraba sus habilidades o contaba una historia en la que había tomado parte. Una estrella pequeña y tímida entonó una breve balada que decía de tenues parpadeos. Un astro opaco y torpón narró una historia de negros y largos silencios. Otras, más alegres y divertidas, inquietas y fugaces como yo, me invitaron a danzar…, y danzamos…, y danzamos…, por una eternidad.
La reina de la fiesta pidió la palabra y participó en aquella velada contando una hermosa historia. Su voz, de ráfaga purísima, inundó toda aquella inmensidad, y los allí presentes escuchamos con la mayor atención. —Mi relato es corto en el tiempo, pero su contenido en esencia es largo y largo…, tan largo que nunca se acabará por los siglos de los siglos: En mi amplio caminar por los senderos del universo, llegué muy cerca de un planeta llamado Tierra. Curiosa me acerqué a él y me detuve. Era azul y muy bello. Formaba parte de un grupo de nueve que giran…alrededor de un astro muy poderoso llamado Sol. Me aproximé cuanto pude y observé que en él se movían extraños seres de múltiples especies. Se veían grandes masas azules que se movían sin cesar, a las que ellos llamaban mares; también se veían grandes espacios verdes en los que se desarrollaba con gran profusión la vida de aquel planeta. Entre todas las especies, había una que dominaba a las demás: era el hombre. Seguí mi camino, pero siempre me detuve periódicamente en mi viaje eterno allá, sobre la Tierra, para recrearme en ella y observar a sus criaturas.
En una ocasión pude ver que en una pequeña aldea ocurría algo extraordinario. El Sol ya no alumbraba y estaba oscuro. Solamente mi luz la hacía visible. Gozosos grupos de hombres se dirigían a un lugar muy humilde en apariencia. Traían presentes, canciones y danzas. Me acerqué más y aquel paraje se iluminó. Observé que en un reducido espacio, como los que los hombres dan cobijo a otros seres inferiores en la escala de su vida cotidiana, había un hombre y una mujer que sostenía en sus brazos a un Niño recién nacido. Era el Niño más hermoso que soñar se puede. Todos, al llegar, se postraron ante Él en señal de adoración. Más tarde vi una gran comitiva de personas lujosamente vestidas que, al llegar ante aquel humilde establo, desmontaron de sus cabalgaduras y se postraron ante el Niño. ¡Qué belleza ante tantas muestras de amor! ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Quién era aquella persona tan pequeña a la que todos adoraban como si fuera el mismo Dios?
Un ser celeste, brillante como un astro pero con apariencia de hombre, pronunció unas hermosas palabras que inundaron aquel modesto lugar de dulcísimas melodías: GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD
La estrella enmudeció y quedó por unos instantes absorta para después proseguir: —Enseguida comprendí. Aquel planeta Tierra había sido elegido por el Sumo Hacedor para realizar sus grandes designios. Ese Niño recién nacido sería el destino del mundo, y yo, una humilde estrella, una ínfima partícula de este Todo Inmenso, había sido testigo del acontecimiento más grande jamás ocurrido.”
“Entonces, henchido de gozo, también canté con aquellas criaturas bienaventuradas y de buena voluntad un GLORIA A DIOS”.
Desperté de mi sueño. Tenía conectada la radio que emitía en aquellos momentos el magnífico Gloria de Saint-Saëns: GLORIA IN ALTISSIMIS DEO.
La teoría de Freud quedaba confirmada. Al escuchar mientras dormía aquel inmenso Gloria, esos estímulos sensoriales externos hicieron que viviera por unos brevísimos momentos la Navidad del Cometa Halley.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-12-21 16:39:282025-12-21 16:39:29CUENTOS Y RELATOS DE NAVIDAD
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ASESORA – ENERO
“Acompañar el cambio, cuidar el proceso.”
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RENACER.-
Andrea Kiperman- España
Como siempre, gracias por estar del otro lado, leyendo estas líneas. En esta oportunidad, el tema central es Renacer. ¿Cuántas veces en la vida nos ha tocado renacer como el mismísimo Ave Fénix? Creo que, a lo largo de nuestra vida, nos toca atravesar diferentes circunstancias de aprendizaje y crecimiento que, por momentos, nos ponen un espejo delante con nuestros miedos más profundos, con nuestra oscuridad, como parte necesaria para poder sanar.
Muchos dicen que cada día uno puede renacer, como si el reloj volviera a empezar con 24 horas disponibles para nuevas oportunidades. En lo que respecta a mi punto de vista, pienso y creo lo mismo: cada día nos ofrece un tiempo nuevo para poder hacer las cosas de manera diferente, para analizar con buenos ojos lo vivido y empezar de nuevo.
Cada día tiene un afán distinto, una energía diversa que nos permite transitar la vida de la mejor manera posible. El tan aclamado Aquí y ahora nos conecta con ese momento presente, con este hoy que también es infinito. Con este presente que nos permite todo.
Te invito a tratar de ampliar el panorama, entendiendo que las cosas pueden ser diferentes hoy; a intentar que cada “hoy” nos empape de la esperanza y la sabiduría que nos envuelven. Entendiendo que hay días distintos, que podemos sentirnos de una determinada manera, pero que nada —absolutamente nada— es estático: todo se mueve, como nosotros mismos.
Ojalá que la brisa corra fuerte y logre equilibrarnos para poder RENACER todos los días.
Quedo con ustedes…
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EDITORIAL – DICIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
Memoria y presencia compartida
Este diciembre no es solo el cierre de un año: es un punto de inflexión para mirar hacia atrás con gratitud y hacia adelante con responsabilidad. En estas páginas conviven las voces de quienes ya no están y dejaron una huella imborrable, y las de quienes siguen acompañándonos con su creatividad, su constancia y su confianza en este proyecto colectivo.
Recordamos con respeto a quienes partieron, porque su presencia continúa en cada texto, en cada gesto y en cada iniciativa que hoy sigue creciendo gracias a ellos. Y al mismo tiempo celebramos a quienes sostienen esta revista mes a mes, enviando sus relatos, poemas, crónicas, ensayos y reflexiones. Gracias a esa participación constante, este espacio se ha consolidado como un lugar de encuentro, de diálogo y de construcción cultural.
Este año ha sido especialmente significativo para nuestra comunidad. Han surgido nuevos proyectos literarios, se han fortalecido colaboraciones, y hemos visto cómo la creatividad de nuestros autores se expande hacia formatos diversos: desde concursos y ciclos temáticos hasta propuestas visuales, crónicas históricas, cartas, relatos breves y ensayos que abren debate. Cada iniciativa ha demostrado que la literatura sigue siendo un territorio fértil, capaz de unir sensibilidades distintas y de generar conversación en tiempos donde la dispersión parece imponerse.
La Navidad nos recuerda que la ausencia forma parte de la vida, pero también que la presencia —cuando se comparte con generosidad— se multiplica. Esta edición es, por eso, un homenaje doble: a quienes dejaron una semilla que continúa floreciendo, y a quienes hoy la riegan con su palabra, su compromiso y su entusiasmo. Porque una revista no se sostiene solo con textos: se sostiene con personas. Con su tiempo, su dedicación, su mirada y su deseo de formar parte de algo más grande que sí mismos.
Miramos hacia el nuevo año con la convicción de que aún quedan muchos caminos por recorrer. Queremos seguir ampliando espacios, abriendo puertas a nuevas voces, impulsando proyectos que fortalezcan la lectura, la escritura y el intercambio cultural. Queremos que esta revista siga siendo un lugar plural, vivo, dinámico, donde cada autor encuentre un hogar y cada lector, un motivo para volver.
Que el próximo año nos encuentre con la misma energía creativa, con la misma generosidad compartida y con la certeza de que cada colaboración suma y fortalece este proyecto común. Seguiremos trabajando para que estas páginas continúen siendo un espacio abierto, respetuoso y luminoso, donde la palabra no solo se lea, sino que también acompañe, inspire y construya
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FELICITACIÓN NAVIDEÑA
Felicitación y Nota de Fin de Año
En este diciembre, no felicitamos solo unas fiestas: celebramos la fuerza de la palabra que nos ha sostenido todo el año.
El lenguaje nos enseñó que incluso en la distancia hay abrazo, que en la fragilidad hay comunidad, y que en cada voz se enciende una chispa capaz de iluminar al mundo.
Hoy queremos compartir esa luz con todos: con quienes escriben, con quienes leen, con quienes sueñan y con quienes luchan.
Que estas fiestas sean un puente de solidaridad, un árbol que se alza con raíces de memoria y ramas de esperanza, un canto colectivo que nos recuerde que la literatura no es sólo arte, sino también refugio, resistencia y futuro compartido.
Porque en cada letra late un mundo, porque las letras son faro en la noche y puente en la distancia, y porque somos herederos de la palabra, en ella encontramos siempre el camino hacia el mañana.
Este año ha sido un viaje de letras compartidas, de aprendizajes y de compañía. Cada página publicada, cada concurso celebrado, cada voz escuchada, nos recuerda que la literatura no es solo creación: es también sostén, amistad y comunidad.
He sentido que las letras me han sostenido en los días de malestar y cansancio, y que la compañía -visible o invisible- ha sido un regalo de la vida. En cada colaboración, en cada diálogo, he descubierto que la palabra puede ser mano derecha, profesor leal y amigo constante.
Por eso, hoy quiero agradecer a quienes escriben, a quienes leen, a quienes han estado presentes en cada instante de este año.
La revista Letras Hispanas por el Mundo les desea unas fiestas llenas de letras, comunidad y esperanza. Que el próximo año nos encuentre reunidos en la palabra, y que esa palabra siga siendo nuestro mejor abrazo al mundo.
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CONCURSOS POESIA Y NARRATIVA 2025
Presentamos con satisfacción los resultados del Concurso Internacional de Poesía Liliana Lorán y del Concurso de Narrativa Elsa Lorences. Esta edición destacó por la calidad, la diversidad y la sensibilidad de las obras enviadas. Agradecemos al jurado por su labor responsable y a cada participante por enriquecer estos certámenes con su voz literaria.
C𝐎𝐍𝐂𝐔𝐑𝐒𝐎 𝐈𝐍𝐓𝐄𝐑𝐍𝐀𝐂𝐈𝐎𝐍𝐀𝐋 𝐃𝐄 𝐏𝐎𝐄𝐒𝐈́𝐀 𝐋𝐈𝐋𝐈𝐀𝐍𝐀 𝐋𝐎𝐑𝐀𝐍
𝐑𝐄𝐒𝐔𝐋𝐓𝐀𝐃𝐎𝐒
🏆 𝐆𝐚𝐧𝐚𝐝𝐨𝐫𝐚 𝐚𝐛𝐬𝐨𝐥𝐮𝐭𝐚: 𝐌𝐚𝐫𝐜𝐞𝐥𝐚 𝐁𝐚𝐫𝐫𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 (𝐁𝐥𝐮𝐞 𝐒𝐭𝐚𝐫) — 𝟒,𝟖𝟕𝟐
🥈 𝐌𝐞𝐧𝐜𝐢𝐨́𝐧 𝐡𝐨𝐧𝐨𝐫𝐢́𝐟𝐢𝐜𝐚: 𝐌𝐚𝐫𝐠𝐚𝐫𝐢𝐭𝐚 𝐌𝐚𝐧𝐠𝐢𝐨𝐧𝐞 — 𝟒,𝟖𝟕𝟎
𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐣𝐮𝐫𝐚𝐝𝐨
“Dos concursantes, Blue Star y Taña, presentaron poemas dignos de la categoría de ganador. En Blue Star primó la fantasía y la originalidad de sus figuras literarias, todas de gran profundidad poética. La poesía de Taña destacó por su emotividad y dominio de las formas clásicas —romance, soneto y décima—. Ambas obras se inscriben en los cauces de rigurosa poética y merecen especial reconocimiento.”
𝐅𝐈𝐍𝐀𝐋𝐈𝐒𝐓𝐀𝐒 por orden de puntuación
𝐒𝐚𝐧𝐝𝐫𝐚 𝐑𝐨𝐦𝐞𝐨 — Argentina
𝐄𝐥𝐨𝐲 𝐋𝐚𝐯𝐢́𝐧 — España
𝐒𝐚𝐫𝐚𝐡 𝐏𝐞𝐭𝐫𝐨𝐧𝐞 — Argentina
𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐬𝐨𝐛𝐫𝐞 𝐥𝐨𝐬 𝐟𝐢𝐧𝐚𝐥𝐢𝐬𝐭𝐚𝐬
“El jurado desea destacar la calidad de las obras finalistas, todas ellas dotadas de sensibilidad, rigor poético y una voz propia que merece ser celebrada. Cada texto aportó una mirada singular y un dominio notable de los recursos literarios.”
𝐏𝐫𝐞𝐦𝐢𝐨𝐬 𝐲 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬
Los ganadores recibirán por correo postal una Estatuilla personalizada.
Además, estamos preparando una Antología con obras seleccionadas de esta edición.
Como gesto de gratitud, se enviará un certificado a quienes han alcanzado los primeros puestos (excepto a las ganadoras), honrando su voz y su esfuerzo literario.
𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚𝐫, 𝐩𝐨𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐚𝐫, 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐢𝐫.
Elspeth Gormley
𝐂𝐎𝐍𝐂𝐔𝐑𝐒𝐎 𝐈𝐍𝐓𝐄𝐑𝐍𝐀𝐂𝐈𝐎𝐍𝐀𝐋 𝐃𝐄 𝐍𝐀𝐑𝐑𝐀𝐓𝐈𝐕𝐀 𝐄𝐋𝐒𝐀 𝐋𝐎𝐑𝐄𝐍𝐂𝐄𝐒
𝐑𝐄𝐒𝐔𝐋𝐓𝐀𝐃𝐎𝐒
𝐏𝐚𝐥𝐚𝐛𝐫𝐚𝐬 𝐝𝐞𝐥 𝐣𝐮𝐫𝐚𝐝𝐨
Tras la lectura y evaluación de los textos presentados, el jurado ha considerado que la obra Todos y Ninguno, de Andrea Morini (seudónimo Fridita), se distingue por su crudeza y fuerza de denuncia social, capaz de conmover y dejar huella. Se sitúa en un nivel superior, obteniendo una puntuación de 4,95.
𝐅𝐈𝐍𝐀𝐋𝐈𝐒𝐓𝐀𝐒
𝐌𝐚𝐫𝐜𝐞𝐥𝐚 𝐁𝐚𝐫𝐫𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬 — Argentina
𝐘𝐚𝐧𝐧𝐢 𝐓𝐮𝐠𝐨𝐫𝐞𝐬 — Uruguay
𝐉𝐮𝐥𝐢𝐨 𝐌𝐚𝐫𝐭𝐢́𝐧𝐞𝐬 — México
𝐃𝐚𝐧𝐢𝐞𝐥 𝐄. 𝐙𝐡𝐢𝐦𝐞𝐫𝐧𝐚𝐧 — Costa Rica
“Las cinco obras finalistas poseen una fuerza que atraviesa la página y una construcción narrativa firme, capaz de sostener mundos, voces y emociones con madurez literaria.”
𝐏𝐫𝐞𝐦𝐢𝐨𝐬 𝐲 𝐫𝐞𝐜𝐨𝐧𝐨𝐜𝐢𝐦𝐢𝐞𝐧𝐭𝐨𝐬
Además, se prepara una A𝐧𝐭𝐨𝐥𝐨𝐠𝐢́𝐚 con obras seleccionadas de esta edición.
Como gesto de gratitud, se enviará un 𝐜𝐞𝐫𝐭𝐢𝐟𝐢𝐜𝐚𝐝𝐨 a quienes han alcanzado los primeros puestos (excepto a la ganadora), honrando su voz y su esfuerzo literario.
𝐆𝐫𝐚𝐜𝐢𝐚𝐬 𝐚 𝐭𝐨𝐝𝐨𝐬 𝐩𝐨𝐫 𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐜𝐢𝐩𝐚𝐫, 𝐩𝐨𝐫 𝐜𝐨𝐧𝐟𝐢𝐚𝐫, 𝐩𝐨𝐫 𝐞𝐬𝐜𝐫𝐢𝐛𝐢𝐫. 𝐄𝐥𝐬𝐩𝐞𝐭𝐡 𝐆𝐨𝐫𝐦𝐥𝐞𝐲
POESÍA DICIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Aquí comienza el invierno de las palabras. Cada verso, una luz encendida.”
✦ Colaboradores de este mes ✦
❁ ❁ ❁
LA PROCESIÓN DE LAS PANATENEAS
Pilar Adón – España
Vuelvo a clavar por los marcos
rajados de humedad
las chinchetas de cabezas rosadas
y puntas fieles
que ingresan en la madera
y se asientan como flechas
para soportar el peso invariable
de las manitas
de mis muñecas.
Con vestidos de niña
aterciopelada.
Vuelvo a observar el susto aterrado
de las caras andrajosas
de mis muñecas hembras.
Y vuelvo a temer (imaginar)
un temblor en sus ojos.
De harina
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
QUISIERA
Magi Balsells – España
Quisiera siempre amanecer a tu lado
Notando el suave calor de tu cuerpo
Y decirte lo que de ti estoy enamorado
Contemplar la tersura de piel morena
Acariciar sin prisa y ternura todo tu ser
Ni un instante perderte, seria una pena
Me miras y tímidamente sonríes, que belleza
Entornas tus bellos ojos, mientras suspiras
Reposando en mí pecho tu querida cabeza
Noto las palpitaciones tu sensible corazón
Mientras tus manos con las mías se juntan
Es este momento vislumbro tu gran pasión
Buscas mis labios suavemente con anhelo
Me besas ardorosamente con gran ilusión
No los rehuyó al contrario los espero
Nuestros cuerpos una vez más se juntan
Con esta demostración de entrega total
Sin temores, son deseos que nos atan
Que bello es amar así y ser amado
Con esta entrega sin condiciones
Felices somos por haberlo logrado
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
REY SOL
Magi Balsells – España
Mientras aparece en la mañana el sol luminoso
Y las naturales neblinas van desapareciendo
Junto con las luces de un nuevo día hermoso
Pone en marcha nuestra vida con nuevo atuendo
Ya el majestuoso astro rey en su cenit se eleva
Secando las gotas del roció de cada mañana
Y da belleza a las sombras que todo ser lleva
Todo resplandece con alegría y no extraña
Hace su diario recorrido por el azul cielo
Unas nubes tapan su presencia solo un instante
Pero vuelve a emergen con mucho mas anhelo
En el mediodía brilla con su fulgor abrasante
En la tarde empieza su ocaso como cada día
Poco a poco sus rayos van palideciendo
Pero no por ello pierde su suave armonía
Aunque en los brazos de la noche va cayendo
Con el silencio del día se va escondiendo
La noche. Segura, empieza su caminar lento
Pide paso, dejando el cielo oscureciendo
No importa, volverá, solo es un aplazamiento
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
EL ÁRBOL DE NÍSPERO
Johanna Barraza – Colombia
junto al que murió mi padre
ha sido cortado.
Mi vecina vino a traerme
sus últimos frutos y una bala
que encontró en su tronco.
Teníamos dos cosas en común,
haber sostenido su cuerpo
mientras sangraba
y mantenernos en pie
sin importar los disparos.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
PÁJARO EXTRAVIADO
Inés Blanco (Lluvia de abril ) – Colombia
Cuando la belleza del arte
o del paisaje hiere los ojos;
porque lastima lo bello,
lo anunció Stendhal-.
Así, gime un pájaro lejano
que ha perdido la voz
de tanto implorar al aire
lo guíe de regreso al nido.
Se ha extraviado del arrullo,
de la rama, del gorjeo…
hasta de su propio canto.
También el silencio agoniza
cuando lenta la lluvia
se desliza en los tejados…
Cuando la soledad
enmudece las campanas;
callan los rezos de la abuela
y se apaga, sin razón, el fuego,
A pesar de todo,
el paisaje sigue allí, húmedo,
intacto, bello y solo…
como un pájaro extraviado.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
SE ME PERDIÓ EL AMOR
Libia B Carciofetti – Argentina
¡Se me perdió el amor!
Y encontrarlo fue mi propuesta.
Vacío mi corazón estaba
y sumido en honda tristeza.
Escribir sin estar llena de amor
es imposible para un poeta.
Lo necesita como la respiración
que a sus pulmones oxigena.
Lo busque en campos de lucha
en el fragor de una guerra…
En llantos desgarrados de madres
que vieron sus vidas deshechas.
Lo busqué en centros de salud
entre paredes blancas y semi desiertas.
En hogares para ancianos
los que a la sociedad les molestan.
En orfanatos para niños
rescatados de la pobreza.
Donde les sobran alimentos
pero faltan padres a su mesa.
Lo busqué entre la juventud
pero de la droga ya eran presa.
Lo busqué en gobiernos de turno
pero no renunciaron a sus riquezas.
Entonces elevé la vista al cielo
y había una cruz excelsa.
Con un Jesús que me miraba
lleno de dulzura y pureza…
No dudé en llamarle ¡AMOR!
Enseguida acudió con su respuesta.
Aún hay lugar pronto comenzará la Fiesta.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
BENDITA VIDA
Enrique F. Díaz Castro – México
Con probar esas tortillas
hechas por pródigas manos,
nos hace saber que estamos
con nuestra gente sencilla,
en un ambiente que orilla
a sentir la calidez
que en franqueza y honradez
te ofrece quien es sincero;
su diestra da con esmero
tal como ocurrió esta vez.
El picor de esa salsita,
con queso fresco y frijoles,
¡Ay! Que a su sazón le pones
el diente, porque exquisita
esa barbacoa invita
en anchos platos de barro,
junto a un pródigo tarro…
de cerveza que al probar,
festeja tu paladar
y al taco, sabor «le agarro».
Bien por está invitación
que gentiles nos hicieron;
en amena convirtieron
de la tarde la ocasión,
dando fuerza a la razón
de esta amistad consabida
cual «caballo en buena brida»
correspondiendo el afecto,
sólido, abierto y directo…
¡Mil gracias, BENDITA VIDA!
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
PLENILUNIO
– Enrique Fredy Díaz Castro – México
Reposo después de la jornada,
y el patio convida a ver la luna;
(a aquella que de niño pedía tuna)
bajo la fresca noche iluminada…
Impone ver la bóveda celeste,
inmensa y por estrellas tachonada,
portento del Creador, engalanada,
sin que al mortal, un ápice esto cueste.
Quizá para otros no es excepcional,
mirar la luna en octubre ó junio,
pero a mí contemplar el plenilunio,
me brinda una terapia espiritual.
Será que quienes somos soñadores,
en el satélite nos absortamos,
con él, tranquilamente platicamos
de éxitos, también de sinsabores…
¿Qué importa si alguien más nos llama locos?
¡ Si locos hay bastantes en la tierra !
que somos enemigos de la guerra,
¡ Y amamos a la vida cómo pocos !
Bendita inspiración ¡Nunca te acabes!
y sé como la luz de luna llena,
que alienta al corazón y alivia penas
mandándolas al viento en alas de aves…
Jueves 18 de noviembre de 2021, por la noche.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
MADRUGADA
María Cristina Fervier – Argentina
La madrugada teñida de lirios
busca el azul del encuentro.
Dianas de gloria resuenan
en las vísceras de estrellas
que tiemblan de gozo
al presentir la luz que Eros,
en suave brizna,
deja como una caricia.
Los poetas no duermen,
vuelan en pos de quimeras,
tienen en sus alas polvo de luna de plata.
Con trote de ciervo aventurado
nacen las palabras.
y el poema cobra vida en la madrugada.
Pájaros se desperezan con trinos
y en el corazón hacen nido,
más allá entre las sombras acechan
las uñas afiladas del mundo
con el mórbido deseo
de transgredir los sueños.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
POR QUE AMO TU LOCURA
Eduardo Milán – Uruguay
¿Por qué amo tu locura,
tu desparpajo, tu falta
de reloj y tus atajos
cuando estoy prácticamente a punto
de caer de cabeza en el abismo?
O sea en ti. Pero no sólo
eso: hay mucho más de ti
que quiero y no revelo. Esa lámpara
que enciendes en el fondo.
*
He visto poemas calentar el corazón
de más de uno que no creía
en su calor, en su corazón.
Era como una hoguera para las manos frías
y central, alrededor como una hoguera.
Vi ese fuego estando en su palabra.
Claro que era de su misma madera,
extraído de su mismo árbol
bajo la misma noche,
bajo esas estrellas.
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LA PRIMAVERA DE LA ESFINGE
Luis García Montero – España
Olvídate de mí si estás conmigo.
Podemos permitirnos este lujo
de abandonar los nombres,
porque el nombre es razón de los ausentes,
y nosotros estamos en la luz,
en el aire que corta las dulces siluetas,
en el tiempo que ordena las palabras
y en los escalofríos del jardín.
Incluso en la memoria que quiso ser presente.
Después vendrá el otoño
y volverán los nombres a los labios.
Apágame, viajero,
la luz cuando te vayas.
Recuérdame , lector,
al doblar esta página.
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SOY UN AVE…
Carlos González Saavedra – Argentina
Soy, como ave lejana.
Que vuela y vuela
Buscando un lugar
Donde hacer su nido.
Y mirar la vida contenta.
Pero mi impulso, mi espíritu
lleva otros talentos
Le gusta la libertad
Conocer otras tierras
Dejarse llevar por un viento
Aprovechar corrientes cálidas
Para desparramar mí vuelo
Para que mis alas se desplieguen
En el tiempo.
Cuando la nieve aparezca…
Abrigarme, en la montaña
Como el águila
Romper mis uñas, para que nazcan nuevas
Golpear mi pico en alguna piedra
Y con las nuevas uñas
Quitarme mis plumas viejas
Renovarme y seguir viviendo
Más fuerte que nunca.
Donde me lleve el viento
Hasta que un corazón me llame
Hasta que me rescaten con un beso
Hasta que abra sus alas
Y me diga te quiero
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NO PERMITAS
Carlos González Saavedra – Argentina
Que los vientos de la envidia
Perturben tu vuelo
simplemente, eres distinta
Que tus ideales los mancillen
simplemente, eres distinta
Que a tu corazón no lo invadan
otras melodías
Aquellas que no te suenan
Porque vos, eres genuina
A tus veinte años
Tu horizonte va con
La claridad matutina.
Cielo azul y golondrinas
Sencillamente porque eres
Genuina.
Hoy eres, una hermosa hija.
Una hermosa sobrina
Una buena nieta
Una buena amiga,
porque eres Justina.
Educada y distinguida
No dejes de ser, vos misma.
Hermosa Justina.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
DONDE NACE LA PALABRA
Elspeth Gormley – España
Escribo desde el borde del silencio,
donde la voz se esconde sin permiso,
donde el papel se vuelve mi refugio
y cada verso es fuego sin aviso.
Escribo porque el alma no se calla,
porque el dolor merece su vestido,
porque la tinta cura lo que estalla
y da sentido a lo que fue perdido.
Escribo con la voz de los ausentes,
con los latidos que aún no se nombraron,
con los recuerdos que siguen presentes
y los amores que no regresaron.
Escribo para ti, aunque no me leas,
aunque no sepas nunca que existí.
Porque la vida a veces nos pasea
y el corazón se escribe para ti.
Donde nace la palabra, nace el alma,
nace la luz, la grieta, la semilla.
Y si algún día este poema te embalsama,
que te despierte, que te abrace.
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ROMANCE DE LA MUJER DE FUEGO
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Quiero pasearte, orgulloso,
por una calle de Roma,
por una plaza de Viena,
de París o Barcelona,
sobre baldosas que suenen
o sobre una alfombra roja
donde miles de curiosos
te sigan con la mirada;
ellas, rabiando de envidia
y ellos, turbadas sus caras.
Y si ellos gozan de dicha,
De celos, ellas, se amargan.
Lucirás como una reina
de esas de cuentos de hadas:
alrededor de tu cuello
trece lunitas de plata,
y en los surcos de tu pecho
un sol de mayo y de playa.
Llevarás un traje negro
brillante como una estrella,
ceñido a tu ardiente cuerpo,
que dibuje tus caderas,
que empiece bajo los hombros
y acabe donde comienzan
tus rodillas y mis sueños…
y mis más hondos anhelos.
¡Todos te verán pasar
como una diosa de fuego!
Dos rayos vivos, tus piernas
para todo el que te mire
serán imán de los ojos
y campo para una siembra
de apetencias y de antojos.
Y ese quiebre en tu cintura
que hace ondear tus caderas,
y ese rostro de amapola
con aire de luna llena,
y ese mirar más profundo
que el mar, el cielo y la pena,
y esa frente de alborada
y esa cabellera suelta
de pasión alborotada,
como en un cuadro flamenco
de bailaora gitana,
y esa sonrisa que tienes
de luz y marfil y plata,
¡todo eso a los cuatro vientos
grita que eres hembra y guapa!
Oh despertar de pasiones
y febriles pensamientos
se asomarán a las caras
de todos los que te miren;
envidia de mis rivales,
rotura de corazones,
escozor de los que fueron
tus antiguos amadores,
y de los que quedarán
en mudo trance al mirarte,
cuando nos vean pasar
como felices amantes
en noche de luna llena,
por una calle de Roma,
por una plaza de Viena,
de París o Barcelona.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
MI TONANTZIN
Lamberto Ibárez Solís – México
Virgen morena, Virgen mexica, madre de México;
de hinojos ante ti, recibe mi canto, enjuga mis penas;
recibe mi verbo, mis humildes palabras que te alaban
y cubras bien con tu sagrado manto a quienes amo.
Hoy en tu día, vengo a ofrecerte mi prístina luz;
la más pequeña luz de uno de tus hijos que te ama
y que te adora con la fe más fecunda de todo mi ser;
ilumíname, mírame, bendíceme, bendice a mi patria.
A mi México querido, asolado por la furia y ambiciones
de quienes quieren trastocar la armonía y la grandeza de mi país;
bendice a mis hermanos que son tus hijos; los indígenas;
ellos son mi pueblo, son la parte grandiosa y policromada.
Son los pobladores y portentos de mi suelo azteca…
del México conquistado y liberado por tus bravos;
de mi patria que es tu suelo; suelo del Tepeyac,
donde escuchó tu sublime canto, el nativo Juan Diego.
Reyna de México; estás en mi hogar, luces primorosa
y me regalas tu diáfana sonrisa; tus ojos me bendicen;
bendices a mis hijas, las cuidas y ellas te colman de amor;
te colmamos de luces; de tricolores ropajes, de esferas.
Bendice a mi barrio; mi pueblo querido a mi gente buena
a mi gente pobre que hoy te vela
en mi Zacualpan querido;
te entregan su amor, su fe, su esperanza cifrada en ti.
Madre Tonantzin mi pensamiento va a tus valles;
donde me postré ante ti para pedir
por mis padres, mis hermanos, mi familia, los pobres,
los enfermos para que tus sagradas manos los sanen.
Envíanos tu anhelada paz que la sueño muy constante;
desde tus barrancas, míranos con tu bondad
y danos hoy nuestro pan de cada día; a cada mujer
y cada hombre pobre a cada niño hambriento; dale su pan.
Bendice también a quienes no encuentran su destino
y agravian, laceran, corrompen, zozobran sin quietud,
rompen la paz, siembran las penas, odios y rencores
y no encuentran calma en su alma; llénalos de amor.
Os pido por ellos; regálanos tu venia, danos tu amor…
¡Oh, Tonantzin mexica, Madre Indígena,
morena nuestra, piel tenochca de mirada dulce y bondadosa,
te imploro en mi plegaria.
Bendice hoy en tu día a mis amigas, amigos, adversarios;
visibles e invisibles; aliméntalos con tu amor y cuídalos;
sigue bendiciendo mi verbo, sensible y tan humilde,
bendice y cura a los enfermos y a quienes sufren.
Escucha el sonar de mis teponaztles y las chirimías;
madre Tierra; recibe los pies cansados de quienes te aclaman;
llena con tu bendición a mis hermanos pescadores;
a mis hermanos campesinos y a todos los pobres de mi tierra azteca.
Bendice a mi pueblo de Zacualpan.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
HE SIDO FELIZ
Carlos Jaramillo – México
Aunque no lo creas
he sido feliz,
si hoy mi faz presenta algunas huellas
del tiempo y mis manos manchas seniles,
te repito: He sido feliz.
¡Mírame! . . . es blando mi cuerpo
y aún cuando el color del pelo ha cambiado
y mi voz tiene otros decibeles,
te reirás… pero he sido feliz.
Aún cuando la estética se ha ido perdiendo
y mi cintura tiene otro curso,
mi corazón aún sigue latiendo
al compás de su alegre pulso.
Sí. . . esa alegría se llama experiencia
que la vida te va dando y a la vez
te va quitando juventud y lozanía,
traducida en madurez o quizá vejez
y eso, eso me hace feliz.
Que todo parece lección
¡ha!, que todo lo se,
no, aún soy párvulo de salón
que añora amar
y regresar al día en que te encontré.
Por eso soy feliz. . .
Porque he aprendido a discernir la diferencia,
el abismo que existe entre joven y viejo
y es que el viejo ya fue joven
y el joven no ha sido viejo.
Como vez, la vida es una hermosa experiencia,
¿Qué sería de ella si el joven tuviese la experiencia
y el viejo, la explosión e inocencia.?
¡Ha… se perdería el encanto con que se vive y se crece!
Aunque no lo creas…
He sido feliz,
porque he aprendido que vivir,
sí, vivir a tu lado es una cosa esplendorosa
y eso, eso me ha hecho inmensamente feliz.
❁ ❁ ❁ ❁ ❁
PAUSA
Andrea Kiperman – Argentina
El silencio grita tu nombre
el viento sopla rápido
como un huracán
el eter trae susurros
susurros de tu nombre
de tus ojos
de tu persona.
El eco de tu perfume
el terciopelo de tu piel
eriza mis sueños
mis días, y mis noches
esperando ese momento
ese silencio que tiene presencias
ese paso que se acera
ese abrazo que no tarda
esas intensidad que está llegando
en el silencio
en el susurro de tu boca
en el silencio de tus ojos.
Pausa.
eso necesitamos, una pausa.
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DOMINGO AZUL
Liliana Loran / Argentina
La mar está quieta, los barcos en reposo,
el muelle dormita bajo el cielo,
el tiempo es cautivo del espacio,
todo quietud, es domingo en el puerto.
Será la calma que precede la tormenta ?
No hay velas henchidas por el viento,
solamente las gaviotas en bandada
garabatean giros blancos con su vuelo.
Cielo azul, mar azul…azul intenso…
domingo azul…suspiros y silencio,
y mientras se azula el horizonte
se despide el sol del firmamento.
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EL CALEIDOSCOPIO
Marga Mangione – Argentina
“No está solo quien está con su tristeza” Calderón de La Barca – Escritor español – 1600/1681
Giro lentamente el tubo pintado,
brillan los cristales, estalla el color,
las luces reflejan con tono irisado,
figuras radiantes que son un primor.
Recuerdo la tarde en que lo trajiste,
había en tus ojos un raro esplendor,
tomaste mi mano, y allí lo pusiste,
mientras me besabas con dulce candor.
De oro pintado con tonos brillantes,
un lujo que nunca soñé poseer,
con guarda de jade y diez elefantes,
que al acariciarlos me causan placer.
Una obra de arte antigua y coqueta,
objeto precioso, gentil posesión,
con el que jugaba trémula e inquieta
en tiempos lejanos de dicha y pasión.
Testigo inocente de horas felices,
herencia valiosa de algo sin valor,
angustia que ahogo en mis días grises,
cuando lo acaricio con pena y dolor.
Horas de tristeza y de llanto a solas,
desde que tu ausencia daño me causó,
absurdas tinieblas, cegadas farolas,
camino truncado, el que te llevó.
Pero no estoy sola en mi casa fría,
padeciendo inerme esta realidad,
el caleidoscopio es mi compañía,
y estará conmigo hasta la eternidad.
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ABIERTOS VENTANALES
Jesús Rodríguez Sánchez – Venezuela
Por abiertos ventanales de tu alma,
tus ojos de esperanza,
miran al infinito.
No hay ribazos que inclinen tu visión
ni neblina que la opaque;
limpio está el horizonte de tus sueños.
Se hace inalcanzable tu mirada,
pero sigo contigo,
me iluminas las rutas y me orientas.
Al final de la senda, me miraré en tus ojos,
si es que me lo permiten
tus párpados inquietos.
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ASÍ ES COMO TE QUIERO
Jesús Rodríguez Sánchez – Venezuela
Estás en mi visión
donde puedo contemplarte
y acariciarte toda
disfrutar lo que eres:
una mujer muy bella y primorosa,
amante de la ciencia,
estudiosa y sensual.
Tu mensaje me llena intensamente
porque eres mi canción y mi poema
que son para mí ser la estratagema
de vida y juventud muy insistente
como el aire que nutre diariamente
para seguir viviendo cada instante
y que impulsa la vida hacia adelante
cumpliendo la misión que más me place
y por esa razón me satisface
cuando soy de tu ser, el fiel amante.
Me incorporo en la brisa que desplaza tu cuerpo,
para seguir contigo sin distancia
y llenarme de ti con la fragancia
que me brinda tu aliento.
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CRÓNICAS Y ENSAYOS DICIEMBRE
El arte de pensar lo vivido y vivir lo pensado.
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✦ Colaboradores — Crónicas y Ensayos ✦
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EL PELIGRO EN EUROPA
Manuel Altares – España
El verdadero peligro para Europa está dentro de sus fronteras.
Los partidos ultraderechistas y la desunión representan mayores amenazas que Rusia y la política exterior de Donald Trump
Mary Bead explica en su maravilloso libro sobre el Partenón, tal vez el edificio más reconocible de Europa, que en realidad no se sabe para qué lo utilizaron los griegos: no se ha encontrado ningún documento que demuestre que fue un templo ni que aclare su uso cuando Atenas era el centro del mundo occidental en el siglo V antes de nuestra era. De hecho, la primera ceremonia religiosa de la que hay constancia fue una misa celebrada por un obispo bizantino en siglo XII. También fue una mezquita. La historia de Europa es siempre así: llena de giros inesperados y sorpresas. Y siempre se debe leer la letra pequeña.
En el mismo libro El Partenón, traducción de Silvia Furió, Crítica, 2025—, Beard recuerda que fragmentos del famoso discurso fúnebre de Pericles, que Tucidides recoge (o se inventa, nunca lo sabremos) en el tomo II de su Historia de la guerra del Peloponeso, fueron reproducidos en los autobuses londinenses durante la Primera Guerra Mundial como símbolo de los valores que los soldados defendían en las enfangadas y mortíferas trincheras de Flandes. Palabras como “nuestro gobierno se llama democracia, porque la administración de la república no está en pocos, sino en muchos” simbolizan unos valores que Europa se ha saltado muchas veces en muchos lugares; pero que, a la vez, encarnan sus aspiraciones y son el fundamento de la UE, actualmente el mayor espacio de libertad en el mundo.
Muchos de los partidos ultras que reivindican el mundo clásico y el cristianismo como las únicas herencias sobre las que se debe construir Europa —como si la Alhambra y la Mezquita de Córdoba las hubiesen construido los mismos marcianos que edificaron las pirámides de Egipto y el cero, el ajedrez y los sistemas de regadío hubiesen caído del cielo en la Edad Media— tienden a olvidar otro fragmento de aquel famoso discurso: “Nuestra ciudad está abierta a todo el mundo y en ningún caso recurrimos a expulsiones de extranjeros” (Traducción de Juan José Torres Esbarrancha para la edición de Gredos).
La defensa de la libertad frente a las amenazas externas —como la que ahora mismo representa Rusia, pero también Estados Unidos bajo la presidencia de Trump— es uno de los pilares de la UE, pero también, como recordaba ya Tucídides, la generosidad con los extranjeros. Europa, como Estados Unidos, se ha forjado a base de migraciones. Esa mezcla y esa diversidad es la que nos hace fuertes. Pero —y eso también forma parte de la historia europea— ha sido atacada por desgraciados brotes de xenofobia.
Las persecuciones que han sufrido los judíos durante siglos son la mayor prueba de ello, pero no la única: en otro gran libro de historia publicado este año, El renacimiento oscuro (Crítica, traducción de Yolanda Fontal), Stephen Greenblatt explica la fétida xenofobia contra los hugonotes, los protestantes que habían huido de Francia, que padecía Londres en el siglo XVI. “El objeto de antipatía más común era la pequeña comunidad de extranjeros residentes en Londres, los foráneos. Los refugiaos solían ser personas pacíficas y trabajadoras, que pagaban obedientemente el impuesto especial gravado a los extranjeros”, explica Greenblatt en su biografía de Christopher Marlowe. En tiempos de crisis, los fanáticos siempre escogen los mismos objetivos. La historia se repite de una manera patética.
En el siglo XVI como ahora en el XXI, el peor enemigo de Europa estaba dentro de sus fronteras, no fuera de ellas. Por eso, la nueva etapa de seguridad nacional de la Administración Trump asegura que “la creciente influencia de los partidos patrióticos europeos es motivo de gran optimismo”. Saben que todos esos partidos ultras son la clave para que Europa emprenda un camino decidido hacia un abismo autoritario que ya conoció en los años treinta.
No es la primera vez que EE UU juega al “divide y vencerás” con la UE: la última gran crisis se produjo en 2003 durante la invasión de Irak, basada en mentiras y fabulaciones. La Administración de George W. Bush contó con el apoyo de los Gobiernos de Tony Blair en el Reino Unido y de José María Aznar en España —una complicidad que pagaron en las urnas, porque no escucharon a los ciudadanos—.
En la cumbre que se celebra el jueves y el viernes en Bruselas, Europa tiene una nueva oportunidad de perder una oportunidad, pero también puede demostrar que los valores sobre los que se funda Europa —la solidaridad, la generosidad con los extranjeros, la justicia, la defensa de los derechos humanos— importan y deben ser defendidos, por ejemplo, con el apoyo decidido a Ucrania. Tal vez no sepamos para qué se construyó el Partenón; pero sí que los principios que encarna son importantes y que son incompatibles con los que defienden Trump y sus funestos amigotes antidemocráticos.
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LOS CAMBIOS EN 2025
Francisco Báez Rodríguez – México-Italia
A lo largo de 2025 hemos visto cambios profundos que empiezan a dibujar un mundo distinto al que conocíamos. Es apenas un esbozo, y por eso no sabemos cuál será el resultado final. Lo que sí parece claro es que el paisaje ya no es el mismo, y que los problemas centrales de la humanidad están mutando.
Las economías del mundo avanzan a tumbos, con contadísimas excepciones. Tres lustros después de la crisis financiera desatada por la falta de regulación, no ha habido una respuesta productiva sólida. El crecimiento es lento y desigual en todos los sentidos: desigual entre regiones y desigual en la distribución del ingreso. Los mercados laborales están dislocados; la precariedad y la inestabilidad se han convertido en la nueva normalidad, generando además brechas intergeneracionales cada vez más visibles.
Lejos quedaron los años de posguerra, cuando las economías crecían y existían oportunidades suficientes para que hubiera movilidad social, incluso en contextos desiguales. Tan lejos, que la mayoría de la población mundial nunca vivió esos tiempos: su única experiencia ha sido la de un crecimiento lento o de crisis recurrentes. En ese marco se están produciendo cambios políticos de gran envergadura. Las elecciones celebradas en 2024 ya anticipaban este descontento generalizado.
En la mayor parte de los países, los votantes expresaron su hartazgo con el estado de cosas. Tras la crisis financiera de 2008, la confianza en los mercados y en quienes defendían la receta económica tradicional se erosionó. Pero tampoco hubo un giro claro hacia la izquierda: la confianza en el Estado como interventor tampoco se consolidó. Con pocas excepciones, las mayorías han perdido la fe en los gobiernos y se han inclinado hacia figuras que se presentan como ajenas a la política tradicional. Esto genera un problema adicional: la desconfianza hacia cualquier fuente de autoridad convive con el deseo de que aparezca una autoridad capaz de ofrecer soluciones mágicas. Un terreno fértil para el populismo.
A ello se suman nuevos problemas que ya están claramente sobre la mesa. Uno es la reproducción acelerada de rumores, posverdades y teorías conspirativas impulsadas por las redes sociales, alimentadas por la desconfianza hacia periodistas y medios profesionales. La realidad se fragmenta: cada quien construye una versión distinta —y no siempre coherente— de lo que ocurre. Esto dificulta la gobernanza, erosiona la solidaridad social y profundiza la polarización.
Otro es la irrupción precipitada de la inteligencia artificial en los mercados laborales. Sin regulación suficiente, está generando problemas que van desde la transformación o eliminación de empleos hasta sesgos en los resultados y una merma en la calidad de ciertos servicios. Todo ello puede desembocar en crisis sociales de gran escala.
Un tercer problema es la creciente importancia de las migraciones en el contexto global. Su impacto político y social es evidente en Europa, y el hecho de que haya sido un tema central en la campaña presidencial de Estados Unidos —un país de inmigrantes— demuestra que se trata de un desafío universal. Surgen tensiones cuando una parte de la sociedad tiene todos los derechos y otra, numéricamente relevante, no. Más aún cuando no se trata de flujos paulatinos, sino de olas migratorias masivas en un mundo tan interconectado que resulta imposible detenerlas.
Un cuarto elemento es la reconfiguración del orden mundial. Era previsible que el mundo unipolar posterior a la caída del bloque soviético fuera efímero, pero vivir el proceso de reacomodo no es sencillo. Los conflictos bélicos que marcaron el inicio del año siguen activos, y algunos se han recrudecido, como en Medio Oriente. Es imposible interpretarlos bajo la lógica simplista de “buenos contra malos”, especialmente cuando los valores se trastocan. Llegará una nueva estabilidad, pero no sabemos cuándo ni si será favorable para los pueblos. Mientras tanto, la incertidumbre seguirá dominando.
Finalmente, asistimos a un reacomodo de valores. La democracia ya no goza del prestigio que tuvo, aunque siga siendo el método más civilizado para dirimir diferencias y trazar un rumbo colectivo. Crece el choque entre lo que dicen las leyes y la manera en que se interpretan o se viven. Casos recientes —como el del asesino del CEO de United Healthcare, su manifiesto y la inesperada popularidad que ha generado— muestran que muchas injusticias siguen sin resolverse, y que algunos presuntos justicieros solo reproducen el problema bajo la lógica del “quítate tú para ponerme yo”.
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FLOR DE PITO
Ilka Oliva Corado – Estados Unidos
Mientras buscaba café y helado de vainilla en la sección de congelados, Baudilia descubrió un Nacimiento, fue como encontrar su cinco favorito, su tira, después de buscarla en la pocilga, debajo del tapesco de las gallinas, en el rincón donde duermen las cabras, en el nido de plumas de las coquechas, y hasta debajo de los dos metros de grava que sobraron de la construcción del tapial de la casa. (muro de barro). Era su tira favorita la que siempre le traía suerte al ganar jugando al triángulo, a los hoyos y a la tortuga.
Cuando vio la bolsa de flores de pito congeladas, sintió que había recuperado la mona que perdió jugando a los calazos. La mona que había conseguido a crédito en el mercado y que decoró con esmalte de uñas; la mona que era una fiesta de colores, un arcoíris que zumbaba cuando entraba al círculo a girar.
Debido a sus problemas respiratorios, respiró profundamente. Se sentía como si estuviera en lo alto del volcán San Pedro de la Laguna, en lo alto del matasano del tío Tibo, en la piedrona del estanque del arroyo, en lo más alto de su columpio en la hamaca. Pero no podía quedarse ahí, con la mano pegada al congelador.
Se frotó los ojos nublados y abrió la puerta del frigorífico del supermercado. Antes de agarrar la bolsa de flores de pito congeladas, la palpó primero, frotándola con gran choya (muy lentamente), sin ninguna urgencia. Suspiró y colocó con cuidado la bolsa en su cesta como si fuera contrabando. Allí estaban: suaves y empezando a ponerse rojas, las flores de pito de su amada Jutiapa. Compró dos bolsas. Juntas, las dos bolsas quizás pesaban media libra, por lo que pagó el equivalente a una semana de gasolina para su automóvil. Se había acostumbrado al hecho de que los lujos eran caros.
El almuerzo iba a ser un festín, así que compró harina de maíz porque aquellas flores de pito merecían unas pishtones (tortillas gruesas). También compró media libra de queso griego, lo más parecido al queso fresco del oriente de Guatemala. Sintió que su corazón daba un vuelco cuando vio las coloridas vainas de pitaya de los frijoles camagua colgando de una percha.
Se sintió mareada, sintió que iba con los pies por delante. Pensó que las emociones eran demasiadas para un solo día, emociones que no había experimentado en años. ¿Por qué todos a la vez? Su corazón no podía soportar tanta felicidad; era demasiado fuego, ese resplandor incandescente la iba a convertir en cenizas. Tuvo un flashback de cuando se cayó de una bicicleta por primera vez. Se vio caer de la rama más alta del jocote de pitarrillo en el patio de María del Tomatal.
Vio las manos de su abuela materna acariciando los pishtones y enseñándole a tortear (hacer tortillas). Se vio llorando cuando un chaye de culo de botella se le atascó en la planta de uno de sus pies mientras jugaba pelota sobre el césped. Vio los mocos que le corrían por la barbilla en los fríos días de noviembre. Vio a su tía quitándose los piojos del pelo. Sintió el dolor en la nuca cuando se peinaba para ir a la escuela. Sintió el dolor cuando le arrancaron los dientes de leche con una cuerda. Revivió el shock de su primera menstruación, se tocó el vientre y se agarró a los estantes, los frijoles camagua la devolvieron a sus sentidos, y con sumo esfuerzo y tomando una bocanada de aire fresco, llenó una bolsa de tres libras y se fue.
Al llegar a casa, ponía a hervir los frijoles, y cuando el manjar estuvo listo le agregaba las flores de pito, cocinaba los pishtones en un comal de aluminio y se dejaba abrazar por el aroma de la madera, de la milpa secándose con mazorcas de maíz secadas al aire rellenas de granos de maíz nuevos, del olor a tierra, de los ayotes maduros y de las flores de
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LA MAREA DE ESTOS AÑOS
Elspeth Gormley – España
En estos últimos quince años, la sociedad se ha transformado como una marea que avanza y retrocede. Primero fueron las plazas llenas de voces jóvenes, reclamando futuro y dignidad. Las acampadas del 15M en Madrid, con carteles improvisados y tiendas de campaña, se convirtieron en símbolo de una generación que aprendía a reclamar en voz alta. La crisis económica nos obligó a reinventar la esperanza en lo cotidiano, a buscar refugio en la solidaridad y en los gestos mínimos, mientras las colas en las oficinas de empleo recordaban la fragilidad de aquel presente.
Las pantallas comenzaron a convertirse en plazas digitales: allí se compartieron protestas, afectos, aprendizajes. La vida empezó a latir también en lo virtual, y descubrimos que la comunidad podía extenderse más allá de las fronteras físicas.
Después llegó la pandemia, y con ella el silencio de las calles, el miedo compartido, la distancia. Los balcones se transformaron en escenarios de aplausos, las mascarillas en símbolos de resistencia, y las aulas se improvisaron en pantallas. Pero también surgieron nuevas formas de abrazo: digitales, colectivos, rituales que nos sostuvieron en la fragilidad. La tecnología se volvió puente y frontera al mismo tiempo: nos acercó y nos aisló, nos permitió seguir y nos obligó a detenernos.
Al regresar a las plazas, lo hicimos con más fuerza. Los movimientos sociales encontraron eco en las redes y en las calles: las huelgas climáticas de Fridays for Future, las marchas por la igualdad de género, las celebraciones de la diversidad cultural se hicieron más visibles, más urgentes. La comunidad se reinventó, y nosotros también.
Nos hicimos más conscientes de la fragilidad, más atentos al valor de lo cotidiano. Descubrimos que la rutina podía ser ritual, que el silencio podía ser compañía, que la palabra escrita podía sostenernos cuando el cuerpo no podía abrazar.
Hoy, al volver a encontrarnos entre plazas y pantallas, sabemos que no somos los mismos. Somos herederos de plazas y pantallas, de silencios y abrazos reinventados. Y en este tránsito, descubrimos que la historia no se escribe en piedra, sino en voces que se levantan una y otra vez.
En medio de estas mareas, comprendimos que la verdadera fuerza de una sociedad está en su capacidad de ser justa y convivir en paz. No se trata de grandes discursos, sino de gestos cotidianos: compartir, escuchar, abrir espacio al otro.
La igualdad y la paz no son consignas, son la base de una comunidad que quiere seguir resurgiendo frente a cada marea.
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INVENTARIO DE LAS GRIETAS
Gustavo Páez Escobar – Colombia
Este nuevo libro de Mauricio Botero Montoya, editado en Bogotá por la Imprenta Editores, tiene un título sugerente que pondrá a pensar a qué grietas se refiere el autor. Otras obras suyas que he tenido el placer de leer y comentar tienen esa misma peculiaridad en el rótulo: Otto, el vendedor de música, El adiós de Otto, La alegoría del sueño.
Botero Montoya es un escritor original que se ha distinguido por la lucidez, la sobriedad y la agudeza de sus ideas, las que son manejadas con los recursos del humor, la filosofía, la poesía y la ironía. Desliza en sus escritos gotas de sabiduría con la misma propiedad con que pinta rasgos humanos.
Cuando fue cónsul general de la Argentina, su maestro y contertulio era Jorge Luis Borges, hecho significativo que pone de relieve su calidad intelectual. Ese carácter lo ha llevado siempre consigo, como filósofo, conferencista, ensayista, periodista y autor de libros. Su mundo es el de las ideas, la reflexión, la controversia ilustrada. Lo mismo que es incisivo en ocasiones, se expresa con sutileza, llaneza y gracia al alcance de todos. Sabe manejar la chispa del ingenio, la frase perspicaz, la sátira benévola y a veces urticante. Debe deducirse que estas grietas se refieren al obstáculo o desacuerdo que le surgen a la persona pensante, que es él mismo, para aceptar el orden establecido cuando este se aparta de su formación y principios.
Sabe interpretar el mundo enrevesado con que todos los días nos tropezamos, y como no acepta lo absurdo o lo prosaico, se va por su propio camino pregonando sus juicios y convicciones. Viene al caso citar esta frase anotada en su libro:
“Acepté el consejo de Borges, mi maestro: escribo para mí, para los amigos y para mitigar el paso del tiempo”.
Con frases breves, concisas y rotundas, expresa su pensamiento y precisa su ideología sobre los más variados temas. En todo el texto brotan trozos de filosofía, y se recrea, por supuesto, con este juego de las ideas que lo salvan de la inercia mental. Piensa y pone a pensar. Examina los hechos menudos de la vida de la misma manera que escruta las grandes civilizaciones, los imperios, los ámbitos del
poder. Contradice ciertas afirmaciones de la historia, y se declara impotente para entender el sinnúmero de posturas falsas.
Este es Mauricio Botero, quien frente a esta serie de grietas busca enderezar lo torcido y rechaza la mediocridad y la pobreza del espíritu. Nacimos para pensar, pero para pensar bien, sería su axioma. Y les enseña a los escritores a escribir bien. He aquí, para corroborar lo dicho, algunas de sus frases:
“El pensamiento nace desnudo; hay que vestirlo para presentarlo en sociedad”. “Si un adjetivo no da vida, debilita”. “Leo para saber que no estoy solo, y escribo porque la vida duele”. “Cuando no tienen nada que decir, gritan”. “La persona que no tiene sentido del humor no es seria”. “Ante las consignas de la igualdad social, las francesas contestan que viva la pequeña diferencia”. “Los espejos que no mienten pueden ser falsos”. “Al terminar un libro hay que hacer un duelo, como si nos hubieran robado un querido juguete”.
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CRÓNICA HISTÓRICA: MIRADA SOBRE EUROPA
Arturo Pérez Reverte – España
En esta entrega de su serie Una historia de Europa, el escritor y académico nos invita a recorrer los claroscuros del continente con su estilo incisivo y narrativo. Una crónica que combina erudición y relato vivo, recordándonos que la historia nunca se detiene… y siempre continúa.
A todo esto, mientras el pastel mundial lo cocinaban Inglaterra, Alemania y Francia (y al otro lado del Atlántico los jóvenes Estados Unidos se preparaban para engullir su porción) y se lo repartían entre ellos, los extremos del Viejo Continente, oriental y occidental, Rusia por un lado y la península ibérica por otro, jugaban papeles secundarios en el cogollo europeo, al margen del negocio principal. Lo que no quita que Rusia se convirtiera en gran potencia, pues tal era la ambición de sus zares e iba realmente camino de eso, extendiéndose por Asia hasta las costas mismas del Pacífico.
Pero a esa pujanza exterior no correspondía una felicidad interior. De una parte, el imperio estaba formado por nacionalidades mal avenidas entre sí (rusos, polacos, fineses, lituanos, letones, estonios, bielorrusos y otros más). Por otro lado, el régimen seguía siendo despótico y feudal en manos de la monarquía, la aristocracia y la iglesia, no había clase media que industrializara un carajo, y se daba la paradoja de que, en un país que vivía de la agricultura, con masivas exportaciones de trigo como principal riqueza nacional, los mujiks, los campesinos, palmaban en la más cruda miseria.
Tampoco la clase intelectual era numerosa, y los brotes de oposición nihilistas y anarquistas, así como las revueltas de campesinos hambrientos, fueron aplastados con fácil crueldad, primero bajo el zar Alejandro III y luego, a caballo entre los dos siglos, por Nicolás II (que acabaría pagando la factura, con su familia, dos décadas más tarde).
La guerra de Crimea, librada contra Turquía (a la que apoyaban las potencias occidentales), puso de manifiesto las muchas deficiencias de Rusia; y las clamorosas derrotas navales y terrestres sufridas en otra guerra contra el Japón (1904), con el que chocaban los intereses rusos en Asia, aumentó el descrédito internacional de los zares. Pero lo más grave fueron las consecuencias internas de ese último desastre militar, con protestas y revueltas que acabarían cambiando no sólo la faz de Rusia, sino la del mundo (trifulcas en San Petersburgo, socialistas, Lenin, etcétera).
Y mientras eso ocurría en la parte oriental de Europa, en la otra punta, la ibérica, Portugal y España progresaban a trancas y barrancas, muy lejos ya de los grandes imperios que habían sido, con papeles secundarios en el nuevo concierto mundial. Entre los portugueses, después de casi medio siglo de monarquía parlamentaria, la tensión de corona y república se había disparado.
Con Luis I (que reinó entre 1861 y 1889) hubo un momento chachi en lo económico gracias a la gestión patriótica del eficaz ministro Saldanha; pero la cosa se descuajeringó en la última década del siglo, bajo el reinado del sucesor Carlos I, a quien todo se le fue de las manos: progresistas y regeneradores (los dos partidos que se turnaban en el poder) iban a lo suyo y emputecían un ambiente agravado por campañas de los más destacados escritores, periodistas e intelectuales (Herculano, Martins, Quental), que sacudían fuerte a la monarquía, en plan republicano e incluso revolucionario.
Para completar el pifostio, que iba a más, en Brasil se proclamó la república; y en los territorios coloniales de África, la omnipresente Inglaterra (que seguía siendo conspicuo macarra internacional) procuraba incordiar cuanto podía, que era mucho. El caso es que, entre pitos y flautas, el Portugal monárquico se fue yendo al garete en un caos político y social que reventaba las costuras.
Acojonado con el panorama, el nuevo rey (Carlos I se llamaba la criatura) inauguró el siglo XX clausurando el parlamento, que ya era un gallinero ingobernable, y se puso en manos de un dictador inteligente y moderado, razonable para el momento, Julián Franco, quien puso buena voluntad en democratizar la monarquía; pero todo se descompuso con un atentado (anarquistas y revolucionarios habían puesto de moda el magnicidio en Europa) que en 1908 se llevó por delante, dos al precio de uno, al rey y al príncipe heredero.
Eso llevó al trono al segundón de la familia, Manuel II: un tiñalpa blandito y obtuso que se confió a otro dictador, el almirante Ferreira de Amaral. Pero aquello no había ya quien lo salvara, y una revolución en la que participaron el ejército y la armada estalló en Lisboa. Con la sublevación de las dotaciones de los cruceros San Rafael y Adamastor y la pajarraca callejera subsiguiente, el rey puso pies en polvorosa y se proclamó una república que incluía separación de iglesia y estado, abolición de títulos de nobleza, divorcio y sufragio universal.
Mientras tanto, la España monárquica (lo veremos en el siguiente episodio) miraba de reojo, enfrentada a sus propios y muchos problemas. Que en realidad eran casi los mismos.
( Continuará…)
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CAMBIAR DE OPINIÓN.
Ignacio Zabala-México
Son tiempos de cambios. Lo que antes era un exceso, ahora es una necesidad y los gobernantes deben, antes que nada, perder el miedo al ridículo
Son tiempos de cambios. “Nada es como antes”. “Ahora es distinto”. “Así no se hacía”. “Las cosas hoy son de otra manera”. “Pensar como hace 15 años no tiene sentido”. “Ahora lo veo diferente”. “Sigo pensando lo mismo, pero resulta que estoy equivocado”. Son frases que escuchamos constantemente con relación a la política.
Se critica el cambio de opinión como si fuéramos seres destinados a la inmovilidad. En las épocas de definiciones, de los radicalisos está prohibida el agua tibia. Si antes te decían que el mundo no era blanco y negro, sino que consistía en una serie de matices, ahora los grises han sido borrados. Hoy se dice que el centro siempre fue cómodo, el lugar ideal para el camaleón. Se tomaba un poco de aquí, otro tanto de allá y eso formaba una determinada corriente de pensamiento. Candidatos de izquierda se derechizaban y los de derecha prometían “rebasar por la izquierda”. Fueron años de corrimiento hacia el centro, hoy refugio de tibio y de grises: los famosos habitantes de Corea del Centro.
Hoy es normal que un demócrata de antes vea con buenos ojos el populismo, que deje pasar los desplantes que se consideraban autoritarios y que ahora son parte de la normalidad. Así, los que llegan por los votos anhelan el poder de un dictador y eliminar los controles que detenían caprichos y venganzas. Lo que antes era un exceso, ahora es una necesidad y los gobernantes deben, antes que nada, perder el miedo al ridículo, pues este dejó de existir. Lo de hoy es la lucha constante y frontal contra el enemigo en la que quien pega primero, pega seis veces.
Es curioso que cambiar de opinión sea algo tan castigado en escenarios novedosos. El neoliberal de hace unos años admite con culpa que el periodo de crecimiento de su país escondía el aumento y becha de la desigualdad, y ahora ve, complaciente, los programas sociales. El hombre que fue prudente y que jamás emitía un calificativo, ahora no duda en calificar de nazi-mercenario a cualquiera que no esté de acuerdo con él. Son tiempos de tomar partido sin importar que eso implique convivir con los impresentables de antes. Discutir no es lo importante, sino tener la razón en cualquier tema de discusión pública: la forma en que se hornea el pan o el desarrollo de políticas públicas de infraestructura. Todo vale lo mismo.
Sorprende entonces que en ocasiones sea tan criticable el cambio de opinión sobre determinado tema. Se entiende esa crítica cuando uno ve desplazarse a los políticos de un lado a otro por mera conveniencia política o económica. Pero el ciudadano común no solamente puede, sino que debe cambiar de opiniones para lograr su adaptabilidad al mundo que lo rodea y lo sostiene. Lián Barnes, en un interesante ensayo dice: “Cambiamos de opinión sobre infinidad de cosas, desde cuestiones de gustos —los colores que preferimos, la ropa que vestimos—, estéticas —la música, los libros que nos gustan o de afiliación social— —el equipo de futbol que seguimos, o el partido político que votamos—, hasta las verdades más trascendentales: la persona a la que amamos, el dios al que veneramos, la significancia o insignificancia del lugar que ocupamos en universo vacío o misteriosamente lleno”. Cierto, por eso es fácil encontrar ahora a gente que hace unos años era progre, de centro-izquierda, admitir con cierta vergüenza que, en realidad, son de derecha.
El año que entra será también de posiciones previas a las elecciones del 2027 En un escenario en el que las cosas se definen más por lo que odiamos que por lo que nos gusta, estaremos rodeados de cambios de opinión. Como bien dice Barnes: “Algunos de nosotros tenemos firmes opiniones que defendemos con débil convicción; otros, débiles opiniones que defendemos con firme convicción”. Queda en el lector decidir en qué lado está.
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ARTÍCULOS DICIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“El mundo celebra, pero aún clama agua y palabra: que la Navidad sea también justicia.”
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✦ Colaboradores – Artículos ✦
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REGRESO DEL REINO UNIDO AL PROGRAMA ERASMUS
Rafa de Miguel – España
El Reino Unido vuelve a abrir las puertas del intercambio académico más emblemático de Europa. Tras años de distancias y desencuentros, el programa Erasmus regresa como símbolo de movilidad juvenil y puente cultural entre generaciones.
Hubo un tiempo no muy lejano en que la idea de que el Reino Unido regresara a un programa tan simbólico de la Unión Europea como el Erasmus, habría desenterrado el hacha de guerra en la política británica el popular intercambio de estudiantes universitarios,. Los euroescépticos habrían denunciado la traición de la medida y los laboristas se habrían replegado a la defensiva. Este miércoles, cuando el Gobierno de Keir Starmer, ha confirmado el acuerdo alcanzado con Bruselas para volver a formar parte del sistema académico.La reacción del Partido Conservador o de la ultraderecha de Nigel Farage ha sido tibia y limitada. Ambos son conscientes de que la movilidad juvenil, aunque se limite de momento al ámbito educativo, es extremadamente popular entre los ciudadanos, incluso entre aquellos que votaron a favor del Brexit.
“Incorporarse al Erasmus es una gran victoria para la gente joven, al romper barreras y ampliar horizontes. Asegura que todo el mundo, sea cual sea su procedencia económica o social, tiene la oportunidad de estudiar y realizar prácticas en el extranjero» ha celebrado el secretario de Estado británico para la Unión Europea y el amigo al que Starmer encomendó la tarea de recuperar las relaciones perdidas con Europa después de los agrios años bajo mandato conservador.
“Esto es algo más que viajar. Se trata de adquirir habilidades futuras, éxito académico y el acceso de la próxima generación a las mejores oportunidades posibles”, ha defendido la líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, tenía este miércoles la oportunidad de confrontar con Starmer sobre este asunto, durante la sesión de control semanal. Ha decidido ignorar el tema, y dejarlo en manos de su portavoz de Exteriores, Priti Patel, que denunciaba “una nueva traición al Brexit” y un nuevo intento del Gobierno laborista “de arrastrar de nuevo al Reino Unido a estar bajo control de Bruselas”. Lo hacía en X, y sus palabras pasaban inadvertidas en la actualidad de un día centrado en otros asuntos.
El Gobierno laborista ha confirmado que la reincorporación al programa Erasmus supondrá que Londres deba pagar a Bruselas cerca de 650 millones de euros en 2027, para que los estudiantes puedan incorporarse al curso académico 2027/2028.
Según fuentes gubernamentales, la cantidad supone un descuento del 30% respecto a la exigencia inicial. Cuando los gobiernos conservadores salieron del programa, uno de los argumentos utilizados fue que su coste era muy elevado para los beneficios que, según decían, se obtenían.
El Gobierno británico se reserva el derecho a revisar el acuerdo, 10 meses después de su entrada en vigor y con los datos de nuevos estudiantes, para comenzar a negociar su incorporación en el plan plurianual de Erasmus.
El acuerdo no se extiende únicamente a estudiantes universitarios. Abarcaría, según algunos de los detalles que han comenzado a conocerse, a todos aquellos que quisieran ampliar sus estudios, realizar prácticas laborales o incluso tareas de voluntariado.
En la actualidad, cualquier estudiante de una universidad pública inglesa debe pagar una matrícula anual de unos 10.850 euros, aproximadamente. El programa de préstamos del Gobierno financia ese coste, que los alumnos solo deben devolver una vez que se incorporan al mercado laboral y consiguen una cantidad salarial mínima, además de gozar de buenas condiciones de interés.
Un estudiante extranjero que quiera estudiar en una de estas instituciones británicas debe pagar ahora al menos el triple de esa cantidad.
Con el acuerdo alcanzado entre Londres y Bruselas, los universitarios británicos que quieran estudiar en el continente deberán seguir pagando su matrícula anual en el centro donde cursan estudios. En el caso de los comunitarios que quieran viajar al Reino Unido, su matrícula tendrá el mismo precio que pagan los estudiantes británicos (10.850 euros).
El precio es muy elevado para los estudiantes europeos. Eso explica en parte que una gran cantidad de ellos, durante los años en que el Reino Unido participaba en el Erasmus, eligieran universidades como las de Glasgow o Edimburgo. Escocia, a diferencia de Inglaterra, tiene un sistema de gratuidad muy similar al del continente. Sus instituciones académicas son prestigiosas, el coste de la vida es más barato que en Londres u Oxford, y ofrecen una educación en inglés, el factor más atractivo para los aspirantes a viajar.
Durante el curso académico 2018/2019, el último en el que participó el Reino Unido en Erasmus antes del Brexit, unos 18.300 estudiantes británicos viajaron al continente, frente a los 30.000 comunitarios que viajaron a la isla.
Ese era el argumento esgrimido por los gobiernos conservadores, que señalan una pérdida neta para el Reino Unido. Sin embargo, los defensores del esquema -empezando por las propias universidades- han señalado siempre la economía de escala que generaban esos intercambios, y los beneficios académicos, sociales y de relaciones personales que se perdieron con el abandono del programa.
El entonces primer ministro, Boris Johnson, impulsó un programa alternativo de intercambio bautizado como el Esquema Turing, en homenaje al científico que descifró el código Enigma que los alemanes utilizaban para sus transmisiones en la Segunda Guerra Mundial. Con un presupuesto de casi 130 millones anuales, el programa nunca alcanzó la popularidad ni el éxito en término de número de estudiantes que había tenido Erasmus.
Keir Starmer se ha propuesto realizar un acercamiento gradual a la UE que repare los destrozos causados por el Brexit, sin plantearse la reincorporación al club, el ingreso en su espacio aduanero común o la recuperación de la libertad de movimiento de personas. Todos esos pasos resucitarán la guerra política en la se vio inmerso el Reino Unido durante la segunda mitad de la pasada década.
Pero Londres ha firmado un tratado bilateral con Bruselas que ha sido celebrado por ambas partes como el reinicio de las relaciones, y que prometía entre otras cosas un nuevo esquema de movilidad juvenil todavía por concretar. El primer paso, uno de los más deseados por toda una generación de estudiantes, ha llegado con la reincorporación al Erasmus.
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EL MUNDO CELEBRA , PERO CLAMA AGUA Y PALABRA
Elspeth Gormley – España
La Navidad se acerca con su cortejo de luces, villancicos y mesas preparadas. Es tiempo de abrazos y de memoria compartida. Sin embargo, basta abrir los ojos al mundo para descubrir que no todos llegan a la fiesta con la misma abundancia. Mientras en unas casas se encienden árboles y se reparten regalos, en otras familias la urgencia es distinta: conseguir agua potable, un plato de comida, un techo seguro.
Hoy, miles de niños siguen caminando kilómetros con bidones a la espalda, buscando un recurso que debería ser derecho universal. En muchos lugares, la guerra y el desplazamiento obligan a celebrar la Navidad en campos de refugiados, donde la esperanza se sostiene en canciones improvisadas y en la solidaridad de quienes comparten lo poco que tienen. Y en nuestras propias ciudades, la desigualdad se hace visible: personas que duermen en la calle mientras las vitrinas brillan con exceso.
La imagen que abre esta sección -ese globo con niños y agua- nos recuerda que la literatura no puede ser indiferente. Escribir es también un acto de justicia poética: nombrar lo que falta, denunciar lo que duele, y sembrar esperanza. Cada artículo aquí reunido es un puente entre la fiesta y la realidad, entre la palabra y la acción.
La Navidad no debería ser solo un tiempo de consumo, sino de conciencia. Que la pluma se convierta en faro, que la voz sea abrazo, que la página sea memoria. Porque la palabra es agua, es pan, es justicia. Y escribir, en este tiempo, es también cuidar.
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FELICES FIESTAS
Andrea Kiperman – Argentina
Como siempre, es un placer poder comunicarme con ustedes, en esta ocasión ya acercándonos a las fiestas y al fin del año. Estuve dubitativa, pensando cuál podría ser el tema o la orientación de este escrito, y entre tantas ideas decidí comenzar con una frase que, de alguna manera, describe este año -tanto para mí como quizá para ustedes también-: “Lo perfecto es enemigo de lo posible.”
En estos tiempos, donde la perfección, el saber absoluto o la búsqueda del ansiado éxito parecen estar a la orden del día, creo importante recordar que las cosas suceden como tienen que suceder, aunque no siempre coincidan con nuestras expectativas. De hecho, casi nada ocurre exactamente como lo imaginamos, ¿verdad?
Y ahí está el desafío. Este año, diferente y complejo, con sus idas y vueltas, nos invita a dejar de centrarnos en lo “maxi” y volver la mirada a lo “micro”. En estas fiestas, deseo que cada uno pueda reconocer esos micro momentos que nos hacen sentir bien: celebrar los pequeños grandes logros, las pequeñas cosas que nos alegran el alma, porque cada persona encuentra su dicha en detalles distintos. Identificarlos, compartirlos y celebrarlos, incluso en medio de las adversidades, es lo que engrandece la vida. Siempre hay algo por agradecer, por festejar, por celebrar y por compartir.
Levantaré mi copa en estas fiestas y brindaré también por ustedes: por un maravilloso nuevo año, por el coraje de ir tras nuestros sueños y por todo aquello que nos haga bien al alma. Que estemos rodeados de personas que nos miren con ojos brillantes, y que podamos transitar nuestro andar por la tierra recordando que lo perfecto no existe, pero sí la posibilidad de disfrutar de todos los regalos que nos da la vida.
Gracias por estar del otro lado. Los abrazo y quedo con ustedes.
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MIGRACIÓN
María Moita – Venezuela
El verdadero impacto de la migración: crecimiento, empleo y oportunidades compartida. Los hogares venezolanos aportan más de 10.600 millones de dólares cada año a las economías de América Latina y el Caribe.
Con frecuencia, la migración ha sido tratada en el debate público como un fenómeno que implica una carga económica para las comunidades de acogida. Sin embargo, la evidencia que hoy tenemos en América Latina y el Caribe muestra una realidad muy distinta: cuando se gestiona con visión, la migración se convierte en una fuerza que impulsa el crecimiento, la innovación y el desarrollo.
Un nuevo análisis de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) confirma que los hogares venezolanos aportan mas de 10.600 millones de dólares cada año a las economías de la región, principalmente a través del gasto en vivienda, alimentos, educación y servicios de salud. Esta cifra no es abstracta: se traduce en alquileres pagados, negocios que crecen y sistemas de salud y seguridad social que suman contribuyentes.
A menudo se habla de los costos de la migración, pero se ignora su importante contribución fiscal. Solo en Colombia las personas venezolanas han llegado a pagar más de 529 millones de dólares en impuestos en un año. Estos recursos fortalecen los servicios públicos que benefician a toda la población.
El espíritu emprendedor de las personas migrantes también está dejando huella. En Panamá, los negocios creados por personas de origen venezolano han generado cerca de 40.000 empleos, y en Aruba han impulsado inversiones que superan los 1.100 millones de dólares. Desde la gastronomía hasta la tecnología, estos emprendimientos no solo crean puestos de trabajo, sino que revitalizan comunidades y dinamizan sectores clave.
Este análisis, basado en estudios realizados desde 2021 en ocho países de América Latina y el Caribe —Colombia, Panamá, Ecuador, Chile, Costa Rica, República Dominicana, Perú y Aruba— muestra que la población venezolana en la región es altamente productiva y cuenta con una sólida formación técnica y universitaria.
Este talento representa una oportunidad para nuestra región Pero su potencial aún está lejos de desplegarse plenamente: hoy, cerca del 82% de las personas venezolanas trabaja en la informalidad, una realidad que responde a barreras estructurales en el acceso al empleo formal y al sistema financiero, no a la regularización en sí misma. De hecho, sin un estatus migratorio regular, la informalidad sería aún mayor y los países no podrían beneficiarse del aporte económico que ya comienza a evidenciarse.
Por eso es tan importante profundizar las políticas de documentación e inclusión. Los avances lo demuestran: cerca del 70% de los 6,9 millones de venezolanos en la región contaba con un estatus migratorio regular al momento de hacer el estudio, lo que ha permitido que millones accedan a oportunidades antes inaccesibles y den pasos concretos hacia una mayor integración económica. La regularización no es el final del proceso: es la condición necesaria para reducir la informalidad y liberar el enorme potencial que estas comunidades traen consigo.
En el Día Internacional del Migrante, estos hallazgos son una motivación para reconocer el impacto positivo de las personas migrantes en las comunidades que les acogen y para redoblar los esfuerzos en favor de iniciativas de regularización e integración que les permitan aprovechar plenamente su potencial, en el marco de las legislaciones nacionales.
Cuando se abren puertas, los beneficios son compartidos. Por eso, facilitar que las personas migrantes accedan a servicios financieros, aprovechen sus capacidades y se abran paso hacia el empleo digno y el emprendimiento no es solo un gesto de solidaridad, es una apuesta estratégica por economías más fuertes, comunidades más cohesionadas y un futuro más próspero para toda la región.
Tenemos ante nosotros una elección. Ver la migración como una carga o reconocerla como lo que es: una de las fuerzas más poderosas para impulsar el progreso.
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COPIAR EN LOS EXÁMENES ( EL RETO TECNOLÓGICO DE LAS UNIVERSIDADES )
Jordi Pérez Colomé – España
En un examen del grado de Informática de la Universidad de Salamanca, el profesor Javier Blanco recorría los pasillos con unos auriculares. “Me mosqueó un poco”, pensaba el alumno Víctor Funcia, “ese señor está escuchando la radio mientras nosotros hacemos el examen”. Pero Blanco no escuchaba ninguna emisora: intentaba captar una señal muy concreta.
De repente ocurrió: alguien estaba dictando las respuestas del examen por teléfono y un estudiante las escuchaba a través de un auricular invisible. Blanco conectó la señal a un altavoz y toda la clase oyó las respuestas. Nadie se inmutó. El dispositivo era un nano pinganillo, tan pequeño como la cabeza de un clavo, que se coloca junto al tímpano y solo puede extraerse con un imán.
Estos aparatos se utilizan desde antes de la pandemia. En 2019, profesores de la Universidad Politécnica de Valencia y de Madrid ya habían desarrollado detectores. La diferencia hoy es la irrupción de la inteligencia artificial: ya no hace falta un experto que sepa las respuestas, basta con enviar una foto del examen a un familiar o amigo, subirla a ChatGPT y recibir las soluciones por teléfono.
En internet abundan vídeos con millones de visualizaciones que explican cómo funcionan estos pinganillos, que se venden por unos 42,99 euros en Amazon. Algunos incluyen micrófono y requieren un repetidor en el cuello, un anillo o incluso dentro de un bolígrafo. También pueden alquilarse.
El problema no se limita a los pinganillos. “Es un problemón que tenemos”, reconoce José Juan López, vicerrector de estudiantes de la Universidad Miguel Hernández (Elche). “La tecnología es muy difícil de detectar y legislar. Y hablo de exámenes, en trabajos ya ni te cuento”.
La lista de dispositivos crece: gafas, relojes y bolígrafos cada vez más discretos, capaces de resolver preguntas y problemas. Aunque los móviles están prohibidos, en aulas grandes pueden colarse fácilmente, incluso con un segundo dispositivo de repuesto. La IA, además, puede resolver test sin necesidad de haber estudiado.
“Es cada vez más habitual que muchos busquen la solución rápida”, explica Laura, profesora de la Academia San Roque de Tenerife. “Ya ni quieren hacer el esfuerzo mínimo. Les cuesta hasta entender el ChatGPT, le piden que les haga un resumen del resumen”.
El impacto va más allá del fraude individual: copiar puede permitir aprobar asignaturas enteras e incluso obtener un grado completo, afectando a la competencia entre estudiantes por becas o plazas. “Da que pensar por qué copian en asignaturas fáciles”, reflexiona Funcia. “No sé si aumentando el castigo la gente dejaría de copiar. El sistema de notas incentiva la competitividad individualista”.
El tercer gran problema es el de las sanciones. Según la ley universitaria reformada en 2023, copiar en un examen es una falta grave, castigada con la suspensión de dos convocatorias y la expulsión durante 30 días. Pero muchos profesores consideran que la penalización es insuficiente. “Estamos vendidos, si un estudiante quiere copiar lo hará igual”, afirma Rodrigo Santamaría, de la Universidad de Salamanca.
Además, demostrar el fraude es complicado. “Le preguntas a un chaval si lleva un pinganillo y te dice que no, que lo demuestres”, señala José Ángel Contreras, responsable de Inspección en la Universidad de Burgos.
La sensación en varias universidades es que ocurre más de lo que parece, aunque no hay certezas. Y el problema no es exclusivo de España: en otros países ya se han detectado casos de estudiantes copiando con gafas inteligentes.
La única solución inmediata sería el uso de inhibidores de frecuencia, pero actualmente son ilegales y solo la policía puede utilizarlos. “Se lo comenté al ministro en una comida y ni se mojó”, recuerda López.
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CUENTOS Y RELATOS – DICIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Cada historia es un latido que nos recuerda que el tiempo pasa, pero la palabra permanece.”
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NIEBLAS
Magi Balsells – España
Esta niebla que de la tierra húmeda se eleva, produciendo en nuestros ojos figuradas formas fantasmales, penetrando dentro de nuestro cálido cuerpo, haciendo que sintamos este frío oculto, provocando en algún momento cierto temblor de ansiedad, dejando un suave y simple rocío sobre nuestra vestimenta.
No solo están las matinales que con los rayos del sol desaparecen, no tienen ninguna importancia son cosas de la naturaleza, también están las nocturnas, las que siempre nos dan un cierto temor, por ser en la oscuridad cuantas mas formas espectrales vemos, cuando apresuramos nuestro paso, para procurar dejarla lo mas rápido y atrás posible, buscando el calor que ellas nos niegan.
También existe otro tipo de niebla mucho mas peligrosa que ningún rayo de sol logra disiparlas, estas nieblas son las de la mente, en sus diferentes formas o nombres, cada uno dentro de su idiosincrasia, tiene un parte fundamental en el comportamiento humano, pese a los múltiples medicamentos, a los estudios que continuamente se realizan, no encuentra una solución definitiva, algunos dicen que es una cuestión mental, otros que son manías, pero lo que si son, es que son ofuscaciones de nuestro pensamiento, que a diferencia de la niebla normal que con el sol desaparece, estas están tan arraigadas que no existe astro rey para iluminarlas ni borrarlas.
También existen las del corazón, pero estas muchas veces descansan en amores truncados, en desgracias ocurridas, o en situaciones amorosas no definidas son mucho mas fáciles de sanar, ya que el tiempo como gran doctor puede llegar a curarlas u otro amor puede dar solución a estos sobresaltos del corazón.
Por lo cual procuremos que nuestra niebla solo sea la que vemos muchos días, las que van desapareciendo mientras el día va amaneciendo.
Y de las otras deseemos que nunca nos sean instaladas en ninguna de nuestras partes más queridas: la mente y el corazón.
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ERA PRIMAVERA
Libia B. Carciofetti – Argentina
Era primavera y las Iglesias cristianas de Buenos Aires y alrededores habían organizado un «Gran PICNIC» en Los Bosques de Ezeiza. En el mes de julio aproximadamente con mi hermana ya le habíamos pedido permiso a papá para asistir; por supuesto con mi mamá, «jefa de nuestra tribu». Al «cacique» Primo, había que pedirle permiso con mucha antelación, a costa de «portarnos muy bien», estudiar sin «chistar» y demás menesteres de hijas obedientes… cosa que elaborara el permiso a nuestras salidas… y ese maldito «ya vamos a ver» que nos hartaba oír.
Yo tenía 17 años y mi hermana 13… Adolescente y joven “manejable” que acataba las órdenes a rajatabla…dominada por miradas bis a bis…tete a tete… Como era la educación de antes ¿vio?… ¿viste?
Con mi hermana contábamos con los dedos de las manos y de los pies los días que faltaban para el maravilloso evento. Ya habíamos asistido a otros encuentros en que lo habíamos pasado bárbaro… Un bosque de eucaliptos, que se sabía dónde comenzaba, pero no donde terminaba. Árboles con troncos añosos y perfumados que de solo adentrarse en el bosque ya los pulmones se hinchaban de gozo y de paz…,
Debajo de cada árbol familias, grupos, que compartíamos mates, jugos y las milanesas que preparaban las mamás la noche anterior y que devorábamos en tremendos sándwiches, porque allí todo era más rico… mamá llevaba el tejido y se juntaba a conversar con amigas que hacía tiempo no se veían, porque vivían distanciadas… tiempo de juegos, tiempo de reuniones de canto y meditaciones bíblicas, guitarreadas y caminatas… a esa «caminata» quería yo llegar en mis sueños de jovencita enamorada.
A mí me gustaba mucho un chico y el re-gustaba de mi… Ese sería un punto de encuentro fantástico…
Todo el mes de julio, agosto y parte de septiembre nos portamos como verdaderas «señoritas» con mi hermana, no cuestionábamos ninguna orden y dejamos de lado esa pregunta y respuesta odiosa… ¿Por qué?… ¡Porque no! y basta! Comíamos el guiso de mondongo que no nos gustó nunca, no nos peleábamos a la hora de lavar, estuvimos dos meses amontonando «buenas acciones» con tal de obtener el permiso… Dos días antes de la primavera, el 19 de septiembre se desató una tormenta de aquellas, que nos paralizó el corazón a las dos «Carciofetti»
MMMMMMMM. Me parece que se viene una maroma !!! Exclamó «cacique» Primo… y las dos corriendo a arrodillarnos a orar fervientemente que pare de llover…. los truenos ensordecían los oídos y aceleraban el corazón de miedo, la habitación quedaba iluminada con cada refusilo.
Papá trabajaba en el ferrocarril, se levantaba a las 4 de la madrugada y regresaba en el tren de las 15 hs. Al otro día amaneció nublado pero no llovía… así que mamá comenzó a martillar la carne para preparar las milanesas y pasarlas por el pan rallado, hizo una torta de naranja, preparó todo y a medida que íbamos acordándonos lo que faltaba lo íbamos guardando en la canasta.
A las 15 llega mi papá, la mesa tendida esperándolo… con zapallitos revueltos… con un olorcito que daban ganas de almorzar otra vez. Como te fue en la escuela, comenzó la indagatoria… ¡de diez papi! A ver a ver… y yo traía mi cuaderno con un excelente recién estrenado en matemática… muy bien! A ver vos (por mi hermana) no papi a mi me hicieron prueba hoy pero no me dieron la nota, pero la seño me dijo que estaba muy bien por lo que ella podía deducir… (De resultas se había sacado un uno y ella le había agregado el «0», ya mi mami le había dado un buen levante cuando se enteró, pero por amor a mí, que me iba a tener que quedar sin picnic «callamos las dos» por única vez me hice cómplice en beneficio mío…
La voz grave de papá sonó más esta vez, no sigan guardando más cosas en la canasta porque venía oyendo por la radio que mañana va estar peor el tiempo que ayer, se pronostica granizo y tormentas eléctricas… Un silencio de sepulcro abierto se hizo en el comedor y mi hermana comenzó a llorar como una marrana… Pero y si no pasa nada? y la radio se equivoca? y mañana amanece con sol y…y…y…
y N-A-D-A-! no salen mañana y se acabó y ¡punto! ¿Qué hago yo si se desata una tormenta y ustedes están lejos? ¡Pero papi! Y el tano ya estaba levantando presión y nos clavaba la mirada, y cuando el cacique clavaba la mirada, las indias cerraban la boca…
No dormimos en toda la noche enojadas con este papá tan «invulnerable» que nos tenía días en ascuas hasta que se resolvía a darnos el sí, para alguna salida… y siempre con mamá de custodia. Como todas las madrugadas antes de irse venía a darnos un beso, yo me hacía la dormida pero mi hermana siempre lo abrazada y besaba, esa mañana no lo hizo y le dio vuelta la cara … papá salió en silencio sin hacer preguntas…
Nosotras debíamos tomar el tren de las 6 de la madrugada para llegar al encuentro a las 9 y reservar nuestra sombra bajo del eucaliptus. Como ya no iríamos al picnic, y no teníamos clase mi mami no tuvo mejor idea que nos levantemos para después de desayunar, una limpiar cada dormitorio, el baño, el comedor, baldear la vereda, y barrer el patio.
Mi mami escuchaba radio mientras cosía y nosotros afuera comiendo «rabia» por habernos quedado sin «picnic» Oímos que mamá desde la cocina decía no, no! DIOS mío no puede ser! hasta que estalló en llanto… de verdad nos asustamos mucho; aumenta el volumen de la radio, y sin poder pronunciar palabra nos abraza a las dos… Repiten otra vez con voz alarmante ya…
¡ULTIMA NOTICIA! Tren que pasaba por Escobar a la las 5-10 de la mañana descarriló en Benavídez entre las estaciones de General Pacheco e Ingeniero Maschwizt, y volcó sobre la margen izquierda … Hasta este momento son 236 los muertos, y 400 heridos aproximadamente, entre ellos muchos jóvenes que aprovechando el día del estudiante y de la primavera se dirigían a diferentes lugares del gran Bs As… Se pide a la población que colabore con las cuadrillas de rescate porque hay cuerpos irreconocibles que serán depositados en la morgue policial de General Pacheco y hospitales de la zona…
Lo que sigue es inenarrable, pues en ese tren viajaban «mi chico», con varios jóvenes que venían subiendo desde la localidad de Zárate, y en cada estación… nosotras aparte de mi mamá, íbamos con tres amigas con sus madres.
Esa tarde papá llegó a las 19 a casa… fue eterna la espera e inmenso el abrazo que nos dio… no parábamos de llorar los cuatro.
¡Tan «niñas» entendimos que DIOS TIENE UN PLAN PARA CADA VIDA, Y PONE A LAS PERSONAS INDICADAS QUE SERÍAN COMO SEMÁFOROS ROJOS PARA DECIR SU ROTUNDO NO! En este caso fue nuestro papá, que nos mezquinaba tanto las salidas, no porque no quería que disfrutemos de la vida y la juventud, le temía a todo lo que pudiera sucedernos al salir solas…
Papá cuando salió de su sopor como nosotras nos dijo que no solamente porque pensó en una tormenta, sino que algo superior le inclinó a negarnos el permiso de ir al paseo… Sin duda fue la voz de DIOS que le susurró a sus oídos… y él le prestó oídos. Hoy estaríamos en esa lista dolorosa de tantos que iban a trabajar y otros a disfrutar del día de la primavera…
Nuestro pueblo se hizo famoso no por su adelanto edilicio, sino por este fatídico accidente.
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UNA HISTORIA REAL
Carlos H. González Saavedra -Argentina
Al fin llegó el ansiado sábado. ¡Había esperado mucho tiempo para que este día llegara! En mi cumpleaños, hace más de un mes, había organizado una colecta para un comedor en Cañuelas.
A los invitados a mi fiesta les pedí juguetes y útiles escolares para un comedor muy pequeño, donde cada día comían treinta niños. Se reunió bastante. También mi hermana se sumó a la ayuda y llevó todos los elementos para maquillar a cada niña que quisiera pintarse el rostro. Como artista plástica y maquilladora profesional, su trabajo sería maravilloso.
Así fue. El baúl del auto estaba completo.
Nos habían pedido que estuviéramos a las 11:30 porque a las doce se almorzaba. Era importante que nos sentáramos con ellos, y así lo hicimos: pusimos la mesa y ayudamos a servir. Siempre se preparaba comida extra, ya que había niños que traían un recipiente para llevar algo a casa para la noche.
Todo se desarrolló con mucho cariño. Después de ordenar y comer una fruta de postre, llegó el momento de entregar los regalos. Hacer una fila fue imposible, ya que se abalanzaban sobre la mesa. La señora que me acompañaba estaba agotada.
Había un niño de unos once o doce años que pedía y pedía, aunque ya quedaban muy pocas cosas. Eso obligó a la señora a ponerse firme y preguntar quién faltaba.
—Una mano levantada en primera fila gritó: ¡Yo! —No seas pícaro, tú fuiste el que más recibió —respondió enojada.
El niño bajó la vista y, con algunas lágrimas en los ojos, se sentó en silencio en un banco, lejos de todos. Esa actitud llamó la atención de Margarita, que rápidamente preguntó:
—¿Qué te pasa? —Señora, yo pedía para los más pequeños. Ellos no llegaban a la mesa, los más grandes los tapaban. Por eso me quedé sin nada.
Esas palabras la estremecieron tanto que me llamó: —¡Carlos! Pobre, se quedó sin regalos ni útiles.
Lo miré fijo a los ojos, apagados y tristes, y le pregunté: —¿Cómo te llamas? —¡Carlitos! Me dicen Tévez —respondió con una mirada pícara escondida. —¿Ah, eres de Boca? —¡Sí! —dijo orgulloso—. b —Qué lástima, yo soy de San Lorenzo, pero te doy mi palabra de honor de que el próximo sábado traeré un regalo para ti. —¡Gracias! —y se fue corriendo. Vivía en una casita muy precaria, con techo de láminas de metal y suelo de tierra. Era el mayor de seis hermanos.
Los niños se fueron, la comida sobrante se repartió y nada quedó en la olla. Di unas vueltas por el barrio, todos en la misma condición, algunos peor.
Mi sorpresa fue mayor aún cuando, en el umbral de una casa, una niñita permanecía como un testigo mudo de agradecimiento. Lucía en su cara una mariposa. Habían pasado dos horas y ahí estaba, orgullosa de su pintura. Pensé en cómo, con tan poco, podemos darles un momento de felicidad que seguramente nunca olvidarán.
Volví con mi palabra de honor empeñada, con un sabor agridulce en los labios, por las contradicciones de la vida misma. Maestras que les exigían a estos niños un cuaderno de tapa dura con cincuenta hojas, cuando comían de manera salteada.
El lunes temprano fui a la casa de deportes y compré una pelota. Le conté al vendedor lo que había vivido. Me escuchó atentamente. —Le puse en la bolsa con la pelota unas medias de Tévez. ¡Van de regalo!
Agradecí emocionado el gesto.
Durante la semana compré algunos útiles escolares y ropa, y volvimos cargados al comedor. El día estaba luminoso, los niños estaban por comer cuando llegamos. Uno de los encargados me pidió que la bolsa se la diéramos aparte, porque se iban a poner a jugar y luego vendría la comida.
Así fue que fuimos al auto con Tévez, abrí el baúl y le entregué la bolsa. —No juegues aquí, tus compañeros no van a comer. Llévala a tu casa.
Su entusiasmo, su inocencia, sus ojitos brillando en todas direcciones me llenaron de emoción. La emoción de hacer feliz a un niño, al menos por un rato.
Es importante señalar que los responsables del comedor eran Jorge, exconvicto, y su amigo Damián. Este último se había criado en un comedor, nunca conoció a sus padres; esa era su familia.
Por último, me gustaría terminar este relato verídico con una reflexión: Somos canales de abundancia divina. Merecemos todo lo que recibimos, y así como recibimos debemos dar; como damos, recibimos.
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LAS PIEDRAS QUE CUENTAN
Elspeth Gormley – España
Cada tarde, al bajar la marea, aparecía una concha distinta en la orilla. No era la misma, aunque se pareciera: cada una traía un dibujo nuevo, como si el mar escribiera mensajes secretos en su piel.
Desde niña pensé que las conchas y las piedrecillas que aparecían en la orilla tenían historias. No eran simples restos del mar: cada forma escondía un relato, cada grieta era un secreto.
Cuando mis hijos y mis nietos eran pequeños, jugábamos a descifrarlas. Si la piedra parecía antigua, entonces guardaba una historia de piratas, de barcos hundidos con tesoros que nunca llegaron a puerto.
Si la concha brillaba como recién nacida, era señal de un cuento nuevo: quizá la aventura de un pescador que no regresó, no porque el mar se enfureciera con él, sino porque una sirena se enamoró de su canto y lo llevó con ella a un reino escondido bajo las olas.
Así, cada piedra era un libro abierto, cada concha un mapa secreto, y la orilla se convertía en biblioteca infinita.
Hoy, cuando camino por la playa, sigo recogiendo esas historias. Las guardo en la memoria como quien guarda tesoros, porque sé que el mar nunca deja de escribir, y que cada piedra, cada concha, es también espejo de nuestra propia vida: unas veces áspera, otras pulida, pero siempre con una historia que merece ser contada.
Y entonces comprendo que no soy yo quien inventa los cuentos, sino el mar, que me los confía como cartas selladas para que nunca se pierdan.
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DE GL 581 B
Jaime Hoyos Forero – Colombia
Si este encuentro de cuento y poesía se hubiera celebrado la semana anterior, habría invitado a todos ustedes con mucho gusto a mi segundo matrimonio.
Como el primero, este matrimonio no será eterno en esta vida. Durará máximo 100 años. No tengo aguante
500? -Qué embustero- pensarán algunos de ustedes.
¿500? -Cree que nos va a meter los dedos en la boca -estarán diciendo otros.
Bueno, yo no los puedo obligar a que me crean ni a que digan que mi mujer es la subcampeona del mundo (el récord lo tiene Matusalén con 969 años).
El día de la boda, hace 8 días, no faltó un tris para que el notario, un tipo serísimo, nos mandara con policía a un juzgado para que nos arrestaran por desacato a la autoridad.
-Váyanse a gozar su luna de miel a la cárcel- nos dijo, pero no nos casó, y agregó que el documento de identidad de la novia era falso. ¡Pura ignorancia del notario! Imagínense: no sabía que en 1509, año del nacimiento de mi novia, los colombianos no éramos colombianos sino neogranadinos y que los ciudadanos no éramos ciudadanos sino súbditos del Rey don Fernando II el católico y de su dulce esposita la Reina Isabel y por lo tanto el documento de identidad de mi novia no decía “cédula de ciudadanía” sino: “Cédula Real que el Rey y la Reina de Castilla, Aragón y Navarra confieren a su súbdita Venus María, hija de GL 581 B y de padre desconocido, etc. etc., año del Señor de 1509”. Hay 2 sellos, uno seco en altorrelieve y dos firmas ilegibles en letras de oro.
Pues cómo sería de bruto el notario en cuestión (mi buena educación y caridad cristiana no me permiten revelar su nombre) que todo eso le pareció un chiste.
Fue necesario que el jefe de archivos de la Biblioteca Nacional y un historiador y un químico certificaran la verdad. De esta manera pudimos casarnos. Lo hicimos en la misma notaría de marras, para humillación del notario, quien turbado y de mala guisa, no se atrevía ni a mirarnos.
Creo que ese notario es la primera persona que se ha aguantado las ganas de mirar a Venus María. Y no piensen que ella despierta curiosidad por lo viejita. Nada de eso. La gente se extasía mirándola por su extraordinaria y singular belleza y por su perenne juventud. Su rostro, cuando sonríe, lo rodea un halo fulgente y a veces es necesario bajar la vista para no deslumbrarse. Y su cuerpo, ¡ay, si les hablara de su cuerpo!, este relato se convertiría en un canto de amor, en una oda, en un poema erótico y grandioso. Con decirles que en 1866, cuando Venus María tenía tan sólo 357 años, el poeta Gustavo Adolfo Bécquer anotó en el cuaderno de ella estas palabras mientras se inspiraba mirándola: Mientras exista una mujer hermosa, habrá poesía”.
Y en 1660 Murillo, el pintor sevillano, ofreció a Venus María una fortuna para que le sirviera de modelo de su famosa “Inmaculada”. Ella posó entonces para Murillo pero no aceptó recompensa ninguna por tratarse de un cuadro para la Virgen María.
Ahora mismo yo veo en los ojos de todos ustedes estas preguntas: ¿Cómo hace su esposa para conservarse siempre joven y hermosa?
-¿Por qué ese apellido tan raro: GL 581 B?
-¿Si es verdad todo lo que usted dice, me dirán ustedes, por qué no nos la muestra?
Pues voy a contestar a esas preguntas: GL 581 B es el apellido genérico de los nacidos en el planeta de ese nombre. El planeta GL 581 B está situado en el centro de la Vía Láctea, la galaxia más cercana a la tierra. GL es de un tamaño ligeramente menor que el de la Tierra y está a una distancia de 20 años luz. Es decir, que un vuelo espacial a una velocidad de 20.000 kilómetros por hora, tardaría un millón de años en llegar. Sus habitantes, a pesar de las acechanzas del demonio, nunca le desobedecieron a Dios. Por lo tanto, no hay allí pecado original, de hecho no existe allí el pecado, no han sido castigados por Dios.
En otras palabras los seres que pueblan GL 581 B, no se arrugan, no envejecen, no mueren.
Dios, por medio de sus ángeles, a cada ser terrestre o de GL., en el mismo instante de ser concebido en el vientre de su madre, le coloca en lo más hondo de su primera célula, el alma, siempre inmortal. La diferencia está en que la primera célula de los terrícolas (no el alma) es mortal, sujeta a crecer, reproducirse y morir; mientras que la primera célula de los nacidos en GL es inmortal, como el alma.
El que dude de la existencia de GL y de que allí hay atmósfera como en la tierra y agua y por lo tanto vida, favor confirmar lo que he dicho, esta misma noche, en Wikipedia o en Google.
Estoy contestando, sigo respondiendo las preguntas: hace 500 años, un ángel nuevo, poco experimentado, cometió el pequeño error de colocar en un óvulo humano aquí en la Tierra, una célula primaria de GL, célula desde luego inmortal, siempre joven y eterna. Y así, por accidente, nació Venus María entre nosotros.
¿Que por qué no les muestro a Venus María, mi esposa?
Y…¿Por qué no iría a mostrarla?
Al terminar el encuentro de cuento y poesía, esta noche, los que quieran ver a Venus María, pueden hacerlo si bajan al parqueadero de este edificio: En la cabina de un Ferrari rojo, está esperándome mi esposa. No soy celoso. Comprendo que todos ustedes son mas jóvenes que yo. Sólo les recomiendo no mirarla demasiado tiempo a la cara: su resplandor puede volverlos ciegos.
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GAME OVER
Andrea Morini – Argentina
Voy a desvelarles el peculiar suceso que me tocó vivir hace algún tiempo, una vivencia que aún hoy, como una sombra persistente, proyecta sus vastas consecuencias sobre mi existencia. Es una historia tejida con los hilos de la incertidumbre y la metamorfosis, un relato que me persigue incluso en la quietud de la noche.
Cierta tarde de mediados de noviembre del año pasado, o quizás del anterior… la memoria, caprichosa, ya no me permite precisarlo con exactitud. Recuerdo, eso sí, que salí, como siempre me sucedía, apurada de la oficina. La prisa era mi compañera constante en el camino hacia mi sesión de terapia semanal. Siempre, una voz interior, la resistencia, me susurraba que no debía ir más, que debía romper con esa rutina. Mas, aun así, a último momento cedía: una fuerza invisible me impulsaba y, por ende, venía el apremio, la carrera contra el tiempo que marcaba mi devenir a diario.
Con paso firme, enfilé hacia la parada de taxis más cercana, mis pensamientos ya en el diván, desmenuzando las ansiedades del día. Pero, antes de llegar a la misma, un brillo en la distancia captó mi atención: un coche desocupado. Como un regalo del azar, le hice señas con la mano, casi por instinto, para que frenara. El chófer, con un movimiento fluido, acercó el auto al cordón y abrió la puerta trasera. Subí, y tras acomodarme en el asiento, le indiqué la dirección hacia donde deseaba viajar, mi rumbo hacia el ritual semanal.
Iba enfrascada en mis asuntos, divagando entre informes y análisis, cuando, de pronto, una vibración ínfima me sacó de ese ensimismamiento. Un zumbido apenas perceptible que, sin embargo, me arrancó de mi burbuja de reflexiones. Sorprendida, busqué en la butaca, suponiendo que el celular se me había caído de la cartera, cosa nada infrecuente, dada mi proverbial distracción. El atolondramiento era ya una marca registrada de mi personalidad.
Encontré un móvil, pero al instante supe que no se trataba del mío. Su diseño, su peso, todo gritaba ajenidad. «Será del anterior pasajero», pensé en aquel momento, con una lógica impecable, aunque teñida ya de una extraña fascinación. La agitación persistía, una llamada insistente, y la tentación de responder se me tornó irresistible, una curiosidad prohibida que me jalaba con fuerza. —Hola —dije, mi voz un poco vacilante, esperando que del otro lado de la línea apareciera el dueño, para así poder entregárselo y librarme de aquel objeto misterioso.
Una voz profunda, cálida y, sin embargo, con una resonancia magnética, respondió. Era muy varonil, seductora y delicada a la vez, una melodía que me envolvió al instante. —Hola, estaba esperando que atendiera —susurró, y en ese murmullo había una intimidad inquietante, como si me conociera de siempre. Añadió, con un empalago que me erizó la piel: —¿Qué tal si le ofrezco cambiar su vida a partir de este momento? ¿Aceptaría? —Dejándome la última palabra expectante, colgada en el aire como una pregunta sin respuesta.
El temor, una ráfaga helada, me asaltó el estómago. La situación era tan inesperada, tan surrealista, que colgué atropellada; mi mano temblaba mientras el móvil se silenciaba. Pero algo, una fuerza ignota y poderosa, me impulsó a no decirle nada al taxista y guardarme el aparato sin más, sin un atisbo de racionalidad. No sabría interpretar de dónde provino ese deseo, esa compulsión irracional, pero es lo que hice entonces. Un objeto ajeno se convirtió, por lo tanto, en mi secreto, un peso en el fondo de la cartera.
Llegué a destino, al consultorio de mi terapeuta, y bajé llevándome el dispositivo conmigo. Me convencí de que tenía la intención de devolverlo, que era un acto de civismo. Sin embargo, ahora, al recordarlo, no lo tengo tan claro. Quizás la semilla de la conversión ya había sido sembrada, y la excusa del retorno era solo una capa superficial para mi creciente embeleso. Terminé de realizar las tareas previstas para esa jornada, las palabras de mi psicóloga resonando aún en mi intelecto, un eco de mis propias zozobras. Me fui directo hacia casa, mi refugio, mi pequeño santuario. Agotada, con el peso del día aún sobre mis hombros, me saqué los zapatos nada más entrar. No hay mayor satisfacción, pensé, que ese pequeño gesto, una liberación, que indica el final de un día de trabajo, el preludio del descanso codiciado. Me preparé un mate, el vapor cálido ascendiendo, y para relajarme, un rito que me traía paz, comencé a escribir unas líneas que tenía dando vueltas en mi cabeza para plasmar en una próxima novela. Necesitaba ordenar mis ideas en una hoja antes de que se perdieran en las nubes del olvido, antes de que el torbellino de la jornada las arrastrara.
Estaba perfilando los avatares de los personajes, imaginándolos con una precisión casi febril, dándoles nombre, edad, gustos, tejiendo sus azares con cada palabra cuando percibí una nueva vibración. Esta vez, las pequeñas sacudidas eran más cercanas, más íntimas. Provenían del escritorio, justo donde había apoyado el trasto descubierto, el teléfono ajeno. Lo había dejado allí con la intención de revisarlo, de ver si alguna pista se revelaba en su memoria, alguna forma de entregarlo a quien lo reclamara. Era mi excusa, mi coartada para mantenerlo cerca.
Atendí, esperanzada y, debo confesarlo, con el anhelo de que se tratara del legítimo propietario de tan peculiar objeto, el eslabón perdido de esta cadena de eventos. —Hola —respondió la voz. Era la misma que había escuchado por la mañana, la que había resonado en la cabina del taxi, ahora más intensa, más cercana—. Temprano le hice una oferta, sigo esperando su réplica —exclamó, esta vez imperativo y exigente, una autoridad implacable que no admitía dilaciones. —Creo que se ha confundido señor —Le respondí, con una convicción que comenzaba a resquebrajarse. Luego, imponiendo una lógica que ya se desvanecía, agregué—, este móvil lo encontré hoy y estoy intentando dar con la persona a la cual pertenece, por lo que, supongo, es con quien usted desea comunicarse, no conmigo —aseveré con total convicción, aunque mi voz ya flaqueaba. —No es así —respondió con un dejo glacial en su voz, un frío que me caló hasta los huesos—. ¿Acaso usted no es Clara Guzmán? —preguntó, y la mención de mi nombre me heló la sangre. Mientras afirmaba a continuación, su voz grave como un trueno distante— La conozco bien, aunque no lo crea.
Una invasión de inseguridad me atenazó el estómago, un puño invisible que me apretaba las entrañas y no me permitía responder. Corté la llamada de forma abrupta, mirando el artilugio como si el mismo encarnase un símbolo del infierno, una puerta a lo desconocido. No podía entender qué estaba pasando y eso me resultó intolerable e inquietante. La madeja de mi vida, tan ordenada hasta ese momento, comenzaba a enredarse. «¿Qué o quién quería algo de mí?», recuerdo que pensé, muy asustada, mientras daba vueltas por la habitación, convertida en un torbellino de paranoia. La pregunta rebotaba en las paredes de mi hogar, una obsesión.
En ese momento, la decisión se forjó dentro de mí como hierro candente: tenía que deshacerme del aparato, dejarlo en algún lugar lejos de mi casa de inmediato. Así que, sin pensarlo dos veces, sin dar lugar a la razón, me dirigí a la plaza que estaba justo enfrente de mi puerta, un oasis de verdor que se convirtió en mi salvación. Bajé las escaleras a toda prisa y crucé la calle apurada, el corazón latiendo desbocado. Con un gesto furtivo, casi criminal, lo apoyé sobre un banco y salí huyendo de allí como si fuera una delincuente, una fugitiva de algo que no podía nombrar. Entré atropellada al que era mi hogar entonces, cerrando con un fuerte golpe, un retumbo que resonó en el silencio de mi alma. Seguía muy intranquila, una zozobra persistente me corroía, aunque, en apariencia, ya estaba a salvo. No sabía bien de qué, qué entidad o qué fuerza me había acechado, pero quería creer que así era al fin, que la pesadilla había terminado.
Traté de serenarme, de encontrar la calma en el caos que se había desatado en mi vida. Decidí continuar trabajando en la trama de la novela, antes de comer algo, aunque lo hice con muy poca convicción. Las palabras ya no fluían con la misma facilidad, el misterio se había incrustado en cada fibra de mi ser. De pronto, una melodía familiar resonó en la habitación. Esta vez reconocí el sonido habitual de mi propio dispositivo, ese que creía seguro en mi bolso. Me sobresalté. «¿Cómo era posible?» Sin mirar la pantalla, por puro reflejo, contesté, y después de dar el saludo inicial, una voz que ya empezaba a fastidiarme, a colmar mi paciencia, alegó: —Solo tiene que contestar, Clara Guzmán, si está interesada en cambiar su vida a partir de hoy, en ese caso, nunca más tendrá que preocuparse por nada —sentenció en un tono de voz perentorio, una orden disfrazada de oferta. Y luego, rompiendo toda barrera, empezó a tutearme, como si fuera un viejo conocido, lo que sumó una nueva capa de escalofrío a mi turbación—. Necesito que afirmes o rechaces lo ofrecido ahora, no vuelvas a colgar, porque no cejaré en el intento, debo saber a qué atenerme, pero sabrás que espero una réplica positiva, por supuesto.
«¿Quién era esta persona que insistía en llamarme, que parecía saberlo todo sobre mí, incluso mi nombre completo?» «¿Por qué necesitaba mi sentencia, mi veredicto, ante su planteo tan enigmático?» «¿Qué sabía de mí, de mi vida, de mis secretos más íntimos?» Las preguntas se agolpaban en mi mente arrasada por los miedos, un torbellino incesante de dudas. Su voz, por un instante, me sonó familiar, como un eco de un pasado remoto, un recuerdo que se negaba a materializarse. —¿De qué se trata todo esto? —respondí, el enojo por la intrusión en mi vida se mezclaba con una creciente intriga—. No sé quién habla, ni por qué me está ofreciendo algo que no pedí. Si no se explica mejor, volveré a colgar —aseveré, mi voz firme, aunque ya sentía la curiosidad rondar, de manera peligrosa, como un animal hambriento a mi alrededor. —Así ya es diferente, puedo explicarte en la medida de tu afán por escuchar —expresó, su voz melosa, untuosa, una trampa de terciopelo, añadiendo con un tono casi sensual—. ¿Sí? —Por favor —le solicité, entregada por completo a la tentación de conocer de qué se trataba toda la cuestión, de desentrañar el interrogante que me envolvía. La resistencia había cedido, el enigma había ganado la partida. —Te propongo participar en un juego, Clara Guzmán, junto con otras personas que también fueron elegidas, al igual que tú —respondió la voz, y la palabra «juego» me pareció extraña, casi infantil, en medio de tanta solemnidad—. Las reglas son sencillas y te serán indicadas cuando corresponda —agregó, callando a continuación, dejando un silencio expectante.
Me encontré diciéndole, mi voz más audaz de lo que creía: —Y… ¿por qué fui elegida? ¿Quién lo hizo? —interrogué titubeante, pero la pregunta ya formulada era imposible de retirar. —Eso no es relevante, Clara. Lo importante es que lo fuiste, que tu sino te ha traído hasta aquí —respondió con una firmeza que no admitía réplicas—. Solo te puedo asegurar que no he sido quien te seleccionó, no es algo que me corresponde hacer. Pero sí puedo precisar la importancia de la propuesta y de la conversión radical que significará en tu vida, para mejor, claro, en el caso de que te interese comprometerte con ella.
Si me retrotraigo a ese momento, a la encrucijada de mi vida, no puedo precisar con exactitud qué me impulsó a consentir esa loca proposición, carente de toda lógica, de toda sensatez. Tal vez, puedo aventurar, que en una vida ordenada como siempre fue la mía, meticulosa y predecible, con pocos matices, una rara aventura no me pareció tan descabellada, tan ajena a mi ser. Además, la idea de que otras personas también estarían inmersas en la supuesta actividad lúdica, me brindaba una extraña sensación de seguridad, de no estar sola en esta locura.
«¿Por qué no?», me dije entonces, algo en mi interior me impulsaba al abismo de lo desconocido. De esa manera, me rendí ante la seducción de lo ignoto, un canto de sirena que me arrastró sin remedio. Desde entonces, todo avanzó a ritmo febril, a una velocidad que mareaba, que impedía asimilar los cambios.
Me citaron en una vieja casona de Villa Devoto, un barrio de Buenos Aires con aires de antaño. El exterior de la casa, un tanto deteriorado, contrastaba con la belleza de su entorno: un hermoso parque lleno de árboles centenarios y flores de mil colores, en una de las clásicas avenidas que engalanan esa zona de la ciudad.
Allí, en ese lugar que parecía sacado de otra época, conocí al resto de los integrantes de tan dudoso grupo, de esa cofradía de lo incomprensible. Todos estaban tan aturdidos como yo, con los ojos vidriosos de recelos, pero cada cual impulsado por alguna necesidad diferente: emocional, material, o la que su raciocinio les diera como justificación para estar ahí. Éramos marionetas de un hado incierto, atadas a hilos invisibles. En principio, la voz, a través de sus emisarios, nos explicó que debíamos superar diversas pruebas o pequeñas tareas. Aquellos que íbamos cumpliendo las fases asignadas en los primeros lugares, continuábamos participando, sorteando cada vez más complejas faenas. El resto, los que no lograban avanzar, suponíamos que eran eliminados y volvían a sus hogares, a la normalidad de sus vidas. Ahora, con la perspectiva del tiempo, entiendo que eso elegimos pensar en aquel momento, una mentira piadosa para apaciguar nuestra propia congoja.
A poco de iniciar la contienda, la competencia, comencé a sentirme mal, el cuerpo reclamaba descanso. Aquello no era un juego, sino una carrera de supervivencia, una lucha por cada aliento. Apenas comíamos, la comida era escasa y sin sabor, y reposar, poco y nada. El sueño era un lujo que no podíamos permitirnos. Por lo cual, el estado general se iba tornando cada vez más agresivo y compulsivo, una animalidad latente que afloraba con cada desafío.
Estaba decidida a ganar, a sobrevivir. Desconociéndome, arremetí con fiereza en cada ciclo, cada obstáculo, sacando fuerzas de donde no las tenía y argucias que no sabía que poseía. Ante cada meta alcanzada, a la vez que seguía adelante, algo dentro de mí se alteraba, se fracturaba, al punto tal de que empecé a sentirme ajena a mí misma, como si el yo que fui se disolviera en el éter. Pero la ambición, una bestia que no conocía, era más fuerte que la conciencia, más poderosa que el remordimiento, así que «¡Adelante!», me decía alentándome, sin vacilaciones ya, hacia lo desconocido. De esta manera, con cada paso, con cada triunfo, entré en este mundo para el cual no creía estar preparada y, en el que, sin embargo, logré subsistir a toda costa.
La voz que me había convencido para entrar en él, nunca más la escuché, se desvaneció como una promesa vacía, a pesar de que busqué en todos los rincones de este universo a su propietario, a esa entidad que había puesto en marcha mi transformación. Creí percibir, cierto día, una sonrisa amiga que se parecía mucho a la de alguien que conocí tiempo atrás, al que amé de forma salvaje, con una pasión que quemaba, pero, como entonces, su rostro se evaporó, se desvaneció como sucede ante la imposibilidad del querer en ciertas relaciones, de aquellos encuentros que no están destinados a perdurar.
Para no aburrirlos con tanta historia, con la dureza de mi ascenso en este destino macabro, volvamos al principio, al origen de mi encierro, a cómo llegué a esta situación sin retorno, a este punto sin vuelta atrás. Uno a uno mis contrincantes se fueron marchando, desvaneciéndose en la nada, mientras continuaba avanzando, lenta, pero inexorable. «¿Hacia dónde?», llegué a interrogarme alguna vez, en un raro atisbo de lucidez. Pero en realidad no tenía respuesta para eso. Era seguir adelante por la simple inercia de hacerlo, acumular más y más triunfos para mi ego personal, sin ninguna necesidad real que atesorar en ello, sin un propósito más allá de la victoria.
En cada etapa, una parte de mí se diluía, se evaporaba cual gota de rocío en un día de verano, mientras me iba convirtiendo en parte del orbe en el cual había aceptado vivir.
Aquí, en este lugar, no paso hambre ni frío, las necesidades básicas están cubiertas, pero la muerte y la resurrección se encuentran cada vez que alguien decide utilizar mi avatar en el juego de roles en el cual estoy inmersa sin poder escapar.
Escribo estas líneas mientras aún recuerdo, con una claridad dolorosa, que alguna vez fui Clara Guzmán, una simple oficinista, antes del próximo instante en que me quede sin energía, se escuche un sonido atronador, como un estruendo que anuncia el fin, y vuelva a pender sobre mí la palabra «Game Over».
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COMPARACIÓN
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
En el Ajedrez, como en la vida, la mejor jugada es siempre la que se realiza – Siegbert Tarrasch
Se acercó con el tablero bajo el brazo y la bolsita de plástico con las 32 piezas aventureras. Siempre nos encontrábamos en el mismo banco de la plaza, con la mesa d piedra como un comensal más. Lo abrió y desplegó. Comenzó a colocar los huéspedes:damas, reyes, caballos, torres, alfiles y peones. Él siempre jugaba con las blancas, nunca quiso perder la «iniciativa”, allí nos quedábamos: jugando, descubriendo, inventando.
Verlo concentrado en las partidas era algo que jamás podría olvidar. La tensión, el rictus de la boca, la cabeza que se movía llena de pensamientos y jugadas anticipadas, la inteligencia puesta exclusivamente al juego enfrentada a dilemas a veces insolubles, la lucha interna por doblegarme como adversario, la crispación de sus manos. Hasta que al final movía una pieza y recobraba su tranquilidad. Roberto andaba por los 80 largos, su cuerpo no lo acompañaba mucho, pero su mente era una máquina calculadora, inteligente y por sobre todas las cosas innovadora.
Estaba planificando una variante de la Defensa Siciliana, que revolucionaría el mundo ajedrecístico. Superaba todas las conocidas, porque había estudiado en profundidad las jugadas del sacerdote Pietro Carrera, analista italiano del siglo XVI, creador de la famosa jugada.
Durante todo el año, si el tiempo lo permitía, los viernes allí estábamos los dos. Él venía desde su casa mientras que yo salía de la redacción del diario. No sabía dónde vivía. Nunca se lo había preguntado. Él tampoco me lo había dicho. Era por el barrio, pero nunca quiso dar muchas explicaciones. Siempre supuse por sus ropas elegantes pero gastadas, que en algún momento de su vida había tenido un buen pasar. Tal vez la vida se le habría complicado. Cada uno de nosotros lleva su mochila al hombro que a veces pesa poco y a veces demasiado.
Un viernes primaveral no vino, lo esperé en vano otro viernes, otro, uno más. Nunca lo volví a ver. Lo busqué indagando por varios lados, pero nada. Pregunté en la misma redacción, los negocios de la zona: algunos lo conocían por la descripción que les daba, pero no sabían dónde podía vivir. Se había evaporado de mi vida como un soplo en el viento. Allí quedó la nostalgia, sin tener remedio. Una semana antes de Navidad, una señora bastante mayor apareció en el diario buscándome. Traía un envoltorio para mí de parte de Roberto. Había fallecido hacía casi tres meses. Ella era una amiga que cuidaba de él en ciertas oportunidades. Antes de partir le había dejado el recado de entregarme el paquete como regalo de Fin de Año.
Le pregunté de qué había fallecido y su respuesta fue contundente: de vejez. «Nadie muere de vejez», pensé. Pero de qué valía explicarle eso a esta mujer. Le pregunté si necesitaba algo y me explicó que no. Sólo cumplía con el pedido de Roberto Seoli. En esa conversación me enteré por primera vez de su apellido.
Esa noche, ya en casa, abrí el paquete con todo cuidado. Había esperado ese momento con ansias. No lo quise hacer en el trabajo por razones personales. Esto era mío, particularmente mío. Allí estaba el viejo tablero y los 32 trebejos, gastados, ajados, esperándome. En un sobre marrón bien cerrado, encontré una papeleta con diferentes jugadas. La letra pequeña, pareja y bien escrita, reforzaba mi impresión de que Roberto había sido una persona de una gran cultura. En la mesa chica del living, al lado de los sillones, armé todo y comencé a desarrollar lo escrito por él. ¡Formidable! ¡Excepcional! ¡La combinación perfecta! ¡Una variante de la Defensa Siciliana extraordinaria!
Me quedé quieto por un momento recordándolo con su traje raído, sus zapatos charolados de dos colores, el bastón marrón de madera lustrada y esos ojos brillantes cuando realizaba una partida magistral. En base a ella escribí un libro que resultó ser un best-seller para el mundo ajedrecístico. La variante llevaba su nombre. El nombre de un hombre que llevó su imaginación al límite.
Hoy ese tablero sigue allí. Nadie lo toca. No lo permito.
Nunca más jugué en él. Es un sempiterno recuerdo.
Roberto, vos allá andá preparando otra jugada. Yo aquí voy a hacer lo mismo.
Cuando nos encontremos… comparamos.
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CARTAS DICIEMBRE
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
Esta revista protege la obra de sus colaboradores bajo la ley de propiedad intelectual vigente en España y en el marco jurídico de la comunidad hispanohablante.
“Cada carta es un faro: ilumina la memoria y exige al mundo su verdad.”
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✦ Colaboradores – Cartas de Navidad ✦
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CARTA A LOS LECTORES
Luz Fontana – Italia
Queridos lectores, La proximidad de la Navidad nos invita a reflexionar no solo sobre la tradición, sino sobre el lugar que ocupa la palabra en tiempos de incertidumbre. La historia nos enseña que las fiestas han sido siempre un espejo de la sociedad: en ellas se revelan tanto la abundancia como la carencia, tanto la memoria como el olvido.
Hoy, cuando la humanidad se enfrenta a crisis de agua, migraciones forzadas y desigualdades que atraviesan continentes, la literatura se convierte en un espacio de resistencia cultural. Como señaló Octavio Paz, “la literatura es la otra voz”: aquella que se alza cuando el ruido del poder pretende silenciar la conciencia. Escribir, entonces, no es un gesto ornamental, sino un acto de responsabilidad.
La Navidad, con sus símbolos luminosos, nos recuerda que la esperanza no puede desligarse de la justicia. No basta con encender luces si no iluminamos también las zonas de sombra: los niños que buscan agua, las familias que esperan paz, los pueblos que reclaman dignidad. La palabra escrita es un faro que atraviesa esas oscuridades, un testimonio que se niega a desaparecer.
Que esta revista sea, pues, un lugar donde la erudición se encuentre con la sensibilidad, donde cada carta y cada artículo se conviertan en memoria viva. Porque escribir es afirmar que tenemos alma, y que esa alma se proyecta hacia el futuro como legado y como promesa.
Con respeto y gratitud
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CARTA A MARCELA
Carlos González Saavedra – Argentina
Siempre tengo ganas de escribirte, pero lo dejo para después. Así van pasando los días, las semanas. Hoy me dije: sí o sí escribo lo que pienso. Aunque estamos cerca, no me he animado a dar un paso más. Ganas no me han faltado.
La familia, los chicos, nuestras parejas… todos forman parte del paisaje cotidiano. Y aun así, puedo adivinar en tu mirada la necesidad de conectarte de otra manera, especialmente conmigo. No nos hemos acercado, por prudencia. Así lo siento.
Desconocía que mamá te había invitado. No supe cómo disimular la alegría de tenerte cerca, de poder conversar mirándonos a los ojos. Uno dice tantas cosas con ellos… leerlos me haría sentir privilegiado.
Esa noche nos envolvió una sana intención: vivir en paz y armonía. Son momentos que la vida nos regala. Los brindis, las charlas amenas y los abrazos hacen que uno viva mágicamente, auténticamente en el amor. Al menos, eso me sucede a mí.
Siento que en ti mora el mismo sentimiento: el amor al prójimo. Agradezco este instante que la vida nos con
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CARTA A PAPÁ NOEL
Elspeth Gormley – España
Este año no quiero pedir imposibles, porque aprendí desde niña que la vida se conquista con esfuerzo, y que los regalos más grandes no caben en un papel de colores. Pero también aprendí que hay cosas que deberían ser básicas y siguen siendo un privilegio: salud, justicia, paz, dignidad.
Por eso te escribo a ti, Papá Noel, que llegas primero y llenas de ilusión tantas casas. No traigas solo juguetes y adornos: trae lo esencial, lo que debería estar garantizado. Salud para quienes luchan cada día, amor para quienes se sienten solos, y tiempo para quienes apenas sobreviven entre jornadas interminables.
Enséñanos a pensar con libertad, porque vivimos rodeados de voces que manipulan, de noticias que confunden, de líderes que prefieren el poder a la verdad. Que tu saco no lleve solo regalos, sino también conciencia.
Un saquito de solidaridad, sí, pero no como gesto simbólico: que se convierta en política, en acción, en compromiso real. Porque mientras unos acumulan riquezas obscenas, otros siguen contando monedas para llegar a fin de mes.
Intercede en los conflictos bélicos, aunque sé que la cordura rara vez visita a los poderosos. El poder los abduce, los cambia, los vuelve sordos. Protege a los más vulnerables: niños, ancianos, enfermos, refugiados. Que nadie quede fuera de la mesa, que nadie pierda la dignidad de sentirse amado.
Si no puedes traer todo esto, trae al menos una chispa de esperanza, una lágrima que lave la injusticia, una luz que nos recuerde que no estamos solos.
En lo personal, te pido conservar lo que ya tengo: mi familia de sangre y mi familia elegida, esas amistades que resisten la distancia, encuentros que llenan de ilusión mi vida, y la certeza de que el amor, en todas sus formas, es el único regalo que no se agota.
Querido Papá Noel, deja en cada casa una lámpara encendida, no como adorno, sino como recordatorio: que la verdadera magia no está en los renos ni en los trineos, sino en la capacidad de los pueblos de resistir, de compartir, de exigir un mundo más justo.
Con agradecimiento, pero también con firmeza, te deseo una feliz Navidad y un año nuevo donde la luz no sea promesa, sino realidad compartida.
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CARTA A SANTA CLAUS
Sarah Petrone – Argentina
Querido Santa, hoy sentí la necesidad de escribirte. Tuve nostalgia de las tantas cartitas que con mis hijos te enviamos a ese lugar del Polo Norte, donde supuestamente vivías, y que año tras año, los pedidos de regalos que querían para las Navidades, llegaban de tu mano, casi siempre.
Era tierno y conmovedor ser parte de esa ilusión que llenaba el alma de los niños, bendita ingenuidad con la que soñaban con tu viaje en trineo tirado por un montón de renos que te paseaban por los cielos de una punta a la otra del mundo, vestido con tu traje rojo, tu barba blanca y riendo con esa risa bonachona de abuelo bueno con la que aún te representan en los afiches de venta de juguetes. Tocando tu campanita y cantando tu Ho, Ho, Ho.
Hoy, mis niños han crecido, sin embargo soy yo la que quiere recuperar ese tiempo que se perdió en el tiempo. Quiero creer que los años no han pasado, que vuelvo a recuperar la magia de la Navidad, que ya no es la misma.
Casi sin darme cuenta, se fue diluyendo la época más feliz, la de lograr que los niños vivieran una infancia con ilusiones, con sueños, sin temores, cuando todavía podíamos protegerlos y enseñarles todo lo que aprendimos y que ahora ellos enseñan a sus hijos, mis nietos.
De generación en generación, tu figura o tu mito,(o no) no se ha perdido. Los padres no hemos dejado que tu historia se perdiera, pese a las dificultades de la vida, a los años, a las perdidas de seres queridos, al tiempo, a la realidad que no siempre es la que esperamos.
Hoy, te escribo desde el alma, como la mujer adulta que soy, la que quisiera volver el tiempo atrás para rescatar eso bueno que año tras año llenaba de ilusiones a los niños y a los grandes que hacíamos de esa magia el cuento de amor más genuino y real. Gracias por esa infancia que nunca olvidaremos.
PD. Me olvidaba. Sí, quiero pedirte algo. Necesito que recojas un puñado de PAZ para este mundo convulsionado y egoísta que perdió la inocencia y olvidó reír y soñar, y cuando te descuelgues por las chimeneas de las casas, con tus regalos, derrámala en cada una de ellas, para que no se pierda su esencia en el entorno familiar. Como cada año, en este, también te espero. GRACIAS.
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CUENTOS Y RELATOS DE NAVIDAD
Nota Editorial
Las voces que aquí se escuchan son reflejo de mundos interiores. Cada texto pertenece a su autor, quien lo comparte desde su sensibilidad única. La reproducción debe hacerse con respeto, siempre citando la fuente. Porque la inspiración se expande… pero con respeto, florece.
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A
Aquí laten las voces que hacen del invierno un hogar.”
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✦ Colaboradores ✦
FIESTAS DE NAVIDAD
Magi Balsells-España
Días señalados en el calendario, momentos de ilusión y alegría nos invaden, lo que es momentos de reunión con la familia y los seres queridos, el jolgorio y también el recogimiento, si hay con quien disfrutar de ello.
Solo estoy, en un gran piso, sin pareja, sin hijos, sin nada mas que mi sola compañía, los únicos familiares muy lejanos están y poco contacto ha habido en estos últimos años, todos tienen sus problemas, todos tienen su familia y yo me he quedado solo, solo con mis recuerdos, con mis tristes pensamientos, con la tristeza de no ver mas a mis seres muy amados, todos ellos desaparecieron hace ya algún tiempo sin ver que yo me quedaba abandonado a esta situación no deseada.
Tengo que celebrar la Nochebuena, con qué o con quién, no puedo ni llamar a ninguna puerta para que me acojan en estos días, aunque solo fuera una sola, el poder sentir el calor y el cariño de otras personas, mis amigos tampoco están y los pocos que me quedan ellos quizás estén en la misma situación, ya solos nos quedamos muchas veces.
Pondré la mesa y en ella las fotografías de los que se fueron, así no estaré tan solo, encenderé todas luces para iluminar la casa como a ellos les gustaba, pondré todo el servicio como si aun estuvieran, hablare con ellos aunque no pueda oír sus voces, pero en mi mente si los escuchare, reiré con ellos aunque las lagrimas afloren mansamente en mis mejillas
Llaman a la puerta, ¿quien será? Es el vecino de al lado, que me viene a buscar, no admite excusas me están esperando en su mesa y en el sitio de honor, ahora es cuando las lagrimas salen a borbotones. Me es imposible dar las gracias, la emoción tapa cualquier palabra, todos me acogen como uno más de ellos.
Gracias a mis deudos por lograr este milagro se que habéis sido vosotros los que habéis tocado el corazón de estas personas.
Veo que en el mundo aun existe bondad.
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EL PUEBLO QUE HABIA DEJADO DE CREER
Marcela Barrientos – Argentina
En el pueblo de *San Silencio*, la Navidad ya no era una fecha: era apenas una palabra gastada. Las luces colgaban por costumbre, no por ilusión; los villancicos sonaban como ecos lejanos, y en las casas nadie esperaba nada más que el paso del tiempo. —La Navidad es para los que aún creen —decían los mayores—, y aquí ya casi nadie cree en nada.
Ese año, como todos los anteriores, el frío llegó puntual y la plaza se llenó de hojas secas en lugar de risas. El viejo pesebre municipal permanecía guardado en un depósito, cubierto de polvo y olvido. Nadie lo reclamó. Nadie… excepto *Luna*. Luna tenía ocho años y una forma especial de mirar el mundo, como si aún pudiera escuchar lo invisible. La noche del 24 de diciembre, salió de su casa con una vela encendida entre las manos. No sabía por qué, solo sentía que debía hacerlo.
Cuando llegó a la plaza, ocurrió lo extraordinario. La luz de la vela no tembló con el viento. Al contrario, creció. Y en ese silencio profundo, una nevada suave comenzó a caer, aunque el cielo estaba despejado. No era nieve común: cada copo brillaba como si llevara dentro un recuerdo feliz.
Los vecinos salieron a las puertas. Algunos lloraron sin saber por qué. Otros recordaron una voz, una canción, una mesa compartida. Entonces, en el centro de la plaza, apareció el pesebre olvidado, intacto, luminoso. No era nuevo ni perfecto, pero estaba vivo. Y en él, el Niño parecía sonreír, no por haber nacido, sino por haber sido esperado otra vez.
Desde esa noche, San Silencio cambió. No porque los problemas desaparecieran, sino porque algo volvió a habitar los corazones: la certeza de que la esperanza no muere, solo espera ser llamada.
Y así, cada Navidad, una vela se enciende en la plaza. No para recordar lo que fue, sino para creer -otra vez- en lo que aún puede nacer.
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UN RELATO DE NAVIDAD
Carlos H González Saavedra – Argentina
Ese domingo estaba ansioso, más que otras veces. Aunque conocía Río, en mi cuarto viaje me faltaba descubrir el Río profundo, ese donde se respira Brasil en las paredes. El samba y la pobreza de las favelas. Contrastes y desigualdad de un país maravilloso. El brasileño común, de la sonrisa permanente, de la energía que te invade. En cada rincón, en cada vuelta de la esquina hay una sorpresa cercana a la bohemia, la melancolía y esa fuerza increíble para salir adelante, cantando a pesar de todo.
Todo eso, ni más ni menos, de la mano de mi hijo Federico, residente en Río desde hace nueve años. —Padre, ¿qué quieres conocer bien? —Un bar de esos donde se hace música con una tapita de refresco o una lata de cerveza. —Bien, esta noche vamos a lo de Alfredo. —Perfecto, ya me gustó la idea con solo conocer el nombre.
Allí fuimos, domingo a las nueve de la noche. Imaginé un bar grande, no un local pequeño que no tenía más de ocho metros de frente por doce de fondo.
Federico me presentó a Alfredo, que permanecía sentado en la puerta del local, en una mesa, con una planilla donde anotaba las consumiciones. —Padre, aquí funciona así: al fondo tienes dos neveras cargadas de cervezas, alguna botella de vino y agua. Una barra para lavar alguna copa y un pequeño baño. Te sirves y le avisas a Alfredo lo que tomas, él lo anota y al irnos pagamos.
En un costado del angosto salón había una madera donde alguien apoyaba el codo, tomando una cerveza. En el centro, sentados en sillas o bancos comunes, músicos y más gente en la calle que dentro del local. —¿Por qué se llama Bip Bip? —pregunté asombrado. —Alfredo le puso ese nombre por el Correcaminos, no se le ocurrió otro. Y ojo, aquí no se aplaude, está prohibido. Solo se chasquean los dedos, por respeto a los vecinos y a la música. Si hay mucho ruido, ¡no sabes cómo se pone Alfredo! —acotó Federico.
El samba recorría las paredes y nuestros oídos. Era un momento y un lugar pleno de magia. Venían unos, otros se iban. Siempre ocupaban los banquitos. Tocaban con instrumentos pero también marcando el ritmo con cucharitas. —Padre, este es un bar socialista. Los martes se viene a hablar de política. Los músicos son profesores del conservatorio, algunos también de canto. —¿Cómo, los músicos también pagan lo que consumen? —Aquí todos pagamos, ellos también.
La bohemia me arrancaba el corazón. Fui dos veces al baño, para quedarme en la barra de atrás, observándolo todo. El bullicio iba subiendo en intensidad y el número de gente en la acera crecía.
De pronto, Alfredo se levantó furioso de su silla. Los músicos dejaron de tocar y un silencio sepulcral se adueñó del lugar. Alfredo, con problemas respiratorios por el cigarrillo, cercano a los sesenta y cinco años, se ponía colorado y hablaba entrecortado para poder tomar aire: —Aquí venimos a escuchar música y disfrutar. Si hablamos gritando, no escuchamos la música y es una falta de respeto a los vecinos. Si no les gusta, se van y listo.
Después de su alocución, complicada por su falta de aire, una suave melodía de flauta devolvió la normalidad. Alfredo se volvió a sentar. La noche se nos escapaba de las manos, eran como la una de la mañana y seguía llegando gente. —¿A qué hora cierran, Federico? —Hasta que salga el sol. Nosotros, si quieres en una hora más, nos vamos, padre. Mañana tengo que trabajar. —Sí, hijo, cuando me digas. —Quedémonos una hora más. —De acuerdo.
Las paredes impregnadas de nostalgia, decoradas con recuerdos y fotos, mostraban en un rincón un diploma con una distinción del Ministerio de Cultura, nombrando al Bip Bip como lugar cultural de Río de Janeiro. Cobró otra dimensión el sitio donde me había traído mi hijo, cuna del samba y del sentir autóctono de Brasil.
Solo tomaba cervezas, iba por la quinta, y veía cómo Federico se divertía con ellos. Aprendí los secretos de la pandereta, tan famosa por su sonido característico, tocada con el movimiento de la muñeca. El profesor nos señalaba: —Mira, esa niña está tocando mal. Para mí, tocaba de maravilla. Hasta que la escuché con atención, comprendí lo que decía. Su sonido me transformaba. Eso sí que era maravilloso, como todo lo que estaba allí.
Mientras la música acariciaba los oídos y todos movíamos el cuerpo al compás, una muchacha con una lata de helado de cinco litros, con una ranura en la tapa, invitaba a todos a dejar una propina. Pensé que sería para los músicos. —Federico, muy bueno el lugar, quedé encantado. ¡Cómo tocan, qué maravilla! ¿Ahora cada uno paga su cerveza? Increíble, menos mal que después con la propina se arreglan. Hermoso regalo me hiciste, hijo. —No, padre. Ese dinero que se junta cada noche, durante todo el año, es para el día de Navidad. —¿Cómo? —Alfredo, en Navidad, pone las mesas en la calle y da de comer a todos los indigentes y personas sin hogar. Hace una gran mesa y brinda con todos ellos, por la Navidad.
Ese comentario me dio una dimensión mucho más profunda de Alfredo y sus músicos, de su altruismo, de su humanidad. Rescatando al hombre concreto de una sociedad injusta y salvaje. Me impactó mucho emocionalmente.
Antes de irme, volvimos y tuve la oportunidad de confundirme en un abrazo con Alfredo, cosa inusual según mi hijo. Le había escrito un poema al lugar. Federico se encargó de dárselo a su amigo para que lo tradujera. Seguramente fue por eso que me abrazó. Sentí su emoción. Lo abracé por tantas cosas, que no me alcanzaban los brazos para decirle gracias. Me sentía en deuda con él.
Alfredo falleció de un enfisema pulmonar hace un año y medio. El amigo de mi hijo, cuyo nombre no recuerdo, quedó a cargo del lugar.
Después nos invadió la pandemia y no pude volver. Me gustaría regresar al Bip Bip y ayudar a servir la mesa, rescatando miradas de agradecimiento y felicidad por Alfredo, por su inmensa humanidad. Brindando, con ojos emocionados, por una ¡Feliz Navidad!
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CUENTO DE NAVIDAD
La luz que nunca se apaga
Elspeth Gormley – España
En un pequeño pueblo junto al mar, cada diciembre se repetía un gesto sencillo: las familias colocaban una lámpara en la ventana, como señal de esperanza. No era lujo ni adorno, solo una luz humilde que decía: “aquí hay un hogar abierto, aquí hay alguien que espera.”
Crecí en tierra de marineros rudos, donde el Cantábrico rugía con furia cuando se enfadaba. De pequeña, me subía a una silla y desde la ventana miraba el mar extasiada, y veía que en cada puerta brillaba una luz encendida.
Esa luz no era solo candil, era promesa: los que partían al mar sabían que esa era la señal de que los esperaban, que su casa seguía siendo puerto seguro.
Aquella Navidad, Clara encendió su lámpara con un temblor distinto. Su padre había partido meses atrás, y la casa parecía más vacía que nunca.
Pero al encender la luz, recordó sus palabras: “la Navidad no es ausencia, es memoria que se convierte en compañía.”
Esa noche, las calles se llenaron de ventanas iluminadas. Cada lámpara era un latido compartido, un puente invisible entre casas y corazones, un gesto sencillo que vencía la distancia.
Cuando la medianoche llegó, el pueblo entero parecía un cielo en la tierra: cientos de luces brillaban como estrellas, y cada una contaba una historia de amor, de pérdida, de esperanza.
Desde entonces, sé que la Navidad no se mide en regalos, sino en la fuerza de una luz compartida. La misma que en el Cantábrico esperaba a los marineros, la misma que en cada ventana dice: no estás solo, aquí hay alguien que espera.”
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ROSAS DE HOY PARA MAÑANA
Graciela Reveco – Argentina
Fue en vísperas de Navidad cuando un ligero despertar insinuó que llegaría con un abalorio de sorpresas. Mamá hizo un gran esfuerzo para que mi regalo fuera la pelota de trapo más hermosa que alguien pudiera imaginar, redonda y blanca, un tanto agrisada por el tiempo, cerrada y muy firme, no se rompería tan pronto como las otras, pero algo me molestaba en un rincón del corazón; yo no podía obsequiarle nada, los dos estábamos muy bien, pero no teníamos mucho dinero, apenas para vivir con lo que ella ganaba amasando en la panadería del barrio.
También, en esa Navidad, mi padrino (un primo de mamá) llegó con un regalo muy especial, dijo que el señor que lo acompañaba deseaba verme jugar en un equipo que esa tarde competiría en el club de la ciudad, y que debía desangrarme como lo hacía si domingos. Los ojos de mi madre dijeron sin decir que eso podía ser muy bueno para los dos.
De inmediato acudimos a la cancha, debía practicar unas cuantas horas con una pelota de verdad, descanso de por medio. Era emocionante y me latía el corazón con una fuerza arrolladora. Mi padrino sabía que no me costaría nada acostumbrar mis pies a esa maravilla redonda y blanca que no me cansaba de apretar contra mi pecho hasta doler.
Mientras me preparaba, la pelota fue a dar muchas veces cerca de un puesto de flores que estaba a la entrada del club, y cuando iba por ella me quedaba viendo un balde repleto de rosas blancas. ¿Te gustan?, preguntó la florista con una gran sonrisa. Le gustan a mi mamá, dije con los ojos trizados, y salí a la carrera con una esperanza que aún no entendía.
Más tarde, mi padrino me llevó a los vestuarios; el partido iniciaría muy pronto. Estaba asustado, pero no lo demostraría, jugar al fútbol era lo que más amaba en el mundo después de mi madre.
En medio del primer tiempo, reconocí que el grupo de jugadores era bastante malo, no dejaba completar un avance, muy lentos en el conjunto (mis amigos jugaban mejor en la canchita, y con pelotas de trapo). Frente a lo que nadie esperaba, me senté en una orilla, sobre el verde campo de juego, y dije que no quería seguir, que aquello era un bochorno, además de que nos adelantaban con dos goles.
Mi padrino corrió hasta mí sin enojarse (era lo único que yo temía) y sentenció que era muy pequeño para tamaña actitud y que debía volver al juego. Chiquito, susurró cerca de mi oído para que solo yo lo escuchara, si haces un gol, de los que acostumbras en tu canchita dominguera, te doy unos cuantos pesos. Lo miré con los ojos terriblemente más trizados, y otra vez salí a la carrera.
No perdía la esperanza, ni en ese inicio, ni en la felicidad de mi madre. No sabía cómo iba a ocurrir el milagro, pero fue espontáneo y premonitorio. Lo cierto, es que ese día marqué mi futuro. No hice un gol, hice cinco, y al finalizar el encuentro levanté mi mano, las palmas bien arriba, como esperando mucho más del cielo; en ese momento solo aspiraba a mi dinero bien ganado y multiplicado por cada tanto.
Fue una travesura, porque de seguir así no había chance para el equipo, pero también lo hice por otra razón. Muchos años después puedo contarlo, a pesar de los berrinches y los correctivos que permitieron mi triunfo como futbolista. Es verdad que nunca jugué con el blanco incierto de aquella pelota de trapo que zurció mi madre, pero esa noche de Navidad ella puso sobre la mesa un enorme ramo de rosas blancas. Todas para ella.
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LA NAVIDAD DE HALLEY
María Sánchez Fernández – España
Hace algún tiempo vino a caer en mis manos la famosa obra de Sigmund Freud La interpretación de los sueños. Comencé a leerla y quedé tan fascinada que en un par de días ya la había concluido.
Es fabuloso poder comprobar cómo nuestra mente, al sentirse libre de control mientras dormimos, divaga y se nos escapa por los caminos más inverosímiles. Vivimos nuestro mundo cotidiano, pero deformado por mil cabriolas que nos zarandean caprichosamente.
Una noche de invierno, próxima la Navidad, salí a la terraza de mi casa para respirar un poco de aire puro. Aunque hacía mucho frío, el cielo estaba despejado. Lo miré largamente y quedé maravillada de la profundidad de su negrura, que se hacía más intensa con el brillo limpísimo de los millones de estrellas que lo tachonaban. Alguna que otra se escapaba veloz y desaparecía rápidamente.
Entré en mi habitación, me metí en la cama y conecté la radio para oír un programa informativo. Al momento me quedé dormida. Mi mente empezó a trabajar rápida, libre, sin cadenas, y soñé. Soñé con un mundo fantástico llamado “Cosmos”. Yo era una estrella fugaz que corría sin cesar por aquel espacio inmenso sin principio ni fin. Miles de cuerpos danzaban ingrávidos, moviéndose acompasados por el negro silencio que cantaba eternidades. Me sentía liberada, etérea, y corría y corría sin dirección ni destino. En mi loca carrera llegué a una zona en la que los cuerpos celestes se apretaban entre sí formando una gran masa de brillante mutismo.
Una multitud de estrellas de todas las clases y condiciones rodeaban curiosas y admiradas a otra de……mayor tamaño y belleza. Era hermosa, rutilante, vestida de luz blanquísima con destellos rosados y lucía una enorme cola, tan ancha y tan larga que cubría todo lo que mi vista de estrella menor podía alcanzar. Se estaba celebrando una gran fiesta en la que cada astro mostraba sus habilidades o contaba una historia en la que había tomado parte. Una estrella pequeña y tímida entonó una breve balada que decía de tenues parpadeos. Un astro opaco y torpón narró una historia de negros y largos silencios. Otras, más alegres y divertidas, inquietas y fugaces como yo, me invitaron a danzar…, y danzamos…, y danzamos…, por una eternidad.
La reina de la fiesta pidió la palabra y participó en aquella velada contando una hermosa historia. Su voz, de ráfaga purísima, inundó toda aquella inmensidad, y los allí presentes escuchamos con la mayor atención. —Mi relato es corto en el tiempo, pero su contenido en esencia es largo y largo…, tan largo que nunca se acabará por los siglos de los siglos: En mi amplio caminar por los senderos del universo, llegué muy cerca de un planeta llamado Tierra. Curiosa me acerqué a él y me detuve. Era azul y muy bello. Formaba parte de un grupo de nueve que giran…alrededor de un astro muy poderoso llamado Sol. Me aproximé cuanto pude y observé que en él se movían extraños seres de múltiples especies. Se veían grandes masas azules que se movían sin cesar, a las que ellos llamaban mares; también se veían grandes espacios verdes en los que se desarrollaba con gran profusión la vida de aquel planeta. Entre todas las especies, había una que dominaba a las demás: era el hombre. Seguí mi camino, pero siempre me detuve periódicamente en mi viaje eterno allá, sobre la Tierra, para recrearme en ella y observar a sus criaturas.
En una ocasión pude ver que en una pequeña aldea ocurría algo extraordinario. El Sol ya no alumbraba y estaba oscuro. Solamente mi luz la hacía visible. Gozosos grupos de hombres se dirigían a un lugar muy humilde en apariencia. Traían presentes, canciones y danzas. Me acerqué más y aquel paraje se iluminó. Observé que en un reducido espacio, como los que los hombres dan cobijo a otros seres inferiores en la escala de su vida cotidiana, había un hombre y una mujer que sostenía en sus brazos a un Niño recién nacido. Era el Niño más hermoso que soñar se puede. Todos, al llegar, se postraron ante Él en señal de adoración. Más tarde vi una gran comitiva de personas lujosamente vestidas que, al llegar ante aquel humilde establo, desmontaron de sus cabalgaduras y se postraron ante el Niño. ¡Qué belleza ante tantas muestras de amor! ¿Qué estaba ocurriendo? ¿Quién era aquella persona tan pequeña a la que todos adoraban como si fuera el mismo Dios?
Un ser celeste, brillante como un astro pero con apariencia de hombre, pronunció unas hermosas palabras que inundaron aquel modesto lugar de dulcísimas melodías: GLORIA A DIOS EN LAS ALTURAS Y PAZ EN LA TIERRA A LOS HOMBRES DE BUENA VOLUNTAD
La estrella enmudeció y quedó por unos instantes absorta para después proseguir: —Enseguida comprendí. Aquel planeta Tierra había sido elegido por el Sumo Hacedor para realizar sus grandes designios. Ese Niño recién nacido sería el destino del mundo, y yo, una humilde estrella, una ínfima partícula de este Todo Inmenso, había sido testigo del acontecimiento más grande jamás ocurrido.”
“Entonces, henchido de gozo, también canté con aquellas criaturas bienaventuradas y de buena voluntad un GLORIA A DIOS”.
Desperté de mi sueño. Tenía conectada la radio que emitía en aquellos momentos el magnífico Gloria de Saint-Saëns: GLORIA IN ALTISSIMIS DEO.
La teoría de Freud quedaba confirmada. Al escuchar mientras dormía aquel inmenso Gloria, esos estímulos sensoriales externos hicieron que viviera por unos brevísimos momentos la Navidad del Cometa Halley.
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