Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“La poesía abre ventanas que la mirada no alcanza.”
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COLABORADORES – POEMAS
Alberdi Maren – España
Alberganti Mirian – Argentina
Balsells Magi – España
Blanco Inés (Luna de abril) – Colombia
Carciofetti Libia B – Argentina
García José Daniel – España
González Saavedra – Argentina
González Saavedra Carlos – Argentina
Gormley Elspeth – España
Hoyos Forero Jaime – Colombia
Ibárez Solís Lamberto – México
Lorán Liliana – Argentina
Mangione Marga – Argentina
Morelos Antonio – México
Reveco Graciela – Argentina
Sastre Elvida – España
Terán Adriana – México-Argentina
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A LOS POETAS
Alberdi Maren – España
Los poetas caminan entre sombras, pero llevan en los bolsillos la luz. No buscan gloria: buscan una forma de decir lo que el mundo calla.
Son artesanos del aire, tejedores de silencios, guardianes de un temblor antiguo que aún respira en cada palabra.
Saben que un verso no salva la vida, pero la nombra. Y al nombrarla, la sostiene. Y al sostenerla, la vuelve posible.
Los poetas escuchan lo que nadie oye: el rumor de lo que empieza, el eco de lo que termina, la grieta donde nace la verdad.
Por eso escriben. Porque alguien debe hacerlo. Porque si ellos callaran, el mundo sería un poco más oscuro y un poco menos nuestro.
A los poetas: los que dudan, los que arden, los que buscan, los que caen, los que vuelven a levantarse con un verso entre los dientes.
A ellos, que siguen escribiendo aunque nadie lo pida, aunque nadie lo entienda, aunque nadie lo aplauda.
A ellos, que sostienen el mundo con la fragilidad de una palabra.
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INTENTARLO
Alberganti Mirian – Argentina
Soy la luz que ilumina el camino,
la voz que rompe el silencio,
con manos abiertas,
A lo que la vida depare
pero con el corazón
lleno de esperanza.
Llena de convicción,
de amor y de vida,
Con verdades incómodas
a veces,
pero siempre con la frente erguida.
Preguntas que inspiran reflexión,
eso es lo que hago,
no me dejo limitar por el miedo,
ni me quedo con solo alagos.
Celebro cada momento,
cada latido del corazón,
solo ante lo sublime me inclino,
con humildad y pasión.
No sé si tengo virtudes,
o si son pocas o muchas,
pero de una cosa estoy segura,
siempre lo vivo intentando.
El fracaso
no es mi destino,
soy la que se levanta,
la que sigue adelante
firme y constante
cómo un gran navegante.
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TUS BELLOS OJOS
Balsells Magi – España
En tu hermoso rostro algo resplandece ilumina con esplendor tu bella cara solo elogios por ello se merece es natural no es ninguna cosa rara
Son tus ojos, plenos de luz y color donde los matices de las ilusiones moran en ellos se notan la alegría y el dolor son sentimientos que con fuerza afloran
Si las estrellas iluminan el firmamento ellos iluminan con fuerza mi corazón reflejan, con gran pasión un sentimiento es la mirada del amor , esta es la razón
Cuesta mucho verlos con cierta tristeza solo son momento que enseguida pasan rapido se recuperan, gracias a su belleza vuelve el divino brillo que siempre emanan
No los cierres, déjame disfrutar de ellos no apagues este fulgor que tanto me encanta dejame gozar de estos momentos tan bellos mientras sale un te quiero de mi garganta
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DESDE LA VENTANA
Blanco Inés (Luna de abril-Colombia)
Las ventanas desplegadas al filo de mí misma, dejan sentir el viento que nítido azota la vida. El vuelo repetido de pájaros que muy cerca anidan, se visten de colores y cantan… y cantan. La constante lluvia inunda los sentidos; observo las vías saturadas, y ensimismadas las gentes. Las sílabas escapan sin nombre y sin sentido, van en busca de su voz… persiguen su lamento. Al alcance de los ojos una estrella parpadea, extraviada allá en el vacío donde la luz no alcanza. Los sueños que se escapan sin alas ni postigos, sin una señal que los detenga, huyen sin dejar rastro ni sombra. Un goteo ebrio, solitario, nubla los ojos y las copas; mientras el vino insomne aguarda el sol de la mañana.
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*CON AIRES DE PRINCESA*
Carciofetti Libia B – Argentina
(versos eneasílabos (9)
(El verso eneasílabo es un verso de arte mayor,
denueve sílabas, de uso poco frecuente en español).
Entré sin pudor a tu vida
con los aires de una princesa
mi boca, mi piel encendida
sintiéndome ya baronesa.
El lugar estaba aún vacío
pero sentí que me esperabas
para mi fue un gran desafío
arrancarte al fin las aldabas.
¡Tanta agua corrió por el río!
atravesando las montañas
humedeciendo nuestro estío
y empapando nuestras entrañas.
Con los aires de una princesa
sin trono comencé a reinar
cetro ganado con nobleza
mi amor te vengo a ofrendar
Los dos en un cuerpo y un alma
buscando la felicidad
la paz, el sosiego, la calma
y un respiro a la soledad.
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COMO UN ÁNGEL QUE ESCAPA DE LA NIEVE
García José Daniel – España
Como un ángel que escapa de la nieve
despertamos del coma, instante hermoso
que hermanas a los vivos con los muertos .
Los párpados oscuros fragmentaron
el núcleo carcelario de los ojos.
La luz fundió los restos del acero
inoculando vida a las retinas.
El blanco de las sábanas, las rosas,
la mano de la madre, los goteros…
Todo era novedad. Todo memoria.
Sin embargo, los cuervos regresaron,
percutores de ébano y saliva.
El rumor de crisálida cesó.
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LA BOTA AZUL
García José Daniel – España
Cuando la bota azul
venga a pisar la araña
de codos enlazados
y las manos comiencen
a descoser las trenzas
o atravesar la piel de los tambores,
no os mováis.
Aunque os rompan las medias
y os arrastren
o sintáis escarbando bajo el cráneo
la vida, no os mováis.
El miedo es un payaso que os apunta
con una flor de plástico.
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ESTOY VOLVIENDO
González Saavedra – Argentina
Estoy volviendo
A la pluma y al tintero
A un papel blanco
Libre albedrio, a mi impronta
Para escribir, lo que siento.
Estoy volviendo
Entre vocablos y verbos
A dejar escritos mis sentimientos.
En relatos, recuerdos, poemas y cuentos
Para que mis letras caminen, por el universo.
He vuelto, sí.
Después de océanos de amor
y amargos desencuentros.
Primaveras e inviernos
Naturaleza viva y desierto
He vuelto, sí
Porque estoy vivo.
Sí, para los que me daban por muerto.
Entero, con mis botas puestas.
Haciendo frente a los vientos
Vuelvo…,
Porque así, lo siento.
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DÍA INTERNACIONAL DEL POETA
González Saavedra Carlos – Argentina
Hoy en el día internacional, del poeta
Debo confesarme:
A veces, juego con mis letras.
Lo hago para no volverme esclavo, de ellas.
Escribo poemas porque sé
Que en algún alma queda.
Para mis hijos ,escribí estas letras
Para que caminen la vida
Como gente Honesta,
Sin mentiras, en forma sincera.
Que den un apretón de manos, con fuerza
Mirando a los ojos
Que su palabra sea un bálsamo,
No una condena.
Que su sonrisa, quite la penas
Que ayuden a todos, los que puedan
Con abrazos, con caricias
La vida da vueltas y vueltas.
Que eduquen a sus hijos,
Si tienen suerte que formen familia
O que tengan pareja
Que al dormir tengan libre, la conciencia
No hagan suyas las frustraciones, de gente ajena.
Amen todo lo que puedan
Que es hermoso vivir tranquilo
Sin reproche ni pena
Libres
De discursos vacíos de hienas
En cualquier lugar que sea.
Que sean gente honesta, sensible, sincera
Esto es lo que me pasa,
Cuando me pongo ,a jugar con las letras.
En el día internacional del poeta.
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EL MAR Y LA VIDA
Gormley Elspeth – España
(poema clásico en endecasílabos con rima consonante)
I El mar nos llama siempre a su frontera, con voz de sal que nunca se desgasta. Promete luz al alba marinera y guarda sombras hondas en su casta.
II La vida es mar que cambia cada día, a veces calma, a veces desbordada. Su pulso es ola azul que desafía, su ley, volver a ser en cada nada.
III En la niñez, el mar es pura espuma, juego que nace limpio en la ribera. Después, la juventud levanta bruma y busca un horizonte en primavera.
IV La edad madura es puerto que sostiene, refugio fiel en medio de la marea. Allí la vida aprende lo que tiene y el mar nos habla más de lo que crea.
V Y en la vejez, cuando el reloj se inclina y el tiempo deja huellas en la arena, renace un mar más claro que ilumina: su voz es paz, su abrazo ya no suena.
VI Porque al final la vida es solo un viaje, y el mar, la eternidad que nos seduce. Quien cruza el agua libre de equipaje descubre al fin la luz que lo conduce.
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EL FUEGO
Hoyos Forero Jaime – Colombia
El fuego de tus besos me provoca porque prende la fragua de Vulcano, incendia el valle, la montaña, el llano… ¡y yo quiero apagarlo entre mi boca!
Ese fuego que quema cuanto toca es el amor: Gigante soberano que es caricia en el tacto de tu mano y en tus brazos amantes, ansia loca.
Me excita el azabache de tu pelo y el carbón que se enciende entre tus ojos, igual que las estrellas en el cielo.
Cuando te das, tu cuerpo es vaso lleno de ricos y embriagantes vinos rojos… licor ardiente para el gozo pleno.
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A TLALCHAPA
Tierra Caliente.
Ibárez Solís Lamberto – México
Traigo el saludo costeño
en mis versos hechos flor;
traigo en mis manos amor;
traigo prendidos mis sueños.
Y mi palabra; la empeño
en esta Tierra Caliente
y levanto aquí mi frente
ante hermanos calentanos
y les ofrezco mi mano
que mi cuerpo entero siente.
Soy un amigo invitado
por un Maestro de Tlalchapa;
tal vez mis versos escapa
y les cause algún enfado.
Porque un amigo estimado
me invitó a venir aquí;
emocionado sentí,
conocer otras culturas
donde han nacido figuras
que en Tlalchapa conocí.
Es cuna de trovadores
de cantantes musicales;
bailadores a raudales
de a caballos y cantores.
De hembras a cuyos amores
algún día les trovaré
mis versos que declamé
a Enrique Rabiela Real
que parecía un vendaval
con su verbo que adoré.
El Maestro Arzate Rivera;
hijo de la Maestra China
hasta mi piel se me enchina
por su academia certera.
Parece que se pariera
el talento y las bondades;
repartidas sin maldades
para todos nuestros hijos;
mis versos son regocijos
a todas mis hermandades.
Por ello; dejo grabado
mi alta estima y gratitud;
prendidas de mi virtud
que mi Dios me ha regalado.
Estar hoy en vuestro poblado;
me llena de inmensa dicha;
sin temor y sin desdicha;
soy un hermano costeño
que traigo todo el empeño;
dar mi palabra predicha.
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BENDITA POESIA
Liliana Lorán-Argentina
Bendita poesía que un día lejano,
sencilla, amorosa, llegaste hasta mí
entre oraciones que formando estrofas
siendo aún muy niña, me hablaron de ti
Te fui conociendo, despacio, sin prisa
leí tu palabra y en ella aprendí,
que decías verdades dulces o penosas
guardando en tus frases música sutil.
Descubrí en tus versos extensos o cortos
aromas, paisajes, sabores por mil,
y entre tus decires descubrí de pronto
todo el universo danzando ante mí.
Y te apoderaste de mi alma toda
te abracé de niña, contigo crecí,
en la adolescencia te canté gozosa
amores y llantos, con que amé o sufrí.
Asida a tu mano, hoy, ya mujer plena,
envuelves mi vida cual lluvia de abril,
esas que refrescan las sienes y el alma
y en tu sortilegio, me hundo feliz.
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GLORIOSO TANGO ARGENTINO
Mangione Marga – Argentina
Tango dulce melodía que en el alma se arrincona,
con gemido de bordona y quejas de bandoneón. Primera y dulce canción que mi vieja me cantara,
en noches de luna clara, o de oscura cerrazón. Tango traviesa pirueta, que nace desde la entraña,
y que a los pies acompaña, haciendo al cuerpo vibrar. Hombre y mujer al bailar, de dos seres hacen uno,
pues de ese abrazo ninguno puede consciente escapar. Tango que nació en la esquina, bajo un farol orillero,
conquistando al barrio entero, en noches de serenata. Se lo bailó en alpargata, después llegó a los salones,
conquistando corazones, vistiendo traje y corbata. Tango viejo compañero de mis horas desoladas,
en oscuras madrugadas, fuiste luz en mi camino. Siempre alerta te imagino, para tenderme la mano,
vos sos mi guía y mi hermano, ¡glorioso tango argentino!
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LLOVIZNA
Morelos Antonio – México
Bajo pertinaz llovizna
una tarde de verano,
vi llegar a una chiquilla
con un velito de mano,
que apenas su faz cubría,
caso raro muy extraño,
porque caía la llovizna
y nada le había mojado.
De enigmática sonrisa,
de un mirar cautivador,
muy cautelosa desliza
sus pasos sobre el vapor,
que la pertinaz llovizna
de húmedo viento formó,
aunque soplaba la brisa
ni un pelo de ella mojó.
Sonoro y claro tañir (tañer)
de una campana escuché,
al tañido yo quise ir,
más no supe donde fue
porque muy cerca de mi
y sin saberlo porqué,
la chiquilla esta allí
que solo yo podía ver.
Anacarado y muy fino
el pelo de esa chiquilla,
juguete del viento ha sido
aquella tarde tranquila,
que por azar del destino
no mojaba la llovizna,
aunque en su cara esparcido,
era linda la chiquilla.
Su voz al fin escuché
talvez mi imaginación,
pero me atreví a saber
si era real o era visión,
más no me pude mover,
fui presa de la emoción
y en aquel silencio fiel,
se fu como apareció.
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SOMOS NADA
Morelos Antonio – México
Soy el árbol que ofrece sombra fresca,
eres ave que anidas en mis ramas,
somos lluvia que hoy riega tierra seca,
somos aire también y somos nada.
Soy la estrella que alumbra tu camino
desde el bosque juncal a la montaña,
tú eres luna, eres sol, en mi destino,
somos noche de amor y somos nada.
Somos duna que habita los desiertos
que se muere esperando por el agua,
tú eres diosa que ofrece amor eterno,
somos todo en la vida y somos nada.
Eres vida, en mi vida, lo eres todo,
soy sonido, soy luz, soy tu alborada,
soy el campo que crece los abrojos,
somos tierra que pare y somos nada.
Eres letra que vaga por el mundo
destruyendo el dolor y la ignorancia,
soy la bala nefasta por segundos,
somos arte y cultura y somos nada.
Eres río con aguas cristalinas,
que sin ver el quien es, su sed apagas,
soy la lluvia que riega las colinas
somos trueno y temblor y somos nada.
Soy tiniebla, soy luz, soy destrucción,
eres fuego de amor que no se apaga,
que su entrega siempre es de corazón,
somos miedo y valor y somos nada.
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EL FUEGO MERECIDO
Reveco Graciela – Argentina
En conmemoración de Dante Alighieri
En la Divina Comedia el Dante atraviesa con la lira sus enmiendas y no solo destraba los límites de la mujer cautiva relegada a la presencia servil y de puerperio sino que persigue el sentido de la vida del amor y allí, en lo más profundo del teatro encuentra un purgatorio donde expiar las faltas incita las lumbreras de un infierno desértico para quemar las culpas y desenredar la conciencia cuando dice “rompió el profundo sueño de mi mente un gran trueno de modo que cual hombre que la fuerza despierta me repuse” porque el alma humana es un retazo de tiempo que se dobla y desdobla por las heridas que sangran y necesita descifrar un pentagrama de consuelo en cada palabra en un lugar que destrabe el mutismo de un Dios que brilla en el sagrario y con el perdón que apague el fuego «descendamos ahora al ciego mundo -dice el poeta todo amortecido- yo iré primero y tú vendrás detrás» con el reflejo de arrugas en la frente que libere la osadía del que clama “y me dijo: la angustia de las gentes que están aquí en el rostro me ha pintado la lástima que tú piensas que es miedo vamos, que larga ruta nos espera» caminar entre llamas y los estratos de las suelas gastadas y el ocre de la hoguera donde las cenizas no callan “así me dijo y así me hizo entrar al primer cerco que el abismo ciñe ¿no me preguntas qué espíritus son estos que estás viendo? quiero que sepas antes de seguir que no pecaron y aunque tengan méritos no basta pues están sin el bautismo donde la fe en que crees principio tiene” y pretendo habitar su perspectiva aceptar la constricción y la ausencia necesaria según el precepto los orígenes del óvulo que en el alma nace con su axioma hacia el futuro mientras la comedia dependa de la letra y no termine en la última palada de la muerte aunque la fosa permanezca abierta y provoque otra proclama del artista que atraviesa el infierno del purgatorio solo para entender la vida entonces, dice el Dante en su diatriba “al cristianismo, fueron anteriores y a Dios debidamente no adoraron a estos tales, yo mismo pertenezco” y como él en las liturgias de cada Pascua concebida con distintas banderas de un culto peregrino todos pertenecemos a una promesa de cruz y clavos a un salmo que cada año desarruga su tiempo y resucita del cielo a la tierra de la tierra al cielo por ese viaje que todos aguardamos en la oscuridad y el silencio mismo fuego del poeta en la comedia divina comedia infierno… que quizás nos merecemos.
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EL LUGAR QUE TÚ OCUPAS
Sastre Elvira – España
Por suerte, existes.
Y por suerte, también, no solo existes, sino que te colocas aquí, justo al lado de todo lo que está lejos, para estar cerca.
Y por suerte, aún más, no solo existes y te colocas aquí, sino que es en ese exacto lugar en el que me haces creer que merezco habitarlo, conocer los rincones que lo atajan y saber mirarte también cuando cierro los ojos.
Como un sueño.
Como el sueño que aparece en el momento preciso en el lugar que tú ocupas.
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AHORCAR EL TIEMPO
Terán Adriana –Poetisa Cálida
México/ Argentina.
D.R.A por el Tratado de Berna
Si he de ahorcar el tiempo
que sea…percibiendo la vida
gozando en armonía
respirando,palpitando,
distinguiendo el fluir sanguíneo.
Que sea…apreciando la naturaleza
con toda su riqueza:
sol radiante,aire envolvente,
perfume multifloral
escuchando el piar de aves.
Que sea…disfrutando
colores y contrastes:
azul celeste, verde pasto, café madera,
matices florales,
degustando afrodisíacos sabores.
Que sea…viendo redes de estirpe,
equinos, cabras,borregos,
pastando en gigantescas estancias
regados cómo peces en la Pampa
perdidos en el profundo horizonte plano.
Que sea…curcundada por islas de palomas,
patos, gallinas pintas,aves volando
o salpicadas en los parques.
Con una mariposa posada en mi mano
y Mía mi gata acostada a un lado.
Que sea…bajo el cielo algodonoso,
la jornada soleada,
paredones de aŕboles y plantas
multi variados en dimensiones y diseños.
Que sea…percibiendo las flores
qué embellecen,decoran,
alegrancasas, jardines, parques,campos y el mundo.
En gamas: rosa,durazno, lila,blanco,
amarillo, buganvilia,rojo,morado.
Que sea…sintiendo la brisa marina,
en los pies el agua del río,
lluvia cayendo cómo agua bendita
escuchando el sonar de los pasos,
el rodar de las llantas,sobre el pavimento mojado.
Que sea… disfrutando lo creado
por Dios y el hombre,
escuchando música clásica, boleros, pop y tangos,
cantos gregorianos, risas infantiles, la voz de tu amado,
todas las bellas artes,estando el día cálido o grisáceo.
Si he de ahorcar el tiempo
que sea experimentado la energía vital,
tomando fotos de postal,
no confinada intramuros,
dentro de una habitación:
obscura, glacial y pestilente.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 10:02:122026-03-23 23:23:38POEMAS – MARZO
Nota editorial:Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Donde la guerra rompe, el poema recuerda.”
COLABORADORES – POESÍA Y GUERRA
Alberganti Mirian – Argentina
Blanco Inés (Luna de abril) – Colombia
Bonora Matías – Argentina
Camba María Elena – Argentina
Díaz Castro Enrique Fredy – México
González Saavedra Carlos – Argentina
Gormley Elspeth – España
Ibárez Solís Lamberto – México
Jaramillo Diego Carlos – México
Mangione Marga – Argentina
Petrone Sarah – Argentina
Tugores Yanni – Uruguay
*****…..*****
UN POEMA PARA TODOS LOS ROSTROS.
Alberganti Mirian – Argentina
En el silencio de la noche,
donde las estrellas brillan con luz,
un susurro se escucha, un llamado a la paz,
que resuena en el corazón de cada uno de nosotros.
En los ojos de los niños, donde la inocencia brilla,
se refleja la esperanza de un mundo mejor,
donde la guerra y el odio no tengan lugar,
y la paz sea el único lenguaje que se habla.
En el corazón de las madres, donde el amor es infinito,
se siente el dolor de cada lágrima derramada,
por los hijos que se van, por los sueños que se truncan,
y por la paz que se busca, pero no se encuentra.
En el alma de los pueblos, donde la libertad es un derecho,
se alza un clamor por la justicia y la igualdad,
por un mundo sin fronteras, sin armas ni violencia,
donde la paz sea el único camino a seguir.
En el silencio de la noche, donde todo parece quieto,
un susurro se escucha, un llamado a la paz,
que resuena en el corazón de cada uno de nosotros,
y nos recuerda que la paz es posible, si la buscamos.
En cada rostro, una historia, un dolor, un sueño,
un anhelo de paz, de amor y de comprensión,
un grito silencioso que clama por la paz,
y un corazón que late con la esperanza de un nuevo día.
En todos los rostros, una misma alma,
un mismo anhelo, un mismo corazón que late,
un llamado a la paz, a la compasión y al amor,
que resuena en cada uno de nosotros, sin excepción.
*****…..*****
UNA LUZ EN LOS TEJADOS
Blanco Inés – Luna de abril – Colombia
A los países del mundo azotados por la guerra.
Mi ciudad se diluye. Es agua que inunda el corazón vacío. Todo ha caído; hasta las campanas guardan luto; el silencio es la guerra y el dolor un llanto que no termina. Ni humanos ni palomas han hallado la paz, que solo es una sílaba de sangre. De nada han valido rezos, conjuros y promesas; el país se precipita, agoniza entre bombas, balas y fusiles; la esperanza falleció con los abuelos.
*****…..*****
GRITOS EN UN CERCANO MASHREQ
Bonora Matías – Argentina
Soy un torrente contenido que, inoculado, se funde con entrañas hermanadas. Me abreva la tierra cuando me convierte en cascada.
Soy como un dios empapado que acaricia el reverso de las pieles y me veo, al mismo tiempo, solitario en altiplanos con indígena sequedad plasmando el lamento mestizo de su atavismo.
Soy reflejo sin retrato, remolino en cualquier parte. Soy africano acribillado, anglo obrero sajón que respira el mismo oriental viento de aquel que lo exhala desde el ártico hacia el mar.
Soy cada vez un poco menos.
Me derramo en múltiples heridas, desgarraduras espontáneas sobre un inicuo universo que drena mi existencia en sequía incesante.
Soy
apenas un recuerdo entre tantos ensayos y cristales sin paternidades, cuando el mundo no despierta,
todavía, y me olvida sin parapetos. En esta oquedad
me hundo.
Y en esta inhabitable imprudencia ya nadie me recuerda.
Y soy sangre vertida en el vasto desierto de un Edén olvidado, avenado.
*****…..*****
PALABRAS
Camba María Elena – Argentina
Que broten palabras
y refresquen cual acequias
los pies desiertos de la tierra.
Que vuelen como mariposas
multicolores de flor en flor
y como caricias traigan música
al oído sordo del hombre.
Palabras con alas que pidan
paz , amor, tolerancia
Certeras, veraces
para afirmar principios.
universales y únicas.
Palabras conciliadoras
que derriben absurdas barreras.
Palabras escucha
para comprender al otro.
Palabras gestos,
palabras caricias,
palabras puente.
Palabras sueltas al viento
que recorran el mundo,
que sanen tanto dolor,
que abriguen al desposeído.
Que atesoren historias,
que no repitan errores,
que canten canciones de cuna
a nuestros niños huérfanos
de tanto amor olvidado.
Palabras que calmen la sed
y el hambre de los necesitados.
Palabras de recuerdo
a nuestros muertos
que se fueron sin adioses.
Palabras puentes, palomas,
verdad, justicia, misericordia
y amor, mucho amor.
Dios, danos esas palabras
para este mundo enmudecido
*****…..*****
PROCLAMA
Camba Maria Elena – Argentina
En todos lados igual,
rosas clandestinas
siembran muerte.
Siempre más inocentes,
víctimas sin victimarios.
Tanta inocencia
dormida entre escombros,
Tanta vida trunca
por aquellos que destruyen
en vez de construir.
Los que educan
niños para la guerra
Los que transforman
ideales en violencia,
justicia en injusticia,
rebeldía en venganza
Hoy mi poema es ballesta
contra la guerra,
contra el terrorismo,
contra la violencia,
contra la impunidad..
Hoy mi poema es plegaria
por todas esas madres
que claman por sus hijos
a los que les quitaron los sueños
a quienes cercenaron su vuelo.
Es emblema de paz y armonía,
es rosario, oración de alabanza
por tantas víctimas inocentes,
por todos los caídos.
Es alegato y proclama
por concordia, por justicia,
por la esperanza.
de un mundo en paz
*****…..*****
SU DIOSA
Díaz Castro Enrique Fredy – México
Pese a ser una absurda
y fatal calamidad,.
desde que a ras del mundo
vive la humanidad,
Pese a ser mensajera
de muerte y destrucción,
la leña de la hoguera
de la desolación…
Pese a ser promotora
del dolor en la tierra,
hay cobardes que adoran
a su diosa la guerra.
No les importa el llanto
de miles de inocentes,
horfandad y quebranto
que siembran indolentes,
De las armas negocios
traman por todo el orbe,
fabricándose socios,
pisoteando al que estorbe.
Y el ejemplo está ahora:
muchos se benefician;
son las televisoras
maquillando noticias.
Su propósito es claro,
descarado y profundo,
hacia quien ha dictado
las leyes en el mundo.
La ONU es el esclavo
del ruin imperialismo,
mientras hunden los clavos
a golpes de cinismo.
Les llaman terroristas
a quienes se defienden.
del invasor fascista
que a la paz tanto ofende.
Convierten en aliados
a esos que los alaban,
frágiles agachados
a órdenes dictadas.
Hoy la paz es falacia
al capricho amarrada,
mientras con cruel audacia
preparan la estocada.
Pandemias construyeron
y conflictos mundiales,
y el fantasma del miedo,
vocero es de sus males…
*****…..*****
OJALÁ DEJEMOS UN MUNDO DIFERENTE
González Saavedra Carlos – Argentina
Ojalá dejemos un mundo diferente
Donde no haya indigentes
Donde sobre comida para la gente
Donde haya salud y no se enferme la gente
Ojalá dejemos un mundo
Donde nadie este deambulando sin sentido
Sumidos en vasos de aguardiente
Ojalá dejemos un mundo
Sin guerras permanentes
Con aguas cristalinas
Bosques sin fuegos
Nieves eternas
Valles colmados de flores
Ojalá dejemos un mundo
Donde se divierta la gente
Donde la felicidad nos gobierne
Donde el único propósito
Sea amar al prójimo
Tener calidez y ser buena gente.
*****…..*****
EN MEDIO DEL RUIDO
Gormley Elspeth – España
La guerra es una ciudad oliendo a sangre,
un eco que se queda pegado a las paredes
aunque ya no queden paredes.
Es un niño vagando solo,
porque perdió a sus padres
antes de aprender a pronunciar su nombre.
Es una fila interminable de refugiados
que caminan sin saber
si algún día volverán a tener un hogar.
La guerra son vidas destrozadas
por decisiones tomadas lejos,
muy lejos,
en despachos donde nadie sangra.
Los que la lanzan permanecen indemnes,
a salvo en sus casas,
mientras envían a otros a morir.
Y uno se pregunta:
si tanto la desean,
¿por qué no van ellos?
Pero incluso en medio del ruido,
hay manos que escriben,
voces que resisten,
corazones que se niegan a aceptar
que la destrucción sea destino.
Quizá no podamos detener la guerra,
pero sí podemos recordar al mundo
que la paz empieza en cada gesto,
en cada palabra que elige sanar
en lugar de herir.
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LA GUERRA
Ibarez Solís Lamberto – México.
Hoy los pueblos poderosos,
codiciados por ambición;
asesinan a los niños,
sin ninguna compasión.
Su objetivo es conquistar
sus terrenos y riquezas;
así al mundo dominar
y que habiten las pobrezas.
El petróleo y tierras raras
a fuego de los misiles
y matando a tantos niños
con infames proyectiles.
El pez más grande devora;
al pez pequeño he indefenso
con ataques despiadados
y cañones como inciensos.
La guerra trabaja diaria;
días y noches enteras;
solo deja los escombros,
enmedio de tolvaneras.
¡Ay de los campos minados!
Esparcidos por doquier
donde siembran explosivos;
explotados en sus pies.
Huyen familias enteras,
dejando casas, ganado;
sus pedazos de viviendas
que con su sangre han pagado.
La guerra corre implacable;
enviada por siete plagas,
del apocalipsis que viene,
matando como las dagas.
Guerras: civiles, nucleares,
guerrillas y comerciales
que matan de hambre a los pueblos;
guerras torpes y banales.
¡Ay vientos de la concordia!
Desarmen a todo el mundo
para no matar a niños
y mueran en inframundo.
Poetas del todo el orbe;
afilen sus plumas finas
y con sus versos protesten
de la masacre asesina.
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LA GUERRA
Jaramillo Diego Carlos – México
Eres un conflicto armado que rompe la paz, causas devastación, muerte y destrucción entre dos o más naciones, entre sus fuerzas, eres luchada por jóvenes sin maldad, sin agresión.
Combatir por una investigación, es honrar a la patria, es bello luchar por demostrar tus competencias, dejando la huella de tu paso en la trinchera, teniendo la luz del conocimiento como arma.
hoy no entiendo un himno nacional de violencia, que incita al hombre a tomar el acero y el bridón, hoy no, porque son tiempos de paz y de concordia, no de conflicto armado entre naciones y rugir de cañón.
Luchemos por los derechos humanos, no por poder político, no por el control territorial, o por recursos no renovables, basta de pérdidas humanas y desplazamiento urbano, no más al conflicto armado internacional y hostilidades.
Basta de corridos bélicos, basta de narcocultura y su estilo, no más guerra por economía sentada en el ego y el poder, rompamos hostilidades con dialogo, no con declaración de guerra “viva la paz entre hermanos, y borremos lagrimas lloradas”, a n i m o.
Chilpancingo, Gro; a 18 de marzo de 2026.
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SUEÑO ANHELADO
Mangione Marga – Argentina
Es la PAZ sueño anhelado,
desde que el mundo ha nacido,
pero viejos acaecidos,
y modernas ambiciones,
quebraron las relaciones,
por mezquinos intereses
y hoy el mundo se estremece,
sin hallar las soluciones.
Hay en algunas naciones,
hombres necios y sin alma,
que al mundo roban la calma,
con sus luchas intestinas.
Entre sus odios e inquinas,
involucran al ajeno,
y le inyectan su veneno,
con palabras anodinas.
¡Retóricas bizantinas,
que no sirven para nada,
pues si la PAZ es ahogada,
nos someterá la guerra!
Cruel monstruo que nos aterra,
y nos quita la esperanza,
falta total de bonanza,
que la alegría destierra.
¿No nos enseñó el Señor,
con Consignas y Sermones,
dándonos sus bendiciones,
el amor entre los hombres?
¿No habló ante las muchedumbres,
con Parábolas geniales,
relatándonos los males,
de esas absurdas costumbres?
¿Por qué duda e incertidumbres,
tiene en su mente el humano?
Olvidando que es su hermano,
al que en la guerra ha matado.
Cuando un pueblo es arrasado,
en medio de bombardeos,
¡hipócritas fariseos,
se burlan del derrotado!
Si todos queremos PAZ,
unámonos en un grito,
con el coraje bendito,
que Dios nos hubo brindado.
Si no nos está vedado,
manifestar sentimientos,
dejemos nuestros lamentos,
y olvidemos el pasado.
La PAZ sentimiento honrado,
que purifica al humano,
si no se mata al hermano,
por la tierra ha de esparcirse.
Nadie jamás ha de hundirse,
en el mal y la violencia,
sólo se usará la ciencia,
para luchar por el bien,
y el mundo será un edén,
lleno de amor y paciencia.
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L
GENTE DE PAZ Y ARMONIA
Mangione Marga – Argentina
La guerra ha abierto sus fauces escupiendo proyectiles, destruye todo en sus causes, cuando lanza sus misiles.
Cauces de rotos caminos por donde pasa la angustia, arrinconando destinos, dejando la vida mustia.
Destinos que son truncados por la ambición desmedida, de hombres que mandan soldados, sin complicarse la vida.
Soldados que van muriendo siempre por causas ajenas, creyendo estar defendiendo, a patriotas, que son hienas.
Defendiendo a esos jerarcas que han pactado antes la guerra, y van dejando sus marcas, en los pueblos de la tierra.
Marcas en tantas ciudades con monumentos valiosos, del hombre y sus vanidades, que hoy caen por sus destrozos.
Vanidades por medirse en batallas infernales, siempre negando rendirse, sin medir tamaños males.
Rendirse evita las muertes de miles de ciudadanos, que dejan cuerpos inertes, por causa de estos villanos.
Inertes debieran estar decenas de religiones, si por ellas hay que matar, al que tenga otras visiones.
Matar dentro de la mente al odio racial que lleva, a eliminar tanta gente, con frialdad que subleva.
¡Gente que debe ser libre porque así ha nacido un día, sin balas de algún calibre, viviendo en PAZ y ARMONÍA!
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ENEMIGOS
Petrone Sarah – Argentina
No sé si estás con vida todavía,
si estás de pie detrás de las trincheras,
oculta como estoy, en el refugio
muero de dolor porque te quiero.
Inmersos en distintos pensamientos
cada lamento que escapa de mi boca
atraviesa la distancia que trastoca
mi casa de la tuya, en la frontera.
La loca sinrazón de la inconsciencia
pone su esencia al pie de una metralla
y tengo que vivir con la nostalgia
de amar a mi enemigo, en esta guerra.
Culpables por habernos conocido
en medio de intereses diferentes,
pongo a Dios por testigo, solamente,
y te envío mi corazón envuelto en pena.
No hablamos de traición ni juramentos,
soldados de la vida, simplemente
dejo a tu pies mi fusil para que entiendas
que me rindo por amor, porque te quiero.
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MADRES DEL SILENCIO
Petrone Sarah – Argentina
Tantos esfuerzos, mujer, tantos abrazos,
tanto amor por compartir con sacrificio
cuidando del fruto que gestaste
para darlo con dolor y sin permiso.
Lo arrebataron de tus brazos. No pudiste
impedir que se perdiera tu legado,
el niño que pariste se ha marchado
a pelear por una guerra que no es justa.
El mundo de lo injusto ha devastado
el tiempo del amor, que ya no existe
y ves sin comprender, que no pudiste
detenerlo, ni tampoco acompañarlo.
Nadie en el mundo, ha reparado
en el dolor de las madres, que en silencio
lloran sin lágrimas a los hijos que en su ausencia
se pierden en la vorágine del mundo.
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¿QUÉ LE DIGO A MI PEQUEÑA?
Tugores Yanni – Uruguay
¿Qué es la paz? Pregunta mi pequeña. Es donde aparece el viento y las flores acaricia. Es donde el río murmura. Donde germinan semillas. La paz… es danza serena donde todo se origina. Es llevarte hasta la plaza y oír tus gritos y risas. Es una hoguera de leños y alrededor, la familia. Es abrazarte, apretarte estar unido a otra vida. Contemplar la luz del mundo sin padecer agonías. Entonces -¿Dime mamá? ¿Por qué hay millones de niños que se mueren en las guerras? Me cubre un gran manto gris en su voz que me resuena. Yo no sé qué contestarle de por qué existen las guerras. Del por qué sus madres lloran mientras sus muertes esperan. Y la historia se repite de soledad y tristeza. Mientras ella tiene todo las demás, temen y tiemblan. ¡Qué le contesto a mi niña! Si su mirada me quema. Ojitos interrogantes yo no tengo las respuestas.
¡Oh, mi Dios! ¿Dónde te has ido? Qué le digo a mi pequeña. Es que acaso no la escuchas. Ella vive en plena paz y yo te pregunto ahora… ¿Por qué hay niños en las guerras?
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LAS ALAS DE LAS PALABRAS
Tugores Yanni – Uruguay
La tierra tiembla bajo el estruendo de las bombas. El horizonte se tiñe de púrpura y negro. Las voces se convierten en guerreros silenciosos. Las lágrimas caen como lluvia ácida. Los campos se marchitan y no hay amores danzando. La memoria no existe. Las historias se pierden. Los ideales mueren. Tambores de acero forjados tras la batalla con corazones yertos. Nubes de guerra ocultan nuestros muertos. Auroras de cenizas corren sobre nuestra cabeza. El sol se oculta tras nubarrones de guerra. Un niño corre entre los escombros. Se agacha y observa. Una flor tímida se yergue en el suelo. Trata de enraizarse en la tierra de brotar entre las ruinas. El viento susurra un eco de paz. ¿Será posible? Los pocos árboles en pie se mecen. Sus hojas nos cuentan historias de lo que fue. El horizonte nos regala una sonrisa. El río que fluyó púrpura ahora es cristalino y puro. Las aves surcan cielos limpios de estruendos. Las manos se entrelazan aun sin conocerse. Tejen puentes de vida, de esperanza, de ilusión. La paz, no es un destino. Es el camino que trazamos con estas alas privilegiadas; las alas de las palabras.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 10:01:262026-04-24 22:39:26LA POESÍA Y LA GUERRA – MARZO
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Miradas que analizan. Voces que cuestionan.”
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COLABORADORES- CRÓNICAS Y ENSAYOS
Alberdi Maren – España
Gormley Elspeth – España
Páez Escobar Gustavo – Colombia
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CUANDO EL VIENTO HABLE – ÁNGELA BANZAS
Alberdi Maren – España
Hay libros que no se leen: se escuchan. Cuando el viento hable, de Ángela Banzas, pertenece a esa categoría de historias que parecen llegar desde un lugar más antiguo que la memoria, como si alguien —o algo— susurrara desde detrás de los árboles. Quizá por eso el viento es el verdadero hilo conductor de esta novela: no sopla, habla. Y cuando habla, lo hace para recordar lo que las familias llevan generaciones intentando callar.
Lo que más me atrapó desde el principio es esa sensación de que la autora no escribe solo una trama, sino un eco. Un eco de mujeres, de silencios heredados, de heridas que no se nombran pero que se transmiten igual que el color de los ojos. En esta historia, las mujeres no son solo personajes: son raíces. Son memoria. Son las que sostienen el mundo mientras los demás miran hacia otro lado.
Ángela Banzas construye una Galicia que no es decorado, sino presencia. La lluvia cae como si quisiera limpiar algo más que los caminos; la tierra guarda secretos con la paciencia de quien ha visto demasiadas vidas pasar; y el viento… el viento es el mensajero incómodo que insiste en que la verdad, tarde o temprano, encuentra una rendija para salir. Esa Galicia húmeda, casi mística, se convierte en un personaje más, uno que respira, observa y empuja.
Pero lo que realmente conmueve es la forma en que la novela aborda los secretos familiares. No desde el morbo, sino desde la humanidad. Todos sabemos —porque lo hemos vivido, lo hemos visto o lo hemos intuido— que hay cosas que en las familias no se dicen. Se guardan. Se esconden. Se tapan con frases hechas, con silencios largos, con miradas que cambian de dirección. Y sin embargo, esos silencios pesan. Condicionan. Marcan. La novela lo muestra con una delicadeza que duele: lo no dicho puede moldear una vida entera.
Las mujeres de esta historia cargan con ese peso. No desde el victimismo, sino desde la resistencia silenciosa. Son mujeres que protegen, que callan, que intuyen, que sostienen. Y también son mujeres que, llegado el momento, deciden hablar. Porque llega un punto en que el silencio ya no protege: asfixia. Y entonces el viento —ese viento que todo lo sabe— se convierte en aliado.
Hay algo profundamente humano en la búsqueda de identidad que atraviesa la novela. No es solo una investigación del pasado: es un intento de entender quién se es, de dónde se viene y qué parte de la vida pertenece realmente a uno mismo y no a las sombras heredadas. La verdad, cuando aparece, no siempre consuela. Pero libera. Y esa liberación, aunque duela, es necesaria.
Cuando el viento hable es, al final, un acto de memoria. Una invitación a escuchar lo que llevamos demasiado tiempo evitando. Una historia que nos recuerda que la verdad no destruye: repara. Que el pasado no es un enemigo, sino una raíz. Y que a veces basta con detenerse, cerrar los ojos y dejar que el viento hable para entender por fin lo que siempre estuvo ahí, esperando ser escuchado.
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KOSOVO
Gormley Elspeth – España
Crónica de un viaje. Donde la gente sostiene lo que la historia rompió
Hace ocho años viajé a Kosovo. No sabía que aquel lugar, pequeño en el mapa, iba a dejar una huella tan grande. Hay ciudades que se muestran enseguida, y otras que te obligan a mirar más despacio. Kosovo pertenece a las segundas.
Una parte de la ciudad aún olía a guerra, a humo antiguo, a paredes que habían visto demasiado. La otra parte respiraba distinto: más ligera, más abierta, como si intentara avanzar sin olvidar. Ese contraste no estaba solo en las calles: estaba en la gente.
Mientras mis acompañantes se fueron a recorrer la ciudad, yo preferí quedarme sola en el centro. A veces, para entender un lugar, hay que quedarse quieta. Y fue en esa quietud donde apareció lo esencial.
Allí conocí a un sacerdote que hablaba español. No fue casualidad: fue uno de esos encuentros que parecen colocados en el camino para abrir una puerta. Me habló de la ciudad, sí, pero sobre todo me habló de su gente. De los que resistieron. De los que perdieron. De los que reconstruyeron con las manos lo que la historia había roto. De los que siguen ahí, día tras día, sin hacer ruido, sosteniendo la vida como pueden.
En Kosovo, la guerra no es un recuerdo lejano: es una sombra que convive con la luz. Y aun así, la gente no se rinde. Hay una dignidad silenciosa en sus gestos, una fuerza que no necesita explicarse. No es heroísmo; es supervivencia. Es seguir adelante porque no hay otra opción.
La Catedral de la Madre Teresa: un refugio en medio del contraste
El sacerdote me llevó a la Catedral de la Madre Teresa, un lugar que no impresiona por su tamaño, sino por su significado. Allí, en medio de una ciudad marcada por la fractura, la catedral se levanta como un espacio de calma. Su interior es luminoso, sobrio, casi desnudo. No busca deslumbrar: busca ofrecer un respiro.
Me explicó que la catedral no es solo un templo: es un símbolo. Un recordatorio de que incluso en los territorios más heridos, el arte y la fe pueden abrir un hueco para la esperanza. Un lugar donde cualquiera puede entrar, sentarse y respirar, aunque sea por un momento.
La gente: el verdadero paisaje de Kosovo
Podría hablar del Cañón de Rugova, de los monasterios medievales, de las montañas que rodean Peja. Pero lo que más recuerdo de Kosovo no son sus paisajes, sino su gente.
Gente que ha visto caer su mundo y aun así sigue levantándose. Gente que perdió familiares, casas, certezas, y aun así conserva una forma de amabilidad que desarma. Gente que no olvida, pero tampoco se queda atrapada en el pasado. Gente que vive, simplemente vive, con una fuerza que no se aprende en ningún libro.
Kosovo me enseñó que hay lugares donde la historia pesa, pero la gente pesa más. Que incluso en las ciudades partidas, la vida encuentra su manera de avanzar. Y que a veces basta un encuentro inesperado —un sacerdote, una conversación, una mirada— para descubrir que el alma de un país no está en sus monumentos, sino en quienes lo habitan.
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SALAMBÓ O LA GUERRA
Páez Escobar Gustavo – Colombia
Gustavo Flaubert, novelista de imaginación portentosa, muerto el 8 de mayo de 1880, no escribió sólo para su tiempo, en el que suscitó ardorosas polémicas, sino que creó una obra de proyección imperecedera. Salambó, escrita a continuación de Madame Bovary, es el arquetipo de la novela histórica. En la primera describe con gran realismo la tragedia del hombre, tomando como pretexto los arrebatos y la sensualidad de una amante impetuosa, y en la segunda, con fondo violento, pinta el drama de la guerra. Puede pensarse que Salambó, una especie de diosa humana incrustada en la historia de Cartago, es la metamorfosis de Emma Bovary, la heroína de una miserable aldea francesa.
Salambó será la mejor referencia de Cartago la guerrera, una de las capitales más famosas del mundo antiguo, que buscó ser dueña del planeta, al igual que Roma, su enemiga indomable. Cartago, dueña del mar y cuna de fieros combatientes, para defender su territorio y atacar al enemigo adiestró temibles ejércitos y armó poderosas flotas marítimas. Tenía que ser grande, aun destruida, porque nació para ser colosal. Amílcar Barca, amo violento y forjado para la guerra, que nunca retrocedía, de no ser para volver a embestir, es la personificación del valor, de la furia humana. Muerto él, aparece su hijo Aníbal, otro bravo de la historia, con vocación de héroe, que solo de nueve años había jurado ante los altars de su patria que nunca dejaría de odiar a Roma.
Las guerras púnicas
Aníbal es el hombre prudente y valeroso, sagaz y calculador. Se trata del mayor estratega del mundo en todos los tiempos. Con solo 25 años de edad se pone al frente de los suyos y se lanza a las guerras del horror y la esclavitud, las famosas guerras púnicas, de nunca acabar, como que la primera duraría 23 años. Es el genio militar por excelencia a quien nadie había superado. Cartago, amurallada e inexpugnable, con 700.000 habitantes que vivían en función de guerrear, desafía el ímpetu del enemigo y se sostiene como capitana del mar, altiva y desdeñosa. Si al fin cae dominada tras largas sangrías de parte y parte, también termina con ella el imperio y nace la leyenda. Y Aníbal, que no había nacido para ser dominado, apura el veneno que portaba como solución de última hora.
Sobre las ruinas de Cartago escribió Flaubert su novela monumental. Y esto no es sólo una figura. Primero se entregó a vastas y minuciosas investigaciones, se metió entre archivos confusos y contradictorios, y luego se fue, como investigador inconforme, a los propios escombros, todavía humeantes, a oler la historia misma. Consultó a tratadistas, pulsó la historia, escudriñó el paisaje y la época, y solo después de muchos años y de profundas meditaciones puso sobre el papel la primera palabra de su obra gigante, cuando estaba seguro de poder ambientar aquel formidable drama humano.
¿Mujer o diosa?
Cartago se volvió una obsesión para Flaubert. Su pluma logró plasmar los hechos no tanto como el arqueólogo que destapa piedra por piedra en busca de vestigios humanos, sino como el artista consumado que llega más lejos al poder fabricar un ambiente. Entendidos los contornos de aquel cuadro fabuloso, el novelista se imagina la intensidad del momento histórico y crea a Salambó como la protagonista sublime que estimula apetitos y desencadena batallas. No se sabe si es mujer o es diosa, y acaso esa misma mitología contribuye a suponer a Cartago como un eco fantástico, por más turbulencia que haya caído en sus entrañas. En célebre polémica sostenida con Sainte-Beuve, le dice Flaubert: «Creo realmente haber hecho algo que se parece a lo que debió ser Cartago». Es más: no se podrá comprender hoy la historia de Cartago sin leer Salambó. Tampoco se entenderá la revolución rusa sin leer a sus novelistas, ni se captará la historia de Francia sin las novelas de la época.
Salambó es un cuadro histórico, más que la historia misma. Es el nombre de una batalla, de muchas batallas. Cuando se quiera saber quiénes eran los bárbaros, y qué significaban los ejércitos mercenarios, y por qué los pueblos antiguos eran aguerridos, con su fondo de torturas, de niños sacrificados, de esclavos pisoteados, de mujeres ultrajadas, será preciso leer Salambó. El autor, que al propio tiempo es paisajista y sicólogo, historiador y poeta, y esencialmente artista, recoge las costumbres, las creencias religiosas, el respeto a los dioses y la exageración de los mitos, o sea, el alma del pueblo, para novelarnos la época. Con gran precisión señala a cada cosa por su nombre, en tarea de envidiable penetración. Las armas, los arreos militares, los usos y estilos, todo tiene maravillosa identidad.
Pintura de la época
Y por encima de todo está la época. Ejércitos temibles que vuelan por las montañas, arremeten en las encrucijadas y derrotan al enemigo; maniobras navales que hacen encrespar los mares; camellos amaestrados que rompen distancias y aplastan al adversario: he ahí la fiereza del hombre cuando se vuelve huracanado. Los dioses empujaban a la guerra y esta se convertía en un grito de la sangre. Las ciudades se levantaban sobre hitos de grandeza. Los hombres, templados en el valor, ofrendaban a sus dioses con el sacrificio de sus arterias. Salambó, la hija de Amílcar, surge sobre este panorama como la impoluta deidad a la que se respeta y se ama, se teme y se desea. Es la diosa de carnes voluptuosas, de grandes ojos tranquilos, de apetencias ocultas, que acaso por su misma sublime categoría vive alejada de los placeres, entre perfumes y gasas relajantes, y cuya existencia discurre en medio de abstinencias, ayunos y purificaciones, como la virgen asombrosa a quien el pueblo quiere incontaminada. Pero ella siente sus soledades, sin conseguir dominar los ímpetus de la carne, cada vez más intranquilos. Apenas la cuidan y la miman la esclava solícita y la serpiente sensual, pitón inofensivo que le transmite voluptuosidad.
Epopeya del amor
El velo que el bárbaro Matho, su enamorado, roba a la diosa Rabbet ante los ojos atónitos de Salambó, agitará la vida de la ciudad porque los dioses no pueden ser despojados de sus sagradas vestiduras. Ese velo, emblema de la fe del pueblo adorador de sus ídolos, será su castigo si no aparece. El propio Amílcar lanza sobre su hija una maldición, y ella, que no ignora las astucias de la mujer, termina rescatándolo, pero al costo de su virginidad. Entrega colérica, clamorosa como la voz misma del pueblo que no se resigna a la desprotección de los dioses. Salambó es una batalla, y no sólo de ejércitos, sino también de la conciencia. Esta mujer fulgurante, otra madame Bovary transplantada a escenario distinto, se alza sobre la historia de Cartago y de la humanidad entera como faro luminoso. Ama y odia, como las grandes heroínas. Sufre. A su vista se despedaza el pueblo y en sus oídos retumba el clamor de la guerra. Ella lleva en su pecho otro eco, el de la venganza, que no logra consumar hasta la saciedad que la enardecía, porque el amor es más potente. El amor puede ser un solo instante, una mirada o un pensamiento, como lo consagra esta obra cumbre que termina escribiéndole a la historia, en el rescoldo de las pasiones bélicas, un intenso drama del alma. Es la epopeya del amor, que se hace más grande sobre el conflicto de la guerra.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 10:00:002026-03-22 12:23:25CRÓNICAS Y ENSAYOS – MARZO
Nota editorial:Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Miradas que profundizan. Voces que interpretan.”
COLABORADORES – ARTÍCULOS
Domínguez Iñigo – Italia
Corado Ilka Oliva – Estados Unidos
Gormley Elspeth – España
Martínez Alonso – Estados Unidos
Montero Rosa – España
Peyro Ignacio – España
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EL VATICANO
Domínguez Iñigo – Italia
Roma y el Vaticano hacen el vacío a los sermones de Peter Thiel sobre la llegada del anticristo
El dueño de Palantir, mentor de J. D. Vance y gurú ultra tecnológico, imparte un seminario en Roma entre la indiferencia de la política y la irritación de la Santa Sede
Presentarse en Roma, a dos pasos del Vaticano, para anunciar la llegada del anticristo es una empresa ambiciosa incluso para Peter Thiel, magnate de Silicon Valley, dueño de Palantir y gurú de la ultraderecha estadounidense. Tras sus charlas exclusivas en San Francisco y Tokio, aterrizó en la capital italiana para un seminario secreto de cuatro días —El Anticristo bíblico— con la intención de seducir a las élites. Pero Roma, lejos de rendirse al espectáculo, le ha hecho el vacío. De tan exclusivo, el evento ha acabado pareciendo una reunión de apestados.
La política italiana ha huido en estampida: con la guerra en Irán y un referéndum decisivo a la vuelta de la esquina, nadie quiere fotos con un visionario trumpista que anuncia el apocalipsis. Meloni atraviesa uno de sus peores momentos y no está para iluminados. Y aunque Palantir sea un actor clave en la seguridad estadounidense, eso no basta para abrir puertas estos días.
Thiel, que se considera filósofo y profeta, defiende que la libertad es incompatible con la democracia y que una élite tecnológica deberá dirigir el mundo tras vencer a la globalización y la inmigración. Ya tuvo un pie en la Casa Blanca de Trump y ahora cuenta con la cercanía del vicepresidente J. D. Vance. En Roma promete revelar quién es el anticristo el último día; de momento solo ha insinuado que Greta Thunberg sería uno de sus legionarios.
El Vaticano tampoco ha disimulado su irritación. Ve en Thiel una intromisión del ultracristianismo made in USA, empeñado en influir en la Santa Sede. El Papa, sin citarlo, lanzó un dardo el mismo día del inicio del seminario: “Dios no puede ser reclutado por las tinieblas”. Para Thiel, León XIV es un “Papa woke”, sobre todo por sus advertencias sobre la inteligencia artificial, el fetiche del magnate.
El secretismo del evento no impidió que se filtrara su ubicación: el palacio Taverna. El primer día solo aparecieron figuras menores de Hermanos de Italia y la Liga. Ni rastro de altos cargos. Hubo incluso misa en latín en un templo tradicionalista, aunque Thiel no se dignó a asistir. La anfitriona fue la asociación ultraconservadora Vincenzo Gioberti, después de que se desmintieran rumores sobre la participación de instituciones pontificias.
Roma, en suma, ha preferido mirar hacia otro lado. Ni la política ni la Iglesia han querido avalar a un profeta tecnológico que llega anunciando el fin del mundo y buscando discípulos. Esta vez, su aura de exclusividad ha funcionado justo al revés.
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TAMALITOS DE LOROCO
Corado Ilka Oliva – Estados Unidos
El anuncio de la tormenta invernal hizo que la gente corriera a los supermercados a abastecerse, Lupita no fue la excepción. Compró lo habitual, sus verduras para sus ensaladas, arroz, dos libras de costilla porque el caldo no puede faltar en los días de tormenta, pan dulce porque no podría tomar café sin su pedazo de pan al lado. El otro día hizo sopa de lentejas con espinaca y también tortitas de carne con berro, no le gusta cómo luce la acelga en ese lugar, apagada y sus hojas marchitas, no le dan ganas de cocinarla así. Porque para ella la memoria de las hojas de acelga tiene la frescura de la tierra fértil de la aldea El Calvario, donde creció.
Ya lleva todo en la canasta, su piña que parte en rodajas y las cáscaras que las pone a hervir con canela y pasa tomando el agua como té durante la nevada. En la tormenta pasada le dio por hacer pan, se discutió unos panes galanes que hacen en su aldea para Semana Santa. Aunque claro, un horno de estufa jamás tendrá parecido con el horno de leña en el patio de la casa de su infancia. No están sus hermanas, ni su mamá ni su abuela, no están las tías, no tiene a quién preguntarle cuánto de sal, si la masa ya está en su punto, o si el horno necesita más leña, pero hacer el pan la hace mantener la memoria viva de las tardes bañadas de luz que espera que un día conozcan sus hijos, cuando los tenga, porque quiere tener cuatro.
Va buscando los tamalitos de elote que llegan congelados desde El Salvador, se los come con leche, como en su infancia. Aunque a veces también se los come con crema y queso fresco. Cuando hace atol de elote le toca echarle un poco se harina de máiz o maicena, porque se le corta porque los elotes están muy tiernos, pero no hay cómo conseguirlos más sazones. El atol le gusta dejarlo cuajar y al siguiente día cortarlo con leche, como lo hacía su abuela porque así le enseñó su abuela a hacerlo.
Abre el congelador y agarra la bolsa de seis tamales, si comprara la de veinticuatro no tendría dónde ponerla. Enfrente están los congeladores llenos de frutas, hojas y comida que llega desde toda Latinoamérica. Siempre se encuentra las bolsas de jocote rojo de febrero que cuestan un ojo de la cara, un ojo de la cara a cambio de doce jocotes por bolsa. Es un crimen, siempre alega con ella misma, lo mismo del precio de los tamales de elote. Si le contara a su abuela lo que cuesta el manojo de las hojas de banano le diría que se regrese inmediatamente, que qué anda haciendo tan lejos buscando lo que no ha perdido.
La historia de Lupita es como la de muchas adolescentes que creen estar enamoradas perdidamente y que en la efervescencia de la alucinación dejan todo atrás siguiendo al que más tarde les va a desdichar la vida. No lo supo ver con dieciséis años, solo pensó que junto a su novio podrían hacer una vida juntos lejos de todos, porque nadie aceptaba su relación con un hombre de cuarenta y seis, separado y con seis hijos. Ahora que tiene veinticinco y después de haber vivido nueve años con un alcohólico violento que le pegaba todos los días entiende por qué su familia se oponía. Se escapó con él y no dio tiempo a que lo metieran preso por abusador de menores.
Recién lo acaba de dejar y renta un estudio con un balcón que tiene como vista la pared de atrás de un edificio de cincuenta apartamentos. Sabe que se reconstruirá, que podrá ponerse de pie y que continuará caminando, conociendo, experimentando y dándose la oportunidad de respirar con calma y en paz. Ahora está aprendiendo poco a poco lo que es el amor propio, lo que significa disfrutar de su propia compañía, su ser interior, de la inmensidad de sus sueños y a cuidarse como cuidaba las flores del jardín en la casa de su infancia. Porque es un crisantemo, se dice siempre cuando se ve al espejo. Los crisantemos dobles que sembraba en los surcos de la parcela de sus padres a los que cuidaba con dedicación y ternura.
Junto a las bolsas de jocotes encuentra recién llegadas las bolsas de flor de pito, chipilín y loroco, todo producto guatemalteco. El alma se le va en vilo y no la puede alcanzar, siente su corazón acelerarse, le hace falta el aire. El loroco siempre lo cortó en casa de sus abuelos paternos, en el oriente guatemalteco. Allá conoció las parcelas llenas de palos de limón, los palos de mango enormes como ceibas. La manzana rosa, las quesadillas de arroz, el queso seco y las tunas rojeando entre los zacatales secos del desierto al pie de la Sierra de Las Minas.
Inmediatamente agarró cuatro bolsas, tomó harina de máiz salpor, un rollo de tusas y con urgencia llegó a su casa a preparar los tamalitos de loroco. Mientras estos hervían, agarró su taza de café y se sentó en el balcón a ver la nieve caer. Su nido huele de pronto a monte, mango tierno, chico zapote, a paternas y a los pomelos maduros al pie de los palos de jocote marañón.
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CUANDO LA HISTORIA SE OLVIDA
Gormley Elspeth – España
Vivimos en un tiempo en el que la inmediatez lo ocupa todo. La juventud —y no solo la juventud— se mueve entre pantallas, estímulos rápidos y una sensación de presente continuo que deja poco espacio para mirar hacia atrás. No es una crítica generacional, sino un síntoma de época: la historia se percibe como algo lejano, ajeno, casi decorativo.
Pero cuando la historia se desconoce, la sociedad pierde una de sus herramientas más valiosas: la capacidad de prever.
La historia no es un libro viejo. La historia no está para memorizar fechas, sino para entender patrones.
Cada conflicto, cada crisis, cada avance y cada retroceso deja señales. No son advertencias dramáticas, sino lecciones prácticas: qué funcionó, qué fracasó, qué decisiones tuvieron consecuencias que nadie vio venir.
Cuando una sociedad ignora su pasado, repite errores que ya estaban escritos. No por falta de inteligencia, sino por falta de memoria. El riesgo de empezar siempre desde cero
Una generación que no conoce la historia cree que todo empieza con ella. Y eso tiene un coste: se confunden problemas nuevos con problemas antiguos, se repiten discursos que ya demostraron su ineficacia, se idealizan soluciones que antes fracasaron, se subestiman riesgos que ya fueron advertidos
No es culpa de nadie en particular. Es el resultado de un mundo que privilegia la velocidad sobre la profundidad.
Tenemos la responsabilidad de transmitir, porque. La historia no se hereda sola.
Hay que contarla, explicarla, contextualizarla. No desde la nostalgia, sino desde la lucidez.
No se trata de imponer una visión del pasado, sino de ofrecer herramientas para entender el presente. Una sociedad que conoce su historia no es más culta: es más resistente, más crítica, más difícil de manipular.
La historia no es un museo: es un mapa. Y un mapa no sirve para mirar, sino para orientarse. Cuando una generación lo pierde de vista, toda la sociedad camina a ciegas.
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LOS DESMANES DE EL ICE
Martínez Alonso – Estados Unidos
El ICE mantiene detenida a la periodista colombiana Estefany Rodríguez pese a que un juez ordenó su libertad bajo fianza
El Comité para la Protección de los Periodistas exige la liberación de la reportera arrestada el 4 de marzo: “Rodríguez debe ser puesta en libertad sin demora”
La periodista colombiana Estephany Rodríguez, permanece bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) pese a que un juez de inmigración ordenó su liberación bajo fianza el lunes, luego de que las autoridades migratorias apelaran la decisión. Rodríguez, reportera del medio en español Nashville Noticias, fue arrestada el 4 de marzo cuando se encontraba con su esposo en un vehículo identificado con el logotipo del medio. De acuerdo con testimonios recogidos por su defensa, agentes migratorios en vehículos sin identificar la rodearon y la detuvieron, en un operativo que sus abogados califican como dirigido y no rutinario.
Aunque un juez de inmigración le concedió una fianza de 10.000 dólares el 16 de marzo, las autoridades migratorias decidieron apelar la decisión ese mismo día, lo que ha mantenido a la periodista bajo custodia en un centro de detención en Luisiana. La situación ha complicado su defensa legal, especialmente tras días sin comunicación con su equipo. “Es una situación muy difícil cuando intentas defender sus derechos como periodista”, dijo su abogado Joel Coxander a la prensa.
La defensa también ha denunciado condiciones de detención preocupantes. Coxander afirmó a Nashville Noticias. que su clienta ha sido sometida a “un trato inhumano y duro”, mientras que documentos judiciales describen que fue aislada durante varios días y sometida a procedimientos que habrían afectado su salud.
Por otra parte, los abogados sostienen que Rodríguez fue detenida sin una orden judicial válida y que existen inconsistencias en los documentos presentados posteriormente por el Gobierno. Además, argumentan que la detención constituye una represalia por su trabajo periodístico, particularmente su cobertura de operativos del ICE.
“El caso de Estefany es importante no porque sea único, sino porque pone de relieve la represión cruel y violenta contra nuestros vecinos en el marco de la actual política de deportaciones masivas contra la que hemos estado luchando”, declaró Coxander.
Rodríguez llegó a Estados Unidos en 2021 tras huir de Colombia, donde recibió amenazas de muerte relacionadas con su labor periodística. Desde entonces, solicitó asilo y obtuvo un permiso de trabajo válido hasta 2029. También inició recientemente un proceso para obtener la residencia permanente tras casarse con un ciudadano estadounidense. Su caso de asilo sigue pendiente.
Las autoridades migratorias, por su parte, sostienen que la periodista incumplió condiciones de su estatus migratorio al no asistir a citas programadas. Sin embargo, su familia y defensa aseguran que una de las citas coincidió con una tormenta de hielo que paralizó Nashville, y que posteriormente fue reprogramada por la misma agencia. “Nuestras familias deben estar unidas, y este sistema migratorio defectuoso ha causado un profundo daño a miles y miles de familias en todo el país”, dijo su esposo, Alejandro Medina a la prensa
Diversas organizaciones internacionales han reaccionado al caso. El Comité para la Protección de los Periodistas instó a su liberación inmediata y expresó preocupación por el monto de la fianza y la demora en ejecutarla. “Nos alegra saber que, en la audiencia de fianza, se ordenó la puesta en libertad de Estefany Rodríguez, que se encontraba bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, pero nos preocupa que el importe de la fianza sea inusualmente elevado. Se debe permitir que su equipo pague la fianza de inmediato y Rodríguez debe ser puesta en libertad sin demora”, afirmó Katherine Jacobsen, coordinadora del programa del CPJ para Estados Unidos, Canadá y el Caribe, en un comunicado.
La organización fue más allá al advertir sobre un patrón más amplio: Departamento de Seguridad Nacional.y sus organismos dependientes se están utilizando cada vez más para coartar los derechos amparados por la Primera Enmienda, incluida la libertad de prensa. La detención de Rodríguez es el último ejemplo de una tendencia preocupante”.
De igual forma, Reporteros Sin Fronteras (RSF) denunció que el caso ilustra los riesgos que enfrentan los periodistas migrantes en Estados Unidos: “Una vez más, agentes del ICE han detenido a una periodista que cubría sus actividades. Es probable que la detención y el encarcelamiento de Estefany Rodríguez sean ilegales y constituyan un ejemplo escandaloso de los peligros a los que se enfrentan los periodistas que cubren temas de inmigración en este país”.
El arresto de Rodríguez se produce en medio de una ofensiva de deportaciones intensificada por la Administración Trump, en la que periodistas que cubren estas políticas podrían estar siendo objeto de escrutinio o represalias. Uno de los casos más difundidos es el del periodista salvadoreño Mario Guevara, detenido y posteriormente deportado tras cubrir protestas migratorias.
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LEPROSO
Montero Rosa – España
Se trata de una dolencia mítica, de un mal que se ha confundido durante siglos con el Mal como si tuviera algo demoniaco
Leproso. Qué brutalidad de palabra. Primero porque secuestra despectivamente a la persona bajo el nombre de una enfermedad, como si todo en ese individuo estuviera borrado por su padecimiento (no decimos canceroso, por ejemplo), y después porque se trata de una dolencia mítica, de un mal que se ha confundido durante siglos con el Mal como si tuviera algo demoniaco, de modo que las pobres víctimas del bacilo de Hansen (ese es el nombre técnico) no solo soportaban una dolencia atroz (dolorosa, deformante, mutiladora) y que fue incurable hasta 1981, sino que, por añadidura, sufrían un maltrato social espezlunante: han sido apaleados, perseguidos, expulsados del mundo, encerrados para siempre. Leproso. Un término traspasado por el sufrimiento.
“Mi padre estuvo enfermo de lepra”, me escribió hace poco una lectora, Lola Campos. Unos meses antes de morir, el hombre redactó unas pocas páginas autobiográficas y le pidió a Lola que terminara su libro si él no podía. Han tenido que pasar 30 años para que ella cumpliera el mandato paterno, pero ahora lo ha hecho y lo ha sacado en Universo de Letras, la plataforma de autopublicación en Planeta. Se titula Nuestro Dios privado y es un tex.to poderoso y alucinante, un testimonio insólito que merecería mayor difusión.
Todo empezó en 1962, cuando Juan Campos, un profesor de Latín e Inglés de 29 años residente en Málaga, casado, con un embarazo en marcha, acudió al médico porque estaba muy fatigado. Tras una batería de pruebas, el conmovido doctor dictó sentencia: “Hijo, tienes lepra. Tienes que abandonar tu trabajo, tu familia y tu vida para siempre, e internarte en la leprosería de Trillo (Guadalajara). Has de hacerlo antes de 15 días o si no irá la Guardia Civil a llevarte”.
El horror que este diagnóstico provocaba se intuye en el hecho de que tanto la esposa como sus suegros le apoyaron, pero su propia madre lo repudió y lo echó de casa. Llegó Campos a Trillo en un marzo helador; nada más atravesar la cancela del recinto vio el cementerio, y pensó: “De aquí no salgo ni muerto”.
Pero sí salió, seis años después, porque los nuevos antibióticos rebajaban de tal modo la carga del bacilo que la enfermedad ya no era contagiosa. En 1968 regresó a su vida, aunque cada año tenía que pasar un mes en el hospital. Siguió teniendo hijos, hasta sumar nueve; cambió de trabajo y se hizo contable. En 1981 se descubrió que administrar un cóctel de tres fármacos durante un año acababa con la enfermedad, y desde esa fecha la OMS proporciona gratuitamente el tratamiento a quien lo precise. Así que la lepra se cura, pero Lola no lo ha sabido hasta ahora, cuando se ha puesto a investigar para escribir el libro. Leyéndolo adviertes que, bajo una apariencia de normalidad, la vida que llevaban era bastante rara. Los niños sabían lo de la lepra y tenían ir a Sanidad todos los años para hacerse dolorosas pruebas, con cortes en la oreja y raspaado de heridas (salían todos llorando, cuenta Lola), pero de eso no se hablaba nunca, hasta el punto de no mencionar ni la curación. Hasta ahora, con el libro, no se han asomado de verdad a ese inmenso cráter de silencio.
En 1987, Campos pidió la baja por primera vez por una gripe y en la oficina se enteraron de su pasado médico. Entraron en pánico: precintaron su despacho y le obligaron a jubilarse. Él intentó explicar que estaba curado, pero no escucharon. Ni uno solo de sus compañeros le llamó. Sus amigos y colegas de años. Leproso, ya digo.
Los fuertes fármacos habían destrozado su salud. A los 57 años y en apenas dos meses tuvo una hemorragia intracraneal y tres trombosis que dejaron secuelas de las que se recuperó dificultosamente. Para peor, cada vez que lo llevaban al hospital le volvían a poner medicación contra la lepra, innecesaria y sin duda un veneno para él. En 1993, a los 60 años, Juan Campos se suicidó. Y curiosamente ha sido al llegar a los 60 cuando su hija Lola ha decidido poner luz en las tinieblas y escribir este libro. Para ello ha ido al sanatorio de Fontilles (Alicante), la única leprosería que queda en Europa, centro de referencia mundial. Ha hablado con antiguos enfermos, que cuentan atrocidades, el maltrato indecible que han sufrido en este país.
Es una historia subterránea, desconocida y chocante: hay otros mundos, pero están en este. Sigue habiendo lepra en el mundo, sobre todo en la India; en España, de 10 a 15 casos al año. Y se cura, aunque la gente se empeñe en ignorarlo.
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VIAJAR Y AMAR
Peyro Ignacio – España
Uno no debería viajar solo donde antes ha viajado enamorado. Hay algunas razones poderosas por lo obvias, empezando porque el amor sabe buscar sus sitios y nos llevará a Córdoba o a Nápoles o a París antes que —con perdón— a Collado Mediano. Si se fijan, además, hay una cierta predestinación en estos viajes: una especie de providencia o de ángel de la guarda de los enamorados por el cual todo sale bien incluso cuando sale mal; si hace sol, porque parece que la primavera en conjunto se ha puesto de nuestro lado; si llueve, porque acuérdate cómo llovía.
Después, cabe pensar —aunque el amor gusta, como dice el Lied de la errancia—, que alguien es más alguien cuando su figura destaca en un tiempo y, sobre todo, en un paisaje: “me dueles en Galicia en 2012”. Son siempre curiosas las materialidades —libros, imágenes— que nos evocan ante los demás, pero quizá ninguna más intensa que las ciudades y los restaurantes, los hoteles y los bares que fueron un día santos lugares del amor.
Por supuesto, no es sabio viajar solo donde viajamos enamorados por la melancolía física de la pérdida, por la vivencia del rostro perdido como miembro fantasma. Contra esto nada ha mejorado las receas de los clásicos, dejar que pase el tiempo y, si uno es propenso, leer algún poema. Hay, sin embargo, otras razones no por más sutiles menos devastadoras. El ser humano vive de comparar, y la presencia del enamorado sobre el mundo es la manera más poderosa que tenemos de habitarlo: una exaltación que contrasta a aquel que fuimos con el sabor a agua tibia de la normalidad presente. Los amores fallidos, de alguna manera, nos hacen viejos. Y puede haber un sentimiento amargo al pensar en el caudal de felicidad que se nos dio y que quizá malversamos.
Se dirá que esto ocurre siempre: el abogado que somos se comió al actor o al ingeniero que un día pudimos ser. El problema específico del amor es más bien haber traicionado una alegría con el desencanto del tiempo. Y eso nos puede causar una melancolía que es implantable cuando uno es joven: el preguntarnos que quizá ni el tiempo nos hizo bien ni nos hizo mejores. No es una lección hermosa de la vida el considerar lo mal que envejecen algunas alegrías. Ni ver cómo nos crece, imperceptible, esa costra del tiempo que es el escepticismo cuando hemos tenido esa mirada del enamorado que nos descubre el mundo como debería ser, o que nos lo devuelve tal y como fue antes de haber sido desencantado. En el XIX al menos , lo llmaron de un modo muy bonito “ Las ilusiones perdidas “
Con esta excepción, que quizá nos ponga algunos tachones en el mapa, uno no quería dejar de hacer un elogio del viajar solo. Un elogio poco militante: el placer de la vida es tanto vivirla como conversarla, y lo mismo puede decirse de los viajes. Si, además, el infierno son los otros, consuela poco saber lo infernales que les resultaremos a la vez a los demás. Hay, en todo caso, un placer específico en el viajar solo, que no tiene que ver con la introspección: para eso, mejor un retiro de yoga o unos ejercicios espirituales. Tiene que ver más bien con volver a exponerse, con regresar a aquellos momentos en el tiempo en los que todavía descubríamos; con la ilusión de poder darle al mundo el orden —“pues ahora me tomo una cervecita”— que queremos y al que, por supuesto, jamás, en los días de diario, se somete. Viajar solo da una nueva dimensión a muchas cosas: la libertad, de pronto, es coger un tren, y la subversión tal vez sea pasar la tarde leyendo un diario de papel. Reganar una cierta soberanía, sentir la alegría de desaparecer en un sitio en el que no somos nada para nadie: viajar solo es un placer particular. Muchos debemos de estar de acuerdo: leo en The Spectator que el mercado para viajeros solitarios alcanzará el billón de euros en 2030.
Hace años le dije a mi novia que iba a Venecia, pero que tenía que ir solo: era más una peregrinación que un viaje. Solo la jurisdicción excepcional que es Venecia puede hacer pasar por natural un comentario que, en cualquier otro lugar, sería delito de pretensión o una excusa de capullo. Ella lo entendió perfectamente. La ironía es que, al poco de llegar, pensé ue hubiera sido mejor ir con ella. He ahí otra de las verdades de la vida: nada como viajar enamorado donde una vez viajaste solo.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 09:59:012026-03-22 12:25:24ARTÍCULOS – MARZO
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Entre el estruendo y el silencio, la palabra decide.”
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COLABORADORES – GUERRA Y PALABRA
Alberdi Maren – España
Fontana Luz – Italia
Gormley Elspeth – España
Olay Raquel – Argentina
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SIN NOVEDAD EN EL FRENTE
Alberdi Maren – España
La guerra que devora al hombre desde dentro
En la época del confinamiento, lei un libro que me gustó mucho, fue Sin novedad en el frente, y rebuscando entre os archivos, he encontrado el ensayo que entonces escribí, le he dado unos retoques y aquí lo dejo, os recomiendo que leais el libro.
Cuándo Erich Maria Remarque publicó Sin novedad en el frente en 1929, Europa aún no había terminado de enterrar a sus muertos. La Primera Guerra Mundial había dejado un paisaje físico y moral devastado, y Remarque, que había combatido en el frente occidental, escribió no para glorificar la guerra, sino para despojarla de cualquier ilusión heroica. Su novela es un testimonio brutal y honesto de lo que ocurre cuando un joven es arrancado de su vida y arrojado a una maquinaria que no entiende y que no puede detener.
El protagonista, Paul Bäumer, representa a toda una generación sacrificada. No es un héroe, no es un estratega, no es un patriota exaltado: es un muchacho que quería vivir, estudiar, amar, y que termina convertido en un engranaje más de una guerra absurda. A través de él, Remarque muestra cómo la guerra no solo mata cuerpos, sino que destruye identidades. Los jóvenes que regresan —si regresan— ya no son los mismos. La guerra los ha vaciado por dentro.
Uno de los ejes más poderosos del libro es la deshumanización. Los soldados aprenden a sobrevivir apagando emociones, convirtiéndose en sombras de sí mismos. La camaradería es lo único que los sostiene: los compañeros son la familia improvisada que reemplaza a la que quedó lejos. Pero incluso esa fraternidad está condenada, porque la guerra se encarga de arrebatarla una y otra vez. Cada muerte es una mutilación emocional más.
Remarque también denuncia la distancia entre quienes deciden la guerra y quienes la sufren. Los jóvenes son enviados al frente por discursos patrióticos pronunciados desde despachos seguros. Los maestros, los políticos, los generales hablan de honor; los soldados hablan de hambre, miedo y barro. Esa brecha moral es uno de los elementos más actuales del libro: un siglo después, sigue siendo la misma.
La novela no busca explicar estrategias ni batallas. Su objetivo es otro: mostrar la guerra desde el interior del soldado, desde su respiración entrecortada en la trinchera, desde su desesperación al escuchar los obuses, desde su fragilidad absoluta. Remarque convierte la experiencia bélica en una vivencia íntima, casi física, que el lector siente en la piel.
El título, Sin novedad en el frente, es una ironía devastadora. Significa que no ha ocurrido nada relevante, que todo sigue igual. Pero lo que sigue igual es la muerte cotidiana, la destrucción lenta, la pérdida constante. La “no novedad” es, en realidad, la tragedia repetida.
Hoy, casi cien años después, el libro sigue siendo una advertencia. No solo sobre la guerra, sino sobre la facilidad con la que una sociedad puede sacrificar a sus jóvenes en nombre de ideas abstractas. Remarque nos recuerda que detrás de cada uniforme hay un muchacho que quería vivir. Y que la guerra, cualquier guerra, es siempre una derrota de la humanidad.
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CON LA PALABRA COMO PUENTE
Fontana Luz – Italia
La paz no es un milagro ni un regalo caído del cielo. Es una construcción diaria, frágil y valiosa, que depende de la voluntad humana de elegir el diálogo antes que el ruido de las armas. Cada vez que la guerra estalla en algún rincón del mundo, no solo se destruyen ciudades: se quiebran vidas, sueños, familias, futuros enteros. Y, sin embargo, seguimos repitiendo la misma historia como si no hubiéramos aprendido nada del dolor acumulado por generaciones.
La paz comienza en un gesto sencillo: escuchar. Escuchar al otro, incluso cuando piensa distinto, incluso cuando duele. La guerra nace cuando dejamos de hacerlo. Cuando la ambición, el miedo o el orgullo se imponen sobre la razón, la humanidad retrocede. Ninguna victoria militar compensa el llanto de una madre, la mirada perdida de un niño o el silencio de quienes ya no pueden volver.
No hay bandera, frontera ni ideología que justifique la destrucción de la vida. La tierra que se disputa con violencia termina regada de lágrimas, no de futuro. La verdadera grandeza de un pueblo no se mide por su poderío, sino por su capacidad de convivir, de tender puentes, de elegir la palabra antes que la herida.
Hoy, más que nunca, necesitamos voces que recuerden que la paz no es una utopía: es una responsabilidad. Cada gesto de respeto, cada acto de justicia, cada palabra que evita un conflicto es un ladrillo más en la construcción de un mundo posible. Un mundo donde la vida valga más que la tierra, donde el diálogo valga más que el orgullo, donde la esperanza valga más que la fuerza.
Que quienes tienen el poder de decidir recuerden que la historia no perdona a quienes siembran destrucción, pero honra a quienes eligen proteger la vida. Que la paz no sea un deseo tardío, sino una elección urgente.
Porque la guerra hiere, pero la palabra puede sanar. Y mientras exista alguien dispuesto a pronunciarla con valentía, todavía habrá esperanza.
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DESDE EL PRINCIPIO DE LOS TIEMPOS
Gormley Elspeth – España
Desde que el mundo es mundo, el ser humano ha caminado con una sombra que nunca termina de abandonar: la guerra. Cambian los siglos, cambian los imperios, cambian las banderas… pero la raíz es siempre la misma. Poder. Ambición. El deseo de poseer lo que está al otro lado de la frontera, aunque para alcanzarlo haya que destruirlo todo.
La historia podría contarse como una sucesión de conquistas, batallas y victorias, pero cuando miramos de verdad —cuando dejamos de lado los mapas y observamos los rostros— la piel se eriza. Porque detrás de cada guerra hay ciudades reducidas a polvo, familias rotas, niños que crecen sin futuro, cuerpos que no vuelven, almas que no sanan. La guerra no es un capítulo glorioso: es una herida que nunca termina de cerrarse.
Y sin embargo, seguimos repitiéndola. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si el dolor ajeno no fuera suficiente advertencia.
Frente a esta realidad, quienes escribimos —poetas, narradores, cronistas, soñadores— no tenemos armas ni ejércitos. Pero tenemos algo que, a veces, puede más que la fuerza: la palabra. La palabra que denuncia, que recuerda, que incomoda, que despierta. La palabra que se niega a aceptar la guerra como destino inevitable. La palabra que ilumina lo que otros quieren mantener en sombras.
No podemos detener los tanques, pero podemos impedir el silencio. No podemos frenar las bombas, pero podemos nombrar a quienes las sufren. No podemos cambiar la ambición de los poderosos, pero sí podemos recordarle al mundo que la vida vale más que cualquier territorio.
Quizá no logremos detener una guerra. Quizá no podamos evitar la próxima. Pero cada texto que escribimos, cada poema que nace, cada reflexión que compartimos es un pequeño acto de resistencia. Una forma de decir: esto no es normal, esto no es aceptable, esto no debe repetirse.
La paz no se construye solo en despachos. También se construye en las páginas, en las voces, en los corazones que se niegan a olvidar el sufrimiento que la guerra deja a su paso.
Si algún día la humanidad aprende a vivir sin destruirse, será porque alguien —quizá un escritor, quizá un poeta, quizá un lector silencioso— se atrevió a imaginar un mundo distinto. Y lo escribió. No olvidemos que la sociedad cambiará cuando el amor a la humanidad sea tan grande como el amor al poder.
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CONSTRUCTORES DE PAZ
Olay Raquel – Argentina
PAZ, don precioso que a veces tarde lo valoramos, cuando ha sido quebrantado, se hace difícil restaurarlo. A los dirigentes del mundo se les otorga la autoridad para preservarlo, nunca promover la guerra que destruye y mata, no resuelve los problemas, al contrario, los agrava, y al final todo se pierde; la realidad muestra que nadie gana por la guerra. Es la tragedia más profunda que sufre la humanidad: muerte, mutilación, hambre, peste, destrucción, locura, miseria, orfandad… son sus funestas consecuencias. Es la derrota del diálogo y la unidad.
Cuando la ambición desmedida de los hombres y las naciones pelean en forma irracional por un territorio, valorando más la tierra que la vida de los seres que habitan en ella, se parece más a la crueldad que ejercen las fieras en la selva que al paraíso que prometen al término de la guerra. La máxima aspiración del hombre es alcanzar la felicidad plena, que solo se llega a ella en un ámbito de PAZ, donde la justicia, la equidad, la esperanza, la fraternidad y el amor pueden libremente reinar.
Roguemos a Dios con fervor que ilumine a quienes tienen el poder de decisión de vivir en PAZ o en guerra; de nada servirá el botín conquistado a sangre y fuego si el llanto, el dolor y la muerte son los frutos que cosechan al terminar la contienda. El amor y el odio nacen en el corazón humano; es responsabilidad nuestra a cuál de los dos alimentamos para que crezca con fuerza.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 09:58:102026-03-22 12:25:56GUERRA Y PALABRA- MARZO
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“La imaginación toma la palabra.”
COLABORADORES – CUENTOS Y RELATOS
Balsells Magi – España
Díaz Castro Enrique Fredy – México
González Saavedra Carlos – Argentina
Gormley Elspeth – España
Hoyos Forero Jaime – Colombia
Morini Andrea – Argentina
Rotela Walter – Uruguay
Pérez de Villarreal Carlos – Argentina
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CONGRESO DE PLANETAS
Balsells Magi – España
En un punto equidistante de la Vía Láctea, se celebra estos días un Congreso que agrupa a los planetas más importantes de dicha Vía, bajo la presidencia del Sol; esta reunión se ha efectuado a petición del planeta Tierra. Los equipos de transmisión de dicho evento están patrocinados por La Fuerza Cósmica, con el apoyo técnico de las Ondas Solares. Se inicia la sesión con la intervención del convocante, La Tierra.
Queridos hermanos planetarios, quizás os haya extrañado esta solicitud de reunión, cosa que no se hacía desde hace muchos siglos, pero la necesidad de encontrar una solución que sirva para salvarme es lo que lo ha provocado. Automáticamente Marte quiere tomar la palabra, cosa que es atajada rápidamente por la presidencia, El Sol, comunicándole que no es su turno de intervención. Sigue por tanto La Tierra, con su parlamento.
Conocéis que soy de todo nuestro sistema solar el que tiene vida vegetal y animal, de lo cual muchos de vosotros habéis presumido con los planetas de otras galaxias; pues la cuestión es que me están aniquilando los componentes animales de mi planeta. Pese a mis constantes avisos, no hacen ningún caso a mis requerimientos. No importa si produzco terremotos, si hago verter lava por los volcanes —que como todos sabéis, esto merma mi temperatura interior, lo cual podría provocar un paro en mis sistemas—; aparte provoco inundaciones catastróficas, parecidas a las que en su momento me vi obligado y solo se salvaron unos cuantos que iban con Noé. He provocado glaciaciones; en esto me ayudó nuestro presidente emitiendo mucho menos calor hacia mí, siempre guardando las premisas mínimas de seguridad para que no falleciera en el intento.
No conseguí nada. Emergieron otra vez como la mala hierba, multiplicándose rápidamente como una plaga, aunque al ser pocos en su momento no me causaban muchos quebraderos de cabeza. Ellos siguieron con sus guerras, con sus inventos, y a mí me dejaron tranquilo… hasta este instante. Inventaron la Bomba Atómica: esto fue el principio de una contaminación de mis arterias, que con mucho cuidado pude sanar. Se inventó algo muy dañino, como es el plástico; entiendo que para algunas cosas es muy útil, pero están llenándome de bolsas de basura que yo no puedo digerir como quisiera. Tardo mucho, pero mientras se van acumulando y llegará un momento en que me ahogarán.
Algunas buenas personas intentaron aplicar el reciclaje. Buena idea, pero no dio el resultado apetecible. Estos seres que me pueblan son desconsiderados con mi madre, la naturaleza; no les importa que ella sufra, y si ella sufre, sufro yo. Pero cada día son más, pese a estas guerras interminables que siempre tienen, unas veces para extraerme mis tesoros —como puede ser mi sangre, el petróleo— o mis joyas como el oro o la plata o cualquier mineral que según ellos tenga una utilidad. Es un robo descarado y no hay justicia que los pare. Cada día quieren más y más, y yo no puedo darles nada más. Estoy en la ruina absoluta; este siglo no he podido contribuir a la donación general que se efectúa para preservar este sistema.
Somos muchos entre planetas y satélites, y alguno de vosotros ya en su tiempo se encontró con una situación semejante, como fue lo que le ocurrió a Marte: hoy en día es un páramo estéril, que con mucho sacrificio está intentando volver a ser otra de las joyas de este sistema. Sé que al final lo conseguirá. Los demás, para su suerte, no son habitables, por lo menos por esta raza que me ha invadido, ya que muchos de ellos aún están en estado embrionario, con atmósferas realmente peligrosas para mis invasores.
En fin, no quiero extenderme más, ya que la situación es muy delicada y por esto he convocado esta reunión. Y desde esta tribuna os pido que me deis solución a este peligroso problema.
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TAN SÓLO LES FALTA HABLAR
Díaz Castro Enrique Fredy – México
Hay escenas que duelen más de lo que deberían. Verlos ahí, a la orilla de la carretera, con hambre, con sed, sin un lugar al que llamar hogar, buscando entre la basura un mendrugo que alguien olvidó. Bajo el sol que quema o la lluvia que cala, reciben pedradas de quienes nunca aprendieron a sentir lástima. Y aun así, siguen ahí, silenciosos, esperando algo mejor.
Duele también encontrarlos atropellados por choferes que no frenan, como si sus vidas no valieran nada. Su único “pecado” fue haber dado cariño a quien un día los compró, los alimentó con croquetas y agua en una cubeta… hasta que dejó de hacerlo. Hasta que se cansó. Hasta que los abandonó.
Y sin embargo, tan sólo les falta hablar para decir lo que sienten. Son juguetones, nobles, incapaces de fallar. Te cuidan sin pedir nada, capaces incluso de dar la vida por ti. Sus corazones, tan sensibles, sólo conocen el perdón, aunque hayan recibido heridas que no merecían.
Con maullidos o ladridos expresan su alegría, su afecto, su necesidad de compañía. No entienden el desprecio, pero lo sufren. No comprenden la humillación, pero la recuerdan. Por eso no deberíamos llamarnos “amos”, sino compañeros. Ellos no pidieron llegar a nuestras vidas: nosotros los buscamos, y en ese gesto nació su lealtad.
Gatos o perritos, da igual. De cachorros son pura ternura; de adultos, pura belleza. Uno, dos o tres… los que sean. Lo importante es cuidarlos bien, ahora y siempre. Que nunca tengamos que repetir, con tristeza y arrepentimiento, aquello que dijo Alberto Cortés: “Era sólo un perro.” Porque nunca lo fue.
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HOTEL EN ROSARIO
González Saavedra Carlos – Argentina
El día no me alcanzaba. Todo pasaba vertiginosamente y yo debía estar en Rosario a primera hora. Ya eran las ocho de la noche y tenía 350 kilómetros por delante. Finalmente me decidí, puse primera y salí. Conocía un hotel para viajantes donde siempre me habían atendido bien y no era caro. Llegué pasada la medianoche. —Buenas noches, ¿una habitación? —Sí, tengo una pequeña. El hotel está completo. —No se haga problema. ¿Me despierta a las siete, por favor? A las ocho y media tengo una reunión a tres cuadras de aquí. —Bien, señor.
Estaba agotado. Vi la cama y me desplomé. En esos días vivía corriendo, así que decidí ducharme por la mañana. A las siete en punto sonó el teléfono: —Señor, son las siete. —Ya bajo, gracias.
El comedor del hotel era un mundo de gente. Parecía que todos habíamos decidido desayunar a la misma hora. El trajín de los mozos era tan febril que me contagiaron la inquietud. Miraba para todos lados buscando al mozo de mi mesa, preguntándome quién me atendería. Cuando por fin se acercó, me sorprendió su aspecto: delgado, cabello morocho engominado hacia atrás, bigotes finitos, muy educado. Atendía como en un hotel de pueblo. —Mozo, ¿puedo pedirle un favor? —Usted dirá, señor. Fermín es mi nombre. —Tráigame un jugo de naranja, pomelo y limón. —Bien, señor. ¿Todo junto? —Sí. —¿En un solo vaso? —Sí, Fermín. Después el café con leche. —Sí. —¿Con medialunas de grasa? —Sí.
No habían pasado cinco minutos cuando volvió, intrigado: —¿Por qué juntos? —Lo tomo así hace años —respondí, ya algo impaciente.
El tiempo pasaba y yo seguía sin desayunar, mientras otros que habían llegado después ya se marchaban. —Fermín, ¿falta mucho? —No, ya lo traigo.
Entre preguntas y respuestas había perdido quince minutos. Soy de los que piden, toman y se van, aunque sobre tiempo. Acostumbrado a la city porteña. Finalmente llegó con una bandeja enorme y un vaso casi de jarra con los tres jugos mezclados, además del café con leche y las medialunas. Era tanta la cantidad de jugo que tuve que tomarlo despacio, mirando desesperado la hora. Fermín, atento a cualquier gesto mío, no me quitaba ojo.
Al terminar, se acercó: —¿Estuvo bien el jugo, señor? —Sí. Tráigame la cuenta, por favor.
Miré el reloj: tenía diez minutos para llegar a la reunión, por suerte a solo tres cuadras. —Mandé comprar unas naranjas especiales a la verdulería de la vuelta, son muy buenas. ¿Siempre toma este desayuno con el jugo incluido? —Sí, hace años. —Nunca había escuchado esa mezcla. ¿Cómo se le ocurrió?
Apurado y sin ganas de explicarle, recurrí a la fórmula infalible: —Me lo recomendó el médico —Y salí corriendo, como siempre.
La reunión salió muy bien y al mediodía ya estaba de vuelta en Buenos Aires.
Pasaron seis meses o más cuando volví a pernoctar en el mismo hotel. Ya me había olvidado de Fermín y del jugo. Pero al verlo aparecer, me saludó como si nada hubiera pasado: —¿Cómo le va, doctor? —Hola, Fermín, un gusto saludarlo. No soy doctor —respondí cortesmente—, solo vengo por negocios. —Simplemente decimos “doctor” a los que lucen una estirpe como usted. —Muchas gracias —respondí sonriendo. —Ya le preparo lo de siempre.
Al rato volvió con una bandeja aún más grande que la anterior y el famoso vaso tipo jarra con el jugo de naranja, pomelo y limón. —Doc, ¿cómo anda de salud? —Bien —contesté rápido. —Lo veo con buen semblante. Se nota que su médico dio en la tecla. Le pregunté al mío si podía tomarlo y me dijo que sí, que es un enzimático fantástico. Desde aquella vez que usted vino, lo empecé a tomar y me siento muy bien.
Sin salir de mi asombro, con mucha ternura, lo abracé. —No sabe lo feliz que me hace verlo así.
Me fui del hotel Urquiza con un gran recuerdo, por la atención y por la inocencia con la que Fermín me atendió. Era el único que nunca estaba apurado, pero llegaba a tiempo a todas las mesas.
Gracias, Fermín.
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CONVERSACIONES CON EL MAR
Gormley Elspeth – España
La primavera ya ha empezado, aunque aquí el mar siempre se adelanta unos días. Lo noto en cuanto bajo al paseo: el aire tiene otra textura, más tibia, más abierta. Camino despacio, como hago siempre por las mañanas, dejando que el cuerpo se despierte al ritmo que quiere, sin exigencias.
A estas alturas de la vida, una aprende a no empujar nada.
El mar me espera. Lo sé porque hoy suena distinto. Tiene ese rumor que solo aparece cuando cambia la estación, como si también él necesitara decirme algo. Me acerco hasta la orilla y dejo que la primera ola me toque los pies. Es su manera de saludarme. Yo le devuelvo el saludo en silencio. —Ya estás otra vez con tus cosas —le digo por dentro, sin mover los labios.
El mar no responde, pero me entiende. Siempre me ha entendido mejor que muchas personas. Él no pide explicaciones, no exige claridad, no quiere que le cuente nada. Le basta con que esté aquí, con que lo mire, con que respire a su lado.
Hoy está tranquilo, pero no dócil. Tiene ese vaivén firme que me calma más que cualquier palabra. Me siento en la arena húmeda, sin importarme la ropa. La primavera me vuelve un poco más valiente, o quizá más sincera. —He tenido un invierno raro —le confieso—. De esos que te dejan un cansancio que no sabes de dónde viene.
La ola que llega ahora es más larga, más lenta. Como si me escuchara. —Ya lo sé —parece decirme—. Pero mírame: siempre vuelvo.
Y ahí está la lección, la de siempre, la que me repite cada año sin cansarse.
El mar vuelve. Aunque se retire, vuelve. Aunque se enfade, vuelve. Aunque yo me pierda un poco, vuelve.
Me quedo un rato así, sin prisa, dejándome acompañar. No necesito nada más. Ni respuestas, ni planes, ni certezas. Solo este diálogo mudo que me ordena por dentro.
Cuando me levanto para seguir caminando, siento algo que no sentía desde hace meses: una especie de claridad suave, como si el mar me hubiera recolocado las piezas sin tocarme.
La primavera ya ha empezado. Y yo también.
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EXPERIENCIA ÚNICA
Hoyos Forero Jaime – Colombia – Marzo 2026
Abril de 1970. Un mes después cumplí los 20 años. Hoy pienso que esa es la edad más interesante del hombre: Está en la mitad de la carrera universitaria, tiene su primera novia, los padres están llenos de vida y creen —qué ingenuos— que su hijo es el mejor de las criaturas y que llegará a ser el predestinado de Dios para manejar el mundo. A esa edad me puse la primera corbata, manejé el primer carro, con estrellada y todo, hice mi primera travesía por el océano, en barco y en avión, fui campeón de tenis juvenil y le ofrecí a mi novia, pagada por mí, la primera Coca-Cola. Pero en las vacaciones de mitad de año, no podía hacer mi voluntad, sino la de mi padre: trabajar arduamente en la finca que lindaba con los cerros, nuestros viñedos y el mar. “Así sabrás —decía mi padre— por qué los vinos más acreditados son los de nuestros viñedos, los Santa Lucía.
Serían las 6.30 de una tarde de junio de aquel año, 1970, cuando por la oscuridad que se venía encima, prendí las luces del tractor que avanzaba por el comienzo del penúltimo surco de mi tarea de ese día. Estaba solo. Los últimos trabajadores se habían retirado a las cinco de la tarde. Me sorprendí cuando, intempestivamente, se apagaron el motor y las luces del tractor. —¿Y ahora qué pasó?— me dije, pensando que iba a terminar completamente de noche mi trabajo, mientras trataba de encender la linterna para revisar la batería del tractor, pero —¡ah desgracia!— tampoco funcionó la linterna.
Fue entonces cuando reparé que a unos cincuenta metros de distancia se acercaba un individuo, para mí completamente extraño, pero me pareció, no sé si por la oscuridad, que no llevaba ropa. Pero un instante después la sangre se me heló al advertir que a unos cien o ciento cincuenta metros atrás del hombre extraño, se encendió y apagó muy rápidamente una serie de luces en círculo que salieron de una rueda del tamaño de una camioneta. Entonces caí en la cuenta de que estaba frente a lo que los periódicos llaman ovnis o platillos voladores y que el ser que a mí se acercaba, en silencio y sin sonreír, era un extraterrestre. Su cabeza, de la frente y las orejas hacia arriba, era como la tapa de una caja cuadrada, casi oculta tan extraña forma por una abundante cabellera verde. Sus demás facciones eran iguales a las nuestras y acabé de comprobar que estaba completamente desnudo. Yo continuaba helado, como paralizado.
—Acompáñeme— dijo. ¿Dijo? En realidad no abrió la boca, no movió los labios ni los ojos, no emitió sonido, no hizo seña alguna. Pero yo oí sin oír, o entendí, mejor dicho, que dijo “acompáñeme”. ¿Hablaba español? ¿Se expresaba en algún idioma? No lo sé, pero oí, como si hablara castellano, que me dijo “acompáñeme”. Fuimos a la nave espacial: la de las luces que yo había visto. Él caminaba muy rápido, al punto que yo tenía que andar casi corriendo. Al subir tres escalones para llegar a la puerta de la nave, me di cuenta de que estaba desnudo… También yo.
Dentro de la nave, de pie, como si se fuera a tomar una foto, había como una docena de extraterrestres machos, y una sola hembra. Todos, como el que fue al tractor, tenían caras serias, pero el aspecto de su rostro era agradable, no intimidante sino más bien amable, pero serios y desnudos. La mujer (o la extraterrestre, ¿cómo decirle?) sonreía. Era el único ser que sonreía. Lo hacía abiertamente y vi que su dentadura estaba formada como por pequeñas y brillantes estrellas. Debo decir, si aún no lo habéis sospechado, que ella era bellísima. La dentadura de ellos (cómo decirles: ¿de los machos?) no era de brillantes estrellas sino de chispas de fuego, de modo que los alimentos los llevaban crudos a la boca y con las chispas de fuego los cocinaban. Todos, ellos y ella, al moverse dentro de la cápsula aérea, y a diferencia de nosotros, producían visos brillantes, algunos de colores leves muy transparentes. Estos visos desaparecían cuando se movían afuera de la nave.
Había estado secuestrado como una hora, cuando comencé a serenarme y a adquirir algo de confianza. Así que le pregunté al extraterrestre que conocí cerca del tractor una hora antes y que yo presumía que era como el jefe, si me permitirían volver a la finca. —Claro que sí —contestó— siempre que nos prometa guardar absoluto silencio respecto de todo lo que ha visto. Y por el contrario, puede comentarlo si desea volver para siempre con nosotros. Dicho esto, la extraterrestre me sonrió inequívocamente, como si dijera: “Hola, humano, vuelve pronto”.
Algunas otras preguntas me fueron contestadas por el jefe. Así que supe que la nave venía del planeta denominado GL 581-B que se halla en nuestra misma galaxia, a cien años luz de la Tierra. De modo que a una velocidad de 50.000 kilómetros por hora, se requieren cien años para realizar el viaje. —Pero si ninguno de ustedes tiene —repliqué— más de 35 años según creo, al juzgar por la apariencia. —Lo que pasa —dijo el extraterrestre— es que en GL 581-B, somos inmortales. Hemos leído —agregó— la historia de Eva y Adán, pero en GL, nuestros primeros padres no fueron estúpidos creyéndole a una culebra, de modo que somos inmortales. Al llegar a los 34 años, seguimos así, sin envejecer ni enfermar como ustedes. —Si no mueren —le dije— ¿cómo puede caber en ese planeta tanta gente? El extraterrestre respondió: —cada mil años ocupamos un nuevo planeta.
Después de un gran rato de charla, volví a casa, refregándome los ojos como si hubiera despertado de un sueño. —Vuelve —fueron sus últimas palabras. ¿De quién? De la bellísima muchacha. Camino de la casa, noté dos cosas: volví a verme vestido, y el surco y medio que me faltaba por trabajar, estaba perfectamente terminado. ¿No os preguntáis, queridos oyentes y lectores, por qué he resuelto contaros esta cierta e increíble historia? Ahora duermo —ya lo imagináis— con la ventana de mi cuarto, abierta.
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ÚLTIMO PUERTO
Morini Andrea – Argentina
El sol de fin de mayo es una herida pálida que no termina de cerrar; una luz sin fuerza que rebota, inútil, sobre el asfalto mojado. Laura observa el cordón de la vereda con la mirada perdida, allí donde las huellas del auto oficial ya se han disuelto bajo la llovizna persistente. Se han ido. Hace apenas unos instantes, dos hombres de la Armada, embutidos en impermeables oscuros y con el rostro tallado en una gravedad castrense, permanecían en su puerta. Portaban un legajo sobrio, de cartulina rígida, y una bolsa de lona que exhalaba un aire salino y rancio, empapada por la humedad del puerto. Al marcharse, el vacío que dejaron no fue un hueco, sino una extensión inconmensurable: todo el peso del Atlántico Sur se filtró por el umbral, inundando el living.
Javier. No hace falta pronunciar el nombre para sentir la punzada de escarcha en el centro del pecho. Dos de mayo. El océano, esa masa negra e indiferente. Laura cierra los ojos y puede verlo: un silbido ciego bajo el casco, un destello súbito en la profundidad y la onda expansiva del torpedo británico desgarrando el acero del crucero como si fuera papel húmedo. El frío asesino. Un término tan seco, tan técnico, para una muerte tan vasta, tan líquida y repentina. Sus dedos blancos aprietan el telegrama oficial. El encabezado, «Jefatura de Operaciones Navales», le parece una ironía sangrienta. Son palabras blindadas, diseñadas para no dejar pasar el sentimiento: «Desaparecido en acción». Laura sabe leer entre líneas. Sabe que esas palabras son el eufemismo de un ataúd de agua a cuatro mil metros de profundidad.
Luego está la bolsa. La vuelca sobre la mesa del comedor y el contenido cae con un sonido sordo, despojado de gloria. Un cinturón de lona con la hebilla devorada por el óxido; una boina de lana oscura con el escudo desprendido, deshilachada por el uso; y una fotografía de ella, arrugada y con los bordes amarillentos por el contacto con la piel de Javier. Su hermano, el que reía a gritos, el que prometió volver para el invierno, ha quedado reducido a esta colección de naufragios recuperados de la sal.
A sus espaldas, el pasillo del departamento se extiende como un túnel de silencio absoluto. Solo lo interrumpen los crujidos eléctricos de la radio, que sigue emitiendo marchas militares y comunicados triunfalistas, y la respiración entrecortada, casi transparente, de su abuela en la habitación contigua. La anciana lleva meses librando su propia batalla contra una enfermedad que la consume desde adentro. Tiene el rostro demacrado, una máscara de cera donde los ojos turbios buscan sombras que ya no están. Ella no sabe que el General Belgrano se hundió; no sabe que su nieto se ha vuelto parte del fondo del mar.
Desde aquel dos de mayo, Laura ha sobrevivido a fuerza de ficciones. Ha inventado cartas que nunca llegaron, llenas de anécdotas heroicas sobre el oleaje y promesas de un regreso triunfal que jamás escribirá. Ha sostenido la vida de la abuela con mentiras piadosas, como quien mantiene encendida una vela en medio de un vendaval. Pero el papel del telegrama cruje en su mano, recordándole la urgencia de la realidad. Tiene que decírselo. El tiempo de la abuela es una cuenta regresiva, una arena que se escapa entre los dedos, y el peso de la verdad reclama su lugar.
—¿Podrá esta noticia ser el último golpe en el puerto? —se pregunta en voz baja, mirando de nuevo la calle vacía y gris. El deber de la nieta, la verdad de la guerra y el dolor de la hermana: son tres anclas arrastrándose por el fondo de su alma, rasgando todo a su paso. Laura se da la vuelta. Sus ojos se fijan en la puerta cerrada de la habitación, esa frontera final donde la mentira todavía protege a la vejez. —Abuela —susurra, y la palabra suena extraña en el encierro.
Camina hacia la puerta. La palabra vuelve a formarse en su boca, pero esta vez no sale como un llamado, sino que se rompe, irremediablemente, en un sollozo que huele a mar y a pérdida.
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CHIQUITO
Rotela Walter – Uruguay
Cuando me dijeron que tendría la posibilidad de encontrarme con “chiquito” inmediatamente pensé en un hombre de baja estatura, cabellos lacios y voz ronca, como me lo habían pintado. Sin embargo, cuando llegamos a su casa y la tuvimos en frente, pensé que me estaban embromando o que era la esposa del personaje a quien tendría la posibilidad de entrevistar. Pero… en todo estaba yo errado. La mujer se acercó y nos miró desde lejos, tomó una jarrá de tereré¹ y la guampa². Se sentó en un sillón y nos invitó a hacer lo mismo y compartir la refrescante bebida. El calor y la humedad estaban destruyéndonos, en esa mañana de enero de 2002. La temperatura había alcanzado los 42 grados centígrados y la humedad rondaba el 82 por ciento. Éramos tres visitantes —el fotógrafo, un reportero de un diario local que accedió a guiarnos y yo— que nos sentamos en derredor de la señora María López. Ella tomó la iniciativa en la conversación. Empezamos hablando del tiempo y del viaje para llegar hasta su pueblo, como distraídamente. De repente, se acercó un hombre mayor, como ella, pero era casi tres cabezas más alto que la mujer y dos más que nosotros. Un octogenario muy bien conservado. Se encontraron en una tierna mirada y tras un breve saludo él se retiró, al tiempo que nos dijo: “No se dejen impresionar por los relatos de chiquito. No lo hagan. A veces, no para de hablar de aquellos tiempos… Pidan que les cuente sobre la Batalla de los Criptógrafos”.
En ese momento ella entendió, supongo, por mi cara de perplejidad, que debía explicar eso de “chiquito”. Comenzó con un breve relato de cómo se integró a las fuerzas de combate junto con sus hermanos, de cabeza rapada y pantalones largos gastados en febrero del año ‘34. “Después que cedimos como ciudadanos responsables y comprometidos gran cantidad de mesas para hacer cajones para granadas y municiones nos convencimos, mis hermanos y yo, que debíamos estar en el frente de batalla. Necesitábamos hacer más. Nos alistamos a fines del ‘33 y tuvimos casi un par de meses de entrenamiento. Entonces, nos pusieron en marcha hacia la zona de la Cañada Tarija. Es decir, tras el armisticio de diciembre del ‘33 a enero del ‘34.” “¿Y por qué lo de chiquito…?” —insistí. Y ella, tomando el refrescante líquido servido en la guampa, con voz ronca relató: “Es que cuando me incorporé lo hice como si fuese un varón. Mi tamaño, al lado de los otros combatientes era destacable. Era, realmente, el más chiquito de los soldados, pero yo era mujer y necesitaba ocultar mi identidad de género. No estaba permitida la presencia de mujeres en el frente de batalla como soldado. Sin embargo, no quería abandonar a mis hermanos. Debido a que me crie junto a ellos adquirí sus modales, lo que me permitió alcanzar un aspecto, aceptablemente, varonil. Por otra parte, debido al consumo de cigarros po’í³ mi voz sonaba más ronca, incluso, que la de mis hermanos.”
El sargento que nos recibió nunca se percató de mi condición de mujer. Sólo mucho después, estando herida, un médico me revisó y dio el aviso al comandante. Estuve a punto de ser fusilada la mañana en que me descubrieron. Pero ocurrió que fui trasladada a la capital y mis hermanos —que casi corrieron misma suerte, es decir, la de ser fusilados— fueron trasladados a otra zona de conflicto, y allí participaron de varias batallas más. Yo, en cambio, fui destinada a servir como enfermera, dejando de actuar como soldado. —Pero, según su esposo, fue una pieza importante en la “batalla de los Criptógrafos”. —Sí, es cierto, pero… tenía que ver con la educación que yo poseía en ese entonces, y que nos sirvió para descifrar los mensajes de radiotelégrafos. Fuimos un grupo reducido… pero sí un grupo de personas que trabajamos intensamente. Eso nos permitió ganar una batalla. Capturó nuestro ejército no sólo armas, sino mapas que explicaban la inexistencia de pozos de agua en esa zona desértica. Esta era uno de los mayores problemas en la guerra, la falta de agua. Muchos… perdieron la vida, literalmente, por sed. En ambos bandos el agua fue un factor importante, determinante, en la toma de decisiones…
Desde aquella época hasta hoy me acompaña, siempre, ese cántaro que ven allí —dijo mientras nos mostraba un sector de la habitación—. Allí reposaba un antiguo cántaro de cerámica con agua fresca, el cual podía servirse con un jarro de aluminio, colocado encima de un plato de lata que estaba sobre la vasija. “Lo conservo con agua limpia y fresca. Me recuerda lo importante que son algunas cosas, y que solemos dar por entendido que siempre están o estarán al alcance de la mano; pero no es así… El agua sale de las canillas… pero cuánto más habrá de ser así…” Una tardecita —continuó el relato “chiquito”, al tiempo que encendía un clásico cigarro po´i— capturamos a un grupo de unos veinte hombres que se arrimaron presurosos a un estanque, al que llegamos primero nosotros, un grupo de cuatro soldados y un sargento. Nos escondimos, y vimos cómo se desnudaban algunos y se tiraban de cabeza al agua, mientras todos bebían, a más no poder, de aquella fuente… Los sorprendimos y capturamos. Ellos sólo pedían calmar su sed. Fue a partir de allí que comprendí la importancia del agua. De hecho, algunos pozos estaban secos y en general en esa zona eran escasos.
Comprendí también tras el relato, que su voz grave tenía que ver con el consumo de tabaco, que mantenía desde los años de su juventud. Era muy interesante verla fumar aquel cigarro pequeño, dejando escapar el humo, con una expresión de liberación. Quizás, lo liberador fuese el compartir su historia con otros, como una suerte de desahogo. El recinto donde nos encontrábamos quedó impregnado por el olor del tabaco, creando una atmósfera especial. Por un tiempo indefinido, todo pareció quedar en silencio. Extraño fue al punto que nos miramos. Era un silencio inquietante. Pero pronto continuó nuestra anfitriona con su relato. María, con sus ochenta años, mantenía una férrea voluntad por vivir. Y su aspecto no era la de alguien que se siente acabado, sino jovial. Muy bien arreglada y con un suave maquillaje, parecía un contraste increíble frente a lo que seguramente fue su aspecto al presentarse ante el regimiento que la reclutó. Su jovialidad era rara en ese ambiente tan caluroso y húmedo, que a nosotros nos estaba afectando. Sin embargo, ella fue agregando otras anécdotas, unas tras otras, incansable, mientras nos servía el tereré. En algunos momentos sonreía, por las picardías contadas. Cómo al recordar cómo había engañado a sus compañeros de aquél entonces, y a sus superiores. Era claro que lo había hecho no tanto por una cuestión de orgullo, sino por el amor que profesaba a su familia.
En ese entonces, sus dos hermanos —nos explicó— eran la única familia que le quedaba. Su madre había fallecido por una rara enfermedad, en tanto que su padre había sido capturado y luego asesinado por el enemigo. Pero de eso se enteró mucho tiempo después, al unirse al ejército. Él figuraba en las listas de soldados desaparecidos, y su interés era encontrarlo. Transcurrido unos años tras la contienda bélica supo, por boca de un antiguo compañero de combate del padre, que tras ser capturado, éste fue fusilado. Su cuerpo jamás fue hallado. La mirada de “chiquito” era penetrante. Escudriñaba el alma de quien la tenía enfrente. Al menos eso me pareció en ese encuentro. Y tras mantener entrevistas con otros de sus compañeros de combate, lo confirmé. Hablaron muy bien de ella, pero le tenían un respeto fuera de lo común. Ella los había ayudado en reiteradas ocasiones. Y explicaron que ella tenía un don, un poder. Encontraba siempre la forma de ayudar a los heridos, de estimularlos, de consolarlos. Incluso dijeron que tenía cierta capacidad de hipnotizarlos. Y para ello utilizaba, según contaron, una pluma de cabureí⁴. Investigando sobre el asunto me enteré que los chamanes de la región lo usaban para sus hechizos, para lo que llaman payé⁵.
Una tarde, pensando en la entrevista que habíamos mantenido con ella, recordé que, en un momento de la misma, mantuvimos una charla por separado. Tras la ronda de ingesta del tereré, ella se apartó y me pidió que la siguiera hasta el patio tapizado por ladrillos y enredaderas y me señaló: “Tu camino estará marcado por los libros, por la escritura de relatos, por tu imaginación. Nunca dejes de soñar despierto”. Aquellas palabras quedaron en el aire, y no reparé en sus expresiones, sino hasta muchos años después de ese encuentro. Y no compartí con ella mi afición por la escritura, en ningún momento, pues la entrevista que mantuvimos fue debido a que estaba escribiendo un informe para una revista, un semanario, que aparecía los fines de semana con el diario. Chiquito había ingresado como un varón al ejército, participando como tal en los enfrentamientos; pero había salido del frente, como mujer, por orden de su superior y bajo reserva absoluta. Sin embargo, en un reporte encontrado sobre su destinación a la capital aparecía como: soldado Mario López, nacido en 1916, en Tavapy.
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AMIGOS
Pérez de Villarreal Carlos – Argentina
Cuento basado en la canción “Decir amigo» de Joan Manuel Serrat.
Habían nacido con dos semanas de diferencia. Sus casas estaban en la misma cuadra: Carrer de Salses; casi pegadas una a la otra. Así fue como Pedro y Diego fueron vecinos; cursaron la primaria en el mismo colegio en el barrio de Horta. La secundaria los formó en las mismas aulas. Fueron amigos… Las correrías de chicos, la calle y su niñez fueron compartidas. La natilla de la madre de Pedro se compartía con la mistela que brindaba la otra madre, la de Diego. La adolescencia los puso en vuelo y el despertar sexual hacia la hombría fue compartido con la misma mujer. Y luego vinieron las salidas, el vino, la guitarra, las canciones y las broncas. Las peleas llegaron solo cuando ellos respondían. Siempre a dúo. Siempre espalda con espalda y ¡a la hostia con todo lo que viniera!, repartiendo trompadas. Ya buscar hembras entre ciudad y ciudad. Así era todo. Amistad de familia. Amistad entre ellos. Amistad de hierro. Indestructible.
Veinte años y el servicio los llevó a compartir tiendas, botas, cartucheras y fusil. Allí demostraron que eran excelentes tiradores. Ambos descollaban. No se sacaban distancia. Las bromas de la Compañía llegaban hasta el Batallón. Hasta se jugaba dinero por ver quién ganaría cada competencia. Pero siempre fue “lo tuyo nuestro y lo nuestro de los dos”. Y luego vino la filosofía de la vida. Diego se inclinó más por la liberación de los pueblos, la inclusión, la creencia en el frente popular, y puso en ello su entereza moral. Pedro fue más circunspecto. Para él, la autoridad debía ser restablecida. Obediencia y deber fueron su consigna. Allí, por primera vez, comenzaron las diferencias… Aunque el respeto era mutuo, confrontaban.
En julio del 36, el general Franco pasa a Marruecos y comienza la Guerra Civil Española. Motivos sociales, políticos y bélicos separan a los dos amigos. Hubo dos bandos bien definidos y una carnicería increíble. Se peleaba y se moría con un cigarrillo en los labios. La vida ya no importaba. Diego revistaba en el bando republicano. Pedro se encontraba alistado en el bando sublevado. Atrás quedaba la existencia conocida. Ahora era otra sensación. Se mataba fríamente no ya para sobrevivir… sino para escapar de la vida. En esos difíciles años, nunca se encontraron enfrentados. Por esas cosas del destino, ambos se habían convertido en francotiradores.
En marzo del 39, a punto ya de terminar esa maldita guerra, Pedro se encontraba defendiendo las posiciones tomadas. Allí habían probado sus armas y sus estrategias Alemania e Italia. A Hitler y al Duce, esta Guerra Civil les había servido como campo de entrenamiento para lo que vendría después. Los españoles pagan el costo: en vidas, en economía y en destrucción. Hasta los rusos intervinieron calladamente… Esa mañana de primavera, Pedro se encontraba en su barraca limpiando el Mossin-Nagant de tres líneas. Se había convertido en su aliado más fiel… Debía cuidarse. De él dependía su propia vida. Al clarear el día, las tropas franquistas comenzaron su avance. Para él la orden impartida fue clara: debía situarse sobre una colina entre unas encinas junto a su observador y concentrarse en una vieja casa abandonada en la que se ocultaban tropas sublevadas.
El asistente de Pedro, un soldado vasco de Zalduendo de Álava, callado, miraba con sus binoculares la casa abandonada. Algo se movió en la última ventana del 2º piso, justo debajo del techo a dos aguas. Ante el aviso, Pedro tomó posición y observó con su mira telescópica el lugar. Todo estaba en calma. No obstante, distinguió un brillo metálico. Observó con mejor detenimiento. En ese día primaveral, Diego se encontraba en una vieja casona abandonada. Su orden era abatir la mayor cantidad de soldados franquistas y volverse hacia Madrid, último reducto que podía defenderse. Solo, se situó en el 2º piso para observar el avance de las tropas. Usó su mira telescópica para ver. Recorrió el camino, el prado y dirigió el aparato hacia un pequeño bosque de encinas.
Los dos se vieron, uno con el arma lista y el otro no. Ambos se miraron. Los rostros cambiados, las manos ajadas, la mirada triste y lejana, pero se reconocieron. Por un momento el tiempo se detuvo. Por un momento las Ramblas los vieron pasar juntos, riéndose a carcajadas. Por un momento… Pedro bajó el arma y Diego se escabulló. Una media sonrisa apareció en sus labios, que el vasco no entendió porque había bajado sus binoculares. Diego escapando entre los matorrales tenía esa misma expresión en sus labios. El 1° de abril de 1939, pocos días después, Franco entraba triunfante en Madrid y cesaban las hostilidades. La guerra había terminado.
La calle Carrer d’en Quintana se encontraba bastante concurrida ese día de primavera de 1983 en Barcelona. Dos hombres ya ancianos, en el N° 5, en el antiguo Can Cullerets, tomaban una absenta. Sus cuerpos marchitos contrastaban con sus ojos vivaces, que al mirarse sonreían acordándose de esa mirada cómplice en una casa delante de un encinar… mucho tiempo atrás.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 09:56:292026-03-22 12:26:54CUENTOS Y RELATOS -MARZO
Nota editorial:Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Lo que se escribe con el alma, llega sin distancia.”
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COLABORADORES – CARTAS
Maren Alberdi – España
Luz Fontana – Italia
Carlos González Saavedra -Argentina
Elspeth Gormley – España
Sarah Petrone – Argentina
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CARTA AL INVIERNO
Maren Alberdi – España
Querido invierno:
Te has marchado sin hacer ruido, como haces siempre. Un día estabas ahí, con tu aire frío y tus silencios largos, y al siguiente ya no. No te reprocho nada. Tú eres así: discreto, serio, un poco brusco a veces, pero honesto en tu manera de estar.
Este año te he sentido más hondo que otros. Quizá porque venía cansada, quizá porque necesitaba tu pausa, tu recogimiento, tu forma de obligarme a mirar hacia dentro. No eres fácil, lo sé. Pero también sé que, sin ti, muchas cosas no se ordenan.
Me dejaste días de calma y otros de sombra. Me enseñaste a escuchar mis propios silencios, a distinguir entre lo que pesa y lo que simplemente duele, a aceptar que hay inviernos que no son estaciones, sino etapas.
Y aun así, te fuiste sin despedirte.Como hacen las cosas que cumplen su función.
Ahora la luz empieza a cambiar. La primavera empuja desde abajo, con esa suavidad que tú nunca tuviste. Y yo, que te he sobrevivido una vez más, te escribo para darte las gracias.
Gracias por lo que me quitaste, porque ya no lo necesitaba.Gracias por lo que me dejaste, porque me sostiene.Gracias por obligarme a parar, a respirar, a recomponerme.
No te guardo rencor.Tampoco nostalgia.Solo reconocimiento.
Sé que volverás, como vuelven todas las cosas que forman parte del ciclo. Y cuando regreses, te recibiré con la misma mezcla de respeto y paciencia. Porque ya aprendí que cada invierno trae una verdad distinta, y que ninguna llega en vano.
Hasta entonces, sigue tu camino.Yo sigo el mío, un poco más ligera.
Con afecto, Maren.
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COMPAÑERA LEAL
Balsells Magi – España
Cuando nací, al abrir los ojos, fue lo primero que vi. No sé si eras tú u otra. Con los años te fui conociendo cada vez más a fondo, ya que tú estuviste siempre conmigo. Unas veces a mi lado, no importa si es el derecho o el izquierdo, permaneces allí. Otras, estás delante mío como guiando mis pasos. También alguna vez detrás de mí te aposentas, como vigilante permanente; nunca pierdes el contacto conmigo, fiel como la mejor amiga. He intentado abrazarme a ti, no me lo permites, sólo permites tener unos contactos muy tenues, el resto de tu cuerpo queda libre…
Solo descansa al anochecer, pero casi siempre queda algún vestigio de tu presencia muy diluido, aunque sigues estando del todo presente, aunque escondida. Sólo en la oscuridad de mi dormitorio, que no es de tu agrado, es cuando no estás, pero no me importa: ya te he tenido durante todo el día y sé que mañana volverás a aparecer para acompañarme en mi rutina diaria. No importa si hace mucho sol o está lluvioso. En el primer caso, tu contacto conmigo es más fuerte, pero en los días tristes o lluviosos parece como si tú también estuvieras con este síndrome de tristeza. Tanto en uno como en otro caso, no me abandonas; permanece tu presencia agarrada a mi cuerpo.
En algunos casos eres grande, muy grande, pero en otros tu tamaño se empequeñece hasta quedar en la mínima expresión. Entiendo que son momentos de tu existencia a los cuales no debo ni puedo criticar; sólo son unos espacios de tiempo que yo comprendo. Algunos te critican por sus desgracias diciendo que eres mala, es un eufemismo sin ninguna importancia. Para mí eres buena, mejor dicho: sensacional y necesaria, ya que el día que, por la vida misma, te pierda, lo habré perdido todo. Gracias por estar siempre conmigo, acompañándome en la fortuna y la desgracia. Mi querida… SOMBRA.
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SEMANA SANTA
Luz Fontana – Italia
(para creyentes y no creyentes)
Queridos lectores:
Llega la Semana Santa y, con ella, un tipo de silencio que todos reconocemos, creamos o no creamos. Es un silencio antiguo, cargado de memoria, que nos invita a bajar un poco el ritmo y a mirar hacia dentro, aunque sea solo un instante.
Estos días tienen algo especial. Para unos es fe. Para otros, tradición. Para otros, simple descanso. Pero todos, de un modo u otro, sentimos que el tiempo cambia de textura. Se vuelve más lento, más hondo, más consciente.
La Semana Santa no exige credos. No pide explicaciones. No pregunta quién eres ni qué piensas.
Solo ofrece un espacio. Un puente entre lo que fuimos y lo que queremos ser.
Quizá por eso, cada año, cuando llegan estas fechas, siento una claridad suave. No es revelación ni milagro. Es algo más sencillo: la oportunidad de reconciliarme con lo vivido, de agradecer lo que permanece y de soltar lo que ya no me acompaña.
Ojalá estos días nos regalen un poco de paz, cada uno a su manera. Ojalá encontremos un rincón donde descansar por dentro. Ojalá aprendamos a mirarnos con más compasión, sin juicios, sin prisas.
Creyentes o no, todos necesitamos un momento para respirar.
Con afecto, Luz Fontana
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CARTA A NORMA
Caros González Saavedra – Argentina
Normita:
Al fin me animé a escribirte estas líneas. Te sentía tan lejana que no estaba seguro de que quisieras saber de mí. Era lógico: a pesar de mi inocencia, seguro te molestó que yo estuviera del lado de quien terminó jorobándote. Mi amigo —o al menos así lo consideraba en ese momento— terminó portándose como un canalla. Me hizo meterme en un negocio de exportación que solo me trajo conflictos y desprolijidades.
La culpa fue mía, por confiado.
Hoy ya pasaron los años y todo quedó atrás. Una enseñanza más, una lección aprendida.
Te dejo estas letras con la sana intención de que, quizás, algún día podamos reencontrarnos y tomar un café. Mis hijos ya están grandes; sé que los tuyos también, y que todos están bien de salud. Salieron muy trabajadores, los tuyos y los míos. Y los nietos… más hermosos que nunca.
Según estoy informado, estás sola. Por mi parte, me divorcié; no me fue bien. Así es la vida. Vivís en Belgrano. Yo sigo en la misma casa, que recuperé con los años.
Te mando un beso enorme, con la convicción de que recuperaremos aquella amistad tan linda que teníamos.
Carlos
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CARTA AL TIEMPO
Elspeth Gormley – España
Tiempo: Te escribo ahora que ya no corro detrás de ti ni intento retenerte. Has pasado por mi vida con tus maneras bruscas, a veces empujando, a veces arrastrando, y otras dejándome quieta en un silencio que no sabía si era descanso o castigo. Pero aquí sigo. Y eso, a estas alturas, ya es suficiente.
He visto cómo algunas personas intentaban hacerme daño, como si la sombra de otros pudiera tapar mi luz. No lo lograron. No porque yo fuera más fuerte, sino porque tú —con tu paciencia de siglos— me enseñaste a callar cuando el ruido ajeno no merece respuesta. Me enseñaste que el silencio, bien usado, es una frontera.
Hoy no te escribo para reprocharte nada.Te escribo para reconocer lo que hiciste sin que yo lo entendiera entonces.
Me enseñaste a soltar lo que pesaba.A no quedarme donde ya no había nada para mí.A distinguir entre lo que duele y lo que daña.A no confundir compañía con presencia.A no confundir ruido con verdad.
También me diste mañanas frente al mar, ese mar que me entiende sin hablar. Él y tú hacéis buen equipo: uno me ordena por dentro, el otro me empuja hacia adelante. Entre los dos me habéis enseñado que todo vuelve, incluso yo.
No te pido que vayas más lento ni más rápido.No quiero que me devuelvas nada ni que me prometas nada.Solo quiero seguir caminando contigo sin miedo, con la certeza de que lo que tenga que quedarse, se quedará. Y lo que tenga que irse, se irá sin hacer ruido.
Gracias por lo vivido.Gracias incluso por lo que dolió.Gracias por dejarme aquí, entera, con mis silencios limpios y mi nombre intacto.
Sigo.Y tú conmigo.
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CARTA DE UNA CRÓNICA DE VIDA Y RESILIENCIA
Sarah Petrone – Argentina
En estos tiempos de guerras que el mundo afronta nuevamente, quiero relatar una síntesis de una crónica periodística que escribí en 2015 sobre héroes anónimos, en guerras pasadas. Sobrevivientes que no escriben de historia, pero que fueron los protagonistas, mudos testigos y víctimas de la estupidez de los que tienen el poder de crear y dirigir los conflictos, a voluntad, sentados en sus burocráticos sillones, detrás de sus escritorios.
Soy descendiente de una de las tantas familias italianas de un pueblo del sur del país, que años tras años fue empobrecido por las guerras que nunca solucionaron ni solucionan nada. El negocio de la guerra es rentable. Va más allá de los intereses ideológicos o religiosos.
Mi abuelo paterno se enroló en la Primera Guerra Mundial de 1914, como voluntario a pesar de ser padre de cinco hijos menores que lo necesitaban. Su patriotismo y su amor por la Patria lo hirieron en un pulmón, y murió por mala praxis, tiempo después.
Su hijo mayor, mi padre, fue enrolado en el Servicio Militar y reclutado para la Segunda Guerra Mundial de 1940, pasando cinco largos años lejos de su tierra natal y de los suyos.
Diezmado su regimiento, mi padre fue capturado por los alemanes, el 12 de septiembre de 1943 y conducido a Prusia Oriental, a un campo de concentración hasta que cesó su cautiverio, al finalizar la guerra, al cabo de dos años . Retenido por las FFAA aliadas, el 8 de mayo de 1945, veinte días después, regresó a Italia.
A su regreso, ni mi padre ni el pueblo de la posguerra fueron los mismos. El hambre, la desocupación, los saqueos, las familias destruidas, diezmaron la voluntad de seguir viviendo en Europa, y comenzó el éxodo que nos trajo a Argentina, la tierra prometida, de Paz. América. La que nos acogió.
Amada y añorada, la Patria que no pudo contener los sueños perdidos bajo los escombros, y la miseria golpeando con dolor el corazón y la memoria
que se vuelven a reactivar con las imágenes actuales que parecen sacadas de una vieja película de guerra. Pero ES LA REALIDAD.
Nada ha cambiado ni nada se aprendió. El flagelo de las guerras nunca cesaron, recrudecen como volcanes en plena erupción, por todo el mundo. Y quiero vivir en PAZ, y que la Paz no sea una utopía.
No quiero llorar más las pérdidas humanas. Necesito soñar con un futuro que me permita sanar mi Yo interior y no seguir gritando: AY, PATRIA MÍA, CÓMO ME DUELES.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 09:55:302026-03-22 12:30:07CARTAS – MARZO
Antes que nada, gracias —como siempre— por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. En esta oportunidad quisiera referirme al tema del mes desde una perspectiva diferente. A veces, el “conflicto” no está afuera: está dentro de nosotros. A veces, la guerra es interior. A veces, y solo a veces, nos vemos envueltos en circunstancias que no esperamos, que no anhelamos, que no queremos ni deseamos; y aparece ese enojo silencioso entre lo que queremos y lo que ocurre, entre lo que soñamos y lo que la realidad nos ofrece. Entre lo utópico y lo real.
Muchas de las situaciones que se nos presentan en la vida tienen un poco de cal y un poco de arena. Nos suceden, y por momentos no podemos comprender de inmediato el aprendizaje que traen consigo, y eso nos enoja. Nos enoja porque es distinto a lo que imaginamos en el pasado, porque nos confronta con emociones que no siempre sabemos gestionar. Los llamados “errores”, o ciertas decisiones que tomamos tiempo atrás, pueden despertar sentimientos de auto-recriminación. Pero me gustaría hacerte una pregunta, con total honestidad: ¿Cómo podríamos haber elegido distinto si en ese momento no teníamos “el diario del lunes”?
Muchas decisiones nos hicieron crecer. Nos enseñaron cosas que, sin haberlas vivido, quizá habría sido imposible aprender. Creo que todo lo que nos ocurre —aunque no estemos de acuerdo, aunque duela, aunque nos descoloque— nos ofrece una oportunidad para crecer y atravesar la vida con más fortaleza.
Una vez leí que a cada persona le suceden las cosas que puede atravesar. Y quiero quedarme con esa idea para cerrar este escrito, porque de alguna manera trae calma en estos tiempos tan difíciles que todos estamos viviendo.
Sin más por ahora, me quedo con ustedes…
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-22 09:53:182026-03-22 12:30:42ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL – MARZO
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Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página LetrasHispanas por el Mundo
“Relatos para un 8M que nos invita a pensar, leer y renacer.”
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COLABORAN
Maren Alberdi – España
Luz Fontana – Italia
Elspeth Gormley – España
Sandra Romeo – Argentina
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LA MUJER QUE ENCENDIA FAROS
Maren Alberdi – España
Cada madrugada, cuando el pueblo aún dormía, Clara subía la colina con una linterna vieja que apenas alumbraba sus pasos. Nadie sabía por qué lo hacía. Algunos decían que era costumbre, otros que era manía, otros que simplemente estaba sola.
Pero Clara no subía para verse. Subía para ver a las demás.
Desde lo alto, encendía su faro pequeño —una lámpara de aceite que había heredado de su abuela— y lo dejaba brillar hacia el valle. No iluminaba mucho, apenas un hilo de luz temblorosa. Pero era suficiente para que otras mujeres, en otras casas, supieran que no estaban solas en la oscuridad.
Una noche, una niña del pueblo la siguió. —¿Por qué lo haces? —preguntó. Clara sonrió. —Porque todas necesitamos un faro alguna vez. Y porque un faro no se pregunta a quién ilumina. Solo lo hace.
Con el tiempo, más mujeres subieron con ella. Cada una llevó su propia luz: una vela, una linterna, una lámpara improvisada. Y la colina, que antes era un punto solitario, se convirtió en un cielo en la tierra.
Desde entonces, en ese pueblo, el Día de la Mujer no se celebra con discursos. Se celebra encendiendo luces. Porque allí aprendieron que la valentía no siempre ruge: a veces solo ilumina.
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LA ESQUINA DE LA LUZ
Luz Fontana – Italia
En el barrio había una esquina donde siempre daba el sol. No era un lugar especial: un trozo de acera, una farola vieja, una pared con grafitis que nadie terminaba de borrar. Pero a esa hora de la tarde, la luz caía de una forma que hacía que todo pareciera un poco más posible.
Allí se encontraban, casi sin planearlo, dos mujeres.
Clara salía del trabajo con los hombros tensos y el pelo recogido a toda prisa. Había pasado el día entero explicando cosas que nadie quería escuchar, como si su voz fuera un ruido de fondo. Elena llegaba en bici, con las manos manchadas de grasa y una sonrisa que siempre parecía recién estrenada. Era mecánica, y le gustaba decir que arreglar bicicletas era más fácil que arreglar el mundo.
Se saludaban con un gesto pequeño, casi tímido, como quien reconoce un refugio sin admitirlo.
Un día, Clara llegó con los ojos brillantes de rabia. —Hoy me han vuelto a interrumpir en la reunión —dijo—. Tres veces. Y la última… la última ha sido para repetir lo que yo acababa de decir.
Elena apoyó la bici en la pared y se cruzó de brazos. —Pues mira —respondió—, yo hoy he tenido que explicarle a un cliente que sí, que una mujer puede cambiarle los frenos sin que se muera nadie.
Se rieron. No porque hiciera gracia, sino porque a veces reír es la única forma de no romperse.
La luz seguía cayendo sobre ellas, cálida, insistente.
Con el tiempo, empezaron a quedarse un poco más. A hablar de lo que dolía y de lo que sostenía. De lo que habían aprendido a callar y de lo que ya no pensaban callarse nunca más.
Una tarde, mientras Clara hablaba con las manos —porque cuando se soltaba, hablaba también con el cuerpo—, Elena la miró con una claridad nueva. Como si la luz de la esquina hubiera cambiado de sitio y ahora le iluminara directamente el pecho. —¿Puedo decirte algo? —preguntó Elena, sin apartar la mirada.
Clara asintió. —Cuando estás aquí… no sé. Me siento menos sola.
Clara tragó saliva. No era una confesión grandiosa. No era una declaración de película. Era algo más verdadero: un hilo que se tendía entre las dos. —A mí me pasa lo mismo —respondió—. Y no sabía cómo decirlo.
No se tocaron. No hacía falta. La luz las envolvía como si lo hiciera por ellas.
Desde entonces, la esquina dejó de ser solo un lugar donde daba el sol. Se convirtió en un punto de encuentro, en un espacio seguro, en un recordatorio de que las mujeres —todas, de todas las formas posibles— pueden encontrarse, sostenerse y reconocerse sin pedir permiso.
Porque a veces la revolución empieza así: con dos mujeres que se miran de frente, y una luz que, por fin, no las deja en sombra.
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EL HILO QUE CRUZO EL MAR
Elspeth Gormley – España
Amina llegó a España una madrugada fría de enero. No sabía exactamente dónde estaba; solo sabía que había tierra firme bajo sus pies y que el mar, por fin, había dejado de rugir. Llevaba tres días sin dormir, con la ropa pegada al cuerpo y la mirada fija en un horizonte que ya no existía. Pero estaba viva. Y eso, para ella, era un comienzo.
Había salido de Senegal con una mochila pequeña y una promesa: “volveré cuando pueda sosteneros a todos”. Su madre le había trenzado el pelo la noche anterior a su partida, apretando cada mechón como si quisiera dejarle un hilo invisible que la guiara de vuelta a casa. —No olvides quién eres —le dijo—. Ni de dónde vienes. Amina asintió, aunque sabía que el viaje la cambiaría para siempre.
En España la recibió un centro de acogida, un edificio gris que olía a sopa caliente y a cansancio. Allí aprendió sus primeras palabras en castellano: hola, gracias, mañana. Palabras pequeñas, pero suficientes para empezar a tejer una vida nueva.
Los primeros meses fueron duros. Muy duros. Amina limpiaba escaleras por las mañanas, cuidaba a una anciana por las tardes y estudiaba español por las noches. A veces lloraba en silencio, no por tristeza, sino por agotamiento. Pero cada vez que pensaba en rendirse, recordaba las manos de su madre trenzando su cabello. Ese hilo invisible seguía ahí, tirando de ella hacia adelante.
Un día, mientras limpiaba un portal en Alicante, una vecina la observó en silencio. —Tú trabajas muy bien —le dijo—. ¿Has pensado en estudiar algo? Amina sonrió tímidamente. —Quiero… cuidar. A personas. A mayores. A niños. A quien necesite. La mujer la miró con una ternura inesperada. —Entonces ven conmigo. Conozco un sitio donde puedes formarte.
Ese gesto cambió su vida.
Amina comenzó un curso de auxiliar sociosanitaria. Le costaba seguir las clases, pero no se rendía. Subrayaba cada palabra, repetía cada frase, preguntaba sin miedo. Sus compañeras la admiraban. —Tú tienes una fuerza que no se ve todos los días —le decían. Ella sonreía, sin saber muy bien cómo responder.
Al terminar el curso, consiguió trabajo en una residencia. Allí descubrió algo que no esperaba: que su voz, suave y cálida, tenía el poder de calmar a quienes ya habían olvidado casi todo. Que sus manos, firmes y delicadas, podían sostener cuerpos frágiles sin hacerles daño. Que su presencia, silenciosa y constante, era un refugio para muchos.
Una tarde, mientras acompañaba a pasear a una mujer mayor, esta le tomó la mano. —Eres luz, hija —le dijo—. No dejes que nadie te apague. Amina sintió un nudo en la garganta. Nadie se lo había dicho desde que dejó su hogar.
Con el tiempo, alquiló una habitación, envió dinero a su familia y comenzó a ahorrar para traer a su hermana pequeña. Cada paso era lento, pero firme. Cada día era una conquista.
El 8 de marzo, sus compañeras de la residencia la invitaron a una manifestación. —Ven con nosotras —le dijeron—. Este día también es tuyo. Amina dudó. No sabía si pertenecía a ese “nosotras”. Pero fue.
Cuando llegó a la plaza y vio a tantas mujeres juntas —jóvenes, mayores, migrantes, españolas, madres, estudiantes— sintió algo que no había sentido desde que dejó Senegal: pertenencia.
Una chica le ofreció un cartel. —Escribe lo que quieras. Amina pensó un momento y escribió despacio, con letra temblorosa:
“Mi camino fue largo. Pero aquí también florezco.”
Al levantar el cartel, sintió que el hilo invisible que la unía a su madre seguía intacto. No la tiraba hacia atrás. La sostenía.
Y por primera vez desde que cruzó el mar, Amina se sintió completa
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COMPAÑERAS DE VIAJE
Sandra Romeo – Argentina
Sin luces ni sombras en su mirada, la anciana estaba parada en el andén de la estación, inmóvil entre la marea de gente. Semejaba un árbol reseco esperando el hachazo final. Quizá fue esto lo que llamó la atención de Ángela. Y eso que ella no era afecta a iniciar relaciones con personas desconocidas. Se acercó a la vieja despacio, aprovechando los huecos que dejaban los pasajeros apretujados sobre la plataforma. La tomó con cuidado del brazo con temor a que se le deshiciera en las manos y la despegó unos pasos del bloque humano. Se sintió mirada, y en esa mirada, espejo a futuro, se vio. Tuvo miedo. Aun así ayudó a la viejita a subirse al tren y conseguir un asiento en los vagones atestados. Dio media vuelta para marcharse pero la voz cascada de una historia la atrapó. —Sí—dijo la otra—, estoy sola en el mundo y soy vieja. Piensan que no lo sé, que no me doy cuenta o que soy tan estúpida como para no verlo. Sin embargo no siempre fue así. Sé de la familia, del amor y del abrazo. Sé del abandono. Ángela se hizo un lugar a su lado dispuesta a escuchar. Las manos huesudas de la anciana dibujaban signos en el aire y su mirada legañosa la enfocó al tiempo que le decía: —Todo se remite a la confianza, querida. Cuando una confía nunca está sola. Cuando una confía, vive. La joven ahuecó sus brazos y la contuvo. Con el traqueteo del tren y la cadencia de su monólogo la viejita se fue quedando dormida, no sin antes depositar a Ángela en la contemplación de su propio pasado. Recordó. El amor con Eduardo. La pasión que los condenaba a una vida apartada. La familia hinchando su vientre, bebiendo su tiempo así como su sangre. Los engaños. Otras que nunca serían ella. Solo pasajeras sin ancla ni destino en la vida de él. Pero otras al fin. Y la soledad que se coagulaba en horas de espanto durante el día y la asfixiaba durante la noche al punto de sentirse expulsada del tiempo. Despacio, muy despacio, se deshizo del abrazo a su compañera de viaje acomodándole la cabeza con cuidado sobre el asiento de cuerina verde. No sabía dónde estaba, pero sí sabía que debía bajarse de ese tren que era su vida. La otra, pajarillo breve en el inmenso vagón, seguramente viajaría hacia el final. Se paró con lentitud dirigiéndole a la viajera una última mirada de cómplice agradecimiento.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-08 04:51:102026-03-22 12:42:16RELATOS DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2026
Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
«Donde una se levanta, todas avanzan.”
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COLABORAN
Ilka Olivia Corado – Estados Unidos
Elspeth Gormley – España
Andrea Kiperman – Argentina
Ernesto Núñez – México
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Carolina Vidal – España
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TODOS LOS DIAS SON 8 DE MARZO
Ilka Olivia Corado – Estados Unidos
¿Y sabe por qué? Porque todos los días a las mujeres se nos niegan nuestros Derechos Humanos. Porque aún existe la desigualdad entre hombres y mujeres. Abismales diferencias en los derechos laborales. Porque en la mayoría de países se nos sigue negando el derecho al aborto, y nos acusan de asesinas y nos encarcelan si detenemos un embarazo. Porque la iglesia aún nos sigue sometiendo y si nos atrevemos a pensar por sí mismas nos expone ante el escarnio público como las poseídas por las ánimas del purgatorio. ¡La sangre de Cristo! Y se nos viene encima un exorcismo dirigido por un cura misógino y avalado por un esposo (amante o compañero) machista y de doble moral.
El sistema patriarcal pretende que las mujeres sigamos en silencio, en la sumisión que maquilla de obediencia y quién se atreva a salir del redil merece ser castigada con todo el peso de la imposición. Una mujer independiente, emprendedora y pensante no es bien vista por el sistema y la iglesia, por esa razón han sido tantas mujeres que a través de los años las desaparecidas, torturadas y asesinadas, temen que de la semilla de la flor brote un jardín.
El 8 de Marzo son todos los días porque seguimos educando a nuestros niños con normas patriarcales, incluso antes de nacer ya les asignamos roles con nuestros prejuicios y estereotipos, dependiendo si es niña o niño así es nuestro afecto y nuestra forma de socialización. Es urgente cambiar las normas y arrancarlas de raíz. La equidad social es necesaria. Las mujeres no somos seres inferiores, tampoco estamos exigiendo privilegios –que los hombres sí tienen- solo pedimos respeto, derechos y equidad. Todo esto no se puede obtener sin libertad.
Las mujeres no somos libres de decidir sobre nuestros cuerpos, en ellos se mete el sistema y la iglesia, dirigida por sotanudos y mezquinos. ¿Con qué derecho? Con el aval del patriarcado que es el que rige nuestras vidas dóciles.
Es necesario alimentar la memoria colectiva y reivindicar la luchas de aquellas pioneras aguerridas que dieron sus vidas a cambio de nuestros derechos, que fueron quemadas vivas, transgredidas, encarceladas y torturadas. Ellas son nuestras heroínas. Aquellos movimientos feministas que se levantaron en rebelión y que gracias a las voces que se alzaron con arrojo nosotras hoy en día podamos disfrutar de pequeñas vertientes. La lucha por la equidad corresponde a todo ser humano, llámese feminista o no. La etiqueta es lo de menos. Humanos, seamos humanos sin limitantes. El Día Internacional de la Mujer, debería ser reivindicado en el mundo entero, en todos los rincones, pero hacerlo se sigue viendo como arranque feminista, tomemos en cuenta cómo el patriarcado ve al feminismo y de qué manera se encarga de desacreditarlo.
No me dejará mentir que son pocos los hombres que asisten a las actividades que se realizan ese día, y que la mayoría de ellos confunden los conceptos, creen que ese día es de regalar flores y –pagar motel- derrochar más de una galantería a «la flor más bella del jardín.» Pero al día siguiente vuelve a ser ese macho misógino y así se mantiene el resto del año. También las mujeres en general ven el feminismo con recelo, es producto del embate misógino. Uno puede no ser feminista, y está en todo su derecho, pero eso así, el feminismo debe ser respetado. En mi opinión no ser feminista no significa ir en contra de la equidad, -como acotan algunas personas- es obligación de todos luchar porque se respeten los Derechos Humanos de todo ser. Porque exista la independencia de la mujer en su todo como ente social.
Necesitamos cambios reales, profundos, consecuentes. Como padres de familia, comunidad, como iglesia, como estado, como sociedad. Se acerca el Día Internacional de la Mujer, ¿qué tal si vamos pensando en cómo cambiar los patrones de crianza, nuestra forma de pensar y actuar respecto a la equidad humana? ¿Si vamos pensando en no denigrar por el género? ¿Si vamos sacudiéndonos la mojigatería y pensamos en que el derecho al aborto debe ser ley? ¿Que si nosotros tenemos derechos por qué no luchamos para que los tengan otros? ¿En qué afecta la equidad a quienes tenemos privilegios? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para que el género no interfiera en el trato, oportunidad, y derechos de las personas? ¿Qué mundo quiere dejarle a las siguientes generaciones? Pensamos en nuestras heroínas, ¿y si ellas hubiesen sido sus hermanas, sus mamás, sus esposas, sus novias, sus maestras, sus amigas? Lo fueron de alguien más. No, cambiar este mundo y luchar por la equidad de género no es cosa solo de mujeres, esta lucha debe ser de todos. ¿Está dispuesto a ayudar cambiar esta realidad patriarcal, misógina, machista y esclavizadora? ¿Qué tal si nos vamos respetando? ¿Si dejamos de seguirle al juego al patriarcado? Eso, ¿qué tal si nadamos contra la corriente? Lo digo porque hay algunos hombres que se jactan ser verdaderos revolucionarios y se pavonean, pero cuando se trata de derechos de mujeres son más derechistas que los mismos dictadores. Dejemos de anteponer los testículos y los privilegios de género, porque si somos de los de verdad, sabemos que todos los derechos son para todos, sin distinción.
Revindicar el Día Internacional de la Mujer, es alimentar la memoria colectiva, de la misma forma en que se hace con el holocausto, los genocidios, las revoluciones, y todas esas fechas que marcan en nuestro calendario y reloj, un suceso que cambió el rumbo de la historia. Seamos parte del cambio, soñemos y luchemos por un mundo integral, humano donde la equidad sea «la flor más bella del jardín.» Esto es cosa de todos los días.
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DONDE NACE LA VALENTIA
Elspeth Gormley – España
«La mujer no solo da vida: la llena de fuerza, de inspiración y de esperanza. Nos recuerda cada día que los sueños más grandes nacen de su valentía y de su corazón infinito.»Elspeth Gormley
Hoy el mundo hace una pausa para honrar a las mujeres. En este Día Internacional de la Mujer celebramos no solo sus logros, sino también su espíritu inquebrantable y su capacidad para transformar la adversidad en impulso.
A lo largo de la historia, las mujeres han abierto caminos donde antes solo había muros. Desde la ciencia que ilumina hasta el arte que conmueve, desde la política que mueve sociedades hasta el deporte que inspira, su huella es profunda y universal. Su fuerza no reside solo en soñar, sino en convertir esos sueños en realidad, impulsando una revolución silenciosa y poderosa.
Este avance nunca ha sido un viaje en solitario. Hombres y mujeres han trabajado juntos, demostrando que la igualdad es una construcción compartida. Los aliados que han alzado su voz junto a ellas nos recuerdan que el cambio florece cuando las manos se unen.
Aun así, queda camino por recorrer. En muchos lugares del mundo persisten desigualdades que nos llaman a seguir luchando. Este día nos recuerda que la igualdad no es un ideal lejano, sino una responsabilidad urgente y colectiva.
Hoy celebramos, pero también reflexionamos. Honramos a las mujeres que inspiran, lideran y desafían los límites. Reafirmamos nuestro compromiso de construir un mundo donde cada persona pueda brillar con todo su potencial.
El Día Internacional de la Mujer no es solo una fecha. Es un llamado a la esperanza, al cambio y, sobre todo, a la unidad.
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QUERIDA MUJER
Andrea Kiperman – Argentina.
Querida mujer: gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras.
Hoy es tu día, aunque en verdad todos los días lo son. Te honro a ti y a tus antecesoras, a tus ancestras, que seguramente están orgullosas de tu paso, de tus ideas y de tus luchas. Hoy no es un día más: celebremos nuestras voces unidas, nuestras palabras que a veces llegan como colibríes a los oídos de quienes las necesitan.
Celebremos los consejos, los abrazos, las caricias, el amor que brindas al mundo día tras día. Mira todo lo que entregas, incluso cuando parece silencioso o cuando sientes que nadie lo nota. Hoy es un día especial para recordar, respetar y demostrar que somos más fuertes de lo que creen… y de lo que a veces creemos nosotras mismas.
Querida mujer, te veo y me veo. Te reflejas en mis ojos, y mis ojos te reflejan. No olvides nunca tus palabras ni tu opinión. No permitas que nada ni nadie apague tus ideas, y mucho menos tu brillo.
Feliz Día de la Mujer a todas.
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VIOLENCIA MACHISTA
Ernesto Núñez – México
El aumento de la participación política de las mujeres en México incrementa la violencia en contra de ellas.
El país latinoamericano es pionero en la regulación de la paridad y la prevención de la violencia política que se ejerce contra las mujeres
La violencia política contra las mujeres en México se ha visibilizado, pero no se ha frenado. En los más recientes procesos electorales celebrados en el país, se registró el mayor número de candidatas postuladas a un cargo público, incluida la presidencia de la República, pero a la par se presentó la mayor cantidad de ataques en razón de género. En térinos de paridad la elección de 2024, fue histórica .ya que de ahí surgieron la primera presidenta de México; un Congreso paritario con un número inédito de senadoras y diputadas federales; cientos de alcaldesas y diputadas locales; y cuatro gobernadoras, que llevaron al país a un máximo histórico de 13 entidades con una mujer al frente de un Estado. Pero también fue la elección más violenta de la historia para ellas.
Según diversos informes de las autoridades electorales, las mujeres en campaña son víctimas de ataques en redes sociales, agresiones en medios de comunicación, obstáculos para ser candidatas, denostación y descalificación, ataques verbales y físicos, retiro y destrucción de su propaganda, amenazas, intimidación, hostigamiento, violencia sexual y psicológica, discriminación dentro de sus propios partidos y, recientemente, diversos tipos de violencia digital. Se trata de ataques que crecen en paralelo a una mayor participación en la política, derivada de las reformas de paridad implementadas desde 2019.
“Si bien la paridad ha impulsado la presencia de las mujeres de manera importante, al tener mayor exposición mediática, las candidatas fueron blanco de mayor violencia en razón de género”, concluye el Instituto Nacional Electoral (INE) en un informe en el que analiza el uso de la inteligencia artificial, la proliferación de las noticias falsas, la difusión de mensajes de odio, la violación a su privacidad por medio de espionaje y la propagación de videos manipulados, como nuevas formas de agresión para afectar e inhibir la participación de las mujeres en los comicios.
En el proceso electoral 2024, el INE recibió 215 quejas formales por violencia política en contra de las mujeres en razón de género, que equivalen al 42% de las 511 que se habían registrado en cuatro años, desde la reforma constitucional aprobada en 2020 para prevenir y sancionar esta conducta. El INE identificó a 157 víctimas, en su mayoría candidatas a diputadas federales, senadoras o presidentas municipales, y procedió contra 266 probables infractores. El Registro Nacional de personas sancionadas por esta conducta, que opera desde abril de 2020, multiplicó a las personas inscritas, para llegar a la cifra de 438 sancionados, 360 hombres y 78 mujeres. Aunque la mayoría son ciudadanos comunes (91), en el registro hay presidentes municipales, regidores, funcionarios del ámbito estatal o federal y 53 periodistas.
“Hemos avanzado, pero hay pendientes”
México es un país pionero en la regulación de la paridad y la prevención de la violencia política que se ejerce contra las mujeres. En 2019 se aprobó la reforma de paridad total y, en 2020 , La reforma en materia de violencia política contra las mujeres ene razón de género. Las cuales llevaron a la Constitución una serie de acuerdos y medidas que había implementado el INE durante más de una década. De esas reformas surgieron normas y protocolos que buscan mejores condiciones de competencia política para las mujeres, paridad en los cargos públicos y un entorno libre de violencia para candidatas y funcionarias públicas. Algunos ejemplos son los acuerdos para que los partidos postulen igual o mayor número de mujeres a las gubernaturas en un mismo ciclo electoral, las medidas para generar congresos paritarios a nivel federal y local, la creación de un observatorio de participación de las mujeres; los mecanismos para prevenir la violencia política, como el 8 de 8 que impide que personas violentadoras puedan competir por un cargo público, el Registro Nacional de Personas Sancionadas, los monitoreos especializados para detectar la violencia mediática y en redes sociales y, más recientemente, el modelo integral de atención a víctimas de violencia política que el INE ha comenzado a implementar a partir de febrero.
La consejera Claudia Zavala, integrante de la Comisión de Igualdad de Género del INE, explica que los avances en materia de paridad han permitido que hoy las mujeres no solo compitan por los cargos, sino que accedan a ellos, lo que ha generado un efecto no deseado de mayor violencia política en razón de género. Zavala lamenta que, a la violencia que se expresa de forma material, hoy se añada una violencia digital y simbólica que busca estereotipar a las mujeres, atacarlas por jugar nuevos roles y encasillarlas en las actividades tradicionales que se les asignaban en el pasado.
“En la medida en la que hemos avanzado en cumplir con el principio de paridad, generando esquemas que permiten que las mujeres no sólo compitan, sino que realmente accedan al poder, los datos nos demuestran que se incrementa la violencia, tanto en las campañas, como en el ejercicio del cargo y al interior de los partidos, donde tenemos un enorme rezago”, comenta la consejera.
Claudia Zavala llegó al INE en 2017 y está por concluir su encargo el próximo 4 de abril. Desde su experiencia de nueve años, la consejera percibe avances institucionales tanto en paridad como en prevención de la violencia, pero reconoce que persisten formas de discriminación, violencia e inequidad. Zavala considera que es necesario perfeccionar los protocolos para que, por ejemplo, los sancionados por violencia de género, efectivamente, sean impedidos de volver a ocupar cargos públicos, ya que hay casos de personas que son reincidentes hasta en 10 ocasiones y vuelven a ser funcionarios municipales o legisladores.
En el proceso electoral 2023-2024, el INE implementó un programa piloto de atención a víctimas que arrojó datos importantes, como el hecho de que buena parte de la violencia se genera a nivel municipal, muchos casos ocurren dentro de los partidos políticos, y algunas mujeres preferían denunciar en horas de la madrugada, probablemente por temor. De ese programa piloto surgió la necesidad de crear un mecanismo integral, que incluya prevención, atención psicológica, acompañamiento y asesoría jurídica, que aún debe concluirse.
Zavala considera necesario que el INE mantenga este tema como una prioridad de su agenda, que el asunto se considere en los cambios previstos en la reforma electoral. Y que no se abandone la prevención y atención a mujeres violentadas por un asunto de recursos, lo que podría ocurrir como efecto del inminente recorte presupuestal previsto en la reforma. “Me voy tranquila porque sé que rendimos cuentas de 2017 a 2026; en nueve años tuvimos actividad, vencimos muchas resistencias e hicimos un trabajo colectivo en el que nos acompañamos las mujeres de organizaciones civiles, académicas, investigadoras, magistradas y consejeras”, afirma.
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DÍA DE LA MUJER – 2026
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Cada 8 de marzo recordamos a quienes dejaron su vida en un hecho trascendental que marcó el siglo. Ese día, en 1908, morían 129 mujeres en un incendio dentro de la fábrica Cotton Textil Factory en Nueva York, luego de que se declararan en huelga con la permanencia en su lugar de trabajo. ¿Qué buscaban con su paro? Igualar sus derechos a los del hombre, cobrar el mismo salario, rebajar su horario laboral a 10 horas y reformar las condiciones de labor, paupérrimas. Para que desistieran y abandonaran el lugar, su propietario ordenó cerrar las puertas con cadenas. Nadie sabe cómo pasó, pero se desató un incendio que arrasó el edificio entero, sin que pudieran rescatar a nadie.
El 3 de mayo de ese mismo año, se realizó un acto, como preámbulo para que el 28 de febrero de 1909 se conmemorara por primera vez el «Día Nacional de la Mujer».
Un año después, en 1910 en Copenhague, se desarrolló la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, cuyo tema central fue el sufragio universal y la declaración del 8 de marzo como «Día Internacional de la Mujer Trabajadora», en homenaje a las fallecidas dos años atrás.
En 1977, por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, se designó ese día como el «Día Internacional de la Mujer».
Con la presencia de 189 gobiernos, durante la Conferencia Mundial sobre la Mujer, en 1955 adoptaron la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, sentando las bases para la realización de proyectos y políticas en áreas clave tales como paz, justicia, salud, educación, participación política, empoderamiento económico y la eliminación de la violencia contra la mujer y las niñas.
Con la premisa de igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, la ONU, en 2011, celebró el centenario de lo ocurrido en Nueva York.
Hoy en día, si bien el mundo es más igualitario, el progreso sigue siendo muy lento por tal razón, más que nunca, cada 8 de marzo, a nivel mundial, conmemoremos el hecho, con el sentido de generar una sociedad más justa, y reconocer los derechos y oportunidades para todas las mujeres.
En lo particular, saludamos a todas las mujeres colaboradoras de la revista, que con sus escritos proponen el compromiso y la lucha por la igualdad de derechos, calidad de vida y paz. No es poca cosa.
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LA HORA DE LAS TRABAJADORAS MIGRANTES
Carolina Vidal – España
No nos vale un feminismo que solo rompa techos de cristal, queremos que también despegue de suelos pegajosos a la mayoría de las mujeres
En la semana del 8 de marzo, el mundo pone el foco en las mujeres y en las discriminaciones que les afectan. Es de justicia priorizar a las trabajadoras de origen extranjero Porque a ellas, en especial a las que están en situación administrativa irregular no les han llegado en igual medida los muchos avances recientes conseguidos mediante el Diálogo Social. Lo que sí les ha llegado es la ola racista reaccionaria.
Aumenta el riesgo de explotación, abuso y violencia, laboral y social. Está pasando. Afrontamos una oleada racista que ha puesto en el foco de sus discursos de odio a las personas migrantes. En realidad, a personas migrantes racializadas.
Si en EE UU las políticas antinmigración de Trump nos han escalofriado con deportaciones sin garantías jurídicas y utilizando una fuerza paramilitar, aquí, a nuestro alrededor, el discurso xenófobo se reaviva con mensajes trucados (fakes) expandidos por redes sociales al servicio de políticos y voceros ultras. Usan consignas como la “remigración”, un tipo de limpieza étnica para expulsar selectivamente a migrantes por el origen o religión.
Vaya por delante que no van a lograr que renunciemos a nuestra defensa de sus derechos humanos, una prioridad sindical. Lo que buscan es despojarlas de derechos, estigmatizarlas, y sobre todo, sobreprecarizarlas. Mujeres forzadas a trabajar en los sectores más precarizados pese a su formación.
Las mujeres migrantes, que suponen el 52% de nuestra población migrante, no pueden ser ciudadanas de segunda. No nos vale un feminismo que solo rompa techos de cristal, queremos que también despegue de suelos pegajosos a la mayoría de las mujeres. Y en España las mujeres migrantes están expuestas a una triple discriminación: por ser mujeres, por ser trabajadoras, por ser migrantes.
Enfrentan mayores obstáculos laborales y sociales: una segregación laboral y ocupacional aún más intensa que las autóctonas. El 20,4% de ellas trabaja en la hostelería, el 18,7% en empleo del hogar, el 13,85% en comercio, el 8,6% en el sector sociosanitario, el 3% en agricultura. Como el resto de trabajadoras, les afectan la brecha salarial y salarios medios más bajos. Por su mayor contratación a tiempo parcial (que supera en cinco puntos porcentuales a la población autóctona), por su alta presencia en sectores de baja cualificación.
Además, enfrentan mayores obstáculos para acceder a servicios de conciliación. Es decir, se produce la gran injusticia de que las trabajadoras migrantes resuelven, a las familias que pueden permitírselo, los déficits del sistema de cuidados atendiendo a menores y mayores dependientes, mientras ellas lo tienen casi imposible.
Y presentan más factores de desigualdad: más pobreza laboral, más vulnerabilidad económica, más dificultades para acceder a la sanidad, como el acceso al aborto, más vulnerabilidad ante situaciones de violencias machistas, acoso sexual y acoso por razón de sexo en el entorno laboral.
Parte de estas vulnerabilidades deben mejorar con el proceso de regularización extraordinaria anunciado por el Gobierno y que desde el sindicato vemos como una medida necesaria y justa. CC OO tiene abiertas las puertas de sus 400 sedes en toda España y abrirá una línea telefónica exclusiva y gratuita para informarles, asesorarles y acompañarles en sus necesidades administrativas, laborales y sociales.
Las reclamaciones más acuciantes de las trabajadoras migrantes son la asistencia en la regularización administrativa, la equiparación en derechos laborales, mayor protección frente al acoso sexual y la sobreprecarización laboral. Esa es nuestra hoja de ruta, la del sindicalismo de clase feminista.
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https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2026-03-08 04:50:322026-03-22 12:45:45ARTÍCULOS DEL DIA DE LA MUJER 2026
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POEMAS – MARZO
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“La poesía abre ventanas que la mirada no alcanza.”
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COLABORADORES – POEMAS
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A LOS POETAS
Alberdi Maren – España
Los poetas caminan entre sombras,
pero llevan en los bolsillos la luz.
No buscan gloria: buscan una forma
de decir lo que el mundo calla.
Son artesanos del aire,
tejedores de silencios,
guardianes de un temblor antiguo
que aún respira en cada palabra.
Saben que un verso no salva la vida,
pero la nombra.
Y al nombrarla, la sostiene.
Y al sostenerla, la vuelve posible.
Los poetas escuchan lo que nadie oye:
el rumor de lo que empieza,
el eco de lo que termina,
la grieta donde nace la verdad.
Por eso escriben.
Porque alguien debe hacerlo.
Porque si ellos callaran,
el mundo sería un poco más oscuro
y un poco menos nuestro.
A los poetas:
los que dudan, los que arden,
los que buscan, los que caen,
los que vuelven a levantarse
con un verso entre los dientes.
A ellos,
que siguen escribiendo
aunque nadie lo pida,
aunque nadie lo entienda,
aunque nadie lo aplauda.
A ellos,
que sostienen el mundo
con la fragilidad de una palabra.
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INTENTARLO
Alberganti Mirian – Argentina
Soy la luz que ilumina el camino,
la voz que rompe el silencio,
con manos abiertas,
A lo que la vida depare
pero con el corazón
lleno de esperanza.
Llena de convicción,
de amor y de vida,
Con verdades incómodas
a veces,
pero siempre con la frente erguida.
Preguntas que inspiran reflexión,
eso es lo que hago,
no me dejo limitar por el miedo,
ni me quedo con solo alagos.
Celebro cada momento,
cada latido del corazón,
solo ante lo sublime me inclino,
con humildad y pasión.
No sé si tengo virtudes,
o si son pocas o muchas,
pero de una cosa estoy segura,
siempre lo vivo intentando.
El fracaso
no es mi destino,
soy la que se levanta,
la que sigue adelante
firme y constante
cómo un gran navegante.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
TUS BELLOS OJOS
Balsells Magi – España
En tu hermoso rostro algo resplandece
ilumina con esplendor tu bella cara
solo elogios por ello se merece
es natural no es ninguna cosa rara
Son tus ojos, plenos de luz y color
donde los matices de las ilusiones moran
en ellos se notan la alegría y el dolor
son sentimientos que con fuerza afloran
Si las estrellas iluminan el firmamento
ellos iluminan con fuerza mi corazón
reflejan, con gran pasión un sentimiento
es la mirada del amor , esta es la razón
Cuesta mucho verlos con cierta tristeza
solo son momento que enseguida pasan
rapido se recuperan, gracias a su belleza
vuelve el divino brillo que siempre emanan
No los cierres, déjame disfrutar de ellos
no apagues este fulgor que tanto me encanta
dejame gozar de estos momentos tan bellos
mientras sale un te quiero de mi garganta
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
DESDE LA VENTANA
Blanco Inés (Luna de abril-Colombia)
Las ventanas desplegadas
al filo de mí misma,
dejan sentir el viento
que nítido azota la vida.
El vuelo repetido de pájaros
que muy cerca anidan,
se visten de colores
y cantan… y cantan.
La constante lluvia
inunda los sentidos;
observo las vías saturadas,
y ensimismadas las gentes.
Las sílabas escapan
sin nombre y sin sentido,
van en busca de su voz…
persiguen su lamento.
Al alcance de los ojos
una estrella parpadea,
extraviada allá en el vacío
donde la luz no alcanza.
Los sueños que se escapan
sin alas ni postigos,
sin una señal que los detenga,
huyen sin dejar rastro ni sombra.
Un goteo ebrio, solitario,
nubla los ojos y las copas;
mientras el vino insomne
aguarda el sol de la mañana.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
*CON AIRES DE PRINCESA*
Carciofetti Libia B – Argentina
(versos eneasílabos (9)
(El verso eneasílabo es un verso de arte mayor,
de nueve sílabas, de uso poco frecuente en español).
Entré sin pudor a tu vida
con los aires de una princesa
mi boca, mi piel encendida
sintiéndome ya baronesa.
El lugar estaba aún vacío
pero sentí que me esperabas
para mi fue un gran desafío
arrancarte al fin las aldabas.
¡Tanta agua corrió por el río!
atravesando las montañas
humedeciendo nuestro estío
y empapando nuestras entrañas.
Con los aires de una princesa
sin trono comencé a reinar
cetro ganado con nobleza
mi amor te vengo a ofrendar
Los dos en un cuerpo y un alma
buscando la felicidad
la paz, el sosiego, la calma
y un respiro a la soledad.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
COMO UN ÁNGEL QUE ESCAPA DE LA NIEVE
García José Daniel – España
Como un ángel que escapa de la nieve
despertamos del coma, instante hermoso
que hermanas a los vivos con los muertos .
Los párpados oscuros fragmentaron
el núcleo carcelario de los ojos.
La luz fundió los restos del acero
inoculando vida a las retinas.
El blanco de las sábanas, las rosas,
la mano de la madre, los goteros…
Todo era novedad. Todo memoria.
Sin embargo, los cuervos regresaron,
percutores de ébano y saliva.
El rumor de crisálida cesó.
⋯ ✧ ⋯⋯ ✧ ⋯
LA BOTA AZUL
García José Daniel – España
Cuando la bota azul
venga a pisar la araña
de codos enlazados
y las manos comiencen
a descoser las trenzas
o atravesar la piel de los tambores,
no os mováis.
Aunque os rompan las medias
y os arrastren
o sintáis escarbando bajo el cráneo
la vida, no os mováis.
El miedo es un payaso que os apunta
con una flor de plástico.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
ESTOY VOLVIENDO
González Saavedra – Argentina
Estoy volviendo
A la pluma y al tintero
A un papel blanco
Libre albedrio, a mi impronta
Para escribir, lo que siento.
Estoy volviendo
Entre vocablos y verbos
A dejar escritos mis sentimientos.
En relatos, recuerdos, poemas y cuentos
Para que mis letras caminen, por el universo.
He vuelto, sí.
Después de océanos de amor
y amargos desencuentros.
Primaveras e inviernos
Naturaleza viva y desierto
He vuelto, sí
Porque estoy vivo.
Sí, para los que me daban por muerto.
Entero, con mis botas puestas.
Haciendo frente a los vientos
Vuelvo…,
Porque así, lo siento.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
DÍA INTERNACIONAL DEL POETA
González Saavedra Carlos – Argentina
Hoy en el día internacional, del poeta
Debo confesarme:
A veces, juego con mis letras.
Lo hago para no volverme esclavo, de ellas.
Escribo poemas porque sé
Que en algún alma queda.
Para mis hijos ,escribí estas letras
Para que caminen la vida
Como gente Honesta,
Sin mentiras, en forma sincera.
Que den un apretón de manos, con fuerza
Mirando a los ojos
Que su palabra sea un bálsamo,
No una condena.
Que su sonrisa, quite la penas
Que ayuden a todos, los que puedan
Con abrazos, con caricias
La vida da vueltas y vueltas.
Que eduquen a sus hijos,
Si tienen suerte que formen familia
O que tengan pareja
Que al dormir tengan libre, la conciencia
No hagan suyas las frustraciones, de gente ajena.
Amen todo lo que puedan
Que es hermoso vivir tranquilo
Sin reproche ni pena
Libres
De discursos vacíos de hienas
En cualquier lugar que sea.
Que sean gente honesta, sensible, sincera
Esto es lo que me pasa,
Cuando me pongo ,a jugar con las letras.
En el día internacional del poeta.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
EL MAR Y LA VIDA
Gormley Elspeth – España
(poema clásico en endecasílabos con rima consonante)
I
El mar nos llama siempre a su frontera,
con voz de sal que nunca se desgasta.
Promete luz al alba marinera
y guarda sombras hondas en su casta.
II
La vida es mar que cambia cada día,
a veces calma, a veces desbordada.
Su pulso es ola azul que desafía,
su ley, volver a ser en cada nada.
III
En la niñez, el mar es pura espuma,
juego que nace limpio en la ribera.
Después, la juventud levanta bruma
y busca un horizonte en primavera.
IV
La edad madura es puerto que sostiene,
refugio fiel en medio de la marea.
Allí la vida aprende lo que tiene
y el mar nos habla más de lo que crea.
V
Y en la vejez, cuando el reloj se inclina
y el tiempo deja huellas en la arena,
renace un mar más claro que ilumina:
su voz es paz, su abrazo ya no suena.
VI
Porque al final la vida es solo un viaje,
y el mar, la eternidad que nos seduce.
Quien cruza el agua libre de equipaje
descubre al fin la luz que lo conduce.
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EL FUEGO
Hoyos Forero Jaime – Colombia
El fuego de tus besos me provoca
porque prende la fragua de Vulcano,
incendia el valle, la montaña, el llano…
¡y yo quiero apagarlo entre mi boca!
Ese fuego que quema cuanto toca
es el amor: Gigante soberano
que es caricia en el tacto de tu mano
y en tus brazos amantes, ansia loca.
Me excita el azabache de tu pelo
y el carbón que se enciende entre tus ojos,
igual que las estrellas en el cielo.
Cuando te das, tu cuerpo es vaso lleno
de ricos y embriagantes vinos rojos…
licor ardiente para el gozo pleno.
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A TLALCHAPA
Tierra Caliente.
Ibárez Solís Lamberto – México
Traigo el saludo costeño
en mis versos hechos flor;
traigo en mis manos amor;
traigo prendidos mis sueños.
Y mi palabra; la empeño
en esta Tierra Caliente
y levanto aquí mi frente
ante hermanos calentanos
y les ofrezco mi mano
que mi cuerpo entero siente.
Soy un amigo invitado
por un Maestro de Tlalchapa;
tal vez mis versos escapa
y les cause algún enfado.
Porque un amigo estimado
me invitó a venir aquí;
emocionado sentí,
conocer otras culturas
donde han nacido figuras
que en Tlalchapa conocí.
Es cuna de trovadores
de cantantes musicales;
bailadores a raudales
de a caballos y cantores.
De hembras a cuyos amores
algún día les trovaré
mis versos que declamé
a Enrique Rabiela Real
que parecía un vendaval
con su verbo que adoré.
El Maestro Arzate Rivera;
hijo de la Maestra China
hasta mi piel se me enchina
por su academia certera.
Parece que se pariera
el talento y las bondades;
repartidas sin maldades
para todos nuestros hijos;
mis versos son regocijos
a todas mis hermandades.
Por ello; dejo grabado
mi alta estima y gratitud;
prendidas de mi virtud
que mi Dios me ha regalado.
Estar hoy en vuestro poblado;
me llena de inmensa dicha;
sin temor y sin desdicha;
soy un hermano costeño
que traigo todo el empeño;
dar mi palabra predicha.
⋯ ✧⋯ ✧⋯
BENDITA POESIA
Liliana Lorán-Argentina
Bendita poesía que un día lejano,
sencilla, amorosa, llegaste hasta mí
entre oraciones que formando estrofas
siendo aún muy niña, me hablaron de ti
Te fui conociendo, despacio, sin prisa
leí tu palabra y en ella aprendí,
que decías verdades dulces o penosas
guardando en tus frases música sutil.
Descubrí en tus versos extensos o cortos
aromas, paisajes, sabores por mil,
y entre tus decires descubrí de pronto
todo el universo danzando ante mí.
Y te apoderaste de mi alma toda
te abracé de niña, contigo crecí,
en la adolescencia te canté gozosa
amores y llantos, con que amé o sufrí.
Asida a tu mano, hoy, ya mujer plena,
envuelves mi vida cual lluvia de abril,
esas que refrescan las sienes y el alma
y en tu sortilegio, me hundo feliz.
⋯ ✧⋯ ✧⋯
GLORIOSO TANGO ARGENTINO
Mangione Marga – Argentina
Tango dulce melodía
que en el alma se arrincona,
con gemido de bordona y quejas de bandoneón.
Primera y dulce canción que mi vieja me cantara,
en noches de luna clara,
o de oscura cerrazón.
Tango traviesa pirueta,
que nace desde la entraña,
y que a los pies acompaña, haciendo al cuerpo vibrar.
Hombre y mujer al bailar, de dos seres hacen uno,
pues de ese abrazo ninguno
puede consciente escapar.
Tango que nació en la esquina,
bajo un farol orillero,
conquistando al barrio entero, en noches de serenata.
Se lo bailó en alpargata, después llegó a los salones,
conquistando corazones,
vistiendo traje y corbata.
Tango viejo compañero
de mis horas desoladas,
en oscuras madrugadas, fuiste luz en mi camino.
Siempre alerta te imagino, para tenderme la mano,
vos sos mi guía y mi hermano,
¡glorioso tango argentino!
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
LLOVIZNA
Morelos Antonio – México
Bajo pertinaz llovizna
una tarde de verano,
vi llegar a una chiquilla
con un velito de mano,
que apenas su faz cubría,
caso raro muy extraño,
porque caía la llovizna
y nada le había mojado.
De enigmática sonrisa,
de un mirar cautivador,
muy cautelosa desliza
sus pasos sobre el vapor,
que la pertinaz llovizna
de húmedo viento formó,
aunque soplaba la brisa
ni un pelo de ella mojó.
Sonoro y claro tañir (tañer)
de una campana escuché,
al tañido yo quise ir,
más no supe donde fue
porque muy cerca de mi
y sin saberlo porqué,
la chiquilla esta allí
que solo yo podía ver.
Anacarado y muy fino
el pelo de esa chiquilla,
juguete del viento ha sido
aquella tarde tranquila,
que por azar del destino
no mojaba la llovizna,
aunque en su cara esparcido,
era linda la chiquilla.
Su voz al fin escuché
talvez mi imaginación,
pero me atreví a saber
si era real o era visión,
más no me pude mover,
fui presa de la emoción
y en aquel silencio fiel,
se fu como apareció.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
SOMOS NADA
Morelos Antonio – México
Soy el árbol que ofrece sombra fresca,
eres ave que anidas en mis ramas,
somos lluvia que hoy riega tierra seca,
somos aire también y somos nada.
Soy la estrella que alumbra tu camino
desde el bosque juncal a la montaña,
tú eres luna, eres sol, en mi destino,
somos noche de amor y somos nada.
Somos duna que habita los desiertos
que se muere esperando por el agua,
tú eres diosa que ofrece amor eterno,
somos todo en la vida y somos nada.
Eres vida, en mi vida, lo eres todo,
soy sonido, soy luz, soy tu alborada,
soy el campo que crece los abrojos,
somos tierra que pare y somos nada.
Eres letra que vaga por el mundo
destruyendo el dolor y la ignorancia,
soy la bala nefasta por segundos,
somos arte y cultura y somos nada.
Eres río con aguas cristalinas,
que sin ver el quien es, su sed apagas,
soy la lluvia que riega las colinas
somos trueno y temblor y somos nada.
Soy tiniebla, soy luz, soy destrucción,
eres fuego de amor que no se apaga,
que su entrega siempre es de corazón,
somos miedo y valor y somos nada.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
EL FUEGO MERECIDO
Reveco Graciela – Argentina
En conmemoración de Dante Alighieri
En la Divina Comedia
el Dante
atraviesa con la lira sus enmiendas
y no solo destraba los límites de la mujer cautiva
relegada a la presencia servil y de puerperio
sino que persigue el sentido de la vida
del amor
y allí, en lo más profundo del teatro
encuentra un purgatorio donde expiar las faltas
incita las lumbreras de un infierno desértico
para quemar las culpas
y desenredar la conciencia
cuando dice
“rompió el profundo sueño de mi mente
un gran trueno
de modo que cual hombre que la fuerza despierta
me repuse”
porque el alma humana es un retazo de tiempo
que se dobla y desdobla por las heridas que sangran
y necesita descifrar un pentagrama de consuelo
en cada palabra
en un lugar que destrabe el mutismo
de un Dios que brilla en el sagrario
y con el perdón que apague el fuego
«descendamos ahora al ciego mundo
-dice el poeta todo amortecido-
yo iré primero y tú vendrás detrás»
con el reflejo de arrugas en la frente
que libere la osadía del que clama
“y me dijo:
la angustia de las gentes que están aquí
en el rostro me ha pintado la lástima
que tú piensas que es miedo
vamos, que larga ruta nos espera»
caminar entre llamas y los estratos
de las suelas gastadas y el ocre de la hoguera
donde las cenizas no callan
“así me dijo y así me hizo entrar al primer cerco que el abismo ciñe
¿no me preguntas qué espíritus
son estos que estás viendo?
quiero que sepas
antes de seguir
que no pecaron
y aunque tengan méritos
no basta
pues están sin el bautismo
donde la fe en que crees
principio tiene”
y pretendo habitar su perspectiva
aceptar la constricción y la ausencia necesaria
según el precepto
los orígenes del óvulo que en el alma nace
con su axioma hacia el futuro
mientras la comedia dependa de la letra
y no termine en la última palada de la muerte
aunque la fosa permanezca abierta
y provoque otra proclama del artista
que atraviesa el infierno del purgatorio
solo para entender la vida
entonces, dice el Dante en su diatriba
“al cristianismo, fueron anteriores
y a Dios debidamente no adoraron
a estos tales, yo mismo pertenezco”
y como él
en las liturgias de cada Pascua concebida
con distintas banderas de un culto peregrino
todos pertenecemos
a una promesa de cruz y clavos
a un salmo que cada año desarruga su tiempo
y resucita del cielo a la tierra
de la tierra al cielo
por ese viaje que todos aguardamos
en la oscuridad y el silencio
mismo fuego del poeta en la comedia
divina comedia
infierno… que quizás nos merecemos.
⋯ ✧ ⋯ ✧ ⋯
EL LUGAR QUE TÚ OCUPAS
Sastre Elvira – España
Por suerte,
existes.
Y por suerte, también,
no solo existes,
sino que te colocas aquí,
justo al lado de todo lo que está lejos,
para estar cerca.
Y por suerte, aún más,
no solo existes
y te colocas aquí,
sino que es en ese exacto lugar
en el que me haces creer
que merezco habitarlo,
conocer los rincones que lo atajan
y saber mirarte también
cuando cierro los ojos.
Como un sueño.
Como el sueño que aparece
en el momento preciso
en el lugar que tú ocupas.
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AHORCAR EL TIEMPO
Terán Adriana –Poetisa Cálida
México/ Argentina.
D.R.A por el Tratado de Berna
Si he de ahorcar el tiempo
que sea…percibiendo la vida
gozando en armonía
respirando,palpitando,
distinguiendo el fluir sanguíneo.
Que sea…apreciando la naturaleza
con toda su riqueza:
sol radiante,aire envolvente,
perfume multifloral
escuchando el piar de aves.
Que sea…disfrutando
colores y contrastes:
azul celeste, verde pasto, café madera,
matices florales,
degustando afrodisíacos sabores.
Que sea…viendo redes de estirpe,
equinos, cabras,borregos,
pastando en gigantescas estancias
regados cómo peces en la Pampa
perdidos en el profundo horizonte plano.
Que sea…curcundada por islas de palomas,
patos, gallinas pintas,aves volando
o salpicadas en los parques.
Con una mariposa posada en mi mano
y Mía mi gata acostada a un lado.
Que sea…bajo el cielo algodonoso,
la jornada soleada,
paredones de aŕboles y plantas
multi variados en dimensiones y diseños.
Que sea…percibiendo las flores
qué embellecen,decoran,
alegrancasas, jardines, parques,campos y el mundo.
En gamas: rosa,durazno, lila,blanco,
amarillo, buganvilia,rojo,morado.
Que sea…sintiendo la brisa marina,
en los pies el agua del río,
lluvia cayendo cómo agua bendita
escuchando el sonar de los pasos,
el rodar de las llantas,sobre el pavimento mojado.
Que sea… disfrutando lo creado
por Dios y el hombre,
escuchando música clásica, boleros, pop y tangos,
cantos gregorianos, risas infantiles, la voz de tu amado,
todas las bellas artes,estando el día cálido o grisáceo.
Si he de ahorcar el tiempo
que sea experimentado la energía vital,
tomando fotos de postal,
no confinada intramuros,
dentro de una habitación:
obscura, glacial y pestilente.
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LA POESÍA Y LA GUERRA – MARZO
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Donde la guerra rompe, el poema recuerda.”
COLABORADORES – POESÍA Y GUERRA
*****…..*****
UN POEMA PARA TODOS LOS ROSTROS.
Alberganti Mirian – Argentina
En el silencio de la noche,
donde las estrellas brillan con luz,
un susurro se escucha, un llamado a la paz,
que resuena en el corazón de cada uno de nosotros.
En los ojos de los niños, donde la inocencia brilla,
se refleja la esperanza de un mundo mejor,
donde la guerra y el odio no tengan lugar,
y la paz sea el único lenguaje que se habla.
En el corazón de las madres, donde el amor es infinito,
se siente el dolor de cada lágrima derramada,
por los hijos que se van, por los sueños que se truncan,
y por la paz que se busca, pero no se encuentra.
En el alma de los pueblos, donde la libertad es un derecho,
se alza un clamor por la justicia y la igualdad,
por un mundo sin fronteras, sin armas ni violencia,
donde la paz sea el único camino a seguir.
En el silencio de la noche, donde todo parece quieto,
un susurro se escucha, un llamado a la paz,
que resuena en el corazón de cada uno de nosotros,
y nos recuerda que la paz es posible, si la buscamos.
En cada rostro, una historia, un dolor, un sueño,
un anhelo de paz, de amor y de comprensión,
un grito silencioso que clama por la paz,
y un corazón que late con la esperanza de un nuevo día.
En todos los rostros, una misma alma,
un mismo anhelo, un mismo corazón que late,
un llamado a la paz, a la compasión y al amor,
que resuena en cada uno de nosotros, sin excepción.
*****…..*****
UNA LUZ EN LOS TEJADOS
Blanco Inés – Luna de abril – Colombia
A los países
del mundo azotados
por la guerra.
Mi ciudad
se diluye.
Es agua
que inunda
el corazón vacío.
Todo ha caído;
hasta las campanas
guardan luto;
el silencio
es la guerra y
el dolor un llanto
que no termina.
Ni humanos
ni palomas
han hallado la paz,
que solo es
una sílaba
de sangre.
De nada
han valido
rezos, conjuros
y promesas;
el país se precipita,
agoniza entre bombas,
balas y fusiles;
la esperanza falleció
con los abuelos.
*****…..*****
GRITOS EN UN CERCANO MASHREQ
Bonora Matías – Argentina
Soy un torrente contenido
que, inoculado, se funde
con entrañas hermanadas.
Me abreva la tierra
cuando me convierte en cascada.
Soy como un dios empapado
que acaricia el reverso de las pieles
y me veo, al mismo tiempo,
solitario en altiplanos
con indígena sequedad
plasmando el lamento mestizo
de su atavismo.
Soy reflejo sin retrato,
remolino en cualquier parte.
Soy africano acribillado,
anglo obrero sajón que respira
el mismo oriental viento
de aquel que lo exhala
desde el ártico hacia el mar.
Soy cada vez un poco menos.
Me derramo en múltiples heridas,
desgarraduras espontáneas
sobre un inicuo universo que drena
mi existencia en sequía incesante.
Soy
apenas un recuerdo entre tantos ensayos
y cristales sin paternidades,
cuando el mundo no despierta,
todavía,
y me olvida
sin parapetos.
En esta oquedad
me hundo.
Y en esta inhabitable imprudencia
ya nadie me recuerda.
Y soy sangre vertida
en el vasto desierto
de un Edén olvidado,
avenado.
*****…..*****
PALABRAS
Camba María Elena – Argentina
Que broten palabras
y refresquen cual acequias
los pies desiertos de la tierra.
Que vuelen como mariposas
multicolores de flor en flor
y como caricias traigan música
al oído sordo del hombre.
Palabras con alas que pidan
paz , amor, tolerancia
Certeras, veraces
para afirmar principios.
universales y únicas.
Palabras conciliadoras
que derriben absurdas barreras.
Palabras escucha
para comprender al otro.
Palabras gestos,
palabras caricias,
palabras puente.
Palabras sueltas al viento
que recorran el mundo,
que sanen tanto dolor,
que abriguen al desposeído.
Que atesoren historias,
que no repitan errores,
que canten canciones de cuna
a nuestros niños huérfanos
de tanto amor olvidado.
Palabras que calmen la sed
y el hambre de los necesitados.
Palabras de recuerdo
a nuestros muertos
que se fueron sin adioses.
Palabras puentes, palomas,
verdad, justicia, misericordia
y amor, mucho amor.
Dios, danos esas palabras
para este mundo enmudecido
*****…..*****
PROCLAMA
Camba Maria Elena – Argentina
En todos lados igual,
rosas clandestinas
siembran muerte.
Siempre más inocentes,
víctimas sin victimarios.
Tanta inocencia
dormida entre escombros,
Tanta vida trunca
por aquellos que destruyen
en vez de construir.
Los que educan
niños para la guerra
Los que transforman
ideales en violencia,
justicia en injusticia,
rebeldía en venganza
Hoy mi poema es ballesta
contra la guerra,
contra el terrorismo,
contra la violencia,
contra la impunidad..
Hoy mi poema es plegaria
por todas esas madres
que claman por sus hijos
a los que les quitaron los sueños
a quienes cercenaron su vuelo.
Es emblema de paz y armonía,
es rosario, oración de alabanza
por tantas víctimas inocentes,
por todos los caídos.
Es alegato y proclama
por concordia, por justicia,
por la esperanza.
de un mundo en paz
*****…..*****
SU DIOSA
Díaz Castro Enrique Fredy – México
Pese a ser una absurda
y fatal calamidad,.
desde que a ras del mundo
vive la humanidad,
Pese a ser mensajera
de muerte y destrucción,
la leña de la hoguera
de la desolación…
Pese a ser promotora
del dolor en la tierra,
hay cobardes que adoran
a su diosa la guerra.
No les importa el llanto
de miles de inocentes,
horfandad y quebranto
que siembran indolentes,
De las armas negocios
traman por todo el orbe,
fabricándose socios,
pisoteando al que estorbe.
Y el ejemplo está ahora:
muchos se benefician;
son las televisoras
maquillando noticias.
Su propósito es claro,
descarado y profundo,
hacia quien ha dictado
las leyes en el mundo.
La ONU es el esclavo
del ruin imperialismo,
mientras hunden los clavos
a golpes de cinismo.
Les llaman terroristas
a quienes se defienden.
del invasor fascista
que a la paz tanto ofende.
Convierten en aliados
a esos que los alaban,
frágiles agachados
a órdenes dictadas.
Hoy la paz es falacia
al capricho amarrada,
mientras con cruel audacia
preparan la estocada.
Pandemias construyeron
y conflictos mundiales,
y el fantasma del miedo,
vocero es de sus males…
*****…..*****
OJALÁ DEJEMOS UN MUNDO DIFERENTE
González Saavedra Carlos – Argentina
Ojalá dejemos un mundo diferente
Donde no haya indigentes
Donde sobre comida para la gente
Donde haya salud y no se enferme la gente
Ojalá dejemos un mundo
Donde nadie este deambulando sin sentido
Sumidos en vasos de aguardiente
Ojalá dejemos un mundo
Sin guerras permanentes
Con aguas cristalinas
Bosques sin fuegos
Nieves eternas
Valles colmados de flores
Ojalá dejemos un mundo
Donde se divierta la gente
Donde la felicidad nos gobierne
Donde el único propósito
Sea amar al prójimo
Tener calidez y ser buena gente.
*****…..*****
EN MEDIO DEL RUIDO
Gormley Elspeth – España
La guerra es una ciudad oliendo a sangre,
un eco que se queda pegado a las paredes
aunque ya no queden paredes.
Es un niño vagando solo,
porque perdió a sus padres
antes de aprender a pronunciar su nombre.
Es una fila interminable de refugiados
que caminan sin saber
si algún día volverán a tener un hogar.
La guerra son vidas destrozadas
por decisiones tomadas lejos,
muy lejos,
en despachos donde nadie sangra.
Los que la lanzan permanecen indemnes,
a salvo en sus casas,
mientras envían a otros a morir.
Y uno se pregunta:
si tanto la desean,
¿por qué no van ellos?
Pero incluso en medio del ruido,
hay manos que escriben,
voces que resisten,
corazones que se niegan a aceptar
que la destrucción sea destino.
Quizá no podamos detener la guerra,
pero sí podemos recordar al mundo
que la paz empieza en cada gesto,
en cada palabra que elige sanar
en lugar de herir.
*****…..*****
LA GUERRA
Ibarez Solís Lamberto – México.
Hoy los pueblos poderosos,
codiciados por ambición;
asesinan a los niños,
sin ninguna compasión.
Su objetivo es conquistar
sus terrenos y riquezas;
así al mundo dominar
y que habiten las pobrezas.
El petróleo y tierras raras
a fuego de los misiles
y matando a tantos niños
con infames proyectiles.
El pez más grande devora;
al pez pequeño he indefenso
con ataques despiadados
y cañones como inciensos.
La guerra trabaja diaria;
días y noches enteras;
solo deja los escombros,
enmedio de tolvaneras.
¡Ay de los campos minados!
Esparcidos por doquier
donde siembran explosivos;
explotados en sus pies.
Huyen familias enteras,
dejando casas, ganado;
sus pedazos de viviendas
que con su sangre han pagado.
La guerra corre implacable;
enviada por siete plagas,
del apocalipsis que viene,
matando como las dagas.
Guerras: civiles, nucleares,
guerrillas y comerciales
que matan de hambre a los pueblos;
guerras torpes y banales.
¡Ay vientos de la concordia!
Desarmen a todo el mundo
para no matar a niños
y mueran en inframundo.
Poetas del todo el orbe;
afilen sus plumas finas
y con sus versos protesten
de la masacre asesina.
*****…..*****
LA GUERRA
Jaramillo Diego Carlos – México
Eres un conflicto armado que rompe la paz,
causas devastación, muerte y destrucción
entre dos o más naciones, entre sus fuerzas,
eres luchada por jóvenes sin maldad, sin agresión.
Combatir por una investigación, es honrar a la patria,
es bello luchar por demostrar tus competencias,
dejando la huella de tu paso en la trinchera,
teniendo la luz del conocimiento como arma.
hoy no entiendo un himno nacional de violencia,
que incita al hombre a tomar el acero y el bridón,
hoy no, porque son tiempos de paz y de concordia,
no de conflicto armado entre naciones y rugir de cañón.
Luchemos por los derechos humanos, no por poder político,
no por el control territorial, o por recursos no renovables,
basta de pérdidas humanas y desplazamiento urbano,
no más al conflicto armado internacional y hostilidades.
Basta de corridos bélicos, basta de narcocultura y su estilo,
no más guerra por economía sentada en el ego y el poder,
rompamos hostilidades con dialogo, no con declaración de guerra
“viva la paz entre hermanos, y borremos lagrimas lloradas”, a n i m o.
Chilpancingo, Gro; a 18 de marzo de 2026.
*****…..*****
SUEÑO ANHELADO
Mangione Marga – Argentina
Es la PAZ sueño anhelado,
desde que el mundo ha nacido,
pero viejos acaecidos,
y modernas ambiciones,
quebraron las relaciones,
por mezquinos intereses
y hoy el mundo se estremece,
sin hallar las soluciones.
Hay en algunas naciones,
hombres necios y sin alma,
que al mundo roban la calma,
con sus luchas intestinas.
Entre sus odios e inquinas,
involucran al ajeno,
y le inyectan su veneno,
con palabras anodinas.
¡Retóricas bizantinas,
que no sirven para nada,
pues si la PAZ es ahogada,
nos someterá la guerra!
Cruel monstruo que nos aterra,
y nos quita la esperanza,
falta total de bonanza,
que la alegría destierra.
¿No nos enseñó el Señor,
con Consignas y Sermones,
dándonos sus bendiciones,
el amor entre los hombres?
¿No habló ante las muchedumbres,
con Parábolas geniales,
relatándonos los males,
de esas absurdas costumbres?
¿Por qué duda e incertidumbres,
tiene en su mente el humano?
Olvidando que es su hermano,
al que en la guerra ha matado.
Cuando un pueblo es arrasado,
en medio de bombardeos,
¡hipócritas fariseos,
se burlan del derrotado!
Si todos queremos PAZ,
unámonos en un grito,
con el coraje bendito,
que Dios nos hubo brindado.
Si no nos está vedado,
manifestar sentimientos,
dejemos nuestros lamentos,
y olvidemos el pasado.
La PAZ sentimiento honrado,
que purifica al humano,
si no se mata al hermano,
por la tierra ha de esparcirse.
Nadie jamás ha de hundirse,
en el mal y la violencia,
sólo se usará la ciencia,
para luchar por el bien,
y el mundo será un edén,
lleno de amor y paciencia.
*****…..*****
L
GENTE DE PAZ Y ARMONIA
Mangione Marga – Argentina
La guerra ha abierto sus fauces
escupiendo proyectiles,
destruye todo en sus causes,
cuando lanza sus misiles.
Cauces de rotos caminos
por donde pasa la angustia,
arrinconando destinos,
dejando la vida mustia.
Destinos que son truncados
por la ambición desmedida,
de hombres que mandan soldados,
sin complicarse la vida.
Soldados que van muriendo
siempre por causas ajenas,
creyendo estar defendiendo,
a patriotas, que son hienas.
Defendiendo a esos jerarcas
que han pactado antes la guerra,
y van dejando sus marcas,
en los pueblos de la tierra.
Marcas en tantas ciudades
con monumentos valiosos,
del hombre y sus vanidades,
que hoy caen por sus destrozos.
Vanidades por medirse
en batallas infernales,
siempre negando rendirse,
sin medir tamaños males.
Rendirse evita las muertes
de miles de ciudadanos,
que dejan cuerpos inertes,
por causa de estos villanos.
Inertes debieran estar
decenas de religiones,
si por ellas hay que matar,
al que tenga otras visiones.
Matar dentro de la mente
al odio racial que lleva,
a eliminar tanta gente,
con frialdad que subleva.
¡Gente que debe ser libre
porque así ha nacido un día,
sin balas de algún calibre,
viviendo en PAZ y ARMONÍA!
*****…..*****
ENEMIGOS
Petrone Sarah – Argentina
No sé si estás con vida todavía,
si estás de pie detrás de las trincheras,
oculta como estoy, en el refugio
muero de dolor porque te quiero.
Inmersos en distintos pensamientos
cada lamento que escapa de mi boca
atraviesa la distancia que trastoca
mi casa de la tuya, en la frontera.
La loca sinrazón de la inconsciencia
pone su esencia al pie de una metralla
y tengo que vivir con la nostalgia
de amar a mi enemigo, en esta guerra.
Culpables por habernos conocido
en medio de intereses diferentes,
pongo a Dios por testigo, solamente,
y te envío mi corazón envuelto en pena.
No hablamos de traición ni juramentos,
soldados de la vida, simplemente
dejo a tu pies mi fusil para que entiendas
que me rindo por amor, porque te quiero.
*****…..*****
MADRES DEL SILENCIO
Petrone Sarah – Argentina
Tantos esfuerzos, mujer, tantos abrazos,
tanto amor por compartir con sacrificio
cuidando del fruto que gestaste
para darlo con dolor y sin permiso.
Lo arrebataron de tus brazos. No pudiste
impedir que se perdiera tu legado,
el niño que pariste se ha marchado
a pelear por una guerra que no es justa.
El mundo de lo injusto ha devastado
el tiempo del amor, que ya no existe
y ves sin comprender, que no pudiste
detenerlo, ni tampoco acompañarlo.
Nadie en el mundo, ha reparado
en el dolor de las madres, que en silencio
lloran sin lágrimas a los hijos que en su ausencia
se pierden en la vorágine del mundo.
*****…..*****
¿QUÉ LE DIGO A MI PEQUEÑA?
Tugores Yanni – Uruguay
¿Qué es la paz?
Pregunta mi pequeña.
Es donde aparece el viento
y las flores acaricia.
Es donde el río murmura.
Donde germinan semillas.
La paz… es danza serena
donde todo se origina.
Es llevarte hasta la plaza
y oír tus gritos y risas.
Es una hoguera de leños
y alrededor, la familia.
Es abrazarte, apretarte
estar unido a otra vida.
Contemplar la luz del mundo
sin padecer agonías.
Entonces -¿Dime mamá?
¿Por qué hay millones de niños
que se mueren en las guerras?
Me cubre un gran manto gris
en su voz que me resuena.
Yo no sé qué contestarle
de por qué existen las guerras.
Del por qué sus madres lloran
mientras sus muertes esperan.
Y la historia se repite
de soledad y tristeza.
Mientras ella tiene todo
las demás, temen y tiemblan.
¡Qué le contesto a mi niña!
Si su mirada me quema.
Ojitos interrogantes
yo no tengo las respuestas.
¡Oh, mi Dios!
¿Dónde te has ido?
Qué le digo a mi pequeña.
Es que acaso no la escuchas.
Ella vive en plena paz
y yo te pregunto ahora…
¿Por qué hay niños en las guerras?
*****…..*****
LAS ALAS DE LAS PALABRAS
Tugores Yanni – Uruguay
La tierra tiembla
bajo el estruendo de las bombas.
El horizonte se tiñe
de púrpura y negro.
Las voces se convierten
en guerreros silenciosos.
Las lágrimas caen
como lluvia ácida.
Los campos se marchitan
y no hay amores danzando.
La memoria no existe.
Las historias se pierden.
Los ideales mueren.
Tambores de acero
forjados tras la batalla
con corazones yertos.
Nubes de guerra
ocultan nuestros muertos.
Auroras de cenizas
corren sobre nuestra cabeza.
El sol se oculta
tras nubarrones de guerra.
Un niño corre entre los escombros.
Se agacha y observa.
Una flor tímida
se yergue en el suelo.
Trata de enraizarse en la tierra
de brotar entre las ruinas.
El viento susurra
un eco de paz.
¿Será posible?
Los pocos árboles en pie
se mecen.
Sus hojas nos cuentan
historias de lo que fue.
El horizonte
nos regala una sonrisa.
El río que fluyó púrpura
ahora es cristalino y puro.
Las aves surcan cielos
limpios de estruendos.
Las manos se entrelazan
aun sin conocerse.
Tejen puentes de vida,
de esperanza, de ilusión.
La paz, no es un destino.
Es el camino que trazamos
con estas alas privilegiadas;
las alas de las palabras.
*****…..*****
CRÓNICAS Y ENSAYOS – MARZO
Nota editorial: Todos los contenidos están protegidos por la legislación española de Propiedad Intelectual y por los derechos de sus autores. Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página.
“Miradas que analizan. Voces que cuestionan.”
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COLABORADORES- CRÓNICAS Y ENSAYOS
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CUANDO EL VIENTO HABLE – ÁNGELA BANZAS
Alberdi Maren – España
Hay libros que no se leen: se escuchan. Cuando el viento hable, de Ángela Banzas, pertenece a esa categoría de historias que parecen llegar desde un lugar más antiguo que la memoria, como si alguien —o algo— susurrara desde detrás de los árboles. Quizá por eso el viento es el verdadero hilo conductor de esta novela: no sopla, habla. Y cuando habla, lo hace para recordar lo que las familias llevan generaciones intentando callar.
Lo que más me atrapó desde el principio es esa sensación de que la autora no escribe solo una trama, sino un eco. Un eco de mujeres, de silencios heredados, de heridas que no se nombran pero que se transmiten igual que el color de los ojos. En esta historia, las mujeres no son solo personajes: son raíces. Son memoria. Son las que sostienen el mundo mientras los demás miran hacia otro lado.
Ángela Banzas construye una Galicia que no es decorado, sino presencia. La lluvia cae como si quisiera limpiar algo más que los caminos; la tierra guarda secretos con la paciencia de quien ha visto demasiadas vidas pasar; y el viento… el viento es el mensajero incómodo que insiste en que la verdad, tarde o temprano, encuentra una rendija para salir. Esa Galicia húmeda, casi mística, se convierte en un personaje más, uno que respira, observa y empuja.
Pero lo que realmente conmueve es la forma en que la novela aborda los secretos familiares. No desde el morbo, sino desde la humanidad. Todos sabemos —porque lo hemos vivido, lo hemos visto o lo hemos intuido— que hay cosas que en las familias no se dicen. Se guardan. Se esconden. Se tapan con frases hechas, con silencios largos, con miradas que cambian de dirección. Y sin embargo, esos silencios pesan. Condicionan. Marcan. La novela lo muestra con una delicadeza que duele: lo no dicho puede moldear una vida entera.
Las mujeres de esta historia cargan con ese peso. No desde el victimismo, sino desde la resistencia silenciosa. Son mujeres que protegen, que callan, que intuyen, que sostienen. Y también son mujeres que, llegado el momento, deciden hablar. Porque llega un punto en que el silencio ya no protege: asfixia. Y entonces el viento —ese viento que todo lo sabe— se convierte en aliado.
Hay algo profundamente humano en la búsqueda de identidad que atraviesa la novela. No es solo una investigación del pasado: es un intento de entender quién se es, de dónde se viene y qué parte de la vida pertenece realmente a uno mismo y no a las sombras heredadas. La verdad, cuando aparece, no siempre consuela. Pero libera. Y esa liberación, aunque duela, es necesaria.
Cuando el viento hable es, al final, un acto de memoria. Una invitación a escuchar lo que llevamos demasiado tiempo evitando. Una historia que nos recuerda que la verdad no destruye: repara. Que el pasado no es un enemigo, sino una raíz. Y que a veces basta con detenerse, cerrar los ojos y dejar que el viento hable para entender por fin lo que siempre estuvo ahí, esperando ser escuchado.
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KOSOVO
Gormley Elspeth – España
Crónica de un viaje. Donde la gente sostiene lo que la historia rompió
Hace ocho años viajé a Kosovo. No sabía que aquel lugar, pequeño en el mapa, iba a dejar una huella tan grande. Hay ciudades que se muestran enseguida, y otras que te obligan a mirar más despacio. Kosovo pertenece a las segundas.
Una parte de la ciudad aún olía a guerra, a humo antiguo, a paredes que habían visto demasiado. La otra parte respiraba distinto: más ligera, más abierta, como si intentara avanzar sin olvidar. Ese contraste no estaba solo en las calles: estaba en la gente.
Mientras mis acompañantes se fueron a recorrer la ciudad, yo preferí quedarme sola en el centro. A veces, para entender un lugar, hay que quedarse quieta. Y fue en esa quietud donde apareció lo esencial.
Allí conocí a un sacerdote que hablaba español. No fue casualidad: fue uno de esos encuentros que parecen colocados en el camino para abrir una puerta. Me habló de la ciudad, sí, pero sobre todo me habló de su gente. De los que resistieron. De los que perdieron. De los que reconstruyeron con las manos lo que la historia había roto. De los que siguen ahí, día tras día, sin hacer ruido, sosteniendo la vida como pueden.
En Kosovo, la guerra no es un recuerdo lejano: es una sombra que convive con la luz. Y aun así, la gente no se rinde. Hay una dignidad silenciosa en sus gestos, una fuerza que no necesita explicarse. No es heroísmo; es supervivencia. Es seguir adelante porque no hay otra opción.
La Catedral de la Madre Teresa: un refugio en medio del contraste
El sacerdote me llevó a la Catedral de la Madre Teresa, un lugar que no impresiona por su tamaño, sino por su significado. Allí, en medio de una ciudad marcada por la fractura, la catedral se levanta como un espacio de calma. Su interior es luminoso, sobrio, casi desnudo. No busca deslumbrar: busca ofrecer un respiro.
Me explicó que la catedral no es solo un templo: es un símbolo. Un recordatorio de que incluso en los territorios más heridos, el arte y la fe pueden abrir un hueco para la esperanza. Un lugar donde cualquiera puede entrar, sentarse y respirar, aunque sea por un momento.
La gente: el verdadero paisaje de Kosovo
Podría hablar del Cañón de Rugova, de los monasterios medievales, de las montañas que rodean Peja. Pero lo que más recuerdo de Kosovo no son sus paisajes, sino su gente.
Gente que ha visto caer su mundo y aun así sigue levantándose. Gente que perdió familiares, casas, certezas, y aun así conserva una forma de amabilidad que desarma. Gente que no olvida, pero tampoco se queda atrapada en el pasado. Gente que vive, simplemente vive, con una fuerza que no se aprende en ningún libro.
Kosovo me enseñó que hay lugares donde la historia pesa, pero la gente pesa más. Que incluso en las ciudades partidas, la vida encuentra su manera de avanzar. Y que a veces basta un encuentro inesperado —un sacerdote, una conversación, una mirada— para descubrir que el alma de un país no está en sus monumentos, sino en quienes lo habitan.
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SALAMBÓ O LA GUERRA
Páez Escobar Gustavo – Colombia
Gustavo Flaubert, novelista de imaginación portentosa, muerto el 8 de mayo de 1880, no escribió sólo para su tiempo, en el que suscitó ardorosas polémicas, sino que creó una obra de proyección imperecedera. Salambó, escrita a continuación de Madame Bovary, es el arquetipo de la novela histórica. En la primera describe con gran realismo la tragedia del hombre, tomando como pretexto los arrebatos y la sensualidad de una amante impetuosa, y en la segunda, con fondo violento, pinta el drama de la guerra. Puede pensarse que Salambó, una especie de diosa humana incrustada en la historia de Cartago, es la metamorfosis de Emma Bovary, la heroína de una miserable aldea francesa.
Salambó será la mejor referencia de Cartago la guerrera, una de las capitales más famosas del mundo antiguo, que buscó ser dueña del planeta, al igual que Roma, su enemiga indomable. Cartago, dueña del mar y cuna de fieros combatientes, para defender su territorio y atacar al enemigo adiestró temibles ejércitos y armó poderosas flotas marítimas. Tenía que ser grande, aun destruida, porque nació para ser colosal. Amílcar Barca, amo violento y forjado para la guerra, que nunca retrocedía, de no ser para volver a embestir, es la personificación del valor, de la furia humana. Muerto él, aparece su hijo Aníbal, otro bravo de la historia, con vocación de héroe, que solo de nueve años había jurado ante los altars de su patria que nunca dejaría de odiar a Roma.
Las guerras púnicas
Aníbal es el hombre prudente y valeroso, sagaz y calculador. Se trata del mayor estratega del mundo en todos los tiempos. Con solo 25 años de edad se pone al frente de los suyos y se lanza a las guerras del horror y la esclavitud, las famosas guerras púnicas, de nunca acabar, como que la primera duraría 23 años. Es el genio militar por excelencia a quien nadie había superado. Cartago, amurallada e inexpugnable, con 700.000 habitantes que vivían en función de guerrear, desafía el ímpetu del enemigo y se sostiene como capitana del mar, altiva y desdeñosa. Si al fin cae dominada tras largas sangrías de parte y parte, también termina con ella el imperio y nace la leyenda. Y Aníbal, que no había nacido para ser dominado, apura el veneno que portaba como solución de última hora.
Sobre las ruinas de Cartago escribió Flaubert su novela monumental. Y esto no es sólo una figura. Primero se entregó a vastas y minuciosas investigaciones, se metió entre archivos confusos y contradictorios, y luego se fue, como investigador inconforme, a los propios escombros, todavía humeantes, a oler la historia misma. Consultó a tratadistas, pulsó la historia, escudriñó el paisaje y la época, y solo después de muchos años y de profundas meditaciones puso sobre el papel la primera palabra de su obra gigante, cuando estaba seguro de poder ambientar aquel formidable drama humano.
¿Mujer o diosa?
Cartago se volvió una obsesión para Flaubert. Su pluma logró plasmar los hechos no tanto como el arqueólogo que destapa piedra por piedra en busca de vestigios humanos, sino como el artista consumado que llega más lejos al poder fabricar un ambiente. Entendidos los contornos de aquel cuadro fabuloso, el novelista se imagina la intensidad del momento histórico y crea a Salambó como la protagonista sublime que estimula apetitos y desencadena batallas. No se sabe si es mujer o es diosa, y acaso esa misma mitología contribuye a suponer a Cartago como un eco fantástico, por más turbulencia que haya caído en sus entrañas. En célebre polémica sostenida con Sainte-Beuve, le dice Flaubert: «Creo realmente haber hecho algo que se parece a lo que debió ser Cartago». Es más: no se podrá comprender hoy la historia de Cartago sin leer Salambó. Tampoco se entenderá la revolución rusa sin leer a sus novelistas, ni se captará la historia de Francia sin las novelas de la época.
Salambó es un cuadro histórico, más que la historia misma. Es el nombre de una batalla, de muchas batallas. Cuando se quiera saber quiénes eran los bárbaros, y qué significaban los ejércitos mercenarios, y por qué los pueblos antiguos eran aguerridos, con su fondo de torturas, de niños sacrificados, de esclavos pisoteados, de mujeres ultrajadas, será preciso leer Salambó. El autor, que al propio tiempo es paisajista y sicólogo, historiador y poeta, y esencialmente artista, recoge las costumbres, las creencias religiosas, el respeto a los dioses y la exageración de los mitos, o sea, el alma del pueblo, para novelarnos la época. Con gran precisión señala a cada cosa por su nombre, en tarea de envidiable penetración. Las armas, los arreos militares, los usos y estilos, todo tiene maravillosa identidad.
Pintura de la época
Y por encima de todo está la época. Ejércitos temibles que vuelan por las montañas, arremeten en las encrucijadas y derrotan al enemigo; maniobras navales que hacen encrespar los mares; camellos amaestrados que rompen distancias y aplastan al adversario: he ahí la fiereza del hombre cuando se vuelve huracanado. Los dioses empujaban a la guerra y esta se convertía en un grito de la sangre. Las ciudades se levantaban sobre hitos de grandeza. Los hombres, templados en el valor, ofrendaban a sus dioses con el sacrificio de sus arterias. Salambó, la hija de Amílcar, surge sobre este panorama como la impoluta deidad a la que se respeta y se ama, se teme y se desea. Es la diosa de carnes voluptuosas, de grandes ojos tranquilos, de apetencias ocultas, que acaso por su misma sublime categoría vive alejada de los placeres, entre perfumes y gasas relajantes, y cuya existencia discurre en medio de abstinencias, ayunos y purificaciones, como la virgen asombrosa a quien el pueblo quiere incontaminada. Pero ella siente sus soledades, sin conseguir dominar los ímpetus de la carne, cada vez más intranquilos. Apenas la cuidan y la miman la esclava solícita y la serpiente sensual, pitón inofensivo que le transmite voluptuosidad.
Epopeya del amor
El velo que el bárbaro Matho, su enamorado, roba a la diosa Rabbet ante los ojos atónitos de Salambó, agitará la vida de la ciudad porque los dioses no pueden ser despojados de sus sagradas vestiduras. Ese velo, emblema de la fe del pueblo adorador de sus ídolos, será su castigo si no aparece. El propio Amílcar lanza sobre su hija una maldición, y ella, que no ignora las astucias de la mujer, termina rescatándolo, pero al costo de su virginidad. Entrega colérica, clamorosa como la voz misma del pueblo que no se resigna a la desprotección de los dioses. Salambó es una batalla, y no sólo de ejércitos, sino también de la conciencia. Esta mujer fulgurante, otra madame Bovary transplantada a escenario distinto, se alza sobre la historia de Cartago y de la humanidad entera como faro luminoso. Ama y odia, como las grandes heroínas. Sufre. A su vista se despedaza el pueblo y en sus oídos retumba el clamor de la guerra. Ella lleva en su pecho otro eco, el de la venganza, que no logra consumar hasta la saciedad que la enardecía, porque el amor es más potente. El amor puede ser un solo instante, una mirada o un pensamiento, como lo consagra esta obra cumbre que termina escribiéndole a la historia, en el rescoldo de las pasiones bélicas, un intenso drama del alma. Es la epopeya del amor, que se hace más grande sobre el conflicto de la guerra.
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ARTÍCULOS – MARZO
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“Miradas que profundizan. Voces que interpretan.”
COLABORADORES – ARTÍCULOS
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EL VATICANO
Domínguez Iñigo – Italia
Roma y el Vaticano hacen el vacío a los sermones de Peter Thiel sobre la llegada del anticristo
El dueño de Palantir, mentor de J. D. Vance y gurú ultra tecnológico, imparte un seminario en Roma entre la indiferencia de la política y la irritación de la Santa Sede
Presentarse en Roma, a dos pasos del Vaticano, para anunciar la llegada del anticristo es una empresa ambiciosa incluso para Peter Thiel, magnate de Silicon Valley, dueño de Palantir y gurú de la ultraderecha estadounidense. Tras sus charlas exclusivas en San Francisco y Tokio, aterrizó en la capital italiana para un seminario secreto de cuatro días —El Anticristo bíblico— con la intención de seducir a las élites. Pero Roma, lejos de rendirse al espectáculo, le ha hecho el vacío. De tan exclusivo, el evento ha acabado pareciendo una reunión de apestados.
La política italiana ha huido en estampida: con la guerra en Irán y un referéndum decisivo a la vuelta de la esquina, nadie quiere fotos con un visionario trumpista que anuncia el apocalipsis. Meloni atraviesa uno de sus peores momentos y no está para iluminados. Y aunque Palantir sea un actor clave en la seguridad estadounidense, eso no basta para abrir puertas estos días.
Thiel, que se considera filósofo y profeta, defiende que la libertad es incompatible con la democracia y que una élite tecnológica deberá dirigir el mundo tras vencer a la globalización y la inmigración. Ya tuvo un pie en la Casa Blanca de Trump y ahora cuenta con la cercanía del vicepresidente J. D. Vance. En Roma promete revelar quién es el anticristo el último día; de momento solo ha insinuado que Greta Thunberg sería uno de sus legionarios.
El Vaticano tampoco ha disimulado su irritación. Ve en Thiel una intromisión del ultracristianismo made in USA, empeñado en influir en la Santa Sede. El Papa, sin citarlo, lanzó un dardo el mismo día del inicio del seminario: “Dios no puede ser reclutado por las tinieblas”. Para Thiel, León XIV es un “Papa woke”, sobre todo por sus advertencias sobre la inteligencia artificial, el fetiche del magnate.
El secretismo del evento no impidió que se filtrara su ubicación: el palacio Taverna. El primer día solo aparecieron figuras menores de Hermanos de Italia y la Liga. Ni rastro de altos cargos. Hubo incluso misa en latín en un templo tradicionalista, aunque Thiel no se dignó a asistir. La anfitriona fue la asociación ultraconservadora Vincenzo Gioberti, después de que se desmintieran rumores sobre la participación de instituciones pontificias.
Roma, en suma, ha preferido mirar hacia otro lado. Ni la política ni la Iglesia han querido avalar a un profeta tecnológico que llega anunciando el fin del mundo y buscando discípulos. Esta vez, su aura de exclusividad ha funcionado justo al revés.
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TAMALITOS DE LOROCO
Corado Ilka Oliva – Estados Unidos
El anuncio de la tormenta invernal hizo que la gente corriera a los supermercados a abastecerse, Lupita no fue la excepción. Compró lo habitual, sus verduras para sus ensaladas, arroz, dos libras de costilla porque el caldo no puede faltar en los días de tormenta, pan dulce porque no podría tomar café sin su pedazo de pan al lado. El otro día hizo sopa de lentejas con espinaca y también tortitas de carne con berro, no le gusta cómo luce la acelga en ese lugar, apagada y sus hojas marchitas, no le dan ganas de cocinarla así. Porque para ella la memoria de las hojas de acelga tiene la frescura de la tierra fértil de la aldea El Calvario, donde creció.
Ya lleva todo en la canasta, su piña que parte en rodajas y las cáscaras que las pone a hervir con canela y pasa tomando el agua como té durante la nevada. En la tormenta pasada le dio por hacer pan, se discutió unos panes galanes que hacen en su aldea para Semana Santa. Aunque claro, un horno de estufa jamás tendrá parecido con el horno de leña en el patio de la casa de su infancia. No están sus hermanas, ni su mamá ni su abuela, no están las tías, no tiene a quién preguntarle cuánto de sal, si la masa ya está en su punto, o si el horno necesita más leña, pero hacer el pan la hace mantener la memoria viva de las tardes bañadas de luz que espera que un día conozcan sus hijos, cuando los tenga, porque quiere tener cuatro.
Va buscando los tamalitos de elote que llegan congelados desde El Salvador, se los come con leche, como en su infancia. Aunque a veces también se los come con crema y queso fresco. Cuando hace atol de elote le toca echarle un poco se harina de máiz o maicena, porque se le corta porque los elotes están muy tiernos, pero no hay cómo conseguirlos más sazones. El atol le gusta dejarlo cuajar y al siguiente día cortarlo con leche, como lo hacía su abuela porque así le enseñó su abuela a hacerlo.
Abre el congelador y agarra la bolsa de seis tamales, si comprara la de veinticuatro no tendría dónde ponerla. Enfrente están los congeladores llenos de frutas, hojas y comida que llega desde toda Latinoamérica. Siempre se encuentra las bolsas de jocote rojo de febrero que cuestan un ojo de la cara, un ojo de la cara a cambio de doce jocotes por bolsa. Es un crimen, siempre alega con ella misma, lo mismo del precio de los tamales de elote. Si le contara a su abuela lo que cuesta el manojo de las hojas de banano le diría que se regrese inmediatamente, que qué anda haciendo tan lejos buscando lo que no ha perdido.
La historia de Lupita es como la de muchas adolescentes que creen estar enamoradas perdidamente y que en la efervescencia de la alucinación dejan todo atrás siguiendo al que más tarde les va a desdichar la vida. No lo supo ver con dieciséis años, solo pensó que junto a su novio podrían hacer una vida juntos lejos de todos, porque nadie aceptaba su relación con un hombre de cuarenta y seis, separado y con seis hijos. Ahora que tiene veinticinco y después de haber vivido nueve años con un alcohólico violento que le pegaba todos los días entiende por qué su familia se oponía. Se escapó con él y no dio tiempo a que lo metieran preso por abusador de menores.
Recién lo acaba de dejar y renta un estudio con un balcón que tiene como vista la pared de atrás de un edificio de cincuenta apartamentos. Sabe que se reconstruirá, que podrá ponerse de pie y que continuará caminando, conociendo, experimentando y dándose la oportunidad de respirar con calma y en paz. Ahora está aprendiendo poco a poco lo que es el amor propio, lo que significa disfrutar de su propia compañía, su ser interior, de la inmensidad de sus sueños y a cuidarse como cuidaba las flores del jardín en la casa de su infancia. Porque es un crisantemo, se dice siempre cuando se ve al espejo. Los crisantemos dobles que sembraba en los surcos de la parcela de sus padres a los que cuidaba con dedicación y ternura.
Junto a las bolsas de jocotes encuentra recién llegadas las bolsas de flor de pito, chipilín y loroco, todo producto guatemalteco. El alma se le va en vilo y no la puede alcanzar, siente su corazón acelerarse, le hace falta el aire. El loroco siempre lo cortó en casa de sus abuelos paternos, en el oriente guatemalteco. Allá conoció las parcelas llenas de palos de limón, los palos de mango enormes como ceibas. La manzana rosa, las quesadillas de arroz, el queso seco y las tunas rojeando entre los zacatales secos del desierto al pie de la Sierra de Las Minas.
Inmediatamente agarró cuatro bolsas, tomó harina de máiz salpor, un rollo de tusas y con urgencia llegó a su casa a preparar los tamalitos de loroco. Mientras estos hervían, agarró su taza de café y se sentó en el balcón a ver la nieve caer. Su nido huele de pronto a monte, mango tierno, chico zapote, a paternas y a los pomelos maduros al pie de los palos de jocote marañón.
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CUANDO LA HISTORIA SE OLVIDA
Gormley Elspeth – España
Vivimos en un tiempo en el que la inmediatez lo ocupa todo. La juventud —y no solo la juventud— se mueve entre pantallas, estímulos rápidos y una sensación de presente continuo que deja poco espacio para mirar hacia atrás. No es una crítica generacional, sino un síntoma de época: la historia se percibe como algo lejano, ajeno, casi decorativo.
Pero cuando la historia se desconoce, la sociedad pierde una de sus herramientas más valiosas: la capacidad de prever.
La historia no es un libro viejo. La historia no está para memorizar fechas, sino para entender patrones.
Cada conflicto, cada crisis, cada avance y cada retroceso deja señales. No son advertencias dramáticas, sino lecciones prácticas: qué funcionó, qué fracasó, qué decisiones tuvieron consecuencias que nadie vio venir.
Cuando una sociedad ignora su pasado, repite errores que ya estaban escritos. No por falta de inteligencia, sino por falta de memoria. El riesgo de empezar siempre desde cero
Una generación que no conoce la historia cree que todo empieza con ella. Y eso tiene un coste: se confunden problemas nuevos con problemas antiguos, se repiten discursos que ya demostraron su ineficacia, se idealizan soluciones que antes fracasaron, se subestiman riesgos que ya fueron advertidos
No es culpa de nadie en particular. Es el resultado de un mundo que privilegia la velocidad sobre la profundidad.
Tenemos la responsabilidad de transmitir, porque. La historia no se hereda sola.
Hay que contarla, explicarla, contextualizarla. No desde la nostalgia, sino desde la lucidez.
No se trata de imponer una visión del pasado, sino de ofrecer herramientas para entender el presente. Una sociedad que conoce su historia no es más culta: es más resistente, más crítica, más difícil de manipular.
La historia no es un museo: es un mapa. Y un mapa no sirve para mirar, sino para orientarse. Cuando una generación lo pierde de vista, toda la sociedad camina a ciegas.
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LOS DESMANES DE EL ICE
Martínez Alonso – Estados Unidos
El ICE mantiene detenida a la periodista colombiana Estefany Rodríguez pese a que un juez ordenó su libertad bajo fianza
El Comité para la Protección de los Periodistas exige la liberación de la reportera arrestada el 4 de marzo: “Rodríguez debe ser puesta en libertad sin demora”
La periodista colombiana Estephany Rodríguez, permanece bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) pese a que un juez de inmigración ordenó su liberación bajo fianza el lunes, luego de que las autoridades migratorias apelaran la decisión. Rodríguez, reportera del medio en español Nashville Noticias, fue arrestada el 4 de marzo cuando se encontraba con su esposo en un vehículo identificado con el logotipo del medio. De acuerdo con testimonios recogidos por su defensa, agentes migratorios en vehículos sin identificar la rodearon y la detuvieron, en un operativo que sus abogados califican como dirigido y no rutinario.
Aunque un juez de inmigración le concedió una fianza de 10.000 dólares el 16 de marzo, las autoridades migratorias decidieron apelar la decisión ese mismo día, lo que ha mantenido a la periodista bajo custodia en un centro de detención en Luisiana. La situación ha complicado su defensa legal, especialmente tras días sin comunicación con su equipo. “Es una situación muy difícil cuando intentas defender sus derechos como periodista”, dijo su abogado Joel Coxander a la prensa.
La defensa también ha denunciado condiciones de detención preocupantes. Coxander afirmó a Nashville Noticias. que su clienta ha sido sometida a “un trato inhumano y duro”, mientras que documentos judiciales describen que fue aislada durante varios días y sometida a procedimientos que habrían afectado su salud.
Por otra parte, los abogados sostienen que Rodríguez fue detenida sin una orden judicial válida y que existen inconsistencias en los documentos presentados posteriormente por el Gobierno. Además, argumentan que la detención constituye una represalia por su trabajo periodístico, particularmente su cobertura de operativos del ICE.
“El caso de Estefany es importante no porque sea único, sino porque pone de relieve la represión cruel y violenta contra nuestros vecinos en el marco de la actual política de deportaciones masivas contra la que hemos estado luchando”, declaró Coxander.
Rodríguez llegó a Estados Unidos en 2021 tras huir de Colombia, donde recibió amenazas de muerte relacionadas con su labor periodística. Desde entonces, solicitó asilo y obtuvo un permiso de trabajo válido hasta 2029. También inició recientemente un proceso para obtener la residencia permanente tras casarse con un ciudadano estadounidense. Su caso de asilo sigue pendiente.
Las autoridades migratorias, por su parte, sostienen que la periodista incumplió condiciones de su estatus migratorio al no asistir a citas programadas. Sin embargo, su familia y defensa aseguran que una de las citas coincidió con una tormenta de hielo que paralizó Nashville, y que posteriormente fue reprogramada por la misma agencia. “Nuestras familias deben estar unidas, y este sistema migratorio defectuoso ha causado un profundo daño a miles y miles de familias en todo el país”, dijo su esposo, Alejandro Medina a la prensa
Diversas organizaciones internacionales han reaccionado al caso. El Comité para la Protección de los Periodistas instó a su liberación inmediata y expresó preocupación por el monto de la fianza y la demora en ejecutarla. “Nos alegra saber que, en la audiencia de fianza, se ordenó la puesta en libertad de Estefany Rodríguez, que se encontraba bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas, pero nos preocupa que el importe de la fianza sea inusualmente elevado. Se debe permitir que su equipo pague la fianza de inmediato y Rodríguez debe ser puesta en libertad sin demora”, afirmó Katherine Jacobsen, coordinadora del programa del CPJ para Estados Unidos, Canadá y el Caribe, en un comunicado.
La organización fue más allá al advertir sobre un patrón más amplio: Departamento de Seguridad Nacional.y sus organismos dependientes se están utilizando cada vez más para coartar los derechos amparados por la Primera Enmienda, incluida la libertad de prensa. La detención de Rodríguez es el último ejemplo de una tendencia preocupante”.
De igual forma, Reporteros Sin Fronteras (RSF) denunció que el caso ilustra los riesgos que enfrentan los periodistas migrantes en Estados Unidos: “Una vez más, agentes del ICE han detenido a una periodista que cubría sus actividades. Es probable que la detención y el encarcelamiento de Estefany Rodríguez sean ilegales y constituyan un ejemplo escandaloso de los peligros a los que se enfrentan los periodistas que cubren temas de inmigración en este país”.
El arresto de Rodríguez se produce en medio de una ofensiva de deportaciones intensificada por la Administración Trump, en la que periodistas que cubren estas políticas podrían estar siendo objeto de escrutinio o represalias. Uno de los casos más difundidos es el del periodista salvadoreño Mario Guevara, detenido y posteriormente deportado tras cubrir protestas migratorias.
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LEPROSO
Montero Rosa – España
Se trata de una dolencia mítica, de un mal que se ha confundido durante siglos con el Mal como si tuviera algo demoniaco
Leproso. Qué brutalidad de palabra. Primero porque secuestra despectivamente a la persona bajo el nombre de una enfermedad, como si todo en ese individuo estuviera borrado por su padecimiento (no decimos canceroso, por ejemplo), y después porque se trata de una dolencia mítica, de un mal que se ha confundido durante siglos con el Mal como si tuviera algo demoniaco, de modo que las pobres víctimas del bacilo de Hansen (ese es el nombre técnico) no solo soportaban una dolencia atroz (dolorosa, deformante, mutiladora) y que fue incurable hasta 1981, sino que, por añadidura, sufrían un maltrato social espezlunante: han sido apaleados, perseguidos, expulsados del mundo, encerrados para siempre. Leproso. Un término traspasado por el sufrimiento.
“Mi padre estuvo enfermo de lepra”, me escribió hace poco una lectora, Lola Campos. Unos meses antes de morir, el hombre redactó unas pocas páginas autobiográficas y le pidió a Lola que terminara su libro si él no podía. Han tenido que pasar 30 años para que ella cumpliera el mandato paterno, pero ahora lo ha hecho y lo ha sacado en Universo de Letras, la plataforma de autopublicación en Planeta. Se titula Nuestro Dios privado y es un tex.to poderoso y alucinante, un testimonio insólito que merecería mayor difusión.
Todo empezó en 1962, cuando Juan Campos, un profesor de Latín e Inglés de 29 años residente en Málaga, casado, con un embarazo en marcha, acudió al médico porque estaba muy fatigado. Tras una batería de pruebas, el conmovido doctor dictó sentencia: “Hijo, tienes lepra. Tienes que abandonar tu trabajo, tu familia y tu vida para siempre, e internarte en la leprosería de Trillo (Guadalajara). Has de hacerlo antes de 15 días o si no irá la Guardia Civil a llevarte”.
El horror que este diagnóstico provocaba se intuye en el hecho de que tanto la esposa como sus suegros le apoyaron, pero su propia madre lo repudió y lo echó de casa. Llegó Campos a Trillo en un marzo helador; nada más atravesar la cancela del recinto vio el cementerio, y pensó: “De aquí no salgo ni muerto”.
Pero sí salió, seis años después, porque los nuevos antibióticos rebajaban de tal modo la carga del bacilo que la enfermedad ya no era contagiosa. En 1968 regresó a su vida, aunque cada año tenía que pasar un mes en el hospital. Siguió teniendo hijos, hasta sumar nueve; cambió de trabajo y se hizo contable. En 1981 se descubrió que administrar un cóctel de tres fármacos durante un año acababa con la enfermedad, y desde esa fecha la OMS proporciona gratuitamente el tratamiento a quien lo precise. Así que la lepra se cura, pero Lola no lo ha sabido hasta ahora, cuando se ha puesto a investigar para escribir el libro. Leyéndolo adviertes que, bajo una apariencia de normalidad, la vida que llevaban era bastante rara. Los niños sabían lo de la lepra y tenían ir a Sanidad todos los años para hacerse dolorosas pruebas, con cortes en la oreja y raspaado de heridas (salían todos llorando, cuenta Lola), pero de eso no se hablaba nunca, hasta el punto de no mencionar ni la curación. Hasta ahora, con el libro, no se han asomado de verdad a ese inmenso cráter de silencio.
En 1987, Campos pidió la baja por primera vez por una gripe y en la oficina se enteraron de su pasado médico. Entraron en pánico: precintaron su despacho y le obligaron a jubilarse. Él intentó explicar que estaba curado, pero no escucharon. Ni uno solo de sus compañeros le llamó. Sus amigos y colegas de años. Leproso, ya digo.
Los fuertes fármacos habían destrozado su salud. A los 57 años y en apenas dos meses tuvo una hemorragia intracraneal y tres trombosis que dejaron secuelas de las que se recuperó dificultosamente. Para peor, cada vez que lo llevaban al hospital le volvían a poner medicación contra la lepra, innecesaria y sin duda un veneno para él. En 1993, a los 60 años, Juan Campos se suicidó. Y curiosamente ha sido al llegar a los 60 cuando su hija Lola ha decidido poner luz en las tinieblas y escribir este libro. Para ello ha ido al sanatorio de Fontilles (Alicante), la única leprosería que queda en Europa, centro de referencia mundial. Ha hablado con antiguos enfermos, que cuentan atrocidades, el maltrato indecible que han sufrido en este país.
Es una historia subterránea, desconocida y chocante: hay otros mundos, pero están en este. Sigue habiendo lepra en el mundo, sobre todo en la India; en España, de 10 a 15 casos al año. Y se cura, aunque la gente se empeñe en ignorarlo.
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VIAJAR Y AMAR
Peyro Ignacio – España
Uno no debería viajar solo donde antes ha viajado enamorado. Hay algunas razones poderosas por lo obvias, empezando porque el amor sabe buscar sus sitios y nos llevará a Córdoba o a Nápoles o a París antes que —con perdón— a Collado Mediano. Si se fijan, además, hay una cierta predestinación en estos viajes: una especie de providencia o de ángel de la guarda de los enamorados por el cual todo sale bien incluso cuando sale mal; si hace sol, porque parece que la primavera en conjunto se ha puesto de nuestro lado; si llueve, porque acuérdate cómo llovía.
Después, cabe pensar —aunque el amor gusta, como dice el Lied de la errancia—, que alguien es más alguien cuando su figura destaca en un tiempo y, sobre todo, en un paisaje: “me dueles en Galicia en 2012”. Son siempre curiosas las materialidades —libros, imágenes— que nos evocan ante los demás, pero quizá ninguna más intensa que las ciudades y los restaurantes, los hoteles y los bares que fueron un día santos lugares del amor.
Por supuesto, no es sabio viajar solo donde viajamos enamorados por la melancolía física de la pérdida, por la vivencia del rostro perdido como miembro fantasma. Contra esto nada ha mejorado las receas de los clásicos, dejar que pase el tiempo y, si uno es propenso, leer algún poema. Hay, sin embargo, otras razones no por más sutiles menos devastadoras. El ser humano vive de comparar, y la presencia del enamorado sobre el mundo es la manera más poderosa que tenemos de habitarlo: una exaltación que contrasta a aquel que fuimos con el sabor a agua tibia de la normalidad presente. Los amores fallidos, de alguna manera, nos hacen viejos. Y puede haber un sentimiento amargo al pensar en el caudal de felicidad que se nos dio y que quizá malversamos.
Se dirá que esto ocurre siempre: el abogado que somos se comió al actor o al ingeniero que un día pudimos ser. El problema específico del amor es más bien haber traicionado una alegría con el desencanto del tiempo. Y eso nos puede causar una melancolía que es implantable cuando uno es joven: el preguntarnos que quizá ni el tiempo nos hizo bien ni nos hizo mejores. No es una lección hermosa de la vida el considerar lo mal que envejecen algunas alegrías. Ni ver cómo nos crece, imperceptible, esa costra del tiempo que es el escepticismo cuando hemos tenido esa mirada del enamorado que nos descubre el mundo como debería ser, o que nos lo devuelve tal y como fue antes de haber sido desencantado. En el XIX al menos , lo llmaron de un modo muy bonito “ Las ilusiones perdidas “
Con esta excepción, que quizá nos ponga algunos tachones en el mapa, uno no quería dejar de hacer un elogio del viajar solo. Un elogio poco militante: el placer de la vida es tanto vivirla como conversarla, y lo mismo puede decirse de los viajes. Si, además, el infierno son los otros, consuela poco saber lo infernales que les resultaremos a la vez a los demás. Hay, en todo caso, un placer específico en el viajar solo, que no tiene que ver con la introspección: para eso, mejor un retiro de yoga o unos ejercicios espirituales. Tiene que ver más bien con volver a exponerse, con regresar a aquellos momentos en el tiempo en los que todavía descubríamos; con la ilusión de poder darle al mundo el orden —“pues ahora me tomo una cervecita”— que queremos y al que, por supuesto, jamás, en los días de diario, se somete. Viajar solo da una nueva dimensión a muchas cosas: la libertad, de pronto, es coger un tren, y la subversión tal vez sea pasar la tarde leyendo un diario de papel. Reganar una cierta soberanía, sentir la alegría de desaparecer en un sitio en el que no somos nada para nadie: viajar solo es un placer particular. Muchos debemos de estar de acuerdo: leo en The Spectator que el mercado para viajeros solitarios alcanzará el billón de euros en 2030.
Hace años le dije a mi novia que iba a Venecia, pero que tenía que ir solo: era más una peregrinación que un viaje. Solo la jurisdicción excepcional que es Venecia puede hacer pasar por natural un comentario que, en cualquier otro lugar, sería delito de pretensión o una excusa de capullo. Ella lo entendió perfectamente. La ironía es que, al poco de llegar, pensé ue hubiera sido mejor ir con ella. He ahí otra de las verdades de la vida: nada como viajar enamorado donde una vez viajaste solo.
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GUERRA Y PALABRA- MARZO
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“Entre el estruendo y el silencio, la palabra decide.”
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COLABORADORES – GUERRA Y PALABRA
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SIN NOVEDAD EN EL FRENTE
Alberdi Maren – España
La guerra que devora al hombre desde dentro
En la época del confinamiento, lei un libro que me gustó mucho, fue Sin novedad en el frente, y rebuscando entre os archivos, he encontrado el ensayo que entonces escribí, le he dado unos retoques y aquí lo dejo, os recomiendo que leais el libro.
Cuándo Erich Maria Remarque publicó Sin novedad en el frente en 1929, Europa aún no había terminado de enterrar a sus muertos. La Primera Guerra Mundial había dejado un paisaje físico y moral devastado, y Remarque, que había combatido en el frente occidental, escribió no para glorificar la guerra, sino para despojarla de cualquier ilusión heroica. Su novela es un testimonio brutal y honesto de lo que ocurre cuando un joven es arrancado de su vida y arrojado a una maquinaria que no entiende y que no puede detener.
El protagonista, Paul Bäumer, representa a toda una generación sacrificada. No es un héroe, no es un estratega, no es un patriota exaltado: es un muchacho que quería vivir, estudiar, amar, y que termina convertido en un engranaje más de una guerra absurda. A través de él, Remarque muestra cómo la guerra no solo mata cuerpos, sino que destruye identidades. Los jóvenes que regresan —si regresan— ya no son los mismos. La guerra los ha vaciado por dentro.
Uno de los ejes más poderosos del libro es la deshumanización. Los soldados aprenden a sobrevivir apagando emociones, convirtiéndose en sombras de sí mismos. La camaradería es lo único que los sostiene: los compañeros son la familia improvisada que reemplaza a la que quedó lejos. Pero incluso esa fraternidad está condenada, porque la guerra se encarga de arrebatarla una y otra vez. Cada muerte es una mutilación emocional más.
Remarque también denuncia la distancia entre quienes deciden la guerra y quienes la sufren. Los jóvenes son enviados al frente por discursos patrióticos pronunciados desde despachos seguros. Los maestros, los políticos, los generales hablan de honor; los soldados hablan de hambre, miedo y barro. Esa brecha moral es uno de los elementos más actuales del libro: un siglo después, sigue siendo la misma.
La novela no busca explicar estrategias ni batallas. Su objetivo es otro: mostrar la guerra desde el interior del soldado, desde su respiración entrecortada en la trinchera, desde su desesperación al escuchar los obuses, desde su fragilidad absoluta. Remarque convierte la experiencia bélica en una vivencia íntima, casi física, que el lector siente en la piel.
El título, Sin novedad en el frente, es una ironía devastadora. Significa que no ha ocurrido nada relevante, que todo sigue igual. Pero lo que sigue igual es la muerte cotidiana, la destrucción lenta, la pérdida constante. La “no novedad” es, en realidad, la tragedia repetida.
Hoy, casi cien años después, el libro sigue siendo una advertencia. No solo sobre la guerra, sino sobre la facilidad con la que una sociedad puede sacrificar a sus jóvenes en nombre de ideas abstractas. Remarque nos recuerda que detrás de cada uniforme hay un muchacho que quería vivir. Y que la guerra, cualquier guerra, es siempre una derrota de la humanidad.
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CON LA PALABRA COMO PUENTE
Fontana Luz – Italia
La paz no es un milagro ni un regalo caído del cielo. Es una construcción diaria, frágil y valiosa, que depende de la voluntad humana de elegir el diálogo antes que el ruido de las armas. Cada vez que la guerra estalla en algún rincón del mundo, no solo se destruyen ciudades: se quiebran vidas, sueños, familias, futuros enteros. Y, sin embargo, seguimos repitiendo la misma historia como si no hubiéramos aprendido nada del dolor acumulado por generaciones.
La paz comienza en un gesto sencillo: escuchar. Escuchar al otro, incluso cuando piensa distinto, incluso cuando duele. La guerra nace cuando dejamos de hacerlo. Cuando la ambición, el miedo o el orgullo se imponen sobre la razón, la humanidad retrocede. Ninguna victoria militar compensa el llanto de una madre, la mirada perdida de un niño o el silencio de quienes ya no pueden volver.
No hay bandera, frontera ni ideología que justifique la destrucción de la vida. La tierra que se disputa con violencia termina regada de lágrimas, no de futuro. La verdadera grandeza de un pueblo no se mide por su poderío, sino por su capacidad de convivir, de tender puentes, de elegir la palabra antes que la herida.
Hoy, más que nunca, necesitamos voces que recuerden que la paz no es una utopía: es una responsabilidad. Cada gesto de respeto, cada acto de justicia, cada palabra que evita un conflicto es un ladrillo más en la construcción de un mundo posible. Un mundo donde la vida valga más que la tierra, donde el diálogo valga más que el orgullo, donde la esperanza valga más que la fuerza.
Que quienes tienen el poder de decidir recuerden que la historia no perdona a quienes siembran destrucción, pero honra a quienes eligen proteger la vida. Que la paz no sea un deseo tardío, sino una elección urgente.
Porque la guerra hiere, pero la palabra puede sanar. Y mientras exista alguien dispuesto a pronunciarla con valentía, todavía habrá esperanza.
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DESDE EL PRINCIPIO DE LOS TIEMPOS
Gormley Elspeth – España
Desde que el mundo es mundo, el ser humano ha caminado con una sombra que nunca termina de abandonar: la guerra. Cambian los siglos, cambian los imperios, cambian las banderas… pero la raíz es siempre la misma. Poder. Ambición. El deseo de poseer lo que está al otro lado de la frontera, aunque para alcanzarlo haya que destruirlo todo.
La historia podría contarse como una sucesión de conquistas, batallas y victorias, pero cuando miramos de verdad —cuando dejamos de lado los mapas y observamos los rostros— la piel se eriza. Porque detrás de cada guerra hay ciudades reducidas a polvo, familias rotas, niños que crecen sin futuro, cuerpos que no vuelven, almas que no sanan. La guerra no es un capítulo glorioso: es una herida que nunca termina de cerrarse.
Y sin embargo, seguimos repitiéndola. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si el dolor ajeno no fuera suficiente advertencia.
Frente a esta realidad, quienes escribimos —poetas, narradores, cronistas, soñadores— no tenemos armas ni ejércitos. Pero tenemos algo que, a veces, puede más que la fuerza: la palabra. La palabra que denuncia, que recuerda, que incomoda, que despierta. La palabra que se niega a aceptar la guerra como destino inevitable. La palabra que ilumina lo que otros quieren mantener en sombras.
No podemos detener los tanques, pero podemos impedir el silencio. No podemos frenar las bombas, pero podemos nombrar a quienes las sufren. No podemos cambiar la ambición de los poderosos, pero sí podemos recordarle al mundo que la vida vale más que cualquier territorio.
Quizá no logremos detener una guerra. Quizá no podamos evitar la próxima. Pero cada texto que escribimos, cada poema que nace, cada reflexión que compartimos es un pequeño acto de resistencia. Una forma de decir: esto no es normal, esto no es aceptable, esto no debe repetirse.
La paz no se construye solo en despachos. También se construye en las páginas, en las voces, en los corazones que se niegan a olvidar el sufrimiento que la guerra deja a su paso.
Si algún día la humanidad aprende a vivir sin destruirse, será porque alguien —quizá un escritor, quizá un poeta, quizá un lector silencioso— se atrevió a imaginar un mundo distinto. Y lo escribió. No olvidemos que la sociedad cambiará cuando el amor a la humanidad sea tan grande como el amor al poder.
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CONSTRUCTORES DE PAZ
Olay Raquel – Argentina
PAZ, don precioso que a veces tarde lo valoramos, cuando ha sido quebrantado, se hace difícil restaurarlo. A los dirigentes del mundo se les otorga la autoridad para preservarlo, nunca promover la guerra que destruye y mata, no resuelve los problemas, al contrario, los agrava, y al final todo se pierde; la realidad muestra que nadie gana por la guerra. Es la tragedia más profunda que sufre la humanidad: muerte, mutilación, hambre, peste, destrucción, locura, miseria, orfandad… son sus funestas consecuencias. Es la derrota del diálogo y la unidad.
Cuando la ambición desmedida de los hombres y las naciones pelean en forma irracional por un territorio, valorando más la tierra que la vida de los seres que habitan en ella, se parece más a la crueldad que ejercen las fieras en la selva que al paraíso que prometen al término de la guerra. La máxima aspiración del hombre es alcanzar la felicidad plena, que solo se llega a ella en un ámbito de PAZ, donde la justicia, la equidad, la esperanza, la fraternidad y el amor pueden libremente reinar.
Roguemos a Dios con fervor que ilumine a quienes tienen el poder de decisión de vivir en PAZ o en guerra; de nada servirá el botín conquistado a sangre y fuego si el llanto, el dolor y la muerte son los frutos que cosechan al terminar la contienda. El amor y el odio nacen en el corazón humano; es responsabilidad nuestra a cuál de los dos alimentamos para que crezca con fuerza.
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CUENTOS Y RELATOS -MARZO
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“La imaginación toma la palabra.”
COLABORADORES – CUENTOS Y RELATOS
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CONGRESO DE PLANETAS
Balsells Magi – España
En un punto equidistante de la Vía Láctea, se celebra estos días un Congreso que agrupa a los planetas más importantes de dicha Vía, bajo la presidencia del Sol; esta reunión se ha efectuado a petición del planeta Tierra. Los equipos de transmisión de dicho evento están patrocinados por La Fuerza Cósmica, con el apoyo técnico de las Ondas Solares. Se inicia la sesión con la intervención del convocante, La Tierra.
Queridos hermanos planetarios, quizás os haya extrañado esta solicitud de reunión, cosa que no se hacía desde hace muchos siglos, pero la necesidad de encontrar una solución que sirva para salvarme es lo que lo ha provocado. Automáticamente Marte quiere tomar la palabra, cosa que es atajada rápidamente por la presidencia, El Sol, comunicándole que no es su turno de intervención. Sigue por tanto La Tierra, con su parlamento.
Conocéis que soy de todo nuestro sistema solar el que tiene vida vegetal y animal, de lo cual muchos de vosotros habéis presumido con los planetas de otras galaxias; pues la cuestión es que me están aniquilando los componentes animales de mi planeta. Pese a mis constantes avisos, no hacen ningún caso a mis requerimientos. No importa si produzco terremotos, si hago verter lava por los volcanes —que como todos sabéis, esto merma mi temperatura interior, lo cual podría provocar un paro en mis sistemas—; aparte provoco inundaciones catastróficas, parecidas a las que en su momento me vi obligado y solo se salvaron unos cuantos que iban con Noé. He provocado glaciaciones; en esto me ayudó nuestro presidente emitiendo mucho menos calor hacia mí, siempre guardando las premisas mínimas de seguridad para que no falleciera en el intento.
No conseguí nada. Emergieron otra vez como la mala hierba, multiplicándose rápidamente como una plaga, aunque al ser pocos en su momento no me causaban muchos quebraderos de cabeza. Ellos siguieron con sus guerras, con sus inventos, y a mí me dejaron tranquilo… hasta este instante. Inventaron la Bomba Atómica: esto fue el principio de una contaminación de mis arterias, que con mucho cuidado pude sanar. Se inventó algo muy dañino, como es el plástico; entiendo que para algunas cosas es muy útil, pero están llenándome de bolsas de basura que yo no puedo digerir como quisiera. Tardo mucho, pero mientras se van acumulando y llegará un momento en que me ahogarán.
Algunas buenas personas intentaron aplicar el reciclaje. Buena idea, pero no dio el resultado apetecible. Estos seres que me pueblan son desconsiderados con mi madre, la naturaleza; no les importa que ella sufra, y si ella sufre, sufro yo. Pero cada día son más, pese a estas guerras interminables que siempre tienen, unas veces para extraerme mis tesoros —como puede ser mi sangre, el petróleo— o mis joyas como el oro o la plata o cualquier mineral que según ellos tenga una utilidad. Es un robo descarado y no hay justicia que los pare. Cada día quieren más y más, y yo no puedo darles nada más. Estoy en la ruina absoluta; este siglo no he podido contribuir a la donación general que se efectúa para preservar este sistema.
Somos muchos entre planetas y satélites, y alguno de vosotros ya en su tiempo se encontró con una situación semejante, como fue lo que le ocurrió a Marte: hoy en día es un páramo estéril, que con mucho sacrificio está intentando volver a ser otra de las joyas de este sistema. Sé que al final lo conseguirá. Los demás, para su suerte, no son habitables, por lo menos por esta raza que me ha invadido, ya que muchos de ellos aún están en estado embrionario, con atmósferas realmente peligrosas para mis invasores.
En fin, no quiero extenderme más, ya que la situación es muy delicada y por esto he convocado esta reunión. Y desde esta tribuna os pido que me deis solución a este peligroso problema.
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TAN SÓLO LES FALTA HABLAR
Díaz Castro Enrique Fredy – México
Hay escenas que duelen más de lo que deberían. Verlos ahí, a la orilla de la carretera, con hambre, con sed, sin un lugar al que llamar hogar, buscando entre la basura un mendrugo que alguien olvidó. Bajo el sol que quema o la lluvia que cala, reciben pedradas de quienes nunca aprendieron a sentir lástima. Y aun así, siguen ahí, silenciosos, esperando algo mejor.
Duele también encontrarlos atropellados por choferes que no frenan, como si sus vidas no valieran nada. Su único “pecado” fue haber dado cariño a quien un día los compró, los alimentó con croquetas y agua en una cubeta… hasta que dejó de hacerlo. Hasta que se cansó. Hasta que los abandonó.
Y sin embargo, tan sólo les falta hablar para decir lo que sienten. Son juguetones, nobles, incapaces de fallar. Te cuidan sin pedir nada, capaces incluso de dar la vida por ti. Sus corazones, tan sensibles, sólo conocen el perdón, aunque hayan recibido heridas que no merecían.
Con maullidos o ladridos expresan su alegría, su afecto, su necesidad de compañía. No entienden el desprecio, pero lo sufren. No comprenden la humillación, pero la recuerdan. Por eso no deberíamos llamarnos “amos”, sino compañeros. Ellos no pidieron llegar a nuestras vidas: nosotros los buscamos, y en ese gesto nació su lealtad.
Gatos o perritos, da igual. De cachorros son pura ternura; de adultos, pura belleza. Uno, dos o tres… los que sean. Lo importante es cuidarlos bien, ahora y siempre. Que nunca tengamos que repetir, con tristeza y arrepentimiento, aquello que dijo Alberto Cortés: “Era sólo un perro.” Porque nunca lo fue.
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HOTEL EN ROSARIO
González Saavedra Carlos – Argentina
El día no me alcanzaba. Todo pasaba vertiginosamente y yo debía estar en Rosario a primera hora. Ya eran las ocho de la noche y tenía 350 kilómetros por delante. Finalmente me decidí, puse primera y salí. Conocía un hotel para viajantes donde siempre me habían atendido bien y no era caro. Llegué pasada la medianoche. —Buenas noches, ¿una habitación? —Sí, tengo una pequeña. El hotel está completo. —No se haga problema. ¿Me despierta a las siete, por favor? A las ocho y media tengo una reunión a tres cuadras de aquí. —Bien, señor.
Estaba agotado. Vi la cama y me desplomé. En esos días vivía corriendo, así que decidí ducharme por la mañana. A las siete en punto sonó el teléfono: —Señor, son las siete. —Ya bajo, gracias.
El comedor del hotel era un mundo de gente. Parecía que todos habíamos decidido desayunar a la misma hora. El trajín de los mozos era tan febril que me contagiaron la inquietud. Miraba para todos lados buscando al mozo de mi mesa, preguntándome quién me atendería. Cuando por fin se acercó, me sorprendió su aspecto: delgado, cabello morocho engominado hacia atrás, bigotes finitos, muy educado. Atendía como en un hotel de pueblo. —Mozo, ¿puedo pedirle un favor? —Usted dirá, señor. Fermín es mi nombre. —Tráigame un jugo de naranja, pomelo y limón. —Bien, señor. ¿Todo junto? —Sí. —¿En un solo vaso? —Sí, Fermín. Después el café con leche. —Sí. —¿Con medialunas de grasa? —Sí.
No habían pasado cinco minutos cuando volvió, intrigado: —¿Por qué juntos? —Lo tomo así hace años —respondí, ya algo impaciente.
El tiempo pasaba y yo seguía sin desayunar, mientras otros que habían llegado después ya se marchaban. —Fermín, ¿falta mucho? —No, ya lo traigo.
Entre preguntas y respuestas había perdido quince minutos. Soy de los que piden, toman y se van, aunque sobre tiempo. Acostumbrado a la city porteña. Finalmente llegó con una bandeja enorme y un vaso casi de jarra con los tres jugos mezclados, además del café con leche y las medialunas. Era tanta la cantidad de jugo que tuve que tomarlo despacio, mirando desesperado la hora. Fermín, atento a cualquier gesto mío, no me quitaba ojo.
Al terminar, se acercó: —¿Estuvo bien el jugo, señor? —Sí. Tráigame la cuenta, por favor.
Miré el reloj: tenía diez minutos para llegar a la reunión, por suerte a solo tres cuadras. —Mandé comprar unas naranjas especiales a la verdulería de la vuelta, son muy buenas. ¿Siempre toma este desayuno con el jugo incluido? —Sí, hace años. —Nunca había escuchado esa mezcla. ¿Cómo se le ocurrió?
Apurado y sin ganas de explicarle, recurrí a la fórmula infalible: —Me lo recomendó el médico —Y salí corriendo, como siempre.
La reunión salió muy bien y al mediodía ya estaba de vuelta en Buenos Aires.
Pasaron seis meses o más cuando volví a pernoctar en el mismo hotel. Ya me había olvidado de Fermín y del jugo. Pero al verlo aparecer, me saludó como si nada hubiera pasado: —¿Cómo le va, doctor? —Hola, Fermín, un gusto saludarlo. No soy doctor —respondí cortesmente—, solo vengo por negocios. —Simplemente decimos “doctor” a los que lucen una estirpe como usted. —Muchas gracias —respondí sonriendo. —Ya le preparo lo de siempre.
Al rato volvió con una bandeja aún más grande que la anterior y el famoso vaso tipo jarra con el jugo de naranja, pomelo y limón. —Doc, ¿cómo anda de salud? —Bien —contesté rápido. —Lo veo con buen semblante. Se nota que su médico dio en la tecla. Le pregunté al mío si podía tomarlo y me dijo que sí, que es un enzimático fantástico. Desde aquella vez que usted vino, lo empecé a tomar y me siento muy bien.
Sin salir de mi asombro, con mucha ternura, lo abracé. —No sabe lo feliz que me hace verlo así.
Me fui del hotel Urquiza con un gran recuerdo, por la atención y por la inocencia con la que Fermín me atendió. Era el único que nunca estaba apurado, pero llegaba a tiempo a todas las mesas.
Gracias, Fermín.
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CONVERSACIONES CON EL MAR
Gormley Elspeth – España
La primavera ya ha empezado, aunque aquí el mar siempre se adelanta unos días. Lo noto en cuanto bajo al paseo: el aire tiene otra textura, más tibia, más abierta. Camino despacio, como hago siempre por las mañanas, dejando que el cuerpo se despierte al ritmo que quiere, sin exigencias.
A estas alturas de la vida, una aprende a no empujar nada.
El mar me espera. Lo sé porque hoy suena distinto. Tiene ese rumor que solo aparece cuando cambia la estación, como si también él necesitara decirme algo. Me acerco hasta la orilla y dejo que la primera ola me toque los pies. Es su manera de saludarme. Yo le devuelvo el saludo en silencio. —Ya estás otra vez con tus cosas —le digo por dentro, sin mover los labios.
El mar no responde, pero me entiende. Siempre me ha entendido mejor que muchas personas. Él no pide explicaciones, no exige claridad, no quiere que le cuente nada. Le basta con que esté aquí, con que lo mire, con que respire a su lado.
Hoy está tranquilo, pero no dócil. Tiene ese vaivén firme que me calma más que cualquier palabra. Me siento en la arena húmeda, sin importarme la ropa. La primavera me vuelve un poco más valiente, o quizá más sincera. —He tenido un invierno raro —le confieso—. De esos que te dejan un cansancio que no sabes de dónde viene.
La ola que llega ahora es más larga, más lenta. Como si me escuchara. —Ya lo sé —parece decirme—. Pero mírame: siempre vuelvo.
Y ahí está la lección, la de siempre, la que me repite cada año sin cansarse.
El mar vuelve. Aunque se retire, vuelve. Aunque se enfade, vuelve. Aunque yo me pierda un poco, vuelve.
Me quedo un rato así, sin prisa, dejándome acompañar. No necesito nada más. Ni respuestas, ni planes, ni certezas. Solo este diálogo mudo que me ordena por dentro.
Cuando me levanto para seguir caminando, siento algo que no sentía desde hace meses: una especie de claridad suave, como si el mar me hubiera recolocado las piezas sin tocarme.
La primavera ya ha empezado. Y yo también.
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EXPERIENCIA ÚNICA
Hoyos Forero Jaime – Colombia – Marzo 2026
Abril de 1970. Un mes después cumplí los 20 años. Hoy pienso que esa es la edad más interesante del hombre: Está en la mitad de la carrera universitaria, tiene su primera novia, los padres están llenos de vida y creen —qué ingenuos— que su hijo es el mejor de las criaturas y que llegará a ser el predestinado de Dios para manejar el mundo. A esa edad me puse la primera corbata, manejé el primer carro, con estrellada y todo, hice mi primera travesía por el océano, en barco y en avión, fui campeón de tenis juvenil y le ofrecí a mi novia, pagada por mí, la primera Coca-Cola. Pero en las vacaciones de mitad de año, no podía hacer mi voluntad, sino la de mi padre: trabajar arduamente en la finca que lindaba con los cerros, nuestros viñedos y el mar. “Así sabrás —decía mi padre— por qué los vinos más acreditados son los de nuestros viñedos, los Santa Lucía.
Serían las 6.30 de una tarde de junio de aquel año, 1970, cuando por la oscuridad que se venía encima, prendí las luces del tractor que avanzaba por el comienzo del penúltimo surco de mi tarea de ese día. Estaba solo. Los últimos trabajadores se habían retirado a las cinco de la tarde. Me sorprendí cuando, intempestivamente, se apagaron el motor y las luces del tractor. —¿Y ahora qué pasó?— me dije, pensando que iba a terminar completamente de noche mi trabajo, mientras trataba de encender la linterna para revisar la batería del tractor, pero —¡ah desgracia!— tampoco funcionó la linterna.
Fue entonces cuando reparé que a unos cincuenta metros de distancia se acercaba un individuo, para mí completamente extraño, pero me pareció, no sé si por la oscuridad, que no llevaba ropa. Pero un instante después la sangre se me heló al advertir que a unos cien o ciento cincuenta metros atrás del hombre extraño, se encendió y apagó muy rápidamente una serie de luces en círculo que salieron de una rueda del tamaño de una camioneta. Entonces caí en la cuenta de que estaba frente a lo que los periódicos llaman ovnis o platillos voladores y que el ser que a mí se acercaba, en silencio y sin sonreír, era un extraterrestre. Su cabeza, de la frente y las orejas hacia arriba, era como la tapa de una caja cuadrada, casi oculta tan extraña forma por una abundante cabellera verde. Sus demás facciones eran iguales a las nuestras y acabé de comprobar que estaba completamente desnudo. Yo continuaba helado, como paralizado.
—Acompáñeme— dijo. ¿Dijo? En realidad no abrió la boca, no movió los labios ni los ojos, no emitió sonido, no hizo seña alguna. Pero yo oí sin oír, o entendí, mejor dicho, que dijo “acompáñeme”. ¿Hablaba español? ¿Se expresaba en algún idioma? No lo sé, pero oí, como si hablara castellano, que me dijo “acompáñeme”. Fuimos a la nave espacial: la de las luces que yo había visto. Él caminaba muy rápido, al punto que yo tenía que andar casi corriendo. Al subir tres escalones para llegar a la puerta de la nave, me di cuenta de que estaba desnudo… También yo.
Dentro de la nave, de pie, como si se fuera a tomar una foto, había como una docena de extraterrestres machos, y una sola hembra. Todos, como el que fue al tractor, tenían caras serias, pero el aspecto de su rostro era agradable, no intimidante sino más bien amable, pero serios y desnudos. La mujer (o la extraterrestre, ¿cómo decirle?) sonreía. Era el único ser que sonreía. Lo hacía abiertamente y vi que su dentadura estaba formada como por pequeñas y brillantes estrellas. Debo decir, si aún no lo habéis sospechado, que ella era bellísima. La dentadura de ellos (cómo decirles: ¿de los machos?) no era de brillantes estrellas sino de chispas de fuego, de modo que los alimentos los llevaban crudos a la boca y con las chispas de fuego los cocinaban. Todos, ellos y ella, al moverse dentro de la cápsula aérea, y a diferencia de nosotros, producían visos brillantes, algunos de colores leves muy transparentes. Estos visos desaparecían cuando se movían afuera de la nave.
Había estado secuestrado como una hora, cuando comencé a serenarme y a adquirir algo de confianza. Así que le pregunté al extraterrestre que conocí cerca del tractor una hora antes y que yo presumía que era como el jefe, si me permitirían volver a la finca. —Claro que sí —contestó— siempre que nos prometa guardar absoluto silencio respecto de todo lo que ha visto. Y por el contrario, puede comentarlo si desea volver para siempre con nosotros. Dicho esto, la extraterrestre me sonrió inequívocamente, como si dijera: “Hola, humano, vuelve pronto”.
Algunas otras preguntas me fueron contestadas por el jefe. Así que supe que la nave venía del planeta denominado GL 581-B que se halla en nuestra misma galaxia, a cien años luz de la Tierra. De modo que a una velocidad de 50.000 kilómetros por hora, se requieren cien años para realizar el viaje. —Pero si ninguno de ustedes tiene —repliqué— más de 35 años según creo, al juzgar por la apariencia. —Lo que pasa —dijo el extraterrestre— es que en GL 581-B, somos inmortales. Hemos leído —agregó— la historia de Eva y Adán, pero en GL, nuestros primeros padres no fueron estúpidos creyéndole a una culebra, de modo que somos inmortales. Al llegar a los 34 años, seguimos así, sin envejecer ni enfermar como ustedes. —Si no mueren —le dije— ¿cómo puede caber en ese planeta tanta gente? El extraterrestre respondió: —cada mil años ocupamos un nuevo planeta.
Después de un gran rato de charla, volví a casa, refregándome los ojos como si hubiera despertado de un sueño. —Vuelve —fueron sus últimas palabras. ¿De quién? De la bellísima muchacha. Camino de la casa, noté dos cosas: volví a verme vestido, y el surco y medio que me faltaba por trabajar, estaba perfectamente terminado. ¿No os preguntáis, queridos oyentes y lectores, por qué he resuelto contaros esta cierta e increíble historia? Ahora duermo —ya lo imagináis— con la ventana de mi cuarto, abierta.
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ÚLTIMO PUERTO
Morini Andrea – Argentina
El sol de fin de mayo es una herida pálida que no termina de cerrar; una luz sin fuerza que rebota, inútil, sobre el asfalto mojado. Laura observa el cordón de la vereda con la mirada perdida, allí donde las huellas del auto oficial ya se han disuelto bajo la llovizna persistente. Se han ido. Hace apenas unos instantes, dos hombres de la Armada, embutidos en impermeables oscuros y con el rostro tallado en una gravedad castrense, permanecían en su puerta. Portaban un legajo sobrio, de cartulina rígida, y una bolsa de lona que exhalaba un aire salino y rancio, empapada por la humedad del puerto. Al marcharse, el vacío que dejaron no fue un hueco, sino una extensión inconmensurable: todo el peso del Atlántico Sur se filtró por el umbral, inundando el living.
Javier. No hace falta pronunciar el nombre para sentir la punzada de escarcha en el centro del pecho. Dos de mayo. El océano, esa masa negra e indiferente. Laura cierra los ojos y puede verlo: un silbido ciego bajo el casco, un destello súbito en la profundidad y la onda expansiva del torpedo británico desgarrando el acero del crucero como si fuera papel húmedo. El frío asesino. Un término tan seco, tan técnico, para una muerte tan vasta, tan líquida y repentina. Sus dedos blancos aprietan el telegrama oficial. El encabezado, «Jefatura de Operaciones Navales», le parece una ironía sangrienta. Son palabras blindadas, diseñadas para no dejar pasar el sentimiento: «Desaparecido en acción». Laura sabe leer entre líneas. Sabe que esas palabras son el eufemismo de un ataúd de agua a cuatro mil metros de profundidad.
Luego está la bolsa. La vuelca sobre la mesa del comedor y el contenido cae con un sonido sordo, despojado de gloria. Un cinturón de lona con la hebilla devorada por el óxido; una boina de lana oscura con el escudo desprendido, deshilachada por el uso; y una fotografía de ella, arrugada y con los bordes amarillentos por el contacto con la piel de Javier. Su hermano, el que reía a gritos, el que prometió volver para el invierno, ha quedado reducido a esta colección de naufragios recuperados de la sal.
A sus espaldas, el pasillo del departamento se extiende como un túnel de silencio absoluto. Solo lo interrumpen los crujidos eléctricos de la radio, que sigue emitiendo marchas militares y comunicados triunfalistas, y la respiración entrecortada, casi transparente, de su abuela en la habitación contigua. La anciana lleva meses librando su propia batalla contra una enfermedad que la consume desde adentro. Tiene el rostro demacrado, una máscara de cera donde los ojos turbios buscan sombras que ya no están. Ella no sabe que el General Belgrano se hundió; no sabe que su nieto se ha vuelto parte del fondo del mar.
Desde aquel dos de mayo, Laura ha sobrevivido a fuerza de ficciones. Ha inventado cartas que nunca llegaron, llenas de anécdotas heroicas sobre el oleaje y promesas de un regreso triunfal que jamás escribirá. Ha sostenido la vida de la abuela con mentiras piadosas, como quien mantiene encendida una vela en medio de un vendaval. Pero el papel del telegrama cruje en su mano, recordándole la urgencia de la realidad. Tiene que decírselo. El tiempo de la abuela es una cuenta regresiva, una arena que se escapa entre los dedos, y el peso de la verdad reclama su lugar.
—¿Podrá esta noticia ser el último golpe en el puerto? —se pregunta en voz baja, mirando de nuevo la calle vacía y gris. El deber de la nieta, la verdad de la guerra y el dolor de la hermana: son tres anclas arrastrándose por el fondo de su alma, rasgando todo a su paso. Laura se da la vuelta. Sus ojos se fijan en la puerta cerrada de la habitación, esa frontera final donde la mentira todavía protege a la vejez. —Abuela —susurra, y la palabra suena extraña en el encierro.
Camina hacia la puerta. La palabra vuelve a formarse en su boca, pero esta vez no sale como un llamado, sino que se rompe, irremediablemente, en un sollozo que huele a mar y a pérdida.
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CHIQUITO
Rotela Walter – Uruguay
Cuando me dijeron que tendría la posibilidad de encontrarme con “chiquito” inmediatamente pensé en un hombre de baja estatura, cabellos lacios y voz ronca, como me lo habían pintado. Sin embargo, cuando llegamos a su casa y la tuvimos en frente, pensé que me estaban embromando o que era la esposa del personaje a quien tendría la posibilidad de entrevistar. Pero… en todo estaba yo errado. La mujer se acercó y nos miró desde lejos, tomó una jarrá de tereré¹ y la guampa². Se sentó en un sillón y nos invitó a hacer lo mismo y compartir la refrescante bebida. El calor y la humedad estaban destruyéndonos, en esa mañana de enero de 2002. La temperatura había alcanzado los 42 grados centígrados y la humedad rondaba el 82 por ciento. Éramos tres visitantes —el fotógrafo, un reportero de un diario local que accedió a guiarnos y yo— que nos sentamos en derredor de la señora María López. Ella tomó la iniciativa en la conversación. Empezamos hablando del tiempo y del viaje para llegar hasta su pueblo, como distraídamente. De repente, se acercó un hombre mayor, como ella, pero era casi tres cabezas más alto que la mujer y dos más que nosotros. Un octogenario muy bien conservado. Se encontraron en una tierna mirada y tras un breve saludo él se retiró, al tiempo que nos dijo: “No se dejen impresionar por los relatos de chiquito. No lo hagan. A veces, no para de hablar de aquellos tiempos… Pidan que les cuente sobre la Batalla de los Criptógrafos”.
En ese momento ella entendió, supongo, por mi cara de perplejidad, que debía explicar eso de “chiquito”. Comenzó con un breve relato de cómo se integró a las fuerzas de combate junto con sus hermanos, de cabeza rapada y pantalones largos gastados en febrero del año ‘34. “Después que cedimos como ciudadanos responsables y comprometidos gran cantidad de mesas para hacer cajones para granadas y municiones nos convencimos, mis hermanos y yo, que debíamos estar en el frente de batalla. Necesitábamos hacer más. Nos alistamos a fines del ‘33 y tuvimos casi un par de meses de entrenamiento. Entonces, nos pusieron en marcha hacia la zona de la Cañada Tarija. Es decir, tras el armisticio de diciembre del ‘33 a enero del ‘34.” “¿Y por qué lo de chiquito…?” —insistí. Y ella, tomando el refrescante líquido servido en la guampa, con voz ronca relató: “Es que cuando me incorporé lo hice como si fuese un varón. Mi tamaño, al lado de los otros combatientes era destacable. Era, realmente, el más chiquito de los soldados, pero yo era mujer y necesitaba ocultar mi identidad de género. No estaba permitida la presencia de mujeres en el frente de batalla como soldado. Sin embargo, no quería abandonar a mis hermanos. Debido a que me crie junto a ellos adquirí sus modales, lo que me permitió alcanzar un aspecto, aceptablemente, varonil. Por otra parte, debido al consumo de cigarros po’í³ mi voz sonaba más ronca, incluso, que la de mis hermanos.”
El sargento que nos recibió nunca se percató de mi condición de mujer. Sólo mucho después, estando herida, un médico me revisó y dio el aviso al comandante. Estuve a punto de ser fusilada la mañana en que me descubrieron. Pero ocurrió que fui trasladada a la capital y mis hermanos —que casi corrieron misma suerte, es decir, la de ser fusilados— fueron trasladados a otra zona de conflicto, y allí participaron de varias batallas más. Yo, en cambio, fui destinada a servir como enfermera, dejando de actuar como soldado. —Pero, según su esposo, fue una pieza importante en la “batalla de los Criptógrafos”. —Sí, es cierto, pero… tenía que ver con la educación que yo poseía en ese entonces, y que nos sirvió para descifrar los mensajes de radiotelégrafos. Fuimos un grupo reducido… pero sí un grupo de personas que trabajamos intensamente. Eso nos permitió ganar una batalla. Capturó nuestro ejército no sólo armas, sino mapas que explicaban la inexistencia de pozos de agua en esa zona desértica. Esta era uno de los mayores problemas en la guerra, la falta de agua. Muchos… perdieron la vida, literalmente, por sed. En ambos bandos el agua fue un factor importante, determinante, en la toma de decisiones…
Desde aquella época hasta hoy me acompaña, siempre, ese cántaro que ven allí —dijo mientras nos mostraba un sector de la habitación—. Allí reposaba un antiguo cántaro de cerámica con agua fresca, el cual podía servirse con un jarro de aluminio, colocado encima de un plato de lata que estaba sobre la vasija. “Lo conservo con agua limpia y fresca. Me recuerda lo importante que son algunas cosas, y que solemos dar por entendido que siempre están o estarán al alcance de la mano; pero no es así… El agua sale de las canillas… pero cuánto más habrá de ser así…” Una tardecita —continuó el relato “chiquito”, al tiempo que encendía un clásico cigarro po´i— capturamos a un grupo de unos veinte hombres que se arrimaron presurosos a un estanque, al que llegamos primero nosotros, un grupo de cuatro soldados y un sargento. Nos escondimos, y vimos cómo se desnudaban algunos y se tiraban de cabeza al agua, mientras todos bebían, a más no poder, de aquella fuente… Los sorprendimos y capturamos. Ellos sólo pedían calmar su sed. Fue a partir de allí que comprendí la importancia del agua. De hecho, algunos pozos estaban secos y en general en esa zona eran escasos.
Comprendí también tras el relato, que su voz grave tenía que ver con el consumo de tabaco, que mantenía desde los años de su juventud. Era muy interesante verla fumar aquel cigarro pequeño, dejando escapar el humo, con una expresión de liberación. Quizás, lo liberador fuese el compartir su historia con otros, como una suerte de desahogo. El recinto donde nos encontrábamos quedó impregnado por el olor del tabaco, creando una atmósfera especial. Por un tiempo indefinido, todo pareció quedar en silencio. Extraño fue al punto que nos miramos. Era un silencio inquietante. Pero pronto continuó nuestra anfitriona con su relato. María, con sus ochenta años, mantenía una férrea voluntad por vivir. Y su aspecto no era la de alguien que se siente acabado, sino jovial. Muy bien arreglada y con un suave maquillaje, parecía un contraste increíble frente a lo que seguramente fue su aspecto al presentarse ante el regimiento que la reclutó. Su jovialidad era rara en ese ambiente tan caluroso y húmedo, que a nosotros nos estaba afectando. Sin embargo, ella fue agregando otras anécdotas, unas tras otras, incansable, mientras nos servía el tereré. En algunos momentos sonreía, por las picardías contadas. Cómo al recordar cómo había engañado a sus compañeros de aquél entonces, y a sus superiores. Era claro que lo había hecho no tanto por una cuestión de orgullo, sino por el amor que profesaba a su familia.
En ese entonces, sus dos hermanos —nos explicó— eran la única familia que le quedaba. Su madre había fallecido por una rara enfermedad, en tanto que su padre había sido capturado y luego asesinado por el enemigo. Pero de eso se enteró mucho tiempo después, al unirse al ejército. Él figuraba en las listas de soldados desaparecidos, y su interés era encontrarlo. Transcurrido unos años tras la contienda bélica supo, por boca de un antiguo compañero de combate del padre, que tras ser capturado, éste fue fusilado. Su cuerpo jamás fue hallado. La mirada de “chiquito” era penetrante. Escudriñaba el alma de quien la tenía enfrente. Al menos eso me pareció en ese encuentro. Y tras mantener entrevistas con otros de sus compañeros de combate, lo confirmé. Hablaron muy bien de ella, pero le tenían un respeto fuera de lo común. Ella los había ayudado en reiteradas ocasiones. Y explicaron que ella tenía un don, un poder. Encontraba siempre la forma de ayudar a los heridos, de estimularlos, de consolarlos. Incluso dijeron que tenía cierta capacidad de hipnotizarlos. Y para ello utilizaba, según contaron, una pluma de cabureí⁴. Investigando sobre el asunto me enteré que los chamanes de la región lo usaban para sus hechizos, para lo que llaman payé⁵.
Una tarde, pensando en la entrevista que habíamos mantenido con ella, recordé que, en un momento de la misma, mantuvimos una charla por separado. Tras la ronda de ingesta del tereré, ella se apartó y me pidió que la siguiera hasta el patio tapizado por ladrillos y enredaderas y me señaló: “Tu camino estará marcado por los libros, por la escritura de relatos, por tu imaginación. Nunca dejes de soñar despierto”. Aquellas palabras quedaron en el aire, y no reparé en sus expresiones, sino hasta muchos años después de ese encuentro. Y no compartí con ella mi afición por la escritura, en ningún momento, pues la entrevista que mantuvimos fue debido a que estaba escribiendo un informe para una revista, un semanario, que aparecía los fines de semana con el diario. Chiquito había ingresado como un varón al ejército, participando como tal en los enfrentamientos; pero había salido del frente, como mujer, por orden de su superior y bajo reserva absoluta. Sin embargo, en un reporte encontrado sobre su destinación a la capital aparecía como: soldado Mario López, nacido en 1916, en Tavapy.
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AMIGOS
Pérez de Villarreal Carlos – Argentina
Cuento basado en la canción “Decir amigo» de Joan Manuel Serrat.
Habían nacido con dos semanas de diferencia. Sus casas estaban en la misma cuadra: Carrer de Salses; casi pegadas una a la otra. Así fue como Pedro y Diego fueron vecinos; cursaron la primaria en el mismo colegio en el barrio de Horta. La secundaria los formó en las mismas aulas. Fueron amigos… Las correrías de chicos, la calle y su niñez fueron compartidas. La natilla de la madre de Pedro se compartía con la mistela que brindaba la otra madre, la de Diego. La adolescencia los puso en vuelo y el despertar sexual hacia la hombría fue compartido con la misma mujer. Y luego vinieron las salidas, el vino, la guitarra, las canciones y las broncas. Las peleas llegaron solo cuando ellos respondían. Siempre a dúo. Siempre espalda con espalda y ¡a la hostia con todo lo que viniera!, repartiendo trompadas. Ya buscar hembras entre ciudad y ciudad. Así era todo. Amistad de familia. Amistad entre ellos. Amistad de hierro. Indestructible.
Veinte años y el servicio los llevó a compartir tiendas, botas, cartucheras y fusil. Allí demostraron que eran excelentes tiradores. Ambos descollaban. No se sacaban distancia. Las bromas de la Compañía llegaban hasta el Batallón. Hasta se jugaba dinero por ver quién ganaría cada competencia. Pero siempre fue “lo tuyo nuestro y lo nuestro de los dos”. Y luego vino la filosofía de la vida. Diego se inclinó más por la liberación de los pueblos, la inclusión, la creencia en el frente popular, y puso en ello su entereza moral. Pedro fue más circunspecto. Para él, la autoridad debía ser restablecida. Obediencia y deber fueron su consigna. Allí, por primera vez, comenzaron las diferencias… Aunque el respeto era mutuo, confrontaban.
En julio del 36, el general Franco pasa a Marruecos y comienza la Guerra Civil Española. Motivos sociales, políticos y bélicos separan a los dos amigos. Hubo dos bandos bien definidos y una carnicería increíble. Se peleaba y se moría con un cigarrillo en los labios. La vida ya no importaba. Diego revistaba en el bando republicano. Pedro se encontraba alistado en el bando sublevado. Atrás quedaba la existencia conocida. Ahora era otra sensación. Se mataba fríamente no ya para sobrevivir… sino para escapar de la vida. En esos difíciles años, nunca se encontraron enfrentados. Por esas cosas del destino, ambos se habían convertido en francotiradores.
En marzo del 39, a punto ya de terminar esa maldita guerra, Pedro se encontraba defendiendo las posiciones tomadas. Allí habían probado sus armas y sus estrategias Alemania e Italia. A Hitler y al Duce, esta Guerra Civil les había servido como campo de entrenamiento para lo que vendría después. Los españoles pagan el costo: en vidas, en economía y en destrucción. Hasta los rusos intervinieron calladamente… Esa mañana de primavera, Pedro se encontraba en su barraca limpiando el Mossin-Nagant de tres líneas. Se había convertido en su aliado más fiel… Debía cuidarse. De él dependía su propia vida. Al clarear el día, las tropas franquistas comenzaron su avance. Para él la orden impartida fue clara: debía situarse sobre una colina entre unas encinas junto a su observador y concentrarse en una vieja casa abandonada en la que se ocultaban tropas sublevadas.
El asistente de Pedro, un soldado vasco de Zalduendo de Álava, callado, miraba con sus binoculares la casa abandonada. Algo se movió en la última ventana del 2º piso, justo debajo del techo a dos aguas. Ante el aviso, Pedro tomó posición y observó con su mira telescópica el lugar. Todo estaba en calma. No obstante, distinguió un brillo metálico. Observó con mejor detenimiento. En ese día primaveral, Diego se encontraba en una vieja casona abandonada. Su orden era abatir la mayor cantidad de soldados franquistas y volverse hacia Madrid, último reducto que podía defenderse. Solo, se situó en el 2º piso para observar el avance de las tropas. Usó su mira telescópica para ver. Recorrió el camino, el prado y dirigió el aparato hacia un pequeño bosque de encinas.
Los dos se vieron, uno con el arma lista y el otro no. Ambos se miraron. Los rostros cambiados, las manos ajadas, la mirada triste y lejana, pero se reconocieron. Por un momento el tiempo se detuvo. Por un momento las Ramblas los vieron pasar juntos, riéndose a carcajadas. Por un momento… Pedro bajó el arma y Diego se escabulló. Una media sonrisa apareció en sus labios, que el vasco no entendió porque había bajado sus binoculares. Diego escapando entre los matorrales tenía esa misma expresión en sus labios. El 1° de abril de 1939, pocos días después, Franco entraba triunfante en Madrid y cesaban las hostilidades. La guerra había terminado.
La calle Carrer d’en Quintana se encontraba bastante concurrida ese día de primavera de 1983 en Barcelona. Dos hombres ya ancianos, en el N° 5, en el antiguo Can Cullerets, tomaban una absenta. Sus cuerpos marchitos contrastaban con sus ojos vivaces, que al mirarse sonreían acordándose de esa mirada cómplice en una casa delante de un encinar… mucho tiempo atrás.
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CARTAS – MARZO
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“Lo que se escribe con el alma, llega sin distancia.”
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COLABORADORES – CARTAS
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CARTA AL INVIERNO
Maren Alberdi – España
Querido invierno:
Te has marchado sin hacer ruido, como haces siempre. Un día estabas ahí, con tu aire frío y tus silencios largos, y al siguiente ya no. No te reprocho nada. Tú eres así: discreto, serio, un poco brusco a veces, pero honesto en tu manera de estar.
Este año te he sentido más hondo que otros. Quizá porque venía cansada, quizá porque necesitaba tu pausa, tu recogimiento, tu forma de obligarme a mirar hacia dentro. No eres fácil, lo sé. Pero también sé que, sin ti, muchas cosas no se ordenan.
Me dejaste días de calma y otros de sombra. Me enseñaste a escuchar mis propios silencios, a distinguir entre lo que pesa y lo que simplemente duele, a aceptar que hay inviernos que no son estaciones, sino etapas.
Y aun así, te fuiste sin despedirte.Como hacen las cosas que cumplen su función.
Ahora la luz empieza a cambiar. La primavera empuja desde abajo, con esa suavidad que tú nunca tuviste. Y yo, que te he sobrevivido una vez más, te escribo para darte las gracias.
Gracias por lo que me quitaste, porque ya no lo necesitaba.Gracias por lo que me dejaste, porque me sostiene.Gracias por obligarme a parar, a respirar, a recomponerme.
No te guardo rencor.Tampoco nostalgia.Solo reconocimiento.
Sé que volverás, como vuelven todas las cosas que forman parte del ciclo. Y cuando regreses, te recibiré con la misma mezcla de respeto y paciencia. Porque ya aprendí que cada invierno trae una verdad distinta, y que ninguna llega en vano.
Hasta entonces, sigue tu camino.Yo sigo el mío, un poco más ligera.
Con afecto, Maren.
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COMPAÑERA LEAL
Balsells Magi – España
Cuando nací, al abrir los ojos, fue lo primero que vi. No sé si eras tú u otra. Con los años te fui conociendo cada vez más a fondo, ya que tú estuviste siempre conmigo. Unas veces a mi lado, no importa si es el derecho o el izquierdo, permaneces allí. Otras, estás delante mío como guiando mis pasos. También alguna vez detrás de mí te aposentas, como vigilante permanente; nunca pierdes el contacto conmigo, fiel como la mejor amiga. He intentado abrazarme a ti, no me lo permites, sólo permites tener unos contactos muy tenues, el resto de tu cuerpo queda libre…
Solo descansa al anochecer, pero casi siempre queda algún vestigio de tu presencia muy diluido, aunque sigues estando del todo presente, aunque escondida. Sólo en la oscuridad de mi dormitorio, que no es de tu agrado, es cuando no estás, pero no me importa: ya te he tenido durante todo el día y sé que mañana volverás a aparecer para acompañarme en mi rutina diaria. No importa si hace mucho sol o está lluvioso. En el primer caso, tu contacto conmigo es más fuerte, pero en los días tristes o lluviosos parece como si tú también estuvieras con este síndrome de tristeza. Tanto en uno como en otro caso, no me abandonas; permanece tu presencia agarrada a mi cuerpo.
En algunos casos eres grande, muy grande, pero en otros tu tamaño se empequeñece hasta quedar en la mínima expresión. Entiendo que son momentos de tu existencia a los cuales no debo ni puedo criticar; sólo son unos espacios de tiempo que yo comprendo. Algunos te critican por sus desgracias diciendo que eres mala, es un eufemismo sin ninguna importancia. Para mí eres buena, mejor dicho: sensacional y necesaria, ya que el día que, por la vida misma, te pierda, lo habré perdido todo. Gracias por estar siempre conmigo, acompañándome en la fortuna y la desgracia. Mi querida… SOMBRA.
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SEMANA SANTA
Luz Fontana – Italia
(para creyentes y no creyentes)
Queridos lectores:
Llega la Semana Santa y, con ella, un tipo de silencio que todos reconocemos, creamos o no creamos. Es un silencio antiguo, cargado de memoria, que nos invita a bajar un poco el ritmo y a mirar hacia dentro, aunque sea solo un instante.
Estos días tienen algo especial. Para unos es fe. Para otros, tradición. Para otros, simple descanso. Pero todos, de un modo u otro, sentimos que el tiempo cambia de textura. Se vuelve más lento, más hondo, más consciente.
La Semana Santa no exige credos. No pide explicaciones. No pregunta quién eres ni qué piensas.
Solo ofrece un espacio. Un puente entre lo que fuimos y lo que queremos ser.
Quizá por eso, cada año, cuando llegan estas fechas, siento una claridad suave. No es revelación ni milagro. Es algo más sencillo: la oportunidad de reconciliarme con lo vivido, de agradecer lo que permanece y de soltar lo que ya no me acompaña.
Ojalá estos días nos regalen un poco de paz, cada uno a su manera. Ojalá encontremos un rincón donde descansar por dentro. Ojalá aprendamos a mirarnos con más compasión, sin juicios, sin prisas.
Creyentes o no, todos necesitamos un momento para respirar.
Con afecto, Luz Fontana
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CARTA A NORMA
Caros González Saavedra – Argentina
Normita:
Al fin me animé a escribirte estas líneas. Te sentía tan lejana que no estaba seguro de que quisieras saber de mí. Era lógico: a pesar de mi inocencia, seguro te molestó que yo estuviera del lado de quien terminó jorobándote. Mi amigo —o al menos así lo consideraba en ese momento— terminó portándose como un canalla. Me hizo meterme en un negocio de exportación que solo me trajo conflictos y desprolijidades.
La culpa fue mía, por confiado.
Hoy ya pasaron los años y todo quedó atrás. Una enseñanza más, una lección aprendida.
Te dejo estas letras con la sana intención de que, quizás, algún día podamos reencontrarnos y tomar un café. Mis hijos ya están grandes; sé que los tuyos también, y que todos están bien de salud. Salieron muy trabajadores, los tuyos y los míos. Y los nietos… más hermosos que nunca.
Según estoy informado, estás sola. Por mi parte, me divorcié; no me fue bien. Así es la vida. Vivís en Belgrano. Yo sigo en la misma casa, que recuperé con los años.
Te mando un beso enorme, con la convicción de que recuperaremos aquella amistad tan linda que teníamos.
Carlos
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CARTA AL TIEMPO
Elspeth Gormley – España
Tiempo: Te escribo ahora que ya no corro detrás de ti ni intento retenerte. Has pasado por mi vida con tus maneras bruscas, a veces empujando, a veces arrastrando, y otras dejándome quieta en un silencio que no sabía si era descanso o castigo. Pero aquí sigo. Y eso, a estas alturas, ya es suficiente.
He visto cómo algunas personas intentaban hacerme daño, como si la sombra de otros pudiera tapar mi luz. No lo lograron. No porque yo fuera más fuerte, sino porque tú —con tu paciencia de siglos— me enseñaste a callar cuando el ruido ajeno no merece respuesta. Me enseñaste que el silencio, bien usado, es una frontera.
Hoy no te escribo para reprocharte nada.Te escribo para reconocer lo que hiciste sin que yo lo entendiera entonces.
Me enseñaste a soltar lo que pesaba.A no quedarme donde ya no había nada para mí.A distinguir entre lo que duele y lo que daña.A no confundir compañía con presencia.A no confundir ruido con verdad.
También me diste mañanas frente al mar, ese mar que me entiende sin hablar. Él y tú hacéis buen equipo: uno me ordena por dentro, el otro me empuja hacia adelante. Entre los dos me habéis enseñado que todo vuelve, incluso yo.
No te pido que vayas más lento ni más rápido.No quiero que me devuelvas nada ni que me prometas nada.Solo quiero seguir caminando contigo sin miedo, con la certeza de que lo que tenga que quedarse, se quedará. Y lo que tenga que irse, se irá sin hacer ruido.
Gracias por lo vivido.Gracias incluso por lo que dolió.Gracias por dejarme aquí, entera, con mis silencios limpios y mi nombre intacto.
Sigo.Y tú conmigo.
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CARTA DE UNA CRÓNICA DE VIDA Y RESILIENCIA
Sarah Petrone – Argentina
En estos tiempos de guerras que el mundo afronta nuevamente, quiero relatar una síntesis de una crónica periodística que escribí en 2015 sobre héroes anónimos, en guerras pasadas. Sobrevivientes que no escriben de historia, pero que fueron los protagonistas, mudos testigos y víctimas de la estupidez de los que tienen el poder de crear y dirigir los conflictos, a voluntad, sentados en sus burocráticos sillones, detrás de sus escritorios.
Soy descendiente de una de las tantas familias italianas de un pueblo del sur del país, que años tras años fue empobrecido por las guerras que nunca solucionaron ni solucionan nada. El negocio de la guerra es rentable. Va más allá de los intereses ideológicos o religiosos.
Mi abuelo paterno se enroló en la Primera Guerra Mundial de 1914, como voluntario a pesar de ser padre de cinco hijos menores que lo necesitaban. Su patriotismo y su amor por la Patria lo hirieron en un pulmón, y murió por mala praxis, tiempo después.
Su hijo mayor, mi padre, fue enrolado en el Servicio Militar y reclutado para la Segunda Guerra Mundial de 1940, pasando cinco largos años lejos de su tierra natal y de los suyos.
Diezmado su regimiento, mi padre fue capturado por los alemanes, el 12 de septiembre de 1943 y conducido a Prusia Oriental, a un campo de concentración hasta que cesó su cautiverio, al finalizar la guerra, al cabo de dos años . Retenido por las FFAA aliadas, el 8 de mayo de 1945, veinte días después, regresó a Italia.
A su regreso, ni mi padre ni el pueblo de la posguerra fueron los mismos. El hambre, la desocupación, los saqueos, las familias destruidas, diezmaron la voluntad de seguir viviendo en Europa, y comenzó el éxodo que nos trajo a Argentina, la tierra prometida, de Paz. América. La que nos acogió.
Amada y añorada, la Patria que no pudo contener los sueños perdidos bajo los escombros, y la miseria golpeando con dolor el corazón y la memoria
que se vuelven a reactivar con las imágenes actuales que parecen sacadas de una vieja película de guerra. Pero ES LA REALIDAD.
Nada ha cambiado ni nada se aprendió. El flagelo de las guerras nunca cesaron, recrudecen como volcanes en plena erupción, por todo el mundo. Y quiero vivir en PAZ, y que la Paz no sea una utopía.
No quiero llorar más las pérdidas humanas. Necesito soñar con un futuro que me permita sanar mi Yo interior y no seguir gritando: AY, PATRIA MÍA, CÓMO ME DUELES.
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ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL – MARZO
Crecemos cuando nos escuchamos por dentro.
A VECES EL CONFLICTO, ES CON NOSOTROS MISMOS
Andrea N. Kiperman – Argentina
Antes que nada, gracias —como siempre— por estar del otro lado, compartiendo estas palabras. En esta oportunidad quisiera referirme al tema del mes desde una perspectiva diferente. A veces, el “conflicto” no está afuera: está dentro de nosotros. A veces, la guerra es interior. A veces, y solo a veces, nos vemos envueltos en circunstancias que no esperamos, que no anhelamos, que no queremos ni deseamos; y aparece ese enojo silencioso entre lo que queremos y lo que ocurre, entre lo que soñamos y lo que la realidad nos ofrece. Entre lo utópico y lo real.
Muchas de las situaciones que se nos presentan en la vida tienen un poco de cal y un poco de arena. Nos suceden, y por momentos no podemos comprender de inmediato el aprendizaje que traen consigo, y eso nos enoja. Nos enoja porque es distinto a lo que imaginamos en el pasado, porque nos confronta con emociones que no siempre sabemos gestionar. Los llamados “errores”, o ciertas decisiones que tomamos tiempo atrás, pueden despertar sentimientos de auto-recriminación. Pero me gustaría hacerte una pregunta, con total honestidad: ¿Cómo podríamos haber elegido distinto si en ese momento no teníamos “el diario del lunes”?
Muchas decisiones nos hicieron crecer. Nos enseñaron cosas que, sin haberlas vivido, quizá habría sido imposible aprender. Creo que todo lo que nos ocurre —aunque no estemos de acuerdo, aunque duela, aunque nos descoloque— nos ofrece una oportunidad para crecer y atravesar la vida con más fortaleza.
Una vez leí que a cada persona le suceden las cosas que puede atravesar. Y quiero quedarme con esa idea para cerrar este escrito, porque de alguna manera trae calma en estos tiempos tan difíciles que todos estamos viviendo.
Sin más por ahora, me quedo con ustedes…
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RELATOS DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER 2026
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Se permite la difusión del contenido siempre que se mencione la autoría o la página Letras Hispanas por el Mundo
“Relatos para un 8M que nos invita a pensar, leer y renacer.”
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COLABORAN
LA MUJER QUE ENCENDIA FAROS
Maren Alberdi – España
Cada madrugada, cuando el pueblo aún dormía, Clara subía la colina con una linterna vieja que apenas alumbraba sus pasos. Nadie sabía por qué lo hacía. Algunos decían que era costumbre, otros que era manía, otros que simplemente estaba sola.
Pero Clara no subía para verse. Subía para ver a las demás.
Desde lo alto, encendía su faro pequeño —una lámpara de aceite que había heredado de su abuela— y lo dejaba brillar hacia el valle. No iluminaba mucho, apenas un hilo de luz temblorosa. Pero era suficiente para que otras mujeres, en otras casas, supieran que no estaban solas en la oscuridad.
Una noche, una niña del pueblo la siguió. —¿Por qué lo haces? —preguntó. Clara sonrió. —Porque todas necesitamos un faro alguna vez. Y porque un faro no se pregunta a quién ilumina. Solo lo hace.
Con el tiempo, más mujeres subieron con ella. Cada una llevó su propia luz: una vela, una linterna, una lámpara improvisada. Y la colina, que antes era un punto solitario, se convirtió en un cielo en la tierra.
Desde entonces, en ese pueblo, el Día de la Mujer no se celebra con discursos. Se celebra encendiendo luces. Porque allí aprendieron que la valentía no siempre ruge: a veces solo ilumina.
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LA ESQUINA DE LA LUZ
Luz Fontana – Italia
En el barrio había una esquina donde siempre daba el sol. No era un lugar especial: un trozo de acera, una farola vieja, una pared con grafitis que nadie terminaba de borrar. Pero a esa hora de la tarde, la luz caía de una forma que hacía que todo pareciera un poco más posible.
Allí se encontraban, casi sin planearlo, dos mujeres.
Clara salía del trabajo con los hombros tensos y el pelo recogido a toda prisa. Había pasado el día entero explicando cosas que nadie quería escuchar, como si su voz fuera un ruido de fondo. Elena llegaba en bici, con las manos manchadas de grasa y una sonrisa que siempre parecía recién estrenada. Era mecánica, y le gustaba decir que arreglar bicicletas era más fácil que arreglar el mundo.
Se saludaban con un gesto pequeño, casi tímido, como quien reconoce un refugio sin admitirlo.
Un día, Clara llegó con los ojos brillantes de rabia. —Hoy me han vuelto a interrumpir en la reunión —dijo—. Tres veces. Y la última… la última ha sido para repetir lo que yo acababa de decir.
Elena apoyó la bici en la pared y se cruzó de brazos. —Pues mira —respondió—, yo hoy he tenido que explicarle a un cliente que sí, que una mujer puede cambiarle los frenos sin que se muera nadie.
Se rieron. No porque hiciera gracia, sino porque a veces reír es la única forma de no romperse.
La luz seguía cayendo sobre ellas, cálida, insistente.
Con el tiempo, empezaron a quedarse un poco más. A hablar de lo que dolía y de lo que sostenía. De lo que habían aprendido a callar y de lo que ya no pensaban callarse nunca más.
Una tarde, mientras Clara hablaba con las manos —porque cuando se soltaba, hablaba también con el cuerpo—, Elena la miró con una claridad nueva. Como si la luz de la esquina hubiera cambiado de sitio y ahora le iluminara directamente el pecho. —¿Puedo decirte algo? —preguntó Elena, sin apartar la mirada.
Clara asintió. —Cuando estás aquí… no sé. Me siento menos sola.
Clara tragó saliva. No era una confesión grandiosa. No era una declaración de película. Era algo más verdadero: un hilo que se tendía entre las dos. —A mí me pasa lo mismo —respondió—. Y no sabía cómo decirlo.
No se tocaron. No hacía falta. La luz las envolvía como si lo hiciera por ellas.
Desde entonces, la esquina dejó de ser solo un lugar donde daba el sol. Se convirtió en un punto de encuentro, en un espacio seguro, en un recordatorio de que las mujeres —todas, de todas las formas posibles— pueden encontrarse, sostenerse y reconocerse sin pedir permiso.
Porque a veces la revolución empieza así: con dos mujeres que se miran de frente, y una luz que, por fin, no las deja en sombra.
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EL HILO QUE CRUZO EL MAR
Elspeth Gormley – España
Amina llegó a España una madrugada fría de enero. No sabía exactamente dónde estaba; solo sabía que había tierra firme bajo sus pies y que el mar, por fin, había dejado de rugir. Llevaba tres días sin dormir, con la ropa pegada al cuerpo y la mirada fija en un horizonte que ya no existía. Pero estaba viva. Y eso, para ella, era un comienzo.
Había salido de Senegal con una mochila pequeña y una promesa: “volveré cuando pueda sosteneros a todos”. Su madre le había trenzado el pelo la noche anterior a su partida, apretando cada mechón como si quisiera dejarle un hilo invisible que la guiara de vuelta a casa. —No olvides quién eres —le dijo—. Ni de dónde vienes. Amina asintió, aunque sabía que el viaje la cambiaría para siempre.
En España la recibió un centro de acogida, un edificio gris que olía a sopa caliente y a cansancio. Allí aprendió sus primeras palabras en castellano: hola, gracias, mañana. Palabras pequeñas, pero suficientes para empezar a tejer una vida nueva.
Los primeros meses fueron duros. Muy duros. Amina limpiaba escaleras por las mañanas, cuidaba a una anciana por las tardes y estudiaba español por las noches. A veces lloraba en silencio, no por tristeza, sino por agotamiento. Pero cada vez que pensaba en rendirse, recordaba las manos de su madre trenzando su cabello. Ese hilo invisible seguía ahí, tirando de ella hacia adelante.
Un día, mientras limpiaba un portal en Alicante, una vecina la observó en silencio. —Tú trabajas muy bien —le dijo—. ¿Has pensado en estudiar algo? Amina sonrió tímidamente. —Quiero… cuidar. A personas. A mayores. A niños. A quien necesite. La mujer la miró con una ternura inesperada. —Entonces ven conmigo. Conozco un sitio donde puedes formarte.
Ese gesto cambió su vida.
Amina comenzó un curso de auxiliar sociosanitaria. Le costaba seguir las clases, pero no se rendía. Subrayaba cada palabra, repetía cada frase, preguntaba sin miedo. Sus compañeras la admiraban. —Tú tienes una fuerza que no se ve todos los días —le decían. Ella sonreía, sin saber muy bien cómo responder.
Al terminar el curso, consiguió trabajo en una residencia. Allí descubrió algo que no esperaba: que su voz, suave y cálida, tenía el poder de calmar a quienes ya habían olvidado casi todo. Que sus manos, firmes y delicadas, podían sostener cuerpos frágiles sin hacerles daño. Que su presencia, silenciosa y constante, era un refugio para muchos.
Una tarde, mientras acompañaba a pasear a una mujer mayor, esta le tomó la mano. —Eres luz, hija —le dijo—. No dejes que nadie te apague. Amina sintió un nudo en la garganta. Nadie se lo había dicho desde que dejó su hogar.
Con el tiempo, alquiló una habitación, envió dinero a su familia y comenzó a ahorrar para traer a su hermana pequeña. Cada paso era lento, pero firme. Cada día era una conquista.
El 8 de marzo, sus compañeras de la residencia la invitaron a una manifestación. —Ven con nosotras —le dijeron—. Este día también es tuyo. Amina dudó. No sabía si pertenecía a ese “nosotras”. Pero fue.
Cuando llegó a la plaza y vio a tantas mujeres juntas —jóvenes, mayores, migrantes, españolas, madres, estudiantes— sintió algo que no había sentido desde que dejó Senegal: pertenencia.
Una chica le ofreció un cartel. —Escribe lo que quieras. Amina pensó un momento y escribió despacio, con letra temblorosa:
“Mi camino fue largo. Pero aquí también florezco.”
Al levantar el cartel, sintió que el hilo invisible que la unía a su madre seguía intacto. No la tiraba hacia atrás. La sostenía.
Y por primera vez desde que cruzó el mar, Amina se sintió completa
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COMPAÑERAS DE VIAJE
Sandra Romeo – Argentina
Sin luces ni sombras en su mirada, la anciana estaba parada en el andén de la estación, inmóvil entre la marea de gente.
Semejaba un árbol reseco esperando el hachazo final.
Quizá fue esto lo que llamó la atención de Ángela. Y eso que ella no era afecta a iniciar relaciones con personas desconocidas.
Se acercó a la vieja despacio, aprovechando los huecos que dejaban los pasajeros apretujados sobre la plataforma.
La tomó con cuidado del brazo con temor a que se le deshiciera en las manos y la despegó unos pasos del bloque humano.
Se sintió mirada, y en esa mirada, espejo a futuro, se vio.
Tuvo miedo.
Aun así ayudó a la viejita a subirse al tren y conseguir un asiento en los vagones atestados.
Dio media vuelta para marcharse pero la voz cascada de una historia la atrapó.
—Sí—dijo la otra—, estoy sola en el mundo y soy vieja. Piensan que no lo sé, que no me doy cuenta o que soy tan estúpida como para no verlo. Sin embargo no siempre fue así. Sé de la familia, del amor y del abrazo. Sé del abandono.
Ángela se hizo un lugar a su lado dispuesta a escuchar.
Las manos huesudas de la anciana dibujaban signos en el aire y su mirada legañosa la enfocó al tiempo que le decía: —Todo se remite a la confianza, querida. Cuando una confía nunca está sola.
Cuando una confía, vive.
La joven ahuecó sus brazos y la contuvo. Con el traqueteo del tren y la cadencia de su monólogo la viejita se fue quedando dormida, no sin antes depositar a Ángela en la contemplación de su propio pasado.
Recordó.
El amor con Eduardo. La pasión que los condenaba a una vida apartada. La familia hinchando su vientre, bebiendo su tiempo así como su sangre.
Los engaños.
Otras que nunca serían ella. Solo pasajeras sin ancla ni destino en la vida de él. Pero otras al fin.
Y la soledad que se coagulaba en horas de espanto durante el día y la asfixiaba durante la noche al punto de sentirse expulsada del tiempo.
Despacio, muy despacio, se deshizo del abrazo a su compañera de viaje acomodándole la cabeza con cuidado sobre el asiento de cuerina verde.
No sabía dónde estaba, pero sí sabía que debía bajarse de ese tren que era su vida. La otra, pajarillo breve en el inmenso vagón, seguramente viajaría hacia el final.
Se paró con lentitud dirigiéndole a la viajera una última mirada de cómplice
agradecimiento.
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ARTÍCULOS DEL DIA DE LA MUJER 2026
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«Donde una se levanta, todas avanzan.”
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COLABORAN
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TODOS LOS DIAS SON 8 DE MARZO
Ilka Olivia Corado – Estados Unidos
¿Y sabe por qué? Porque todos los días a las mujeres se nos niegan nuestros Derechos Humanos. Porque aún existe la desigualdad entre hombres y mujeres. Abismales diferencias en los derechos laborales. Porque en la mayoría de países se nos sigue negando el derecho al aborto, y nos acusan de asesinas y nos encarcelan si detenemos un embarazo. Porque la iglesia aún nos sigue sometiendo y si nos atrevemos a pensar por sí mismas nos expone ante el escarnio público como las poseídas por las ánimas del purgatorio. ¡La sangre de Cristo! Y se nos viene encima un exorcismo dirigido por un cura misógino y avalado por un esposo (amante o compañero) machista y de doble moral.
El sistema patriarcal pretende que las mujeres sigamos en silencio, en la sumisión que maquilla de obediencia y quién se atreva a salir del redil merece ser castigada con todo el peso de la imposición. Una mujer independiente, emprendedora y pensante no es bien vista por el sistema y la iglesia, por esa razón han sido tantas mujeres que a través de los años las desaparecidas, torturadas y asesinadas, temen que de la semilla de la flor brote un jardín.
El 8 de Marzo son todos los días porque seguimos educando a nuestros niños con normas patriarcales, incluso antes de nacer ya les asignamos roles con nuestros prejuicios y estereotipos, dependiendo si es niña o niño así es nuestro afecto y nuestra forma de socialización. Es urgente cambiar las normas y arrancarlas de raíz. La equidad social es necesaria. Las mujeres no somos seres inferiores, tampoco estamos exigiendo privilegios –que los hombres sí tienen- solo pedimos respeto, derechos y equidad. Todo esto no se puede obtener sin libertad.
Las mujeres no somos libres de decidir sobre nuestros cuerpos, en ellos se mete el sistema y la iglesia, dirigida por sotanudos y mezquinos. ¿Con qué derecho? Con el aval del patriarcado que es el que rige nuestras vidas dóciles.
Es necesario alimentar la memoria colectiva y reivindicar la luchas de aquellas pioneras aguerridas que dieron sus vidas a cambio de nuestros derechos, que fueron quemadas vivas, transgredidas, encarceladas y torturadas. Ellas son nuestras heroínas. Aquellos movimientos feministas que se levantaron en rebelión y que gracias a las voces que se alzaron con arrojo nosotras hoy en día podamos disfrutar de pequeñas vertientes. La lucha por la equidad corresponde a todo ser humano, llámese feminista o no. La etiqueta es lo de menos. Humanos, seamos humanos sin limitantes. El Día Internacional de la Mujer, debería ser reivindicado en el mundo entero, en todos los rincones, pero hacerlo se sigue viendo como arranque feminista, tomemos en cuenta cómo el patriarcado ve al feminismo y de qué manera se encarga de desacreditarlo.
No me dejará mentir que son pocos los hombres que asisten a las actividades que se realizan ese día, y que la mayoría de ellos confunden los conceptos, creen que ese día es de regalar flores y –pagar motel- derrochar más de una galantería a «la flor más bella del jardín.» Pero al día siguiente vuelve a ser ese macho misógino y así se mantiene el resto del año. También las mujeres en general ven el feminismo con recelo, es producto del embate misógino. Uno puede no ser feminista, y está en todo su derecho, pero eso así, el feminismo debe ser respetado. En mi opinión no ser feminista no significa ir en contra de la equidad, -como acotan algunas personas- es obligación de todos luchar porque se respeten los Derechos Humanos de todo ser. Porque exista la independencia de la mujer en su todo como ente social.
Necesitamos cambios reales, profundos, consecuentes. Como padres de familia, comunidad, como iglesia, como estado, como sociedad. Se acerca el Día Internacional de la Mujer, ¿qué tal si vamos pensando en cómo cambiar los patrones de crianza, nuestra forma de pensar y actuar respecto a la equidad humana? ¿Si vamos pensando en no denigrar por el género? ¿Si vamos sacudiéndonos la mojigatería y pensamos en que el derecho al aborto debe ser ley? ¿Que si nosotros tenemos derechos por qué no luchamos para que los tengan otros? ¿En qué afecta la equidad a quienes tenemos privilegios? ¿Qué estamos dispuestos a hacer para que el género no interfiera en el trato, oportunidad, y derechos de las personas? ¿Qué mundo quiere dejarle a las siguientes generaciones? Pensamos en nuestras heroínas, ¿y si ellas hubiesen sido sus hermanas, sus mamás, sus esposas, sus novias, sus maestras, sus amigas? Lo fueron de alguien más. No, cambiar este mundo y luchar por la equidad de género no es cosa solo de mujeres, esta lucha debe ser de todos. ¿Está dispuesto a ayudar cambiar esta realidad patriarcal, misógina, machista y esclavizadora? ¿Qué tal si nos vamos respetando? ¿Si dejamos de seguirle al juego al patriarcado? Eso, ¿qué tal si nadamos contra la corriente? Lo digo porque hay algunos hombres que se jactan ser verdaderos revolucionarios y se pavonean, pero cuando se trata de derechos de mujeres son más derechistas que los mismos dictadores. Dejemos de anteponer los testículos y los privilegios de género, porque si somos de los de verdad, sabemos que todos los derechos son para todos, sin distinción.
Revindicar el Día Internacional de la Mujer, es alimentar la memoria colectiva, de la misma forma en que se hace con el holocausto, los genocidios, las revoluciones, y todas esas fechas que marcan en nuestro calendario y reloj, un suceso que cambió el rumbo de la historia. Seamos parte del cambio, soñemos y luchemos por un mundo integral, humano donde la equidad sea «la flor más bella del jardín.» Esto es cosa de todos los días.
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DONDE NACE LA VALENTIA
Elspeth Gormley – España
«La mujer no solo da vida: la llena de fuerza, de inspiración y de esperanza. Nos recuerda cada día que los sueños más grandes nacen de su valentía y de su corazón infinito.» Elspeth Gormley
Hoy el mundo hace una pausa para honrar a las mujeres. En este Día Internacional de la Mujer celebramos no solo sus logros, sino también su espíritu inquebrantable y su capacidad para transformar la adversidad en impulso.
A lo largo de la historia, las mujeres han abierto caminos donde antes solo había muros. Desde la ciencia que ilumina hasta el arte que conmueve, desde la política que mueve sociedades hasta el deporte que inspira, su huella es profunda y universal. Su fuerza no reside solo en soñar, sino en convertir esos sueños en realidad, impulsando una revolución silenciosa y poderosa.
Este avance nunca ha sido un viaje en solitario. Hombres y mujeres han trabajado juntos, demostrando que la igualdad es una construcción compartida. Los aliados que han alzado su voz junto a ellas nos recuerdan que el cambio florece cuando las manos se unen.
Aun así, queda camino por recorrer. En muchos lugares del mundo persisten desigualdades que nos llaman a seguir luchando. Este día nos recuerda que la igualdad no es un ideal lejano, sino una responsabilidad urgente y colectiva.
Hoy celebramos, pero también reflexionamos. Honramos a las mujeres que inspiran, lideran y desafían los límites. Reafirmamos nuestro compromiso de construir un mundo donde cada persona pueda brillar con todo su potencial.
El Día Internacional de la Mujer no es solo una fecha. Es un llamado a la esperanza, al cambio y, sobre todo, a la unidad.
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QUERIDA MUJER
Andrea Kiperman – Argentina.
Querida mujer: gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras.
Hoy es tu día, aunque en verdad todos los días lo son. Te honro a ti y a tus antecesoras, a tus ancestras, que seguramente están orgullosas de tu paso, de tus ideas y de tus luchas. Hoy no es un día más: celebremos nuestras voces unidas, nuestras palabras que a veces llegan como colibríes a los oídos de quienes las necesitan.
Celebremos los consejos, los abrazos, las caricias, el amor que brindas al mundo día tras día. Mira todo lo que entregas, incluso cuando parece silencioso o cuando sientes que nadie lo nota. Hoy es un día especial para recordar, respetar y demostrar que somos más fuertes de lo que creen… y de lo que a veces creemos nosotras mismas.
Querida mujer, te veo y me veo. Te reflejas en mis ojos, y mis ojos te reflejan. No olvides nunca tus palabras ni tu opinión. No permitas que nada ni nadie apague tus ideas, y mucho menos tu brillo.
Feliz Día de la Mujer a todas.
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VIOLENCIA MACHISTA
Ernesto Núñez – México
El aumento de la participación política de las mujeres en México incrementa la violencia en contra de ellas.
El país latinoamericano es pionero en la regulación de la paridad y la prevención de la violencia política que se ejerce contra las mujeres
La violencia política contra las mujeres en México se ha visibilizado, pero no se ha frenado. En los más recientes procesos electorales celebrados en el país, se registró el mayor número de candidatas postuladas a un cargo público, incluida la presidencia de la República, pero a la par se presentó la mayor cantidad de ataques en razón de género. En térinos de paridad la elección de 2024, fue histórica .ya que de ahí surgieron la primera presidenta de México; un Congreso paritario con un número inédito de senadoras y diputadas federales; cientos de alcaldesas y diputadas locales; y cuatro gobernadoras, que llevaron al país a un máximo histórico de 13 entidades con una mujer al frente de un Estado. Pero también fue la elección más violenta de la historia para ellas.
Según diversos informes de las autoridades electorales, las mujeres en campaña son víctimas de ataques en redes sociales, agresiones en medios de comunicación, obstáculos para ser candidatas, denostación y descalificación, ataques verbales y físicos, retiro y destrucción de su propaganda, amenazas, intimidación, hostigamiento, violencia sexual y psicológica, discriminación dentro de sus propios partidos y, recientemente, diversos tipos de violencia digital. Se trata de ataques que crecen en paralelo a una mayor participación en la política, derivada de las reformas de paridad implementadas desde 2019.
“Si bien la paridad ha impulsado la presencia de las mujeres de manera importante, al tener mayor exposición mediática, las candidatas fueron blanco de mayor violencia en razón de género”, concluye el Instituto Nacional Electoral (INE) en un informe en el que analiza el uso de la inteligencia artificial, la proliferación de las noticias falsas, la difusión de mensajes de odio, la violación a su privacidad por medio de espionaje y la propagación de videos manipulados, como nuevas formas de agresión para afectar e inhibir la participación de las mujeres en los comicios.
En el proceso electoral 2024, el INE recibió 215 quejas formales por violencia política en contra de las mujeres en razón de género, que equivalen al 42% de las 511 que se habían registrado en cuatro años, desde la reforma constitucional aprobada en 2020 para prevenir y sancionar esta conducta. El INE identificó a 157 víctimas, en su mayoría candidatas a diputadas federales, senadoras o presidentas municipales, y procedió contra 266 probables infractores. El Registro Nacional de personas sancionadas por esta conducta, que opera desde abril de 2020, multiplicó a las personas inscritas, para llegar a la cifra de 438 sancionados, 360 hombres y 78 mujeres. Aunque la mayoría son ciudadanos comunes (91), en el registro hay presidentes municipales, regidores, funcionarios del ámbito estatal o federal y 53 periodistas.
“Hemos avanzado, pero hay pendientes”
México es un país pionero en la regulación de la paridad y la prevención de la violencia política que se ejerce contra las mujeres. En 2019 se aprobó la reforma de paridad total y, en 2020 , La reforma en materia de violencia política contra las mujeres ene razón de género. Las cuales llevaron a la Constitución una serie de acuerdos y medidas que había implementado el INE durante más de una década. De esas reformas surgieron normas y protocolos que buscan mejores condiciones de competencia política para las mujeres, paridad en los cargos públicos y un entorno libre de violencia para candidatas y funcionarias públicas. Algunos ejemplos son los acuerdos para que los partidos postulen igual o mayor número de mujeres a las gubernaturas en un mismo ciclo electoral, las medidas para generar congresos paritarios a nivel federal y local, la creación de un observatorio de participación de las mujeres; los mecanismos para prevenir la violencia política, como el 8 de 8 que impide que personas violentadoras puedan competir por un cargo público, el Registro Nacional de Personas Sancionadas, los monitoreos especializados para detectar la violencia mediática y en redes sociales y, más recientemente, el modelo integral de atención a víctimas de violencia política que el INE ha comenzado a implementar a partir de febrero.
La consejera Claudia Zavala, integrante de la Comisión de Igualdad de Género del INE, explica que los avances en materia de paridad han permitido que hoy las mujeres no solo compitan por los cargos, sino que accedan a ellos, lo que ha generado un efecto no deseado de mayor violencia política en razón de género. Zavala lamenta que, a la violencia que se expresa de forma material, hoy se añada una violencia digital y simbólica que busca estereotipar a las mujeres, atacarlas por jugar nuevos roles y encasillarlas en las actividades tradicionales que se les asignaban en el pasado.
“En la medida en la que hemos avanzado en cumplir con el principio de paridad, generando esquemas que permiten que las mujeres no sólo compitan, sino que realmente accedan al poder, los datos nos demuestran que se incrementa la violencia, tanto en las campañas, como en el ejercicio del cargo y al interior de los partidos, donde tenemos un enorme rezago”, comenta la consejera.
Claudia Zavala llegó al INE en 2017 y está por concluir su encargo el próximo 4 de abril. Desde su experiencia de nueve años, la consejera percibe avances institucionales tanto en paridad como en prevención de la violencia, pero reconoce que persisten formas de discriminación, violencia e inequidad. Zavala considera que es necesario perfeccionar los protocolos para que, por ejemplo, los sancionados por violencia de género, efectivamente, sean impedidos de volver a ocupar cargos públicos, ya que hay casos de personas que son reincidentes hasta en 10 ocasiones y vuelven a ser funcionarios municipales o legisladores.
En el proceso electoral 2023-2024, el INE implementó un programa piloto de atención a víctimas que arrojó datos importantes, como el hecho de que buena parte de la violencia se genera a nivel municipal, muchos casos ocurren dentro de los partidos políticos, y algunas mujeres preferían denunciar en horas de la madrugada, probablemente por temor. De ese programa piloto surgió la necesidad de crear un mecanismo integral, que incluya prevención, atención psicológica, acompañamiento y asesoría jurídica, que aún debe concluirse.
Zavala considera necesario que el INE mantenga este tema como una prioridad de su agenda, que el asunto se considere en los cambios previstos en la reforma electoral. Y que no se abandone la prevención y atención a mujeres violentadas por un asunto de recursos, lo que podría ocurrir como efecto del inminente recorte presupuestal previsto en la reforma. “Me voy tranquila porque sé que rendimos cuentas de 2017 a 2026; en nueve años tuvimos actividad, vencimos muchas resistencias e hicimos un trabajo colectivo en el que nos acompañamos las mujeres de organizaciones civiles, académicas, investigadoras, magistradas y consejeras”, afirma.
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DÍA DE LA MUJER – 2026
Carlos Pérez de Villarreal – Argentina
Cada 8 de marzo recordamos a quienes dejaron su vida en un hecho trascendental que marcó el siglo. Ese día, en 1908, morían 129 mujeres en un incendio dentro de la fábrica Cotton Textil Factory en Nueva York, luego de que se declararan en huelga con la permanencia en su lugar de trabajo. ¿Qué buscaban con su paro? Igualar sus derechos a los del hombre, cobrar el mismo salario, rebajar su horario laboral a 10 horas y reformar las condiciones de labor, paupérrimas. Para que desistieran y abandonaran el lugar, su propietario ordenó cerrar las puertas con cadenas. Nadie sabe cómo pasó, pero se desató un incendio que arrasó el edificio entero, sin que pudieran rescatar a nadie.
El 3 de mayo de ese mismo año, se realizó un acto, como preámbulo para que el 28 de febrero de 1909 se conmemorara por primera vez el «Día Nacional de la Mujer».
Un año después, en 1910 en Copenhague, se desarrolló la Segunda Conferencia Internacional de Mujeres Socialistas, cuyo tema central fue el sufragio universal y la declaración del 8 de marzo como «Día Internacional de la Mujer Trabajadora», en homenaje a las fallecidas dos años atrás.
En 1977, por la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas, se designó ese día como el «Día Internacional de la Mujer».
Con la presencia de 189 gobiernos, durante la Conferencia Mundial sobre la Mujer, en 1955 adoptaron la Declaración y Plataforma de Acción de Beijing, sentando las bases para la realización de proyectos y políticas en áreas clave tales como paz, justicia, salud, educación, participación política, empoderamiento económico y la eliminación de la violencia contra la mujer y las niñas.
Con la premisa de igualdad de género y el empoderamiento de la mujer, la ONU, en 2011, celebró el centenario de lo ocurrido en Nueva York.
Hoy en día, si bien el mundo es más igualitario, el progreso sigue siendo muy lento por tal razón, más que nunca, cada 8 de marzo, a nivel mundial, conmemoremos el hecho, con el sentido de generar una sociedad más justa, y reconocer los derechos y oportunidades para todas las mujeres.
En lo particular, saludamos a todas las mujeres colaboradoras de la revista, que con sus escritos proponen el compromiso y la lucha por la igualdad de derechos, calidad de vida y paz. No es poca cosa.
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LA HORA DE LAS TRABAJADORAS MIGRANTES
Carolina Vidal – España
No nos vale un feminismo que solo rompa techos de cristal, queremos que también despegue de suelos pegajosos a la mayoría de las mujeres
En la semana del 8 de marzo, el mundo pone el foco en las mujeres y en las discriminaciones que les afectan. Es de justicia priorizar a las trabajadoras de origen extranjero Porque a ellas, en especial a las que están en situación administrativa irregular no les han llegado en igual medida los muchos avances recientes conseguidos mediante el Diálogo Social. Lo que sí les ha llegado es la ola racista reaccionaria.
Aumenta el riesgo de explotación, abuso y violencia, laboral y social. Está pasando. Afrontamos una oleada racista que ha puesto en el foco de sus discursos de odio a las personas migrantes. En realidad, a personas migrantes racializadas.
Si en EE UU las políticas antinmigración de Trump nos han escalofriado con deportaciones sin garantías jurídicas y utilizando una fuerza paramilitar, aquí, a nuestro alrededor, el discurso xenófobo se reaviva con mensajes trucados (fakes) expandidos por redes sociales al servicio de políticos y voceros ultras. Usan consignas como la “remigración”, un tipo de limpieza étnica para expulsar selectivamente a migrantes por el origen o religión.
Vaya por delante que no van a lograr que renunciemos a nuestra defensa de sus derechos humanos, una prioridad sindical. Lo que buscan es despojarlas de derechos, estigmatizarlas, y sobre todo, sobreprecarizarlas. Mujeres forzadas a trabajar en los sectores más precarizados pese a su formación.
Las mujeres migrantes, que suponen el 52% de nuestra población migrante, no pueden ser ciudadanas de segunda. No nos vale un feminismo que solo rompa techos de cristal, queremos que también despegue de suelos pegajosos a la mayoría de las mujeres. Y en España las mujeres migrantes están expuestas a una triple discriminación: por ser mujeres, por ser trabajadoras, por ser migrantes.
Enfrentan mayores obstáculos laborales y sociales: una segregación laboral y ocupacional aún más intensa que las autóctonas. El 20,4% de ellas trabaja en la hostelería, el 18,7% en empleo del hogar, el 13,85% en comercio, el 8,6% en el sector sociosanitario, el 3% en agricultura. Como el resto de trabajadoras, les afectan la brecha salarial y salarios medios más bajos. Por su mayor contratación a tiempo parcial (que supera en cinco puntos porcentuales a la población autóctona), por su alta presencia en sectores de baja cualificación.
Además, enfrentan mayores obstáculos para acceder a servicios de conciliación. Es decir, se produce la gran injusticia de que las trabajadoras migrantes resuelven, a las familias que pueden permitírselo, los déficits del sistema de cuidados atendiendo a menores y mayores dependientes, mientras ellas lo tienen casi imposible.
Y presentan más factores de desigualdad: más pobreza laboral, más vulnerabilidad económica, más dificultades para acceder a la sanidad, como el acceso al aborto, más vulnerabilidad ante situaciones de violencias machistas, acoso sexual y acoso por razón de sexo en el entorno laboral.
Parte de estas vulnerabilidades deben mejorar con el proceso de regularización extraordinaria anunciado por el Gobierno y que desde el sindicato vemos como una medida necesaria y justa. CC OO tiene abiertas las puertas de sus 400 sedes en toda España y abrirá una línea telefónica exclusiva y gratuita para informarles, asesorarles y acompañarles en sus necesidades administrativas, laborales y sociales.
Las reclamaciones más acuciantes de las trabajadoras migrantes son la asistencia en la regularización administrativa, la equiparación en derechos laborales, mayor protección frente al acoso sexual y la sobreprecarización laboral. Esa es nuestra hoja de ruta, la del sindicalismo de clase feminista.
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