MICRORRELATOS – OCTUBRE

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n pocas líneas cabe un universo. Estos microrrelatos demuestran que la intensidad no siempre necesita muchas palabras»

COLABORADORES

Maren Alberdi (España), Roberto García Ronás ( Costa Rica ) Elspeth Gormley (España), Ángel Ariel Navarro (Corrientes, Argentina), Sarah Petrone (Avellaneda, Argentina) y Yanni Tugores (Uruguay)

Imagen Maren

LA ÚLTIMA CONEXIÓN

©Maren ALberdi-España

uando cumplió dieciséis años, Leo ya tenía miles de seguidores.
Cada foto recibía cientos de corazones. Cada vídeo sumaba admiradores desconocidos. Cada día necesitaba más.
Ya no le bastaban los paisajes, ni las bromas, ni los retos de moda. Había descubierto que cuanto mayor era el riesgo, mayor era la atención.
Una tarde publicó una imagen desde la azotea más alta de la ciudad.
—No lo hagas —escribió alguien.
—Hazlo —escribieron otros.
Leo sonrió al ver crecer los comentarios.
Nunca había tenido tanta audiencia.
Un minuto después, la publicación se hizo viral.
Por primera vez, todos hablaban de él.
Y ya no tuvo que volver a publicar nada más.

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La Paz

UTOPÍA DE PAZ
© Roberto Garcia Ronás- Costa Rica

Cuando desaparecieron las fronteras, los ejércitos se quedaron sin enemigos.

Cuando desaparecieron las banderas, nadie volvió a sentirse superior a nadie.

Cuando desaparecieron las guerras, los niños aprendieron en los libros una palabra extraña: odio.

Y cuando el último anciano murió llevándose los recuerdos de la violencia, la humanidad creyó haber alcanzado por fin la paz perfecta.

Aquella noche, un hombre miró con recelo a su vecino por una simple diferencia de opinión.

Y la utopía volvió a empezar desde el principio.

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Elspeth

ESPEJOS

©Elspeth Gormley-España

Después de crear el mundo, Dios quiso contemplar su obra. Inventó entonces los mares para verse reflejado, pero las olas deformaban su imagen. Elevó montañas hacia el cielo, pero sus cumbres solo atrapaban nubes. Encendió las estrellas y buscó en ellas un espejo, aunque brillaban demasiado lejos.

Entonces creó al hombre.

Al principio se sintió satisfecho. En sus gestos reconocía algo de sí mismo. En su capacidad de amar, también.

Pasaron los siglos.

Un día observó a un hombre proclamarse dueño de la verdad, juez de los demás y dueño del destino del mundo.

Dios suspiró.

Al fin y al cabo, comprendió que el espejo seguía funcionando.

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Ariel

PERVIVENCIA

©Ángel Ariel Navarro (Corrientes, Argentina)

  Solía sentarse al pie de una prehistórica montaña a contemplar el atardecer. Las copiosas estaciones revoloteaban sobre su cabeza mientras otros seres como él sucumbían sin remedio, a su alrededor y en todas partes.

  Quería irse, pero sus alas eran del tiempo. Quería olvidar, pero vivía en un perpetuo pasado. Quería regresar con los suyos, pero su cuerpo en ruinas estaba atado a este mundo.

  Subió a la montaña un día, con un dolor que le atenazaba el alma. Cuando hubo llegado a la cima, se arrojó desde lo alto con la pétrea intención de suicidarse. Rodó por la ladera, como un monigote, arrollando todo a su paso. Su frágil cabeza rebotó contra el suelo. Su cuerpo de arcilla pareció desarmarse tras el impacto. Increíblemente, como si nada, se puso en pie. Henchido de tristeza, se sacudió la suciedad de su ropa, ajada por la caída, y luego, con la mirada puesta en el horizonte, se sentó al pie de la montaña. El atardecer se abatía una vez más sobre él.

  Al parecer, aún no había llegado su hora. O quizá, simplemente, era demasiado viejo para morir. 

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Sarah-petrone

METAMORFOSIS

©Sarah Petrone (Avellaneda-Argentina )

Quedó atrapado en la voz de otro destino. Su cuerpo despertaba desdoblado… O quizá, siempre estuvo así.

Intentó ser lo que todos querían, pero apenas pudo hacer lo que deseaba.

Escondido en la realidad que no pedía, de cara a su verdad, fingió ignorarla.

Debajo de la piel, un mundo nuevo y desconocido ya se gestaba en ese reconocerse, o no, que era lo suyo. Y otro cuerpo, otro ser salió adelante.

Pensó que la vida había equivocado el camino ya marcado de antemano y suspiró encogiéndose de hombros. Después, dejó caer la última lágrima de su  hombría que se deslizó  rodando por la mejilla rasurada que desechó rápidamente con un ademán indolente, cuando ya rozaba la comisura de sus labios pintados. Y sonrió.

Con un mohín sensual, se calzó las medias de nylon y los zapatos de tacón.

Un andar felino despidió a su viejo yo, taconeando por las veredas de su barrio. Al fin, se aceptó.

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VACÍO DE UN QUERER

©Yanni Tugores- Uruguay

La vela se enciende. Se entregan al fuego. Sucumben los labios. La orgía de luces y sombras comienza. Se funden, gotean en la saciedad del todo.
Se unen, el uno en el otro, la flama en la brisa, las bocas en el beso, la pasión en la luz. Se extingue la lumbre. Ahora los atrapa solos, inflamados de sangre, penas, luz, oscuridad, todo y nada.
Pero están allí. Tratan con vehemencia de recuperar la pasión que los llenó y que ahora, los consume en el vacío de un querer.

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