LA INGRATITUD – POEMAS – MAYO

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Poesia-a-la-ingrtitud

La ingratitud deja grietas que solo la palabra sabe nombrar.

COLABORAN

  1. Maren Alberdi – España
  2. Magi Balsells – España
  3. Carlos H. González Saavedra – Argentina
  4. Elspeth Gormley – España
  5. Jaime Hoyos Forero – Colombia
  6. Lamberto Ibarez – México
  7. Antonio Morelos – México
  8. Sarah Petrone – Argentina
  9. María Rosa Rzepka – Argentina
  10. Yanni Tugores – Uruguay

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INGRATITUD
Maren Alberdi – España

La ingratitud no muerde.
Apenas roza.
Pero deja un frío antiguo
en la parte del pecho
que creía a salvo.

No llega como un golpe,
sino como un olvido.
Un “ya no me acuerdo”,
un “no era para tanto”,
un silencio que se instala
sin pedir permiso.

La ingratitud es torpe:
no sabe despedirse,
no sabe agradecer,
no sabe mirar de frente.
Solo sabe irse
cuando ya lo diste todo.

Y aun así —qué ironía—
no consigue ensuciarte.
Porque lo que diste
sigue siendo tuyo:
tu gesto, tu entrega,
tu forma limpia de querer.

La ingratitud revela al otro,
no a ti..

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ME VOY

Magi Balsells – España

Con los sentimientos no se puede jugar

Ni con el pensamiento se debe lastimar

Te digo esto para que aprendas a caminar

De tu vida solo la has sabido derrochar

Engañaste a quien te mas te amaba

Mentiste sin perdón como mala mujer

A un hombre que siempre te adoraba

No supiste ni quisiste nada de este querer

Me costo darme cuenta de esta situación

Con tus encantos y remilgos me fascinabas

Pero al final tome una dolorosa decisión

Al verte así, ahora a mis pies implorabas

Me marcho, me voy, de ti no quiero nada

Quédate sola con tus falsas promesas

Ya no hacen mella en mí tu voz amada

Son como un murmullo de cuando rezas

Desperté de este mi amor no correspondido

Llore solitario en la oscuridad de la noche

Mi corazón mucho tiempo ha estado afligido

Me voy yo, aunque mereces que yo te eche

Ahora que en tu mirada aparece el odio

Más tendría que tener yo por lo que he pasado

Te molesta quedarte sin mi, yo con mi calvario

Pero se que con el tiempo todo será olvidado

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MUNDO INGRATO

Carlos H. González Saavedra – Argentina

Ingrato-desagradecido

Poco empático. Palabras del diccionario.

Humano superficial y de malos tratos

Pretende reemplazarnos

Donde la inteligencia artificial

Pretende arrebatar

A escritores y poetas

Arrebatarnos…,

La magia, la vida, el canto.

Luchemos para no ser devorados.

Vivamos en poesía, ante tanto desencanto.

Trabajemos la palabra como artesanos

Silenciosamente, con emoción y relato.

Ante cualquier arrebato

Siempre con emoción, hilamos frases,

como quien cose una herida, en medio del espanto.

Dejamos en cada texto, un pedacito de vida.

Vivir el poesía…,

Es una seria rebeldía, para el  que  vive

En la superficialidad, de un mundo ingrato.

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INGRATITUD
Elspeth Gormley – España

La ingratitud no avisa.
Te sonríe mientras te vacía.
Te abraza mientras calcula.
Te llama “amiga”
mientras afila la puñalada.

Hay personas que entran en tu vida
como si fueran un regalo,
y tú, confiada, les abres la puerta,
les das tu tiempo, tu escucha, tu casa,
hasta un pedazo de tu historia.

Y un día —porque siempre llega ese día—
te das cuenta de que no eran amigos,
eran huéspedes del interés.
Eran sombras disfrazadas de luz.
Eran Judas con perfume.

La traición no duele por lo que hacen,
duele por lo que tú diste.
Por lo que creíste.
Por lo que apostaste
sin imaginar que jugabas sola.

Entonces miras atrás
y todo encaja:
las medias verdades,
los silencios raros,
las risas que no eran limpias,
las ausencias disfrazadas de excusa.

La ingratitud te abre los ojos
de un golpe seco.
Te deja sin aire,
pero te deja despierta.

Y aprendes.
Aprendes que no se pierde un amigo,
se pierde un impostor.
Aprendes que dos lealtades valen más
que cien falsedades.
Aprendes que la vida se limpia sola
cuando la gente falsa se cae del camino.

Porque al final,
la ingratitud no te rompe:
te revela.
Te deja con menos gente, sí,
pero con más verdad.

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LA INGRATITUD

Jaime Hoyos Forero – Colombia

MOISÉS EN EL DESIERTO

 (Éxodo 17, 1-7)

Un helado rocío

sobre la hoja aún verde de su frente

delataba su angustia bajo el sol del poniente.

Su brazo estaba firme.  Pero el alma temblaba

como llama en el punto en que el viento la apaga.

Señor, si me apedrean  –decía-  no me importa,

pero la fe del hombre ¿qué base la soporta?

De sed muere tu pueblo en este mar de arena

-Moisés dice al señor-  después de tanta pena

soportada en Egipto, después de tantas millas

caminando un desierto sin encontrar orillas,

la fe es llave en la arena que se quedó perdida;

murió ya la esperanza y agoniza la vida.

Y pese a su infinita grandeza, conmovido,

Dios se dijo al oírlo:  “mi siervo me ha vencido”.

-Si dices que mi pueblo, Moisés, de sed padece,

agua yo le daré … aunque no la merece.-

Y Jehová, señalando las lejanas colinas

agregó solamente:  “levántate y camina”.

Y Moisés pasa en medio de la turba que espera

desesperadamente con actitud de fiera.

Y en Horeb, con su báculo toca la roca dura

y al punto brota el agua con sin igual frescura.

Los hombres se aglomeran como figuras locas,

como un monstruo sediento que tuviese mil bocas.

De Dios ya no se acuerdan, no oran, no dan gracias

como si se olvidaran de todas sus desgracias.

Gratitud es palabra malsonante en la historia

y Jehová ya no tiene cabida en la memoria.

Moisés, viendo a su gente, cae entonces de hinojos

y de agua otra fuente humedece la arena:

las lágrimas dolientes que brotan de sus ojos.

Y triste y silencioso, Moisés a Dios invoca

y comprende el profeta que el corazón del hombre

es desgraciadamente … más duro que la roca.

Pasan siglos y siglos,  y a pesar del desprecio,

Dios, clavado en la cruz, alzado sobre Roma,

el agua nos ofrece que brota de su pecho,

más viva, pura y fresca que el agua de la roca.

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ODA A LA INGRATITUD

Lamberto Ibarez – México

Cuando broté a la luz divina de la luz terrenal;

el hambre y la miseria fueron mis aliadas permanentes;

aprendí a vivir con ellas con el ansia de vivir y crecer;

con denuedo luché con dientes y garras paliadas.

Me revolqué en los cienos de la infamia;

vi la hipocresía disfrazada de verdad y no era;

la leí desnuda de los griegos y la mentira vestida

de los oropeles más lujosos de las falsedades.

Me tropecé con la falsedad y la desilusión

y fui oveja que cercenó el lobo en mi ingenuidad;

a pesar de conocer las palabras; endulzaron con miel

y con su enloquecedor canto las sirenas me envolvieron.

Ahora que he aprendido a esquivar el arsenal

bélico que contrae consigo la dura miseria y la infamia;

he aprendido a interpretar las sonrisas de la hipocresía

y cómo se visten; cómo deambulan las vidas humanas.

He mirado a los ojos a la ingratitud y he visto cómo se

desdobla el alma cuando está instalada en el corazón del traidor;

el hacha implacable de la historia los hará ver su propia miseria;

la miseria humana que es la que causa más vergüenza.

Solo me regocija el armónico silencio que me brindan

los niños y jóvenes por los que trabajé de sol a sol;

me alegra el saludo matinal de los labriegos de mi pueblo

con sus aperos al hombro y los hombres de atarraya.

Porque provengo de sus surcos de mis renovales;

a ellos les dediqué mi infancia y mi adolescencia

y me alegra el hecho; de haber contribuido al alimento;

me enorgullece el hecho de haber labrado mi vida.

La ignorancia y la mentira a veces triunfan sobre la verdad;

pero tarde que temprano; la verdad se erguirá altiva

y desenmascara a los fementidos; a los falsos redentores;

a los que creen que lo han logrado todo y son farsantes.

Algún día el polvo del arenal engullido les hará recordar

y caerán arrodillados sobre sus propias excretas;

mis lágrimas son bendecidas por el Gran Arquitecto del Universo;

el cual me hace caminar siempre a escuadra y sin perfección.

Las arenas de mi mar azul, inquieto y proveedor del humilde;

acaricia con suavidad mis mullidas pisadas y es mi aliado,

en horas de tristeza me acaricia, me consuela y me complace;

sumergido a nado abierto besa mi cuerpo desnudo y lo amo. 

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LA INGRATITUD DE LOS HIJOS

Antonio Morelos – México

Es la ingratitud de algunos hijos

Pero así es

Fueron nueve meses estuvo cargando

dentro de su cuerpo a un hijo querido,

carga que ella amaba y vivía esperando

que cuando naciera sería él bienvenido.

Llegó el día esperado y el niño nació

la madre feliz y el padre orgulloso,

estaban contentos con mucha ilusión

querían a su hijo para darle todo.

El tiempo pasaba y el niño crecía

los dos procuraban que nada faltara,

el niño contento a su madre seguía

que por sus caricias o lo alimentara.

Después del primero llegó otra criatura,

crecían al parejo los dos hermanitos,

la mamá juraba y el padre es sin duda

que no cambiarían los dos angelitos.

Se hicieron pubertos y empezó el martirio,

ya no comían juntos como antes lo hacían,

si eran cuestionados se hacían ofendidos

sobre esa conducta que antes no tenían.

El tiempo pasaba y todo empeoraba

ya la convivencia se estaba acabando,

muchas noches solos, solitos estaban,

porque sus niñitos vivían trasnochando.

Cuando eran chiquillos juntos merendaban

y en el desayuno y comían así,

ahora ya crecieron de eso ya no hay nada,

y para los viejos, solo es el sufrir.

La mamá contenta y todas las noches

preparaba cena y servía la mesa,

su esposo miraba no tenía reproches

la besa en silencio y le da entereza.

Pasaban las horas y ellos no llegaban

los viejos decían diez minutos más,

dos platillos listos, listos se quedaban

dos platillos que hacen llorar a mamá.

Las horas, los días, semanas y meses,

tristezas y angustias traían a los dos,

solos en la casa como tantas veces,

miraban llorando el vacío portón.

Todas las mañanas con incertidumbre

buscan con anhelo hallar su alegría,

llegaban al cuarto como de costumbre,

más este está solo y la cama vacía.

Sus rostros demuestran tristeza infinita,

dos lágrimas ruedan quemando su piel,

se ve él muy nervioso y ella cansadita,

pero esperan juntos que cambien de ser.

De regreso juntos van a la cocina,

la mesa con gusto ponen otra vez,

se miran nerviosos pero su fe viva

de que ellos regresen para su vejez.

A veces llegaban con gesto de enfado

ella muy contenta sonriente ofrecía,

los ricos platillos que había preparado

y ello qué insolentes ni caso le hacían.

Contentos los viejos porque los tenían

en casa aunque fuera solo aquella noche,

porque ya como antes no se convivía,

eso que importaba no hacían un reproche.

Seguros que juntos todos estarían

tomando los cuatro delicioso almuerzo,

que ella cocinara con gran alegría,

pero se marcharon sin darles ni un beso..

Llorando en silencio solo se miraban

tocando las tazas puestas en la mesa,

entendieron todo que solos quedaban,

solo acompañados de su gran tristeza.

Eso pasa siempre al crecer los hijos,

si viven los viejos, son abandonados,

si ya se murieron se rompe aquel hilo

ese que de niño los guió con cuidado.

Ya aquel desayuno solitos tomaron

lo habían preparado con gran ilusión,

los panes benditos allí se quedaron

en aquella mesa tan llena de amor.

Esto no es ahora lo que está pasando,

ha pasado siempre y así pasará,

tus hijos pequeños te vives cuidando

pero ya crecidos te abandonarán.

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INGRATITUD

Sarah Petrone – Argentina

Supo que era amor, pero esquivó el abrazo,

sintió su corazón temblando de alegría,

desoyó la voz que se quedó llorando

abriéndose al dolor del que se hizo amigo.

Sabía que era amor, pero no hizo caso,

no supo discernir lo bueno que perdía

por permitir ganar los egos que lo ahogaban

cayó en la depresión más cruenta de su vida.

De nuevo en la pendiente secreta del letargo

solo la ingratitud rondó en la inmerecida

simpleza del calor de nuevas madrugadas,

entonces añoró lo que ya no tenía.

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TREINTA MONEDAS

Sarah Petrone – Argentina

Treinta monedas de plata

bastaron para tentar

la infamia que fue incitar

un sentimiento impiadoso

igual que animal rabioso

herido en muerte brutal.

Ya nada pudo cambiar

el destino del destino,

los tiempos fueron testigos

de tamaña indignidad,

un justo supo pagar

con su vida ese desprecio

que fue de muy caro precio,

tanto más que la maldad.

La noche se cierne y gime

bajo un cielo que solloza,

la voz que ahora se oye,

la que no quiso escuchar

carga en su soledad

en la angustia que castiga

con treinta monedas viles

matando al Dios de la Paz.

La espera larga termina

al alba que se demora,

no quedan sombras, ahora,

cuando brilla la Verdad

que con tanta liviandad

se ha ocultado. Redimida,

la voz de Cristo ha surgido,

la ingratitud va por detrás.

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SER UNO MÁS, NO SOLAMENTE UNO
María Rosa Rzepka – Argentina

La ingratitud es fruto amargo y sucio.
Es sembrado a conciencia, no al descuido.
El alma es como cuenco en que se vuelcan
aguas servidas, deshechos y residuos.
Cuesta tanto deshacerse de esa carga
como dejar atrás los daños recibidos.
Que se transforme en gratitud implica tanto
vaciar de toda envidia nuestra mente,
extirpando rencores que amenazan
convertirnos en autosuficientes.
La ingratitud no suma, resta siempre.
Indigna, hiere, sigue el sendero de la muerte.
El amor transita hacia la paz
generando proyectos que aparecen,
otorgándonos la gracia de crear, de creer
que, siendo vulnerables, el coraje nos permite crecer.
Sentirnos fuertes; que somos parte del racimo,
que una gota es sequía, más la lluvia
reconforta y sostiene a través de muchas gotas.
Comunión
al compartir. Dejar brillar la luna.
Ser uno más. No solamente uno.

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FALSEDAD

Yanni Tugores – Uruguay

Te di mis besos, mi risa, mi tiempo,
noches llenas de amor,
mi paz y mi silencio.
Puse el pan en tu mesa
al oír tu tormento.
Cobijé en el nido de mi pecho
tu dolor y tu miedo,
no pedí que cambiaras,
solo albergué el anhelo,
que quizás, algún día, tú me amaras.
Fui refugio de seda de tus lágrimas

vi luz en tu mirada,
no vi tu vida fátua.
Te di mi corazón
el tuyo no latía,
sentí que eran las penas
tan tuyas como mías.
Coseché tus promesas en el viento
palabras todas huecas,
y llenas de secretos.
¡Me advertían! Más yo no hice caso.
Bebí el cáliz muy falso de un lamento

y mi fe se truncó,
como se trunca el eco,
de la voz que le falla a las promesas

con sonidos ajenos.
El jardín que regué de juramentos
y donde antes cantaba la alegría,

ahora yace seco
ya no tiene vida.

Estoy sola, ¿por qué tu ingratitud?
Navego en mar amargo
pesada es esta cruz.
Construí con confianza
todo resultó falso,
todo se desmorona
hasta el más simple abrazo.

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