LA INGRATITUD – POEMAS – MAYO
Todo el contenido publicado en esta revista está protegido por la Ley Española de Propiedad Intelectual y por el Convenio de Berna para la Protección de las Obras Literarias y Artísticas, conforme a su artículo 2 y disposiciones concordantes.

La ingratitud deja grietas que solo la palabra sabe nombrar.
COLABORAN
- Maren Alberdi – España
- Magi Balsells – España
- Carlos H. González Saavedra – Argentina
- Elspeth Gormley – España
- Jaime Hoyos Forero – Colombia
- Lamberto Ibarez – México
- Antonio Morelos – México
- Sarah Petrone – Argentina
- María Rosa Rzepka – Argentina
- Yanni Tugores – Uruguay
**** ****
INGRATITUD
Maren Alberdi – España
La ingratitud no muerde.
Apenas roza.
Pero deja un frío antiguo
en la parte del pecho
que creía a salvo.
No llega como un golpe,
sino como un olvido.
Un “ya no me acuerdo”,
un “no era para tanto”,
un silencio que se instala
sin pedir permiso.
La ingratitud es torpe:
no sabe despedirse,
no sabe agradecer,
no sabe mirar de frente.
Solo sabe irse
cuando ya lo diste todo.
Y aun así —qué ironía—
no consigue ensuciarte.
Porque lo que diste
sigue siendo tuyo:
tu gesto, tu entrega,
tu forma limpia de querer.
La ingratitud revela al otro,
no a ti..
**** ****
ME VOY
Magi Balsells – España
Con los sentimientos no se puede jugar
Ni con el pensamiento se debe lastimar
Te digo esto para que aprendas a caminar
De tu vida solo la has sabido derrochar
Engañaste a quien te mas te amaba
Mentiste sin perdón como mala mujer
A un hombre que siempre te adoraba
No supiste ni quisiste nada de este querer
Me costo darme cuenta de esta situación
Con tus encantos y remilgos me fascinabas
Pero al final tome una dolorosa decisión
Al verte así, ahora a mis pies implorabas
Me marcho, me voy, de ti no quiero nada
Quédate sola con tus falsas promesas
Ya no hacen mella en mí tu voz amada
Son como un murmullo de cuando rezas
Desperté de este mi amor no correspondido
Llore solitario en la oscuridad de la noche
Mi corazón mucho tiempo ha estado afligido
Me voy yo, aunque mereces que yo te eche
Ahora que en tu mirada aparece el odio
Más tendría que tener yo por lo que he pasado
Te molesta quedarte sin mi, yo con mi calvario
Pero se que con el tiempo todo será olvidado
**** ****
MUNDO INGRATO
Carlos H. González Saavedra – Argentina
Ingrato-desagradecido
Poco empático. Palabras del diccionario.
Humano superficial y de malos tratos
Pretende reemplazarnos
Donde la inteligencia artificial
Pretende arrebatar
A escritores y poetas
Arrebatarnos…,
La magia, la vida, el canto.
Luchemos para no ser devorados.
Vivamos en poesía, ante tanto desencanto.
Trabajemos la palabra como artesanos
Silenciosamente, con emoción y relato.
Ante cualquier arrebato
Siempre con emoción, hilamos frases,
como quien cose una herida, en medio del espanto.
Dejamos en cada texto, un pedacito de vida.
Vivir el poesía…,
Es una seria rebeldía, para el que vive
En la superficialidad, de un mundo ingrato.
**** ****
INGRATITUD
Elspeth Gormley – España
La ingratitud no avisa.
Te sonríe mientras te vacía.
Te abraza mientras calcula.
Te llama “amiga”
mientras afila la puñalada.
Hay personas que entran en tu vida
como si fueran un regalo,
y tú, confiada, les abres la puerta,
les das tu tiempo, tu escucha, tu casa,
hasta un pedazo de tu historia.
Y un día —porque siempre llega ese día—
te das cuenta de que no eran amigos,
eran huéspedes del interés.
Eran sombras disfrazadas de luz.
Eran Judas con perfume.
La traición no duele por lo que hacen,
duele por lo que tú diste.
Por lo que creíste.
Por lo que apostaste
sin imaginar que jugabas sola.
Entonces miras atrás
y todo encaja:
las medias verdades,
los silencios raros,
las risas que no eran limpias,
las ausencias disfrazadas de excusa.
La ingratitud te abre los ojos
de un golpe seco.
Te deja sin aire,
pero te deja despierta.
Y aprendes.
Aprendes que no se pierde un amigo,
se pierde un impostor.
Aprendes que dos lealtades valen más
que cien falsedades.
Aprendes que la vida se limpia sola
cuando la gente falsa se cae del camino.
Porque al final,
la ingratitud no te rompe:
te revela.
Te deja con menos gente, sí,
pero con más verdad.
**** ****
LA INGRATITUD
Jaime Hoyos Forero – Colombia
MOISÉS EN EL DESIERTO
(Éxodo 17, 1-7)
Un helado rocío
sobre la hoja aún verde de su frente
delataba su angustia bajo el sol del poniente.
Su brazo estaba firme. Pero el alma temblaba
como llama en el punto en que el viento la apaga.
Señor, si me apedrean –decía- no me importa,
pero la fe del hombre ¿qué base la soporta?
De sed muere tu pueblo en este mar de arena
-Moisés dice al señor- después de tanta pena
soportada en Egipto, después de tantas millas
caminando un desierto sin encontrar orillas,
la fe es llave en la arena que se quedó perdida;
murió ya la esperanza y agoniza la vida.
Y pese a su infinita grandeza, conmovido,
Dios se dijo al oírlo: “mi siervo me ha vencido”.
-Si dices que mi pueblo, Moisés, de sed padece,
agua yo le daré … aunque no la merece.-
Y Jehová, señalando las lejanas colinas
agregó solamente: “levántate y camina”.
Y Moisés pasa en medio de la turba que espera
desesperadamente con actitud de fiera.
Y en Horeb, con su báculo toca la roca dura
y al punto brota el agua con sin igual frescura.
Los hombres se aglomeran como figuras locas,
como un monstruo sediento que tuviese mil bocas.
De Dios ya no se acuerdan, no oran, no dan gracias
como si se olvidaran de todas sus desgracias.
Gratitud es palabra malsonante en la historia
y Jehová ya no tiene cabida en la memoria.
Moisés, viendo a su gente, cae entonces de hinojos
y de agua otra fuente humedece la arena:
las lágrimas dolientes que brotan de sus ojos.
Y triste y silencioso, Moisés a Dios invoca
y comprende el profeta que el corazón del hombre
es desgraciadamente … más duro que la roca.
Pasan siglos y siglos, y a pesar del desprecio,
Dios, clavado en la cruz, alzado sobre Roma,
el agua nos ofrece que brota de su pecho,
más viva, pura y fresca que el agua de la roca.
****
ODA A LA INGRATITUD
Lamberto Ibarez – México
Cuando broté a la luz divina de la luz terrenal;
el hambre y la miseria fueron mis aliadas permanentes;
aprendí a vivir con ellas con el ansia de vivir y crecer;
con denuedo luché con dientes y garras paliadas.
Me revolqué en los cienos de la infamia;
vi la hipocresía disfrazada de verdad y no era;
la leí desnuda de los griegos y la mentira vestida
de los oropeles más lujosos de las falsedades.
Me tropecé con la falsedad y la desilusión
y fui oveja que cercenó el lobo en mi ingenuidad;
a pesar de conocer las palabras; endulzaron con miel
y con su enloquecedor canto las sirenas me envolvieron.
Ahora que he aprendido a esquivar el arsenal
bélico que contrae consigo la dura miseria y la infamia;
he aprendido a interpretar las sonrisas de la hipocresía
y cómo se visten; cómo deambulan las vidas humanas.
He mirado a los ojos a la ingratitud y he visto cómo se
desdobla el alma cuando está instalada en el corazón del traidor;
el hacha implacable de la historia los hará ver su propia miseria;
la miseria humana que es la que causa más vergüenza.
Solo me regocija el armónico silencio que me brindan
los niños y jóvenes por los que trabajé de sol a sol;
me alegra el saludo matinal de los labriegos de mi pueblo
con sus aperos al hombro y los hombres de atarraya.
Porque provengo de sus surcos de mis renovales;
a ellos les dediqué mi infancia y mi adolescencia
y me alegra el hecho; de haber contribuido al alimento;
me enorgullece el hecho de haber labrado mi vida.
La ignorancia y la mentira a veces triunfan sobre la verdad;
pero tarde que temprano; la verdad se erguirá altiva
y desenmascara a los fementidos; a los falsos redentores;
a los que creen que lo han logrado todo y son farsantes.
Algún día el polvo del arenal engullido les hará recordar
y caerán arrodillados sobre sus propias excretas;
mis lágrimas son bendecidas por el Gran Arquitecto del Universo;
el cual me hace caminar siempre a escuadra y sin perfección.
Las arenas de mi mar azul, inquieto y proveedor del humilde;
acaricia con suavidad mis mullidas pisadas y es mi aliado,
en horas de tristeza me acaricia, me consuela y me complace;
sumergido a nado abierto besa mi cuerpo desnudo y lo amo.
**** ****
LA INGRATITUD DE LOS HIJOS
Antonio Morelos – México
Es la ingratitud de algunos hijos
Pero así es
Fueron nueve meses estuvo cargando
dentro de su cuerpo a un hijo querido,
carga que ella amaba y vivía esperando
que cuando naciera sería él bienvenido.
Llegó el día esperado y el niño nació
la madre feliz y el padre orgulloso,
estaban contentos con mucha ilusión
querían a su hijo para darle todo.
El tiempo pasaba y el niño crecía
los dos procuraban que nada faltara,
el niño contento a su madre seguía
que por sus caricias o lo alimentara.
Después del primero llegó otra criatura,
crecían al parejo los dos hermanitos,
la mamá juraba y el padre es sin duda
que no cambiarían los dos angelitos.
Se hicieron pubertos y empezó el martirio,
ya no comían juntos como antes lo hacían,
si eran cuestionados se hacían ofendidos
sobre esa conducta que antes no tenían.
El tiempo pasaba y todo empeoraba
ya la convivencia se estaba acabando,
muchas noches solos, solitos estaban,
porque sus niñitos vivían trasnochando.
Cuando eran chiquillos juntos merendaban
y en el desayuno y comían así,
ahora ya crecieron de eso ya no hay nada,
y para los viejos, solo es el sufrir.
La mamá contenta y todas las noches
preparaba cena y servía la mesa,
su esposo miraba no tenía reproches
la besa en silencio y le da entereza.
Pasaban las horas y ellos no llegaban
los viejos decían diez minutos más,
dos platillos listos, listos se quedaban
dos platillos que hacen llorar a mamá.
Las horas, los días, semanas y meses,
tristezas y angustias traían a los dos,
solos en la casa como tantas veces,
miraban llorando el vacío portón.
Todas las mañanas con incertidumbre
buscan con anhelo hallar su alegría,
llegaban al cuarto como de costumbre,
más este está solo y la cama vacía.
Sus rostros demuestran tristeza infinita,
dos lágrimas ruedan quemando su piel,
se ve él muy nervioso y ella cansadita,
pero esperan juntos que cambien de ser.
De regreso juntos van a la cocina,
la mesa con gusto ponen otra vez,
se miran nerviosos pero su fe viva
de que ellos regresen para su vejez.
A veces llegaban con gesto de enfado
ella muy contenta sonriente ofrecía,
los ricos platillos que había preparado
y ello qué insolentes ni caso le hacían.
Contentos los viejos porque los tenían
en casa aunque fuera solo aquella noche,
porque ya como antes no se convivía,
eso que importaba no hacían un reproche.
Seguros que juntos todos estarían
tomando los cuatro delicioso almuerzo,
que ella cocinara con gran alegría,
pero se marcharon sin darles ni un beso..
Llorando en silencio solo se miraban
tocando las tazas puestas en la mesa,
entendieron todo que solos quedaban,
solo acompañados de su gran tristeza.
Eso pasa siempre al crecer los hijos,
si viven los viejos, son abandonados,
si ya se murieron se rompe aquel hilo
ese que de niño los guió con cuidado.
Ya aquel desayuno solitos tomaron
lo habían preparado con gran ilusión,
los panes benditos allí se quedaron
en aquella mesa tan llena de amor.
Esto no es ahora lo que está pasando,
ha pasado siempre y así pasará,
tus hijos pequeños te vives cuidando
pero ya crecidos te abandonarán.
**** ****
INGRATITUD
Sarah Petrone – Argentina
Supo que era amor, pero esquivó el abrazo,
sintió su corazón temblando de alegría,
desoyó la voz que se quedó llorando
abriéndose al dolor del que se hizo amigo.
Sabía que era amor, pero no hizo caso,
no supo discernir lo bueno que perdía
por permitir ganar los egos que lo ahogaban
cayó en la depresión más cruenta de su vida.
De nuevo en la pendiente secreta del letargo
solo la ingratitud rondó en la inmerecida
simpleza del calor de nuevas madrugadas,
entonces añoró lo que ya no tenía.
**** ****
TREINTA MONEDAS
Sarah Petrone – Argentina
Treinta monedas de plata
bastaron para tentar
la infamia que fue incitar
un sentimiento impiadoso
igual que animal rabioso
herido en muerte brutal.
Ya nada pudo cambiar
el destino del destino,
los tiempos fueron testigos
de tamaña indignidad,
un justo supo pagar
con su vida ese desprecio
que fue de muy caro precio,
tanto más que la maldad.
La noche se cierne y gime
bajo un cielo que solloza,
la voz que ahora se oye,
la que no quiso escuchar
carga en su soledad
en la angustia que castiga
con treinta monedas viles
matando al Dios de la Paz.
La espera larga termina
al alba que se demora,
no quedan sombras, ahora,
cuando brilla la Verdad
que con tanta liviandad
se ha ocultado. Redimida,
la voz de Cristo ha surgido,
la ingratitud va por detrás.
**** ****
SER UNO MÁS, NO SOLAMENTE UNO
María Rosa Rzepka – Argentina
La ingratitud es fruto amargo y sucio.
Es sembrado a conciencia, no al descuido.
El alma es como cuenco en que se vuelcan
aguas servidas, deshechos y residuos.
Cuesta tanto deshacerse de esa carga
como dejar atrás los daños recibidos.
Que se transforme en gratitud implica tanto
vaciar de toda envidia nuestra mente,
extirpando rencores que amenazan
convertirnos en autosuficientes.
La ingratitud no suma, resta siempre.
Indigna, hiere, sigue el sendero de la muerte.
El amor transita hacia la paz
generando proyectos que aparecen,
otorgándonos la gracia de crear, de creer
que, siendo vulnerables, el coraje nos permite crecer.
Sentirnos fuertes; que somos parte del racimo,
que una gota es sequía, más la lluvia
reconforta y sostiene a través de muchas gotas.
Comunión
al compartir. Dejar brillar la luna.
Ser uno más. No solamente uno.
**** ****
FALSEDAD
Yanni Tugores – Uruguay
Te di mis besos, mi risa, mi tiempo,
noches llenas de amor,
mi paz y mi silencio.
Puse el pan en tu mesa
al oír tu tormento.
Cobijé en el nido de mi pecho
tu dolor y tu miedo,
no pedí que cambiaras,
solo albergué el anhelo,
que quizás, algún día, tú me amaras.
Fui refugio de seda de tus lágrimas
vi luz en tu mirada,
no vi tu vida fátua.
Te di mi corazón
el tuyo no latía,
sentí que eran las penas
tan tuyas como mías.
Coseché tus promesas en el viento
palabras todas huecas,
y llenas de secretos.
¡Me advertían! Más yo no hice caso.
Bebí el cáliz muy falso de un lamento
y mi fe se truncó,
como se trunca el eco,
de la voz que le falla a las promesas
con sonidos ajenos.
El jardín que regué de juramentos
y donde antes cantaba la alegría,
ahora yace seco
ya no tiene vida.
Estoy sola, ¿por qué tu ingratitud?
Navego en mar amargo
pesada es esta cruz.
Construí con confianza
todo resultó falso,
todo se desmorona
hasta el más simple abrazo.
**** ****

