CARTAS – OCTUBRE
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«Las cartas son puentes tendidos entre almas; palabras que viajan en el tiempo para abrazar, recordar, enseñar o despedirse.»
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Colaboradores
Maren Alberdi (España) · Carlos González Saavedra (Argentina) · Elspeth Gormley (España) · Sarah Petrone (Argentina) · Yanni Tugores (Uruguay)
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CARTA A LA JUVENTUD QUE LEE
©Maren Alberdi- España
Queridos jóvenes:
Permitidme que me acerque un momento a vosotros, no para enseñaros nada, sino para daros las gracias.
Gracias porque, en un mundo que parece correr sin descanso, vosotros aún encontráis tiempo para deteneros ante una página. Gracias porque seguís entrando en una biblioteca con la misma curiosidad con la que otros entran en un centro comercial. Gracias porque os sentáis en una conferencia, asistís a una presentación, escucháis a un escritor, levantáis la mano y preguntáis. Sobre todo, preguntáis.
Y eso es maravilloso.
Vivimos tiempos en los que abundan las respuestas rápidas, pero escasean las preguntas profundas. Sin embargo, vosotros seguís indagando. Queréis saber qué hay detrás de un poema, cómo nació una novela, qué sintió un autor al escribir determinada historia. Buscáis comprender el mundo y comprenderos a vosotros mismos.
No dejéis nunca de hacerlo.
La lectura no os hará más importantes que nadie, pero sí os regalará algo extraordinario: os permitirá vivir muchas vidas sin abandonar la vuestra. Gracias a los libros recorreréis países que tal vez nunca visitéis, conoceréis personas separadas por siglos de distancia y escucharéis voces que os ayudarán a entender mejor la alegría, el dolor, el amor, la pérdida y la esperanza.
Leed poesía aunque os digan que no sirve para nada.
Leed cuentos aunque sean breves.
Leed novelas aunque sean largas.
Leed a los clásicos y a los autores que están comenzando.
Leed por placer, por curiosidad y hasta por refugio cuando la vida apriete demasiado.
Y escribid.
Escribid aunque penséis que nadie os leerá. Escribid porque las palabras ordenan el alma. Porque a veces aquello que no podemos decir en voz alta encuentra su lugar en una hoja de papel.
Quienes amamos la literatura os miramos con orgullo. Sois la prueba de que la sensibilidad sigue viva. De que todavía hay jóvenes capaces de emocionarse con un verso, de conmoverse con una historia o de permanecer en silencio ante una página que les ha tocado el corazón.
No renunciéis jamás a esa capacidad de asombro.
El mundo necesita ingenieros, médicos, científicos y profesores. Pero también necesita lectores. Necesita personas que sepan imaginar, escuchar, comprender y sentir.
Seguid preguntando.
Seguid leyendo.
Seguid soñando.
Y cuando alguna vez dudéis del valor de todo ello, recordad que cada libro abierto es una luz encendida contra la oscuridad de la ignorancia y la indiferencia.
Por eso, mientras existan jóvenes como vosotros, siempre habrá motivos para la esperanza.
Con admiración y cariño,
Maren
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JORGELINA
Carlos González Saavedra – Argentina
Hola como estás?
Te escribo sabiendo que estas bien, aparte de hablarnos una vez por semana. Es muy linda esta relación.
No me gustaría enojarte, pero desistiré esta vez, de tu invitación. No es personal, al contrario agradezco.
Necochea es una ciudad que me encanta y no me vendría nada mal unos días, juntos.
Me gustan sus playas, su mar y sentarnos en la arena, descifrando que hablan los pájaros.
Tengo unos trabajos espirituales muy profundos que me han llevado a reconocerme de otra manera, que antes no lo había hecho.
Sabes que disfruto mucho las charlas con sentido. Lejos de juicios y condenas de terceros.
Estoy por primera vez, encontrando mi nuevo lugar, en el universo. Algunos piensan que estoy cambiado. ¡NO! Algunas cosas he tomado conciencia. Aprendí que se puede hacer cosas, donde seamos realmente autentico, sin esperar la aprobación de nadie.
En nuestra última charla rescate una virtud que me gustó mucho. Dijiste:¡ Ahora soy yo misma!
Siempre tengo el ojo puesto en la humanidad que me rodea. Ayudarla sí, pero no estar pendiente.
El ser mejor persona, es un tema que no se agota. Enriquecernos con más contenido nos hace más humanos.
Así las cosas mi querida Jorgelina. Me gusta mostrarme así, tal cual soy. Sin etiquetas.
Será la próxima.
Te envío un fuerte abrazo y un beso a tus padres.
Carlos
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CARTA A UNA FOTOGRAFÍA
©Elspeth Gormley- España
Querida fotografía: Te observo desde hace años.
Permaneces inmóvil sobre una repisa, dentro de un marco discreto, sin exigir atención, sin reclamar una mirada. Y, sin embargo, cada vez que mis ojos se detienen en ti, ocurre el mismo prodigio: el tiempo retrocede.
No sé quién de las dos conserva mejor la memoria. Si tú, que guardas intacto un instante, o yo, que cada día pierdo algún recuerdo por el camino.
En ti todo permanece. Las sonrisas siguen siendo jóvenes. Los abrazos continúan estrechándose con la misma fuerza. Nadie tiene prisa. Nadie sospecha todavía las despedidas que llegarán después.
A veces me acerco y observo cada detalle como quien visita un lugar sagrado. Un gesto, una mirada, una sombra casi imperceptible al fondo. Entonces descubro cosas que antes no había visto y comprendo que las fotografías también envejecen, no porque cambien ellas, sino porque cambiamos nosotros.
Algunas de las personas que aparecen contigo ya no están. Otras siguen aquí, pero la vida las ha transformado. Los años han dibujado surcos en sus rostros y han llenado de experiencia sus ojos.
Sin embargo, tú continúas custodiándolas tal como fueron aquella tarde. Qué extraño privilegio el tuyo. Has conseguido detener lo que nadie puede retener. Ni los relojes. Ni los calendarios. Ni los deseos.
A veces siento envidia de tu silencio. No tienes que explicar nada. Basta con existir. Quienes te contemplan completan la historia con sus propios recuerdos.
Tú no hablas. Y, sin embargo, dices tanto.
Hablas de las ausencias que duelen y de las presencias que nos sostienen. Hablas de las alegrías compartidas, de las ilusiones que se cumplieron y de aquellas otras que se quedaron esperando.
Hablas de la fragilidad de la vida. Porque cada fotografía es, en el fondo, una pequeña victoria contra el olvido. Un puñado de segundos rescatados del naufragio del tiempo. Por eso me gusta pensar que no eres simplemente papel y tinta.
Eres una puerta. Una puerta que se abre hacia quienes fuimos. Hacia los lugares que amamos. Hacia las personas que siguen habitando nuestro corazón, aunque ya no podamos tomarlas de la mano.
Gracias por permanecer. Gracias por guardar aquello que mi memoria algún día podría perder.
Y gracias, sobre todo, por recordarme que la felicidad existió, que el amor dejó huellas y que ningún instante vivido con el corazón desaparece del todo.
Mientras sigas ahí, en silencio, seguiré encontrando el camino de regreso. Con cariño,
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CARTA A UN ALUMNO DE LITERATURA
©Sarah Petrone ( Avellaneda-Argentina)
Estimado alumno, gracias por su poema. A mí, también me pasa como a usted, que cada vez que tengo delante una hoja en blanco, no me puedo resistir y garabateo alguna que otra frase, a veces poética, a veces de reproche ante cualquier circunstancia adversa de la vida, o simplemente de elogio o indiferencia.
Tampoco está mal que rescatemos de viejos libros de cuentos de la infancia algún disparador que nos permita recrear nuevas imágenes. Lo eximo de ese criterio derrotista. Todo sirve en literatura para la mente creativa de un autor. Y usted, está en ese camino.
La diversidad de géneros literarios es vasta, desde lo filosófico, el morbo, el drama, la comedia, el absurdo… Todo se gesta en el imaginario de una mente abierta a los desafíos, en los que usted ha incursionado.
Yo tampoco quiero renglones porque ellos me condicionan a escribir encasillada y prolija, y la literatura quiere ser libre, como esas plumas con las que se escribía en la antigüedad, desde sus orígenes ancestrales.Suéltese, alumno, permítase explayarse con libertad, y luego analizaremos los pasos a seguir.
Este es su último año de carrera y también como mi ayudante de cátedra. Espero seguir contando con usted, el próximo año.
Este arte, que emplea la palabra oral o escrita, como medio de expresión, lo ha encontrado como un discípulo de la belleza estética y con un lenguaje igualmente acorde. Y ha sabido transmitir sus conocimientos.
Además, con este poema de final de curso que me ha dedicado, descubrí a un estudiante vanguardista y sobrio.
La literatura es un arte y usted, ha hecho un arte de la literatura. Gracias.
Su profesora
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ÚLTIMA CARTA
©Yanni Tugores- Uruguay
Algunos piensan que estoy loca porque no he dejado ni un solo día de escribir desde que partiste. Te lo prometí y así lo hice.
Es cierto, esta vez no sé cómo empezar. ¿Cómo expresarte lo que aún guardo en mi pecho? ¿Cómo hacerlo sin que mis lágrimas afloren como ríos de sal corriendo por mis mejillas? Se me torna muy difícil y
ya no sé qué decirte.
Fueron tantas cartas, tantos recuerdos de los momentos vividos, tantas cosas compartidas. ¡Cuánto te di! ¡Cuánto me diste! Te
enseñé, me enseñaste, hicimos hermosas cosas juntos y compartimos otras maravillosas.
Te amé, te amo y te amaré más que a nada en este mundo.
Ya mis manos están arrugadas y temblorosas; mi cuerpo, desgastado y cansado.
Pero te lo prometí y aquí estoy, mirando por la ventana, escribiendo, recordando, añorando y teniendo la certeza de que muy pronto te volveré a ver.
¿Sabes? Julieta se parece mucho a ti. Tiene tus ojos, pero es bella como su madre. Siempre me dice la misma cosa:
-Abuela, no pierdas más tu tiempo; sabes tan bien como yo que papá jamás ha de volver. No le interesamos. Ya debe tener otra familia”.
Yo, sin embargo, albergo la esperanza de que regreses. Solo he recibido diez cartas, una por cada año de tu ausencia. Me las envías para el día de mi cumpleaños. Después debo aguardar todo un año para recibir noticias tuyas, para saber si te encuentras bien, si extrañas a tu familia tanto como te extrañamos nosotros.
Aún me pregunto por qué te fuiste así, sin decir adiós y sin un motivo aparente.
Me encuentro muy enferma, hijo mío, pero, a pesar de todo, he cumplido mi promesa de escribirte a diario.
¡Tantas preguntas que jamás has respondido! ¡Tanta incertidumbre! Me han internado en una casa para ancianos. Dicen que nadie puede cuidar de mí, que doy mucho trabajo, que no escucho ni veo bien y que ya no puedo vivir sola
Me encuentro triste. Creo que esta será la última carta que pueda dictarle a Julieta, pues mis manos ya no pueden tomar el lápiz.
Ya viene la enfermera. Debo apresurarme para que tu niña la ponga en el correo. Confío en que, al leerla, te conmuevas y traigas un poco de paz a mi acongojado corazón.
Ya no quiero más cartas. Solo quiero que vengas. Necesito verte, tocarte y abrazarte antes de partir. Diez años es mucho tiempo. Trato de imaginarte, pero no lo logro. No sé cómo estarás, si aún usas bigote y pelo largo, si conservas tus jeans gastados y el reloj de tu abuelo. ¡Son tantas preguntas que quiero hacer! El tiempo es tirano, mi amor, y ruego a Dios todos los días para que me permita estrecharte una vez más antes de partir.
Hasta pronto, hijo mío.
Te ama mamá
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