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«Cada instante es un país vivido, cada palabra, una frontera cruzada.«
EL SEÑOR DE LOS ANILLOS- ENSAYO
Luz Fontana / Italia
Los libros de El Señor de los Anillos, escritos por J.R.R. Tolkien, no son sólo novelas de aventuras. Son una declaración profunda sobre la amistad, el poder, la corrupción, y la resiliencia frente a la oscuridad. Aunque muchas personas ,conocen la historia a través de las películas, leer los libros despierta una experiencia distinta, más íntima y reveladora.
El texto que respira profundidad
Tolkien, filólogo apasionado, construye no solo una historia sino un universo: con idiomas propios, mitologías, mapas, genealogías y leyendas. La Tierra Media no es escenario sino protagonista. Cada página contiene capas de significado, desde lo épico hasta lo contemplativo.
Leer la trilogía –La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey-, permite descubrir matices que el cine no puede capturar: el pensamiento de Frodo, los silencios de Sam, la lucha interna de Gollum, o la nobleza casi mística de Aragorn. La voz narrativa de Tolkien, serena y elegante, transporta con un ritmo que es más lento que el cine, pero más envolvente.
El poder del anillo como metáfora
El Anillo Único representa mucho más que un objeto mágico: es un símbolo de poder absoluto, capaz de corromper incluso al más puro. Tolkien, que vivió las dos guerras mundiales, entendía cómo el poder sin límite podía desfigurar lo humano. La caída de Saruman, el tormento de Boromir, y el sufrimiento de Frodo son reflejos de esta tensión universal.
Naturaleza, nostalgia y lo perdido
Uno de los aspectos más emotivos del libro es la presencia constante de la naturaleza. Los Ents, los bosques antiguos, el Shire… todo habla de una nostalgia por lo que fue, por los espacios que se pierden ante el avance de la guerra y el dominio. Tolkien parece susurrarnos: “la belleza está en lo sencillo, y no debemos olvidarla”.
La luz que resiste
Más allá de batallas épicas y caminatas eternas, El Señor de los Anillos es un canto a la esperanza. A la bondad silenciosa que cambia el mundo. Frodo no vence por fuerza, sino por perseverancia; Sam no brilla por estrategia, sino por amor. Es esa luz interior la que sostiene la historia, y tal vez por eso, sigue tocando corazones en todos los hemisferios.
ENTRADA RESTRINGIDA
Leila Guerriero / España
Si la Iglesia Católica ha perdido miles de fieles, ¿no convendría confiar en la posibilidad de que un curioso entrara, fuera tocado por el rayo de la fe y se transformara en devoto?
Estaba hace poco en Palma de Mallorca. Salí a caminar. Llegué a una iglesia. En la entrada había dos carteles con la señal de “Prohibido el paso”, y la frase: “Entrada restringida. Solo para quienes acudan a misa”. Aunque no tengo fe, me interesa la fe de los otros: entro a las iglesias, escucho los rezos, observo la devoción. Pero ese cartel era un freno a mi curiosidad irrespetuosa, así que me fui. Supuse que estarían hartos de la irrupción de turistas sacando fotos como si aquello fuera un zoológico y no un sitio de recogimiento, pero me pregunté cómo confirmarían que alguien efectivamente entraba para asistir a la misa y no para curiosear. ¿Exigirían el recitado del Credo, someterían al paseante a un múltiple choice de contenido religioso? En todo caso, me pareció que el cartel era publicidad en contra. Si la Iglesia Católica ha perdido miles de fieles, ¿no convendría confiar en la posibilidad de que un curioso entrara, fuera tocado por el rayo de la fe y se transformara en devoto? Después de todo, los católicos creen en cosas más extrañas, como la santísima trinidad o el embarazo de una virgen. Mientras caminaba, imaginé el consultorio de un psicoanalista en cuya puerta se leyera “Entrada restringida. Solo para pacientes interesantes”. ¿Y la posibilidad de toparse con lo impredecible, de descubrir que nos gusta mucho aquello que pensábamos que no? El cartel, además, contradecía la idea de acogida que promueve la Iglesia arrojando el mensaje opuesto: estamos encantados con nosotros mismos, no necesitamos a nadie más. Al día siguiente, un señor con quien comenté el asunto me explicó que ese cartel está allí ―y en muchas otras iglesias― para impedir que la gente entre gratis: “Si hay misa, no se puede cobrar la visita. Les da igual lo de la fe. Lo que quieren es que pagues”. Así fue como todas mis disquisiciones me parecieron cándidas y nobles comparadas con las maniobras financieras de la Empresa de Dios.
MEMORIA EN TRÁNSITO. ENTRE ACRÓPOLIS Y NILO
Elspeth Gormley / España
Corría el año 1987. Cinco noches sobre aguas mediterráneas en un ferry que se balanceaba entre sueños, charlas y el rumor persistente del mar. La parada en El Pireo no fue solo un descanso: fue una respiración de historia, un paseo por Atenas con la Acrópolis asomando majestuosa, incluso envuelta en andamios, como una diosa en plena renovación. Desde el monte Licabeto, la ciudad brillaba como un mapa estrellado. Pero el viaje no había hecho más que empezar
Aquel paseo no era sólo turismo: era un rito silencioso de encuentro con lo ancestral. Cada piedra parecía querer contar su versión de la historia, y nosotros escuchábamos sin saber que ese asombro sería apenas la primera página del viaje.
En ese momento estaba en obras, pero no por eso dejaba de ser increíblemente majestuosa. La Acrópolis es una antigua ciudadela fortificada situada en lo alto de Atenas. Considerada la cuna de la civilización occidental y símbolo de la democracia, su nombre significa “ciudad alta” en griego. El conjunto arquitectónico incluye el Partenón, el Erecteión, el Templo de Atenea Niké, los Propileos y el Odeón de Herodes Ático.
Después de la visita, fuimos a comer al monte Licabeto. La vista desde el restaurante era bellísima: se podía contemplar todo Atenas extendido como un mapa luminoso.
Regresamos al barco… y dos días más tarde llegamos a Egipto.
Desde la cubierta, mientras el sol comenzaba a pintar de dorado las aguas, la policía egipcia subía al ferry. Miraban los pasaportes, los sellaban, y explicaban a los turistas cómo debían proceder con las compras, el cambio de moneda, y algunas normas de comportamiento.
Allí comenzaba otro viaje, distinto, profundo, envuelto en arena y misterio.
Luego de aquel desembarco en Alejandría, el aire olía a especias y mar. Mientras la policía egipcia revisaba pasaportes y daba instrucciones con gestos firmes y palabras casi ceremoniales, uno sentía que estaba a punto de entrar en otra dimensión -un país que no solo conserva ruinas, sino también secretos que no se han dicho-.
Alejandría y sus ecos Las calles eran un collage de carteles árabes, vendedores ambulantes y arquitectura desgastada por el salitre. El contraste entre las palmeras y los edificios coloniales nos hacía sentir como si el tiempo no se midiera en años, sino en capas. Visitamos la moderna Biblioteca Alejandrina, aún reciente en aquella época, y contemplamos el Mediterráneo como quien busca en él los libros perdidos de la Antigüedad.
El Cairo, ciudad de mil voces. Entre bocinazos, palomas, y niños correteando, El Cairo se desplegaba como un caos organizado. Subimos a la Ciudadela de Saladino, y desde allí la vista era infinita: mezquitas, barrios, humo, historia. Visitamos el Museo Egipcio, donde la máscara de Tutankamón nos miraba como si supiera más de nosotros que nosotros mismos.
Las Pirámides de Giza Ahí estaban. Inmutables. Gigantes. No hay foto ni documental que iguale el silencio que las rodea. El calor pegaba, los camellos pasaban sin apuro, y el viento traía arena con vocación de eternidad. Nos sentamos frente a la Esfinge y alguien susurró: “Aquí no se viene a mirar, se viene a recordar”.
Navegar el Nilo Tomamos una faluca pequeña. El agua era oscura pero tranquila, como si guardara todas las historias. En la orilla, mujeres lavaban ropa, niños saludaban y el río seguía su curso sin mirar atrás. Esa tarde, escribí una frase en mi diario: “Viajar no es ir lejos, es volver distinta”.
Aquella noche, las luces de El Cairo se apagaban lentamente mientras el barco partía en silencio. Días después, regresamos a España. Pero yo ya no era la misma. Egipto me había tocado el alma —y algunas partes de mí todavía siguen allí, entre las aguas del Nilo y las piedras que susurran historia.
LITERATURA Y FICCIÓN
La confluencia entre realidad y ficción – El papel de la ficción en la literatura
Carlos Pérez de Villarreal/ Argentina
2da Parte – Su importancia
Siendo una de las formas de locución artística, la literatura permite el desarrollo de una de las particularidades de la humanidad toda… el lenguaje. Y ha producido cambios sustanciales en la cultura y nuestra forma de pensar. La imaginación y la creatividad son nuevos elementos a ser tenidos en cuenta. No tenemos una clasificación de la misma, pero a grandes rasgos podemos decir que su tipología más frecuentes es: la oral, antigua, clásica, contemporánea, vanguardista, mística, romántica, de ciencia-ficción, realista, fantástica. En cuanto a los géneros modernos citamos: poesía, narrativa y dramaturgia.
Terry Eagleton (crítico literario británico nacido en 1943), a partir del texto denominado ¿Qué es la literatura?, introducción de su obra más conocida «Una introducción a la teoría literaria», supone que los cimientos de esta teoría deberían estar terminados, pero aún no se ha encontrado la respuesta. La cuestión origina una gran discusión y la solución está lejos de percibirse. Su conjetura es que a partir del Siglo XVII se comienzan a distinguir las obras literarias entre “hechos” y “ficción”. Pero esta teoría muestra temas en que los escritos afines con historias de esa época, dejan establecido perspectivas filosóficas que en la actualidad se leen como literarias o textos científicos-históricos. Tampoco es estimable diferenciar en algunas obras históricas, el uso de un lenguaje “novelístico” entre la “historia” y lo “artístico. Eagleton expresa que los formalistas rusos son importantes en la historia de la crítica. El término «formalismo ruso» designa un movimiento intelectual que marca el nacimiento de la teoría literaria y de la crítica literaria como disciplinas autónomas y que también tuvo su influencia en la evolución de los estudios lingüísticos. (1915 – 1916). Entre los principales investigadores del movimiento figuran Víktor Shklovski -considerado el padre del formalismo-, Borís Tomashevski, Yuri Tyniánov, Borís Eichenbaum, Vladímir Propp y Román Jakobson.
Desechan los conceptos sociológicos, políticos, o cualquier otra característica fuera de lo formal. Se vuelve un objeto de estudio científico, se analizan sus partes descubriendo la conformación de los textos. El “texto literario” se explicita en el lenguaje. Lo literario, entonces, usa figuras retóricas del pensamiento, logrando un efecto que va más allá del lenguaje mismo.
Pero, de acuerdo a quien reciba el mensaje, oraciones comunes u otros términos pueden considerarse textos literarios. A su vez las normas no se mantienen invariables, sino que cambian y lo literario se vuelve más confuso. Eagleton después de estas cuestiones, respalda una postura que defiende la manera que tiene cada persona de leer. No importa lo que el autor dice, sino lo que busca el lector. Cualquiera puede leer un texto informativo como literario y viceversa. Surge claramente que lo literario llama la atención sobre sí mismo. El discurso se hace “referente” (función poética de Jakobson). Se centra en el mensaje. Produce un efecto especial en el destinatario: goce, emoción, entusiasmo, etc.
El autor avanza en sus conceptos, para establecer que lo literario no es un cúmulo de matices de una obra determinada, sino la manera en que el lector se conecta con lo escrito. La literatura no tiene una naturaleza definitiva, solo es una construcción, una convención necesaria. No tiene un carácter real. No pasa por lo funcional, sino por lo que se considera “bien escrito”. Se centra en el conocimiento que tenemos en una época determinada. En consecuencia no se la puede estudiar como algo objetivo, ya que siempre la veremos desde nuestro enfoque personal.
La literatura está siempre en un proceso de “reescribirse”. Cada persona tiene una manera diferente de ver el mundo, por eso es imposible valorarlo en forma desinteresada. Estos valores se relacionan con la ideología, las maneras de percibirlo y creencias -tal vez inconscientes-, que entran en contacto con nosotros. Eagleton proclama que aunque la literatura no puede ser objetiva, tampoco es totalmente subjetiva porque los juicios de valor de los individuos son originados y formados en los grupos sociales dominantes, y con ello va implícito ese mismo pensamiento que transmiten. Fíjense la dicotomía de todos estos pensamientos.
Ficción
La palabra ficción deriva del latín fictus, que significa «inventado», derivado del verbo fingiere, «fingir». Y es el nombre que tiene el género opuesto a la «no-ficción» de las crónicas, ensayos y novelas, que se ciñen lo más fielmente posible a la realidad.
La ficción literaria, nos permite expresar con palabras, hechos no reales, donde los personajes forman una historia importante y particular de la misma Es la imaginación llevada al límite, donde cada uno de sus exponentes expresa una determinada historia, con las particularidades que le imprime cada escritor. ¿Qué buscamos cuando escribimos ficción…? que los lectores perciban la trama que escribimos, que incluye diversos elementos dentro de la historia, desarrollo de la acción y profundidad psicológica. Estimo que es un aspecto propio de nuestra especie, que muestra el grado de evolución que nos permitió acceder a complicados horizontes de formación social a través de lo imaginario. Así lo establece el Historiador Harari (Yuval Noah Harari es un historiador y escritor israelí de origen judeopolaco, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Entre sus obras se encuentran Sapiens: De animales a dioses, Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI)
Podríamos considerar que, aparte de la oralidad que deviene de tiempos primitivos, tenemos varios arquetipos principales de géneros de ficción: misterio, suspenso, ciencia ficción, romance y fantasía; y alguna de sus formas pueden ser: cuento, novela corta (nouvelle) y novela, sin soslayar la historieta, la cinematografía o incluso, el imaginario popular. ¿Acaso no tenemos leyendas urbanas? También nos cabe aseverar que de acuerdo al tipo de recursos estilísticos que usamos, podríamos hace una especie de categorización:
Fantástica: mundos donde todo es posible debido a la magia (hechicería, brujería), los fantasmas (espectros, apariciones), las fuerzas sobrenaturales, etc. Realista: intenta parecerse al mundo real. Ciencia Ficción: que originalmente fue tomado como un subgénero, pero que se ha convertido en esta contemporaneidad en una extrapolación del alegato científico.
La Ficción es inventada, necesitamos usar nuestra imaginación cuando la estamos escribiendo. Una historia de Ficción debe establecer su propio mundo, otorgarle la mejor decoración, ofrecer una credibilidad y coherencia, el proceso de la trama, la creación de personajes, el lenguaje y el desenlace de nuestra historia. Por ello decimos que todo cuento, novela corta o novela, debe tener un principio, un medio y un final y si este último es sorprendente, mejor. Cortázar, a quien le gustaba el boxeo, solía decir que una novela gana por puntos, mientras que un cuento gana por knock-out. El final debe girar 180 grados para darle esa etapa de suspicacia que sobrecoge al lector.
Por otro lado Antón Chéjov, explicaba su principio narrativo de la siguiente manera “Si en el primer acto has colgado una pistola en la pared, en el siguiente debes dispararla. De lo contrario, no la coloques allí.”
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-07-19 23:26:362025-07-20 17:28:47CRÓNICAS Y ENSAYOS- JULIO
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«Donde se calla el ruido, comienza el verso —y la imagen respira poesía.«
NO ERES TÚ
Rocío Acebal Doval / España
No es la costumbre -ese taimado hito de la muerte-. Tampoco ir a las bodas sola o escapar de un dormitorio ajeno los domingos; menos aún hacer la cena para dos y cenar uno. No es ni siquiera la espera solitaria en el dentista, el ancho de la cama o este miedo a no volver a amar -y ya es bastante-.
Porque no es el adiós, ni la vida sin ti, ni tu recuerdo; sino saber perdida a esa mujer que fui cuando te amaba.
Cuando el amor se va, a veces no extrañamos a quien se fue…
sino a quien fuimos cuando lo amábamos. (Editora)
EN ESE LUGAR DEL ALMA
Inés Arribas (Nené) / Argentina
En ese lugar del alma
Donde reposan los sueños
Habita la poesía
De cuya magia me adueño
Ella alimenta mi cuerpo
Sacia la sed en garganta
nutre de ideas la mente
Y mis versos agiganta
Es sol calentando inviernos
Y alumbrándome los días
Es un faro de ilusión
Que dulcemente me guía
En ese rincón sagrado
Donde mi silencio anida
Es campana de cristal
Que va alegrando la vida
Y envolviéndome en sus sones
A expandirlos me convida
Quiera Dios que mi palabra
Sea de armonía y bonanza
Transmitiendo en el sentir
Un mensaje de esperanza
Hay rincones donde la poesía no visita
…habita. Y desde allí, multiplica la esperanza.(Editora)
LUNA
Magi Balsells / España
Luna lanza tus pálidos rayos, para la noche esconder
Sin calor, fríos como un tempano de blanco hielo
Así y todo iluminan tenuemente el cielo
Tan necesaria para esta oscuridad romper
Siempre mucho se ha escrito de ti
Palabras de amor muchas has sentido
Por esto te pido para mí
Este cariño que nunca he tenido
Luna, solo quiero ser amado
Ya que todo mi cariño doy
No quiero que mi amor sea olvidado
Por esto, ahora suplicándote estoy
Los antiguos te adoraban
Sus sabias razones tendrían
Cuando desaparecías temblaban
Alegres cuando tus rayos les sonreían
Por todo ello astro querido
Igual que el amor deseado
Quisiera que nunca me faltaran
Y ambos a mi no me olvidaran
Hay noches en que la luna no alumbra: simplemente escucha. (Editora)
LA MUJER Y SU FOTO.
Isidoro Barrera Molina / México
Caminaba aquella tarde
con su paso cadencioso
al ritmo su pelo hermoso
jugueteaba con el aire
al tiempo que de su bolso
caía una foto en la calle.
Con la foto entre mis dedos
seguí a la bella mujer
lo notó y quiso correr
como queriendo y no quiero
después me regresó a ver
y vi los ojos más bellos.
Su voz se escuchó agradable
cuando preguntó ¿Qué quiere?
darle esta foto que pierde
cuando de su bolso sale
de paso yo saludarle
y mi admiración presentarle.
Suave sonrisa y discreta
así mostró su elegancia
libre de toda arrogancia
toda una dama perfecta
suavemente dijo gracias
y se dió la media vuelta.
Solo me quedé pensando
en su perfecta celsitud
que con callada actitud
de mi se estaba alejando
y yo en mi total quietud
parado y nomás mirando.
Hay miradas que se guardan como fotos: sin marco, pero eternas. (Editora)
DESDE LA VENTANA IV
Inés Blanco (Luna de Abril) / Colombia
Una ráfaga de soledad
entró por la ventana;
traía aire fresco,
aromas, colores
y trinos muy cercanos.
Se apoderó en silencio
de todos los espacios;
con ojos de viento
recorrió mi estancia…
se detuvo ante el espejo.
La luz de la tarde
a gotas fue cayendo,
tan sutil y lenta como el rocío
que humedece los recuerdos
al paso de las horas.
Como un tropel
llegan a la mente
voces y juegos infantiles,
junto a la algarabía del perro
en procura de un juguete.
Aparecen por el tiempo
desteñidos: parques,
rodaderos y columpios;
abandonados cuadernos, tareas
y las campanas del recreo.
Se atraviesa entonces,
la juventud alborotada:
los bailes, coqueteos,
citas, cartas, poemas
y un vaso de ron con Coca-Cola.
Pasado el tiempo
y junto a la ventana;
aquí, de frente al espejo
se renuevan los años
sin borrarse los caminos.
Adentro se ha quedado todo:
lo bello, lo bueno, lo triste,
lo aprendido; junto a la alegría
de tener una ventana por donde
llega la noche y renace el día.
Desde la ventana, la memoria no envejece: sólo se hace más sabia.(Editora)
PLANES DE FUTURO
Rosa Berbel / España
Tenemos cuarenta años y un trabajo que odiamos que nos hace pagar las facturas, llegar a fin de mes, tener eso que llaman dignidad y que se siente igual que la tristeza.
Tenemos un trabajo y un piso en la playa, pero ante el mar soñamos un milagro: nuestra ropa en la arena como entonces y quedarnos así a la intemperie, uno enfrente del otro, con toda la extrañeza de los cuerpos desnudos, con esta luz precaria, con un amor que existe y no nos basta.
Tenemos cuarenta años y dos hijos que corren, que gritan y que lloran porque la arena está demasiado caliente, porque nosotros discutimos, porque no hay nada aquí que nos divierta.
Tenemos casa, hijos y demasiado miedo a la muerte, a los contratos temporales, como la gente normal, miedos de gente feliz, miedos felices, como este insomnio dulce de los días antiguos o esta nostalgia común y rutinaria.
Tenemos cuarenta años y un país que no nos nombra, no cogemos aviones porque hemos olvidado cómo decir te quiero en otras lenguas, la violencia del viaje, cómo dormir tranquilos en hoteles lejanos donde nadie nos llama por las noches.
Tenemos cuarenta años y una vida feliz feliz sin contratiempos, una vida segura, equilibrada.
Pero después del amor, de la rutina, la propiedad privada y el verano, la realidad regresa inconformista.
Hay vidas que parecen completas, pero todavía buscan un milagro. (Editora)
A JULIA
María Elena Camba / Argentina
Llegaste
Cuando ya no había
capacidad de asombro
Con tu mirada mansa azulada
cubriste con manto de ternura
la vida familiar
Trajiste alegría y esperanza ,
los días se volvieron luminosos ,
los amaneceres promesas.
Pude ver estrellas fugaces
en mi cielo niño otra vez.
Y la vida se volvió eterna
en tus blancas manitas.
Hay llegadas que no pisan la tierra, sino el alma.(Editora)
PAUSA Y SILENCIO ( SELAH)
Libia B. Carciofetti/ Argentina
Se hizo una pausa entre el ayer y el hoy, en la música de mi vida
Hasta que llegaste tú
e irrumpió otra melodía.
Llegaste como llegan las cosas que se creyeron perdidas…
Sin hacer ruido, en silencio
como el suave aire de una brisa.
El pentagrama no tenía notas, los espacios no las conocían.
La clave de sol a oscuras.
A mi música nadie la entendía.
Pero trajiste el acompañamiento de tu dulce sinfonía…
Y brotaron los arpegios
R
tomándome desprevenida.
Amor, que llegaste a tiempo
antes de que se acabe mi vida.
Convertiste en realidad
lo que yo solo en sueños veía.
Hoy interpretamos a dos manos la música y su poesía…
No pudiendo separarlas
porque son gemelas nacidas.
Hay silencios que no callan, sino que afinan la melodía donde renace el amor. (Editora)
EL ALCOHOL ES TU FAMILIA
Libia Carciofetti/ Argentina
Nuevamente te encontré
con la mirada extraviada,
una sombra obnubilada
que aún no descifro porqué.
Tuviste amor en la vida
hijos que ahora han crecido,
pero el vicio te ha vencido
y has perdido la partida.
Tus padres muy orgullosos
hablan de ti en todas partes.
Tú con amigos compartes
los deleites «venenosos».
¿Sabes? ¡Te estás suicidando!
Claramente ¡No te importa!
Tu necedad no soporta
ver que te estás quebrantando.
No te escondas, se valiente
Justo es DIOS pero perdona.
Tú serás nueva persona
si del vicio eres consciente.
Sufro de verte hecho harapos
piensa en quien te dio la vida;
en su alma sangra la herida
que no seca con guiñapos.
Como tú también hay hombres
que torcieron su destino
erraron el buen camino
vilipendiando sus nombres.
Hoy abrazan la esperanza
de empezar a ver la vida
como una nueva partida
y en ganar tienen confianza.
Cuando mires el futuro
y recuerdes tu pasado,
sabe que DIOS ha borrado
de tu historia el lado oscuro
TRASCENDENCIA
Enrique Fredy Díaz Castro / México
Trasciende en su mesiánica labor
aquel que al educar desborda afecto,
quien sólo ve virtudes, no defectos
e inculca por las letras el amor.
Combate la tristeza y el dolor,
moldeando con la metodología
renglones de tesón y de alegría
para sembrar la ciencia al alumnado
cosecha que los años habrán dado
frutos de bien a la ciudadanía.
Trasciende con su obra tan discreta
rompiendo paradigmas conformistas
que luego a la ignorancia dan la pista
si no hay una labor firme y concreta;
por eso no hay como fijarse metas
que logren derrotar a lo siniestro,
que nos enorgullezcan de lo nuestro
haciendo del alumno hombre de honores,
llevando una bandera de valores
forjada en la enseñanza de un maestro.
El maestro que enseña con el alma no busca aplausos, sino raíces que florezcan en otros. (Editora)
MIRA AL CIELO
Enrique Fredy Díaz Castro / México
No claves tus ojos en el cielo,
levanta la cara y mira al cielo,
no dobles la cerviz, no tengas miedo,
que el viento sea caricia y sea denuedo.
La vida un día se abrió para retarte,
poniéndote a la vera, desafíos.
El sol, la luna, el cerro, el ancho río
son forja en el criterio y el carácter.
Sé férreo cual la roca en la montaña,
ve seguro como el águila en el vuelo,
no ignores consejos de los abuelos,
y se noble en la lid desde la entraña.
Si el surco la planta se abre paso
y arraigada y valiente busca el agua,
como el remo que impulsa la piragua
desgarrando las redes del sargazo.
De ese modo tú debes ser constante,
separando lo malo de lo bueno,
no te exaltes, compórtate sereno,
analizando sin precipitarte.
Usan mil rostros el odio y engaño,
no te fíes de cualquiera al momento,
revisa los comerciales y gestos
sé cauteloso al pisar el peldaño.
Y no confundas con ser desconfiado
vivir aislado del resto del mundo,
hay en tu esencia potencial profundo
para rodearte del afecto honrado.
Recuerda que tus padres son el puerto
para zarpar y para guarecerte
cuando las tempestades sean fuertes,
ya pasarán para ir a mar abierto.
Escucha también del tiempo el consejo,
la formula se nutre en la experiencia,
de ti dependerá llegar muy lejos
con determinación y con sapiencia.
Que ni el halago banal o burla hiriente
hallen cabida en tu corazón sano,
cada quien posee lo honesto y lo vano
que lo identificará ante la gente.
Tienes derecho a caer no a quedarte
ahí tirado viendo la derrota,
la dignidad es principio que brota
para con nuevos bríos levantarte.
Sé agradecido con DIOS, no lo olvides,
es un valor de todo ser humano;
al que ha caído bríndale la mano
pues la verdad es cáliz que pervive.
ABRAZO DEL ALMA
Carlos González Saavedra / Argentina
Cuando mi alma abraza
Todas sus partículas sub-atómicas
Se preparan
Su energía en movimiento
Se engalana
Y todo el amor universal fluye,
Libre, como si nada.
Porque el amor une
Y quita las penas
Cierra cicatrices
Que un alma guarda.
Si despliegas tus alas.
Cuando alguien te abraza
Todo es sabiduría y enseñanza
Todo es luz
Todo es un concierto armónico
De sonidos y almas
Hay abrazos que no tocan la piel, pero iluminan el alma. (Editora)
ASÍ ESCRIBO
Carlos González Saavedra / Argentina
En cada verso, en cada poema,
en cada lágrima derramada…
esta mi alma vigorosa y eterna.
Dejando rastros de cómo me siento
Cantándole al amor…a los desencuentros.
A lo soñado, llevado por el tiempo.
Escribo…
A esos soles de otoño.
A esos días nublados, de invierno.
Busco palabras en vano, en el diccionario.
Lo que mi corazón mas sabio,
me esta diciendo.
Palabras que así rendidas,
las encierro.
En un poema, vocablo por vocablo,
verso por verso.
Vibrando en un latir sonoro,
Con su onda expansiva,
por el universo.
Así escribo, así lo siento.
LA VIDA
Elspeth Gormley/ España
La vida no grita, susurra despacio, se esconde en la brisa, se cuela en el paso. No siempre es fiesta, ni siempre es tormenta, a veces es pausa, a veces, la cuenta.
Nos da sin aviso, nos quita sin ruido, nos deja preguntas, nos presta sentido. Es hilo que une, es sombra que enseña, es luz que se apaga, es flor que se empeña.
La vida es un mapa sin ruta marcada, un verso que cambia con cada jornada. Es todo lo simple, lo hondo, lo incierto, lo que nos toca, lo que está cubierto.
Y aunque no siempre sepamos qué hacer, vivir es el arte de no retroceder.
MUCHACHA ENAMORADA
Jaime Hoyos Forero/ Colombia
Eres llena de fuego entre todos mis sueños. (Carlos Martín)
Te estoy viendo, muchacha enamorada,
hija de mi placer y mis delirios;
estoy viendo tus ojos como lagos
donde llovió en un tiempo la amargura
y aún queda por debajo de los párpados
el depósito inmenso de tus lágrimas,
que se diluyen poco a poco en llanto
o se evaporan en tus comisuras.
Te estoy viendo, mujer hecha de luna,
de fantásticos pétalos de carne,
de adormideras en tus ojos grandes,
de derretido azúcar en los labios,
de fresa y uva y mora y aceituna,
de sangre roja porque así es mi sangre,
de sangre oscura porque así es mi vida,
de mi sangre que riega el caudaloso
río de las vertientes de tu carne.
Te estoy viendo, mujer hecha de trigo,
salpicada de aromas orientales,
gitana, egipcia, mora y castellana,
hecha de pasta de dolor creciente,
hecha de caracoles recogidos
con paciencia en las playas tropicales,
y con pequeñas piedras de los ríos.
Y por todo lo dicho te estoy viendo
en todo el esplendor de tu hermosura
-mujer dulce, de carne enamorada-
-piña en sazón, paloma adormecida.
Bella, porque tus padres te crearon
con barro del amor en noche oscura;
bella, porque en el vientre de su amada
tu padre dibujó tu arquitectura;
y porque fue el origen de tu vida
un derroche de besos y ternura,
y porque tú eres hija de la tierra
y del agua y del sol y de la luna.
Bella porque el Señor así lo quiso,
por el amor sin fin que te he entregado,
que crece en ti como una enredadera
que se llena de flores y de nidos
donde cantan los pájaros y el viento.
Bella, en fin, porque yo te he madurado
con mi voz, con mi amor y con mi beso.
Hay mujeres que no se nombran: se celebran como poesía. Editora)
PERDÓNAME
Jaime Hoyos Forero / Colombia
Solo la sombra trémula se retuerce en mis manos. (Pablo Neruda)
Perdóname el desvío
porque en ojos más bellos se extasiaron los míos. Porque a otros dulces ojos, mis ojos les sonrieron; porque bocas más frescas refrescaron mis labios y anheló muchas veces otros brazos mi pecho.
Perdóname el azoro que en mis dedos causaron otros cálidos dedos que apretaron los míos dejándome anticipos de entrega entre las manos.
Perdóname la dicha que estremeció mi pecho al contacto furtivo de otras manos amadas que erizaban la piel, corrían por mi cuerpo con espasmos de dicha y caricias de fuego.
Perdóname el silencio pecador de mis labios que a menudo callaron sin decirte un «te quiero». Perdona la energía que gasté en otros seres y perdona mi pluma que voló tantas veces a nidos que habitaban solícitas mujeres.
Perdóname las veces que con vehemencia loca, besos prendí en los cuellos, besos tatué en las frentes las manos y los senos y en los quemantes vientres y en los pulidos muslos y en las ardientes bocas.
Perdóname los años que no acabaron nunca y en los que fue la carne la reina de mi vida. No pido que me aceptes. Solo el perdón te pido: con él me iré en silencio al reino del olvido.
La soledad sin pausa será mi compañía en medio de las sombras de todas las mujeres que quise, que me amaron, que estuvieron conmigo compartiendo mi lecho, mis besos y mis rimas pero que nunca fueron completamente mías.
CANTEN CIGARRAS
Lamberto Ibárez Solís/ México
Dejad que canten las cigarras;
dejad; pues que enloden mi nombre
en mi cuerpo herido tengo garras
que aún herido… soy un hombre.
Dejad que esbocen su sonrisa;
cruenta, disfruten su alegría.
gócense… sea fuerte su risa,
disfruten bien su cobardía.
Dios vive en mí; contra él; nadie,
su luz me guía, me protege,
su gran manto sagrado es mi aire;
me dicta: de malos; me aleje.
Los sismos me templan el alma;
vigor a mi dura armadura,
me refuerzan de fe y de calma
me quita aristas y me cura.
No siempre se está muy arriba;
no siempre se está muy abajo;
aún la vida no me derriba;
mi temple no es cabizbajo.
“Dejad pues que los perros ladren”,
le dijo Don Quijote a Sancho;
dejad que mi cuerpo taladren;
que tengo un corazón muy ancho.
Venid voces que estoy herido,
rompan mi cuerpo y mi figura;
yo soy roble y estoy erguido
y erguido iré a mi sepultura.
Soy como el sándalo de noble
que perfuma el hacha que lo hiere;
mi Gran Dios será el que me doble
ante Él de rodillas; viviere.
Solo ante Él yo juré un día;
ponerme de rodillas, Padre
que nadie más me humillaría;
solo ante Ti y ante mi Madre.
Como las cigarras, canta más fuerte quien no se rinde.(Editora)
CON ESA LUZ Andrea Kiperman / Argentina Con esa luz del recuerdo despierto las mañanas con el calor de tus besos y la frialdad de tus ojos esa ambigüedad que me despierta y me quema me olvida y me recuerda a ti Pasan los días pasan las horas y tu recuerdo se va esfumando en la niebla el recuerdo se va esparciendo en el éter añejando nuestros corazones pero el anhelo sigue intacto con esa luz del recuerdo duermo en las noches.
Donde el recuerdo arde sin ruido, sigue brillando la ternura. (Editora)
ME PIERDO
Andrea Kiperman / Argentina
Me pierdo en tus ojos,
en tu piel, en tu cuerpo,
en tu mirada, en tu baile,
en tu misterio, en
lo que callas y en lo que dices.
Me pierdo en tu silencio,
en tu distancia, en tu boca,
en tu intensidad.
Me pierdo en ti:
en tu disimulo, en tu ambigüedad.
Me pierdo en tus ojos,
en lo que callas y en lo que dices.
Me pierdo todos los días
y me vuelvo a encontrar en tu mirada.
Las horas pasan casi en segundos
porque me pierdo en tus ojos,
en tu piel, en tu cuerpo.
Me envuelves, me dejas,
me abrazas y nuevamente me alejas.
Me acercas, y simplemente me pierdo en ti.
CAMPANAS AL ALBA
Liliana Lorán/ Argentina
Levanta el sol de invierno
su mantilla de tibieza,
mientras el viento del sur
despeina las copas secas.
Y donde tuerce la calle
en torno a la plaza vieja,
vuelan campanas al alba
de la torre de la iglesia.
Es tiempo de acción de gracias
por el día que comienza,
las ancianas con rebozo
a la misa prestas llegan.
Recorta el cielo celeste
alguna nube viajera,
y el campanario da un toque
solemne sobre la aldea.
Hay auroras que no iluminan: solo bendicen el silencio.(Editora)
HORAS SIN TIEMPO….
Marga Mangione / Argentina
Lejana juventud que hoy se pronuncia
en las horas sin tiempo que he vivido.
Horas amargas cuando la renuncia
ensanchaba el sinsabor de lo sufrido.
Tiempo sin horas que en la lejanía
proyectan sombras sobre los cristales.
Recuerdos locos que en mi fantasía,
acarician mis sueños otoñales.
Tu piel ya no se funde con la mía,
tus manos no recorren mi esperanza.
El frenesí que entonces nos unía,
ha mutado en dolor y desconfianza.
Horas sin tiempo que no se marcharon
y el alma me lastiman todavía…
Rémoras que a mi vida le dejaron
contusiones de golpes a porfía.
Arde en mi pecho la brutal certeza,
de advertir que ya están desvanecidas.
Y que viven tan sólo en mi cabeza
aunque de tu memoria estén perdidas.
Están detrás de aquella antigua puerta,
evocando el pasado a cada instante…
¿Será por eso que la dejo abierta,
con la esperanza siempre vacilante?
Quisiera regresar a aquellas horas,
retrasando el reloj de mi existencia.
Y matar este hoy en que me ignoras,
para volver al ayer con tu presencia.
Horas sin tiempo… ¡ cuánto necesito,
revivir tu pasión que me abrasaba!
Y transformaba mi cuerpo en infinito
cuando tu boca a la mía se apretaba.
He de llevar conmigo hasta la muerte,
el recuerdo sin par de aquellas horas.
La ilusión de encontrarte y de quererte
y sentir que con tus besos me devoras.
Nadie podrá robarme esta ilusión,
ni quitarme esas horas que son mías.
Las guardará para siempre el corazón
hasta el último instante de mis días.
Hay horas que no se miden en relojes, sino en latidos que nunca olvidan.(Editora)
SI NO ESTÁS AMOR…
Marga Mangione / Argentina
El sol me besa,
el viento me acaricia,
la arena me contiene,
el cielo me subyuga
y una gaviota me sorprende.
Todo es tan maravilloso
que no entiendo por qué
estoy tan triste.
Debe ser porque no estás.
Y si no estás, amor…
nadie me besa,
nadie me acaricia,
nada me contiene,
ni me subyuga
y nadie me sorprende.
¿Será por eso
que estoy tan triste?
o
TU FRACASO
Antonio Morelos Martínez / México
No hay tristeza, ni alegría,
al saber como tú vives,
no haz mejorado tu vida,
tu mal proceder persiste,
ha empeorado tu valía
por el mal paso que diste.
Te vi por casualidad
nunca creí que eras tú,
me acerqué poquito más
porque era escasa la luz,
pero al escucharte hablar,
me entristeció tu actitud.
La calle donde te vi
es de escaso movimiento,
no era lugar para ti
tú querías los altos vientos,
pero si tú estás allí
es que es tu lugar perfecto.
No me entristece tu rango,
tampoco me da alegría,
no se si tú haz fracasado
o es el triunfo que querías,
hallaste lo que haz buscado
o es que busques todavía?.
La vida es maravillosa
y uno es lo que se proyecta,
tu mundo color de rosa
talvez te cerró las puertas,
pero el del fango, preciosa,
para ti, las tiene abiertas.
Hay caminos que no fracasan… simplemente no eran el destino.(Editora)
i
TE EQUIVOCASTE
Antonio Morelos Martínez / México
Con lujos de hipocresía
me sonreíste esta vez,
pensaste que olvidaría
tu desprecio y tu altivez
y que a tí hoy regresaría
con el mismo amor de ayer.
Te amé quizá por honesta,
que eso creí yo de ti,
pero al iniciar la cuesta
de ese mundo que subí,
me diste otra respuesta
que me hizo dudar de ti.
Falseabas con tu mirada,
tu caminar inseguro,
tu boca al hablar temblaba,
parecías en otro mundo,
tu corazón fuerte hablaba
por tu proceder inmundo.
Ya no dudé más de ti
tu sendero despejé,
hoy ruedas lejos de mi
lo que prefieres hacer,
si así hoy te gusta vivir
yo impedirlo, nunca haré.
ESCUCHO
Sarah Petrone / Argentina
Escucho el murmullo del viento entre las hojas
como una oración clamando al universo
que calme su fuerza desde el cielo,
para acallar la furia de su entorno.
Lo escucho bramar, igual que lo hace un trueno
atrapado entre las nubes que se forman
queriendo liberar lo que se rompe
porque ya, la humanidad no lo contiene.
Escucho el silencio de las horas
que pasan sin que nadie se sorprenda,
dejando que se escape del infierno
toda la maldad, sin un reproche.
Lo escucho caminar en las espinas,
en la sangre que se vierte en las derrotas,
en los surcos del campo que se azotan
bajo los resplandores de la guerra.
Lo veo desvanecerse, arrodillado
bajo el huracán que desmorona
el amor, la paz, el alma que alborota
su escasa identidad…Lo escucho…Y lloro.
Cuando el silencio llora, el poema se vuelve testigo. (Editora)
ANTE LA MUERTE
Susana Piñeiro / Argentina
La vida burbujeante palpita aquí en mi pecho
generosa me ofrece más de lo que esperé.
No vuelvo mi cabeza por ver lo ya pasado,
solo miro adelante con amor y con fe.
El sol que cada día renace en la esperanza;
la belleza que a veces me cuesta descubrir….
tal vez por omitir la pausa necesaria
que me hunda en el misterio de este breve existir.
El dolor nunca falta pues el mal aún persiste
y sufrimos en vano por cosas sin valor,
más hay una certeza oculta en nuestra historia
de que el Bien es más fuerte y es siempre vencedor.
Ay vida que te escapas con el grano de arena
que suavemente cae sin pausa y sin saber
que con cada segundo que se va en un suspiro,
se consume implacable la finitud del ser.
Habrá alguna manera para sobrevivir
más allá de lo trágico de tener que morir?
Yo creo que sí, existe..!
«Se vive en lo que amamos y en el recuerdo intacto
de todo lo que dimos con pasión y cariño…»
Seguro que es así!
La vida sigue latiendo en lo que damos: ahí se vence la muerte. (Editora)
PAZ
María Sánchez Fernández / España
En la calma de un mundo que venera
la inmensa magnitud de lo creado
escuchamos el cántico callado
de la hierba que crece en la pradera.
La alondra trina y se alza placentera
a una nube con tinte nacarado,
y el torrente se lanza ilusionado
hacia un mar que con amor le espera.
¡Bendita Paz, tan limpia y deseada
por el alma que adora la concordia
y sueña con un mundo de alianza!
Unamos nuestra fuerza en oleada
que inunde para siempre la discordia
Cuando la belleza se hace concordia, la paz no es deseo: es certeza. (Editora)
MI VIDA HUELE A FLOR
Elvira Sastre / España
He redondeado esquinas
para no encontrar monstruos a la vuelta
y me han atacado por la espalda.
He lamido mi cara cuando lloraba
para recordar el sabor del mar
y solo he sentido escozor en los ojos.
He esperado de brazos cruzados
para abrazarme
y me he dado de bruces contra mi propio cuerpo.
He mentido tanto
que cuando he dicho la verdad
no
me
he
creído.
He huido
con los ojos abiertos
y el pasado me ha alcanzado.
He aceptado
con los ojos cerrados
cofres vacíos
y se me han ensuciado las manos.
He escrito mi vida
y no me he reconocido.
He querido tanto
que me he olvidado.
He olvidado tanto
que me he dejado de querer.
Pero
he muerto tantas veces
que ahora sé resucitar
—la vida es
quien tiene la última palabra—.
He llorado tanto
que se me han hecho los ojos agua
cuando he reído,
y me he besado.
He fallado tantas veces
que ahora sé cómo discernir los aciertos de lo inevitable.
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“Relatos que despiertan sueños, cuentos que no saben dormir.”
LA CASA DE LOS ABUELOS
Miriam Alberganti / Argentina
No me acuerdo cómo viajamos. Vinimos a visitar a mis abuelos. Los padres de mi papá que eran de Rosario como él. Yo les había contado que por trabajo vivíamos en Mendoza. Mi mamá se quedó con mis hermanas. Viajamos: las dos «mayores» con papá. La casa… impresionante. Teníamos que portarnos como nenas educadas. Las recomendaciones: lavarse las manos, no levantar los codos al usar los cubiertos, comer con la boca cerrada y mucho más. Claro, el viaje era largo y pasamos unos días acá. Conocimos un montón de primos. Algunos muchos mayores y otros casi de nuestra edad. Mi papá tenía cinco hermanos cuatro mujeres y un varón, que era el tercero. Por supuesto, recorrimos toda la casa. Nosotras con papá paramos en el tercer piso, donde vivía mi tía sola. Daba a la terraza y ella tenía sus plantas y mi abuelo dos pajareras enormes, una con canarios y otra con unos pájaros negros muy lindos, pero que gritaban un montón. En el segundo piso, vivían mis abuelos y, como en una suerte de departamento aparte del mismo piso, había dos habitaciones y baño para mis tíos –el hermano de papá y su señora– y sus dos hijos. En el primer piso o planta baja, que fue lo que más me impresionó, había una sala enorme con un piano de cola, que tocaba mi abuela tocaba, y algunos sillones. Esa sala tenía una puerta que no se abría hasta la hora de las comidas. Era de madera y vidriecitos de muchos colores, me dijeron que se llamaba vitral, muy linda. En la misma planta, se hallaba el escritorio de mi abuelo al que entré creo que una vez. La hora de almorzar en general en éste viaje fue de conocer la casa de los otros tíos abuelos y de las otras hermanas de papá. ¡Ah, otra cosa! La casa tenía sótano. Mi abuelo me llevó una vez. El iba al mercado y traía las verduras y otras compras que hacían falta y como yo pregunté por la cocina, ¡me la mostró y me dijo que no era lugar para chicos! Nunca más bajé, pero me hubiera gustado investigar más. La cena siempre era en casa, ¡y bajábamos bañadas y cambiadas, muy coquetas! Desde el primer día, la mesa era para mí un espectáculo. Les cuento: copas para agua transparentes, las copas de color para el vino blanco y otra para el vino tinto. Bueno con estas cosas, copas altas tenía un problemón. ¡Cómo hacer para no romper nada! Fue complicado, pero me salió. En todos los días que pasamos, no rompimos nada. Claro, en casa, en Mendoza, no es que viviéramos como indios: pero usábamos vasos comunes y siempre había algún modelo distinto, porque rompíamos fácilmente. Teníamos copas, pero se usaban para los mayores cuando había fiestas. La comida era muy rica y variada, parecida a la de casa, pero… primer plato, segundo plato y postre eran como mucho. Yo comía bien; pero pedía un poco menos de todo porque no se podía despreciar ninguno. Este fue un viaje inolvidable. De vuelta en casa, las dos contábamos de todo al mismo tiempo. Yo, especialmente, quedé impresionada por dos cosas: mi abuelo que cuando terminaba cada comida preguntaba en vos muy alta: «¿Quién quiere un par de huevos fritos?» Después de semejante comida todos se reían con gusto. La otra cuestión que me llamaba la atención era la mesa puesta con todas las copas, que para mí eran de una luminosidad enorme.
LOBEZNO
Magi Balsells / España
En aquellas agrestes montañas, pérdidas en la inmensidad de la nada, solo cabras son sus moradores normales, alimentándose los de hermosos pastos que cubre la tierra, donde procrean y nacen sus crías
Donde el aire es puro sin ningún atisbo de polución, y el agua pura, fresca y cristalina que baja de las nieves de las más altas montañas, serpenteando entre los cauces que con los años se han ido creando
Alguna ave rapaz sobrevuela los altos picachos dando una paz inmensa, con este vuelo majestuoso que solo ellas saben dar solo se oyen, sus graznidos y el balar de las cabras rompe el silencio que en este lugar mora, que en algunos momentos parece música celestial
Todo ello es contemplado por un zagal de no más de 14 años, que cuida del ganado, acompañado de dos hermosos perros que son sus vigilantes y únicos amigo, ya que esta solo en esta inmensidad
Hace dos años, se quedo sin su sostén querido, su madre, su padre ya lo perdió antes de nacer, se encontró solo, sin saber que hacer, nadie se quedo con su persona, eran tiempos muy difíciles, no abundaba la comida, fueron años de malas cosechas
Estuvo mendigando durante un tiempo, hasta que encontró un modo de vivir, quizás no fuera el adecuado para su edad ni por sus pobres conocimientos pero era el que se le ofreció, y sin dudar lo aceptó
La oferta vino por el cabrero que ya era muy mayor y no podía cuidar de sus rebaño, la oferta era simple, que se encargara del cuidado de los animales, y el cabrero e le enseñaría lo mas básico, le daría techo y comida y haría un reparto de las posibles ganancias que se podrían suscitar con la venta de la leche que producían las cabras
Su mentor le llevaría comida cada dos días, muy frugal queso y pan aparte de la leche que consumiera, eso si sin limite además tendría una tosca cabaña, hecha ya hace muchos años con ramas de los árboles que en este monte abundaban, no era mucho pero por lo menos tendría un techo para refugiarse cuando aparecieran las tormenta o en invierno la nieve
Los días transcurrían con gran monotonía siempre era lo mismo, solo cambiaba de lugar cuando veía que los pastos donde estaba parecían decrecer, entonces trasladaba el ganado a otras fuentes de alimentación para que las cabras tuvieran el alimento necesario y pudieran dar la leche necesaria, la cual almacenaba en los grandes bidones que después se llevaba el cabrero cada dos días en su carro
En una mañana mientras intentaba guiar el rebaño, le pareció oír un sonido diferente, algo parecido a un lloro o un lamento, alguien o algo se estaba quejando, paró el rebaño y lo dejo al cuidado de sus amigos los perros, que mostraban un cierto nerviosismo, estaban inquietos por los sonidos que no sabían de donde salían
Agarró su bastón con fuerza y determinación y empezó a indagar quien o que era el causante de esta inquietud, y entonces lo vio, era como una bola de algodón, era una cría de lobo, estaba prisionera por una trampa, que sujetaba con fuerza una de sus extremidades. Con precaución y cierto recelo se fue acercando, el pobre animal parecía muy asustado.
Sin pensarlo mas y con las fuerzas mínimas que tenia procuró abrir la trampa, al final y con gran esfuerzo lo consiguió, siendo en aquel momento lamido por el pequeño animal, lo que le dejo tranquilo, vio que no lo atacaría sino muy al contrario le estaba agradeciendo lo que había hecho por el.
Examinó su pata y vio que tenia una herida producida por los dientes de la trampa, no sabia que hacer, pero pensó que necesitaría cuidados, por lo menos intentaría curar la herida, con el agua que llevaba en su cantimplora lavó la herida, rasgó una parte baja de su camisa y vendó como pudo la pata dañada.
Una vez finalizado esta cura provisional, pensó que estaría hambriento, fue y ordeño una de las cabras, y en su plato se lo dio al pequeño lobo, el cual empezó a lamer la fresca leche, y en santiamén dejo el plato más limpio imposible, por lo cual volvió a llenárselo y pasó lo mismo, aunque ahora cuando terminó se acurruco a su lado cerrando los ojos respirando tranquilamente y se quedó dormido.
No sabia que hacer, ya que primero debía cuidar de su rebaño, pero no podía dejar a este hermoso animal a su suerte, y tomo la decisión que considero mas adecuada, recoger el rebaño y volver a la cabaña, donde podría cuidar mejor a su nuevo amigo.
Dicho y hecho, llamo a sus perros y les indico que volvían a casa ellos obedientes recogieron el rebaño y lo fueron guiando hasta sus corrales.
Una vez ya en su aposento, volvió a mirar la herida, y con sus mínimos conocimiento vio que no había afectado en demasía la extremidad, tenia un pequeño botiquín que usaba para curar las heridas de las cabras, donde había, alcohol, una pomada y vendas limpias, se puso en la tarea de limpiar mejor la herida, limpió primero con alcohol y aplicó la pomada que daba muy buenos resultados en la cicatrización de como había comprobado con las cabras, lo envolvió todo con la vendas limpias.
Se preparó un poco de comida, una vez engullido el pan y el queso se tumbó para descansar, quedándose dormido junto al lobezno.
Cuando despertó al día siguiente muy de mañana, como era su costumbre, quedo asombrado al ver al lobezno durmiendo junto a los perros, los cuales lo arropaban con sus cuerpos parecía como si lo protegieran.
Al momento todos estaban despiertos, preparo la comida de los animales y preparo a sus perros para el trabajo diario, sin saber que hacer con el nuevo amigo, por lo cual decidió llevárselo consigo para el pastoreo, así podría comprobar cómo se encuentra de la herida sufrida, pero antes destapo la venda que le había puesto la noche anterior y vio que la herida tenía un buen color, seguramente sería.
gracias a la pomada que le aplico, volvió a limpiar y aplico una nueva capa de la pomada y vendó la pata.
Ya todo dispuesto empezó su trabajo diario, saco al rebaño de los corrales y guiado por sus fieles perros se dirigió a unos prados cercanos, muy abundantes de fresca hierba.
El lobezno andaba a su lado con cierta dificultad, por lo decidió cogerlo en sus brazos, no fuera cuestión que se malograra lo conseguido.
Fue un hermoso día, tranquilo, y satisfactorio, se respiraba mucha paz, estaba contento por el suceso ocurrido, sin dejar de pensar que quizás la familia del lobito estuviera buscándolo.
Al atardecer, los animales habían pastado convenientemente El Sol empezaba a menguar y descendía la temperatura, ésta era la señal para volver hacia la cabaña.
Llamó a sus perros, para que hicieran el trabajo que tan bien sabían realizar y todos juntos de dirigieron a su morada en busca de su sustento y disfrutar del merecido descanso.
Llegando a la misma, encerró las cabras en su corral, y preparo la comida para sus amigos , cuando de golpe se oyó unos aullidos muy fuerte y cercanos, en principio se asustó, eran muy similares a los que había efectuado su lobezno, pero no era solo uno sino varios y en diferentes tonalidades, como realizados por diferentes voces.
Noto que raspaban en su puerta, era de lo mas frágil imaginable, poco podría aguantar, sus perros se pusieron delante suyo para protegerlo de este posible peligro, ladrando como aviso de que estaban dispuestos a luchar.
En este momento el lobezno, se adelanto todos ellos y lanzo un aullido, sonó muy diferente a los que antes había lanzado cuando estaba sujeto a una trampa, se hizo el silencio.
Los perros callaron los aullidos desaparecieron, quedó una espera tensa, que rompió el lobezno acercándose a la puerta, donde volvió a emitir unos aullidos que denotaban alegría, automáticamente fueron correspondidos por unos similares desde el otro lado de la puerta.
Y la puerta en este momento se abrió, y en su dintel apareció una manada de lobos, de los cuales uno se abrió paso hasta llegar al lobezno, lamiéndolo repetidas veces y atrayéndolo a su pecho, mientras el resto de la manada estaba quieta y expectante, no se veía ningún ánimo de ataque, mantenía una posición de tranquilidad.
La madre loba, dejó a su hijo al lado y se acercó al muchacho, lo olio, le dio un par de vueltas, se restregó en sus temblorosas piernas y al final se elevó hasta su cara, lamiéndola profundamente, apoyando su gran cabeza sobre su hombro.
Una vez realizado este acto podríamos decir de agradecimiento, se replegaron, quedando solo el lobezno en la habitación, se acercó al muchacho y le lanzo un tenue aullido como si tuviera pena en marcharse con su familia, dio media vuelta y se incorporó al lado de su madre perdiéndose en la oscuridad de la noche.
Desde aquel momento, nunca más volvió a verlo, aunque si más de una vez se oyeron sus aullidos.
Tampoco ocurrieron más ataques a los rebaños, parecía que los lobos no hubiesen estado nunca.
Solo quedo la paz en este hermoso lugar.
SI AMAR FUERA FÁCIL
Libia B. Carciofetti / Argentina
Si amar fuera fácil, no existiría la palabra rencor.
Porque ante una ofensa reaccionaríamos perdonando a quien nos ofendió.
Si amar fuera fácil, las guerras no tendrían sentido.
Si amar fuera fácil, no habría niños desamparados,
porque cada ser se convertiría, no en un hogar de tránsito sino en un refugio de ternura.
Si amar fuera fácil, no haríamos distinciones de razas, de lenguas, de religiones.
Si amar fuera fácil, aprenderíamos con empeño a convivir y a comportarnos como seres maduros.
Si amar fuera fácil, entenderíamos de que manera DIOS amó a este mundo que entregó a su único Hijo a morir por nuestros pecados.
Si amar fuera fácil aprenderíamos a conjugar el verbo desde el final al principio… Ellos, vosotros, nosotros, el, tu… yo.
Si amar fuera fácil, ofrecería lo poco o mucho que tengo ante una necesidad inminente.
Si amar fuera fácil, donaría mis órganos mientras disfruto de salud para salvar a otro.
Si amar fuera fácil, sería la muleta imaginaria del que le falta una pierna y me convertiría en alas del que no tiene ninguna.
Si amar fuera fácil me convertiría en los ojos del que no puede ver, contándole que florecieron las glicinas y haciendo que huela su perfume.
Si amar fuera fácil, honraríamos a nuestros padres como lo manda DIOS.
Si amar fuera fácil, la palabra «TE QUIERO» no se caería de nuestro labios.
Si amar fuera fácil, nos dolería en el mismo lugar la herida de nuestro prójimo.
Si amar fuera fácil, los ancianos y los niños ocuparían un lugar importante en nuestro corazón.
Si amar fuera fácil, seríamos más tolerantes y obedeceríamos a nuestros superiores.
Si amar fuera fácil, utilizaríamos la palabra lo siento, perdón, gracias… ¿te ayudo?
Si amar fuera fácil, no se pondría el sol sobre nuestro enojo.
Si amar fuera fácil, la amistad se convertiría en un idilio eterno.
Si amar fuera fácil, no habría tantas familias separadas por un muro de indiferencia.
SI amar fuera tan fácil, no sería un bello desafío.
Si amar no fuera ¡TAN DIFÍCIL! hoy yo no hubiera escrito esto y tú no lo hubieras leído hasta el final…
*Intentemos amar y darnos, que a su tiempo cosecharemos el fruto de nuestro intento*
Que DIOS que es el AMOR en potencia, nos conceda este don…
Abrazos a tu corazón
EL MÉDICO DE CLOTILDE
Carlos Gonzáles Saavedra / Argentina
Salí de la guardia del hospital con el cuerpo molido y la cabeza flotando. Había pasado la noche en urgencias sin tregua. Al bajar por la rampa, mi paso se cruzó con el de una joven a la que casi derribó sin querer.
—¡Perdón! ¿Te lastimé? —balbuceé, aún atrapado en mi cansancio. —No, tranquilo… Estaba distraída —respondió, con una sonrisa luminosa.
Sus ojos celestes atraparon los míos. Era esbelta, de curvas suaves y pelo castaño, con una expresión entre pícara y tierna. Me sentí hechizado.
—¿Te llevo? Tengo el coche a la vuelta —dije, mientras la ayudaba a recoger unas carpetas caídas. —Gracias, pero no. Voy a ver a mi abuelo, vive a una cuadra, está algo enfermo.
—¿Qué le pasa? ¿Puedo echarle un vistazo? Soy residente médico, tal vez pueda ayudar —ofrecí, queriendo alargar la conversación y, lo confieso, seguir disfrutando de su presencia.
—¿Quieres acompañarme?
—Claro. Ariel —dije, presentándome—.
Clotilde rió. —No te va a gustar mi nombre.
—Es único. Me encanta.
La casa estaba al fondo de un terreno modesto. Sin revocar, desvencijada, parecía abandonada por los años. Sin embargo, Clotilde caminaba con alegría, como si el deterioro no le afectará. La seguí.
La puerta de chapa crujió al abrir. Dentro, el ambiente era triste: paredes despintadas, cocina escasa, mosaicos maltratados, una mesada de madera vieja y una garrafa apoyada junto a un anafe. En el dormitorio, don Eleuterio Zabala respiraba con dificultad.
Clotilde entró a su habitación. Yo, curioso, recorría con la vista el hogar decadente. Pobreza evidente, desorden sin consuelo. Pero ella… impecable. No encajaba con ese entorno. Me guardé los juicios.
Un gemido gutural del anciano interrumpió mis pensamientos.
—Ya está, abuelo. Fui a buscar al médico —le decía Clotilde, con ternura.
Volvió y se sentó a mi lado en una silla de paja, junto a una mesa tapada con un mantel de hule. Todo olía a encierro y humedad.
De repente, otro grito más agudo sacudió el silencio. Clotilde corrió al cuarto. Me levanté preocupado.
—¿Puedo revisarlo? Llevo conmigo algunos medicamentos y el estetoscopio.
—Sí, por favor. Pasa.
La habitación era un caos: ropa tirada, papeles abiertos, un sobre de banco vacío… Me concentré en el viejo. Tenía un cuadro severo, probablemente una neumonía. Urgía internación.
—Voy a avisar a la vecina —dijo Clotilde.
Su hermano, Javier, llegó en ese momento, cruzó la cocina y se fue con rapidez. Sentí la puerta cerrarse con fuerza. Y entonces, escuché la voz acelerada de Clotilde desde afuera:
—¡Vamos, vamos!
Me dirigí a la puerta, pero no cedía. Estaba trabada por fuera. Las ventanas eran pequeñas, con rejas, postigos, pestillos oxidados. No había salida. Ni mi maletín estaba: había desaparecido.
El viejo seguía gimiendo con rabia y desesperación. Yo, atrapado con mi camisolín de médico, temblando.
“¿Quién me mandó a meterme en este lío?” Pensé, furioso conmigo mismo. Me senté junto al abuelo. Sin querer, me dormí vencido por el agotamiento.
Desperté con el rugido de una tormenta. Las ventanas vibraban, el viento arremetía, y el anciano volvía a quejarse. El Valium que le había dado se disipaba, y noté que movía las manos debajo de las colchas.
Me acerqué. Su mirada me quemó. Le retiré con cuidado la sábana… y lo vi. Un revólver, calibre 38, atado con cinta de embalar sobre su estómago. Estaba maniatado.
—¡Me han asaltado, imbécil! ¿No lo ves? ¡Me robaron la jubilación y la plata del terreno! ¡Desátame!
—Pensé que estaba enfermo… —respondí, confundido. —¡Te embaucaron! Igual que a mí. ¿Sos uno de ellos? ¿Te dejaron para hacer tiempo? ¡Desátame!
Me paralice. ¿Desatar a un jubilado ex policía con un arma cargada y furia en los ojos? Mejor no. Le saqué el arma como pude y le tapé la boca con cinta. Preferí esperar.
Con la luz del amanecer, descubrí que uno de los pestillos se había soltado. Le di una patada a la ventana, abrí una rendija y me escabullí al jardín. Corrí hacia la calle.
El candado del portón ya no estaba. Salí como un relámpago, pero mi auto no aparecía. No estaba en la cortada que mencioné… ni siquiera reconocía la calle. Al mirar el cartel: “Eleuterio Zabala”.
Todo estaba dicho.
El revólver terminó escondido entre sábanas sucias del hospital, que el lavadero retiraría. Tomé un remis y me refugié en casa de mis padres, helado, ausente, sin explicaciones.
Una semana después, pedí traslado a Neuquén, donde una tía me recibió en una salita de atención primaria.
Nunca conté exactamente lo que pasó. Nadie lo hubiera entendido. Y yo… yo tampoco del todo.
YO ERA EL FARO
Elspeth Gormley / España
En este relato cargado de sal y silencio, el faro se transforma en voz, en testigo, en milagro. Porque no todos los héroes tienen rostro: algunos brillan para que otros no se hundan.
Yo era el faro. No tenía piernas, ni brazos, ni voz. Pero cada noche me alzaba sobre la costa como un centinela inmóvil, lanzando luz donde todo era sombra. No lo hacía por mí. Lo hacía por ellos: los que se aventuraban en la oscuridad, con la esperanza de encontrar tierra, consuelo o destino.
Desde mi altura, lo veía todo. Las tormentas que rugían como bestias, los barcos que resistían con espinas de madera y alma humana. Vi marinos que cantaban para no llorar, vi embarcaciones que se alejaban sin promesa de regreso. Y también vi al farero —ese hombre callado que vivía a mi lado— estudioso de mareas, amigo del viento, solitario sin queja. Subía cada día hasta lo más alto, con cuadernos gastados y ojos abiertos. Me hablaba. Yo le respondía con luz.
Aquella noche, el cielo se desgarró. La tormenta llegó con furia antigua, con olas que parecían querer devorar la costa. Los pájaros huyeron antes que el primer trueno, y la lluvia comenzó a golpear el alma del mundo. Fue entonces cuando lo vi: un barco, pequeño pero valiente, luchando entre espumas y abismos. Se encallaba, lentamente, sin que nadie pudiera ayudarle. Nadie… excepto yo.
Mis luces giraron sin pausa, cortando la negrura como cuchillas luminosas. El farero corrió a mí, encendió los motores, pronunció palabras que sólo el mar entiende. “No nos falles,” murmuró. Y no lo hice.
Alumbré con toda la fuerza que guardaba desde siglos pasados. Y el barco me vio. Gritó en silencio. Se desplazó apenas, lo justo para evitar la muerte. Encalló, sí… pero lo hizo en arena, no en tragedia.
Desde entonces, sigo encendido. En las noches serenas como en las de ira. Porque no todos los héroes tienen rostro. Algunos brillan para que otros no se hundan. Y yo… yo era el faro.
EL RETORNO
Andrea Morini / Argentina
Camino sin rumbo, en la noche neblinosa del insomnio.
Percibo formas que me persiguen, susurrantes, amenazadoras, que evaden misteriosas, la mirada vacilante.
Tengo miedo, visceral y profundo, pero sigo adelante, con la certeza de que mis pasos me guiarán al hogar perdido, dónde esperan mis padres, ansiosos, el retorno.
No les avisé que regreso, no pude calmarles el dolor de la espera, tan solo la sorpresa en sus rostros valdrá los pesares acaecidos en el peregrinar hasta su regazo.
Ante cada pisada siento la respiración de los monstruos acechando, sabedores de su poder para entorpecer el camino.
Me sobrevuelan reminiscencias del joven que fui, mi habitación en la parte superior de la casa; recuerdo a mí madre poniendo sábanas limpias en la cama, acomodando mi revuelo juvenil.
Todo debe estar como antes de mí partida, el tiempo congelado en aquella lejana noche en que fui arrancado de su tibieza, la música sonando, mientras en los rostros demudados de los míos se anclaba el terror ante la violencia que se enseñoreaba en la casa.
Hace tanto tiempo que me fui, que he olvidado los aromas cotidianos, las risas y palabras compartidas, todo aquello que habla de nosotros.
Mí hermano, el pequeño, debe ser bastante mayor ya. «¿Se acordará de mí?»
La noche se cierne profunda, plomiza, los pasos retumban en el empedrado, cuando, al fin, entreveo la casona familiar.
El corazón se acelera y casi no puedo respirar, es tanta la emoción que me embarga. Avanzo rápido hacia la luz que percibo en el zaguán, aún las sombras me protegen. Tanto horror me ha calado hasta el alma, no logro desembarazarme de él.
Continúo aproximándome, debo asomarme al resplandor de la única farola que ilumina esa parte de la calle. Observo, a través de la ventana, a mí madre trajinando en la habitación del primer piso, intuyo el color de la ropa de cama que coloca. Celeste, cómo siempre me gustó, el gesto me acaricia el espíritu.
Decido seguir adelante, ya nada falta para estar en sus brazos protectores. Me entrego a esa sensación, cálida, placentera.
Dejo atrás la zona de penumbras, cuando alcanzo a escuchar, una vez más, aquella voz pétrea, urgida de autoridad, que grita “Alto”, pero… es tanto el deseo de volver que doy otro paso.
Desde el piso percibo, hoy como entonces, el grito desgarrado de mi madre, mientras una voz cavernosa susurra algo que no entiendo.
El ciclo se repite inexorablemente.
Una última lágrima se derrama por mi mejilla.
Luego todo termina: la noche, el miedo, las luces, el dolor y la vida.
DON ESTANISLAO
Walter Hugo Rotela González / Uruguay
Salvatore estaba a punto de cumplir la mayoría de edad. Pensaba casarse. Trabajó desde los seis años. Primero ayudó en la casa de don Abelino Contreras. Después pasó a trabajar en la panadería que tenía el caraí1 Abelino. Hacía de todo: barría, apilaba bolsas de harina, acomodaba latas o repartía el pan. Hasta los doce años no percibió ni un guaraní. Después sí; pero siempre fue poca cosa. A los dieciséis seguía viviendo en la misma casa, pero trabajaba para un hojalatero. Allí comenzó a ganar dinero y a charlar con otras personas. Su mundo se amplió. Era más grande que lo que él conocía. Había otras tierras más allá de las kibebé.
Don Elías, el hojalatero, le preguntaba a menudo por su familia y él rehuía del tema de la mejor manera. Una mañana, Salvatore, llegó al trabajo y, tras saludar a don Elías, le preguntó si lo ayudaría a encontrar a su padre. El veterano puso cara de confundido; pero conocía algo de la vida de su empleado. Y le dijo que sí, aunque fingió desconocer totalmente la historia, más allá de que lo poco que sabía por palabras de don Abelino, que nunca fue dado a hablar de sus criados.
Salvatore no era, claro, hijo de don Abelino Contreras. Vivía en su casa, pero era un criado. Sus padres lo dejaron a cargo de don Abelino a los cinco años de edad y nunca más los volvió a ver. Y ahora que estaba a punto de casarse se preguntaba por sus orígenes. ¿Quién era? ¿Quiénes habían sido sus padres? ¿Vivían aún? ¿Qué les diría a los padres de su novia, ahora que no podía seguir eludiendo las preguntas? Aunque ellos conocían su condición de criadito, ahora era un hombre a punto de casarse con su hija.
Las únicas caras que Salvatore conocía como familiares eran las de los Contreras. Sin embargo, ellos siempre le habían dejado en claro que, si bien era de algún modo parte de la familia, no era más que un criadito. Tenían un lazo lejano de sangre, pero la condición económica de sus padres lo ponía en un lugar diferente al de ellos. Él era un criadito.
Don Elías conocía a mucha gente. Entre ellos a unos sacerdotes que tenían buenos contactos. Así que se comprometió a ayudarlo a buscar datos sobre su familia, a partir de la poca información que la familia de don Abelino le proporcionó. Conocía las intenciones de casarse de Salvatore. Éste, además, le confió que deseaba conocer algo más sobre sus padres y posibles hermanos, antes de formar su propia familia.
Seis meses después de que Salvatore le pidiera ayuda a su patrón, éste le entregó una carta. Se la había enviado a él uno de sus conocidos. El remitente era un religioso que residía en la zona de la campaña donde, posiblemente, vivieran los padres de Salvatore. La carta decía, textualmente:
Estimado Sr. don Elías González:
Le escribo a fin de poner en su conocimiento las novedades reunidas en torno a la pesquisa que llevo adelante según su solicitud y en relación al destino de los familiares de su dependiente, don Salvatore.
Por un lado, cumplo en informarle que la señora madre del joven falleció poco tiempo después de dar a luz al segundo hermano del joven. Eso consta en actas de la Parroquia de la Santísima Trinidad de la zona parroquial donde también hallé otros datos. Por ejemplo, el bautismo de otros hijos.
Fue la antigua secretaria parroquial, aún viva pero que no trabaja más, quién me proporcionó la información de la señora, pues la conocía por trabajar para una amiga suya. Se desempeñaba como lavandera y, además, le vendía leche, pues tenía una vaca lechera.
El esposo de la señora, don Estanislao Ayala, quedó a cargo de tres vástagos muy pequeños. Se desposó con una joven mujer que conoció en estas tierras. Hace tres años, poco más o menos, don Estanislao emigró hacia otra zona del país. Destino que no logré conocer.
Estimado don Elías, espero haber contribuido con la causa de su dependiente en alguna medida. Quizás más adelante pueda conocer más sobre el paradero del padre de Salvatore, para poder compartirlo. Pero el resultado de esa búsqueda sólo Dios conoce.
Atte. le envío mis saludos y la bendición de Dios.
R. P. Francisco Rodríguez
El joven Salvatore quedó pensativo y le expresó a don Elías: «No sé si estar triste o alegrarme después de leer esta carta».
̶ Salvatore, Salvatore… Tienes un padre, don Estanislao. Y está vivo. Y tienes hermanos por conocer. Posees una familia en alguna parte de estas tierras rojas.
̶ Sí… Estanislao. Quizás cuando tenga hijos, si mi esposa lo consiente, lo llamaré Estanislao.
P
2
Expresiones de la lengua guaraní utilizadas en este cuento:
1 Caraí: señor
2 Kibebé: alimento a base de zapallo hervido, de color amarillo a rojizo.
AUTOS QUE SE DETIENEN
Walter Hugo Rotela González / Uruguay
—¡Corré, corré, vamos ahora…!
—Pero… ¿Y Juan?
—Déjalo… ¡Vamos…! ¡Vamos que se viene la yuta!
—La gran p… No puede ser… No puede ser…
Cada noche igual… Se repite el mismo sueño perturbador de los autos que se detienen, es claro el chirrido de las ruedas… Le siguen las detonaciones de armas, una, dos, tres y otra vez ruido de un motor que ruge, rompe el silencio y se desvanece.
Una y otra vez la escena del auto azul que se para, justo, delante de otro automóvil gris, chapa BA517 872*. Bajan tres hombres y una mujer; abren la puerta izquierda y disparan contra quien conducía. Éste, antes de dejar de respirar, saca un arma y mata a uno de sus atacantes.
Empapado en sudor Roberto se despierta, ansioso, enojado y triste con un grito ahogado. Cada noche se despierta así, casi siempre un rato después de dormirse, cuando el reloj marca las 3 de la mañana. En ese momento siente que su corazón late rápido y con fuerza. Le cuesta volver a retomar el sueño, por lo que se incorpora. A veces puede decirlo, otras, sólo lo piensa: “Tenía razón Juan, el número de la chapa era una señal del destino”
Roberto se levanta, dolorido, con una tremenda contracción muscular. Se dirige a la heladera y bebe, en forma pausada, un vaso de leche. Luego se acerca a su escritorio, enciende la luz y mira un viejo bloc de notas, muy gastado, algo amarillento. Mira en su interior y repasa unas frases escritas, años atrás. Se tranquiliza, un poco, al releer una que dice: “la libertad exige sacrificios” … Está escrita en la parte de atrás de una vieja fotografía en sepia, de una mujer joven, de tez con pecas, cabello largo, recogido en una trenza. Vuelve al dormitorio. Intenta dormir, da vueltas en la cama, una y otra vez. Tras una media hora, al fin, lo consigue.
A la mañana se despierta, deambula por su viejo apartamento. Mira las cosas y se pierde en sus cavilaciones. Sale al balcón, riega las plantas, casi marchitas, como él, con su piel gastada, algo reseca, sin la grasa bajo la piel de los años jóvenes. Con pocas ganas, habitualmente, se viste y va a dar una vuelta por el parque. Mira las matrículas de autos, recuerda a Juan. El amigo apostador estaba en lo cierto -suele pensar. La desgracia y la sorpresa estaban escritas en la chapa.
Hace un par de años se jubiló y busca cómo pasar el tiempo. Se encuentra con viejos camaradas de sus años de facultad en el exilio y conversan sobre los tiempos actuales, la política internacional y, casi siempre, surgen los recuerdos de cuando fueron compañeros de armas. Los temas que surgen, habitualmente, tuercen hacia un tiempo específico y la charla se vuelve algo tensa. La conversación, a esa altura, es en voz baja, como en secreto y con la vista clavada en los que pasean a sus perros, mientras caminan. Con cautela, recorren algunos detalles, luego sus miradas se pierden, más allá del horizonte. En pleno medio día, cuando la calle se vuelve un hormiguero, ellos aún están ahí. Más de una vez, un frenado de auto los altera, los incomoda. A Roberto, más que al resto. Juegan ajedrez, lo practican, lo estudian tanto o más, que a sus 19 años. Cada movimiento está precedido de largos silencios y algunos suspiros.
La tarde transcurre entre actividades varias, visita a familiares, salidas para hacer compras pequeñas, tareas todas para que el cansancio se acumule y vuelva posible el sueño. Ese sueño que prefiere que no llegue, se resiste, le teme, pero no lo dice. Calla, siempre calla. El sueño nunca llega antes de las dos o tres de la mañana. Un rato antes de que hace su entrada la pesadilla de cada noche… Aparece el auto chapa BA517 872
—¡Corré, corré, dale vamos ahora…!
—Pero… ¿Y Juan?
—Déjalo, ¡Vamos…! ¡Vamos que se viene la yuta**!
—La gran p… No puede ser… No puede ser…
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*Para los que juegan a la quiniela en el Río de la Plata, a ciertos sueños les corresponde un número. Así a la desgracia le corresponde el 517, y a la sorpresa el 872.
**La yuta es una expresión del lunfardo que se usa en el conurbano bonaerense para referirse a la policía.
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-07-19 23:25:012025-07-20 17:54:22CUENTOS Y RELATOS – JULIO
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«Cartas atadas con hilos invisibles de memoria… susurros del tiempo que aún laten entre líneas.»
CARTA QUE NUNCA LLEGARÁ A TUS MANOS
Libia B. Carciofetti / Argentina
El ramo
Amor de mi vida, el primero, el único, el que cuando íbamos al colegio me compartía su emparedado. Él, que cuando la maestra me hacía pasar a dar la lección , se ponía colorado. Pues los ojos de sus compañeros en vez de escucharme a mi, te miraban a vos… pues transpirabas nervioso de que cometiera algún error… y cuando oías que de mi fluían las palabras, se te transformaba el rostro y eras como un ángel que me enviaba Dios, para que me abrazaras fuerte y me dieras contención…
Amor que al pronunciar tu nombre, se me encoge el corazón. Llamarte Rodrigo ¡Era muy largo! y entonces solo te llamaba *RO*… Lo escribo con mayúsculas porque así eras, un ser humano, un hijo único, y de los amigos ¡El mejor! Los compañeros al enterarse también te llaman «RO»; haciéndote burla en el recreo, pero la que te impedía que les «rompieras la cara» con tus puños de hombre…era simplemente ¡Yo!
Luego otro mote optaron por ponerte: *Pastillita de menta*…que en forma de corazoncitos, me comprabas en el quiosco frente a la estación… y cuanto llegaba la clase de álgebra, de los nervios siempre me agarraba tos… Por debajo de los bancos me las ibas pasando, hasta que llegaban a mis manos ¡Que bella sensación!
Vivía pendiente de todos mis gustos…cazabas mariposas… que perseguías en sus vuelos y me habías preparado una hermosa colección. Al principio me daba pena, verlas ya sin vida…pero me conformaste con esta explicación: ¿Sabes Li? los seres vivos recobran vida, en las manos de alguien que le prodiga amor…y si te miraras al espejo cuando las observas, me darías toda la razón… Y en ese momento me crecían las alas y hubiese querido volar con vos…
Dejamos de ser niños…y el último día en el colegio, lloramos los dos ..Terminaban las clases…y la señora directora nos llamó la atención. ¡Sean conscientes que ha de comenzar el acto! y con «esa facha» dan lástima los dos…. Por tu puntaje fuiste abanderado, yo era tu escolta…y el acto comenzó… Las palabras del Himno Nacional Argentino, se escuchaba retumbando el salón.Solo nuestras voces quedaban ahogadas, dentro muy dentro de nuestro corazón…
¿Que sería de nosotros? De aquí en más mi «RO»?…Mirando tu bici volaba mi imaginación… Recordaba los días ¡Tan fríos de invierno! cuando me bajabas a una cuadra, para evitar las cargadas, al vernos llegar juntos, me calentabas las manos con tu aliento, y mis dedos endurecidos, recobraban vigor.. Pero el destino quiso que siguiéramos juntos y seguimos creciendo «Juntos por amor». Te recibiste de ingeniero mecánico, y yo de profesora de piano que era mi pasión… El arte siempre se me enredó en la vida… y siguió su curso hasta el día de hoy. Te escribía poemas con mucha vergüenza, pero que iluminaban tu rostro. ¡No olvido esa expresión!
La vida se pasaba apresuradamente, como se acrecentaba así nuestro amor. Todos comentaban ¡Son uno para el otro! y ya lo sabíamos con antelación. Llegó el momento de la decisión más grande. Y la tomamos si vacilación. Nuestros padres fueron nuestros confidentes, y nos apoyaron confirmándolo. Pusimos la fecha para nuestra boda. «21 de septiembre del año 2002». Primavera que siempre fue motivo en nuestra vida, románticos de profesión… En abril comenzamos con los preparativos…fusionamos los sueños y Dios nos concedió que tus abuelos nos regalaran la vivienda.
En un parque precioso con olor a alcanfor…había cerezos, manzanos, naranjos, y bandadas de pájaros, aturdiéndonos… Me regalaste un perrito blanco como espuma, que sería en tu ausencia… mi guardaespaldas, hasta que regresaras vos. Mis amigas me hicieron una despedida…donde reinó la alegría, las bromas, la música y la canción… La tuya te la harían un día antes de la boda, esperando a tus primos y aprovechando esa ocasión. Mi temor eran las bromas «pesadas», que a veces los hombres hacen cuando se exceden en el alcohol. Pero mi mami me decía ¡No te preocupes! eso no sucede con los amigos de «RO».
Mientras se realizaba el festejo fui por mi última medida, del traje ¡Tan soñado!.. Me quedaba en el cuerpo como pintado, y no pudimos con mamá, reprimir la emoción…nos sobrepusimos pensando en «MAÑANA»…esa palabra triste que nunca me gustó. Allí no más retiramos el traje, al no necesitar un solo retoque…y combinamos el horario con Betty la modista, que me conocía de niña, que abrocharía los sesenta botoncitos, que llevaba el modelo que a mi se me ocurrió. Nos quedaba de paso la florería, y el ramo esperaba en el refrigerador…al otro día sería feriado…la autonomía del pueblo donde nací yo. Mientras manejaba camino a mi casa tenía deseos de pasar por donde le hacían el festejo a Ro… Pero mamá me dijo, no me parece bien, es su fiesta; tu hiciste la tuya y el no te molestó. Pasaban las horas y mis ojos se dormían, pero el que no podía dormirse era mi corazón.Hasta que de pronto sonó el timbre de casa, papá abrió la puerta y solo escuché un grito: ¡por Dios! ¡NO!
Me puse en un segundo la bata que tenía a mano, cuando vi. al policía todo el cuerpo se me paralizó. Mi papi lloraba como niño abandonado…el uniformado trataba de tranquilizarlo en todo momento pero no lo logró, lo que pasó conmigo no puedo explicarlo…desperté el 22 de Septiembre envuelta en sopor… Mi mami quería explicarme, lo inexplicable…que el miércoles había sido una noche trágica, y que en mi vida ya no estaría RO. Que en medio de esas bromas de la fiesta de solteros, lanzaron al aire, al único hombre que en mi vida existió… El que transpiraba, cuando yo pasaba al frente, el que me surtía de pastillitas, cuando me daba la tos. El que calentaba con su aliento mis manos, y el que conducía la bici, con destreza y precaución.Lo rodearon en grupo a pesar de los reclamos que nadie escuchó, lo levantaron por el aire como se echan a volar los pájaros. ¡Alto! ¡Tan alto! que cuando cayó, no tuvo contención…la red humana falló en el intento, quizás por el humo que había en el ambiente, o tal vez por el alcohol que allí se consumió. Su cuerpo fue una bolsa que dio contra el piso, su cabeza que tantas veces en mi pecho descansó, fue la que con más fuerza el golpe recibió, descerebrándose sin remedio ni opción.
Aún sigo en mi lecho, viva; pero ¡Muerta! vacía de sueños, de proyectos, de ambición, como una mariposa de las que cazabas de niño, y que aún conservo muertas como yo. Mi casa es un desfile de vecinos y amigos que quieren condolerse con lo que pasó. Algunos de los que estuvieron festejando esa noche, no pueden reponerse después de lo que pasó.
Solo escucho a mi mami que dice: el médico no quiere que reciba a nadie, tal vez algún día se recupere de este shock En el maniquí hay una novia parada, con un ramo en sus manos y veintiuna rosas blancas, entreveradas con lirios, elegidos con amor. La novia me mira con lágrimas en los ojos ¡Hasta se me parece! ¿No seré yo? Mamá me cubre de besos la cara; papá está mudo sentado en su sillón…y a mi me posee una dulce locura…que me lleva a tus brazos y hasta siento tu calor… Se que jamás leerás esta carta, pero la escribo pues quiero contarte mi amor, que aunque las rosas del ramo de novia, un día se sequen y cambien de color…seguirán siendo un mudo testigo, que por mi vida pasó el amor… que nació siendo niña y fue creciendo a medida que el tiempo transcurrió…
Serán esas rosas que perfumaban tu vida, y que nadie ni tú, jamás deshojó, pues queríamos juntos sentir su perfume, la noche de bodas…Pétalo por pétalo, descubrir la pasión… Pero no fue posible, no se lo cuestiono a Dios… Seguiré siendo tuya ¡Solo tuya! Hasta que un ángel venga a buscarme, para jamás separarnos ¡Te lo prometo! Mi RO.
Con mi inalterable amor de Li para Ro…
CARTA DESDE EL HAMBRE
Luz Fontana / Italia
Querido mundo que todavía duerme tranquilo:
Hoy te escribo desde un lugar donde ser niño no significa jugar, sino buscar entre lo que otros desechan. Aquí, la comida no siempre viene de una mano amable. A veces se encuentra en la miseria más profunda, y aún así, se recibe con gratitud.
Vi a un niño hoy, hurgando entre las heces. No por curiosidad, sino por supervivencia. Su cuerpo pequeño estaba doblado sobre la desesperación, y su mirada, lejos de tener miedo, tenía costumbre.
No sé su nombre. No sé si alguna vez fue abrazado. Pero sé que tú, al leer esto, puedes hacerlo existir. No con lástima, sino con la conciencia de que hay realidades que deben cambiarse… y que se cambian empezando por recordarlas.
Con un nudo en la garganta, y con Luz como testigo,
SECRETOS QUE NO SE PUEDEN CONTAR
Carlos H. González Saavedra / Argentina
Nunca pensé que podría escribirte o al menos no tenía la intención de hacerlo.
Pero así es.
Desde que nos acercamos después de mucho tiempo, compartí momentos maravillosos, me escuchaste, contuviste y ayudaste.
Siempre mantuvimos la relación al límite, por los mandatos y compromisos
que nos unen.
Estabas a la espera de algún amor, igual que yo.
Un pasillo angosto, donde decidimos caminar juntos.
Coincidimos en un montón de cosas. Los fines de semana eran una fiesta, entre almuerzos y caminatas.
El tiempo y actividades nos parecían poco. Estábamos muy conectados.
Organizamos nuestros encuentros, con un grupo al cual íbamos. Después cena y cada uno a su lugar.
Te confieso que más de una vez al llevarte a tu casa, quise preguntarte ¿ Me quedo? No me anime, creo que vos, esperabas ansiosa esa pregunta.
Finalmente una visita , me dio la señal. Una de tantas que no quería mirar. Me esperaste con una rica cena y un vinito .
A la sobremesa nos sentamos en un cómodo sillón. Un silencio cómplice me avisó, que estaba atrapado. Con voz firme dije! ¡Me voy! Sorprendida… me despediste.
No estaba preparado, me gustabas mucho, cada vez más. Tenía miedo de enamorarme. Creo que así, lo entendiste.
Pasaron meses en la misma situación, me sentía cómodo y nuestras conversaciones eran profundas.
Por mi lado, iba resolviendo causas emocionales de mi familia. Lo mismo que vos.
Estábamos solos sin saberlo.
Siempre hay un momento, un buen día.
Apesadumbrado te llamo para contarte mi angustia y me dijiste: -¡Vení! Esta noche. Lo que necesitas son mimos.
No pensé en mimos amorosos, pensé en consuelo.
Espere que las circunstancias me sorprendan
Cenamos, nos reímos y abrimos una botella de champán. Pretendiendo espantar la mala onda familiar, que nos envolvía….Ese sillón hizo el resto. Nos besamos, y la noche nos envolvió en su secreto.
No olvidaré tus gestos, tu manera de entregarte, esa intensidad que nos llevó a descubrirnos sin palabras.
Me hiciste sentir pleno, sin necesidad de nombrarlo.
¿Cómo acallar tanta energía? ¿Cómo seguir después de esa noche?
Coincidimos en dejarlo allí… entre los pliegues del silencio.
Y aunque nunca lo contemos, lo guardo como algo inolvidable.
No siempre transgredir es error— a veces, es simplemente vivir.
Así fue. Así es. Y quizás, así quedará.
SOY BARRIO
Lamberto Ibárez Solís / México
Te he conocido; tienes la virtud de enjuagar mis lágrimas; tienes la enorme virtud de ser mujer, de ser madre de ser tú; me arropas, me cubres con mis sábanas blancas y olorosas; pero estás llegando a mi vida y no pregunté tu nombre. Lo escribí en mis arenas del mar hermoso; mi mar subyugante; mis playas mágicas llenas de candor te veneran; y mis flores; mis flores de múltiples colores que me sonríen cuando llego; mis flores que son un símil de tu belleza de tu forma, de tu vida.
Me enamoraron tus ojos; tu forma de ser, de actuar y convivir con un ser tan complicado como lo soy; y por ello deseo escribirte esta carta; tal vez no sea de amor; pero un aprendiz de poeta escribe su canción; esta canción que solo se canta a dúo; tal vez sin mariachis hermosa.
En este tormentoso mar donde hemos caminado, me sonríes; no eres nada para mí; pero veo luz en tus ojos y en tu pelo; deseo exclamarle al mar; todo mi encanto; me felicidad y le he gritado con todas mis fuerzas pero sus olas me opacan. Aquí frente al mar te conocí y te he admirado en demasía; ¿Qué te puede ofrecer un pescador de sueños imposibles?: Un pescador de silencios apagados y que llora triste; cuando las tardes lo torturan con sus recuerdos amargos.?
¿Qué te puede ofrecer un pescador de ilusiones agridulces? ¿Qué te pueden ofrecer mis bolsillos roídos; sino más quimeras? El que deambula por las calles de mi pueblo y lo ama con amor?; El que le ha cantado a su barrio como un nativo de su solar. El que su Laguna Azul sigue siendo su gloria y espejo; donde miro porque; yo soy un pescador de atarraya; y soy barrio, soy tarécua, soy masa y también soy angustia; soy el cuatete que ha caído en su atarraya y soy Zacualpan.
Soy la masa que no han conseguido mis hermanos de mi barrio; Soy memela, soy el bolillo, su telera; soy su café en las mañanas; soy su pregonero que anuncia las seis de la mañana, tempranero.
QUERIDA MUJER
Andrea Kiperman / Argentina
Querida mujer, abuela, madre, hija, hermana, sobrina, prima… querida mujer, esta carta es para vos. Cada pequeño paso de la historia hasta aquí ha costado lucha. Mucha lucha. No olvides que, por momentos, parecería que estamos viviendo en un mundo de hombres… o eso piensan, ¿no?
Querida mujer, alza tus ojos, endereza tu espalda y afila tus palabras. El mundo necesita que no te quedes callada, que puedas dar tu versión, tu opinión, tu pensamiento, tu amor.
Querida hermana, no bajes los brazos. Que tus ojos brillen, y que nadie opaque tu luz. No lo permitas.
Querida amiga, no te dejes vencer. La vida está hecha de nuevas oportunidades para ser feliz, de acariciar nuevos horizontes, de cumplir nuestros sueños. No olvides dejar tu impronta, tu idea, tu pensamiento, tu dulzura, tu amor. No calles. No permitas que nadie se quede con tus palabras. Es momento de brillar. Es momento de metas cumplidas. Es momento de compartir. Es momento de recibir todas esas maravillas que la vida tiene para ti.
Querida mujer, te honro, te acompaño, y no olvides: el poder está en ti. Esta carta es para vos. Recuerda cada una de estas palabras.
Quedo con ustedes…
CARTA A MI SEÑOR JESÚS
Sarah Petrone / Argentina
Señor Jesús,
mi único Señor. Solo ante tí, únicamente, bajo mis ojos en señal de respeto y me arrodillo. Hoy, no te escribo para pedirte ni suplicarte, porque sé que escuchas en mi interior, y me comprendes. Hoy, solo quiero agradecer.
Te agradezco que hayas puesto tus ojos en mí, para bendecirme. Te doy gracias por la vida que me das, aunque muchas veces, en medio de las duras pruebas que debí afrontar, no la valoré.
Te agradezco por mis padres que ya no están y a los que extraño, aunque muchas veces disentí con ellos. Te agradezco por mis hermanos. Te agradezco por el compañero, el esposo que elegí y que ya está a tu lado.
Te agradezco por los hijos que me diste y también por el que te llevaste. A pesar de los amores y sinsabores de tantos años, valió la pena el ser madre.
Gracias por los nietos, la sublime y continua heredad que te dejo para alabarte. Gracias por las lágrimas, que no fueron pocas, pero que me hicieron comprender mi «nada».
Hoy que contemplo las razones de mi vida, solo te puedo agradecer por tu compañía y tu presencia en mí, porque sé, que sola, no lo hubiese podido conseguir, y espero tener salud y mucho tiempo para seguir agradeciéndote. Gracias Jesús.
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-07-19 23:24:252025-07-21 15:46:49CARTAS – JULIO
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» Lo que se escribe con alma, queda suspendido como luz en el aire.”
LETRAS QUE ABRAZAN EL TIEMPO
Elspeth Gormley / España
Hay meses que llegan con un silencio distinto. Julio no es solo calor y estaciones; es también un espacio en el que las palabras adquieren peso, en el que lo escrito se convierte en puente entre lo vivido y lo que aún se espera.
Este número de la revista nace desde esa conciencia: la de que la escritura tiene una misión que va más allá de narrar. Tiene el poder de sostener memorias, de acariciar lo que ya no está, de transformar emociones invisibles en gestos que tocan al lector. En cada poema, en cada reflexión, en cada cuento que aquí se presenta, hay un latido que quiere permanecer.
A lo largo del tiempo, hemos comprobado que lo que se comparte desde lo auténtico no desaparece. Queda suspendido como luz en el aire, aguardando ser leído, sentido, transformado otra vez. Esa es la función de estas letras: proteger lo esencial, lo delicado, lo que se intuye más allá de la superficie.
Queremos este mes invitarte no solo a leer, sino a detenerte. A permitir que las palabras te busquen sin prisa. Que encuentres en ellas no solo historias, sino rastros, preguntas, ecos.
Escribir -decía alguien-, es también cuidar. Cuidar de las voces que nos preceden, de los gestos que nos marcaron, de lo que aún no ha sido dicho. Este editorial es eso: una caricia extendida hacia lo invisible. Porque las letras tienen raíces, y cuando se escriben con intención, florecen en quienes las leen.
Que julio nos encuentre escribiendo con la luz encendida por dentro. Porque si el mundo se mueve, que lo haga al compás de palabras que abrazan.
Julio se convierte así en un homenaje a lo que perdura. A la palabra que no se agota, al gesto literario que toca fondo y desde allí vuelve a florecer. Porque si el mundo se mueve, que lo haga al compás de palabras que abrazan. Que lo haga, sobre todo, con el alma encendida por dentro.
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Gracias por acompañarnos con el alma abierta, con ojos sembrados de esperanza, con sensibilidad despierta.
Hoy nos reunimos bajo el amparo de la palabra para rendir homenaje a quien supo vivirla, compartirla y sembrarla: Liliana Lorán
Este encuentro no es solo una despedida. Es un gesto de memoria, una ofrenda de afecto que atraviesa el tiempo. Porque hay personas que no se despiden nunca… permanecen en lo que dejaron dicho, en lo que inspiraron, en lo que callaron con elegancia.
Liliana fue parte esencial de este proyecto editorial, no solo por lo que aportó con sus letras, sino por la sensibilidad que imprimió en cada uno de sus gestos. Fue luz discreta, brújula silenciosa, y compañera generosa.
Hoy, al reunirnos para recordarla, traemos no solo su figura, sino también su eco. Nos acompaña en cada palabra que publicamos, en cada mirada que dedicamos a lo invisible.
Este homenaje es también un agradecimiento. Porque sin voces como la suya, el mundo editorial sería menos humano, menos hondo, menos cierto.
Gracias, Liliana, por lo sembrado. Por lo dicho y por lo no dicho. Que tu memoria siga siendo guía, inspiración y abrazo.
La presente edición acoge varios mensajes llegados desde distintas latitudes. Cada uno refleja el eco que Liliana dejó en quienes la leyeron o compartieron su luz.
Nota de Gustavo Páez Escobarde Colombia escritor y colaborador de la revista
Querida Elspeth:
Deploro el fallecimiento de Liliana Loran y me uno al homenaje que le rindes con tus bellas palabras. Ella estuvo muy unida a la revista, y por eso su ausencia te causa hondo dolor. Sin haberla conocido, la siento de la familia. Efusivo abrazos de solidaridad para sus seres queridos, para ti y todos los colaboradores.
Testimonio de despedida: Margarita Mangione / Argentina, escritora y colaboradora de la revista
Con el alma en duelo y el corazón desgarrado, aún me cuesta aceptar que nos dejó Liliana Lorán, exquisita poeta, escritora y bailarina, luego de enfrentar con valentía una larga y dolorosa enfermedad. Fue una persona de belleza que trascendía lo visible: dulce, amorosa, luminosa.
Tuve el privilegio de su amistad durante muchos años, y hoy la tristeza es inmensa. Su esposo, Salvador D’Arrisso, quien me mantenía al tanto de su salud, fue quien me dio esta dolorosa noticia. Hace apenas unos días, presenté en el Centro Cultural Municipal León Fourvel Rigolleau , dependiente de la Secretaría de Cultura de Berazategui, presentó el libro Pinceladas y Versos en Pandemia , una obra compartida entre la artista plástica Inés Dagand y Liliana. El salón se colmó de personas que celebraban esta unión de arte. Aunque Liliana no pudo estar presente, sus versos fueron leídos y aplaudidos con emoción.
Tenía la esperanza de que pudiera acompañarnos en octubre, en la Feria del Libro de Berazategui. Hoy, esa esperanza se convierte en recuerdo. Desde lo más profundo, envío mi pésame a Salvador, a su familia, amigos ya todos quienes la admiraron. Ruego una oración por su eterno descanso
Querida amiga del alma, nunca te olvidaré. Que brille para ti la luz que nunca se apaga. Que el Señor te reciba en sus brazos. Descansa en paz. Besos al cielo, con el anhelo de volver a encontrarnos.
Koldo Aranguren , escritor vasco, envía este mensaje, para el homenaje a Liliana
Koldoren begirada berrituan, Euskal Herriko idazlea: Lilianaren bidez ikusezina ikasten hasi nintzen. Bere bertsoek farolen moduan argitzen zituzten lehen ihes egiten zidaten xehetasunak, poesiak arima zorrozteko gaitasuna balu bezala. Ez zuen idazten soilik: begiratzeko modu bat irakasten zuen, goxotasunez, sakontasunez, harriduraz. Orain, bere presentzia mundua ikusteko nire moduan parte da.
Desde la mirada de Koldo , escritor del País Vasco: A través de Liliana aprendí a ver lo invisible. Sus versos eran faroles que alumbraban detalles que antes se me escapaban, como si la poesía tuviera el poder de afinar el alma. No solo escribía: enseñaba a mirar con ternura, con hondura, con asombro. Su presencia es ahora parte de mi forma de ver el mundo.
Isabel Anchon, desde Toledo, envía este mensaje:
Gracias, Elspeth, por abrirme las puertas al mundo poético de Liliana a través de tus publicaciones y charlas. Es una gran pérdida para el mundo literario; su poesía no solo conmovía, sino que sembraba luz. Un abrazo profundo, y mis condolencias para su familia y para todos los que aman la palabra.
Desde los ojos de Juan José González de Colombia, lector fiel de esta revista: Leer a Liliana era siempre una emoción quieta, como música que abraza sin pedir permiso. No quiero echarla de menos. Quiero seguir encontrándola en sus poemas, como quien vuelve a casa. Que su voz no se apague: que siga publicando, desde el lugar donde danzan las almas
POESÍAS
CUANDO MARCHAN LOS POETAS
En recuerdo de Liliana Lorán
Inés Arribas (Nené) / Argentina
Mientras los poetas transcienden
Hacia el reino celestial
Los reciben las campanas
Con un duce redoblar
Cada vez que componían
En la tierra sus poemas
Cantando a vida, natura
Amor, dolor o entrega
Del corazón transmitía,
Letras y dulce esencia.
En cada verso exponían
Lo que su alma guardaba
Y cual cofre de recuerdos
La memoria conservaban
Hoy en la altura reunidos
Con pares disfrutando
Comparten los pensamientos
Entre nubes vagando
El Señor bendiga siempre
A simples soñadores
Y lo celebren en el cielo
junto a otros trovadores
ELEGIA A LILIANA LORAN
Isidoro Barrera Molina / México
Trágicas horas de la madrugada
del cinco de julio dos mil veinticinco
poetisa y bailarina inició retirada
vicepresidente, de Vuelta Obligado y Patricios.
Dejas el recuerdo de “Estirpe Surera”
pinceladas y versos en pandemia
fuiste profesora y maestra guerrera
bien queriente de rimas en toda la tierra.
“Pertenencia” con poemas criollitas
más bien conocida como Antología
habla de batallas y líneas paisajistas
con esos poemas se forma una poesía.
La literatura reclama un silencio
después un aplauso con mucho calor
se fue la que sigue entre nos su recuerdo
viviendo en sus versos y en el corazón.
ETERNA ALMA SURERA
En homenaje a nuestra querida Liliana Lorán .
Marcela Barrientos / Argentina
En la tierra que tanto amaste, quedó tu luz,
una llama ardiente que el viento sur llevó,
tu alma pampeana, en cada verso, en cada raíz,
resuena en el eco de un canto criollo, en el sol que doró.
Tu voz, dulce río de sabiduría gauchesca,
fluyó con gracia por las pampas y su arte,
una poesía para cada efeméride patria,
una fe profunda y un amor por lo religioso.
Sangre criolla, cabello dorado, alma de fuego,
en cada palabra dejaste un legado sin igual,
una poeta de pasión, de alma en juego,
que en cada verso dejó su huella inmortal.
Aunque hoy tu partida nos deja un vacío profundo,
tu presencia en letras y en el alma será siempre un farol,
una huella única, un recuerdo fecundo,
que brilla eternamente en la tierra pampeana, en nuestro sol.
Gracias por compartir tu luz, tu arte, tu ser,
por regalarnos tu voz, tu fe, tu corazón,
en cada rincón, en cada amanecer,
tu espíritu vive en esta tierra, en cada canción.
A LILIANA LORÁN
María Elena Camba / Argentina
Tus pies son alas, tus manos pañuelos
que danzan y giran en círculo eterno.
Con renovado compás
la música acaricia, envuelve los pasos
ligeros que siguen bailando en ronda.
Al ritmo de tus poemas,
cantas a nuestra tierra.
Al cóndor que surca los cielos,
al sauce que acaricia la orilla,
al prócer que honró la patria,
a tu terruño Mataderos.
Enhebras cada palabra
en cuentas de paz.
Amaste cada rincón
de nuestra amada Argentina.
Tus poemas despertaron
tantas almas dormidas
Hoy te recuerdo Liliana
tu mirada amorosa,
esa sonrisa cristalina,
tu aura luminosa.
Querida compañera,
hermana de letras
Ojalá desde el cielo
se escuche esa lira amorosa
y baje tu pluma piadosa
a iluminar el camino.
HACIA LA LUZ INFINITA
Enrique Fredy Díaz Castro / México
Hoy la cúpula celeste
de esa tu patria Argentina,
no oye tu voz cantarina
con poemas de Este a Oeste.
Ni los Viajeros de Paz
hoy sentirán tu alegría,
porque surge la elegía
por el adiós que les das.
Las danzas tradicionales
que tú tanto fomentabas
un compás de espera clavan
sin público y sinodales.
Liliana Lorán partiste
hacia la luz infinita,
mientras pañuelos se agitan
pues tu pluma quedó triste.
Hoy tus Campanas al alba
doblan con honda tristeza,
a la vez que por ti rezan.
¡Que descanse en paz tu alma!
De esos bailes prodigiosos
y de esa poesía exquisita,
quedan las constantes citas
que de ti podrán hablarles.
La Patagonia y Las Pampas,
icónicas de tu tierra,
en tu recuerdo se encierran,
mientras tus letras decantan.
Allá en tu suelo sureño
de esta América pujante,
¡Permanecerán vibrantes,
tu danza y poesías de ensueño!
UN ÁNGEL ENTRE NOSOTROS
A Liliana Lorán
Carlos González Saavedra / Argentina
Te fui conociendo
a través del tiempo
En alguna radio o
en algún evento.
Conocí tus letras
Conocí tus verbos
Escribiste al campo
A la belleza del atardecer
y paisajes de nuestro suelo.
La argentinidad pintada
En distintos lienzos
De las cosas simples.
Emociona leer
vocablos y versos.
Sentiste un llamado
Y abandonaste el cuerpo
Una luz infinita
Iluminó el firmamento.
Partiste a perfumar otros cielos.
Dios bendijo tu paso
y has bendecido el nuestro.
Te fuiste a un mundo nuevo.
Gracias, Liliana Loran
Estoy seguro que…,
Dios, estará contento.
A LILIANA CON GRATITUD
Elspeth Gormley / España
Estuviste, sin ruido ni aviso,
como luz que en silencio se posa,
como lluvia que llega sin prisa
y acaricia la piel más hermosa.
Fuiste abrazo en las tardes sin canto,
fuiste calma en las horas oscuras,
compañera sin nombre ni manto,
pero llena de amor sin fisuras.
No sé cómo nombrarte despacio,
lo que fuiste no cabe en mi verso;
solo sé que agradezco despacio
tu presencia en mi mundo diverso..
No te digo adiós, no hace falta,
te mantengo en mi voz cada día.
porque aunque la distancia resalta,
como brisa en mi alma…sigues viva.
LLANTO POR LA POETA LILIANA LORÁN
Lamberto Ibárez Solís / México.
Mis versos como saetas
de mi patria mexicana;
que mi corazón hilvana
y honrar a la gran Poeta.
Que nos dejó una gran grieta
por su partida temprana,
en mis décimas desgrana
mi dolor hecho palabras
que en mis montañas se labra
con sus dobles de campanas.
Campanas de “Mataderos,”
tocaron dobles en julio;
opacando los estudios
de los Poetas enteros.
Que seguían con esmero
a la danza y la Poesía
porque en sus versos hervía
su bella pampa argentina
que con su pluma tan fina
denostaba su alegría.
Alegrías nativistas
con pinceladas de versos
de manantiales diversos
en que se yergue la artista.
Jóvenes revisionistas;
todas las Letras Hispanas
desde tierras muy lejanas;
te ganaste tu homenaje
con mi lírico lenguaje
de mis letras castellanas.
Castellanas mis palabras;
surgidas desde mi costa
donde aflora la langosta
con estocada macabra.
Y con mi llanto que labra;
voz de Liliana Lorán,
el trayecto es un vaivén
y el camino es un misterio
que nos lleva al cementerio
para la Poeta un Edén.
NO PREGUNTES CUANDO
Graciela Reveco / Argentina
solo sé que un día compraré el pasaje
ayer ya pasó
mañana aún no llega
hoy es un misterio
imposible no cruzar la puerta y respirar la vida
sin embargo
de algo estoy segura
envuelta como una nube de nieve
en el tenue arrullo de un trino de pájaros
en el salto de una rana en las acequias del verano
en el croar de los grillos de una noche estrellada
en la fresca atalaya del viento sobre los árboles
en la lluvia temprana de la melancolía
entre las sombras vertebrales de la ciudad
en cada palabra del libro que no leíste
en la línea invisible entre la montaña y el mar
en el quieto paisaje de tus pantallas táctiles
allí vas a encontrarme
cuando compre el pasaje que aún no pretendo
no preguntes cuándo
que todavía hoy… es un misterio.
A LILIANA LORÁN
Sarah Petrone / Argentina
Amiga de las letras, que transitas
por el plano que el destino te ha marcado,
has dejado que la pluma en tu mano,
repose, por lo mucho que escribiste.
Rodeada de poemas, transcribiste
todo lo que tenías en tu alma,
hasta que un arco iris de palabras
iluminó el camino que elegiste.
Sin tiempo, la distancia se persigna,
una oración enciende en su plegaria
el deseo de que brilles con la calma
que solo el Creador nos da, y bendice.
A LILIANA…
Susana Piñeiro / Argentina
Como tierna flor nativa abrazada a tu Tierra amada
enamorada de todo lo que en ella valorabas….
como ave matutina que los espacios surcara
atesorando visiones que en tus poesías volcabas…
o danzando melodías autóctonas tan logradas
y recitando un refrán que una enseñanza dejara…
Así quiero recordarte en tu voz tan dulce y cálida
o en un consejo casual que en la distancia me dabas.
Amiguita tan preciada, mujer íntegra,
aplicada
me alegra haber disfrutado de tu amistad y tu calma,
de tu sensibilidad y tu profunda mirada.
Tu presencia se agiganta en cada nueva alborada
pues la Vida verdadera, con la muerte no se acaba,
sólo cambia su vestido volviéndose toda diáfana.
Exquisita poetisa de bondadosa templanza
envíanos un susurro que nos infunda confianza,
que nos alumbre el camino y que nos en dulce el alma.
Regálanos un poema de azucenas y plegarias
y píntanos el paisaje celestial por donde vayas!
Epílogo: Elspeth Gormley
Cuando una presencia toca tantas almas, no se despide… se multiplica. Cada palabra aquí reunida es más que memoria: es llama viva, es eco agradecido, es abrazo que no cesa.
Liliana Lorán no está ausente. Está en la música de estos versos, en el susurro compartido, en la ternura con que tejemos esta red de letras.
Que su nombre siga danzando entre nosotros como lo hizo su luz: discreta, profunda, inolvidable.
Si un alma logra tocar tantas voces, ya no pertenece al tiempo. Liliana vive en el murmullo de estos versos, como música suave, como faro invisible que sigue guiando. Y aquí, donde la palabra se convierte en abrazo, su presencia sigue siendo llama viva.
Hago eco como Director de la Revista, de las palabras de nuestra Editora. Liliana no está en nuestro plano físico, pero su recuerdo permanecerá siempre con nosotros. Carlos Pérez de Villarreal
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-07-19 19:41:552025-07-20 18:12:06HOMENAJE A LILIANA LORAN
AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.
“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”
En cada sombra hay un destello de luz esperando ser descubierto. Junio nos recuerda que avanzar es aceptar ambas partes del camino.»
EDITORIAL JUNIO: ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA, EL MOVIMIENTO Y LA TRANSICIÓN
Elspeth Gormley/ España
Junio llega como un punto de inflexión, un umbral entre lo que hemos recorrido y lo que aún nos espera. No es solo el sexto mes del año: es un instante de luz y sombra, de caminos abiertos, de decisiones que marcan el rumbo.
El solsticio de verano se acerca en el hemisferio norte, extendiendo los días hasta su límite, envolviendo todo con la intensidad de su brillo. Mientras tanto, en el sur, el invierno reclama su espacio, invitándonos a la introspección, al recogimiento necesario antes de emprender una nueva marcha.
Así es junio: una danza entre opuestos, una invitación a moverse, a explorar, a redefinir lo que somos. Cada viaje que emprendemos—sea externo o interno—es una puerta hacia lo desconocido. Y cada paso nos exige confrontar nuestras propias sombras, descubrir lo que realmente nos impulsa.
La luz y la oscuridad no son enemigos; son fuerzas complementarias que nos enseñan a mirar más allá de lo evidente. Hay momentos para correr hacia el horizonte y otros para detenerse y escuchar el eco de nuestro interior. Junio nos recuerda que el equilibrio entre ambos es lo que nos hace avanzar.
«En este tránsito entre luz y sombra, entre movimiento y pausa, el mundo también cruza un umbral. Las decisiones de unos pocos marcan el destino de muchos, y la historia nos observa. La pregunta es: ¿seremos capaces de encontrar equilibrio entre lo que hemos sido y lo que podemos llegar a ser?»
Y así, en este mes que arde en luz, también llegan las Hogueras. En muchas orillas del mundo —y especialmente en tierras de fuego mediterráneo—, junio enciende su ritual: el fuego que purifica, que deja atrás lo viejo para dar paso a lo nuevo. Saltamos llamas, escribimos deseos, y entregamos al aire lo que ya no queremos cargar.
Porque junio también es eso: una llama que transforma, una oportunidad de renacer entre brasas y esperanza.
Ya sea que caminemos por senderos reales o por los caminos de nuestra propia mente, junio nos reta a seguir adelante. Porque todo cambio es movimiento, y en ese viaje, encontramos nuestra verdad.
«Porque, en tiempos de incertidumbre, la palabra es resistencia. Que las letras atraviesen fronteras, desafíen silencios y sean luz en la sombra.»
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-06-23 10:44:292025-06-26 15:55:04EDITORIAL – JUNIO
AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.
“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”
“Donde el verso respira, florece el alma de quien se atreve a sentir.”
DESDE LA VENTANA (III)
Inés Blanco (Luna de Abril) Colombia
Solitaria he trepado al lomo del tiempo que viaja junto a mí, desde los primeros pasos. He cabalgado sin tregua: con desazón, miedos y alegrías… Sí. Con restricciones y fracasos… Sí. También con falencias infinitas. Las voces ancestrales se arraigaron en mis ojos, sobre la piel y en los sentidos como ráfagas de viento. Los primeros balbuceos en mí fueron sílabas que anhelaron ser palabras y quisieron ser poemas. Al filo de los años arribaron los naufragios, como ventanales rotos azotados por el viento. Si no existieran las ventanas, ¿por cuál agujero contemplaríamos la luna como único testigo de las noches sin estrellas? En la oquedad del pensamiento, donde la luz desaparece, presiento un sueño extraviado, oculto en las garras de la muerte.
Dejo abiertas las ventanas de par en par, a merced de la tormenta, para que regresen vivas, sonrientes y sabias las palabras.
EL VIOLÍN Y SU SER
Matías Bonora Berenguer / Argentina
a Sami Abadi
Late su alma, entre vibraciones de notas que susurran el tiempo y respiran ese instante, de capturada eternidad. El músico se expande con la creadora voz de su instrumento, haciéndose espontánea metáfora de musicales sílabas y albores, fraguando el vuelo del ardiente centro, entre gestos de cerdas, cuerdas, esbeltos tendones y muscular madera.
Fundidos en la seminal ofrenda, impera un atemporal sosiego que, abrigados, cadencioso nos hilvana al intenso candor del inesperado encuentro; elevados en la arcana coda de una existencia sensible, compartida.
SOLEDAD
Susana Curbela / Argentina
A la hora que se extingue el día, cuando el sol se esconde, porque no quiere encontrarse con la luna,
llega Ella. Densa Espesa Insolente y Grosera No pide permiso. Me invade. Me asfixia. Llena cada espacio de mi cuerpo y mente. En uno calienta. En otra susurra. Repite tu nombre. Dibuja tu cara. Aunque la aborrezco, no puedo echarla…
¡Es lo único que tengo!
MI GRITO DICE ¡BASTA!
Carlos González Saavedra / Argentina
De guerras que espantan
De terror que amenaza
De aplastar pueblos inocentes
De someter a niños
A madres y ancianos
De bombardear sus casas
El miedo no deja respirar,
Amordaza.
Basta
De misiles que dibujan
la muerte, cuando pasan.
Basta
De charlas vanidosas e interesadas
en organismos mundiales,
Colmados de egoísmos,
hipocresía y arrogancias.
Basta
Mercaderes del odio y venganzas.
¡Matando, no se soluciona nada.!
Basta
De darle mas importancia
a batallas por la franja de Gaza,
Que la sonrisa de un niño
Cuando ríe o cuando juega
O cuando canta.
De una mama, cuando amamanta.
De familias que desarrollan sanamente
sus crianzas.
¡Haya PAZ!
¡BASTA DE GUERRAS!
¡BASTA ,BASTA, BASTA!
QUIERO ESTAR CONTIGO
Carlos González Saavedra / Argentina
Seguiremos gritando
Para que sea bonito
Que los pájaros dibujen
La alegría con su trino
Que el viento nos lleve al mismo
Destino.
Porque nos amamos hasta el infinito
Que decidimos jugar este desafío
De pasar los próximos años
Contigo.
Porque el mundo ahora, lo vemos distinto
Porque hace tiempo que quiero
Estar junto a vos, juntitos
Para llenar de besos tus espacios
Vacíos.
Para tener tu calor, cuando sienta frío
Para que tu aliento respire junto con el mío
Por las mañanas sienta que estas al lado mío.
Los latidos mandan
Repiquetean en nuestros oídos
Las voces de nuestras almas dicen:
¡QUIERO ESTAR CONTIGO!
APRENDIZAJE
Elspeth Gormley / España
La vida me ha enseñado que todo es pasajero,
y las palabras son como un suspiro al viento;
a no rendirme a ciegas al verbo lisonjero
y que el mayor milagro es el primer aliento.
Que tan solo los ríos siguen un rumbo fijo,
y todos los caminos conducen a un final;
que no es la fe aferrarse tan solo a un crucifijo,
sino tomar conciencia de qué es el bien y el mal.
Que el llanto es medicina que dulcifica el alma
y la risa un modo de agradecer a Dios,
que toda tempestad trae consigo la calma
y para iniciar guerras se necesitan dos.
Que amores verdaderos son cual verano ardiente
con gotas de rocío que donan su frescor,
y son grata tibieza en un invierno hiriente:
la mano que sostiene cuando falta vigor.
Que al alma, igual que al río, la ensucia el recorrido:
es clara y pura el agua al salir del manantial.
Si el paso va dejando al espíritu abatido,
el cuerpo es solo lecho; el alma es inmortal.
Y si vivir nos lleva a etapas de renuncia,
también hay estaciones colmadas de bonanza;
aun el cielo más negro la claridad anuncia:
el tiempo sana heridas… y brota la esperanza.
Si lo ignoto amedrenta el exiguo entendimiento,
la vida es como el cielo… con cenit y nadir;
es un suspiro, un viaje, un fugaz movimiento…
y con el amor que llega, empezaré a vivir.
DÓNDE ESTARÁS, HERMANA?
Jaime Hoyos Forero / Colombia
Era una monja linda…
como un ángel sin alas.
Su boca era un racimo cargado de ciruelas
y sus manos diez lirios
en dos largos manojos,
y sus ojos dos noches misteriosas y negras.
Oh Dios, con solo verla,
sin querer yo pecaba…
Un pecado risueño
con sabor a manzana,
con olor a heliotropo
y a campiña mojada
Una tarde,
en la puerta pesada del convento
no pude más. Tal vez yo era muy joven:
la cogí de las manos,
la estreché contra el pecho
y le dejé en la boca
el beso más ardiente y más inesperado…
Como rayo que cae en una roca
en la mitad de un día de verano.
Ella no dijo nada.
No rechazó mi beso.
Me castigó con una durísima mirada
y se cerró la puerta ante mi cara.
Nunca más volví a verla.
Nunca más supe nada
de aquella monja linda
como un ángel sin alas.
A veces en las noches
retumba entre mis sienes
una voz que me grita
como ronca campana:
– ¡Violador de los labios
de mujeres sin mancha,
que el Señor te perdone
el sacrilegio rojo
de aquella tarde blanca !
“LA LLUVIA CAE”…
Lamberto Ibárez Solís / México
Cae la lluvia, la miro descorrer mi ventana;
serpentea en ráfagas perdidas en los cristales…
resbala, canta, cae en goterones y emana;
emana y brotan mis recuerdos a raudales.
La lluvia cae, fresca y limpia todos mis males;
regresar el tiempo, el momento, el reloj entero
en que tus ojos eran lindos y frescos portales,
el olor de tu pelo, tu boca… un lindo florero.
Al igual que la lluvia golpea mis recuerdos,
salpica mi alma y escarba mi corazón herido,
humedece mi pecho y mis pensamientos cuerdos;
no puede aguantar mi silencio… un sordo gemido.
Y recuerdo las calles, recuerdo la lluvia,
recuerdo tu rostro, tu cara y tus ojos bellos;
nada que empañe y opaque; porque nada enturbia
tu rostro mojado, tus ojos de sol cual un destello.
Recuerdo tu blanca ropa, cocida en tu cuerpo,
tu ropa de sal, pegada, adherida en silencio;
dos corazones juntos, palpitantes y yertos,
la lluvia que moja y de mi ventana presencio.
La lluvia en silencio que cae, que cae en mis ojos,
la lluvia iracunda… golpea mis pupilas letargas;
se confunde en silencio que en silencio mojo
y se deslizan heridas mis lágrimas amargas.
¡Lluvia, milagro entero! Agua, dadora de vida,
manantial celeste que derramas vida entera;
cántaros divinos que descienden y se anidan;
besando mi tierra porque hay sed y no espera.
Sigue cayendo con fuerza, lluvia bendecida;
lluvia amada, lluvia estruendosa y adolorida
que opacas mi llanto… duele y avivas la herida
que guardo en mi pecho y la tengo escondida.
Derrama inclemente con fuerza en mi rostro,
derrama tus gotas dulces, amargas y fieras;
pero si Dios te envía; yo ante él me postro
y bañes mi cuerpo frío cuando yo muera.
MI POESÍA PERDIO LA PRIMAVERA Ernesto Kahan, 23 de mayo, 2025 a las 04 horas desde el refugio
Ernesto Kahan escribe desde la experiencia viva y herida. En estos dos poemas nos entrega su mirada desde el refugio, el insomnio y la memoria. Un testimonio poético de su tiempo.
Las alarmas nocturnas, ¡tantas e insoportables!, me han robado el sueño, tres veces ayer y anoche. Las corridas al refugio me han dejado sin aliento, mis piernas, ya inválidas, avanzan lentamente.
El terror, aquí y allá, ha borrado mi sonrisa. La guerra es solo presente, un temor constante. Mi pueblo no solo sangra, está amenazado en su porvenir.
Los colores de mi paleta son sombras, no hay pureza, solo suciedad. Mi poesía se olvidó de la primavera, mis planes se han perdido en un tiempo extraño.
Hoy miro a mis hermanos, cayendo… a mis vecinos, hambrientos… a mis hijos, temblando por sus hijos… y a mis nietos, reclutados para la guerra…
Siempre amé viajar y absorber culturas, historia, belleza, museos, festivales… pero ahora, dudo por nuestra seguridad allí: El terror se ha extendido, se agranda por doquier.
Mamá, suerte que te fuiste sin ver esto, sin tener que preguntar: ¿Dónde están las promesas, la providencia? ¿Dónde?
¿Dónde está mi gobierno que no piensa en los demás, en la paz, en el amor, en la democracia, en mi jubilación, en la ley, en nuestro pan? Abrazo a mi compañera y le digo: “estamos juntos”.
Mi poesía perdió la primavera, quizás alguien la escuche como un grito de alarma o mejor, tal vez, como un eco innecesario.
JUDEOFOBIA EN EL VIENTO
Ernesto Kahan. Junio 6, 2025
¡Hey! ¡Mundo en «sangre fría»!
que pretendes terminar lo que quedó incompleto en el 3er Reich:
Destruir a los judíos, por ahora, «desde el río hasta el mar».
Donde hubo un Edén,
una promesa,
una lámpara encendida.
Pero me dicen:
«No te pertenece esa pizca de tierra».
Ni siquiera al polvo de tus huesos.
Estoy despierto.
Soy carne,
no una estatua.
Mis párpados pesan
pero no me sellan la visión.
Quedará mi nombre, quizás,
en el aliento de algún poeta,
pero no en la mesa común
ni en las lápidas donde lloran los hijos.
Tiemblo.
Callo.
Perdón, madre, quiero dormir…
Mientras, sinceramente te pregunto:
¿Qué prefieres usar para eliminar judíos,
crematorio o arma nuclear?
PIEL DE COBRE
Liliana Lorán / Argentina
Atenta , tal vez, observadora,
quizás recelosa o asombrada,
tus ojos pardiscos y verdosos
guardan la selva en tu mirada.
La inocencia vive en tu semblante,
en tu piel de cobre late tu alma,
rodean tus labios de niñita
varillas y flores como alhajas.
Preciosos collares de semillas
enjoyan la pureza de tu infancia,
y en halo de exótica belleza
ostentas la esencia de tu raza .
Dios te guarde, pequeña de la selva !
Dios proteja tus tierras y tus aguas !
Dios ampare el aire que respiras,
y bendiga los pasos de tu crianza.
GUITARRA MIA
Liliana Lorán / Argentina
Hoy te he mirado de frente
y me susurró tu boca,
un acorde melodioso
que a mi memoria provoca.
Silencio de larga ausencia
de mis manos en tus cuerdas,
hoy regreso a ti… guitarra,
por saber si me recuerdas.
Por saber si con mis dedos
al pulsarte, aún liberas,
mil sonidos agridulces
por tus labios de madera.
Amiga de tantas horas
de alegrías y tristezas,
canta conmigo de nuevo
a la vida y la belleza.
Canta conmigo como antes
cuando eras la confidente,
en mis horas de vigilia
de mi tiempo adolescente.
Canta a mis sueños lejanos,
a los años que he vivido,
a todo lo que he amado
a los recuerdos queridos.
Junto a tu boca mi boca
buscará el eco perenne,
hechizo de amor y
tiempo en las canciones de siempre.
CONFESION
Marga Mangione / Argentina
Dictador que eres parte de mi entraña,
obligándome a rogar tu amor de hinojos.
Que has cambiado mis sueños por despojos,
desde que tu querer no me acompaña.
Sabes bien que mi ser todo te extraña,
y que el llanto es el dueño de mis ojos.
Que has trocado bellezas por rastrojos,
en medio de esta angustia que me daña.
En mis noches me siento desolada,
es un nido de lágrimas mi almohada,
y me sumo en las brumas del encierro.
Te reclamo entre gritos, obstinada,
me hacen falta tus besos, tu mirada,
¡sin tu amor agonizo en el destierro!
SUEÑOS DE PAZ
Marga Mangione / Argentina
Son los sueños de paz como burbujas
que flotan al salir del pensamiento,
y cruzan libremente el firmamento,
pero la guerra mortal es como agujas,
y los destruye tan solo en un momento.
Si hubiera muchos hombres en el mundo
que se sentaran a pensar la paz,
no podría esa aguja tan falaz,
provocar un desastre tan profundo
ni sería la armonía algo fugaz.
Entonces muchos globos flotarían
frente al asombro de millones de ojos,
que verían satisfechos sus antojos,
pues libres y esplendentes andarían
sin cárceles, ni jaulas, ni cerrojos.
Esas bellas burbujas de colores
transportando ilusiones y esperanzas,
entre cantos de amor y de alabanzas,
nos librarían de los sinsabores
al rescatarnos de las desconfianzas.
Soñemos con la paz día tras día
y elevemos al cielo nuestros sueños,
busquemos entre todos ser los dueños,
de un mundo donde reine una alegría
que nos compense por nuestros empeños.
Y el sol convertirá en tornasoladas
las burbujas cristalinas y brillantes,
que irán como arco iris de diamantes,
girando por el viento transportadas,
orgullosas, serenas y elegantes.
Y nosotros elevando una oración
brindaremos al Señor agradecidos,
las preces por anhelos compartidos,
que saliendo sin cesar del corazón,
realizaron esos sueños elegidos.
LA COPA VACÍA
Sarah Petrone / Argentina
Te encuentro en el alcohol, y es tu mirada
a través de la copa con que brindo,
el tirano verdugo que me grita
que ya no volverás, todo es en vano.
Inútil es tratar de retenerte
tras el humo que exhalo de mi boca
cuando el cigarrillo me coloca
en el límite fatal que me perdiste.
Agonizo en la oscuridad que se trastoca,
imperiosa necesidad que me desviste
de todos los prejuicios y me agoto
y en el último momento me arrodillo.
Te dejo igual que ayer, que hoy y que mañana,
te suelto de mi mano pesimista,
pero ofrendo como siempre, una plegaria
al Dios que se apiadó porque te fuiste.
De todos mis absurdos sinsabores,
mi sentimiento mejor fue haberme dado prisa
en dejarte ir, a pesar de que te adoro,
mi copa vacía, mi derrota, mi sueño de amor, mi único imposible.
CERCA DEL CIELO
Sarah Petrone / Argentina
Por no turbar los momentos
que a mis sueños les dedico,
callo mi voz, un poquito,
y dejo mis sentimientos
en brazos de los más fuertes
ensueños que en mí han habido.
Entorno mis ojos tiernos
para esconder en los mismos
un pedazo de mi cielo
que hasta parece distinto.
cuando lo miro en las noches
y en sus brazos me cobijo.
Todo calla en los contornos,
si hasta el mágico infinito
aquieta a mi lado, el grito
de todo su inmenso vuelo
solo para que al fin, pueda
encontrar mi amor y vivirlo.
LA PAZ QUE ANHELO
Susana Piñeiro / Argentina
No es la paz de cementerio, ésa que deseo yo
ni la que impone silencio infundiéndonos temor
sino aquélla que naciendo del respeto a los derechos
está dispuesta al diálogo por encontrar solución.
Esa paz que yo deseo no responde con insultos
al reclamo y la protesta, fruto de la indignación;
pues ya lo decía Gandhi en su gran revolución:
«Más violencia solo logra avivar la que estalló»
La paz que amo no surge del grito amenazador,
se conquista dando ejemplo de empatía y compromiso
expresando al oponente argumentos convincentes
que finalmente le ayuden a ver su equivocación.
Por esa paz yo trabajo buscando en toda ocasión
crear los medios que permitan que crezca a mi alrededor,
en primer lugar cuidándola en mi propio corazón
para luego proyectarla donde haya confusión.
Esta mundo tan cargado de impaciencia y agresión
necesita sembradores de paz, justicia y amor.
No es la fuerza la que logra implantar una verdad
se la siembra con esfuerzo, convicción y dignidad.
LA MUERTE DEL CISNE
Susana Piñeiro / Argentina
Quiero hacer de mi existencia un canto de gratitud, armoniosa melodía que en mi mundo disonante vuelque un poco de alegría y singular beatitud.
Y que no sea mi canto de tristeza o despedida, sí presagio de esperanza en un mañana mejor y convincente mensaje de que morir solo es recostarse en un ocaso y dormitar junto al sol.
Quiero creer que los cisnes en el ritual de su muerte no cantan porque de pena, tienen roto el corazón, sino para transmitirnos con esa paz infinita que ella es solo de esta vida, su más valioso eslabón.
RECORDAR
Juan F Rivero / España
Si en el inmenso bosque del dolor
naciese un árbol
sembrado en otra vida, hace ya mucho,
por mí,
si el implacable ascenso
a la memorias
e truncara y volviesen
los fantasmas que he sido,
si me fuera algún día
sin las palabras puestas
y aunque llamaseis no os supiese contestar,
recordad que hubo un tiempo
en el que fui feliz
y en que amé como un niño todas estas cosas
en su camino hacia la destrucción.»
PARA MI SATISFACCIÓN
Jesús H. Rodríguez Sánchez / Venezuela
Bien sé que estoy presente en tus acciones,
me lo dice tu amable proceder
que sale de la magia de tu ser,
en toda su extensión y direcciones.
Tu mirada bonita y soñadora
queriendo, o sin querer, con alegría
revela diligente picardía
en tu forma de actuar, linda señora.
Me enloquece tu forma de mirar
porque revela lo que llevas dentro
en todo tiempo y en cualquier lugar.
Siendo de la beldad, el propio centro,
a cualquiera lo haces suspirar
y motivas amor en cada encuentro.
ABIERTOS VENTANALES
Jesús H. Rodríguez Sánchez / Venezuela
Por abiertos ventanales de tu alma,
tus ojos de esperanza,
miran al infinito.
No hay ribazos que inclinen tu visión
ni neblina que la opaque;
limpio está el horizonte de tus sueños.
Se hace inalcanzable tu mirada,
pero sigo contigo,
me iluminas las rutas y me orientas.
Al final de la senda, me miraré en tus ojos,
si es que me lo permiten
tus párpados inquietos.
EL CANTO DEL DIABLO
Sandra B Romeo/ Argentina
Ruge el hielo nervando la tarde que muere degollada a los pies de la noche. Ruge y en su sonido el mismo diablo canta en las estepas de luna en las amortajadas montañas adonde mis brazos desnudos ya no llegan. Erguido. Entero. Helado. Siento trepar desde mi centro un verde recuerdo de brotes y naceres. Sofocado sonido de manantiales vida corriendo, savia llegando… Hoy sólo unas pocas lágrimas logro sembrar a mis pies. Copos cayendo que mueren cantando la música del diablo.
SER LIBRE
María Sánchez Fernández/ España
Tiene sus alas rotas
manchadas de abandonos y de llantos
y mira con anhelo las bandadas
de otros pájaros libres en el aire.
Un día le cantó a la libertad.
A los vuelos altivos.
A horizontes rosados.
A las cumbres alzadas.
A los vientos marinos.
Se remontó en sus sueños libertarios
y se cayó del nido
Ahora muere a la sombra de la rama
que lo dejó caer;
sin vuelos y sin trinos.
PAZ
María Sánchez Fernández / España
En la calma de un mundo que venera
la inmensa magnitud de lo creado
escuchamos el cántico callado
de la hierba que crece en la pradera.
La alondra trina y se alza placentera
a una nube con tinte nacarado,
y el torrente se lanza ilusionado
hacia un mar que con amor le espera.
¡Bendita Paz, tan limpia y deseada
por el alma que adora la concordia
y sueña con un mundo de alianza!
Unamos nuestra fuerza en oleada
que inunde para siempre la discordia
sembrando campos verdes de esperanza.
SEXTING
María Sánchez Sadrin / España
Dices «tu pelo»
y el posesivo traza un túnel
desde tu lengua a mi raíz.
Me escribes,
así nos encontramos en silencio.
El silencio,
como en la música, es necesario en el lenguaje:
esta noche he aprendido, por ejemplo,
que mis labios se llaman en tu boca «tus labios».
Nombras mi sexo,
tu voz se posa en él como una mano.
Todo aquello que nombras se estremece de pronto.
Al igual que los dioses en los textos
sacros de cada civilización,
haces y creas con palabras.»
PASEAR CONTIGO
Elvira Sastre / España
Con una lentitud
de luces y de vientos que nunca conocí,
han crecido los plátanos
y las casas antiguas de estas calles.
Detrás de sus balcones se vivieron
fiestas que no eran mías,
guerras que no sufrí,
ambiciones que no me dominaron,
muertes que no he sentido.
Cruza la gente y habla
en un hermoso idioma que me cuesta
trabajo comprender.
Y sin embargo
esta ciudad es mía,
pertenece a mi vida como un puerto a sus barcos.
Sin duda es la memoria
de algunos novelistas y un poeta.
Y sin duda, también, es la importancia
de pasear contigo,
de tu mano en mi mano, de nuevo adolescente,
tu cabeza en mi hombro,
tu silencio en el mío
PLEGARIA A LA LUNA
Thalma Tavares / Brasil
¡Ay, que mi vida no es nada
sin mi guitarra adorada,
sin mi negra y mi poesia!
Eres tú, mi dulce luna,
luna blanca, luna mía,
ojo de luz que nos mira
de lo más alto del cielo
y por donde Dios contempla
mi tristeza y mi alegría.
Devuélveme, luna buena,
mi centella de hombre puro,
los brazos de mi negrita,
mis llantos y mi canción.
¡Devuelve ya, sin demora,
mi guitarrita sonora
que por miedo la tiraron
lejos de mi corazón!
¡Tráeme de vuelta, lunita,
todo lo que me han quitado
mi grito de hombre explotado
y el rencor de la opresión!
Las alas de mis ensueños
devuélvelas, luna mía.
Hoy quiero quedarme azul
y si el mundo no lo quiere
lo quiere mi fantasía…
No te alejes de mi ojos,
no te olvides de mis penas.
Y cuando vuelvas al cielo
tráeme lo que te pido,
no desprecies mi pasión…
Porque mi vida no es nada
sin mi guitarra adorada,
sin mi negra y mi canción.
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-06-23 10:42:522025-06-26 15:54:31POEMAS – JUNIO
AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.
“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”
«Cada emoción es un acorde en la sinfonía de nuestra historia. Las lágrimas, los sueños, las pasiones… todo es música en el universo de los sentimientos.«
LA GRAN CARRERA
Magi Balsells / España
Somos muchos lo que estamos enclaustrado dentro este habitáculo, estamos impacientes, inquietos pues no sabemos bien que es lo que ocurrirá En estos momento empieza a notarse cierto nerviosismo, que cada vez va aumentando, creo que debe ser porque nos abrirán el camino hacia nuestro nuevo destino, se palpa en al ambiente este deseo de libertad lo cual hace que estemos mas inquietos de lo normal
Ya se abre nuestra salida, es la locura, todos queremos salir los primeros, será una batalla sin igual, algunos ya se están quedando por el camino se les terminaron las fuerzas, otros por su debilidad ni al podido salir, quedando apartados de esta vorágine
Estoy fuerte, voy en cabeza junto con otros tan fuertes como yo, pero aunque el trayecto es corto las dificultades son extremas, solo se que el que mas corra será el ganador, tengo que ser yo, ya que mi vida es muy limitada y solo podré subsistir si consigo el premio, hay que luchar
He dejado atrás a mis oponentes, me voy acercando a la meta, solo me queda un suspiro, aleluya ya llegue traspaso el ultimo obstáculo soy bien acogido, me envuelve la masa enfervorizada, ahora y sin preámbulos me ofrecen el premio, consistente en la estancia durante un periodo de tiempo, a todo confort con buenos alimentos, pero variable por según que circunstancias,
En este habitáculo, aunque pequeño pero mayor que el anterior, me desarrollare tranquilamente para llegar al sueño deseado, y podré hacerme con el tiempo mucho más fuerte e inteligente
Y cuando se hayan cumplido todos los plazos establecidos, ¿Qué pasara…?
Pasara que…
La dueña de la estancia me traerá al mundo como un HERMOSO BEBE
Nota de la editora: A veces, las metáforas vuelan más alto que las palabras literales… Esta joya de Libia Beatriz Carciofetti es una danza sutil entre lo que somos y lo que elegimos ser. La mariposa, con su vuelo delicado, nos recuerda que hay formas de existir que no dañan, que embellecen y que sanan. Decidí compartir este texto en “Sentimientos” porque vibra con esa esencia suave, valiente y luminosa que habita en el corazón de quien aún cree en la ternura como resistencia. (Elspeth Gormley)
MARIPOSA “versus” LANGOSTA
Libia Beatriz Carciofetti / Argentina
(Cualquier similitud con la realidad es solo pura coincidencia)
Cierto día se cruzaron en su vuelo una bellísima mariposa y una langosta, quien observaba a distancia cómo la mariposa iba de flor en flor libando el néctar, y pensó: “¿Cómo hará para libarlo?”
Esta vez se dijo: —¡No me quedaré con la intriga!
Y se acercó sigilosamente, insinuándole con cierto recelo:
—Dime, mariposita hermosa, hace segundos que te veo aletear de flor en flor, y estoy maravillada de tus preciosos colores. Te destacas en cada flor que te posas; a veces reconozco que la flor empalidece ante tu hermosura. Si hasta con tus motas coloridas pareciera que miraras… Me muero de ganas por preguntarte: ¿Cuál es el secreto de libar?
Sin dejar de aletear, la mariposa, sonrojándose, le contesta:
—¿Sabes, amiga? Yo solamente succiono con delicadeza, sin dañar a la flor en la que me poso.
En cambio tú, todo lo que tocas y rozas lo destruyes, porque con tus afilados dientes devoras. Además, con tu ejército maléfico puedes arrasar sembrados que servirían de alimento a los humanos…
Yo, por el contrario, alegro la vida y la vista de los que me rodean: danzo en los jardines, en los parques, me observan los niños, beso la cabeza de algún anciano solo, en el banco de una plaza.
¿Alguna vez oíste decir de mí que tuvieran que combatirme con poderosos plaguicidas? En cambio, a ti, a pesar del esfuerzo humano, aún no lograron hacerlo… Y cuando tú sobrevuelas, la mayoría se encoge hasta que pasas sobrevolando.
¡Es tan simple libar! Solo succionar con delicadeza, con la suavidad de un beso.
Pero no lo entenderás nunca, porque naciste para destruir todo lo que tocas… porque ya es tu naturaleza.
Así se alejó la mariposa bella, y puso fin a esta conversación, temiendo caer también entre sus garras. Y ella… ella había nacido para volar.
ENTRE AUSENCIAS Y ABRAZOS
Elspeth Gormley / España
A veces los sentimientos acarician como brisa. Otras… arrasan como tormenta. Nos traspasan sin pedir permiso. Nos transforman, nos sacuden, nos enseñan a querer… y también a soltar.
El dolor no siempre grita. A menudo se esconde en los silencios compartidos, en las palabras que nunca dijimos, en una mirada que evita la nuestra. Hay decepciones que no dejan marcas visibles… pero duelen como si las llevaras tatuadas en el pecho.
Y sin embargo, hay días en los que basta poco: un abrazo espontáneo, una palabra sin juicio, alguien que escucha de verdad sin intentar arreglarnos.
Eso… eso a veces salva.
Porque sí, los sentimientos duelen. Pero también nos sostienen. Son la grieta por donde entra la luz. No siempre entendemos lo que sentimos, y está bien: hay veces en que el corazón necesita hablar en su idioma, sin traducciones.
La tristeza nos recuerda lo que alguna vez amamos. El miedo nos señala lo que no estamos listos para perder. La decepción nos muestra el límite… y la puerta de salida.
No somos solo lo que nos pasó. Somos lo que decidimos hacer con eso. Lo que callamos con dignidad. Lo que gritamos para no rompernos por dentro. Y sí… si caemos, que sea para aprender a alzar el vuelo con más conciencia. A nuestro ritmo. Con nuestras alas. Y con el alma… un poco más fuerte. Y muchísimo más humana.
Entre lo que nos hiere y lo que nos sana… a veces es el silencio compartido lo que más nossostiene.
SENTIMIENTOS INVISIBLES
Andrea Kiperman / Argentina
Antes que nada, gracias por estar al otro lado, compartiendo estas palabras. Hoy, al escribir sobre los sentimientos, me invade una sensación de plenitud. En estos tiempos, hablar de emociones parece un acto pasado de moda. Sin embargo, ¿acaso no es precisamente lo que nos define como humanos?
Cuando era niña, imaginaba un futuro con robots. Hoy, la inteligencia artificial forma parte de nuestra vida y, aunque es fascinante, también me genera inquietud. ¿Qué nos diferencia de ellos? En algunos países ya caminan entre nosotros y, en un futuro cercano, conviviremos aún más con estas tecnologías.
Pero entonces surge la pregunta esencial: somos seres sintientes, con emociones, pensamientos, ideas y sueños. Si en un mundo donde sentir parece una moda en extinción, ¿a qué nos estaremos pareciendo? Bloquear lo que sentimos, ignorarlo, dejarlo atrapado en el silencio… nos acerca demasiado a aquello que no queremos ser.
Más que nunca, debemos ser conscientes de esto y actuar en consecuencia. En comunicación, la desconexión es evidente: queremos vínculos profundos, pero ¿Cómo lograrlos si ni siquiera nos permitimos decir «hoy estoy triste» o «siento amor por alguien»? Los sentimientos no expresados no desaparecen, simplemente se acumulan hasta que, de algún modo, deben salir.
Esto no es solo sobre el amor, sino sobre aprender a compartir lo que nos pasa. Escuchar y ser escuchados, permitir que nuestras emociones tengan espacio y voz. ¿Y ustedes qué piensan?
SENTIMIENTOS EN POEMAS
Sentimientos: A veces, el alma necesita decir lo que la boca calla. Aquí danzan las emociones, los suspiros, las cicatrices y los abrazos invisibles. Poemas que no piden permiso, pero sí consuelo…
LOS PASILLOS DE MI ALMA
Libia B. Carciofetti / Argentina
Por los pasillos de mí alma
caminan sentimientos
y oigo voces.
Quejosas, lastimeras…temperadas…
Me confunden y siento
que perdí la calma.
Voces que se burlan y urden
con mis sentimientos
una trampa.
Algo pasa… me digo
y quiero encontrar «las causas»
Me aquieto un instante
y me doy; con que «son tantas»
que me pierdo en el pasillo
y otras voces me espantan.
Más allá una caverna
y una silueta muy blanca
que me extiende su mano
y me mira con sonrisa franca.
Me acerco y de pronto
se produce la magia.
Unas voces se acallan
y otras cantan.
Son las notas de un coro
que de niña entonaba
cuando conocí el miedo
y a quien me lo quitaba.
Es el mismo que hoy camina
por los pasillos de mi alma
me dice «TE AMO» y le creo
porque veo el pasillo y hay luz
solo paz y calma.
(Cuando Jesús camina por los pasillos de mi alma)
LA CRUZ QUE CARGO
María Cristina Fervier / Argentina
Sobre la música del aire
vagan las notas desafinadas
de este corazón doliente
que en soledad se desgarra.
Emite un aroma triste
que flota y se esparce.
Nadie sabe de mi llanto
que con sonrisas disfrazo.
En el circo de lo cotidiano
repiten con ciega indiferencia:
“a vos sí que te sonríe la vida…”
¡Qué saben del fuego en que me quemo
que oculto con profundo celo!
Silencio de mudez forzada,
en los límites de mi mundo
vibra desde agudos tonos
Es un secreto que anclo
en el martirio callado
de la cruz que cargo,
madero que suda sangre de luna.
Sobre el aroma de una rosa herida
aborta la melodía
de un pájaro que quedó sin trinos.
NO ME LLORES
Elspeth Gormley / España
No me llores por favor cuando me haya ido,
piensa que me he adelantado a tu camino.
He vivido intensamente, estoy contigo,
en cada flor que aromará tu sino.
No me llores, si me sientes tan distante
que tu pena en el silencio te aprisiona.
No he partido, me he quedado muy constante
en esa paz que suavemente te emociona.
No me llores por favor, seca tus lágrimas,
que no apague tu sonrisa la tristeza,
dame siempre la caricia de tu alma
y la oración que me regalas con nobleza.
No me llores, mi presencia está en el viento,
en la lluvia, en el rocío, en la mañana,
en tus pasos silenciosos, en tus sueños,
en tu aliento que la vida me regala.
No me llores, que mi espíritu no muere,
tan sólo el cuerpo en la tierra se reposa,
mi sonrisa en tu memoria permanece
y en tu pecho mi recuerdo se hace rosa.
SENTIMIENTOS
Andrea Kiperman / Argentina
Ya han pasado varias lunas llenas y aún no te veo.
Tengo un vacío en mis pupilas
añorando verte.
me han dicho que te vieron
por el tablao
con tu corcel negro.
te han visto con ella del brazo
se que entretienes tus días
y tus noches
y este sentimiento no se apaga
no se acaba
sigue latente como el primer día que te vi
sigue vivo
pero como has podido silenciar tu boca
se que este amor no es conveniente
pero el alma solo sabe de deseo
este sentimiento no se apaga
siento tu piel
y tu latir
tus ojos de hielo
ya han pasado varias lunas llenas y aún no te veo.
GRITO MUDO
Marga Mangione / Argentina
Ante el horror su rostro descompuesto,
mira la guerra por doquier reinando,
y a tanto muerto que se halla dominando
ese lugar, donde ha quedado expuesto.
Un grito mudo arrolla su garganta,
y el pecho se estremece en la agonía,
no quiere ver, pero vuelve a porfía
la vista hacia ese sitio que lo espanta.
Una batalla más que ha presenciado,
y el corazón herido no la olvida
no sabe aún por qué quedó con vida,
ni si fue Dios, quien lo hubo perdonado.
Sus ojos desorbitan tanta angustia,
y su boca anhelante se estremece,
cubriendo a sus oídos permanece
con esas manos de apariencia mustia.
Escapa por el puente a su destino,
buscando hallar la paz y la armonía,
quiere encontrar la luz de un nuevo día,
para no convertirse en asesino.
Plasmado tiene el pecho de terrores,
pero una luz el alma le ilumina,
presiente que una beatitud divina
ha de llegar a brindarle sus favores.
Entonces de rodillas en la tierra,
sollozando se cubre los dolores,
y ruega que esos negros sinsabores,
acaben de una vez, junto a la guerra…
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-06-23 10:29:432025-06-26 15:55:37LOS SENTIMIENTOS – RELATOS Y POESIA -JUNIO
AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.
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· «Cada relato, un latido; cada cuento, un universo por descubrir.»
LA BICI ROJA METALIZADA
Miriam Alberganti / Argentina
Era una época de incertidumbre económica, y mi padre, como muchos otros, había invertido su dinero en una financiera que prometía tasas altas de interés. Sin embargo, como suele suceder, la financiera se fundió, y los ahorristas perdieron todos sus ahorros. Mi padre se sintió decepcionado y frustrado, pero no se rindió. Cuando se enteró de que los ahorristas podían retirar mercaderías como compensación, supo exactamente qué hacer. Se fue a la tienda y retiró una bicicleta que había llamado su atención. Era una bicicleta impresionante, con rodado 28, gomas con banda blanca, guardabarros cortitos y cromados, y un color rojo metalizado que brillaba bajo la luz del sol. Cuando la vi, me emocioné mucho. Tenía 14 años, y era la primera bicicleta del barrio.
Mis amigos se sorprendieron al verla, y yo me sentí orgulloso de ser su dueño. Sin embargo, en esa época, no era común que los estudiantes de secundaria o facultad fueran a la escuela en bicicleta, así que tuve que seguir corriendo el tranvía para no llegar tarde. A pesar de eso, la bicicleta se convirtió en mi compañera de aventuras. La montaba por la cuadra y sus alrededores, sintiendo el viento en mi cara y la libertad en mi corazón. La bicicleta roja metalizada se convirtió en un símbolo de alegría y esperanza en un momento de incertidumbre. Y aunque la financiera se había fundido, mi padre había encontrado una forma de transformar un hecho desgraciado en un motivo de alegría. La bicicleta roja metalizada se convirtió en un recuerdo que siempre atesoraré, un recordatorio de que incluso en los momentos más difíciles, siempre hay esperanza y alegría que puede surgir.
VIVIR ETERNAMENTE
Magi Balsells / España
¿Me gustaría vivir eternamente?
Esta pregunta lleva mucho tiempo rondando por mi mente, tiene una serie de razones para decir que si y muchas mas para negar esta posibilidad
En la primera cuestión, no dejaría de ser hermoso ver los adelantos que cada día se van produciendo, en todas las facetas de la vida, ampliar mucho más los conocimientos que en este momento poseo, conocer muchas más personas y poder compartir con ellos mis experiencias acumuladas durante todo mi existencia, seria algo maravilloso,
Pero pasemos a la segunda opción:
Envejecer mucho mas de lo que ya estoy, ir perdiendo las facultades de todo tipo, convirtiéndome en un ser solo merecedor de estudio por la medicina, ya que les gustaría a los científicos saber el porque de mi larga y eterna vida, o sea de hospital en hospital y de prueba en prueba. Perder a todos los familiares, y a las personas amadas eso creo que si debe ser muy duro. No conseguir amigos ya que al ser eterno nadie querría compartir su vida con la mía, no estar a la altura de las nuevas técnicas ya que mi mente no seria capaz de asimilarlas. Vivir los horrores que podían producirse como la miseria, las guerras, las catástrofes naturales, las nuevas enfermedades; aunque no me afectaran directamente por mi condición de eterno, pero si que serian un sufrimiento verlas padecer a los demás
Creo que después de una serena reflexión, lo mejor es tener vida como persona normal, con mis años, dudas y achaques y solo esperar el desenlace final.
SOBRE RUEDAS
María Elena Camba / Argentina
El portero sonó en casa insistentemente. Mamá fue a la cocina y lo atendió. -Chicos, dejen lo que están haciendo y vengan, papá quiere mostrarnos algo. Nos lanzamos siete pisos por la escalera, Mamá fue con Laurita por el ascensor. Pablo llegó primero pero tuvo que esperar a que abrieran la puerta de calle. Nunca me voy a olvidar de la cara de mi viejo, siempre fue un tipo muy serio pero esa vez estaba ancho, con su sonrisa de fiesta., mostrando la sorpresa que nos tenía preparada. Y allí en la vereda, con las puertas abiertas, nuestro futuro compañero de viajes. Parecía un bote, tan largo y amplio. Entramos los cinco, si hasta sobraba un espacio para alguien más.
Dicen que los autos se parecen a los dueños, o los dueños eligen el auto que más se identifica con ellos. Y así era el Valiant 3, su primer auto 0 km, de líneas elegantes, color beige, sobrio, con ventanas grandes. Igual a mi viejo, siempre de traje, a lo sumo los domingos un pantalón de vestir y una camisa. Discreto y clásico . Partimos a dar una vuelta por el viejo Palermo con sus calles empedradas que se resistìan al andar tan descansado de esas ruedas recién estrenadas. El ronroneo del motor era suave, casi imperceptible. Mi añorado barrio de casas bajas, con algunos pocos edificios que comenzaban a quebrar la fisonomía de ese Palermo que se resistía a cambiar su identidad. Con sus calles tamizadas por el violáceo de los jacarandás, que cubrían no sólo las copas de los árboles sino también las veredas con una alfombra aterciopelada. A partir de ese día, todos los domingos papá nos llevaba a dar una vuelta a toda la familia.
Ese primer paseo fue el comienzo de un sinfín de aventuras. Viajes a la costa, cuando la Ruta 2 todavía no era autopista y los autos venían de contramano y había que esquivarlos e irse a la banquina para no morir arrollados. Cuando no había aire acondicionado y el calor subía por los pies y penetraba todo el cuerpo. Cuando poníamos parasoles en las ventanillas y los que no las tenían se conformaban con algún toallón o remera trabado en la ventana para amortiguar el sofocón de la ruta. No usábamos cinturón de seguridad y nos trepábamos a la luneta como si fuera un asiento más.. Jugábamos al truco, a la generala y al tuti fruti. La imaginación corría inventando historias. .. Las horas se alargaban, parábamos para almorzar en alguna estación de servicio y mi padre se echaba una siesta bajo un árbol. El viaje a la costa era largo. Pero para nosotros era una fiesta. Vacaciones en familia, arena y mar. Nos esperaban las olas para saltarlas de la mano o barrenarlas en tablas de madera. Carpa o sombrilla, de acuerdo a los vaivenes de la economía familiar, pero siempre juntos en la playa. Tejo, pelota paleta, unos sándwiches de almuerzo y a la tarde regresábamos en el auto al hotel. La batalla naval, el ahorcado o el tinenti nos arrancaban risas y peleas a la hora de la siesta.
Después el Valiant comenzó a hacer recorridos más extensos. Las sierras asomaban en el horizonte cuando llegábamos a la ciudad de Córdoba. Siempre nos perdíamos en la famosa cañada y mi padre detenía el auto para preguntar cómo seguir. Porque no había GPS ni celulares que nos indicaran el camino. En las sierras comencé mis aventuras sobre ruedas. Papá nos llevaba a un camino de tierra y me cedía el asiento del conductor. Apenas llegaba a ver por el parabrisas y el volante se resistía a mis pequeñas manos. Tenía 14 años y mi hermano 19. El auto rugía mientras apretábamos el acelerador e intentábamos pelear con la palanca de cambios para meter la primera. El viejo contenía sus nervios y arrancábamos hacia la dimensión desconocida. Una o dos horas de piruetas al volante y el Valiant volvía lleno de tierra a la casa. En esa época aprendí también a andar a caballo. Primero con montura y al paso o trote. Las siguientes vacaciones en pelo y al galope. Mi madre disfrutaba vernos.. Años de tortas fritas, campeonatos de bochas y truco, jugábamos a las escondidas por la noche en los jardines del hotel. Años de adolescencia, los primeros asaltos. El famoso patapata de Miriam Makiba. Y el primer beso. El novio de vacaciones. La primera despedida. El primer llanto por amor. Pablo, mi hermano, ya manejaba el Valiant 3 y nos llevaba al cine a la noche. Dos pelis con intervalo en el medio. Y un cine de pueblo donde la película de golpe se cortaba y comenzaban los silbatos hasta que volvía en medio de risas y aplausos.
Y el Valiant 3 siempre esperando en la puerta del cine nos llevaba de vuelta a toda la banda. 9 o 10,metidos en el auto. Y mi viejo durmiendo tranquilo sin sospechar nuestras andanzas. Pero un día se anunció la tormenta. Dejamos el auto estacionado en el medio de otros dos y entramos en el cine. Cuando salimos ya eran las 12 de la noche. Buscamos el auto pero no lo encontramos. A unos 50 metros de la puerta del cine había un grupo de gente amontonada, fuimos a ver qué pasaba y vimos nuestro auto en medio del jardín de una casa. Nuestras caras de asombro y susto sin explicarnos qué había pasado. ¿Nos habían robado el auto? Hasta que mi hermano gritó –¡Me olvidé de poner el freno de mano! ¿Qué había pasado entonces? Cuando el auto de adelante se fue, la calle en bajada hizo que el Valiant se deslizara, tirara la pirca de la casa, aplastara una moto y terminara su viaje en el parque. Toda la trompa abollada, rayones por todos lados. El auto fantasma se hizo famoso. Sin conductor había hecho destrozos que, por suerte, no provocaron daños mayores. Mi hermano fue hasta casa y trajo a mi padre. Esa noche no pegamos un ojo. Papá furioso nos retaba, hasta se le cayeron unas lágrimas de la impotencia. El auto en el taller por muchos días y los gastos de reparar todos los daños causados. Pasamos a ser los dueños del auto fantasma para todo el pueblo. Mi hermano estuvo muchos meses sin poder usarlo y las clases de manejo terminaron abruptamente. Pero las vacaciones siguientes papá ya había olvidado el asunto y nos volvió a prestar el auto, esta vez para excursiones por las sierras. Partíamos en el Valiant un grupete y otros dos autos, un Mehari y un Peugeot. Todos a la aventura por los caminos serranos de ripio. Dejábamos los autos y trepábamos como cabritas por las sierras hasta bajar a un arroyo, o a las playas de arena de algún río. Ya el auto estaba más baqueteado y la suspensión acusaba tantos kilómetros de aventuras. Pero nunca fallaba y derrapaba en tercera en las curvas y nuestros gritos y risas inconscientes festejaban la cercanía al precipicio. Una tarde, cuando comenzaba a caer el sol y regresábamos al pueblo, se escuchó un ruido fuerte debajo del auto. Era el carter que había raspado contra una piedra. Vimos que perdía líquido por abajo. No sabíamos qué hacer, hasta que a uno de los chicos se le ocurrió. -Masquen todos chicle, hagamos una bola y peguémosla como tapón. Y así fue que logramos llegar a la puerta de la casa, cuando ya se hacía de noche y las primeras estrellas comenzaban a asomar.
Tantos recuerdos imborrables se agolpan en mi mente mientras contemplo la foto desteñida de mi auto preferido, compañero de adolescencia, el que soportó mis primeros pasos como conductora. Testigo de un mundo en extinción, cuando los autos no se cambiaban de modelo como la ropa, cuando las cosas tenían su valor emotivo, Por eso costó tanto tomar la decisión de desprendernos de él a la muerte de papá.. Quedó arrumbado en el garaje de casa. Hasta que un día decidí que abandonarlo de ese modo era negar la historia tan linda que tuvimos. Llamé a un mecánico especialista en autos antiguos. Le pedí que lo arreglara, lo quería impecable. Se lo llevó a su taller. Todas las semanas pasaba a verlo. En tres meses estuvo listo. Cuando lo fui a buscar me senté al volante y los recuerdos se agolparon como un flash mientras lo manejaba. Ahora lo saco todos los domingos a dar vueltas por la Av. Libertador. A veces me gritan desde algún auto, felicitándome .¡Qué nave! Me hice socia de un Club de autos antiguos. Cada tanto participamos de travesías y hasta nos vestimos con ropa de época. Sé que es una manera de estar más cerca de mi viejo y también de esa chica adolescente que esperaba el fin de semana como una fiesta para salir a pasear y escuchaba a todo volumen en la radio del auto Sui Generis con toda la banda de amigos. Me vuelve el olor a espinillo, a lavanda y retama de las sierras y la voz de mi viejo que dice: – No vuelvan tarde chicos, a las 2 a más tardar los espero en casa.
TOMY, EL NIÑO VENDEDOR
Libia B. Carciofetti / Argentina
Llamaron a mi puerta. Miré por la ventana. Solo vi un cajón desvencijado con “artículos de limpieza” en envases de gaseosas. Me acerqué y, medio escondido, apareció un niño de unos diez años.
—¿Por qué te escondes? —pregunté.
—Porque la mayoría, cuando ven que soy chico, piensan que vengo a pedir y no se acercan. Pero no… yo vengo a vender, para ayudar a mi mami y a mis cuatro hermanos más pequeños.
Su voz era firme, pero en su mirada había algo de súplica.
—Vamos a un comedor al mediodía, pero hasta el otro día tenemos que aguantar el hambre —continuó—. Mi mami vende bolsas de consorcio, y el dueño me da esto: detergente, lavandina, desodorante, jabón líquido…
Observé los envases y su pequeña figura detrás del cajón. Yo, que siempre compro productos de primera marca, miraba lo que él ofrecía y sentía en su gesto la esperanza de una venta.
—Bueno, dame un litro de cada cosa —le dije—. Te traeré mis envases para que los rellenes.
—Ok —respondió.
Sonreí.
—¡Ah! Sabes inglés, como mi nieto.
Se rió.
—¿Cómo se llama su nieto?
—Tomás, pero le decimos Tomy.
Su cara se iluminó.
—¡Oia! Como yo.
Lo miré y mi corazón de abuela y madre se encogió. Pensé en mi Tomy, que no tiene que salir a ganarse el pan porque tiene una familia que lo sostiene, que se lava las manos con agua y jabón a cada rato.
Antes de que la emoción me hiciera llorar frente a él, le pagué. Vi su manito perdida revolviendo su bolsillo, buscando el vuelto.
—Quédatelo —le dije—. Compra golosinas si quieres.
—¡Uh! Es mucho.
—No creas… todo está caro.
—Sí, eso dice mi mami.
Se apresuró.
—Me voy, porque me van a cerrar el comedor.
—Chau, doñita.
—Chau, Tomy. No te doy un beso porque debemos guardar distancia, y además tenemos barbijo. Cuando llegues, lávate bien las manos con agua y jabón.
—Sí. Mire, recién una señora me regaló alcohol en gel nuevecito, sin abrir.
—Que Dios bendiga a esa señora también.
Lo vi alejarse.
—Ven la semana que viene. Tengo echarpes tejidos por mi mami, que se llamaba Violeta. Desde el cielo, estará contenta de ver que los usarán para cubrirse del frío.
Tomy se alejó por la calle, dándose vuelta y saludando con su manito. Y mitad de mi corazón se fue caminando con él, rogando en silencio por todos los niños herederos del Reino de los Cielos.
LOS NIÑOS DE SIRIA
Carlos González Saavedra / Argentina
Soy Roy Mitchel, trabajo hace mas de treinta años como fotógrafo profesional. El diario me envió a Alepo un día antes que empezaran otra vez, a bombardear. Compartí en las afueras, si así, se puede llamar, en una ciudad destruida, un lugar con una habitación y un baño, juntos a dos colegas. Periodistas, un Español Alfredo Espinosa y un Alemán Helmut Bachman. Instalados donde dormíamos como podíamos. La habitación de tres por dos. El baño muy precario. No podía ser de otra manera. Al día siguiente, una camioneta Toyota, con tres soldados en la caja pertrechados nos traslada al Noroeste , para estar mas protegidos, pero las imágenes de espanto anularon mi sensibilidad. No podía ser sensible, debía ser fuerte y sobrevivir. Tenia experiencia en mi vida pero esta no me la esperaba. Tome fotos ,muchas de lo que pasaba, estuve en hospitales, recién bombardeados, calles intransitables niños y enfermos desplazados junto con la población civil. Horror de una guerra por el poder, nada mas. Escuche a un dirigente político decir: -¿Porque usar suelo Sirio, para pelear? Ni siquiera había tiempo de contestar.
Estaba desbastado, no encontré la belleza en ninguna de mis fotos. Ninguna mirada compasiva , solo preguntas o súplicas. Nunca me imaginaba un alemán llorando, esa noche después de un día terrible, Helmut lloró, como un chico, desconsoladamente. Sus manos temblaban tanto que no podía escribir. Solo puso de título “Esto es lo que pasa en Alepo” Alfredo con mas años, hizo una nota a un anciano refugiado en un rinconcito, debajo de un techito, absolutamente vulnerable. Aseguraba:-Acá nada me va a pasar, así los dispuso Alá. Su deseo, era su única esperanza. Por mi parte había mandado imágenes por demás del horror en un solo día. Era muy difícil encontrar algo positivo, esperanzador. Miraba a los niños los mas perjudicados, los que sufren, los que piden ayuda. Como fotógrafo profesional tenia la obligación conmigo mismo de mostrar algo que llevara una ilusión una mirada de amor. Mi hermana directora de una editorial en Vancouver, me pedía fotografías, aunque sea una, de los lugares que me mandaba el diario.-Tiene que ser esperanzadora, sino no mandes nada. Me admiraba por eso me exigía Entre los escombros encontré tres hermanitos que al verme, vinieron corriendo. Uno de ellos, el mas chico, muy simpático, reía siempre. Vivía esa vida como una aventura. Sus hermanas entre risas preguntaban si las adoptaría. Me dejaban sin palabras. Mi silencio me abrumaba. Pude mandarle a mi hermana una foto que lo decía todo.: Una de las nenas con su mirada ¿preguntaba por que? Otra un poco mas seria, pero no tanto aseguraba:-¿Me vas a adoptar, no?¡No tenemos familia! El mas sonriente nada me pedía solo con su mirada me lo decía todo:-¡Todo estará bien! no te preocupes. Solo le faltaba guiñarme un ojo. Así lo pensé, así me lo mostró su corazón ¡Así me enseño a vivir! Por su parte mi hermana en la revista de Vancouver puso la foto de ellos diciendo: “No hay espanto que pueda, con la mirada esperanzadora de un niño”
¿QUÉ ES REZAR ?
Elspeth Gormley / España
Rezar es una conversación con lo intangible, un momento de calma donde el alma se recoge en sí misma. Es el instante en que, entre el ruido del mundo, encontramos un refugio interior.
Es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia.
Es un Padre Nuestro susurrado en tiempos de incertidumbre, una plegaria para encontrar respuestas, un refugio en la duda y un consuelo en la esperanza.
Rezar es tener memoria.
Es lo que precede al trabajo y lo que jamás lo suplanta.
Es lo único que nos queda cuando ya no podemos hacer más. Es el acto de compromiso de quien no tiene otro medio para ayudar, como cuando elevamos pensamientos por alguien que va a ser operado, y todo queda en manos de la ciencia y de la voluntad que rige el universo.
Rezar no siempre cambia los hechos, pero sí cambia a quien reza. Nunca es inútil, porque siempre conforta.
Rezar es decir rezaré por ti y también reza por mí. Es, por tanto, lo contrario a la vanidad.
Es aceptar nuestras limitaciones. Aprender a resignarnos cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor, aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad.
Es buscar fuerzas cuando parece que no quedan.
Rezar es un acto de fe, pero no solo fe religiosa, sino fe en la vida, en las personas, en los que amamos, en los caminos inciertos que recorremos.
Es introspección en una era de exhibición. Es apagarse para encenderse desde dentro. Es encontrar un claro en la espesura.
Rezar es un placer oculto, un gesto que se reserva para la intimidad. Un acto que, cuando se comparte, se hace desde la confianza absoluta.
Es una declaración de amor por quien tienes en tus pensamientos. Derramar tu cariño sobre los que más quieres y sentir el cariño de quienes piensan en ti.
Es estar en las oraciones de alguien más, que es mucho más que estar solo en su memoria.
Rezar es dar lo mejor de nuestro interior sin esperar nada a cambio. Es resistir cuando todo parece perdido. Es fragilidad y entereza.
Es, en el fondo, el eco de nuestra esperanza, la manifestación de nuestros deseos más profundos y la forma en que buscamos paz en medio del ruido de la vida.
Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor.
LA MALA SUERTE
Sandra B Romeo / Argentina
Todos los días la misma corrida para llegara a horario a la oficina. Una taza de café a las apuradas, el persistente sonido del paso del tiempo en el reloj…
Aurora, la jefa de personal, es todo lo contrario de lo que su nombre indicaría, por lo menos para mí. Nada de auroras boreales o amaneceres rosados y traslúcidos reflejándose en la arena húmeda. Esta Aurora es mas bien un ocaso gris y perverso que se ríe y se agranda con la huida de la luz adentrándose sutil y definitivamente en nuestros huesos antes de cerrar los ojos cada noche. Yo estoy convencida de que Aurora me persigue, que cuestiona todos mis rostros y mis rastros. Nada de lo mío la persuade. Para ella no soy una buena persona.
Ahora recuerdo, mientras me zarandeo en el subte, (debe ser este zarandeo el que trae los recuerdos) que trabajando de noche atendí más de tres o cuatro veces el teléfono para toparme con las bromas de mis compañeros sector enfermería, (mis anteojos supongo), entonces a la quinta vez del timbrar tomo el auricular hago acopio de la valentía de mis ancestros y antes de que nadie hable grito: —¡culo!
Silencio total del otro lado de la línea hasta que la voz de Aurora amaneciendo de su estupor grita preguntando: —pero ¿usted sabe con quién está hablando? Yo jugada contesto: —¿Y usted…? —¡No! —grita ella —¡Menos mal! —y corto la línea dejando vilmente la oficina por la puerta trasera, olvidando en ella todas mis pertenencias a las que, por un tema de terapia, rotulo y marco con mi nombre y Nº de documento (¿miedo a morirme en la calle y quedar como NN? ¿miedo a morirme sola que intento atrapar mi identidad? ¿mi identidad se escapa, se esconde?.¡Ay Señor, cuantos interrogantes!.
Bueno, resultado de lo antedicho, suspensión y publicación en el Boletín interno de lo sucedido. El escarnio fue tal que ni las permanentes y extensas llamadas de Jerónimo lograron que tuviera la fuerza necesaria para presentarme el día que correspondía. Lo hice, pero sin fuerzas. ¿Qué puedo decir de Jerónimo? Es el justiciero del Archivo del hospital en que trabajo.
Espacio ínfimo si se quiere para el accionar de un justiciero, sin embargo parece el espacio justo en que cabe la justicia, (siempre me pareció que no era mucho). Jerónimo es de esos seres que aquietan el alma. Grandote y amplio, es como esos paredones en donde de chicos te refugias del sol de verano. O donde van a dar todas las pelotas que se patean a la hora de la siesta. Fresco, protector, así es Jerónimo. A él las auroras ni le pintan. Por eso lo admiro. Por eso y porque pasa de mis anteojos.
El barquinazo del coche seis línea C remonta otro recuerdo. Fiesta inaugural de la sala de máquinas del hospital. Aurora, toda de rosa y tiñéndose ya de violeta luego de la sidra y los canapés enhebra astutamente un discurso que le vale los aplausos de la concurrencia que, a la vista de los platos ya vacíos, va girando como en bloque hacia la salida.
Aurora se cruza en mi camino voluptuosamente perfumada. Perfume…(¿les dije que soy alergiosa?), estornudo fatal y moco enorme que aterriza en la solapa del trajecito de la jefa de personal.
Mis manos y pañuelo tratando de restañar el daño ya irreversible porque en la buena intención desparramé aún más el moco con mi entrañable torpeza, de modo tal que el mismo ya desbordaba la solapa hacia el voluminoso pecho de Aurora. Manos grandes, manos tiernas y solícitas de Jerónimo con servilletas de papel (muchas, el moco era grande), ajustándose a los senos de una Aurora que ya tirando al borravino me encendió con una mirada glacial. Ahí no hubo suspensión, sólo cerco de silencio durante diez días, término en el que la anécdota, contada y recontada por mis compañeros sección morgue, tardó en dar la vuelta al hospital. Y Jerónimo hablándome al oído, contándome «que ahí no podía hacer nada, que no era cosa de injusticia sino de mala suerte piba». Le creí. ¡Cómo no voy a creer en la mala suerte si me llamo Aurora!
EL RAYO DE LUNA
María Sánchez Fernández / España
Un rayo de luna se escapó del cielo y atravesó las negras aguas del mar. Era como un cuchillo cortante que a su paso dejara una herida abierta de intensa luz plateada. Ahondó tanto y tanto que llegó a profundidades insospechadas por él. Allá, en aquel fondo, advirtió que todos los habitantes de las aguas dormían. Escudriñó curioso, y vio qué diferente era aquel mundo del suyo. Él conocía los espacios abiertos en donde sus amigas, las estrellas, titilaban y, a veces, también se escapaban en vertiginosa carrera hacia el infinito. También conocía las exuberancias de la tierra pero… el misterio del mar; no.
Se movía de acá para allá despertando con su luz a miles de seres asustados que huían despavoridos de aquella extraña presencia. Vio un inmenso coral que movía unos brazos blanquecinos y rojos en los que había prendidos jirones de algas flotantes. Una enorme raya se detuvo, curiosa, a mirarlo para después seguir su camino.
El rayo de luna estaba fascinado, pero también un poco aturdido, él no quería despertar el pánico entre aquellos seres fantásticos, sólo quería conocerlos y ser amigo de todos. Con infinita delicadeza rozó la cola de un gran pez espada que se hallaba dormido en una oquedad de la roca. Éste se despertó y, algo asustado, se dispuso a atacar, pero vio que ante él no había enemigo alguno sino algo sin cuerpo cuya presencia era muy agradable.
El pez espada preguntó:
— ¿Quien eres tú, que nunca te vi?
— Soy un rayo de luna.
–¿Y qué es un rayo de luna? No puedo tocarte pero a través de ti puedo ver cuanto hay cerca de mí.
Y el rayo de luna sonriendo con su luz más blanca dijo:
— Tengo miles de hermanos y somos hijos de un cuerpo del cielo al que llaman Luna. Esta noche quise escaparme en solitario y visitar tu mundo.
Entonces el pez espada respondió:
— Eres mi huésped, ven conmigo y te lo mostraré.
Y visitaron, a través de las aguas que iban iluminando a su paso, los más bellos parajes que nunca hubiera imaginado aquel visitante que venía del espacio. Montañas vestidas de algas que, en el silencio submarino, parecían ser los fantasmas de aquellas otras montañas alfombradas de pinos verdes y empapadas de rumores que llenaban la tierra y que él conocía tan bien. Estas montañas del mar acogían, en infinitas cuevas, a miles de peces que en ellas buscaban seguridad y refugio. Moluscos de todos los tamaños se adherían a las rocas abriendo sus conchas rosadas y mostrando en su interior una masa blanduzca que se movía perezosamente acechando alguna presa, y cuando ésta se acercaba ¡zas!, se cerraba herméticamente para engullirla en su interior.
El pez espada seguía avanzando abriéndose paso entre las aguas con su gran trompa puntiaguda, y el rayo de luna le seguía fascinado envolviéndolo con su manto de luz. Un banco de pececillos rojos pasó ante ellos haciendo cronométricos zigzagueos, y un gigantesco pulpo extendía sus abotonados brazos queriendo tocar aquel extraño visitante que se movía entre los personajes marinos.
–Me gusta tu mundo.– Dijo el rayo de luna–. ¿Podrías invitar a mis hermanos?
Y el pez espada respondió:
–Puedes llamarlos ahora mismo, mientras las aguas sean negras. Después se volverán azules y vuestra tenue luz se perdería en ellas
Y el rayo de luna llamó a sus hermanos con su magnetismo cargado de magia, y al momento todos acudieron en tropel, y con gran algarabía de risas de plata invadieron las negras profundidades.
¡Qué orgía de luz y de colores explosionó en el fondo del mar! Rivalizaban el capricho y la originalidad en la forma de todos sus moradores. Peces alargados, redondos, achatados, de figura esférica o triangular, con ojos enormes y gráciles aletas; otros de cuerpos pequeños y grandes tentáculos; preciosos moluscos de las más variadas formas…, y tantos y tantos colores…, infinidad de colores rivalizaban por su propio protagonismo.
Las aguas se ondulaban vestidas de transparente blancura con el ir y venir de sus millones de habitantes.
La gran fiesta comenzó y todos danzaron con loco frenesí. Grupos de peces dorados trazaban círculos perfectos en torno a una gran masa de coral que alargaba sus ramificaciones rojizas como queriendo alcanzar aquella maravillosa luz que todo lo envolvía. Otros grupos de peces –siempre en perfecta formación y vestidos con la más exquisita originalidad−, abrían sus salientes bocas cantando burbujas. Un grupo de delfines se sumó al regocijo del momento emitiendo alegres sonidos que acompañaban a una diminuta orquesta formada por caballitos de mar y por oscuras ostras que abrían y cerraban sus conchas con perfecto ritmo, mostrando su intimidad nacarada. Un gran tiburón cruzó rápidamente, sin detenerse, tendría prisa por resolver algún asunto urgente.
La fiesta estaba en su punto culminante. La alegría rebosaba más allá de lo imaginable. Los rayos de luna reían y reían, y las aguas del mar nocturno –antes negras y quietas−, se movían alborozadas en sus ondas profundas y blancas.
De pronto, nuestro rayo de luna dejó de reír y prestó atención. Más tarde dijo:
–Hermanos, nos llaman desde arriba. Nuestra madre, la Luna, se retira. Ya baja por el cielo en busca del horizonte.
Todos se unieron en un inmenso haz de luz, y diciendo adiós a sus amigos salieron del mar y ascendieron a la altura mezclándose con los claros rosados del alba.
https://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.png00le-administradorhttps://letrashispanasporelmundo.com/wp-content/uploads/2015/07/logo-web.pngle-administrador2025-06-23 10:28:332025-06-26 15:56:07CUENTOS Y RELATOS – JUNIO
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CRÓNICAS Y ENSAYOS- JULIO
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«Cada instante es un país vivido, cada palabra, una frontera cruzada.«
EL SEÑOR DE LOS ANILLOS- ENSAYO
Luz Fontana / Italia
Los libros de El Señor de los Anillos, escritos por J.R.R. Tolkien, no son sólo novelas de aventuras. Son una declaración profunda sobre la amistad, el poder, la corrupción, y la resiliencia frente a la oscuridad. Aunque muchas personas ,conocen la historia a través de las películas, leer los libros despierta una experiencia distinta, más íntima y reveladora.
El texto que respira profundidad
Tolkien, filólogo apasionado, construye no solo una historia sino un universo: con idiomas propios, mitologías, mapas, genealogías y leyendas. La Tierra Media no es escenario sino protagonista. Cada página contiene capas de significado, desde lo épico hasta lo contemplativo.
Leer la trilogía –La Comunidad del Anillo, Las Dos Torres y El Retorno del Rey-, permite descubrir matices que el cine no puede capturar: el pensamiento de Frodo, los silencios de Sam, la lucha interna de Gollum, o la nobleza casi mística de Aragorn. La voz narrativa de Tolkien, serena y elegante, transporta con un ritmo que es más lento que el cine, pero más envolvente.
El poder del anillo como metáfora
El Anillo Único representa mucho más que un objeto mágico: es un símbolo de poder absoluto, capaz de corromper incluso al más puro. Tolkien, que vivió las dos guerras mundiales, entendía cómo el poder sin límite podía desfigurar lo humano. La caída de Saruman, el tormento de Boromir, y el sufrimiento de Frodo son reflejos de esta tensión universal.
Naturaleza, nostalgia y lo perdido
Uno de los aspectos más emotivos del libro es la presencia constante de la naturaleza. Los Ents, los bosques antiguos, el Shire… todo habla de una nostalgia por lo que fue, por los espacios que se pierden ante el avance de la guerra y el dominio. Tolkien parece susurrarnos: “la belleza está en lo sencillo, y no debemos olvidarla”.
La luz que resiste
Más allá de batallas épicas y caminatas eternas, El Señor de los Anillos es un canto a la esperanza. A la bondad silenciosa que cambia el mundo. Frodo no vence por fuerza, sino por perseverancia; Sam no brilla por estrategia, sino por amor. Es esa luz interior la que sostiene la historia, y tal vez por eso, sigue tocando corazones en todos los hemisferios.
ENTRADA RESTRINGIDA
Leila Guerriero / España
Si la Iglesia Católica ha perdido miles de fieles, ¿no convendría confiar en la posibilidad de que un curioso entrara, fuera tocado por el rayo de la fe y se transformara en devoto?
Estaba hace poco en Palma de Mallorca. Salí a caminar. Llegué a una iglesia. En la entrada había dos carteles con la señal de “Prohibido el paso”, y la frase: “Entrada restringida. Solo para quienes acudan a misa”. Aunque no tengo fe, me interesa la fe de los otros: entro a las iglesias, escucho los rezos, observo la devoción. Pero ese cartel era un freno a mi curiosidad irrespetuosa, así que me fui. Supuse que estarían hartos de la irrupción de turistas sacando fotos como si aquello fuera un zoológico y no un sitio de recogimiento, pero me pregunté cómo confirmarían que alguien efectivamente entraba para asistir a la misa y no para curiosear. ¿Exigirían el recitado del Credo, someterían al paseante a un múltiple choice de contenido religioso? En todo caso, me pareció que el cartel era publicidad en contra. Si la Iglesia Católica ha perdido miles de fieles, ¿no convendría confiar en la posibilidad de que un curioso entrara, fuera tocado por el rayo de la fe y se transformara en devoto? Después de todo, los católicos creen en cosas más extrañas, como la santísima trinidad o el embarazo de una virgen. Mientras caminaba, imaginé el consultorio de un psicoanalista en cuya puerta se leyera “Entrada restringida. Solo para pacientes interesantes”. ¿Y la posibilidad de toparse con lo impredecible, de descubrir que nos gusta mucho aquello que pensábamos que no? El cartel, además, contradecía la idea de acogida que promueve la Iglesia arrojando el mensaje opuesto: estamos encantados con nosotros mismos, no necesitamos a nadie más. Al día siguiente, un señor con quien comenté el asunto me explicó que ese cartel está allí ―y en muchas otras iglesias― para impedir que la gente entre gratis: “Si hay misa, no se puede cobrar la visita. Les da igual lo de la fe. Lo que quieren es que pagues”. Así fue como todas mis disquisiciones me parecieron cándidas y nobles comparadas con las maniobras financieras de la Empresa de Dios.
MEMORIA EN TRÁNSITO. ENTRE ACRÓPOLIS Y NILO
Elspeth Gormley / España
Corría el año 1987. Cinco noches sobre aguas mediterráneas en un ferry que se balanceaba entre sueños, charlas y el rumor persistente del mar. La parada en El Pireo no fue solo un descanso: fue una respiración de historia, un paseo por Atenas con la Acrópolis asomando majestuosa, incluso envuelta en andamios, como una diosa en plena renovación. Desde el monte Licabeto, la ciudad brillaba como un mapa estrellado. Pero el viaje no había hecho más que empezar
Aquel paseo no era sólo turismo: era un rito silencioso de encuentro con lo ancestral. Cada piedra parecía querer contar su versión de la historia, y nosotros escuchábamos sin saber que ese asombro sería apenas la primera página del viaje.
En ese momento estaba en obras, pero no por eso dejaba de ser increíblemente majestuosa. La Acrópolis es una antigua ciudadela fortificada situada en lo alto de Atenas. Considerada la cuna de la civilización occidental y símbolo de la democracia, su nombre significa “ciudad alta” en griego. El conjunto arquitectónico incluye el Partenón, el Erecteión, el Templo de Atenea Niké, los Propileos y el Odeón de Herodes Ático.
Después de la visita, fuimos a comer al monte Licabeto. La vista desde el restaurante era bellísima: se podía contemplar todo Atenas extendido como un mapa luminoso.
Regresamos al barco… y dos días más tarde llegamos a Egipto.
Desde la cubierta, mientras el sol comenzaba a pintar de dorado las aguas, la policía egipcia subía al ferry. Miraban los pasaportes, los sellaban, y explicaban a los turistas cómo debían proceder con las compras, el cambio de moneda, y algunas normas de comportamiento.
Allí comenzaba otro viaje, distinto, profundo, envuelto en arena y misterio.
Luego de aquel desembarco en Alejandría, el aire olía a especias y mar. Mientras la policía egipcia revisaba pasaportes y daba instrucciones con gestos firmes y palabras casi ceremoniales, uno sentía que estaba a punto de entrar en otra dimensión -un país que no solo conserva ruinas, sino también secretos que no se han dicho-.
Alejandría y sus ecos Las calles eran un collage de carteles árabes, vendedores ambulantes y arquitectura desgastada por el salitre. El contraste entre las palmeras y los edificios coloniales nos hacía sentir como si el tiempo no se midiera en años, sino en capas. Visitamos la moderna Biblioteca Alejandrina, aún reciente en aquella época, y contemplamos el Mediterráneo como quien busca en él los libros perdidos de la Antigüedad.
El Cairo, ciudad de mil voces. Entre bocinazos, palomas, y niños correteando, El Cairo se desplegaba como un caos organizado. Subimos a la Ciudadela de Saladino, y desde allí la vista era infinita: mezquitas, barrios, humo, historia. Visitamos el Museo Egipcio, donde la máscara de Tutankamón nos miraba como si supiera más de nosotros que nosotros mismos.
Las Pirámides de Giza Ahí estaban. Inmutables. Gigantes. No hay foto ni documental que iguale el silencio que las rodea. El calor pegaba, los camellos pasaban sin apuro, y el viento traía arena con vocación de eternidad. Nos sentamos frente a la Esfinge y alguien susurró: “Aquí no se viene a mirar, se viene a recordar”.
Navegar el Nilo Tomamos una faluca pequeña. El agua era oscura pero tranquila, como si guardara todas las historias. En la orilla, mujeres lavaban ropa, niños saludaban y el río seguía su curso sin mirar atrás. Esa tarde, escribí una frase en mi diario: “Viajar no es ir lejos, es volver distinta”.
Aquella noche, las luces de El Cairo se apagaban lentamente mientras el barco partía en silencio. Días después, regresamos a España. Pero yo ya no era la misma. Egipto me había tocado el alma —y algunas partes de mí todavía siguen allí, entre las aguas del Nilo y las piedras que susurran historia.
LITERATURA Y FICCIÓN
La confluencia entre realidad y ficción – El papel de la ficción en la literatura
Carlos Pérez de Villarreal / Argentina
2da Parte – Su importancia
Siendo una de las formas de locución artística, la literatura permite el desarrollo de una de las particularidades de la humanidad toda… el lenguaje. Y ha producido cambios sustanciales en la cultura y nuestra forma de pensar. La imaginación y la creatividad son nuevos elementos a ser tenidos en cuenta. No tenemos una clasificación de la misma, pero a grandes rasgos podemos decir que su tipología más frecuentes es: la oral, antigua, clásica, contemporánea, vanguardista, mística, romántica, de ciencia-ficción, realista, fantástica. En cuanto a los géneros modernos citamos: poesía, narrativa y dramaturgia.
Terry Eagleton (crítico literario británico nacido en 1943), a partir del texto denominado ¿Qué es la literatura?, introducción de su obra más conocida «Una introducción a la teoría literaria», supone que los cimientos de esta teoría deberían estar terminados, pero aún no se ha encontrado la respuesta. La cuestión origina una gran discusión y la solución está lejos de percibirse. Su conjetura es que a partir del Siglo XVII se comienzan a distinguir las obras literarias entre “hechos” y “ficción”. Pero esta teoría muestra temas en que los escritos afines con historias de esa época, dejan establecido perspectivas filosóficas que en la actualidad se leen como literarias o textos científicos-históricos. Tampoco es estimable diferenciar en algunas obras históricas, el uso de un lenguaje “novelístico” entre la “historia” y lo “artístico. Eagleton expresa que los formalistas rusos son importantes en la historia de la crítica. El término «formalismo ruso» designa un movimiento intelectual que marca el nacimiento de la teoría literaria y de la crítica literaria como disciplinas autónomas y que también tuvo su influencia en la evolución de los estudios lingüísticos. (1915 – 1916). Entre los principales investigadores del movimiento figuran Víktor Shklovski -considerado el padre del formalismo-, Borís Tomashevski, Yuri Tyniánov, Borís Eichenbaum, Vladímir Propp y Román Jakobson.
Desechan los conceptos sociológicos, políticos, o cualquier otra característica fuera de lo formal. Se vuelve un objeto de estudio científico, se analizan sus partes descubriendo la conformación de los textos. El “texto literario” se explicita en el lenguaje. Lo literario, entonces, usa figuras retóricas del pensamiento, logrando un efecto que va más allá del lenguaje mismo.
Pero, de acuerdo a quien reciba el mensaje, oraciones comunes u otros términos pueden considerarse textos literarios. A su vez las normas no se mantienen invariables, sino que cambian y lo literario se vuelve más confuso. Eagleton después de estas cuestiones, respalda una postura que defiende la manera que tiene cada persona de leer. No importa lo que el autor dice, sino lo que busca el lector. Cualquiera puede leer un texto informativo como literario y viceversa. Surge claramente que lo literario llama la atención sobre sí mismo. El discurso se hace “referente” (función poética de Jakobson). Se centra en el mensaje. Produce un efecto especial en el destinatario: goce, emoción, entusiasmo, etc.
El autor avanza en sus conceptos, para establecer que lo literario no es un cúmulo de matices de una obra determinada, sino la manera en que el lector se conecta con lo escrito. La literatura no tiene una naturaleza definitiva, solo es una construcción, una convención necesaria. No tiene un carácter real. No pasa por lo funcional, sino por lo que se considera “bien escrito”. Se centra en el conocimiento que tenemos en una época determinada. En consecuencia no se la puede estudiar como algo objetivo, ya que siempre la veremos desde nuestro enfoque personal.
La literatura está siempre en un proceso de “reescribirse”. Cada persona tiene una manera diferente de ver el mundo, por eso es imposible valorarlo en forma desinteresada. Estos valores se relacionan con la ideología, las maneras de percibirlo y creencias -tal vez inconscientes-, que entran en contacto con nosotros. Eagleton proclama que aunque la literatura no puede ser objetiva, tampoco es totalmente subjetiva porque los juicios de valor de los individuos son originados y formados en los grupos sociales dominantes, y con ello va implícito ese mismo pensamiento que transmiten. Fíjense la dicotomía de todos estos pensamientos.
Ficción
La palabra ficción deriva del latín fictus, que significa «inventado», derivado del verbo fingiere, «fingir». Y es el nombre que tiene el género opuesto a la «no-ficción» de las crónicas, ensayos y novelas, que se ciñen lo más fielmente posible a la realidad.
La ficción literaria, nos permite expresar con palabras, hechos no reales, donde los personajes forman una historia importante y particular de la misma Es la imaginación llevada al límite, donde cada uno de sus exponentes expresa una determinada historia, con las particularidades que le imprime cada escritor. ¿Qué buscamos cuando escribimos ficción…? que los lectores perciban la trama que escribimos, que incluye diversos elementos dentro de la historia, desarrollo de la acción y profundidad psicológica. Estimo que es un aspecto propio de nuestra especie, que muestra el grado de evolución que nos permitió acceder a complicados horizontes de formación social a través de lo imaginario. Así lo establece el Historiador Harari (Yuval Noah Harari es un historiador y escritor israelí de origen judeopolaco, profesor en la Universidad Hebrea de Jerusalén. Entre sus obras se encuentran Sapiens: De animales a dioses, Homo Deus: Breve historia del mañana y 21 lecciones para el siglo XXI)
Podríamos considerar que, aparte de la oralidad que deviene de tiempos primitivos, tenemos varios arquetipos principales de géneros de ficción: misterio, suspenso, ciencia ficción, romance y fantasía; y alguna de sus formas pueden ser: cuento, novela corta (nouvelle) y novela, sin soslayar la historieta, la cinematografía o incluso, el imaginario popular. ¿Acaso no tenemos leyendas urbanas? También nos cabe aseverar que de acuerdo al tipo de recursos estilísticos que usamos, podríamos hace una especie de categorización:
Fantástica: mundos donde todo es posible debido a la magia (hechicería, brujería), los fantasmas (espectros, apariciones), las fuerzas sobrenaturales, etc. Realista: intenta parecerse al mundo real. Ciencia Ficción: que originalmente fue tomado como un subgénero, pero que se ha convertido en esta contemporaneidad en una extrapolación del alegato científico.
La Ficción es inventada, necesitamos usar nuestra imaginación cuando la estamos escribiendo. Una historia de Ficción debe establecer su propio mundo, otorgarle la mejor decoración, ofrecer una credibilidad y coherencia, el proceso de la trama, la creación de personajes, el lenguaje y el desenlace de nuestra historia. Por ello decimos que todo cuento, novela corta o novela, debe tener un principio, un medio y un final y si este último es sorprendente, mejor. Cortázar, a quien le gustaba el boxeo, solía decir que una novela gana por puntos, mientras que un cuento gana por knock-out. El final debe girar 180 grados para darle esa etapa de suspicacia que sobrecoge al lector.
Por otro lado Antón Chéjov, explicaba su principio narrativo de la siguiente manera “Si en el primer acto has colgado una pistola en la pared, en el siguiente debes dispararla. De lo contrario, no la coloques allí.”
POESÍA
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«Donde se calla el ruido, comienza el verso —y la imagen respira poesía.«
NO ERES TÚ
Rocío Acebal Doval / España
No es la costumbre -ese taimado hito
de la muerte-. Tampoco
ir a las bodas sola o escapar
de un dormitorio ajeno los domingos;
menos aún hacer
la cena para dos y cenar uno.
No es ni siquiera
la espera solitaria en el dentista,
el ancho de la cama o este miedo
a no volver a amar -y ya es bastante-.
Porque no es el adiós,
ni la vida sin ti, ni tu recuerdo;
sino saber perdida
a esa mujer que fui cuando te amaba.
Cuando el amor se va, a veces no extrañamos a quien se fue…
sino a quien fuimos cuando lo amábamos. (Editora)
EN ESE LUGAR DEL ALMA
Inés Arribas (Nené) / Argentina
En ese lugar del alma
Donde reposan los sueños
Habita la poesía
De cuya magia me adueño
Ella alimenta mi cuerpo
Sacia la sed en garganta
nutre de ideas la mente
Y mis versos agiganta
Es sol calentando inviernos
Y alumbrándome los días
Es un faro de ilusión
Que dulcemente me guía
En ese rincón sagrado
Donde mi silencio anida
Es campana de cristal
Que va alegrando la vida
Y envolviéndome en sus sones
A expandirlos me convida
Quiera Dios que mi palabra
Sea de armonía y bonanza
Transmitiendo en el sentir
Un mensaje de esperanza
Hay rincones donde la poesía no visita
…habita. Y desde allí, multiplica la esperanza. (Editora)
LUNA
Magi Balsells / España
Luna lanza tus pálidos rayos, para la noche esconder
Sin calor, fríos como un tempano de blanco hielo
Así y todo iluminan tenuemente el cielo
Tan necesaria para esta oscuridad romper
Siempre mucho se ha escrito de ti
Palabras de amor muchas has sentido
Por esto te pido para mí
Este cariño que nunca he tenido
Luna, solo quiero ser amado
Ya que todo mi cariño doy
No quiero que mi amor sea olvidado
Por esto, ahora suplicándote estoy
Los antiguos te adoraban
Sus sabias razones tendrían
Cuando desaparecías temblaban
Alegres cuando tus rayos les sonreían
Por todo ello astro querido
Igual que el amor deseado
Quisiera que nunca me faltaran
Y ambos a mi no me olvidaran
Hay noches en que la luna no alumbra: simplemente escucha. (Editora)
LA MUJER Y SU FOTO.
Isidoro Barrera Molina / México
Caminaba aquella tarde
con su paso cadencioso
al ritmo su pelo hermoso
jugueteaba con el aire
al tiempo que de su bolso
caía una foto en la calle.
Con la foto entre mis dedos
seguí a la bella mujer
lo notó y quiso correr
como queriendo y no quiero
después me regresó a ver
y vi los ojos más bellos.
Su voz se escuchó agradable
cuando preguntó ¿Qué quiere?
darle esta foto que pierde
cuando de su bolso sale
de paso yo saludarle
y mi admiración presentarle.
Suave sonrisa y discreta
así mostró su elegancia
libre de toda arrogancia
toda una dama perfecta
suavemente dijo gracias
y se dió la media vuelta.
Solo me quedé pensando
en su perfecta celsitud
que con callada actitud
de mi se estaba alejando
y yo en mi total quietud
parado y nomás mirando.
Hay miradas que se guardan como fotos: sin marco, pero eternas. (Editora)
DESDE LA VENTANA IV
Inés Blanco (Luna de Abril) / Colombia
Una ráfaga de soledad
entró por la ventana;
traía aire fresco,
aromas, colores
y trinos muy cercanos.
Se apoderó en silencio
de todos los espacios;
con ojos de viento
recorrió mi estancia…
se detuvo ante el espejo.
La luz de la tarde
a gotas fue cayendo,
tan sutil y lenta como el rocío
que humedece los recuerdos
al paso de las horas.
Como un tropel
llegan a la mente
voces y juegos infantiles,
junto a la algarabía del perro
en procura de un juguete.
Aparecen por el tiempo
desteñidos: parques,
rodaderos y columpios;
abandonados cuadernos, tareas
y las campanas del recreo.
Se atraviesa entonces,
la juventud alborotada:
los bailes, coqueteos,
citas, cartas, poemas
y un vaso de ron con Coca-Cola.
Pasado el tiempo
y junto a la ventana;
aquí, de frente al espejo
se renuevan los años
sin borrarse los caminos.
Adentro se ha quedado todo:
lo bello, lo bueno, lo triste,
lo aprendido; junto a la alegría
de tener una ventana por donde
llega la noche y renace el día.
Desde la ventana, la memoria no envejece: sólo se hace más sabia. (Editora)
PLANES DE FUTURO
Rosa Berbel / España
Tenemos cuarenta años y un trabajo que odiamos
que nos hace pagar las facturas,
llegar a fin de mes,
tener eso que llaman dignidad
y que se siente igual que la tristeza.
Tenemos un trabajo y un piso en la playa,
pero ante el mar soñamos
un milagro:
nuestra ropa en la arena como entonces
y quedarnos así a la intemperie, uno
enfrente del otro,
con toda la extrañeza de los cuerpos desnudos,
con esta luz precaria,
con un amor que existe y no nos basta.
Tenemos cuarenta años y dos hijos que corren,
que gritan y que lloran
porque la arena está demasiado caliente,
porque nosotros discutimos,
porque no hay nada aquí que nos divierta.
Tenemos casa, hijos y demasiado miedo
a la muerte, a los contratos temporales,
como la gente normal, miedos
de gente feliz, miedos felices,
como este insomnio dulce de los días
antiguos o esta nostalgia común
y rutinaria.
Tenemos cuarenta años y un país que no nos nombra,
no cogemos aviones
porque hemos olvidado
cómo decir te quiero en otras lenguas,
la violencia del viaje,
cómo dormir tranquilos en hoteles lejanos
donde nadie nos llama por las noches.
Tenemos cuarenta años y una vida feliz
feliz sin contratiempos,
una vida segura,
equilibrada.
Pero después del amor, de la rutina,
la propiedad privada y el verano,
la realidad regresa
inconformista.
Hay vidas que parecen completas, pero todavía buscan un milagro. (Editora)
A JULIA
María Elena Camba / Argentina
Llegaste
Cuando ya no había
capacidad de asombro
Con tu mirada mansa azulada
cubriste con manto de ternura
la vida familiar
Trajiste alegría y esperanza ,
los días se volvieron luminosos ,
los amaneceres promesas.
Pude ver estrellas fugaces
en mi cielo niño otra vez.
Y la vida se volvió eterna
en tus blancas manitas.
Hay llegadas que no pisan la tierra, sino el alma. (Editora)
PAUSA Y SILENCIO ( SELAH)
Libia B. Carciofetti/ Argentina
Se hizo una pausa entre el ayer y el hoy, en la música de mi vida
Hasta que llegaste tú
e irrumpió otra melodía.
Llegaste como llegan las cosas que se creyeron perdidas…
Sin hacer ruido, en silencio
como el suave aire de una brisa.
El pentagrama no tenía notas, los espacios no las conocían.
La clave de sol a oscuras.
A mi música nadie la entendía.
Pero trajiste el acompañamiento de tu dulce sinfonía…
Y brotaron los arpegios
R
tomándome desprevenida.
Amor, que llegaste a tiempo
antes de que se acabe mi vida.
Convertiste en realidad
lo que yo solo en sueños veía.
Hoy interpretamos a dos manos la música y su poesía…
No pudiendo separarlas
porque son gemelas nacidas.
Hay silencios que no callan, sino que afinan la melodía donde renace el amor. (Editora)
EL ALCOHOL ES TU FAMILIA
Libia Carciofetti/ Argentina
Nuevamente te encontré
con la mirada extraviada,
una sombra obnubilada
que aún no descifro porqué.
Tuviste amor en la vida
hijos que ahora han crecido,
pero el vicio te ha vencido
y has perdido la partida.
Tus padres muy orgullosos
hablan de ti en todas partes.
Tú con amigos compartes
los deleites «venenosos».
¿Sabes? ¡Te estás suicidando!
Claramente ¡No te importa!
Tu necedad no soporta
ver que te estás quebrantando.
No te escondas, se valiente
Justo es DIOS pero perdona.
Tú serás nueva persona
si del vicio eres consciente.
Sufro de verte hecho harapos
piensa en quien te dio la vida;
en su alma sangra la herida
que no seca con guiñapos.
Como tú también hay hombres
que torcieron su destino
erraron el buen camino
vilipendiando sus nombres.
Hoy abrazan la esperanza
de empezar a ver la vida
como una nueva partida
y en ganar tienen confianza.
Cuando mires el futuro
y recuerdes tu pasado,
sabe que DIOS ha borrado
de tu historia el lado oscuro
TRASCENDENCIA
Enrique Fredy Díaz Castro / México
Trasciende en su mesiánica labor
aquel que al educar desborda afecto,
quien sólo ve virtudes, no defectos
e inculca por las letras el amor.
Combate la tristeza y el dolor,
moldeando con la metodología
renglones de tesón y de alegría
para sembrar la ciencia al alumnado
cosecha que los años habrán dado
frutos de bien a la ciudadanía.
Trasciende con su obra tan discreta
rompiendo paradigmas conformistas
que luego a la ignorancia dan la pista
si no hay una labor firme y concreta;
por eso no hay como fijarse metas
que logren derrotar a lo siniestro,
que nos enorgullezcan de lo nuestro
haciendo del alumno hombre de honores,
llevando una bandera de valores
forjada en la enseñanza de un maestro.
El maestro que enseña con el alma no busca aplausos, sino raíces que florezcan en otros. (Editora)
MIRA AL CIELO
Enrique Fredy Díaz Castro / México
No claves tus ojos en el cielo,
levanta la cara y mira al cielo,
no dobles la cerviz, no tengas miedo,
que el viento sea caricia y sea denuedo.
La vida un día se abrió para retarte,
poniéndote a la vera, desafíos.
El sol, la luna, el cerro, el ancho río
son forja en el criterio y el carácter.
Sé férreo cual la roca en la montaña,
ve seguro como el águila en el vuelo,
no ignores consejos de los abuelos,
y se noble en la lid desde la entraña.
Si el surco la planta se abre paso
y arraigada y valiente busca el agua,
como el remo que impulsa la piragua
desgarrando las redes del sargazo.
De ese modo tú debes ser constante,
separando lo malo de lo bueno,
no te exaltes, compórtate sereno,
analizando sin precipitarte.
Usan mil rostros el odio y engaño,
no te fíes de cualquiera al momento,
revisa los comerciales y gestos
sé cauteloso al pisar el peldaño.
Y no confundas con ser desconfiado
vivir aislado del resto del mundo,
hay en tu esencia potencial profundo
para rodearte del afecto honrado.
Recuerda que tus padres son el puerto
para zarpar y para guarecerte
cuando las tempestades sean fuertes,
ya pasarán para ir a mar abierto.
Escucha también del tiempo el consejo,
la formula se nutre en la experiencia,
de ti dependerá llegar muy lejos
con determinación y con sapiencia.
Que ni el halago banal o burla hiriente
hallen cabida en tu corazón sano,
cada quien posee lo honesto y lo vano
que lo identificará ante la gente.
Tienes derecho a caer no a quedarte
ahí tirado viendo la derrota,
la dignidad es principio que brota
para con nuevos bríos levantarte.
Sé agradecido con DIOS, no lo olvides,
es un valor de todo ser humano;
al que ha caído bríndale la mano
pues la verdad es cáliz que pervive.
ABRAZO DEL ALMA
Carlos González Saavedra / Argentina
Cuando mi alma abraza
Todas sus partículas sub-atómicas
Se preparan
Su energía en movimiento
Se engalana
Y todo el amor universal fluye,
Libre, como si nada.
Porque el amor une
Y quita las penas
Cierra cicatrices
Que un alma guarda.
Si despliegas tus alas.
Cuando alguien te abraza
Todo es sabiduría y enseñanza
Todo es luz
Todo es un concierto armónico
De sonidos y almas
Hay abrazos que no tocan la piel, pero iluminan el alma. (Editora)
ASÍ ESCRIBO
Carlos González Saavedra / Argentina
En cada verso, en cada poema,
en cada lágrima derramada…
esta mi alma vigorosa y eterna.
Dejando rastros de cómo me siento
Cantándole al amor…a los desencuentros.
A lo soñado, llevado por el tiempo.
Escribo…
A esos soles de otoño.
A esos días nublados, de invierno.
Busco palabras en vano, en el diccionario.
Lo que mi corazón mas sabio,
me esta diciendo.
Palabras que así rendidas,
las encierro.
En un poema, vocablo por vocablo,
verso por verso.
Vibrando en un latir sonoro,
Con su onda expansiva,
por el universo.
Así escribo, así lo siento.
LA VIDA
Elspeth Gormley/ España
La vida no grita, susurra despacio,
se esconde en la brisa, se cuela en el paso.
No siempre es fiesta, ni siempre es tormenta,
a veces es pausa, a veces, la cuenta.
Nos da sin aviso, nos quita sin ruido,
nos deja preguntas, nos presta sentido.
Es hilo que une, es sombra que enseña,
es luz que se apaga, es flor que se empeña.
La vida es un mapa sin ruta marcada,
un verso que cambia con cada jornada.
Es todo lo simple, lo hondo, lo incierto,
lo que nos toca, lo que está cubierto.
Y aunque no siempre sepamos qué hacer,
vivir es el arte de no retroceder.
MUCHACHA ENAMORADA
Jaime Hoyos Forero/ Colombia
Eres llena de fuego entre todos mis sueños. (Carlos Martín)
Te estoy viendo, muchacha enamorada,
hija de mi placer y mis delirios;
estoy viendo tus ojos como lagos
donde llovió en un tiempo la amargura
y aún queda por debajo de los párpados
el depósito inmenso de tus lágrimas,
que se diluyen poco a poco en llanto
o se evaporan en tus comisuras.
Te estoy viendo, mujer hecha de luna,
de fantásticos pétalos de carne,
de adormideras en tus ojos grandes,
de derretido azúcar en los labios,
de fresa y uva y mora y aceituna,
de sangre roja porque así es mi sangre,
de sangre oscura porque así es mi vida,
de mi sangre que riega el caudaloso
río de las vertientes de tu carne.
Te estoy viendo, mujer hecha de trigo,
salpicada de aromas orientales,
gitana, egipcia, mora y castellana,
hecha de pasta de dolor creciente,
hecha de caracoles recogidos
con paciencia en las playas tropicales,
y con pequeñas piedras de los ríos.
Y por todo lo dicho te estoy viendo
en todo el esplendor de tu hermosura
-mujer dulce, de carne enamorada-
-piña en sazón, paloma adormecida.
Bella, porque tus padres te crearon
con barro del amor en noche oscura;
bella, porque en el vientre de su amada
tu padre dibujó tu arquitectura;
y porque fue el origen de tu vida
un derroche de besos y ternura,
y porque tú eres hija de la tierra
y del agua y del sol y de la luna.
Bella porque el Señor así lo quiso,
por el amor sin fin que te he entregado,
que crece en ti como una enredadera
que se llena de flores y de nidos
donde cantan los pájaros y el viento.
Bella, en fin, porque yo te he madurado
con mi voz, con mi amor y con mi beso.
Hay mujeres que no se nombran: se celebran como poesía. Editora)
PERDÓNAME
Jaime Hoyos Forero / Colombia
Solo la sombra trémula se retuerce en mis manos. (Pablo Neruda)
Perdóname el desvío
porque en ojos más bellos se extasiaron los míos.
Porque a otros dulces ojos, mis ojos les sonrieron;
porque bocas más frescas refrescaron mis labios
y anheló muchas veces otros brazos mi pecho.
Perdóname el azoro que en mis dedos causaron
otros cálidos dedos que apretaron los míos
dejándome anticipos de entrega entre las manos.
Perdóname la dicha que estremeció mi pecho
al contacto furtivo de otras manos amadas
que erizaban la piel, corrían por mi cuerpo
con espasmos de dicha y caricias de fuego.
Perdóname el silencio pecador de mis labios
que a menudo callaron sin decirte un «te quiero».
Perdona la energía que gasté en otros seres
y perdona mi pluma que voló tantas veces
a nidos que habitaban solícitas mujeres.
Perdóname las veces que con vehemencia loca,
besos prendí en los cuellos, besos tatué en las frentes
las manos y los senos y en los quemantes vientres
y en los pulidos muslos y en las ardientes bocas.
Perdóname los años que no acabaron nunca
y en los que fue la carne la reina de mi vida.
No pido que me aceptes. Solo el perdón te pido:
con él me iré en silencio al reino del olvido.
La soledad sin pausa será mi compañía
en medio de las sombras de todas las mujeres
que quise, que me amaron, que estuvieron conmigo
compartiendo mi lecho, mis besos y mis rimas
pero que nunca fueron completamente mías.
CANTEN CIGARRAS
Lamberto Ibárez Solís/ México
Dejad que canten las cigarras;
dejad; pues que enloden mi nombre
en mi cuerpo herido tengo garras
que aún herido… soy un hombre.
Dejad que esbocen su sonrisa;
cruenta, disfruten su alegría.
gócense… sea fuerte su risa,
disfruten bien su cobardía.
Dios vive en mí; contra él; nadie,
su luz me guía, me protege,
su gran manto sagrado es mi aire;
me dicta: de malos; me aleje.
Los sismos me templan el alma;
vigor a mi dura armadura,
me refuerzan de fe y de calma
me quita aristas y me cura.
No siempre se está muy arriba;
no siempre se está muy abajo;
aún la vida no me derriba;
mi temple no es cabizbajo.
“Dejad pues que los perros ladren”,
le dijo Don Quijote a Sancho;
dejad que mi cuerpo taladren;
que tengo un corazón muy ancho.
Venid voces que estoy herido,
rompan mi cuerpo y mi figura;
yo soy roble y estoy erguido
y erguido iré a mi sepultura.
Soy como el sándalo de noble
que perfuma el hacha que lo hiere;
mi Gran Dios será el que me doble
ante Él de rodillas; viviere.
Solo ante Él yo juré un día;
ponerme de rodillas, Padre
que nadie más me humillaría;
solo ante Ti y ante mi Madre.
Como las cigarras, canta más fuerte quien no se rinde. (Editora)
CON ESA LUZ
Andrea Kiperman / Argentina
Con esa luz del recuerdo
despierto las mañanas
con el calor de tus besos
y la frialdad de tus ojos
esa ambigüedad que me despierta
y me quema
me olvida y me recuerda
a ti
Pasan los días
pasan las horas
y tu recuerdo se va esfumando en la niebla
el recuerdo se va esparciendo en el éter
añejando nuestros corazones
pero el anhelo
sigue intacto
con esa luz del recuerdo
duermo en las noches.
Donde el recuerdo arde sin ruido, sigue brillando la ternura. (Editora)
ME PIERDO
Andrea Kiperman / Argentina
Me pierdo en tus ojos,
en tu piel, en tu cuerpo,
en tu mirada, en tu baile,
en tu misterio, en
lo que callas y en lo que dices.
Me pierdo en tu silencio,
en tu distancia, en tu boca,
en tu intensidad.
Me pierdo en ti:
en tu disimulo, en tu ambigüedad.
Me pierdo en tus ojos,
en lo que callas y en lo que dices.
Me pierdo todos los días
y me vuelvo a encontrar en tu mirada.
Las horas pasan casi en segundos
porque me pierdo en tus ojos,
en tu piel, en tu cuerpo.
Me envuelves, me dejas,
me abrazas y nuevamente me alejas.
Me acercas, y simplemente me pierdo en ti.
CAMPANAS AL ALBA
Liliana Lorán/ Argentina
Levanta el sol de invierno
su mantilla de tibieza,
mientras el viento del sur
despeina las copas secas.
Y donde tuerce la calle
en torno a la plaza vieja,
vuelan campanas al alba
de la torre de la iglesia.
Es tiempo de acción de gracias
por el día que comienza,
las ancianas con rebozo
a la misa prestas llegan.
Recorta el cielo celeste
alguna nube viajera,
y el campanario da un toque
solemne sobre la aldea.
Hay auroras que no iluminan: solo bendicen el silencio. (Editora)
HORAS SIN TIEMPO….
Marga Mangione / Argentina
Lejana juventud que hoy se pronuncia
en las horas sin tiempo que he vivido.
Horas amargas cuando la renuncia
ensanchaba el sinsabor de lo sufrido.
Tiempo sin horas que en la lejanía
proyectan sombras sobre los cristales.
Recuerdos locos que en mi fantasía,
acarician mis sueños otoñales.
Tu piel ya no se funde con la mía,
tus manos no recorren mi esperanza.
El frenesí que entonces nos unía,
ha mutado en dolor y desconfianza.
Horas sin tiempo que no se marcharon
y el alma me lastiman todavía…
Rémoras que a mi vida le dejaron
contusiones de golpes a porfía.
Arde en mi pecho la brutal certeza,
de advertir que ya están desvanecidas.
Y que viven tan sólo en mi cabeza
aunque de tu memoria estén perdidas.
Están detrás de aquella antigua puerta,
evocando el pasado a cada instante…
¿Será por eso que la dejo abierta,
con la esperanza siempre vacilante?
Quisiera regresar a aquellas horas,
retrasando el reloj de mi existencia.
Y matar este hoy en que me ignoras,
para volver al ayer con tu presencia.
Horas sin tiempo… ¡ cuánto necesito,
revivir tu pasión que me abrasaba!
Y transformaba mi cuerpo en infinito
cuando tu boca a la mía se apretaba.
He de llevar conmigo hasta la muerte,
el recuerdo sin par de aquellas horas.
La ilusión de encontrarte y de quererte
y sentir que con tus besos me devoras.
Nadie podrá robarme esta ilusión,
ni quitarme esas horas que son mías.
Las guardará para siempre el corazón
hasta el último instante de mis días.
Hay horas que no se miden en relojes, sino en latidos que nunca olvidan. (Editora)
SI NO ESTÁS AMOR…
Marga Mangione / Argentina
El sol me besa,
el viento me acaricia,
la arena me contiene,
el cielo me subyuga
y una gaviota me sorprende.
Todo es tan maravilloso
que no entiendo por qué
estoy tan triste.
Debe ser porque no estás.
Y si no estás, amor…
nadie me besa,
nadie me acaricia,
nada me contiene,
ni me subyuga
y nadie me sorprende.
¿Será por eso
que estoy tan triste?
o
TU FRACASO
Antonio Morelos Martínez / México
No hay tristeza, ni alegría,
al saber como tú vives,
no haz mejorado tu vida,
tu mal proceder persiste,
ha empeorado tu valía
por el mal paso que diste.
Te vi por casualidad
nunca creí que eras tú,
me acerqué poquito más
porque era escasa la luz,
pero al escucharte hablar,
me entristeció tu actitud.
La calle donde te vi
es de escaso movimiento,
no era lugar para ti
tú querías los altos vientos,
pero si tú estás allí
es que es tu lugar perfecto.
No me entristece tu rango,
tampoco me da alegría,
no se si tú haz fracasado
o es el triunfo que querías,
hallaste lo que haz buscado
o es que busques todavía?.
La vida es maravillosa
y uno es lo que se proyecta,
tu mundo color de rosa
talvez te cerró las puertas,
pero el del fango, preciosa,
para ti, las tiene abiertas.
Hay caminos que no fracasan… simplemente no eran el destino. (Editora)
i
TE EQUIVOCASTE
Antonio Morelos Martínez / México
Con lujos de hipocresía
me sonreíste esta vez,
pensaste que olvidaría
tu desprecio y tu altivez
y que a tí hoy regresaría
con el mismo amor de ayer.
Te amé quizá por honesta,
que eso creí yo de ti,
pero al iniciar la cuesta
de ese mundo que subí,
me diste otra respuesta
que me hizo dudar de ti.
Falseabas con tu mirada,
tu caminar inseguro,
tu boca al hablar temblaba,
parecías en otro mundo,
tu corazón fuerte hablaba
por tu proceder inmundo.
Ya no dudé más de ti
tu sendero despejé,
hoy ruedas lejos de mi
lo que prefieres hacer,
si así hoy te gusta vivir
yo impedirlo, nunca haré.
ESCUCHO
Sarah Petrone / Argentina
Escucho el murmullo del viento entre las hojas
como una oración clamando al universo
que calme su fuerza desde el cielo,
para acallar la furia de su entorno.
Lo escucho bramar, igual que lo hace un trueno
atrapado entre las nubes que se forman
queriendo liberar lo que se rompe
porque ya, la humanidad no lo contiene.
Escucho el silencio de las horas
que pasan sin que nadie se sorprenda,
dejando que se escape del infierno
toda la maldad, sin un reproche.
Lo escucho caminar en las espinas,
en la sangre que se vierte en las derrotas,
en los surcos del campo que se azotan
bajo los resplandores de la guerra.
Lo veo desvanecerse, arrodillado
bajo el huracán que desmorona
el amor, la paz, el alma que alborota
su escasa identidad…Lo escucho…Y lloro.
Cuando el silencio llora, el poema se vuelve testigo. (Editora)
ANTE LA MUERTE
Susana Piñeiro / Argentina
La vida burbujeante palpita aquí en mi pecho
generosa me ofrece más de lo que esperé.
No vuelvo mi cabeza por ver lo ya pasado,
solo miro adelante con amor y con fe.
El sol que cada día renace en la esperanza;
la belleza que a veces me cuesta descubrir….
tal vez por omitir la pausa necesaria
que me hunda en el misterio de este breve existir.
El dolor nunca falta pues el mal aún persiste
y sufrimos en vano por cosas sin valor,
más hay una certeza oculta en nuestra historia
de que el Bien es más fuerte y es siempre vencedor.
Ay vida que te escapas con el grano de arena
que suavemente cae sin pausa y sin saber
que con cada segundo que se va en un suspiro,
se consume implacable la finitud del ser.
Habrá alguna manera para sobrevivir
más allá de lo trágico de tener que morir?
Yo creo que sí, existe..!
«Se vive en lo que amamos y en el recuerdo intacto
de todo lo que dimos con pasión y cariño…»
Seguro que es así!
La vida sigue latiendo en lo que damos: ahí se vence la muerte. (Editora)
PAZ
María Sánchez Fernández / España
En la calma de un mundo que venera
la inmensa magnitud de lo creado
escuchamos el cántico callado
de la hierba que crece en la pradera.
La alondra trina y se alza placentera
a una nube con tinte nacarado,
y el torrente se lanza ilusionado
hacia un mar que con amor le espera.
¡Bendita Paz, tan limpia y deseada
por el alma que adora la concordia
y sueña con un mundo de alianza!
Unamos nuestra fuerza en oleada
que inunde para siempre la discordia
Cuando la belleza se hace concordia, la paz no es deseo: es certeza. (Editora)
MI VIDA HUELE A FLOR
Elvira Sastre / España
He redondeado esquinas
para no encontrar monstruos a la vuelta
y me han atacado por la espalda.
He lamido mi cara cuando lloraba
para recordar el sabor del mar
y solo he sentido escozor en los ojos.
He esperado de brazos cruzados
para abrazarme
y me he dado de bruces contra mi propio cuerpo.
He mentido tanto
que cuando he dicho la verdad
no
me
he
creído.
He huido
con los ojos abiertos
y el pasado me ha alcanzado.
He aceptado
con los ojos cerrados
cofres vacíos
y se me han ensuciado las manos.
He escrito mi vida
y no me he reconocido.
He querido tanto
que me he olvidado.
He olvidado tanto
que me he dejado de querer.
Pero
he muerto tantas veces
que ahora sé resucitar
—la vida es
quien tiene la última palabra—.
He llorado tanto
que se me han hecho los ojos agua
cuando he reído,
y me he besado.
He fallado tantas veces
que ahora sé cómo discernir los aciertos de lo inevitable.
He sido derrotada por mí misma
con dolor y consciencia,
pero la vuelta a casa ha sido tan dulce
que me he dejado ganar
-prefiero mi consuelo
que el aplauso-.
He perdido el rumbo
pero he conocido la vida en el camino.
He caído
pero he visto estrellas en mi descenso
y el desplome ha sido un sueño.
He sangrado,
pero
todas mis espinas
han evolucionado a rosa.
Y ahora
mi vida
huele a flor.
Hay espinas que enseñan a florecer. (Editora)
CUENTOS Y RELATOS – JULIO
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“Relatos que despiertan sueños, cuentos que no saben dormir.”
LA CASA DE LOS ABUELOS
Miriam Alberganti / Argentina
No me acuerdo cómo viajamos. Vinimos a visitar a mis abuelos. Los padres de mi papá que eran de Rosario como él. Yo les había contado que por trabajo vivíamos en Mendoza. Mi mamá se quedó con mis hermanas. Viajamos: las dos «mayores» con papá. La casa… impresionante. Teníamos que portarnos como nenas educadas. Las recomendaciones: lavarse las manos, no levantar los codos al usar los cubiertos, comer con la boca cerrada y mucho más. Claro, el viaje era largo y pasamos unos días acá. Conocimos un montón de primos. Algunos muchos mayores y otros casi de nuestra edad. Mi papá tenía cinco hermanos cuatro mujeres y un varón, que era el tercero. Por supuesto, recorrimos toda la casa. Nosotras con papá paramos en el tercer piso, donde vivía mi tía sola. Daba a la terraza y ella tenía sus plantas y mi abuelo dos pajareras enormes, una con canarios y otra con unos pájaros negros muy lindos, pero que gritaban un montón. En el segundo piso, vivían mis abuelos y, como en una suerte de departamento aparte del mismo piso, había dos habitaciones y baño para mis tíos –el hermano de papá y su señora– y sus dos hijos. En el primer piso o planta baja, que fue lo que más me impresionó, había una sala enorme con un piano de cola, que tocaba mi abuela tocaba, y algunos sillones. Esa sala tenía una puerta que no se abría hasta la hora de las comidas. Era de madera y vidriecitos de muchos colores, me dijeron que se llamaba vitral, muy linda. En la misma planta, se hallaba el escritorio de mi abuelo al que entré creo que una vez. La hora de almorzar en general en éste viaje fue de conocer la casa de los otros tíos abuelos y de las otras hermanas de papá. ¡Ah, otra cosa! La casa tenía sótano. Mi abuelo me llevó una vez. El iba al mercado y traía las verduras y otras compras que hacían falta y como yo pregunté por la cocina, ¡me la mostró y me dijo que no era lugar para chicos! Nunca más bajé, pero me hubiera gustado investigar más. La cena siempre era en casa, ¡y bajábamos bañadas y cambiadas, muy coquetas! Desde el primer día, la mesa era para mí un espectáculo. Les cuento: copas para agua transparentes, las copas de color para el vino blanco y otra para el vino tinto. Bueno con estas cosas, copas altas tenía un problemón. ¡Cómo hacer para no romper nada! Fue complicado, pero me salió. En todos los días que pasamos, no rompimos nada. Claro, en casa, en Mendoza, no es que viviéramos como indios: pero usábamos vasos comunes y siempre había algún modelo distinto, porque rompíamos fácilmente. Teníamos copas, pero se usaban para los mayores cuando había fiestas. La comida era muy rica y variada, parecida a la de casa, pero… primer plato, segundo plato y postre eran como mucho. Yo comía bien; pero pedía un poco menos de todo porque no se podía despreciar ninguno. Este fue un viaje inolvidable. De vuelta en casa, las dos contábamos de todo al mismo tiempo. Yo, especialmente, quedé impresionada por dos cosas: mi abuelo que cuando terminaba cada comida preguntaba en vos muy alta: «¿Quién quiere un par de huevos fritos?» Después de semejante comida todos se reían con gusto. La otra cuestión que me llamaba la atención era la mesa puesta con todas las copas, que para mí eran de una luminosidad enorme.
LOBEZNO
Magi Balsells / España
En aquellas agrestes montañas, pérdidas en la inmensidad de la nada, solo cabras son sus moradores normales, alimentándose los de hermosos pastos que cubre la tierra, donde procrean y nacen sus crías
Donde el aire es puro sin ningún atisbo de polución, y el agua pura, fresca y cristalina que baja de las nieves de las más altas montañas, serpenteando entre los cauces que con los años se han ido creando
Alguna ave rapaz sobrevuela los altos picachos dando una paz inmensa, con este vuelo majestuoso que solo ellas saben dar solo se oyen, sus graznidos y el balar de las cabras rompe el silencio que en este lugar mora, que en algunos momentos parece música celestial
Todo ello es contemplado por un zagal de no más de 14 años, que cuida del ganado, acompañado de dos hermosos perros que son sus vigilantes y únicos amigo, ya que esta solo en esta inmensidad
Hace dos años, se quedo sin su sostén querido, su madre, su padre ya lo perdió antes de nacer, se encontró solo, sin saber que hacer, nadie se quedo con su persona, eran tiempos muy difíciles, no abundaba la comida, fueron años de malas cosechas
Estuvo mendigando durante un tiempo, hasta que encontró un modo de vivir, quizás no fuera el adecuado para su edad ni por sus pobres conocimientos pero era el que se le ofreció, y sin dudar lo aceptó
La oferta vino por el cabrero que ya era muy mayor y no podía cuidar de sus rebaño, la oferta era simple, que se encargara del cuidado de los animales, y el cabrero e le enseñaría lo mas básico, le daría techo y comida y haría un reparto de las posibles ganancias que se podrían suscitar con la venta de la leche que producían las cabras
Su mentor le llevaría comida cada dos días, muy frugal queso y pan aparte de la leche que consumiera, eso si sin limite además tendría una tosca cabaña, hecha ya hace muchos años con ramas de los árboles que en este monte abundaban, no era mucho pero por lo menos tendría un techo para refugiarse cuando aparecieran las tormenta o en invierno la nieve
Los días transcurrían con gran monotonía siempre era lo mismo, solo cambiaba de lugar cuando veía que los pastos donde estaba parecían decrecer, entonces trasladaba el ganado a otras fuentes de alimentación para que las cabras tuvieran el alimento necesario y pudieran dar la leche necesaria, la cual almacenaba en los grandes bidones que después se llevaba el cabrero cada dos días en su carro
En una mañana mientras intentaba guiar el rebaño, le pareció oír un sonido diferente, algo parecido a un lloro o un lamento, alguien o algo se estaba quejando, paró el rebaño y lo dejo al cuidado de sus amigos los perros, que mostraban un cierto nerviosismo, estaban inquietos por los sonidos que no sabían de donde salían
Agarró su bastón con fuerza y determinación y empezó a indagar quien o que era el causante de esta inquietud, y entonces lo vio, era como una bola de algodón, era una cría de lobo, estaba prisionera por una trampa, que sujetaba con fuerza una de sus extremidades. Con precaución y cierto recelo se fue acercando, el pobre animal parecía muy asustado.
Sin pensarlo mas y con las fuerzas mínimas que tenia procuró abrir la trampa, al final y con gran esfuerzo lo consiguió, siendo en aquel momento lamido por el pequeño animal, lo que le dejo tranquilo, vio que no lo atacaría sino muy al contrario le estaba agradeciendo lo que había hecho por el.
Examinó su pata y vio que tenia una herida producida por los dientes de la trampa, no sabia que hacer, pero pensó que necesitaría cuidados, por lo menos intentaría curar la herida, con el agua que llevaba en su cantimplora lavó la herida, rasgó una parte baja de su camisa y vendó como pudo la pata dañada.
Una vez finalizado esta cura provisional, pensó que estaría hambriento, fue y ordeño una de las cabras, y en su plato se lo dio al pequeño lobo, el cual empezó a lamer la fresca leche, y en santiamén dejo el plato más limpio imposible, por lo cual volvió a llenárselo y pasó lo mismo, aunque ahora cuando terminó se acurruco a su lado cerrando los ojos respirando tranquilamente y se quedó dormido.
No sabia que hacer, ya que primero debía cuidar de su rebaño, pero no podía dejar a este hermoso animal a su suerte, y tomo la decisión que considero mas adecuada, recoger el rebaño y volver a la cabaña, donde podría cuidar mejor a su nuevo amigo.
Dicho y hecho, llamo a sus perros y les indico que volvían a casa ellos obedientes recogieron el rebaño y lo fueron guiando hasta sus corrales.
Una vez ya en su aposento, volvió a mirar la herida, y con sus mínimos conocimiento vio que no había afectado en demasía la extremidad, tenia un pequeño botiquín que usaba para curar las heridas de las cabras, donde había, alcohol, una pomada y vendas limpias, se puso en la tarea de limpiar mejor la herida, limpió primero con alcohol y aplicó la pomada que daba muy buenos resultados en la cicatrización de como había comprobado con las cabras, lo envolvió todo con la vendas limpias.
Se preparó un poco de comida, una vez engullido el pan y el queso se tumbó para descansar, quedándose dormido junto al lobezno.
Cuando despertó al día siguiente muy de mañana, como era su costumbre, quedo asombrado al ver al lobezno durmiendo junto a los perros, los cuales lo arropaban con sus cuerpos parecía como si lo protegieran.
Al momento todos estaban despiertos, preparo la comida de los animales y preparo a sus perros para el trabajo diario, sin saber que hacer con el nuevo amigo, por lo cual decidió llevárselo consigo para el pastoreo, así podría comprobar cómo se encuentra de la herida sufrida, pero antes destapo la venda que le había puesto la noche anterior y vio que la herida tenía un buen color, seguramente sería.
gracias a la pomada que le aplico, volvió a limpiar y aplico una nueva capa de la pomada y vendó la pata.
Ya todo dispuesto empezó su trabajo diario, saco al rebaño de los corrales y guiado por sus fieles perros se dirigió a unos prados cercanos, muy abundantes de fresca hierba.
El lobezno andaba a su lado con cierta dificultad, por lo decidió cogerlo en sus brazos, no fuera cuestión que se malograra lo conseguido.
Fue un hermoso día, tranquilo, y satisfactorio, se respiraba mucha paz, estaba contento por el suceso ocurrido, sin dejar de pensar que quizás la familia del lobito estuviera buscándolo.
Al atardecer, los animales habían pastado convenientemente El Sol empezaba a menguar y descendía la temperatura, ésta era la señal para volver hacia la cabaña.
Llamó a sus perros, para que hicieran el trabajo que tan bien sabían realizar y todos juntos de dirigieron a su morada en busca de su sustento y disfrutar del merecido descanso.
Llegando a la misma, encerró las cabras en su corral, y preparo la comida para sus amigos , cuando de golpe se oyó unos aullidos muy fuerte y cercanos, en principio se asustó, eran muy similares a los que había efectuado su lobezno, pero no era solo uno sino varios y en diferentes tonalidades, como realizados por diferentes voces.
Noto que raspaban en su puerta, era de lo mas frágil imaginable, poco podría aguantar, sus perros se pusieron delante suyo para protegerlo de este posible peligro, ladrando como aviso de que estaban dispuestos a luchar.
En este momento el lobezno, se adelanto todos ellos y lanzo un aullido, sonó muy diferente a los que antes había lanzado cuando estaba sujeto a una trampa, se hizo el silencio.
Los perros callaron los aullidos desaparecieron, quedó una espera tensa, que rompió el lobezno acercándose a la puerta, donde volvió a emitir unos aullidos que denotaban alegría, automáticamente fueron correspondidos por unos similares desde el otro lado de la puerta.
Y la puerta en este momento se abrió, y en su dintel apareció una manada de lobos, de los cuales uno se abrió paso hasta llegar al lobezno, lamiéndolo repetidas veces y atrayéndolo a su pecho, mientras el resto de la manada estaba quieta y expectante, no se veía ningún ánimo de ataque, mantenía una posición de tranquilidad.
La madre loba, dejó a su hijo al lado y se acercó al muchacho, lo olio, le dio un par de vueltas, se restregó en sus temblorosas piernas y al final se elevó hasta su cara, lamiéndola profundamente, apoyando su gran cabeza sobre su hombro.
Una vez realizado este acto podríamos decir de agradecimiento, se replegaron, quedando solo el lobezno en la habitación, se acercó al muchacho y le lanzo un tenue aullido como si tuviera pena en marcharse con su familia, dio media vuelta y se incorporó al lado de su madre perdiéndose en la oscuridad de la noche.
Desde aquel momento, nunca más volvió a verlo, aunque si más de una vez se oyeron sus aullidos.
Tampoco ocurrieron más ataques a los rebaños, parecía que los lobos no hubiesen estado nunca.
Solo quedo la paz en este hermoso lugar.
SI AMAR FUERA FÁCIL
Libia B. Carciofetti / Argentina
Si amar fuera fácil, no existiría la palabra rencor.
Porque ante una ofensa reaccionaríamos perdonando a quien nos ofendió.
Si amar fuera fácil, las guerras no tendrían sentido.
Si amar fuera fácil, no habría niños desamparados,
porque cada ser se convertiría, no en un hogar de tránsito sino en un refugio de ternura.
Si amar fuera fácil, no haríamos distinciones de razas, de lenguas, de religiones.
Si amar fuera fácil, aprenderíamos con empeño a convivir y a comportarnos como seres maduros.
Si amar fuera fácil, entenderíamos de que manera DIOS amó a este mundo que entregó a su único Hijo a morir por nuestros pecados.
Si amar fuera fácil aprenderíamos a conjugar el verbo desde el final al principio… Ellos, vosotros, nosotros, el, tu… yo.
Si amar fuera fácil, ofrecería lo poco o mucho que tengo ante una necesidad inminente.
Si amar fuera fácil, donaría mis órganos mientras disfruto de salud para salvar a otro.
Si amar fuera fácil, sería la muleta imaginaria del que le falta una pierna y me convertiría en alas del que no tiene ninguna.
Si amar fuera fácil me convertiría en los ojos del que no puede ver, contándole que florecieron las glicinas y haciendo que huela su perfume.
Si amar fuera fácil, honraríamos a nuestros padres como lo manda DIOS.
Si amar fuera fácil, la palabra «TE QUIERO» no se caería de nuestro labios.
Si amar fuera fácil, nos dolería en el mismo lugar la herida de nuestro prójimo.
Si amar fuera fácil, los ancianos y los niños ocuparían un lugar importante en nuestro corazón.
Si amar fuera fácil, seríamos más tolerantes y obedeceríamos a nuestros superiores.
Si amar fuera fácil, utilizaríamos la palabra lo siento, perdón, gracias… ¿te ayudo?
Si amar fuera fácil, no se pondría el sol sobre nuestro enojo.
Si amar fuera fácil, la amistad se convertiría en un idilio eterno.
Si amar fuera fácil, no habría tantas familias separadas por un muro de indiferencia.
SI amar fuera tan fácil, no sería un bello desafío.
Si amar no fuera ¡TAN DIFÍCIL! hoy yo no hubiera escrito esto y tú no lo hubieras leído hasta el final…
*Intentemos amar y darnos, que a su tiempo cosecharemos el fruto de nuestro intento*
Que DIOS que es el AMOR en potencia, nos conceda este don…
Abrazos a tu corazón
EL MÉDICO DE CLOTILDE
Carlos Gonzáles Saavedra / Argentina
Salí de la guardia del hospital con el cuerpo molido y la cabeza flotando. Había pasado la noche en urgencias sin tregua. Al bajar por la rampa, mi paso se cruzó con el de una joven a la que casi derribó sin querer.
—¡Perdón! ¿Te lastimé? —balbuceé, aún atrapado en mi cansancio. —No, tranquilo… Estaba distraída —respondió, con una sonrisa luminosa.
Sus ojos celestes atraparon los míos. Era esbelta, de curvas suaves y pelo castaño, con una expresión entre pícara y tierna. Me sentí hechizado.
—¿Te llevo? Tengo el coche a la vuelta —dije, mientras la ayudaba a recoger unas carpetas caídas. —Gracias, pero no. Voy a ver a mi abuelo, vive a una cuadra, está algo enfermo.
—¿Qué le pasa? ¿Puedo echarle un vistazo? Soy residente médico, tal vez pueda ayudar —ofrecí, queriendo alargar la conversación y, lo confieso, seguir disfrutando de su presencia.
—¿Quieres acompañarme?
—Claro. Ariel —dije, presentándome—.
Clotilde rió. —No te va a gustar mi nombre.
—Es único. Me encanta.
La casa estaba al fondo de un terreno modesto. Sin revocar, desvencijada, parecía abandonada por los años. Sin embargo, Clotilde caminaba con alegría, como si el deterioro no le afectará. La seguí.
La puerta de chapa crujió al abrir. Dentro, el ambiente era triste: paredes despintadas, cocina escasa, mosaicos maltratados, una mesada de madera vieja y una garrafa apoyada junto a un anafe. En el dormitorio, don Eleuterio Zabala respiraba con dificultad.
Clotilde entró a su habitación. Yo, curioso, recorría con la vista el hogar decadente. Pobreza evidente, desorden sin consuelo. Pero ella… impecable. No encajaba con ese entorno. Me guardé los juicios.
Un gemido gutural del anciano interrumpió mis pensamientos.
—Ya está, abuelo. Fui a buscar al médico —le decía Clotilde, con ternura.
Volvió y se sentó a mi lado en una silla de paja, junto a una mesa tapada con un mantel de hule. Todo olía a encierro y humedad.
De repente, otro grito más agudo sacudió el silencio. Clotilde corrió al cuarto. Me levanté preocupado.
—¿Puedo revisarlo? Llevo conmigo algunos medicamentos y el estetoscopio.
—Sí, por favor. Pasa.
La habitación era un caos: ropa tirada, papeles abiertos, un sobre de banco vacío… Me concentré en el viejo. Tenía un cuadro severo, probablemente una neumonía. Urgía internación.
—Voy a avisar a la vecina —dijo Clotilde.
Su hermano, Javier, llegó en ese momento, cruzó la cocina y se fue con rapidez. Sentí la puerta cerrarse con fuerza. Y entonces, escuché la voz acelerada de Clotilde desde afuera:
—¡Vamos, vamos!
Me dirigí a la puerta, pero no cedía. Estaba trabada por fuera. Las ventanas eran pequeñas, con rejas, postigos, pestillos oxidados. No había salida. Ni mi maletín estaba: había desaparecido.
El viejo seguía gimiendo con rabia y desesperación. Yo, atrapado con mi camisolín de médico, temblando.
“¿Quién me mandó a meterme en este lío?” Pensé, furioso conmigo mismo. Me senté junto al abuelo. Sin querer, me dormí vencido por el agotamiento.
Desperté con el rugido de una tormenta. Las ventanas vibraban, el viento arremetía, y el anciano volvía a quejarse. El Valium que le había dado se disipaba, y noté que movía las manos debajo de las colchas.
Me acerqué. Su mirada me quemó. Le retiré con cuidado la sábana… y lo vi. Un revólver, calibre 38, atado con cinta de embalar sobre su estómago. Estaba maniatado.
—¡Me han asaltado, imbécil! ¿No lo ves? ¡Me robaron la jubilación y la plata del terreno! ¡Desátame!
—Pensé que estaba enfermo… —respondí, confundido. —¡Te embaucaron! Igual que a mí. ¿Sos uno de ellos? ¿Te dejaron para hacer tiempo? ¡Desátame!
Me paralice. ¿Desatar a un jubilado ex policía con un arma cargada y furia en los ojos? Mejor no. Le saqué el arma como pude y le tapé la boca con cinta. Preferí esperar.
Con la luz del amanecer, descubrí que uno de los pestillos se había soltado. Le di una patada a la ventana, abrí una rendija y me escabullí al jardín. Corrí hacia la calle.
El candado del portón ya no estaba. Salí como un relámpago, pero mi auto no aparecía. No estaba en la cortada que mencioné… ni siquiera reconocía la calle. Al mirar el cartel: “Eleuterio Zabala”.
Todo estaba dicho.
El revólver terminó escondido entre sábanas sucias del hospital, que el lavadero retiraría. Tomé un remis y me refugié en casa de mis padres, helado, ausente, sin explicaciones.
Una semana después, pedí traslado a Neuquén, donde una tía me recibió en una salita de atención primaria.
Nunca conté exactamente lo que pasó. Nadie lo hubiera entendido. Y yo… yo tampoco del todo.
YO ERA EL FARO
Elspeth Gormley / España
En este relato cargado de sal y silencio, el faro se transforma en voz, en testigo, en milagro. Porque no todos los héroes tienen rostro: algunos brillan para que otros no se hundan.
Yo era el faro. No tenía piernas, ni brazos, ni voz. Pero cada noche me alzaba sobre la costa como un centinela inmóvil, lanzando luz donde todo era sombra. No lo hacía por mí. Lo hacía por ellos: los que se aventuraban en la oscuridad, con la esperanza de encontrar tierra, consuelo o destino.
Desde mi altura, lo veía todo. Las tormentas que rugían como bestias, los barcos que resistían con espinas de madera y alma humana. Vi marinos que cantaban para no llorar, vi embarcaciones que se alejaban sin promesa de regreso. Y también vi al farero —ese hombre callado que vivía a mi lado— estudioso de mareas, amigo del viento, solitario sin queja. Subía cada día hasta lo más alto, con cuadernos gastados y ojos abiertos. Me hablaba. Yo le respondía con luz.
Aquella noche, el cielo se desgarró. La tormenta llegó con furia antigua, con olas que parecían querer devorar la costa. Los pájaros huyeron antes que el primer trueno, y la lluvia comenzó a golpear el alma del mundo. Fue entonces cuando lo vi: un barco, pequeño pero valiente, luchando entre espumas y abismos. Se encallaba, lentamente, sin que nadie pudiera ayudarle. Nadie… excepto yo.
Mis luces giraron sin pausa, cortando la negrura como cuchillas luminosas. El farero corrió a mí, encendió los motores, pronunció palabras que sólo el mar entiende. “No nos falles,” murmuró. Y no lo hice.
Alumbré con toda la fuerza que guardaba desde siglos pasados. Y el barco me vio. Gritó en silencio. Se desplazó apenas, lo justo para evitar la muerte. Encalló, sí… pero lo hizo en arena, no en tragedia.
Desde entonces, sigo encendido. En las noches serenas como en las de ira. Porque no todos los héroes tienen rostro. Algunos brillan para que otros no se hundan. Y yo… yo era el faro.
EL RETORNO
Andrea Morini / Argentina
Camino sin rumbo, en la noche neblinosa del insomnio.
Percibo formas que me persiguen, susurrantes, amenazadoras, que evaden misteriosas, la mirada vacilante.
Tengo miedo, visceral y profundo, pero sigo adelante, con la certeza de que mis pasos me guiarán al hogar perdido, dónde esperan mis padres, ansiosos, el retorno.
No les avisé que regreso, no pude calmarles el dolor de la espera, tan solo la sorpresa en sus rostros valdrá los pesares acaecidos en el peregrinar hasta su regazo.
Ante cada pisada siento la respiración de los monstruos acechando, sabedores de su poder para entorpecer el camino.
Me sobrevuelan reminiscencias del joven que fui, mi habitación en la parte superior de la casa; recuerdo a mí madre poniendo sábanas limpias en la cama, acomodando mi revuelo juvenil.
Todo debe estar como antes de mí partida, el tiempo congelado en aquella lejana noche en que fui arrancado de su tibieza, la música sonando, mientras en los rostros demudados de los míos se anclaba el terror ante la violencia que se enseñoreaba en la casa.
Hace tanto tiempo que me fui, que he olvidado los aromas cotidianos, las risas y palabras compartidas, todo aquello que habla de nosotros.
Mí hermano, el pequeño, debe ser bastante mayor ya. «¿Se acordará de mí?»
La noche se cierne profunda, plomiza, los pasos retumban en el empedrado, cuando, al fin, entreveo la casona familiar.
El corazón se acelera y casi no puedo respirar, es tanta la emoción que me embarga. Avanzo rápido hacia la luz que percibo en el zaguán, aún las sombras me protegen. Tanto horror me ha calado hasta el alma, no logro desembarazarme de él.
Continúo aproximándome, debo asomarme al resplandor de la única farola que ilumina esa parte de la calle. Observo, a través de la ventana, a mí madre trajinando en la habitación del primer piso, intuyo el color de la ropa de cama que coloca. Celeste, cómo siempre me gustó, el gesto me acaricia el espíritu.
Decido seguir adelante, ya nada falta para estar en sus brazos protectores. Me entrego a esa sensación, cálida, placentera.
Dejo atrás la zona de penumbras, cuando alcanzo a escuchar, una vez más, aquella voz pétrea, urgida de autoridad, que grita “Alto”, pero… es tanto el deseo de volver que doy otro paso.
Desde el piso percibo, hoy como entonces, el grito desgarrado de mi madre, mientras una voz cavernosa susurra algo que no entiendo.
El ciclo se repite inexorablemente.
Una última lágrima se derrama por mi mejilla.
Luego todo termina: la noche, el miedo, las luces, el dolor y la vida.
DON ESTANISLAO
Walter Hugo Rotela González / Uruguay
Salvatore estaba a punto de cumplir la mayoría de edad. Pensaba casarse. Trabajó desde los seis años. Primero ayudó en la casa de don Abelino Contreras. Después pasó a trabajar en la panadería que tenía el caraí1 Abelino. Hacía de todo: barría, apilaba bolsas de harina, acomodaba latas o repartía el pan. Hasta los doce años no percibió ni un guaraní. Después sí; pero siempre fue poca cosa. A los dieciséis seguía viviendo en la misma casa, pero trabajaba para un hojalatero. Allí comenzó a ganar dinero y a charlar con otras personas. Su mundo se amplió. Era más grande que lo que él conocía. Había otras tierras más allá de las kibebé.
Don Elías, el hojalatero, le preguntaba a menudo por su familia y él rehuía del tema de la mejor manera. Una mañana, Salvatore, llegó al trabajo y, tras saludar a don Elías, le preguntó si lo ayudaría a encontrar a su padre. El veterano puso cara de confundido; pero conocía algo de la vida de su empleado. Y le dijo que sí, aunque fingió desconocer totalmente la historia, más allá de que lo poco que sabía por palabras de don Abelino, que nunca fue dado a hablar de sus criados.
Salvatore no era, claro, hijo de don Abelino Contreras. Vivía en su casa, pero era un criado. Sus padres lo dejaron a cargo de don Abelino a los cinco años de edad y nunca más los volvió a ver. Y ahora que estaba a punto de casarse se preguntaba por sus orígenes. ¿Quién era? ¿Quiénes habían sido sus padres? ¿Vivían aún? ¿Qué les diría a los padres de su novia, ahora que no podía seguir eludiendo las preguntas? Aunque ellos conocían su condición de criadito, ahora era un hombre a punto de casarse con su hija.
Las únicas caras que Salvatore conocía como familiares eran las de los Contreras. Sin embargo, ellos siempre le habían dejado en claro que, si bien era de algún modo parte de la familia, no era más que un criadito. Tenían un lazo lejano de sangre, pero la condición económica de sus padres lo ponía en un lugar diferente al de ellos. Él era un criadito.
Don Elías conocía a mucha gente. Entre ellos a unos sacerdotes que tenían buenos contactos. Así que se comprometió a ayudarlo a buscar datos sobre su familia, a partir de la poca información que la familia de don Abelino le proporcionó. Conocía las intenciones de casarse de Salvatore. Éste, además, le confió que deseaba conocer algo más sobre sus padres y posibles hermanos, antes de formar su propia familia.
Seis meses después de que Salvatore le pidiera ayuda a su patrón, éste le entregó una carta. Se la había enviado a él uno de sus conocidos. El remitente era un religioso que residía en la zona de la campaña donde, posiblemente, vivieran los padres de Salvatore. La carta decía, textualmente:
Estimado Sr. don Elías González:
Le escribo a fin de poner en su conocimiento las novedades reunidas en torno a la pesquisa que llevo adelante según su solicitud y en relación al destino de los familiares de su dependiente, don Salvatore.
Por un lado, cumplo en informarle que la señora madre del joven falleció poco tiempo después de dar a luz al segundo hermano del joven. Eso consta en actas de la Parroquia de la Santísima Trinidad de la zona parroquial donde también hallé otros datos. Por ejemplo, el bautismo de otros hijos.
Fue la antigua secretaria parroquial, aún viva pero que no trabaja más, quién me proporcionó la información de la señora, pues la conocía por trabajar para una amiga suya. Se desempeñaba como lavandera y, además, le vendía leche, pues tenía una vaca lechera.
El esposo de la señora, don Estanislao Ayala, quedó a cargo de tres vástagos muy pequeños. Se desposó con una joven mujer que conoció en estas tierras. Hace tres años, poco más o menos, don Estanislao emigró hacia otra zona del país. Destino que no logré conocer.
Estimado don Elías, espero haber contribuido con la causa de su dependiente en alguna medida. Quizás más adelante pueda conocer más sobre el paradero del padre de Salvatore, para poder compartirlo. Pero el resultado de esa búsqueda sólo Dios conoce.
Atte. le envío mis saludos y la bendición de Dios.
R. P. Francisco Rodríguez
El joven Salvatore quedó pensativo y le expresó a don Elías: «No sé si estar triste o alegrarme después de leer esta carta».
̶ Salvatore, Salvatore… Tienes un padre, don Estanislao. Y está vivo. Y tienes hermanos por conocer. Posees una familia en alguna parte de estas tierras rojas.
̶ Sí… Estanislao. Quizás cuando tenga hijos, si mi esposa lo consiente, lo llamaré Estanislao.
P
2
Expresiones de la lengua guaraní utilizadas en este cuento:
1 Caraí: señor
2 Kibebé: alimento a base de zapallo hervido, de color amarillo a rojizo.
AUTOS QUE SE DETIENEN
Walter Hugo Rotela González / Uruguay
—¡Corré, corré, vamos ahora…!
—Pero… ¿Y Juan?
—Déjalo… ¡Vamos…! ¡Vamos que se viene la yuta!
—La gran p… No puede ser… No puede ser…
Cada noche igual… Se repite el mismo sueño perturbador de los autos que se detienen, es claro el chirrido de las ruedas… Le siguen las detonaciones de armas, una, dos, tres y otra vez ruido de un motor que ruge, rompe el silencio y se desvanece.
Una y otra vez la escena del auto azul que se para, justo, delante de otro automóvil gris, chapa BA517 872*. Bajan tres hombres y una mujer; abren la puerta izquierda y disparan contra quien conducía. Éste, antes de dejar de respirar, saca un arma y mata a uno de sus atacantes.
Empapado en sudor Roberto se despierta, ansioso, enojado y triste con un grito ahogado. Cada noche se despierta así, casi siempre un rato después de dormirse, cuando el reloj marca las 3 de la mañana. En ese momento siente que su corazón late rápido y con fuerza. Le cuesta volver a retomar el sueño, por lo que se incorpora. A veces puede decirlo, otras, sólo lo piensa: “Tenía razón Juan, el número de la chapa era una señal del destino”
Roberto se levanta, dolorido, con una tremenda contracción muscular. Se dirige a la heladera y bebe, en forma pausada, un vaso de leche. Luego se acerca a su escritorio, enciende la luz y mira un viejo bloc de notas, muy gastado, algo amarillento. Mira en su interior y repasa unas frases escritas, años atrás. Se tranquiliza, un poco, al releer una que dice: “la libertad exige sacrificios” … Está escrita en la parte de atrás de una vieja fotografía en sepia, de una mujer joven, de tez con pecas, cabello largo, recogido en una trenza. Vuelve al dormitorio. Intenta dormir, da vueltas en la cama, una y otra vez. Tras una media hora, al fin, lo consigue.
A la mañana se despierta, deambula por su viejo apartamento. Mira las cosas y se pierde en sus cavilaciones. Sale al balcón, riega las plantas, casi marchitas, como él, con su piel gastada, algo reseca, sin la grasa bajo la piel de los años jóvenes. Con pocas ganas, habitualmente, se viste y va a dar una vuelta por el parque. Mira las matrículas de autos, recuerda a Juan. El amigo apostador estaba en lo cierto -suele pensar. La desgracia y la sorpresa estaban escritas en la chapa.
Hace un par de años se jubiló y busca cómo pasar el tiempo. Se encuentra con viejos camaradas de sus años de facultad en el exilio y conversan sobre los tiempos actuales, la política internacional y, casi siempre, surgen los recuerdos de cuando fueron compañeros de armas. Los temas que surgen, habitualmente, tuercen hacia un tiempo específico y la charla se vuelve algo tensa. La conversación, a esa altura, es en voz baja, como en secreto y con la vista clavada en los que pasean a sus perros, mientras caminan. Con cautela, recorren algunos detalles, luego sus miradas se pierden, más allá del horizonte. En pleno medio día, cuando la calle se vuelve un hormiguero, ellos aún están ahí. Más de una vez, un frenado de auto los altera, los incomoda. A Roberto, más que al resto. Juegan ajedrez, lo practican, lo estudian tanto o más, que a sus 19 años. Cada movimiento está precedido de largos silencios y algunos suspiros.
La tarde transcurre entre actividades varias, visita a familiares, salidas para hacer compras pequeñas, tareas todas para que el cansancio se acumule y vuelva posible el sueño. Ese sueño que prefiere que no llegue, se resiste, le teme, pero no lo dice. Calla, siempre calla. El sueño nunca llega antes de las dos o tres de la mañana. Un rato antes de que hace su entrada la pesadilla de cada noche… Aparece el auto chapa BA517 872
—¡Corré, corré, dale vamos ahora…!
—Pero… ¿Y Juan?
—Déjalo, ¡Vamos…! ¡Vamos que se viene la yuta**!
—La gran p… No puede ser… No puede ser…
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*Para los que juegan a la quiniela en el Río de la Plata, a ciertos sueños les corresponde un número. Así a la desgracia le corresponde el 517, y a la sorpresa el 872.
**La yuta es una expresión del lunfardo que se usa en el conurbano bonaerense para referirse a la policía.
CARTAS – JULIO
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«Cartas atadas con hilos invisibles de memoria… susurros del tiempo que aún laten entre líneas.»
CARTA QUE NUNCA LLEGARÁ A TUS MANOS
Libia B. Carciofetti / Argentina
El ramo
Amor de mi vida, el primero, el único, el que cuando íbamos al colegio me compartía su emparedado. Él, que cuando la maestra me hacía pasar a dar la lección , se ponía colorado. Pues los ojos de sus compañeros en vez de escucharme a mi, te miraban a vos… pues transpirabas nervioso de que cometiera algún error… y cuando oías que de mi fluían las palabras, se te transformaba el rostro y eras como un ángel que me enviaba Dios, para que me abrazaras fuerte y me dieras contención…
Amor que al pronunciar tu nombre, se me encoge el corazón. Llamarte Rodrigo ¡Era muy largo! y entonces solo te llamaba *RO*… Lo escribo con mayúsculas porque así eras, un ser humano, un hijo único, y de los amigos ¡El mejor! Los compañeros al enterarse también te llaman «RO»; haciéndote burla en el recreo, pero la que te impedía que les «rompieras la cara» con tus puños de hombre…era simplemente ¡Yo!
Luego otro mote optaron por ponerte: *Pastillita de menta*…que en forma de corazoncitos, me comprabas en el quiosco frente a la estación… y cuanto llegaba la clase de álgebra, de los nervios siempre me agarraba tos… Por debajo de los bancos me las ibas pasando, hasta que llegaban a mis manos ¡Que bella sensación!
Vivía pendiente de todos mis gustos…cazabas mariposas… que perseguías en sus vuelos y me habías preparado una hermosa colección. Al principio me daba pena, verlas ya sin vida…pero me conformaste con esta explicación: ¿Sabes Li? los seres vivos recobran vida, en las manos de alguien que le prodiga amor…y si te miraras al espejo cuando las observas, me darías toda la razón… Y en ese momento me crecían las alas y hubiese querido volar con vos…
Dejamos de ser niños…y el último día en el colegio, lloramos los dos ..Terminaban las clases…y la señora directora nos llamó la atención. ¡Sean conscientes que ha de comenzar el acto! y con «esa facha» dan lástima los dos…. Por tu puntaje fuiste abanderado, yo era tu escolta…y el acto comenzó… Las palabras del Himno Nacional Argentino, se escuchaba retumbando el salón.Solo nuestras voces quedaban ahogadas, dentro muy dentro de nuestro corazón…
¿Que sería de nosotros? De aquí en más mi «RO»?…Mirando tu bici volaba mi imaginación… Recordaba los días ¡Tan fríos de invierno! cuando me bajabas a una cuadra, para evitar las cargadas, al vernos llegar juntos, me calentabas las manos con tu aliento, y mis dedos endurecidos, recobraban vigor.. Pero el destino quiso que siguiéramos juntos y seguimos creciendo «Juntos por amor». Te recibiste de ingeniero mecánico, y yo de profesora de piano que era mi pasión… El arte siempre se me enredó en la vida… y siguió su curso hasta el día de hoy. Te escribía poemas con mucha vergüenza, pero que iluminaban tu rostro. ¡No olvido esa expresión!
La vida se pasaba apresuradamente, como se acrecentaba así nuestro amor. Todos comentaban ¡Son uno para el otro! y ya lo sabíamos con antelación. Llegó el momento de la decisión más grande. Y la tomamos si vacilación. Nuestros padres fueron nuestros confidentes, y nos apoyaron confirmándolo. Pusimos la fecha para nuestra boda. «21 de septiembre del año 2002». Primavera que siempre fue motivo en nuestra vida, románticos de profesión… En abril comenzamos con los preparativos…fusionamos los sueños y Dios nos concedió que tus abuelos nos regalaran la vivienda.
En un parque precioso con olor a alcanfor…había cerezos, manzanos, naranjos, y bandadas de pájaros, aturdiéndonos… Me regalaste un perrito blanco como espuma, que sería en tu ausencia… mi guardaespaldas, hasta que regresaras vos. Mis amigas me hicieron una despedida…donde reinó la alegría, las bromas, la música y la canción… La tuya te la harían un día antes de la boda, esperando a tus primos y aprovechando esa ocasión. Mi temor eran las bromas «pesadas», que a veces los hombres hacen cuando se exceden en el alcohol. Pero mi mami me decía ¡No te preocupes! eso no sucede con los amigos de «RO».
Mientras se realizaba el festejo fui por mi última medida, del traje ¡Tan soñado!.. Me quedaba en el cuerpo como pintado, y no pudimos con mamá, reprimir la emoción…nos sobrepusimos pensando en «MAÑANA»…esa palabra triste que nunca me gustó. Allí no más retiramos el traje, al no necesitar un solo retoque…y combinamos el horario con Betty la modista, que me conocía de niña, que abrocharía los sesenta botoncitos, que llevaba el modelo que a mi se me ocurrió. Nos quedaba de paso la florería, y el ramo esperaba en el refrigerador…al otro día sería feriado…la autonomía del pueblo donde nací yo. Mientras manejaba camino a mi casa tenía deseos de pasar por donde le hacían el festejo a Ro… Pero mamá me dijo, no me parece bien, es su fiesta; tu hiciste la tuya y el no te molestó. Pasaban las horas y mis ojos se dormían, pero el que no podía dormirse era mi corazón.Hasta que de pronto sonó el timbre de casa, papá abrió la puerta y solo escuché un grito: ¡por Dios! ¡NO!
Me puse en un segundo la bata que tenía a mano, cuando vi. al policía todo el cuerpo se me paralizó. Mi papi lloraba como niño abandonado…el uniformado trataba de tranquilizarlo en todo momento pero no lo logró, lo que pasó conmigo no puedo explicarlo…desperté el 22 de Septiembre envuelta en sopor… Mi mami quería explicarme, lo inexplicable…que el miércoles había sido una noche trágica, y que en mi vida ya no estaría RO. Que en medio de esas bromas de la fiesta de solteros, lanzaron al aire, al único hombre que en mi vida existió… El que transpiraba, cuando yo pasaba al frente, el que me surtía de pastillitas, cuando me daba la tos. El que calentaba con su aliento mis manos, y el que conducía la bici, con destreza y precaución.Lo rodearon en grupo a pesar de los reclamos que nadie escuchó, lo levantaron por el aire como se echan a volar los pájaros. ¡Alto! ¡Tan alto! que cuando cayó, no tuvo contención…la red humana falló en el intento, quizás por el humo que había en el ambiente, o tal vez por el alcohol que allí se consumió. Su cuerpo fue una bolsa que dio contra el piso, su cabeza que tantas veces en mi pecho descansó, fue la que con más fuerza el golpe recibió, descerebrándose sin remedio ni opción.
Aún sigo en mi lecho, viva; pero ¡Muerta! vacía de sueños, de proyectos, de ambición, como una mariposa de las que cazabas de niño, y que aún conservo muertas como yo. Mi casa es un desfile de vecinos y amigos que quieren condolerse con lo que pasó. Algunos de los que estuvieron festejando esa noche, no pueden reponerse después de lo que pasó.
Solo escucho a mi mami que dice: el médico no quiere que reciba a nadie, tal vez algún día se recupere de este shock En el maniquí hay una novia parada, con un ramo en sus manos y veintiuna rosas blancas, entreveradas con lirios, elegidos con amor. La novia me mira con lágrimas en los ojos ¡Hasta se me parece! ¿No seré yo? Mamá me cubre de besos la cara; papá está mudo sentado en su sillón…y a mi me posee una dulce locura…que me lleva a tus brazos y hasta siento tu calor… Se que jamás leerás esta carta, pero la escribo pues quiero contarte mi amor, que aunque las rosas del ramo de novia, un día se sequen y cambien de color…seguirán siendo un mudo testigo, que por mi vida pasó el amor… que nació siendo niña y fue creciendo a medida que el tiempo transcurrió…
Serán esas rosas que perfumaban tu vida, y que nadie ni tú, jamás deshojó, pues queríamos juntos sentir su perfume, la noche de bodas…Pétalo por pétalo, descubrir la pasión… Pero no fue posible, no se lo cuestiono a Dios… Seguiré siendo tuya ¡Solo tuya! Hasta que un ángel venga a buscarme, para jamás separarnos ¡Te lo prometo! Mi RO.
Con mi inalterable amor de Li para Ro…
CARTA DESDE EL HAMBRE
Luz Fontana / Italia
Querido mundo que todavía duerme tranquilo:
Hoy te escribo desde un lugar donde ser niño no significa jugar, sino buscar entre lo que otros desechan. Aquí, la comida no siempre viene de una mano amable. A veces se encuentra en la miseria más profunda, y aún así, se recibe con gratitud.
Vi a un niño hoy, hurgando entre las heces. No por curiosidad, sino por supervivencia. Su cuerpo pequeño estaba doblado sobre la desesperación, y su mirada, lejos de tener miedo, tenía costumbre.
No sé su nombre. No sé si alguna vez fue abrazado. Pero sé que tú, al leer esto, puedes hacerlo existir. No con lástima, sino con la conciencia de que hay realidades que deben cambiarse… y que se cambian empezando por recordarlas.
Con un nudo en la garganta, y con Luz como testigo,
SECRETOS QUE NO SE PUEDEN CONTAR
Carlos H. González Saavedra / Argentina
Nunca pensé que podría escribirte o al menos no tenía la intención de hacerlo.
Pero así es.
Desde que nos acercamos después de mucho tiempo, compartí momentos maravillosos, me escuchaste, contuviste y ayudaste.
Siempre mantuvimos la relación al límite, por los mandatos y compromisos
que nos unen.
Estabas a la espera de algún amor, igual que yo.
Un pasillo angosto, donde decidimos caminar juntos.
Coincidimos en un montón de cosas. Los fines de semana eran una fiesta, entre almuerzos y caminatas.
El tiempo y actividades nos parecían poco. Estábamos muy conectados.
Organizamos nuestros encuentros, con un grupo al cual íbamos. Después cena y cada uno a su lugar.
Te confieso que más de una vez al llevarte a tu casa, quise preguntarte ¿ Me quedo? No me anime, creo que vos, esperabas ansiosa esa pregunta.
Finalmente una visita , me dio la señal. Una de tantas que no quería mirar. Me esperaste con una rica cena y un vinito .
A la sobremesa nos sentamos en un cómodo sillón. Un silencio cómplice me avisó, que estaba atrapado. Con voz firme dije! ¡Me voy! Sorprendida… me despediste.
No estaba preparado, me gustabas mucho, cada vez más. Tenía miedo de enamorarme. Creo que así, lo entendiste.
Pasaron meses en la misma situación, me sentía cómodo y nuestras conversaciones eran profundas.
Por mi lado, iba resolviendo causas emocionales de mi familia. Lo mismo que vos.
Estábamos solos sin saberlo.
Siempre hay un momento, un buen día.
Apesadumbrado te llamo para contarte mi angustia y me dijiste: -¡Vení! Esta noche. Lo que necesitas son mimos.
No pensé en mimos amorosos, pensé en consuelo.
Espere que las circunstancias me sorprendan
Cenamos, nos reímos y abrimos una botella de champán. Pretendiendo espantar la mala onda familiar, que nos envolvía….Ese sillón hizo el resto. Nos besamos, y la noche nos envolvió en su secreto.
No olvidaré tus gestos, tu manera de entregarte, esa intensidad que nos llevó a descubrirnos sin palabras.
Me hiciste sentir pleno, sin necesidad de nombrarlo.
¿Cómo acallar tanta energía? ¿Cómo seguir después de esa noche?
Coincidimos en dejarlo allí… entre los pliegues del silencio.
Y aunque nunca lo contemos, lo guardo como algo inolvidable.
No siempre transgredir es error— a veces, es simplemente vivir.
Así fue. Así es. Y quizás, así quedará.
SOY BARRIO
Lamberto Ibárez Solís / México
Te he conocido; tienes la virtud de enjuagar mis lágrimas; tienes la enorme virtud de ser mujer, de ser madre de ser tú; me arropas, me cubres con mis sábanas blancas y olorosas; pero estás llegando a mi vida y no pregunté tu nombre. Lo escribí en mis arenas del mar hermoso; mi mar subyugante; mis playas mágicas llenas de candor te veneran; y mis flores; mis flores de múltiples colores que me sonríen cuando llego; mis flores que son un símil de tu belleza de tu forma, de tu vida.
Me enamoraron tus ojos; tu forma de ser, de actuar y convivir con un ser tan complicado como lo soy; y por ello deseo escribirte esta carta; tal vez no sea de amor; pero un aprendiz de poeta escribe su canción; esta canción que solo se canta a dúo; tal vez sin mariachis hermosa.
En este tormentoso mar donde hemos caminado, me sonríes; no eres nada para mí; pero veo luz en tus ojos y en tu pelo; deseo exclamarle al mar; todo mi encanto; me felicidad y le he gritado con todas mis fuerzas pero sus olas me opacan. Aquí frente al mar te conocí y te he admirado en demasía; ¿Qué te puede ofrecer un pescador de sueños imposibles?: Un pescador de silencios apagados y que llora triste; cuando las tardes lo torturan con sus recuerdos amargos.?
¿Qué te puede ofrecer un pescador de ilusiones agridulces? ¿Qué te pueden ofrecer mis bolsillos roídos; sino más quimeras? El que deambula por las calles de mi pueblo y lo ama con amor?; El que le ha cantado a su barrio como un nativo de su solar. El que su Laguna Azul sigue siendo su gloria y espejo; donde miro porque; yo soy un pescador de atarraya; y soy barrio, soy tarécua, soy masa y también soy angustia; soy el cuatete que ha caído en su atarraya y soy Zacualpan.
Soy la masa que no han conseguido mis hermanos de mi barrio; Soy memela, soy el bolillo, su telera; soy su café en las mañanas; soy su pregonero que anuncia las seis de la mañana, tempranero.
QUERIDA MUJER
Andrea Kiperman / Argentina
Querida mujer, abuela, madre, hija, hermana, sobrina, prima… querida mujer, esta carta es para vos. Cada pequeño paso de la historia hasta aquí ha costado lucha. Mucha lucha. No olvides que, por momentos, parecería que estamos viviendo en un mundo de hombres… o eso piensan, ¿no?
Querida mujer, alza tus ojos, endereza tu espalda y afila tus palabras. El mundo necesita que no te quedes callada, que puedas dar tu versión, tu opinión, tu pensamiento, tu amor.
Querida hermana, no bajes los brazos. Que tus ojos brillen, y que nadie opaque tu luz. No lo permitas.
Querida amiga, no te dejes vencer. La vida está hecha de nuevas oportunidades para ser feliz, de acariciar nuevos horizontes, de cumplir nuestros sueños. No olvides dejar tu impronta, tu idea, tu pensamiento, tu dulzura, tu amor. No calles. No permitas que nadie se quede con tus palabras. Es momento de brillar. Es momento de metas cumplidas. Es momento de compartir. Es momento de recibir todas esas maravillas que la vida tiene para ti.
Querida mujer, te honro, te acompaño, y no olvides: el poder está en ti. Esta carta es para vos. Recuerda cada una de estas palabras.
Quedo con ustedes…
CARTA A MI SEÑOR JESÚS
Sarah Petrone / Argentina
Señor Jesús,
mi único Señor. Solo ante tí, únicamente, bajo mis ojos en señal de respeto y me arrodillo. Hoy, no te escribo para pedirte ni suplicarte, porque sé que escuchas en mi interior, y me comprendes. Hoy, solo quiero agradecer.
Te agradezco que hayas puesto tus ojos en mí, para bendecirme. Te doy gracias por la vida que me das, aunque muchas veces, en medio de las duras pruebas que debí afrontar, no la valoré.
Te agradezco por mis padres que ya no están y a los que extraño, aunque muchas veces disentí con ellos. Te agradezco por mis hermanos. Te agradezco por el compañero, el esposo que elegí y que ya está a tu lado.
Te agradezco por los hijos que me diste y también por el que te llevaste. A pesar de los amores y sinsabores de tantos años, valió la pena el ser madre.
Gracias por los nietos, la sublime y continua heredad que te dejo para alabarte. Gracias por las lágrimas, que no fueron pocas, pero que me hicieron comprender mi «nada».
Hoy que contemplo las razones de mi vida, solo te puedo agradecer por tu compañía y tu presencia en mí, porque sé, que sola, no lo hubiese podido conseguir, y espero tener salud y mucho tiempo para seguir agradeciéndote. Gracias Jesús.
EDITORIAL-JULIO
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» Lo que se escribe con alma, queda suspendido como luz en el aire.”
LETRAS QUE ABRAZAN EL TIEMPO
Elspeth Gormley / España
Hay meses que llegan con un silencio distinto. Julio no es solo calor y estaciones; es también un espacio en el que las palabras adquieren peso, en el que lo escrito se convierte en puente entre lo vivido y lo que aún se espera.
Este número de la revista nace desde esa conciencia: la de que la escritura tiene una misión que va más allá de narrar. Tiene el poder de sostener memorias, de acariciar lo que ya no está, de transformar emociones invisibles en gestos que tocan al lector. En cada poema, en cada reflexión, en cada cuento que aquí se presenta, hay un latido que quiere permanecer.
A lo largo del tiempo, hemos comprobado que lo que se comparte desde lo auténtico no desaparece. Queda suspendido como luz en el aire, aguardando ser leído, sentido, transformado otra vez. Esa es la función de estas letras: proteger lo esencial, lo delicado, lo que se intuye más allá de la superficie.
Queremos este mes invitarte no solo a leer, sino a detenerte. A permitir que las palabras te busquen sin prisa. Que encuentres en ellas no solo historias, sino rastros, preguntas, ecos.
Escribir -decía alguien-, es también cuidar. Cuidar de las voces que nos preceden, de los gestos que nos marcaron, de lo que aún no ha sido dicho. Este editorial es eso: una caricia extendida hacia lo invisible. Porque las letras tienen raíces, y cuando se escriben con intención, florecen en quienes las leen.
Que julio nos encuentre escribiendo con la luz encendida por dentro. Porque si el mundo se mueve, que lo haga al compás de palabras que abrazan.
Julio se convierte así en un homenaje a lo que perdura. A la palabra que no se agota, al gesto literario que toca fondo y desde allí vuelve a florecer. Porque si el mundo se mueve, que lo haga al compás de palabras que abrazan. Que lo haga, sobre todo, con el alma encendida por dentro.
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Gracias por acompañarnos con el alma abierta, con ojos sembrados de esperanza, con sensibilidad despierta.
HOMENAJE A LILIANA LORAN
Hoy nos reunimos bajo el amparo de la palabra para rendir homenaje a quien supo vivirla, compartirla y sembrarla: Liliana Lorán
Este encuentro no es solo una despedida. Es un gesto de memoria, una ofrenda de afecto que atraviesa el tiempo. Porque hay personas que no se despiden nunca… permanecen en lo que dejaron dicho, en lo que inspiraron, en lo que callaron con elegancia.
Liliana fue parte esencial de este proyecto editorial, no solo por lo que aportó con sus letras, sino por la sensibilidad que imprimió en cada uno de sus gestos. Fue luz discreta, brújula silenciosa, y compañera generosa.
Hoy, al reunirnos para recordarla, traemos no solo su figura, sino también su eco. Nos acompaña en cada palabra que publicamos, en cada mirada que dedicamos a lo invisible.
Este homenaje es también un agradecimiento. Porque sin voces como la suya, el mundo editorial sería menos humano, menos hondo, menos cierto.
Gracias, Liliana, por lo sembrado. Por lo dicho y por lo no dicho. Que tu memoria siga siendo guía, inspiración y abrazo.
La presente edición acoge varios mensajes llegados desde distintas latitudes. Cada uno refleja el eco que Liliana dejó en quienes la leyeron o compartieron su luz.
Nota de Gustavo Páez Escobar de Colombia escritor y colaborador de la revista
Querida Elspeth:
Deploro el fallecimiento de Liliana Loran y me uno al homenaje que le rindes con tus bellas palabras. Ella estuvo muy unida a la revista, y por eso su ausencia te causa hondo dolor. Sin haberla conocido, la siento de la familia. Efusivo abrazos de solidaridad para sus seres queridos, para ti y todos los colaboradores.
Testimonio de despedida: Margarita Mangione / Argentina, escritora y colaboradora de la revista
Con el alma en duelo y el corazón desgarrado, aún me cuesta aceptar que nos dejó Liliana Lorán, exquisita poeta, escritora y bailarina, luego de enfrentar con valentía una larga y dolorosa enfermedad. Fue una persona de belleza que trascendía lo visible: dulce, amorosa, luminosa.
Tuve el privilegio de su amistad durante muchos años, y hoy la tristeza es inmensa. Su esposo, Salvador D’Arrisso, quien me mantenía al tanto de su salud, fue quien me dio esta dolorosa noticia. Hace apenas unos días, presenté en el Centro Cultural Municipal León Fourvel Rigolleau , dependiente de la Secretaría de Cultura de Berazategui, presentó el libro Pinceladas y Versos en Pandemia , una obra compartida entre la artista plástica Inés Dagand y Liliana. El salón se colmó de personas que celebraban esta unión de arte. Aunque Liliana no pudo estar presente, sus versos fueron leídos y aplaudidos con emoción.
Tenía la esperanza de que pudiera acompañarnos en octubre, en la Feria del Libro de Berazategui. Hoy, esa esperanza se convierte en recuerdo. Desde lo más profundo, envío mi pésame a Salvador, a su familia, amigos ya todos quienes la admiraron. Ruego una oración por su eterno descanso
Querida amiga del alma, nunca te olvidaré. Que brille para ti la luz que nunca se apaga. Que el Señor te reciba en sus brazos. Descansa en paz. Besos al cielo, con el anhelo de volver a encontrarnos.
Koldo Aranguren , escritor vasco, envía este mensaje, para el homenaje a Liliana
Koldoren begirada berrituan, Euskal Herriko idazlea: Lilianaren bidez ikusezina ikasten hasi nintzen. Bere bertsoek farolen moduan argitzen zituzten lehen ihes egiten zidaten xehetasunak, poesiak arima zorrozteko gaitasuna balu bezala. Ez zuen idazten soilik: begiratzeko modu bat irakasten zuen, goxotasunez, sakontasunez, harriduraz. Orain, bere presentzia mundua ikusteko nire moduan parte da.
Desde la mirada de Koldo , escritor del País Vasco: A través de Liliana aprendí a ver lo invisible. Sus versos eran faroles que alumbraban detalles que antes se me escapaban, como si la poesía tuviera el poder de afinar el alma. No solo escribía: enseñaba a mirar con ternura, con hondura, con asombro. Su presencia es ahora parte de mi forma de ver el mundo.
Isabel Anchon, desde Toledo, envía este mensaje:
Gracias, Elspeth, por abrirme las puertas al mundo poético de Liliana a través de tus publicaciones y charlas. Es una gran pérdida para el mundo literario; su poesía no solo conmovía, sino que sembraba luz. Un abrazo profundo, y mis condolencias para su familia y para todos los que aman la palabra.
Desde los ojos de Juan José González de Colombia, lector fiel de esta revista: Leer a Liliana era siempre una emoción quieta, como música que abraza sin pedir permiso. No quiero echarla de menos. Quiero seguir encontrándola en sus poemas, como quien vuelve a casa. Que su voz no se apague: que siga publicando, desde el lugar donde danzan las almas
POESÍAS
CUANDO MARCHAN LOS POETAS
En recuerdo de Liliana Lorán
Inés Arribas (Nené) / Argentina
Mientras los poetas transcienden
Hacia el reino celestial
Los reciben las campanas
Con un duce redoblar
Cada vez que componían
En la tierra sus poemas
Cantando a vida, natura
Amor, dolor o entrega
Del corazón transmitía,
Letras y dulce esencia.
En cada verso exponían
Lo que su alma guardaba
Y cual cofre de recuerdos
La memoria conservaban
Hoy en la altura reunidos
Con pares disfrutando
Comparten los pensamientos
Entre nubes vagando
El Señor bendiga siempre
A simples soñadores
Y lo celebren en el cielo
junto a otros trovadores
ELEGIA A LILIANA LORAN
Isidoro Barrera Molina / México
Trágicas horas de la madrugada
del cinco de julio dos mil veinticinco
poetisa y bailarina inició retirada
vicepresidente, de Vuelta Obligado y Patricios.
Dejas el recuerdo de “Estirpe Surera”
pinceladas y versos en pandemia
fuiste profesora y maestra guerrera
bien queriente de rimas en toda la tierra.
“Pertenencia” con poemas criollitas
más bien conocida como Antología
habla de batallas y líneas paisajistas
con esos poemas se forma una poesía.
La literatura reclama un silencio
después un aplauso con mucho calor
se fue la que sigue entre nos su recuerdo
viviendo en sus versos y en el corazón.
ETERNA ALMA SURERA
En homenaje a nuestra querida Liliana Lorán .
Marcela Barrientos / Argentina
En la tierra que tanto amaste, quedó tu luz,
una llama ardiente que el viento sur llevó,
tu alma pampeana, en cada verso, en cada raíz,
resuena en el eco de un canto criollo, en el sol que doró.
Tu voz, dulce río de sabiduría gauchesca,
fluyó con gracia por las pampas y su arte,
una poesía para cada efeméride patria,
una fe profunda y un amor por lo religioso.
Sangre criolla, cabello dorado, alma de fuego,
en cada palabra dejaste un legado sin igual,
una poeta de pasión, de alma en juego,
que en cada verso dejó su huella inmortal.
Aunque hoy tu partida nos deja un vacío profundo,
tu presencia en letras y en el alma será siempre un farol,
una huella única, un recuerdo fecundo,
que brilla eternamente en la tierra pampeana, en nuestro sol.
Gracias por compartir tu luz, tu arte, tu ser,
por regalarnos tu voz, tu fe, tu corazón,
en cada rincón, en cada amanecer,
tu espíritu vive en esta tierra, en cada canción.
A LILIANA LORÁN
María Elena Camba / Argentina
Tus pies son alas, tus manos pañuelos
que danzan y giran en círculo eterno.
Con renovado compás
la música acaricia, envuelve los pasos
ligeros que siguen bailando en ronda.
Al ritmo de tus poemas,
cantas a nuestra tierra.
Al cóndor que surca los cielos,
al sauce que acaricia la orilla,
al prócer que honró la patria,
a tu terruño Mataderos.
Enhebras cada palabra
en cuentas de paz.
Amaste cada rincón
de nuestra amada Argentina.
Tus poemas despertaron
tantas almas dormidas
Hoy te recuerdo Liliana
tu mirada amorosa,
esa sonrisa cristalina,
tu aura luminosa.
Querida compañera,
hermana de letras
Ojalá desde el cielo
se escuche esa lira amorosa
y baje tu pluma piadosa
a iluminar el camino.
HACIA LA LUZ INFINITA
Enrique Fredy Díaz Castro / México
Hoy la cúpula celeste
de esa tu patria Argentina,
no oye tu voz cantarina
con poemas de Este a Oeste.
Ni los Viajeros de Paz
hoy sentirán tu alegría,
porque surge la elegía
por el adiós que les das.
Las danzas tradicionales
que tú tanto fomentabas
un compás de espera clavan
sin público y sinodales.
Liliana Lorán partiste
hacia la luz infinita,
mientras pañuelos se agitan
pues tu pluma quedó triste.
Hoy tus Campanas al alba
doblan con honda tristeza,
a la vez que por ti rezan.
¡Que descanse en paz tu alma!
De esos bailes prodigiosos
y de esa poesía exquisita,
quedan las constantes citas
que de ti podrán hablarles.
La Patagonia y Las Pampas,
icónicas de tu tierra,
en tu recuerdo se encierran,
mientras tus letras decantan.
Allá en tu suelo sureño
de esta América pujante,
¡Permanecerán vibrantes,
tu danza y poesías de ensueño!
UN ÁNGEL ENTRE NOSOTROS
A Liliana Lorán
Carlos González Saavedra / Argentina
Te fui conociendo
a través del tiempo
En alguna radio o
en algún evento.
Conocí tus letras
Conocí tus verbos
Escribiste al campo
A la belleza del atardecer
y paisajes de nuestro suelo.
La argentinidad pintada
En distintos lienzos
De las cosas simples.
Emociona leer
vocablos y versos.
Sentiste un llamado
Y abandonaste el cuerpo
Una luz infinita
Iluminó el firmamento.
Partiste a perfumar otros cielos.
Dios bendijo tu paso
y has bendecido el nuestro.
Te fuiste a un mundo nuevo.
Gracias, Liliana Loran
Estoy seguro que…,
Dios, estará contento.
A LILIANA CON GRATITUD
Elspeth Gormley / España
Estuviste, sin ruido ni aviso,
como luz que en silencio se posa,
como lluvia que llega sin prisa
y acaricia la piel más hermosa.
Fuiste abrazo en las tardes sin canto,
fuiste calma en las horas oscuras,
compañera sin nombre ni manto,
pero llena de amor sin fisuras.
No sé cómo nombrarte despacio,
lo que fuiste no cabe en mi verso;
solo sé que agradezco despacio
tu presencia en mi mundo diverso..
No te digo adiós, no hace falta,
te mantengo en mi voz cada día.
porque aunque la distancia resalta,
como brisa en mi alma…sigues viva.
LLANTO POR LA POETA LILIANA LORÁN
Lamberto Ibárez Solís / México.
Mis versos como saetas
de mi patria mexicana;
que mi corazón hilvana
y honrar a la gran Poeta.
Que nos dejó una gran grieta
por su partida temprana,
en mis décimas desgrana
mi dolor hecho palabras
que en mis montañas se labra
con sus dobles de campanas.
Campanas de “Mataderos,”
tocaron dobles en julio;
opacando los estudios
de los Poetas enteros.
Que seguían con esmero
a la danza y la Poesía
porque en sus versos hervía
su bella pampa argentina
que con su pluma tan fina
denostaba su alegría.
Alegrías nativistas
con pinceladas de versos
de manantiales diversos
en que se yergue la artista.
Jóvenes revisionistas;
todas las Letras Hispanas
desde tierras muy lejanas;
te ganaste tu homenaje
con mi lírico lenguaje
de mis letras castellanas.
Castellanas mis palabras;
surgidas desde mi costa
donde aflora la langosta
con estocada macabra.
Y con mi llanto que labra;
voz de Liliana Lorán,
el trayecto es un vaivén
y el camino es un misterio
que nos lleva al cementerio
para la Poeta un Edén.
NO PREGUNTES CUANDO
Graciela Reveco / Argentina
solo sé que un día compraré el pasaje
ayer ya pasó
mañana aún no llega
hoy es un misterio
imposible no cruzar la puerta y respirar la vida
sin embargo
de algo estoy segura
envuelta como una nube de nieve
en el tenue arrullo de un trino de pájaros
en el salto de una rana en las acequias del verano
en el croar de los grillos de una noche estrellada
en la fresca atalaya del viento sobre los árboles
en la lluvia temprana de la melancolía
entre las sombras vertebrales de la ciudad
en cada palabra del libro que no leíste
en la línea invisible entre la montaña y el mar
en el quieto paisaje de tus pantallas táctiles
allí vas a encontrarme
cuando compre el pasaje que aún no pretendo
no preguntes cuándo
que todavía hoy… es un misterio.
A LILIANA LORÁN
Sarah Petrone / Argentina
Amiga de las letras, que transitas
por el plano que el destino te ha marcado,
has dejado que la pluma en tu mano,
repose, por lo mucho que escribiste.
Rodeada de poemas, transcribiste
todo lo que tenías en tu alma,
hasta que un arco iris de palabras
iluminó el camino que elegiste.
Sin tiempo, la distancia se persigna,
una oración enciende en su plegaria
el deseo de que brilles con la calma
que solo el Creador nos da, y bendice.
A LILIANA…
Susana Piñeiro / Argentina
Como tierna flor nativa abrazada a tu Tierra amada
enamorada de todo lo que en ella valorabas….
como ave matutina que los espacios surcara
atesorando visiones que en tus poesías volcabas…
o danzando melodías autóctonas tan logradas
y recitando un refrán que una enseñanza dejara…
Así quiero recordarte en tu voz tan dulce y cálida
o en un consejo casual que en la distancia me dabas.
Amiguita tan preciada, mujer íntegra,
aplicada
me alegra haber disfrutado de tu amistad y tu calma,
de tu sensibilidad y tu profunda mirada.
Tu presencia se agiganta en cada nueva alborada
pues la Vida verdadera, con la muerte no se acaba,
sólo cambia su vestido volviéndose toda diáfana.
Exquisita poetisa de bondadosa templanza
envíanos un susurro que nos infunda confianza,
que nos alumbre el camino y que nos en dulce el alma.
Regálanos un poema de azucenas y plegarias
y píntanos el paisaje celestial por donde vayas!
Epílogo: Elspeth Gormley
Cuando una presencia toca tantas almas, no se despide… se multiplica. Cada palabra aquí reunida es más que memoria: es llama viva, es eco agradecido, es abrazo que no cesa.
Liliana Lorán no está ausente. Está en la música de estos versos, en el susurro compartido, en la ternura con que tejemos esta red de letras.
Que su nombre siga danzando entre nosotros como lo hizo su luz: discreta, profunda, inolvidable.
Si un alma logra tocar tantas voces, ya no pertenece al tiempo. Liliana vive en el murmullo de estos versos, como música suave, como faro invisible que sigue guiando. Y aquí, donde la palabra se convierte en abrazo, su presencia sigue siendo llama viva.
Hago eco como Director de la Revista, de las palabras de nuestra Editora. Liliana no está en nuestro plano físico, pero su recuerdo permanecerá siempre con nosotros. Carlos Pérez de Villarreal
EDITORIAL – JUNIO
AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.
“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”
En cada sombra hay un destello de luz esperando ser descubierto. Junio nos recuerda que avanzar es aceptar ambas partes del camino.»
EDITORIAL JUNIO: ENTRE LA LUZ Y LA SOMBRA, EL MOVIMIENTO Y LA TRANSICIÓN
Elspeth Gormley/ España
Junio llega como un punto de inflexión, un umbral entre lo que hemos recorrido y lo que aún nos espera. No es solo el sexto mes del año: es un instante de luz y sombra, de caminos abiertos, de decisiones que marcan el rumbo.
El solsticio de verano se acerca en el hemisferio norte, extendiendo los días hasta su límite, envolviendo todo con la intensidad de su brillo. Mientras tanto, en el sur, el invierno reclama su espacio, invitándonos a la introspección, al recogimiento necesario antes de emprender una nueva marcha.
Así es junio: una danza entre opuestos, una invitación a moverse, a explorar, a redefinir lo que somos. Cada viaje que emprendemos—sea externo o interno—es una puerta hacia lo desconocido. Y cada paso nos exige confrontar nuestras propias sombras, descubrir lo que realmente nos impulsa.
La luz y la oscuridad no son enemigos; son fuerzas complementarias que nos enseñan a mirar más allá de lo evidente. Hay momentos para correr hacia el horizonte y otros para detenerse y escuchar el eco de nuestro interior. Junio nos recuerda que el equilibrio entre ambos es lo que nos hace avanzar.
«En este tránsito entre luz y sombra, entre movimiento y pausa, el mundo también cruza un umbral. Las decisiones de unos pocos marcan el destino de muchos, y la historia nos observa. La pregunta es: ¿seremos capaces de encontrar equilibrio entre lo que hemos sido y lo que podemos llegar a ser?»
Y así, en este mes que arde en luz, también llegan las Hogueras. En muchas orillas del mundo —y especialmente en tierras de fuego mediterráneo—, junio enciende su ritual: el fuego que purifica, que deja atrás lo viejo para dar paso a lo nuevo. Saltamos llamas, escribimos deseos, y entregamos al aire lo que ya no queremos cargar.
Porque junio también es eso: una llama que transforma, una oportunidad de renacer entre brasas y esperanza.
Ya sea que caminemos por senderos reales o por los caminos de nuestra propia mente, junio nos reta a seguir adelante. Porque todo cambio es movimiento, y en ese viaje, encontramos nuestra verdad.
«Porque, en tiempos de incertidumbre, la palabra es resistencia. Que las letras atraviesen fronteras, desafíen silencios y sean luz en la sombra.»
POEMAS – JUNIO
AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.
“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”
“Donde el verso respira, florece el alma de quien se atreve a sentir.”
DESDE LA VENTANA (III)
Inés Blanco (Luna de Abril) Colombia
Solitaria he trepado
al lomo del tiempo
que viaja junto a mí,
desde los primeros pasos.
He cabalgado sin tregua:
con desazón, miedos y alegrías… Sí.
Con restricciones y fracasos… Sí.
También con falencias infinitas.
Las voces ancestrales
se arraigaron en mis ojos,
sobre la piel y en los sentidos
como ráfagas de viento.
Los primeros balbuceos
en mí fueron sílabas que
anhelaron ser palabras
y quisieron ser poemas.
Al filo de los años
arribaron los naufragios,
como ventanales rotos
azotados por el viento.
Si no existieran las ventanas,
¿por cuál agujero contemplaríamos
la luna como único testigo
de las noches sin estrellas?
En la oquedad del pensamiento,
donde la luz desaparece,
presiento un sueño extraviado,
oculto en las garras de la muerte.
Dejo abiertas las ventanas
de par en par, a merced de la tormenta,
para que regresen vivas,
sonrientes y sabias las palabras.
EL VIOLÍN Y SU SER
Matías Bonora Berenguer / Argentina
a Sami Abadi
Late su alma,
entre vibraciones de notas
que susurran el tiempo
y respiran ese instante,
de capturada eternidad.
El músico se expande
con la creadora voz de su instrumento,
haciéndose espontánea metáfora
de musicales sílabas
y albores,
fraguando el vuelo del ardiente centro,
entre gestos de cerdas, cuerdas, esbeltos tendones
y muscular madera.
Fundidos en la seminal ofrenda,
impera un atemporal sosiego
que, abrigados, cadencioso nos hilvana
al intenso candor del inesperado encuentro;
elevados en la arcana coda
de una existencia sensible,
compartida.
SOLEDAD
Susana Curbela / Argentina
A la hora que se extingue el día,
cuando el sol se esconde, porque no quiere encontrarse con la luna,
llega Ella.
Densa
Espesa
Insolente y
Grosera
No pide permiso.
Me invade.
Me asfixia.
Llena cada espacio
de mi cuerpo y mente.
En uno calienta.
En otra susurra.
Repite tu nombre.
Dibuja tu cara.
Aunque la aborrezco,
no puedo echarla…
¡Es lo único que tengo!
MI GRITO DICE ¡BASTA!
Carlos González Saavedra / Argentina
De guerras que espantan
De terror que amenaza
De aplastar pueblos inocentes
De someter a niños
A madres y ancianos
De bombardear sus casas
El miedo no deja respirar,
Amordaza.
Basta
De misiles que dibujan
la muerte, cuando pasan.
Basta
De charlas vanidosas e interesadas
en organismos mundiales,
Colmados de egoísmos,
hipocresía y arrogancias.
Basta
Mercaderes del odio y venganzas.
¡Matando, no se soluciona nada.!
Basta
De darle mas importancia
a batallas por la franja de Gaza,
Que la sonrisa de un niño
Cuando ríe o cuando juega
O cuando canta.
De una mama, cuando amamanta.
De familias que desarrollan sanamente
sus crianzas.
¡Haya PAZ!
¡BASTA DE GUERRAS!
¡BASTA ,BASTA, BASTA!
QUIERO ESTAR CONTIGO
Carlos González Saavedra / Argentina
Seguiremos gritando
Para que sea bonito
Que los pájaros dibujen
La alegría con su trino
Que el viento nos lleve al mismo
Destino.
Porque nos amamos hasta el infinito
Que decidimos jugar este desafío
De pasar los próximos años
Contigo.
Porque el mundo ahora, lo vemos distinto
Porque hace tiempo que quiero
Estar junto a vos, juntitos
Para llenar de besos tus espacios
Vacíos.
Para tener tu calor, cuando sienta frío
Para que tu aliento respire junto con el mío
Por las mañanas sienta que estas al lado mío.
Los latidos mandan
Repiquetean en nuestros oídos
Las voces de nuestras almas dicen:
¡QUIERO ESTAR CONTIGO!
APRENDIZAJE
Elspeth Gormley / España
La vida me ha enseñado que todo es pasajero,
y las palabras son como un suspiro al viento;
a no rendirme a ciegas al verbo lisonjero
y que el mayor milagro es el primer aliento.
Que tan solo los ríos siguen un rumbo fijo,
y todos los caminos conducen a un final;
que no es la fe aferrarse tan solo a un crucifijo,
sino tomar conciencia de qué es el bien y el mal.
Que el llanto es medicina que dulcifica el alma
y la risa un modo de agradecer a Dios,
que toda tempestad trae consigo la calma
y para iniciar guerras se necesitan dos.
Que amores verdaderos son cual verano ardiente
con gotas de rocío que donan su frescor,
y son grata tibieza en un invierno hiriente:
la mano que sostiene cuando falta vigor.
Que al alma, igual que al río, la ensucia el recorrido:
es clara y pura el agua al salir del manantial.
Si el paso va dejando al espíritu abatido,
el cuerpo es solo lecho; el alma es inmortal.
Y si vivir nos lleva a etapas de renuncia,
también hay estaciones colmadas de bonanza;
aun el cielo más negro la claridad anuncia:
el tiempo sana heridas… y brota la esperanza.
Si lo ignoto amedrenta el exiguo entendimiento,
la vida es como el cielo… con cenit y nadir;
es un suspiro, un viaje, un fugaz movimiento…
y con el amor que llega, empezaré a vivir.
DÓNDE ESTARÁS, HERMANA?
Jaime Hoyos Forero / Colombia
Era una monja linda…
como un ángel sin alas.
Su boca era un racimo cargado de ciruelas
y sus manos diez lirios
en dos largos manojos,
y sus ojos dos noches misteriosas y negras.
Oh Dios, con solo verla,
sin querer yo pecaba…
Un pecado risueño
con sabor a manzana,
con olor a heliotropo
y a campiña mojada
Una tarde,
en la puerta pesada del convento
no pude más. Tal vez yo era muy joven:
la cogí de las manos,
la estreché contra el pecho
y le dejé en la boca
el beso más ardiente y más inesperado…
Como rayo que cae en una roca
en la mitad de un día de verano.
Ella no dijo nada.
No rechazó mi beso.
Me castigó con una durísima mirada
y se cerró la puerta ante mi cara.
Nunca más volví a verla.
Nunca más supe nada
de aquella monja linda
como un ángel sin alas.
A veces en las noches
retumba entre mis sienes
una voz que me grita
como ronca campana:
– ¡Violador de los labios
de mujeres sin mancha,
que el Señor te perdone
el sacrilegio rojo
de aquella tarde blanca !
“LA LLUVIA CAE”…
Lamberto Ibárez Solís / México
Cae la lluvia, la miro descorrer mi ventana;
serpentea en ráfagas perdidas en los cristales…
resbala, canta, cae en goterones y emana;
emana y brotan mis recuerdos a raudales.
La lluvia cae, fresca y limpia todos mis males;
regresar el tiempo, el momento, el reloj entero
en que tus ojos eran lindos y frescos portales,
el olor de tu pelo, tu boca… un lindo florero.
Al igual que la lluvia golpea mis recuerdos,
salpica mi alma y escarba mi corazón herido,
humedece mi pecho y mis pensamientos cuerdos;
no puede aguantar mi silencio… un sordo gemido.
Y recuerdo las calles, recuerdo la lluvia,
recuerdo tu rostro, tu cara y tus ojos bellos;
nada que empañe y opaque; porque nada enturbia
tu rostro mojado, tus ojos de sol cual un destello.
Recuerdo tu blanca ropa, cocida en tu cuerpo,
tu ropa de sal, pegada, adherida en silencio;
dos corazones juntos, palpitantes y yertos,
la lluvia que moja y de mi ventana presencio.
La lluvia en silencio que cae, que cae en mis ojos,
la lluvia iracunda… golpea mis pupilas letargas;
se confunde en silencio que en silencio mojo
y se deslizan heridas mis lágrimas amargas.
¡Lluvia, milagro entero! Agua, dadora de vida,
manantial celeste que derramas vida entera;
cántaros divinos que descienden y se anidan;
besando mi tierra porque hay sed y no espera.
Sigue cayendo con fuerza, lluvia bendecida;
lluvia amada, lluvia estruendosa y adolorida
que opacas mi llanto… duele y avivas la herida
que guardo en mi pecho y la tengo escondida.
Derrama inclemente con fuerza en mi rostro,
derrama tus gotas dulces, amargas y fieras;
pero si Dios te envía; yo ante él me postro
y bañes mi cuerpo frío cuando yo muera.
MI POESÍA PERDIO LA PRIMAVERA
Ernesto Kahan, 23 de mayo, 2025 a las 04 horas desde el refugio
Ernesto Kahan escribe desde la experiencia viva y herida. En estos dos poemas nos entrega su mirada desde el refugio, el insomnio y la memoria. Un testimonio poético de su tiempo.
Las alarmas nocturnas, ¡tantas e insoportables!,
me han robado el sueño, tres veces ayer y anoche.
Las corridas al refugio me han dejado sin aliento,
mis piernas, ya inválidas, avanzan lentamente.
El terror, aquí y allá, ha borrado mi sonrisa.
La guerra es solo presente, un temor constante.
Mi pueblo no solo sangra,
está amenazado en su porvenir.
Los colores de mi paleta son sombras,
no hay pureza, solo suciedad.
Mi poesía se olvidó de la primavera,
mis planes se han perdido en un tiempo extraño.
Hoy miro a mis hermanos, cayendo…
a mis vecinos, hambrientos…
a mis hijos, temblando por sus hijos…
y a mis nietos, reclutados para la guerra…
Siempre amé viajar y absorber culturas,
historia, belleza, museos, festivales…
pero ahora, dudo por nuestra seguridad allí:
El terror se ha extendido, se agranda por doquier.
Mamá, suerte que te fuiste sin ver esto,
sin tener que preguntar:
¿Dónde están las promesas, la providencia?
¿Dónde?
¿Dónde está mi gobierno que no piensa en los demás,
en la paz, en el amor, en la democracia,
en mi jubilación, en la ley, en nuestro pan?
Abrazo a mi compañera y le digo: “estamos juntos”.
Mi poesía perdió la primavera,
quizás alguien la escuche
como un grito de alarma
o mejor, tal vez, como un eco innecesario.
JUDEOFOBIA EN EL VIENTO
Ernesto Kahan. Junio 6, 2025
¡Hey! ¡Mundo en «sangre fría»!
que pretendes terminar lo que quedó incompleto en el 3er Reich:
Destruir a los judíos, por ahora, «desde el río hasta el mar».
Donde hubo un Edén,
una promesa,
una lámpara encendida.
Pero me dicen:
«No te pertenece esa pizca de tierra».
Ni siquiera al polvo de tus huesos.
Estoy despierto.
Soy carne,
no una estatua.
Mis párpados pesan
pero no me sellan la visión.
Quedará mi nombre, quizás,
en el aliento de algún poeta,
pero no en la mesa común
ni en las lápidas donde lloran los hijos.
Tiemblo.
Callo.
Perdón, madre, quiero dormir…
Mientras, sinceramente te pregunto:
¿Qué prefieres usar para eliminar judíos,
crematorio o arma nuclear?
PIEL DE COBRE
Liliana Lorán / Argentina
Atenta , tal vez, observadora,
quizás recelosa o asombrada,
tus ojos pardiscos y verdosos
guardan la selva en tu mirada.
La inocencia vive en tu semblante,
en tu piel de cobre late tu alma,
rodean tus labios de niñita
varillas y flores como alhajas.
Preciosos collares de semillas
enjoyan la pureza de tu infancia,
y en halo de exótica belleza
ostentas la esencia de tu raza .
Dios te guarde, pequeña de la selva !
Dios proteja tus tierras y tus aguas !
Dios ampare el aire que respiras,
y bendiga los pasos de tu crianza.
GUITARRA MIA
Liliana Lorán / Argentina
Hoy te he mirado de frente
y me susurró tu boca,
un acorde melodioso
que a mi memoria provoca.
Silencio de larga ausencia
de mis manos en tus cuerdas,
hoy regreso a ti… guitarra,
por saber si me recuerdas.
Por saber si con mis dedos
al pulsarte, aún liberas,
mil sonidos agridulces
por tus labios de madera.
Amiga de tantas horas
de alegrías y tristezas,
canta conmigo de nuevo
a la vida y la belleza.
Canta conmigo como antes
cuando eras la confidente,
en mis horas de vigilia
de mi tiempo adolescente.
Canta a mis sueños lejanos,
a los años que he vivido,
a todo lo que he amado
a los recuerdos queridos.
Junto a tu boca mi boca
buscará el eco perenne,
hechizo de amor y
tiempo en las canciones de siempre.
CONFESION
Marga Mangione / Argentina
Dictador que eres parte de mi entraña,
obligándome a rogar tu amor de hinojos.
Que has cambiado mis sueños por despojos,
desde que tu querer no me acompaña.
Sabes bien que mi ser todo te extraña,
y que el llanto es el dueño de mis ojos.
Que has trocado bellezas por rastrojos,
en medio de esta angustia que me daña.
En mis noches me siento desolada,
es un nido de lágrimas mi almohada,
y me sumo en las brumas del encierro.
Te reclamo entre gritos, obstinada,
me hacen falta tus besos, tu mirada,
¡sin tu amor agonizo en el destierro!
SUEÑOS DE PAZ
Marga Mangione / Argentina
Son los sueños de paz como burbujas
que flotan al salir del pensamiento,
y cruzan libremente el firmamento,
pero la guerra mortal es como agujas,
y los destruye tan solo en un momento.
Si hubiera muchos hombres en el mundo
que se sentaran a pensar la paz,
no podría esa aguja tan falaz,
provocar un desastre tan profundo
ni sería la armonía algo fugaz.
Entonces muchos globos flotarían
frente al asombro de millones de ojos,
que verían satisfechos sus antojos,
pues libres y esplendentes andarían
sin cárceles, ni jaulas, ni cerrojos.
Esas bellas burbujas de colores
transportando ilusiones y esperanzas,
entre cantos de amor y de alabanzas,
nos librarían de los sinsabores
al rescatarnos de las desconfianzas.
Soñemos con la paz día tras día
y elevemos al cielo nuestros sueños,
busquemos entre todos ser los dueños,
de un mundo donde reine una alegría
que nos compense por nuestros empeños.
Y el sol convertirá en tornasoladas
las burbujas cristalinas y brillantes,
que irán como arco iris de diamantes,
girando por el viento transportadas,
orgullosas, serenas y elegantes.
Y nosotros elevando una oración
brindaremos al Señor agradecidos,
las preces por anhelos compartidos,
que saliendo sin cesar del corazón,
realizaron esos sueños elegidos.
LA COPA VACÍA
Sarah Petrone / Argentina
Te encuentro en el alcohol, y es tu mirada
a través de la copa con que brindo,
el tirano verdugo que me grita
que ya no volverás, todo es en vano.
Inútil es tratar de retenerte
tras el humo que exhalo de mi boca
cuando el cigarrillo me coloca
en el límite fatal que me perdiste.
Agonizo en la oscuridad que se trastoca,
imperiosa necesidad que me desviste
de todos los prejuicios y me agoto
y en el último momento me arrodillo.
Te dejo igual que ayer, que hoy y que mañana,
te suelto de mi mano pesimista,
pero ofrendo como siempre, una plegaria
al Dios que se apiadó porque te fuiste.
De todos mis absurdos sinsabores,
mi sentimiento mejor fue haberme dado prisa
en dejarte ir, a pesar de que te adoro,
mi copa vacía, mi derrota, mi sueño de amor, mi único imposible.
CERCA DEL CIELO
Sarah Petrone / Argentina
Por no turbar los momentos
que a mis sueños les dedico,
callo mi voz, un poquito,
y dejo mis sentimientos
en brazos de los más fuertes
ensueños que en mí han habido.
Entorno mis ojos tiernos
para esconder en los mismos
un pedazo de mi cielo
que hasta parece distinto.
cuando lo miro en las noches
y en sus brazos me cobijo.
Todo calla en los contornos,
si hasta el mágico infinito
aquieta a mi lado, el grito
de todo su inmenso vuelo
solo para que al fin, pueda
encontrar mi amor y vivirlo.
LA PAZ QUE ANHELO
Susana Piñeiro / Argentina
No es la paz de cementerio, ésa que deseo yo
ni la que impone silencio infundiéndonos temor
sino aquélla que naciendo del respeto a los derechos
está dispuesta al diálogo por encontrar solución.
Esa paz que yo deseo no responde con insultos
al reclamo y la protesta, fruto de la indignación;
pues ya lo decía Gandhi en su gran revolución:
«Más violencia solo logra avivar la que estalló»
La paz que amo no surge del grito amenazador,
se conquista dando ejemplo de empatía y compromiso
expresando al oponente argumentos convincentes
que finalmente le ayuden a ver su equivocación.
Por esa paz yo trabajo buscando en toda ocasión
crear los medios que permitan que crezca a mi alrededor,
en primer lugar cuidándola en mi propio corazón
para luego proyectarla donde haya confusión.
Esta mundo tan cargado de impaciencia y agresión
necesita sembradores de paz, justicia y amor.
No es la fuerza la que logra implantar una verdad
se la siembra con esfuerzo, convicción y dignidad.
LA MUERTE DEL CISNE
Susana Piñeiro / Argentina
Quiero hacer de mi existencia un canto de gratitud,
armoniosa melodía que en mi mundo disonante
vuelque un poco de alegría
y singular beatitud.
Y que no sea mi canto de tristeza o despedida,
sí presagio de esperanza en un mañana mejor
y convincente mensaje de que morir solo es
recostarse en un ocaso y dormitar junto al sol.
Quiero creer que los cisnes en el ritual de su muerte
no cantan porque de pena, tienen roto el corazón,
sino para transmitirnos con esa paz infinita
que ella es solo de esta vida, su más valioso eslabón.
RECORDAR
Juan F Rivero / España
Si en el inmenso bosque del dolor
naciese un árbol
sembrado en otra vida, hace ya mucho,
por mí,
si el implacable ascenso
a la memorias
e truncara y volviesen
los fantasmas que he sido,
si me fuera algún día
sin las palabras puestas
y aunque llamaseis no os supiese contestar,
recordad que hubo un tiempo
en el que fui feliz
y en que amé como un niño todas estas cosas
en su camino hacia la destrucción.»
PARA MI SATISFACCIÓN
Jesús H. Rodríguez Sánchez / Venezuela
Bien sé que estoy presente en tus acciones,
me lo dice tu amable proceder
que sale de la magia de tu ser,
en toda su extensión y direcciones.
Tu mirada bonita y soñadora
queriendo, o sin querer, con alegría
revela diligente picardía
en tu forma de actuar, linda señora.
Me enloquece tu forma de mirar
porque revela lo que llevas dentro
en todo tiempo y en cualquier lugar.
Siendo de la beldad, el propio centro,
a cualquiera lo haces suspirar
y motivas amor en cada encuentro.
ABIERTOS VENTANALES
Jesús H. Rodríguez Sánchez / Venezuela
Por abiertos ventanales de tu alma,
tus ojos de esperanza,
miran al infinito.
No hay ribazos que inclinen tu visión
ni neblina que la opaque;
limpio está el horizonte de tus sueños.
Se hace inalcanzable tu mirada,
pero sigo contigo,
me iluminas las rutas y me orientas.
Al final de la senda, me miraré en tus ojos,
si es que me lo permiten
tus párpados inquietos.
EL CANTO DEL DIABLO
Sandra B Romeo/ Argentina
Ruge el hielo
nervando la tarde
que muere degollada
a los pies de la noche.
Ruge y en su sonido
el mismo diablo canta
en las estepas de luna
en las amortajadas montañas
adonde mis brazos
desnudos
ya no llegan.
Erguido.
Entero.
Helado.
Siento trepar desde mi centro
un verde recuerdo
de brotes y naceres.
Sofocado sonido
de manantiales
vida corriendo, savia llegando…
Hoy
sólo unas pocas lágrimas
logro sembrar a mis pies.
Copos cayendo
que mueren cantando
la música del diablo.
SER LIBRE
María Sánchez Fernández/ España
Tiene sus alas rotas
manchadas de abandonos y de llantos
y mira con anhelo las bandadas
de otros pájaros libres en el aire.
Un día le cantó a la libertad.
A los vuelos altivos.
A horizontes rosados.
A las cumbres alzadas.
A los vientos marinos.
Se remontó en sus sueños libertarios
y se cayó del nido
Ahora muere a la sombra de la rama
que lo dejó caer;
sin vuelos y sin trinos.
PAZ
María Sánchez Fernández / España
En la calma de un mundo que venera
la inmensa magnitud de lo creado
escuchamos el cántico callado
de la hierba que crece en la pradera.
La alondra trina y se alza placentera
a una nube con tinte nacarado,
y el torrente se lanza ilusionado
hacia un mar que con amor le espera.
¡Bendita Paz, tan limpia y deseada
por el alma que adora la concordia
y sueña con un mundo de alianza!
Unamos nuestra fuerza en oleada
que inunde para siempre la discordia
sembrando campos verdes de esperanza.
SEXTING
María Sánchez Sadrin / España
Dices «tu pelo»
y el posesivo traza un túnel
desde tu lengua a mi raíz.
Me escribes,
así nos encontramos en silencio.
El silencio,
como en la música, es necesario en el lenguaje:
esta noche he aprendido, por ejemplo,
que mis labios se llaman en tu boca «tus labios».
Nombras mi sexo,
tu voz se posa en él como una mano.
Todo aquello que nombras se estremece de pronto.
Al igual que los dioses en los textos
sacros de cada civilización,
haces y creas con palabras.»
PASEAR CONTIGO
Elvira Sastre / España
Con una lentitud
de luces y de vientos que nunca conocí,
han crecido los plátanos
y las casas antiguas de estas calles.
Detrás de sus balcones se vivieron
fiestas que no eran mías,
guerras que no sufrí,
ambiciones que no me dominaron,
muertes que no he sentido.
Cruza la gente y habla
en un hermoso idioma que me cuesta
trabajo comprender.
Y sin embargo
esta ciudad es mía,
pertenece a mi vida como un puerto a sus barcos.
Sin duda es la memoria
de algunos novelistas y un poeta.
Y sin duda, también, es la importancia
de pasear contigo,
de tu mano en mi mano, de nuevo adolescente,
tu cabeza en mi hombro,
tu silencio en el mío
PLEGARIA A LA LUNA
Thalma Tavares / Brasil
¡Ay, que mi vida no es nada
sin mi guitarra adorada,
sin mi negra y mi poesia!
Eres tú, mi dulce luna,
luna blanca, luna mía,
ojo de luz que nos mira
de lo más alto del cielo
y por donde Dios contempla
mi tristeza y mi alegría.
Devuélveme, luna buena,
mi centella de hombre puro,
los brazos de mi negrita,
mis llantos y mi canción.
¡Devuelve ya, sin demora,
mi guitarrita sonora
que por miedo la tiraron
lejos de mi corazón!
¡Tráeme de vuelta, lunita,
todo lo que me han quitado
mi grito de hombre explotado
y el rencor de la opresión!
Las alas de mis ensueños
devuélvelas, luna mía.
Hoy quiero quedarme azul
y si el mundo no lo quiere
lo quiere mi fantasía…
No te alejes de mi ojos,
no te olvides de mis penas.
Y cuando vuelvas al cielo
tráeme lo que te pido,
no desprecies mi pasión…
Porque mi vida no es nada
sin mi guitarra adorada,
sin mi negra y mi canción.
LOS SENTIMIENTOS – RELATOS Y POESIA -JUNIO
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«Cada emoción es un acorde en la sinfonía de nuestra historia. Las lágrimas, los sueños, las pasiones… todo es música en el universo de los sentimientos.«
LA GRAN CARRERA
Magi Balsells / España
Somos muchos lo que estamos enclaustrado dentro este habitáculo, estamos impacientes, inquietos pues no sabemos bien que es lo que ocurrirá En estos momento empieza a notarse cierto nerviosismo, que cada vez va aumentando, creo que debe ser porque nos abrirán el camino hacia nuestro nuevo destino, se palpa en al ambiente este deseo de libertad lo cual hace que estemos mas inquietos de lo normal
Ya se abre nuestra salida, es la locura, todos queremos salir los primeros, será una batalla sin igual, algunos ya se están quedando por el camino se les terminaron las fuerzas, otros por su debilidad ni al podido salir, quedando apartados de esta vorágine
Estoy fuerte, voy en cabeza junto con otros tan fuertes como yo, pero aunque el trayecto es corto las dificultades son extremas, solo se que el que mas corra será el ganador, tengo que ser yo, ya que mi vida es muy limitada y solo podré subsistir si consigo el premio, hay que luchar
He dejado atrás a mis oponentes, me voy acercando a la meta, solo me queda un suspiro, aleluya ya llegue traspaso el ultimo obstáculo soy bien acogido, me envuelve la masa enfervorizada, ahora y sin preámbulos me ofrecen el premio, consistente en la estancia durante un periodo de tiempo, a todo confort con buenos alimentos, pero variable por según que circunstancias,
En este habitáculo, aunque pequeño pero mayor que el anterior, me desarrollare tranquilamente para llegar al sueño deseado, y podré hacerme con el tiempo mucho más fuerte e inteligente
Y cuando se hayan cumplido todos los plazos establecidos, ¿Qué pasara…?
Pasara que…
La dueña de la estancia me traerá al mundo como un HERMOSO BEBE
Nota de la editora: A veces, las metáforas vuelan más alto que las palabras literales… Esta joya de Libia Beatriz Carciofetti es una danza sutil entre lo que somos y lo que elegimos ser. La mariposa, con su vuelo delicado, nos recuerda que hay formas de existir que no dañan, que embellecen y que sanan. Decidí compartir este texto en “Sentimientos” porque vibra con esa esencia suave, valiente y luminosa que habita en el corazón de quien aún cree en la ternura como resistencia. (Elspeth Gormley)
MARIPOSA “versus” LANGOSTA
Libia Beatriz Carciofetti / Argentina
(Cualquier similitud con la realidad es solo pura coincidencia)
Cierto día se cruzaron en su vuelo una bellísima mariposa y una langosta, quien observaba a distancia cómo la mariposa iba de flor en flor libando el néctar, y pensó: “¿Cómo hará para libarlo?”
Esta vez se dijo: —¡No me quedaré con la intriga!
Y se acercó sigilosamente, insinuándole con cierto recelo:
—Dime, mariposita hermosa, hace segundos que te veo aletear de flor en flor, y estoy maravillada de tus preciosos colores. Te destacas en cada flor que te posas; a veces reconozco que la flor empalidece ante tu hermosura. Si hasta con tus motas coloridas pareciera que miraras… Me muero de ganas por preguntarte: ¿Cuál es el secreto de libar?
Sin dejar de aletear, la mariposa, sonrojándose, le contesta:
—¿Sabes, amiga? Yo solamente succiono con delicadeza, sin dañar a la flor en la que me poso.
En cambio tú, todo lo que tocas y rozas lo destruyes, porque con tus afilados dientes devoras. Además, con tu ejército maléfico puedes arrasar sembrados que servirían de alimento a los humanos…
Yo, por el contrario, alegro la vida y la vista de los que me rodean: danzo en los jardines, en los parques, me observan los niños, beso la cabeza de algún anciano solo, en el banco de una plaza.
¿Alguna vez oíste decir de mí que tuvieran que combatirme con poderosos plaguicidas? En cambio, a ti, a pesar del esfuerzo humano, aún no lograron hacerlo… Y cuando tú sobrevuelas, la mayoría se encoge hasta que pasas sobrevolando.
¡Es tan simple libar! Solo succionar con delicadeza, con la suavidad de un beso.
Pero no lo entenderás nunca, porque naciste para destruir todo lo que tocas… porque ya es tu naturaleza.
Así se alejó la mariposa bella, y puso fin a esta conversación, temiendo caer también entre sus garras. Y ella… ella había nacido para volar.
ENTRE AUSENCIAS Y ABRAZOS
Elspeth Gormley / España
A veces los sentimientos acarician como brisa. Otras… arrasan como tormenta. Nos traspasan sin pedir permiso. Nos transforman, nos sacuden, nos enseñan a querer… y también a soltar.
El dolor no siempre grita. A menudo se esconde en los silencios compartidos, en las palabras que nunca dijimos, en una mirada que evita la nuestra. Hay decepciones que no dejan marcas visibles… pero duelen como si las llevaras tatuadas en el pecho.
Y sin embargo, hay días en los que basta poco: un abrazo espontáneo, una palabra sin juicio, alguien que escucha de verdad sin intentar arreglarnos.
Eso… eso a veces salva.
Porque sí, los sentimientos duelen. Pero también nos sostienen. Son la grieta por donde entra la luz. No siempre entendemos lo que sentimos, y está bien: hay veces en que el corazón necesita hablar en su idioma, sin traducciones.
La tristeza nos recuerda lo que alguna vez amamos. El miedo nos señala lo que no estamos listos para perder. La decepción nos muestra el límite… y la puerta de salida.
No somos solo lo que nos pasó. Somos lo que decidimos hacer con eso. Lo que callamos con dignidad. Lo que gritamos para no rompernos por dentro. Y sí… si caemos, que sea para aprender a alzar el vuelo con más conciencia. A nuestro ritmo. Con nuestras alas. Y con el alma… un poco más fuerte. Y muchísimo más humana.
Entre lo que nos hiere y lo que nos sana… a veces es el silencio compartido lo que más nos sostiene.
SENTIMIENTOS INVISIBLES
Andrea Kiperman / Argentina
Antes que nada, gracias por estar al otro lado, compartiendo estas palabras. Hoy, al escribir sobre los sentimientos, me invade una sensación de plenitud. En estos tiempos, hablar de emociones parece un acto pasado de moda. Sin embargo, ¿acaso no es precisamente lo que nos define como humanos?
Cuando era niña, imaginaba un futuro con robots. Hoy, la inteligencia artificial forma parte de nuestra vida y, aunque es fascinante, también me genera inquietud. ¿Qué nos diferencia de ellos? En algunos países ya caminan entre nosotros y, en un futuro cercano, conviviremos aún más con estas tecnologías.
Pero entonces surge la pregunta esencial: somos seres sintientes, con emociones, pensamientos, ideas y sueños. Si en un mundo donde sentir parece una moda en extinción, ¿a qué nos estaremos pareciendo? Bloquear lo que sentimos, ignorarlo, dejarlo atrapado en el silencio… nos acerca demasiado a aquello que no queremos ser.
Más que nunca, debemos ser conscientes de esto y actuar en consecuencia. En comunicación, la desconexión es evidente: queremos vínculos profundos, pero ¿Cómo lograrlos si ni siquiera nos permitimos decir «hoy estoy triste» o «siento amor por alguien»? Los sentimientos no expresados no desaparecen, simplemente se acumulan hasta que, de algún modo, deben salir.
Esto no es solo sobre el amor, sino sobre aprender a compartir lo que nos pasa. Escuchar y ser escuchados, permitir que nuestras emociones tengan espacio y voz. ¿Y ustedes qué piensan?
SENTIMIENTOS EN POEMAS
Sentimientos: A veces, el alma necesita decir lo que la boca calla. Aquí danzan las emociones, los suspiros, las cicatrices y los abrazos invisibles. Poemas que no piden permiso, pero sí consuelo…
LOS PASILLOS DE MI ALMA
Libia B. Carciofetti / Argentina
Por los pasillos de mí alma
caminan sentimientos
y oigo voces.
Quejosas, lastimeras…temperadas…
Me confunden y siento
que perdí la calma.
Voces que se burlan y urden
con mis sentimientos
una trampa.
Algo pasa… me digo
y quiero encontrar «las causas»
Me aquieto un instante
y me doy; con que «son tantas»
que me pierdo en el pasillo
y otras voces me espantan.
Más allá una caverna
y una silueta muy blanca
que me extiende su mano
y me mira con sonrisa franca.
Me acerco y de pronto
se produce la magia.
Unas voces se acallan
y otras cantan.
Son las notas de un coro
que de niña entonaba
cuando conocí el miedo
y a quien me lo quitaba.
Es el mismo que hoy camina
por los pasillos de mi alma
me dice «TE AMO» y le creo
porque veo el pasillo y hay luz
solo paz y calma.
(Cuando Jesús camina por los pasillos de mi alma)
LA CRUZ QUE CARGO
María Cristina Fervier / Argentina
Sobre la música del aire
vagan las notas desafinadas
de este corazón doliente
que en soledad se desgarra.
Emite un aroma triste
que flota y se esparce.
Nadie sabe de mi llanto
que con sonrisas disfrazo.
En el circo de lo cotidiano
repiten con ciega indiferencia:
“a vos sí que te sonríe la vida…”
¡Qué saben del fuego en que me quemo
que oculto con profundo celo!
Silencio de mudez forzada,
en los límites de mi mundo
vibra desde agudos tonos
Es un secreto que anclo
en el martirio callado
de la cruz que cargo,
madero que suda sangre de luna.
Sobre el aroma de una rosa herida
aborta la melodía
de un pájaro que quedó sin trinos.
NO ME LLORES
Elspeth Gormley / España
No me llores por favor cuando me haya ido,
piensa que me he adelantado a tu camino.
He vivido intensamente, estoy contigo,
en cada flor que aromará tu sino.
No me llores, si me sientes tan distante
que tu pena en el silencio te aprisiona.
No he partido, me he quedado muy constante
en esa paz que suavemente te emociona.
No me llores por favor, seca tus lágrimas,
que no apague tu sonrisa la tristeza,
dame siempre la caricia de tu alma
y la oración que me regalas con nobleza.
No me llores, mi presencia está en el viento,
en la lluvia, en el rocío, en la mañana,
en tus pasos silenciosos, en tus sueños,
en tu aliento que la vida me regala.
No me llores, que mi espíritu no muere,
tan sólo el cuerpo en la tierra se reposa,
mi sonrisa en tu memoria permanece
y en tu pecho mi recuerdo se hace rosa.
SENTIMIENTOS
Andrea Kiperman / Argentina
Ya han pasado varias lunas llenas y aún no te veo.
Tengo un vacío en mis pupilas
añorando verte.
me han dicho que te vieron
por el tablao
con tu corcel negro.
te han visto con ella del brazo
se que entretienes tus días
y tus noches
y este sentimiento no se apaga
no se acaba
sigue latente como el primer día que te vi
sigue vivo
pero como has podido silenciar tu boca
se que este amor no es conveniente
pero el alma solo sabe de deseo
este sentimiento no se apaga
siento tu piel
y tu latir
tus ojos de hielo
ya han pasado varias lunas llenas y aún no te veo.
GRITO MUDO
Marga Mangione / Argentina
Ante el horror su rostro descompuesto,
mira la guerra por doquier reinando,
y a tanto muerto que se halla dominando
ese lugar, donde ha quedado expuesto.
Un grito mudo arrolla su garganta,
y el pecho se estremece en la agonía,
no quiere ver, pero vuelve a porfía
la vista hacia ese sitio que lo espanta.
Una batalla más que ha presenciado,
y el corazón herido no la olvida
no sabe aún por qué quedó con vida,
ni si fue Dios, quien lo hubo perdonado.
Sus ojos desorbitan tanta angustia,
y su boca anhelante se estremece,
cubriendo a sus oídos permanece
con esas manos de apariencia mustia.
Escapa por el puente a su destino,
buscando hallar la paz y la armonía,
quiere encontrar la luz de un nuevo día,
para no convertirse en asesino.
Plasmado tiene el pecho de terrores,
pero una luz el alma le ilumina,
presiente que una beatitud divina
ha de llegar a brindarle sus favores.
Entonces de rodillas en la tierra,
sollozando se cubre los dolores,
y ruega que esos negros sinsabores,
acaben de una vez, junto a la guerra…
CUENTOS Y RELATOS – JUNIO
AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.
“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”
· «Cada relato, un latido; cada cuento, un universo por descubrir.»
LA BICI ROJA METALIZADA
Miriam Alberganti / Argentina
Era una época de incertidumbre económica, y mi padre, como muchos otros, había invertido su dinero en una financiera que prometía tasas altas de interés. Sin embargo, como suele suceder, la financiera se fundió, y los ahorristas perdieron todos sus ahorros. Mi padre se sintió decepcionado y frustrado, pero no se rindió. Cuando se enteró de que los ahorristas podían retirar mercaderías como compensación, supo exactamente qué hacer. Se fue a la tienda y retiró una bicicleta que había llamado su atención. Era una bicicleta impresionante, con rodado 28, gomas con banda blanca, guardabarros cortitos y cromados, y un color rojo metalizado que brillaba bajo la luz del sol. Cuando la vi, me emocioné mucho. Tenía 14 años, y era la primera bicicleta del barrio.
Mis amigos se sorprendieron al verla, y yo me sentí orgulloso de ser su dueño. Sin embargo, en esa época, no era común que los estudiantes de secundaria o facultad fueran a la escuela en bicicleta, así que tuve que seguir corriendo el tranvía para no llegar tarde. A pesar de eso, la bicicleta se convirtió en mi compañera de aventuras. La montaba por la cuadra y sus alrededores, sintiendo el viento en mi cara y la libertad en mi corazón. La bicicleta roja metalizada se convirtió en un símbolo de alegría y esperanza en un momento de incertidumbre. Y aunque la financiera se había fundido, mi padre había encontrado una forma de transformar un hecho desgraciado en un motivo de alegría. La bicicleta roja metalizada se convirtió en un recuerdo que siempre atesoraré, un recordatorio de que incluso en los momentos más difíciles, siempre hay esperanza y alegría que puede surgir.
VIVIR ETERNAMENTE
Magi Balsells / España
¿Me gustaría vivir eternamente?
Esta pregunta lleva mucho tiempo rondando por mi mente, tiene una serie de razones para decir que si y muchas mas para negar esta posibilidad
En la primera cuestión, no dejaría de ser hermoso ver los adelantos que cada día se van produciendo, en todas las facetas de la vida, ampliar mucho más los conocimientos que en este momento poseo, conocer muchas más personas y poder compartir con ellos mis experiencias acumuladas durante todo mi existencia, seria algo maravilloso,
Pero pasemos a la segunda opción:
Envejecer mucho mas de lo que ya estoy, ir perdiendo las facultades de todo tipo, convirtiéndome en un ser solo merecedor de estudio por la medicina, ya que les gustaría a los científicos saber el porque de mi larga y eterna vida, o sea de hospital en hospital y de prueba en prueba. Perder a todos los familiares, y a las personas amadas eso creo que si debe ser muy duro. No conseguir amigos ya que al ser eterno nadie querría compartir su vida con la mía, no estar a la altura de las nuevas técnicas ya que mi mente no seria capaz de asimilarlas. Vivir los horrores que podían producirse como la miseria, las guerras, las catástrofes naturales, las nuevas enfermedades; aunque no me afectaran directamente por mi condición de eterno, pero si que serian un sufrimiento verlas padecer a los demás
Creo que después de una serena reflexión, lo mejor es tener vida como persona normal, con mis años, dudas y achaques y solo esperar el desenlace final.
SOBRE RUEDAS
María Elena Camba / Argentina
El portero sonó en casa insistentemente. Mamá fue a la cocina y lo atendió.
-Chicos, dejen lo que están haciendo y vengan, papá quiere mostrarnos algo.
Nos lanzamos siete pisos por la escalera, Mamá fue con Laurita por el ascensor. Pablo llegó primero pero tuvo que esperar a que abrieran la puerta de calle.
Nunca me voy a olvidar de la cara de mi viejo, siempre fue un tipo muy serio pero esa vez estaba ancho, con su sonrisa de fiesta., mostrando la sorpresa que nos tenía preparada. Y allí en la vereda, con las puertas abiertas, nuestro futuro compañero de viajes. Parecía un bote, tan largo y amplio. Entramos los cinco, si hasta sobraba un espacio para alguien más.
Dicen que los autos se parecen a los dueños, o los dueños eligen el auto que más se identifica con ellos. Y así era el Valiant 3, su primer auto 0 km, de líneas elegantes, color beige, sobrio, con ventanas grandes. Igual a mi viejo, siempre de traje, a lo sumo los domingos un pantalón de vestir y una camisa. Discreto y clásico .
Partimos a dar una vuelta por el viejo Palermo con sus calles empedradas que se resistìan al andar tan descansado de esas ruedas recién estrenadas. El ronroneo del motor era suave, casi imperceptible.
Mi añorado barrio de casas bajas, con algunos pocos edificios que comenzaban a quebrar la fisonomía de ese Palermo que se resistía a cambiar su identidad. Con sus calles tamizadas por el violáceo de los jacarandás, que cubrían no sólo las copas de los árboles sino también las veredas con una alfombra aterciopelada. A partir de ese día, todos los domingos papá nos llevaba a dar una vuelta a toda la familia.
Ese primer paseo fue el comienzo de un sinfín de aventuras. Viajes a la costa, cuando la Ruta 2 todavía no era autopista y los autos venían de contramano y había que esquivarlos e irse a la banquina para no morir arrollados. Cuando no había aire acondicionado y el calor subía por los pies y penetraba todo el cuerpo. Cuando poníamos parasoles en las ventanillas y los que no las tenían se conformaban con algún toallón o remera trabado en la ventana para amortiguar el sofocón de la ruta.
No usábamos cinturón de seguridad y nos trepábamos a la luneta como si fuera un asiento más.. Jugábamos al truco, a la generala y al tuti fruti. La imaginación corría inventando historias. .. Las horas se alargaban, parábamos para almorzar en alguna estación de servicio y mi padre se echaba una siesta bajo un árbol.
El viaje a la costa era largo. Pero para nosotros era una fiesta. Vacaciones en familia, arena y mar. Nos esperaban las olas para saltarlas de la mano o barrenarlas en tablas de madera.
Carpa o sombrilla, de acuerdo a los vaivenes de la economía familiar, pero siempre juntos en la playa. Tejo, pelota paleta, unos sándwiches de almuerzo y a la tarde regresábamos en el auto al hotel. La batalla naval, el ahorcado o el tinenti nos arrancaban risas y peleas a la hora de la siesta.
Después el Valiant comenzó a hacer recorridos más extensos. Las sierras asomaban en el horizonte cuando llegábamos a la ciudad de Córdoba. Siempre nos perdíamos en la famosa cañada y mi padre detenía el auto para preguntar cómo seguir. Porque no había GPS ni celulares que nos indicaran el camino.
En las sierras comencé mis aventuras sobre ruedas. Papá nos llevaba a un camino de tierra y me cedía el asiento del conductor. Apenas llegaba a ver por el parabrisas y el volante se resistía a mis pequeñas manos. Tenía 14 años y mi hermano 19. El auto rugía mientras apretábamos el acelerador e intentábamos pelear con la palanca de cambios para meter la primera. El viejo contenía sus nervios y arrancábamos hacia la dimensión desconocida. Una o dos horas de piruetas al volante y el Valiant volvía lleno de tierra a la casa.
En esa época aprendí también a andar a caballo. Primero con montura y al paso o trote. Las siguientes vacaciones en pelo y al galope. Mi madre disfrutaba vernos..
Años de tortas fritas, campeonatos de bochas y truco, jugábamos a las escondidas por la noche en los jardines del hotel. Años de adolescencia, los primeros asaltos. El famoso patapata de Miriam Makiba. Y el primer beso. El novio de vacaciones. La primera despedida. El primer llanto por amor.
Pablo, mi hermano, ya manejaba el Valiant 3 y nos llevaba al cine a la noche. Dos pelis con intervalo en el medio. Y un cine de pueblo donde la película de golpe se cortaba y comenzaban los silbatos hasta que volvía en medio de risas y aplausos.
Y el Valiant 3 siempre esperando en la puerta del cine nos llevaba de vuelta a toda la banda. 9 o 10,metidos en el auto. Y mi viejo durmiendo tranquilo sin sospechar nuestras andanzas.
Pero un día se anunció la tormenta. Dejamos el auto estacionado en el medio de otros dos y entramos en el cine. Cuando salimos ya eran las 12 de la noche. Buscamos el auto pero no lo encontramos. A unos 50 metros de la puerta del cine había un grupo de gente amontonada, fuimos a ver qué pasaba y vimos nuestro auto en medio del jardín de una casa. Nuestras caras de asombro y susto sin explicarnos qué había pasado. ¿Nos habían robado el auto? Hasta que mi hermano gritó –¡Me olvidé de poner el freno de mano!
¿Qué había pasado entonces? Cuando el auto de adelante se fue, la calle en bajada hizo que el Valiant se deslizara, tirara la pirca de la casa, aplastara una moto y terminara su viaje en el parque. Toda la trompa abollada, rayones por todos lados. El auto fantasma se hizo famoso. Sin conductor había hecho destrozos que, por suerte, no provocaron daños mayores.
Mi hermano fue hasta casa y trajo a mi padre. Esa noche no pegamos un ojo. Papá furioso nos retaba, hasta se le cayeron unas lágrimas de la impotencia.
El auto en el taller por muchos días y los gastos de reparar todos los daños causados. Pasamos a ser los dueños del auto fantasma para todo el pueblo.
Mi hermano estuvo muchos meses sin poder usarlo y las clases de manejo terminaron abruptamente.
Pero las vacaciones siguientes papá ya había olvidado el asunto y nos volvió a prestar el auto, esta vez para excursiones por las sierras. Partíamos en el Valiant un grupete y otros dos autos, un Mehari y un Peugeot. Todos a la aventura por los caminos serranos de ripio. Dejábamos los autos y trepábamos como cabritas por las sierras hasta bajar a un arroyo, o a las playas de arena de algún río. Ya el auto estaba más baqueteado y la suspensión acusaba tantos kilómetros de aventuras. Pero nunca fallaba y derrapaba en tercera en las curvas y nuestros gritos y risas inconscientes festejaban la cercanía al precipicio.
Una tarde, cuando comenzaba a caer el sol y regresábamos al pueblo, se escuchó un ruido fuerte debajo del auto. Era el carter que había raspado contra una piedra. Vimos que perdía líquido por abajo. No sabíamos qué hacer, hasta que a uno de los chicos se le ocurrió. -Masquen todos chicle, hagamos una bola y peguémosla como tapón.
Y así fue que logramos llegar a la puerta de la casa, cuando ya se hacía de noche y las primeras estrellas comenzaban a asomar.
Tantos recuerdos imborrables se agolpan en mi mente mientras contemplo la foto desteñida de mi auto preferido, compañero de adolescencia, el que soportó mis primeros pasos como conductora. Testigo de un mundo en extinción, cuando los autos no se cambiaban de modelo como la ropa, cuando las cosas tenían su valor emotivo, Por eso costó tanto tomar la decisión de desprendernos de él a la muerte de papá.. Quedó arrumbado en el garaje de casa. Hasta que un día decidí que abandonarlo de ese modo era negar la historia tan linda que tuvimos. Llamé a un mecánico especialista en autos antiguos. Le pedí que lo arreglara, lo quería impecable. Se lo llevó a su taller. Todas las semanas pasaba a verlo. En tres meses estuvo listo. Cuando lo fui a buscar me senté al volante y los recuerdos se agolparon como un flash mientras lo manejaba.
Ahora lo saco todos los domingos a dar vueltas por la Av. Libertador. A veces me gritan desde algún auto, felicitándome .¡Qué nave!
Me hice socia de un Club de autos antiguos. Cada tanto participamos de travesías y hasta nos vestimos con ropa de época. Sé que es una manera de estar más cerca de mi viejo y también de esa chica adolescente que esperaba el fin de semana como una fiesta para salir a pasear y escuchaba a todo volumen en la radio del auto Sui Generis con toda la banda de amigos. Me vuelve el olor a espinillo, a lavanda y retama de las sierras y la voz de mi viejo que dice: – No vuelvan tarde chicos, a las 2 a más tardar los espero en casa.
TOMY, EL NIÑO VENDEDOR
Libia B. Carciofetti / Argentina
Llamaron a mi puerta. Miré por la ventana. Solo vi un cajón desvencijado con “artículos de limpieza” en envases de gaseosas. Me acerqué y, medio escondido, apareció un niño de unos diez años.
—¿Por qué te escondes? —pregunté.
—Porque la mayoría, cuando ven que soy chico, piensan que vengo a pedir y no se acercan. Pero no… yo vengo a vender, para ayudar a mi mami y a mis cuatro hermanos más pequeños.
Su voz era firme, pero en su mirada había algo de súplica.
—Vamos a un comedor al mediodía, pero hasta el otro día tenemos que aguantar el hambre —continuó—. Mi mami vende bolsas de consorcio, y el dueño me da esto: detergente, lavandina, desodorante, jabón líquido…
Observé los envases y su pequeña figura detrás del cajón. Yo, que siempre compro productos de primera marca, miraba lo que él ofrecía y sentía en su gesto la esperanza de una venta.
—Bueno, dame un litro de cada cosa —le dije—. Te traeré mis envases para que los rellenes.
—Ok —respondió.
Sonreí.
—¡Ah! Sabes inglés, como mi nieto.
Se rió.
—¿Cómo se llama su nieto?
—Tomás, pero le decimos Tomy.
Su cara se iluminó.
—¡Oia! Como yo.
Lo miré y mi corazón de abuela y madre se encogió. Pensé en mi Tomy, que no tiene que salir a ganarse el pan porque tiene una familia que lo sostiene, que se lava las manos con agua y jabón a cada rato.
Antes de que la emoción me hiciera llorar frente a él, le pagué. Vi su manito perdida revolviendo su bolsillo, buscando el vuelto.
—Quédatelo —le dije—. Compra golosinas si quieres.
—¡Uh! Es mucho.
—No creas… todo está caro.
—Sí, eso dice mi mami.
Se apresuró.
—Me voy, porque me van a cerrar el comedor.
—Chau, doñita.
—Chau, Tomy. No te doy un beso porque debemos guardar distancia, y además tenemos barbijo. Cuando llegues, lávate bien las manos con agua y jabón.
—Sí. Mire, recién una señora me regaló alcohol en gel nuevecito, sin abrir.
—Que Dios bendiga a esa señora también.
Lo vi alejarse.
—Ven la semana que viene. Tengo echarpes tejidos por mi mami, que se llamaba Violeta. Desde el cielo, estará contenta de ver que los usarán para cubrirse del frío.
Tomy se alejó por la calle, dándose vuelta y saludando con su manito. Y mitad de mi corazón se fue caminando con él, rogando en silencio por todos los niños herederos del Reino de los Cielos.
LOS NIÑOS DE SIRIA
Carlos González Saavedra / Argentina
Soy Roy Mitchel, trabajo hace mas de treinta años como fotógrafo profesional. El diario me envió a Alepo un día antes que empezaran otra vez, a bombardear.
Compartí en las afueras, si así, se puede llamar, en una ciudad destruida, un lugar con una habitación y un baño, juntos a dos colegas. Periodistas, un Español Alfredo Espinosa y un Alemán Helmut Bachman. Instalados donde dormíamos como
podíamos. La habitación de tres por dos. El baño muy precario. No podía ser de otra manera.
Al día siguiente, una camioneta Toyota, con tres soldados en la caja pertrechados nos traslada al Noroeste , para estar mas protegidos, pero las imágenes de espanto anularon mi sensibilidad. No podía ser sensible, debía ser fuerte y sobrevivir.
Tenia experiencia en mi vida pero esta no me la esperaba.
Tome fotos ,muchas de lo que pasaba, estuve en hospitales, recién bombardeados, calles intransitables niños y enfermos desplazados junto con la población civil. Horror de una guerra por el poder, nada mas.
Escuche a un dirigente político decir: -¿Porque usar suelo Sirio, para pelear? Ni siquiera había tiempo de contestar.
Estaba desbastado, no encontré la belleza en ninguna de mis fotos. Ninguna mirada compasiva , solo preguntas o súplicas. Nunca me imaginaba un alemán llorando, esa noche después de un día terrible, Helmut lloró, como un chico, desconsoladamente. Sus manos temblaban tanto que no podía escribir. Solo puso de título “Esto es lo que pasa
en Alepo” Alfredo con mas años, hizo una nota a un anciano refugiado en un rinconcito, debajo de un techito, absolutamente vulnerable. Aseguraba:-Acá nada me va a pasar, así los dispuso Alá. Su deseo, era su única esperanza.
Por mi parte había mandado imágenes por demás del horror en un solo día. Era muy difícil encontrar algo positivo, esperanzador. Miraba a los niños los mas perjudicados, los que sufren, los que piden ayuda. Como fotógrafo profesional tenia la obligación conmigo mismo de mostrar algo que llevara una ilusión una mirada de amor.
Mi hermana directora de una editorial en Vancouver, me pedía fotografías, aunque sea una, de los lugares que me mandaba el diario.-Tiene que ser esperanzadora, sino no mandes nada. Me admiraba por eso me exigía
Entre los escombros encontré tres hermanitos que al verme, vinieron corriendo. Uno de ellos, el mas chico, muy simpático, reía siempre. Vivía esa vida como una aventura. Sus hermanas entre risas preguntaban si las adoptaría.
Me dejaban sin palabras. Mi silencio me abrumaba. Pude mandarle a mi hermana una foto que lo decía todo.:
Una de las nenas con su mirada ¿preguntaba por que?
Otra un poco mas seria, pero no tanto aseguraba:-¿Me vas a adoptar, no?¡No tenemos familia! El mas sonriente nada me pedía solo con su mirada me lo decía todo:-¡Todo estará bien! no te preocupes. Solo le faltaba guiñarme un ojo.
Así lo pensé, así me lo mostró su corazón ¡Así me enseño a vivir! Por su parte mi hermana en la revista de Vancouver puso la foto de ellos diciendo:
“No hay espanto que pueda, con la mirada esperanzadora de un niño”
¿QUÉ ES REZAR ?
Elspeth Gormley / España
Rezar es una conversación con lo intangible, un momento de calma donde el alma se recoge en sí misma. Es el instante en que, entre el ruido del mundo, encontramos un refugio interior.
Es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia.
Es un Padre Nuestro susurrado en tiempos de incertidumbre, una plegaria para encontrar respuestas, un refugio en la duda y un consuelo en la esperanza.
Rezar es tener memoria.
Es lo que precede al trabajo y lo que jamás lo suplanta.
Es lo único que nos queda cuando ya no podemos hacer más. Es el acto de compromiso de quien no tiene otro medio para ayudar, como cuando elevamos pensamientos por alguien que va a ser operado, y todo queda en manos de la ciencia y de la voluntad que rige el universo.
Rezar no siempre cambia los hechos, pero sí cambia a quien reza. Nunca es inútil, porque siempre conforta.
Rezar es decir rezaré por ti y también reza por mí. Es, por tanto, lo contrario a la vanidad.
Es aceptar nuestras limitaciones. Aprender a resignarnos cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor, aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad.
Es buscar fuerzas cuando parece que no quedan.
Rezar es un acto de fe, pero no solo fe religiosa, sino fe en la vida, en las personas, en los que amamos, en los caminos inciertos que recorremos.
Es introspección en una era de exhibición. Es apagarse para encenderse desde dentro. Es encontrar un claro en la espesura.
Rezar es un placer oculto, un gesto que se reserva para la intimidad. Un acto que, cuando se comparte, se hace desde la confianza absoluta.
Es una declaración de amor por quien tienes en tus pensamientos. Derramar tu cariño sobre los que más quieres y sentir el cariño de quienes piensan en ti.
Es estar en las oraciones de alguien más, que es mucho más que estar solo en su memoria.
Rezar es dar lo mejor de nuestro interior sin esperar nada a cambio. Es resistir cuando todo parece perdido. Es fragilidad y entereza.
Es, en el fondo, el eco de nuestra esperanza, la manifestación de nuestros deseos más profundos y la forma en que buscamos paz en medio del ruido de la vida.
Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor.
LA MALA SUERTE
Sandra B Romeo / Argentina
Todos los días la misma corrida para llegara a horario a la oficina. Una taza de café a las apuradas, el persistente sonido del paso del tiempo en el reloj…
Aurora, la jefa de personal, es todo lo contrario de lo que su nombre indicaría, por lo menos para mí. Nada de auroras boreales o amaneceres rosados y traslúcidos reflejándose en la arena húmeda. Esta Aurora es mas bien un ocaso gris y perverso que se ríe y se agranda con la huida de la luz adentrándose sutil y definitivamente en nuestros huesos antes de cerrar los ojos cada noche. Yo estoy convencida de que Aurora me persigue, que cuestiona todos mis rostros y mis rastros. Nada de lo mío la persuade. Para ella no soy una buena persona.
Ahora recuerdo, mientras me zarandeo en el subte, (debe ser este zarandeo el que trae los recuerdos) que trabajando de noche atendí más de tres o cuatro veces el teléfono para toparme con las bromas de mis compañeros sector enfermería, (mis anteojos supongo), entonces a la quinta vez del timbrar tomo el auricular hago acopio de la valentía de mis ancestros y antes de que nadie hable grito: —¡culo!
Silencio total del otro lado de la línea hasta que la voz de Aurora amaneciendo de su estupor grita preguntando: —pero ¿usted sabe con quién está hablando? Yo jugada contesto: —¿Y usted…? —¡No! —grita ella —¡Menos mal! —y corto la línea dejando vilmente la oficina por la puerta trasera, olvidando en ella todas mis pertenencias a las que, por un tema de terapia, rotulo y marco con mi nombre y Nº de documento (¿miedo a morirme en la calle y quedar como NN? ¿miedo a morirme sola que intento atrapar mi identidad? ¿mi identidad se escapa, se esconde?.¡Ay Señor, cuantos interrogantes!.
Bueno, resultado de lo antedicho, suspensión y publicación en el Boletín interno de lo sucedido. El escarnio fue tal que ni las permanentes y extensas llamadas de Jerónimo lograron que tuviera la fuerza necesaria para presentarme el día que correspondía. Lo hice, pero sin fuerzas. ¿Qué puedo decir de Jerónimo? Es el justiciero del Archivo del hospital en que trabajo.
Espacio ínfimo si se quiere para el accionar de un justiciero, sin embargo parece el espacio justo en que cabe la justicia, (siempre me pareció que no era mucho). Jerónimo es de esos seres que aquietan el alma. Grandote y amplio, es como esos paredones en donde de chicos te refugias del sol de verano. O donde van a dar todas las pelotas que se patean a la hora de la siesta. Fresco, protector, así es Jerónimo. A él las auroras ni le pintan. Por eso lo admiro. Por eso y porque pasa de mis anteojos.
El barquinazo del coche seis línea C remonta otro recuerdo. Fiesta inaugural de la sala de máquinas del hospital. Aurora, toda de rosa y tiñéndose ya de violeta luego de la sidra y los canapés enhebra astutamente un discurso que le vale los aplausos de la concurrencia que, a la vista de los platos ya vacíos, va girando como en bloque hacia la salida.
Aurora se cruza en mi camino voluptuosamente perfumada. Perfume…(¿les dije que soy alergiosa?), estornudo fatal y moco enorme que aterriza en la solapa del trajecito de la jefa de personal.
Mis manos y pañuelo tratando de restañar el daño ya irreversible porque en la buena intención desparramé aún más el moco con mi entrañable torpeza, de modo tal que el mismo ya desbordaba la solapa hacia el voluminoso pecho de Aurora. Manos grandes, manos tiernas y solícitas de Jerónimo con servilletas de papel (muchas, el moco era grande), ajustándose a los senos de una Aurora que ya tirando al borravino me encendió con una mirada glacial. Ahí no hubo suspensión, sólo cerco de silencio durante diez días, término en el que la anécdota, contada y recontada por mis compañeros sección morgue, tardó en dar la vuelta al hospital. Y Jerónimo hablándome al oído, contándome «que ahí no podía hacer nada, que no era cosa de injusticia sino de mala suerte piba». Le creí. ¡Cómo no voy a creer en la mala suerte si me llamo Aurora!
EL RAYO DE LUNA
María Sánchez Fernández / España
Un rayo de luna se escapó del cielo y atravesó las negras aguas del mar. Era como un cuchillo cortante que a su paso dejara una herida abierta de intensa luz plateada. Ahondó tanto y tanto que llegó a profundidades insospechadas por él. Allá, en aquel fondo, advirtió que todos los habitantes de las aguas dormían. Escudriñó curioso, y vio qué diferente era aquel mundo del suyo. Él conocía los espacios abiertos en donde sus amigas, las estrellas, titilaban y, a veces, también se escapaban en vertiginosa carrera hacia el infinito. También conocía las exuberancias de la tierra pero… el misterio del mar; no.
Se movía de acá para allá despertando con su luz a miles de seres asustados que huían despavoridos de aquella extraña presencia. Vio un inmenso coral que movía unos brazos blanquecinos y rojos en los que había prendidos jirones de algas flotantes. Una enorme raya se detuvo, curiosa, a mirarlo para después seguir su camino.
El rayo de luna estaba fascinado, pero también un poco aturdido, él no quería despertar el pánico entre aquellos seres fantásticos, sólo quería conocerlos y ser amigo de todos. Con infinita delicadeza rozó la cola de un gran pez espada que se hallaba dormido en una oquedad de la roca. Éste se despertó y, algo asustado, se dispuso a atacar, pero vio que ante él no había enemigo alguno sino algo sin cuerpo cuya presencia era muy agradable.
El pez espada preguntó:
— ¿Quien eres tú, que nunca te vi?
— Soy un rayo de luna.
–¿Y qué es un rayo de luna? No puedo tocarte pero a través de ti puedo ver cuanto hay cerca de mí.
Y el rayo de luna sonriendo con su luz más blanca dijo:
— Tengo miles de hermanos y somos hijos de un cuerpo del cielo al que llaman Luna. Esta noche quise escaparme en solitario y visitar tu mundo.
Entonces el pez espada respondió:
— Eres mi huésped, ven conmigo y te lo mostraré.
Y visitaron, a través de las aguas que iban iluminando a su paso, los más bellos parajes que nunca hubiera imaginado aquel visitante que venía del espacio. Montañas vestidas de algas que, en el silencio submarino, parecían ser los fantasmas de aquellas otras montañas alfombradas de pinos verdes y empapadas de rumores que llenaban la tierra y que él conocía tan bien. Estas montañas del mar acogían, en infinitas cuevas, a miles de peces que en ellas buscaban seguridad y refugio. Moluscos de todos los tamaños se adherían a las rocas abriendo sus conchas rosadas y mostrando en su interior una masa blanduzca que se movía perezosamente acechando alguna presa, y cuando ésta se acercaba ¡zas!, se cerraba herméticamente para engullirla en su interior.
El pez espada seguía avanzando abriéndose paso entre las aguas con su gran trompa puntiaguda, y el rayo de luna le seguía fascinado envolviéndolo con su manto de luz. Un banco de pececillos rojos pasó ante ellos haciendo cronométricos zigzagueos, y un gigantesco pulpo extendía sus abotonados brazos queriendo tocar aquel extraño visitante que se movía entre los personajes marinos.
–Me gusta tu mundo.– Dijo el rayo de luna–. ¿Podrías invitar a mis hermanos?
Y el pez espada respondió:
–Puedes llamarlos ahora mismo, mientras las aguas sean negras. Después se volverán azules y vuestra tenue luz se perdería en ellas
Y el rayo de luna llamó a sus hermanos con su magnetismo cargado de magia, y al momento todos acudieron en tropel, y con gran algarabía de risas de plata invadieron las negras profundidades.
¡Qué orgía de luz y de colores explosionó en el fondo del mar! Rivalizaban el capricho y la originalidad en la forma de todos sus moradores. Peces alargados, redondos, achatados, de figura esférica o triangular, con ojos enormes y gráciles aletas; otros de cuerpos pequeños y grandes tentáculos; preciosos moluscos de las más variadas formas…, y tantos y tantos colores…, infinidad de colores rivalizaban por su propio protagonismo.
Las aguas se ondulaban vestidas de transparente blancura con el ir y venir de sus millones de habitantes.
La gran fiesta comenzó y todos danzaron con loco frenesí. Grupos de peces dorados trazaban círculos perfectos en torno a una gran masa de coral que alargaba sus ramificaciones rojizas como queriendo alcanzar aquella maravillosa luz que todo lo envolvía. Otros grupos de peces –siempre en perfecta formación y vestidos con la más exquisita originalidad−, abrían sus salientes bocas cantando burbujas. Un grupo de delfines se sumó al regocijo del momento emitiendo alegres sonidos que acompañaban a una diminuta orquesta formada por caballitos de mar y por oscuras ostras que abrían y cerraban sus conchas con perfecto ritmo, mostrando su intimidad nacarada. Un gran tiburón cruzó rápidamente, sin detenerse, tendría prisa por resolver algún asunto urgente.
La fiesta estaba en su punto culminante. La alegría rebosaba más allá de lo imaginable. Los rayos de luna reían y reían, y las aguas del mar nocturno –antes negras y quietas−, se movían alborozadas en sus ondas profundas y blancas.
De pronto, nuestro rayo de luna dejó de reír y prestó atención. Más tarde dijo:
–Hermanos, nos llaman desde arriba. Nuestra madre, la Luna, se retira. Ya baja por el cielo en busca del horizonte.
Todos se unieron en un inmenso haz de luz, y diciendo adiós a sus amigos salieron del mar y ascendieron a la altura mezclándose con los claros rosados del alba.