LOS SENTIMIENTOS – RELATOS Y POESIA -JUNIO

AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

Separador-2

“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”

Los Sentimientos A

«Cada emoción es un acorde en la sinfonía de nuestra historia. Las lágrimas, los sueños, las pasiones… todo es música en el universo de los sentimientos.«

Separador-2

LA GRAN CARRERA

Magi Balsells / España

Somos muchos lo que estamos enclaustrado dentro este habitáculo, estamos impacientes, inquietos pues no sabemos bien que es lo que ocurrirá En estos momento empieza a notarse cierto nerviosismo, que cada vez va aumentando, creo que debe ser porque nos abrirán el camino hacia nuestro nuevo destino, se palpa en al ambiente este deseo de libertad lo cual hace que estemos mas inquietos de lo normal

Ya se abre nuestra salida, es la locura, todos queremos salir  los primeros, será una batalla sin igual, algunos ya se están quedando por el camino se les terminaron las fuerzas, otros por su debilidad ni al podido salir, quedando apartados de esta vorágine

Estoy fuerte, voy en cabeza junto con otros tan fuertes como yo, pero aunque el trayecto es corto las dificultades son extremas, solo se que el que mas corra será el ganador, tengo que ser yo, ya que mi vida es muy limitada y solo podré subsistir si consigo el premio, hay que luchar

He dejado atrás a mis oponentes, me voy acercando a la meta, solo me queda un suspiro, aleluya ya llegue traspaso el ultimo obstáculo soy bien acogido, me envuelve la masa enfervorizada, ahora  y sin preámbulos me ofrecen el premio, consistente  en la estancia durante un periodo de tiempo, a todo confort con buenos alimentos, pero variable por según que  circunstancias,

En este habitáculo, aunque pequeño pero mayor que el anterior, me desarrollare tranquilamente para llegar al sueño deseado, y podré hacerme con el tiempo mucho más fuerte e inteligente

Y cuando se hayan cumplido todos los plazos establecidos, ¿Qué pasara…?

 Pasara que…

La dueña de la estancia me traerá al mundo como un HERMOSO BEBE

Separador-2

Nota de la editora: A veces, las metáforas vuelan más alto que las palabras literales… Esta joya de Libia Beatriz Carciofetti es una danza sutil entre lo que somos y lo que elegimos ser. La mariposa, con su vuelo delicado, nos recuerda que hay formas de existir que no dañan, que embellecen y que sanan. Decidí compartir este texto en “Sentimientos” porque vibra con esa esencia suave, valiente y luminosa que habita en el corazón de quien aún cree en la ternura como resistencia.  (Elspeth Gormley)

Separador-2

MARIPOSA “versus” LANGOSTA

Libia Beatriz Carciofetti / Argentina

(Cualquier similitud con la realidad es solo pura coincidencia)

Cierto día se cruzaron en su vuelo una bellísima mariposa y una langosta, quien observaba a distancia cómo la mariposa iba de flor en flor libando el néctar, y pensó: “¿Cómo hará para libarlo?”

Esta vez se dijo: —¡No me quedaré con la intriga!

Y se acercó sigilosamente, insinuándole con cierto recelo:

—Dime, mariposita hermosa, hace segundos que te veo aletear de flor en flor, y estoy maravillada de tus preciosos colores. Te destacas en cada flor que te posas; a veces reconozco que la flor empalidece ante tu hermosura. Si hasta con tus motas coloridas pareciera que miraras… Me muero de ganas por preguntarte: ¿Cuál es el secreto de libar?

Sin dejar de aletear, la mariposa, sonrojándose, le contesta:

—¿Sabes, amiga? Yo solamente succiono con delicadeza, sin dañar a la flor en la que me poso.

En cambio tú, todo lo que tocas y rozas lo destruyes, porque con tus afilados dientes devoras. Además, con tu ejército maléfico puedes arrasar sembrados que servirían de alimento a los humanos…

Yo, por el contrario, alegro la vida y la vista de los que me rodean: danzo en los jardines, en los parques, me observan los niños, beso la cabeza de algún anciano solo, en el banco de una plaza.

¿Alguna vez oíste decir de mí que tuvieran que combatirme con poderosos plaguicidas? En cambio, a ti, a pesar del esfuerzo humano, aún no lograron hacerlo… Y cuando tú sobrevuelas, la mayoría se encoge hasta que pasas sobrevolando.

¡Es tan simple libar! Solo succionar con delicadeza, con la suavidad de un beso.

Pero no lo entenderás nunca, porque naciste para destruir todo lo que tocas… porque ya es tu naturaleza.

Así se alejó la mariposa bella, y puso fin a esta conversación, temiendo caer también entre sus garras. Y ella… ella había nacido para volar.

Separador-2

ENTRE AUSENCIAS Y ABRAZOS

Elspeth Gormley / España

A veces los sentimientos acarician como brisa. Otras… arrasan como tormenta. Nos traspasan sin pedir permiso. Nos transforman, nos sacuden, nos enseñan a querer… y también a soltar.

El dolor no siempre grita. A menudo se esconde en los silencios compartidos, en las palabras que nunca dijimos, en una mirada que evita la nuestra. Hay decepciones que no dejan marcas visibles… pero duelen como si las llevaras tatuadas en el pecho.

Y sin embargo, hay días en los que basta poco: un abrazo espontáneo, una palabra sin juicio, alguien que escucha de verdad sin intentar arreglarnos.

Eso… eso a veces salva.

Porque sí, los sentimientos duelen. Pero también nos sostienen. Son la grieta por donde entra la luz. No siempre entendemos lo que sentimos, y está bien: hay veces en que el corazón necesita hablar en su idioma, sin traducciones.

La tristeza nos recuerda lo que alguna vez amamos. El miedo nos señala lo que no estamos listos para perder. La decepción nos muestra el límite… y la puerta de salida.

No somos solo lo que nos pasó. Somos lo que decidimos hacer con eso. Lo que callamos con dignidad. Lo que gritamos para no rompernos por dentro. Y sí… si caemos, que sea para aprender a alzar el vuelo con más conciencia. A nuestro ritmo. Con nuestras alas. Y con el alma… un poco más fuerte. Y muchísimo más humana.

Entre lo que nos hiere y lo que nos sana… a veces es el silencio compartido lo que más nos sostiene.

Separador-2

SENTIMIENTOS INVISIBLES

Andrea Kiperman / Argentina

Antes que nada, gracias por estar al otro lado, compartiendo estas palabras. Hoy, al escribir sobre los sentimientos, me invade una sensación de plenitud. En estos tiempos, hablar de emociones parece un acto pasado de moda. Sin embargo, ¿acaso no es precisamente lo que nos define como humanos?

Cuando era niña, imaginaba un futuro con robots. Hoy, la inteligencia artificial forma parte de nuestra vida y, aunque es fascinante, también me genera inquietud. ¿Qué nos diferencia de ellos? En algunos países ya caminan entre nosotros y, en un futuro cercano, conviviremos aún más con estas tecnologías.

Pero entonces surge la pregunta esencial: somos seres sintientes, con emociones, pensamientos, ideas y sueños. Si en un mundo donde sentir parece una moda en extinción, ¿a qué nos estaremos pareciendo? Bloquear lo que sentimos, ignorarlo, dejarlo atrapado en el silencio… nos acerca demasiado a aquello que no queremos ser.

Más que nunca, debemos ser conscientes de esto y actuar en consecuencia. En comunicación, la desconexión es evidente: queremos vínculos profundos, pero ¿Cómo lograrlos si ni siquiera nos permitimos decir «hoy estoy triste» o «siento amor por alguien»? Los sentimientos no expresados no desaparecen, simplemente se acumulan hasta que, de algún modo, deben salir.

Esto no es solo sobre el amor, sino sobre aprender a compartir lo que nos pasa. Escuchar y ser escuchados, permitir que nuestras emociones tengan espacio y voz. ¿Y ustedes qué piensan?

Separador-2

SENTIMIENTOS EN POEMAS

Sentimientos: A veces, el alma necesita decir lo que la boca calla. Aquí danzan las emociones, los suspiros, las cicatrices y los abrazos invisibles. Poemas que no piden permiso, pero sí consuelo…

Separador-2

LOS PASILLOS DE MI ALMA

Libia B. Carciofetti / Argentina

Por los pasillos de mí alma

caminan sentimientos

y oigo voces.

Quejosas, lastimeras…temperadas…

Me confunden y siento

que perdí la calma.

Voces que se burlan y urden

con mis sentimientos

una trampa.

Algo pasa… me digo

y quiero encontrar «las causas»

Me aquieto un instante

y me doy; con que «son tantas»

que me pierdo en el pasillo

y otras voces me espantan.

Más allá una caverna

y una silueta muy blanca

que me extiende su mano

y me mira con sonrisa franca.

Me acerco y de pronto

se produce la magia.

Unas voces se acallan

y otras cantan.

Son las notas de un coro

que de niña entonaba

cuando conocí el miedo

y a quien me lo quitaba.

Es el mismo que hoy camina

por los pasillos de mi alma

me dice «TE AMO» y le creo

porque veo el pasillo y hay luz

solo paz y calma.

(Cuando Jesús camina por los pasillos de mi alma)

Separador-2

LA CRUZ QUE CARGO

María Cristina Fervier / Argentina

Sobre la música del aire

vagan las notas desafinadas

de este corazón doliente

que en soledad se desgarra.

Emite un aroma triste

que flota y se esparce.

Nadie sabe de mi llanto

que con sonrisas disfrazo.

En el circo de lo cotidiano

repiten con ciega indiferencia:

“a vos sí que te sonríe la vida…”

¡Qué saben del fuego en que me quemo

que oculto con profundo celo!

Silencio de mudez forzada,

en los límites de mi mundo

vibra desde agudos tonos

Es un secreto que anclo

en el martirio callado

de la cruz que cargo,

madero que suda sangre de luna.

Sobre el aroma de una rosa herida

aborta la melodía

de un pájaro que quedó sin trinos.

Separador-2

NO ME LLORES

Elspeth Gormley / España

No me llores por favor cuando me haya ido,

piensa que me he adelantado a tu camino.

He vivido intensamente, estoy contigo,

en cada flor que aromará tu sino.

No me llores, si me sientes tan distante

que tu pena en el silencio te aprisiona.

No he partido, me he quedado muy constante

en esa paz que suavemente te emociona.

No me llores por favor, seca tus lágrimas,

que no apague tu sonrisa la tristeza,

dame siempre la caricia de tu alma

y la oración que me regalas con nobleza.

No me llores, mi presencia está en el viento,

en la lluvia, en el rocío, en la mañana,

en tus pasos silenciosos, en tus sueños,

en tu aliento que la vida me regala.

No me llores, que mi espíritu no muere,

tan sólo el cuerpo en la tierra se reposa,

mi sonrisa en tu memoria permanece

y en tu pecho mi recuerdo se hace rosa.

Separador-2

SENTIMIENTOS

Andrea Kiperman / Argentina

Ya han pasado varias lunas llenas y aún no te veo.

Tengo un vacío en mis pupilas

añorando verte.

me han dicho que te vieron

por el tablao

con tu corcel negro.

te han visto con ella del brazo

se que entretienes tus días

y tus noches

y este sentimiento no se apaga

no se acaba

sigue latente como el primer día que te vi

sigue vivo

pero como has podido silenciar tu boca

se que este amor no es conveniente

pero el alma solo sabe de deseo

este sentimiento no se apaga

siento tu piel

y tu latir

tus ojos de hielo

ya han pasado varias lunas llenas y aún no te veo.

Separador-2

GRITO MUDO

Marga Mangione / Argentina

Ante el horror su rostro descompuesto,

mira la guerra por doquier reinando,

y a tanto muerto que se halla dominando

ese lugar, donde ha quedado expuesto.

Un grito mudo arrolla su garganta,

y el pecho se estremece en la agonía,

no quiere ver, pero vuelve a porfía

la vista hacia ese sitio que lo espanta.

Una batalla más que ha presenciado,

y el corazón herido no la olvida

no sabe aún por qué quedó con vida,

ni si fue Dios, quien lo hubo perdonado.

Sus ojos desorbitan tanta angustia,

y su boca anhelante se estremece,

cubriendo a sus oídos permanece

con esas manos de apariencia mustia.

Escapa por el puente a su destino,

buscando hallar la paz y la armonía,

quiere encontrar la luz de un nuevo día,

para no convertirse en asesino.

Plasmado tiene el pecho de terrores,

pero una luz el alma le ilumina,

presiente que una beatitud divina

ha de llegar a brindarle sus favores.

Entonces de rodillas en la tierra,

sollozando se cubre los dolores,

y ruega que esos negros sinsabores,

acaben de una vez, junto a la guerra…

Separador-2

CUENTOS Y RELATOS – JUNIO

AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

Original

“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”

Cuentos-junio

· «Cada relato, un latido; cada cuento, un universo por descubrir.»

Original

LA BICI ROJA METALIZADA

Miriam Alberganti / Argentina

Era una época de incertidumbre económica, y mi padre, como muchos otros, había invertido su dinero en una financiera que prometía tasas altas de interés. Sin embargo, como suele suceder, la financiera se fundió, y los ahorristas perdieron todos sus ahorros. Mi padre se sintió decepcionado y frustrado, pero no se rindió. Cuando se enteró de que los ahorristas podían retirar mercaderías como compensación, supo exactamente qué hacer. Se fue a la tienda y retiró una bicicleta que había llamado su atención. Era una bicicleta impresionante, con rodado 28, gomas con banda blanca, guardabarros cortitos y cromados, y un color rojo metalizado que brillaba bajo la luz del sol. Cuando la vi, me emocioné mucho. Tenía 14 años, y era la primera bicicleta del barrio.

Mis amigos se sorprendieron al verla, y yo me sentí orgulloso de ser su dueño. Sin embargo, en esa época, no era común que los estudiantes de secundaria o facultad fueran a la escuela en bicicleta, así que tuve que seguir corriendo el tranvía para no llegar tarde. A pesar de eso, la bicicleta se convirtió en mi compañera de aventuras. La montaba por la cuadra y sus alrededores, sintiendo el viento en mi cara y la libertad en mi corazón. La bicicleta roja metalizada se convirtió en un símbolo de alegría y esperanza en un momento de incertidumbre. Y aunque la financiera se había fundido, mi padre había encontrado una forma de transformar un hecho desgraciado en un motivo de alegría. La bicicleta roja metalizada se convirtió en un recuerdo que siempre atesoraré, un recordatorio de que incluso en los momentos más difíciles, siempre hay esperanza y alegría que puede surgir.

Original

VIVIR ETERNAMENTE

Magi Balsells / España

 ¿Me gustaría vivir eternamente? 

Esta pregunta lleva mucho tiempo rondando por mi mente, tiene una serie de razones para decir que si y muchas mas para negar esta posibilidad

En la primera cuestión, no dejaría de ser hermoso ver  los adelantos que cada día se van produciendo, en todas las facetas de la vida, ampliar mucho más los conocimientos que en este momento poseo, conocer muchas más personas y poder compartir con ellos mis experiencias acumuladas durante todo mi existencia, seria algo maravilloso, 

Pero pasemos a la segunda opción:

Envejecer  mucho mas de lo que ya estoy, ir perdiendo las facultades de todo tipo, convirtiéndome en un ser solo merecedor de estudio por la medicina, ya que les gustaría a los científicos saber el porque de mi larga y eterna vida, o sea de hospital en hospital y de prueba en prueba. Perder a todos los familiares, y a las personas amadas eso creo que si debe ser muy duro. No conseguir amigos ya que al ser eterno nadie querría compartir su vida con la mía, no estar a la altura de las nuevas técnicas ya que mi mente no seria capaz de asimilarlas. Vivir los horrores que podían producirse como la miseria, las guerras, las catástrofes naturales, las nuevas enfermedades; aunque no me afectaran directamente por mi condición de eterno, pero si que serian un sufrimiento verlas padecer a los demás 

Creo que después de una serena reflexión, lo mejor es tener vida como persona normal, con mis años, dudas  y achaques  y solo esperar el desenlace final.

Original

SOBRE RUEDAS

María Elena Camba / Argentina

El portero sonó en casa insistentemente. Mamá fue a la cocina y lo atendió.
-Chicos, dejen lo que están haciendo y vengan, papá quiere mostrarnos algo.
Nos lanzamos siete pisos por la escalera, Mamá fue con Laurita por el ascensor. Pablo llegó primero pero tuvo que esperar a que abrieran la puerta de calle.
Nunca me voy a olvidar de la cara de mi viejo, siempre fue un tipo muy serio pero esa vez estaba ancho, con su sonrisa de fiesta., mostrando la sorpresa que nos tenía preparada. Y allí en la vereda, con las puertas abiertas, nuestro futuro compañero de viajes. Parecía un bote, tan largo y amplio. Entramos los cinco, si hasta sobraba un espacio para alguien más.

Dicen que los autos se parecen a los dueños, o los dueños eligen el auto que más se identifica con ellos. Y así era el Valiant 3, su primer auto 0 km, de líneas elegantes, color beige, sobrio, con ventanas grandes. Igual a mi viejo, siempre de traje, a lo sumo los domingos un pantalón de vestir y una camisa. Discreto y clásico .
Partimos a dar una vuelta por el viejo Palermo con sus calles empedradas que se resistìan al andar tan descansado de esas ruedas recién estrenadas. El ronroneo del motor era suave, casi imperceptible.
Mi añorado barrio de casas bajas, con algunos pocos edificios que comenzaban a quebrar la fisonomía de ese Palermo que se resistía a cambiar su identidad. Con sus calles tamizadas por el violáceo de los jacarandás, que cubrían no sólo las copas de los árboles sino también las veredas con una alfombra aterciopelada. A partir de ese día, todos los domingos papá nos llevaba a dar una vuelta a toda la familia.

Ese primer paseo fue el comienzo de un sinfín de aventuras. Viajes a la costa, cuando la Ruta 2 todavía no era autopista y los autos venían de contramano y había que esquivarlos e irse a la banquina para no morir arrollados. Cuando no había aire acondicionado y el calor subía por los pies y penetraba todo el cuerpo. Cuando poníamos parasoles en las ventanillas y los que no las tenían se conformaban con algún toallón o remera trabado en la ventana para amortiguar el sofocón de la ruta.
No usábamos cinturón de seguridad y nos trepábamos a la luneta como si fuera un asiento más.. Jugábamos al truco, a la generala y al tuti fruti. La imaginación corría inventando historias. .. Las horas se alargaban, parábamos para almorzar en alguna estación de servicio y mi padre se echaba una siesta bajo un árbol.
El viaje a la costa era largo. Pero para nosotros era una fiesta. Vacaciones en familia, arena y mar. Nos esperaban las olas para saltarlas de la mano o barrenarlas en tablas de madera.
Carpa o sombrilla, de acuerdo a los vaivenes de la economía familiar, pero siempre juntos en la playa. Tejo, pelota paleta, unos sándwiches de almuerzo y a la tarde regresábamos en el auto al hotel. La batalla naval, el ahorcado o el tinenti nos arrancaban risas y peleas a la hora de la siesta.

Después el Valiant comenzó a hacer recorridos más extensos. Las sierras asomaban en el horizonte cuando llegábamos a la ciudad de Córdoba. Siempre nos perdíamos en la famosa cañada y mi padre detenía el auto para preguntar cómo seguir. Porque no había GPS ni celulares que nos indicaran el camino.
En las sierras comencé mis aventuras sobre ruedas. Papá nos llevaba a un camino de tierra y me cedía el asiento del conductor. Apenas llegaba a ver por el parabrisas y el volante se resistía a mis pequeñas manos. Tenía 14 años y mi hermano 19. El auto rugía mientras apretábamos el acelerador e intentábamos pelear con la palanca de cambios para meter la primera. El viejo contenía sus nervios y arrancábamos hacia la dimensión desconocida. Una o dos horas de piruetas al volante y el Valiant volvía lleno de tierra a la casa.
En esa época aprendí también a andar a caballo. Primero con montura y al paso o trote. Las siguientes vacaciones en pelo y al galope. Mi madre disfrutaba vernos..
Años de tortas fritas, campeonatos de bochas y truco, jugábamos a las escondidas por la noche en los jardines del hotel. Años de adolescencia, los primeros asaltos. El famoso patapata de Miriam Makiba. Y el primer beso. El novio de vacaciones. La primera despedida. El primer llanto por amor.
Pablo, mi hermano, ya manejaba el Valiant 3 y nos llevaba al cine a la noche. Dos pelis con intervalo en el medio. Y un cine de pueblo donde la película de golpe se cortaba y comenzaban los silbatos hasta que volvía en medio de risas y aplausos.

Y el Valiant 3 siempre esperando en la puerta del cine nos llevaba de vuelta a toda la banda. 9 o 10,metidos en el auto. Y mi viejo durmiendo tranquilo sin sospechar nuestras andanzas.
Pero un día se anunció la tormenta. Dejamos el auto estacionado en el medio de otros dos y entramos en el cine. Cuando salimos ya eran las 12 de la noche. Buscamos el auto pero no lo encontramos. A unos 50 metros de la puerta del cine había un grupo de gente amontonada, fuimos a ver qué pasaba y vimos nuestro auto en medio del jardín de una casa. Nuestras caras de asombro y susto sin explicarnos qué había pasado. ¿Nos habían robado el auto? Hasta que mi hermano gritó –¡Me olvidé de poner el freno de mano!
¿Qué había pasado entonces? Cuando el auto de adelante se fue, la calle en bajada hizo que el Valiant se deslizara, tirara la pirca de la casa, aplastara una moto y terminara su viaje en el parque. Toda la trompa abollada, rayones por todos lados. El auto fantasma se hizo famoso. Sin conductor había hecho destrozos que, por suerte, no provocaron daños mayores.
Mi hermano fue hasta casa y trajo a mi padre. Esa noche no pegamos un ojo. Papá furioso nos retaba, hasta se le cayeron unas lágrimas de la impotencia.
El auto en el taller por muchos días y los gastos de reparar todos los daños causados. Pasamos a ser los dueños del auto fantasma para todo el pueblo.
Mi hermano estuvo muchos meses sin poder usarlo y las clases de manejo terminaron abruptamente.
Pero las vacaciones siguientes papá ya había olvidado el asunto y nos volvió a prestar el auto, esta vez para excursiones por las sierras. Partíamos en el Valiant un grupete y otros dos autos, un Mehari y un Peugeot. Todos a la aventura por los caminos serranos de ripio. Dejábamos los autos y trepábamos como cabritas por las sierras hasta bajar a un arroyo, o a las playas de arena de algún río. Ya el auto estaba más baqueteado y la suspensión acusaba tantos kilómetros de aventuras. Pero nunca fallaba y derrapaba en tercera en las curvas y nuestros gritos y risas inconscientes festejaban la cercanía al precipicio.
Una tarde, cuando comenzaba a caer el sol y regresábamos al pueblo, se escuchó un ruido fuerte debajo del auto. Era el carter que había raspado contra una piedra. Vimos que perdía líquido por abajo. No sabíamos qué hacer, hasta que a uno de los chicos se le ocurrió. -Masquen todos chicle, hagamos una bola y peguémosla como tapón.
Y así fue que logramos llegar a la puerta de la casa, cuando ya se hacía de noche y las primeras estrellas comenzaban a asomar.

Tantos recuerdos imborrables se agolpan en mi mente mientras contemplo la foto desteñida de mi auto preferido, compañero de adolescencia, el que soportó mis primeros pasos como conductora. Testigo de un mundo en extinción, cuando los autos no se cambiaban de modelo como la ropa, cuando las cosas tenían su valor emotivo, Por eso costó tanto tomar la decisión de desprendernos de él a la muerte de papá.. Quedó arrumbado en el garaje de casa. Hasta que un día decidí que abandonarlo de ese modo era negar la historia tan linda que tuvimos. Llamé a un mecánico especialista en autos antiguos. Le pedí que lo arreglara, lo quería impecable. Se lo llevó a su taller. Todas las semanas pasaba a verlo. En tres meses estuvo listo. Cuando lo fui a buscar me senté al volante y los recuerdos se agolparon como un flash mientras lo manejaba.
Ahora lo saco todos los domingos a dar vueltas por la Av. Libertador. A veces me gritan desde algún auto, felicitándome .¡Qué nave!
Me hice socia de un Club de autos antiguos. Cada tanto participamos de travesías y hasta nos vestimos con ropa de época. Sé que es una manera de estar más cerca de mi viejo y también de esa chica adolescente que esperaba el fin de semana como una fiesta para salir a pasear y escuchaba a todo volumen en la radio del auto Sui Generis con toda la banda de amigos. Me vuelve el olor a espinillo, a lavanda y retama de las sierras y la voz de mi viejo que dice: – No vuelvan tarde chicos, a las 2 a más tardar los espero en casa.

Original

TOMY, EL NIÑO VENDEDOR

Libia B. Carciofetti / Argentina

Llamaron a mi puerta. Miré por la ventana. Solo vi un cajón desvencijado con “artículos de limpieza” en envases de gaseosas. Me acerqué y, medio escondido, apareció un niño de unos diez años.

—¿Por qué te escondes? —pregunté.

—Porque la mayoría, cuando ven que soy chico, piensan que vengo a pedir y no se acercan. Pero no… yo vengo a vender, para ayudar a mi mami y a mis cuatro hermanos más pequeños.

Su voz era firme, pero en su mirada había algo de súplica.

—Vamos a un comedor al mediodía, pero hasta el otro día tenemos que aguantar el hambre —continuó—. Mi mami vende bolsas de consorcio, y el dueño me da esto: detergente, lavandina, desodorante, jabón líquido…

Observé los envases y su pequeña figura detrás del cajón. Yo, que siempre compro productos de primera marca, miraba lo que él ofrecía y sentía en su gesto la esperanza de una venta.

—Bueno, dame un litro de cada cosa —le dije—. Te traeré mis envases para que los rellenes.

—Ok —respondió.

Sonreí.

—¡Ah! Sabes inglés, como mi nieto.

Se rió.

—¿Cómo se llama su nieto?

—Tomás, pero le decimos Tomy.

Su cara se iluminó.

—¡Oia! Como yo.

Lo miré y mi corazón de abuela y madre se encogió. Pensé en mi Tomy, que no tiene que salir a ganarse el pan porque tiene una familia que lo sostiene, que se lava las manos con agua y jabón a cada rato.

Antes de que la emoción me hiciera llorar frente a él, le pagué. Vi su manito perdida revolviendo su bolsillo, buscando el vuelto.

—Quédatelo —le dije—. Compra golosinas si quieres.

—¡Uh! Es mucho.

—No creas… todo está caro.

—Sí, eso dice mi mami.

Se apresuró.

—Me voy, porque me van a cerrar el comedor.

—Chau, doñita.

—Chau, Tomy. No te doy un beso porque debemos guardar distancia, y además tenemos barbijo. Cuando llegues, lávate bien las manos con agua y jabón.

—Sí. Mire, recién una señora me regaló alcohol en gel nuevecito, sin abrir.

—Que Dios bendiga a esa señora también.

Lo vi alejarse.

—Ven la semana que viene. Tengo echarpes tejidos por mi mami, que se llamaba Violeta. Desde el cielo, estará contenta de ver que los usarán para cubrirse del frío.

Tomy se alejó por la calle, dándose vuelta y saludando con su manito. Y mitad de mi corazón se fue caminando con él, rogando en silencio por todos los niños herederos del Reino de los Cielos.

Original

LOS NIÑOS DE SIRIA

Carlos González Saavedra / Argentina

Soy Roy Mitchel, trabajo hace mas de treinta años como fotógrafo profesional. El diario me envió a Alepo un día antes que empezaran otra vez, a bombardear.
Compartí en las afueras, si así, se puede llamar, en una ciudad destruida, un lugar con una habitación y un baño, juntos a dos colegas. Periodistas, un Español Alfredo Espinosa y un Alemán Helmut Bachman. Instalados donde dormíamos como
podíamos. La habitación de tres por dos. El baño muy precario. No podía ser de otra manera.
Al día siguiente, una camioneta Toyota, con tres soldados en la caja pertrechados nos traslada al Noroeste , para estar mas protegidos, pero las imágenes de espanto anularon mi sensibilidad. No podía ser sensible, debía ser fuerte y sobrevivir.
Tenia experiencia en mi vida pero esta no me la esperaba.
Tome fotos ,muchas de lo que pasaba, estuve en hospitales, recién bombardeados, calles intransitables niños y enfermos desplazados junto con la población civil. Horror de una guerra por el poder, nada mas.
Escuche a un dirigente político decir: -¿Porque usar suelo Sirio, para pelear? Ni siquiera había tiempo de contestar.

Estaba desbastado, no encontré la belleza en ninguna de mis fotos. Ninguna mirada compasiva , solo preguntas o súplicas. Nunca me imaginaba un alemán llorando, esa noche después de un día terrible, Helmut lloró, como un chico, desconsoladamente. Sus manos temblaban tanto que no podía escribir. Solo puso de título “Esto es lo que pasa
en Alepo” Alfredo con mas años, hizo una nota a un anciano refugiado en un rinconcito, debajo de un techito, absolutamente vulnerable. Aseguraba:-Acá nada me va a pasar, así los dispuso Alá. Su deseo, era su única esperanza.
Por mi parte había mandado imágenes por demás del horror en un solo día. Era muy difícil encontrar algo positivo, esperanzador. Miraba a los niños los mas perjudicados, los que sufren, los que piden ayuda. Como fotógrafo profesional tenia la obligación conmigo mismo de mostrar algo que llevara una ilusión una mirada de amor.
Mi hermana directora de una editorial en Vancouver, me pedía fotografías, aunque sea una, de los lugares que me mandaba el diario.-Tiene que ser esperanzadora, sino no mandes nada. Me admiraba por eso me exigía
Entre los escombros encontré tres hermanitos que al verme, vinieron corriendo. Uno de ellos, el mas chico, muy simpático, reía siempre. Vivía esa vida como una aventura. Sus hermanas entre risas preguntaban si las adoptaría.
Me dejaban sin palabras. Mi silencio me abrumaba. Pude mandarle a mi hermana una foto que lo decía todo.:
Una de las nenas con su mirada ¿preguntaba por que?
Otra un poco mas seria, pero no tanto aseguraba:-¿Me vas a adoptar, no?¡No tenemos familia! El mas sonriente nada me pedía solo con su mirada me lo decía todo:-¡Todo estará bien! no te preocupes. Solo le faltaba guiñarme un ojo.
Así lo pensé, así me lo mostró su corazón ¡Así me enseño a vivir! Por su parte mi hermana en la revista de Vancouver puso la foto de ellos diciendo:
“No hay espanto que pueda, con la mirada esperanzadora de un niño”

Original

¿QUÉ ES REZAR ?

Elspeth Gormley / España

Rezar es una conversación con lo intangible, un momento de calma donde el alma se recoge en sí misma. Es el instante en que, entre el ruido del mundo, encontramos un refugio interior.

Es una fotografía en sepia, un regreso a la casa de tus abuelos y al tiempo sin tiempo de tu infancia.

Es un Padre Nuestro susurrado en tiempos de incertidumbre, una plegaria para encontrar respuestas, un refugio en la duda y un consuelo en la esperanza.

Rezar es tener memoria.

Es lo que precede al trabajo y lo que jamás lo suplanta.

Es lo único que nos queda cuando ya no podemos hacer más. Es el acto de compromiso de quien no tiene otro medio para ayudar, como cuando elevamos pensamientos por alguien que va a ser operado, y todo queda en manos de la ciencia y de la voluntad que rige el universo.

Rezar no siempre cambia los hechos, pero sí cambia a quien reza. Nunca es inútil, porque siempre conforta.

Rezar es decir rezaré por ti y también reza por mí. Es, por tanto, lo contrario a la vanidad.

Es aceptar nuestras limitaciones. Aprender a resignarnos cuando lo que pudo ser no ha sido. Es vivir sin rencor, aprender a olvidar, aceptar la derrota con dignidad y celebrar el triunfo con humildad.

Es buscar fuerzas cuando parece que no quedan.

Rezar es un acto de fe, pero no solo fe religiosa, sino fe en la vida, en las personas, en los que amamos, en los caminos inciertos que recorremos.

Es introspección en una era de exhibición. Es apagarse para encenderse desde dentro. Es encontrar un claro en la espesura.

Rezar es un placer oculto, un gesto que se reserva para la intimidad. Un acto que, cuando se comparte, se hace desde la confianza absoluta.

Es una declaración de amor por quien tienes en tus pensamientos. Derramar tu cariño sobre los que más quieres y sentir el cariño de quienes piensan en ti.

Es estar en las oraciones de alguien más, que es mucho más que estar solo en su memoria.

Rezar es dar lo mejor de nuestro interior sin esperar nada a cambio. Es resistir cuando todo parece perdido. Es fragilidad y entereza.

Es, en el fondo, el eco de nuestra esperanza, la manifestación de nuestros deseos más profundos y la forma en que buscamos paz en medio del ruido de la vida.

Rezar es creer y ser practicante de un mundo mejor.

Original

LA MALA SUERTE

Sandra B Romeo / Argentina

Todos los días la misma corrida para llegara a horario a la oficina. Una taza de café a las apuradas, el persistente sonido del paso del tiempo en el reloj…

Aurora, la jefa de personal, es todo lo contrario de lo que su nombre indicaría, por lo menos para mí. Nada de auroras boreales o amaneceres rosados y traslúcidos reflejándose en la arena húmeda. Esta Aurora es mas bien un ocaso gris y perverso que se ríe y se agranda con la huida de la luz adentrándose sutil y definitivamente en nuestros huesos antes de cerrar los ojos cada noche. Yo estoy convencida de que Aurora me persigue, que cuestiona todos mis rostros y mis rastros. Nada de lo mío la persuade. Para ella no soy una buena persona.

Ahora recuerdo, mientras me zarandeo en el subte, (debe ser este zarandeo el que trae los recuerdos) que trabajando de noche atendí más de tres o cuatro veces el teléfono para toparme con las bromas de mis compañeros sector enfermería, (mis anteojos supongo), entonces a la quinta vez del timbrar tomo el auricular hago acopio de la valentía de mis ancestros y antes de que nadie hable grito: —¡culo!

Silencio total del otro lado de la línea hasta que la voz de Aurora amaneciendo de su estupor grita preguntando: —pero ¿usted sabe con quién está hablando? Yo jugada contesto: —¿Y usted…? —¡No! —grita ella —¡Menos mal! —y corto la línea dejando vilmente la oficina por la puerta trasera, olvidando en ella todas mis pertenencias a las que, por un tema de terapia, rotulo y marco con mi nombre y Nº de documento (¿miedo a morirme en la calle y quedar como NN? ¿miedo a morirme sola que intento atrapar mi identidad? ¿mi identidad se escapa, se esconde?.¡Ay Señor, cuantos interrogantes!.

Bueno, resultado de lo antedicho, suspensión y publicación en el Boletín interno de lo sucedido. El escarnio fue tal que ni las permanentes y extensas llamadas de Jerónimo lograron que tuviera la fuerza necesaria para presentarme el día que correspondía. Lo hice, pero sin fuerzas. ¿Qué puedo decir de Jerónimo? Es el justiciero del Archivo del hospital en que trabajo.

Espacio ínfimo si se quiere para el accionar de un justiciero, sin embargo parece el espacio justo en que cabe la justicia, (siempre me pareció que no era mucho). Jerónimo es de esos seres que aquietan el alma. Grandote y amplio, es como esos paredones en donde de chicos te refugias del sol de verano. O donde van a dar todas las pelotas que se patean a la hora de la siesta. Fresco, protector, así es Jerónimo. A él las auroras ni le pintan. Por eso lo admiro. Por eso y porque pasa de mis anteojos.

El barquinazo del coche seis línea C remonta otro recuerdo. Fiesta inaugural de la sala de máquinas del hospital. Aurora, toda de rosa y tiñéndose ya de violeta luego de la sidra y los canapés enhebra astutamente un discurso que le vale los aplausos de la concurrencia que, a la vista de los platos ya vacíos, va girando como en bloque hacia la salida.

Aurora se cruza en mi camino voluptuosamente perfumada. Perfume…(¿les dije que soy alergiosa?), estornudo fatal y moco enorme que aterriza en la solapa del trajecito de la jefa de personal.

Mis manos y pañuelo tratando de restañar el daño ya irreversible porque en la buena intención desparramé aún más el moco con mi entrañable torpeza, de modo tal que el mismo ya desbordaba la solapa hacia el voluminoso pecho de Aurora. Manos grandes, manos tiernas y solícitas de Jerónimo con servilletas de papel (muchas, el moco era grande), ajustándose a los senos de una Aurora que ya tirando al borravino me encendió con una mirada glacial. Ahí no hubo suspensión, sólo cerco de silencio durante diez días, término en el que la anécdota, contada y recontada por mis compañeros sección morgue, tardó en dar la vuelta al hospital. Y Jerónimo hablándome al oído, contándome «que ahí no podía hacer nada, que no era cosa de injusticia sino de mala suerte piba». Le creí. ¡Cómo no voy a creer en la mala suerte si me llamo Aurora!

Original

EL RAYO DE LUNA

María Sánchez Fernández / España

Un rayo de luna se escapó del cielo y atravesó las negras aguas del mar. Era como un cuchillo cortante que a su paso dejara una herida abierta de intensa luz plateada. Ahondó tanto y tanto que llegó a profundidades insospechadas por él. Allá, en aquel fondo, advirtió que todos los habitantes de las aguas dormían. Escudriñó curioso, y vio qué diferente era aquel mundo del suyo. Él conocía los espacios abiertos en donde sus amigas, las estrellas, titilaban y, a veces, también se escapaban en vertiginosa carrera hacia el infinito. También conocía las exuberancias de la tierra pero… el misterio del mar; no.

Se movía de acá para allá despertando con su luz a miles de seres asustados que huían despavoridos de aquella extraña presencia. Vio un inmenso coral que movía unos brazos blanquecinos y rojos en los que había prendidos jirones de algas flotantes. Una enorme raya se detuvo, curiosa, a mirarlo para después seguir su camino.

El rayo de luna estaba fascinado, pero también un poco aturdido, él no quería despertar el pánico entre aquellos seres fantásticos, sólo quería conocerlos y ser amigo de todos. Con infinita delicadeza rozó la cola de un gran pez espada que se hallaba dormido en una oquedad de la roca. Éste se despertó y, algo asustado, se dispuso a atacar, pero vio que ante él no había enemigo alguno sino algo sin cuerpo cuya presencia era muy agradable.

El pez espada preguntó:

— ¿Quien eres tú, que nunca te vi?

— Soy un rayo de luna.

–¿Y qué es un rayo de luna? No puedo tocarte pero a través de ti puedo ver cuanto hay cerca de mí.

Y el rayo de luna sonriendo con su luz más blanca dijo:

— Tengo miles de hermanos y somos hijos de un cuerpo del cielo al que llaman Luna. Esta noche quise escaparme en solitario y visitar tu mundo.

Entonces el pez espada respondió:

— Eres mi huésped, ven conmigo y te lo mostraré.

Y visitaron, a través de las aguas que iban iluminando a su paso, los más bellos parajes que nunca hubiera imaginado aquel visitante que venía del espacio. Montañas vestidas de algas que, en el silencio submarino, parecían ser los fantasmas de aquellas otras montañas alfombradas de pinos verdes y empapadas de rumores que llenaban la tierra y que él conocía tan bien. Estas montañas del mar acogían, en infinitas cuevas, a miles de peces que en ellas buscaban seguridad y refugio. Moluscos de todos los tamaños se adherían a las rocas abriendo sus conchas rosadas y mostrando en su interior una masa blanduzca que se movía perezosamente acechando alguna presa, y cuando ésta se acercaba ¡zas!, se cerraba herméticamente para engullirla en su interior.

El pez espada seguía avanzando abriéndose paso entre las aguas con su gran trompa puntiaguda, y el rayo de luna le seguía fascinado envolviéndolo con su manto de luz. Un banco de pececillos rojos pasó ante ellos haciendo cronométricos zigzagueos, y un gigantesco pulpo extendía sus abotonados brazos queriendo tocar aquel extraño visitante que se movía entre los personajes marinos.

–Me gusta tu mundo.– Dijo el rayo de luna–. ¿Podrías invitar a mis hermanos?

Y el pez espada respondió:

–Puedes llamarlos ahora mismo, mientras las aguas sean negras. Después se volverán azules y vuestra tenue luz se perdería en ellas

Y el rayo de luna llamó a sus hermanos con su magnetismo cargado de magia, y al momento todos acudieron en tropel, y con gran algarabía de risas de plata invadieron las negras profundidades.

¡Qué orgía de luz y de colores explosionó en el fondo del mar! Rivalizaban el capricho y la originalidad en la forma de todos sus moradores. Peces alargados, redondos, achatados, de figura esférica o triangular, con ojos enormes y gráciles aletas; otros de cuerpos pequeños y grandes tentáculos; preciosos moluscos de las más variadas formas…, y tantos y tantos colores…, infinidad de colores rivalizaban por su propio protagonismo.

Las aguas se ondulaban vestidas de transparente blancura con el ir y venir de sus millones de habitantes.

La gran fiesta comenzó y todos danzaron con loco frenesí. Grupos de peces dorados trazaban círculos perfectos en torno a una gran masa de coral que alargaba sus ramificaciones rojizas como queriendo alcanzar aquella maravillosa luz que todo lo envolvía. Otros grupos de peces –siempre en perfecta formación y vestidos con la más exquisita originalidad−, abrían sus salientes bocas cantando burbujas. Un grupo de delfines se sumó al regocijo del momento emitiendo alegres sonidos que acompañaban a una diminuta orquesta formada por caballitos de mar y por oscuras ostras que abrían y cerraban sus conchas con perfecto ritmo, mostrando su intimidad nacarada. Un gran tiburón cruzó rápidamente, sin detenerse, tendría prisa por resolver algún asunto urgente.

La fiesta estaba en su punto culminante. La alegría rebosaba más allá de lo imaginable. Los rayos de luna reían y reían, y las aguas del mar nocturno –antes negras y quietas−, se movían alborozadas en sus ondas profundas y blancas.

De pronto, nuestro rayo de luna dejó de reír y prestó atención. Más tarde dijo:

–Hermanos, nos llaman desde arriba. Nuestra madre, la Luna, se retira. Ya baja por el cielo en busca del horizonte.

Todos se unieron en un inmenso haz de luz, y diciendo adiós a sus amigos salieron del mar y ascendieron a la altura mezclándose con los claros rosados del alba.

ARTÍCULOS – JUNIO

AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”

Articulos-junio

CUANDO EL DOLOR NO DEBE DE SER TINTA

La libertad de expresión es un pilar de cualquier sociedad democrática, pero… ¿Qué sucede cuando esa libertad se convierte en un eco amplificado del horror, sin cuidado por quienes aún cargan con sus cicatrices?

La reciente controversia en torno al libro El odio ha vuelto a abrir una herida que nunca cerró del todo. Más allá de los tecnicismos legales, la verdadera pregunta late con fuerza: ¿Qué sentirías tú si fueras la madre de esas dos criaturas asesinadas por su propio padre?

Ruth Ortiz no ha pedido censura. Ha pedido respeto. Ha suplicado que no se transforme su duelo en literatura ajena, sin haber cruzado al menos una palabra con quien más lo ha llorado. ¿Acaso ese silencio editorial no es también una forma de violencia?

El autor de la novela afirma que no da voz al asesino, sino que lo confronta. Pero en su decisión de no hablar con Ruth —para evitar “distracciones”— asoma el vértice más incómodo de todo esto: cuando el mercado dicta más que la conciencia.

Porque no todo vale. Porque la libertad de expresión, para ser justa, debe también ser compasiva. Y porque en la piel de la madre aún sangra la pregunta que muchos no se atreven a hacer: ¿por qué convertir el espanto en un relato si no es para sanar… sino para vender?

LICUADO DE FRUTAS

Ilka Oliva-Corado / Estados Unidos

Tanita siempre anheló un licuado de frutas, un sueño inalcanzable en su infancia. Las licuadoras eran voladas de las que hablaban en los anuncios de radio cuando sintonizaban a Porfirio Cadena “El ojo de vidrio”. Qué emoción, recuerda Tanita, cuando llovía en la radio, escuchar los truenos que sacudían la lámina de la casa, el sonido de las manitas de los caballos caminando sobre el adoquín: taca, taca, taca, ta…

Se imaginaba que todo aquello acontecía entre los montes y se le perdía la mente entre los caminos reales, los palos de guayabos rojos y los zacatales. Se preguntaba si en las casas de ese lugar también se alumbraban con candil como en la suya, o si las niñas también tenían que acarrear agua de la quebrada como le tocaba a ella. Si tenían un radio Philips de batería como el que tenía su abuelo, si también remendaban la ropa y si hacían mamasos con sal cuando torteaban. Si los hombres dormían en una cama y las mujeres en otra, como en su casa y en las casas de las vecinas de su aldea.

Si tenían hamacas colgadas de las vigas en el corredor y si en sus pueblos también tenían nacimientos de agua. Si fiaban la sal, el aceite y la panela y lo pagaban con cargas de leña, manojos de ocote y flores de izote en la temporada, como en su pueblo. Si en el pueblo de Porfirio Cadena también las niñas anhelaban ir a estudiar y si las mujeres podían decidir no tener hijos, si en algún lugar del mundo las mujeres podían decidir no tener hijos. Si se lavaban los dientes con sal y ceniza y si hacían jabón de aceituno.

A la hora del almuerzo su papa sintonizaba Mosaico en madera, el programa radial que le permitió conocer la hermosa melodía de la marimba. Un sollozo silencioso humedecía sus ojos cuando las notas se deslizaban lentamente como bejucos entre las ramas de los matasanos y el palo de jocote corona, observando desde las alturas el chiquero de los coches donde ella les desgranaba mazorcas para alimentarlos. Sentía una especie de vahído, un suspiro que se le quedaba ahogado en la garganta, algo tan profundo y armonioso como el canto de las chicharras acariciando su alma al medio día o como la oscuridad de la noche siendo cortejada por la luz de las luciérnagas.

¿Qué será la marimba, a qué le llaman Tierra fría, el Altiplano guatemalteco?, todo lo que ella conocía estaba ahí, lo más lejos que había llegado su vista era a Ahuachapán, El Salvador, cuando se subía a la piedrona del patio y allá a los lejos asomaba entre la arboleda un puñado de techos de teja. Su mar era el río Paz. Y un camino angosto y serpentino, acolchonado de cáscaras de árboles de encino rojo, conacaste y chaparrones era la frontera entre Guatemala y El Salvador.

Siempre tuvo preguntas que se le anudaban en la garganta y que jamás se atrevió a verbalizar: por qué las niñas no van a la escuela y los niños sí, por qué los hombres de la casa no lavan los trastos, por qué solo los hombres tienen permitido hacer los chicharrones, por qué las mujeres tienen prohibido subirse a los árboles. Qué es argeñar, por qué dicen los adultos que cuando alguien está muy feliz y sonríe es porque algo malo pasará después, que mejor no esté tan feliz y que evite la desgracia. Por qué es prohibido estar feliz si la desgracia en realidad es tener amebas en la panza y estar cundida de piojos. Por qué los niños se comen los mocos. Y la pregunta fundamental de su vida, ¿por qué los zompopos de mayo dan tanta felicidad?

El día que emigró a la capital siendo adolescente, Tanita al recibir su primer sueldo como empleada doméstica fue al mercado la Terminal y con una sed de toda una vida compró un licuado de frutas, lo sintió tan insípido que fue como tomar atol shuco hecho de máiz blanco.

Y sorprendida por la puñalada en la espalda que le dio el progreso de la capital, vino a acordar que el gran avance del que hablaban: el cemento y la urbanización, no alcanzaba para que las hijas de las empleadas domésticas también fueran a la escuela.

Sangrando por la herida, en el famoso pueblón conoció a las hermanas de muchos músicos que tocaban marimba, cuando el domingo se juntaban en Guatemala Musical, niñas y adolescente que al igual que ella fueron destinadas al trabajo doméstico mientras que los hombres de la casa eran los artistas respetados.

Entonces supo que la licuadora no era un lujo, que el jugo de frutas no era inalcanzable y que la imaginación era más dulce, acogedora y humana que la realidad, entonces hizo su propia revolución: comenzó a aprender a escribir el abecedario.

EL PAPA LEÓN XIV: “Desarmar la palabra es desarmar el mundo”

Carlos Fresnina

Corresponsal privado / Roma

En su primer encuentro con la prensa, el Papa León XIV proclamó un firme “No más guerra”, durante la oración del Regina Coeli, haciendo mención especial a las diócesis de Valladolid, Toledo y Madrid. En una audiencia celebrada en el Salón Pablo VI del Vaticano, ante más de mil periodistas que cubrieron el cónclave y el funeral de su antecesor, Francisco, el nuevo Pontífice abogó por un periodismo valiente y comprometido con la verdad.

El momento más aplaudido fue cuando exigió la liberación de los periodistas encarcelados por ejercer su labor: “Solo quienes están verdaderamente informados pueden tomar decisiones justas”, señaló. Pidió a los medios no caer en lenguajes que alimenten el odio, la intolerancia o los prejuicios, y los instó a ser defensores de una “información desarmada y confiable”.

León XIV también habló del impacto de la inteligencia artificial, animando a un uso responsable y empático de esta tecnología emergente. Cerró la audiencia con calidez, saludando a la periodista peruana Paula Oghaz, quien le colocó un chal andino como símbolo de cercanía con América Latina. Paula, autora del libro “Mitad monjes, mitad soldados” sobre abusos dentro de Sodalicio, agradeció visiblemente emocionada el respaldo del Papa a la labor de quienes denuncian desde el periodismo.

Antes de retirarse, León XIV dejó una frase que resonó en cada rincón de la sala: “La paz comienza contigo”.

EL ESPEJISMO DEL “ TODO VALE “

Elspeth Gormley / España

Vivimos en una sociedad donde se confunde libertad con falta de responsabilidad, y donde el respeto parece un valor en vías de extinción.

Desde la desvalorización de los educadores, hasta la agresividad en redes sociales o en la calle. ¿Cuándo fue que dejamos de escuchar y parece ser que se volvió “anticuado” decir “gracias” o “por favor”?

Hubo un tiempo en que el saludo abría puertas, el “gracias” era más que una palabra y el “por favor” no era una rareza. Hoy, sin embargo, parece que la cortesía ha quedado arrinconada, como si fuera una pieza de museo que se observa con nostalgia, pero que ya nadie quiere usar. En la calle, en las aulas, en la esfera pública —y sobre todo en las redes sociales—, el respeto se ha visto sustituido por la inmediatez del juicio y la soberbia de la opinión sin escucha.

Se confunde la crítica con el insulto, la libertad de expresión con el derecho a herir, y la honestidad con la crudeza innecesaria. ¿En qué momento dejamos de mirar a los ojos para entender al otro? ¿Cuándo nos pareció buena idea hablar más fuerte, pero escuchar menos? El respeto no exige sumisión, exige humanidad.

En el imaginario colectivo de antaño, la autoridad no era el grito, ni la amenaza, ni el castigo. Era la voz de la experiencia, la figura que inspiraba por su ejemplo, no por su jerarquía. Hoy, sin embargo, pareciera que todo lo que representa límites o contención es visto como opresión. Se ha confundido el derecho a cuestionar con la obligación de desacreditar.

El maestro, el médico, el abuelo, el escritor… ya no son faros, sino blancos fáciles. Se ha olvidado que no toda autoridad es imposición, y que muchas veces representa el cuidado, la guía, el amor volcado en forma de consejo. Recuperar el respeto hacia estas figuras no es ceder terreno, es reconocer el valor de quien camina antes para allanar el camino de los demás.

Vivimos en una cultura donde todo parece medirse en clics, en segundos, en la velocidad con la que se desliza un dedo por una pantalla. Lo profundo espanta; lo rápido seduce. La reflexión ha sido reemplazada por la reacción, el diálogo por el monólogo, y el pensamiento por la prisa de tener razón. Ya no importa tanto comprender como opinar, ni tanto aprender como aparentar.

Se ha perdido el gusto por lo lento, por lo elaborado, por aquello que requiere pausa. ¿Dónde quedaron los silencios fértiles, los libros que se saborean página a página, las conversaciones que no buscan ganar sino acompañar? La profundidad ha pasado de ser virtud a ser rareza. Y con ella, la empatía, la escucha, la conexión verdadera.

No, no todo está perdido. No todos los jóvenes “pasan de todo”. No toda autoridad es corrupta. No toda palabra es ruido. A veces, simplemente, lo bueno hace menos escándalo que lo malo. Pero eso no significa que no exista.

Hay jóvenes que leen en silencio, que ayudan sin postearlo, que cuidan sin esperar aplauso. Hay adultos que inspiran desde la humildad y el ejemplo. Hay familias que aún enseñan a pedir perdón, a agradecer, a mirar a los ojos. Todo eso existe, aunque no sea tendencia

Este no es un manifiesto nostálgico por un pasado idealizado. Es una invitación firme a mirar de frente lo que nos duele, pero también a no rendirnos ante el estruendo del vacío. Recuperar valores no es retroceder: es reencontrarnos con lo que nos sostuvo y lo que aún puede sostenernos. Porque reconstruir la profundidad, el respeto y la empatía… también es un acto de revolución.

EL HOMBRE QUE SE PENSABA A SI MISMO

Ángel Medina / España

El Hombre es un animal de costumbres, y cuando estas se instalan en la sociedad acaban convirtiéndose en normas, algo que le hace percibir el aparente confort dentro de su madriguera, frenándose a exponerse a algo nuevo. Y es que los que se adaptan a su laberinto, la propia inercia los acaba confundiendo.

Lo que nos dicen tres grandes pensadores sirve para hacer un diseño del hombre de nuestro tiempo. Albert Camús afirma: “El hombre moderno es la única criatura que rechaza ser lo que es”, de lo cual se desprende la conciencia que de sí mismo tiene. ¿Qué piensa el hombre de sí? Por su parte, Ernest Bloch nos plantea un interrogante: “El hombre es algo que tenemos que encontrar todavía. No sabemos aún lo que somos, y no somos todavía lo que seremos”. Aunque ha sabido penetrar en la esencia de la física cuántica y desintegrar el átomo, sin embargo, se desconoce. El último, Paul Ricoeur es más optimista: “El hombre es posible”. Todavía estamos a tiempo de esbozar lo que es un hombre. Son tres ponderaciones que vienen a advertirnos que el hombre es una pasión inútil (por sí mismo), que existe la posibilidad de reencontrarse consigo, según la altura de sus deseos (hurgando dentro de él), que todavía es posible (aplicando su voluntad).

Las sociedades cambian, pero el hombre, si quiere serlo ha de reorientar el camino para hallarse. Debe ser capaz de comprender lo que le ofrece el mundo y esforzarse para alcanzar ser el que puede ser. Ciertamente, está aturdido por tanta información, tantas opiniones y criterios distintos, tanta banalidad e intrascendencia que hurtan la responsabilidad a cambio de lo superfluo e intrascendente.

El hombre ha de abrirse al pensamiento. Ha de ejercitarlo. Y como no hay ciencia infusa que valga, todo conocimiento proviene del exterior. Información para conseguir formación, y el abanico de las ideas, filtrarlas por el tamiz de su testa y transformarla en opinión.

De manera consciente o inconsciente el hombre de la sociedad moderna ha caído (o se lo han conculcado) en la autosuficiencia. En bastarse a sí mismo. Pero, ni la sociedad, ni la política, ni el consumismo- sean cosas o ideas- hacen crecer el proyecto de hombre que todos somos, en un mundo que valora a sus hijos por lo que tienen y lo que hacen, pero no por lo que son. Somos como el grano que la tierra convierte en espiga. El riesgo es que, ahogado y pereciendo no dé el fruto deseado. Por eso, importa el terreno de la siembra. Sin embargo, el hombre no es solo materialidad. Necesita algo más. El problema radica en que, para encontrarse, tiene que buscar el soporte. Y la sociedad actual ha renunciado a la Verdad. A lo sumo la representa con medias verdades, que resultan ser las peores verdades. La verdad hay que buscarla. No como concepto solamente, sino, ante todo, en cómo me afecta a mí como sujeto. Para ello el hombre ha de reflexionar sobre lo que tiene y lo que desea. Salir de sí mismo para regresar y encontrarse. Una prueba de que el hombre no se basta a sí mismo, es la incapacidad de amarse. Pues, ¿quién se ama si no es a costa de odiarse? Extraña pregunta, sí. Esto viene a decirnos, que, incapaz de excusarse ante él y los demás, necesita saberse perdonado desde esa apelación a la Verdad que lo trasciende, a poco que se avenga a abrirse a ella.

Nadie que se piensa (ese es el problema de nuestra sociedad: no pararse demasiado a recapacitar y dejar ir la vida tras lo inmediato) a fuer de ser honesto consigo, puede aceptarse. Ya lo explicaba Feuerbach a su manera: que el Ser Supremo es la elevación al infinito de las cualidades que el hombre gustaría poseer. ¿Hay uno solo que se considere como el que desearía ser? Basta echar la mirada atrás y pensar en la conducta que se arrastra. El pasado. Aquellas cosas que no queremos ni recordar y que realmente nos avergüenzan. Por eso las cubrimos con el olvido, aunque en realidad permanecen con nosotros. No somos capaces de reconocerlas, tomarlas como experiencias de lo que no debe ser y continuar el camino al abrigo de la confianza. Saber perdonarnos. En el fondo, el hombre se detesta. Sin contrición, no hay cambio. Necesita saberse amnistiado. Pero, para ello ha de examinarse. De ahí la importancia de hacer un alto en el camino y recapacitar. Confrontar ideas y valores.

Toda metanoia invita a la introspección. Pararse a considerar por dónde discurre la vida. Por eso, es conveniente adentrarse sigilosamente en su interior. Dejarse rasgar con la precisión de un bisturí. El ser humano, como la cebolla, está recubierto de distintas capas, infinidad de partes que constituyen su todo. No es posible tratar su conjunto, pero, sí, al menos una parte de él que pueda reorientarle.

“El hombre que se pensaba a sí mismo” es mi último libro, de reciente aparición. En él trato de proyectar una lucecita, con la pretensión de que el lector pueda meditar lo que en él se dice acerca del hombre. Alguien con el que pueda identificarse quien lo tenga en sus manos.

DEL TIEMPO Y SUS CAMINOS

Beatriz Villacañas / España

LA HERIDA DE LA BELLEZA

La belleza, lo dijeron Platón y, mucho después, en el siglo XIX, el joven poeta romántico inglés John Keats en su poema “Oda a una urna griega”, está unida a la verdad, y ambas están tan unidas que, en realidad, son lo mismo. Mas la belleza, tanto para Platón como para Keats, no es sólo algo que se percibe con los sentidos, sino que, junto a ello, es decir, la belleza que captamos con los ojos, la que nos llega, como la música, penetrando nuestros oídos, es la belleza invisible, lo que tiene que ver con el bien: aquello que no se ve pero se percibe con el alma, aquello que eleva el espíritu, lo que nos hace mejores, incluso más sabios, pues la belleza no visible está también unida a la sabiduría.

Hace tiempo escribí, en la sección “Tomando la palabra” de mi libro Hermano tiempo. Pensamientos a la intemperie, que la belleza es la diosa que tiene la facultad de ser visible e invisible. Y, en ambas manifestaciones, la belleza es algo esencial en nuestra vida.

La belleza, asimismo, causa herida. Pero es una herida que, lejos de perjudicar, nos enriquece, nos da, incluso, ese golpe manso al corazón que nos salva del vacío. No pocas veces la belleza sobrecoge y hasta nos hace llorar. Un acto de bondad, de sacrificio, de generosidad, de entrega amorosa, hace brotar nuestras lágrimas y nos redime frente al mal y su fealdad. También los adagios musicales duelen y se gozan a un tiempo. Lo bello, intensificando nuestra emoción, puede hacernos llorar mientras lo gozamos.

Los espíritus heridos por la belleza salen fortalecidos por ella, pues están penetrados por su verdad y por su luz. La propia palabra “lucidez” ya habla por sí sola. Ser lúcido es tener clarividencia, y la clarividencia se sustenta en la belleza y la verdad, clarividencia que nos hace también ver, aunque a simple vista parezca algo paradójico, todo aquello que forma parte del mal y que es, por tanto, rechazable, Con la belleza, con la verdad, adquirimos la fuerza para combatir a sus enemigos, es decir, al mal y a sus agentes.

La belleza, como la poesía, es revelación, es epifanía. Y su herida, ese golpe benévolo que nos despierta y que despiertos nos mantiene, nos hace fuertes desde el llanto, nos enriquece de amor y de empatía.

Gozosa es la herida de la belleza. Gozosa es la lágrima que la belleza hace brotar. Que nos siga haciendo fuertes esa herida suya al contemplarla con los ojos, al oír su música. Y al sentirla invisible, pero siempre grande y poderosa.

CRÓNICAS Y ENSAYOS – JUNIO

AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

Writing-instruments

“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”

Cronicas-junio-letras

«Las crónicas capturan el instante. Los ensayos desentrañan el pensamiento. En este espacio, las palabras construyen puentes entre la realidad y la reflexión, entre la historia y la emoción.»

Writing-instruments

EL NIÑO QUE PERDIÓ LA GUERRA: UN VIAJE ENTRE DOS MUNDOS

Elspeth Gormley / España

Julia Navarro, reconocida por su habilidad para entrelazar la historia con la ficción, nos presenta en El niño que perdió la guerra una novela que trasciende el relato individual para convertirse en un testimonio de las heridas de la guerra y el peso de las ideologías.

La historia sigue a Pablo, un niño de cinco años que, en medio de los últimos días de la Guerra Civil española, es enviado a Moscú por su padre, un militante comunista. Separado de su madre, Clotilde, una artista gráfica que lucha por la República, Pablo se ve obligado a adaptarse a una nueva vida en la Unión Soviética, donde Stalin está construyendo un régimen sobre las ruinas del antiguo orden

La novela se desarrolla en dos escenarios opuestos: la España devastada por la guerra y la Rusia estalinista, ambos marcados por el autoritarismo y la represión. A través de la relación de Pablo con Anya, su madre adoptiva en Moscú, Navarro nos muestra el contraste entre el amor y la dureza de un sistema que no permite desviaciones. Anya, hija y esposa de héroes de la Revolución, se enfrenta a la opresión del régimen mientras intenta proteger a Pablo y transmitirle su amor por la literatura y la música.

Uno de los temas centrales de la obra es la identidad. Pablo crece entre dos mundos, sin pertenecer completamente a ninguno. Su madre biológica lucha por recuperarlo, mientras que su madre adoptiva le ofrece un refugio en medio del terror estalinista. Esta dualidad refleja el conflicto de muchos niños que fueron víctimas colaterales de las decisiones políticas de los adultos.

Navarro construye una narrativa intensa y emotiva, donde la pérdida, el exilio y la lucha por la libertad se entrelazan en cada página. La novela no solo nos habla de la guerra, sino de las cicatrices que deja en quienes la sobreviven. A través de Pablo, Clotilde y Anya, la autora nos recuerda que, aunque se puede perder una guerra, la verdadera batalla es la de conservar la humanidad en medio del caos.

En definitiva, El niño que perdió la guerra es una obra que nos invita a reflexionar sobre el impacto de los conflictos en la infancia y la resistencia frente a los sistemas totalitarios. Con una prosa envolvente y personajes profundamente humanos, Julia Julia Navarro nos entrega una historia que, más allá de la ficción, resuena con la realidad de muchas generaciones.

El niño que perdió la guerra no es solo la historia de Pablo, sino la historia de tantas infancias marcadas por la violencia, la separación y el exilio. La literatura, al darles voz, nos obliga a mirar de frente las heridas del pasado y a cuestionar el presente. Porque aunque las guerras acaben, las cicatrices permanecen.»

Writing-instruments

EL SONETO  
Jaime Hoyos Forero / Colombia
 
 
Entendemos por soneto  -si vamos a la definición clásica-  la composición de 14 versos endecasílabos  (de 11 sílabas), dividida en dos cuartetos y dos tercetos donde los cuartetos riman así:  el primer verso con el cuarto, el quinto y el octavo; y el segundo con el tercero, el sexto y el séptimo (ABBA  ABBA). Ejemplo:
 
“No me mueve, mi Dios, para querERTE,
el cielo que me tienes prometIDO;
ni me mueve el infierno tan temIDO
para dejar, por eso, de ofendERTE.
 
Muéveme tú, Señor. Muéveme el vERTE
clavado en una cruz y escarnecIDO.
Muéveme el ver tu pecho tan herIDO, 
Muévenme tus afrentas y tu muERTE.”  

(anónimo o San Juan de Ávila o Fray Pedro Reyes).

Y los dos tercetos deben rimar a gusto del poeta, siempre y cuando rimen de dos en dos, aunque no necesariamente seguidos y terceto rime con uno cualquiera del segundo terceto. Ejemplo:
 
“Muéveme, en fin, tu amor, de tal manera
que aunque no hubiera cielo yo te amara
y aunque no hubiera infierno, te temiera.
 
 
No me tienes que dar porque te quiera,
porque aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera”.  

(Anónimo o San Juan de Ávila)
 
O, esta otra  combinación de los tercetos en este nuevo ejemplo:
 “Besé con beso deleitoso y sabio
su palpitante desnudez de luna,
y en insaciada exploración, mi labio
 
bajó al umbroso edén de los edenes,
mientras sus piernas me formaban una

corona de impudor sobre las sienes”.   

(Miguel Rasch Isla)
 
O cualquier otra combinación en que rimen por pares (aunque no necesariamente seguidos) y que un verso del primer terceto rime con uno del segundo.
 
Hasta aquí, el soneto en su forma clásica y auténtica, aunque a él se agrega el escrito en versos alejandrinos (cada uno de 14 en dos hemistiquios o partes separables,  de 7 cada una).
Ejemplo: «En el confín lejano la costa aparecía»
 
También existe el soneto de arte menor que es aquel cuyos 14 versos son todos de ocho sílabas, o menos. Ejemplo:


“Medianoche. Una calleja
de antigua cepa moruna;
por todo farol, la luna,
y Dios por toda pareja.
 
Una ventana. Una reja,
detrás de la reja, alguna;
y ante la ventana una
canción trémula de queja.
 
Otro hombre…Una maldición
en la callejuela sola;
un grito airado: -¡Traición!
 
En la sombra una pistola
y después…un borbollón
de la gran sangre española”.

(Belisario Roldán)

E incluso, se habla – ¡qué horror!,  del “soneto polimétrico”, que es una combinación de 14 versos (siempre dos cuartetos y dos tercetos) de diferente número de sílabas, como en este ejemplo de Manuel Machado, del que copio el primer cuarteto:
“¿Qué nuevo nombre a ti, creadora de poetas, (14)         
esencia de la juventud,                                           (9)
si todas las magníficas y todas las discretas        (15)
cosas se han dicho y hecho en tu virtud?”          (11)
 
Hay que anotar que en la época cervantina se usó el llamado “soneto con estrambote” que es un agregado de una estrofa más (en total 5 estrofas), la cual no siempre era de un  número igual de sílabas en todos sus versos, como en este ejemplo de Cervantes, que después del soneto propiamente dicho (14 versos), agrega la siguiente estrofa a su soneto


“Al túmulo del rey Felipe II en Sevilla”:
“Y luego incontinente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada”.
 
Pero…
Pero todo va cambiando con el correr del tiempo y de esta ley no se escapa la poesía. Así  hay quienes aceptan,  actualmente,  como SONETO, cualquier composición de 14 versos, dividida en dos cuartetos y dos tercetos,
sin importar muchas veces el orden de la rima e incluso sin que haya rima, como en el libro Cien sonetos de amor de Pablo Neruda, del cual, para ratificar lo dicho, copio el soneto XXV:
 
“Antes de amarte, amor, nada era mío:
vacilé por las calles y las cosas:
nada contaba ni tenía nombre:
el mundo era del aire que esperaba.
 
Yo conocí salones cenicientos,
túneles habitados por la luna,
hangares crueles que se despedían,
preguntas que insistían en la arena.
 
Todo estaba vacío, muerto y mudo,
caído, abandonado decaído,
todo era inalienablemente ajeno,
 
todo era de los otros y de nadie,
hasta que tu belleza y tu pobreza
llenaron el otoño de regalos”.
 
 
Cuesta, desde luego, aceptar estas “irregularidades” como sonetos, pero existen, escritas muchas veces por poetas de muy buen ganado renombre. Yo, aunque con pereza, las acepto.
 
Nótese finalmente, que en todos los casos, en todos, sin excepción, y aunque no haya métrica, existe   -condición sine qua non- la cadencia. Y desde luego, es condición aceptada universalmente para el soneto, la rima aconsonantada que es aquella cuyo sonido es concordante  a partir de la última sílaba acentuada de cada verso, de acuerdo a
las pautas que explicamos muy al comienzo.

Sobre la métrica del verso, debe tenerse en cuenta   -y esto no es solo para el soneto sino para todo verso-: no se mide por sílabas ortográficas sino métricas, que se diferencian de las ortográficas por el uso de la sinalefa, que une dentro del verso en una sola, la última sílaba de una palabra terminada en vocal, con la primera sílaba de la siguiente palabra si
esta comienza también por vocal. (Así, dentro de un verso, las palabras «todo era» no tienen cuatro sino tres sílabas métricas).
Sobre la cadencia de los versos hablaremos en otra oportunidad. Se refiere a la armonía, grata al oído, que es indispensable en todo verso, tan indispensable, que si falta la cadencia, esto es, el ritmo melódico, no hay verso sino prosa. Puede ser poesía, pero es prosa, llamada poesía en prosa o prosa poética. 
ORIGEN DEL SONETO
Aunque se dice que su origen es arábigo, no he llegado a conocer la época, y menos los poemas arábigos de este género, por lo que creo que son simples conjeturas, con o sin mucho fundamento.
 
Se sabe, en cambio, a ciencia cierta, que de la Sicilia de fines del siglo XII y comienzos del XIII, el primitivo soneto toma fuerza en Italia donde se consolida dentro del llamado “mester de clerecía” (uso culto de los idiomas latinos en formación). Pioneros en Italia del soneto fueron Giacomo da Lentini, (1210-1260) más tarde recordado por el Dante en la
Divina Comedia,  Guido Guinizzelli (1240-1276) y Guido Cavalcanti (1259-1300).
El soneto toma auge en Florencia, primero con Dante Alighieri (1265-1321) quien compone sonetos de amor para Beatriz Portinari y llega a la perfección con los sonetos de amor “Rimas” y “Triunfos” de Francesco Petrarca (1304-1374) que escribe para Laura de Noves.
Tardaron algunas décadas para que apareciera el soneto en lengua castellana. Este vino con Íñigo López de Mendoza,  marqués de Santillana (1398-1458) quien compuso 42 sonetos al estilo itálico, como él los llamó.
Después del marqués de Santillana, desde finales del siglo XV los más grandes poetas le han dedicado su atención al soneto: Shakespeare en Inglaterra, Sully-Prudhomme en Francia, y en España, además de Santillana, Lupercio Leonardo de Argensola,  Cervantes, Lope de Vega, Góngora, Garcilaso y muchos más. En el siglo XVII se destaca en México Sor
Juana Inés de la Cruz.  Del romanticismo y del modernismo se destacan, entre muchos otros, Federico García Lorca, Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez, Leopoldo Lugones, Antonio Machado, Francisco Luis Bernárdez, Alfonsina Storni, Delmira Agustini, Andrés Eloy Blanco, Arturo Capdevilla, Alfonso Reyes, Miguel Hernández, Dámaso Alonso. Entre los colombianos menciono a Jorge Isaacs, Enrique Álvarez Henao,  Guillermo Valencia, Julio Flórez, José Eustasio Rivera, Ciro Mendía, Eduardo Carranza, Juan Lozano y Lozano, Rafael Maya, Aurelio Martínez Mutis, Isabel Lleras de Ospina, Carlos Castro Saavedra, Eduardo Castillo, Alberto Ángel Montoya, Jorge Robledo Ortiz, Carlos Villafañe, Miguel Rasch Isla,  Dora Castellanos, Sylvia Lorenzo, Jorge Rojas, Meira Delmar, Laura Victoria, José Trino Campos, Silvio Vásquez Guzmán.

Se dice ahora que el soneto pertenece al pasado. Falso. El soneto es y será obra poética de todos los tiempos. Es cierto que pasó la moda del soneto, que fue popular en el siglo XVII en España, Italia, Francia e Inglaterra y a fines del siglo XIX y primera parte del siglo pasado en todo el mundo latino  y en el sajón. Pero el soneto se escribirá mientras haya poetas. Habrá siempre una minoría de poetas enamorada de la más bella forma de escribir poesía.
Terminemos por ahora, este escrito con un soneto de quien escribe esta nota:


TUS MANOS
(A una pintora)
Manos de ángel…porque son aladas.
Manos de diosa porque son divinas.
Esconden, como el oro entre las minas,
todo el tesoro de los cuentos de hadas.
Y porque están tus manos hechizadas,
con tus pinceles todo lo iluminas:
si pintas rosas, hieren sus espinas;
si pintas flautas, suenan las baladas.
De tus lienzos, tus manos sacan flores,
crean dulzura, paz, pasión, placeres,
y tiñen de esperanza los dolores.
Sobre tus manos hay poderes tales,
que pueden dar a luz, si tú lo quieres,
mundos de amor…¡y seres inmortales!

Writing-instruments

DE MULETILLAS Y OTROS VICIOS

Gustavo Páez Escobar / Colombia

Una de las acepciones de muletilla es: “Voz o frase que se repite mucho por hábito”. Es un recurso legítimo del idioma, pero su abuso denota pobreza lingüística. Quienes incurren en ese vicio no se toman el trabajo de buscar la palabra o frase precisas, sino que se apoyan en expresiones trilladas, de relleno, a veces sin sentido, para salir del paso y seguir exponiendo las ideas.

La muletilla se ha vuelto un tic intelectual. Una de las palabras más deterioradas en este maltrato de la lengua es “digamos”. Alguien dice: “Estuve dedicado a estudiar el asunto agrario con absoluta reflexión, y “digamos” con sacrificio de otros problemas no menos importantes”. Sobra el “digamos”. No será raro que esa persona repita varias veces el mismo término en corto espacio.

Otros términos manidos: “entonces”, “y luego”, “por supuesto”, “tema”, “desde luego”, “súper”, “puntual”, “este”, “espectacular”, “increíble”. El periodista que transmite en vivo algún suceso informa que “en este momento…”, y volverá a repetir la misma expresión tres, cuatro, diez veces, como si el oyente no conociera ya el dato del tiempo. Lo mismo sucede con el “hábleme un poco” que se le formula al entrevistado. Estos comodines, fuera de empobrecer el idioma, causan desagrado. Un expresidente colombiano repite no pocas veces, en breves minutos, el adverbio “ciertamente”, y otro lo hace con el verbo “reitero”.

Estos adefesios se han extendido como una plaga: “recuérdeme su nombre”, dice la recepcionista del hotel, cuando es la primera vez que nos vemos con ella; “regáleme la fecha de su nacimiento”, o “el número de su cédula”, como si datos tan privados se regalaran a cualquier persona. A la empleada de la droguería se le pregunta por la cuenta, y ella contesta mirando la registradora: “esto costaría $ 15.800”.

En el campo de las abreviaciones, nuestro bello idioma ha perdido el poder de la precisión. Parece que se hablara en un trabalenguas: “porfa” (por favor), “deli” (delicioso), “peli” (película”), “celu” (celular), “compu” (computador), “boli” (bolígrafo), “díver” (divertido), “profe” (profesor), “vacas” (vacaciones), “info” (información), “bici” (bicicleta”), “ka” (qué haces), “finde” (fin de semana), “nospi” (“nos pillamos”: nos vemos luego), “Bibi” (Bibiana), “Rebe” (Rebeca), “Mari” (Mariana, o María Isabel, o Marisol, etcétera).

No he podido dar con el significado de los siguientes términos, y lo dejo para que el lector los traduzca: hhs”, “parce”, “pirobo”, “gonorrea”. Hay que ponerle punto a este artículo (no puntos suspensivos, que es otro recurso gramatical del cual también se abusa) para afirmar que hemos llegado a un bajón del idioma que debería hacernos reflexionar. No se trata de una gazmoñería. No, por favor (“porfa”, según el lenguaje de moda). De lo que se trata es de reconquistar la categoría del bien decir.

Writing-instruments

LITERATURA Y FICCIÓN

Carlos Pérez de Villarreal / Argentina

La confluencia entre realidad y ficciónEl papel de la ficción en la literatura1ra Parte

Introducción

En Concepto de Literatura subrayamos la siguiente frase «Es importante destacar que la literatura y la ficción no son mutuamente excluyentes, y muchos textos pueden pertenecer a ambas categorías. Por ejemplo, una novela puede ser considerada literatura por su calidad estilística y profundidad temática, y también ser considerada ficción por su trama inventada y personajes ficticios.»

Si vamos a hablar de este tópico, definamos en primer término lo que significa literatura. Según la RAE, «es el arte de la expresión verbal». Entendemos entonces que es una habilidad, una destreza que logra sus fines mediante la palabra, oral y principalmente escrita. Pero… ¿Qué la caracteriza, qué la define, qué la identifica? En primer término, el uso de un lenguaje expresado con fines estéticos. Nos centralizamos en sus formas. Por otra parte, hacemos uso de instrumentos retóricos, esas figuras literarias o de estilo que son las herramientas utilizadas para brindar vehemencia o belleza al lenguaje, como la metáfora por ejemplo. Y aquí es importante destacar que hoy, debido al valioso margen de alfabetización del mundo en que vivimos, este mundo actual, contemporáneo, ha surgido un elemento literario-editorial muy grande, diríamos masivo. Además, en los textos literarios, habitualmente se comunican contenidos emocionales, sentimentales o ficcionales, es decir, situaciones, imágenes y relatos provenientes de la imaginación.

Características de la literatura

La Literatura utiliza diferentes elementos, como por ejemplo, las herramientas retóricas. En poesía, utilizando ritmo y rima; y en relato, usando palabras con diferentes significados. En la antigüedad se clasificaba en los tres géneros conocidos: épica, tragedia y comedia (a veces la lírica). Permite utilizar un lenguaje verbal con esteticidad; porque emplea diferentes formas del lenguaje coloquial que utilizamos normalmente. Modifica el texto de una manera atractiva y creativa

Dentro de su amplio recorrido ha incluido diferentes movimientos literarios, sus etapas, corrientes, escuelas, etc.. Algunas obras no se incluyen dentro de ellos porque tienen la particularidad que les brinda su autor, el estilo propio. Tiene una definición cambiante, porque se ha ido modificando con el transcurrir de los años, y se van incorporando a la literatura, textos que originalmente no se consideraban literarios, como cartas y contenidos científicos.

Breve Historia

La palabra literatura deviene del latín literatura, que a su vez deriva de littera, término que hace relación a letra y que en plural distingue a los textos escritos. No es fácil deducir dónde y cuándo surgió, pero podemos deducir que fueron las primeras narraciones orales las que transmitidas de generación en generación, fueron dándole forma.

La épica, por ejemplo tenía por objetivo no solo explicar las proezas militares, sino también esa visión cosmológica y mística de cada pueblo.

En Sumeria, es importante destacar la Epopeya de Gilgamesh (2500-2000 a.C.); uno de los textos más antiguos que se conocen, escrito en tablillas de arcilla y que narra la búsqueda de la inmortalidad, por parte del personaje. Otro ejemplo es el Libro de los Muertos egipcio, utilizado en los ritos funerarios que abarca desde el Imperio Nuevo 1540 a.C. hasta el 60 a.C.

Pero el inicio formal se da en la antigua Grecia, con los textos de Homero (La Ilíada y la Odisea – siglo VIII a.C.), narrando la Guerra de Troya y las aventuras de los héroes implicados.

Posteriormente aparecen los escritos de Esquilo, Sófocles, Eurípides y Aristóteles, considerado el primer teórico de la literatura. Luego surgen los romanos, quienes heredan a los griegos. Allí tenemos a Virgilio 870 a 19 a.C., con la Eneida.

Ya en la Edad media, el cristianismo impuso sus propias formas literarias dentro de la tradición grecolatina, donde la oralidad tuvo su apogeo, aunque se escribieron algunas novelas de caballería. Aquí aparece Miguel de Cervantes Saavedra, con Don Quijote de la Mancha y William Shakespeare, dando nacimiento a la novela y dramaturgia modernas.

La literatura siguió su marcha, cambiando, mutando de acuerdo a las corrientes filosóficas imperantes en cada etapa del ser humano. Y llegamos a la actualidad y la revolución técnico-científica, con nuevas formas de expresión. Aparece la novela, el género más visible en nuestra contemporaneidad.

Writing-instruments

T

TEXTO COMENTATIVO

Sandra Romeo / Argentina

El Señor de los Anillos o Nadie se salva solo (principio antiguo pero ahora rescatado del olvido)
Me maravilló como traspasa desde la fantasía a la realidad casi palpable la eterna lucha entre el bien y el mal. Alegorías y símbolos perfectamente adaptados a estos tiempos.

La creación de monstruos deformes y conducidos por traidores en nombre de un poder espurio. Sin ideología propia que los sustenten. Sólo el odio. Esto se parece mucho a lo que sucede cuando los medios de comunicación apuntan a ideologías o razas o personas y las presentan como monstruos. Una vez que consiguen eso los pueden destruir de cualquier forma, porque a un monstruo se le puede hacer cualquier cosa. Sea eso lícito o no.
Un ojo gigante que lo controla todo. Como el famoso Gran Hermano, o el último invento nefasto, la Inteligencia Artificial. Nefasto porque se abrió su uso a todos y todas sin un marco regulatorio, y en algunos casos casi sin explicar sus alcances.
La traición de los hombres a su propia raza por ambición. No destruyen al Mal en un acto colectivo. Pactan por partes y eso lleva a una destrucción casi segura.

La sabiduría de la naturaleza encarnada en personajes que de tanto convivir con ella adquieren sus características. Esas imágenes me transportaron a un mundo que no desdeña la tecnología pero que la usa con responsabilidad. Y la comprende.
La rebelión de los árboles cuando comprenden que son pasto de la destrucción planificada me hace acordar mucho a las rebeliones de las sociedades cuando entienden lo mismo. Ellos creían que el problema era sólo de los hombres, cuando vieron que los comprometía accionaron. Así funcionan también las distintas clases sociales al decir de Martin Niemöller, pastor luterano oponente de Hitler, en su poema «Primero Vinieron» que destaca la importancia de la acción y el llamado a no ignorar la injusticia, incluso cuando uno no se ve directamente afectado.

Porque siempre nos llegará.

Writing-instruments

ASESORA CRECIMIENTO PERSONAL- JUNIO

AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

Original

“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”

Asesora

Acompañarte a descubrir tu luz no es guiarte… es recordarte que siempre estuvo encendida.”

EL SENTIR

Andrea Kiperman / Argentina

Antes que nada, como siempre gracias por estar del otro lado, compartiendo estas palabras.
Siguiendo con la idea planteada en la sección de los sentimientos, decidí poder continuar aquí desde otro punto de vista bajo el mismo concepto.
Desde la historia de la humanidad, la presencia de los sentimientos significaron un aspecto diferenciador y siempre fueron plasmados en todo tipo de Arte. Desde las tan conocidas por todos tragedias griegas, hasta pasando por mi tan adorado Shakespeare (aquí se puede ver que soy actriz) y las piezas musicales de diferentes compositores maravillosos como Chopin o Bach. La presencia de los sentimientos en nosotros, lejos de ser un rasgo negativo es justamente gran parte de esa sensibilidad con la que nosotros, los artistas; podemos crear. Es un poder que a medida que lo vamos desarrollando vamos experimentando diferentes formas de expresión que se pueden ver plasmadas tanto en la escritura como en los diversas formas de arte que logremos realizar. Es por eso que hoy más que nunca quisiera poner el acento en este punto, en cada vez más poder conectarnos con nuestro interior y descubrirNOS y poder expresar aquello que nos pasa. Tal como sostuve en el otro escrito, que si no lo has hecho te invito a que lo puedas leer, tampoco somos magos que tenemos que adivinar lo que le pasa a las otras personas, y eso en un mundo en donde se muestra todo pero poder expresar lo que uno siente, y piensa pareciera una mala palabra. Pues permanecernos amables y expresivos es sin dudas un acto de rebeldía. Cada persona es un mundo, me encanta esa frase, y en ella hay una gran verdad, si no empezamos a poder decir aquello que nos está pasado, o que estamos sintiendo ¿Cómo pretendemos que las personas puedan conectare entre sí?. Ojalá día a día podamos entender que parte de esa sensibilidad es la que nos mantiene también humanos, es eso lo que nos separa de otras especies y ahora de los robots, ya que estamos en ese momento de la historia en la cual todo se está modificando con las nuevas tecnologías. ¿Y vos preferís ser un robot o una persona?… Quedo con ustedes…

Original

Nota editorial

“El Sentir” nos deja una huella profunda. En estas palabras de Andrea Kiperman habita la voz de los artistas, la memoria de la humanidad y la potencia suave de lo sensible. Una invitación a mirar hacia adentro, a hablar claro, a no temer al alma que vibra. Porque en tiempos de inteligencia artificial, ser personas que sienten sigue siendo el verdadero acto revolucionario.

Gracias por leernos, y sobre todo… por sentir con nosotros

Elspeth Gormley

Original

CARTAS – JUNIO

AVISO LEGAL: Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

Separador-dorado

“Todo el contenido presente en esta publicación pertenece a sus respectivos autores. Por favor, si deseas compartir o reproducir, hazlo siempre citando la fuente. La inspiración se expande… pero con respeto florece.”

r

ENTRE TUS PÁGINA Y LAS MÍAS

«Las cartas guardan los latidos de lo que nunca se dijo, de lo que el tiempo no quiso olvidar y de lo que, al fin, encuentra su voz.»

Separador-dorado

María Elena Camba / Argentina

¡Pasó tanto tiempo! ¿Cómo resumir mi historia? Casada por 25 años, dos hijos y un nieto. Y la misma necesidad de verte, el mismo temblor en mis manos al intentar escribirte, palpitaciones en el pecho al evocar nuestra vida y ese amor a la distancia. De novela nuestro noviazgo y también este reencuentro. Todo volvió a la memoria cuando fallecieron mis padres. La vida se quebró en mil pedazos y me encontré recordando mi infancia, la adolescencia, los viajes a Córdoba para verte. Y mamá acompañando esas escapadas, haciéndonos “el aguante” como dicen por aquí. Una chica sola a esa edad no podía viajar a visitar a su novio, estaba mal visto. Teníamos sólo 16 y 20 años.

Nos conocimos en Villa Allende, íbamos todos los años a veranear. Vos de Córdoba y yo de Buenos Aires. El mismo grupo de amigos en vacaciones. Y entre cabalgatas, guitarreadas y asados, surgió esa atracción tan fuerte. Fuiste mi hombre, el que se llevó el recuerdo de las primeras noches de amor. Tantas cartas fueron y vinieron de Córdoba a Buenos Aires. Ochocientos kilómetros unidos por palabras compartidas. Todas las semanas nos escribíamos. No había celulares y las llamadas de larga distancia salían muy caras. Era más fácil plasmar los sentimientos sobre el papel que en una comunicación telefónica .Así fuimos forjando entre palabras una relación apasionada.

No pude tirar tus cartas cuando me casé. Las llevé conmigo resguardadas en lo más profundo de mi armario. En los momentos de soledad, cuando estaba triste, me refugiaba en esos mensajes de amor, recordaba el logotipo que habías dibujado con las iniciales de mi nombre, sentía nuevamente el aroma a jazmines y madreselvas del jardín de Villa Allende y nos veía abrazados contando estrellas fugaces bajo la luna.

Cuando te recibiste pensé que vendrías a Buenos Aires a vivir, que me propondrías casamiento. Pero decidiste viajar a Europa por un año. Se quebró algo dentro mío. Mezcla de orgullo herido por el abandono y de decepción. Pero eras libre, quizás lo que amé siempre en vos fue esa libertad, el no sentirte atado a nada. A tu regreso hubo un verano más en Villa Allende. Viniste a visitarme, intentaste besarme como si nada hubiera pasado pero yo guardaba el rencor del año de soledad y no pude aceptarte.

No hubo más veranos con aroma a jazmines ni besos como los tuyos. . No hubo más cartas de amor como las nuestras Sí otros novios hasta que conocí a mi marido. Y seguí el mandato de toda mujer. Me casé. Y al año me enteré que vos también te casabas.

Nunca logré olvidarte. Pero no puedo ponerte esto en el mail que te estoy escribiendo, lo borro, estoy tan nerviosa que ya ni me acuerdo dónde está la tecla para suprimir. Aquí la encontré, eliminado. Si fuera tan fácil borrar los recuerdos como lo hacemos con el teclado de la computadora.

¡Cuánto camino recorrimos para llegar a este momento! Yo con 50 años y vos con 55. Vos viudo y yo divorciada. Y un mensaje de pésame por la muerte de mamá. Otra vez las palabras nos unen a la distancia. Pasaron tres meses hasta que pude pensar en tu cariñosa esquela. Busqué en Google tus datos. Fue fácil encontrarte. Te escribí un mail y me contestaste enseguida. Intercambiamos fotos. Tu cara surgió con la mirada inconfundible que tanto amé y tus ojos azules tiñeron de ilusión tanto dolor. Ausencia y abandono. Mi divorcio y la muerte de mis padres. Tu viudez repentina.

Me pediste el número de teléfono y ese mismo día te lo envié por mail. Cuando sonó el fijo de casa corrí a atender desde mi cuarto y cerré la puerta como cuando adolescente. ¡Esa voz! A borbotones surgieron sentimientos encontrados en el medio de las palabras. Y continuaron los mails hasta ayer. Decidiste venir a Buenos Aires a verme. Me pediste la dirección. Y ahora estoy en mi correo reescribiendo nuestra historia. Diciéndote que tengo ganas de verte con la mayor formalidad y corrección que amerita a una mujer de 50 años. Quizás podamos construir algo juntos. Sin cartas ni mails mediante. Si la vida nos brinda una segunda oportunidad de querernos. Mañana, cuando llegues.

Separador-dorado

CARTA QUE NUNCA FUE ENVIADA

Libia Beatriz Carciofetti / Argentina

Te invito a estar en mi vida sin pretender que te quedes para siempre, Té invito a permanecer a mi lado. Sin incitarte a que firmes un contrato de permanencia. Té invito a que me acompañes en mi viaje de sueños… Sin que te sientas obligado a seguir soñando conmigo. Té invito a mirar el sol ocultándose en un atardecer… Sin tener necesariamente que sentir el mismo éxtasis que yo. Te invito a levantar los ojos al cielo para agradecer a Dios sus bendiciones… Sin que esto te involucre a tener el mismo credo. Te invito a correr tomado de mi mano por el parque .Sin pretender que te mojes con el mismo rocío. Te invito a remar cuesta arriba en el río de la vida… Sin exigirte que tomes un remo para ayudarme, solo quiero que me atiendas cuando digo que tengo mis brazos cansados de tanto remar sola , lo comprendas y no lo cuestiones. Te invito a la función diaria del Circo de esta vida… Sin implicar que esto te cause gracia, al ver tantos payasos vestidos de personas honorables y santas. Te invito a mi corazón esperanzado de cambiar el mundo… Sin que esto te implique a ti decir: «gracias», «lo siento», «te quiero», «perdón»… ¿me necesitas?… ¡estoy aquí!!… ¡eres muy importante para mi !Te invito a que me oigas dar gracias a Dios, por haber enviado a su Único Hijo al mundo a morir por mis pecados en una cruz…. Sin que esto te obligue a juntar tus manos y orar. Te invito a sonreírles a los niños sin hogar, a los discapacitados, a besarlos y amarlos… Sin que te sientas en la obligación de darles una limosna de tu tiempo y de tu dinero. Te invito a desplegar las alas de la fantasía…. Sin que ello te obligue a volar en mi misma dirección. Te invito a cantar una canción… Sin que esto te obligue a aprender la letra ni la melodía de memoria .Te invito a entrar en mi corazón… Sin que te sientas presionado a quedarte a vivir en él. Te invito a mirar juntos el futuro con esperanza… Sin pretender con ello que tengas mis mejores objetivos. Te invito a entrar en mi memoria y recorras mi pasado…. Sin que necesariamente me cuestiones ¿por qué no estabas ahí? Te invito a que leas mis poemas de amor…Sin que necesariamente debas darme una opinión sobre ellos. Te invito a que seamos uno, pero en dos cuerpos…. Sin usurparnos, sin asfixiarnos… Solo por amor.

Separador-dorado

CARTA QUE NUNCA ESCRIBÍ

Carlos González Saavedra / Argentina

Hola, Espero que esta carta te encuentre bien, radiante como siempre. Intentaré volcar en ella lo que nunca me animé a decirte.

Han pasado muchos años, casi cuarenta, desde aquellos días en los que trabajabas en el jardín con ternura y amor. Tus hijos y los míos eran compañeros, y en cada evento o cumpleaños, nuestras miradas se cruzaban.

Éramos jóvenes, casados, en plena crianza, y la vida, con sus circunstancias, nos llevó por caminos distintos. Luego, nuestros encuentros fueron casuales: caminabas siempre acompañada por tu marido, quien, debo decir, siempre me cayó bien.

Pero cada vez que nuestras miradas se encontraban, algo en mí cambiaba. Empecé a desearte.

Preguntaba por ti a tus hijos. Sabía que practicabas natación en un club de barrio, pero jamás me animé a ir a verte. Me lo tenía prohibido, aunque sabía que ganabas premios.

Cada vez que coincidiamos, sonreías . Tu mirada tenía algo distinto, más pícaro, más profundo. Nunca estuve seguro del todo, pero me encantaba.

Hace tres años, en diciembre, la Navidad nos puso frente a frente en una esquina. Tú ibas con tu madre, yo estaba solo.

Si necesitaba una señal para saber que había algo más que simples miradas, fue aquella: te acercaste, me abrazaste y dijiste con una hermosa sonrisa:

—¡Felicidades!

Te alejaste ante la sorpresa de tu madre, mientras yo quedaba balbuceando, sonriendo como un idiota.

Luego, te apareciste en el circuito donde camino por las mañanas. Tres veces nos encontramos. Caminamos juntos. Ahí terminé de enamorarme.

Cada vez que nuestras manos se rozaban, se abría un mundo de ensueños. Te sentía radiante, pero aun así no me animé a preguntarte cuándo ni dónde podía pasar a buscarte.

Te deseaba mucho. Hablaba con uno de tus hijos, así sabía de ti. Pero no quise romper el código entre mis hijos y mi familia.

Volvió a pasar otras tres veces. En una de ellas, me pellizcaste la mano mientras tomaba café con un amigo y tú, apurada con tu hija, pasaste por mi lado.

Otra vez, te pregunté:

—¿Cuándo nos vemos?

No supiste qué contestar. Tampoco insistí.

La tercera fue la más intensa. Estábamos frente a frente, en una calle cerca del centro. Nuestras miradas se hablaron como nunca, listas para besarse. Pero tu hijo vivía a media cuadra. Imposible.

Hoy hace más de un año que no te veo. Sé que estás abocada al cuidado de tu madre. Sigues con tu marido. Yo sigo solo.

Te he pensado tanto tiempo que decidí escribirte. Nunca me animé, pero sé que te amé en silencio, desde el día en que te conocí.

Espero que un día encuentres este sobre, ajado y viejo, tirado al descuido entre tus plantas.

En él sabrás cuánto te amo.

Separador-dorado

A LOS PODEROSOS DEL MUNDO

Elspeth Gormley / España

Están sentados sobre una bomba que ustedes mismos han construido. Y cuando estalle, no habrá refugio, ni negociaciones, ni tregua que los proteja del peso de sus propias decisiones.

No importa si son rusos, ucranianos, israelíes, palestinos o iraníes. Lo único que verdaderamente importa—lo único que debería importar—son las personas que habitan esos países. Pero ustedes no lo ven así.

Para ustedes, son cifras. Daños colaterales. Piezas sacrificables. Las vidas arrancadas no son tragedias; son estadísticas. Los hogares reducidos a escombros no son pérdidas; son consecuencias inevitables.

La guerra en Ucrania ha sido una muestra brutal de su desprecio por la humanidad. Ciudades devoradas por las llamas, cuerpos que ya no tienen nombre, niños que nunca conocerán la paz. Y mientras tanto, ustedes trazan líneas en mapas, convierten vidas en fichas, planifican la siguiente masacre con el mismo cálculo frío de quien juega al ajedrez.

Las sirenas de alerta ya no suenan solo en los países en guerra; el terror se ha convertido en idioma universal. Porque ustedes, los que gobiernan el mundo, han decidido que la sangre es un recurso más, que el miedo es una moneda de cambio.

No escuchan al pueblo. No les importan las protestas, los gritos de dolor, las súplicas de quienes imploran justicia. Porque en su mundo, el único lenguaje que vale es el del poder.

Los niños que hoy corren bajo fuego serán adultos incapaces de olvidar el sonido de la destrucción. Las familias, despojadas de su hogar, deambularán como sombras, sin tierra, sin destino. Se bloquea la ayuda, se niega la existencia, se marca con crueldad quién merece vivir y quién está condenado a morir.

Tal vez para ustedes esto sea solo una estrategia. Un cálculo. Una transacción. Pero cuando todo termine, cuando los cadáveres sean contados y el polvo se asiente sobre lo que fueron ciudades, ¿Qué quedará?

¿Qué historia se escribirá sobre ustedes?

No queremos discursos vacíos ni promesas recicladas. No queremos condolencias hipócritas ni reuniones diplomáticas llenas de gestos ensayados. Queremos acción. Queremos que dejen de jugar con vidas como si fueran simples números en sus balances de poder.

Porque el día en que sus muros se desmoronen, cuando la historia los alcance, lo único que quedará será la sangre en sus manos y el juicio implacable del tiempo.

Y cuando el último disparo haya sido efectuado, ¿habrá vencedores? ¿O solo quedarán ruinas, recuerdos y generaciones marcadas por su ambición?

Separador-dorado

CARTA

Andrea Kiperman / Argentina

Para empezar esta carta—la cual no sé si alguna vez enviaré—me invade una sensación de duda extrema. ¿Realmente vale la pena escribir estas palabras para vos? ¿Tiene sentido plasmar todo esto después de tanto tiempo? Aún no tengo la respuesta.

Han pasado tantas cosas… Frustraciones, decepciones, momentos desoladores que atravesaste con una fortaleza que quizá ni sabías que tenías. Injusticias que no merecías, palabras mal dichas que tuviste que soportar, críticas y desvalorizaciones que intentaron apagar tu luz. Y sin embargo, aquí estás.

Porque la vida es eso, ¿no? Un viaje constante entre lo bueno y lo malo, lo malo y lo bueno—que al final terminan fundiéndose en lo mismo. Y en medio de todo, los instantes mágicos que quedan grabados en el rincón más profundo del alma.

Pienso en cuántas veces tuviste que transformarte, renacer de tus propias cenizas como el ave fénix, como si fueras parte de algo mitológico o mágico. Porque sí, la vida también tiene su lado mágico: hay segundos que quedan en la retina por siempre, como destellos de algo más grande que nosotros.

Hay quienes viven la vida así, sin más. Pero hay otros que la viven como si cada día fuera un milagro. Y creo que nunca debemos olvidar eso. No hay que quedarse con las ganas de hacer nada. Hay que seguir el llamado del alma, perseguir los sueños, arriesgarse por aquello que de verdad importa, sin miedo.

La vida es una de cal y otra de arena, pero con esas mismas partículas se pueden construir cosas hermosas: amistades, familia, compañerismo, momentos que nos transforman.

No quiero despedirme sin recordar que las palabras tienen un valor inmenso. Hay que utilizarlas con sabiduría. No existe el diario del lunes, y nadie tiene la certeza absoluta del mañana. Pero lo único seguro es que la vida puede sorprenderte en un abrir y cerrar de ojos.

Así que haz lo que sientas. Escucha tu corazón. Si sigues su guía, jamás te equivocarás.

Te quiero.

De mi para mi

Separador-dorado

PARA TI, TE ESCRIBO

Sarah Petrone / Argentina

Espero que me recuerdes, todavía

aunque sé que no recibes mis mensajes,

pero escribo esta carta, igual, para decirte

que se me perdió en el tiempo tu voz, y mi esperanza.

La noche ha cubierto de sombras nuestro idilio,

tal vez no te importe ahora, el mencionarlo,

pero fue creciendo en mi ser, cuando te fuiste,

un rayo de luz de amor, y está en mi alma.

Mi mundo se despertó a un nuevo día,

un tiempo de esperanzas me acompaña

y he visto que en mis mañanas, aún vivían

risas sin llantos…Y alguno que otro canto.

Una nueva emoción me atrajo. Y no sabía

cuánto cabía en mis sueños que esperaban

dejarme atrapar por ellos, cualquier día,

ahora he completado lo deseado.

Te desconozco, lo sé. No eres el mismo,

ese que remendaba mis retazos,

ya dejó de pertenecerme la rutina

que cayó del otro lado de mi cama.

Espero que me recuerdes, todavía.

Yo, sé que nunca más podré olvidarte,

un pedazo de ti sanó mi herida

y me hizo despertar y abrir los brazos.

Ninguno de los dos, carga, por cierto,

con deudas por cumplir con ningún pago

y aunque no lo merezcas, juraría

…Que tiene los ojos tuyos…Y que te aguarda.

Separador-dorado

NAVIDAD ES UNA RAZÓN PARA NACER, NO PARA MORIR

Graciela Reveco / Argentina

Una carta que inicia con el final y es de otro tiempo, con la simpleza de la vida que no espera la muerte, igualmente sirve para el ayer, para hoy, para mañana, sentimiento que el tiempo no modifica, sino que retroalimenta.

El sol alfombra las calles de manchones dorados. Los pájaros no cantan y se detiene el murmullo de la vida. Profundo silencio y gotas que caen sobre el polvo que nacemos. Y solo quedan las palabras como un solitario oropel en el recuerdo…

En muchas ocasiones he visto florecer ilusiones en los jardines de la vida, papá, pero en aquellos años, aquel día en especial, una variedad tangible de hojas mustias y opacas tapizaron tristemente abatidas el verde paisaje de la soledad.

Ya estás atrapando sueños subida a ese eterno árbol, decías, temeroso de la salud de mis huesos si perdía el equilibrio. Y yo me reía.

Tu voz era un eco luminoso que irradiaba mi entorno. Sabías que mi travesura era mágica y natural como mis pocos años. En honor a la verdad, levitaba en un remolino alucinante de intenso olor a Navidad y por eso me gustaba trepar el árbol y mojar con la manguera sus flores amarillas. Una quimera recóndita de mis sentidos, allí, donde el sueño y la realidad se confundían a menudo. Tú sabías que era sinónimo de niñez apresurada, de calurosas vacaciones en vísperas del retorno de Jesús Niño portando la esperanza precursora del mañana. Entonces, adivinando mis ocurrencias infantiles, te subías al árbol conmigo y gozabas de esa magia estupenda que era el olor a la vida. Mira, mira mi corazón, galopa como un potro salvaje. Claro que lo veía, y así, sin freno, como un acontecer fortuito y a destiempo, una invasión de madurez precipitada me golpeó el alma y me robó la sonrisa. Estúpido orate que revoloteó en la mente y dibujó en el aire una estrella rota en mil pedazos. Podía percibir el temor de la hormiga bajo el zapato; por primera vez cundió el miedo a lo impensado. Tú solo reías, papá, en franca y maravillosa plenitud, pero yo hubiese querido detener con mis manos en esos saltos que agitaban tu pecho hacia arriba y hacia abajo en un continuo vaivén. Era la calesita rota del parque de diversiones, pero en otra dimensión.

A partir de entonces, mis tiempos de risa, mi corta distancia entre la niñez y la adolescencia, no fueron impedimento para descubrir la honda melancolía de tus ojos, tus largos silencios con ternuras dichas muy bajo en frases sin terminar.

Eras tan grande de alma y espíritu, y con el tiempo comencé a verte frágil y pequeño mientras descansabas en tu reposera roja bajo la fresca sombra del almendro en flor. Indolente y lejano como una mariposa herida, indecisa de levantar el vuelo. No había horizonte en tu mirada, solo infinito, y extendías tu mano con denuedo tratando de alcanzarlo, de rozarlo apenas con los dedos.

Vibraba en mí la esperanza de que tu mirada fuera más allá de un místico final sin regreso. Tal vez alguna fuerza Divina clarificó tus misterios y donde yo veía oscuridad el sol continuaba saliendo. Era una constante verte caer y levantarte.

Vamos a jugar, corre, corre que te alcanzo, y no detenías el ímpetu por ganarle a la adversidad. Aunque no lo dijeras, yo era la parte sana que tenías y que te infundía el aliento que ibas perdiendo en el esfuerzo de vivir.

Despuntaba el alba de mis años frescos cuando tuve que aprender a reemplazar lágrimas por sonrisas, evasivas por respuestas que te hicieran pensar que, si bien el tiempo transcurría, no perdíamos la vida, sino que ganábamos horas de esperanzas compartidas, de olor a Navidad cada doce meses. Extenso o no el riguroso camino, había que alentar cada mañana bebiendo aire puro bajo un cielo azul interminable como espejo de nuestro continuo latir. No obstante, fui y seré siempre tu pequeña, que se trepaba al árbol con la manguera para ponerle perlas a las flores amarillas, porque irrumpía el efluvio del verano, equidistante al nuevo Nacimiento.

Muchas veces tu corazón intentó detenerse, hasta que un día no opuso resistencia. Mis veinte años resultaron pocos para enfrentar la dureza de ese sábado 21 de diciembre. Como un esperado reloj que de pronto marcó las 11:15 en una mañana sin olor a nada. Como una insulsa película de la vida en blanco y negro. Entonces, convertí la Navidad en una perenne caracola que serpenteaba en mi turbulento mar privado. Marcó huellas insondables, pero también blandió su

vuelo blanco de palomas por Quien llega cada año para fortalecer el espíritu malherido.

Aquellos tiempos infantiles, y otros incomparables durante 1970, década hermosa y a la vez triste por ese día específico, tan diferente al resto de mi vida, la cobarde realidad, la muerte, incapaz de mezclarse con los sueños para convertirse en una utopía, quebraron con ignominia la parte más sensible de mi interior, y con el corazón rabioso e impotente por tantos días de risa, que finalmente fueron llanto, utilicé mi única arma de combate, la palabra: El sol alfombra las calles de manchones dorados. Los pájaros no cantan y se detiene el murmullo de la vida.

Profundo silencio y gotas que caen sobre el polvo que nacemos. Y solo quedan las palabras como un solitario oropel en el recuerdo…

Hoy, papá, porque hoy será para siempre, solo me sube a los ojos el dolor de tus eternas ausencias. Y ese orate disparatado que habita en mis sentimientos y me trae el eco lejano de tu alegría, escaneando en mi tristeza, se pregunta: ¿Cómo vivo sin tu risa si era la cálida brisa que aspiraba en las mañanas?

Separador-dorado

TRAS LAS HUELLAS DE NUESTROS LIBROS

Las-huellas

“Donde un libro empieza… también empieza otra forma de estar en el mundo.

⸻ ❖ ⸻

TRAS LAS HUELLAS DE LOS LIBROS

Este rincón nace para abrazar las obras que florecieron desde nuestros corazones. Aquí reunimos los libros publicados por quienes hacen posible esta revista: autores que caminan con palabras, que siembran historias, que resisten y sueñan a través de la tinta.

Cada enlace, cada portada, cada título es una huella… un paso firme en ese sendero que va de la emoción al papel, de la vivencia al lector.

“Que cada libro aquí compartido siga dejando huella… incluso cuando se cierre la última página.”

Pasa, curiosea, descubre. Quizás entre estos libros esté ese que necesitabas sin saberlo.

⸻ ❖ ⸻

LILIANA LORÁN / ARGENTINA

Pinceladas y Versos: el arte que se toca con el alma

Este libro invita a contemplar una creación nacida del encuentro delicado entre dos lenguajes: la pintura y la poesía. Pinceladas y Versos, obra en coautoría de la artista plástica Inés Dagand y la poeta Liliana Lorán, es un testimonio profundo de cómo el arte dialoga consigo mismo y se transforma.

Cada cuadro de Inés Dagand encuentra su espejo sensible en un poema de Liliana Lorán, sumando un total de 142 composiciones poéticas, una por cada lienzo. Esta inmensa obra conjunta no solo celebra la belleza visual, sino que la amplifica con el poder evocador de la palabra.

En la pluma de Liliana vibra una sensibilidad tan profunda como inusual. Poeta nata, su don no es solo escribir: es percibir lo invisible y traducirlo en palabras que acarician. Frente a cada obra de Inés, Liliana se sumerge sin miedo, escucha su vibración, y responde con versos que no describen… sienten.

Sus poemas no ilustran: iluminan. Son tan tangibles que uno casi puede rozarlos, como si su poesía no se leyera, sino que se tocara con el corazón. La relación entre ambas creadoras se convierte así en un latido conjunto, en un hilo invisible que une dos almas a través del arte.

Pinceladas y Versos no es solo un libro: es una experiencia estética completa, un puente entre mundos, un susurro poético que nos invita a mirar -y sentir- con los ojos del alma.

Liliana-tapa

Contacto, consultas y pedidos:

lililoran@yahoo.com.ar

⸻ ❖ ⸻

CARLOS PÉREZ DE VILLARREAL / ARGENTINA

Tapa-la-caida-del-angel-11

Escritor, periodista y ensayista rioplatense, Carlos Pérez de Villarreal transita la novela, el relato y el ensayo con una mirada reflexiva, espiritual y profundamente humana. Su obra construye puentes entre lo íntimo y lo universal, con un estilo directo, lúcido y comprometido, donde cada palabra nace del pensamiento… y también del alma.

Ha participado en encuentros internacionales, y sus textos han sido publicados en revistas especializadas tanto dentro como fuera de su país. Como autor, ha sabido equilibrar la profundidad del pensamiento con la cercanía de lo cotidiano, creando una voz literaria que interpela sin estridencias.

Ha editado: La aventura de narrar, cuentos (2015); Narrar… sigue siendo una aventura, cuentos (2017); La caída del ángel, novela premiada con la Faja de Honor 2020/2021 de La Sociedad Argentina de Escritores (SADE). La segunda edición fue editada en 2023; y Narraciones aventureras, relatos (2022). Actualmente trabaja en un nuevo thriller fantástico.

Además de su trayectoria como autor, Carlos es el Director Editorial de esta revista -quienes lo conocen saben que su presencia es brújula y aliento constante-. Con generosidad y mirada amplia, acompaña este proyecto colectivo con discreción y firmeza, como lo hacen quienes creen en el poder transformador de la palabra compartida.

Tapa-la-caida-del-angel-111

Contacto, consultas y pedidos :

carlospdev2014@gmail.com

hhtp://www.aventuradenarrar.blogspot.com

@ narradoraventurero

⸻ ❖ ⸻

MATIAS BONORA BERENGUER / ARGENTINA

Es poeta, dramaturgo, guionista y docente. Su obra transita la poesía, la narrativa y el guion audiovisual, con una mirada crítica y sensible. Ha participado en antologías y revistas literarias de Argentina y el exterior, y ha sido reconocido en certámenes nacionales e internacionales. Coordina talleres de escritura creativa y seminarios de guion, y ha colaborado en proyectos para televisión, radio y cine. Entre sus obras se destacan La edad del tiempo y La tiza, donde la palabra se convierte en herramienta de memoria, reflexión y belleza.

La edad del tiempo
Poesía

abrasureditora@gmail.com
link: https://www.calameo.com/books/0061738286b28b4ddc272

⸻ ❖ ⸻

MIRIAM ALBERGANTI / ARGENTINA

Es escritora humanista y payasóloga. A lo largo de su trayectoria ha conjugado el pensamiento sensible con el arte del juego, integrando reflexión, espiritualidad y humor como herramientas de transformación. Desde su blog “Recordar, pensar, meditar” explora temas sobre el alma humana, la creatividad, la compasión y la vida interior, ofreciendo una voz cercana, lúcida y profundamente humana.

Contacto, consultas y pedidos:

hhtp://www.recordar-pensar-meditar.blogspot.com

⸻ ❖ ⸻

WALTER HUGO ROTELA GONZÁLEZ / URUGUAY

Es escritor, periodista y narrador de mirada crítica y comprometida. Su obra abarca desde cuentos y relatos de viaje hasta investigaciones periodísticas y crónicas sociales. Entre sus títulos se destacan “Huellas de mis pensamientos”, “Criados en la Tierra Roja”, “Serie Túneles” y “Líneas Paralelas”. Su escritura, publicada en diversos medios y plataformas digitales, combina sensibilidad narrativa con una profunda conciencia social, abordando temas como la infancia, la memoria y la dignidad humana

Mi sitio en bubok

Cosas curiosas en los caminos de las cumbres

Los pasos de jaguareté michí y otros cuentos

Variaciones sobre vientos

Criados… En la Tierra Roja

⸻ ❖ ⸻

GUSTAVO PÁEZ ESCOBAR / COLOMBIA

Escritor y periodista colombiano. A lo largo de medio siglo ha publicado más de 2.000 artículos de prensa y escrito 14 libros, todos registrados en su página web, junto con noticias y recuerdos literarios. Hoy, sus libros están agotados, pero su voz sigue viva en cada palabra compartida. Para quienes no lo conocen aún, visitar su obra es acercarse a la mirada lúcida de un autor que ha recorrido el mundo con tinta y sensibilidad.

Contacto, consultas y pedidos:

www.gustavopaezescobar.com

⸻ ❖ ⸻

ELSPETH GORMLEY / ESPAÑA

Escritora versátil y Directora de esta revista. Ha escrito durante años en distintos géneros y formatos, y ha publicado artículos en medios digitales y periódicos españoles. Este es su primer libro: una obra plena, donde realidad y fantasía se entrelazan con sensibilidad y hondura. Actualmente ultima los detalles de su primera novela -una historia largamente esperada- y trabaja en la segunda entrega de El Universo de Tana.

Video presentación del UNIVERSO DE TANA

https://youtu.be/fYQNe-v3Dvc?si=vUqflEFEYj616XXr 

Se puede comprar en Amazon internacional

https://amzn.eu/d/3BqNoRQ

⸻ ❖ ⸻

EDITORIAL – MAYO

Aviso Legal

Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

Editorial

«La Editorial es el latido de cada edición, la voz que guía el camino de las letras. Un pensamiento que sacude, que despierta y que invita a reflexionar.» ·E. Gormley

Separador-2

EDITORIAL – MAYO

EL PODER DE LA PALABRA Y EL LIBRO

Elspeth Gormley / España

Las palabras tienen el poder de construir mundos, de atravesar corazones y de marcar caminos. En cada texto, en cada verso, en cada reflexión, se esconde el latido de quien escribe y la emoción de quien lee.

La literatura es más que letras en un papel; es un acto de resistencia contra el olvido, un refugio donde la verdad encuentra su voz y donde los sueños toman forma. Es, además, un puente invisible que nos conecta, que nos acerca y que nos hace vibrar con emociones compartidas.

Este mes, celebramos el libro, ese compañero fiel que nos transporta a mundos lejanos, nos enseña y nos inspira. Un libro es más que páginas y tinta; es un universo que espera ser descubierto, una conversación entre tiempos y voces, una puerta que abre el alma a la magia del conocimiento.

Hoy, en este espacio, rendimos homenaje a los libros y a quienes los escriben, porque cada historia es un testimonio, cada página una aventura, y cada lector, un soñador con los ojos abiertos.

Que estas páginas te envuelvan, que estas palabras te sacudan, que este mes de mayo sea un homenaje a la literatura en su máxima expresión. Porque escribir es sentir y leer es vivir.

«Las letras no solo cuentan historias, también trazan el mapa de nuestra memoria. En cada libro hay una oportunidad para el cambio, un espejo donde la sociedad se reconoce y una chispa capaz de encender la esperanza. Que sigamos leyendo, que sigamos soñando.»

Separador-2

CUENTOS Y RELATOS – MAYO

Aviso Legal

Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

Cuentos-y-relatos

«Cada cuento es un mundo, una chispa de imaginación que prende el alma y nos transporta más allá de lo real.»

E. Gormley

Separador-1

LA PULGUITA
FÁBULA

Magi Balsells / España

Con sus pertenencias al hombro se desplazaba una joven pulguita, brincando de pelo en pelo de un tranquilo perro, en uno de estos saltos apareció delante de ella una vieja y arrugada pulga, la reina de todas ellas, la cual paro sus saltos con estas palabras
.-Párate aquí, ¿Dónde vas joven pulga? Con tu autillo al hombro y con estas prisas ¿Qué te ocurre? ¿Te persigue alguien?
.-No Sra. Reina de las pulgas, solo es que quiero encontrar un perro que sea mas limpio en el que ahora estoy.
.-Ya me dirás para que quieres cambiar a este tranquilo animal, aparte de su suciedad que no veo sea tan fuerte.
,.Quiero un perro de estos que su amo lo cuida, lo lleva a la peluquería, donde le hacen peinados muy bonitos, que huela bien , no como en el que estoy.-
.-No sabes lo que pides, te explicare algo que me ocurrió en mi juventud por tener tus mismos deseos y después decides lo que quieras, pero primero escúchame.
.-Soy todo oídos, seguro será algo importante.
.- Así es, veras, cuando yo era tan joven como tu, nací en un perro que no era el sinónimo de la limpieza, no era por su culpa sino por los dueños que tenia, pero pese a todo era un animal muy tranquilo que me dejaba en paz, pero esto no era suficiente, quería algo mas hermoso, algo mas limpio, que oliera mejor y prepare mis bártulos y como tu me fui en busca de mi nuevo hogar, que no tarde en encontrar en un hermoso animal, bien cuidado, limpio hasta la exageración, pensé que allí seria feliz, pero que enseguida comprendí que había cometido un error muy grande.
.- Pero si era lo que querías donde estaba la equivocación.
.-Muy fácil, en sus dueños, lo lavaban cada día, con unos jabones muy olorosos que atacaban mi olfato, llevaba un collar antiparasitario, que aun que a mi me afectaba poco me molestaban las ondas que trasmitían, aparte cualquier movimiento que efectuara como si algo le hubiese picado, automáticamente era llevado al veterinario para que hiciera una exploración de su cuerpo en busca de algún elemento molesto, y los viajes a la peluquería, donde recortaban sus incipientes pelos llevándose en los mismos muchos amigos con esto consiguieron que muchos perdieran la vida, yo tenia que esconderme en los lugares mas insospechados para no ser encontrada, tuve mucha suerte, pero esto no era la vida que yo deseaba, por lo cual volví a mi anterior domicilio donde disfrutaba de las delicias de poder picar a mi amigo con deleite sin que nadie se preocupara de eliminarme y hasta este momento soy feliz aquí
¿Crees que vale la pena cambiar esta tranquilidad que tienes por una mejor estancia?
.-Pues mirado de esta manera , no creo que el cambio sea beneficioso, por lo cual me quedare en este lugar, aquí por lo menos tengo el sustento asegurado y cierta tranquilidad .Gracias por tu sabio consejo , pero ya sabes docta pulga que la juventud no tiene la experiencia que tu posees, y a veces cuando la consiguen ya es tarde

Separador-1

HISTORIAS REALES

Carlos González Saavedra / Argentina

Finalmente ya estaba instalado. Contento y mi familia también, les había encantado el departamento. Luminoso amplio y cómodo. Por mi parte, mis compañeros me habían recibido muy bien. A veces pensaba que la gente de Buenos Aires, es de una manera o de otra, muchos mitos referidos a esto. Me sentía muy respetado y bien tratado en mi puesto, de gerente del Banco Nación Argentina. Estaba orgulloso. Si bien no es lo mismo, ser gerente de un pueblo de diez mil habitantes en Santa Fe, que serlo en el conurbano, en una ciudad de trescientos veinte mil.

La gerenta regional, me había llamado unos días antes del nombramiento, avisando que ya estaba a la firma. Que contara con ella para lo que fuera necesario.-Cuenta Ud. con una muy buena foja de servicios, ¡adelante! Mi oficina amplia y cómoda. Todo el personal de primera, hasta uno de ellos, Mariano, cocinaba para todos. Nos turnábamos en el amplio comedor, para almorzar.

Los primeros días fueron de fogueos con los clientes, de a poco, me fui adaptando a la dinámica. A la semana me llama por teléfono el regional y me dice: -Edgardo en el día de mañana irán de la región, un arquitecto con el jefe departamental. La sucursal ha sido elegida como ideal para darle mas fluido y mejor atención.

-Bueno los espero. ¡Sorprendido!

Al llegar el arquitecto y el jefe departamental, comentan. -Haremos unas reformas, donde hay cuatro cajeros electrónicos van once, se modifica el frente, habrá mas espacio, en las ventanillas de atención al publico en vez de cuatro van ocho.

-Bueno ¿Cuándo empiezan?

-En quince días se termina. Así esta establecido, empezando éste fin de semana mismo.

Estaba sorprendido en el campo todo, se me preguntaba, acá todo venia dispuesto, tendré que adaptarme.

-Edgardo cuando empiecen las obras, casa central me adjudico diez mil cuentas que repartiré entre Ud. y La Matanza. Creo que le tocan unas ¡seis mil!

-¿El personal? no alcanza

Pensaba acá no tengo control de nada, ni se quien viene ni quien se va. Imposible tener el trato que tenia con la gente del campo.

-Unos días antes firmé los traslados de diez personas más un asistente de cuentas de cajas de ahorro. Se presentarán entre mañana y pasado.

Por momentos pensaba en que lío estaba metido porque era mucho para manejar, controlar y enviar los informes.

Después de las reformas, con el banco con otras dimensiones ya me había ordenado y mano rígida y seria para empleados y algunos clientes díscolos.

Era otra persona, pero me desempeñaba bien, me gustaba y le había tomado bien la mano. No podía impedir las enormes colas para cobrar por ventanilla y gente desde las siete de la mañana con frío y lluvia haciendo cola afuera. Dando número no bastaba, me sentía responsable, pero hacia lo que podía.

Un lunes con el banco atestado de gente, colas afuera, adentro. En fin, un verdadero día de furia, después del feriado del viernes.

Preferí encerrarme en mi oficina, para concentrarme en cada una de las cosas que debía resolver, ya había dicho que no, al almuerzo.

Siento que golpean respetuosamente la puerta.

-¡Adelante!

-Señor gerente hay una señora que esta con su hija, quieren hablar con Ud. es por una tarjeta, hace como una hora que esperan.

-Que la atienda Silvia, jefa de cuentas corrientes, ¡no puedo en este momento!

Pasada media hora se asoma Silvia por el marco de la puerta -Edgardo quieren hablar con vos, por una tarjeta. ¡No nos vamos de acá! sin hablar con el señor. Son muy respetuosas y humildes, Edgardo, es ¡gente de trabajo!

-¡Que pasen!

Se presentan dos mujeres, de aspecto muy humildes con ropa sencilla. Tenían todo el aspecto de empleadas domésticas, tímidas, temerosas y poco instruidas.

-Buenas tardes, ¿en que puedo ayudarlas?

-Háblale al señor, ¡contale! Es mi hija y algo importante va a decirle.

No salía del asombro, ni entendía bien ¡que era lo misterioso!

-Bueno señor Ud. disculpe que le quite su tiempo, el problema es mi tarjeta de caja de ahorro donde tengo unos pesitos, perdí la tarjeta y quiero saber si me robaron el dinero o lo tengo.

Menos entendía

-Pero la clave no debes dársela a nadie ¿Por qué no explicaron a las dos señoras que la atendieron?

-Bueno es un asunto delicado.

-Que es lo delicado, Ud. quiere saber si tiene dinero en la cuenta, sí le han depositado el plan. ¿Cuánto hace que perdió la tarjeta?

-Tres meses

-¿Tres meses? ¿Y recién ahora viene porque no lo hizo antes?

-Contarle al señor, insiste la madre

-Me tenían secuestrada y me amenazaban que matarían a mi familia

-¿Como es eso? pregunto sorprendido, mientras me acomodaba en la silla.

-Bueno resulta que una amiga me invito a una fiesta en El Palomar y ahí nos fuimos las dos en colectivo, creo que en el 354.La fiesta eran de unos amigos de la Miriam, mi amiga. Bailamos había uno que quería abusarse, lo paré. ¡No soy de ésas, le dije!

Y me contesto que lo perdonara, que me invitaba con una copa y acepte.

La escuchaba y seguía sin entender nada, la chica estaba al borde del llanto.

-Seguí Anahí hija. Alentaba la madre contemplándola tristemente. Conteniendo el llanto.

-Entonces me empecé a sentir mareada y no me acuerdo de nada. Desperté entre camas viejas y colchones con humedad y en una pieza despintada. No sabia donde estaba.

-Vamos nena despertate que tenes trabajo, mi nombre es Samanta.

-No se quien es Ud., señora, me llamo Anahí, ¿Dónde estoy? Viene un hombre forzudo me agarra de los pelos y me tira debajo de un chorro de agua fría, me deja un rato y me deja un pantalón cortito y una blusa.

-Toma sécate tirándome un trapo viejo, para secarme.

Samanta me dice con tono amenazador y enérgico. Apretando con fuerza mi cara.

-Anahí acá vas a atender a hombres que quieren sexo. Sin chistar porque te cagamos a trompadas, y matamos a tu vieja, que ya sabemos donde vive. ¿entendiste?

Me llevan a otra habitación donde había tres chicas mas, una de ellas me dice estamos en el Chaco, viniste junto conmigo, ellas llegaron ayer.

Estaba pálido anclado al sillón de la gerencia sin saber que decir, mientras, pobre chica, lloraba y la mama le daba fuerza y sostenía. Tampoco sabia que podía hacer yo o porque vinieron a mi. ¡Más que escucharlas!

-Nos sacaron a todas los documentos. Contaba Isabel la chica que se mantenía más en guardia.

-Bueno señor se imagina lo que pasé, maltrato y violaciones de todo tipo, me hacían de todo. Comíamos mal y dormíamos peor. Lo mejor era el mate cocido de la mañana con pan caliente que traía el panadero.

La mama lloraba en silencio, sus ojos tristes e impotentes por lo que contaba su hija, pero con la entereza de la que tiene una vida sufrida.

Jamás había pensado en semejante drama, frente a mis ojos. Estaba perplejo, incómodo, desorientado y al borde del llanto, también yo.

Todo eso escenario me hacia pensar en mis hijos. En mi hija que había empezado la facultad. Contenta con sus veinte años, llena de sueños, Anahí no estaba muy lejos pero en su mirada se podía leer, el arrebato de su inocencia y alma de mujer. Me había conmovido profundamente lo que contaba.

-Pero contame ¿Cómo llegaste acá?

Lo que pasa que Isabel que es mas despierta, vio cuando venía el panadero con el pan, se quedaban hablando y alguna cosita más, con la Samanta. No ponían la traba a la puerta y esa era, una oportunidad para escaparnos.

-Así fue, corrimos como un kilómetro, escondiéndonos, hasta un cruce. Por suerte al primer camionero que hicimos dedo nos levanto y nos llevo hasta Santa Fe. Cuando le contamos al camionero, nos dejo en un convento y las puso al tanto, ahí pedimos que no llamara a la policía. Estuvimos tres días con ellas. Comimos bien, dormimos y nos dieron ropa nueva y limpia y dinero para el micro, que nos dejo en Retiro.

-Anahí donde vas a ir vos?

-Vamos a la casa de mi primo, por si no están buscando. A ver si mi mama esta viva.

Ven conmigo, ¿Dónde vive tú mama?

-No tengo mama pero mi hermana Dora me estaba cuidando a mi hijo.

Llegamos a lo de mi primo, le conté y el fue a buscar a mi mama a la casa para asegurarse que estaba bien, lo mismo hizo con Dora la hermana de Isabel.

Las mire a los ojos me levante, fui hacia ellas y las abracé, quería pedirles perdón. Por esta sociedad injusta, donde siempre sufren mas, los menos instruidos

-Sabe Don, la monjita fue la que me dijo, no cuentes a nadie. Habla con el que manda, por eso lo espere con mi mama, llorando desconsolada. Ese abrazo nos había quebrado a los tres y como los chicos en el colegio abrazados llorando quedamos, unos minutos.

-Perdón irrumpe Silvia y se encuentra con esta escena cierra la puerta delicadamente y todo el afuera no se escuchaba. Ese día de furia tenía una pintura de humanidad, ésa que supe tener en el Banco Nación de un pueblito de diez mil habitantes. Gracias a eso pude escuchar y comprender

-Dame tu número de documento

-Al buscarlo en el sistema me decía que, ANSES había depositado el plan. Tenía treinta mil pesos en su cuenta acumulados. Justo a punto de vencer.

-Silvia con lagrimas en los ojos, entrego la tarjeta nueva y nos abrazamos los cuatro.

-¡Dios lo bendiga! me dijo la mama, mientras Anahí no podía hablar, tampoco yo.

Anahí finalmente al lograr tener PAZ en su corazón, su vida cambió.

Me entere, poco después que se había vuelto con su mama a Formosa, donde vivía toda su familia.

Separador-1

EL MAR, CONFIDENTE Y DUEÑO DE SUEÑOS

Elspeth Gormley / España

El mar no es solo agua en movimiento. Es un alma líquida que respira con el ritmo de las mareas, un confidente mudo de pensamientos que nunca se pronuncian en voz alta. Es el eco de nuestras emociones, la extensión infinita de lo desconocido, el guardián de historias que solo aquellos dispuestos a escuchar logran descifrar.

Hay días en que su furia estalla. Las olas se alzan como titanes indomables, rompiendo contra la costa con el ímpetu de un corazón desbordado. La espuma devora la orilla, el viento se une en su danza salvaje, y el horizonte tiembla ante la batalla de agua y aire. Es el mar reclamando su poder, recordando a los hombres que nunca podrá ser domado.

Pero también sabe ser calma. En esos momentos, su piel de cristal refleja el cielo como si quisiera fundirse con él, como si en su inmensidad guardase la respuesta a todos los silencios. Susurros de agua rozan la arena con la ternura de un beso, su abrazo envuelve los cuerpos que se rinden ante su inmensidad.

Cuando la luna llena se posa sobre sus aguas, el mar transforma su esencia. Se vuelve un espejo de plata, un camino hacia lo infinito, un sendero celestial por el que solo los soñadores osan caminar. Y en ese instante, cuando todo calla salvo el murmullo de las olas, susurra sus secretos más antiguos. Habla de navegantes perdidos, de amores prometidos bajo cielos estrellados, de deseos que nadie se atreve a pronunciar.

Lo amo porque me escucha, porque entiende el lenguaje de las emociones sin necesidad de palabras. Porque responde en el idioma de las mareas, en el vaivén de su oleaje, en el ritmo imparable de su existencia. Lo amo porque, aunque el mundo cambie, él siempre sigue ahí.

Pero el mar no es solo mío. Es tuyo, es nuestro. Es el pulso de la Tierra, el testigo silencioso de vidas que vienen y van, el latido que nunca debe cesar.

Y cuando lo contemplo, cuando su brisa golpea mi rostro y su rugido llena mis oídos, sé que no hay límites, que no hay final, que la eternidad es real.

Porque el mar no se explica. Se siente.

«El mar es un espejo de la eternidad: a veces en calma, otras en tormenta, pero siempre profundo y lleno de secretos.  

Separador-1

EL ÚLTIMO QUE CIERRE LA TRANQUERA

Miriam Noce / Argentina

«Nunca apuesto a un caballo, sólo apuesto a jockeys» Nicolás Negroponte

«América fue siempre mi sueño». El abuelo así comienza sus historias. No sé si soy su nieto preferido o sólo el mayor, el Tomás. Nos une desde mi niñez una profunda amistad de comprensión y picardías. Pese a mi corta edad, fui el depositario de sus penas y satisfacciones.

Con dieciocho años recién cumplidos y con días de estada en estas tierras consiguió un laboro en los campos de Colonia San José. Atrás quedaban sus padres y abuelos en la ya lejana Sicilia. Austero, notablemente dotado para aprender con rapidez diversos trabajos del campo. Se ganó con creces la confianza del patrón. Poseía destreza en sus tareas y habilidad para hacer convincentes sus ideas. Al cabo de tres años consiguió el amor de una nieta de gringos y comprarse 6 hectáreas que desmontó solo y con paciencia. Bianca le dio dos hijos varones: el tío Pietro y mi padre. Desde pequeño Pietro fue boyerito y creció siendo la mano derecha del abuelo Gino. Tenía un don especial con los animales. Intercambiaba ideas en la escuela con la maestra y sus compañeros; le gustaba imaginar nuevos usos a las herramientas del campo, mejorar el ganado; le decían «tanito innovador.» Con el paso de los años comenzó a discutirle a su padre: de nada servía comprar más hectáreas y ganado, sino aportaba mejoras a los establos, al pastaje, a las aguadas.

El abuelo Gino le exigió a mi padre estudiar, siempre estudio. Él quería tener un hijo abogado, y lo logró. Nunca bajó la guardia. Cuando cumplió sus dieciocho, el tío Pietro se fue. Probó suerte en campos de Humboldt. Necesitaba hacer realidad sus sueños de modernizar el campo. No consiguió enseñarle a Gino las nuevas tecnificaciones. Se alejó en distancia y principios. Para colmo, la prepotencia es uno de los defectos menos tolerado por el abuelo. Hoy está casado y envía a sus hijos a la escuela agrotécnica de la zona. Quiere que su campo sea un ejemplo.

Mi padre también se casó joven. Somos tres hermanos y es él quien visita al abuelo todos los fines de semana. Cuando chicos mis hermanas iban felices a andar en los petisos que el abuelo les tenía reservados. Ya adolescentes sólo yo sigo concurriendo. No me atraen las tareas del campo, sí el carácter y las anécdotas de mis abuelos. Había que temblar cuando el abuelo tenía un aire ausente, eso significaba que en su testa andaba rondando un pensamiento inteligente. Tengo muy buena relación con ellos. Lamentó que mis primos y tíos sólo vengan dos veces al año para el cumple de los nonos, fiesta que se comenta en toda la Colonia por la comida que prepara la abuela: raviolis y fettuccini con abundantes salsas; biscotti, pan o bollos. Sobremesas largas regadas con buon vino. Al terminar el abuelo de contar las maravillas de su ciudad natal, Catania, y decir «arriverdechi a tutti» recién nos estaba permitido retirarnos.

Como pienso seguir los pasos de mi padre, seré abogado. El tema seguridad me preocupa, sobre todo por ellos, tan solos en el medio del campo. Cuando les pregunto cómo se manejan con el dinero, la nona rápida me contestó: “Lo guarda adentro del colchón.” Me he reído con ganas, pero… la duda queda. Mi padre no se preocupa, dice que el abuelo es más astuto que todos nosotros juntos. Nadie sabe a dónde va cuando saca a relucir su impecable Ford modelo 76.

Entre el frío, inesperado y prolongado, más la sequía, este año se le han muerto varios animales al abuelo. Le hemos ofrecido dinero para comprar forraje, pero para nuestra sorpresa, nos ha dicho que tiene suficiente. El auge de la soja hizo que muchos se inclinaran ante el momento excelente y le han restado terreno a la ganadería. Le comenta a mi padre: «Tu hermano mayor dice que soy tenedor de vacas; él en cambio es productor.» El abuelo siempre tiene un dejo de amargura cuando recuerda las palabras hirientes de Pietro al irse del campo:

—Serás siempre un viejo atrasado, olvidado por los demás productores. Seguí con tus antiguas prácticas ganaderas. No estás en tu querida Sicilia.

—A veces, en silencio reconozco que en algunas cosas tiene razón. Por ahí, estoy desconectado de las prácticas modernas en el manejo del ganado. Pero, tengo cosas nuevas. ¿Sabés mi’jo lo que es el CUIG?

—Por supuesto abuelo, la clave única de identificación ganadera.

—¿Viste que de a poco me voy adaptando? Tengo el tranco corto y lento. Pero alguna vez se van a llevar una sorpresa. Ya veras Tomasito.

—¿Se pueden morir más animales?

—Quizás algunos más. Andan revoloteando los caranchos. La ausencia de pastos es increíble, ni macollo hay. Los rollos que he comprado son una vergonia. Dejan mucho que desear, están hechos con rastrojos de bajo contenido alimenticio. En el verano hice los deberes: arrollé alfalfa, embolsé forraje y sembré avena. Como dice mi otro figlio, esta actividad tiene un importante nivel de riesgo.

—¿Qué es la sorpresa?

—Tu tío cree que se me van a morir todos los animales; pero se mancó. Vendí mucha hacienda y al mejor precio cuando la tuve que sacar de la isla por la inundación. Tenían buen kilaje. Alguna vez, le voy a hacer caso. Aprenderé a manejarme con pastoreo rotativo y boyero eléctrico.

—Tiene razón papá, cuando querés, sos un gringo inteligente.

—Esperá, que todavía falta.

El llamado de uno de sus peones cortó la conversación. Al abuelo lo ayudan pobladores nativos, hijos y nietos de antiguos criollos. Conocen a la perfección el lenguaje de Gino, mezcla de dialecto siciliano con castellano y algunos términos actuales de «empresario ganadero.»

Don Gino, el viejo, el abuelo, el nono (lo llamo de varias maneras), me tiene preocupado. Estos últimos días lo veo un poco decaído. Se lo hicimos notar y nos ha contestado: “No se aflijan, estoy como el ganado: invernando para adquirir un lindo engorde.” La abuela Bianca anda entre risueña y sorprendida. Dice que el abuelo en los últimos meses se ha vuelto muy lector. Diarios, revistas, libros. «En qué andará este gringo, cuando se le pone algo, ni Cristo lo saca de su brete.»

Siempre menciona la sorpresa que me tiene preparada, pero jamás sugiere lo que es. Como los chicos, le brilla la mirada y su boca parece pronta a hablar, pero… calla. Apuesta a que me apure para recibirme de abogado: «Así los dos estaremos con buen engorde para ingresar al mercado.» Se nota que está haciendo esfuerzos denodados, pero los años le están pasando facturas, su cuerpo ya no está tan derecho, pero su mente e inteligencia van en aumento.

Ayer me recibí. Concluidos los festejos (nobleza obliga), fui a visitar al abuelo. Ansioso y feliz me recibió con risas y palabras en su dialecto. Abrazados fuimos al comedor, el que permanece oscuro y silencioso esperando acontecimientos dignos para festejar. Pidió a la abuela, dos copas y el vino de las ocasiones y «por favore, ¡no interrumpas! Tengo que hablar muy seriamente con el abogado.»

—Terminaré de envejecer en este lugar. Quiero que muchos puedan disfrutar de estas tierras. Le demostraré a mi piccolo mayor, que soy algo más que un tenedor de vacas. Como dicen los genoveses: supe acamalar en tiempos duros. Quiero dejar algún tipo de huella en mi paso por el mundo. Te voy a contar mi idea. He leído mucho sobre el tema. Esta tierra que me dio para vivir tantos años sirve para lo que hoy está de moda. Cuando yo muera…

—Abuelo, no empiece con esas tonteras. Estás un poco viejo, pero no para tanto.

—No me interrumpas. Mis dos hijos recibirán su herencia por partes iguales. Todo quedará en testamento. Bien claro. También lo que vas a cobrar por administrar, lotear y estar al frente de todo. A Bianca, la llevan a vivir con ustedes a la ciudad. Últimamente ve películas italianas por la tele. Ríe y llora al mismo tiempo. No va a molestar.

—Pero abuelo

—¡Silencio! Tomás, no parla, escucha. Algunos los llaman club de chacras. Otros, barrios de chacras. Tendrás que asesorar y asesorarte. El loteo va a producir un importante capital, superior a la venta como campo. Muchos árboles frutales, álamos y ligustros. Casas lindas pero no de lujo, para huir del vértigo de la ciudad. Absoluta tranquilidad y silencio. Que cada lugar tenga pajareras con aves de la zona. Agrandá la aguada para que las garzas en el invierno tomen sol por las mañanas. Que se puedan criar toros criollos y bueyes mansos. Viveros de hierbas aromáticas y flores. Cría de caracoles. Armar huertas en pequeña escala. Un lugar para las caballerizas y senderos para cabalgar. No lo podré ver, pero confío ciegamente en vos. Las chacras se llamarán «Don Gino.» Solo una cosa te exijo: como no voy a bellaquear para irme, quiero que mis cenizas descansen en la orilla de la aguada. Te aclaro que si no cumplís con mi mandato, desde algún remoto lugar «la cosa nostra» tomara vendetta. ¡Ah! No te olvides: el último en pasar, que cierre la tranquera.

—¡Abuelo! ¡Abuelo!… tendremos largas conversaciones sobre el tema. La idea me parece muy buena. Excelente.

—Gracias caro mío. Creo que en está tierra sos el único que me entiende.

Fue el festejo más lleno de cariño. Cené con ellos y me despedí cerca de medianoche. El abuelo no vio el amanecer, se durmió entre sueños.

Me espera una larga sucesión; todo está plagado de hostilidad, fastidio, obstáculos. El tío Pietro no está de acuerdo en cumplir los proyectos de su padre.

Separador-1

EN LAS CEREMONIAS… AL TEMBLOR DE LAS HOGUERAS
Carlos Pérez de Villarreal / Argentina


La obscuridad era completa.
Una leve brisa comenzaba a sentirse.
El silencio se quebró con el ruido cada vez más intenso.
Un par de ojos se vislumbraron en la distancia.
Comenzaron a agrandarse.
Una ola de papeles empezó a danzar por todas partes mientras el rumor ensordecía.
Chirrido de metal sobre metal, crujidos de materiales.
Sin mediar nada más. ¡UUOOOSSSSHHHH! El subte pasó raudo.
Diana, apoyada sobre la pared, veía pasar el juego de luces de las ventanillas, mirando casi sin ver los rostros, que como en una recorrida infernal se desdibujaban en la distancia.
Las lágrimas corrían por sus mejillas como un reguero gris que brillaba en las vías, alargando los rieles.
Su cuerpo, esbelto, se sacudía intermitentemente por los sollozos.
Un manto cubría su vestido que llegaba hasta el suelo.
Se detuvo.
Escuchó atentamente y sintió más que supo, que alguien la seguía.
En la lejanía, Vulcano, el ser mitad hombre, mitad animal, tremendo ejemplar de casi cuatro metros de altura, el último de su raza extinta ya hacía diez mil años y creadora de los túneles, estaba tras sus pasos.
Cuando la alcanzó, Diana sólo atinó a aferrarse a él con desesperación.
Una nobleza infinita cubrió el rostro del semidios y alzando con una mano a la bella Diosa, comenzó el largo peregrinar por la obscuridad chapaleando agua putrefacta.

Su nombre era Ares.
Había matado a Tártaro el monstruo de la oscuridad y reinaba en su lugar.
Un reinado de luz.
Su cuerpo enjuto, fornido y musculoso, no dejaba entrever su gran edad.
Sentado en el trono, con el báculo de poder en su mano, meditaba.
El cuerpo retraído solo estaba cubierto por un manto blanco que dejaba el pecho al descubierto.
El símbolo del rayo colgado de una cadena, brillaba por la luz de cada subte que pasaba… dejando su estela.
Sus largos cabellos blancos y su poblada barba, gemían por el viento.
Diana había escapado.
Como su Diosa y esposa gobernaba junto a él, pero la llegada de Perseo, el humano, había trastornado todo.
Enamorada de sus hazañas, huyó con él.
Los buscó por centenias y al final, los encontró.

Envió tras ellos a Céfiro, Dios del viento subterráneo, cuyos soplidos son tan fuertes, que aún hoy perduran en los túneles permitiendo al subte alcanzar su máxima velocidad.
Enfrentado con Perseo, Céfiro debió usar todas sus argucias en la lucha.
Aunque aquel era humano, su figura, extremadamente musculosa con su casco guerrero, sus polainas de cuero trenzadas y su vasta experiencia, imponían respeto.
Las estocadas iban y venían.
El reflujo de estrellas que salpicaban al golpearse entre sí, se veía desde las ventanillas.
Los escudos entrechocaban con un ruido sordo y atemorizador.
El polvo se levantaba haciendo casi irrespirable la atmósfera, pero ninguno de los dos
retrocedía.
El tiempo pasaba, el sudor empapaba el cuerpo de los dos contendientes, y en un paso en falso, la espada de Céfiro, haciendo una finta, penetró por el costado derecho de Perseo y lo atravesó como a una fruta madura, partiéndole el corazón.
El desgarrador grito de Diana se escuchó en los túneles.
Parecía el chirriar de los frenos del subte.
Tendida a los pies de Ares, suplicó, lloró y se desgarró, pidiendo por su amado.
Su pesar fue considerado sincero.
Perseo volvería a la vida como un semidios y a cambio Vulcano moriría. Una vida por otra.
El mandato fue cumplido.
Aún hoy su corazón deja sentirse a veces, retumbando en los túneles:
¡Tatá-Tatán, Tatá-Tatán, Tatá-Tatán!
Pero el verdadero suplicio llegaría poco después.
Se contaba en las ceremonias… al temblor de las hogueras, que Diana sería encerrada en
uno de los infinitos trenes y Perseo, desde ese día la buscaría, descartando
incansablemente cada subte.
Así es como llegan a nosotros:
Uno tras otro, uno tras otro, uno tras otro…

Separador-1

LA CONJURA DE LAS ALMAS

Sandra B. Romeo

Destino y alma son dos nombres para el mismo principio

Novalis. Escritor y filósofo alemán.

Después del segundo asesinato yo sabía que no me enfrentaba a algo común. Buscaba, con la ayuda de mis sueños, algún indicio que me acercara al fin del misterio.

Algunos dirían más tarde que resolví el caso porque sabía el ritual.

Yo digo que las almas hablan.

Y todo aconteció.

Corría el año 1926. Ese tórrido verano de 1926.

Sólo se respiraba fuego. El aire estancado sobre nuestras cabezas, sin moverse ni enfriarse, apestaba a río.

Como la ciudad, como nosotros.

Helena, Cecilia y yo salimos de la confitería caminando juntas hacia el bajo desembocando en la costanera.

Las últimas horas de la tarde morían ahogadas en ese calor sin precedentes.

Cuando ellas tomaron su tranvía, yo seguí mi camino.

Así se lo dije a la policía, así ocurrió.

Al abrir la puerta de mi casa, me dijeron después, Helena estaba muerta.

A primeras horas de la mañana, cuando vinieron a buscarme para reconocer el cuerpo, ya que Helena estaba sola en la ciudad, Cecilia estaba allí.

Éramos inseparables.

En la morgue judicial, el laberinto de pasillos por el que nos llevaron era tan intrincado y falto de lógica como mis sentimientos.

Finalmente, al término de un corredor con piso de linóleo verde y azulejos de vidrio, se abrió una puerta.

Nos encontramos frente a una camilla de acero inoxidable en la que se espejaba, sin ninguna gracia ni armonía, una Helena destrozada y desconocida.

Era ella, sin dudas, pero como, se supone, sería en su vejez. Encogida, descolorida, seca.

En su mano muerta aún apretaba una pequeña piedra con extraños símbolos.

El timbre sobresaltó a Cecilia en esa hora de la noche en que sólo puede llegar a buscarnos alguna desgracia.

Yo la vi aterrada.

Del otro lado de la puerta un acongojado Segrob le pedía perdón por no haber llegado a tiempo.

A esas alturas me habían encontrado y alguien tenía que decírselo a mi amiga. Quedaba totalmente sola.

Cuando me vio en la camilla-espejo una extraña piedra marcada se desprendió de mis dedos agarrotados y ancianos.

Aquí, como inspector del caso, debo retomar el discurso en esta historia.

Mis sueños se ensamblaban con la vida y la muerte de estas mujeres en un contrapunto que me tenía aterrado.

Esas noches pobladas de imágenes proféticas y reverenciales alimentaron mi investigación.

Eran palomas, capas negras y máscaras extrañas por su entramado y tonalidad quienes me guiaban por callejones oscuros y tortuosos. Por las orillas secas del río y las iglesias abandonadas de las afueras. Recorrí todas las ruinas de la zona barajando entre mis dedos aquellas piedras que, ya sabía, eran runas antiguas.

Uruz, cambio y transición. La vida que se ha estado viviendo excede ya su propia forma.

Hágalas, perturbaciones elementales, acontecimientos totalmente fuera de nuestro control.

Tal era mi introspección que en el departamento de policía llegaron a perder toda esperanza en mi cordura y casi me separan del caso.

Sin embargo yo sabía.

Aquella tarde caminaba por las calles uniendo piezas dentro de mi cabeza. Era tal mi concentración que tardé varios segundos en darme cuenta de que una enmascarada multitud me rodeaba.

¡Máscaras!. Recordé que ése era el baile anual del Centro de Residentes Venecianos.

Los arlequines se transformaban dos pasos más allá en diablos y damas antiguas. En el centro de la plaza una odalisca se inflamaba con el calor y el alcohol en un baile alocado que era aplaudido por el virrey junto a un grupo de pieles rojas.

Intenté desembarazarme de tanto disfraz. Giré en el momento que desaparecía por la esquina una cola de capa negra. Yo empujaba y despejaba el camino con mis manos siguiendo el mensaje de mis sueños. Siguiendo al asesino.

El laberinto de calles que tan bien conocía parecía haberse unido a ese carnaval sombrío de colores.

Todo me abrumaba mientras corría detrás de un rastro disfrazado en esa ciudad alucinada. Cada tanto un destello de la máscara me guiaba sin saberlo. Sin embargo, esas callejuelas tramposas engulleron capa y máscara.

El rastro me llevó a un callejón oscuro en el que no había ni puerta, ni ventana, ni tapia, tampoco asesino ¡se había desvanecido casi delante de mis ojos!.

Miré alrededor y me encontré en el barrio sombrío de los marginales brasileños.

Un ruido lejano de tambores rituales venía de la ribera más escondida del río. Anunciaban la noche del cruce del umbral.

La claridad se hizo en mi mente.

Volví sobre mis pasos y sorteando los últimos antifaces agónicos corrí hacia la casa de Cecilia.

La verja abierta y las ventanas oscuras me hablaron de lo irremediable. Atravesé la puerta en el momento en que el asesino ponía sobre el cuerpo sin vida de Cecilia la runa portadora del último mensaje, Nauthiz; el cruce del abismo, apuros, necesidad, dolor.

No voy a explayarme en la pelea que nos unió.

Sólo agrego que al apretar su cuello con mis manos (sin ninguna compasión y sin el más mínimo respeto por las reglas policiales), esa máscara comenzó a enturbiarse y se desprendieron de ella, como palomas veladas, Helena, María, Cecilia.

Separador-1

EXTRAVIADOS EN LA LLANURA

Walter H. Rotela G. / Uruguay

Félix Alcides López Ayala estuvo en el frente de batalla en la Guerra del Chaco. Apenas fueron los primeros combatientes, estuvo pronto. Con 18 años, recién cumplidos, estaba listo -según él- ¡para luchar y defender las tierras rojas de su amada patria.

Cuando terminó el sexto grado de la Educación Primaria a los 14 años fue a trabajar con un tío albañil. Traía la cabeza rapada para cuidarse de los piojos, costumbre que nunca abandonó.

Así se volvió aprendiz de albañil. Primero estuvieron participando de obrajes pequeños, en la ciudad capital, por un par de años o tres; pero surgieron oportunidades en el centro sur del país, y hacia allá fueron con su tío. Llegaron a la zona de Villarrica, conocida como la “Ciudad

Andariega”, pues sus habitantes tuvieron que mudarse en siete ocasiones debido a las guerras con los banderines y por problemas políticos. Al parecer esto también afectó a Félix Alcides; pues su vida fue un continuo ir y venir, tanto por tierras del Paraguay como por tierras de la Argentina.

Un año entero estuvieron trabajando en Villarrica, pero todo cambió con el inicio de la guerra en el ‘32. Para febrero del ‘33 muchos de sus amigos y parientes tenían como único tema la guerra, la defensa, la colaboración con toda clase actividades vinculadas a la supervivencia de los soldados en el frente de batalla. Todos hablaban de lo mismo. Cómo no alistarse y entrenarse para ir al frente. Nada parecía más importante.

Su tío era un gran lector, y con él conoció un montón de historias de la Primera Guerra Mundial. Algunos conocidos y clientes del tío venían corriendo de aquellas guerras en Europa.

Las historias eran complejas, entre heroicas y lastimeras, entre macabras y fantasiosas. Cada historia parecía impulsarlo al campo de batalla, a conocer aquellas aventuras que contaba – que leía – su tío, en recortes de diarios y libros prestados. Así también solía leerle las desventuras del famoso personaje, el Hidalgo Caballero creado por Cervantes, Don Quijote de la Mancha. Si bien comprendía que el hidalgo estaba loco, asumía que tenía una fuerte causa, y una fe a prueba de. Esto era lo que más le gustaba de aquella historia narrada por su tío, y la cual, el mismo leía, a la luz de las velas, en noches calurosas, en casa de sus patrones.

Su madre no quería que fuese al frente, pero estaba decidido. No quería conocer sólo las historias de los que volvían heridos a los hospitales de la capital. No, quería conocer por él mismo el combate, la lucha. Deseaba verle la cara al enemigo.

Para mayo del ‘33 estaba marchando al frente. Se hizo muy amigo de otro lector. Un tal Manuel O. Guerrero, medio poeta y medio creyente de un santo… El santo de la muerte, o San La Muerte.

Con Manuel Guerrero conoció sobre las artes mágicas, tanto sobre magia negra como sobre magia blanca y magia roja. Así se enteró por boca de Manuel por ejemplo que: “La magia roja – decía esto en voz alta, firme y con tono doctoral – o hematomancia es aquel arte que se vale de la utilización de sangre y otros tejidos orgánicos para sus hechizos”. Y así pasaban horas y horas hablando, en voz baja, mientras caminaban por los polvorientos suelos del Chaco. Cada seis mil quinientos o siete mil pasos, hacían un breve descanso. Recorrían una zona de bosques, matorrales espinosos y palmeras. Se encontraban con serpientes venenosas e insectos portadores de enfermedades, como la vinchuca y el mosquito. El enemigo no era sólo el soldado boliviano. El medio era hostil.

Al final de un largo día, habían contado unos ciento noventa y cinco mil pasos. No daban más de cansancio. La sed era importante y continuaban con la esperanza de llegar al próximo pozo de agua, un estanque natural entre la piedra y el follaje, en la parte baja de una pequeña elevación cubierta de vegetación espinosa. Con temperaturas de 45 a 47 grados. Marchaban mejor en horas de la noche o a la mañana, muy temprano. Pero sin caminos buenos, sólo huellas de carros como única señal de una suerte de vereda. En derredor del espejo de agua, se reunieron un grupo importante de combatientes y su superior, el sargento López. Éste les informó que, según mensajes de grupos adelantados, el enemigo se encontraba bastante cerca.

Era cuestión de un día o dos, el inevitable y esperado encuentro con el enemigo. Muchos alzaron sus fusiles Máuser. El sargento tomó su revólver Smit-Wesson, pero como acariciándolo. Como para sentir que estaba en su lugar.

En esa parada fue que Manuel Guerrero introdujo a Félix Alcides López Ayala en la devoción a San La Muerte. Traía consigo un par de amuletos – hechas en metal muy delgado – bendecidos por un cura amigo. Aunque, no fue el único que se volvió seguidor del llamado santo.

En medio de una improvisada fogata surgieron historias del venerable. Guerrero señaló, con voz pausada, a sus cansados y somnolientos pero atentos compañeros: “Como es posible apreciar, su imagen es la de un cadavérico esqueleto, su guadaña está ubicada en la mano derecha, como señal de igualdad ante Dios y su figura es esquelética, representando la semejanza con el ser humano…” Todos asintieron con un leve movimiento de cabeza. Cuando el relato terminó, la noche cerrada y fría, estaba impregnada por un fuerte olor indescriptible, pero característico.

Sólo, un par de días después, conocerían y reconocerían por el resto de sus vidas, ese olor particular del cuerpo humano en descomposición, lo que algunos llaman el “olor de la muerte”. Tal cual el título de un cuento del escritor Pedro Buda.

Esa noche, cuando todos se retiraron a descansar, o intentaron dormitar, después de un largo día de caminata, Guerrero y López Ayala hicieron un pacto. Los sendos amuletos fueron introducidos bajo la piel de ambos combatientes, y cerraron sus heridas con sus respectivos cuchillo bayoneta calentadas entre las pocas llamas de la fogata. El dolor fue apagado con un sorbo corto de caña blanca, una reserva muy bien guardada, en un saco de agua pequeño, que traían casi a escondidas, obsequio del tío albañil de Félix Alcides.

Se enfrentaron, dos noches después, al enemigo, en una quebrada que baja de la serranía de Aguaragüe. El grupo fue abatido por un fuego concentrado de fusiles y ametralladoras livianas. Quedaron prisioneros del enemigo y pasaron días caminando y soportando una sed demencial, pero no murieron ellos, sino sus captores, por beber agua envenenada, de un pozo hallado en el camino.

Félix Alcides López Ayala y Manuel Guerrero junto con dos soldados más, fueron los únicos cuatro sobrevivientes de un contingente de cien hombres, el total de la compañía 4. Lograron sobrevivir gracias a los conocimientos de los dos soldados campesinos que conocían de plantas y así accedieron a saciar la sed primero, y el hambre después, al atrapar un tatú mulita.

Caminaron hacia el este por tres días más hasta que fueron alcanzados por un grupo de avanzada del regimiento al que pertenecían. Casi muertos, con los pies ampollados, sedientos y lleno de picaduras de mosquitos fueron hallados bajo la sombra de un arbusto. Estaban extraviados en las llanuras del Gran Chaco, casi al borde la de la muerte.

Dos años después, tras el fin de la guerra, Félix y Manuel se encaminaron a Villarrica. Estuvieron allí un tiempo, pero finalmente cada uno tomó caminos separados. Félix Alcides López Ayala emigró a la Argentina, en busca de un mejor pasar. Se desempeñó como albañil hasta que logró jubilarse, pero nunca dejó de recorrer ambas márgenes del río Paraguay y Paraná. Producto de una batalla posterior a la quebrada que baja de la serranía de Aguaragüe recibió una bala, que nunca fue posible extraer de su columna. Por lo que tenía en su cuerpo dos porciones de metal, aquel plomo de bala y el metal que se había incrustado bajo la piel -el amuleto de San La Muerte.

Manuel Guerrero conservó toda su vida el amuleto bajo la piel. Se transformó en docente de escuela secundaria y tanto enseñaba poesía como prosa; pero después de clase, los viernes en la noche, se reunía con antiguos alumnos y algunos sobrevivientes de la guerra y narraban historias que se desarrollaban en las llanuras del Gran Chaco. Algunas eran reales, otras… no tanto; pero a nadie le importaba, porque Manuel tenía una forma muy particular de envolver a los escuchas, detallando situaciones, lugares y describiendo imágenes muy reales. Volvían a extraviarse en las llanuras, sintiendo el frío, la sed, el calor, el dolor en los pies, y al final eran hallados bajo la sombra del arbusto, con la piel llena de picaduras.

Separador-1

EL RAYO DE LUNA

María Sánchez Fernández / España

Un rayo de luna se escapó del cielo y atravesó las negras aguas del mar. Era como un cuchillo cortante que a su paso dejara una herida abierta de intensa luz plateada. Ahondó tanto y tanto que llegó a profundidades insospechadas por él. Allá, en aquel fondo, advirtió que todos los habitantes de las aguas dormían. Escudriñó curioso, y vio qué diferente era aquel mundo del suyo. Él conocía los  espacios abiertos en donde sus amigas, las estrellas, titilaban y, a veces, también se escapaban en vertiginosa carrera hacia el infinito. También conocía las exuberancias de la tierra pero… el misterio del mar; no.

Se movía de acá para allá despertando con su luz a miles de seres asustados que huían despavoridos de aquella extraña presencia. Vio un inmenso coral que movía unos brazos blanquecinos y rojos en los que había prendidos jirones de algas flotantes. Una enorme raya se detuvo, curiosa, a mirarlo para después seguir su camino.

El rayo de luna estaba fascinado, pero también un poco aturdido, él no quería despertar el pánico entre aquellos seres fantásticos, sólo quería conocerlos y ser amigo de todos. Con infinita delicadeza rozó la cola de un gran pez espada  que se hallaba dormido en una oquedad de la roca. Éste se despertó y, algo asustado, se dispuso a atacar, pero vio que ante él no había enemigo alguno sino algo sin cuerpo cuya presencia era muy agradable.

El pez espada preguntó:

— ¿Quién eres tú, que nunca te vi?

— Soy un rayo de luna.

–¿Y qué es un rayo de luna? No puedo tocarte pero a través de ti puedo ver cuanto hay cerca de mí.

Y el rayo de luna sonriendo con su luz más blanca dijo:

— Tengo miles de hermanos y somos hijos de un cuerpo del cielo al que llaman Luna. Esta noche quise escaparme en solitario y visitar tu mundo.

Entonces el pez espada respondió:

— Eres mi huésped, ven conmigo y te lo mostraré.

Y visitaron, a través de las aguas que iban iluminando a su paso, los más bellos parajes que nunca hubiera imaginado aquel visitante que venía del espacio. Montañas vestidas de algas que, en el silencio submarino, parecían ser los fantasmas de aquellas otras montañas alfombradas de pinos verdes y empapadas de rumores que llenaban la tierra y que él conocía tan bien. Estas montañas del mar acogían, en infinitas cuevas, a miles de peces que en ellas buscaban seguridad y refugio. Moluscos de todos los tamaños se adherían a las  rocas abriendo sus conchas rosadas y mostrando en su interior una masa blanduzca que se movía perezosamente acechando alguna presa, y cuando ésta se acercaba ¡zas!, se cerraba herméticamente para engullirla en su interior.

El pez espada seguía avanzando abriéndose paso entre las aguas con su gran trompa puntiaguda, y el rayo de luna le seguía fascinado envolviéndolo con su manto de luz. Un banco de pececillos rojos pasó ante ellos haciendo cronométricos zigzagueos, y un gigantesco pulpo extendía sus abotonados brazos queriendo tocar aquel extraño visitante que se movía entre los personajes marinos.

–Me gusta tu mundo.– Dijo el rayo de luna–. ¿Podrías invitar a mis hermanos?

Y el pez espada respondió:

–Puedes llamarlos ahora mismo, mientras las aguas sean negras. Después se volverán azules y vuestra tenue luz se perdería en ellas

Y el rayo de luna llamó a sus hermanos con su  magnetismo cargado de magia, y al momento todos acudieron en tropel, y con gran algarabía de risas de plata invadieron las negras profundidades.

¡Qué orgía de luz y de colores explosionó en el fondo del mar! Rivalizaban el capricho y la originalidad en la forma de todos sus moradores. Peces alargados, redondos, achatados, de figura esférica o triangular, con ojos enormes y gráciles aletas; otros de cuerpos pequeños y grandes tentáculos; preciosos moluscos de las más variadas formas…, y tantos y tantos colores…, infinidad de colores rivalizaban por su propio protagonismo.

Las aguas se ondulaban vestidas de transparente blancura con el ir y venir de sus millones de habitantes.

La gran fiesta comenzó y todos danzaron con loco frenesí. Grupos de peces dorados trazaban  círculos perfectos en torno a una gran masa de coral que alargaba sus ramificaciones rojizas como queriendo alcanzar aquella maravillosa luz que todo lo envolvía. Otros grupos de peces –siempre en perfecta formación y vestidos con la más exquisita originalidad−, abrían sus salientes bocas cantando burbujas. Un grupo de delfines se sumó al regocijo del momento emitiendo alegres sonidos que acompañaban a una diminuta orquesta formada por caballitos de mar y por oscuras ostras que abrían y cerraban sus conchas con perfecto ritmo, mostrando su intimidad nacarada. Un gran tiburón cruzó rápidamente, sin detenerse, tendría prisa por resolver algún asunto urgente.

La fiesta estaba en su punto culminante. La alegría rebosaba más allá de lo imaginable. Los rayos de luna reían y reían, y las aguas del mar nocturno –antes negras y quietas−, se movían alborozadas en sus ondas profundas y blancas.

De pronto, nuestro rayo de luna dejó de reír y prestó atención. Más tarde dijo:

–Hermanos, nos llaman desde arriba. Nuestra madre, la Luna, se retira. Ya baja por el cielo en busca del horizonte.

Todos se unieron en un inmenso haz de luz, y diciendo adiós a sus amigos salieron del mar y ascendieron a la altura mezclándose con los claros rosados del alba.

Separador

DOS TESOROS

Aline Suárez / Costa Rica

Es una casa humilde. Hay pocos muebles, ya viejos y maltratados. Evidentemente la pobreza impera en ese hogar, sin embargo no hay en el rostro de la mujer algún signo de amargura. Ella está en la cocina preparando los alimentos, en espera del ya próximo arribo de su esposo.

Pasa el tiempo y la mujer termina su trabajo, se sienta en el único sillón y observa en silencio su entorno. Después de un rato escucha los pasos de su cónyuge, se levanta y prepara un abrazo para recibirlo.

El hombre llegó deshecho a su casa, estaba lleno de ira y desaliento; su esposa notó de inmediato que algo grave pasaba.

-¿Qué tienes Miguel? ¿Qué te ocurrió? -le preguntó preocupada.

-Ay Dulce -contestó el hombre- vengo indignado, me asaltaron en el camión.

-¿No te hirieron? ¿Recibiste algún golpe?

La mujer, mientras preguntaba, al mismo tiempo revisaba a su esposo, tratando de asegurarse de que no estuviera lastimado.

-No, sólo el robo y el coraje por la impotencia. Eran dos los rateros.

-¿Y qué te quitaron?

-El celular y la cartera; traía doscientos pesos y la credencial del equipo de futbol.

-Qué tragedia -se lamentó Dulce- pero veo que te dejaron el libro.

-Sí, pero no te burles, mañana hay partido, los árbitros son muy estrictos, y tendré que ver el juego desde la banca, por no tener credencial. Ahora que el equipo va tan bien, ya van tres partidos en los que anoto gol; qué gachos los ladrones.

-Menos mal que no te lastimaron. Ya está lista la comida, ¿quieres comer algo para que te sientas mejor?

-No, voy a tratar de dormir un poco, a ver si se me baja el coraje.

El sueño fue poco tranquilo, cuando Miguel despertó vio a su esposa que estaba frente a él.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así?

-Es que tengo curiosidad -contestó ella- ¿por qué no se llevaron la novela?

Al preguntar le enseñó el infaltable libro que su esposo llevaba al trabajo para distraerse en el camino.

-Ya me lo habían quitado, pero cuando iban a bajar del camión el más viejo regañó al joven.

-¿Y para qué quieres ese libro? -le dijo- está muy grueso y pesado, sólo va a estorbarnos y además tú ni sabes leer.

-Tienes razón -aseguró el joven ladrón- perdóname, ya sabes que apenas voy comenzando en esta carrera tan ventajosa; dinero fácil arrebatado a los tontos que lo ganan trabajando.

-El chavo me lo aventó y se fueron.

-Ese libro es un tesoro -comentó la mujer.

-Ya lo creo, cada vez que vuelvo a leerlo disfruto como la primera vez, qué bueno que empiezas a reconocer su valor.

La mujer se le quedó viendo a los ojos hasta que el hombre se inquietó.

-¿Qué pasa? ¿Por qué me miras así? -le preguntó Miguel con voz titubeante.

-Es que, ¿recuerdas dónde guardas tu boleto de melate? -respondió Dulce.

-Sí, bajo el forro del libro.

-¿Y ya revisaste a ver si ganaste algún premio?

-No me ha dado tiempo, además ya sabes que compro el boleto solamente para soñar despierto. Mientras espero que se lleve a cabo el concurso me doy el gusto de imaginar que lo gano y todo lo que haremos con el dinero. ¿Recuerdas? Viajar, cambiarnos a una colonia más bonita, compartir con familia y amigos, ayudar a muchos necesitados. Después ya no hago mucho caso.

-Pues revisa -quien quita y…

El esposo comenzó a sospechar por la actitud de su mujer, encendió la computadora, buscó la página correspondiente. De pronto, saltando de alegría comenzó a gritar.

-¡Vieja!, nos sacamos el primer premio. Somos ricos, trescientos millones de pesos para nosotros dos y para compartir. No puedo creerlo. El libro vale dos tesoros; la fortuna que guardó y la deliciosa lectura. Por primera vez me da gusto encontrarme con un analfabeto.

Y en silencio añadió:

-Gracias don Miguel y gracias don Quijote por haber regresado del pasado imaginario para “desfacer un entuerto más”.

Separador-1

POEMAS – A LOS LIBROS – MAYO

Aviso Legal:

Las opiniones expresadas en los artículos de esta revista literaria son exclusivamente de los autores y no reflejan necesariamente las opiniones de la dirección. Todos los contenidos publicados en esta revista están sujetos a la propiedad intelectual de España y protegidos por los derechos de autor de sus respectivos escritores.

«En cada página duerme un universo, esperando al lector que lo despierte con su mirada.»E. Gormley

Rosa

SONETO DEL LIBRO

Matías Bonora / Argentina

En este mundo yermo y desolado
solo queda un libro que nos espera,
arrojado en la violencia que impera
y, aislado, clama desde su costado

descosido y ajado lomo ahuesado.
Constelaciones de letras en pira
se apresuran porque un margen expira
y un título se expresa, en su llamado

que no cesa. Y una soledad se aleja,
tempestades amainan en palabra
tras palabra que fluyen en torrente

de sempiterna tinta, cual refleja:
cosmos en cada página que alumbra
y nos habita de vida y simiente.

Rosa

VIEJO AMIGO

Carlos González Saavedra / Argentina

Te conocí de pequeño

Encontré en tu interior

historias fantásticas

Que me hicieron soñar y

Aprender.

Viejo amigo

Con el paso de los años

Siempre tenías algo

Para decirme

Cuando el amor golpeo

A mi puerta

Un mundo de ilusiones

Me hicieron vibrar.

Te consulte

Cuando eran pequeños mis hijos

Cuando se fueron haciendo hombres.

Viejo amigo

Has sido y serás sendero

que he disfrutado

Camino a transitar.

Por viejos pueblos, por viejos cuentos.

Por nuevos horizontes.

Libro amigo

Feliz dia!!!

Gracias por tanto amor.

Rosa

HOMENAJE A LOS LIBROS

Elspeth Gormley / España

En hojas suaves yace un universo,

historias, sueños, un mundo diverso.

Sus páginas guardan secretos y tramas,

refugio de almas, cobijo de llamas.

El tacto del papel, aroma que envuelve,

esencia que al lector siempre disuelve.

Cada palabra un latido constante,

que une las vidas en un mismo instante.

Maestros del tiempo, puente sin fronteras,

custodios del saber, guías verdaderas.

Cuando la vida se torna sombría,

un libro siempre alumbra con su melodía.

Al abrir sus páginas, mundos hallamos,

y en sus historias, también nos encontramos.

Libros, guardianes de la humanidad,

puentes eterno hacia la libertad.

Rosa

LOS LIBROS

Sarah Petrone / Argentina

Mientras duermen apilados, de rodillas,

entre historias que ya fueron olvidadas,

las páginas se tiñen y suspiran

en el ocre en que el destino los desgasta.

Nadie los acaricia en las mañanas

ni en las noches veladas de lirismo,

ninguno ha querido  deshojarlos

para que las palabras volaran sus escritos.

Los libros se han dormido. Están soñando

que manos nuevas rozan con cariño

los muchos desvelos que gestaron

fértiles mentes, que atravesaron lo infinito.

Se apenan, escondidos en rincones,

empolvados, esperando un cruel destino,

la magia la encuentran disfrazada

en pantallas modernas, fríos y sin brillo.

Galopan en las páginas cerradas,

los cuentos, las hadas, las intrigas

y el suspenso cargado de nostalgia

y las historias de amor, triste y genuino.

El tiempo de lo insólito y lo amargo

interfieren con la realidad que está dolida,

los libros, amigos entrañables

buscan lo que alguna vez fue su conquista.

Rosa

E

LIBRO

Susana Piñeiro / Argentina

Compañero de horas muertas

que por tí recobran vida

permitiéndonos viajar

sin restricción ni medida…

descubrir mundos lejanos

desplegar la fantasía

y recorrer mil caminos

sin movernos de una silla.

Invitación al ingenio

para anciano, joven, niño

recreación y aventura

que nos alegra el espíritu.

¡Cuántas veces a través

de la lectura de un libro

como desde un trampolín

hallé en mí algo distinto!

Descubrí nuevas facetas

de mi ser y mi destino;

me emocioné hasta llorar

y me reí hasta el delirio.

Despertador de emociones

que cual una flecha enciendes

deseos desconocidos

u’ olvidados …., de repente.

Supe de otros universos

diferentes de los míos;

tocaste también mi alma

y sin pedirme permiso.

Sol que alumbras y recreas

nuestro pensar recurrente

haciéndonos conocer

pensamientos de otra gente.

Late en tus letras la magia

de un hermano que acompaña

revelando su interior,

regalando su semblanza.

Tan cerca, tan al alcance

aguardando con gran ansia

que al leer te demos vida

transmitiendo tu enseñanza.

Tú vives, porque en tus letras

descubrimos el misterio

de quienes nos van donando

sus sentires y sus sueños…

recuerdos, descubrimientos,

sus temores y deseos

tan queribles, tan sinceros,

parecidos a los nuestros.

¡Que no se acaben los versos

los relatos y los cuentos;

sigan regalando encanto

y a todos enriqueciendo

Rosa

EL LIBRO

Graciela Reveco / Argentina


lo vi llegar ante mí como un blanco río desmigado
vestigio de su papel en criba de viejas memorias
que intenta saltar las piedras
por llegar apresurado y tribal
al cauce de los ojos
en busca de su transparencia de luz y sombras
a través del sol de los dedos
manipula su cresta en plenilunios
entre los empíricos tejidos
con sensual épica del raciocinio
y la agudeza visceral de la conciencia
redondea la paráfrasis
entrega rodando su luz de prisma
como círculo de pasión entre las nieves eternas
y ese mismo caudal derrama en otros ríos
rectangular y tormentoso de lluvia
engolillados
disímiles en diversas factorías
noria de costumbres encumbradas
al ocio temperamental de su época
esplendentes de sol y luna
en hojaldrada destreza de su tiempo
aromatizado de tinta fresca
y rabillos rotos
libros nuevos y viejos
emparedados a las bibliotecas puras del orden
no pierden su actualidad de saberes deferidos
menester encuentro… sentidos ensalzados
ardorosa cadencia y verso blanco
como un río que rima en su rumor cotidiano
la versal se aclara
loables perímetros del teatro de los dedos
sobre el manso doblez de la hoja
desplegado en pecho abierto
mortal por las heridas sin rostros
y febril en su sonrisa apretada
eso es un libro

el olor del papel y de la tinta
que gime con melancolía
en bibliotecas de polvo y de caricias
no importan las redes
el libro es el único que respira
en los tableros cableados
balancea frente al regocijo del beso
en el perfil fotográfico de su Historia
parida
en la creatividad de las formas tecnológicas
sin perder su contacto
con los labios frescos de la voz que recita
un texto escrito y leído
agasaja los gnomos secretos y ancestrales
del alma escribiente
gime en anaqueles de polvo y la desidia
la mirada se impregna de aire antiguo
con la cálida humedad de las palabras
y te dice leyente de caminos
soy tu lectura
tu libro de la vida
tu voz acumulada
y tus silencios
aquí me tienes… blanco más blanco…
bajo tus ojos de viento
que asume la eternidad del estamento
silencioso rostro de las páginas
que aún espera escribir al Universo
en la búsqueda constante del palier
que absorba su voz y la derrame
ningún milenio desplazará ese legado
lo que escribo
sepa que me fusiona con usted… leyente
su lealtad lectora confronta mis estrellas
de lo ya expuesto
inserto el dolor en la brevedad del suelo
brota la inquietud promisoria
de permanecer sobre las piedras
aunque la arena regrese al mar
como regresa el polvo de los huesos
a su morada

ergo… estrellas del cielo
y digo lo mismo
con la ingenuidad del niño que adolece
somos adultos que germinan hacia adentro
con templanza abrasiva
sin vedar su tiempo
para permanecer y huir de la sombra
de los caballos calendarios
que nos arranca del tiempo
me sumerjo en océanos marginales
y ensayo arrebatar a la Lengua
los sellos más ardientes
para que resista esta fusión que me ensiesta
-delegado el cuerpo a la eternidad del suelo-
y no ser solo raíz en el sepulcro
sino soberana libertad de las palabras
tinta y papel… Historia
en el sonoro silencio de las bibliotecas.

Rosa

EL PLACER DE LEER UN LIBRO
Roberto Santamaría / España


Es un placer tan inmenso
que siento al abrir un libro,
me noto vivir y vibro
ante un goce tan intenso.
Es una aventura y pienso
que no hay mayor sensación,
sumirte en la narración
y olvidarte de la vida,
sanas al tiempo la herida
que causa la postración.

Compartir la travesía
con el pirata y corsario,
las aventuras que a diario
con Sandokan yo tenía,
y era dulce fantasía
que encontraba en la novela,
donde la dulce Isabela
novia del bravo pirata,
navegaba en su fragata,
ya veloz y a toda vela.

¡Tengamos sueños grandiosos!
¡Vivan grandes aventuras!
¡Penetren en las locuras
de hidalgos caballerosos!
Fueron de gestas gloriosos
el armado Don Quijote,
pues fue sin duda el azote
de ladinos y trúhanes,
evitando sus desmanes
con su «rocinante» al trote.

Hoy vive en melancolía
el libro por nuestra ausencia,
pues no percibe presencia
del lector que ayer tenía,
los ojos que le leían.
Y ellos hoy, lo que no saben,
que en la «tele» no describen
por más que algunos pretendan,
de la «caja tonta» aprendan
más, que de aquellos que escriben.

Rosa